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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De la infancia. 47

que entre nosotros, a pesar de nuestro cuidado y precauciones, son muchas las que perecen de aquellas resultas.
Algunos instantes después de haber nacido orina la criatura, lo cual ordinariamente sucede cuando siente el calor del fuego, y á veces expele al mismo tiempo el meconio ó pez, esto es, los escrementos que se formaron en los intestinos durante su mansión en la matriz. Esta evacuación no siempre acaece con igual prontitud, pues á veces suele retardarse; pero si no se verificase en el primer dia, sería de temer que resultase daño á la criatura, ocasionándola dolores cólicos, en cuyo caso se usa de algunos medios para facilitar dicha evacuación. El meconio ó pez es de color negro, y se conoce que la criatura le ha espelido enteramente, cuando los escrementos salen de color blanquecino, cuya mudanza por lo común sucede al segundo ó tercer dia: entonces el olor que despiden es mas desagradable que el del meconio, conocióndose en esto que la bilis y los jugos amargos del cuerpo empiezan á mezclarse con dichos escrementos.
No se da de mamar á la criatura al instante que nace, sino que antes de aplicarla al pecho, se la da tiempo de espeler el licor y las viscosidades que hay en su estómago, y el meconio que tiene en sus intestinos, cuyas materias pudieran acedar la leche y producir malos efectos: por tanto se empieza haciéndola tragar un poco de vino con azúcar, para fortificar su estómago, y facilitarlas evacuaciones, que deben disponerla para recibir y digerir el alimento.
Debe darse de mamar á las criaturas á las diez ó doce horas de haber nacido; pero hay algunas, en quienes el ligamento, llamado comunmente frenillo, es tan corto, que las impide mamar, de suerte que es forzoso cortarle; lo cual es tanto mas difícil cuanto es mas corto dicho ligamento, por no poderse levantar la punta de la lengua, para ver bien lo que se corta. Con todo, inmediatamente que sea hecha la operación, se debe dar de mamar á la criatura, pues ha sucedido alguna vez que, por falta de este cuidado, el niño ha tragado su lengua, á fuerza de chupar la sangre que salía de la cortadura.
Apenas ha salido la criatura del vientre de la madre, y no bien empieza á gozar de la libertad de mover y estender sus miembros, cuando se la ponen nuevas ataduras, la fajan, la acuestan con la cabeza inmóvil, las piernas estiradas, estendidos los brazos á los lados del cuerpo, y la envuelven con pañales, mantillas y fajas que ni aún la permiten mudar de situación; y ¡dichosa si no la oprimen de modo que la impidan la respiración, y si se ha tenido la advertencia de acostarla de lado, á fin de que pueda caer por sí misma la linfa, que debe echar por la boca, pues la criatura no tendría libertad de volver la cabeza á un lado para facilitar la salida de dicha linfa! ¿No proceden con mas cordura que nosotros los pueblos que se contentan con cubrir ó vestir sus hijos sin fajarlos? Los Siameses, Japones, Indios y Negros, los salvajes del Canadá, de la Virginia y el Brasil, y los mas de los pueblos de la parte meridional de América acuestan á sus hijos desnudos en lechos de algodón, colgados en el aire, ó los ponen en una especie de cunas, cubiertas y forradas de pieles; y en nuestro concepto esta práctica no está espuesta á tantos inconvenientes como la nuestra, pues, además de que al fajar las criaturas no se puede evitar oprimirlas de modo que se las ocasione dolor, los esfuerzos que hacen para estar en libertad son mas capaces de desfigurar la estructura de sus cuerpos que las malas situaciones en que ellos mismos pudieran ponerse, si estuviesen libres. Las fajas de la envoltura pueden compararse á los corsés que usan las doncellas en su juventud, los cuales son una especie de coraza, y una vestidura incómoda que, sin embargo de haber sido inventada para conservar ó perfeccionar el talle, causa mas incomodidades y deformidades que las que puede precaver.
Por fortuna ya se empiezan á abandonar estos usos perjudiciales, sobre los que varios anatómicos han hecho observaciones, en cuya repetición nunca puede haber demasía. Mr. Winslow observó en muchas mujeres y doncellas de distinción que las costillas inferiores estaban mas bajas, y las porciones cartilaginosas de las mismas costillas mas arqueadas que en las mujeres y doncellas de baja esfera; y juzgó que esta diferencia no podia provenir sino del uso habitual de los corsés, que por lo común son sumamente estrechos por abajo. El mismo autor esplica y demuestra con razones convincentes todos los inconvenientes que resultan de esta práctica: la respiración incómoda por la opresión de las costillas inferiores, y por la bóveda forzada del diafragma, turba la circulación, y ocasiona palpitaciones, vértigos, enfermedades del pulmón, etc.; y la compresión violenta del estómago,, el hígado y el bazo puede también producir accidentes mas ó menos funestos por lo tocante á los nervios, como desmayos, sofocaciones, convulsiones, etc. No son estos males interiores los únicos que ocasiona el uso de las cotillas, pues, lejos de enmendar los talles defectuosos, solo sirven para aumentar los defectos; por lo cual todas las personas cuerdas debieran desterrar de sus casas ó familias el método con que actualmente se faja y envuelve á los niños, y aun con mas severidad el uso de los corsés á sus hijas, sobre lodo hasta que hayan llegado á adquirir su total incremento.
Si el movimiento que las criaturas procuran tener estando envueltas puede serlas funesto, también las puede perjudicar la inacción en que se las tiene en aquel estado: la falla de ejercicio es capaz de retardar el incremento de los miembros, y de disminuir las fuerzas del cuerpo; y por tanto, las criaturas que tienen libertad de mover sus miembros á su gusto, deben ser mas fuertes y robustas que las que están envueltas. Por esta razón los antiguos habitadores del Perú dejaban libres los brazos á sus hijos en una envoltura muy ancha, y cuando se la quitaban, los dejaban libres en un hoyo hecho en tierra, y guarnecido ó entapizado de lienzo, en el cual los entraban hasta medio cuerpo: de este modo tenían libertad de mover los brazos y la cabeza, y de doblar el cuerpo á su antojo sin caer ni lastimarse; y cuando podian dar algún paso, les presentaban los pechos á cierta distancia, como estímulo para obligarlos á caminar. Los negrillos suelen mamar en una situación mucho mas incómoda, pues aprietan con sus pies y rodillas una de las caderas de la madre, y la oprimen de tal modo que pueden mantenerse en ella sin el auxilio de los brazos de la madre; se asen con sus manos al pecho, y maman constantemente sin descomponerse ni caer, no obstante los diferentes movimientos de la madre, que entre tanto no deja su trabajo ordinario. Estas criaturas al segundo mes empiezan á caminar, ó por mejor decir á andar á gatas, y este ejercicio les facilita después el correr en la misma postura, casi con la misma velocidad que si corriesen en dos pies
Los niños recien nacidos duermen mucho, pero, su sueño es muy interrumpido. También necesitan tomar alimento con frecuencia: por el dia se les da de mamar cada dos horas, y por la noche siempre que despiertan. A los principios duermen la mayor parte del dia y de la noche, y aun parece que no se despiertan sino por dolor ó por hambre; y asi se ve que los gemidos y el llanto suceden casi siempre á su sueño. Como se hallan precisados á permanecer en una misma situación en la cuna, y están siempre oprimidos con la envoltura, esta situación, al cabo de cierto tiempo, llega á ser dolorosa y á causar fatiga; y además de esto suelen estar mojados, y en-

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