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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De lo físico y de lo moral. 72

tan encontradas después de continuados raciocinios? ¿Cómo al recibir una sensación orgánica que lo impele á obrar y rehacerse, se ve contrariado en sus actos que la voluntad resiste y acalla? ¿Quién es esa potencia orgánica que resiste á la misma potencia orgánica, si todos sus actos nacen del organismo? Pudiéramos muy bien admitir las pasiones como actos orgánicos si no existieran mas que aquellas que representan los vehementes deseos de conservación física ; pero en este caso debemos borrar de la fisiología una de estas dos palabras que señalan un mismo concepto, ó bien las dos, porque tenemos una espresion fisiológica mas clara para representarlas. Y si no admitimos la palabra pasión bajo este sentido tampoco la admitiremos para representar todos los deseos vehementes del Hombre que nacen de causas tan diferentes en medio de sus inclinaciones, sus propensiones y sus actos todos.

No siempre el Hombre se halla dominado con esa vehemencia apasionada, según el común lenguaje, por la influente acción de su organismo ó de uno de sus órganos: mil veces se halla arrastrado y seducido otras tantas por agentes poderosos, que ni de su cerebro ni de sus nervios emanan, y que su mismo organismo resiste en vano. Reconoce el Hombre sus deberes para con Dios y para con sus semejantes; ama. la virtud, y en el testimonio de su conciencia halla un antídoto enérgico contra las sensaciones orgánicas. Estos mismos deberes y esa virtud elevan al Hombre sobre sí mismo, oscurecen las sensaciones orgánicas de conservación, y le conducen á una esfera superior en medio de la cual vehemente y sublime se halla poseído por una pasión, que en verdad fuera muy ridículo confundir con las pasiones orgánicas. Y no hay que filiarnos entre los visionarios y ontólogos, porque procuraremos probar que el terreno en que nos colocamos es mas firme que la movible arena y el cenagoso terreno en que se miden los sensualistas. El modo como se ejercen los actos orgánicos superiores á que sollaman pasiones, dice uno de estos filósofos es desconocido lo mismo, que su causa; y al mismo tiempo que dice esto critica agriamente á los que no ven como él. ¿Es preferible la ignorancia á la creencia? ¿Era ontólogo Newton cuando al reconocer el movimiento de los astros dijo que existia una fuerza de atracción? ¿Son ontólogos los químicos cuando admiten como causa de sus afinidades el fluido eléctrico, cuya naturaleza no fue aun bastante estudiada? No se puede hallar la verdad cuando se niega, porque en aquel mismo momento se concluye el poder del raciocinio, y solo admitiendo y razonando sobre lo conocido se llega á descubrirla: el que niega la existencia del fluido eléctrico sin buscar otra causa á los fenómenos que por él se esplicaban, cesó va de aprender. Nosotros sin pretensiones á ser psicologistas y mucho menos fisiologistas según el sentido de Broussais, al mismo tiempo que vemos como él la organización, no podemos desconocer alguna cosa masen ella que eleva al Hombre y lo hace gozar de una vida que no es únicamente sensual. El hombre enfermo, cuando ya su cuerpo apenas conserva mas que una existencia indispensable para vivir, razona aun, se halla dominado por esas llamadas pasiones, y eleva su entendimiento sobre su misma educación: estas pasiones que el hombre observador reconoce, no son' productos del organismo. Si se presentan como prueba de lo material, qué son todas sus facultades á un delirante en medio de una fiebre, ó á un loco, yo pondré por contraste otro devorado por una calentura lenta, por una tisis ó una estenuacion, y en el que sus facultades y sus pasiones se elevan de su esfera orgánica, y la de los locos y de esos mismos delirantes, que á pesar de su estado, razonan, declaman con elocuencia y demuestran siempre que poseen todas las dotes que caracterizan la facultad de pensar.

El cerebro y los nervios, como ya hemos dicho, reciben sensaciones é intervienen en la manifestación de los actos inteligentes; pero no como su causa.

Cada pasión tiene para los sensualistas su órgano central y su aparato propio; pero si cada fibra del centro de inervación no se limita á responder á un fenómeno intelectual, sino que es su origen, y uno de sus modos, ¿por qué quejarse de que los psicologistas, los ontólogos, los visionarios se estravien en sus contemplaciones, si ellos no hacen mas que sentir que sienten, ó mejor dicho, sentir que está escitada de cierta manera una parte del encéfalo? En el sentimiento de veneración al Ser Supremo, origen de pasiones intelectuales, y al que los frenologistas asignan un órgano especial, ¿por qué ridiculizará los creyentes y reconocer en los que nada creen el único sistema positivo y filosófico? Si es cierto que existe el órgano de la teosofía, si es cierto que el Hombre se halla impelido á creer ó no creer por la vibración de las fibras de su encéfalo, ó por el desarrollo de una de sus partes, ¿cuál es la estructura encefálica viciosa, la de Broussais ó la de Cousin? ¿Cuál de los dos podrá reclamar con mas justicia un numeroso proselitismo? «Un hecho inesplicable y que no está al alcance de ninguna inteligencia humana, le resta al fisiólogo para admitir la fibra cerebral como causa y agente el pensamiento.» Esta confesión sincera de un sensualista , manifiesta que las bases de su sistema vacilan para hundir el edificio material que sobre ellas se había cimentado.

El sentimiento de veneración es puramente intelectual por mas que algunos se empeñen en considerarlo corno instintivo: de él proceden varios deseos de igual clase que se han confundido con las pasiones físicas, ó mejor dicho con los instintos ó con las sensaciones orgánicas. Los sentimientos instintivos proceden de la materia y son animales, y este no lo es: cuando se confiesa que este sentimiento no puede ser confundido ni con las sensaciones ni con las ideas materiales, es porque se ignora enteramente lo que es. No podemos desconocer que los signos representativos de este sentimiento intelectual y de todos los de la misma especie, son los mismos que en las sensaciones materiales: de aquí se quiere deducir una irresistible prueba á favor del esclusivismo orgánico; pero es necesario advertir que el Hombre todo lo apropia á sí mismo y á sus impresiones, como único medio que tiene de reconocer las cosas, aplicando sus elevados conceptos á cualidades conocidas ó á la negación de estas como signos de un valor admitido. Si el Hombre busca estos signos materiales, ellos nada influyen en la esencia de su pensamiento, ni en la cualidad intrínseca de esos actos llamados pasiones, ni en su carácter moral, porque solo se materializa para representarlos. Todos reconocen por ejemplo une causa activa, poderosa ú ordenadora que rige el Universo, y aun los puros ateos la representan sin conocerla por nombres ó signos que nada influyen en su esencia.

El patriotismo, el honor, son afecciones intelectuales capaces de vencer la misma naturaleza y acallar todos los instintos. ¿De dónde procede? ¿Son esencialmente orgánicas estas pasiones? Y silo son ¿porqué varían á cada paso y se dirigen á objetos tan esencialmente contrarios? ¿No serán mas bien efectos de juicios intelectuales, independientes de la materia á la que resisten? Plutarco elogiando á las espartanas, dice que entre ellas se hallaban almas diferentes de las que conocemos: la naturaleza inmolada á la patria, el honor á la ternura, el nombre de ciudadanas preferido al de madres, las lágrimas de alegría derramadas sobre el cuerpo de un hijo acuchillado. ¡Triste cuadro por cierto! ¡Que el Hombre no recuerde esas leyes, esas costumbres, esa perversión social que deshonran la humanidad! Estas

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