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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. Carácteres del hombre. 29

educación individual; pero, por la misma razón se hace mas sensible á la de la especie. Contribuyen á aumentar esta susceptibilidad un gran número de circunstancias : con efecto, los socorros multiplicados y las atenciones continuas, que exige por mucho tiempo su estado de debilidad, escitan, conservan y aumentan el apego de los padres, los cuales cuidan el cuerpo, cultivan el espíritu: por lo que el tiempo, que, se necesita para fortificar el primero se convierte en utilidad del segundo. Puede decirse que comunmente los animales se hallan mas adelantados á los dos meses en sus facultades animales, físicas ó corporales que un niño puede estarlo á los dos años; así es que la educación cesa muy pronto en los animales, y los padres abandonan á sus tiernos hijos desde el momento en que sus socorres ya no le son necesarios.
He hablado de la educación individual de los niños dirigidos por padres civilizados; pero aun en el estado de naturaleza la primera educacion, ó la de necesidad precisa, exige tanto tiempo como en el estado civil, porque en ambos estados el niño se halla igualmente débil y crece asimismo con lentitud: por lo tanto necesita socorros ó auxilios durante el mismo espacio de tiempo; así el niño perecería sí se le abandonase antes de la edad de tres años.
Sí es grande la diferencia de tiempo que se observa ser necesario para dirigir, hasta el término que conviene, la educación física ó individual para que el Hombre ó los animales puedan conservarse por sí mismos, se ve que es todavía mayor en la educación de la especie privativa del Hombre, pues que esta debe ser muy prolongada y dirigida con esmero. Esta consideración indica también lo mucho que el Hombre dista de los animales, hasta de los mas perfectos.
La educación de la especie ó lo, moral intelectual propia de la humanidad es muy larga, y para perfeccionarla se necesita mucha asiduidad y constancia de parte de los padres ó preceptores y de parte del niño. ¿ Qué padre, por mas talento que se le suponga, hubiera podido en tan corto espacio de tiempo como exige la educación individual que en el Hombre corresponde á la animalidad, preparar y modificar los órganos del niño y establecer alguna comunicación de pensamientos entre su alma y la de este? ¿Cuánto tiempo no se necesita para dispertar la memoria, pues que solo se consigue á fuerza de actos é impresiones reiteradas con frecuencia? ¿Seria posible en tan poco tiempo ejercitar y poner espeditos los órganos de la palabra? Para que el niño articule una sola voz es necesario que el mismo sonido haya impresionado miles de veces su débil oido, y antes de que pueda aplicarla y pronunciarla á tiempo oportuno, es indispensable, es preciso presentarle millares de veces la misma combinación de la palabra y del objeto á que se refiere: así la educación, es decir la que únicamente puede desenvolver las facultades morales é intelectuales del niño, debe por necesidad ser continuada por largo tiempo y sostenida con constancia. Si se abandonase, las facultades que distinguen al Hombre quedarían entorpecidas, permanecería estúpido ó estólido, y en lo exterior apenas se distinguiría del animal.
En tal estado podría hallarse un Hombre, aislado desde los primeros años de su existencia, que no hubiese visto, ni tratado con sus semejantes; pero en el de pura naturaleza, en que se supone al Hombre sin pensamiento y sin palabra, estado verdaderamente ideal ó imaginario que jamás ha existido, la necesidad de permanecer los padres con los hijos produce la sociedad en medio del desierto, la familia se entiende, ya por signos de acción, ya por sonidos, y este primer rayo de inteligencia conservado, cultivado y comunicado, hace desarrollar con el tiempo los gérmenes del pensamiento, que fructifican á proporción que va creciendo aquella sociedad incipiente.
Desde que aquella pequeña sociedad empieza á formarse , la educación del niño ya no es una educación puramente individual, pues que sus padres le comunican, no solo lo que les ha concedido la naturaleza, sino también lo que han recibido de sus abuelos y de la sociedad á que corresponden. Así la comunicación no es ya de individuos aislados, la cual, como en los animales, se limitaría á transmitir simplemente sus facultades. Esta comunicación es una enseñanza en la que la especie entera tiene parte, y cuyo producto forma la base de la sociedad y consolida el lazo que nos une íntimamente para vivir en el estado social.
El Hombre nada puede sin el hombre; un gran número de animales feroces le esceden en agilidad, en fuerza y en medios destructores; su estancia en el seno materno es larga; su nacimiento peligroso; su infancia débil; su educación prolongada; su pubertad tardía; y para perfeccionar, conservar y perpetuar su especie, necesita la unión y sociedad de sus semejantes. Así el Hombre, para llegará desenvolver sus facultades morales é intelectuales, necesita pasar por grados diferentes de educación y civilización, y cada uno de los periodos que conducen á perfeccionarlas, desarrolla en el Hombre ideas, sentimientos y pasiones que no se conocían en los períodos prececedentes : todo lo que demuestra también cuánto se distingue el Hombre de los animales.
Varios pretenden que hay animales que piensan y que dejan descubrir en sus acciones alguna vislumbre de razón. Si en los animales se halla algún vestigio de raciocinio, este se nota únicamente acerca de los objetos, cuyas impresiones han entrado por los sentidos , y qué tienen relaciones directas con sus nececesidades esenciales. En tales casos las acciones ejecutadas por los. animales con cierta oportunidad y tino, no tanto son dirigidas por la razón como por el instinto.
La razón en el Hombre no solamente procede de las impresiones de los objetos que han entrado por los sentirlos, sino que hay muchas combinaciones en el raciocinio que son producidas por el entendimiento , sin que tengan parte en ellas dichas impresiones. Por lo que me parece justa la adición que hace Leibneitz á la famosa espresion de Aristóteles de: Nihil es intellectu quod prius non fuerit in sensu, nisi ipse intellectus. Estos dos orígenes de la facultad de raciocinar del Hombre hacen que esta sea muy distinta de la de los animales, y que los hombres bien educados y civilizados sean capaces de inventar y perfeccionar. Así cuanto mas adelantados están los nombres en la educación y civilización, tanto mas dispuestos se hallan para inventar y perfeccionar las invenciones; én lo que se distinguen evidentemente de los animales.
Cuanto mas se examina con detención este importante objeto, se conoce con mas evidencia el crecido número de caracteres, que demuestran lo mucho que los animales distan del Hombre. Las propiedades de hablar, de razonar bien, de inventar, de perfeccionar las invenciones, y de comunicar sus ideas y sus conocimientos á sus semejantes, presentes y futuros, mediante la palabra y la escritura, son privativas del ser inteligente.
Del instinto de sociabilidad, tan marcado en el Hombre , se deduce que la naturaleza humana fue creada eminentemente sociable; por lo que era necesario que naciese por esencia moral, pues que no podría conservarse sana, en armonía y feliz sin ser lo uno y lo otro; circunstancias que no se observan en los animales.
El instinto de adoración al Ser Supremo, propio y esclusivo del Hombre, le conduce á la Religión : así el Hombre es el único ser religioso. No solo indica, sino que manifiesta la distancia

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