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Capitulo Noveno. De los cuadrupedos y de las aves. Viajes por la America Meridional de Don Félix de Azara. Tomo I.


CAPÍTULO IX. DE LOS CUADRÚPEDOS Y DE LAS AVES.

Yo había tomado notas sobre los cuadrúpedos de estas regiones; pero no sabiendo si merecían que se les hiciera caso las mandé a Europa para someterlas en particular al juicio de algún naturalista, y tuve cuidado de advertir que no creía mi manuscrito en estado de ser publicado, porque esperaba aumentarlo y corregirlo todo en los viajes que iba a emprender, y que debían proporcionarme nuevos cuadrúpedos, nuevos datos y nuevas reflexiones. No obstante, se publicó la obra en francés, incompleta como estaba, sin comunicármelo y contra mi voluntad. Por consecuencia, yo no puedo ser responsable de las faltas y errores que se encuentren en ella, sobre todo en la parte crítica, que yo había redactado muy de prisa. De regreso a Europa publiqué en español mis noticias corregidas y muy aumentadas. A esta última obra remito a mis lectores, y me contentaré con dar aquí una idea de los cuadrúpedos del Paraguay e indicar los puntos principales de la crítica o de mi manera de juzgar a muchos autores citados por Buffon. Pero como yo no he leído otra obra que la de este último autor, en treinta y un volúmenes, con doce de suplemento, también de él sacaré las citas. El objeto que me he propuesto en esta crítica no ha sido decidir ni pretender ser creído bajo mi palabra, sobre toco cuando empleo estos términos: yo sospecho, y me inclino a creer, yo creo, etc., porque todas estas expresiones no tienen nada de afirmativo. Cuando yo quiero afirmar digo esto es. No tenido intención de lastimar a nadie; he querido solo destruir errores, despertar la atención de los sabios y excitarlos a esclarecer la verdad consultando a los autores. Por lo demás, daré la noticia de los animales que he podido reconocer en el magnifico Gabinete Imperial de París, que es tan variado como curioso, a fin de que puedan ser examinados, comparados y conocidos. Es cierto que no todos son adultos, que los colores de la mayoría están alterados y que no se han podido conservar todos con sus formas naturales. Los nombres no han sufrido menos alteración, como lo manifiesto en mi obra en español, de manera que serían ininteligibles en el país habitado por estos animales. En fin, como he reconocido algunos errores que había cometido en mi obra, haré en ésta confesión de ellos y se verá también que considero como dudosas cosas que yo había afirmado al principio (1), (En este capítulo he suprimido del manuscrito del autor todo lo referente a la designación del lugar ocupado por los animales disecados en el Museo de Historia Natural, porque he sabido que este Museo había sufrido un nuevo arreglo y ordenación después que Azara lo visitó; pero como los números que indica han sido conservados, los he dejado subsistir. -C.A.W.-)

El mborebi o tapir es uno de los mayores animales de América, robusto, de formas redondeadas, longitud de 73 pulgadas, de las que la cola hace 3 1/2, y la altura de 42 pulgadas desde las patas hasta lo alto de las espaldillas, o sea hasta la cruz. Su color es oscuro plomizo, a excepción de la parte inferior de la cabeza, de la garganta y del extremo de la oreja, que son blanquecinos. Todo el pelo es corto. La hembra tiene cinco pulgadas más de largo que el macho y su color es más claro. El hijo (no tiene más que uno de cada vez) es del mismo color, con manchas blancas en las cuatro patas y bandas de un blanco amarillento a lo largo del cuerpo. Esta librea desaparece a los siete meses. El cuello es largo, más grueso que la cabeza y presenta por encima en toda su longitud una arista curva que empieza en el omoplato y remonta hasta las orejas, donde tiene más de dos pulgadas, descendiendo desde allí hasta la altura de los ojos, y estando acompañada en toda su longitud de una crin ruda y larga como de pulgada y media. La parte superior del hocico forma un saliente de dos pulgadas y media; pero el animal tiene la facultad de dilatarlo al doble y retraerlo o encogerlo; en una palabra, hacer de este hocico el mismo uso que el elefante su trompa. Los dientes no denuncian animal carnicero y la cabeza es muy comprimida por los lados. Los dedos son muy gruesos y cortos. Hay tres en las patas posteriores y cuatro en las anteriores, pero el debo o espolón exterior de estas últimas no toca el suelo. Su carne es buena para comer y no hay animal más fácil de domesticar. Pero, sin embargo, éste es un animal dañino, porque se come todo lo que encuentra, incluso las telas, si bien en el estado de libertad solo vive de vegetales. Nada perfectamente. No sale mas que de noche, ocultándose durante el día en los bosques. Se dice que sus uñas reducidas a polvo curan la epilepsia.

Hay en el museo de Historia Natural de París dos individuos de esta especie, cuya piel está bastante estropeada. Uno de ellos, número 488, conserva la arista que se eleva a lo largo del cuello; pero en el otro se ha dispuesto de mala manera esta arista y no se conoce. Llevan el nombre de tapir, dado a este animal por Buffon, que le llama también anta y maypuri, como en Cayena. (1), (Tomo XXIII, pág. 271. Suplementos, tomo II, pág. 1).

Se conoce con el nombre de cures o tayazús toda la familia de los cerdos y de los jabalíes. Al Norte del Río de la Plata hay dos especies salvajes, que difieren apenas del puerco o cochino ordinario. La sola diferencia está en que estas dos especies americanas tienen la cabeza, el cuello, el cuerpo y la oreja más cortos; que carecen de cola y también les falta el espolón superior en las patas de atrás. Otra diferencia consiste en que tienen sobre el lomo, por encima de las nalgas, una hendedura, de donde destila o rezuma continuamente un licor lechoso (1), (Se puede añadir a estos caracteres que los dientes caninos no están en dirección de salir de la boca, como en las otras especies de cerdos. -C. V.-). Cuando se los coge jóvenes se domestican fácilmente. Sería conveniente transportarlos a Europa porque su carne es buena. Es cierto que estos animales no dan luz de cada vez más que dos crías. Se dice que los hijos, en el momento del parto, están los dos unidos por el cordón umbilical. La especie mayor, llamada tañicati, es de 40 pulgadas de largo y toda negra, excepto la mandíbula inferior y los dos labios, que son blancos. Sus cerdas son aplastadas. En el Museo de Historia Natural de París se ve un ejemplar de esta especie con el nombre de pecari de Guyana.

La pequeña especie llamada taytetú es cinco pulgadas más corta; sus cerda son más redondeadas, más cortas y más espesas. Su librea es gris porque cada cerda tiene rayas transversales blancas y negras. El extremo de estas cerdas es negro, y este color domina igualmente en la parte inferior de las cuatro patas. Además de esto se nota en algunos individuos más que en otros una banda blanquecina, de una pulgada, que pasa por la cruz y termina, en línea curva, en el nacimiento de las costillas, en el cuello. Debe observarse que estos animales no dan ningún grito aunque se les atraviese el corazón con un cuchillo. En el Museo de Historia Natural del París hay un individuo de esta especie llamado pecarí.

Hay cuatro especies de ciervos, llamados, en general, guazus en el Paraguay, donde se los distingue por sobrenombres. La mayor, llamada guazú-pucú, tiene 62 pulgadas y media de largo, sin contar la cola. Las hembras no tienen más de 61 pulgadas y están desprovistas de cuernos, como todas las de esta familia. Los cuernos tiene 14 pulgadas y media de alto en los individuos adultos y no tiene cada uno más que cuatro divisiones o candiles. El contorno del ojo es de un color blanco, que se extiende por los lados del hocico y rodea la boca; pero se ve una mancha negra en cada labio. La parte inferior de la cabeza y el interior de la oreja son igualmente blancos; el estómago y la entrepierna posterior son blanquecinos. El resto del cuerpo es rojizo, excepto las cuatro patas y la parte inferior de la cola, que son negros. Los jóvenes, en el momento de nacer no tienen las mismas manchas blancas que las especies siguientes. Yo creo que esta es la cierva de los mimbrales y la cierva de los manglares de Laborde (1), (Suplementos, tomo V, pág. 202). Pero dudo que sea el cujuacu, etc., de Pison (2). (Tomo XII, pág. 92.), el corzo de Luisiana de Dumont y el aculliama de Recchi (3), (Tomo XXV, pág. 93, cit. –a-, y pág. 99 cit. –b-.).

El guazu-ti tiene 45 pulgadas de largo; sus cuernos, once y tres candiles; tiene la oreja mas estrecha y puntiaguda que todos los otros. La parte interior del cuerpo, de la cola y de la cabeza, el interior de la oreja y la parte posterior de las nalgas son muy blancas. El resto de los pelos es de un bayo rojizo en la punta, y el interior, de un pardo aplomado. Yo no dudo que la cierva de los prados de Laborde sea de esta especie (1). (Suplementos, tomo V, pág. 202); pero no aseguraré la misma cosa del cujuacuapara de Pison y de Marcgrave (2), (tomo XII, pág. 92.), y tampoco el mazame y el tlathuietmazame de Recchi (3) (tomo XXV, pág. 92, cit -*-, y pág. 99 cit. –b-), (a) (En la traducción francesa de los Ensayos se ha referido esta especie al Cervus mexicanus L. –C. A. W.-).

El guazu- pitá tiene cuarenta y siete pulgadas; sus cuernos, cinco y no tienen ramificaciones. La parte anterior de la cabeza es de un rojizo oscuro, sin blanco alrededor del ojo; pero este color ocupa los labios, la parte inferior de la cabeza y de la cola y de la parte posterior del vientre. El resto es de un rojo dorado, vivo. En el Gabinete Imperial de París hay un ciervo rojo, sin nombre ni número y que está un poco pelado en el lomo. Lo creo de esta especie, aunque no sea acaso completamente adulto. Creo igualmente que se le debe referir el cariaco de Buffon y Daubenton, llamado en Guyana la cierva de los bosques (4), (tomo XVIII, pág. 126, y tomo XXV, pág. 133), la cierva de los bosques de Barrère, la cierva roja de los bosques y la cierva roja de los bosques de Laborde (5), (tomo XXV, pág. 94 cit. –a-, y suplementos, tomo V, Pág. 202). El quauthlmazame de Recchi (6), (Tomo XXV, pág. 99, cit –b-.), ¿le corresponde igualmente? No hago mas que presumirlo y me quedan aún muchas dudas.

El guazu- bira tiene cuarenta pulgadas y sus cuernos solo una. Su color es de un pardo azulado; pero observándolo de cerca se nota que los pelos tienen una mancha clara cerca de la punta. Además, la cola es blanca por debajo; los labios y la parte inferior de la cabeza son blanquecinos; el contorno del ojo, el interior de los brazos y el pecho hasta los muslos son de un blanco tirando al color canela. Estas cuatro especies diferentes también en que la primera no habita mas que los lugares inundados, la segunda las llanuras rasas y descubiertas y las otras dos la parte más espesa de los bosques. Refiero a esta especie los pequeños cariacus de Guyana, de Buffon y Laborde (1), (tomo XVIII, pág. 126, y suplementos, tomo V, pág. 204); pero no sé si hacer otro tanto con el temamazame de Recchi y el cervus minor de Barrère (2), (tomo XXV, pág. 92, cit. -*- y pág. 94, cit. -a-.).

Hay dos animales solitarios, estúpidos, dormilones pesados, que no tienen ni la mitad de velocidad que el hombre, que no huyen y esperan a su agresor sentados para recibirlo en sus brazos y apretarlo con las uñas, que son únicas armas y solo les sirven para defenderse; por consecuencia, desaparecerán del mundo a medida que estas comarcas se pueblen. Estos animales no producen más que un solo hijo, que permanece agarrado al lomo de la madre, y el vulgo cree equivocadamente que no hay machos en esta especie. Solo se alimentan de hormigas; para esto rompen el hormiguero y pasan rápidamente la lengua sobre las hormigas que salen, y la retiran cargada de las que se les han pegado. Pero la pequeña especie, que sube a los árboles y que se sostiene con su cola, come también miel y abejas. La forma de estos animales es singular; el cuerpo, la cola y el cuello son muy gruesos; las orejas, muy pequeñas y redondas; el ojo, pequeño; la cabeza, en forma de trompeta, larga, acarnerada y no más gruesa que el cuello; la boca se reduce a una pequeña hendedura y no está provista de ninguna especie de dientes; la lengua es flexible, no exactamente redonda, carnosa, y la sacan de un pie de largo cuando quieren. Las patas de delante parecen muñones más que manos; no hacen uso de ellas para andar, porque se apoyan sobre la parte dura de la carne o sobre la uña exterior, que es la más gruesa; las otras tres, muy cortas y no tiene ni apariencia de dedos, y apenas pueden abrirlas un poco. Las patas de detrás están mal formadas y tienen cinco dedos, de los que el interno es el más corto y más débil.

La especie mayor, llamada ñurumi o tamandua (1), (Ensayos, tomo I, pág. 89; Apuntamientos, tomo I, página 67.) tiene cincuenta y tres pulgadas media de longitud, sin contar la cola, que tiene veintiocho y media, independiente del manojo de pelos que la termina, y que alcanza once pulgadas. Aparte de estos pelos, el tronco de la cola es comprimido por los lados; no tiene mas que dos pulgadas de ancho en la raíz y cuatro en la otra dimensión. Toda la cola está cubierta de pelos tan largos que alcanzan hasta diez y ocho pulgadas y el total forma un plano vertical de treinta pulgadas de alto y que no es más grueso o más ancho que el tronco mismo de la cola. La uña del dedo interior de las patas de delante tiene seis líneas y media; las que está junto, y que es un poco encorva y muy fuerte, tiene veintiuna; la del siguiente tiene treinta, y la del exterior, cinco. Entre las orejas empieza una crin que va aumentado y que a la mitad de la espina dorsal tiene seis pulgadas. En la parte posterior del cuerpo los pelos son bastante largos; en la otra mitad son cortos y dirigidos hacia delante. Hacia el fin de los lomos se ven nacer, de un solo punto, dos rayas negras que van ensanchándose a cada lado y terminan por ocupar la mitad inferior de los lados del cuello, la parte inferior de la cabeza y del cuerpo y las dos piernas. Estas dos rayas negras van acompañadas por bajo de otras dos blancas, hasta la espaldilla. Bajo ellas se ve una mezcla de color blanco oscuro, y lo mismo sucede en el resto del cuerpo, hasta la espina dorsal. Esto es lo más notable del color de estos animales. En la gran colección imperial de París, número 429, hay varios individuos de esta especie, de los que ninguno es adulto, con el nombre de tamanoir.

La especie llamada caguaré tiene más de veinticinco pulgadas de largo, sin contar la cola, que llega a diez y seis y media. Esta cola es cónica, no tiene pelos largos y está desprovista de ellos en el tercio de su longitud próximo al extremo, porque el animal se sirve de ella para sostenerse sobre los árboles. Huele fuertemente a almizcle. La uña del dedo interno mide cinco líneas inmediata, doce; la siguiente, veinticinco, y la exterior, siete. Su cuerpo está cubierto de lana. El contorno del ojo es de un negro que se reúne al del hocico. La cabeza, el cuello y el pecho son de un blanco amarillento que se termina en las nalgas, donde este color forma una especie de capuchón puntiagudo; los costados están envueltos en forma de corsé, así como todo el tronco, por dos bandas negras, que comienzan en los hombros. Solo los brazos, las piernas y la cola son amarillentos. Las hembras tienen menos negro alrededor del ojo y a veces nada, y el color negro que forma el corsé se extiende hasta los dos tercios de la cola. En el Museo de la Historia Natural de París, numeroso 432, hay un individuo macho adulto de esta especie; pero los colores están muy debilitados. Al lado se ve otro que parece totalmente negro; y aunque tiene las formas y todo el aspecto del caguaré, constituye una variedad que yo no he visto nunca y que acaso puede ser una especie diferente. Lleva el nombre de tamandua porque Buffon se lo ha dado creyendo que así se le llamaba en el Brasil, en lo que se equivoca, tanto como cuando nos da por la figura de este animal la del coati. Linneo lo confunde también con el ñurumi, que es el verdadero tamandua (1), (Tomo XX, pág. 189, y suplementos, tomo VI, pág. 142.). Buffon describe otra especie que llama hormiguero (2), (tomo XX, pág. 190.) Yo presumía que podría ser apócrifa o que no era más acaso que un caguaré recién nacido; pero no hay duda de que me equivocaba, porque hay en el Museo, números 435, 436 y 437, varios hormigueros de Buffon diferentes de los míos.

En el país que describo, la familia de los gatos es la más numerosa entre los cuadrúpedos, porque conozco nueva especie. Hay tres que son grandes y robustas, las otra se podrían amansar cómodamente; serían más bellas que el gato ordinario y más útiles para librarse de los ratones. Sus formas, sus gestos y sus maneras son absolutamente semejantes a las del gato, y, por tanto, es inútil hablar de ellas.

El jaguarete, que los españoles llaman tigre, no difiere, por el color, de la pantera, que todo el mundo conoce; pero tiene cincuenta y cinco pulgadas y un cuarto de largo sin contar la cola, que alcanza cerca de veinticuatro independientemente de los pelos. Es imposible de domesticar (1), (El jaguarete del Jardín Zoológico del Museo de Historia Natural es de carácter muy dulce y busca las caricias de los que se aproximan a su jaula. En general, los individuos de una misma especie pueden tener hábitos diferentes. Hemos visto leoncitos de un mismo parto ser familiares y propensos a las caricias y otros feroces y salvajes, aunque criados juntos, con los mismos cuidados y por la misma persona. -C. V-.) y acaso sea más fuerte y feroz que el león, porque no solo mata a todo animal, sea el que sea, sino que además tiene bastante fuerza para arrastrar un caballo y un toro entero hasta el bosque donde lo quiere devorar, y también atraviesa a nado cargado con su presa un gran río, como yo lo he visto. La manera como mata los animales que come indica igualmente su fuerza. En efecto, salta sobre un toro o un caballo, le pone una pata sobre el cerviguillo, con otra le coge el hocico y en un instante le retuerce el cuello. No obstante, no mata mas que cuando tiene hambre, y satisfecho su apetito deja pasar sin tocarla a cualquiera especie de animal. No es ligero en la carrera. Es solitario, y pesca durante la noche; pero no entra mas que en las aguas paradas y en los lagos. Para atraer a los peces deja caer en el agua su saliva y su baba, y cuando acuden los echa fuera de un zarpazo. Nada admirablemente y solo sale de noche. Pasa el día en el interior de los bosques o en medio de las grandes espesuras de hierba que se encuentran en los terrenos inundados. No teme a nada, y sea cualquiera el número de los hombres que se presenten a él, se aproxima, coge uno y empieza a comerlo, sin tomarse la molestia de matarlo previamente. Lo mismo hace con los perros y animales pequeños. Cuando quiere tomar el fresco sube sobre los grandes árboles un poco inclinados, y también cuando está aturdido por los ladridos de muchos perros que lo persiguen; entonces es cuando se le puede tirar de cerca. No hay que creer que cien perros basten para reducirlo. La hembra da a luz de dos a cuatro hijuelos.

