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Flora invasora en Aragón.


Estado actual de la flora invasora en Aragón

Casi un 10% de la flora de Aragón está constituida por especies alóctonas, habiéndose contabilizado al menos 313 especies de plantas vasculares exóticas naturalizadas o subespontáneas (Sanz Elorza et al. 2009). La evolución histórica marca una tendencia sostenida al aumento de especies alóctonas, especialmente a partir de 1870, con un aumento muy notorio a partir de 1980, ligado especialmente a la elevada entrada de especies procedentes de la jardinería.
En cuanto al origen biogeográfico de la flora alóctona de Aragón, los mayores porcentajes son de América del Norte, Asia central y región mediterránea. Acogen por tanto especies procedentes principalmente de áreas templadas, a diferencia de lo que se observa junto al mar mediterráneo donde aparecen muchas especies procedentes de zonas tropicales y subtropicales.
La introducción de más de la mitad de las especies es intencionada. Las vías de entrada principales son la agricultura, la jardinería y la llegada involuntaria, representando alrededor de un 30% cada una (Sanz Elorza et al. 2009). Estos mismos autores consideran que el 24% de esas 313 especies manifiestan carácter invasor, aunque dentro de ellas sólo 17 especies son calificadas como transformadoras, es decir, capaces de transformar el ambiente y la comunidad en la que viven.
Más de la mitad de las especies alóctonas consideradas invasoras en Aragón son malas hierbas desde un punto de vista agrícola, representando unas 47 especies.
Otra buena parte de las plantas invasoras han entrado de forma involuntaria, gracias al gran trasiego de mercancías y personas de unas a otras zonas del mundo, extendiéndose rápidamente gracias a su facilidad de dispersión. Hoy ocupan principalmente ambientes ruderales, viarios y transformados, y también zonas de ribera y otras áreas donde abunda el agua. Es el caso de Aster squamatus, varias especies del género Amaranthus y del género Conyza, especies muy abundantes junto a las áreas urbanas alteradas y otras zonas ruderales. Géneros enteros como Bidens (especialmente Bidens frondosa), Xanthium (como Xanthium strumarium o X. spinosum) o Paspalum (especialmente Paspalum paspalodes), ocupan principalmente algunos ambientes frescos y carentes de competencia y son muy abundantes en las orillas de los grandes ríos, desarrollándose una vez desciende el nivel de las aguas en el estío. Ello ocurre especialmente en el río Ebro, pero también en la parte baja de sus principales tributarios, donde esa comunidad vegetal está dominada claramente por especies alóctonas.

¿Dónde se asienta la flora invasora en Aragón? Patrones geográficos de la flora invasora en Aragón.

La flora exótica invasora muestra unos patrones de distribución marcados por varios factores:

Atendiendo a estas pautas, no es raro encontrar abundancia de flora invasora en enclaves que reúnen una o más de estas características. Por ejemplo, en los sotos del río Ebro se asilvestran numerosas especies, que son más frecuentes en las cercanías de Zaragoza y aguas abajo de la ciudad, debido a la abundancia de semillas y otros propágulos que generan las plantaciones en la capital y su área metropolitana y que se dispersan preferentemente hacia el sureste, siguiendo la corriente del río y los vientos predominantes, naturalizándose en abundancia especies como Acer negundo o Gleditsia triacanthos.
En las tres unidades ambientales de Aragón, la situación de las especies principales consideradas más invasoras en las fichas, y centrándonos especialmente en árboles y grandes arbustos, son las siguientes:

El Valle del Ebro

La escasez de agua en el Valle del Ebro condiciona que las especies invasoras colonicen especialmente zonas húmedas y muy preferentemente ríos y riberas. Es el caso de los sotos del río Ebro, pero también el de otros grandes ríos, como el Cinca o el Gállego, cuyos grandes cauces son el ambiente propicio para la colonización de especies como Acer negundo, Gleditsia triacanthos, Robinia pseudoacacia o Cortaderia selloana (ésta última únicamente en Monzón y Sariñena). Los ailantos son los árboles exóticos más abundantes en el Valle del Ebro, si bien no suelen colonizar, al menos al principio, los sotos naturales, sino principalmente ambientes periurbanos más o menos degradados o los bordes de vías de comunicación, en muchas de las cuales ha sido plantado.
No obstante, al alcanzar altas densidades, como ocurre en el congosto de Olvena y ha sido observado también en Tarazona, es capaz de colonizar ambientes con vegetación natural bien conservada, como carrascales y otras zonas.
En la ribera del Ebro aguas arriba de Zaragoza, así como en Campo de Borja, en el Bajo Jalón y en ciertas partes bajas de Cinco Villas –especialmente Sádaba-, el árbol del paraíso (Elaeagnus angustifolia) ha sido bastante utilizado y se expande poco a poco, generalmente a partir de brotes de raíz en terrenos con humedad. Más problemática es la madreselva de Japón (Lonicera japonica), plantada en numerosos jardines y urbanizaciones y que se expande actualmente al menos en Zuera, Monzón, Tarazona, Monflorite y otros lugares. La alfombra de césped (Lippia filiformis), ha colonizado las orillas de embalses como Mequinenza y Barasona y también las riberas del Ésera y Cinca aguas abajo de Barasona, de modo que su control es prácticamente inviable. Más incipiente y viable parece el control del tomatito amarillo (Solanum elaeagnifolium), muy perjudicial para la horticultura, con pocas citas en España y cuyas poblaciones en Aragón se encuentran en Zaragoza, Caspe y Quinto. A lo largo de todo el río Ebro aparece al final del verano una recién llegada, el helecho de agua (Azolla filiculoides), una pequeña planta acuática flotante.
Recostadas en áreas secas y libres de heladas encontramos pita (Agave americana) y diversas chumberas (Opuntia spp. y Cylindropuntia spp.), que se hacen más frecuentes hacia el Bajo Aragón, pero que no dudan en colonizar ya no sólo los alrededores de Zaragoza (Juslibol, Alfajarín, etc.) o del embalse de la Sotonera, sino también los somontanos del Ibérico (Tarazona por ejemplo), o los solanos del Prepirineo (Alquézar, Calasanz, etc.).

