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Mamiferos. Carniceros. Segundo Suborden: Insectívoros. Tribu de triodontes de Caninos Largos. Género Topo. 260


TRIBU DE TRIODONTES DE CANINOS LARGOS.

ESTOS animales tienen cuatro grandes caninos separados, entre los cuales hay unos pequeños incisivos.

GÉNERO TOPO
Talpa (Un.)

TIENEN los Topos cuarenta y cuatro dientes, seis incisivos superiores y ocho inferiores; dos caninos en la mandíbula superior, ninguno en la inferior y catorce muelas en ambas. La cabeza es prolongada, lo mismo que el hocico, que es cartilaginoso agudo y robustecido por un hueso. Carecen de orejas y tienen los ojos escesivamente pequeños, sus extremidades anteriores son anchas y tienen figura de manos, con cinco uñas cortantes y muy propias para escarbar; las posteriores son débiles y provistas de cinco dedos; la cola es muy corta. Estos animales viven en madrigueras, de que nunca salen sino accidentalmente.

TOPO COMÚN.
Talpa europea (Lin.)

Regularmente tiene seis pulgadas de longitud total: su pelaje es por lo común de un negro reluciente, fino y suave, mas ó menos aterciopelado, la cola es corta. Conócense algunas variedades del topo, como son: el Topo pió, cuyo pelo tiene manchas blancas y negras. Topo albino, enteramente blanco. Tomo amarillo, de color leonado mas ó menos amarillento, y finalmente el Topo pardo, cuyo pelo es uniformemente ceniciento.
Los Topos, dice J. Cuvier, son conocidos de todos por su vida subterránea y por su figura sumamente apropiada á este género de vida. Unos brazos muy cortos, unidos á anchos omóplatos, sostenidos por fuertes clavículas y provistos de enormes músculos, sostienen unas manos anchísimas, cuyas palmas se hallan vueltas continuamente hacia delante ó hacia atrás: dichas manos son cortantes en su borde inferior; los dedos apenas se distinguen, pero las uñas son muy largas, recias, complanadas y afiladas: tal es el instrumento que emplean para escarbar la tierra y arrojarla hacia atrás. Su esternón, lo mismo que el de las Aves y de los Murciélagos, tiene una arista que permite á los músculos pectorales el volumen necesario para las funciones a que están destinados. Para agugerear la tierra se vale el Topo de su prolongado hocico provisto de un huesecillo particular en su extremo; y además le ayudan fuertemente los vigorosos músculos cervicales. El ligamento cervical se osifica también del todo; la parte posterior del animal es débil, por lo que se mueve encima de la tierra con tanto trabajo, como con facilidad debajo de ella. Tiene el oido muy fino y el tímpano muy ancho, no obstante que carece de orejas: por otra parte, sus ojos son tan diminutos y ocultos debajo del pelo, que por mucho tiempo se ha negado su existencia. Sus mandíbulas son débiles, y su alimento se compone de insectos, lombrices y acaso raices tiernas.
Este animal es muy común en todos los paises templados de Europa; no obstante, dícese haberle hallado rara vez en Grecia y nunca en Irlanda. Habita con preferencia en los terrenos blandos y fáciles de perforar, que no contengan piedras y que sean frescos y húmedos en verano y secos en invierno. Los Topos huyen de los desiertos áridos, y sobre todo de los climas fríos, donde la tierra permanece helada gran parte del año.
“Un vivo y recíproco cariño entre el macho y la hembra, el temor ó fastidio de otra sociedad, los hábitos suaves de reposo y soledad, el arte de guarecerse, de hacerse en poco tiempo un asilo y un domicilio, la facilidad en ensancharlo y el hallar sin salir del mismo una abundante subsistencia son talentos, dice Buffon, preferibles sin duda á otros mas brillantes y mas incompatibles con la dicha aneja á la mas profunda oscuridad.»
El Topo se prepara con sumo arte un lecho al pié de un muro, de un árbol ó de un seto, que consiste en un agujero de diez y ocho pulgadas de profundidad, de bastante anchura, cubierto de una ó mas bóvedas sobrepuestas con tierra batida y amasada sólidamente con fragmentos de raices y yerbas, de modo que pueda resistir á las aguas de las lluvias. Esta madriguera presenta varias comparticiones, divididas por medio de tabiques y sostenidas á trechos por pilares. A veces en los terrenos húmedos ó amenazados de inundaciones, las bóvedas de tierra dura se elevan por encima del nivel del terreno y aun el lecho de yerbas y de hojas en donde el animal descansa con su familia, sobresale por encima de dicho nivel, de manera que no pueda inundarse en el caso de imprevista sumersión. El modo de proporcionarse las yerbas para construir el lecho es bastante particular; por la raiz juzga si la yerba le conviene, y en caso afirmativo corta las raices laterales hasta el cuello de la planta, y luego cogiendo la raiz central y tirando hacia sí logra hacer pasar el tallo con todas las hojas.
Practica esta operación desde marzo á mayo cuando cria sus hijuelos, que por lo regular son en número de cuatro ó cinco. De este nido parte á veces un conducto de sesenta ú ochenta pasos de largo que se prolonga en dirección casi recta; á derecha é izquierda del mismo abre á trechos otras vias, que se separan de la principal mas ó menos perpendicularmente, y todas son paralelas al suelo, á menos que el animal dé con algún abstáculo, en cuyo caso profundiza el conducto y lo hace pasar por debajo; siendo á veces tan profundo, que no es raro encontrar algunos que pasen por debajo de los cimientos de los mas fuertes edificios y hasta por debajo del cauce de un arroyo ó de un rio. En circunstancias ordinarias, el conducto solo se halla a unas seis pulgadas del nivel del suelo.
Cuando el Topo hoza, lo hace con la nariz, comprime la tierra hacia los lados con sus robustas manos, y echa una porción hacia delante con la frente y las espaldas. Así de cuando en cuando se ve precisado á desembarazarse de ella arrojándola á la superficie y forma lo que se ha llamado topera. Todos los conductos que se dirigen de una topinera á otra se hallan casi en línea recta; y solo en estas especies de pozos de detención se desvia el Topo á uno ó á otro lado en busca de alimento ó para formar sucesivos ramales.
Como el Topo se alimenta principalmente de Lombrices de tierra y de Insectos, se ve precisado á hozar

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Hasta el día de Navidad no es invierno de verdad.
De San Martín en adelante, no hay diablo que aguante.
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