Algunas personas llaman a este animal jaguaretepope y creen que hay otro, que llaman simplemente jaguarete. Se dice que sus diferencias consisten en que el primero es más feroz y más fuerte, y más grueso de cabeza, cuerpo y piernas; que tiene las patas más gruesas; que su talla es igualmente larga, pero menos alta, y que su pelo es más corto, lustroso, aplastado y más rojizo. Se añade que los anillos que los anillos o rosas negras de que se halla manchado están más aproximados y son más limpios y menos desiguales en su contorno, y que en su interior no hay ninguna o casi ninguna mancha negra. Se dice también, por último, que no sale casi nunca de los lugares más espesos y de la vecindad de los ríos, sino para cazar en sus orillas; en tanto dicen que otra especie habita sin repugnancia las alturas y aun las llanuras. Pero otros habitantes del campo igualmente juiciosos dicen que solo hay una especie, y que si algunos individuos tiene colores mas bellos es que habitan lugares mas oscuros, donde el sol no penetra nunca, y que las diferencias de que hemos hablado en los caracteres y proporciones no existen; que, por lo demás, la especie no tiene colores constantes y que varían mucho en todos los individuos, así como en los ocelotos o chibiguazús. Efectivamente, es seguro que en algunos las dos filas de manchas negras que comienzan en la raíz de la cola de prolongan hasta la mitad de los lomos, y en otros apenas pasan del muslo y están más o menos marcadas, según el individuo. Examinando las pieles se observa aún que las hay con el fondo más o menos rojizo y que en otras es blanquecino. El tamaño de los anillos varía singularmente en algunos y son más o menos hendidos o estrellados en su contorno. Los hay cuyos anillos, están más o menos separados o aproximados, y estos anillos tienen a veces el centro moteado de manchas negras y otras veces son del color del fondo. En fin, es difícil encontrar dos pieles enteramente semejantes o una sola cuyos anillos y manchas se correspondan con perfecta simetría a los dos lados, siendo su belleza tan variable como todos los demás.

También hay gentes del país que dicen que se encuentra otro animal feroz llamado onza. Se asegura que es mucho más pequeña que el jaguarete, que solo mata a los caballos y que para esto se ayudan el macho y la hembra; además, que aunque su piel tiene pintas del género de las del jaguarete y de los mismos colores, se observan, sin embargo, siempre algunas diferencias, que no han podido explicarme con claridad ni de una manera fija y precisa. Pero se encuentran también gentes que conocen perfectamente el país y que aseguran que esta onza no existe y que se toman por ella jaguaretes no adultos y aun acaso el chibiguazú. Estas noticias pueden servir a los naturalistas que tengan a su alcance los medios de aclarar las dudas que aun hay en estos respectos.

Buffon y Daubenton suponen que hay en África tres animales feroces llamados pantera, onza y leopardo. Describen la primera (1), (tomo XVIII, pág. 212.) y Buffon censura fuertemente a muchos naturalistas que la han confundido con las otras dos y con otros animales de América. Pero pueden ciertamente disculparse estos naturalistas considerado lo expuesto que se está a equivocarse acerca del país natal de los animales y reflexionando acerca de la gran semejanza entre los de este género, por las formas, las costumbres y los colores, y sobre la gran variedad de colores que se observa entre los individuos de la misma especie. El tamaño no basta para decidir, a menos que se conozca de una manera segura el del individuo adulto, lo que se sabe rara vez. En cuanto a las proporciones de la longitud del cuerpo, de la cola, etc., es raro encontrarlas determinadas con exactitud por los naturalistas y por los viajeros. De manera que yo soy uno de los que han creído que la pantera de Buffon era mi jaguarete, como puede verse en mi obra española sobre los cuadrúpedos, y yo me fundaba en que encontraba una identidad absoluta en los colores, la forma y las proporciones. Es verdad que el individuo de Buffon era más pequeño, menos feroz y menos fuerte que el mío, pero yo creí que la primera diferencia podía proceder de la edad o de que su pantera había sido criada en una jaula, y que la segunda procedía de una falta de exactitud en la relación de las costumbres de la pantera. En fin, es tan difícil hoy distinguir bien estas tres especies de animales, que algunos aseguran que hay tres especies en América, mientras que otros las reducen a una sola. Acaso suceda lo mismo con las tres especies de África. Existen hoy en el Jardín Zoológico Imperial de París, y a la vista de los más sabios naturalistas del mundo, tres animales feroces: uno cuya etiqueta dice Pantera macho; otro, Leopardo macho, y el tercero, sin etiqueta aun, pero se dice que acaba de llegar de América (1), (El jardín zoológico del Museo de Historia Natural posee en efecto en este momento tres animales que, colocados uno al lado del otro, presentan al golpe de la vista los caracteres distintivos siguientes: el primero es el jaguarete, mucho más fuerte que los otros dos; tiene manchas mayores y menos numerosas, una cola que apenas toca al suelo cuando anda, y el grueso de sus miembros, como su edad, anuncian que debe crecer mucho más todavía. Es medio del cuerpo no tiene transversalmente más de cuatro manchas.
La segunda especie, más pequeña que el jaguarete, tiene seis a siete manchas por línea transversal; tiene además una cola mucho más larga y una cabeza sensiblemente menos ancha en proporción del jaguarete. Esta especie viene de África y nos parece que debe ser la pantera.
En fin, el tercero de nuestros gatos manchados, que viene también de África, es un poco más pequeño que la pantera, pero sus proporciones son las mismas, y no difiere mas que por manchas mucho más numerosas; se cuentan diez en sentido transversal. Estos dos últimos gatos son machos; sus diferencias no pertenecen, pues, al sexo. ¿Sería éste el leopardo? -G. V.-).
Ignoro el juicio que han formado los naturalistas franceses, aunque ninguno tenga las dimensiones del mío, aunque yo encuentre algunas diferencias en el color, y aunque el último tenga las patas anteriores más fuertes. El animal del Museo de Historia Natural de París que lleva el nombre de pantera de África es a mi modo de ver un jaguarete, aun no del todo adulto, pero no obstante es hermoso. Considero también como tal la pantera de Santo Domingo del mismo Museo, y poco falta para que no diga otro tanto de las panteras números 250 y 251, aunque sus anillos o rosas sean sensiblemente más pequeños y más aproximados que los que he observado en los individuos de América. Todas estas cosas me persuaden al menos de que es bien difícil hacer la distinción de semejantes animales y de que los naturalistas deben estudiarlos con mucho cuidado. Sería conveniente que examinaran también la uncia de Caius apud Gesner y los tigres descritos por los señores de la Academia Real de Ciencias (1), (tomo XVIII, pág. 221.), porque podrían ser muy bien jaguaretes no adultos. Cuando Buffon quiso describir este último animal los llamó jaguar (2), (tomo XIX, pág.1.), pero se equivocó tomando por tal un oceloto o chibi-guazú.

El jaguarete negro no existe, que yo sepa, mas que en los bosques de la frontera del Brasil desde el 29º de latitud hacia el Norte. Yo no he visto de este animal mas que una piel, que, sin contar la cola, medía cincuenta y siete pulgadas de largo, y se decía que el individuo no era adulto; pero de lo que no se puede dudar es que se había alargado esta piel, como sucede siempre. Creí, sin embargo, ver que tiene la cabeza más grande que el que he descrito, y sus bigotes son más largos y doblemente más gruesos y más fuertes. Además de esto, todo el pelo era más brillante, más espeso, más largo y menos apretado contra el cuerpo. Los pocos pelos, largos y rectos, que tenía alrededor de los ojos eran blancos; todo lo demás, de un negro azabache; pero poniendo esta piel al sol se observan algunas manchas de un negro más oscuro, como en la especie precedente. Se dice que este animal tiene las piernas más cortas que el otro, pero que su cuerpo es más largo y más grueso y que es más fuerte y más feroz. Buffon le llama jaguarete y lo considera como perteneciente a la misma especie que el precedente, o al menos como una simple variedad (3), (tomo XVIII, pág. 84, y tomo XIX, pág.6.). Si esto fuera cierto se encontrarían en el mismo país individuos negros y otros de color ordinario y no se podría atribuir esta variedad al clima. Pero se trata indudablemente de dos especies diferentes. Dudo, no obstante, que el tigre o COGUAR negro, de que habla Buffon, sea de esta especie (1), (Suplementos, tomo VI, pág. 41)

El guazuará tiene 47 pulgadas de largo sin contar la cola, que mide un poco menos de 26. Así, tiene el cuerpo más corto y la cola más larga que el jaguarete. Añádase a esto que es en proporción más delgada, más ligera y más movible. Vive también mucho más en las campiñas y sube igualmente con más facilidad a los árboles. Oculta bajo la paja el resto de sus comidas; huye siempre del hombre y solamente mata pollinos jóvenes, becerros, carneros y otros animales aun más pequeños, pero no deja de matar a cuantos animales encuentra, y no se detiene a comerlos, sino que les chupa la sangre. La hembra da a luz dos o tres hijos; tiene una mancha negra sobre el bigote, y desde la cabeza a la cola inclusive está cubierta de pelos de una pulgada de largo, suaves y de un color mezcla de rojo y negro. Hay individuos más o menos rojos, pero todos tienen negro el extremo de la cola. En la gran colección del Museo de Historia Natural de París, número 268, hay un hermoso individuo adulto de esta especie, con el nombre de coguar, que le da Buffon (2), (tomo XIX, pág. 21.). Este autor describe como diferente un coguar de Pensilvania (3), (Suplementos, tomo VI, pág. 38.), pero es la misma especie.

El chibi-guazú tiene 34 pulgadas de largo, sin contar la cola, que alcanza aproximadamente 13. Vive por parejas y muy oculto durante el día. Mata todas las aves y todos los perros más pequeños que él, así como los gatos; pero cuando come la carne de estos últimos animales se pone sarnoso. Come igualmente culebras y sapos; pero este último alimento le produce vómitos y muere. Cuando se le encierra en jaula hace siempre sus necesidades en el bebedero. La hembra da a luz dos pequeños, que se domestican fácilmente, pero que no dejan nunca de matar cuantas aves domésticas encuentran. Cerca de cada oreja, en el intervalo que las separa, nace una banda negra que se extiende hasta la línea de los ojos; entre esta raya y la de la otra oreja hay dibujos negros. De la nuca salen cuatro rayas negras, que continúan por el cuello, y sobre el hombro hay pequeñas manchas negras irregulares. Desde allí hasta la cola se ven en lo alto del cuerpo dos rayas negras interrumpidas. Por lo demás, el fondo de la parte superior del cuerpo es de un blanco rojizo; pero hay a cada lado una fila de manchas más separadas, que desde el medio del cuerpo hasta junto a la cola están vacías en el centro, de manera que asemejan eslabones negros. Estos mismos eslabones ocupan el resto de los costados del cuerpo, cuyo fondo es de un color más claro. Lo que acabo de decir basta para dar a conocer a este animal (1), (Debe añadirse a esta descripción que el chibi-guazú como el gato común, tiene la pupila del ojo alargada no redonda, como los leones, los tigres, las panteras, los jaguares, los coguares, etc. -C. V.-).

El Museo de Historia Natural de París, números 261, 263 y 264, hay varios individuos de esta especie con el nombre de ocelote, que le ha dado Buffon (2), (Tomo XXVII, pág. 18.). Es verdad que imaginándose que era un jaguarete lo describe como tal con el nombre de jaguar (3), (Tomo XIX págs. 1 y 10.). Creo que debe de referirse a esta especie el jaguare de Nueva España donado a M. Le Brun y el gato tigre de la Carolina de Collinson (4), (Suplementos, tomo VI, Pág. 32 y 47); pero dudo que se deba hacer otro tanto con el gato pardo descrito por los señores de la Academia de Ciencias y el pichu de Dupratz (5), (Tomo XXVII Págs. 13 y 31).

El mbaracayá tiene 22 pulgadas de largo, sin contar la cola, que alcanza unas 13. No tiene mas que dos mamas a cada lado. Yo no he visto más que una hembra de esta especie, en las fronteras de Brasil, hacia los 32º de latitud. Sé que da a luz solo dos pequeños en cada parto, y que estos hijos se domestican fácilmente. Habita las cañadas y los bosques y sube a los árboles. La parte superior de su cuerpo presenta, sobre un fondo muy claro y tirando al color canela una multitud de gotas o pequeñas manchas negras, que pueden tener tres líneas de diámetro.El fondo del color del cerviguillo es el mismo; pero en lugar de las manchas tiene bandas longitudinales negras, de las que cuatro se prolongan sobre la frente.

En el Museo de Historia Natural de Paris, numero 254, hay dos gatos cervales que tienen muchas semejanzas con el individuo que describo, y aunque se observan entre ellos algunas diferencias son muchos menos considerables que las semejanzas. He dado a M. Cuvier, célebre y sabio naturalista la descripción completa mbaracayá traducida al francés, a fin de que pueda comparar este animal con los cervales, y como es probable que se ocupe de ello y dé a conocer su opinión, a él me refiero (1), (El mbaracayá es efectivamente el mismo que el cerval, y nosotros hemos descubierto por esto que el cerval es americano, contra la opinión de Buffon; pero el margay es una especie diferente. -C. V-).

Supongo igualmente que mi mbaracayá podría ser muy bien el margay de Buffon (2), (Tomo XXVII, pág. 30.). Este autor cree que se debe referir a esta especie el maraguá y maracayá de Abbeville y de Marcgrave, el malakaya de Barrère, el tepe-maxtlacon de Fernández, el Felis silvestris tigrinus ex Hispaniola de Seba y el Felis ex griseo flavicans maculis nigris variegata de Brisson.

Buffon refiere aún a esta misma especie (1), (Suplementos, tomo VI, pág. 46) el gato tigre de Cayena de Laborde; pero yo supongo que algunos de estos gatos acaso sean ocelotes o chibiguazús.

El gato negro llamado el negro tiene todo el cuerpo del color que indica su nombre. Su longitud es de 23 pulgadas sin contar la cola, que tiene próximamente 13. No tiene mas que dos mamas a cada lado. Yo he cogido cuatro en los mismos lugares que el precedente.

El yaguarundi tiene las mismas dimensiones de la especia a que me refiero, pero posee tres mamas a cada lado. El conjunto de su color es de un gris que proviene de cada pelo está dividido transversalmente por bandas negruzcas y blanquecinas, de manera que domina el negro.

En el Museo de Historia Natural de París, número 289, hay dos yaguarundis adultos bajos el mismo nombre (2), (Esta es una especie nueva que Azara ha dado a conocer el primero-C. V.-).

El eyrá tiene 20 pulgadas de largo sin contar la cola, que mide 11. Todo el pelo es fuertemente rojo, a excepción de la mandíbula inferior y de una pequeña mancha a cada lado de la nariz, que son blancas. No se le encuentra más que en el Paraguay.

La última especie de gato es pajero; yo no lo he visto más allá del 30º Sur y siempre en medio de los pastos. Su longitud es de 22 pulgadas y media sin contar la cola que es de 10 y media. Su pelo es suave y más largo que el de todas las otras especies. Yo no lo he encontrado mas que un solo hijo en el vientre; no obstante no dudo que su embarazo sea de dos; tiene dos mamas a cada lado. El color de la parte superior de su cuerpo es de un pardo tan claro que en Francia le llamarían gris. Se notan sobre su garganta y sobre su vientre bandas transversales de un pardo tirando al color canela, y se ven anillos oscuros en las patas anteriores y posteriores. El pelo del borde interior de la oreja es tan largo que sobresale cinco líneas de la oreja misma.

Aunque tenga muchas relaciones con el gato salvaje descrito por Buffon y Daubenton (1), (Tomo II, pág. 28.), actualmente creería yo que son dos especies diferentes. Casi lo mismo digo del gato salvaje llamado hayrá en la Guayana, y cuya piel se envió a Buffon (2), (Suplementos, tomo V, Pág., 188.)

Conozco en el país tres animales que tienen las formas de la marta, de la fuina y del turón, pero que son mayores y más fuertes. Comen insectos, pequeños lagartos, víboras, ratones, apereás, pájaros, etc. Hacen agujeros en tierra que les sirven de refugio y para criar a sus hijos, que son siempre macho y hembra; pero aprovechan también los agujeros hechos por otros animales. No sabrían subir los árboles.

El que yo llamo hurón mayor tiene 22 pulgadas de largo sin la cola, que es de 13. Cuando se le irrita, lanza, y no sé como, un olor de almizcle muy incómodo y muy fuerte, que no se disipa sino al cabo de cuatro horas. Tiene todo a lo largo de la garganta, hasta el pecho, una mancha de un amarillo blanco. El resto del cuello y la cabeza son enteramente de un blanco sucio, que comienza a oscurecerse hacia el omoplato, de tal suerte que la rabadilla es de un negro intenso, así como el cuerpo.

En el Museo de Historia Natural de París, número 203, se ven dos individuos, desfigurados en sus formas, bajo el nombre de marta tayra. Yo no dudo de que sea la Mustela atra de Holmens (3), ( tomo XXX, pág. 207, cita –b-); pero encuentro muchas razones para dudar de que sea el ysquiepatl de Seba, el pekan de Buffon (1), (tomo XXVII, págs. 89 y 107), el tayra de Barrère (2), (tomo xxx, pág. 208, cit -*-) y la pequeña fuina de la Guyana de Buffon (3), (Suplementos, tomo V, pág. 226).

El pequeño hurón (Hurón minor), cuando se le irrita lanza el mismo olor que la especie precedente. Tiene 18 pulgadas y media de largo sin contar la cola, que mide un poco más de seis. La frente es de un blanco amarillento, que forma un ángulo a una pulgada del extremo del hocico. Este color se prolonga a los dos lados, formando una raya muy notable sobre los ojos, sin tocarlos, y envolviendo las orejas por el lado del cuello, a cuyo nacimiento termina insensiblemente y en disminución gradual. Toda la parte de encima es gris, porque el extremo de los pelos es blancoamarillento y el interior es negro. El resto es de un negro intenso. Se pueden ver dos en la colección de París, números 201 y 202, bajo el nombre de martegrison. Es necesario referirlo a la especie de la galera de Brown (4), (Tomo XXX, pág. 207, cita –b-), al animal de Cayena enviado al Gabinete de Aubri y al grison de Allamand (5), (Suplementos, tomo V, págs. 264 y 278). Todo lo que supongo consiste en que podría ser el ysquiepatl de Hernández, que Charlevoix habrá confundido con el caguaré, describiendo su hijo del diablo, y Ferrillée hablando del chinche del Brasil (6), (tomo XXVII, pág. 8 cita –a-, y pág. 92, cita -*- ).

El yaguaré, que los españoles llaman zorrillo, es otra especie de fuina, que solo habita desde el 29º y medio, hacia el estrecho de Magallanes. Vive en los campos; no huye y aparentemente no hace caso de nadie; pero si observa que se le persigue, se comprime, se hincha, dobla la cola sobre el lomo y lanza, con perfecta puntería, sobre el que se le acerca, próximamente a una vara, un licor fosfórico de un olor tan apestoso que no hay hombre ni perro que no retroceda y evite aproximarse al yaguaré. Una sola gota caída sobre las ropas obliga a tirarlas, porque sino el olor hediondo apestaría la casa y no se disiparía aunque se enjabonase la ropa veinte veces. Con frecuencia me ha molestado mucho este olor a más de una legua de distancia, y se puede asegurar que si el yaguaré lanzara uno de sus chorros en el centro de París se olería en todas las casas de la gran ciudad. Se dice que este licor tan extraordinario está contenido en una pequeña bolsa cerca del conducto de la orina y que los dos líquidos salen al mismo tiempo. Su longitud es de 17 pulgadas y media sin contar la cola, que tiene cerca de seis independientemente de los pelos. Es enteramente negro y solo a dos pulgadas del extremo del hocico comienzan líneas de un hermoso blanco, reunidas en su origen y que algunas veces se separan sobre la frente, continuado a cada lado, por encima de la oreja, sin tocarla, y prolongándose por los costados del cuello, del cuerpo y aun de la cola. Algunos individuos carecen de estas líneas y rayas, otros no las tienen mas que a los dos lados del cuello, y en otros aun están más o menos extendidas. Se pretende que este olor apestoso es un específico contra la jaqueca y que el mejor remedio para el dolor de costado es tomar una pequeña cantidad de hígado de yaguaré, seco a la sombra y reducido a polvo. Se dice también que este mismo polvo, tomado en vino o caldo, es el mejor sudorífico que se conoce.

