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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Focaceos. Tribu Focas. Género Platirinco. 360


que no tiene orejas ni melena, y además se diferencia del León marino en otros muchos caracteres. Este descuido, ó por mejor decir, la falsa aplicación de este nombre, no pudo rectificarse hasta haber conocido bien distintamente á uno y otro de estos animales; pero unos viajeros instruidos nos han puesto recientemente en estado de decidir acerca de sus diferencias, que son mas que suficientes para establecer con fundamento dos especies, y aun dos géneros distintos y separados.

Los Leones marinos se mantienen y andan en reuniones numerosas, pero no tanto como las de los Osos marinos, con las cuales se les ve mezclados á veces en una misma playa. Cada familia se compone ordinariamente de un macho adulto, de diez á doce hembras, y de quince á veinte jóvenes de ambos sexos. Hay también machos que parece tienen mayor numero de hembras, pero otros que tienen muchas menos. Todos nadan juntos en el mar, y permanecen así reunidos cuando reposan sobre la tierra; la presencia ó la voz del hombre los hace huir y arrojarse al agua, porque aunque estos animales son mucho mas grandes y fuertes que los Osos marinos, sin embargo, son mas tímidos. Cuando un hombre les acomete sin mas armas que un palo, rara vez se defienden, y se puede estar en medió de ellos un ningún temor. No son temibles sino cuando se ven heridos gravemente, ó se les reduce al último apuro: entonces la necesidad les da furor, hacen cara al enemigo y pelean con tanta mayor rabia cuanto mas se les maltrata. Los cazadores procuran sorprenderlos mas bien en tierra que en el mar, porque trastornan muchas veces las barcas cuando se sienten heridos. Como estos animales son fuertes, robustos y vigorosos, és una especie de gloría entre los kamtschadales el matar un León macho: el Hombre, en el estarlo natural, aprecia mas que nosotros el valor personal: estos salvajes escitados por esta idea de gloria, se esponen al mayor peligro, y van á buscar los Leones marinos, discurriendo muchos dias consecutivos por los mares, sin mas brújula que el sol y la luna. Ordinariamente los matan con chuzos á veces les disparan flechas envenenadas, que los matan en menos de veinte y cuatro horas, ó bien los cogen vivos con lazos enlazándolos por los pies.

Aunque estos animales son de índole brutal y bastante salvaje, parece que al cabo de tiempo se familiarizan con el Hombre. Mr. Steller dice que tratándolos bien se les podría domesticar, y añade que estaban tan acostumbrados á verle que ya no huían de él como al principio: que le miraban tranquilamente, contemplándole con una especie de atención; y que al fin habían perdido también todo miedo, que obraban con toda libertad, y aun se tomaban en su presencia. Mr. Forster, dice también haber visto algunos tan habituados á ver hombres, que seguían las faluas, y parecía que examinaban lo que en ellas se hacia. Sin embargo, aunque los Leones marinos son de mejor índole que los Osos marinos, los machos tienen entre sí combates muy porfiados y sangrientos, y se han visto algunos que tenían el cuerpo cubierto de grandes cicatrices. Riñen por defender sus hembras contra los rivales que quieren quitárselas, y después del combate, el vencerle queda dueño de toda la familia del vencido. También pelean por conservarse el puesto que cada macho ocupa siempre sobre una gran piedra que elige para domicilio; y cuando viene otro macho á despojarle de ella, empieza el combate, que se termina con la huida ó la muerte del mas débil. Las hembras no pelean jamás unas con otras ni con los machos, y parece que viven en una dependencia absoluta del jefe de la familia. Ordinariamente las siguen sus hijuelos de ambos sexos, pero cuando dos machos, esto es, dos padres de familias diferentes están riñendo, todas las hembras concurren con su comitiva para presenciar el combate; y si el jefe de alguna otra familia llega á este espectáculo, y toma partido en pro ó en contra de alguno de los dos combatientes, siguen su ejemplo bien pronto otros jefes, y entonces la batalla se hace general, y no se termina sino con gran efusión de sangre, y regularmente con la muerte de muchos de los machos, cuyas familias se reúnen á los vencedores. Se ha notado que los machos muy viejos no se mezclan en estos combates; probablemente conocen la debilidad de sus fuerzas, porque cuidan de mantenerse apartados y permanecer tranquilos sobre su piedra, pero sin permitir á los otros machos ni aun á las hembras acercarse. Durante la pelea, la mayor parle de las hembras olvidan á sus hijuelos, y procuran huir del lugar de la escena, lo que supone una índole muy diferente de la de las Osos marinos, cuyas hembras cargan con sus hijos cuando no pueden defenderlos. Sin embargo, á veces se ven Leonas madres que se llevan ú sus hijos en la boca: otras que no los abandonan, y que se dejan matar en el mismo paraje, procurando defenderlos; pero esto debe ser una escepción, porque Mr. Steller dice positivamente que estas hembras parece tienen muy poco amor á sus hijos, y cuando se los quitan no las hace mucha impresión. Añade que ha cogido varias veces de estos hijuelos delante de su padre y madre sin correr el menor peligro, y sin que estos animales insensibles ó desnaturalizados hiciesen movimiento para socorrerlos ó Vengarlos.

Estos animales, así como los Osos marinos, escogen siempre las islas desiertas para ir á parir, y entregarse después á los placeres del amor. La voz de los Leones marinos es diferente según la edad y el sexo; y es fácil de distinguir, aun de lejos, el grito de los machos adultos del de los jóvenes y de las hembras. Los machos tienen un mugido semejante al Toro, y cuando están irritados, denotan su cólera con un grande ronquido. Las hembras, tienen también una especie de bramido, pero mas débil que el del macho, y bastante semejante al de un becerro. La voz de los Leones pequeños es muy parecida al balido de un cordero de algunos meses: de suerte que á lo lejos parece se oyen rebaños de Vacas y Ovejas esparcidos por las costas, no siendo en la realidad mas qué manadas de Leones marinos, cuyos acentos y tonos diferentes se perciben á bastante, distancia "para advertir á los viajeros que sé acercan á la tierra, cuya vista se oculta muchas veces en aquellos parajes" á causa de las nieblas.

Los Leones marinos caminan como los Osos, esto es, arrastrando por tierra, ayudados de sus extremidades anteriores; pero lo Hacen con mas pesadez y torpeza. Hay algunos tan pesados (y probablemente serán los viejos), que jamás se mueven de la piedra que escogen por domicilo, sobre, lo cual pasan todo el dia roncando y durmiendo. Los jóvenes tienen también menos viveza que los Osos marinos jóvenes: se les encuentra muchas voces dormidos sobre la ribera; pero su sueño es tan ligero, que al menor ruido despiertan y huyen hacia el mar. Cuando los pequeños se cansan de nadar, se ponen sobre el lomo de su madre, pero el padre no los deja estar allí mucho tiempo y los derriba como para precisarlos á ejercitarse y fortificarse en el ejercicio de nadar. En general, todos estos Leones marinos, así pequeños como adultos, nadan con mucha agilidad y ligereza, y pueden también permanecer mucho tiempo debajo del agua sin respirar. Exhalan un olor fuerte que se extiende á lo lejos: su carne es casi negra y de bastante mal gusto, principalmente la de los machos. Dicen que la carne de los jóvenes es blanquecina y se puede comer; aunque es algo insípida y bastante

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