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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu Martas. Género Veso. 285


der sintiendo aquel olor; y es constante que mientras vivió mi Comadreja, unas casas antiguas en que había Ratones, estuvieron libres de la incomodidad de estos animales.

«La Comadreja duerme hecha rosca, puesta la cabeza entre las extremidades posteriores, y levantando un poco el hocico para no tener impedida la respiración. Sin embargo, cuando no está echada á su gusto, toma otra postura, poniendo la cabeza en su cama; pero duerme mas cómodamente y mucho mas tiempo cuando puede enroscarse, para lo cual necesita sitio acomodado. Esta habia tomado la costumbre de introducirse entre mis sábanas, y de buscar una de las puntas del colchón que forma un undimiento, y allí dormía seis horas enteras.

«La Comadreja es muy astuta: habiéndola castigado por haberse ensuciado en mis papeles, contra su uso, tomó el partido de dormir cerca de mí sobre mi mesa: el temor la despertaba frecuentemente al mas leve ruido, y sin mudar de sitio observaba con los ojos abiertos mis acciones haciendo ademan de dormir. Conocía perfectamente el tono de caricia ó de amenaza, y muchas veces quedé admirado de hallar tanta inteligencia en un animal tan pequeño entre los cuadrúpedos.

«Cuando se me olvidaba darla, de comer, se levantaba de noche, y pasaba de una casa á otra de Antragues, donde comia diariamente. Iba siempre por los caminos mas cortos, bajando desde luego á un balcón, y de allí á la calle, volviendo á bajar y subiendo muchos escalones, entrando en un patio, atravesando un montón de hojas secas de castaños demás de tres pies de alto para tomar el camino mas corto, lo cual manifiesta que este animal se guia por el olfato: últimamente entraba en la cocina donde comia á su gusto después de haber caminado doscientos pasos. «El macho es muy licencioso, y yo le he visto satisfacer su ardor en otro macho muerto y desecado; y oliendo mis manos, que habian tocado aquel cadáver, reconoció un olor tan de su grado, que quedó inmóvil para saborearle á su placer.

«Mi Comadreja bostezaba con frecuencia: se levantaba de dormir estirando sus miembros, y levantando el espinazo i modo de un arco. Para beber lamia el agua: su lengua era áspera y estaba erizada de puntas: roncaba á veces durmiendo, y habia comunicado su olor fuerte y desagradable á la jaulilla en que tenia la cama, siendo su colchoncillo tan hediondo como ella misma cuando estaba colérica.

«Se impacientaba de que la encerrasen en su jaula, por lo mismo que gustaba mucho de compañía y de caricias, y habia roído diferentes veces cuatro palillos para salir de su prisión.
«Este animal ama en extremo la limpieza, y su piel está siempre lustrosa.
«Haciendo observar cierto régimen á estos animales se consigue disminuir el olor fuerte que exhalan, y su horrible hediondez cuando están coléricos. La leche dulcifica mucho sus humores, y lo mismo produce el régimen vejetal.
«Las Comadrejas tienen los ojos brillantes y luminosos; pero esta luz no es propia del animal, ni eléctrica, ni reside en el órgano de la vista, sino una simple reflexión de luz que se verifica siempre que el ojo del observador se halla colocado entre la luz y los ojos de la Comadreja, ó que hay una bujía encendida entre los ojos del observador y los del animal. Este fenómeno es común á gran número de cuadrúpedos y á algunas Culebras; y que lo ya dicho sea la causa, está comprobado por los esperimentos que leí el año de 1780 en la Academia de las Ciencias sobre los ojos de los Gatos, etc.
«Las observaciones de Mr. de Buffon, la descripción de Mr. Daubenton, la carta de Mr. Gieli, y la presente descripción forman la historia completa de la Comadreja; Mr. de Buffon dice que estos animales no se domestican y permanecen salvajes en jaulas de hierro, y yo sé por esperiencia qué esto és cierto cuando las cogen ya viejas, y aun de edad de tres ó cuatro meses. Para dar á las Comadrejas la educación de que son capaces, y hacer que se acostumbren á la domesticidad, es preciso cogerlas jóvenes, y cuando no pueden huir. Para suavizar el carácter de una Comadreja que me llevaron á Antragues, fue preciso serrarla los cuatro dientes caninos y castigarla con frecuencia.
«De lo que dejo dicho relativamente á este animal, se puede inferir que sin embargo de su pequeñez, es uno de aquellos en que la naturaleza se ha esmerado. En el estado silvestre, es el Tigre de los individuos pequeños: su agilidad le libra de los cuadrúpedos mayores que él; y para esto le ayuda también la escelencia de su oido. Está provisto de armas ofensivas, de las cuales se sirve á poco tiempo con cierta especie de discernimiento: gusta mucho de sangre y de matanza, y se complace en destruir, aun sin tener necesidad de saciar su apetito. (BUFF.)

ARMIÑO Ó KOSADILLO.
Putorius hermellanus.—Mustela herminea (Lin.); Mustela alba (Gem.)

La Comadreja de cola negra se llama armiño y rosadillo: armiño cuando es blanca, y rosadillo cuando roja ó pajiza. Aunque menos común que la Comadreja ordinaria, no dejan de encontrarse bastantes, mayormente en las selvas antiguas, y á veces por el invierno en los campos cercanos á los bosques, y es fácil distinguirle en todo tiempo de la Comadreja común, porque tiene siempre la punta de la cola de un negro atezado, y el contorno de las orejas, y las extremidades de los pies blancas.

Muy poco tenemos que añadir á lo que, hemos dicho de este animal, y á lo que Mr. Daubenton ha escrito de él en su descripción. Solamente observaremos que, como ordinariamente el Armiño muda de color en invierno, es muy probable que aquel de quien habla dicho autor, y que conservábamos aun por el mes de abril de 1758, se hubiera vuelto blanco, como lo estaba cuando le cogieron el año anterior, á primeros de marzo de 1757, si se le hubiera dejado en libertad; pero como estuvo encerrado todo aquel tiempo en una jaula de hierro, estregándose continuamente contra las barretas de ella, y por otra parte no padeció todo el rigor del frio, habiendo estado siempre al abrigo bajo un arco arrimado á una pared, no es estraño que conservase su pelo de estío. Se mantuvo siempre montaraz en extremo, y nada perdió de su mal olor: por lo demás, es animalito muy lindo, los ojos vivos, la fisonomía fina, y los movimientos, tan prontos, que la vista no puede distinguirlos: se alimentó siempre de huevos y carne cocida; pero la dejaba corromper antes de tocar á ella: nunca quiso comer miel, sino después de haber estado privado de todo otro alimento por tres dias, y murió después de haberla comido. La piel de este animal es preciosa: todos conocen los forros de armiño, los cuales son mucho mas bellos, y de una blancura mas candida, que la del Conejo blanco; pero con el tiempo se vuelven amarillos, y los armiños de este clima tiran siempre algo al pajizo.

Mr. Buffon cita una carta que la condesa de Noyan le escribió desde su palacio de la Menceliere, en Bretaña, con fecha de 20 de julio de 1771. «Tengo á Vd. por demasiado justo para poder negarse a dar satisfacion á los que ha ofendido. Vd. ha agraviado á la especie del Armiño, anunciándola como animal que no se puede domesticar; y hace un

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