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Mamiferos. Carniceros. Segundo Suborden: Insectívoros. 252


TRIBU DE DIODONTES.

SOLO tienen dos especies de dientes: dos largos incisivos delante, seguidos de otros incisivos mas cortos que los molares; no tienen caninos, cuyo carácter los aproxima á los roedores.

GÉNERO ERIZO
Erinaceus (LIN.)

TIENEN los Erizos treinta y seis dientes, á saber: seis incisivos superiores, de los cuales los del centro son cilindricos y están separados y catorce molares en cada mandíbula; fáltanles los caninos. Tienen el cuerpo sembrado de recias espinas, y la facultad de arrollarse en forma de bola por medio de fuertes músculos cutáneos: cada pié tiene cinco dedos, y la cola es muy corta.

ERIZO.
Erinaceus europeus (Lin.)

«La Zorra sabe muchas cosas (dice Buffon): el Erizo no sabe mas que una, pero grande. Efectivamente, el Erizo sabe defenderse sin pelear, y herir sin acometer, pues teniendo muy pocas fuerzas, y ninguna ligereza para huir, ha recibido de la naturaleza una armadura espinosa, juntamente con la facilidad de cerrarse como una bola, presentando por todos lados armas defensivas y punzantes, que atemorizan y retraen á sus enemigos, porque cuanto mas le atormentan, mas se heriza y cierra. También se defiende con un efecto del temor, espeliendo su orín, cuyo hedor y humedad se esparcen por todo su cuerpo, y acaban de disgustar y contener á sus enemigos; y por esto la mayor parle de los Perros se contentan con ladrarle, pero se guardan de cogerle. Sin embargo algunos de sus enemigos, como la Zorra, hallan medio de acabar con él lastimándose los pies con las púas, y ensangrentándose la boca; pero el Erizo no teme á la Garduña, á la Marta, al Hediondo, á la Comadreja, al Hurón, ni á las aves de rapiña. La hembra y el macho están igualmente cubiertos de púas desde la cabeza hasta la cola, y solamente tienen poblada de pelo la parte inferior del cuerpo; por lo cual estas mismas armas que les son tan útiles contra sus enemigos, les son muy incómodas cuando quieren unirse, pues no se pueden juntar del modo que los demás cuadrúpedos, y se ven precisados á ponerse derechos ó tendidos. Se buscan por la primavera, y producen por el verano, y ha sucedido muchas veces traerme la madre y los hijos por el mes de julio. Ordinariamente paren tres ó cuatro, y á veces cinco hijuelos, los cuales en este primer tiempo son blancos, y solo se descubre sobre su piel el nacimiento de las púas. He intentado varias veces, criar algunos, poniendo juntos la madre y los hijuelos en un tonel, con provisión abundante, pero ella, en vez de darles de mamar, se los ha comido uno á uno, y no por falta de alimento, pues comía carne, pan, salvado y frutas; y no era de presumir, que un animal tan pesado y perezoso, al cual nada faltaba mas que la libertad, se indignase y sintiese tanto estar en prisión Tiene también cierta malicia de la misma especie que la del Mono, pues un Erizo que se habia introducido en la cocina, descubrió una pequeña tartera, en la cual se desahogó después de haber sacado la carne. He encerrado en una pieza machos y hembras juntos, y aunque han permanecido vivos, nunca se han juntado. También he dejado sueltos muchos en el jardín, en el cual hacen muy poco daño, y apenas se echa de ver que habitan allí: se alimentan de las frutas, que caen de los árboles: socaban la tierra con el hocico á poca profundidad: comen Moscardones, Escarabajos, Grillos, Gusanos y algunas raíces: son muy aficionados á la carne, y la comen cocida ó cruda. Por el campo se encuentran con frecuencia en los montes, bajo los troncos de los árboles viejos, y también en las hendiduras de las peñas, y principalmente entre las piedras que se suelen amontonar en los campos y en las viñas. No creo que suban á los árboles, como dicen los naturalistas, ni que se sirvan de sus púas para llevar frutos ó granos de uva: estos animalillos asen con la boca todo lo que quieren coger, y aunque hay gran número de ellos en nuestros montes, nunca hemos visto ninguno sobre los árboles, sino que se mantienen siempre al pié de ellos en algún hueco ó debajo del musgo.

«Algunos cazadores nos han asegurado haber visto á los Erizos subir á los árboles, y llevar frutas en las extremidades de sus púas.
«También me han dicho haber visto nadar á los Erizos, y atravesar grandes espacios de agua con bastante ligereza. En algunas aldeas, se acostumbra cubrir con pieles de Erizo las Terneras que se quieren destetar, pues la madre sintiéndose picada, las niega los pezones y se aleja de ellas.
«No se mueven de su sitio en todo el dia, hasta la noche, la cual emplean en sus escursiones: rara vez se acercan á las habitaciones, prefiriendo los lugares elevados y secos, aunque también se encuentran á veces en los prados. Se les coge á mano, no huyen ni se defienden con los pies ni con los dientes; pero se hacen una bola luego que los tocan; y para obligarlos á que se extiendan, es necesario meterlos en agua. Duermen todo el invierno, y así las provisiones, que se dice recogen por el verano, les serian inútiles. Comen poco, y pueden pasarse sin alimento bastante tiempo: tienen la sangre fría, casi como los otros animales que duermen el invierno: su carne no es buena para comer, y su piel de que ahora no se hace ningún uso, servia antiguamente para cepillos, y de peine para rastrillar el cáñamo.
«He aquí algunas observaciones sobre Erizos que he hecho domesticar.
«El dia 4 de junio de 1781 me trajeron cuatro Erizos pequeños con su madre: sus púas estaban bien formadas, lo cual daba indicios de que tenian algunas semanas de edad. Mandé ponerlos juntos en una jaula do alambre para observarlos cómodamente, y el fondo de la jaula se tapizó de ramas y hojas, á fin de procurarles un retiro para dormir.
«En los dos primeros dias no se les dio mas alimento que vaca cocida, la cual no comieron, contentándose con chupar la parte jugosa, sin comer las fibras. Al tercer dia se les dieron varias especies de yerbas, como bombazon ó yerba cana, enredadera, etc., y

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A la carne, vino, y si es jamón, con más razón.
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