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Capitulo Sexto: De los vegetales cultivados. Viajes por la America Meridional de Don Félix de Azara. Tomo I.


CAPÍTULO VI. DE LOS VEGETALES CULTIVADOS.

Está probado, por manuscritos auténticos, que el Paraguay surtía en otro tiempo de trigo a Buenos Aires; pero hoy es todo lo contrario, porque en el Paraguay la tierra no produce a lo sumo más que el cuatro por uno. Como no se han cuidado de renovar las semillas destinadas a la siembra, han degenerado, y hay una gran parte que son pequeñas, de color oscuro y no se puede hacer de ellas ningún uso. Si se hiciera venir de Buenos Aires el trigo para la siembra, la recolección sería más abundante y el grano de mejor calidad; pero la cantidad no sería nunca muy grande porque el clima es ya un poco cálido para los cereales.

En Montevideo el trigo produce una media anual de doce por uno de diez y seis en Buenos Aires; es decir, el doble que en España. He aquí mi opinión acerca de la causa de este exceso de productos. El grano de trigo de Buenos Aires y de Montevideo en casi la mitad más pequeño que el de España; de suerte que en cada siembra se obtiene casi el doble de individuos. Éstos, aun suponiendo que no produzcan mas que el mismo número de espigas, deben tener más granos en cada una, según la regla general de que la fecundidad de las semillas está en razón inversa de su tamaño. Aunque se supusiera que la pequeñez de los granos de trigo es un efecto de degeneración, porque no se llevan semillas de Europa para renovarlos, lo que hay de cierto es que se hace con él el mejor pan del mundo. Se observa en el país que el trigo que se recoge diez leguas alrededor de Buenos Aires, y sobre todo el de la cuesta de San Isidro y de la garganta de Morón, es de mejor calidad y da más harina.

Como sobre la costa septentrional del rio de la plata, o también en las llanuras de Montevideo, la mayor parte de los habitantes se ocupa del cuidado de los ganados y de la preparación de cueros y salazones, no se siembra bastante trigo para el consumo y se extrae de Buenos Aires o de la costa sur, país donde se estima la recolección media en 100.000 fanegas del país; los que hace 219.300 fanegas de Castilla. El consumo anual de Buenos Aires es de 70.000 fanegas del país; el resto se exporta a la Habana, al Paraguay, al Brasil y a la isla Mauricio. Los pastores no comen pan y viven exclusivamente de carne. Los de las Misiones jesuíticas y del Paraguay están en el mismo caso; pero los labradores hacen pan de maíz de manioc, o cazabe.

Parece inútil advertir que después del 24º de latitud austral, marchando hacia el Norte, país ya muy cálido, no debe esperarse ya recolectar trigo candeal. Esta planta encontraría un clima más favorable al sur del Río de la Plata; pero yo creo que desde el 40º hasta el estrecho de Magallanes el terreno no podría producirlo porque es demasiado salado.

Está igualmente probado que en 1602 había en los alrededores de Asunción, capital del Paraguay, cerca de dos millones de pies de viña y que se sacaba vino para Buenos Aires. Pero hoy en todo el país que describo no hay mas que algunas parras. La ciudad de Mendoza proporciona anualmente a Buenos Aires y a Montevideo 3.313 barriles de vino, y la de San Juan, 7.942 de aguardiente de vino, según el resultado que yo he sacado de los cinco últimos años de paz; el restado se lleva de España. Estas dos ciudades están situadas sobre los Andes, hacia la frontera de Chile.

Los habitantes se cansaron sin duda del cultivo de las viñas porque los racimos están muy expuestos a los estragos de las hormigas, las mariposas, las avispas y otros insectos, y a los de los cuadrúpedos, excesivamente multiplicados en el país, y porque en cuanto los ganados se multiplicaron a los indígenas les fue fácil procurarse licores a cambio de los cueros y los sebos. Este último sistema está más conforme con su holgazanería natural, que hace que no se encuentren agricultores ni segadores. El Gobierno se ve obligado a hacer segar a la fuerza. Añadid a esto que los españoles han empezado a imitar a los negros y los indios, que gustan poco del vino y prefieren el aguardiente.

