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Los tres Reinos de la Naturaleza. Prólogo. 4

punzon con que grababa sobre la tabla ó la piedra sus pensamientos, y se valió de aquellos para aplicarlos á medios mas manuables, la vitela, el papyrus y el papel. Gutemberg vino luego á perfeccionar este maravilloso agente de la ilustración que asegura la civilizacion moderna. ¡Pero que! ¿cuánto hoy alimenta la actividad de la industria y maneja el comercio no lo suministran los vastos dominios de la Historia natural? Un insecto originario de la China es quien trabaja esas ricas telas de seda que los progresos de las artes y del comercio han hecho hoy casi vulgares. Otro insecto es quien produce ese magnífico color de púrpura que mereció ser elegido como distintivo de la autoridad imperial. Esas piedras brillantes que adornar la delgada oreja, el enhiesto cuello ó la delicada mano de nuestras mugeres fueron cogidas entre las arenas ó las sucias margas de la India. La almohada de plumas sobre que se recuesta muellemente está rellena a espensas de un ave de las regiones polares. La voluptuosa otomana en que la veis tendida es de una madera cortada en los bosques del Brasil. La pluma que cae lánguidamente al rededor de su rostro fué arrancada á la poética ave del Paraiso. La fecunda patata, cuyo cultivo se estiende hoy por todo el mundo como la mejor esperanza del pobre nació en las fertiles praderas del Peru. La infusión que vemos tan abundantemente en las mesas de nuestros cafés, ó es de la pequeña haba de un arbusto de la Arabia o de la hoja lanceolada de una planta de la China; y está dulcificada con la médula de otra planta que aprendieron de los negros á esprimir los compañeros del inmortal Colon. Las frutas mas gratas á nuestro paladar fueron traidas de lejanos paises y aclimatadas á costa de grandes sacrificios y cuidados: la viña, que contiene ese veneno tan seductor, es originaria del archipielago; la cereza, del asia menor; la naranja, de la China; el melon, de la Persia; la granada, del Africa. De las flores que esmaltan nuestros jardines, y aumentan la belleza de la fresca doncella, muchas han venido tambien de distantes regiones conducidas por algunos de sus apasionados: el Oriente nos ha enviado los ranúnculos y las anémonas; la China, las peonías y los jazmines; la América septentrional, la brillante lohelia; el Japon la régia magnolia; el Brasil, las pasionarias; Méjico las dalias; Busbesque noa trajo la suave lila; Gesner, el hermoso tulipan; Rovin, la acacia falsa, que orda las orillas de nuestros paseos. ¿Y hablaremos todavía de los innumerables objetos que consuelan al hombre en las dolencias á que esta sujeta la mísera condición humana? de las raices de la zarzaparrilla y de la jalapa, ó de la corteza prodigiosa del quino, que corta en pocas hora la fiebre que nos devora? de los bálsamos que destilan varios árboles como el mejor especifico de las heridas? y del gran número de sales que estrae la quimica de los vejetales lo mismo que de las tierras? Nada hay, en fin, de cuanto es útil al hombre que no salga de ese inmenso laboratorio de la naturaleza.
Y no se piense que solo las producciones mas visibles, los fenomenos de mayor espectáculo le interesan. Eso seria decir que el Creador habia hecho en balde la mitad de la naturaleza, cuando nada hay en ella que no desempeñe una importante y necesaria visión. Grandiosa es la perspectiva que nos presenta el mundo en un hermoso dia de verano, colgando de la bóveda celeste la fúlgente lampara del sol como para alumbrará todos los vivientes: llena está de misterioso encanto una de esas noches tranquilas en que se ofrece á nuestra vista la colgadura del cielo bordada de brillantes, cubriendo la tierra adormida; el mar alborotado, queriendo romper las murallas de arena que lo aprisionan; las vastas llanuras cuyo término se esconde a nuestra vista, y las sobervias montañas que van á ocultar su blanca cabellera tras de las nubes; el fragoso volcan arrojando al cielo sus fuegos y vomitando sobre la tierra la ardiente espuma de las lavas, son sin duda cuadros majestuosos que revelan al mas ignorante la grandeza del Supremo Artifice. Pero no desprecieís por pequeños esos seres humildes que se arrastran por el suelo, ó apenas perceptibles que vagan en el aire, quizas es en ellos donde mas tiene que admirarse su sabiduria. Proveeos de un microscopio y observar el arador: en el conjunto de sus articulaciones hallareis la regularidad del animal mas perfecto y disteinguireis con claridad los ojos, tan minuciosamente formados como los vuestros, la trompa con que se nutre, el estómago que elabora su alimento, los óganos de reproduccion y traslacion, el instinto preciso para buscar lo conveniente á su existencia, y la inteligencia para huir de lo dañoso. No piseis esa asquerosa oruga, que mañana, encerrada en su capullo, os hilará la seda que vestis, y transformada luego en brillante mariposa, la vereis requebrando en vuestro jardin á la flor que guarda el dulce néctar de que se alimenta. Haced abstracion de la araña, si su vista os repugna; pero deteneos á examinar la red que tiende á la incauta mosca, y decid si ha llegado artífice alguno á la delicadeza de su trama. ¿No os asombra ver cómo la molesta pulga da saltos millares de veces mayores que el espacio de su cuerpo? ¿Ah! que si sois descreidos ó vuestran fé se debilita, estos seres baladias os demostrarán mejor que otro alguno la existencia, la sabiduriay la omnipresencia de Dios! Porque ¿puede ser obra del acaso la armonia que une todos los miembros de cualquiera de esos seres, apropósito al destino que les está señalado? La relación que existe entre el aparato nutritivo, el de reproduccion y de movimiento de cualquier animal ¿puede ser un conjunto fortuito y conservarse en sus leyes propias por un ciego impulso? ¿Es el acaso quien ha establecido los sexos y creado esa ley maravillosa de relacion que los fisicos llaman atraccion, los quimicos afinidad, simpatía los fisiologos, espiritu de asociacion los politicos; nombres todos de un mismo fenómeno entre los distintos cuerpos de la naturaleza; palabras que se comprenden en otra mas espresiva y universal: el amor? ¿Santo amor! llama divina, lazo de la creacion, manantial de vida ! Tú penetras en el corazon del avaro como en el del ardoroso mancebo; tú amansas las fieras; tú

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