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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De la pubertad. 51

La primera señal de la pubertad es un adormecimiento en las ingles el cual es mucho mas perceptible cuando se anda ó echa el cuerpo hacia adelante: á veces este adormecimiento viene acompañado de dolores agudos en todas las articulaciones de los miembros, lo cual se verifica por lo común en los muchachos que tienen algo de raquitis. Todos han esperimentado antes ó esperimentan al mismo tiempo una sensación, hasta entonces desconocida, en las partes que caracterizan el sexo, elevándose allí unos granitos de color blanquecino, que son el germen de una nueva producción, esto es, de la especie de pelo que debe ocultar aquellas partes: el sonido de la voz se altera, poniéndose ronca y desigual por algún tiempo, pasado el cual queda mas llena, segura, recia y grave que antes. Esta mutación es muy perceptible en los varones, y lo seria del mismo modo en las hembras, si el sonido de su voz no fuese naturalmente agudo.
Estas señales de pubertad son comunes á ambos sexos; pero hay otras peculiares de cada uno, que son la aparición de los menstruos, el incremento de los pechos en las mujeres, y la barba y la emisión del licor seminal en los hombres. Algunas de estas señales no son tan constantes como las otras; la barba, por ejemplo, suele no salir precisamente al tiempo de la pubertad, y aun hay naciones enteras en que los hombres casi no la tienen. Pero no hay pueblo alguno en que la pubertad de las mujeres no se conozca por el incremento de los pechos.
En la especie humana de nuestros climas, los asomos de la pubertad aparecen por lo común á la edad de doce á catorce .años en las doncellas, y de quince á diez y siete en los mozos; pero estas épocas varían en toda la tierra; 1.º según el grado de temperatura del clima; 2.º según la cantidad y calidad de los alimentos; 3.º según el desarrollo de las facultades intelectuales; 4.º según el temple del individuo; y 5.º según la colesion de las castas humanas.
En primer lugar, el calor, que acrecienta el empuje vital en tódos los, cuerpos organizados, arrebata los medros y desgasta mas porción de vida en menor plazo, debe por precisión estrechar la época de la pubertad con la del nacimiento. Con esta verdad nos dá en el rostro el género humano desde los polos hasta la zona tórrida. Un finlandés, un dinamarqués, son apenas púberes á los diez y ocho, y aun á los veinte y dos años, porque el frío atrasa sus medros; y las muchachas de aquellos climas no son casaderas bástala edad de diez y siete ó diez y nueve. Al contrario un indio, un persa ó un árabe, se hallan en disposición de engendrar á los trece ¿catorce años; y se ven entre aquellos pueblos mujeres que ya son madres á la edad de diez ó doce. Las regiones intermedias ven anticipar ó retrasarse la pubertad de sus moradores según su grado de calor. En Italia aparecen las mujeres generalmente ya formadas á la edad de catorce años; al paso que en la Francia septentrional no lo están hasta los quince ó diez y seis. Pero en tódos los paises necesitan los hombres mas tiempo para llegar á la pubertad, pues siendo su cuerpo mas robusto, mas compacto y generalmente hablando, mayor y mas sólido que el del sexo femenino, requiere mayor espacio de tiempo para alcanzar el mismo gradó de perfección.
El desarrollo prematuro de las partes genitales, no es de ninguna ventaja para el Hombre; al contrario en los pueblos en que se anticipa su mocedad se ve que, envejeze é imposibilita muy pronto; al paso que los hombres cuya, pubertad va apareciendo paulatinamente conservan su pujanza, su mocedad y sus alcances reproductivos hasta una edad muy avanzada. Entre los orientales, que son púberes á los trece ó catorce años, la facultad propagadora mengua ya á los treinta. A esta edad aparecen quebrantados, necesitan específicos estimulantes y afrodisiacos para desempeñar los deberes del cargo conyugal; por esta misma época desaparece el menstruo en las mujeres, y toda su hermosura se aja y marchita desde sus mas tiernos años cual una flor peregrina cuya raiz adolece de languidez mortal. Los pueblos septentrionales medran tardíamente, y logrando su corpulencia el plazo necesario para fortalecerse, conservan por mas tiempo la facultad reproductiva. Así es que se ven entre ellos mujeres que conciben pasados los cuarenta y aun los cincuenta años, y hombres que engendran pasados los setenta.
Se ha notado que los climas mas cálidos avivan el ardor amoroso en el sexo femenino desarrollando mas sus órganos sexuales; que dos logros tempranos, achican la estatura en la India oriental lo mismo que en todas parles; y un médico atribuye á los casamientos anticipados y al desenfreno de las costumbres germánicas la disminución de la alta estatura que alcanzaban en la antigüedad los pueblos alemanes, cuando vivían en su primitiva inocencia.
Repetidas observaciones demuestran que, si el calor del clima no es la única causa de la anticipación del flujo menstruo, no por eso deja de ejercer en esta función un indujo especiálísimo. Efectivamente, a las mujeres de casta europea que viven en las regiones septentrionales se les presenta mas tarde este flujo que á las del Mediodía. En Sajorna, Turingia y la alta Alemania no empiezan los menstruos hasta los quince años; es mas tardío en las regiones septentrionales; y en los territorios elevados no se presenta hasta los veinte ó veinte y cuatro años. y por eso las mujeres son aun fecundas a una edad muy avanzada. En España aparece por lo común la menstruación á los catorce años y á los trece ó antes en las provincias del Mediodía, donde se desenvuelve el entendimiento, y las pasiones son también mas exaltadas.
En Menorca asoma la pubertad de las mujeres á los once años; en Esmirna se han visto madres de la tierna edad de once ó doce años; las mujeres de Persia están menstruando á los nueve ó diez años, según Chardino. Lo mismo, con poca diferencia, sucede en el Cairo; y las berberiscas son madres comunmente á los once años, lo mismo que las de Agows en Albísima. En las muchachas del Senegal se observan los signos de la pubertad á los nueve ó diez años; edad que parece ser la mas general para el menstruo no solamente en la Arabia, sino también en diversas partes de África. La edad casadera para las hebreas estaba fijada por la ley á los doce años, y catorce para los hombres.
Hay todavía ejemplares de mayor anticipación, y citaré en Arabia, en Argel y en lá costa de Malabar, casos de mujeres casadas ya á la edad de ocho ó nueve años, que fueron madres poco tiempo despues. Paxman ha visto niñas casadas á los cuatro y seis años aunque no es creíble fuesen casaderas, y sabemos por otra parte que es bastante común en las Indias apalabrar y aun desposar á niños de tierna edad; motivo porque so encuentran en Gaba, lo mismo que en el Indostán, madres de edad de diez años. Sin embargo, estos hechos no son generales, pues aun en las comarcas frías de Europa se advierten algunas escepciones de esta generalidad; asi es que Haller habla de unas niñas que tuvieron el menstruo á los doce años, y Esmelio cita algunas inglesas casadas á la misma edad. También se ha visto en Bélgica y Suiza niñas embarazadas de nueve años; pero desde luego se comprende que estos ejemplos particulares no pueden constituir nunca una ley general. En Puerto Real y en Árdea las negrillas anticipan el flujo introduciéndose en la vagina un canuto de madera tierna, hueco y lleno de hormigas para que el escozor causado por aquellos insectos produzca una fluxión de sangre á los órganos sexuales. Los lavatorios esti-

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Abril que truena, anuncia cosecha buena.
Ni te fíes de hombre chico, ni te subas en borrico.
En abril, aguas mil.
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