En la colección de París hay un animal en extremo semejante al yaguaré, con el nombre de mofeta de Chile, y yo no duraría de que sea el mismo animal si no observara que el blanco de la frente y del occipucio es mucho más ancho que en el mayor número de los individuos que yo he visto en el país. Se creería que para caracterizar a este animalito bastaría decir que es de la familia de las martas, de las fuinas y de los turones, que es americano y que emite a voluntad un olor de una hediondez increíble. Pero como muchos autores hablan de animales que tienen caracteres semejantes, y no están de acuerdo unos con otros, se debe presumir que los hay de diferentes especies bien difíciles de reconocer hoy, a causa de los caracteres que se les asignan. Añádase a este que mis dos turones precedentes expanden también muy mal olor, y esto basta para que la exageración, tan frecuente en los viajeros, iguale este olor al del yaguaré. Por lo demás, no teniendo esta especie los colores muy constantes, es un motivo más para que las relaciones no estén de acuerdo. En mi obra española me había propuesto aclarar muchas dificultades; pero habiendo reflexionado luego, no afirmo nada, como no sea que el gruñidor y soplador de Wood es un yaguaré (1), (Tomo XXVII, pág. 83, cita -*-). Por lo demás, se debe presumir que los zorros de Garcilaso, el Putorius americanus de Kalm y el de Gemelli Carrieri (2), (Tomo XXVII, pág. 83 cita -*-; pág. 90, cita -*-, y pág. 95, cita (a).) pertenecen igualmente a esta especie. Esto me parece al menos mas probable para este que para el suizo de Sagard Theodat (3), (tomo XX, pág. 164), la mapurita de Gumilla, el animal hediondo de Page du Partz, y el ortohula de Fernández (4), (tomo XXVII, Pág. 95 cita (b), pág. 96, cita (*), y pág. 99, cita -*-. ) Presumo también que Charlevoix y Feuillée lo han confundido con mi especie procedente, como ya he dicho.

Los naturalistas llaman sarigüeyas o filandres a los animales que yo nombro en general fecundos, porque lo son mucho. Conozco seis especies, y como estos animales no se encuentran más que en América, debo dar a conocer los caracteres comunes a todas las especies antes de hablar de aquellos que distinguen a cada una en particular. Su cola es muy larga, nerviosa y crasa, desprovista de pelo casi toda y aun enteramente, cubierta de escamas, y se sirven de ella para sostenerse sobre los árboles, a donde suben fácilmente, así como por los muros cuya superficie es desigual. Los dedos son muy cortos, desprovistos de pelos y flexibles, con uñas agudas. Hay cinco en las patas anteriores y el pulgar no se distingue de los otros. En cuanto a las patas posteriores, el número es el mismo, pero el pulgar es redondo, grueso, desprovisto de uña y muy alejado de los otros dedos. Estos animales tienen la cara triangular, muy aguda y larga; los ojos, oblicuos y salientes; la boca, muy hendida y con más dientes que ningún otro animal. En efecto, en la mandíbula superior hay diez incisivos y cuatro caminos, y en la inferior, ocho de los primeros y cuatro de los últimos. Tienen largos bigotes y las orejas redondeadas, desnudas y transparentes. El cuerpo es largo; el cuello, corto y el escroto, tan colgante que casi toca al suelo. El miembro se oculta en el orificio y está dividido en dos en la punta, presentando la forma de Y. En las hembras los dos conductos no tienen mas que un solo orificio. Las mamas están colocadas en forma de elipse o círculo alargado, y hay una en el centro. Apenas realizado el parto, las hembras aplican sus hijos cada uno a una mama, que no sueltan nunca hasta que están en estado de andar y comer por sí solos. Entonces cada uno se agarra a la madre como puede, y ésta los lleva con mucho trabajo, unos sobre el lomo y otros arrastrando por el suelo.

Cuando se irrita a estos animales emiten su orina y sus excrementos, que esparcen malísimo olor. Habitan los campos más que en los bosques, donde no se internan nunca. Se ocultan en los matorrales o masas de hierba, o bajo los troncos de los árboles, o en agujeros que hacen en tierra. Su marcha es muy pesada. Son estúpidos, y no son ni feroces ni inquietos. No salen mas que de noche. Se alimentan de insectos, huevos, lagartijas, ratones y creo que también sapos y cangrejos. Comen igualmente frutos, y cuando matan un pájaro se limita ordinariamente a chupar la sangre. Esto mismo hacen las especies mayores con los pollos, cuando pueden atraparlos penetrando en las casas. Se los mata fácilmente a palos, aunque no dejan de morder si pueden, pero nunca atacan. Con estos caracteres será siempre fácil asegurarse de si un animal pertenece o no a esta familia de cuadrúpedos. Pero la distinción de las especies es muy difícil, porque hay varias que tan solo difieren por las proporciones respectivas del cuerpo y la cola. Vamos a dar los caracteres de cada especie.

Se encuentra el micuré en toda la extensión del país que describo. Tiene diez y siete pulgadas de largo sin contar la cola, que mide trece y que no está cubierta de pelos mas que en espacio de cuatro pulgadas, a partir de su raíz. El pelaje está constituido por dos clases de pelos. El más corto y más abundante es de un blanco amarillento negro en el extremo; el otro es de dos pulgadas de largo, blanquecino y más grueso. Una mancha oscura rodea al ojo y se extiende hasta el bigote; otra aun más oscura sale del centro del occipucio y se extiende sobre la frente. Las patas anteriores y posteriores son negras. A lo largo del vientre de la hembra adulta hay una hendedura formada por dos bordes o pliegues muy notables, que se abren y cierran a voluntad. Bajo cada pliegue hay una cavidad, que aumenta hacia atrás, de suerte que la reunión de los pliegues en la parte posterior forma sobre el pubis una bolsa que tiene bastante capacidad; en esta cavidad hay doce mamelones, colocados en círculo y uno y medio ; allí es donde el animal encierra sus hijos los primeros días.

Monsieur cuvier, naturalista muy estimado en Europa, me ha mostrado, en la sala donde se preparan los animales para el Museo de Historia Natural, una piel de micuré recién llegada de Cayena; pero había perdido una gran parte de los pelos blancos, los más largos que guarnecen los costados del cuerpo del animal. En el mismo Museo, números 298 y 299, he visto tres pieles, con el nombre de Didelphys manicu virginiensis, que al primer golpe de vista me han parecido también micurés, vista su forma, su tamaño, su mezcla de dos pelos, de los que los más largos son blancos, así como el color de las patas de delante y atrás, y aun el de las orejas en ambos individuos.

Esto es lo que dije al pronto a M. Cuvier; pero como después le aseguré que el individuo recién llegado de Cayena que el me mostró era un micuré y que tenía dudas con respecto a los otros, debo esperar que comprará estos animales y decidirá la cuestión. Entre tanto, considero estos tres individuos como diferentes del micuré, porque el blanco domina mucho más en su pelo sin estar mezclado de amarillo; además, la cara es incomparablemente más blanca, no hay nada negro en la parte alta del hocico, ni entre las orejas, ni en el occipucio; apenas se distingue en el ojo y no se prolonga hasta el bigote. El pelaje me parecerá más compacto y menos suave y los pelos blancos me parecen menos tendidos, más cortos y más espesos. Además, uno de los individuos tiene las orejas enteramente negras. Daubenton nos da la descripción de la zarigüeya (1), (Tomo XXI, pág. 181);(Tomo XXI, pág. 186 ) otro individuo de quince pulgadas y media de largo sin la cola, que tenía diez y seis, y estas medidas me hacen creer que se trataba de mi micuré. Otro tanto digo de la zarigüeya de Tyson (2) (Tomo XXI, pág. 135 ); de la carigüeña de Ximénez del taiibi de Marcgrave (3) (Tomo XXI, pág. 159 ) y del Philander brasiliensis de Brisson. Mucho sospecho también que la nomenclatura de la zarigüeya de Buffon está embrollada y que las frases de los autores relativas a este animal son confusas y equívocas. Buffon describe también su cangrejo (4) (Suplemento, tomo VI, pág. 125) y en seguida otros dos animales de esta familia (5) (Suplementos, tomo XII, págs. 20 y 29). En mi obra sobre los cuadrúpedos llegué a creer que eran micurés, pero hoy dudo. En el Museo de Historia Natural de París, números 295, 296 y 297, hay tres cangrejos muy estropeados y mal preparados, que no parecen ser los de Buffon y que yo no conozco. No obstante, el último podría ser mi coligrueso.

Llamo lanoso al segundo fecundo porque está cubierto de una lana muy suave. No he tenido hembras de esta especie, pero se me asegura que la bolsa y las mamas eran como en la especie precedente. Esta de que hablo es de ocho pulgadas y dos tercios de largo sin la cola que tiene trece y media y que está toda recubierta de pelo a excepción de cuatro pulgadas y media en el extremo. Se ve que nace sobre el hocico una pequeña raya oscura que va hasta el occipucio; el contorno del ojo es de vivo color canela; el espacio que media entre este último color y la raya es de un pardo claro. El occipucio, parte anterior y exterior de las patas de delante y anterior de las posteriores son rojizos. Lo mismo sucede en los riñones, aunque el color sea en ellos un poco más oscuros. El resto del cuerpo es de un pardo blanquecino, y el blanco domina en las partes inferiores.

En el Museo de Historia Natural de París se ve un individuo sin nombre ni número, que es el décimo contado de derecha a izquierda del que mira a la fila de los didelfos. Se distingue de los otros por la gran suavidad en el pelo, y yo creo que es mi lanoso, aunque los colores hayan perdido mucho. Monsieur Cuvier opina lo mismo, comparando mi descripción con un individuo un poco mejor conservado que acababa de llegar de Cayena, y que estaba en la sala donde se preparan y disecan los animales para el Museo. Monsieur Geoffroi (otro naturalista igualmente muy conocido), que estaba presente, me dijo que él había visto las hembras de esta especie y que no tenían bolsa. Esto me ha hecho rectificar el error en que me habían hecho caer los que me habían asegurado que la tenían. Por consecuencia, como es sobre este error donde me había fundado para referir a mi lanoso la figura 46 que Daubenton da de su zarigüeya hembra (1) (Tomo XXI, pág. 181) , yo veo ahora que me equivoque en el juicio que había formado a este respecto y en la crítica que puede verse en mi obra española sobre los cuadrúpedos. En la misma obra yo no dudaba de que éste fuera el cayopollin de Buffon descrito por Daubenton (2), (Tomo XXI, pág. 235); pero creo hoy que son animales diferentes, porque aunque no haya gran diferencia en los colores, el cayopollin tiene negro en el ojo, la cola menos provista de pelo en su raíz, y considerablemente más corta a proporción. Esto me parece suficiente para establecer una diferencia específica entre animales que presentan un gran número de caracteres generales de semejanza, y de los que, por consecuencia, las especies son poco diferentes unas a otras. Dudo de si se debe referir o no a esta especie el Philander de Suriman, de Sibille Marian (1), (tomo XXX, pág. 208), que era una hembra. Seba da el macho con una figura y una descripción que lo aproxima mucho a mi lanoso; es verdad que dice cosas que parecen alejarlo mucho.

Llamo a la tercera especie coligrueso. El animal tiene doce pulgadas de largo sin contar la cola, que mide once y que esta cubierta de pelos, a partir en la raíz, en los dos tercios de su longitud. Su pelo no es, a lo más, tan largo como en las especies precedentes y no lo es más que el de un ratón ordinario. La parte inferior del ojo es de un color canela claro que envuelve el ángulo de la boca, y ocupa luego la parte inferior de la cabeza y todas las partes inferiores del cuerpo. Las patas y la cara son de un color oscuro; el resto, como en el ratón doméstico. En lugar de bolsa este animal tiene entre las piernas dos pliegues abiertos en elipse, que contienen una pequeña cavidad, donde hay ocho mamelones formando un círculo alargado. No me sorprendería que el Didelphys cangrejero, número 297 del Museo de Historia Natural de París, fuera mi coligrueso. Pero creo que la murina de Linneo pertenece a esta especie (2), (tomo XXI, pág. 212), y supongo que Daubenton, en la descripción de la zarigüeya, ha confundido mi coligrueso con el micuré. Estoy igualmente persuadido de que el mismo autor, describiendo la marmota, ha confundido con el colilargo la especie de que yo hablo en presente artículo, como precedentemente he dicho.

Doy a la cuarta especie el nombre de colilargo. No he visto más que un individuo, que no era adulto. Tenía tres pulgadas y tres cuartos de largo sin contar la cola, que medía cinco y que estaba enteramente desprovista de pelo. Entre las dos orejas y toda la parte alta del cuerpo es del mismo color que el ratón doméstico y el pelo no es más largo. El ojo esta rodeado de un anillo negro, seguido de otro blanquecino, y en el espacio que se extiende de un ojo a otro se ve una línea oscura. Las partes inferiores son blancas. Se verá en el número 23 que tengo algunas sospechas de que cuatro individuos del Museo de Historia Natural de París podrían pertenecer a esta especie. Daubenton (1), (tomo XXI, pág. 216) describe la misma marmose que Buffon, describiéndola por dos individuos que tuvo a la vista, y aun cita un tercero, que le sirvió para la disección. Pero yo creo que la proporción de medidas que les da indica que no son todos de la misma especie, como él cree, y que el primero es un coligrueso no adulto, y los otros, colilargos. No me sorprende nada que un naturalista tan hábil y exacto haya podido caer en semejante error, pues en la familia de los didelfos o fecundos las especies se aproximan de tal manera las unas a las otras que es muy difícil distinguirlas, aun tratándose de los individuos vivientes, y que esto es casi imposible cuando los ejemplares están conservados en los gabinetes. Si mi conjetura es verdadera, como creo, y estos tres individuos pertenecen a dos especies diferentes, no sería extraño que se hubieran confundido los caracteres en la descripción. En efecto, que se hablan pertenecen al coligrueso más que al otro, a excepción de la banda negruzca que, según Daubenton, rodea el ojo, y se ensancha por encima en la parte anterior de manera que forma un anillo negro (1), (tomo XXI, pág. 235). Este último carácter pertenece al colilargo, y otro tanto digo de las catorce mamas y de la cola, que no tiene pelo más que en su raíz y en una longitud de tres líneas. Es verdad que Buffon dice (2), (tomo XXI, pág. 213) que una gran parte de la cola está cubierta de pelo, lo cual pertenece al coligrueso. Lo que yo considero como cierto es que este animal no es la murina de Linneo; pero no conozco el philander de Brisson, que Buffon refiere a esta especie. El individuo que enviaron de Cayena a este último autor (3), (Suplementos, tomo VI, pág. 118, cita -a-) me parece ser también un coligarlo.

Llamo colicorto al quinto fecundo. Tiene cuatro pulgadas y media de largo sin contar la cola, que alcanza dos y cuarto y que solo tiene pelos en la raíz. El cuerpo es, en proporción, más grueso que en todas las demás especies y el pelo o es más largo que el del ratón común. La parte inferior del ojo, y aun un poco de la superior, los lados de la cabeza y del cuerpo, son de un color de canela vivo. La parte alta del hocico es parda, y todo el resto, de un pardo aplomado. Este animal no tiene bolsa; pero su seno; colocado entre las piernas, es hinchado y presenta catorce pezones, tan pequeños que apenas pueden contarse. Su parto es de catorce hijos, que se fijan a los pezones y la madre de los lleva consigo sin que suelten jamás la presa.

En el Museo de Historia Natural de París se ven en una misma fila varios fecundos con el nombre general de didelfos. Los dos individuos mas a la derecha del que mira, llamados touan, sin número, son de esta especie. Empiezo también a sospechar que se podría referir a ella la musaraña del Brasil de que habla Buffon (1), (tomo XXX, pág. 213).

Llamo enano al último fecundo porque no tiene mas que tres pulgadas y media de largo independientemente de la cola, que tiene tres y dos tercios y está enteramente desprovista de pelos. No he tenido en mí poder más que dos machos, que tenían el pelo corto como un ratón y la cola más delgada que las otras. Entre las dos orejas, toda la parte de arriba y los costados son de un aplomado un poco más oscuro que en el ratón, y toda la parte de abajo, de un blanquecino muy claro. Pero el contorno del ojo es de un negro que se extiende hacia el ángulo mayor. Las regiones superciliares son blanquecinas en la parte superior y las dos están separadas por un triángulo, un poco oscuro y poco perceptible. En la serie de los didelfos del Museo de Historia Natural de París se ven cuatro individuos de edades diferentes, sin contar los que están sobre el dorso de la madre. Estos cuatro últimos, que no tienen ni nombre ni número, que parecieron al principio ser de la especie de mi colilargo, así lo dije a los señores Cuvier y Walckenaer; pero examinándolos después mas cómodamente y con mas atención he modificado lo que pensaba y creo mas bien que pertenecen a la especie que he llamado enana. He aquí en lo que me fundo. La mancha del ojo no es redonda, como en el colilargo, sino en forma alargada; no se observa la línea oscura vertical sobre la frente ni el blanco en la parte anterior del brazo, y el tamaño y las proporciones me parecen a la vista aproximarse mas al enano que al otro. Es verdad que la mandíbula inferior, por debajo del ojo, es blanca sin que se perciba el amarillo; pero como esta tinta es muy poco sensible no me sorprende que haya desaparecido, así como el color oscuro del centro de la frente, que es poco perceptible aun en el animal viviente. Si se midiera la longitud total y la de la cola es posible que se disiparan nuestras dudas.

Nada mas conocido que las formas de los zorros. El que se llama aguará-guazú tiene cuarenta y una pulgada de largo sin contar la cola, que alcanza quince, independientemente del pelo, que mide cuatro. Desde la parte inferior de la pata hasta la cruz tiene treinta y cuatro pulgadas y media. Resulta que es tan grande como un perro de la mas alta talla y mayor que un lobo, y no cede a ninguno de estos animales en la ligereza de su carrera ni en la fuerza de sus dientes. He visto un individuo adulto muerto y he poseído otros muchos pequeños, y que intenté criar dándoles carne cruda de vaca; pero pronto advertí que no la digerían y la expulsaban así como la habían comido. Gruñían y ladraban como perros, pero con más fuerza y en tono más confuso. No mostraban poner atención alguna hacia los pollos que pasaban a su alcance, pero comían pájaros pequeños, ratones, huevos, naranjas y caña de azúcar. Como esta especie no habita más que los terrenos inundados, sin pasar al sur del rio de la Plata, yo creo que se alimenta principalmente de caracoles, babosa, sapos, cangrejos y víboras. Este animal huye siempre y no hace mal alguno a los ganados; es nocturno y solitario, y muchos habitantes del campo aseguran que se encuentran en el corazón, en los riñones y en las entrañas de algunos individuos de esta especie abejas, gusanos y hasta víboras. Esto me hizo examinar con cuidado al individuo adulto que yo poseía y a otros pequeños, pero no encontré nada semejante. Los jóvenes murieron todos. Mi amigo D. Pedro Blas Noseda no encontró nada tampoco en el cuerpo de un individuo joven de esta especie; pero examinando el cuerpo de la hembra vieja observó que el riñón derecho, que en apariencia no difería del otro, formaba una bolsa que contenía seis gusanos vivos que se veía moverse. El mayor de estos gusanos tenía quince pulgadas de largo, y el tamaño de los otros disminuía progresivamente. Todos se alimentaban de sangre mezclada con agua, donde nadaban. Considero a Noseda como hombre muy verídico. Los anatómicos pensarán lo que quieran de este hecho. Esperando otras explicaciones, podría creerse que estos gusanos son el producto de una generación espontánea irregular. El pelo, bello y suave, no está acostado; es por el contrario, un poco crespo, largo de cuatro pulgadas, de un bello rojo tirando algo a amarillo. Pero su crin, de seis pulgadas de alto, no es de este color mas que hasta la mitad de la longitud del pelo y el resto es negro hasta la extremidad. La parte inferior de las cuatro patas es igualmente negra, así como el hocico. Se ve una gran mancha blanca en la parte inferior de la cabeza, y la parte posterior de la cola es igualmente de este color. Es indudablemente el ocoromo de Moxos (1), (tomo XIX, pág. 25) y también creo que es el koupara de Barrère (2) (Tomo XXX, pág. 205, cita -*-).

