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Capitulo Tercero: De las sales y de los minerales. Viajes por la America Meridional de Don Félix de Azara.


CAPÍTULO III. DE LAS SALES Y DE LOS MINERALES .

Para hablar de las sales es necesario dividir el país en dos partes, de que fácilmente se formará idea: tomando, para constituir la primera, todo el lado del este del Paraguay y del Paraná, el resto formará la segunda parte; es decir, el terreno que se extiende desde el Río de la Plata hasta el Sur y de todo el Chaco. Esto sentado, he observado que todos los arroyos y todos los lagos son de agua dulce en la primera división. He visto igualmente que al norte del Río de la Plata o en las llanuras de Montevideo y de Maldonado los ganados buscan y comen con avidez los huesos secos; que a medida que avanzan hacia el Norte comen una tierra llamada Barrero, que es una arcilla salada que se encuentra en los barrancos, y cuando llega a faltarles (como sucede en los cantones orientales del Paraguay y de las Misiones del Uruguay), el ganado, de toda especie, parece infaliblemente al cabo de cuatro meses. No se creería sin haberlo visto con qué ardor los ganados buscan y comen esta arcilla. Sólo con que hayan estado un mes sin comerla, si la encuentran no habrá manera, ni aún a la fuerza de golpes, de hacerles abandonar el sitio, y comen a veces tanta que se mueren de indigestión. Se asegura lo mismo de las aves y de los cuadrúpedos que viven de vegetales; y lo que sé de cierto es que yo he encontrado una gran cantidad de arcilla en el estómago del Anta (1) (Es el nombre que los portugueses del Brasil dan al tapir. C.A.W). Concluyo de estos hechos que los pastos de estas regiones no podrían servir de alimentos para ninguna especie de ganado sin el socorro de la sal o de la arcilla salada; pero la dulzura de las hierbas va disminuyendo desde las Misiones hasta el Río de la Plata. En el Brasil, a pesar de la abundancia de pastos, no se podría criar el ganado sin emplear la sal, y como no se la encuentra en el país se lleva de Europa, y resulta muy cara porque se vende por cuenta del rey.

El hombre parece hacer una excepción a lo que acabo de decir de los animales, porque estoy cierto de que en los países privados de sal de que he hablado había naciones indígenas cuyo principal alimento eran vegetales y que antes de la llegada de los europeos ignoraban el uso de la sal, y de que los hay hoy día en ese caso. Pero puede ser que estos indios suplieran la sal por el uso del pescado o de la miel salvaje, o puede ser todavía que comieran arcilla salada cuando la encontraran; por fin, puede ser también que hicieran lo que vemos hacer hoy a las naciones de Ubayá y de Guaná. Estos pueblos queman las hierbas y hacen con las cenizas y los carbones que resultan pelotas que mezclan con los alimentos, en guisa de sal, porque estas cenizas son saladas. Cuando se ignora esto se creen que comen tierra.

Sucede todo lo contrario en la segunda división, es decir, en todo el Chaco, o en la parte situada al oeste de los ríos Paraguay y Paraná y desde el Río de la Plata hacia el Sur .En todo este país no hay arroyo, ni lago, ni pozo que no sea salobre en verano o cuando las lluvias son raras, porque la lluvia disminuye necesariamente su salsedumbre. Los ríos mismos, como el Pilcomayo y el Bermejo, se resienten de esta salazón cuando están muy bajos, aunque su curso no se interrumpa nunca. Pero hay aguas más saladas unas que otras, y las sales no son todas de la misma calidad. Hacia el 33º 44´ de latitud se encuentra el fuerte Melincué, casi enteramente rodeado de lagunas que se secan cuando las lluvias son raras. En tales circunstancias llegué yo, en el mes de marzo, y encontré una superficie de casi una legua de ancho cubierta de cuatro dedos de sal de Epsom o de Inglaterra (sulfato de magnesia), reconocido por tal por un boticario a quien encargué de hacer el ensayo. A 130 leguas de Buenos Aires, siguiendo el rumbo Oeste-Sudoeste, hay un lago siempre lleno de excelente sal común. Van a buscarla una vez al año, porque en Buenos Aires se la prefiere a la que va de Europa; se nota que sala más y que no tiene el principio amargo que la de Europa conserva siempre. El calor del sol hace cristalizar sal de la misma calidad en otros muchos lagos de estas regiones; tal sucede en el Chaco, al lado del río Bermejo. Yo no tengo la menor duda de que estos terrenos contienen salitre, porque en otros tiempos se extraía para hacer pólvora. Los pastos o los vegetales de esta vasta extensión de país no podrían ser suficientes para el alimento de los animales sin la ayuda de la sal, que se suple con la que ellos encuentran en las aguas. En el Paraguay, para tener sal se reúnen las eflorescencias blancas que se encuentran en tiempo seco en algunos valles. Se las disuelve, se filtra y se hace hervir la disolución para obtener la cristalización de la sal. En otro tiempo se fabricaba así el salitre.
Como la situación local no permite pensar que los terrenos salados sean obra del mar y que los otros sean de los ríos, se podría imaginar que la salazón de los países en que se observa procede de las sales que las aguas de lluvia han arrastrado de la cordillera de los Andes. En cuanto a mí, yo creo que siendo los terrenos salados casi horizontales y generalmente incapaces de dejar correr las aguas, éstas se evaporan abandonando las sales, que no son susceptibles de evaporación. Esto no ocurre en los terrenos desprovistos de sales, porque éstos tienen la pendiente necesaria para desembarazarse de las aguas y por tanto de las sales que éstos contienen.