Se cultivaba el tabaco desde el 29º de latitud hacia el Norte. Este cultivo producía al Tesoro público, por medio de diferentes derechos, sesenta mil pesos fuertes por año, sin exigir aumento en los empleados de Hacienda. El tabaco circulaba libremente por todas partes; pero en 1779 se estableció una Administración de Rentas estancadas, que no rinde nada o casi nada al Tesoro público. Se emplea una multitud de gente que podría hacer otra cosa; el Gobierno está acosado de reclamaciones, de cuentas y de papelotes; los comerciantes y viajeros están sujetos a mil formalidades; en fin, que era mucho mejor que jamás se hubiera pensado en semejante establecimiento. El tabaco del país parece tener buen gusto y poca fuerza. El proyecto era sacar de esta colonia los veinte mil quintales que consumen las expendedurías de España; pero no se calculó el número de brazos que se podría contar; no se tuvo en cuenta que los cultivadores, no siendo esclavos, se harían pagar más caro; se olvidó que sujetar a un monopolio la venta de una planta era la casi lo mismo que destruirla enteramente. En efecto, cuando el comercio de tabaco era libre se exportaban más de quince mil quintales por año, y hoy no se pueden obtener los cinco mil que harían falta para las pequeñas expendedurías.

En las provincias del Paraguay y de las Misiones jesuitas se cultivan la caña de azúcar y el algodón, aunque las dos recolecciones sufren mucho con los primeros fríos. Nunca son considerables, porque el cultivo se reduce a poca cosa y no hay máquinas para fabricar el azúcar en grande, como en otras partes. A pesar de la imperfección de la fabricación, el azúcar es de muy buena calidad y se exporta, aunque en pequeña cantidad, a Buenos Aires. El terreno de ésta última ciudad no la produce, y se lleva de la Habana y del Brasil lo que el Paraguay no puede suministrar. Pero los habitantes de este último país sacan más provecho de sus cañas con la melaza y el aguardiente, cuyo consumo es considerable. Se exporta también un poco de algodón, porque las mujeres de Buenos Aires y Montevideo se alardean de ser grandes hilanderas. Pero casi todo el algodón permanece en el lugar mismo en que se recolecta, y se hace de él una tela tan basta que apenas puede usarse para camisas de esclavos y de pobres. Es verdad que el hilado y los telares son muy imperfectos, porque apenas se conoce la rueca y el torno de hilar, así como tampoco la ranura practicada en el extremo del huso. El telar, el peine y otros instrumentos del tejedor no son mucho más conocidos. Es necesario igualmente mucho trabajo para desembarazar el algodón de sus semillas y arquetearlo. La primera operación se hace entre dos cilindros y la segunda con un arco.

La mandioca (1) (Es el Satropa manihot L. –C.A.W.- Hoy es la euforbiácea llamada Manihot utilissima. Nuestros primeros exploradores de Indias llamaron cazabe o cazabi a la fécula de ella obtenida- Nota D.) se da también muy bien en el Paraguay y en las Misiones jesuíticas. Hay dos especies. Produce la mandioca un gran número de raíces muy largas.; el jugo o agua que se extrae de ellas hace morir a los cerdos que la beben; lo mismo ocurre si comen la raíz de que se ha extraído el jugo. Se dice que sucedería lo mismo a un hombre. Pero no se la cultiva, y aun eso en pequeña cantidad, mas que para proporcionarse el excelente almidón que su jugo produce por precipitación o depósito. Los portugueses no comen otro pan que esta misma raíz, de la que exprimen el jugo después de haberla rallado, y que asan, dándole el nombre de farina. La especie de mandioca que se cultiva más tiene raíces blancas o de un blanco amarillento, y se la prepara de diferentes maneras, sin tener necesidad de rallarla y extraer el jugo. Esta especie de raíz es conocida en todo el mundo y hace la suerte de los países en que se encuentra. Sería, pues, muy a propósito procurar naturalizarla en las provincias meridionales de España y en la isla de Mallorca. Esta planta es suficiente para garantizar la alimentación del pobre. Mas como necesita un clima muy dulce, no se la encuentra más allá del 29º de latitud Sur, no más que el tabaco, el algodón y la caña de azúcar.