El aguarachay es muy común en todas estas regiones. Tiene las pupilas de los ojos como las de los gatos. Es nocturno y sus formas y sus hábitos no difieren nada de las de los zorros de España. Noseda domesticó uno, que acabó por ser tan familiar como un perro, pero se comía todos los pollos. Tiene veinticinco pulgadas y media de largo sin contar la cola, que alcanza doce y media de longitud, y los pelos del extremo, de pulgada y media. La parte de fuera de la oreja y el exterior de las patas anteriores y posteriores, hasta por encima de la corva, son de color rojizo tirando al de la canela; el hocico es negro hasta los ojos. Sobre el resto de la parte alta de la cabeza se ven pequeños pelos de color canela, cuyo extremo es blanco. Todas las partes inferiores del cuerpo son blanquecinas. El resto de la piel es gris, porque cada pelo tiene alternativamente dos rayas blancas y dos negras. El extremo es de este último color. En el Museo de Historia Natural de París, numero 278, hay un animal llamado zorra tricolor (1), (canis cinereo argenteus, no citado por Buffon. -C. V.-.), llevado del Norte de América, y que me parece ser mi aguarachay. Si esto es así, cosa que no dudo, se puede concluir que el clima no tiene sino muy poca o ninguna influencia, porque el aguarachay es el mismo en toda América desde el estrecho de Magallanes hasta el polo ártico, aunque en general el zorro varié mucho en sus colores.

El popé es de veintitrés pulgadas y media de largo sin contra la cola, que tiene trece y media, ni los pelos, que tienen dos. El hocico es más puntiagudo que el del zorro y un poco arremangado en el extremo. Los ojos son muy grandes y un poco saltones, y las orejas un poco inclinadas al costado. Tiene en las patas anteriores cinco dedos, desprovistos de pelo, separados, callosos por debajo, más altos que gruesos, que no le sirven para desgarrar, pero sí para llevarse el alimento a la boca, cosa que hace con las dos patas a la vez. Las patas de atrás están dispuestas del mismo modo. Hay tres mamas a cada lado. Su pelo es suave y un poco crespo. Toda la parte inferior del cuerpo es de un color amarillo pálido; las patas son negras, así como el último tercio de la cola, de la que el resto alterna en anillos negros y blanquecinos. Los arcos superciliares son blancos, así como el borde de los labios, y hay detrás de ojo una mancha del mismo color. El resto de la cabeza es negro. Todo el resto del pelaje se mezcla de dos clases de pelos; los mas largos, negros, y los otros, blanquecinos, lo que da al animal un color gris. Creo que no pasa del 30º Sur y que es nocturno. Algunos dicen que tienen todas las costumbres del zorro; hasta considerar sus formas para ver que no es ni tan ligero ni tan activo. Parece que prefiere los lugares acuáticos y que sube a los árboles. No dudo de que en ocasiones coma de todo, pero creo que se alimenta principalmente de insectos, frutas, huevos, cangrejos y de las aves pequeñas que puede cazar. Se le domestica teniéndolo amarrado. Es muy pesado; el cuerpo y el cuello son gruesos y cortos; la cola, recta; permanece encogido, con el aire tímido; la boca es muy hendida. Tiene en la mandíbula inferior seis incisivos, de los que los exteriores podrían pasar por caninos; hay luego un intervalo vacío, seguido de dientes caninos que tienen siete líneas. En la mandíbula inferior hay seis incisivos, y en seguida, caninos.

En el Museo de Historia Natural de Paris, numero 197 y 198, hay dos popés con el nombre de ratón cangrejero, que le ha dado Buffon (1), (Suplementos, tomo XII, pág. 14); pero el mismo había ya descrito este animal con el nombre de ratón (2), (Tomo XVII, pág. 177).

El cuati tiene veintidós pulgadas y media de largo sin la cola, que alcanza veinte y media y que con frecuencia levanta verticalmente, dirigiendo el extremo por detrás. El cuerpo y el cuello son gruesos y cortos; el hocico es muy largo, agudo, en forma de trompeta, y el extremo, que sobrepasa más de diez y deis líneas de la mandíbula inferior, tiene alguna movilidad en todos sentidos. En la mandíbula superior se encuentran cuatro incisivos, después un vació y luego un diente canino, separado por un gran intervalo de un canino de cinco líneas que presenta dos filos, como una espada; siguen luego seis molares. El número de incisivos de la mandíbula inferior es el mismo, y los siguen caninos de dos filos, con ocho líneas de largo, muy separados de los molares. La oreja es pequeña y redonda. Todas las patas tienen cinco dedos, reunidos por una membrana que se extiende hasta la mitad de cada dedo. Las hembras miden casi tres pulgadas menos que los machos; tienen de seis y diez mamas y dan a luz cuatro a cinco hijuelos, de los que los machos son el mayor numero. Este animal tiene una pequeña mancha blanca bajo los ojos, otra detrás y una tercera en la parte posterior del ojo, que da una vuelta y se prolonga a lo largo del costado del hocico. El resto de éste es negro y este color se introduce en forma de punta aguda en la macha blanca que tiene sobre el ángulo mayor del ojo.

La frente es de un blanco amarillento, así como toda la parte superior del cuerpo y los costados; pero el extremo del pelo es de un color oscuro y la cola tiene anillos de este último color y otros blanquecinos.

Los pelos de debajo del cuerpo son oscuros en el extremo y de un anaranjado pálido en el interior. Hay algunos individuos que tienen blancas estas regiones, que en vez de ser anaranjadas, y que son blanquecinos en la parte superior del cuerpo en ves de ser blanquecinos en la parte superior del cuerpo en ves de ser blancoamarillentos. Este animal solo habita los bosques; sube a los árboles, y se dice que basta golpear el tronco para hacer caer toda la banda, que está sobre las ramas. Hay también personas que le atribuyen todas las astucias y todos los hábitos del zorro, pero su poca ligereza demuestra que se engañan. Su hocico no anuncia un animal que tenga fuerza para morder, y se ve que a lo sumo está en estado de comer huevos o los animales pequeños que encuentre en los nidos. Lo que sí es seguro es que no come ratones. Sin embargo, cuando está domesticado (lo que no es difícil) come pan, carne, frutas y de todo, indistintamente. Se le tiene amarrado porque es muy turbulento y para evitar que se escape, porque no se encariña con nadie. En el Museo de Historia Natural de París se ven reunidos varios cuatis, de los cuales, a mi parecer, ninguno es adulto, y los de los números 186 y 188 son de la variedad cuyo color es más oscuro.

Llamo nutria al animal que en el país llaman lobo de río, y que se encuentra en todos los lagos y en todos los ríos del Paraguay, y creo que hasta en el río de la Plata. Cada sociedad de estos animales vive en un gran agujero que excavan al borde del agua, y donde nacen y crían a sus hijos. No viven mas que de peces, que comen generalmente fuera del agua. Permanecen todo el tiempo que quieren debajo del agua, sin ahogarse, y muestran a veces la cabeza detrás de los buques y ladran como perros; pero el sonido de su voz es ronco y nunca muerden a los que están nadando. En tierra su marcha es pesada y avanzan casi arrastrándose sobre el vientre. No he tenido mas que ocho individuos vivos, y voy a dar las dimensiones del mayor sin asegurar que fuera adulto, porque me parece haberlos visto mas grandes en mis navegaciones por los ríos. La longitud es de veinticuatro pulgadas y media sin contar la cola, que tiene diez y ocho; esta cola es gruesa, puntiaguda, flexible y redonda, aunque se nota en ella un pliegue formado por la piel todo a lo largo de sus lados. El cuerpo y el cuello son gruesos; la cabeza, corta y plana; pero su parte alta es en forma de semicírculo y más levantada que las orejas, que son pequeñas y redondas. El hocico no es puntiagudo; está bien provisto de bigotes; los ojos son pequeños. La mandíbula superior tiene seis dientes incisivos, seguidos de un diente canino a cada lado; después un intervalo. Estos caninos tienen siete líneas de largo y están separados de los molares por otro intervalo. Se observa el mismo número de incisivos en la mandíbula inferior; no hay caninos y solamente molares, separados de los otros por un espacio vacío. Las cuatro patas tienen cinco dedos, reunidos por una membrana. La mandíbula inferior es de color de paja o amarillenta; todo el resto del pelo es de un color oscuro brillante y suave al tacto.

En mi obra sobre los cuadrúpedos no dudé en asegurar que mi nutria era el animal que Buffon llama saricovienne. Pero habiendo visto después esta especie en el Museo de Historia Natural de París, muchas razones me llevan a dudar de la veracidad de mi aserto. En efecto, aunque el país y las formas parecen ser los mismo, la saricovienne es mucho más grande que los ocho individuos que yo he visto y tenido entre las manos. Añádase a esto que el pelo de mi nutria me parece mucho más suave, más perpendicular a la piel y más oscuro, mientras que el de la saricovienne es de color de canela. Es verdad que este último color es con mucha frecuencia más oscuro y subido en las pieles viejas de algunos de estos animales; pero además he aquí otra diferencia: el color de paja o blanco amarillento, que en mi nutria no ocupa mas que la parte inferior de la cabeza, se extiende mucho en la saricovienne y cubre la garganta hasta el pecho. Es verdad que los hijuelos de saricovienne que se ven en el Museo, al lado de su madre, no presentan esta diferencia tan sensible, pero siempre es más clara de notar que en mis individuos. Estas dudas me han confirmado en otra que al principio me había hecho poca impresión. Yo había visto de lejos, navegando por algunos ríos al norte del Paraguay, nutrias que me parecieron más grandes y que los ocho individuos que había visto y descrito, y yo vi en el país una piel de nutria disecada de cuarenta y seis pulgadas de longitud sin la cola, que tenía veintiuna. Todo esto me hizo sospechar que estos individuos grandes pertenecían a otra especie; después me persuadí de que la diferencia de tamaño venía de la edad y no de una diferencia específica. Pero como veo ahora que es probable que la saricovienne es una especie diferente de los ochos individuos que he medido y descrito, encuentro igualmente probable que los grandes individuos de que he hablado deban ser referidos a ella; y tanto más, cuanto que el animal disecado tenía la misma clase de pelo y el mismo color que el del Museo. Es verdad que ignoro si tenía también la macha por debajo de la cabeza y la garganta, porque el pelo se había caído. Si se asegura que existen efectivamente en el país dos nutrias diferentes, es decir, la mía y la saricovienne, será necesario examinar de nuevo la nomenclatura de Buffon (1), (Tomo XXVII, pág. 126) y mi critica.

No obstante, yo creo siempre que la sariguebesú de Thevet es mi quiyá y que la lutra atri coloris macula subgutture flava de Brisson es mi nutria, vista la relación de los colores. En cuanto a los otros autores citados por Buffon, no puedo decir nada, ni tampoco de las nutrias que indica a continuación (2), (Suplementos, tomo V, pág. 260. Tomo XII, páginas. 104 y 123)

Llamo quiyá, así como los indios, a un animal que los españoles llaman impropiamente nutria. No pasa de los 24º de latitud hacia el Norte; pero en la provincia del Río de la Plata se le encuentra abundantemente en todos los arroyos y en todos los lagos. Excava agujeros a orillas del agua para esconderse y criar a sus hijos, que son en número de cuatro a siete. Nada frecuentemente y lo mismo bucea; pero tiene necesidad de salir frecuentemente del agua para respirar. Vive solo de hierbas. Su longitud es de diez y nueve pulgadas sin contar la cola, que tiene diez y seis y que es gruesa, escamosa y desprovista de pelos. Sus patas son muy cortas y su marcha es pesada. Tiene en las patas anteriores cinco dedos, todos separados, y los de las posteriores, en el mismo número, unidos todos por una membrana. Se parece mucho a una liebre por la cabeza y el hocico, pero sus orejas son mucho más pequeñas y sin pelos. No tiene más que dos dientes en cada mandíbula; son de color naranja y de una pulgada de largos. La boca es como de la liebre. El contorno de la boca y la punta de hocico son blancos. Por lo demás, la parte de encima es oscura, aunque se percibe bien distintamente el rojizo en los costados de la cabeza y del cuerpo y en los alrededores de la oreja. Las partes inferiores son más claras. Sospecho mucho que el sariguebesú de Thevet pertenece a esta especie (1), (Tomo XXVII, pág. 126.). Me fundo sobre lo que dice de que este animal habita en el Río de la Plata y su carne es buena para comer, que el color del pelo es una mezcla de gris y negro, y que tiene membranas en las patas. En mi obra sobre los cuadrúpedos formé la misma suposición respecto a la pequeña nutria de agua dulce enviada de Cayena a París (2), (Suplementos, tomo V, pág. 262); pero hoy estoy por la negativa.

El capibara no pasa al sur del Río de la Plata, pero se le encuentra frecuentemente a orillas de todos los ríos, arroyos y lagos, donde vive en familia, no alimentándose mas que de hierbas y no haciendo cuevas. Nada mucho y bucea; pero solamente en tanto en cuanto la necesidad de respirar se lo permite. Corre poco; es pacífico, tranquilo y pesado, y permanece sentado mucho tiempo. Su carne es buena y muy crasa. Sale principalmente de noche. La hembra da luz cuatro u ocho crías. Tiene de largo cuarenta y cinco pulgadas y media y carece de cola. El cuerpo es más corto, más grueso y más redondeado que el del cerdo. Su cabeza tiene menos ancho que alto; la oreja es corta sin pelo. El hocico es extremadamente obtuso. Su boca se asemeja a la de la liebre y tiene, como este animal, dos grandes dientes arriba y otros dos abajo. Presenta sobre el hocico una especie de lupia muy aplastada y sin pelos. Tiene cuatro dedos en las patas anteriores y tres en las posteriores; tanto en unas como en otras, unidos por una membrana. La hembra no tiene lupia y su longitud cuenta dos pulgadas menos que el macho. El pelo es grueso y apretado contra el cuerpo, de un color oscuro, pero el extremo rojizo. Toda la parte de debajo es de un pardo blanquecino. En el museo de París, numero 337, se puede ver un individuo joven con el nombre de cabiai.

El pay es muy raro en el Paraguay y yo creo que no se le encuentra más allá del 30º de latitud. Se me aseguró en el país que tenía la misma manera de vivir que el acuty; que como él, es nocturno y lo roe todo; que habita los bosques, donde se oculta en los huecos de los árboles y también bajo su tronco; come hierba y cañas de azúcar, tiene la carne delicada y da a luz dos crías, o una sola, cada vez. Yo no tuve en mi poder mas que dos machos de esta especie, que tenían veinticuatro pulgadas de largo; la cola o el cóccix solo tenía seis líneas. El cuerpo se parecía al del cochino, por su redondez y su aspecto. El hocico era obtuso, con dos grandes dientes arriba y abajo; la cara, plana, y la oreja, sin pelos. Tiene cinco dedos en las patas anteriores, y de ellos el interior es tan pequeño que se reduce a una uña; todos están un poco unidos en su raíz. Las patas posteriores son del todo semejantes a éstas. Solo hay una mama a cada lado. El pelo es corto, pegado al cuerpo y muy blanco en toda la parte inferior. El de encima es de un pardo oscuro; pero a cada lado del cuerpo hay bandas blancas muy notables y colocadas a lo largo. En el Gabinete de París, numero 344, lleva el nombre de paca.

El acuty no es raro en el Paraguay, pero no se extiende hacia el Sur. Es nocturno y en las casas lo roe todo, hasta la madera de las puertas. Tiene los mismos hábitos que la especie procedente, pero es mucho más ligero. No hace cuervas; vive de vegetales, pero en poder del hombre como de todo. Cuando tiene miedo eriza sus pelos sobre la grupa y se le caen a puñados. Toma las mismas actitudes que el conejo, y se diría que tiene joroba. Levanta las dos patas a la vez y se sirve de ellas para sostener lo que come. Tiene veinte pulgadas de largo. La cola, a lo sumo, tiene una, es rígida, sin pelos y casi cilíndrica. La cabeza, la boca y los dientes son próximamente como en la liebre. Tiene en las patas anteriores cinco dedos, de los que el exterior se reduce a la uña. Solo tiene tres en las patas posteriores, cuyos tarsos son muy largos. La hembra tiene tres pares de mamas y da a luz ordinariamente dos crías, que nacen por octubre. La parte inferior de la cabeza, hasta el pecho, es de color de paja, y el resto, por debajo, casi blanco. Toda la parte superior y los costados son de color gris o de una mezcla de oscuro y amarillo verdoso, pero el amarillo domina por delante de las patas; la parte posterior es anaranjada; las patas son oscuras. En el Museo de Historia Natural hay dos individuos de esta especie, con el nombre de de cavia-aguty. Buffon separa este animal del que él llama acouchi (1), (Tomo XXX, pág. 211, y Suplementos, tomo VI, pág. 19), y en mi obra sobre los cuadrúpedos he creído que se equivocaba, o al menos que su opinión no estaba bien fundada. Pero, pues que en el mismo Gabinete, número 341, hay un cavia-acouchi a la vista de los más hábiles naturalistas, debo creer que me equivocaba. Es verdad que este animal me parece ser también un acuty o aguti por todos sus caracteres, y yo no le veo la cola que le da el autor. Puede ser que mirándolo con buena luz se descubriera, así como otras diferencias que no se advierten, dada la manera como el animal está colocado en el Gabinete.

Nunca he encontrado el tapity al Sur del 30º de la latitud. Nada de más semejante en todo al conejo salvaje; pero la cola es más corta y su pelo le da la forma de una bola. Además, no hace cuevas y no tiene otra habitación que los matorrales. La hembra da a luz tres o cuatro hijos, que deposita, por septiembre, en cualquier masa de hierbas. Tiene catorce pulgadas de largo sin contar la cola, que no llega a una aun contando los pelos. La parte posterior del ojo está rodeada por una raya de color blanco y canela, que se extiende hasta por encima. Los labios y la parte alta de la cabeza son blancos; este color se introduce en forma de punta detrás de la mandíbula, hacia la oreja sin llegar a ella, sin embargo, a ella. El pecho es igualmente blanco hasta la cola, así como la parte de delante de las patas de atrás y la de detrás de las patas delanteras; pero la parte baja, desde la mitad de la tibia, es del color de canela parda, así como la posterior de los muslos y del cuello. La garganta y el hocico están en el mismo caso. El resto del pelo difiere poco del conejo; pero considerándolo con más atención se ve que la punta es negra; se observa luego un poco de blanco descolorido; después, negro y la raíz blanca. Este es el tapeti de Buffon, que está persuadido, así como yo, de que es el citli de Nueva España (1), (Tomo XXX, pág. 217).

El apereá es muy común por todas partes. Se oculta en los cardos y las pajas más altas del país, que se encuentran en las llanuras bajas, así como en los cercados y matorrales. No hace cuervas y no se aprovecha de las de otros animales; es nocturno, estúpido, nada salvaje, poco ligero, y su hembra da a luz solo uno o dos pequeñuelos. Su longitud es de once pulgadas, y no tiene cola. Su cabeza y todo el resto de sus formas se asemejan por completo a las del cui o conejillo de Indias, que no es más que el apereá domesticado. El pelo es duro, sobre todo en el occipucio. El color de encima y el de la garganta son como en la rata común, pero un poco más oscuros. La parte de debajo de la cabeza y de cuerpo es blanca. En el Gabinete de París, número 338, hay un pequeño animal, incontestablemente doméstico y conocido vulgarmente con el nombre de cuin, cochino de Indias y pequeño conejo de Indias. No obstante, la etiqueta dice cavia-cobayá (1), (El verdadero nombre de este animal, en nuestra lengua, es el de conejillo de Indias, y no el absurdo de cobaya, galicismo que vive empleando especialmente por médicos y biólogos.-Nota D.-), quizá porque Buffon creía que se le nombraba así en Brasil (2), (Tomo XVI, pág. 1.), y en esto creo que se engaña. El mismo autor describe separadamente del apereá, y como una especie diferente (3), (tomo XXX, pág. 240.), el conejo de Indias; pero yo no dudo de que sea la misma especie y que sus diferencias proceden del estado de domesticidad del conejo de Indias, mientras que el apereá vive en libertad. No obstante, nosotros somos de opinión de referir a esta especie los corís y los cois de diferentes autores.

