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Techumbres y Artesonados Españoles. Jose F. Rafols. Barcelona. 1929.


ÍNDICE

Bibliografía

I. Noticia histórica

II. Clasificación estructural

III. Composición y decorado

IV. Techumbres de estructura plana con vigas vistas.

V. Techumbres de pares y nudillo, con sus derivados.

VI. Artesonados

Índice alfabético

Ilustraciones

Techumbres y Artesonados

ADVERTENCIA

Las figuras y láminas que ilustran este Manual forman parte del antiguo << Repertori Iconográfic d´Espanya >> actualmente colocado bajo los auspicios del Comité ejecutivo de la Exposición de Barcelona: el autor y los editores se complacen en manifestar su agradecimiento al Presidente de dicho Comité por la autorización concedida, y al Director del mencionado repertorio, don Macario Golferichs, por su valiosa colaboración.

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Noticia histórica

Las estructuras de madera, dispuestas para cubrir recintos, son abundantes en España, y de antiguo han sido usadas para proteger grandes espacios. Las mas sencillas y remotas proceden de la forma de techumbre que sirvió en Roma para cubrir basílicas, y que de Roma se extiende por todo el mundo cristiano. Estaban formadas por el sistema de par (1), tirante (2) y pendolón (3). De estas cubiertas (4) no ha llegado ninguna auténtica hasta nosotros, pero San Isidro ya las cita en su libro de las << Etimologías >> y Prudencio se refiere, en un pasaje suyo, no tan solo a una cubierta simple, sino a algo que sería probablemente como un artesonado (5), cuando habla de la << dorada techumbre >> de la basílica de Santa Eulalia, de Mérida, construida en el siglo IV; se desconocen, pues, estas lejanas obras de los carpinteros españoles. Datan del siglo IX el decorado techo de Madera que ha descubierto recientemente en la mezquita de Córdoba, y de principios del siglo X la cubierta a doble vertiente (con tirantes apoyándose sobre canecillos (6)) de la iglesia basilical leonesa de San Miguel de Escalada.

(1) Cada uno de los maderos inclinados de una armadura.
(2) Madero horizontal que evita el desplome de los muros.
(3) Madero de aradura en situación vertical que va desde el vértice superior al tirante.
(4) Parte exterior de la techumbre de un edificio.
(5) Techo adornado de artesones. (6) Ménsula de piedra o de madera situada debajo de una viga

La construcción de iglesia con cubierta de madera se desarrolló abundantemente en Cataluña a lo largo del mismo siglo X, coexistiendo con la construcción de iglesias Abovedadas. Las influencias recibidas en el arte románico catalán proceden en su primer periodo de bizantinismo (siglos IV a VI) del Oriente, desde donde extendidas hacia el Asia menor, habían pasado después a Rávena y al norte de Italia y allí a Cataluña. Por esto, habiéndose servido en la basílica bizantina de la cubierta de madera, se usó también el maderamen para proteger de la intemperie la primitiva iglesia de San Benito de Bages, en la provincia de Gerona. Cubiertas de madera tienen también las iglesias pirenaicas de San Vicente de Estemaríu, en un valle de la cuenca del Ter, y de San Pedro de Brugal, en el valle de Aneu.

Asimismo en los Pirineos catalanes, la basílica triabsidial de San Clemente de Tahull (siglo XII) está protegida en sus tres naves por una cubierta a dos vertientes. El esquema que reproducimos de la obra de los señores Puig y Cadafalch, Goda y Falguera L´Arquitectura Románica a Catalunya (fig. 1) indica claramente la forma de trabazón de su rústico sistema. No está formada la cubierta de Tahull por pares con tirante sostenido en su punto medio por un pendolón, ni tiene nada que ver con la indeformable armadura triangulada usada modernamente; es tan solo una superposición de piezas que denota un manifiesto barbarismo constructivo. Una viga va de muro a muro en la nave central; en medio de ella se levanta un pie derecho que sostiene el caballete desde el cual parten vigas inclinadas hacia las paredes; como prolongación de aquellas, otras vigas soportan la cubierta de las naves laterales.

Los ciborios que en los siglos XII a XV cubrían los altares catalanes, dieron origen a motivos ornamentales Utilizables en las techumbres, y así lo comprueba la semejanza en cuanto a estilo que hay entre los adornos del cimborio colocado preferentemente en el Museo de Vich y los adornos de los techos de la iglesia de la Sangre, de Alcover, y de la sacristía de la catedral de Tarragona.

Las iglesias del tipo románico levantino construidas a raíz de la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón, tenían también techumbres de madera policromada con temas de origen sarraceno, según detallaremos mas adelante.

Muy simples estructuralmente son las techumbres planas catalanas que abundan en salas de castillos y de nobles mansiones, o sostienen, en algún caso, el coro de una iglesia. Están formadas por un emparrillado de vigas y largueros, y sobre estos se extiende la tablazón. Descansan las vigas en los muros, ya empotradas en ellos, ya apoyándose sobre cartelas (1), siempre en la superficie de la estancia a cubrir sea de pequeñas dimensiones. En otro caso, dividíase el espacio en partes iguales por medio de jácenas (2) que sirvieran de sostén a las vigas, haciéndolo las de los espacios terminales sobre una jácena y el muro.

No es otra cosa sino el doblamiento de un techo plano la estructura de la cubierta a doble vertiente, adoptada en el arte románico, pero que en la arquitectura gótica tuvo un uso mas frecuente. Abundan estas cubiertas en Cataluña, Valencia, Murcia, Extremadura y Galicia. Datan de los siglos XIV a XVI y se componen de vigas apoyadas Sobre arcos de piedra, sobre las cuales descansan largueros o parecillos, formando un encasetonado. Como los arcos establecen la trabazón de los muros, no son necesarios los tirantes, y solo en algunos casos una tirantilla, colocada muy alta, evita el empuje y da un pequeño techo plano en la parte central, originándose el comienzo de los techos de pares y nudillo que mas adelante describiremos.


(1) Repisa; ménsula a modo de modillón de mas altura que vuelo.
(2) Gran madero sobre el cual se apoyan las vigas de una techumbre.

Distintivo general de la ornamentación de techos y armaduras (1) de la época gótica, es la profusión de motivos y la brillantez en el color, Zapatas (2), vigas, jaácenas, largueros y plafones se llenan de estrellas, florones, escudos y figuras en donde el azul, el rojo, el dorado, el blanco y el negro están bellamente armonizados. Domina la gama brillante en los techos de los siglos XIII y XIV; se apaga algo en los del siglo XV, pero esto no se puede decir de un modo absoluto.

Como en el norte de la Península los cristianos, en el Sur los moriscos se sirvieron de las cubiertas de madera, durante su largo dominio en tierra española. Y con ello se da origen a dos corrientes: una, partiendo del Norte, que es la de los techos planos y de las cubiertas simples a doble vertiente (a las cuales ya aludimos anteriormente), y otra corriente, derivada del arte mahometano, que usa dibujos de lacería (3) en cubiertas de perímetro interior trapecial, apropiadas para proteger grandes espacios y cuya última evolución será la cúpula.


(1) La combinación de maderas que sostienen la cubierta de un edificio.
(2) Ábaco de gran desarrollo que está encima de un capitel y sobresale por dos lados opuestos.
(3) Conjunto de lazos o sea adornos de líneas entrecruzadas.

Cuando los árabes invadieron España, gran parte de la grey cristiana, que para seguir gozando de sus propiedades se sometió al Imperio islamista (si bien conservando, en general, su religión ), llegó a asimilarse de tal suerte el orden político y social de los invasores, que adoptó en gran parte sus trajes, costumbres e idioma, hasta el punto que sus sacerdotes tuvieron necesidad de traducir al árabe las Sagradas Escrituras y los textos litúrgicos para que todos los fieles lo entendiera. Estos cristianos sometidos o << mozárabes >> adoptaron insensiblemente la arquitectura sarracena, y al dispersarse por España, huyendo de las persecuciones de los califas cordobeses, fueron los propagadores de los métodos de construcción de techos, usados por los árabes. Nace entonces el arte morisco, que es la influencia del arte árabe en tierras cristianas, y, por fin, con la reconquista de Toledo por el Cid, en 1085, el domino cristiano se ejerce por primera vez en un medio musulmán culto, y se origina el arte de los árabes sometidos a los cristianos.

Aprovechóse de la riqueza ornamental aportada por los mudéjares el arte gótico, y por esto hay muchos monumentos que siendo en su aspecto arquitectónico completamente góticos tiene techumbres de temas y de inspiración mahometanos. Al arte gótico, fusionado decorativamente con el mudéjar, siguió el arte renacentista que, adoptado los grutescos italianos, logró desplazar un poco el ornamento mudéjar. Mas las formas y las estructuras de origen sarraceno estaban ya tan extendidas en España que, aun dentro del Renacimiento, siguen viéndose en los artesonados característicos del nuevo estilo. Si bien descansando sobre un arquitrabe (1), un friso (2) y una cornisa (3), la composición estructural de los artesonados de este tiempo era con frecuencia moruna.

Posteriormente las techumbres de madera han sido poco usadas, habiéndose substituido por trabajos en yeso, no obstante, algunos magnates, deseando prolongar la tradición, han decorado con ellas sus viviendas. Entre los mas bellos ejemplos de imitaciones modernas de las viejas techumbres, deben ser recordadas las del palacio de los señores Sánchez Dalp, en Sevilla.


(1) Parte inferior del cornisamiento, la cual descansa inmediatamente sobre el capitel de la columna.
(2) parte del cornisamiento que media entre el arquitrabe y la cornisa, donde suelen ponerse follajes y otros adornos.
(3) Cuerpo voladizo con molduras que sirve de remate a otro.

Clasificación estructural

Al intentar una clasificación de los techos españoles, es mejor basarse en la estructura que basarse en el estilo. Las características de estilo son con frecuencia confundibles en muchos de estos techos. En el aspecto ornamental o decorativo vemos a menudo la penetración del arte gótico con los entrelazados de origen sarraceno en la misma techumbre, y aun la extraña fusión de los clásicos motivos del Renacimiento con formas distributivas que caracterizan el arte mudéjar. Por esto decimos que una división fundada en los estilos es muy difícil de puntualizar. La clasificación estructural, en cambio, es mas a fin a la clasificación estilística de los que a primera vista pudiera parecer. Marchan las dos corrientes estructurales - la plana y la de sección trapecial- avanzando, una de Norte a Sur, la otra de Sur a Norte; en el Bajo Aragón se dan casos de acertado maridaje de la estructura plana con el decorado policromo, eminentemente mudéjar: tal es el techo de Maluenda , de el cual en su lugar ya hablaremos.

De entre los techos planos los hay que tienen las vigas visibles; en otros, en cambio, están disimuladas en su estructura y en ellos se hicieron descender los plafones hasta cerca del plano inferior de las vigas. Finalmente, incluidos un principio dentro del grupo de techos planos, existen los artesonados propiamente dichos, basados también en la falsa estructura, en la estructura simulada mediante unas traviesas de igual altura que las vigas, y que siendo por éstas divididas dan lugar a las cuadradas artesas (1) que caracterizan muchos techos de pequeñas salas. Respecto a su composición, estos artesonados entran de lleno dentro de las normas del Renacimiento, y se hallan influidos por los techos de Benedetto da Majano y de Michelozzo Michelozzi en el Palacio Viejo florentino, y también por el techo plano de Santa María la Mayor de Roma, obra de Giuliano de San Gallo. Por último se llega, en la carpintería española, a una liberación relativa de las estructuras y las composiciones mudéjares para adoptar, con gran retraso, los ricos y afinados moldurajes que se habían originado en la dulce Toscana.

Los techos cuyas sección tiene, en su perímetro interior, la forma de trapecio, son conocidos bajo el nombre de techos de pares y nudillo, porque sus armaduras están compuestas por dos maderos tornapuntados, que se llaman << pares >> o << alfardas >> (y forman el armazón de los faldones), interceptados a los dos tercios de su altura por las piezas horizontales que reciben el nombre de << nudillos >> y sostienen el << harneruelo >> o paño (2) horizontal de esta Clase de techumbres.


(1) Cada uno de los adornos cuadrados o poligonales, por lo común con molduras y un florón en el centro, que hay en techos o bóvedas. (2) Cada uno de los diferentes planos que forman un techo de pares y nudillo.

