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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Focaceos. Tribu Morsas. Género Morsa. 365


animales se hallan en gran cantidad desde este paraje hasta el río Añadir, pues todos los dientes que se traen para venderlos en Jakutzk , vienen de Anadirskoi: se hallan también en el estrecho de Hudson, en la isla de Felipeaux, donde tienen unos tres pies (de Rusia) de largo, son del grueso de un brazo, y dan tan buen marfil como los colmillos del Elefante.

Antiguamente se hallaban en la bahía de Hurcion y en la de Klock muchas Morsas y Focas, pero en la actualidad hay muy pocas. Unas y otras, en los grandes calores del estío, pasan á las llanuras vecinas, donde se ven á veces rebaños de ochenta, ciento y hasta doscientas, particularmente de Morsas, que pueden permanecer allí algunos dias consecutivos, hasta que el hambre las hace volver al mar. Estos animales se parecen mucho en lo exterior, á las Focas, pero son mas fuertes y mas gruesos: tienen cinco dedos en los pies como las Focas, pero sus uñas son mas cortas, y su cabeza mas gruesa, mas redonda y mas fuerte; la piel de la Morsa, principalmente hacia el cuello, tiene una pulgada de grueso, y está arrugada y cubierta de pelo muy corto de varios colores. Su mandíbula superior está armada de dos dientes do unos 3 1/2 pies de largo: estos colmillos, que son huecos en la raiz, crecen según el animal va envejeciendo: á veces se ven algunas Morsas que no tienen mas que un colmillo, por haber perdido el otro peleando, ó solo por causa de vejez: su marfil es ordinariamente mas caro que el del Elefante, porque es mas compacto y mas duro. La boca de la Morsa se parece á la del Buey: está guarnecida en la parte superior y en la inferior de pelos huecos, puntiagudos y del grueso de una caña de paja: encima de la boca tiene dos agujeros nasales, por los cuales estos animales arrojan el agua, como la Ballena, pero sin hacer mucho ruido. Sus ojos son brillantes, rojos é inflamados durante el calor del estío; y como no pueden sufrir entonces la impresión que el agua hace sobre sus ojos, se mantienen con mas gusto en las llanuras en estío que en ningún otro tiempo. Se ven muchas Morsas hacia Spitzberg: las matan en tierra con lanzas: solas caza por la ganancia que se saca de sus dientes y de su grasa: su aceite es casi tan estimado como el de la Ballena: Sus dos dientes valen tanto como toda la grasa: lo interior de estos dientes tiene mas valor que el marfil, mayormente los dientes gruesos, que son de una sustancia mas compacta y mas dura que los pequeños. Si se vende por un florín la libra de marfil de los dientes pequeños, el de los gruesos se vende á tres, á cuatro, y muchas veces á cinco florines. Un diente mediano pesa tres libras, y una Morsa ordinaria suministra medio tonel de aceite, y así todo el animal produce treinta y seis florines, á saber: diez y ocho por sus dientes, á tres florínes la libra, y otro tanto por su grasa. Antiguamente se hallaban grandes rebaños de estos animales en tierra; pero los navios, que van todos los años á aquel país á la pesca de la Ballena, los han ahuyentado en tales términos, que se han retirado á parajes apartados, y los que permanecen allí, no salen á tierra en tropas, sino que se mantienen en el agua, ó dispersos sobre los hielos. Cuando se encuentra uno de estos animales sobre el hielo ó en el agua, se le tira un harpon fuerte, hecho de propósito, el cual frecuentemente se desliza sobre su piel dura y gruesa; pero cuando penetra, se trae el animal hacia el timón de la falúa con un cable, y se le mata con una fuerte lanza hecha de intento; después se le saca á la tierra mas cercana, ó á un pedazo de hielo llano, y ordinariamente pesa mas que un Buey. Lo primero que se hace es desollarle, y se arroja la piel, porque no sirve para nada: se separan de la cabeza los dos dientes con una hacha, ó se le corta la cabeza para no echar á perder los dientes, y se la pone á hervir en la caldera, después de lo cual se corta la grasa en lonjas largas, y la llevan á la embarcación. Es tan difícil seguir á las Morsas á fuerza de remo como á las Ballenas, y se las arroja en vano el harpon muchas veces, porque además de ser mas fácil acertar el golpe en la Ballena, el harpon no resbala tan fácilmente sobre su piel, como sobre la de la Morsa. Regularmente se la tiran tres golpes con una lanza fuerte y bien aguda, antes de poder penetrar su piel dura y gruesa, por lo que es necesario procurar herirla en algún paraje en que la piel esté bien estirada, porque es muy difícil herirla en aquellas partes en que está arrugada; por consiguiente, se apunta con la lanza á los ojos del animal, el cual precisado por este movimiento á volver la cabeza, extiende la piel hacia el pecho ó sus contornos; entonces se tira el golpe á esta parte, y se retira la lanza con la mayor prontitud para que no la coja con la boca, y no pueda herir al que la acomete, ya con la extremidad de, sus dientes, ya con la misma lanza, como ha sucedido algunas veces. Pero este ataque sobre un pedazo de hielo pequeño, no dura mucho tiempo, porque la Morsa, herida ó no, se arroja inmediatamente al agua, y por consiguiente, se prefiere atacarlas en tierra. Antiguamente, antes que, las persiguiesen, las Morsas se internaban mucho en tierra; de suerte que, en las mareas altas estaban bastante lejos del agua, y en el tiempo de la marea baja, siendo aun mucho mayor la distancia, se las cogía fácilmente. Se marchaba de frente hacia estos animales para cortarles la retirada por la parte del mar; ellos miraban todos estos preparativos sin ningún temor, y regularmente cada cazador mataba uno, antes que pudiesen acogerse al agua. Se hacia una barrera con sus cadáveres, y se dejaban algunos hombres apostados para matar los que restaban: á veces se mataban trescientos ó cuatrocientos. Cuando se les hiere, se vuelven furiosos procurando herir por uno y otro lado con los dientes: rompen las armas ó las arrancan de las manos de los que les acometen; y en fin rabiosos de, cólera, meten la cabeza entre sus manos ó aletas, y se echan así á rodar hacia el agua. Cuando son muchos sé hacen tan atrevidos que para socorrerse unos á otros, rodean las falúas y procuran romperlas con los dientes; ó trastornarlas dando golpes contra los costados.