La vizcacha no existe al este del río Uruguay, sino solamente al oeste, desde el 30º de latitud, yendo hacia el Sur. Es muy común al Sur de Buenos Aires. Este animal hace madrigueras como el conejo, con una multitud de salidas aproximadas unas a otras, y colocadas con frecuencia en los caminos, en los jardines y al lado mismo de las casas. Habita allí reunido en familia; consume toda la hierba de los alrededores y causa grandes daños en los huertos de legumbres y en los campos de cereales, causa de que se le persiga. Se asegura que si se cerraran las salidas de las cuevas todos los animales que estuvieran dentro de ellas perecerían si otros individuos de la misma especie no vinieran a visitarlos, como de ordinario, para abrirles. Para contenerlos, un amigo mío amarró un perro en cada cueva que quería destruir, y todas las vizcachas perecieron sin osar salir. Se pretende también que para expulsarlos basta con hacer ciertas necesidades en la puerta de la cueva. Tienen la manía de recoger en el campo y depositar a la entrada de la cueva cuantos huesos y estiércol encuentran. Reúnen tantos objetos diferentes, que cuando se pierde alguna cosa hay seguridad de encontrarla allí (1), (Léase también, para costumbres de la vizcacha, a DARWIN -C. R.-). No salen mas que de noche y en el momento del crepúsculo, sin alejarse mucho. Su carne es medianamente buena. Marchan a pasitos menudos y sin saltar, pero no tienen la mitad de la ligereza del conejo, al cual se parecen por su actitud encorvada. Este animal parece ser de la familia de la marmota. Tiene la vizcacha veintidós pulgadas de longitud sin la cola, que mide cerca de siete, y sin los pelos, que alcanzan a más de una. El cuerpo es rechoncho; la cabeza, gruesa y muy mofletuda; la oreja, grande, elíptica y un poco puntiaguda; ojos grandes, y el hocico, muy obtuso y velloso. La boca y los dientes, como en la liebre. Tiene cuatro dedos, sin membranas, en las patas anteriores, y en la palma una gran callosidad, sobre la que se apoya el animal, y no sobre los dedos. En las patas posteriores no hay más que tres dedos, y el de en medio presenta, por el lado interno, una glándula cubierta de pelos más duros que los del cerdo. Los costados de la cabeza son muy negros y muy provistos de cerdas largas, duras y fuertes, que ocupan el lugar de los bigotes, excediendo a todos los pelos en longitud, pues las hay de siete pulgadas. Una raya blanca de una pulgada de ancho se prolonga paralelamente a la barba hasta el punto que corresponde los ojos. El borde superior de esta raya es oscuro y atraviesa los ojos. Toda la parte superior del cuerpo es gris o de un color oscuro mezclado de blanquecino; la parte inferior es blanca, pero la superior e inferior de la cola son negras, mientras que los costados de ésta son de un pardo claro. Los pelos que la cubren le dan el aspecto de comprimida lateralmente. La hembra tiene cerca de tres pulgadas menos de longitud. Carece de la gran barba del macho, pero tiene largos bigotes. Todos los colores de su cuerpo son más claros.

La liebre patagona no se encuentra mas que después del 35º de latitud, yendo hacia el estrecho de Magallanes. Se la llama liebre, aunque sea mayor y más rechoncha que la de España, y no corre tanto por que se fatiga en seguida. Vive por parejas de individuos, que corren y obran en común, pero que no se acuestan juntos, sino a veinte pasos próximamente de distancia uno de otro. Su grito es fuerte y muy agudo. La hembra de da a luz dos pequeñuelos. Don Joaquín Maestre tenía en su casa, en el 41º de latitud, dos de estos animales, domesticados, que andaban en libertad por las habitaciones y salían y entraban a voluntad. Me los regaló. Su longitud es de veintiocho pulgadas y media sin contar la cola, que tiene una y media y es gruesa y sin pelos. La cabeza parece en todo a la de la liebre, así como la boca. Las patas anteriores tienen cuatro dedos, y hay por debajo una callosidad, en forma de trompo o de corazón, y del grueso de una nuez. Presenta una callosidad semejante en las patas posteriores, que solo tienen tres dedos y el tarso sin pelos. La hembra se parece al macho y no tiene mas que cuatro mamas, de las que un par está situado en medio del vientre y las otras dos, tres pulgadas y media más adelante. Lo que hay de mas notable en el color es una banda blanca, bien determinada, que comienza en uno de los flancos, donde es muy estrecha, y va a buscar al otro por encima de la cola; se introduce en seguida entre las piernas y ocupa la parte inferior. La rabadilla es de un color oscuro en el lugar en que toca a esta banda. En el resto de la parte superior del cuerpo y los costados los pelos son pardos y solo su extremo es blanquecino.

Yo no he encontrado el cuiy mas que en los grandes bosques del Paraguay. Anda, flemáticamente y sin tumbarse, sobre el tronco y las ramas de los mayores árboles. Tuve uno durante un año en mi habitación; había sido cazado cuando ya era adulto, y observé que corría muy poco y no mostraba nunca ni alegría, ni tristeza, ni agradecimiento, sino, por el contrario, la mayor estupidez, indiferencia, pesadez y tranquilidad, y que a lo sumo sabía comer y beber. Pasaba veinticuatro horas, y a veces cuarenta y ocho, sin moverse una línea, en lo alto de un postigo, donde permanecía constantemente sin cambiar de sitio, sostenido solo por las patas posteriores, con las de delante juntas y en el aire, pero casi tocando al hocico y a las posteriores, a causa de lo encorvado que ponía el cuerpo. No miraba nada y le importaba poco que se entrara o gritase; nada le impresionaba. Descendía al suelo una vez al día y solo por un instante, para comer frutos de toda especie de vegetales y aun ramas secas de sauces. No bebía nunca y comía muy poco. Cogía los alimentos con los dientes, y después de haberlos levantado del suelo los sostenía con sus dos patas para comerlos. Sube con facilidad a lo largo de un pedazo de madera y se mantiene firme sobre la punta de un palo vertical, aun sin sostenerse con la cola, que, no obstante, podría servirle para este uso, así como a los monos, pero no recurre a ella mas que para el descenso. La hembra da a luz un hijo, que difiere del padre y de la madre en que tiene color de caña o amarillo canario. Alcanza once pulgadas y tercio de largo sin contar la cola, que tiene nueve. Es gruesa, nerviosa y desprovista de pelos desde los tres cuartos de su longitud hasta el extremo. Tiene cuatro dedos en todas las patas; un par de mamas sobre los músculos pectorales y otro un poco más de una pulgada más abajo. Las cuatro líneas hendidas de la punta del hocico son cilíndricas y provistas de bigotes; la boca y los dientes son como en los ratones. Los ojos son muy pequeños y un poco salientes; las orejas, cortas y sin pelo, están completamente ocultas por púas o espinas. Estas púas comienzan sobre el cilindro del hocico y son más largas del lado del occipucio. Desde allí a la espaldilla alcanzan dos pulgadas, pero no son tan fuertes como sobre la cabeza. Sobre el dorso y la cola hay espinas en abundancia sin mezcla de pelos. Estas púas son de una pulgada de largo, más fuertes que las otras y las más están de través o colocadas oblicuamente con relación a las otras; pero esto solo se advierte cuando el animal quiere defenderse. Para esto levanta las espinas de la cabeza y eriza horizontalmente las del cuerpo y de la cola, las cuales en estado de reposo cubrían a las del dorso. Estas púas que cubren a las otras están muy mezcladas de pelos largos y pardos. Todas son muy agudas y fuertes, amarillentas en la parte inferior y la extremidad y de color oscuro en el centro. No las tiene ni en las patas ni en la parte inferior del cuerpo, donde solo se encuentran pelos pardos.

He creído y hasta he asegurado en mi obra sobre los cuadrúpedos que mi cuiy era el coendou de Buffon (1), (Tomo XXV, pág. 229); pero debo confesar aquí con franqueza que actualmente creo lo contrario y que pienso que son dos animales diferentes. He aquí mis razones; no solamente Daubenton da al animal que describe un dedo más en el pie, púas de pulgada y media más largas, y el cuerpo cinco pulgadas más largo, sino que habiendo visto yo el coendou en el Gabinete de París, número 328, le encuentro las púas más espesas, más gruesas y más fuertes y no están entremezcladas de tan gran cantidad de pelos como el cuiy. Además, los bigotes de este último apenas tienen la mitad del grueso y de la longitud de los del coendou. No obstante, se asemejan por la fisonomía y el color. Acaso Buffon haya caído en un error semejante al mío reduciendo a una sola especie los dos coendou de Pisson y otros autores, porque yo no dudo de que los autores hayan podido hablar del coendou y del cuiy, animales diferentes, pertenecientes ambos a América. Así, sospecho que hay confusión en la nomenclatura de Buffon, porque no la ha corregido, cuando ha dicho después (1), (Suplementos, tomo VI, pág. 22.) que había en la Guyana dos especies de coendous. Creí que esta noticia era poco segura, y aun falsa, por proceder de un hombre en quien tengo muy poca confianza; pero hoy la creo verdadera, excepto en algunos puntos relativos a la manera de vivir que atribuye a estos animales.

Todo el mundo conoce los caracteres de los ratones, pero se sabe raras veces distinguir las especies unas de otras, porque esto es más difícil de lo que parece; si no se conocen bien las relaciones entre la longitud del cuerpo y de la cola es inútil meterse a clasificarlos, porque todas las explicaciones del mundo no harán reconocer una especie que no se haya visto. He observado en el país las once especies siguientes:

Hay una llamada tucutuco, a la que se da este nombre cuando se duerme sobre sus cuevas se les oye con frecuencia repetir este sonido. Se la halla por todas partes donde el terreno sea de arena pura y no esté expuesto a las inundaciones. Como estas condiciones no se encuentran satisfechas mas que en ciertos lugares, sus cuevas están alejadas unas de otras, a veces a más de veinticinco leguas, sin que se conciba cómo estos animales han podido pasar de un paraje a otro. En medio de la arena, a un palmo de la superficie, este animal hace un agujero o almacén de dos o tres palmos de diámetro. De la circunferencia salen galerías en todos sentidos; cada una de ellas conduce a otro almacén semejante, que tiene otras galerías como las del primero, y así sucesivamente. Resulta que es muy difícil de atrapar el animal, que, por otra parte, se aloja en el terreno donde se hunden las patas de los caballos. Estos animales forman terreros y toperas con la arena que sacan al hacer sus excavaciones, y tienen cuidado de cerrar siempre la entrada. Viven de raíces y legumbres, y lo que recogen cuando salen lo depositan en los almacenes que hemos descrito, pero nunca salen de día. Aunque son muy comunes, nunca he podido coger mas que uno. La longitud es de siete pulgadas y media sin contar la cola, que tiene tres y que está provista de pelos hasta seis líneas en su nacimiento. El resto de esta cola es desnudo y sin escamas, pero muy grueso. La cabeza es más corta, más aplastada y más ancha que en todas las otras especies. Los ojos son mucho más pequeños que las ratas ordinarias. La oreja es muy especial, desnuda de pelos; se reduce a un tallo hueco y largo de dos líneas de diámetro y una de alto. Tiene cinco dedos en las patas anteriores y además presenta otro pegado a la parte posterior del pulgar, pero más grueso, redondeado y sin uña. Las patas posteriores tienen cinco dedos, y la parte de debajo, o planta, es más ancha que en todas las otras especies. Los dientes son extraordinariamente anchos. El pelo es muy suave. La parte alta es enteramente gris de plomo, y el extremo del pelo es de color canela dorado. La parte de abajo está en el mismo caso, pero blanquecina. El pelo del interior de las patas es blanco. Creo que éste es el tukan de Nueva España, de que habla Buffon (1), (tomo XXX, pág. 211); pero dudo mucho que sea igualmente del topo rojo de América de Seba. (2), (Suplementos, tomo XII, pág. 36.).

No he podido procurarme mas que tres hembras y un macho de la especie a que llamo el espinoso, cerca del pueblo de Atirá, en el Paraguay. Los cogí destruyendo su cueva, que tiene cinco pies de longitud horizontal y nueve o doce pulgadas de profundidad, en un terreno arenoso que nunca se inunda. Su longitud es de ocho pulgadas sin contar la cola, que tiene tres. Es muy gruesa y cubierta de pelitos cortos, que ocultan las escamas. Tiene cinco dedos en todas las patas. La cabeza, el cuello y el cuerpo son más fuertes que en la rata ordinaria; las patas son también más cortas; el vientre casi arrastra; la marcha, menos ligera, y la oreja, más corta. Toda la parte de encima es gris o mezclada de oscuro y rojizo, y toda la parte de abajo, blanquecina. Pero examinando el animal con cuidado se observa que el color gris procede de la diferente naturaleza de los pelos; uno son finos y blancos; otros son propiamente púas de a lo sumo diez líneas, en forma de espada de dos filos, con una canal por debajo y una artista arriba en el sentido de la longitud. Estas púas son blanquecinas hasta los tres cuartos; luego se vuelven oscuras, y la punta rojiza. Lo que tienen de particular es que están terminadas por pequeños pelos que les impiden clavarse y que caen muy fácilmente, como lo he dicho hablando de los del acuty. Las hembras tienen casi una pulgada menos de largo.

Yo maté a un individuo de esta especie a la entrada de su agujero cerca de un arroyo, y le di el nombre de hocicudo porque su hocico es tan largo y tan puntiagudo que esto distingue a esta especie de todas las otras. Tiene cinco pulgadas de largo sin contar la cola, que mide tres y media y que está recubierta de pelos que se extienden a tres líneas de su raíz. El conjunto de la cabeza se parece un poco a la de un cochino, porque el hocico es largo, recto, en forma de trompa y agudo, aunque sin reborde. La hendedura de la boca está más alejada del extremo del hocico que en todas las otras especies, porque tiene cinco líneas desde esta punta hasta la parte más avanzada del labio superior. La oreja es en semicírculo y tiene cinco líneas de radio. Posee cinco dedos en las patas posteriores; las anteriores, otro tanto; pero el pulgar se reduce a la uña de todos son mas cortos. El pelo es un poco rudo, de color oscuro desde el hocico hasta la cola; el extremo, tirando un poco al color canela; el resto de la parte superior del cuerpo es de color rojo canela. Lo mismo por debajo, aunque un poco blanquecino.

Llamo orejón a un ratón que vive en los campos y que se refugia, sin embargo, a veces en las casas que en ellos existen. Este animal tiene cuatro pulgadas y tres cuartos sin contar la cola, que alcanza más de tres y media y que es más delgada que la de la rata ordinaria. La cabeza es mofletuda; los ojos, grandes; las orejas, levantadas nueve líneas sobre la cabeza y casi circular en la punta. Los tarsos, de color oscuro por debajo; tiene cinco dedos en las patas posteriores y cuatro en las anteriores, con un tubérculo en el lugar del pulgar. Estas patas anteriores son cortas; el pelo, corto y suave. Toda la parte inferior del cuerpo es de color canela claro; el resto de la piel se parece a la del ratón ordinario, aunque un poco claro alrededor de los ojos.

En las llanuras de Montevideo los perros cazaron un ratón que yo llamo colibreve porque su cola es, en proporción, más corta que en todas las otras especies. El animal tiene cuatro pulgadas y cuarto de largo sin contar la cola, que tiene dos y cuarto. El cuello es muy corto; la cabeza, un poco mofletuda; los ojos, de mediano tamaño; la oreja es semicírculo, muy pequeña; las patas anteriores, muy cortas, con cuatro dedos y un tubérculo en el lugar del pulgar; las patas posteriores, más largas; el tarso, de color oscuro por debajo, de nueve líneas de largo, comprendidas las uñas; tiene cinco dedos. Toda la parte inferior es de color perla; el resto, es oscuro.

Yo llamo a otro ratón cola igual al cuerpo porque, efectivamente, tiene uno y otra cuatro pulgadas de largo. Está provista de largos pelos hasta cuatro líneas de su raíz y no es tan gruesa como en la rata ordinaria. Además, este animal tiene la cabeza más corta y más gruesa, en proporción; los ojos, menos salientes y más próximos uno a otro; las orejas, más cortas, casi circulares y más alejadas; los bigotes, mucho más finos y más cortos; las patas posteriores, más largas, en comparación con las de delante; el tarso, trece líneas más largo, contando las uñas, y la rabadilla, más obtusa. Las patas anteriores tienen cinco dedos y un tubérculo en el sitio del pulgar; las posteriores, igualmente cinco dedos. Toda la parte inferior del cuerpo es blanquecina y el resto está cubierto de pelos de color de plomo, de los que el extremo es de color canela.

Se da en el Paraguay el nombre de anguyá a toda especie de ratones. Yo aplico este nombre a una especie que pudiera ser la misma precedente, aunque no es ésta mi opinión. Este animal tiene cinco pulgadas y media de largo sin la cola, que tiene seis. El hocico es poco puntiagudo y no está desnudo de pelos; los bigotes son espesos, y algunos de los pelos pasan del extremo de la oreja, que tiene nueve líneas de alto, cinco de ancho, y cuyo extremo es redondo. Los ojos, algo saltones; los dientes, anaranjados. Tiene cinco dedos en las patas anteriores, pero mirando de cerca el pulgar se reduce a la uña. Las patas posteriores tienen cinco dedos; el tarso es de color cetrino, largo de catorce líneas, comprendiendo la uña o garra. Toda la parte inferior del cuerpo es blanquecina; el resto es pardo tirando al color canela.

A falta de otro nombre mejor, llamo colilargo a un pequeño ratón de que poseí dos individuos en el Paraguay. Su longitud es de dos pulgadas y dos tercios sin la cola, que tiene dos y cinco sextos de pulgada, y que es más gruesa y más suave al tacto que la del ratón ordinario. Tiene también la cabeza mayor, más larga y más gruesa; el hocico, igualmente más grueso y más obtuso; ojos y orejas, más pequeños; la frente, más levantada y acarnerada; el cuello más corto, y también más cortos las patas y dedos; los tarsos, más largos y por debajo negros como la tinta. Las patas anteriores tienen cuatro dedos y un tubérculo en el lugar del pulgar; las posteriores, cinco dedos. Toda la parte inferior del cuerpo es blanquecina, y la de encima, más oscura que en el ratón ordinario.

Llamo agreste a un ratoncito campesino que cogí a los 30º y medio de latitud. Tenía tres pulgadas y media de largo sin la cola, que medía dos y cinco sextos y que era de color oscuro y más corta que la del ratón común. Las partes inferiores son de un blanquecino sucio, y el resto, de una especie de gris, porque los pelos, de cuatro líneas de largo, tienen la punta de color canela, y el resto, oscuro. La cabeza no es acarnerada, pero es tan gruesa como el cuerpo; los ojos, ni grandes ni salientes; las orejas, pequeñas, en semicírculo, y gruesas; los carrillos, poco salientes; el cuello, corto; el cuerpo, redondo y muy grueso; las patas anteriores, cortas; los dedos, como en la especie precedente; hay tres pares de mamas.

La laucha es un pequeño ratón de campo que se introduce en las casas, donde se comporta como el ratón ordinario de Europa; pero me parece menos vivo y menos ligero. La hembra da a luz seis hijuelos. La longitud es de dos pulgadas y tres cuartos sin la cola, que es de dos y no es gruesa. La cabeza es algo pequeña; las orejas, redondas y poco grandes; ojos pequeños y nada salientes; los carrillos, arqueados; el cuerpo, más grueso que el del ratón común, al que se parece por el número de dedos. Toda la parte inferior es blanquecina, y la superior, gris o mezcla de oscuro y de canela.