El maíz se produce muy bien en todas estas regiones; pero en el Paraguay he visto cuatro especies independientemente aun de la variedad de los colores rojos o violetas. Las que se llama abaty-ty (maíz blanco) no difiere de las otras dos que voy a describir, por su planta, por su espiga ni por sus semillas; pero estos granos son blancos, y tan tiernos que basta asarlos un poco para comerlos a guisa de pan, porque se rompen al morderlos y se mascan con la mayor facilidad. El abaty-tupy no difiere del precedente mas que en que sus granos son mucho más brillantes, amarillentos y tan duros que no se pueden comer, como el anterior. Ordinariamente se los muele en un mortero de madera con una maza de la misma materia, golpeándolos oblicuamente de manera que se les quite la piel exterior sin romper los granos, que permanecen enteros, al menos la mayoría. En este estado se echan en la olla como los guisantes o las judías. Se hace también el guisado a la colada, de que los habitantes del país gustan tanto, y a que llaman mazamorra. En fin, la gente del país hacen una porción de guisos y especies de pan diferentes, empleando para cada objeto la clase de maíz conveniente, porque cada una tiene las ventajas respectivas; y yo creo que una crece más de prisa que otra.

Como no he tenido ocasión de ver con frecuencia la especie de maíz llamada abaty-guaicurú, presumo que no se la considera de calidad superior a las otras. Es, sin embargo, singular. En efecto, aunque la espiga sea absolutamente semejante a la de las precedentes y tenga la misma envoltura, cada grano está envuelto aparte por pequeñas hojas que se asemejan enteramente a las grandes que envuelven la espiga entera. Yo no me acuerdo del nombre que se da a la cuarta especie, cuyo tallo, mucho más delgado, se termina, no por una espiga, sino, como el mijo, por una especie de disciplina de muchas cuerdas, de las que cada una está cubierta de granos absolutamente semejantes a los de maíz, pero más pequeños.

Ignoro también los usos particulares a que se pueda aplicar. Sé solamente que friendo en grasa o aceite esta especie de disciplina que contiene los granos éstos revientan todos, sin separarse, de lo que resulta un hermoso ramo capaz de adornar por la noche la cabeza de una dama, sin que se pueda reconocer lo que es. He comido con frecuencia estos granos abiertos y los he encontrado muy buenos (1). (Los botánicos no distinguen más que una sola especie en el género del maíz, Zea-mays L. y reprochan a Tournefort haberla subdividido, así como al trigo, en muchas especies. Pero hay en el maíz, como en el trigo, un gran número de variedades, que se designan, por el color, de rojo, violeta, azul, negro, abigarrado o chino-amarillo-rojo, y blanco. No obstante, casi todas estas variedades son accidentales y se reducen en Europa a dos principales que merecerían acaso el rango de especies. Una es el maíz precoz, cultivado en Italia, en los alrededores de Turín y de Milán; el otro es el maíz tardío, que forma los grandes cultivos de esta gramínea en el Mediodía de Francia. Todas las investigaciones que se han hecho concurren a probar que esta planta es originaria del Nuevo Mundo y que no se conocía en ninguna parte del antiguo antes del siglo XV. –C.A.W.-)