El Pirineo

En las comarcas pirenaicas, la sequía no siempre es limitante y ello permite en los lugares húmedos la aclimatación y cierta invasión de bastantes especies que, eso sí, deben tolerar muy bien las heladas. Se trata especialmente de plantas propias de montañas tropicales y subtropicales, en especial del Himalaya y cadenas montañosas próximas.
Es el caso de Buddleja davidii, con una fuerte y reciente expansión en los ríos del Pirineo, o de Impatiens spp. y Fallopia baldschuanica. Estas tres especies son cultivadas como ornamentales en muchos pueblos del Pirineo, al igual que ocurre con Helianthus tuberosus. Pero sin duda, la especie exótica más abundante en el Pirineo es la falsa acacia (Robinia pseudoacacia), que se expande intensamente en algunas riberas, como en varios puntos de los ríos Cinca y Ésera; pero especialmente en los ríos Aragón y Gállego aguas abajo de Castiello de Jaca y de Biescas, respectivamente. En el área pirenaica y prepirenaica, caracterizada por sus grandes y profundos valles, las carreteras se sitúan casi siempre junto a ríos y riberas de gran entidad. La profusión de plantaciones lineales o puntuales de ailanto y especialmente de falsa acacia junto a las carreteras, ha propiciado la invasión y naturalización de estas especies en riberas y otras áreas de vegetación natural.
Más reciente es la llegada de Acer negundo, naturalizados en las riberas, al menos en Biescas, Villanúa y Aínsa, a partir de ejemplares plantados en jardines rurales en los últimos años.
En las riberas del río Aragón también aparece Alnus cordata (aguas arriba de Puente la Reina), así como Laburnum anagyroides en su tramo alto, aguas arriba de Jaca. Ambas especies proceden de las plantaciones para reforestación y control hidrológico realizadas especialmente con la construcción de la Estación Internacional de Canfranc entre los años 1919 y 1926, si bien también en Biescas y Gavín se ejecutaron algunas repoblaciones con Alnus cordata (Sanz Elorza, 2006).

El Sistema Ibérico

El rigor climático que caracteriza al Sistema Ibérico, con fuertes heladas y sequías, así como una baja densidad de población, condiciona que éste sea el área aragonesa con menor densidad de plantas exóticas invasoras.
La profusión de plantaciones lineales de ailantos y especialmente falsas acacias en carreteras y vías de ferrocarril quizá sea lo más destacado en el paisaje. Sin embargo, el rigor climático y la generalizada ausencia de amplias riberas dificulta la expansión de estas especies hacia zonas con vegetación natural bien conservada, a diferencia de lo que ocurre en el norte de Aragón. La falsa acacia es con mucho la especie exótica predominante, naturalizándose lentamente a partir de plantaciones lineales en las áreas más pobladas y en comarcas como Cuencas Mineras, Teruel y Gúdar-Javalambre. El ailanto también abunda en áreas como Martín del Río o el río Guadalaviar aguas abajo de Albarracín, donde convive con la falsa acacia y Acer negundo.
La restauración minera ha supuesto la plantación de especies como Spartium junceum, que en algunos casos se naturaliza en la comarca de Cuencas Mineras. La madreselva de Japón (Lonicera japonica) y la viña del Tíbet (Fallopia baldschuanica) se cultivan frecuentemente en los pueblos turolenses, pero raramente se expanden al medio natural. En la comarca de Calatayud especialmente, es notoria la expansión de la hierba pastel (Isatis tinctoria).
En los somontanos, como el del Moncayo, aparecen junto al río Queiles especies en fuerte expansión, como el lilo de verano o la madreselva del Japón. El sector sur del Ibérico -especialmente el Mijares-, así como el este -Beceite y Matarraña-, presenta una influencia mediterránea y suavidad climática que facilita que se naturalicen especies de áreas cálidas, como la pita, la madreselva del Japón u Arauja sericifera que aparecen en Olba. Pero en otras áreas bajas también sorprende la expansión de chumberas como Cylindropuntia cf. rosea en Andorra, Híjar y Mas de las Matas.

Relación de flora considerada invasora en Aragón.

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