Doy el nombre de blanco-debajo a un pequeño ratón porque tiene la parte inferior del cuerpo más blanca que ninguna otra especie. Vive en el campo, y si se establece alguna huerta se instala en ella y vive entre las judías, los tomates, etc., sin hacer agujeros. Tiene tres pulgadas de largo sin la cola, que alcanza dos y es blanquecina. Toda la parte inferior del cuerpo es blanca; el resto, gris oscuro y blanquecino. La cabeza, un poco más gruesa que en la especie precedente y más aborregada; el hocico y el cuerpo, gruesos; orejas, un poco más grandes y mas anchas; cola, del mismo grueso, pero más corta; dedos, en todo semejantes.

He observado en el país hasta ocho especies de tatuejos (armadillos). Todos tienen la pies de debajo de la cabeza y toda la parte inferior del cuerpo sembrada de tubérculos escamosos, de donde salen largas sedas, excepto sobre las patas, que están provistas de escamas de naturaleza ósea, duras y recubiertas de una película que hace el efecto de un barniz. Un mosaico de escamas de la misma naturaleza recubre las partes superiores, las costillas y la cola, excepto el cuello de todas y la cola de una sola especie, que carecen de ellas. Las escamas de la frente forman un conjunto que no es susceptible de ninguna flexibilidad ni movimiento. Éste es también el caso del escudo de la espalda y de la grupa; pero los del tronco están dispuestos por bandas transversales separadas por una piel que permite a los tatuejos alargar y encoger el cuerpo a voluntad. Las escamas de la cola son también susceptibles de algún movimiento. La cabeza tiene un hocico puntiagudo; la oreja, encubierta de muy pequeñas escamas, que no les impide ser flexibles; ojos pequeños; carecen de dientes incisivos y caninos; lengua muy larga y flexible; cuello muy corto; cuerpo muy grueso, así como las patas; dedos cortos y muy fuertes; uñas muy largas; ganchudas; muy fuertes; solo a propósito para escarbar la tierra; y la cola, larga y muy gruesa. No tienen escroto; pero la verga es mayor que en ningún animal proporcionalmente al cuerpo. Estos animales son robustos y perforan con facilidad, como el conejo, cuevas, donde se meten y son su único medio de defensa; pero como estas cuevas son poco profundas y la velocidad de estos animales es a lo sumo igual a la del hombre, estas especies serán exterminadas pronto o tarde por los habitantes del país, que los buscan a causa de su carne, buena para comer. La de algunas especies es tan delicada, que se haría bien en transportarlas a Europa, donde se las podría criar, infaliblemente y sin dificultad alguna, como animales domésticos. Son muy fecundos, no deben jamás y viven de gusanos, insectos, hormigas y carne, aunque esté podrida. Se dice que comen también raíces y legumbres, pero lo dudo.

Todos los naturalistas han creído que el número de bandas o cinturas móviles era fijo en cada especie y diferente en cada una de ellas. Con esta idea han adoptado el número de bandas por carácter esencial y distintivo de las especies, pero se han equivocado grandemente, porque muchas especies diferentes tienen el mismo número de bandas y el número de estas bandas varía en la misma especie. Se debe, pues, reformar la clasificación establecida sobre este principio.

El gran tatuejo o tatuejo gigante es raro, y no se encuentra mas que en los grandes bosques desiertos, desde el 24º de latitud hacia el Norte. Se cuenta que en el país en que se encuentra es necesario enterrar los muertos en fosas muy profundas y provistas de grandes troncos de árboles como defensa, sin lo cual los desentierra y los devora. Este tatuejo es tan fuerte y tan robusto, que lleva cómodamente un hombre montado encima. Tiene treinta y ocho pulgadas y media de largo sin la cola, que alcanza diez y ocho y media, contando su origen, como en todos los demás, desde las escamas más próximas del cuerpo. La cabeza es en forma de trompa. Tiene a cada lado de las dos mandíbulas diez y siete molares, lo que hace un total de sesenta y ocho. El escudo de la espalda tiene en la parte superior nueve filas transversales de escamas, de las que las dos primeras son algo movibles, y a los bordes hay hasta diez u once de estas filas. El escudo de la grupa tiene diez y siete filas paralelas a las bandas móviles del tronco, que son en número de doce y separadas por una piel negra. La forma de las escamas es próximamente cuadrada, pero las de la cola son redondeadas y no están dispuestas en anillo mas que en la raíz; en todo el resto, los intervalos forman espirales. Tiene cinco dedos en todas las patas. Las mayores uñas están en las patas anteriores; tienen cuatro pulgadas y media de largo y su ancho mayor es de pulgada y media. La cabeza, la cola y una ancha banda de cada lado son de un blanco amarillento, y el resto de las escamas de encima del cuerpo, de un negro intenso.

En la gran colección de París, número 414, hay una piel del tatuejo llamado gigante que pertenece indudablemente a la especie que yo llamo máximo o gran tatuejo. Pero sea por efecto de la preparación, sea por la injuria del tiempo, no conserva sus colores naturales y además le faltan las grandes uñas. Como Buffon seguía la opinión general de la invariabilidad del número de bandas y veía que este tatuejo y mi tatuay se parecían en esto, los ha reunido en su descripción como un solo y mismo animal, bajo el nombre de kabassou (1) (tomo XXI, págs. 52 y 104). Es verdad que tuvo repugnancia de confundirlos, vistas las grandes diferencias que observaba, y por esto dio la figura de cada uno de estos animales en particular. La 41 representa el tatuejo máximo, pero no es buena.

El tatu-poyu empieza a encontrarse hacia el 33º, se extiende hacia el Norte y se encuentra con mucha frecuencia en el Paraguay. Es de todos los tatuejos el que, a proporción, tiene la armadura más sólida y las escamas más grandes y más gruesas; el que tiene la cabeza más ancha y más plana y el hocico menos puntiagudo; en fin, aquel cuya velocidad se aproxima más a la del hombre, si no es que la supera. Solo sale de noche, para devorar los cadáveres que encuentra en los campos. Es el único tatuejo de que nadie come la carne, que se dice tener mal gusto y mal olor. Algunos dicen que la hembra da a luz cuatro hijuelos, otros aseguran que diez. Tiene diez y ocho pulgadas de largo sin la cola, que alcanza nueve. Sobre el occipucio, entre las orejas, hay una fila de nueve escamas semejantes a las del tronco, y que recubre el cuello. El escudo de la espadilla está formado en su parte superior por cuatro filas de escamas; pero las del medio se separan sobre los costados y dejan un espacio triangular cubierto de escamas semejantes a las demás. Tiene sobre el tronco siete bandas móviles. El escudo de la grupa es de diez filas, que ocupan toda la extensión.

Todas estas escamas son grandes, en forma de rectángulo, y cada una presenta en su interior dos rayas longitudinales dispuestas aproximadamente como en la especie precedente y en la que sigue. A cada lado de la mandíbula superior hay nueve dientes molares, y diez a cada lado de la inferior.

Comparando varios individuos adultos, he visto que las filas de escamas del escudo de la espaldilla varían entre los números de cuatro cinco; los de la grupa, de diez a once; los del tronco, que son móviles, de seis a siete, y yo no dudo de que en los individuos jóvenes estas filas no estén reducidas a cinco. La diferencia de sexo no influye en nada. Hay cinco dedos en las patas de delante y de detrás. Las mayores uñas, que alcanzan catorce líneas, se hallan en el dedo de en medio de las patas de delante. El miembro, en su estado de inacción, tiene cinco pulgadas de largo y seis líneas de diámetro medio; estirándolo sin esfuerzo se le encuentran más de ocho pulgadas. Está encorvado en espiral, lo que evita que arrastre. No hay mas que un mamelón sobre cada músculo pectoral. Nacen muchas sedas, largas y blancas, sobre los bordes posteriores de las bandas móviles del tronco; están dirigidas hacia atrás y hay también algunas sobre los diferentes escudos; las de las partes inferiores son negras. La piel es de un pardo pálido. En las escamas domina el color amarillo sucio, excepto en las cuatro patas, que son de un naranja pálido.

En el Museo de Historia Natural de París hay una piel de tatou- poyú; pero el individuo no era adulto; las orejas, las cuatro patas y la cola están mutiladas; en cuanto a los colores, no están sensiblemente alterados. Lleva el nombre de encubierto, que le ha dado Buffon (1), (Tomo XXI, pág. 40 y siguientes.)

Este autor cree que es el tatuejo de Bellon, el Echinus brasiliensis de Aldovrandi, el Sexinctus de Linneo y el Armadillo mexicanus de Brisson. Yo no oso afirmar ni negar nada a este respecto; pero creo que se debe referir a esta especie el tatupeba de Pisson y Marcgrave, el kabassou de Barrère y el que Nieremberg dijo tener la carne malsana. Creo igualmente de esta especie el cirquinzon de Buffon (1), (tomo XXI, pág. 49.) y me parece que Grew se ha equivocado diciendo que no tiene escudo sobre la grupa y que sus bandas móviles siguen hasta la cola.

El tatuai es raro desde el 27º hacia el Norte. Su longitud es de veinte pulgadas sin cola, que tiene siete y un tercio. Ésta es la única especie de tatuejo cuya cola no está cubierta de escamas, sino de una piel de color oscuro y suave al tacto. El cuerpo es menos grueso y más redondeado que en la especie precedente; la cabeza es más pequeña, más estrecha y mas puntiaguda, y las escamas de la frente, así como las orejas, son mayores que en todas las otras especies. Las cuatro patas son más cortas y más gruesas, y las uñas, considerablemente mayores que en la especie precedente; la mayores uñas tienen veintidós líneas y se encuentran en las patas anteriores. Tiene cinco dedos en las cuatro patas. No tiene mas que una sola mama a cada lado. El cuello está cubierto por tres bandas móviles y estrechas. El escudo de la espaldilla está compuesto de siete filas de escamas en forma romboidal, que la llenan enteramente. Tiene trece bandas, móviles, sobre el tronco, recubiertas de escamas que son un poco mas anchas de través. Éste es el caso contrario de la especie procedente, cuyas seis o siete bandas ocupan sobre el lomo tanto espacio como las trece bandas de la que describo. El escudo de la grupa tiene diez filas, y todas las escamas dos rayas profundas en su interior. El amarillento sucio es el color dominante en todas estas escamas.

Hay en el Gabinete de París un individuo de esta especie, cuyos colores están alterados, con el nombre de kabassou, que le da Buffon, confundiéndolo con mi gran tatuejo, como he dicho antes. Nos da, número 40, una figura que tiene algunos defectos, de los que el mayor es representar al animal con la cola escamosa. El cree (y yo creo que equivocadamente) que el kabassou de Barrère es de la misma especie (1), (Tomo XXI, pág. 52.). Refiere a éste, igualmente, el Tatu seu armadillo africanus de Seba y de Brisson, cuyas frases son indeterminadas. La de Dasypus tegmine tripartius de Linneo me parece aun mas vaga.

El tatuejo velloso no se encuentra más que desde el 35º hacia el Sur. Está muy extendido; sale de día; es muy activo para devorar los cadáveres de caballos y de vacas; su carne es delicada. Se dice que la hembra da a luz de cuarto a diez pequeñuelos. Tiene catorce pulgadas de largo sin contar la cola, que es de cinco. Se ve sobre el cuello una fila transversal de cuatro pequeñas escamas. El escudo de los hombros tiene en la parte superior seis filas, de las que la de en medio se separan un poco para dar lugar a otra que se ve al costado. Tiene sobre el tronco, ya siete, ya seis bandas. El escudo de la grupa tiene seis bandas, como en el poyú. Las escamas del borde del escudo de la frente tienen puntas agudas que sobresalen desde el ojo hasta la oreja, y también las hay sobre el festón o contorno de la grupa. El escudo de la espadilla está en el mismo caso, así como las escamas que están por debajo de las bandas del tronco. En general, todas las escamas tienen la forma cuadrangular, y se diría que están divididas en tres en el sentido de su longitud; la del medio es de un solo trozo y las otras parecen estar formadas por diferentes piezas. Hay en total treinta y dos dientes molares, y cinco dedos en todas las patas. Solo hay dos mamas. El miembro en su estado de inacción tiene tres pulgadas y media. Los costados del cuerpo y de la cola están cubiertos de sedas pardas, unas finas y más largas que en el poyú. También las tiene especialmente en la parte superior del cuerpo, pero son más cortas y gastadas por el frotamiento que experimenta el cuerpo contra las paredes de las cuevas. Las de debajo de la cabeza y del cuerpo, un pincel que está colocado bajo cada ojo y las sedas de las cuatro patas son muy largas y de color oscuro. La piel es amarilla en estos parajes. La que separa las bandas del tronco es negra, así como la del hocico. Todas las escamas son de un pardo oscuro, y las de las cuatro patas, de un anaranjado pálido.

El tatu-pichy comienza en el 36º de latitud y de le encuentra hasta el 42. Este tatuejo se parece al precedente por la bondad de su carne y por sus hábitos. También se le parece en que tiene el cuerpo rechoncho y la cabeza y los flancos anchos. El miembro, el número y disposición de los dedos y el conjunto del cuerpo son también los mismos, pero es más pequeño y menos velloso; la cabeza; más estrecha; la cola, más larga, y difiere aun por otros aspectos. Su longitud es de diez pulgadas sin la cola, que tiene cuatro y media. Sobre el cuello se ve una fila de escamitas, como en la especie procedente, pero más larga y más visible. El escudo de los hombros está casi dos pulgadas sobre la cruz. Las bandas móviles del tronco varían según los individuos, y hay, ya siete, ya seis. El escudo de la grupa es como en la especie precedente, y se parece igualmente a ella por la punta de las franjas de los escudos y de las bandas. Cada escama en particular está formada por otras más pequeñas, irregulares y que parecen piedrecillas; pero las que forman las bandas del tronco tienen forma rectangular. Cada una de estas escamas presenta tres surcos: el de en medio, entero, y los de los costados, divididos en otros muchos. Las sedas están dispuestas como en el poyú. Todas las escamas son de color oscuro.

Nunca he vestido el tatuejo oscuro al sur del rio Paraná o de los 27º, pero es muy común en el Paraguay. Su carne es buena. Se dice que la hembra da a luz de cuatro a diez pequeñuelos. Su longitud es de diez y seis pulgadas y media sin la cola, que tiene catorce. El escudo de la espaldilla está compuesto de dos especies de pequeñas escamas; las más grandes, casi ovales, de dos líneas y media de largo y un poco elevadas por encima de las otras. Están colocadas por filas transversales, un poco alejadas las unas de las otras. Los intervalos que separan estas grandes escamas, así como los que quedan entre las filas, están ocupados por las pequeñas. El escudo de la grupa se parece al primero, y ambos se asemejan mucho a las bandas del tronco por el borde que se aproxima. Estas últimas están compuestas de grandes escamas triangulares, cuyas bases son opuestas. La cubierta del frente es irregular y formada por grandes piezas, pero que distan mucho de alcanzar la solidez de las especies precedentes. Tiene la cabeza más pequeña y en forma de trompa, las orejas más altas, y en total treinta y dos molares. Difiere también en que no tiene mas que cuatro dedos en las patas anteriores y las uñas son más pequeñas; también tiene más altas las patas posteriores; su cuerpo es más redondeado. Además de las mamas que tiene sobre los músculos pectorales posee otro par a dos pulgadas de la matriz. El miembro en su estado de inacción es de pulgada y media y está terminado por dos glandes, que tienen en medio otro pequeño miembro de cuatro líneas. Todas las escamas son negras. El número de las bandas dorsales varía mucho, de seis a nueve inclusive.

En el Museo de Historia Natural, número 417, hay dos pieles de tatuejo que pertenecen indudablemente a esta especie, y que provienen de individuos de adultos, aunque hayan perdido enteramente su color negro natural por la injuria del tiempo, o más bien por efecto de la preparación. Se les ha conservado el nombre de cachicán, dado por Buffon, tomándolo de Gumilla (1), (Tomo XXI, pág. 48.). Creo con Buffon, que es necesario referir a esta especie el ayotochtli de Grew, Wormius y Nieremberg, el Armadillo americanus de Seba, el Tatu porcinus de Klein, el Erinaceus loricatus cingulis 9 de Linneo, los dos Dasypus con nueve fajas del mismo Linneo y el Cataphractos de Brisson, que tiene el mismo número. Pero Linneo se equivoca no dando a uno de sus Dasypus mas que tres dedos en las patas anteriores. Yo creo también que Buffon ha hecho un doble empleo de mi tatuejo negro llamándolo tatuete con Rey y Marcgrave (2), (Tomo XXI, pág. 44.). Yo no veo tampoco un gran inconveniente en reunir a la misma especie el tatuejo de Gesner, el armadillo de Dutertre, el ayotochtli mexicano de Hernández y de Nieremberg, el tatuejo de Clusius y de Laët y el Armadillo brasiliensis de Brisson. Pero la frase de este último autor, Cataphractus, scutis 2, cingulis 6, y la de Linneo, Septemcinctus, son indeterminadas.

Según he observado, el tatuejo-mulita no pasa al norte del 26º y medio; pero del lado sur se le encuentra, al menos en el 41º. No se puede distinguir del tatuejo negro mas que por la diferencia de habitación; por las piernas, que son más cortas; por las bandas dorsales, que son más separadas y que nunca pasan de siete y no son nunca menos de cinco en los individuos recién nacidos; por la cola, más corta en proporción, y por la talla, que es mucho menos considerables, pues no tiene mas que once pulgadas de largo sin la cola, que alcanza seis y cuarto. Es un manjar delicado. Se le caza fácilmente, porque sale de día y colocándose delante de él se detiene y se deja coger con la mano. La madre prepara en su cueva un lecho de paja que reúne con las patas y que transporta arrastrando su fardo y marchando de espaldas. Hacia el mes de octubre da a luz de siete a once pequeñuelos, con la singularidad de que en cada parto son todos o machos o hembras. Yo no sé si la que da a luz en el primer parto individuos hembras sigue los mismo durante toda su vida. Otra particularidad extraña es que la madre, aunque solo tiene cuatro mamas, alimenta a todos sus hijos, cosa que sucede en todas las especies de tatuejos. El tatuejo- mulita, cuando está cansada de dar de mamar a sus hijos se mete bajo la paja donde están acostados, y así vienen a quedar encima de la madre. Cuando ésta sale para ir a buscar su alimento tapa cuidadosamente con paja la puerta de su cueva y espera un instante para ver si los hijos intentan seguirla, y en este caso refuerza el tapón de paja. Esta especie no come pan y solamente carne, gusanos, etc.

El tatuejo-mataco habita al sur del 36º. Es el único de esta familia que cuando tiene miedo esconde la cabeza, la cola y las cuatro patas, formando con todo su cuerpo una bola que no se podría separar con las manos; pero se le mata fácilmente dándole un golpe contra el suelo. Marcha siempre con el cuerpo encogido y más lentamente que las otras especies; las patas anteriores y posteriores son más débiles, y las uñas tan poco apropiadas para cavar la tierra que dudo que lo haga. Su longitud es de catorce pulgadas sin la cola, que tiene dos y dos tercios. La raíz no es redonda, como en las otras especies, sino plana y cubierta de escamas en forma de granos gruesos o botones salientes. Hay tres bandas dorsales, anchas en la parte central y estrechas en los extremos: las escamas son irregulares, rudas y de un color plomizo oscuro. Tiene cinco dedos en las patas posteriores y cuatro en las anteriores.

En el Gabinete de París está la piel de un individuo adulto, que ha perdido el barniz de todas las escamas y no conserva mas que el color del hueso. Lleva el nombre de apar, que le ha dado Buffon (1), (Tomo XXI, pág. 35.)