En el último se apoya el testero inclinado que forma como un gran artesón si el techo es de planta rectangular, o los tres paños ochavados si el techo es de planta achaflanada. El conjunto de estas superficies planas rebatidas sobre el harneruelo está representado en la figura 2 para el primer caso, y en la figura 3 para el segundo. La construcción entera se apoya sobre los muros por intermedio del estribado (1), marco de grandes vigas reforzado por tirantes; si el techo está terminado por un semioctógono, forma parte del estribado cuatro piezas llamadas cuadrantes que sirven de apoyo a los paños, rellenándose el espacio triangular resultante con pechinas (2) o trompas (3) de madera,


(1) Conjunto de maderos horizontales en que se apoyan los pares de las armaduras.
(2) Cada uno de los cuatro triángulos curvilíneos que forma el anillo de la cúpula con los arcos torales.
(3) Bóveda voladiza fuera del paramento del muro.

Lo característico de esta dispuesta la << lima >> o intersección inclinada de las caras, en ellos, en vez de una sola pieza en el ángulo formado por dos paños hay dos piezas, una en el plano de cada paño. Esta disposición les permite la independencia de cada uno, no teniendo mas apoyo que el estribado y el último nudillo del harneruelo, y además facilita que los faldones (1) se puedan prolongar por encima de los paños del testero, formándose una cubierta que, afectando por debajo la forma artesonada, vierta por encima a dos aguas. Añadamos como dato interesante que, en general, en estos techos no hay ensambladuras, estando casi todas las piezas elevadas unas con otras.

El techo de pares y nudillo pudiéramos considerarlo como una gran artesa y llamarlo artesonado, pero lo común suele darse este nombre a un techo de madera que tiene una red de profundas artesas. En estos artesonados, el fondo de la artesa es el << almizate >> y el borde o parte mas saliente es el << almarvate >>; entre uno y otro se desarrollan las superficies mas o menos adornadas que se llaman << descendidas >>.

Clasificadas las techumbres españolas a base de estructuras, cabría para ellas una subclasificación geográfica. Dentro de cada grupo, que responde en lo esencial a una forma constructiva, pueden distinguirse tres subgrupos, comprendiéndose en el primero las techumbres del antiguo Reino aragonés (o sea de Cataluña, Aragón, Valencia y Mallorca), en el segundo las techumbres del centro de la Península (o sea de Castilla), conjuntamente Con alguna de León y de Extremadura), y en el tercero las techumbres andaluzas. La misma subdivisión se puede hacer para los artesonados.


(1) Porción inclinada (plana o con artesones) sostenida por los pares de las armaduras de cubierta.

Siendo Cataluña la parte de la Península donde la influencia árabe menos se notó, la ponemos en primer lugar en cuanto al orden de descripción de los techos planos. En Cataluña es donde aparecen mas manifiestas las características propias, sin la influencia avasalladora del arte mahometano que dominó soberanamente en el centro de España – en Toledo sobre todo – y, emanando de Córdoba, en toda Andalucía. Aun dentro del Reino Aragonés, la decoración de estilo mudéjar se dejó sentir mucho, y en algunas techumbres que hay en el Bajo Aragón – entre ellas las de Maluenda, ya citada, y la de Teruel – el influjo es importantísimo.

Partiendo de todo lo antedicho, dividimos las techumbres españolas en: 1º techumbres de estructura plana con vigas vistas; 2º techumbres de pares y nudillos, y sus derivados cupulares; y 3 º artesonados, con las techumbres planas de vigas ocultas consideradas como artesonados cuya profundidad se haya anulado.

Tomando esta clasificación como base, indicaremos ahora las obras principales de que nos vamos a ocupar, notables todas ellas en un aspecto u otro.

Techumbres de estructura plana, con vigas vistas

EN EL REINO DE ARAGÓN

Castillo de Santa Coloma de Queralt. Castillo de Peratallada. Castillo de Vulpellach. Castillo de Vilasar. Casa del Marqués de Llió, en Barcelona. Iglesia de la Sangre, de Alcover. Sacristía de la catedral de Tarragona. Casa de la Ciudad, de Vich. Rectoría de La Floresta.

EN EL CENTRO DE LA PENÍNSULA

Claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos. Sala de recepción del Palacio del Infantado de Guadalajara. Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe.

EN ANDALUCÍA

Casa del Duque de Alba, en Sevilla. Casa de Pilatos, en Sevilla. Casa Pinelos, en Sevilla. Casa Olea, en Sevilla.

Techumbres de estructura angular

EN EL REINO DE ARAGÓN

Dormitorio de los novicios, en Poblet. Iglesia de San Miguel, de Montblanch. Santuario de Paret- Delgada. Hospital Viejo de Vich. Castillo de Peratallada. Castillo de Perelada. Capilla de Santa Agueda, en Barcelona. Casa- Ayuntamiento de Puigcerdá. Iglesia de San Miguel, en Barluenga.

Techumbres de pares y nudillo

EN EL REINO DE ARAGÓN

Catedral de Teruel.

EN EL CENTRO DE LA PENÍNSULA

Iglesia de San Juan de la Penitencia, en Toledo. Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.

EN ANDALUCÍA

Convento de Santa Clara, en Sevilla. Iglesia del Convento de San Clemente, en Sevilla. Convento se Santa Isabel, en Granada; y otras en pequeñas iglesias.

Cubiertas de estructura cupular

EN EL REINO DE ARAGÓN

Capilla de San Miguel, en la Seo de Zaragoza.

EN EL CENTRO DE LA PENÍNSULA

Salón de Cazadores del Palacio del Infantado, en Guadalajara.

EN ANDALUCÍA

Salón de Embajadores del Alcázar de Sevilla.

Artesonados.

EN EL REINO DE ARAGÓN.

Castillo de la Aljafería, en Zaragoza. Salón de Cortes de Audiencia de Valencia. Salón Nuevo del Palacio de la Generalidad en Barcelona. Palacio de los Virreyes de Cataluña, actualmente Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona. Consulado de Mar, en Palma de Mallorca. Real Maestranza, en Zaragoza.

EN EL CENTRO DE LA PENÍNSULA.

Salón de linajes del Palacio del Infantado, de Guadalajara. Sala capitular de la catedral de Toledo, patio del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.

III
Composición y decorado

Vistas ya las diversas estructuras de los techos españoles, resta todavía recordar los artistas que ejecutaron estos techos y los motivos de ornato con que aquellos los decoraban, explicando lo cual, podremos ya pasar a describir los ejemplares mas importantes o mas característicos de cada uno de los grupos indicados.

Extendiendo de antiguo una tradición bien acreditada para construir techos, entre los alarifes españoles, uno de ellos, muy hábil e inteligente, llamado Diego López de Arenas (natural de Marchena y residente en Sevilla) << reduce a práctica todo lo que ha aprendido y ha advertido >> en el trato con sus compañeros y en el estudio de las obras que habían realizado los alarifes precursores, y publica su libro titulado << Breve compendio de la Carpintería de lo blanco y Tratado de Alarifes >>, el año 1633. Proceden a la obra de Diego López de Arenas abundantes rimados ditirambos, tan exaltados, por ejemplo, como éste de Juan Bautista, maestro carpintero:

<< Tan ciertas reglas nos das,
Que juzgo, Diego de Arenas
Que no hay quien las dé tan buenas
Con la regla y el compás.
Y tan adelante estás
En todo lo que divides,
Y en lo que trazas y mides
Das muestras, que eres tan diestro,
Que pudieras ser Maestro
De Archimedes y de Euclides.>>

Diego López de Arenas – que ha dejado un ejemplo magnífico en la iglesia del convento de Santa Paula de Sevilla – Influye en muchos carpinteros andaluces, tardíos descendientes de esta abundante pléyade de alarifes, que han sido objeto de discretos estudios por parte de don José Gestoso y Pérez en su << Diccionario de los artífices sevillanos >>, y de don Rafael Ramírez de Arellano en sus investigaciones sobre los artistas cordobeses.

Los techos de influencia musulmana del sur y del centro de España eran proyectados unas veces por los arquitectos de los edificios y realizados por los carpinteros; otras veces, proyectados y ejecutados por los propios carpinteros, y en todo caso estos cuidaban también de la parte de talla, pues para el árabe y sus secuaces la carpintería y la ebanistería eran una sola cosa. Un ejemplo de lo último lo tenemos en el encasetonado de la sala capitular de la catedral de Toledo. El trazado arquitectónico de esta sala se puso en obra, entre 1504 y 1512, bajo las órdenes de Pedro Gumiel y Enrique de Egas, pero el artesonado de la misma fue proyectado y dirigido, en 1511, por Francisco de Lara y Diego López (que no debe confundirse con el autor de << Carpintería de los blanco >>, pues éste vivió en el siglo XVII). Para ser maestro carpintero se exigía el pago de un canon, después de un examen de prueba, consistente en realizar un trabajo del oficio, en presencia de jueces competentes.

Las techumbres planas tiene su composición decorativa basada en la propia estructura tan sencilla que ya hemos descrito; las techumbres de par y nudillo están constituidas decorativamente por lacerías, es decir, por adornos formados por una o varias cintas que, por sus mutuas intersecciones y por sus cambios de dirección, engendran multitud de polígonos, de los cuales uno, que casi siempre es regular, les da el nombre.

El fundamento de las formas de lacería es puramente geométrico y no hay que buscar simbolismo alguno en las combinaciones de estas formas. Siendo el pueblo árabe esencialmente estilista, el arte de la lacería que creó no es mas que una geometría decorativa.

La lacería fue desarrollada en España por artistas que no eran de raza oriental, y no tomó un carácter absolutamente rígido y geométrico, convirtiéndose de arte de componer en ciencia constructiva.

Mientras en los decorados orientales se ven lazos en que las líneas paralelas se convierten en convergentes o divergentes, temas que se unen caprichosamente entre sí y entremezclamientos de lazos con otros adornos ajenos a la lacería, los lazos españoles, en cambio, obedecen en cualquier caso a principios inflexibles, pudiendo ser <> y <>.

Es lazo simple aquel que está formado por temas iguales unidos entre sí. Los centros de los temas son puntos homólogos, es decir, están en la misma situación respecto a los ejes de simetría; de aquí se deduce la repetición obligada de los temas en series lineales formando lo que se llama un sistema reticular, en el cual habrá dos direcciones principales correspondientes a los dos temas más próximos a un tercero. La figura 4 representa una disposición reticular; a partir de un tema cuyo centro es A, el más próximo es B, la línea ABC... será una de las direcciones principales de todas las líneas de temas D, AE, AF... que pasan pro A; la AE, que, después de la AB tiene sus temas más próximos, será la segunda dirección principal, y ambas dibujarán sobre el plano de una serie de paralelogramos ABFE.. esta disposición, tal como en la figura 4 se representa, sería defectuosa; el conjunto no tiene ejes de simetría y las líneas de temas AC, DF aparecerían siempre independientes; por esta razón, en todos los trazados las dos direcciones principales son equivalentes y los paralelogramos se convierten en robos como

En la figura 5, resultando así la composición con dos sistemas de ejes de simetría perpendiculares entre sí, que en la figura se señalan con líneas de trazos. El triángulo isósceles ABC, que se repite en ADC para formar el rombo, sirve de base para el estudio de los trazados con el nombre de << triángulo fundamental >>; el ángulo B oscila entre 60º y 90º, que corresponden al triángulo equilátero y al rectángulo.

Los lazos dobles están compuestos por dos temas diferentes, y a ellos no es aplicable la disposición rombal ordinaria. Los lazos dobles se forman, en realidad, por compenetración de dos pautas diferentes que no pueden tener incompatibilidad entre sí; y son << cuadrangulares >>, si los temas de cada lazo forman una cuadrícula, dispuesta de manera que los de un lazo ocupen el centro de los cuadrados formado por el otro; o << triangulares >>, si uno de los lazos forma una pauta triangular, mientras el otro forma una serie de hexágonos cuyos vértices corresponden al centro de los triángulos.

En Oriente se aplicaba además, frecuentemente, el lazo de cuatro orden – o sea ordenado según dos sistemas de Perpendiculares separados entre sí de 45º -, que presenta los centros de simetría en los centros de figura de los temas, pero como los octógonos estrellados pueden tener una simetría de octavo orden, se tendió a reunir alrededor de ellos otros ocho octógonos bipartidos composicionalmente por la línea radial de los vértices de los ángulos entrantes de la estrella del centro. Luego se enlazaban los elementos fundamentales, y así se originó otra de las formas de disposición de la lacería.

La fantasía de los alarifes mudéjares acertó en muchas combinaciones que dieron una gran variedad en el trazado de los lazos. Este ha sido devotamente estudiado por el << Centro de Estudios Históricos >> de Madrid, mediante el acopio de numerosos datos procedentes de Andalucía, Zaragoza, Valladolid, Segovia, Cuéllar, Toledo, etc.; y el propio << Centro >> ha encomendado el desarrollo de la teoría matemática de la lacería a don Antonio Prieto – autor de un importante tratado sobre tal tema, del cual hemos sacado las indicaciones que preceden -, en colaboración con el señor Chacón Enríquez, como delineante de los trazos.