Basta haber dicho que el país es plano y que no hay mas que un pequeño número de montañas, poco elevadas, para dar a entender que no se encuentran minerales.

En efecto, hay bien pocas cosas que citar. En la villa de las minas de Maldonado se encuentran algunos granos de oro en la arena del riachuelo de San Francisco; el título es bueno, pero en muy pequeña cantidad para pagar los gastos. En el pueblo de San Carlos, en las Misiones, se han encontrado, aunque muy raramente, algunos pequeños ejemplares de mineral de cobre, pero sin descubrir filón ni mina. En las llanuras de Montevideo, cerca de la Estancia de Legal de Aceguá, se ha creído encontrar una mina de plata, pero creo que no es mas que caparrosa. Es muy probable que haya minas de oro y de toda especie de piedras preciosas en la cadena de montañas llamada Santa Ana por los conquistadores del país y San Fernando por los modernos, así como por Cruz en su carta; esta cadena está situada cerca del río Paraguay, en la provincia de Chiquitos. Digo otro tanto de todas las montañas de esa provincia y de la de Moxos, porque todas son vecinas de las que los portugueses no han usurpado injustamente estableciéndose en el medio mismo de nuestro país, en Matogroso y Cuyabá.

Daré aquí a conocer un fenómeno raro de la Naturaleza. Es un pedazo único de hierro puro flexible y maleable a la forja, obediente a la lima, pero al mismo tiempo tan duro que los cinceles se desbocan y se parten a veces al cortarlo. Esta masa contiene mucho cinc, y por esta razón se conserva intacta a pesar del contacto de las inclemencias de las atmósferas. Aunque su superficie presenta algunas desigualdades y se nota que han sido cortados grandes trozos, sus dimensiones, con corta diferencia, son las siguientes: longitud, 13 palmos (1) (El palmo equivale a 9 pulgadas castellanas y 7 de éstas hacen 6 de París.-C.A.W.); anchura, 8; altura o grueso, 6; volumen, 624 palmos cúbicos. Me refiero a las medidas que dan en su diario D. Miguel Rubín de Celis y don Pedro Cerviño, que estudiaron juntos este trozo de hierro, por orden del rey, en 1783. Salieron de la ciudad de Santiago del Estero, de la que determinaron la latitud a 27º47´42´´. Conducidos por algunos de los habitantes, que habían visto el bloque de hierro muchas veces, lo encontraron a setenta leguas, en línea recta, por el rumbo norte 85º al Este, después de haber marchado continuamente por las llanuras y sin encontrar una sola piedra, como sucede en toda la extensión del Chaco. Se ve por el diario que el hierro está colocado horizontalmente sobre una superficie arcillosa y desprovista de piedras, que no está nada hundido en la tierra, lo que se comprobó cavando un poco a un costado, lo que hizo caer la masa del lado de la excavación, donde no se descubrió la más pequeña piedra tampoco. Como a su regreso a la ciudad de Santiago el gobernador les mostrara una piedra de una onza de peso que contenía bastante oro sensible a la vista, diciéndoles que se había encontrado en el pozo de Rumí, a veinte leguas de distancia del bloque de hierro, enviaron a este paraje a buscar mayor cantidad, y en efecto, se les trajeron ciertas piedras pequeñas que no daban ningún indicio de metal. Cerviño mismo me aseguró cien veces que él había sabido después que el pequeño trozo de mina de oro había sido llevado del Perú por un indio y que lo había vendido al gobernador haciéndole creer que lo había encontrado en el pozo de Rumí.