He observado en el país tres especies de monos. El carayá no pasa al sur del 31º; no habita mas que los grandes bosques, por pequeñas familias de cuatro a diez individuos, dirigidos por un macho, que se sitúa siempre en el lugar más elevado. Pasan de un árbol a otro sin saltar y sin balancearse sino muy lentamente, porque son pesados, tristes y serios. Cada macho tiene tres o cuatro hembras. Cuando alguna persona se aproxima a ellos el miedo les hace arrojar todos sus excrementos. La hembra, hacia el mes de junio, da a luz un solo pequeñuelo, que lleva de un lado a otro montado en su espalda. Los indios y los portugueses comen la carne de este mono. Hace un gran uso de su cola para sostenerse. Nadie lo domestica, sin duda a causa de su seriedad. Se oye a más de una milla de distancia su grito, que es fuerte, triste, ronco e insoportable. El macho tiene veintiuna pulgadas y cuarto de largo sin contar la cola, que suma otro tanto; es enroscada y desnuda de pelos a un palmo del extremo. La cara es rectangular, las narices son grandes, mípticas y muy alejadas una de otra; las orejas, pequeñas y redondas; la nuez, muy saliente; el cuello, grueso y corto; el cuerpo, ventrudo. Tiene en las patas anteriores cinco dedos, cuyo pulgar es semejante a los otros por su forma y su posición y es el más débil de todos. Tiene igualmente cinco dedos en las patas posteriores, pero el pulgar está separado de los otros. Tiene en cada mandíbula cuatro incisivos, seguidos de caninos. Toda la piel es muy negra, así como el pelo, a excepción del vientre y el pecho, que son de un rojo oscuro. Además, tiene una barba espesa y obtusa, guarnecida de pelos de tres pulgadas de largo. El cuerpo de la hembra es una pulgada más corto; la nuez y la barba son más pequeños y el color del pelo es pardusco.

En mi obra sobre los cuadrúpedos he creído positivamente que los uarinas de Buffon y de Abbeville (1), (tomo XXX, pág. 7.) eran carayás machos y que era lo mismo el arabate de Gumilla; pero que este último era un individuo albino. Persisto en mi opinión, pero dudo hoy de una cosa que creía entonces, y era que el guariba de Marcgrave y de Brisson y los monos de Campeche de Dampier debieran igualmente referirse a esta especie. La misma idea tenía respecto al Panicus de Linneo y de los monos que Gentil y Oexmelin observaron en la isla de San Gregorio y en el cabo de Gracias a Dios. Estaba igualmente inclinado a considerar como carayaes hembras los aluates de Buffon, de Barrère y de Brisson y los monos de La Condamine (2), (Léase La. CONDAMINE -C. DE.-, Viaje a la América meridional.) y de Binet; pero hoy estoy persuadido de que son de otra especie, que M. Cuvier me ha mostrado en la sala de preparación de animales para el Gabinete de Paris. En cuanto al coaita de Buffon (3), (Tomo XXX, pág. 12), yo creía que era una especie diferente del carayá, y en este respecto me quedaba una ligera duda, que se ha disipado enteramente viendo el coaita en el Gabinete, números 5 y 6. El autor ha formado este nombre (4), (Tomo XXX, nomenclatura.) del de caytaya, que se da en el Brasil a otro mono que me parece ser indudablemente un carayá macho. Está persuadido de que se debe referir a los coaitas el cayú de Abbeville, los monos negros barbudos de Dampier y el mono araña de Edwards. Pero creo que todos estos animales sin carayaes; dudo solamente que se deba referir también a esta especie el quoatá de Barrére.

El cay es otro mono que habita los mismos lugares que el precedente; pero su carácter es del todo opuesto, porque es extremadamente ligero, vivo y en continuo movimiento. Vive por parejas y por familias, saltando ligeramente de árbol en árbol. Nace de cada vez un solo hijo, que la madre lleva sobre la espalda y él se sostiene con la cola. Se le domestica y se le tiene amarrado. Si le pegan lanza gritos insoportables. Su voz ordinaria suena como una carcajada o como la de una persona que gritara con todas sus fuerzas ¡hu!, ¡hu!, ¡hu! Su longitud es de 17 pulgadas sin contar la cola, que tiene 19. Los nasales están distantes el uno del otro; la oreja es redonda; los incisivos y los caninos están dispuestos como en la especie precedente. Las cuatro patas tienen cinco dedos, cuyos pulgares están bien separados. Se tomaría a la hembra por un macho porque el ángulo anterior de la vulva se ve salir una especie de miembro, susceptible de erección La parte alta de la cabeza es negra; este color pasa por delante de la oreja y termina sobre la mandíbula, en una raya. El pelo de la frente, de la región temporal y de la cara es blanquecino y viene a terminar, en forma de punta, hacia lo alto de la oreja, que es igualmente blanquecina, así como la parte inferior de la cabeza, la garganta y parte superior de las patas. La parte superior de la cola es oscura, así como la parte anterior de las patas de delante y el tobillo. Todo el resto es pardo, mas claro en los costados y tirando un poco al color de la canela en las nalgas, en el vientre y en la parte inferior de la cola. En la hembra, el color blanquecino de la cara es más claro y el color oscuro de la cola y de las cuatro patas es más extendido. Este mono, por su tamaño, sus hábitos, su clase de pelo, sus colores y sus formas, tiene tantas relaciones con los llamados sapajus, a que Buffon da el nombre de sajou y say (1) (Tomo XXX, págs 12 y 69), que yo he creído que eran la misma especie; pero habiendo visto en el Gabinete de París este sajou y el animal que está al lado, número 9, así como el say, número 8, y habiéndolos comparado con la descripción de un cay, no me queda duda alguna sobre la diferencia de las dos especies. Por consecuencia, no hace falta referirse a la notas críticas que he hecho a este respecto en mi obra sobre los cuadrúpedos, número 62. Creo aún que los monos sin barba, que Dampier coloca en el istmo de Panamá (2) (Tomo XXX, pág. 12), pueden ser Cayes, y que Buffon puede haber confundido mi cay en su nomenclatura de los dos sapajous de que he hablado. Sospecho, sin embargo, respecto a la de sapajú saïmiri; pero carezco de los datos necesarios para aclarar este punto. No es, pues, necesario referirse enteramente a lo que he dicho del saimiri en mi obra, y añado que los tres animales de esta especie que se ven en el Gabinete, números 12, 13 y 14, no son ciertamente cayes comunes ni albinos.

El miriquina es un mono que se encuentra en el Chaco o al oeste del río Paraguay, pero no al este. Vive sobre los árboles, pero no se sostiene con la cola. Parece estúpido, pesado e imbécil. Su longitud es de catorce pulgadas y un tercio sin contar la cola, que tiene diez y seis, independientemente de los pelos, que miden dos. Esta cola es recta y de pelo espeso. El cuello es extremadamente corto y en apariencia tan grueso como la cabeza. Ésta es pequeña y casi redonda. Las aberturas nasales no son laterales, como en las especies precedentes, sino hacia abajo y menos separadas. Las orejas, grandes y redondeadas; los ojos, grandes, y el iris, rojizo. Los dientes y los caninos se parecen también a los de las otras especies; las patas posteriores tienen cinco dedos. Por encima de cada ojo hay una mancha blanquecina en forma de punta aguda, sobre un fondo oscuro, así como la parte de la cara que está desnuda de pelo. El de la mandíbula es igualmente blanquecino, como una pequeña parte de lo de encima de la barba. Las partes inferiores son de color canela; el resto es gris; esto procede de que los pelos tienen el extremo blanco y el resto oscuro. Los pelos de la cola son rojizos en el interior y negros en el extremo.

En mi obra sobre los cuadrúpedos he creído que el miriquina era el saki de Buffon y de Daubenton (1), (Tomo XXX, pág. 115), porque se aproximan por su tamaño, su pequeñez y la redondez de la cara; por la naturaleza de su cola, que no es prensil; por sus pelos suaves, de color oscuro o negros, con el extremo blanco, etc. Pero habiéndome mostrado M. Cuvier un saki en la sala de preparación de los animales, le dije que no era el miriquina. Habiendo visto a continuación una animal, número 15, con el nombre de saki de vientre rojo, me he confirmado en esta última idea y no dudo que sean dos especies diferentes. Me fundo en que el saki no tiene la cola ten espesa de pelo, que los pelos no resultan más largos en la extremidad, y que nos son rojos en el interior. Su pelaje es más largo, menos suave y los pelos menos perpendiculares a la piel. En fin, hay mucho menos blanco en la punta del pelo que en el miriquina, y aun hay otras diferencias. Buffon forma el nombre de saki del de sakee, que Brown da a una especie de mono, y refiere a esta especie al cagui mayor de Marcgrave y el Cercopithecus pilis nigris, etc., de Brisson. He sido de su opinión en mi obra, pero hoy creo que el animal de Brown es un miriquina y el de Brisson un saki, sin decidir nada sobre el de Marcgrave.

El tití es otro mono que yo no he visto en este país, pero sí en el Brasil. Tiene ocho pulgadas de largo sin contar la cola, que suma once. Tiene una mancha blanca en el entrecejo, y este color es igualmente el de los pelos, largos y rectos, que contornean las orejas. La cabeza y el cuello son oscuros; el resto de la parte superior del cuerpo, amarillento con el extremo de los pelos blanco. Así es también el color de los flancos, pero el interior es oscuro. La cola es suave, no prensil, y sus pelos presentan alternativamente anillos blancos y oscuros.

En el Gabinete de París, número 17, hay un individuo de esta especie que no me parece completamente adulto. Lleva el nombre de Saguin uistiti, que le dio Buffon (1) (Tomo XXX, pág. 126). Cree que es de la especie de saguin de Brisson y del Jacchus de Linneo, y yo soy de su opinión; pero no osaré decir otro tanto del Galeopithecus de Gesner, del Cercopithecus Brasiliensis tertius de Clusius, del pequeño cagoui de Marcgrave y de Edwards, y del Cebus sagoin dictus de Klein.

Después de haber indicado los cuadrúpedos salvajes de estas regiones voy a hacer sobre ellos algunas reflexiones que se presentan a mi espíritu, sin detenerme a determinar cuáles podrían domesticarse y transportarse a Europa, porque creo haber dicho bastante a este respecto.

Algunos de mis cuadrúpedos, como el mborebi, el ñurumi, el yaguaré, los fecundos, el cuiy y los tatuejos, no tienen ninguna analogía con los del antiguo continente, y no pueden tenerla porque todos están casi sin defensa y sin recursos contra las persecuciones del hombre y solo pueden existir en países desiertos.

Parece que algunas personas creen que el continente americano no solo disminuye el tamaño de los animales, sino que además es incapaz de producirlos de la talla de los del antiguo mundo. En cuanto a mí, observo que mi jaguarete es el más fuerte de toda la familia de los gatos y que no cede a ningún otro por el tamaño; que mis tres primeros ciervos no ceden ni a los ciervos ni a los corzos de Europa; ni el aguaráguazú al lobo ni al chacal, ni el aguarachay a la zorra, ni el tapiti al conejo, ni los ratones a los de España. Si los monos que describo no se aproximan a los a los africanos ni los curés al jabalí, en cambio mis hurones exceden a los de África, así como las martas y las fuinas. La nutria no es inferior a la de Europa, ni la vizcacha a la marmota, ni los tatuejos a los pangolines, ni el toro de Montevideo al de Salamanca. Si no se encuentra en América un animal comparable al elefante, no se encuentran tampoco en el antiguo mundo otros que teniendo la dentición y boca del conejo sean del tamaño del capibara y del pay. Además de esto, se ha encontrado con frecuencia, en el interior de las tierras de la provincia del de Río de la Plata, osamentas de cuadrúpedos que disputan el tamaño al coloso asiático. Y sobre todo, las razas o especies de hombres de la más alta talla, de formas y proporciones más elegantes que haya en el mundo, se encuentran en el país que describo.

Si consideramos la situación local, consultando mis observaciones y los relatos de los viajeros y los naturalistas, encontraremos que una gran parte de mis cuadrúpedos existe y se multiplica en las dos Américas o el la mayor parte de este continente, es decir, en una extensión sin comparación, más grande que la que ocupan los cuadrúpedos en Europa. Esta diferencia puede venir de que estando casi desierta la América los cuadrúpedos han podido extenderse fácilmente en todos los sentidos, lo que no puede verificarse en Europa, donde una gran población persigue y extermina los cuadrúpedos, excepto el pequeño número de ellos que se encuentra relegado en cierto modo a lugares determinados e inaccesibles.

Se considera en general como una verdad incontestable que todos los cuadrúpedos tienen su origen en el antiguo mundo, de donde han pasado a América. En consecuencia, se busca el lugar por donde ha podido efectuarse este paso, y como los continentes se aproximan al Norte más que en ningún otro lugar, se cree que es por allí por donde pasaron. No parece difícil aplicar esta idea a aquellos de mis cuadrúpedos que pueblan toda la América o la mayor parte de este continente, tales como el mborebi, los tayasus, los ciervos, el jaguarete, el guazuará, el chibiguazú, el mbaracayá y otros muchos que se ve constituyen una serie no interrumpida desde el norte hasta el sur de América, serie que parece indicarnos el camino seguido; y aunque se esté inclinando a creer que nunca han existido en el antiguo continente, porque no se los encuentra hoy, se puede presumir que el hombre los ha exterminado.

Por natural que parezca este modo de pensar, se les pueden hacer varias objeciones:
1.ª Parece imposible que el ñurumi, el yaguaré, el cuiy, así como varias especies de fecundos y de tatuejos que se encuentran en las dos Américas, hayan podido hacer un tan largo viaje, vistas su pereza y su poltronería excesivas, y no se concibe qué causa haya podido determinarlos a viajar. Por ejemplos, estos animales encuentran en el 20º de latitud un buen clima para ellos, pues allí viven y hallan alimentos de sobra: no han tenido, pues, necesidad de avanzar hacia el Sur, donde no encontrarían más ventajas que en el país que abandonaran.
2. ª La trasmigración de algunas especies parece imposible. Por ejemplo, mi capibara y mi nutria no entran en el agua del mar, y nunca he visto ni oído decir que estos animales se alejen más de treinta pasos de la orilla del río o lago en que viven. Así, no es fácil creer que hayan salido de la extensión de los lagos y de los ríos que habitan; aun menos si se considera que tienen un instinto sociable y estacionario, pues, que se ve que viven por familias y que cada una de ellas ocupa un lugar fijo y separado. No obstante, se los encuentra no solo en el país que describo, sino en todo Brasil, la Cayena y muchos otros parajes que no tienen comunicación por agua con los lugares en que los he visto, y allí mismo viven en lagos diferentes, que no comunican entre sí; y no se encuentra razón que pueda obligarlos a viajar, porque no les faltan alimentos ciertamente.
3.ª El tucutuco no sale de su habitación subterránea; no se encuentra mas que en terrenos casi enteramente compuestos de arena pura, y ésta es la más pesada y menos ágil de todas las ratas. ¿Cómo, pues, de Nueva España, donde existe igualmente, ha podido pasar al país que describo? ¿Dónde encontrará un camino de arena pura, de varios miles de leguas, que le haría falta, así como una infinidad de ramificaciones de igual naturaleza, para establecerse en las orillas opuestas de los ríos, dado que no sabe nadar? En país mismo que describo, no se concibe que haya podido establecerse por trasmigración en todos los lugares arenosos, pues vemos que estos parajes están alejados unos de otros a veces por cincuenta leguas, y no obstante jamás se encuentra un tucutuco en sitio donde no hay arena.
4.ª Tres especies de gatos, a saber, el mbaracayá, el negro y el pajero, el yaguaré, el quiyá, la vizcacha, la liebre patagona, los tatuejos llamados pichy peludo, mulita y mataco, todos animales del país que describo, se encuentran en el sur de los 26º 30´ de latitud, como yo lo he visto, y ninguno al norte de este paralelo. ¿Cómo armonizar este hecho con el paso de estos animales de un continente a otro? Sería necesario para esto que hubieran pasado por el Norte a la América y después que la hubieran atravesado toda entera de Norte a Sur. ¿Pero cómo comprender que esto se haya verificado sin dejarse ningún rezagado en el camino? Si se imagina que los climas por donde pasaban no les permitían establecerse, ¿cómo no sentían la influencia de ellos en el curso de su viaje? Añádese a esto que el clima del extremo de la América septentrional es precisamente semejante al de la meridional, y sin embargo ni aun por enfermo permaneció en ella ninguno de los individuos de estas especies. Parece también inútil buscar otras causas, porque todas resultarían insuficientes. En efecto, ellas no han impedido a las otras especies de gatos, de tatuejos, de fecundos y de otros muchos animales el encontrarse por todas partes, y lo mismo debería suceder con aquellos que no existen mas que en el confín meridional de América. Si para resolver esta dificultad se supone que los continentes estaban unidos por la parte sur y que es por allí por donde se ha verificado el paso, caemos en los mismos inconvenientes porque ninguno de estos animales existe en África.

Se pretenderá quizá descubrir la fuerza de las reflexiones precedentes diciendo que no es necesario hacer ningún caso de las apariencias, de los razonamientos ni de los discursos; que basta saber que estos cuadrúpedos existen en el país donde yo los he encontrado, y concluir que han pasado de un continente a otro. Otras personas creerán que los cuadrúpedos que yo no he visto mas que desde el paralelo 26º 30´ hacia el Sur pueden encontrarse igualmente más al norte de la América septentrional; porque mi argumento es puramente negativo, pues se reduce a decir que ni los naturalistas ni yo hemos encontrado estos animales en parajes más septentrionales que este paralelo. Es verdad que esto no sería sorprendente con respecto a alguno de los once cuadrúpedos que solo he visto al sur de 26º 30´; pero no es fácil de creer otro tanto de todos los demás, pues nadie los ha encontrado nunca más al Norte que yo. Añadamos a esto que todos los que se encuentran en la América meridional y no en la otra están en el mismo caso, y que si la Historia Natural hace progresos se encontrarán probablemente otros muchos ejemplos, y aunque esto mismo que yo he dicho no se hubiera verificado mas que con respecto a un solo cuadrúpedo, no subsistiría menos la objeción y se podría siempre decir que este cuadrúpedo único no ha pasado de un continente a otro, sino que ha nacido en el mismo país donde se encuentra; que lo mismo sucede con todos los animales del nuevo continente, y que puede ocurrir que sea equivocado creer que los dos continentes hayan tenido nunca comunicación alguna antes de que Cristóbal Colón descubriera el Nuevo Mundo.

La situación local de mis cuadrúpedos ofrece además algunas consideraciones referentes a su origen que yo no debo omitir, pues nadie ha hablado de ellas. Pero para comprenderlas bien es necesario consultar mi carta y conocer bien los lugares que voy a citar. La vizcacha del número 39 habita las llanuras que bordean las dos orillas del río de la Plata, que es uno de los mayores del mundo. No es fácil creer que lo haya atravesado a nado, pues encontrándose al oeste del Uruguay no ha ido a establecerse en su orilla oriental, del lado de Montevideo, donde no se encuentra este animal. No puede suponerse tampoco que remontándolo hasta por encima del nacimiento de la vizcacha se haya extendido por las dos orillas, porque este río tiene su nacimiento en la zona tórrida y este animal no puede soportar el calor más fuerte que el de 30º de latitud.

No es creíble que los indios lo hayan transportado de un lado a otro antes de la época de la conquista, porque ellos mismos no pasaban el río. Tampoco puede presumirse que el transporte haya sido hecho por los españoles, cuyo carácter es más bien inclinado a la destrucción y que saben bien que la vizcacha es dañina a los pastos, a los campos cultivados y a los jardines.

El yaguaré, número 20, está en el mismo caso que la vizcacha; la sola diferencia es que se le encuentra también en las dos orillas del Uruguay, y además es todavía más increíble que se le haya transportado de un lado a otro si se tiene en cuenta su insoportable hedor.

