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Mamiferos. Orden Quinto: Roedores. Roedores Omnívoros o claviculados. Familia de Ratas nadadoras. Género Castor. 414


como un antiguo monumento de esta especie de inteligencia de los brutos, que aunque infinitamente inferior á la del Hombre por su principio, sin embargo, supone proyectos comunes y miras relativas: proyectos que, teniendo por base la sociedad, y por objeto construir un dique, fabricar un caserío, fundar una especie de república; suponen también cierto modo de entenderse para obrar de acuerdo.

Quizá dirán que los Castores son, entre los Cuadrúpedos, lo que las Abejas entre los Insectos; pero ¡qué diferencia!. En la naturaleza, según la vemos, hay al presente tres especies de sociedades que conviene considerar antes de compararlas. La sociedad libre del Hombre, de la cual después de Dios tiene él mismo todo su poder: la sociedad oprimida de los animales; y en fin, la sociedad forzada de algunos pequeños brutos, que naciendo juntos y á un mismo tiempo, se ven precisados á permanecer reunidos. Un individuo considerado en sí solo, y según sale de las manos de la naturaleza, no es mas que un ser estéril, cuya industria se ciñe al simple uso de los sentidos. El Hombre mismo, en el estado de pura naturaleza, falto de luces y de todos los socorros de la sociedad, nada produce ni edifica; y por el contrario, toda sociedad se hace necesariamente fecunda, por mas casual y ciega que sea, siempre que se compone, de seres de una misma naturaleza. La necesidad de buscarse ó apartarse, les hará formar movimientos comunes, cuyos resultados serán las mas veces una obra que parezca imaginada, conducida y ejecutada con inteligencia. Así, pues, la obra de las Abejas, que en un lugar determinado, como lo es una colmena ó el hueco de un árbol viejo, fabrican cada cual su alveolo: la obra de las Moscas de Cayena, que no solo construyen sus alveolos, sino que también fabrican la colmena que los ha de contener, son obras puramente mecánicas, que No suponen ninguna inteligencia, ningún proyecto concertado, ningunas miras generales: obras que no siendo mas que el efecto de una necesidad física y un resultado de movimientos comunes, se ejecutan siempre de un mismo modo, en todo tiempos y lugares, por una multitud que no se ha juntado por elección, sino que se halla reunida en fuerza de la naturaleza. No es, pues, la sociedad, sino el número solo el que aquí obra: es una potencia ciega que no se puede comparar con la luz que dirige á toda sociedad. No hablamos aquí de aquella luz pura, de aquel rayo divino que no se ha comunicado mas que al Hombre: los Castores, sin duda, carecen de ella, como los demás anímales, pero no siendo su sociedad una reunión forzada, sino una especie de elección, y suponiendo por lo menos un concurso general y miras comunes en los que la componen, supone también á lo menos un vislumbre de inteligencia, que aunque muy diferente de la del Hombre por el principio de que emana, produce sin embargo, efectos algo semejante es para que puedan ser comparados, no con los de una sociedad perfecta y poderosa, como la que existe en los pueblos civilizados desde la antigüedad, sino con los de una sociedad reciente de hombres salvajes.

Veamos, pues, el producto de una y otra de estas sociedades: veamos hasta donde se extiende el arte del Castor, y á qué se reduce el del salvaje. Romper una rama para hacerse un bastón, fabricar una choza, cubrirla de hoja para abrigarse, recoger musgo ó heno para hacerse una cama, son acciones comunes al animal y al salvaje: los Osos hacen chozas, los Monos llevan bastones; otros muchos animales se fabrican un domicilio limpio, cómodo é impenetrable al agua. Frotar una piedra para sacarla el corte: hacer de ella una hacha y servirse de esta para cortar ó descortezar la madera, para aguzar las flechas y para labrar un vaso: desollar un animal para cubrirse con su piel, arrancarle los nervios para hacer una cuerda de arco, atar estos mismos nervios una espina dura, y servirse de uno y otro, como de hilo y aguja, son actos puramente individuales que el Hombre en soledad puede ejecutar sin ayuda de otros: porque dependen de su sola configuración y no suponen mas que el uso de la mano; pero cortar y transportar un árbol grueso, fabricar un edificio espacioso y construir una piragua, son por el contrario, operaciones que suponen necesariamente un trabajo común y designios concertados. Estas obras son también los únicos resultados de una sociedad reciente entre las naciones salvajes, así como las obras de los Castores son fruto de una sociedad perfeccionada entre estos animales; pues debe observarse que ellos no cuidan de edificar sino cuando habitan en un país libre y están perfectamente tranquilos. Hay Castores en Langüedoc, en las islas del Ródano, y en mayor número en las provincias del Norte de Europa; pero como todos estos paises están habitados, ó á lo menos son muy frecuentados por Hombres, los Castores andan en ellos dispersos, solitarios, fugitivos ó escondidos en madrigueras como los demás animales: nunca se los ha visto reunirse, ni emprender ó edificar la menor cosa ; mientras que en las tierras desiertas, á donde el Hombre en sociedad no ha penetrado hasta muy tarde, y donde antes no se veían mas que algunos vestigios del Hombre salvaje, se han hallado por todas partes Castores reunidos formando sociedades, y no se ha podido menos de admirar sus obras. No citaremos aquí sino testigos juiciosos y sin tacha, ni daremos por ciertos sino aquellos hechos en que los mismos están de acuerdo; y tal vez con menos propensión que algunos de ellos á la admiración, usaremos de la licencia de dudar, y aun de criticar lo que nos parezca muy difícil de creer.

Todos convienen en que el Castor, lejos de tener una superioridad notable sobre los demás animales, parece al contrario inferior á algunos de ellos en las cualidades puramente individuales.

Parece inferior al Perro en las cualidades relativas que pudieran acercarle al Hombre, y que no ha sido criado para mandar, para servir, ni aun para comerciar con alguna otra especie que la suya: su instinto, oculto en cada individuo, no se manifiesta del todo sino en compañía de sus semejantes: cuando está solo tiene poca industria personal y astucia, y ni aun bastante cautela para evitar trampas y lazos mal disfrazados: lejos de acometer á otros animales, ni aun sabe defenderse, y prefiérela huida al combate, no obstante que muerde cruel y encarnizadamente cuando se ve cogido por la mano del cazador. Si se considera, pues, á este animal en el estado de naturaleza, ó por mejor decir, en el de soledad y dispersión, no parece nada superior á los demás en sus cualidades, pues ni tiene mas sagacidad que el Perro, ni mas instinto que el Elefante, ni mas astucia que la Zorra.

Es el único entre los Cuadrúpedos, que teniendo la cola aplastada, oval y cubierta de escamas, se sirve de ella como de un timón para dirigirse por el agua: el único que tiene membranas en los pies posteriores, y al mismo tiempo separados los dedos en los anteriores, usando de ellos como de manos para llevar la comida á la boca: el único que, semejándose á los animales terrestres en las partes anteriores de su cuerpo, parece que participa de los acuátiles por las posteriores.

Los Castores empiezan á reunirse en sociedad por los meses de junio ó julio: concurren en gran número de varias partes, y forman en breve una manada de doscientos ó trescientos: el punto de reunión es ordinariamente el lugar de su establecimiento, y siempre á orilla de las aguas. Si son estancadas, y se mantienen siempre á una misma altura, como sucede en los lagos, en tal caso dejan de construir un dique; pero en las corrientes, espuestas á subir y ba-

 

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