La lacería se aplicó en la ornamentación mural grabada en estuco, al alicatado o sea al mosaico, cuyas piezas, recortadas a mano en losetas vidriadas de colores, se ajustan de una manera perfecta y dan en su conjunto el aspecto de una superficie continua esmaltada, pero, sobre todo, por los alarifes carpinteros de lo blanco, como hemos explicado.

En carpintería de lo blanco, para el cruce de las piezas de madera que forman el lazo, es necesario que una de ellas aparezca interrumpida por verdadera ensambladura A caja y espiga, o por ensambladura falsa formada por listones clavados sobre un tablero. En ambos casos hay que señalar, sobre las piezas, líneas de corte que formen, con los ejes de las mismas, ángulos que en cada caso deben precisarse.

A principios del siglo XVII apenas se conocían, entre los alarifes, ni los dibujos a escala ni las monteas (1), pues el autor de << Carpintería de los blanco >> habla de ambas cosas como de novedades poco conformes con la tradición seguida en los talleres. Sin embargo, los artífices tenían croquis destinados a recordar la disposición general y el orden de los cruces, y la ejecución se hacía sujetándose a leyes bien definidas.

Siendo la lacería la esencia, tanto composicional como decorativa, de las cubiertas de pares y nudillo, y abundando en España estas cubiertas, se comprende la gran variedad de lazos que adornan varios edificios públicos y casas de familias encumbradas.

Como una regulación de las cubiertas de pares y nudillo hemos dicho que pueden ser consideradas las cúpulas, pero éstas ya no tienen una gran importancia por lo que se refiere a la exactitud científica de la lacería.

Para aplicar el trazado de un techo de pares y nudillo a una superficie cupular, se supone ésta dividida, por meridianos equidistantes, en segmentos lo bastante próximos para poder considerar sin gran error estos segmentos como superficies cilíndricas y, por consiguiente, desarrollables. Los segmentos van adornados con lazos que presentan ejes de simetría meridianos en coincidencia con las líneas medias de los mismos.


(1) Dibujo a tamaño definitivo, para sacar la plantilla.


Hay casos en que el intradós de las techumbres de estructura sarracena está adornado con pequeñas piezas llamadas << estalactitas >>; porque recuerdan los acumulamientos calcáreos de las grutas. Estas estalactitas, conocidas también con el nombre de << racimos de mocárabes >> y que adquieren su desarrollo máximo en lo monumentos andaluces del siglo XIX, son construidas en madera para las techumbres leñosas, y los elementos mas simples y mas corrientes de que están formadas son prismas de sección de triángulo rectángulo, de paralelogramo, de rombo o de rectángulo.

Ya hemos indicado que los proyectistas de las techumbres de los edificios españoles eran unas veces los propios arquitectos, y otras veces carpinteros especializados en tal trabajo. Por lo que toca a su policromía, se puede comprobar, por documentos de contrato que todavía se conservan, que los pintores de imaginería no desdeñaban tomar a su cargo toda clase de obras, lo mismo las de carácter marcadamente artístico, como eran las composiciones de los retablos, que las de carácter mecánico, o sea el dorado y la pintura ornamental de los mismos retablos, el dorado de puertas y de rejas de capilla, y el completo decorado de las techumbres planas y de lacería; en aquel tiempo, los mejores artistas gustaban de ocuparse en quehaceres propios del pintor de brocha gorda.

La decoración polícroma de los techos, así planos como de pares y nudillo está constituida en general por entrelazados geométricos y por flora y fauna estilizadas, pero en ciertos casos hay en ellos también composiciones con figuras humanas. A veces los pintores debieron inspirarse, para las figuras en las composiciones orientales, pero en otras vienen a ser aquellas, ampliaciones de la labor de los miniaturistas. El procedimiento pictórico que usaron fue le temple.

Los techos mas antiguos, tanto del Norte como del Sur, tiene colores muy brillantes y muy variados; después, en Andalucía, se tendió a reducir los colores al negro, al gris al otro, dando a los techos una gama chinesca. Es curioso observar que, en las techumbres planas, generalmente los elementos constructivos que tienen mayor variedad de motivos ornamentales son las pequeñas tablillas inclinadas sobre las caras laterales de las jácenas, entre las testas de cada dos vigas; aún en techos de policromía escasa en los elementos de mayor tamaño (como los plafones y las jácenas), estas tablillas llevan pintada flora y fauna fantásticas o figuras humanas.

Las influencias orientales, tanto como en la estructura, penetran en la decoración de la mayor parte de las cubiertas en la decoración de la mayor parte de las cubiertas y artesonados hispanos. Penetran igualmente todavía en las obras del Renacimiento, y el mismo techo del Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona (Construido en 1534 por el arquitecto catalán Antonio Carbonell), a pesar de estar urdido con motivos en absoluto renacentistas, el sistema de trabazón, el sistema de composición es todavía árabe. Es indudable que la mayoría de obreros que se ocuparon en trabajos de esta clase debieron ser o cristianos sujetos a los moros o moros trabajando para los cristianos, es decir, mozárabes o mudéjares. Unos y otros implantaron en el arte español las características mejor definidas de la sensibilidad y de la técnica sarracena.

Reinando los Reyes Católicos, vinieron a España famosos arquitectos extranjeros que trabajaron según las tradiciones propias de los países de donde eran originarios, mas siempre, al ponerse en contacto con el arte mozárabe, ellos, y mas aun sus hijos dedicados asimismo a trabajos artísticos, o sus discípulos sintieron la influencia mora.

Características del arte hispano- musulmán se ponen de manifiesto en sus obras mas famosas; en el cimborrio de la catedral de Burgos, en la iglesia de San Juan de los Reyes, en Toledo – que es un ejemplar bien definido del gótico isabelino – no deja de sentirse el contagio de los árabes; las estalactitas y los motivos ornamentales de la Alhambra son el mayor encanto de los techos del Palacio del Infantado de Guadalajara. Entre Juan de Colonia y sus dos hijos Diego y Simón (autores del antedicho cimborio de la catedral burgalesa), el cambio es claramente manifiesto; entre el borgoñón Annequin de Egas, que traslada a España el arte de su patria, y el arquitecto áulico de Fernando e Isabel, Enrique de Egas, el hijo de Annequin, que acepta todos los métodos del arte musulmán, hay una marcada diferencia.

Tal como penetra el arte musulmán en las creaciones del gótico español, penetra en las obras del Renacimiento arquitectónico. Diego de Sagredo publicó en 1526 las << Medidas del Romano >>, en las cuales se expresan las normas y los módulos del Renacimiento, y aunque pasara mas de un siglo antes que se escribiera la << Carpintería de lo blanco >>, las tradiciones de la lacería eran tan corrientes entre los alarifes, que sin tener texto que pudiera expresar las reglas de trazado, eran aquellas las que siempre se siguieron para obtener los únicos ornatos que el espíritu español bastardeado era capaz de concebir, incluso para edificios clasicistas.

Presume Pijoán que de haberse concluido el Palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada, los techos << por moro fabricados>> sería a bien seguro los adornos de este bello monumento que alzó Pedro Machuca, el arquitecto mas italiano de cuantos han laborado en España. En todo el siglo XVI persiste el arte mudéjar para techumbres y para artesonados. Si esto se puede ver en Sevilla y en Toledo – los dos centros artísticos mas importantes de la época, - también en Aragón y en Cataluña han quedado ejemplares. Mudéjares son, en realidad, los techos pequeños del monasterio aragonés de Sigena, y mudéjar es – alzándose sobre un friso renacentista italiano – un techo que hay en el Palacio de Jaime II del monasterio catalán de Santa Creus. Resiste el fuerte estilo de los moros españolizados la tiranía arquitectónica de Juan de Herrera y de todos sus secuaces y el churriguerismo desenfrenado de Pedro Ribera; las trazas elegantes y delicadas construidas según los preceptos de López de Arenas, persisten hasta fines del siglo XVIII, con un poder de extraordinaria sugestión.

Techumbres de estructura plana con vigas vistas

En el castillo de Santa Coloma de Queralt (Tarragona) había un techo, de estructura plana, decorado, que consideramos como el mas antiguo de todos los techos de tal forma, entre los varios que hay en Cataluña (lám. 1). Este techo, simple y bello, fue descompuesto y adquirido para la colección Maricel, de Sitges. Data del año 1365. El fondo de su pintura es azul de ultramar, si bien obscurecido por los años. Tanto sus cuatro jácenas como las cajas que se extienden a lo largo de los muros de orientación encontrada, y como las vigas, tiene por único decorado, bandas con las armas de la noble familia Perelló (que dio esposa a Pedro VI de Queralt), las cuales llevan pintadas tres pequeñas peras. Las dimensiones de este techo son 6,10 x 3,80 metros.

Como ejemplar trecentista de techo plano catalán debe ser citado también uno que se conserva, si bien deteriorado, en el castillo de Peratallada, de la provincia de Gerona (lám. II). Don Francisco de Bofarull, en su monografía sobre Gilaberto de Gruilles (señor feudal que fue de dicho castillo), transcribe un << Inventario de los bienes muebles del castillo de Peratallada a últimos del siglo XIV>> (27 de noviembre de 1395, según una nota adicional en el ejemplar que hemos consultado), y en este inventario se habla de una camera nova pintada, que será seguramente la sala en que se conservan los restos de la techumbre polícroma. Esta es la causa de que hayamos considerado esta obra como de fines del siglo XIV, pues el calificativo nova, con que la sala es designada, indica que en 1395 su construcción era reciente. Según el plano del castillo, reproducido en L´Arquitectura Románica a Catalunya, la sala de la techumbre plana es efectivamente nueva, es decir, posterior a la sala románica y a la torre. Mide 9 x 7,30 metros y está dividida en dos partes por un arco cuyo grueso es de 0,55 metros. Los espacios limitados por el arco y los muros quedan partidos, dejando dos amplias artesas para cada mitad de la sala, por cajas de sección trapecial, de igual altura que las vigas. Hay de éstas veinticuatro en una y otra parte del gran arco, y su sección es de 0,20 x 0,10 metros. Se apoyan sobre las vigas tablillas horizontales de 0,30 x 0,18 metros, con sus tapajuntas. Los colores dominantes son el verde para las vigas y el rojo para el fondo de los plafones, que contienen dibujos blancos, negros y amarillos. El arco es ornamentado en negro, rojo y sepia. Son difíciles de apreciar los dibujos de este arco por lo muy deteriorados (lám. III)

Una notable techumbre plana construida en el siglo XV, era la del claustro del antiguo convento de Montesión, de Barcelona, descompuesta en 1833 en que fue derribado el edificio. Hizo una copia de este techo el pintor Agustí Rigalt, gracias al cual hemos podido conocer que en él ya se adoptó para la decoración la figura humana. En los plafones inclinados de la cubierta del claustro de Montesión aparece la dorada roseta de abolengo mozárabe (fig. 6), con aguiluchos de estilizados miembros que la flanquean y se destacan en blanco sobre un fondo obscuro. Idénticos temas adornaban las vigas en blanco fajadas por zonas que llevaban en sus caras laterales flores de lis. En la cara inferior, en el segmento que corresponde a cada zona, había figuras de santos a todo color. Los largueros iban adornados con motivos de la flora ornamental, en verde, blanco y rojo; y estos mismos colores resaltaban en los motivos florales, alternativamente diferentes, del plafón del fondo.

!-- *FIGURA 6 -->

La Casa Lonja de Barcelona, construida a fines del siglo XIV, por Pedro IV de Aragón, tiene un techo plano (apoyado sobre arcos) en su sala de contratación, techo mediocre en cuanto a valor artístico y restaurado en el siglo XVIII, cuando se amplió el edificio. Poca variedad de temas ornamentales ofrecen los techos decorados de la Casa de la Ciudad barcelonesa, coetáneos del de la Lonja.

