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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De lo físico y de lo moral. 76

zon y la conveniencia. Ni es menos cierto que de las combinaciones superiores se deducen sentimientos en que ninguna parte toma el organismo: la irritación que las procede según los sensualistas, ¿cómo interviene en la resolución de un complicado problema de álgebra? ¿Surge del cerebro como la bilis del hígado? La idea de la sublime virtud, de lo infinito absoluto, la conciencia que es la verdad universal común á todos, ¿es también el producto de una irritación orgánica?

Se notará sin duda que tratando del hombre moral y de las pasiones, me dejo llevar sin saber como á la esfera del hombre intelectual; pero obsérvese que yo no distingo la moral de la conciencia, ni esta de las pasiones superiores, ni menos hallo diferencia entre estas y las potencias del alma, que son para mí una misma cosa. Vénse por algunos las pasiones y el hombre moral como el convenio del instinto con el entendimiento y la voluntad: admiten al hombre libre, y al mismo tiempo se intenta colocarlo siempre fuera del resorte que le da libertad; yo no considero así las pasiones, ni admito ese convenio por muy real que aparezca. ¿No se dice que deben vencerse las pasiones por la razón? Luego aquellas no son esta, ni aun combinadas, ó hemos de admitir dos razones en el Hombre, la una que obra con el organismo y la otra que se le opone: por eso decía con tanta exactitud Descartes que el alma mas débil puede adquirir un imperio muy absoluto sobre todas las pasiones, y Cicerón que el manantial de todas las enfermedades y de todas las pasiones era el menosprecio de los consejos de la razón. Son bien conocidas aquellas palabras de Ovidio: video meliora, proboque; deteriora seguor. Nadie efectivamente que observe al Hombre sin prevención puede desconocer que en él hay únicamente dos cosas que deben llamar nuestra atención, porque de ellas dependen nuestra felicidad individual y el bienestar de la sociedad.

Si todo es materia en el Hombre, si todo órganos en acción y fluidos circulantes, causas únicas de cuanto en él se observa, ¿adonde está su libertad? ¿Adonde las ideas morales, que según Matter constituyen la mas bella y mas indestructible fortuna de un pueblo? Decia muy bien Plutarco; no se deben tener por libres sino los que obedecen á la razón; pero si la materia es á un mismo tiempo la causa y el instrumento de la moralidad en el Hombre, este, á semejanza de los animales, pensará por su materia, querrá por ella, y obrará siempre según ella, y sus deberes mas puros, sus mas imprescriptibles é inalterables derechos, son títulos de nobleza y libertad, de gloria y de inmortalidad que sobre la razón se fundan, desaparecieran para siempre. Los resortes que movieran y contuvieran al Hombre serán como en el bruto los apetitos, el placer y el castigo. Pero mientras el Hombre reconozca los grandes resortes de su existencia moral, y oiga la voz de su conciencia interior, hallará la mano protectora y benéfica que lo dirija: Oderunt peccare boni virtutis amore; he aquí la égida de protección reconocida por Horacio. Mas desde el momento en que deje de obedecer á su razón, desde el instante en que desconozca su conciencia interior, que le demuestre sus mas santos deberes, y que abusando del sentido que se ha querido dar á la palabra pasión, se deje arrastrar por los apetitos físicos que la producen, los consejos, las leyes y los deberes desaparecieron para él, y entonces la sociedad no tendrá otro medio para ser reconocida en sus derechos que el que aconseja Quintiliano.... solo metu continentur: porque entonces la conciencia interior es material, y solo conoce el placer y dolor físicos: Oderunt peccare malí formidine pama?. Quintiliano como Horacio conocían también que en el mundo solo hay dos grandes leyes sociales, la ley del temor y la ley de la virtud.

Los juicios humanos que del alma provienen, clasifican con exactitud las acciones de sus semejantes, sin que baste ni la rusticidad de la educación para disfrazarlos. El Hombre reconoce los vicios y las virtudes en donde se hallen, y en su corazón les da su valor real: aprecia algunas veces aparentemente al perverso como un instrumento suyo, le desecha empero tan pronto como deja de recibir sus servicios: respeta el saber aun cuando aseste sus tiros al hombre científico, y ama la virtud aun cuando ostente despreciarla. No podemos menos de observar que si el Hombre es injusto en medio de mil circunstancias, una razón superior, que es la verdad sublime y el pensamiento puro le inspira el justo valor de las acciones: esta es la razón por la que el crimen jamás se aprecia, y los talentos y las virtudes nunca se desconocen.

No sin un objeto muy poderoso he querido presentar algunas ideas sobre el hombre moral ó el ser pensador, pues que voy á deducir consecuencias que están en oposición con algunas doctrinas admitidas, y especialmente con las que se quieren deducir del estudio físico del Hombre. 1.a Las pasiones tomadas como causas ó móviles de las acciones humanas no existen; y si se quiere conservar esta palabra debe clasificarse el objeto que representa, colocando á un lado las pasiones que nacen del organismo y se confunden con los instintos, y en el otro las que tienen por origen la rectitud ó inexactitud de los juicios. 2.a Lo que se ha llamado moral no es mas que el juicio que se forma de las acciones humanas productos del entendimiento ó de los órganos. 3.a El valor moral de las acciones, ó es permanente, esencial é invariable, ó es facticio, transitorio ó convencional. 4.a El Hombre tiene en sí mismo un fondo de justicia , un fondo de virtud y un fondo de libertad que constituyen su independencia y su nobleza. 5.a El entendimiento, como facultad del alma, es el que da su justo valor á las acciones. 6.a Cuando la voluntad interviene en los actos de pura animalidad no puede decirse que existe una pasión, pues que en este caso no hay mas que organismo y la voluntad que obedece á las inspiraciones.

Quisiera detenerme en algunos pormenores para probar las deducciones anteriores; pero acaso fuera exceder los límites de un ensayo, y entrar en los graneles problemas de la moral y de la filosofía. La historia de todos los pueblos presentará sin eluda un campo espacioso al que se tome el trabajo de analizar el origen de sus épocas de gloria y decadencias y las consecuencias eme debe sacar se hallarán siempre muy de acuerdo con la doctrina que se acaba de esponer. Constantemente se verán en las antiguas y modernas naciones que el predominio físico ó el predominio intelectual las han dominado con resultados bien diferentes; porque es necesario, cuando se toca al predominio intelectual, tener presente lo que decia un médico filósofo de nuestros días: «En nuestra civilización; formada de crisoles, máquinas, tesoros, placeres, derechos y libertades, el artículo costumbres no és mas que un episodio de la vida social.» Efectivamente, parece que debiera concebirse un porvenir venturoso desde que la filosofía quiso llevar la ilustración á los talleres y á los campos; pero sus esfuerzos fueron inútiles, como esperarse debia, porque los principios de virtud deben ser anteriores á los principios de ilustración. Cuando oímos lamentarse á Gouzzi al ver concurrir todo París en masa al sepulcro de un cómico, mientras que el ilustre Laplace descendia desapercibido á la tumba, no hallamos en este hecho mas que una falsa ilustración y una filosofía sin virtudes.

En fin, ya que no podemos refutar con toda la detención que quisiéramos ciertas ideas filosóficas que intentan apoyarse en la fisiología para dominar todas

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