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Fotografías sobre el Museo de la vida en Zaragoza. Aragón

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Vinos Divertidos : Colección Wine Animals


Aragón es una comunidad amplia y variada, con habitat que van desde las nieves casi eternas, asociadas a una fauna y flora semejantes a las del circulo polar, hasta la estepa seca y desértica con floras y fauna emparentadas con el africa sahariana, con todos los pasos intermedios.
Algo de esto, con fines didácticos se ha reunido en este museo.

Fósiles

Animales disecados

Aves

Herbolario

Insectos

Mamiferos



Conceptos en orden alfabético sobre Aragón desarrollado en Pasapues ademas de

Una colección de imágenes guardadas del tiempo que documentan los pueblos de Aragón; podras comprobar como era la Expo de 1908 y comparar con la actual de nuestra Comunidad.
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Hoy toca Teruel

TERUEL Y SU PROVINCIA

En este articulo, el dedicado a la capital de Teruel, indica << Ignorada maravilla>>. La frase podría ampliarse al resto de la provincia, porque acaso sea de las menos conocidas, y por ello menos admiradas, dentro de la geografía hispana. No solo por los españoles de las restantes regiones, aún diríamos por los mismos turolenses, entre los que no serán mucho los que puedan dar noticia amplia y detallada de cuanto su tierra natal ofrece. Y, sin embargo, pocas otras provincias españolas podrán mostrar tanta variedad de motivos, tal diferencia extrema en su geografía, tantos valores en arqueología, en arte rupestre, en restos de civilizaciones mudéjares o romanas; en el interés diverso de sus encontrados cultivos, sus variadas costumbres locales, que van desde las severas religiosas de un Calanda, Hijar o La Puebla, a las alegremente festivas del dance de un Castellote.
Todo esto, y mucho mas, se brinda al historiador, al estudioso, al viajero que lo es por sencilla curiosidad.
Desde la cima de los Montes Universales, con Orihuela del Tremedal como avanzada y la impar Albarracín cercana, hasta las sierras del Maestrazgo, de un abolengo ilustre que se retrata en Mora de Rubielos; o desde la oriental Calamocha hasta Valderrobres y Calaceite, fronteras ya con tierras catalanas y aguas del Mediterráneo por Tarragona, la provincia de Teruel sorprende a cada paso con la multiplicidad de recuerdos que nos traen ecos vivos del pasado, tan lejano como interesante, y que brindan hoy, como siempre, la fisionomía de paisajes que van desde lo abrupto de riscos con nieves permanentes y frondosos bosques, como en la zona de Bronchales, a los suaves donde el olivar se cultiva, para que en todas y cada una de las zonas sea abundante la presencia de monumentos que pregonan siglos de arte y de gloriosa historia.
Dividir la provincia turolense en rutas viajeras es ofrecer al que las vive constante sorpresas gratas, cuando sigue la del Maestrazgo, la de la Sierra de Albarracín, la de la tierra baja o la del río Jiloca.
Los folletos editados por esta Caja de Ahorros recogen hasta ahora los aspectos más brillantes de cuanto en esas rutas se encuentra, y así, junto al dedicado a Teruel capital, donde destaca la historia, la fisonomía urbana actual sigue con la extraordinaria presencia de sus famosas torres mudéjares y el inmarcesible recuerdo de Isabel y Diego, los amantes que dan en cierto modo título a la ciudad y cuyas momias protege el rico mausoleo que Juan de Avalos trabajó. Luego, conjugando así los histórico con lo monumental, la geográfico con lo económico o lo folklórico con cuanto en todos los aspectos puede atraer a las gentes para que Teruel no siga siendo <<ignorada maravilla>>, prestigiosas firmas enamoradas de todo aquello han ido trazando con amor estos folletos que nos hablan de cada una de esas zonas aludidas y que han de completarse, con otros trabajos similares ya en prensa, como es propósito de esta Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja.

