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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu Martas. Género Nutria. 290


piedad no es animal anfibio, esto es, animal que puede vivir igualmente en el aire y en el agua, pues su conformación no es propia para morar en este, último elemento, y tiene casi tanta necesidad de respirar como los demás animales terrestres, pues si cae en alguna nasa persiguiendo á los peces, se la encuentra ahogada, y se echa de ver que no tuvo tiempo para cortar todos los mimbres y escaparse.

Sus dientes son como los de la Fuina, pero mas gruesos y fuertes, relativamente al volumen de su cuerpo: cuando la faltan Peces, Cangrejos, Ranas, Ratas acuáticas ú otro alimento, corta las ramas tiernas, y come la corteza de los árboles acuáticos, como también la yerba nueva en la primavera. Tiene tan poco temor al frio como á la humedad; entra en calor por invierno, y pare por el mes de marzo: sus partos son de tres ó cuatro. Los animales cuando pequeños, son graciosos por lo común; pero las Nutrias nuevas son mas feas que las viejas: su cabeza es mal formada, las orejas estan colocadas muy abajo, y sus ojos son muy pequeños y casi ocultos: el aspecto poco grato, los movimientos sin gracia, la figura tosca, un grito que parece maquinal, y que repite á cada instante, todo esto ofrece á primera vista un animal estúpido; pero sin embargo, la Nutria, llega á ser industriosa con el tiempo, á lo menos cuanto basta para hacer ventajosamente la guerra á los peces, los cuales en el instinto y sentimiento son muy inferiores á los demás animales. Dificulto mucho, dice Buffon, que tenga, no digo las habilidades del Castor, pero ni aun las costumbres que se la suponen, como a de empezar siempre nadando rio arriba, para poder volver mas fácilmente sin tener mas trabajo que dejarse llevar por la corriente del agua, cuando se ha saciado de presa: la de apropiarse un domicilio acomodado, y construir en él un pavimento, para que no la incomode la humedad, la de hacer abundante provisión de Peces, con la mira de que no la falten, y en fin la docilidad y facilidad de domesticarse en tanto grado, que vaya á pescar para su amo, y traiga la pesca hasta la cocina. Lo único que sé de las Nutrias, es que no construyen por sí mismas su habitación; que se establecen en el primer agujero que encuentran debajo de las raíces de los chopos ó de los sauces, en las aberturas de las rocas y aun en los huecos de la madera apilada; que dan á luz sus hijos en una cama formada de palos y de yerbas; que en sus guaridas se encuentran cabezas y espinas de Peces; que mudan con frecuencia de domicilio; que sacan y esparcen sus hijuelos al cabo de seis semanas ó de dos meses; que las que he querido domesticar, procuraban morder, aun al tomar la leche, y antes de tener bastante fuerza para masticar el pescado; que pasados algunos dias se hacían mas mansas, quizá porque estaban enfermas y débiles; que lejos de acostumbrarse fácilmente á la vida doméstica, todas las que he intentado críar, han muerto de poca edad; y finalmente, que la Nutria es por su naturaleza salvaje y cruel; que cuando puede entrar en un vivar, hace lo mismo que el Veso en un gallinero; que mata muchos mas Peces de los que puede comer; y que después se lleva uno en la boca.

Pero el que algunas tentativas salgan infructuosas nada prueba, y hemos reconocido muchas veces que era preciso no ceñir demasiado la influencia de la educación en los animales. Los mismos que parecen mas opuestos á ella, ceden sin embargo, y la admiten en ciertos casos. Todo consiste en hallar el punto flexible de su índole, é insistir después en él bastantemente, para formar un primer hábito de necesidad, el cual sujeta luego todos los demás. La educación de la Nutria, de que vamos á hablar, puede servir de ejemplo. Hé aquí lo que el marqués de Courtivron, socio de la Academia de las Ciencias, me escribió con fecha de 15 de octubre de 1779,de una Nutria muy domesticada y dócil que vio en Aulun.

