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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Kimpezei. 167

mal, descansaba en él enteramente, y entraba la hornada al aviso del Kimpezei, sin haberse nunca echado á perder. Cuando volteaban al cabrestante, poníase el animal á aguantar debajo, y aseguraba el empuje con mas destreza que los marineros. Cuando envergaron las velas para la partida, subió con los marineros á la arboladura sin que nadie le incitase; y hubierase apoderado de la parte mas arriesgada, si el gaviero no se hubiese obstinado en no ceder su lugar. Amarró los envergues tan bien como otro cualquiera; y viendo recoger el remate de este cabo para que no colgase, hizo lo mismo con los demás: hallándose su mano fuertemente asida entre la relinga y la verga, la sacó sin quejarse; y luego que concluida la maniobra se descolgaron los marineros, fue mas ágil que todos, saltándoles por encima y apareciendo en un instante en el puente.

No pudo llegar á América, pues murió durante el viaje, víctima de la barbarie del teniente del buque, que le maltrató con tanta violencia como injusticia. Aquel interesante animal sufrió los golpes con una resignación que enternecia; solo alargaba las manos con suplicantes ademanes para que cesase tanta crueldad. Desde entonces se negó á tomar sustento, y murió de hambre y de pesar cinco dias después; siendo su pérdida tan sentida cual pudiera la de un hombre.

Veamos ahora al Kimpezei en estado salvaje; casi siempre que los viajeros los han encontrado, ha sido el macho junto con la hembra; de lo que puede deducirse, á ejemplo de ciertos naturalistas ingleses, que es monógamo, y que no muda de hembra. En el suelo anda de pié apoyado en un palo que le sirve de arma ofensiva y defensiva; también arroja piedras con suma destreza para rechazar los ataques de los negros ó para atacarlos cuando se atreven á penetrar en los desiertos que habita. Estos animales se reúnen en grupos en lo mas espeso de los bosques, y tienen la habilidad de construirse chozas de enramada para abrigarse del sol y de la lluvia. De esta manera forman una especie de tribus que se prestan mutuo auxilio para arrojar á los hombres, elefantes y fieras; y si en estas refriegas alguno de ellos sale herido de flecha ó de bala, sus compañeros sacan el proyectil de la herida con mucha destreza, la curan con yerbas masticadas, y la vendan con tiras de corteza.

Pero lo mas particular de estos animales y que denota bastante grado de inteligencia consiste en dar sepultura á sus muertos: tienden el cadáver en una escavacion hecha en la tierra, y lo cubren luego con piedras, ramas, hojas y espinas, para impedir que las Hienas y Panteras vayan durante la noche á desenterrarlo. He ahí un hecho que supone casi un pensamiento.

El Kimpezei se retira á sus chozas en las noches tempestuosas; y cuando está enfermo, como en cualquier otro caso, duerme en los árboles. La hembra ama en estremo á su hijuelo, lo acaricia sin cesar, y lo mantiene siempre muy limpio: comunmente lo lleva en brazos como las amas, cuando solo tiene que andar cortas distancias; pero al emprender un largo camino lo coloca á las espaldas, donde él se agarra fuertemente con las manos y los pies lo mismo absolutamente que los negritos. No lo separa de su lado hasta mucho después del destete; pero cuando ya es bastante robusto para defenderse y bastante diestro para buscarse el alimento, el macho lo despide lejos de su compañía.

Tiene el macho una viva adhesión á la hembra; y si al estar en su compañía se presentase uno ó mas hombres, al punto se arma de un palo ó se provee de piedras, se planta de pié á esperar, y en esta amenazadora actitud aguarda á que la hembra se haya alejado; entonces huye él también del peligro. Dos amigos de infancia que vivieron en Guinea níe afirmaron haber presenciado este hecho. No obstante, el Kimpezei no es muy fiel á su hembra; muchas veces en los bosques persigue á las negras y se las lleva á su choza. M. de la Brosse dice en su Viaje á la costa de Angola, que sorprenden á las negras, las encierran y alimentan muy bien: conocí en Loango cierta negra que habia vivido tres años con uno de ellos. A veces el Kimpezei se lleva las negras jóvenes no tanto por satisfacer sus brutales apetitos, como por disfrutar de su compañía llevándoselas á los árboles, donde es muy peligroso el quitárselas: la prueba de su intención inofensiva para ellas es que también se llevan muchachos. Cuenta Battell que, habiéndose llevado dichos animales un negrito de su acompañamiento, vivió doce ó trece meses en su compañía, y volvió muy alegre y gordo alabando el buen trato de sus raptores.

Aun concediendo gran parte de exageración á las relaciones de los viajeros, siempre resulta que el Kimpezei es el animal mas inteligente. Si se examinan las proporciones del Orang de África, en relación con el tronco y los miembros, se verá que ofrecen menos irregularidad ó desproporción que en los Orangos de Asia, y se acercan mas á las del Hombre. «Los brazos, por ejemplo, dice Lesson, no tienen aquella escesiva largura que los del Orangután, pues llegan solamente á las corvas. Si las manos tienen una dimensión mas grande, los pies en cambio son mas cortos; pero los pulgares de los pies son los que se separan singularmente de los otros dedos, á los que superan además en fuerza y en tamaño. Los pulgares de las manos son con todo tan pequeños que se terminan en frente de la línea de donde parten las falanges délos otros cuatro dedos. Agregúense á estos caracteres generales una cara larga y desnuda, labios gruesos, y se tendrá bajo este concepto una aproximación mas completa. Las orejas, en cuanto á su disposición general, son análogas á las del Hombre: el cartílago que forma el pabellón está muy desarrollado, es delgado, tiene un reborde, y está pegado á las sienes. La cabeza es redonda; pero cuando los tegumentos revisten la cara, no aparece esta esfericidad á causa de lo saliente del arco orbitario superior. El ángulo facial, medido sobre estas crestas, da 60 grados, y deduciendo el borde superciliar 50. La nariz es achatada, abierta, bastante arremangada, y situada á una distancia media de los ojos y los labios. La base de cada fosa nasal es mas ancha que en los Orangutanes, cuando el cráneo está despojado dé los tegumentos que lo cubren. Se le cuentan siete vértebras cervicales, trece dorsales, cuatro lumbares, cuatro sagradas y cuatro cocugianes en la columna vertebral. La forma de las vértebras dorsales es perfectamente análoga á la del Hombre; con todo hay dos supernumerarias que dan igualmente ligazón á dos costillas de mas, que elevan á catorce en lugar de doce el número de estos huesos protectores del thorax. Esta circunstancia anatómica es de una alta importancia, porque marca una diferencia esencial del Hombre, con quien han querido emparentado algunos naturalistas.

La cara del Kimpezei está desnuda, ó á lo mas tiene algunos pelos ralos y poco visibles, mas espesos en la barba y en los lados de la cara formando patillas. Los ojos son pequeños, llenos de viveza y de espresion; su mirada en estado de cautividad, espresa la inquietud, rara vez pasiones rencorosas. Las regiones superiores del cuerpo están cubiertas de pelos negruzcos, muy ásperos, todos iguales, excepto en los hombros, donde tienen hasta dos pulgadas. Todas las partes internas de los miembros, el pecho y el vientre, están casi desprovistas de este órgano accesorio, y la forma del vientre, por su amplitud y aplastamiento recuerda completamente el del Hombre. Si las manos son velludas por encima, su interior es

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