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Zoología o Reino Animal. Antropología. Unidad de la especie humana. 2. 87

cabezas que se observan en las innumerables tribus humanas. Los hechos, lejos de exigirla hipótesis de la pluralidad de orígenes, la escluyen absolutamente como impotente para esplicarlos. La diferencia de forma en los individuos de una nación y en esa nación misma, en los distintos periodos de su historia, es enteramente inconciliable con la admisión de un tipo fijo, trasmitido sin alteración de padres á hijos. La supuesta mezcla de las razas que hubiese hecho desaparecer las diferencias originales, no puede invocarse con mas fundamento en favor de esta hipótesis: porque los turcos, los nobles húngaros y los esclavos negros de las Indias orientales y de los Estados Unidos, ofrecen ejemplos de grandes variaciones ocurridas fuera de la influencia de los matrimonios. Así pues, este primer punto de comparación, refiriendo á la acción do las circunstancias exteriores todas las diferencias del cráneo, conduce á una conclusión de perfecta concordancia con la unidad de la raza humana.

Sin querer pasar en revista las demás partes del cuerpo, es conveniente saber que ofrecen todas sus diferencias particulares. Los profesores Weber y de Bonn han demostrado por medio de numerosas comparaciones, que el bajo vientre varia en sus diámetros entre las diversas razas, y en relaciones constantes con la conformación del cráneo: Pero, dejando á un bulo esas partes, consideraremos ahora la cabellera como atributo distintivo de las razas. Este signo es el que ha servido para negar al pobre negro, como si ya no estuviese bastante degradado, hasta su cualidad de hombre, justificando asi su esclavitud. Su cabellera lanuda le ha hecho escluir de la familia humana y relegar entre los animales. Pero es uno de los triunfos del estudio microscópico moderno el haber deslanado el pelo del negro y demostrado su identidad con el del altivo europeo. Una hebra de lana y un cabello tienen bajo el microscopio vistas diferentes: la primera tiene sus bordes desiguales; el segundo es perfectamente liso. Esta diferencia de estructura esplica la facilidad de tejer la lana y la imposibilidad de hacer lo mismo con el cabello ó con la piel. En efecto, en ese procedimiento las desigualdades de la lana favorecen la adhesión de sus fibras sometidas á la presion, mientras que la superficie unida de los cabellos se opone á ese resultado. La masa erizada y tupida que cubre la cabeza del negro, es anatómicamente hablando, la misma que los cabellos largos y lisos de los esquimales; su diferencia aparente es efecto del clima. Por lo demás, así la lana como 1a piel son muy sensibles á la acción de los climas. Los perros domésticos, los carneros de los Andes y otros animales prueban manifiestamente el poder modificador de las circunstancias exteriores. Un carácter tan variable no puede considerarse, pues, como una barrera natural entre un hombre y otro, sobre todo cuando se encuentra á veces una cabellera lisa sobre la frente de un etiope, y otra crespa y ensortijada sobre la de un caucásico.

Pero el color es siempre, á los ojos de algunos naturalistas el signo de separación, no solo mas pronunciarlo, sino mas positivo. Para esos observadores la existencia de hombres blancos y negros es una prueba irrefragable de un parentesco distinto. Sin embargo, puede probarse también que el colores también menos independiente de las influencias exteriores. El fenómeno bien con cirio de que el aire solano oscurece el rostro de los habitantes dé las riberas del mar y las manos tostadas de! campesino, hace sospechar que el sol es una causa poderosa de variación en la organización humana. Difícil es deducir el carácter del color, puesto que en una misma familia se observan los estremos del rubro y del moreno. Aun mas: la tendencia á la coloración puede existir entre algunos individuos de una familia y faltar enteramente entre los otros. Esos últimos, por causa de su cabellera incolora, de sus ojos rosados y de su piel estremadamente blanca, han recibido el hombre distintivo de albinos. No hay sobre la tierra una raza que no ofrezca ese fenómeno particular del albinismo. El obispo Heber lo ha observado en los indios, y el doctor Davy en Ceylan. Notable ya entre las razas de piel blanca, lo es aun mucho mas en las negras pieles del Indostan y de Ceylan. La variabilidad de la tendencia á la coloración y su disposición á sentirse vivamente influido por el sol, cuando existe, son motivos suficientes para dudar del valor de. ese fenómeno como signo distintivo de raza. La importancia, sin embargo, de ese signo habia sido tan altamente proclamada, que algunos anatómicos han creido encontrar en la piel del negro una membrana que falta á la del blanco. Se creia que una diferencia de estructura, asi en la piel como en la cabellera, debia separar a las razas blanca y negra por medio de una línea de demarcación impenetrable. ¡En su poyo se enseñaba en el Museo de Leide esta membrana (particularidad específica del negro) esmeradamente disecada por el célebre anatómico Ruysch ! Hasta el doctor Wieman en la primera edición de su admirable obra sobre «la conformidad de la ciencia y de la religión revelada,» escribía estas palabras:
«Ese tejido (el rete mucosum) se halla en el negro impregnado de una sustancia negruzca, y en los albinos se encuentra según se dice, compuesto, de pequeñas cavidades viciados llenas de una materia blanquecina, aunque Puzzi asegura no haber encontrado señales de ese tejido en la piel del albino que disecó.» (1)

Un examen minucioso ha demostrado la no existencia de esa pretendida diferencia anatómica. Algunos pormenores acerca de la estructura de la piel bastarán para hacer comprender á la generalidad de nuestros lectores lo que nos falta que decir sobre ese asunto. La piel está formada por tres tejidos sobrepuestos, cuyo exterior es la epidermis, el intermedio la red mucosa, y el mas profundo el dermis ó la piel propiamente llamada así. La capa intermedia (el tejido mucoso) se consideraba como el asiento del color, completamente desarrollado en el negro, apenas perceptible en el blanco, y enteramente ausente en los albinos. El microscopio ha demostrado que la red mucosa no era mas que la superficie interna de la epidermis. Henle, Purkiuge, Schwan y otros anatómicos han hecho ver perfectamente que la piel es por organización la misma en todas las variedades del género humano, y que se, reduce á dos capas únicamente, la epidermis y el dermis ó verdadera piel.—La epidermis, semejante á la corteza de un árbol, compensa la falta de sus paredes exteriores por una adiciona su superficie interior, y esta superficie interna es la que forma el asiento del color. Sean las que fueron, pues, las diferencias de organización, la verdadera piel tiene el mismo color entre todos los hombres. (2)

¿De dónde proceden, pues las diferencias de color entre los hombres? No vacilamos en responder que de su mayor ó menor proximidad al sol; contestación fundada en el hecho general de que la mayor parte de las razas negras habitan las regiones intertropicales. Conviene recordar también que la elevación sobre el nivel del mar equivale, en esas regiones á una aproximación al polo mas cercano. De ahí dimana que, en un mismo distrito, las llanuras y los valles estén ocupados por tribus de piel negra y las montañas por hombres de piel blanca.
Pero ya es tiempo de pa ar de esas consideraciones

(1) Tomol, página 219
(2) Véanse las Memorias recientes de Mr. Flourens sobre la cuestión, leídas en la Academia de las Ciencias de Paris.

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