Parece ser un coro antiguo de la catedral de Tarragona la dependencia de su sacristía, donde se conserva una techumbre plana, bellamente decorada (láms. IV a VIII). En ella, por uno de sus cabos se apoyan las vigas en la Pared y por el otro descansas sobre un arco rebajado. Junto a este arco quedan todavía fragmentos de peldaños que serían seguramente de la escalera que servía para subir al coro, siendo el maderamen de la techumbre el que originaba el piso. El espacio limitado por el arco, el muro paralelo y los dos muros laterales miden 6,82 x 3,95 metros; el grueso del muro sostenido por el arco es de 0,45 metros. Apóyase el arco en sus arranques sobre ménsulas con las figuras esculpidas, alteradas por varias capas de pintura. El entramado del techo está constituido por diez vigas ( de sección = 0,25 x 0,17 metros), sobre las cuales se apoyan largueros dejando plafones de 0,56 x 0,43 metros. Como en otras techumbres análogas, en los espacios que dejan las vigas entre sí, hay, junto a los extremos, grandes cajas limitadas por planos inclinados. Descansan las vigas, en ambos lados, sobre ménsulas de piedra esculturada que representan cabezas humanas. El decorado de esta techumbre está constituido por motivos de flora ornamental alrededor de escudos alternativamente abaciales y con la cruz de Santa Tecla, excepto algunos fragmentos de viga que llevan pintada fauna realista y fantástica, y hasta figuras humanas. En la viga más próxima a uno de los muros mas cortos, hay una inscripción de la cual hemos logrado descifrar estas palabras

BLAEN : TOR : MAESTRE ... E IPOCRAS

De casi iguales dimensiones y de idéntica estructura que el anterior es el techo de la iglesia de la Sangre, de Alcover (Tarragona), que sostiene, como aquel, un coro. Sus motivos decorativos – de un verdadero valor artístico tanto por la fantasía como por la forma y el carácter – son extremadamente varios: flores, pájaros, ángeles, bustos de un rey y una reina aparejados, guerreros y centauros (láms. IX a XII).

Además de los ya mencionados, pertenecientes a edificios públicos, hay en Barcelona techos planos policromos, en mansiones particulares. En la antigua casa del Marqués de Llió, de la calle de Moncada, se conservaron, hasta fines del año 1919, restos de policromía en una rumbosa techumbre de su sala principal. Los motivos ornamentales de sus plafones y vigas eran entrelazados, en su mayoría. En alguna viga habla también ciertos elementos de fauna mas o menos fantástica. Sus colores dominantes eran sepia, bistre y dos tonos azules; para perfiles y retoques, el negro y el blanco; escasamente fue usado allí el carmín. Es lamentable que al ser reformada la antigua vivienda para destinarla a domicilio social del << Ateneo Obrero de Barcelona >> fueran embadurnados, con la pintura general, los escasos fragmentos de policromía que quedaban. Basándonos en éstos, nosotros compusimos la perspectiva de conjunto de la lámina XIII, por encargo del << Repertorio IConográfico >> de la Exposición de Barcelona.

Bien conservada y primorosamente restaurada bajo la dirección de su actual posesor el anticuario don José Dalmaú, es la techumbre de su casa de la calle del Obispo, y se mantiene también en muy buen estado la de la casa llamada dels Canonges (en la calle de la Piedad), hoy ocupada por el Foment de les Arts Decoratives; M ambas en Barcelona. La segunda es un ejemplar de motivo sencillísimo en amarillo claro y tierra siena, con listones fajados alternativamente de blanco y negro (lám. XIV). La sala que esta techumbre cubre es de dimensiones reducidas; 7 metros de largo por 4,60 metros de ancho en la paralela media, pues su planta tiene forma de trapecio.

El patio del Palacio de D. Jaime II, en el Monasterio de Santa Creus, tiene una galería formada por arcadas ojivales y cubierta por un artesonado policromo, sembrado de escudos de Aragón y de Sicilia, de una manera muy equilibrada (lám. XV).

En una de las salas del castillo de Vulpellach, en el Ampurdán, se conserva en una viga adosada a la pared esta inscripción, en caracteres blancos sobre fondo negro:

EGO: SVM: QVI: PECAVI: ET: EGI: INIQVI: OBCECRO: DÑE: NE: AVERTAS: MANVS: TVAS: COTRA: ME: 1533: MIQVEL SARRIERA

La fecha indicada en esta viga puede inducir a conjeturas sobre la época de decoración del castillo ampurdanés y sobre el techo decorado que hay en una pequeña habitación (7,28 x 4,50 metros en planta) de su segundo piso. Este techo está formado por dieciocho vigas de 0,35 x 0,10 metros de sección, encima de las cuales descansan los plafones de 0,30 x 0,30 metros con sus tapajuntas. Decoran las vigas, longitudinalmente, rayas amarillas y encarnadas, y estas rayas quedan interceptadas por faja con ornatos florales alrededor de las armas de la familia Sarriera y de otro escudo con una Torre, como motivos alternantes. Los plafoncitos tienen, centradas, pequeñas estrellas blancas. La tapajuntas se destacan en rojo, con retoques verdes y blancos (láms. XVI y XVII).

Techo plano policromado lo es también uno del castillo de San Ginés de Vilasar, en la costa catalana, castillo propiedad del señor Marqués de Barberá y de la Manresana. El techo de Vilasar, tanto de estructura como de dimensiones es casi igual al de Vulpellach – mide 7 x 4,30 metros- y sus plafones contienen una sencilla circunferencia lobulada inscrita en un octógono. El motivo heráldico dominante, es la campana negra sobre el fondo blanco. Sus colores: negro, carmín y encarnado (lámina XVIII).

En la Casa de la Ciudad de Vich y en la sala llamada << de la Columna >> hay un techo, que data de principios del siglo XV, dividido en dos partes, casi iguales entre sí, mediante una jácena que se apoya, en su punto medio, sobre una pilastra ochavada. Descansan sobre dicha jácena vigas de 0,28 x 0,15 metros, en número de veinte, adornadas con los correspondientes tapajuntas. El color dominante en este techo es el color rojo, como fondo de elementos florales en verde y carmín, retocados con blanco Negro y amarillo. Abunda en él, como motivo heráldico, el escudo de la ciudad de Vich (lám. XIX).

En la casa rectoral de La Floresta (Lérida) se conserva uno de los pocos ejemplares de techo según un tránsito del estilo gótico al estilo renacentista, que hay en Cataluña. Cubre una sala algo irregular (de 5,98 x 4,30 metros como dimensiones medias) con tres jácenas de sección 0.18 x 0,10 metros. Los espacios que el entramado de jácenas y vigas deja libres, fueron ornados con plafones de yeso realzados por francos tonos púrpura y azul, y enriquecidos con dorados. Jácenas y vigas llevan grutescos de influencia italiana, dibujados en negro y con retoques blancos (figs. 7 y 8).

Hasta aquí hemos descrito los techos planos de Cataluña; cúmplenos ahora recordar otros techos planos existentes en otras regiones que formaban parte del Antiguo Reino de Aragón, como son el Aragón estricto, Valencia, y Mallorca.

En Aragón tenemos, ya en el siglo XIII, una bella y abundantemente decorada sala en el castillo de Alcañiz. En esta sala, además de las pinturas de los muros, es históricamente importante el techo plano con motivos ornamentales en color, de factura muy ingenua y muy simple (lám XX).

Desde esta época, el techo plano polícromo se usó en las iglesias y palacios de la región aragonesa, siendo un notable ejemplar, que data del siglo XV, el de plafones lobulados y temas decorativos declaradamente mudéjares que existió en la << Judería >> de Teruel, y ahora emigrado de España. Este techo estaba dividido por dos grandes vigas, e iba ricamente policromado al temple sobre fondo de oro. El edificio de ja << Judería >> había sido en otro tiempo Alcázar real, y por eso figuraban en su ornato los escudos de Aragón, de Sicilia, de Teruel y de la casa de la Luna (lám XXI y fig 9).

En la iglesia de Santa María de Maluenda (Zaragoza) hay una bellísima techumbre que sirve para sostener el coro. Se distingue de las techumbres catalanas que hemos citado por tener sus plafones alargados y lobulados, como en la <>. Su decoración es una maravilla de delicadeza y tiene, marcados sobre fondo negro, los airosos motivos de los plafones alternativamente en azul obscuro y azul claro y en rojo y color de rosa, con retoque en blanco. En las vigas, además de variadísimos motivos florales, hay temas de heráldica, entre otros las armas de los Luna, y en un friso que va bordeando el muro, junto a la techumbre, una inscripción que no hemos podido descifrar. Las dimensiones de este techo son 11,37 x 6,80 metros. En el pueblo, muy mudéjar, de Maluenda, es el techo de Santa María un ejemplar famoso del estilo (láms, XXII y XXIII).

Como dejamos anotado ya en la <>, las iglesias del tipo románico levantino, construidas, a raíz de la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón, en 1238, tenían techumbres de madera policromada y decoración semejante al estilo mudéjar aragonés. A esta serie pertenecía la iglesia del Salvador, de Sagunto, destruida, sin causa justificada, al restaurarse hace pocos años, y la todavía parcialmente conservada en la iglesia de la Sangre, de Liria. Otro resto de artesonado análogo se descubrió en 1912 en una dependencia de la Cofradía de San Jaime (Valencia), obra que debió ser ejecutada a principios del siglo XIV. El techo de la citada iglesia de Liria es de intradós angular y deberemos recordarlo mas adelante.

Un ejemplar característico de techumbre plana, con decorado mudéjar, es el envigado del Palacio del Obispo, en Sagunto; rico de ornamentación, valiente de policromía, con el oro, el azul y el rojo como colores dominantes. Hoy esta techumbre está en un pésimo estado de conservación.<7p>

Aunque abundantemente entallado, por su estructura corresponde al grupo de lo techos planos el de la << sala dorada >> de la antigua Casa Municipal de Valencia, detalladamente estudiado por don Luis Tramoyeres en el <>.

Corresponde su traza a los primeros años del siglo XV, periodo brillantísimo de la cultura valenciana. Construyóse cuando se realizaron obras de ampliación en la Casa de la Ciudad. No consta quien fuera el autor de su proyecto, pero parece que en la traza intervino un tal Juan del Poyo. Desde los primeros momentos dispuso el Consejo que la sala fuera << muy bella y hermosa, según correspondía a la insigne Ciudad de Valencia >>. Los trabajos se realizaron con pasmosa actividad; comenzados en 1418, durante toda el año 1419, y, mientras se alzaba todavía la obra de fábrica, se verificaban ya los dorados, las pinturas y las tallas. Estas últimas estaban casi terminadas en 1426, pues en esta fecha quedó montado el techo, aunque faltaba el dorado y la pintura en una parte del mismo. Ello no obstante, la fama que había adquirido era general en todo el Reino, llegando a conocimiento de don Alfonso V de Aragón, delicado gustador de las empresas de arte y de cultura. El monarca manifestó deseos de ver el famoso envigado, y tuvo lugar la vista regia el día 15 de abril de 1428. Para solemnizarla, obsequiaron los jurados a don Alfonso con una espléndida colación en la nueva sala del Consejo. El rey tomó asiento en un rico sitial, cubierto de hermosos tapices y decorado de rosas y flores de naranjo. Todo el servicio era de plata, y la colación consistió en confites de azúcar alejandrino, aromatizado de jengibre verde, calabazate, almendras dulces, hojaldres de limón, frutas Confitadas, vino griego o malvasía. Perfumóse la sala con benjuí y otras esencias costosas y también se perfumaron con agua almizclada las toallas para el lavamanos. Nos ha parecido interesante transcribir esta anécdota que cuenta Tramoyeres, pues ella puede dar idea de los usos delicados seguidos en la corte del Magnánimo.

Hemos dicho que la traza general de la techumbre se atribuye a Juan del Poyo, maestro de obras de la ciudad, y cuya pericia se había manifestado en distintos trabajos para el municipio y para particulares. Auxiliáronle los imagineros Bartolomé Santalínea, Julián Sancho, los hermanos Juan y Andrés Canón y Domingo Mínguez. Aparte de estos artistas intervinieron también varios pintores, dirigidos, al parecer, por Antonio Guerau, pintor de Alfonso V. (Escasas son las referencias que se tienen acerca de sus obras pictóricas, aunque existen datos que permiten afirmar que fue maestro de muchos de los pintores valencianos que sobresalieron en el reinado del rey Alfonso.)

Son pocas las noticias que se conocen, de fechas posteriores a 1428, respecto a las obras de la sala. Esta quedó sin concluir para atender a otra reforma del mismo edificio.

A pesar de estar entonces desarmado este famoso techo, el señor Tramoyeres y Blasco procedió al estudio del mismo en su aspecto constructivo y técnico, mediante el examen de cada una de las piezas conservadas, pues son pocas y de importancia escasa las que se hallan en falta. El número de ellas es de 670, y todas pueden articularse por medio de ranuras y encajes muy fáciles de acoplar.