Se encuentran por todas partes en este país muchas especies de buenas papas dulces (batatas) (1) (Convolvulus batatas L. - Convolvuláceas. –C.A.W.) Las hay de carnes blancas, amarillas y violetas. La que se llama abayibacué es del grueso de la pantorrilla y larga como la pierna. Su piel es rojiza, la carne blanquecina y el gusto excelente. Sería posible y ventajoso transportar todas estas especies a Europa (2) (creo que se cultiva esta planta en España; los ensayos hechos para naturalizarla en el Mediodía de Francia no han sido al presente con éxito.-C.A.W.- Sabido es que se cultiva en Málaga y es objeto de comercio importante. -F. B.). Lo mismo digo de ocho o nueve especies de calabazas de un gusto más agradables que las de España, sobre todo cuando se las tuesta en las brasas cuando están secas. Se podría igualmente sacar de este país una multitud de especies de habichuelas, y principalmente las que se llaman pallares, que son las mejores, que producen mucho y tienen los colores muy variados. También hay un arbusto que resiste al invierno y que produce habichuelas muy pequeñas, pero excelentes. Por todas partes se siembran estos vegetales muy útiles, como las habas, las lentejas, los guisantes, las alverjas y el many o manduby (cacahuet), que se empieza a cultivar en España para extraer el aceite. Esto es lo que no se hace en esta parte de América. Se contentan con tostarla y emplearla en los mismos usos que la almendra o avellana en Europa (1) (El cultivo de esta planta, que es el Arachis hypogea L., ha sido ensayado en el Mediodía de Francia, y en Italia en los alrededores de Roma.-C.A.W.)

A propósito de aceite voy a hablar del tártago, que yo creo conocido fuera de aquí con el nombre de palma Christi (2) (Es el Jatropha curcas L., o ricino medicinal o catártico. -C.A.W.- Hoy es el Ricinos communis, ricino común, palma Christi o higuera infernal, comunísima en toda España y especialmente en el Sur. -Nota D.). Nadie cultiva esta planta, pero se la encuentra siempre al lado de las casas, de las granjas o de los jardines, y yo no me acuerdo de haberla visto en los desiertos, lo que hace pensar que es del número de las que crecen donde hay hombres. Se encuentra en todos los parajes poblados. Hay en le Paraguay dos especies, que no se difieren mas que porque una de las dos es más grande y sus semillas lo son en proporción. Había un hombre que las recolectaba y después de haberlas machacado en el mortero y hecho cocer en agua fabricaba excelente jabón con el aceite que sobrenadaba.

Aunque en este país de los almendros y los ciruelos crecen rápidamente y dan muchas flores, nunca producen un solo fruto. Éste es próximamente el caso de los melocotoneros del Paraguay. Pero en la provincia del Río de la Plata este árbol produce muchos frutos que se ponderan demasiado. Desde hace algún tiempo se han llevado a Buenos Aires cuatro o cinco especies de melocotones desconocidos en Europa y que proceden de Chile y otras localidades de América. Sería conveniente transportarlos a Europa porque los hay muy buenos. No hace igualmente muchos años que se conoce allí el albaricoquero llamado damasco, y que es muy bueno.

Llegó por casualidad al país una cajita llena de semillas de colores y lechugas que enviaban de Italia. La persona que las recibió encontró dos huesos de damasco; no los conocía y los sembró para ver lo que producían. Tal es la introducción del damasco en la provincia del Río de la Plata.

Las peras no valen gran cosa y las cerezas nada. No existen en el Paraguay. Las naranjas y otros frutos análogos son abundantes y muy buenas desde el 30º, avanzando hacia el Norte, aun cuando no se injertan los árboles que las producen. Pero avanzando hacia el Sur la calidad disminuye y las naranjas son menos numerosas y más pequeñas.

La pacoba, o sea el plátano (1) (Bananero de los franceses. Género botánico Musa.-F. B.) de diferentes especies, se multiplica con facilidad en el Paraguay hasta el 27º; pero da poco fruto, porque es sensible al frío y se hiela fácilmente. Otro tanto sucede con la piña o ananás, que, sin embargo, se extiende más hacia el Sur. Las manzanas son buenas en Montevideo, medianas en Buenos Aires y no dan fruto en el Paraguay. Hay por todas partes higos, membrillos y granadas, pero la calidad es mediana y aun inferior a los del Paraguay. Esta última región no produce olivos, pero en Buenos Aires prosperan tan bien o mejor que en España y dan fruto todos los años.