Se asegura que las Morsas no se toman al modo de los otros cuadrúpedos, sino al contrario: en esta especie, como en la de las Ballenas, el macho tiene en el miembro un hueso grueso y grande: la hembra pare por invierno en tierra ó sobre el hielo, y no produce ordinariamente mas que un hijo, el cual al nacer es ya tan grande como un Cerdo de un año. Ignoramos la duración de su preñado; pero haciendo juicio por la de su incremento, y también por la corpulencia de este animal, debe ser de mas de nueve meses. Las Morsas no pueden permanecer siempre en el agua, y se ven precisadas á salir á tierra, ya para dar de mamar á sus hijos, y ya por otros fines. Cuando quieren subir á las playas, que, á veces son escarpadas, ó á los promontorios de hielo, se valen de los colmillos para asirse, y de las manos para hacer subir la pesada mole de sus cuerpos. Aseguran que se alimentan de los Crustáceos que están adheridos al fondo del mar, y que se sirven también de sus colmillos para arrancarlos: otros dicen que no se, alimentan sino de una yerba de hojas anchas que nace en el mar, y que no comen carne ni pescado; pero yo creo que estas opiniones son poco fundadas, y hay apariencias de que la Morsa vive de presa como la Foca, principalmente de Arenques y de otros Peces pequeños, porque no come cuando está en tierra, y la necesidad de tomar alimento es lo que la obliga á volver al mar.

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El tiempo todo lo cura, menos vejez y locura.
Un testigo que vió, vale por dos; y si vió y oyó, por ciento dos.
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