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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De lo físico y de lo moral. 73

mismas pasiones de que tanto á veces se utilizan sistemas sociales enteramente encontrados, son tan diversas como las circunstancias de los pueblos. Son intelectuales y el entendimiento no siempre calcula con exactitud; reconoce boy vicioso lo que mañana presenta como un acto de virtud, porque la bondad e las acciones no siempre emana de ellas mismas como luego diremos. Invocando el santo nombre de la virtud cívica, se maldice boy lo que mañana se reverencia y se acata: los puñales que alevosamente se empuñaron contra César y contra Marat, fueron dirigidos por juicios bien opuestos; el imperio que se hunde y el imperio que se levanta. Los hombres han comprendido de bien distinta manera en este caso sus intereses, pero todos han reconocido la verdad absoluta en estos actos: fue preciso pasar en ambos por un crimen, y en su corazón todos vieron una alevosía.
Cuando se dice que el Hombre está dominado por una pasión, debe el fisiólogo clasificarla al momento y referirla á un cuadro sencillo en que solo estén inscriptas estas dos palabras : organismo, inteligencia. Los sensualistas solo admiten la primer clase y otros la multiplican basta lo infinito : nosotros no queremos la simplicidad en medio de la confusión, ni esta en el laberinto de subdivisiones que no existen. Si todo es orgánico y todo dependiente del juego de las libras, en este caso todo es necesario; porque si un solo resorte es la causa de todos los fenómenos, y sino existe quien pueda contrariarlo, es exclusivo, absoluto. Pero existen ideas justas, precisas que emanan de la razón pura y reconocen por causa el alma, hay otras que se derivan de la organización : ambas emanan en su fondo de un principio de verdad; pero esta se oscurece, se interpreta arbitrariamente por el Hombre que abusa de la libertad que por su razón disfruta. Si la moralidad de las acciones cambia, no es porque ellas mismas dejen de tener su valor intrínseco, sino porque el Hombre en sus actos libres elige lo bueno ó lo malo, y se desentiende de los principios innatos de su conciencia para acomodarlos á sus circunstancias.
No por esto se debe inferir que las pasiones que dan origen á los actos morales tienen todas un valor reconocido, porque existen algunas promovidas por la conveniencia social, y aunque son las menos, es necesario hacerlas conocer porque tienen un carácter y un valor especial, como son los derechos convencionales y otros que se deducen de las instituciones políticas. Aun entre estas mismas su valor se infiere de su utilidad; pero no se hallan en el mismo caso que las otras. Lo justo absoluto lo es en todas partes, y todas las naciones conocen lo injusto porque la ley del mas fuerte, no es la ley universal, La virtud es igualmente un hecho, dice Reveillé, y este hecho es la prueba demostrativa que la voluntad, el querer razonado es una fuerza que arrastra y domina el ser orgánico; en sí mismo halla el Hombre la medicina á sus pasiones físicas; Cupio, decía Séneca escribiendo á Lucilio, in te transfundere omnia, quoz ad sanandos animi morbos efficacia expetius sum: era la virtud de Séneca.
La fuerza de las cosas, no es la fuerza de las ideas, decía un filósofo, y yo añado ni la fuerza de la razón; y por esto dice muy bien Virey, que los códigos de la moral en el mayor número de religiones, no son otra cosa que la higiene aplicada á las funciones del espíritu y del corazón; es decir, á nuestra organización y & nuestra inteligencia, la que reconoce sus deberes sociales y sus deberes religiosos. De estos dos puntos parten siempre las determinaciones del Hombre, y no pueden combinarse bajo un mismo nombre dos cosas tan opuestas; allí lo físico, aquí lo intelectual, allí la organización representada por sensaciones orgánicas (instinto, pasiones físicas), aquí lá razón cuyos actos son conocidos por sensaciones intelectuales (acciones morales, pasiones superiores). Observamos, dicen los autores, que un instinto se convierte en pasión cuando se marca de un modo muy notable ó excesivo, ¿y dejará de ser la misma cosa aunque mas exagerada? ¿Por qué hemos de confundir los instintos con las pasiones? Porque ni aquel ni estas tienen un sentido riguroso.

Fuera tan ridículo abrazar bajo un mismo concepto todos los fenómenos que recibieron el nombre de pasiones, como lo seria el confundir las acciones eme tienen por origen la inexactitud de los juicios. La murmuración y la adulación, que muy respetables moralistas y filósofos colocan en el cuadro de las pasiones, son á la verdad mas que perversiones del entendimiento; son vicios, son enfermedades del espíritu que también clasificaba Diógenes al describirlas. Que no se busquen sofismas para colocar estos vicios tampoco entre los instintos, porque ni son una cosa ni son otra; ni Lacen del organismo, ni tienen el carácter vehemente de las pasiones intelectuales: se hallan en el mismo caso que otro gran número de defectos en que el Hombre abunda, ya por educación, por malos hábitos ó por la dirección viciosa que da á su razón.

Sobre esas pasiones, sobre esos instintos, sobre las sensaciones en fin, hay la razón que lo puede todo cuando es bien dirigida. Un alma dice Zimmermam, que tiene bastante imperio sobre el cuerpo que anima, puede disipar los momentos mas aciagos de la adversidad y triunfar de todas las penas; pero este poder desconocido, ó por irreflexión, ó porque el corazón se halle depravado, impide que el Hombre goce de sí mismo tanto como pudiera, y lo hace demasiado sensible á todos los sucesos de la vida. Mil veces admiramos la conducta del que parece superior á sí mismo: sufre el dolor con apacible serenidad; se vé víctima de las mas atroces calumnias con resignación; y se presenta á la muerte con valor y sorprendente abnegacion : ved aquí el poder irresistible de la razón intelectual del alma, sobre la razón material del cuerpo; he aquí la cima y el abismo entre cuyos extremos considera De Gerando colocado al Hombre, porque, como él mismo asegura, cuando arregla su conducta al poder que le sujeta no hace mes que dominar sus órganos. No obstante, cuando este ilustre autor intenta fijarlos límites que separan el poder inteligente del poder fisíco, se observa obscuridad en su lenguaje. La verdadera perfección se baila solo, según él, en la uniformidad de la situación y destino de cada cual que consiste en un compuesto armonioso y completo de las facultades intelectuales y morales. Yo jamás comprendo concepto alguno en que se separen la moral y la inteligencia, como no puedo confundir las sensaciones materiales, ni la vida sensual con la existencia efectiva ó la vida moral.

Ni la imaginación que Cabanis considera como una causa moral, ni las operaciones intelectuales que materializa, son otra cosa que la facultad de pensar independíente del organismo; pero influyendo sobre las visceras, ¿Y por qué una triste nueva que él pone como prueba de su aserto, recibida al tiempo de comer pervierte la digestión? ¿Nos veremos precisados á admitir esta causa perturbadora como un agente puramente físico? Bajo ningún concepto. Si ésta causa obra sobre el estómago es por un efecto muy secundario, y no necesariamente orgánico. Dígaseme sino ¿ por qué esta causa no obra siempre de la misma manera ? La relación eme une los actos exteriores en el Hombre, ó es siempre la misma en él, y en los animales, y en este caso obra como un instrumeno orgánico de placer ó de dolor, ó es el resultado de un modo de acción de pensar que puede dar un carácter á las reacciones

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