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Zoología o Reino Animal. Antropología. Origen y antigüedad del hombre en la creación. 82

parte del mundo, mas se sostiene el tipo de la raza y menos razón hay para admitir su origen común. Se sabe que en medio de la gran diversidad de opiniones sobre el número, el valor y la importancia de diferentes razas del género humano, hay un hecho preeminente que forma, por decirlo así, un punto de encuentro para todas las opiniones divergentes, y es que, relativamente á la forma del cráneo, se presentan tres tipos generales claramente pronunciados, á los cuales Pricbard ha dado las denominaciones bien elegidas de forma oval, forma prismática y forma piramidal. La última de estas forma caracteriza la raza mogólica y la americana. La grande afinidad que existe entre estas dos razas, no ha dejado de presentarse á la atención de todos los observadores; también es cierto que las relaciones geográficas son lasque únicamente han impedido á los ántropologistas el considerarlos como dos diferentes grados de desarrollo de la misma raza principal, sus pómulos mas salientes su frente mas baja y estrecha asignan á la raza americana el grado inferior.

Era menester, por consiguiente, según la opinión reinante del origen de estás razas, considerar la americana como una variación de la mogólica, que por la emigración á este hemisferio, ha bajado del grado de desarrollo superior que ocupaba en el país de su origen. Pero á semejante opinión se opone la falta total de algún monumento de desarrollo superior entre los pueblos de toda la parte oriental de La América meridional. Si se considera, por el contrario, que la naturaleza procede habitualmente de lo imperfecto a lo perfecto; que esta parle del mundo es, bajo la relación geológica, anterior al mundo vulgarmente llamado antiguo; si se considera en fin, que el examen déla caverna de que me ocupo, conduce á admitirla presencia del Hombre en esta parte del mundo desde el tiempo mas antiguo, así como la conservación invariable del tipo primitivo de sus habitantes, se convendrá, primero, en que hay buenas razones para emitir, al lado de conjeturas aun menos fundadas, una opinión que conduciría al trastorno total de la relación cronológica establecida hasta el presente entre las dos razas de que hablamos. La opinión que acabo de emitir se funda en razones muy insuficientes para pretender su certeza; pero también me parece bastante importante para esperar que sea digna de tomarse en consideración.

En 1826, un naturalista inglés, que en esta época se acupaba especialmente del estudio de las cavernas que encierran fósiles, el doctor Buckcland, habiendo pasado á visitar Osselles, reconoció en esta gruta muchas analogías con las que en Alemania y en Inglaterra encierran tanto número de restos de mamíferos antidiluvianos, y no dudó el encontrarlos igualmente en ella, llegando á señalar los puntos en que se encontrarian.

«No me costó poco trabajo, dice, el llegar á persuadir á mis guias me ayudasen á romper aquella superficie hasta entonces intacta, á linde registrar allí los restos dé animales y el detritus diluviano que, según la analogía que existe entre esta caverna y otras, esperaba encontrar debajo. Su sorpresa fue grande al ver verificarse mi predicción en cuanto á la existencia de un depósito sedimentario mezclado con fragmentos de piedras y cantos rodados, debajo del cual suponían un pavimento sólido é impenetrable del subterráneo; y su admiración aumentó al encontrar en cada uno de los cuatro sitios que elegí para esperimentó; este detritus amontonado hasta una profundidad que no pudimos atravesar con una barra de hierro de tres pies de longitud y mezclado además con una multitud de dientes y de huesos fósiles. Estos huesos no se hallan reunidos en esqueleto completo; pero se hallan esparcidos entre el sedimento y los cantos rodados precisamente con la misma regularidad que los encontrados en las cavernas de Alemania é Inglaterra.»

Lo que hay de mas notable, en cuanto á la relación dé la geología antidiluviana, es que, entre los huesos que ofrece la gruta de Osselles, no se ha encontrado uno solo que pertenezca á otro género de mamíferos que al de los osos. Los restos de hienas, tan frecuentes en todas las demás no se encuentran, y así los huesos de osos se hallan exentos de las fracturas que presentan en las cavernas en que estuvieron espuestos al diente de las hienas.

En 1827 se hicieron en la gruta de Osselles escavaciones dirigidas tal vez con mas celo que circunspección, y se sacaron cuatro grandes carros de huesos. Felizmente antes de este trastorno, la gruta fue visitada por Mr. Fargeau, profesor del colegio de Besanzon que hizo varias investigaciones importantes, de las que reproduciremos las principales.

«Los huesos, dice Mr. Fargeau, no existen sino en las cámaras, es decir, en los parajes en que el subterráneo, ensanchándose mas ó menos sensiblemente, ofrece un suelo llano y poco inclinado. Los pasillos estrechos, las averturas laterales y elevadas se nos han presentado hasta el presente totalmente desprovistas. No hemos descubierto nada por las hendeduras, y se han visto llenas aun de huesos las vertientes por las que podría suponerse que estos restos han llegado á la gruta.

« En ciertos parajes, particularmente hacia el medio de la gruta, en una cámara un poco elevada, el suelo se halla formado por una bella estalagmita de dos ó tres pulgadas de espesor que recubre inmediatamente los huesos y en la cual se halla incrustado un gran número. A 80 pasos de la entrada de la gruta una capa de seis á ocho pulgadas de arcilla forma el piso: bajo esta capa se estiende horizontalmente en toda la cámara una hoja dura y delgada que recubre el sedimento en que se encuentran los huesos.

«Esta capa sólida se encuentra casi por todas partes donde los huesos se hallan debajo de la arcilla; los recubre inmediatamente, muchas veces los incrusta, se amolda hasta seguir de alguna manera los contornos mas gruesos. Así es como, por ejemplo, en esta gran pieza, en este vasto depósito antidiluviano, después de haber hecho levantar un espesor de 18 á 20 pulgadas de arcilla para descubrir el pavimento sólido, notamos en una grande estension, aquí y allá, montoncitos mas ó menos voluminosos revestidos de la misma eos Ira; eran cráneos, pelvis, y á veces las estremidades de enormes húmeros, lémures; etc.
«Esta costra que adhiere tan fuertemente á enormes cráneos no es una estalagmita; no tiene la estructura cristalina; no ofrece en ninguna parte manchones mas ó menos salientes que indicaran su modo de formación... Es una verdadera incrustación tal como podría formar un líquido que, después de haber disuelto la materia calcárea, la depositase por la evaporación.

«Bajo esta costra calcárea, los huesos forman una capa mas ó menos regular, cuyo grosor no pasa de un pie. Aquí se encuentran en la mayor confusión: no se ve apariencia de un esqueleto entero ó de un esqueleto cuyas partes se hallasen en su posición relativa; pero muchas veces estas diversas partes se hallan aproximadas y como circunscritas á un pequeño espacio. Por lo demás existe en todo una reunión admirable de animales de todas las edades, determinables por el estado de sus dientes.»

Aunque en la disposición del sedimento no hay nada que pueda hacer sospechar depósitos de diferentes épocas, sin embargo, los huesos que se hallan situados en lo mas hondo, se encuentran alguna vez mas alterados que los otros; son muy porosos, muy ligeros y no contienen mas que una cantidad muy

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