« Vd. autoriza á los que tienen algunas observaciones concernientes á los animales, para que se las comuniquen. Leyendo el artículo de la Nutria, observé que vd. duda de la facilidad de domesticar este animal. En lo que voy á esponer nada referiré que otras muchas personas y yo no hayamos visto en la abadía de San Juan el Grande, en Autun, en los años de 1775 y 1776. He visto, digo, diferentes veces, por espacio de cerca de dos años, una Nutria hembra que fue llevada recien nacida á aquel monasterio, la cual habían criado las torneras con leche, por espacio de dos meses en cuyo tiempo empezaron á acostumbrarla á toda suerte de alimentos. Esta Nutria comia sopa, frutas, raíces, legumbres, carne y pescado; pero ni gustaba de pescado cocido, ni comia el crudo sino era muy fresco, de suerte que si era de mas de un dia no tocaba á él. Yo empecé á darla Carpas pequeñas: comia las que estaban vivas, y las muertas las reconocía abriéndolas el oído con la mano, las olia, y lo mas común era dejarlas, aun cuando se las presentaban antes de darla otras vivas. Esta Nutria era tan familiar como un Perro : respondía al nombre de loup loup, que la habían puesto las torneras, las seguía, y yo la he visto venir á su voz desde la extremidad de un patio muy largo, donde se paseaba libremente, y aunque estraño, hacia que me siguiese llamándola por su nombre. Se habia familiarizado con el Gato de las torneras, con el cual se habia criado, y jugaba con el Perro del jardinero, al cual habia conocido desde muy joven; lo que no sucedía con los demás Perros y Gatos que se le acercaban, pues á todos los mordia. Un dia llevaba yo conmigo un Sabueso pequeño, y al principio no hizo con él demostración alguna; pero habiendo llegado el Perro á olería, le dio muchas manotadas, como acostumbran hacer los Gatos cuando riñen con Perrillos, y le persiguió dándole cabezadas hasta entre mis piernas; y después siempre que le veia, le perseguía del mismo modo. Mientras los Perros no se defendían, la Nutria no se valia de sus dientes, pero si el Perro hacia frente y queria morderla, entonces el combate era serio y sangriento; y he visto Perros bastante grandes, maltratados y mordidos, tomar el partido de la fuga.

»Esta Nutria habitaba en el cuarto de las torneras y por la noche dormía sobre su cama: de dia estaba ordinariamente en una silla de paja, donde dormía hecha rosca; y cuando se la antojaba iba á meter la cabeza y los pies anteriores en un cubo de agua destinado para su uso: luego se sacudía, y volvía á su silla, ó se paseaba en el patio ó por la casa. Muchas veces la vi tendida al sol, y entonces tenia cerrados los ojos: yo la he cogido, la he manejado, tomádola por los pies y acariciádola, mientras que jugaba con mis manos mordiéndolas con suavidad. Un dia la llevé á una laguna pequeña de la que forma el rio Aroux cuando sale de madre; y lo que sorprenderá á vd., como á mí me sorprendió, es que dio indicios de temor á vista de tan gran masa de agua, y no entró en ella mas allá de la orilla en que se bañó la cabeza, como en el cubo: la hice arrojar á alguna distancia dentro de la laguna, pero se volvió apresurada con una especie de sobresalto, y me siguió muy contenta de volver a hallar á sus torneras. Si pueden sacarse inducciones de un solo hecho y de un solo individuo, la naturaleza parece no ha dado á este animal el mismo instinto que á los Patos, los cuales apenas nacidos y salidos de debajo de una Gallina, corren al agua y se zambullen en ella.

«Era muy desaseada: sus urgencias parecía la ocurrían súbitamente, y del mismo modo las satisfacía en cualquier parte, en tierra, en el cuarto y en todos parajes, escepto en los muebles, sin que las

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