La clavazón fue utilizada solo en los casos mas indispensables Y en forma que no perjudicara al elemento decorativo. Montáronse todas esas piezas en el rectángulo de 18 x 7,20 que formaba la sala dorada. Las jácenas apoyaban sus extremos en los muros laterales de la sala, y en los dos testeros estaban adosadas las piezas al parametro pétreo; es bella y variada su escultura, en la cual se combinan, con la figura humana, animales fantásticos y flora estilizada. Toda la decoración está dorada y policromada, según el procedimiento usado por los encarnadores de imágenes, reproduciéndose, con los más pequeños detalles, las ropas y objetos esculpidos. Domina en el fondo un azul muy intenso, con estrellas plateada; en las partes de relieve fue muy utilizado el oro entre el carmín y el verde obscuro, y el negro para definir los contornos.

Los tableros que constituían en conjunto el emplafonado del techo ascienden al número de treinta y nueve. En todos ellos se ven sendas figuras fantásticas; en unos se representa una banda musical del siglo XV, con los más característicos instrumentos, y en otros figuran guerreros en actitud de lucha. La cabeza, el tronco y los brazos de estas figuras son humanos, pero el resto del cuerpo pertenece al estilo de decoración arbitraria predominante en toda la obra. Completan la decoración de tales elementos dos grupos de escudos de Valencia.

Tienen también importancia artística los canes o soportes de las jácenas. De ellos existen dos series. Los de la parte superior, inmediatos a las grandes vigas, representan en talla corpórea profetas de la antigua Ley, cuyos nombres se leen en apergaminados rótulos que ellos mismos sostienen. Pero una de las notas características de Estas piezas es la decoración de los planos laterales verdaderamente labor de orfebre – en donde se combinan figuras varoniles con diversos elementos de flora ornamental. En unos aparece un guerrero luchando con un dragón: en otros aparecen dos atletas que semejan inspirados en el álbum muy conocido del arquitecto francés doscentista Villard d´Honnecourt; etc. Los canes de la serie inferior son de menor tamaño, y vienen a formar como sostén de los antedichos. Domina en su concepción artística un espíritu puramente decorativo, sobreponiéndose a los temas representativos en que interviene la figura humana; aparece ésta pocas veces completa en la serie, pero se ven en ella varías cabezas ( con indumentaria característica de la época) junto con figuras de águila y de otros animales (láminas XIV a XVIII).

Completando esta breve descripción hemos de señalar los temas decorativos que se desarrollan en las molduras. Pueden reducirse a tres grupos; en el correspondiente a los canes mayores se ven figuras infantiles; en el correspondiente a los canes pequeños, fauna fantástica, y en el correspondiente a los tableros del techo, motivos florales.

Al procederse al derribo de la Antigua Casa de la Ciudad, tuvo que ser descompuesto este famoso techo valenciano. Tal vez por ser apreciado su valor, no siguió la suerte de otros artesonados del mismo edificio, destruidos o perdidos para la historia del arte. Depositáronse los elementos en el Palacio Arzobispal, donde permanecieron hasta el año 1917 en que fueron trasladados a los departamentos bajos de la Torre de Serranos, y allí los pueden admirar los arqueólogos y los aficionados.

Los techos de la isla de Mallorca han sido descritos con gran conocimiento y precisión por don Bartolomé Ferrá en el << Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana >> que él fundará. Dice el señor Ferrá que el único techo de carácter árabe conservado en Mallorca es el del ingreso al pabellón frontero de la quinta de Alfabia. Este techo mide 4,91 x 3, 78 metros. Esta atravesado en sentido de su anchura, y centralmente, por una jácena aislada que se apoya sobre canecillos. Un friso de tres fajas recorre el perímetro de la sala, como arranque de los cuatro planos inclinados que se alzan hacia el plafón dividido en artesones. Los artesones que tienen forma exagonal prolongada, llevan remajes en rojo y blanco sobre fondo azul; los artesones que tiene forma octogonal llevan dibujos negros perfilados en blanco sobre fondo de color canela; en los plafones estrellados rectangulares se destaca, en oro, una roseta lobulada y ahuecada. Los listones que constituyen los encintados divisorios, muestran un filete azul entre dos filetes bermellón.

En la casa de don Gabriel Aguirre, de Palma de Mallorca, hay un techo de composición plana y de ornato mudéjar (lám. XXIX), que se parece al techo de Maluenda ya descrito.

Al grupo de techos planos de Palma de Mallorca corresponden también el de la casa Veri – en la sala donde se conservan varios lienzos de Luca Giordano – el que hubo en la antesala de la casa Villalonga (sita en la calle de la Portella), el de una crujía del claustro de Nuestra Señora de la Sapiencia y el de unos entresuelos de un edificio situado enfrente del templo de San Francisco. En éste decoran sus frisos y los planos verticales de sus maderos, diferentes escudos; entre ellos abunda el de Aragón y los de Moncada, Puigdorfila y otros; la minuciosidad de sus elementos coloridos le da un delicado aspecto.

Deben ser mencionados como producto de los últimos tiempos medioevales, en Palma de Mallorca, dos techos de fábrica mixta, es decir, en los entramados de viguetas, los casetones moldeados en yeso y casquetes esféricos estriados, los cuales constituyen su decoración. El primero de ellos existía en la casa Gara (Hoy Cas Gasparó), de la calle de Santa Cilia. Las carreras o vigas empotradas del mismo, se apoyaban sobre modillones (1) que ostentaban en relieve el monograma de Jesús. Derribado que fue este hermoso ejemplar, sus casetones fueron adquiridos por don J. Burgués Zafortesa, quien los conserva almacenados en su quinta de Alfabia, esperando ocasión para aplicarlos.

El otro ejemplar, único que todavía subsiste, puede verse en el piso principal del edificio ocupado por la << caja de Ahorros y Monte de Piedad >> enfrente de Palma el que existía en una pieza adjunta al oratorio de San Eloy – del entresuelo inferior de la Casa de la Ciudad -, ocupada durante largos años por el Archivo general de Mallorca; sus maderas con fajas, a dos tintas, mostraban las armas de don Nuño Sans, seguramente en memoria de haber fundado en aquel mismo sitio el Hospital de San Andrés.


(1) Saliente, con frecuencia en forma de ménsula, con que se adorna por la parte inferior el vuelo de una cornisa, simulando un verdadero sostén.

Por el raro efecto que producen sus fajas blancas onduladas, o en zigzag, o ajedrezadas, sobre fondo negro, con algunos ramos unas veces y otras sin ellos, vale la pena de citar, además, otros dos techos del referido edificio de la Caja de Ahorros, ambos relativamente de escasa antigüedad y probablemente repintados.

En el centro de la península ibérica hay también algunos techos planos, notables en ciertos casos pos su policromía, tanto como los mas bellos de Cataluña, Aragón y Mallorca.

Data de comienzos del siglo XV el que cubre el claustro del monasterio de Silos, al sudeste de Burgos. Fundó este monasterio Santo Domingo, que, al verse perseguido en su país, se refugió en el acorte castellana burgalesa. El claustro de Silos fue construido siendo prior del monasterio el Santo fundador, lo cual aconteció desde 1047 hasta 1073; pero el techo actual ya no es el primitivo, sino un techo posterior, de la época gótica, aunque repita los motivos arcaicos ornamentales del monasterio. En la decoración del techo de Silos figuran varias escenas tomadas de la Sagrada Escritura, junto con escenas de la vida civil de la época en que aquel se construyó, y algunos temas de tauromaquia (lám. XXX). Los colores dominantes son el rojo, el azul, el amarillo y el verde. Hay en él estrellas policromadas- que recuerdan las del techo de la sacristía de la catedral tarraconense – ocupando el centro de los plafones; tienen éstos alternativamente el verde y el rojo como colores de fondo. Siempre van adornados con cintas de lóbulos negros, con puntitos en el centro, destacándose sobre su fondo blanco. Las vigas aparecen ornamentadas solamente con motivos geométricos.

Entre otros sumamente complicados, resalta por la sencillez de su estructura el del recibimiento del Palacio del Infantado, de Guadalajara. Este palacio, que es una de las mejores residencias señoriales que existen en España, se terminó el año 1492, según reza una inscripción que tiene en su patio. Dirigiólo el arquitecto flamenco Jan Was (Conocido en España por Juan Guas), que construyó la iglesia de San Juan de los Reyes, de Toledo, inspirándose en el mas florido estilo gótico. El palacio de Guadalajara es una combinación de Renacimiento, gótico y mudéjar. Fue erigido por la familia Mendoza a la cual pertenecía el cardenal Pedro de Mendoza, confesor de los Reyes Católicos. El techo de este palacio al cual nos referimos ahora, el techo del recibimiento, aparece decorado en rojo, negro y bistre; además – como acabamos de indicar – se admiran en el mismo edificio techos de importancia pero de muy diferente estructura.

En el monasterio de Santa María de la Sigla, que está situado a poca distancia de Toledo, hay un techo de madera que data del siglo XVI, época en que la comunidad de aquel convento estaba en apogeo, y recibía con frecuencia visitas del rey Felipe II. En él, las jácenas se apoyan sobre labradas cartelas, terminadas por un filete en forma de bordón; contornean el recuadro dos hiladas de ménsulas, después de lo cual viene los listones, y, encima, el emplafonado. El destalle mas característico de este techo es el doble piso de ménsuales. Como otras techumbres de monasterios centro- peninsulares, solo está barnizado.

En Sevilla existen techos de estructura plana en la casa del Duque de Alba, en la casa llamada de Pilatos, en la casa Pinelos y en la casa Olea.

La casa de las Dueñas es uno de los más ricos palacios de Sevilla y una de las mejores obras andaluzas de arquitectura mudéjar. Fue alzada por la familia Pineda, y actualmente figura entre las numerosas posesiones del Duque de Alba. En ella se puede ver un techo plano del siglo XV, formando por plafones alternativamente verdes y rojos con los motivos ornamentales en amarillo. El friso es de un tono claro neutral y presenta temas heráldicos. El friso es de un tono claro neutral y presenta temas heráldicos. Además aparece a los largo de la sala una banda de yesería, este elemento ornamental tan característico de las moradas sevillanas, que en el periodo morisco era policromado, pero que en el siglo XVI dejó de serlo. Las vigas de este techo se apoyan sobre floreadas cartelas.

Otro techo del grupo estructural que describimos, hemos dicho que está en la Casa de Pilatos, o sea en palacio alzado en el siglo XVI por la noble familia de los Ribera. Proviene su nombre, de que habiendo estado en Jerusalén uno de los Ribera, quiso edificarse en Sevilla una casa a manera de réplica de aquella de Poncio Pilatos. En 1570, Per Afán de Ribera, virrey de Nápoles, incorporó elementos renacentistas a este palacio, y a ello es debido que este constituido por elementos mudéjares y del Renacimiento. El techo plano que hay en él y al cual nos referimos, es muy fino de color. Tiene las jácenas y el friso decorados en sepia como tono dominante, con motivos amarillos que los siembran de claros floreros; las vigas son en sepia y gris; los largueros en gris y blanco amarillento. En este techo aparecen dos series de losanges: una en azul, y la otra en tierra-siena, con rosetas doradas en los extremos.

El palacio sevillano que está situado en el número 6 de la calle de los Abades fue construido a principios del siglo XVI por la familia Pinelos, ricos banqueros genoveses establecidos de antiguo en Sevilla, y cuyas armas (seis piñas doradas) figuran en la decoración frecuentemente.

En su patio, tiene este palacio un techo plano con arabescos en blanco y gris. En las jácenas lleva motivos de carácter renacentista, que se repiten simplificados en las vigas. Este techo va provisto de unos anchos listones que dividen en tres partes lo espacios planos de cada una de las entrevigas, de las cuales las dos pequeñas extremas forman un rectángulo de dimensiones invertidas, respecto al gran rectángulo del plafón medio, que contiene un losange.

La casa Olea de Sevilla es una de las mas nobles estancias que posee la ciudad, en la calle de Guzmán el Bueno. Fue alzada en el siglo XV, y ocupada durante mucho tiempo por la histórica familia de los Ponce de León. Tiene un techo policromado que parece ser de fines del siglo XVI, pues en sus motivos de decoración se vislumbra bastante la influencia del Renacimiento.

En el sistema estructural de techos, cuyos ejemplares acabamos de describir, casi siempre las serias de vigas se apoyan exclusivamente sobre muros; a lo mas descansan por un extremo sobre un arco. Ahora vamos a citar algunos techos que apoyan encima de arcos apuntados. Este sistema es el mismo en su fundamento que el de techos planos hasta aquí estudiados, pero como las vigas, en lugar de apoyarse sobre muros, lo hacen sobre arcos apuntados, se origina el apuntamiento de la techumbre, y de ahí que, en vez de conservarse plana, tome forma angular.

