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Zoología o Reino Animal. Antropología. Unidad de la especie humana. 85

UNIDAD DE LA ESPECIE HUMANA (1).

LA ciencia etnológica, dice el caballero Bunsen, ha llegado en el trascurso de este siglo á resultados menos conocidos acaso, pero seguramente tan importantes como los de que se enorgullecen todas las otras; y lo ha verificado por medio de una marcha ordenada y metódica, no por los accidentes de la casualidad ó del genio. Si el Hombre es el esfuerzo supremo de la creación, el estudio histórico de su origen y de su desarrollo no debe separarse jamás de la filosofía natural en general y en particular de la fisiología. Por otra parte, si el Hombre es el fin hacia el cual tienden todas las formaciones orgánicas desde el origen de las cosas, si es á un tiempo el misterio y la clave de la ciencia de la naturaleza, se sigue que la filosofía etnológica, una vez establecida sobre principios tan claros como son los de la filosofía, es el ramo mas elevado de la ciencia á cuyo progreso se ha consagrado esta asociación. No está subordinado á la fisiología ni á ningún otro estudio. Lejos de esto puede por sí mismo llegar á ser el objeto superior y el término de los trabajos de una sociedad científica, (2)»

La raza humana no forma escepcion en la variedad universal de la naturaleza, porque el Hombre tiene, según los lugares, cualidades intelectuales y físicas diferentes. Los grados extremos de la perfección moral y de la degradación animal, se encuentran en el europeo y en el boschisman; el árabe es el tipo perfecto de la forma física, mientras que el habitante de la Australia carece de toda belleza. Por lo que se refiere al color, la familia humana se divide en hombres negros, cobrizos, aceitunados y blancos con sus matices intermedios. Esas diversas tribus y sus particularidades constituyen un objeto especial de estudio, una ciencia determinada, la etnología, y esta ciencia es tan comprensiva que utiliza á la vez los trabajos del anatómico, del historiador, del viajero y del filólogo. En una ciencia tan vasta, hay precisión de escoger un punto fijo. Nosotros la vamos á considerar aquí principalmente en sus relaciones con la teología, limitándonos sin embargo á sus resultados generales.

La unidad y la historia primitiva del género humano entran en el número de los objetos directos y esenciales de las investigaciones etnológicas. Trataremos de examinar si sus resultados están conformes ó no con las tradiciones de la Sagrada Escritura, declarando de antemano que, según nuestro convencimiento, solo la ciencia falsa puede contradecirla revelación.

La primera cuestión que debemos resolver es esta: ¿los hombres de diversos colores que pueblan la tierra pertenecen á una sola y misma especie? De las grandes diferencias de conformación y de color que se notan entre los pueblos, una observación superficial ha deducido la diferencia de su origen; esas diversidades han sido consideradas como permanentes, y de ellas se ha sacado la distinción primitiva de las razas. Pero nosotros negamos la inmutabilidad de los caracteres físicos, y por consiguiente la pluralidad de los orígenes.

Fácilmente puede demostrarse que las particularidades orgánicas de los hombres dependen de las circunstancias exteriores, y que por lo tanto según se varíen estas, así también variarán los caracteres diferenciales. Tres son las partes del cuerpo que se han tomado como términos de comparación: el cráneo, la cabellera y la piel; y esta división es atinada, porque las distinciones fundamentales están perfectamente señaladas en esas partes. Sin detenernos en el ángulo facial de Camper, en la osteología de Blumenbach, en la craneología complicada de Rétzius y de Stockholm, indicaremos desde luego la clasificación mas sencilla del doctor Prichard. Este ha dividido todas las variedades del cráneo humano en tres clases: los cráneos ovalados, piramidales y prismáticos. El tipo ovalado ha caracterizado siempre á los pueblos cultos. El Apolo de Belveder y las estatuas griegas, las cabezas de los conquistadores romanos y de los judíos cautivos, esculpidas sobre el arco de Tito, presentan esa forma; los habitantes de las ciudades, los cultivadores sedentarios del campo tienen en su mayor parle la misma conformación. El mejor modo de comprobar esa configuración elíptica, es el de mirar al cráneo verticalmente desde arriba; porque la constituyen la falta de prominencia de las mandíbulas y de los arcos zigomáticos. El cráneo piramidal, que es el de los hombres de cara larga, resulta de la proyección lateral de los arcos zigomáticos; de tal suerte, que dos líneas tiradas desde la base á la cima, pasando sobre los zigomáticos y sobre las sienes forman un triángulo. Ese es el tipo de los pueblos nómadas: se le encuentra entre las tribus errantes del Asia oriental, de la América y del Archipiélago malayo-polinesio. El tipo prismático es el del cráneo del negro; lo constituye, como lo indica su nombre, la prolongación de la mandíbula inferior, lo que le asemeja mucho al del Mono ; la frente se retira, mientras que el occipucio se ensancha. Esta forma domina entre las razas africanas.

Esta división cráneológica corresponde en gran parte á la división geográfica de Cuvier. El ha sancionado la opinión de que las diferentes razas de hombres provenían de tres cadenas de montañas: el Cáucaso en Europa, el Altai en el Asia superior y eí Atlas en África; idea quimérica producida por la pura especulación y por la mitología. Pero la tradición que fija la cuña del Hombre en una región fertilizada por ríos, está apoyada en una autoridad mucho mas elevada. Todas las naciones de alguna nombradla han sido encontradas á las orillas ó cerca de la embocadura de los ríos. No ha sido en las vertientes de las montañas, sino en las extensas llanuras ó en los valles donde han vivido los primeros hom-

(1) Informe de la XVII reunión de la Asociación Británica para el progreso de las ciencias, celebrada en Oxford en junio de 1847. Londres. 1848, en 8.º Historia general de las razas humanas filosofía-etnográfica, por Eusebio F. de Salles. París, 1849, en 12º Librerías de Duprat y Pagnerre.

(2) Memoria leida en el congreso anual de la Asociación Británica, que ha elevado al fin á un rango conveniente una ciencia á la cual tantas otras pagan su tributo. Mas de dos cíen las paginas del informe sobre sus trabajos durante el año 1847 estaban consagradas á las comunicaciones etnológicas de los doctores Latham, Prichard, Carlos Meyer y del caballero Bunsen. En los años precedentes la Asociación Británica devolvia sin leerlos, á sus autores, escelentes ensayos sobre la historia natural del Hombre; Parecía ignorar la existencia de un orden de estudios cultivado con el mayor celo y éxito en Alemania y otros paises. Aun hoy la etnología está considerada todavía como un simple apéndice á la fisiología, y tratada como una subdivisión de esta ciencia, viéndose asi mas honrado el pórtico que el templo a que conduce. Esto es lo que ha movido á Bunsen á reivindicar los derechos de la etnología á una posición superior.

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