En la provincia del Río de la Plata el melón es a lo sumo comible, y no vale nada en la parte septentrional. La sandía es mejor en unos parajes que en otros, pero esto no depende de la latitud, sino de de la localidad. Este fruto tiene siempre en el país que yo describo el doble de semillas que en España y cerca de la Asunción y más allá tiene menos carne que semillas. No hay fresas mas que en la provincia del Río de la Plata, y aun son de esas fresas gruesas e insípidas que se llaman frutillas (2) (¿Fresones?). El cáñamo y el lino prosperan bien en la última localidad; pero no se los siembra mas que para aprovechar la semilla, pues costaría demasiado caro aprovechar las fibras. Las legumbres, en general, se dan más o menos bien según la latitud. Pero del lado de las misiones jesuíticas y del Paraguay se siembran poco. Se cultiva el arroz en terrenos secos y se recolecta lo suficiente para el consumo del país.

Se podría, sin duda, cultivar el añil en la parte norte, porque esta planta crece allí espontáneamente y es común. Se podría igualmente recolectar seda si se introdujera el gusano que la produce, pues que la morera se da espontáneamente. Otro tanto digo del cacao y del café; pero la holgazanería y pereza generales, la carestía de los jornales, el gusto de la destrucción y del despilfarro, que caracteriza a los habitantes del país; sus pocas necesidades, su falta de ambición, el espíritu caballeresco, que desdeña y desprecia toda especie de trabajo; la falta de instrucción, la nulidad de los gobernadores y la increíble imperfección de los instrumentos, contribuyen a ser casi imposible toda especie de mejora. En el Paraguay y en las Misiones no se usan otras piochas que huesos gruesos de caballo o vaca que se ajustan al extremo de un mango. El arado se reduce a un palo puntiagudo que cada uno arregla a su manera. Lo mismo sucede con el yugo y otros utensilios de labor. Es verdad que sucede otro tanto en casi todos los oficios. El orfebre fabrica sus crisoles, el músico sus cuerdas y su guitarra, y en cada casa particular se hacen velas, el jabón, los dulces, las medicinas, los tintes y, en fin, todo lo que se necesita.

En cuanto a flores cultivadas, hay algunas de Europa, y, entre otras, en Buenos Aires se poseen los claveles más grandes del mundo. Pero yo me contentaré en decir aquí pocas palabras de algunas flores americanas. El ariruma es una especie de jacinto amarillo de un olor tan agradable que son muy pocos los que le superan. La diamela (1) (Jasminum Samlac L. Jazmináceas -F. B.) es en este respecto la reina de las flores. Es una mata que da mucho y durante mucho tiempo; cada flor se compone de muchas pequeñas agrupadas juntas y blancas. La planta es delicada y no produce semilla, pero se la multiplica por acodo. La peregrina (2) (Colmeiro, en su Diccionario de nombres vulgares de las plantas, cita: Peregrina de Cuba, Hibiscus pceniceus Willd -Malváceas- y Aleurites triloba Forst -Euforbiáceas- Peregrina del Pinar de Cuba, Jatropa augustifolia Gris.-Euforbiáceas-. Peregrina de Lima, Aestroemeria peregrina L. -Amarilidáceas-.F. B) es igualmente desconocida en Europa, donde haría un brillante papel por la belleza de sus numerosas flores, bien jaspeadas de rojo y de blanco. No tiene olor y se multiplica fácilmente por semillas.

En diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas.
Cuando diciembre se va tiritando, año bueno viene anunciando.
En diciembre la tierra se duerme.
El amor de carnaval muere en la cuaresma.

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