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Zoología o Reino Animal. Antropología. División de las Razas. Albinismo. 104

Verónica Spurea como resultante de la mezcla de la Verónica marítima y de la verbena officinalis. Lineo no vaciló en admitir hechos de este género sobre simples conjeturas, y luego que hallaba una planta que presentase semejanza con otras dos, que por casualidad habian crecido cerca de ella, la consideraba como producto híbrido de los dos sin buscar otra causa. Aun cuando se producen plantas híbridas, no existe la hibridez en las razas: es un hecho reconocido universalmente por los botánicos. Parece que la naturaleza ha dispuesto, por medio de faltas orgánicas, la imposibilidad de la perpetuidad de tales producciones.

Mr. Decandolle supone que en los híbridos hay siempre en el polen de las anteras ya defecto absoluto, ya corto número relativo de grasulaciones, y que de esta diferencia depende la esterilidad completa de algunas plantas híbridas, y la poca feminidad de otras muchas.

Por último, el profesor Waguer ha demostrado de la manera mas satisfactoria que la naturaleza hace depender la esterilidad de animales híbridos de verdaderos obstáculos orgánicos.

Resulta, pues, de diferentes investigaciones que se han hecho en varias clases de seres orgánicos que ningún híbrido vejetal ó animal puede perpetuarse dando origen á una nueva raza intermedia de las dos especies de que deriva.

ALBINISMO.

Se ha dado este nombre á una anomalía, que consiste en la falta de color mas ó menos completa de la piel, de los cabellos y en general de todas las partes que forman la superficie exterior del cuerpo. Los individuos afectados de ella son comunmente conocidos con el nombre de albinos. Por mucho tiempo el albinismo, considerado bajo un falso punto de vista, llamó muy poco la atención. Acerca de los albinos humanos solo se tenían nociones falsas ó exageradas hasta el punto de creer que esta curiosa variedad de nuestra especie formaba una familia separada con otras costumbres y caracteres: tan inexactas eran las relaciones hechas por los viajeros, ó por mejor decir, tanto habia abultado la imaginación de estos unos hechos que debían haberse observado muy de cerca, con grande estudio y sangre fria.

El mismo Buffon, el admirable naturalista de los tiempos modernos, á pesar de su talento prodigioso y de su filosofía profunda, no pudo menos de caer en el error general en su Tratado del Hombre; y sin embargo, había visto muchos albinos, y sobre ellos ha dejado escritas las descripciones mas perfectas que posée la ciencia. Solamente en sus últimas obras sentó formalmente que los albinos eran negros afectados de un vicio particular de organización; verdad que él habia entrevisto desde muy temprano, pues en el mismo Tratado del Hombre, al referir las mas erróneas fábulas, se advierte fácilmente que expresó la opinión de su época mas bien que la suya personal.

Voltaire habla de ellos y los describe: habia visto algunos, aunque observándolos todavía menos exactamente que Buffon. También los contempla como una especie intermedia entre la nuestra y la de los monos. «Este animal, dice, se llama Hombre porque tiene el don de la palabra, un poco de lo que se llama razón y una especie de semblante... Tanto me parece que desciende de una raza negra degenerada como de una casta de papagayos.» Véase como los mayores ingenios, los conocidos por mas despreocupados, no siempre se libran de todas las preocupaciones vulgares de su época.

Los albinos estudiados con tanto desden debían ofrecer poco interés hasta que en estos últimos años muchos sabios franceses y alemanes, y en especial Isid.Geoffroy Saint-Hilaire, en su Historia de las Anomalías, han llamado sobre los albinos la atención particular de la ciencia por el gran número de hechos que han citado, y por las importantes consecuencias que ha deducido para el estudio de la organización en general. Geoffroy distribuye los albinos en tres clases: completos, cuando hay absoluta ausencia de coloración en toda la superficie del cuerpo; albinos parciales, cuando ciertas partes del cuerpo se hallan en el estado normal, y el resto completamente descolorido; albinos imperfectos, cuando la materia colorante ha esperimentado únicamente cierta disminución mas ó menos sensible, ya en todo el cuerpo, ya solo en alguna parte, pero sin faltar enteramente en ninguna. Los animales, lo mismo que el Hombre, están sujetos al albinismo, y de ello diremos algo después de haber hablado de una manera mas extensa acerca de esta afección en el Hombre.

ALBINISMO COMPLETO.

Hay pocos seres cuyo exterior sea tan a propósito para escitar la curiosidad como el de los albinos completos. Un tinte blanco en todos y marchito como el del papel ó muselina sin el menor matiz de encarnado ó rojo, moteado algunas veces de manchitas pardas, sin vestigio de la coloración particular de las razas de que proceden; cabellos finos como seda en todos, lanudos y rizados en los negros, largos y lisos en los demás, por lo común de un blanco de nieve que á veces tira á amarillo ó á un ligero color rojo; cejas con la apariencia de algodón; labios y mejillas délas que ha desaparecido la sangre, y que según las observaciones de Buffon, pueden animarse únicamente por la acción de un calor violento ó de las mas vivas emociones; ojos de color estraño, á veces vizcos y en continuo guiño; brazos desmesurados: tales son los caracteres exteriores del albinismo completo en el Hombre. Con todo, en cuanto á la conformación general de su cuerpo estos individuos conservan los caracteres de las razas á que pertenecen.

Los albinos, examinados mas de cerca, ofrecen diferencias igualmente reparables: bastarían sus ojos para distinguirlos de los seres que los rodean. El iris, ordinariamente de color, en ellos se presentan casi sin él ó amarillento, á veces de un pardo claro, pero en la mayor parte de un rojo trasparente mas ó menos vivo. La misma pupila, que podría creerse necesariamente negra por ser la abertura de una cavidad profunda, llena de un líquido sin color, es muchas veces de un rojo ardiente ó de color de fuego. Finalmente, la membrana ordinariamente negra que reviste lo interior del ojo y es conocida bajo el nombre de coroidea, está como lo demás, enteramente privada de materia colorante. Estas anomalías, poco importantes al parecer, influyen sin embargo de una manera prodigiosa en la índole y hábitos de los desgraciados que las padecen. El iris, de opaco que debia ser, convertido en trasparente, deja de oponerse á la entrada délos rayos luminosos inútiles, que vienen á impresionar la superficie del ojo, y esta superabundancia de luz le ofusca y perturba, las imágenes de los objetos exteriores no son tan claras y el menor reflejo se les hace insoportable. Para remediar esta falta, tienen constantemente sus ojos medio cerrados, y ejecutan el continuo parpadeo, que completa su anómalo y estravagante aspecto. Este movimiento es en ellos tan incesante, que por largo tiempo los sabios mas consumados lo atribuyeron á la ausencia del músculo elevador del párpado superior. Así es que los albinos, débiles siempre y tímidos, no gozan plenamente de sus facultades hasta al anochecer á favor de la suavidad del crepúsculo, asemejándose á las aves de ojos grandes, que á pesar de toda su fuerza y energía, no pudiéndose defender

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