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Buffon: Zoología o Reino Animal. Antropología. Conclusión. 133

los tiempos, en todos los pueblos acompañan á los muertos á su última morada; los sepulcros levantados en los parajes en que han sido depositados sus perecederos restos; los innumerables túmulos esparcidos por toda la superficie del globo, únicos restos que han quedado de razas ha tiempo ya estinguidas; los moráis y los monumentos gigantescos dé las islas Polinesias; las magníficas pirámides del Egipto y del Anahuác; los rezos y las letanías, pronunciados hoy por los vivos y los muertos en las iglesias dé la cristiandad, en las mezquitas y pagodas del Oriente, cual se pronunciaban en otros tiempos en los templos del mundo pagano; el poderío concedido á los sacerdotes, considerados cual medianeros entre los dioses y los hombre; los pontífices obrando como vicarios de la divinidad en las orillas del Tiber, del Brahmaputra y del golfo Arábigo; las guerras sagradas asolando imperios para establecer ó derrocar ciertos dogmas metafísicos, que nunca entendieron la mayor parte de los hombres que pelearon y murieron en aquellas contiendas; las peregrinaciones penosas verificadas cada año durante largas series de siglos por hombres de todos los colores, de todos los países que iban á buscar en el sepulcro de los profetas ó de los santos la absolución de sus pecados; los sacrificios humanos, la muerte voluntaria de los ancianos, la inmolación de los hijos por su padres, los sacrificios de animales considerados como típicos ó como expiatorios; todos estos hechos diferentes y muchos otros semejantes que presenta á nuestra observación tanto la historia de las naciones civilizadas como la de los pueblos bárbaros, nos conducen a conocer que la humanidad entera simpatiza en ciertas ideas generales, en ciertos sentimientos impresos profundamente en ella, y cuya naturaleza no es menos misteriosa que su origen. Entre los diferentes fenómenos psicológicos peculiares á las criaturas humanas, son estos sin duda los mas notables y los que mejor puedan distinguirlas de los brutos; porque no es ya sobre el aspecto exterior de las costumbres y de las diferentes manifestaciones donde se funda la distinción, sino sobre la naturaleza íntima del mismo principio de acción.

Suponiendo que después de una investigación muy completa de los fenómenos se llega á conocer en la psicologia de las razas humanas cierto número de principios fundamentales que corresponden por lo menos, en cuanto á sus electos, á los instintos de los brutos, si vemos que estos principios de acción en vez de variar de una raza á otra como los instintos, que son diferentes en cada una de las especies animales, por el contrario son comunes á todos los hombres; es evidente, según hemos tenido ya ocasión de hacerlo notar, que poseeremos así un argumento poderoso en favor de la unidad específica del género humano.»

A este género de investigación se ha entregado Prichar, estudiando la historia psicológica de diferentes razas humanas, y tomando los ejemplos de las que están mas lejanas unas de otras. Con este fin, empezó por reunir las particularidades mas notables y características, relativas al estado moral é intelectual de estas naciones; vio cuales eran sus supersticiones primitivas ó sus dogmas religiosos en una época en que se hallaban privados todavía de toda comunicación con el mundo cristiano y civilizado; después examinó, establecida ya la comunicación, hasta qué puntó se habían manifestado estos mismos pueblos capaces de recibir y apropiarse los beneficios de la civilización y el Cristianismo.
No intentó esta investigación relativamente á todas las razas; se limitó á considerar dos ó tres de los grupos, mas distintamente separados unos de otros. Este estudio hecho sóbre las poblaciones del Nuevo-Mundo, consideradas en conjunto, derramó gran claridad sobre esta parte de la historia de las naciones americanas, tomándolas desde las regiones árticas hasta el Cabo de Hornos. Pasó en seguida á las naciones de cabellera lanosa del África, y la comparación que estableció entre estos pueblos y las naciones de Europa y Asia le suministró los elementos suficientes para llegar á una solución de la cuestión. Después de todo ha sacado la siguiente:

CONCLUSIÓN.

DE los hechos espuestos vamos á deducir una con secuencia que hemos procurado dejar entrever y que creemos tan sólida como si la hubiésemos fundado en una historia completa de las razas humanas; suponiendo que hubiéramos podido pasarlas en revista a todas sucesivamente. Notaremos, sin embargo, que un estudio comparativo de las razas de cabeza lanuda de África, de las poblaciones indígenas de América y de los habitantes del antiguo continente, teatro ha tanto tiempo de la civilización , ha ofrecido á nuestras investigaciones un campo tan vasto como era de desear ; atendido que se hallan reunidas en estos tres grupos las razas mas divergentes respecto de la parte material y las que con mayor frecuencia se citan como muestra de contrastes sensibles en sus relaciones intelectuales y morales. Fácil nos hubiera sido someter á igual examen otras poblaciones conocidas sin que por eso difiriese el resultado. Por ejemplo, hubiéramos notado éntrelos habitantes de la Occeanía sorprendentes semejanzas con las cosas de otros países, que se advirtieron desde la primera vez que los europeos visitaron aquellas regiones y que por lo mismo no es posible considerar, como resultado de comunicaciones más recientes. Allí se han encontrado instituciones sociales por el estilo de las de los demás pueblos; la creencia en una vida futura, en una Providencia cuya acción protectora conserva el orden del universo, en la influencia ejercida sobre los negocios humanos por buenos y malos genios, en la eficacia de los sacrificios, ritos fúnebres y ceremonias ejecutadas por sacerdotes, á quienes miran como indispensables mediadores entre el pueblo y las potencias invisibles.

Instituciones casi idénticas en el fondo y creencias análogas á las de los habitantes de la Occeanía hubiéramos observado en las naciones bárbaras de la parte Norte del Asia, con solo dirigir hacia allí nuestra atención. Su conversión al Cristianismo, o con el cual han tomado muchas ideas de los pueblos civilizados y algunas de sus costumbres, nos, hubiera suministrado para la historia del entendimiento humano capítulos tan curiosos como cualquiera dé los consagrados á describir en otras naciones esa gran transformación con todas sus consecuencias.
Sin faltarnos razones para pasar en silencio á los

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