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Zoología o Reino Animal. Antropología. Origen y antigüedad del hombre en la creación. 78

tales del origen de los pueblos, del parentesco de sus lenguas, y de la invariabilidad de una dirección primordial, tanto del alma como del espíritu.
Si nos atenemos á las variaciones de color y de figura, y nos dejamos arrastrar por las primeras impresiones, seremos conducidos á considerar las razas, no como simples variedades, sino como orígenes humanos enteramente distintos. La permanencia de ciertos tipos, á pesar de las influencias mas contrarias en las causas exteriores, sobre todo el clima, parece que á primera vista favorece este modo de pensar. Pero, en nuestra opinión, razones mas poderosas militan en favor de la unidad de la especie humana, a saber: las numerosas gradaciones del color de la piel y de la estructura del cráneo que los progresos rápidos de la geografía nos han dado á conocer en los tiempos modernos; la analogía que guardan, en la alteración, otras clases de animales, tanto salvajes como domésticos; las observaciones positivas que se han recogido acerca de los límites, prescritos á la fecundidad de los mestizos. Ante el trabajo profundo de Tiedemann sobre el cerebro de los negros y europeos, ante las investigaciones anatómicas de Urolik y de Weber sobre la configuración de la pelvis, se han desvanecido muchas dificultades que se oponían á la idea de la unidad en la especie, humana. Si se abrazan en su generalidad las naciones africanas de color pronunciado, acerca de las cuales ha emitido tantas luces la obra capital de Prichard se las compara con las tribus del Archipiélago meridional de la India y de las islas de la Australia occidental, con los papus y alfurus, se percibirá claramente que rara vez se encuentran asociados el color negro de la piel, los cabellos crespos y los caracteres de la fisonomía negra. Mientras que los pueblos del Occidente solo conocían una pequeña porción de la tierra, dominaron miras puramente, esclusivas. El calor abrasador de los trópicos y el color negro de la tez parecían inseparables. «Los etiopes, cantaba el antiguo poeta trágico, Tbiodectes de Phalesis, deben al Dios del sol, que se aproxima á ellos en su carrera el brillo lóbrego del hollín que dá color á su cuerpo.» Fueron necesarias las conquista; de Alejandro, que descubrieran tantas ideas de geografía física, para empeñar el debate relativo á esta influencia problemática de los climas sobre las razas de los hombres. «Las familias de los animales y de las plantas, dice uno de los anatómicos mas célebres de nuestra edad, Juan Muller, en su fisiología del Hombre» se modifican durante su propagación sobre la faz de la tierra, entre los límites que determinan las especies y los géneros. Ellas se perpetúan orgánicamente como tipos de la variación de especies. Del concurso de diferentes causas, de diferentes condiciones, tanto interiores como exteriores, que no se sabrán señalar detalladamente, han nacido las razas presentes de los animales; y sus variedades mas notables se encuentran entre aquellas que han recibido como patrimonio la facultad de estension mas considerable sobre la tierra. Las razas humanas son las formas de una especie única que se enlazan, permaneciendo fecundas y perpetuándose por la generación. No son especies de su generó, porque si así fueran, llegarían á quedar estériles por el cruzamiento. Lo que no se podría descubrir por la esperiencia es; si las razas de los hombres existentes descienden de uno ó de varios hombres primitivos. Las investigaciones geográficas sobre el sitio primordial ó, como se dice, sobre la cuna de la especie humana tienen un carácter puramente fabuloso. «Ni lo conocemos, dice Guillermo de Humboldt en su trabajo sóbre la diversidad de lenguas y de los pueblos no conocemos, ni por la historia, ni por la tradición cierta, un momento en que la especie humana no se haya encontrado separada en grupos de pueblos. Lo que no se sabría decidir por la historia es si este estado de cosas ha existido desde el origen ó si se ha producido en tiempos posteriores.»

Encuéntranse leyendas aisladas en puntos muy diversos del globo, sin comunicación aparente, que se hallan en contradicion con la primera hipótesis y hacen derivar el género humano, todo él, de un tronco único. Esta tradición se halla tan estendida que se ha mirado algunas veces como un recuerdo antiguo de los hombres. Pero esta misma circunstancia probaria mas bien que no existe en esto ninguna transmisión real de un hecho, ningún fundamento verdaderamente histórico, y que tan solo es la identidad de la concepcion humana que ha conducido siempre á los hombres á una esplicacion semejante de un fenómeno idéntico. Un gran número dé fábulas, sin relación histórica las unas con las otras, deben también su semejanza y su origen á La igualdad de imaginaciones ó de reflexiones del espíritu humano. Lo que demuestra mas, en la tradición de que se trata, el carácter manifiesto dé la ficción es que pretende esplicar un fenómeno que sé halla fuera de todo, esperiencía, el del primer origen de la especie humana, de una manera conforme á la esperiencia de nuestros dias; la manera, por ejemplo, como ha podido ser poblada una isla desierta en mía época en que el género humar, no contaba ya millares de años de existencia. En vano se obstinará el pensamiento en la meditación, del problema de este primer origen; el Hombre se halla ligado tan íntimamente á su especie y al tiempo, que no se sabría concebir un ser humano llegado al mundo sin una familia ya existente y sin un pasado.

No pudiendo resolverse esta cuestión, ni por la via del razonamiento, ni por la de la esperiencia, será necesario pensar que el estado primitivo, tal como nos lo describe una pretendida tradición, es realmente histórico, ó bien que la especie humana cubrió la tierra en forma de pueblo. Esto es lo que no sabría decidir lá ciencia de las lenguas por sí misma, además de que no se debe de modo alguno buscar una solución en otra parle para aclarar los problemas que le pertenecen.

La humanidad se distribuye en simples variedades, que se designan por medio de la palabra algo indeterminada, razas. Lo mismo que en el reino vejetal, en la historia, natural de las aves y de los peces, es mas seguro agrupar los individuos en un gran número de familias, y reunirlos en un pequeño número de secciones abrazando masas considerables; de la misma manera en la determinación de las razas nos parece preferible establecer pequeñas familias de pueblos. Que se siga la clasificación de Blumenbach en cinco razas, (caucásica, mogólica, americana, etiópica y malaya) ó bien que con Prichard se admitan siete razas, (irania, turania, americana, hotentota y bouschman, negra, papú y alfuru) no es menos cierto que ninguna diferencia radical y típica, ningún principio de division natural y rigorosa rige tales grupos.

Se separa lo que parece formar los estremos, sin cuidarse de las familias de los pueblos que no pueden incluirse en estas grandes clases, y que se han llamado, ya razas escípticas, ya razas alofílicas... Ciertamente la denominación de irania es mejor elegida para los pueblos de Europa que la de caucásica; y por lo tanto es menester confesar que los nombres geográficos, tomados cómo, distintivos dé razas, son sumamente indeterminados, sobre todo cuando el país que debe dar su nombre á tal ó cuál raza se, encuentra como el Turan ó Mawerannahs, por ejemplo, habitado en diférentes épocas por pueblos los mas diversos de origen indogermánico y finlandés, pero no mogólico. ....

Las lenguas, creaciones intelectuales de la humanidad, que tan íntimamente se hallan ligadas á los primeros desarrollos del espíritu, tienen por esto ca-

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