Una de las habitaciones con arcos sosteniendo entramado, que data de mas antiguo entre cuantas existen en Cataluña cubiertas de tal forma, es la gran sala del castillo De Verdú (en el Bajo Urgel), alzada en el siglo XIII (fig. 10).

De mediados del XIV es el dormitorio de novicios de Poblet (Tarragona), cubierto por el mismo sistema; pero cuya techumbre actual, sin decorar, no es la techumbre primitiva.

La capilla de Santa Agueda, de Barcelona- que antes formaba parte del palacio de los Reyes de Aragón y actualmente Se utiliza como Museo Provincial – tienen una techumbre gótica policromía que va apoyada sobre arcos, labrada por Bertrán Riquier, carpintero trecentista, y restaurada modernamente.

Del siglo XV data el techo del dormitorio de los novicios del Hospital de Vich, igual al antedicho del dormitorio de Poblet, pero que deja ver algunos restos de policromía.

La capilla del castillo de los Rocaberti en Perelada (Gerona), construida en 1446, también está cubierta por techumbre de la misma estructura que las que acabamos de citar. Sus vigas llevan pintadas barras rojas y amarillas, interrumpidas por fajas con simples motivos heráldicos en blanco y azul. viene luego los largueros dejando largos plafones en el fondo, divididos en cuadrados contorneados en zigzag. Son los plafones de un tono obscuro y blancos sus bordes. Las vigas se apoyan sobre cartelas con caras labradas.

También está cubierta por un techo de estructura plana y sección angular la iglesia de San Miguel, en Montblanch (Campo de Tarragona). La estructura de la cubierta de Montblanch es como sigue: Cinco arcos apuntados transversales sostienen grandes vigas empotradas que además se apoyan sobre ménsulas. De viga a viga se extienden los largueros y sobre ellos el entablado que sostiene los largueros y sobre ellos el entablado que sostiene las tejas. Las uniones de cada dos tablas van cubiertas por tapajuntas. En este techo de Montblach también fueron policromadas las ménsulas en que se apoyan las vigas, yendo estas embadurnadas de un color rojizo. Las tablillas de los entrevigados que encabezan los plafones, van adornadas con motivos geométricos a base de círculos combinados, diagonales, de espigas, de estrellas, de ajedrezados, etc. (lám. XXXI y fig. 11). Como temas heráldicos figuran en este techo solo las cuatro barras catalanas. En algunas tablillas se ven motivos de flora del país y de fauna fantástica, y a veces figuras humanas de carácter mitológico. Las dimensiones de la iglesia cubierta por esta techumbre son 31,70 x 13,52 metros.

Techo plano y de sección angular es asimismo el del santuario de la Virgen de Paret- Delgada, a poca distancia de la Selva, pueblo del Campo de Tarragona (láms. XXXII a XXXIV). Este techo cubre la capilla del santuario que mide 18 x 7,50 metros, y esta sostenido por tres arcos de sillería- transversales- y los muros. Sus jácenas se apoyan por los extremos en cartelas con caras esculturadas y sobre las jácenas descansan las vigas. Los plafones – con motivos estrellados sencillísimos – van provistos de los correspondientes tapajuntas. Mas suntuoso que el ornato de los plafones es el ornato de las vigas, que llevan pintadas barras rojas y amarillas, fajadas a trechos equidistantes por bandas con motivos heráldicos. Las tablillas, como suele acontecer, llevan motivos variados.

En el castillo de Peratallada (en la provincia de Gerona), ademas del techo de esta estructura plana y sección recta, descrito en su lugar, hay otro techo cuyo intradós forma ángulo; obra que actualmente no es visible desde el piso principal, por impedirlo un envigado construido modernamente debajo. Sus motivos ornamentales son sencillísimos, y los únicos signos heráldicos que contiene son las cruces de los Cruilles (lám. XXXV).

En la Casa Ayuntamiento de Puigcerdá (en la Cerdaña, junto con la frontera francesa) se conserva una techumbre policromada, visible con dificultad por idéntico motivo que en la techumbre anterior. Mide 10,74 x 4,98 metros. Se apoya sobre elegantes armaduras que tienen unas jácenas que obran como tirantes, de sección 0,35 x 0,22 metros. Está decorada con los motivos heráldicos de la montaña florida y las dos barras rojas sobre fondo amarillo. Lleva pintados además centauros y temas de la flora ornamental. Es, de todos los techos del antiguo Reino de Aragón, que hemos podido ver, el más rico en escultura de talla. Tiene moldurajes y flores verdaderamente delicados; y flores verdaderamente delicados; y en él se nota – de un modo especial en el trabajo escultórico – la influencia francesa, cosa que acontece también en una humilde capillita de este mismo pueblo (lám. XXXVI).

Se conservan todavía fragmentos de una decorada techumbre de intradós angular en la iglesia de la Sangre, de Liria, la cual es un curioso pequeño monumento del siglo XIII, históricamente notable.

Reconquista la ciudad de Liria, en 1232, por el rey Don Jaime, se levantó dicho templo (acaso en el lugar que había ocupado la mezquita árabe), sirviendo de parroquia hasta el año 1642. Según antiguos documentos, en el año 1273, poco tiempo después de haberse recuperado la ciudad, ya se celebrada el culto cristiano en la iglesia de la Sangre. Su planta rectangular está dividida por cinco arcos, que forman seis compartimientos, mas estrecho el del ingreso- a manera de vestíbulo, y en el que está el coro alto-, siendo distinto también el de la capilla mayor que presenta carácter de ábside. Los arcos se apoyan en contrafuertes situados dentro del edificio, y distando 4,42 metros; los espacios que los contrafuertes dejan entre sí sirven de capillas con los altares adosados en los muros laterales. La nave tiene una anchura de 12,40 metros; su longitud en el interior, es de 31 metros; la altura desde el nivel del suelo hasta el vértice de la cubierta es de 12 metros. Tales medidas dan una buena proporción para este templo, y, en otro tiempo, permitían apreciar la policromía que adornaba tantas escenas de caza y tantas figuras de reyes y reinas que, con temas florales y arquerías, constituían la decoración de la techumbre. Hoy el techo aparece ya muy deteriorado, con su colores, en general, obscurecidos, y no permite dar idea de la armonía artístico- constructiva que en tan sencillo monumento algún día dominó.

Las cubiertas a doble vertiente decoradas usáronse también en la isla de Mallorca. De tal disposición son las de las antiguas capillas de San Pedro de Escora; San Jorge, del término de Palma; Santa Ana, de Alcudia; la Trinidad, en Miramar; Castellong, en Randa; Crestaig, en La Puebla; San Miguel, en Muro (hoy dependencia de la Casa Consistorial); La Caritat, en Pollensa; Santa Magdalena, en la colina de Inca, y el hospital de la misma villa; la Esglaieta, lindante con el camino de Valldemosa; y algunas otras. Respecto a Palma, tuvieron esta misma estructura de cubierta la del oratorio del Santo Sepulcro, cuyos restos desaparecieron hace unos cincuenta años; la del Temple, hoy día transformada; y la de Santa Fe. En la mayor parte de estas techumbres mallorquinas había pintados, entre los arabescos, escudos heráldicos correspondientes a las nobles familias que las fundaron.<7p>

En la provincia aragonesa de Huesca hay algunas iglesias con cubierta, a dos vertientes, decorada. Entre ellas figuran la iglesia del Concilio, en la capital, y la iglesia de San Miguel, en Barluenga.

En su aspecto exterior, la iglesia del Concilio es románica de un periodo avanzado. El interior consta de una nave con la techumbre leñosa apoyándose en cinco arcos transversales apuntados, y muy abiertos, que cargan en los dos muros paralelos. Los maderos principales descansan sobre zapatas que llevan como adorno un ajedrezado.

La techumbre a dos vertientes de la iglesia de San Miguel, de Barluenga, se apoya sobre cuatro arcos apuntados y una jácena policroma. Esta jácena tiene cuadros, rombos, entrelazados y hojas de acanto estilizadas con una rudeza de aspecto románico. En el arranque de las Vigas hay grecas con ajedrezado o en zigzag, y luego aparecen, en aquellas bandas encarnadas, bandas blancas y bandas negras. La construcción de esta techumbre data del siglo XIII (lám XXXVII).

El arte mudéjar dejó en el monasterio aragonés de Sigena dos notables techos, durante los siglos XIV y XV; uno de ellos, en la sala capitular y otro, en el salón prioral. En el primero, cinco arcos transversales sustentan sobre sus claves una magnífica viga labrada y dorada, que divide los tramos en dobles compartimientos, cubiertos con soberbias artesas. Esta techumbre muestra la influencia francesa, como la muestra también, según hemos dicho, la techumbre de la Casa- Ayuntamiento de Puigcerdá, y esto se comprende porque tanto Puigcerdá como Sigena son pueblos próximos a la frontera francesa.

El techo de la sala Capitular de Sigena forma un conjunto armónico con las pinturas de la sala que cobija, las cuales representan la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento de Jesús y la aparición del ángel a los pastores. Estas pinturas son de las más importantes dentro de España, datando del siglo XIV, ornan muros de iglesias. El señor del Arco las atribuye a algún desconocido pintor catalán, pues, según este autor, fueron muchos los artistas y artífices provenientes de Cataluña, que trabajaron en el monasterio de Sigena, varias de cuyas religiosas eran procedentes de la nobleza catalana. Respecto al suntuoso techo, no se conoce la fecha precisa en que se construyó. Pano dice que la infanta priora doña Blanca (1321- 1347) gastó considerables sumas en valiosos tapices y en retablos y pinturas, aunque sin poner los fundamentos de este aserto. Pero admitiéndolo y teniendo en cuenta la riqueza del Exorno, el oro en composiciones, las brillantes aureolas, los anchos filetes y la tendencia en cierto modo realista de la obra pictórica (especialmente en los bustos genealógicos allí representados), don Ricardo del Arco supone que el techo fue labrado hacia fines del priorado de aquella infanta, hija del rey Jaime II (lám. XXXVIII).

La cubierta del salón prioral de Sigena tiene forma de cañón seguido, generado por un arco ojival en vez de una semicircunferencia. Es, por su forma, de estructura francesa, y va provista de grandes tirantes de madera igualmente distanciados entre sí. Si esta techumbre estructuralmente es francesa, por los motivos ornamentales entra dentro del mudejarismo (lám, XXXIX).

Como ya hemos dicho en las notas generales que dan comienzo al presente manual, el arte mudéjar se extendió desde Andalucía al centro de España, y hasta en el antiguo reino de Aragón dejó sentir fuertemente sus bellezas y atractivos. En algunos de los techos catalanes ya citados. El ornato fue por tal arte presidido, o, cuando menos, influido en ciertos temas; y en este techo singular del famoso monasterio aragonés- ahora descrito- también el mudejarismo inspira el decorado.

Pero en todas las obras hasta aquí referidas, el carácter del influjo de los árabes que fueron subyugados es sobre todo artístico. Hay que partir de los techos andaluces para conocer el gran valor estructural de las obras de aquellos alarifes que, educados en Granada y en Sevilla, dieron a conocer en varias regiones españolas su manera graciosa de construir techumbres.

Techumbres de pares y nudillo con sus derivados

El sistema de techumbres de pares y nudillo, que antes de ahora hemos descrito, es el fundamental de los techos andaluces, de estos techos que son dechado de fineza constructiva, a base de lacerías más ágiles y garbosas. Pero hay en la región aragonesa una techumbre importantísima que, entrando estructuralmente en el grupo cuya relación ahora comenzamos, pudiera decirse que es decorativamente de plan gótico. Por, ella pues comenzaremos este capítulo, considerándola como casi inverso de las techumbres hasta aquí estudiadas, que de manifestar algún aspecto mudéjar era principalmente en la parte ornamental (lám. En color, láms XL y XLI y figs 12 a 16).

Esta techumbre de la catedral de Teruel es, de todas la de par y nudillo que hay en España, la que manifiesta mayor variedad de temas pictóricos. Hoy día queda oculta por una bóveda inferior que, si bien impide verla desde la iglesia, facilita al arqueólogo poderla estudiar de cerca, pues el trasdós de la bóveda está a un par de metros de distancia del intradós de la techumbre. Fue sumamente ponderada por el arquitecto Lampérez y Romea, por los Estudiosos señores Byne y Stapley y, de un modo especial, por don Mariano del Pano en un trabajo que éste publicó en la desaparecida <>, el año 1904.