Rubín de Celis, a su regreso a España experimentó muchas desgracias, que le condujeron a expatriarse; pero queriendo dar a conocer el bloque de hierro de que hemos hablado, publicó, yo creo que de memoria, una relación ciertamente equivocada, en el tomo 78 de las Transactions philosophiques, y yo he leído, tomada de ella, en el Extrait des meilleures journaux, número 190, una descripción. Dice que a poca profundidad por debajo del hierro había encontrado cuarzo de un hermoso rojo con granos de oro, y sobre esto cita la piedra del gobernador. Dice también que este hierro es de origen volcánico, sin fijarse en que no es ni agrio ni frágil, sino muy maleable; que está aislado y si ninguna otra materia volcánica; que en la inmensa llanura del Chaco no puede haber volcanes; que el más próximo está acaso a 300 leguas, y que en el caso de que esta masa hubiera sido lanzada por un volcán no habría quedado en la superficie. No es creíble que haya sido llevada por ningún río, pues no hay ninguna mina de hierro en toda la América meridional. Menos aun se podría creer que hubiera sido llevada de España para abandonarla en un desierto, y que se haya podido sacar semejante masa de las minas de Europa. En fin, yo no soy capaz de explicar el origen de este hierro, y estoy cerca de creer que es tan antiguo como el mundo y que ha salido tal cual es de la mano del Creador. Porque si se quiere considerar su formación como posterior, se encuentra uno detenido por la dificultad de suponer que este hierro estaba rodeado de otras materias a expensas de las cuales se habría formado, y que estas materias han sido arrastradas por las aguas, de lo cual no se concibe bien la posibilidad en un país de llanuras. Por otra parte, no se comprende como no se ha formado mas que un solo trozo tan considerable y además tan diferente, por su calidad, del que se encuentra en todas las minas conocidas (1). (La masa de hierro nativo de que habla aquí el Sr. de Azara ha preocupado mucho a los mineralogistas de Europa. Los sabios autores del Journal de Chimie dieron hace tiempo –tomo 5, página 149 y siguientes- un extracto de la memoria de D. Miguel Rubín de Celis. Proust, que ha examinado fragmentos de esta masa, ha reconocido que el níquel estaba aleado al hierro, y dedujo de sus observaciones que sería prematuro juzgar si esta alianza es obra de Arte o de la Naturaleza – Journal de Physique. Thermidor, año 7; pág. 148-. Después de los detalles dados aquí por el Sr. de Azara parece cierto que es una producción de la Naturaleza, y aunque, en efecto, este fenómeno sea muy raro, hay aún dos o tres ejemplos. El primero es la masa enorme de hierro maleable encontrado por Pallas en Siberia, sobre la cima de una montaña próxima al río Yenisei y de la cadena de los montes de Kemir – Pallas: Observaciones sobre la forma de las montañas. San Petersburgo, 1777; en 4º; pág. 25- y que pesaba 1680 libras rusas. El segundo ejemplo es un grueso bloque de hierro encontrado en Aken, cerca de Magdeburgo, bajo el pavimento de la ciudad, pesando 15 a 17, y al que se han reconocido todas las cualidades del mejor acero inglés. El Dr. Chaldini, de Wirtemberg, ha publicado con este objeto, en 1794, una obra – Uber der ursprung der von Pallas gefundenen und anderer ihr aenlicher Eisenmassen, Riga, 1794 – en la que examina todas las hipótesis que han sido imaginadas para explicar la formación de estas tres diferentes masas de hierro nativo. Prueba que es igualmente imposible de admitir su producción por la vía húmeda, y su fusión, sea artificial, sea natural, por el fuego de los volcanes, por el de las hullas inflamadas, o aun por el fuego del cielo. Relega estos cuerpos entre aquellos que tanto han preocupado en estos últimos tiempos la imaginación de los sabios, y que se han llamado bólidos, meteorolitos, piedras atmosféricas o piedras caídas del cielo. Monsieur Chaldini piensa tienen su origen en cuerpos celestes, y esta opinión ha sido adoptada y desarrollada en Francia por muchos físicos respetables.
Como quiera que sea, parece constar que no deben confundirse estas singulares masas con los trozos de hierro nativo que se encuentran a veces en las minas. Aunque estos trozos sean tan raros que aun algunos hábiles mineralogistas han dudado de su existencia – Haüy: Traité de Minéralogie, t. 4, pág. 6- puede hoy decirse que está probada. Aun recientemente se ha descubierto en el Museo de Historia Natural de París, en un trozo procedente de Kausdorf, en Sajonia, la presencia del hierro nativo. Lehmann ha dado la descripción de otro trozo procedente de Eibensock, en Sajonia – Art des mines. Traducción francesa, pág. 112 – Se ha encontrado también, en forma de estalactita ramosa, en los alrededores de Grenoble, sobre la montaña de Oulle. Wallerius menciona un hierro nativo de forma cúbica que se encuentra cerca de Senegal, en África, donde los moros lo explotan para hacer diferentes objetos – Wallerius: Syst. minér; édit. de 1778, t. 2, pág. 233 - . Los lugares que he citado son hasta aquí los únicos en que se ha encontrado el hierro nativo. – C.A.W.- Hoy es cosa indiscutible que se trata de un meteorito.

En diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas.
Cuando diciembre se va tiritando, año bueno viene anunciando.
En diciembre la tierra se duerme.
El amor de carnaval muere en la cuaresma.

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