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Zoología o Reino Animal. Antropología. División de las Razas. Raza amarilla o aceitunada. 113

los esquimales y groenlandeses. Estos pueblos son muy supersticiosos, y creen que las divinidades rusas son mas poderosas que las suyas. Los hombres suelen tener muchas mujeres, y tambien estas muchos maridos, y así estos como aquellas pueden permutarse. Todas estas naciones, que en lo antiguo eran libres y muy populosas, yacen casi aniquiladas desde que viven oprimidas por el pesado yugo de la Rusia. Según Langsdorf, cásanse los aleutos hermanos con hermanas, y aun padres con hijas, alegando que en esto no hacen mas que seguir el ejemplo de las nutrias de mar que los rodean.

3.° La familia de los pueblos hiperbóreos, cortísima de estatura, consta de los lapones, zemblios, samoyedos, ostíacos, tongus, jacutos, jucagros, chuchis y kamtschadales del antiguo continente, y de los esquimales y groenlandeses del Nuevo Mundo. Todas estas gentes, cuya estatura apenas llega á cuatro pies, coronan el círculo polar (1). Tienen la cabeza muy abultada, los pómulos muy salidos, los ojos separados, sesgos y casi sin cejas, como algunos japoneses; el cabello negro y erizado, la piel como curtida, la boca ancha, los dientes muy separados, la barba escasa, las ventanas de la nariz muy abiertas, los ojos medio cerrados, los pies pequeños, las espaldas muy anchas y la frente espaciosa. Aunque endebles y menguados, son ágiles, pertinaces, y viven contentos con su suerte. Arráncanse casi todo el vello del cuerpo, y se tiñen de negro con un hilo que pasan debajo la epidermis por medio de una aguja. Su aspecto es muy montaraz y medroso y su voz aguda y chillona se parece bastante a la del ánade.

Su religión es el chamanismo, y sus sacerdotes ó brujos se jactan de poder residenciar á los espíritus. También adoran muñequillos de piedra ó madera toscamente labrados. Hasta ahora han sido vanos cuantos esfuerzos se han hecho para convertirlos al Cristianismo. El gran Gustavo Wasa, que quiso trasformarlos en soldados, no lo consiguió, pues todos huían á carrera, no bien oían el son del tambor. Veranean en rancherías, debajo de sus tiendas con sus rengíferos, y se sustentan con la leche y la carne de estos animales, que á veces comen cruda, ó con peces medio podridos. Casi nunca están enfermos; prefieren los sitios frios y elevados, pero en invierno bajan al llano, donde escavan sus guaridas, que llaman yurtas, permaneciendo en ellas á pesar del humo que encierran. Viajan en trineos tirados por rengíferos, andan sobre la nieve con abarcas, y se tapan los ojos con una tablita hendida, por no lastimarse la vista con el reflejo de la nieve. Su idioma parece muy análogo al de los húngaros; su voz es muy chillona y afeminada. Nótanse entre ellos ciertos hábitos orientales, como por ejemplo, el de ponerse de cuclillas cruzando las piernas. El carácter desconfiado y suspicaz es harto común en todos los pueblos polares. Los esquimales son muy diestros en la caza, y surcan las ondas con canoas de nieles hinchadas. Estas tribus tienen la cabeza grande, los pies muy pequeños, la estatura mediana, pero el cuerpo bien desarrollado. Su idioma es bastante parecido al de los groenlandeses, porque descienden del mismo tronco; son barbilampiños y muy atezados. Se alimentan de pescado crudo, y como lo entierran en anchos fosos para conservarlo durante el invierno, lo comen podrido en dicha estación. Los samoyedos se alimentan de lo mismo; los ostíacos viven del producto de la caza, de la manteca de oso, á que son muy aficionados, de raices silvestres y de toda clase de cacería animal; los kamtschadales son cazadores incansables y muy diestros en la pesca. Estos pueblos se embriagan con la infusión de una seta (agaricus muscarius, Lin.) y con la cerveza que los exalta.

