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Mamiferos. Orden Quinto: Roedores. Roedores Hervíboros o Acledianos. Familia de Liebres. Género Liebre. 424

cabo de los cuales se separan y buscan por sí mismos su alimento. No so alejan mucho unos de otros, ni del paraje en que nacieron; viven solitarios, y tienen cada uno su cama á corta distancia, como de sesenta ú ochenta pasos, por lo cual, cuando se encuentra un lebrato en un paraje es casi seguro hallar otro ú otros dos en las cercanías. Estos animales salen á pacer de noche mas bien que de dia: se sustentan de yerbas, raíces, hojas, frutos y semillas, y prefieren las plantas cuya savia es láctea. En el invierno roen también las cortezas de los árboles, á escepcion del álamo y el tilo. Algunos crian Liebres en sus casas y las mantienen con lechugas y legumbres; pero su carne es siempre de mal sabor.

Las Liebres duermen ó descansan en sus camas por el dia, y no viven sino de noche. Con la claridad de la luna se las ve jugar, saltar y correr unas tras otras; pero el menor ruido basta para turbarlas y hacerlas huir cada una por su lado.

Duermen mucho y con los ojos abiertos; carecen de pestañas, y su vista parece defectuosa; pero en cambio tienen el oído muy perspicaz y mueven sus orejas qué son de un tamaño desmedido, relativamente al de su cuerpo, con suma ligereza: sirviéndose de ellas como de un timón para dirigirse en su carrera, la cual es tan rápida, que adelantan con facilidad á todos los demás animales. Como sus extremidades anteriores son mucho mas cortas que las posteriores, les es mas cómodo correr hacia arriba que hacia abajo; por lo cual, cuando se ven perseguidas, empiezan siempre por enea minarse á parajes elevado. Su movimiento en la carrera es una especie de galope, una serie de saltos muy prontos y apresurados; caminan sin hacer ningún ruido, porque tienen los pies cubiertos y guarnecidos de pelo hasta por la parte inferior.

No viven las Liebres sino siete ú ocho años cuando mas, y la duración de su vida es, como en los demás animales, proporcionada al desarrollo total del cuerpo, de suerte que, adquiriendo todo su incremento en el espacio de un año vienen á vivir cerca de siete veces un año. Algunos pretenden que los machos viven mas que las hembras, pero esta observación no parece fundada. Las Liebres pasan su vida en soledad y en silencio, sin oírselas el metal de la voz sino Cuándo se las coge con fuerza, y cuando sé las hiere ó atormenta. No son tan salvajes como podría esperarse de sus hábitos y costumbres, antes por el contrario, son mansas y capaces de recibir cierta educación. Se las amansa fácilmente, y aun llegan á ser cariñosas, aunque nunca cobran tanto afecto que puedan Hogar á ser animales domésticos; pues aun las que se cogen pequeñas y se crían en las casas, cuando hallan la ocasión recobran su libertad y huyen al campo.

En general, la Liebre no carece de instinto para su propia conservación, ni de sagacidad para libertarse de sus enemigos: en invierno forma su cama en parajes espuestos al Mediodía, y en verano al Norte; y para no ser vista, se oculta entre terrones del color de su pelo. «Yo he visto, dice du Fouilloux, una Liebre tan astuta que, apenas oia el sonido dé la trompa de caza, dejaba su cama y se iba á un estanque á nadar, aunque estuviese á un cuarto de legua de distancia, escondiéndose en unos juncales, sin qué los Perros la hubiesen perseguido: también he visto correr una Liebre por espacio de dos horas seguida de los Perros, y después de hacerles perder la pista, volverse á la cama en que estaba; otras que atravesaban dos otros estanques, de los cuales el menor teniá ochenta pasos de largo: algunas que, después de perseguidas por espacio de dos horas, entraban por debajo de la puerta de un establo y se escondían entre las Ovejas, ó se metían entre un hato de ellas que pasase por el campo, sin querer salir, etc.; pero estos son sin duda los mayores esfuerzos de su instinto, pues sus ardides ordinarios son menos finos y delicados, contentándose, cuando se ven perseguidas, con huir velozmente y dar vueltas y revueltas por los mismos pasos, sin dirigir su carrera contra el viento sino al lado opuesto. En general, todas las Liebres nacidas en el paraje de donde se las echa, apenas se apartan de él; y si se las da caza dos días consecutivos, vuelven al siguiente á las mismas vueltas y revueltas que dieron la víspera. Cuando una Liebre corre en línea recta y se aparta mucho del paraje de donde fue echada, es prueba de que era forastera, y solo estaba allí de paso; pues sucede que en los meses de enero, febrero y marzo (época mas fuerte del celo) que algunos machos, faltos de hembras en sus paises nativos, caminan muchas leguas á buscarlas, y se mantienen en su compañía; pero luego qué son perseguidos por los Perros, huyen á su propio país, y no vuelven. Las hembras no dejan nunca su domicilio: son mayores que los machos, y sin embargo mas tímidas y de menos agilidad y fuerza, pues no esperan tanto como ellos á que los Perros se acerquen á sus camas, y se valen de muchos mas ardides y rodeos. También son mas delicadas é impresionables, temen el agua y el rocío, al paso que entre los machos, hay muchos llamados Liebres mezquinas, que buscan las aguas y esperan á los Perros en los estanques, pantanos y parajes cenagosos. La carne de estas Liebres mezquinas es de muy mal sabor, y en general, la de todas las Liebres que habitan en las vegas ó en los valles es insípida y blanquecina, en vez de que los lebratos, y aun las Liebres criadas en terrenos altos, ó en colinas en que abundan el serpol, el tomillo y otras yerbas finas, son de un gusto escelente; la carne de las hembras es siempre mas delicada que la de los machos.

La naturaleza del terreno influye en estos animales como en todos los demás. Las Liebres de montaña son mayores, mas robustas y de diferente color que las que viven en las llanuras; aquellas son mas blancas en el vientre, y mas pardas en lo restante del cuerpo que las segundas, que son rojizas. En las montañas elevadas y en los paises septentrionales se vuelven todas blancas en el invierno, y recobran en el verano su color ordinario, y solo se ven algunas que permanecen siempre blancas, acaso las mas viejas, puesto que todas con corta diferencia adquieren este color en la vejez. Las Liebres de los paises cálidos son mas pequeñas que las de los septentrionales; y también, según Aristóteles, eran mas pequeñas en Egipto que en Grecia.

Hállanse estos animales esparcidos en todos los climas; abundan muchos en Suecia, Dinamarca, España, Polonia, Moscovia, Francia, Inglaterra, Alemania, Berbería, Egipto é islas del Archipiélago, señaladamente en Dolos, actualmente Milis, que fue llamado Lagia por los antiguos griegos á causa del gran número de, Liebres que allí había. Finalmente las hay también en Laponia, donde son blancas diez meses del año, y no recobran su color rojizo sino en los dos meses en que hace mas calor. De lo dicho se deduce que para las Liebres todos los climas son casi igúales; sin embargo, se observa que hay menos Liebres en el Oriento que en Europa, y pocas ó acaso ninguna en la América meridional, no obstante haberlas en Virginia, en Canadá y hasta en las tierras mas contiguas, á la bahía de Hudson y al estrecho de Magallanes; pero estas Liebres de la América septentrional son quizá de especio diferente de las nuestras , pues los viajeros aseguran que no soló son mucho mayores, sino que su carne es blanca y de distinto gusto, añadiendo también que el pelo de las del Norte de América nunca se las cae, y que hacen de él escelentes forros. En los países en que el calor es excesivo, como en el Soriega en Cambia y en Guinea, y sobre

 

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