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Mamiferos. Orden Quinto: Roedores. Roedores Omnívoros o claviculados. Familia de Ratas nadadoras. Género Castor. 416


bajo del hielo, y entonces se les coge fácilmente acometiendo por un lado la cabaña, y esperándolos al mismo tiempo en un agujero que se hace en el hielo á alguna distancia, al cual acuden precisamente para respirar. Su costumbre de tener continuamente la cola y todas las partes posteriores del cuerpo metidas en el agua, parece que ha mudado la naturaleza de su carne; pues la de las partes anteriores hasta los ríñones es en su calidad, gusto y consistencia semejante á la de los animales terrestres y volátiles, y la de los muslos y de la cola tiene el olor, el sabor y todas las cualidades de la de los peces. La cola, cuya longitud es de mas de un pié de largo, de una pulgada de grueso, de cinco ó seis de ancho, es en realidad una extremidad, una verdadera porción de pescado unida al cuerpo de un Cuadrúpedo: está enteramente cubierta de escamas, y de una piel del todo semejante á la de los Cetáceos.

Los Castores como queda dicho se reúnen á principios del verano, y emplean los meses de julio y agosto en fabricar su dique y cabañas: hacen su provisión de corteza y de madera en el mes de setiembre; y después gozan de sus trabajos y disfrutan los placeres domésticos. Este es el tiempo del reposo ó mas bien la estación de los amores. Como ya se conocen de antemano, y se han tomado cariño por el trato habitual y por los placeres de un trabajo común, el aparearse no es entre ellos efecto de casualidad ni dé pura necesidad de la naturaleza, sino que se juntan por elección, y por gusto pasan unidos el otoño y el invierno, contentos el uno del otro: nunca se separan y hallándose bien en su domicilio, no salen de él sino para dar paseos agradables y útiles, trayendo cortezas frescas, que prefieren á las secas ó demasiado penetradas del agua: las hembras, según dicen, están preñadas cuatro meses; paren á fines del invierno y producen ordinariamente dos ó tres hijuelos: los machos las dejan cerca de este tiempo, y se van á los campos á gozar de las dulzuras y de las frutas de la primavera; y aunque de cuando en cuando vuelven á la cabaña, no se detienen en ella; pero las madres permanecen allí ocupadas en dar de mamar, cuidar y criar á sus hijuelos, los cuales al cabo de algunas semanas se hallan en estado de seguirlas, Estas también van por su parte á pasear á restablecerse al aire y á comer Peces, Cangrejos y cortezas nuevas, y pasan así el estío alternativamente en el agua y en los bosques. Los machos no se reúnen hasta el otoño, á no ser que las inundaciones hayan derribado su dique ó destruido sus cabañas, pues entonces se reúnen mas temprano para reedificar ó reparar estas obras.

Hay ciertos parajes que los Castores prefieren para vivir, y donde se ha visto, que después de haberles destruido varias veces sus trabajos, volvían todos los veranos á reedificarlos, hasta que en fin cansados de esta persecución, y debilitados por la pérdida de muchos individuos, tomaron el partido de mudar de domicilio y de retirarse á los lugares mas solitarios. Los cazadores los buscan principalmente en invierno, porque sus pieles no están perfectamente buenas hasta aquella estación; y cuando después de haberles arruinado la habitación, sucede que cogen muchos de ellos, la sociedad, demasiado reducida, no se vuelve á restablecer, y el corto número de los Castores que escapan de la muerte ó del cautiverio, se desune y anda fugitivo: su instinto, abatido por el temor, no vuelve á elevarse nunca y se sepultan á sí mismos y sus talentos en una madriguera, donde reducidos á la condición de otros animales, pasan una vida tímida: ya no se ocupan sino en las necesidades mas urgentes: no ejercitan mas que sus facultades individuales; y pierden para siempre las cualidades sociales que acabamos de admirar. En efecto, por mas incomprensibles y extrañas que acaso parezcan las cosas que hemos espuesto, en orden á la sociedad y los trabajos de nuestros Castores, nos atrevemos á decir que no se puede dudar de su realidad. Todas las relaciones hechas en diferentes tiempos, y por gran número de testigos oculares, convienen en los mismos hechos que hemos referido, y si nuestra relación difiere de la de algunos de ellos, solo es en los puntos en que nos ha parecido que abultan lo maravilloso, y se desvian de la verdad, a veces contra toda verosimilitud; pues no contentos con atribuir á los Castores costumbres sociales y talentos sobresalientes para la arquitectura, han asegurado que no se les podían negar ideas generales de policía y de gobierno: que formada una vez su sociedad sabían reducir á la esclavitud á los viajeros y á los extranjeros: que se servían de ellos para portear la tierra y la madera: que trataban del mismo modo á los perezosos de entre ellos, que no querían á los viejos que no podian trabajar, tendiéndolos boca arriba y haciéndolos servir de carreta para transportar sus materiales: que estos republicanos nunca se juntaban sino en número impar, á fin que siempre hubiese pluralidad en sus consejos: que toda la sociedad tenia un presidente: que en cada tribu había un intendente: que tenian centinelas establecidas para la defensa pública, que viéndose perseguidos, nunca dejaban de cortarse los testículos para satisfacer la codicia de los cazadores: que mutilados de este modo se les presentaban para moverlos á compasión, etc. Cuanto mas distantes estamos de creer estas fábulas, y de admitir estas exageraciones, tanto menos podemos negarnos á dar crédito á unos hechos tan autorizados, confirmados, y moralmente muy ciertos. Mil veces se han visto, destruidas y trastornadas sus obras, y han sido medidas, dibujadas y grabadas: en fin lo que no deja duda alguna, y hace mas fuerza que todos los testimonios precedentes, es que los tenemos aun recientes y actuales, que subsisten algunas de estas obras singulares, y que sin embargo de no ser tan comunes como en los primeros tiempos del descubrimiento de la América septentrional, subsisten aun en bastante número, para que todos los misioneros y los viajeros, aun los mas recientes, que se han internado en las tierras del Norte, aseguren haberlas encontrado.

Todos convienen en que además de los Castores, que viven en sociedad, se encuentran por todas partes, en el mismo clima, otros Castores solitarios, los cuales arrojados de la sociedad, según dicen, por sus defectos, no participan de ninguna de sus ventajas, ni tienen casa ni almacén, y moran como el Tejón, en un agujero debajo de tierra. A estos Castores solitarios se ha dado él nombre de Castores terrestres, y es fácil distinguirlos de los otros, pues su piel está sucia y tienen el pelo gastado por el lomo por la frotación con la tierra: habitan con preferencia como los demás Castores, á orilla del agua, donde también suelen abrir un foso de algunos pies de hondo para formar un pequeño estanque que llegue hasta la boca de su madriguera, la cual se extiende á veces á mas de 100 pies de longitud, y va siempre elevándose, para tener la facilidad de retirase á lo alto, según van subiendo las aguas en tiempo de inundaciones; pero también se encuentran algunos de estos Castores solitarios que habitan en las tierras, bastante lejos del agua. Todos nuestros Bibaros de Europa son Castores terrestres y solitarios, cuya piel es mucho menos hermosa que la de los Castores que viven en sociedad. Todos se distinguen por el color, según el clima en que habitan: en las regiones mas internas del Norte son todos negros, y estos son los mas bellos: entre estos Castores negros se encuentran á veces algunos del todo blancos, ó blancos con manchas pardas y mezclados de rojo en el

 

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