Todas estas tribus son polígamas, á pesar de la rigidez del clima que habitan; pero los hombres son tan poco celosos de sus mujeres, que, según aseguran algunos autores, las abandonan gustosos á los extranjeros. Estas hembras son poco fecundas y mas feas aun que los hombres; llevan los pechos colgantes, de Color atabacado y con un pezón negro como tinta; las mas no tienen bello en las partes pudendas, y su menstruo es muy escaso. Algunos viajeros aseguran que llevan pesas en la vulva, que ya de suyo es muy ancha, y que paren con suma facilidad. Todos estos pueblos tienen la costumbre de tomar baños de vapor, de donde salen sudando para revolcarse en la nieve sin quebranto de su salud. Éntre los jacutos, los hay lijos y también errantes con sus rengíferos; los chuchis y kamtschadales se sirven de trineos tirados por perros de casta siberiana, á los cuales sustentan con el mismo pescado seco, que constituye su comida ordinaria. Se engrasan la piel y ahuman para precaverse de las grietas que el frió les suele abrir en ella; así es que despiden un olor insoportable. Además es esta la casta mas desaseada de cuantas se conocen: comen en dornajos grasientos pescados podridos y hediondos, abalanzándose á ellos y batallando entre sí perros y hombres por su logro. ¿Quién creyera, sin embargo, que estos pueblos son jactanciosos y se reputan por los mas afortunados de la tierra? La próvida naturaleza les depara esta ilusión, que para ellos convierte en deliciosa morada aquel suelo pavoroso cuajado de nieve y de eternos hielos. Son muy aficionados al tabaco, de que se atestan las narices, y siempre andan con la pipa en la boca. Cuando no les sale la caza según sus deseos, azotan á sus muñequillos ó ídolos, y les niegan las ofrendas acostumbradas. Puede decirse que viven sin Dios y sin señor; los chamanes son sus médicos, hechiceros y sacerdotes. Cuando por raro acaso para una ballena en las riberas de los mares polares que habitan; se derrama un júbilo universal por todo el territorio; beben diariamente azumbres del aceite de aquel cetáceo, se hartan de su carne y de la de can marino, foca, mariscos, peces, fuco y otras sustancias ya cocidas, ya crudas ó ahumadas.

Siempre grasientos, asquerosos, ahumados y cubiertos de pieles cuajadas de insectos, son entré ellos rarísimas las contiendas, y viven muy satisfechos, en plena paz y armonía, muy amantes de sus madres y mujeres. Estos pueblos no conocen ninguna dolencia ni monstruosidad. Entre los esquimales, la mujer que no tiene hijos de su marido logra el derecho de elegir otro, y los hombres acuden también á otra mujer cuando es estéril la propia. Puede decirse de estos pueblos que apenas sienten la áspera frialdad de sus climas, y que causa maravilla el calor de su hálito y de su traspiración. Unas gentes tan desgraciadas á nuestros ojos, fallecen de aburrimiento y pesadumbre, cuando se ven trasladadas á países mas fértiles y templados; ¡tal es el cariño que se tiene al suelo natal, por ingrato que sea!
Los samoyedos, tongus, kamtschadales, jáculos y buriatos, son propensos á accidentes extraor-

(1) Ningún lapon llega ni con mucho á cinco pies de estatura, y Lineo, que la tenia muy baja, no halló ninguno mas alto que él. Esta mengua se atribuye á La escasez de alimentos y á la rigidez del clima. Maupertuis vio una mujercilla de cuatro pies dos pulgadas y cinco líneas. Los mozos tienen la cara tan arrugada como los ancianos; sus ojos son negros, vivos y hundidos, su tez amarillo-negruzca; su pelo de color de pez y liso; los pechos de las mujeres son colgantes, blandujos y pardos como la piel de rana.
Los kamstchadales tienen el rostro pálido, seco y enjuto, porque respiran en sus rústicas chozas un ambiente alterado; esto y los groseros alimentos de que echan mano en su in grato suelo son causa de frecuentas enfermedades escorbúticas. Estos pueblos habitan en aldeas que llaman ostrog: son cándidos, agasajadores, leales, honrados, mansos y obedientes, aunque cruelmente oprimidos por los rusos.

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