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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Familia de Sapajues. Genero Aluato. 196

FAMILIA DE SAPAJÚES.

Los cuadrumanos de esta familia, llamados también Helopítecos, pertenecen todos á América: tienen cuatro molares mas que los precedentes, lo que con los demás dientes componen el número de treinta y seis; las narices, abiertas á los lados y no interiormente: carecen de buches; sus nalgas son vellosas y sin callosidades; todos están provistos de larga cola.

Unos la tienen prehensil, ó dotada de la facultad de asirse á los cuerpos inmediatos, enroscándose en ellos; y estos son los verdaderos Sapajúes, tales como los géneros Lagotriche, Aluato y Sajú.

Los demás tienen cola no prenhensil, y forman la sección de los Sagüinos, que comprende los géneros Sagüino, Nocter y Saki.

GENERO ALUATO
Mycétes (Illig.).

Este género muy natural y muy bien circunscrito, está caracterizado por sus miembros de mediana longitud y todos terminados por cinco dedos; por su pulgar anterior la mitad menos largo que el segundo dedo, muy poco libre en sus movimientos y casi sin juego, y sobre todo por las modificaciones muy notables de su cráneo y de su hueso hyoides. La cabeza es piramidal, el hocico prolongado, el rostro oblicuo. El ángulo facial es solamente de treinta grados y el plano del paladar forma con el de la base del cráneo un ángulo tal que cuando se pone la cabeza huesosa de un Aluato sobre los bordes dentales de la mandíbula superior, esto es, cuando se pone el paladar en un plano horizontal, el agujero occipital se halla colocado al nivel de la parte superior de las órbitas. Este agujero es también notable por su posición, está muy retirado hacia atrás en dirección vertical en vez de estar en dirección horizontal, de manera que muy lejos de estar comprendido en la base del cráneo, le es perpendicular. La mandíbula inferior está escesivamente desarrollada toda en general y en sus ramificaciones: estas son de tal modo extendidas en anchura y en altura que su superficie es casi igual á la del cráneo entero, formando así dos vastas paredes que comprenden entre ellas una ancha cavidad, en la cual se descubre un hyoides modificado de una manera no menos notable. El cuerpo del hueso se transforma en una caja huesosa de paredes muy delgadas y elásticas, que presenta hacia atrás una ancha abertura, al lado de la cual están articulados dos pares de astas, figurando con corta diferencia, cuando ha llegado á todo su incremento, una mitad de elipsoide. Esta caja tiene cerca de dos pulgadas en su diámetro antero-posterior, una y media en el transversal, y dos anteriormente en su diámetro vertical; y no es raro verlas mas voluminosas todavía. Así por consecuencia de este enorme incremento, el cuerpo del hyoides sobresale por debajo de la mandíbula inferior y forma una eminencia cubierta por la parte exterior y oculta por una barba larga y espesa. La grande influencia que tiene en la producción dé la voz, esta conformación singular del hyoides dé los Ahulladores, todavía no ha sido esplicada de un modo satisfactorio; pero no puede ponerse en duda. La laringe no difiere de la de los Sapajúes sino en la existencia de dos bolsas membranosas, en las cuales se abren los ventrículos, y que se inclinan hacia el hyoides. Estas bolsas han sido descritas por Camper y Vieq-de Azyr, y mas tarde por Mr. Cuvier, quien conforme á nuevas observaciones ha rectificado algunos errores que se habían introducido en las observaciones de sus ilustres predecesores, y así ha hecho conocer algunos hechos muy interesantes. Nos enseña este último anatómico que en el individuo que ha disecado, la bolsa derecha ocupaba por sí sola casi toda la cavidad del hyoides, terminándose la izquierda en el instante mismo en que iba á penetrar en ella; de manera que los órganos vocales no eran simétricos, y ofrecían una escepcion notable á uno de los caracteres mas generales de los aparatos que pertenecen propiamente á la vida animal. Sea lo que se quiera, de esta observación que nos limitamos á indicar aquí, lo cierto es que á las modificaciones anatómicas de su hyoides deben los Ahulladores la extraordinaria fuerza de su voz, que se hace oir á mas de media legua en contorno, como lo aseguran todos los viajeros. Esta voz es ronca y desapacible; Azara la compara al chirrido de una gran cantidad de carretas á que no se han untado los ejes, y otros viajeros á los ahullidos de una tropa de bestias feroces. Estos Monos se hacen oir de tiempo en tiempo durante el dia; pero principalmente al salir y al ponerse el sol, ó al acercarse una tempestad es cuando dan gritos espantosos y prolongados: los que no están acostumbrados, dice un viajero, creen entonces que las montañas van á hundirse. Algunos viajeros aseguran que los Ahulladores callan cuando alguien se acerca á ellos; otros afirman al contrario, que redoblan entonces sus gritos y hacen un ruido espantoso, que viene á ser su principal medio de defensa cuando se les ataca. Al mismo tiempo tratan de repeler al agresor arrojándole ramas de árboles y lanzándole también sus propios escrementos después de haberlos recibido en las manos. Por fin, estos animales, cuyo número es tan considerable, que según un cálculo de Mr. De Humboldt, hay en ciertas comarcas mas de dos mil en cada legua cuadrada, son rara vez atacados por los cazadores. Su piel es, á la verdad, empleada algunas veces en el Brasil para forrar sillas de caballos; pero su carne parece que es de un gusto nada agradable, aunque la han comparado á la de la Liebre y á la del Carnero. Como habitan siempre entre las ramas de los árboles mas elevados, con flechas y armas de fuego únicamente se les puede ofender, pero aun así hay mucha dificultad en procurarse cierto número de individuos, porque sino son muertos en el acto, suelen asirse con su cola á las ramas del árbol, y allí permanecen colgados aun después de su muerte.
Las hembras de los Ahulladores, del mismo modo que las de los otros Monos americanos, no parecen sujetas á la evacuación periódica, y tienen una sola cria que llevan sobre su espalda. Azara asegura que cuando se dan cerca de ellas grandes gritos, abandonan sus hijuelos para huir con mas rapidez, y algunos otros viajeros hacen también observaciones de que resulta que el instinto del amor materno tiene sobre ellas mucho menos imperio que sobre las otras hembras de los Monos, Sin embargo hallamos

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