El gato pajero habita los mismos lugares que el yaguaré, así como el tatú-mulita del número 61. Hay también otra dificultad relativa a este último número, y es que como se le encuentra desde el 26º 30´ hacia el Sur, es preciso suponer que ha atravesado el Paraná. En fin, la especie de ratón llamado tucutuco, del número 43, que no existe mas que en los terrenos arenosos, no parece haber podido atravesar cincuenta leguas de tierras arcillosas que a veces se encuentran, como he visto entre los terrenos arenosos.

Todos estos hechos parecen confirmar la opinión de los que piensan como he dicho con respecto al cupiy y de todos los insectos (capítulo VII, número 31), es decir, que cada especie de insecto y de cuadrúpedo no procede de una sola pareja primitiva, sino de varias idénticas, creada en los diferentes lugares en que hoy los vemos. Así, por ejemplo, en esta hipótesis, ha debido nacer una pareja de vizcachas, de yaguarés, de gatos pajeros y de tatús-mulitas en cada orilla de los ríos de que hemos hablado, y una pareja de tucutucos en cada arenal (1) (No hemos de comentar las teorías del autor, que se explican por la época en que escribió y las circunstancias que le rodearon; pero que demuestran la necesidad que su fino espíritu sentía de resolver arduos problemas zoológicos que su claro talento planteó desde luego y que pasaron inadvertidos para muchos naturalistas de gran fama. - F. B .-). Si esto fuera cierto, se podría presumir otro tanto de los demás cuadrúpedos. Se puede dar más extensión a esta idea meditando sobre el pesado. En efecto, si la creación que concierne a la zoología hubiera sido instantánea y de una sola pareja de cada especie, ¿quién hubiera podido proveer y alimentar a las que no viven mas que a expensas de otras? Se hubiera muerto el hambre o hubieran exterminado a las que les sirven de alimento. La primera de estas proposiciones es falsa, pues que las especies destructoras existen; la segunda es bien difícil de creer, porque no es regular que las primeras especies que fueron victimas, y debieron continuar siéndolo hasta que las especies débiles que quedan fueron suficientes para servir de alimento a los carnívoros, hayan desaparecido del todo. No parecería sin fundamento, en la hipótesis de una creación instantánea, imaginarse que cada especie zoológica proviene de varias parejas primitivas que aunque perfectamente semejantes y reducidas a una unidad específica hubieran sido creadas en diversos parajes, y de este modo todas las especies creadas podrían haberse conservado a pesar de la destrucción necesariamente operada por las especies devoradas. Puede admitirse que al principio no hubo mas que una sola pareja de cada especie admitiendo que la creación de los débiles haya sido muy anterior a la de las otras, a fin de haber tenido tiempo de multiplicarse mucho. Entonces el hombre, el jaguarete, el león, el tigre, etc., habrían sido creados posteriormente, después de un lapso de años y aun se siglos, indispensables para que las especies destinadas a ser sacrificadas hubieran podido multiplicarse en suficiente número para alimentar a las otras. Según estas observaciones, la creación instantánea resulta incompatible con la unidad de una sola pareja de cada especie; pero esta unidad de una sola pareja no se opondría a su creación sucesiva, admitiendo siempre que las destructoras fueran las últimas. No se debe tener más repugnancia en combinar una creación sucesiva con la multiplicidad de tipos o parejas en cada especie, y esto es lo que las reflexiones precedentes sobre la existencia local de los insectos, de las aves, y de los cuadrúpedos parecen indicar.

En mi Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay he dado algunas indicaciones sobre aquellos que los conquistadores españoles llevaron de Europa, y voy a dar un extracto. Desde el 30º de latitud hacia el Sur se encuentran muchos caballos que se han hecho salvajes y viven en su estado natural. Pero aunque descienden de la raza andaluza, me parece que no tienen ni la talla, ni la elegancia, ni la fuerza, ni la agilidad. Atribuyo esta diferencia a que en América no se escogen los caballos padres. Estos caballos viven en estado de libertad en las llanuras, por tropas de varios millares de individuos, y tienen la manía de preferir los caminos y el borde de los senderos para depositar sus excrementos, de los que se encuentran montones en dichos parajes. Tienen también la de formar en columna no interrumpida, para embestir al galope a los caballos domésticos tan pronto como lo perciben, aun a dos leguas de distancia. Los rodean, o pasan a su lado, los acarician, relinchan dulcemente, y acaban por llevárselos con ellos para siempre, sin que los otros muestren ninguna repugnancia. Atacan también a los hombres a caballo, pero se limitan a pasar delante de ellos. Los habitantes del país los persiguen vivamente para alejarlos de sus manadas, porque sin esto los caballos salvajes se llevarían a todos los otros. Corren con una increíble ceguera, y si se los fuerza a separarse se rompen a veces la cabeza contra la primera carreta que encuentran.

Se ve un ejemplo tan admirable de esta fuga en los años secos, en que el agua es sumamente rara al sur de Buenos Aires. En efecto, parten como locos todos cuantos hay, en busca de cualquier laguna o lago; se hunden en el barro, y los primeros llegados son aplastados y destrozados por los que siguen. Me ocurrió más de una vez encontrar más de mil cadáveres de caballos salvajes muertos de este modo. Todos tienen el pelo castaño o bayo oscuro, mientras que los caballos domésticos lo tienen de toda especie de colores. Esto podría hacer pensar si el caballo original o primitivo sería bayo pardo, y que, si se juzga por el color, la raza de los bayo oscuros es la mejor de todas.

Los caballos domésticos también se han multiplicado mucho. El precio de un caballo común, ya domado, no es más que de dos pesos, y aun menos, en Buenos Aires. En el Paraguay una yegua con su cría no cuesta mas que dos reales fuertes (1), (Cinco reales). Se maltrata mucho a estos animales y se los hace a veces trabajar tres o cuarto días sin darles de comer ni beber, y jamás se los pone a cubierto. Para empezar una yeguada se reúne un gran número de yeguas y se pone un caballo entero por cada veinte o treinta yeguas. Estos caballos se la disputan y se las reparten en seguida, como los caballos salvajes. Cada macho conserva a las suyas reunidas y asiduamente vigila su piara y la defiende a mordiscos y coces.

Todos estos ganados recorren los campos en libertad, sin que nadie los guarde, los dome ni los domestique. Todo el cuidado se reduce a conducirlos y reunirlos de tiempo en tiempo en un gran parque y a no dejarlos salir de la extensión del dominio del amo; para esto no se los reúne mas que una vez por semana.

Como no se montan los caballos enteros, se castra a los potros, cuando tienen uno o dos años, y se los doma a la edad de tres. Esta operación se reduce a montarlos y hacerles correr hasta que no pueden más, lo que se repite durante varios días. Se pretende que los caballos píos o manchados son más difíciles de domesticar, y que, en general, los que tiene las orejas duras y rectas son los más indomables de todos. En el verano es cuando se los acostumbra al freno, porque dicen que haciéndolo en invierno se les pone la boca babosa y espumosa para toda la vida. Se ha observado también que los caballos blancos, y sobre todo aquellos que tienen un gran número de pequeñas manchas de un rojo oscuro, son los que nadan mejor, lo cual indica que deben ser específicamente menos pesados y que puede ser que el peso varíe según el pelo y el color.

Yo he hecho en estas regiones algunas observaciones sobre los cambios de color que se ven algunas veces en los hombres, los cuadrúpedos y las aves. Me parecen probar que la causa que las produce es accidental, pasajera, y que el principio reside en las madres; que no altera ni las formas ni las proporciones y que no disminuye la fecundidad; que sus efectos se perpetúan y que no dependen de los climas. Otras observaciones que yo he hecho parecen probar que los negros de los cabellos largos y lacios son más antiguos que los de cabellos cortos y crespos, y que la causa que ha producido algunos perros sin pelo es igualmente accidental e independiente de los climas. Se puede ver todo esto en mi Historia Natural, de que ya he hablado.

En el país que describo no se hace ningún uso ni caso del asno, que alcanza como precio más alto dos reales y medio. Nunca he visto ninguno blanco, pío o de pelo crespo; de manera que su color y su especie son mucho más inalterables que los del caballo. Difiere de él mucho por la forma y además es más lento, más paciente, más tranquilo, más fácil de alimentar, porque sus alimentos son mas variados. Siempre sigue los senderos, y pasar sin tropezar aun por los sitios más difíciles. Su paso es más seguro y marcha con mas precaución y atención que el caballo. Repugna mucho nadar, y en lo referente al amor no conoce ni fidelidad ni adhesión conyugal, como el caballo, y solo aspira a su satisfacción.

Como la mula es el resultado de la unión de las especies del asno y del caballo, y como la primera es mucho más constante y más inalterable que la otra, se sigue que la mula se parece más al asno, y el mulo, en calidad de mestizo, es más fuerte.

Hay en estos países un gran número de rebaños de vacas salvajes y domésticas, que no difieren de las de Andalucía y Salamanca más que en que son menos feroces. Se exporta anualmente para España cerca de un millón de pieles o cueros, y se puede decir que estos rebaños bastan a todas las necesidades de los habitantes del país. Las piaras salvajes viven en libertad y a veces se reúnen a las domésticas, que se escapan todas con ellas; pero estas vacas salvajes no emplean para esto tanta destreza como los caballos (1), (Véase lo que hemos icho al hablar de estos.). El color de las domesticadas varía mucho; el de las salvajes es invariable y constante, es decir, pardo rojizo en la parte superior del cuerpo y negro en el resto; uno de estos dos colores domina más o menos. Esto puede hacer sospechar que la pareja primitiva de la especie fuera de este color que se llama hosco. En 1770 nació un toro mocho o sin cuernos, cuya raza se ha multiplicado mucho. Debe observarse que los individuos procedentes de un toro sin cuernos carecen de ellos aunque la madre los tenga, y que si el padre tiene cuernos los descendientes los tendrán también aunque la madre no los tenga. Este hecho prueba no solo que el macho influye mas que la hembra en la generación, sino además que los cuernos no son un carácter mas esencial para las vacas que para las cabras y los carneros, y que se perpetuase a los individuos singulares que la Naturaleza produce a veces por una combinación fortuita (1), (Léase DARWIN -C. R.- Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo). Se han visto también en el mismo país caballos con cuernos, y si se hubiera tenido cuidado de hacerlos multiplicarse acaso se tendría hoy una raza de caballos carnudos. He hablado en mi obra de un toro hermafrodita, así como de un español y dos aves que lo eran igualmente y yo he visto.

Los carneros y cabras crecen tanto como en España y dan al menos tres hijos por año en dos partos. No tienen otros pastores que los perros llamados ovejeros. Estos perros hacen salir por la mañana el rebaño del corral, lo conducen al campo, lo acompañan todo el día, impidiéndole separarse, y lo defienden de toda especie de ataque. Al ponerse el sol lo conducen a la casa donde pasan la noche. No se exige que estos perros sean mastines; basta que sean de raza fuerte. Se separan de la madre antes de que abran los ojos, y se les da de mamar de diferentes ovejas que se sujetan y tienen a la fuerza; no se los deja salir del corral mientras son pequeños, y cuando están en estado de seguir al rebaño se los hace marchar con él. Por la mañana el dueño del rebaño tiene buen cuidado de dar bien de comer y beber al perro pastor, porque si sintiera hambre en el campo traería el rebaño al mediodía. Para evitar esto se pone con mucha frecuencia al cuello del perro un collar de carne, que come cuando tiene hambre; pero es necesario que no sea carne de carnero, porque ni el hambre mas violenta se la haría comer. Se comprende que estos perros sean siempre machos y castrados, porque si fueran enteros abandonarían el rebaño para buscar a las perras, y si fueran hembras atraerían a los perros (1), (Para estudio complementario de estos perros léase también DARWIN -C. R.-, Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo.). Hay perros que aunque nacidos en el campo en una casa no se encariñan con el lugar de su nacimiento ni con las personas que los han criado y siguen al que pasa o al primero que llega; pero lo dejan con la misma facilidad y van a veces a reunirse con los perros cimarrones o salvajes, de que hay una infinidad desde el 30º de latitud hacia el Sur. No puede haberlos mas al Norte, según he dicho en el capítulo VII. Ninguno padece rabia o hidrofobia, enfermedad desconocida en América. Estos perros cimarrones provienen de animales domésticos de su especie trasportados de España. No hay razas pequeñas, y me parece pertenecer a la que Buffon llama gran danés. Ladran y aúllan como los perros domésticos, levantando la cola; las hembras dan a luz en agujeros que hacen en la tierra; huyen siempre del hombre viven en sociedad. Se reúnen varios para atacar a una burra o una vaca y espantarlos mientras que otros matan a borriquillo o al becerro; de modo que hacen mucho daño en los ganados.

En mi obra sobre los cuadrúpedos he descrito trece especies de murciélagos que se encuentran en este país, porque estos animales tienen más relación con los cuadrúpedos que con las aves. En realidad, se asemejan a éstas por la facultad de volar, por su pecho ancho y carnoso, y en particular a algunas aves acuáticas, por la situación de sus patas posteriores, colocadas en la extremidad del cuerpo; pero, no obstante, la cabeza y todas sus partes, los pies y la cola, el pelo, las mamas y las partes sexuales, la manera de dar a luz y amamantar a sus hijos, y su marcha a cuatro patas, son enteramente conforme con lo que se observa en los cuadrúpedos. Yo no creo necesario detenerme a describir la originalidad de sus formas generales, la dificultad que causa a sus movimientos la membrana que une sus brazos con el cuerpo y la cola, así como la manera de alimentarse, y su adormecimiento en la estación fría, por que son cosas conocidas de todo el mundo. Yo conozco cuatro especies desprovistas de cola, pero que tienen sobre el hocico una cresta, donde están colocadas las narices; las otras nueve especies, por el contrario, tienen una cola y no tienen creta. Sorprenderá acaso de esta relación extraña entre la cola y la cresta. En efecto, todo murciélago que tiene cresta carece siempre de cola, y a la inversa: como si la cola hubiera estado formada a expensas de la cresta y, recíprocamente, la cresta a expensas de la cola.

Buffon describe varios murciélagos, y entre otros dos de los míos, que son el vampiro y el hierro de lanza. En cuanto a la primera especie, ha copiado las noticias de muchos autores. Según creo, son exageradas y aun falsas, como puede verse en mi obra, de que ya he hablado, y a la que me remito para detalles. Monsieur Cuvier me ha mostrado diferentes murciélagos recién llagados de Cayena y que están destinados para el Gabinete Nacional. Si hubiera tenido tiempo acaso habría reconocido algunos, como me ocurrió con respecto a mi primera especie.

Como no tengo a mano mis Noticias para servir a la Historia Natural de las aves del Paraguay y del rio de la Plata, obra manuscrita, me es imposible dar un extracto, y no lo haría aunque la tuviera porque la obra es dos veces mayor que mi Historia de los cuadrúpedos. Así es que me limitaré a decir muy poca cosa, en tanto en cuanto mi memoria me la recuerde. Esta obra contiene cuatrocientas cuarenta y ocho especies de aves, divididas en clases o familias, según los caracteres que me han parecido deber diferenciarlas. No me he comentado con indicar las especies que habían ya sido descritas, sino que además he corregido los errores de los autores que me han parecido (1), (Esta obra ha sido luego impresa en español, y hemos hecho sacar de ella un extracto, que añadimos a los viajes de Azara, a fin de ofrecer reunidos el conjunto de sus trabajos sobre el Paraguay y la Plata. -C.A.W.- ) La obra sobre las aves que se refiere la nota anterior, y que forma el tercer tomo de estos VIAJES, fue extractada y traducida al francés por M. Sonnini, sabio ornitólogo, el cual dice, en una nota preliminar, que la confusión que reina frecuentemente en el original de Azara le ha obligado a establecer << la división, un poco monótona, pero necesaria, de las descripciones de aves en formas, dimensiones y colores. >>. Añade que las citas de la Historia Natural de Buffon se refiere a la edición en 12º de la Imprenta Real de Francia, y para las que Buffon no cita se refiere a la edición en 8º, que el mismo Sonnini publicó -París, Dufat-. Aunque figura como el tomo III de los VIAJES, el tratarse de una obra completamente distinta y su naturaleza descriptiva históriconatural la excluye de los fines de nuestra traducción. No resistimos, si embargo, a la tentación de agregar a este capítulo las Notas preliminares que Azara le puso de prólogo. -F. de las Barras.-)

Las especies de aves de rapiña son mucho más numerosas en el país que describo que en el resto del mundo, porque aquí hay una por cada nueve especies de otras aves y en el antiguo continente no hay mas que una por quince. Además, las aves de rapiña que yo he descrito no son ni tan feroces ni tan carniceras como las otras, pues la mayor parte viven de insectos, ranas, sapos, víboras, etc., más que de cuadrúpedos y de otras aves. No es mas fácil saber si obran así por consecuencia de la flojedad natural que puede producir el clima de América o porque les sea demasiado trabajoso cazar en país tan cubierta de vegetación. En general se puede decir que casi todas las aves son insectívoras, pues aquellas mismas cuyas formas anuncian que son granívoras, comen mas insectos que ninguna otra cosa, porque los granos de que podrían alimentarse son muy caros en aquellas regiones incultas.

Como las aves de paso no viajan mas que para buscar alimentos, que dependen siempre de la influencia del Sol, siguen constantemente a este astro, o sea sobre el mismo meridiano, con corta diferencia. No deben encontrarse, pues, en América, que se extiende de un polo a otro, las aves de paso del antiguo mundo, y, recíprocamente, tampoco las del nuevo en el antiguo; esto es lo que he observado. Parece, por tanto, que este mismo principio nos indica que las aves de paso de América son originarias de esta parte del mundo y nunca habitaron el antiguo continente; y se podrá, si se quiere, extender esta observación a todas las otras especies.

He visto en este país un gran número de aves que no son de paso y que existen también en otras partes del mundo. Como sus proporciones, sus formas y sus colores son los mismos en todas partes, parece que puede concluirse que el clima no tiene influencia comprobada. Entre estas mismas aves, que habitan regiones muy diferentes, hay un gran número cuyo vuelo es débil y no parece poder extenderse a grandes distancias; que, por otra parte, no pueden soportar grandes fríos; parece, pues, imposible que hayan podido franquear distancias tan considerables.

Debe causar admiración ver algunas especies muy multiplicadas, mientras que otras lo están tan poco que yo no he encontrado mas que uno o dos individuos de algunas de ellas. La admiración aumentará si se considera que otras especies que tienen mucha relación con ellas y que son de la misma familia están muy multiplicadas; que las unas y las otras gozan de la misma libertad, del mismo clima y los mismos alimentos; que tienen las mismas proporciones, y que no se ha observado ninguna diferencia en su fecundidad ni en la duración de su vida. Hay también especies que se encuentran al Sur y no al Norte, y otras que están como aisladas, como he dicho hablando de los cuadrúpedos.

Las especies que habitan los bosques más espesos no vuelan mas que a una pequeña distancia; sus alas son cóncavas y débiles; las plumas del cuerpo, largas; las barbas, separadas y desordenadas; no pueden andar mas que saltando. Al contrario, las aves que habitan los campos andan ligeramente; sus alas son rígidas y firmes, el resto del plumaje es más corto, las plumas son más redondas, las barbas más unidas, y vuelan a mayores distancias. Las que se elevan hasta la cima de los árboles más altos, sin ocultarse entre las ramas bajas, participan de las unas y de las otras; éstas son las que tienen el vuelo más rápido y los colores más hermosos.

Hay algunas aves singulares que parecen no conocer los celos, porque se reúnen en bandadas para hacer un nido, en que todas las hembras sacan al mismo tiempo su pollada. De este número es el nandú o avestruz; pero éste tiene algo singular, y es que un solo macho se encarga de incubar los huevos y conducir los pollos. Otra especie de ave se pone sus pequeñuelos bajo las plumas escapulares y los lleva siempre así.

En diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas.
Cuando diciembre se va tiritando, año bueno viene anunciando.
En diciembre la tierra se duerme.
El amor de carnaval muere en la cuaresma.

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