El trapecio de su intradós mide 7,76 metros en la base, 3,50 metros en el lado superior y 2,85 en cada uno de los lados laterales. Los faldones generados por estos lados laterales tienen una extensión de 32 metros.

Dividida idealmente la techumbre de Teruel en las nueve secciones correspondientes a la nos nueve compartimientos que sobre el harneruelo y los faldones señalan los grandes tirantes de contrarrestro – el primero de los cuales esta adosado al miro limite – procederemos a describir los temas que en estos compartimientos se suceden. En cuanto a la composición estructural, hasta mirar la figura 12 formarse clara idea.

Si el que lee esta descripción se imaginase estar colocado de frente al altar mayor, tendría a su izquierda, en dos órdenes, superior e inferior, los treinta y ocho plafones, o artesonados de profundidad escasa, que podemos considerar incluidos en la sección primera, y otros tantos a su derecha. Llaman la atención en esta primera serie dos artesas heráldicas que ocupan en el faldón derecho el sexto lugar, lo mismo en la serie superior que en la inferior y que son las armas del abad, o del obispo, que tal vez presidió la construcción del templo.

Tres escudos aparecen en cada fondo de plafón, alternando los que ostentan un báculo con otros escudos divididos en cuatro cuarteles que no contiene divisa alguna.

La fauna gótica se desarrolla en los restantes plafones, con tigres que destacan sobre fondo rojo, aves con faz humana o cabeza de dragón, águilas y grifos. Las demás pinturas parecen ser de mera ornamentación: cruces griegas inscritas en círculos, flores de lis que se desenvuelven en graciosas ondulaciones y follajes de recuerdo oriental. Abajo, el tirante se adorna con leoncillos rampantes inscritos en elegantes entrelazados curvilíneos; los grandes zapatas en que se apoya presentan castillos y leones. En una de ellas aparece dibujado un torneo.

Proyección horizontal de un fragmento de la techumbre de la catedral de Teruel
(Dibujo Ráfols)

Los canecillos que sirven de remate a los talones en que se apoyan las zapatas, presentan hermosas cabezas de personas con diadema.

Dando a esta cubierta un aspecto decorativo o simbólico, diríamos que su ornamentación comienza por ensalzar la memoria del prelado que hizo construir el templo, y, tal vez, por recordar las fiestas y torneos que se celebraron en la bendición solemne de las obras. Y es de notar los mencionados escudos abaciales parecen coincidir con los de don Arnaldo y don Sancho de Peralta, que desde 1248 a 1272 gobernaron los diócesis cesaraugustana, a la cual pertenecía el arcedianato de Teruel.

Constituyen la segunda sección, a la parte derecha, varios plafones con pinturas heráldicas, mientras que el lado izquierdo presenta interesantes personajes en los cuales podemos tal vez reconocer los diferentes oficios y las jerarquías del vecindario turolense. La heráldica es de difícil interpretación porque se han alterado mucho, con el tiempo, las tonalidades de los tintes. Sin embargo, no podemos dejar de reconocer el escudo de las cuatro barras aragonesas, diferentes veces repetido, como representando la nación a que pertenece la ciudad; ni podemos dudar del blasón turolense pintado en dos artesones, alternando su toro sobre campo de gules con el mismo escudo de las cuatro barras.

Otros dos artesones, además, presentan todavía motivos heráldicos – tres en cada uno- que son las fajas que pudieran atribuirse a los Villaregut, las bandas de los Liñán o los Urrea, y un palo único de gules sobre campo de oro. Tal vez estas divisas serían de los gobernadores de la ciudad, contemporáneos de la época en que se construyó el techo.

En su parte izquierda presenta la segunda sección de la techumbre gran variedad de figuras que serían personificación de las frecuentes clases y de los oficios diversos que había en Teruel, como anteriormente hemos supuesto.

Allí aparece el juez o magistrado, vistiendo roja túnica y sobre ella la toga, ostentando la espada en su mano derecha y lleva alzado el brazo izquierdo, envuelto en los pliegues del ropaje; y también se ve el clérigo (que lleva, tal vez, los santos óleos en el vaso que sujeta con su mano izquierda) cubierto con manto verdoso orlado de amarillo.

A estos sigue un adolescente con un libro, vestido con túnica encarnada y calzado con sandalias. En una tabla dividida por una línea media, vemos en la parte superior na labradora que, en grandes cestos, vende frutos, y en la parte inferior la misma mujer que saca agua de un pozo.
Ambas figuras llevan una toca de origen morisco que, a la vez que la frente, envuelve la garganta. Sigue una industriosa encajera en actitud de presentar su delicada mercancía y hasta señalando el precio con los cuatro dedos de la mano izquierda, alzados hasta la altura de los ojos.

También figura allí la cortesana, oculto sus pies por amplia túnica, cubierta la cabeza con un dorado sombrerete, corto el cabello en señal de mancebía y abriéndose el jabón en actitud insinuante. Son figuras todas estas notables como documentos de la indumentaria de la época y por la gran intensidad expresiva con que fueron trazadas.

Las grandes zapatas en que se apoyan los tirantes correspondieron a esta sección presentan en una de sus caras los rojos leones rampantes y por la cara opuesta los castillos sobre campos de gules: la enseña de la real estirpe castellana, repetidas veces figurada en la gran techumbre de que hablamos.

Una de las mayores dificultades que presenta la interpretación de las pinturas del techo de la catedral de Teruel, es la de discernir y separar los motivos puramente ornamentales de aquellos que tienen importancia y valor dentro de la acción que el artista intentará desarrollar.

En las piezas heráldicas, sobre todo, la dificultad sube de punto. Un león heráldico, por ejemplo, puede distinguirse de un león puramente ornamental, especialmente si aquél es rampante; pero una flor de lis o una cruz no son de fácil distinción. De lo cual se deriva un constante peligro de descubrir mas cosas de las que el artista se propusiera evocar.

Si la primera sección de la techumbre pudo ser conmemorativa del recuerdo del prelado que presidió la construcción de la catedral turolense, y si la segunda fue destinada a presentar las clases sociales y los oficios de la ciudad, las demás secciones van desarrollando una época histórica mediante la sucesión de reinados y la presentación de personajes, siendo de notar que al frente de la tercera sección, y en su lado izquierdo, aparecen dos figuras muy significativas. Estas dos figuras podríamos decir que son cabezas de línea de la larga procesión de personajes que en las dos series, superior e inferior, se irá sucediendo en casi toda la extensión de la techumbre. En la línea superior en su clérigo que presenta desarrollada una gran tira de pergamino; el de la línea inferior viste roja túnica y, queriendo tal vez presentar la figura de algún escritor o notario, desarrolla también otro pergamino. Los dos tienen, sin duda, igual simbolismo en las dos series de pinturas que encabezan, debiéndose notar que ninguno de los pergaminos contiene caracteres que puedan inducir a una interpretación especial; por esto, no debemos ver en ellos la general significación de hechos pasados que suelen denotar los rollos de pergamino en las artes decorativas. Al parecer, el artista desenvuelve simplemente ante el espectador el libro de la historia mediante figuras que pueden representarse en la forma prolongada de las pequeñas artesas o plafones.

Aparece después, en la serie inferior, un rey vestido con túnica verde, mano amarillo y calzas rojas. Sigue a rey, en la misma línea, un fraile franciscano con su tosco sayal, el cordón en la cintura y el cerquillo en su cabeza; va descalzo y está aureolado con el nimbo de la bienaventuranza ; esta circunstancia y el llevar en su manos un libro (que bien pudieran ser las Constituciones de la orden) nos hace pensar que este personaje fue tal vez San Francisco de Asís, y el rey a quien el Santo presenta su libro, don Jaime I, que protegió la implantación, en sus dominios, de la orden franciscana.

Siguen detrás del rey varias figuras menos importantes, entre ellas un tañedor de viola que se mueve airosamente y viste una túnica corta sin adornos.

En la serie superior falta la tercera artesa a la cual sucede otra figura de fraile franciscano que no lleva aureola; La serie continúa con dos Santos que parecen ser San Pedro y San Pablo, titulares tal vez de las iglesias de Teruel, por lo menos el primero, ya que el templo de San Pedro es una de los mas antiguos de la ciudad.

Una hermosa figura de reina ocupa el séptimo artesón de esta serie, con corona semejante a la que lleva el rey, doble collar de perlas, holgada túnica y manto forrado de armiño. No lleva distintivo ni señal alguna que la caracterice y pueda revelar cuál de las mujeres del rey Jaime quiso el artista representar con tal imagen.

El lado derecho de esta sección tercera está totalmente dedicado a la heráldica y a la ornamentación. Son de notar allí dos grupos blasonados; al primero ocurren cuatro artesones; de ellos, dos llevan pintados castillos y los otros dos parece que irían decorados con leones. (Debemos tener en cuanta para la interpretación de estas pinturas que si cada una de las secciones hace referencia a algún tema especial, en cambio aparece un motivo que se generaliza en toda la techumbre y es el blasón de los castillos y leones).

El segundo grupo heráldico se compone de dos tablas en que alteran el águila y el león. Se refiere acaso a la reina ya descrita, que pudiera ser doña Violante de Hungría. Parece que en el techo se evoca el reinado de don Jaime el Conquistador, dando estas interpretaciones al tercer espacio o sección del mismo.

En los espacios restantes se destacan otras figuras de reyes y de reinas. No hay que pensar, sin embargo, en una serie ordenada y completa de monarcas, sino mas bien en hechos relacionados con las grandes tradiciones de la Iglesia en Teruel, o bien en circunstancias, que, por ser contemporáneas o próximas al artista, hirieron mas profundamente su imaginación.

Como indicamos ya al describir los interesantes dibujos de la sección tercera, aparece en ellos San Francisco al lado del monarca, lo cual puede recordar la primera fundación de la Orden franciscana en Teruel; hemos creído reconocer luego el mismo trozo los santos titulares de los antiguos templos de San Pedro y San Pablo; San Miguel lo distinguimos en la cuarta sección, desagraciadamente mutilada, pues alguien se llevó varios plafones con todo, la parte derecha el artesonado presenta en ésta una figura de reina con corona trilobada, larga túnica que en pliegues numerosos oculta sus pies y dorado cetro con remate flordelisado. Frente a esta figura, hállase un plafón vacío en el cual debió estar representado el esposo de la reina; y debajo de él, en la línea o serie inferior, aparece otro interesante personaje con túnica encarnada y manto obscuro, apoyando en el hombro izquierdo un cetro también flordelisado; este personaje, que no lleva corona sino un casquete rojo, sostiene un libro con la mano derecha.

En el sexto artesón de la parte derecha se ve una pintura que parece representar de nuevo a San Miguel en combate con el diablo. El Arcángel le clava su lanza, y el dragón infernal, revolviéndose con furia, pretende morderle.

Viste aquel un traje muy ceñido y va con las piernas desnudas; el dragón es rojo, con alas de águila. Observamos que el Arcángel San Miguel es titular de una de las más antiguas iglesias turolenses.

Temas de simple ornato, en esta sección carta, son los canes o leoncillos que en ella pueden verse, y los dos pavos reales de la misma. No faltan los leones heráldicos tan repetidos en toda la techumbre y tal vez de mas enérgica ejecución que los que dominan en el resto de la obra. La lucha con el dragón se repite en una de las zapatas; corriendo por el lado opuesto, los versículos del Ave María en hermosos caracteres monacales.

Mas que las figuras dominan los entrelazados de flora ornamental y los motivos geométricos en las restantes artesas de esta famosa techumbre, y en las zapatas mas cercanas al altar aparecen pintados los pasos principales de la pasión dolorosa de Jesucristo, tratados con gran inteligencia y sentimiento.

Respecto a la antigüedad de la cubierta de la catedral de Teruel, podemos decir que esta fue pinada (y a buen seguro construida) en la primera mitad del siglo XIV, pues, según nos ha comunicado don Macario Golferichs, existe prueba documental de que el año 1335 se pagó una determinada cantidad a Dominio Peñaflor por trabajos de policromía por él realizados en dicha obra.

La techumbre de la catedral de Teruel es notable por la abundancia de sus composiciones pictóricas, pero en el aspecto estructural no tiene mayor importancia que otras techumbres de Toledo y de Andalucía. Es a las techumbres andaluzas donde hay que recurrir – y de un modo especial a las granadinas – si deseamos conocer las finezas de que eran capaces los alarifes mudéjares para la construcción de sus trabajos de alfarjes.

Las techumbres granadinas son las ingenuas experimentaciones de los alarifes que gozaban en sus obras, y tienen el mismo encanto, para el arte mudéjar, que lo tuvieron para el Renacimiento italiano las obras de Brunelleschi y Michelozzo. En ellas los temas de lacería parecen la floración de una rosa, todo es graciosamente estructural, y los calados que decoran sus tirantes las dan un aspecto jocundo, de atrevimiento y de ligereza al mismo tiempo.

