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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Genero Orang o Satiro. 163

puso en el caso de darnos aun una prueba notable de su inteligencia. Todos los dias se sacaba su manta á unos céspedes delante del comedor; y después de sus comidas, que ordinariamente hacia á la mesa, se iba derecho á su manta , se la echaba al hombro, y volvía á los brazos de un criado joven para que le llevase á su cama. Un dia que habían quitado ya la manta de encima de los céspedes, y que la habían colgado á orillas de una ventana para que se secara, nuestro Orangután fue á tomarla como acostumbraba; pero, habiendo advertido desde la puerta que no estaba en el sitio de todos los dias, la buscó con la vista y la descubrió en la ventana : entonces se dirigió á ella, la tomó y volvió como de costumbre para acostarse.

Ya hemos advertido que este animal era demasiado joven para haber podido mostrarnos algunos fenómenos de su inteligencia relativos á la generación y á sus necesidades. Aquí, pues, concluiré todo cuanto tengo que decir acerca de las facultades intelectuales del Orangután que ha sido asunto de mis observaciones.

Estos detalles los completaremos con las observaciones que el doctor Abel, naturalista de la embajada de lord Amhcrst, ha publicado sobre un Orangután de Borneo que fue trasportado á bordo del César, de Balavia á Europa, adonde llegó en agosto de 1817, y donde vivió hasta l.º de abril de 1819.

Tenia veinte y cuatro dientes en ambas mandíbulas: en cada una de ellas cuatro incisivos, de los cuales los dos del medio de la mandíbula superior eran doble mas anchos que los inmediatos; se observaban además dos colmillos y seis muelas.

El Orangután de Borneo no puede caminar en dos pies, como lo prueba su conformación, y jamás se puso voluntariamente en tal posición. Su cabeza, que se inclina hacia adelante y fuera del centro de gravedad, era un poderoso obstáculo para oponerse á esta clase de locomoción. Tenia la mayor dificultad en mantenerse derecho por algunos segundos cuando su amo se lo mandaba; así es que para conservar su equilibrio, se veía obligado á levantar los brazos echándolos hacia atrás como para que le sirviesen de contrapeso. Anda sobre la superficie lisa del suelo apoyando en él sus puños cerrados, y levantando el cuerpo le daba un movimiento oscilatorio que le hacia avanzar. Este modo de andar no puede pintarse bien sino figurándose un hombre privado del uso de sus piernas y caminando con sus muletas. En su estado independiente anda sin duda el Orangután muy rara vez sobre la superficie de la tierra; todo anuncia en su estructura que está destinado para vivir en los árboles, que es diestro para subirse por los troncos y agarrarse á sus ramas. Lo largo y flexible de sus dedos de, manos y pies son muy á propósito para agarrar sólidamente y con presteza las ramas redondas. El poder de sus músculos le permitía el quedarse suspendido de tal ó cual manera y sin gran fatiga, por una de sus extremidades. Los bosques son para él un campo no interrumpido que puede recorrer de rama en rama. En estado de reposo y para sentarse sobre una superficie llana, pliega el Orangután sus piernas por debajo de sus nalgas; pero cuando quiere permanecer sentado sobre la rama del árbol ó sobre una cuerda, se apoya completamente sobre los talones. Sabe servirse de sus manos como todos los individuos de su tribu.

Cuando este Orangután llegó á Batavia le dejaron que hiciese lo que quisiera: algunos dias después le embarcaron á bordo del César que debía conducirle á Inglaterra; pero cuando le cogieron en Borneo para llevarle á Java , se mantuvo tranquilo mientras el buque, pequeño en que le conduelan estuvo en alta mar, y no se entregó á la violencia de su carácter hasta que vio que le encerraban en una jaula de bambú destinada á conducirle á tierra. Trató de hacer pedazos las barras de la jaula sacudiéndolas fuertemente con las manos; y cuando vio que no podía conseguirlo tomándolas juntas, trató de romperlas una á una. Vio una que era mas débil que las otras, y tanto forcegeó que al fin logró romperla, y se escapó. Cuando le condujeron á bordo del César, se intentó sujetarle con una cadena clavada en la mura del navio con un garfio: muy pronto la rompió y se escapó llevando arrastrada la cadena, cuya largura, estorbándole, le inspiró la idea de enrollarla y echársela á cuestas. Después de haber repetido esto muchas veces, y fastidiado de que la cadena se le cayese de la espalda, tomó la resolución de cogerla en la boca para huir mas fácilmente.

Después de muchos ensayos tan infructuosos como el primero, hubo de renunciarse á tenerle atado desde entonces le permitieron que anduviese por el navio como se le antojase. No tardó en familiarizarse con los marineros, á quienes aventajaba en agilidad, y en vano esperaron muchas veces alcanzarle persiguiéndole por los aparejos : aquellos juegos no sirvieron mas que para mostrar toda la extensión de su destreza, y la sagacidad con que sabia eludir las asechanzas, cuando le sorprendían, procuraba adelantar á los que le perseguían ; pero cuando advertía que le iban encima, se apoderaba de la primera cuerda, y se ponía á mecerse fuera de su alcance. Otras veces, negligentemente acostado en los obenques ó puesto en la punta de un mástil, esperaba que los marineros que creían sorprenderle, llegasen á tocarle; con un movimiento tan veloz como el pensamiento se lanzaba sobre alguna maniobra corrediza, se dejaba escurrir como una Hecha sobre la cubierta, ó saltando sobre el estai mayor, se pasaba de uno á otro mástil, quedándose apañado por las mano; y meciéndose como el mas hábil volatín. En vano sacudían con fuerza las cuerdas delgadas á que se agarraba, pues no se inquietaba: tal era la fuerza y poder de sus músculos para mantenerlas extremidades sobre los cuerpos de que se apoderaba. A veces cuando estaba de buen humor, y en disposición de jugar, se arrojaba en los brazos del marinero que corría persiguiéndole, y después de haberle tocado con la mano se plantaba de un salto fuera de su alcance como desafiándole á que le alcanzase.

Durante su mansión en Java se alojaba este Orangután en un tamarindo grande cerca de la habitación de Mr. Abel. Allí se habia formado una cama entrelazando las ramas delgadas y cubriéndolas con hojas; de dia se tendía en ella cómodamente, teniendo cuidado de dejar la cabeza fuera de aquella especie de nido, con el fin de ver si los hombres que pasaban por debajo llevaban fruta, porque inmediatamente, que la veia bajaba para que le dieran su parte. Tenia la costumbre de acostarse con el sol, ó antes cuando habia comido bien. Se levantaba al ser de día, y su primera diligencia era visitar á las personas de quienes ordinariamente recibia la comida.

Gemelli Carreri, en su Viaje alrededor del Mundo, habla evidentemente del Orangután cuando dice haber visto un mono que se quejaba como un niño y que andaba sobre sus píes traseros, llevando debajo del brazo su estera para acostarse y dormir. Aquellos Monos, añade, parecía que tenían mas talento que los hombres bajo cierto aspecto; porque cuando no hallan frutas en los bosques, se van á orillas del mar, y cogen langostas, ostras y otras cosas semejantes. Hay una especie de marisco que se llama taclovo, que pesa muchas libras (tridacne benitier), el cual frecuentemente está abierto á orillas del mar; temiendo el mono que cuando quiera comérselo, le coja los dedos, le echa una piedra para que no se cierre, y en seguida se lo come.

Al parecer no hacia caso de machos monitos de

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