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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu Gatos. Género León. 332


el conjunto de esta gran tribu, que dividiremos en pequeños grupos naturales.

GENERO LEÓN.
Félix leo (Lin.)

TANTO en su corpulencia y altura como en el color de! pelaje, varia según el país donde vive. Generalmente es de un leonado uniforme. El macho tiene la cabeza y la cerviz cubiertas de una larga y poblada melena, mientras que cubre un pelo liso y corto lo restante del cuerpo y la cola termina en un largo mechón de pelo. La hembra es semejante al macho, salvo que no tiene melena y su cabeza es mas pequeña.

Félix leo (Lin.); Asad, de los árabes; Gead, de los Persas.

La influencia del clima en la especie humana, solo se nota por algunas variedades bastante leves, pues su especie es única y muy distintamente separada de todas las otras especies. El Hombre, blanco en Europa , negro en África, azafranado en Asia, y tostado en América, siempre es el mismo Hombre, teñido del color del clima. Como ha sido criado para reinar en la tierra, y tener sujeto á su dominio el globo, parece que su naturaleza se ha acomodado á todas las situaciones: entre los calores del Mediodía, y los hielos del Norte vive y se multiplica; y se halla esparcido por todas partes, desde tan remota antigüedad, que da á conocer no está adicto á ningún clima particular. Al contrario, en los animales la influencia del clima obra con mas fuerza, y se nota con caracteres mas sensibles, porque sus especies son diversas, y su naturaleza está infinitamente menos perfeccionada y estendida que la del hombre. No solo las variedades en cada especie son mas numerosas y mas caracterizadas que en la especie humana, sino que aun las diferencias de las especies parece dependen de la diversidad de los climas; pues unas no pueden propagarse sino en' los climas cálidos, y otras no pueden subsistir sino en los países fríos. Ni el León ha habitado nunca en las regiones del Norte, ni el Reno en las del Mediodía; y quizá no hay animal alguno, cuya especie esté esparcida generalmente sobre toda la superficie de la tierra, como la del hombre. Cada animal tiene su país, su patria natural, en que una necesidad física le retiene : cada uno es hijo de la tierra en que habita; y en este sentido decimos que tal ó cual animales originario de tal ó cual clima.

En los paises calientes, los animales terrestres son mayores y mas fuertes que en los climas fríos ó templados ; y también mas atrevidos y feroces, de suerte que todas sus cualidades naturales parece participan riel ardor del clima. El León, nacido bajo el sol ardiente de África, y de la India, es el mas fuerte, fiero y terrible de todos; y los Lobos y demás animales carniceros de nuestras regiones, lejos de ser sus competidores, apenas merecerían ser proveedores suyos. Los Leones de América (si puede dárseles este nombre) son, como el clima, incomparablemente mas benignos que los de África; y lo que prueba evidentemente que el esceso de su ferocidad procede del esceso del calor, es que en el mismo país, los que habitan en las montañas altas, donde el aire es mas templado, son de índole diferente de los que habitan en los llanos, donde el calor es escesivo. Los Leones del monte Atlante, cuya cima está á veces cubierta de nieve, no tienen la osadía, la fuerza, ni la ferocidad de los Leones de Biledúlgerid ó de Zaara, cuyas llanuras están cubiertas de arenales ardientes. En estos desiertos abrasados es donde principalmente se hallan aquellos Leones feroces, que son terror de los caminantes, y azote de las provincias comarcanas. Por fortuna, la especie no es muy numerosa, y aun parece que cada dia se vá disminuyendo, pues por confesión de los que han recorrido aquella parte de África, hay en ella muchos menos Leones que en otros tiempos. Los romanos , dice Mr. Shaw, sacaban de la Libia para el uso de los espectáculos, cincuenta veces mas Leones que los que se podrían hallar allí en el dia. Asimismo se ha notado que en Turquía, en Persia y en la India, los Leones son al presente menos comumes que en lo antiguo; y siendo presa de este animal poderoso y valiente los demás animales, sin serlo él de ninguno, no se puede atribuir la diminución del número en su especie, sino al aumento de la del hombre; pues es preciso confesar que la fuerza de este rey de los animales cede á la destreza de un hotentóte, ó de un negro, que frecuentemente se atreven á acometerle cara á cara con armas bastante débiles. No teniendo, pues, el León mas enemigos que el Hombre, y hallándose hoy su especie reducida á la quincuagésima parte, ó por lo menos á la décima de lo que era en otro tiempo, resulta que la especie humana, en vez de haber padecido disminución considerable desde el tiempo de los romanos (como muchos lo pretenden), al contrario, se ha aumentado, estendido y esparcido mas numerosamente, aun en regiones como la Libia, en que el poder del hombre parece haber sido mayor en aquel tiempo, que casi fue el siglo de Cartago, que lo es en el presente siglo de Túnez y de Argel.

La industria del hombre se aumenta con el número de su especie; la de los animales permanece siempre la misma: todas las especies dañinas, como la del León, parecen haber sido confinadas y reducidas á un corto número; no solo porque hay mayor número de Hombres en todas partes, sino también porque los mismos Hombres se han hecho mas hábiles, y sabido fabricar armas terribles, á las cuales nada puede resistir: dichoso él si solamente hubiera empleado el hierro y el fuego en destruir Leones y Tigres.

La superioridad de número y de industria que sirve al Hombre para contrarestar la fuerza del León, enerva también la osadía del mismo animal, porque esta cualidad, aunque natural, se exalta ó se templa en él, según el uso feliz ó desgraciado que hace de su fuerza. En los vastos desiertos de Zaara, en aquellos que parece separan dos castas de Hombres muy diferentes, los negros y los moros entre el Senegal y los confines de la Mauritania, en las tierras despobladas que están mas arriba del país de los hotentotes, y generalmente en todas las partes meridionales de África y Asia, en que el Hombre se ha desdeñado de habitar, hay aun bastante número de Leones que son tales cuales la naturaleza los ha producido; porque acostumbrados á medir sus fuerzas con todos los animales que encuentran, la costumbre de vencer los hace intrépidos y terribles. Como no conocen el poder del Hombre, no le tienen ningún miedo; y no habiendo probado la fuerza de sus armas, como que las desprecian: las heridas los irritan, pero sin atemorizarlos: ni aun se acobardan á la vista de un gran número de gente; pues uno solo de estos Leones del desierto acomete frecuentemente á toda una caravana; y cuando después de un combate porfiado y violento, se siente débil, en vez de huir, se retira peleando sin volver nunca la espalda. Al contrario, los Leones que habitan en las cercanías de las ciudades ó de las aldeas de la India, y de Berbería, habiendo ya conocido al hombre, y esperimentado la fuerza de sus armas, han perdido su valor, hasta llegar á términos de obedecer su voz imperiosa, de no

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Un testigo que vió, vale por dos; y si vió y oyó, por ciento dos.
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