De simple composición es la techumbre de la sala alta de la Capilla Real en la Lonja de Granada, obrada por Melchor Quintero y Francisco Fernández el año 1520 (lámina XLII). Bello ejemplo de armadura, también con tirantes calados, es la del salón del Hospital Real de la misma ciudad, que data, aproximadamente, de la misma fecha (lám. XLIII). En este mismo hospital hay otro hermoso techo de estructura cupular (lám. XLIV). Junto con éstas, se pueden agrupar techumbres de Santa Isabel, la Merced (lám. XLV) y la Casa de los Córdoba (lámina XLVI).

Concéntrase la estructura en las cubiertas cupulares, pero siempre- dentro del arte mudéjar- se presentan éstas como una derivación de las cubiertas de pares y nudillo; de las cuales hay ejemplares tan bellos como son el ampliamente descrito de la catedral de Teruel, el de la Sala del Consejo del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares (restaurado en su rica policromía) y el de San Juan de la Penitencia, de Toledo (lám. XLVII); concéntrase la estructura, redúcense o se suprimen los tirantes y se originan estas abundantes bóvedas y cúpulas de madera, cada vez distintas. Se origina la bóveda de harneruelo elíptico de la iglesia de San Pedro, de Cuenca; la bóveda de cuatro paños inclinados dos a dos de la iglesia de San Clemente, de Sevilla; la bóveda ligeramente atirantada de la iglesia de San Pablo, de Córdoba: la estructura cupular de planta octógona de la capilla de San Miguel de la Seo de Zaragoza (lám. XLVIII): la cúpula del salón de Embajadores del Alcázar de Sevilla, como anteriormente aquella de la casa de las Dueñas de esta misma ciudad (lám. XLIX): y las riquísimas cubiertas del Palacio del Infantado de Guadalajara (lám. L) y de Peñaranda del Duero (lám. LI).

Cuando no bastan las lacerías con todas sus combinaciones graciosas, los racimos de mocárabes realzan la composición de los techos mudéjares, que a veces toman también la forma plana como en el de la antesala capitular de la catedral de Toledo, donde se desarrollan todas las lacerías hasta inscribirse en el cuadrado, a partir de una estrella central (lám. LII).

VI Artesonados

Si bien el nombre de artesonados se puede aplicar a todas las techumbres y considerarse las de pares y nudillo como si fueran constituidas por una gran artesa, mas propio es dar este nombre a aquellas obras de carpintería que sirven para cubrir espacios habitables y están compuestas por maderos entrecortados que dejan entre si hondos espacios regulares de los cuales penden florones u otros elementos de talla.

Abundante en varíos artesonados que datan del reinado de los Reyes Católicos es el castillo de la Aljafería, en Zaragoza; famosos castillo árabe y, en tal aspecto, hoy casi reconstruido.

Los artesonados de la Aljaferia son una rica fusión del arte morisco con el arte gótico, y aun parecen presentir, en el ordenamiento y en el molduraje, el artesonado renacentista. El que decora (lám. LIII) lo que fue Salón de Embajadores (descendida su categoría, hace ya años, a la de almacén de municiones, no sin haber servido antes para otros usos perniciosos a su conservación) es una obra de alfarje subdividida en casetones profundos, exuberantes en motivos de ornato, entre los cuales motivos destaca la piña dorada. Encuadra el conjunto un gran friso superior, compuesto de una galería con arcos conopiales y antepechos calados, dos anchas fajas esculturadas y una inscripción gótica. Aparte de la gran cantidad de oro que decora este y los otros techos del castillo, la policromía de colores enteros – rojo, negro y verde -, les da un carácter de recia nobleza.

En la ciudad de Valencia aparece el Renacimiento con todo su esplendor en los célebres artesonados del Palacio de la Generalidad, hoy Audiencia territorial. Ocupa artísticamente el primer lugar el que hay en el llamado Salón de Cortes (lám. LIV), con una elegante tribuna de arquería, de entallados admirables. Comenzó este trabajo el maestro carpintero Ginés Linares, en 1540, pero la talla y la composición fueron obra, tal vez, de alguno de los artistas italianos que en aquella época vivían en Valencia. Otros dos artesonados de casetones figuran en el entresuelo de la antigua mansión floral; ambos son modelos típicos del arte entonces importado, por su acertada combinación de adornos florales y planos con molduras talladas, realzado todo ello por el oro, y conservado admirablemente, no obstante las vicisitudes por las cuales ha pasado el histórico edificio (lám. LV).

Se conservan en Valencia otros artesonados, con bien labradas tallas, que datan del siglo XVI, aunque sin tener la importancia de los citados anteriormente. Entre ellos figuran el de la Casa Gremial de los Carpinteros, en la calle de Balmes; los existentes en la morada de don Vicente Lassala, en la plaza de Calatrava, y los del gran salón del castillo de Alacuás (lám. LVI), en los alrededores de la ciudad no abundan los datos acerca de los techos artesonados que exornaban las dependencias principales de la Casa del Consejo Valenciana. Fueron desmontados cuando, en 1859, se procedió al derribo de dicho edificio y ahora se hace difícil reconstruir su planta. El señor Tramoyeres y Blasco intentó, sin embargo, indicar la distribución de las salas decoradas, en un esquema que ilustra su importante estudio sobre << Los Artesonados de la Antigua casa Municipal de Valencia >>, ya citado en el presente manual.

Aparte del techo descrito de la << Sala Dorada >>, el ornato mas importante del derribado palacio era el techo de artesonados de la Sala del Consejo. Este techo fue construido bajo la dirección del maestro de obras Juan del Poyo, y consta de ocho gruesas vigas apoyadas en grandes canes que figuran antiguos patriarcas (según las inscripciones que ostentas todos ellos), vigas entrecruzadas por maderos que, llegando hasta el plano inferior de aquellas, originan – como en todo artesonado propiamente dicho- los casetones decorados. El conjunto va ribeteado por un friso con pequeñas cabecitas (lám. LVII).

Las normas del Renacimiento italiano se traslucen en los artesones de Cataluña y de Mallorca, lo mismo que en la Sala del Consejo de Valencia.

El edificio de las Casas Consistoriales de Palma de Mallorca termina por una importante obra de madera, que corresponde, por la estructura, al grupo de artesonados renacentistas (fig. 17). Así nos la describe Piferrer: <>

Por el suntuoso voladizo que nos acaba de describir Pablo Piferrer podemos formarnos idea de lo que debió ser la techumbre del zaguán del propio edificio, labrada, dentro del mismo estilo, por el escultor tallista Tomás Juan, el año 1670. Esta techumbre cobijada una pieza de 12 x 10 metros y estaba dividida en nueve compartimientos de los cuales lo estaban, a su vez, en doce casetones cuadrados y uno en dieciséis, teniendo todos estos casetones pimpollos colgantes. Ocho ménsulas, decoradas con bustos fantásticamente idealizados, saliendo de los muros e interespaciando el arquitrabe esculturado, sostenían los extremos de las jácenas, en cuyos cruces había unos florones con grandes hojas de acanto que aumentaban la riqueza de esta obra, fuerte y graciosa al mismo tiempo también es digno de ser recordado el techo del Consulado de Mar, de Mallorca, construido en el siglo VI, formando por sesenta hondos casetones, del centro de cada uno de los cuales pende un florón. En él, se pasa de la forma cuadrada que tiene cada artesa a la forma octogonal, al aproximarse al plano mas profundo en donde esta inscrita la planta circular del trabajado florero. En el filete que limita y separa las artesas se desarrollan motivos torneados. Un tipo corriente de artesonado mallorquín es el de la Casa Villalonga de Palma (fig. 18).

En el palacio de la Generalidad de Cataluña, junto con la obra gótica, se conservan también estancias del Renacimiento, y en una de éstas, en la << Sala Nueva>>, puede verse un techo que presenta analogías con el ya descrito del edificio homónimo de Valencia (lám. LVIII). Esto no es de extrañar, pues ambos techos se construyeron en la misma época.

En Barcelona existen también pequeños artesonados de madera en algunas casas nobles de la calle de Mercaders (fig. 19; aparte del de la escalera del << Archivo de la Corona de Aragón>> (lám. LIX) – cuyo autor y cuya época hemos citado en nuestro trabajo-, el cual tiene una cornisa de rico molduraje, y encima de la misma se alza una delicada tribuna con balaustres y columnitas, terminadas por zapatas floreadas, que sostienen una nueva cornisa, apoyo, a su vez, de la gran artesa con planta de octógono prolongado, dividida en casetones.

En su disposición de conjunto, guarda analogía con el anterior techo, otro muy rico y majestuoso que cubre la escalera del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares Llegaron hasta Cataluña las formas decorativas y composiciones de los pequeños artesonados mudéjares, con lo que decora una dependencia del Palacio Real anexo al monasterio de Santas Creus (lám. LX), y que se alza por encima de una friso renacentista, según indicamos ya en el capítulo III.

Uno de los ejemplares famosos de artesonados del siglo XVI, cubriendo grandes espacios, es el de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo (lám. LXI).

Abundan los pequeños artesonados de madera en diferentes puntos de la Península; a veces están constituidos por un tema estrellado completamente mudéjar; Otras veces se combinan las estrellas con formas geométricas mas propias del Renacimiento; otras veces, por fin, tanto la estructura como la decoración son renacentistas. Ya dijimos, sin embargo, que el influjo mudéjar persiste en España a través de todos los estilos. Y aunque la decoración de muchos pequeños techos del siglo XVI sea renacentista por razón de sus elementos, algo queda casi siempre del espíritu mudéjar.

Haremos unas breves indicaciones acerca de algunos pequeños artesonados de varia composición:

En el convento de las carmelitas de Alcalá de Henares hay un artesonado ya moderno – del siglo XVII- formado por las combinaciones de artesas cuadradas y alargadamente exagonales (lám. LXII).

Las mismas formas geométricas componen un artesonado del Archivo de Alcalá de Henares, aunque están combinadas de diferente manera.

Del Archivo de Alcalá de Henares es también otro artesonado compuesto por exágonos regulares y estrellas de cuatro puntas (lám. LXIII), y aun en este edificio figura un artesonado absolutamente regular, o bien sea formado por artesas cuadradas con un florón al centro de cada una (lám. LXIV).

En el hospital Real de Granada se conserva un techo construido hacia 1530, en cuya composición entran rectángulos y cuadrados, puestos en orden según un ritmo muy italianizado (lám. LXV).

En Segorbe (provincia de Castellón de la Plana) son dignos de ser vistos los dos artesonados del Palacio del Duque de Medinaceli, utilizando actualmente como Ayuntamiento (láms. LXVI a LXVIII).

Finalmente, en Segovia existe un importante techo en la Sala Capitular de la Catedral (láms. LXIX) y otros, que, lo mismo que aquel, fueron construidos en el siglo XVI, en el monasterio del Parral (láms. LXX y LXXI), en el palacio Avedaña (lám. LXXIII). De los dos techos del monasterio del Parral, uno de ellos recuerda con sus motivos de carácter mudéjar el techo de Santa María, de Maluenda; el otro – el que está en el antecoro – es de sencillo dibujo renacentista. El artesonado de la casa de don Eugenio Nonide es de escasa profundidad y de composición triangulada.

Una variante de los artesonados puede decirse que son ciertos techos planos que están divididos en plafones, si se consideran como artesonados en que se haya anulado la profundidad: de aquellos hay algunos en España, por ejemplo, el de la Casa de Pilatos, en Sevilla, que se reproduce en la lámina LXXIV. Y también como un artesonado con artesas constituidas por bustos en relieve puede considerarse el techo del salón de la Casa de los Tiros en Granada. Este techo fue construido hacia el año 1530, y entre los retratos que en el miso figuran tenemos los de Carlos V y de la Emperatriz Isabel (lám. LXXV).

La tradición de los artesonados se mantuvo viva durante todo el siglo XVI y parte del siglo XVII; pero el coste de tales obras dio origen a una innovación decorativa a base de las vigas ordinarias mas o menos exornadas con molduras. A los casetones de madera substituyen los estucos en que domina una desbordada fantasía en la combinación de la flora y la fauna mitológica, alternando muchas veces con la figura humana. Se va esfumando la tradición de los techos de madera en manos de la economía y del desamor al oficio. El gran techo seiscentista que cubre la escalera de la Maestranza de Zaragoza (lámina LXXVI) es la última obra de importancia de los artistas carpinteros.

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