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Buffon: Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. Importancia y sublimidad del Hombre en la creación. 22

pensamiento., nos hace ver en las diferentes razas del Hombre y en sus diversos grados de civilización, un vivo amor a lo bello de la naturaleza. Primeramente el alma del Hombre es conducida al sentimiento de la Divinidad por el espectáculo de las fuerzas naturales y de los objetos del mundo exterior. Mas tarde es cuando el Hombre se eleva á concepciones religiosas, puras y espirituales. El reflejo del mundo exterior en el Hombre, las impresiones de la naturaleza que le rodea ejercen una influencia directa en la formación misteriosa de las lenguas. El género humano trabaja en su interior el material que le suministran los sentidos.
Pero el Hombre no se contenta con descubrir el secreto que existe en las leyes; su imaginación creadora no le permite que se conserve pura y fiel la imagen reflejada de la naturaleza: asi es como al lado del mundo real ó exterior existe un mundo ideal ó interior lleno de fantasía, animado por formas cuyas partes heterogéneas se componen del mundo presente y de restos de generaciones pasadas.
Veamos de qué manera en el Hombre pasa del sentimiento de la naturaleza á la contemplación, y á los descubrimientos, como nos lo indican los siglos de Colon , de Gama, Galileo, Kepler, Newton y Leibneitz. Los diversos descubrimientos de estos siglos, juntamente con los de la época actual, conducen al Hombre á proveer, no ya instintivamente (como sucedía en la infancia de los conocimientos humanos) sino por medio de la observación y de la esperiencia, la relación y dependencia de las leyes, el orden y armonía del Universo. Mas este fin que tanto ensalza al Hombre no le será posible demostrarlo en toda su estensión hasta tanto que á fuerza de perseverancia se engrandezcan y eleven el mundo exterior percibido por los sentidos, y el mundo interior, reflejado en el pensamiento del Hombre.
El Hombre posee una tendencia constante á recomponer con los fenómenos el conjunto de la naturaleza, á demostrar en los grupos aislados de estos fenómenos las condiciones que les son comunes, es decir las grandes leyes que rigen el mundo; del conocimiento de estas leyes se remonta á la causalidad, que une las unas á las otras. Para llegar á descubrir el plan del mundo y el orden de la naturaleza, principia por generalizar los hechos particulares, por investigar las condiciones, en las cuales los cambios físicos se reproducen uniformemente. Asi es conducido á la contemplación de los materiales suministrados por el empirismo y no á miras puramente especulativas, á un desarrollo abstracto del pensamiento, á una unidad absoluta é independiente de la esperiencia. En verdad nos hallamos aun muy lejos de la época en que puedan hacerse entrar todas las percepciones sensibles en la unidad única que abrace el conjunto de la naturaleza. Hay grupos numerosos de fenómenos en los que debemos contentarnos con descubrir las leyes empíricas ; pero el objeto mas elevado, el que se consigue con mas dificultad es el descubrimiento de las causas que unen entre sí todos los fenómenos. No se consigue una evidencia completa sino cuando se puede aplicar á las leyes generales el rigor del razonamiento matemático. El resultado grande, el resultado imponente del trabajo intelectual del Hombre, es la conciencia del esfuerzo que hace por dirigirse hacia el infinito, para abrazar lo inmenso de la creación, es decir todo lo que existe y se desarrolla.
La idea del orden y del gobierno del universo resalta en toda su pureza y en toda su elevación en los escritos de Aristóteles. Representa los fenómenos de la naturaleza como efectos de fuerzas vitales que dimanan de un poder universal. El cielo y la naturaleza, dice, al designar bajo este nombre la esfera terrestre de los fenómenos, depende del motor inmóvil de el mundo. El ordenador ó en otros términos, el último principio de los fenómenos sensibles, debe ser considerado como distinto de toda especie de materia, é inperceptible por medio de los sentidos. La unidad que domina todos los fenómenos por los que se manifiesta la fuerza de la materia es elevada por Aristóteles á la altura de un principio esencial.
Si dejamos á un lado la antigüedad en que se notan concepciones tan brillantes acerca de la naturaleza, para pasar á los tiempos modernos, en los que la generalización ha tomado rápido desarrollo, encontramos que los siglos XIII y XIV se distinguen de todos los demás por los esfuerzos de Rogerio Bacón, de Beauvais, y de Alberto el Grande.
Al impulso dado por estos hombres eminentes se deben los adelantamientos de la era de Colon, Kleper, y Newton. Todos los esfuerzos de estos hombres se dirigieron á fundar el principio de la unidad de la naturaleza. El ejemplo mas grandioso de todos los ensayos dirigidos á reunir en un principio único y fundamental los fenómenos variables del mundo sensible, es la teoría de la gravitación, que es la que aparece siempre como el principio mas comprensivo y el que se presta mejor para la esplicacion del mundo. Sin duda á pesar de los brillantes progresos hechos recientemente en la Staechiometria, es decir en el cálculo aplicado á los elementos químicos y á los volúmenes de los gases que se combinan, no se han podido someter todas las teorías físicas de la materia á demostraciones matemáticas. Se han descubierto leyes esperimentales, y gracias al nuevo rumbo que ha tomado la filosofía atomísta corpuscular, son susceptibles de ser calculados matemáticamente gran número de fenómenos. Pero tal es la hetereogeneidad sin fin de la materia, tales son los diversos estados de agregación en que se combinan los átomos, que no se ha podido encontrar el medio de esplicar estas leyes empíricas por la teoría de la atracción molecular, con el grado de certeza que da á las tres grandes leyes esperimentales de Kleper la teoría de la gravitación.
Seguramente que es un problema brillante y digno de ocupar el espíritu humano la fundación de una ciencia general de la naturaleza en que todos los elementos, desde las leyes de la pesantez hasta la fuerza creadora que preside á los fenómenos de la vida, formaran un conjunto orgánico. Pero el estado de imperfección en que se encuentran aun tantas ramas de las ciencias naturales opone á este proyecto dificultades invencibles. La imposibilidad de completar jamás la esperiencia y de limitarla esfera de la observación hace un problema indeterminado al presente y de muy lejana, si posible, resolución, el esplicar todos los cambios de la materia por las leyes de la misma. La percepción se baila lejos de poder agotar el campo de los fenómenos perceptibles. Si para limitarnos á los progresos hechos en nuestros días comparamos los conocimientos imperfectos de Gilbert, de Robert, de Boyle y de Hales con los que poseemos actualmente; si pensamos al mismo tiempo en la rapidez con que aumenta cada diez años la ciencia, tal vez podremos apreciar los cambios periódicos é indefinidos que se encuentran aun hoy dia en el horizonte de las ciencias naturales. Este cuadro que hemos trazado ligeramente nos hace ver de qué manera el sentimiento que se dispertó en los primeros pueblos del mundo guió al Hombre á la contemplación de la naturaleza, contemplación que, elevándole á miras sublimes , le abrió el campo de los bellos descubrimientos que honran al género humano, y prueban su alta misión y sublimidad en la tierra. Hoy con la imagen que en su mente forma de la naturaleza, y con su tendencia á descubrir la creación podrá dudarse del papel importante que juega entre los diferentes seres del universo. Parece que la Providencia arrojó al Hombre sobre el planeta en que habita para deleitarse en la observación de la marcha que ha seguido al desarrollar los enigmas que á cada paso le

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