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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Pongo de Wurmb. Pongo de Abel. 170

PONGO DE WURMB.
Pongo Vurmbii (Dems); Grande Orangután (Algunos viajeros).

Algunos motivos bastante plausibles han conducido á mirarlo como un individuo muy viejo del Orangután , que hasta ahora no se habia conocido mas que en su juventud. Pero muchos naturalistas dudan de esta identidad, y admiten, á ejemplo de Mr. de Lacépede, un género Pongo, porque se aparta ya bastante del tipo primordial.

El barón de Wurmb dio ol nombre de Pongo á una especie grande de Orang, en la que creyó descubrir el Pongo de Buffon, esto es, el Kimpezei, é hizo una descripción bastante extensa de él, que sin embargo no está al abrigo de la crítica. El esqueleto de este animal, que se conserva con cuidado en las galerías del Museo de París, presenta diferencias tales, que á menos de poseer el esqueleto del Orang en todas las edades, es verdaderamente imposible admitir que sean animales de la misma especie.

El esqueleto del Pongo de Wurmb tiene cuatro pie de alto. La forma de la quijada inferior hace presumir un hueso hyoides muy grande; el hocico lo es tanto como el del Mandril y aun mas grueso y obtuso. En el cráneo tiene sobrepuesta una cresta huesosa muy desarrollada, y parte desde la mitad del occipital, se levanta sobre la bóveda del cráneo, y se divide en dos ramas que se dirigen sobre los lados de las órbitas. Otras dos crestas laterales, que parten igualmente del occipucio, se dirigen hacia las fosas temporales, y llegan á tener hasta cinco líneas de elevación. Las vértebras cervicales son mas notables por la extraordinaria longitud de sus apófisis espinosas, que sobrepujan (habida proporción) á lo que se ve en todos los demás mamíferos. Las costillas existen en número de doce, comprendiendo cinco falsas. Los miembros anteriores son muy largos y bajan hasta los tobillos. La mano iguala casi en longitud á la pierna, y el antebrazo es por sí solo tan prolongado como e1 bacinete y el fémur juntos. Los colmillos tienen una fuerza considerable; y por su desarrollo, longitud y punta cuneiforme, recuerdan los de los animales mas carniceros.

Este Pongo fue cogido en el distrito de Saccadina en la isla de Borneo por el gobernador holandés de Rambang. Se defendió con el mayor vigor sirviéndose de ramas gruesas que arrancaba de los troncos de los árboles, no siendo posible apoderarse de él hasta que lo mataron. Este animal tenia la cabeza un poco puntiaguda y prolongada hacia adelante, el hocico prominente, pero no truncado á su extremidad como el de los Cinocéfalos. Su nariz era muy aplastada y abierta, con dos ventanillas oblicuas. El cuello por debajo estaba guarnecido con una gruesa membrana carnosa, que podia desarrollarse ampliamente sobre los lados. Los ojos eran muy pequeños y saltones; las orejas poco pronunciadas y pegadas á la cabeza; los labios gruesos y la lengua muy carnosa y ancha. El cuerpo del Pongo, robusto en sus proporciones, presentaba sin embargo un cuello muy corto, un pecho mas ancho que las caderas, y un pene que podia esconder casi enteramente en el escroto. Las piernas eran cortas, pero endebles, y las uñas de los dedos muy parecidas á las del Hombre; pero los pulgares eran mas cortos y las uñas mas estrechas que las de los otros dedos y el calcañal pronunciado de una manera muy notable.

Lacepede, Cuvier, Geoffroy Saint-Hilaire y Desmarest han considerado este gran Mono como una especie de Cinocéfalo ó un Pongo colocado á bastante distancia de los Gibones, entre los Mandriles y los Aluatos.

El Pongo, por las noticias que de él tenemos, es un animal silvestre muy valiente, que se mantiene derecho sobre sus pies, apoyándose de cuando en cuando en la extremidad de los dedos de las manos, y que puede defenderse con palos de los ataques de los hombres.
Tales son nuestros conocimientos sobre este Mono, cuya existencia está probada por su esqueleto, y que hasta ahora ha sido para los naturalistas un asunto no agotado de discusiones y controversias.

PONGO DE ABEL.
Pongo Abelii, (Less.)

«La tripulación de una chalupa á las órdenes de Mrs. Craygiman, padre é hijo, oficiales del bergantín Marie-Anne-Sophie, habiéndose desembarcado en el sitio llamado Ramboon, cerca de Turamand, al Nordeste de la isla de Sumatra, en un paraje bien cultivado y de arbolado, se apercibió de un animal gigantesco de la raza de los Monos. Cuando se acercaron los hombres á aquel animal se bajó del árbol en que estaba; pero cuando conoció que se preparaban á atacarle, se refugió á otro. Pronto se juzgó de su agilidad y su fuerza, luego que llegó á cierta altura, desde donde lanzándose con la ayuda de las ramas gordas, pasaba de un árbol á otro con la misma rapidez que lo habría hecho el Mono mas vivo y pequeño.

Imposible habría sido apoderarse de él en un bosque espeso y apiñado, porque entonces la velocidad de un caballo á galope no hubiera sido mayor. Sus movimientos eran tan prontos que apenas dejaba tiempo para apuntarle. Solo después de haber echado muchos árboles abajo y empleando la astucia, se consiguió aislarlo, y entonces fue herido sucesivamente por cinco balas, de las que una al parecer le habia atravesado las entrañas. Sus fuerzas se agotaron pronto, y parecía que se habían extinguido del todo, á consecuencia de un vómito copioso de sangre negra. Sin embargo, continuaba manteniéndose en las ramas. ¡ Cuál fue la sorpresa de los cazadores , cuando después de haber forzado el último asilo del Orangután, le vieron que se levantaba con vigor, y que se avalanzaba á otros árboles! Pero muy en breve su debilidad le hizo caer casi moribundo, anunciando que iba á exhalar el último suspiro. Creíanse los marinos con su presa asegurada, cuando recogiendo aquel desgraciado animal las fuerzas que le quedaban, se puso en actitud de defenderse hasta el último extremo. Atacado con chuzos, no se desmintió su vigor y la energía de sus robustos miembros, rompió, pues como una débil caña el asta de un chuzo á que pudo echar mano. Este esfuerzo acabó con el vigor que le quedaba, y renunciando á una defensa ya inútil, tomó entonces la expresión del dolor que suplica. El modo lastimero con que miraba sus heridas conmovió de tal modo á los cazadores, que empezaron á reconvenirse del acto de barbarie que cometían con una criatura que les parecia casi humana, no menos por la manera con que manifestaba sus dolores, que por sus formas corporales. Cuando aquel Orangután hubo terminado su existencia, los naturales corrieron al lado de los europeos, y contemplaron su figura con general sorpresa.

Lo que admiró mas á los circunstantes fue su vitalidad que resistió mucho tiempo á tantas heridas. La fuerza muscular debia haber sido muy considerable, porque la irritabilidad de la fibra se manifestó aun de una manera muy sorprendente cuando, habiéndose conducido el cadáver abordo é izádolo para desollarlo, produjo el escalpelo un movimiento espantoso de contracción en los músculos, aun mucho tiempo después de la muerte. Aquella irritabilidad fue tal cuando se llegó á los planos musculares de las goteras vertebrales que el capitán Camfoot se horrorizó, y en la persuasión de que

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