TERUEL IGNORADA MARAVILLA

Teruel es una ciudad maravillosa, ignorada aún de la mayor parte de los españoles para los que su nombre solo evoca unos terribles partes de guerra de nuestra Cruzada y una remota ciudad yerta de frío, la más pequeña de las capitales de provincia.
Un escritor la llamó << la Verona española>> por ser una cuna de la mas bella historia de amor: la de los Amantes de Teruel, precursora de la de Romeo y Julieta.
Todo en Teruel es leyenda, mito, poesía, como su cielo siempre claro, sus calles, sus rincones y sus monumentos se hubieran confabulado para crearlos.
El misterio que rodea su remoto e incierto origen creó un bello poema mítico con el mas recio y noble de los símbolos como protagonistas: el toro, al lado del mas espiritual y poético por excelencia: la estrella.
Rechazada la leyenda por la lógica de la Historia, quedará sin embargo perennemente escrita en su escudo y seremos muchos los que, desoyendo la lógica, preferimos soñar en la visión mitológica del toro con la brillante estrella entre estas sus astas, señalando a unos soldados perdidos y errantes en la serranía, el lugar donde los dioses querían que la ciudad fuera emplazada.
Los datos mas seguros nos dicen que fueron los caballeros de Alfonso II quienes la fundaron en 1171 sobre el emplazamiento de una medina árabe que quien sabe si antes fue griega y romana, pero a aquel rey debe Teruel su espaldarazo cívico al concederle, cinco años mas tarde de su famoso Fuero.
Por su situación estratégica, atalaya del Reino de Valencia y paso obligado desde el Mediterráneo a las importantes ciudades del interior, Zaragoza y Guadalajara, Teruel fue entonces nudo comercial irremplazable; el gran Zoco Grande al que convergían cristianos y musulmanes con sus mercancías de la tierra y el mar.
Porque en Teruel, durante varías centurias moros y cristianos convivieron pacíficamente después de la conquista de Valencia y de aquella convivencia y colaboración surgieron los magníficos monumentos que han llegado a nosotros, aunque otros tantos se hayan perdido, como la Torre de San Juan, que recibiera el nombre de <<la fermosa>> por serlo tanto entre sus hermanas que hoy nos parecen insuperables.
Así Teruel ofrece al visitante la estampa única en Europa y en el mundo, de sus torres mudéjares, expresión la más completa de un estilo que, al decir de Menéndez Pelayo <<es el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos>>.
Es cierto que, en varias ciudades aragonesas, y con gran esplendor en Daroca, hallamos las características torres, y en Zaragoza misma, la fachada de la Seo correspondiente al Arco del Deán es un hermoso exponente de la cerámica incrustada como motivo de decoración del escueto y pobre ladrillo.
Sin embargo, un conjunto monumental como el que nos ocupa, que reúne cuatro torres de paralela importancia en el marco medieval de sus estrechas y empinadas callejuelas bajo un cielo de extraordinaria nitidez y azul intenso- no hay que olvidar que la ciudad se halla casi a 1.000 metros de altitud-, no encuentra parangón en ningún otro lugar del mundo.
En estas torres esbeltísimas las cerámicas es su más bello ornato y si constituye una visión fantástica la de la ciudad bajo el sol poniente que arranca destellos multicolores a los azulejos, la visión se convierte en un sueño de las Mil y Una Noches bajo la iluminación nocturna de los reflectores que valorizan la filigrana del ladrillo y la cerámica.
Un paseo al atardecer, repetido en la noche, bajo las estrellas que allí parece como que están más cerca de nosotros, mas asequibles, o bajo la luna que envuelve las torres con su velo plateado, es una experiencia inolvidable que difícilmente nos será dado encontrar fuera de allí, si bien, en otro aspecto, en un momento determinado y en la triangular y característica plaza porticada que centra el pequeño monumento al <<torico>> símbolo de la ciudad, podemos creernos trasportados a Berna, la medieval y caballeresca de los soportales y las fuentes monumentales.
La más antigua de las iglesias supervivientes de Teruel es la Catedral, antaño parroquia de Santa María de Mediavilla, cuyo nombre nos dice que se encontraba en el corazón de la villa. En ella domina el románico de mediado el siglo XIII permitiendo apenas al mudéjar que apunte en la decoración de cerámica de su torre. Pero si su fábrica es parca en este estilo, su artesonado gótico mudéjar lo compensa.
Fabulosa obra del siglo XIII de marcada inspiración oriental, entre lacerías, losanges, estrellas y arcos mixtilíneos se despliega, en pinturas sobre tabla y en torno al Pantocrátor románico, la historia de su vida turolense de la época en que fuera construido, como una Crónica pictórica de Jorge Manrique o unas <<Novas>> trovadorescas de Ramón Vidal de Besalú llevadas a la madera y a los pinceles.
El acueducto <<Los Arcos>> desde <<El portal de la Traición>>.
Allí están los gremios, las artesanías y los oficios, desde el mas noble al mas desprestigiado; gentes que poblaron Teruel en el siglo XIII al XIV y lo llenaron con su acontecer diario.
Y aunque nos cueste arrancarnos al atractivo de este artesonado, pieza única conocida en el mundo y que si quisiéramos estudiar o siquiera admirar con detalle nos llevaría muchas horas de muchos días, otras bellezas nos esperan en esta misma Catedral que posee un notable retablo mayor en madera sin policromar, prolija en esculturas, obras del francés Gabriel Joly que en el siglo XVI llegó a Teruel huyendo de la justicia y que, según tradición, aquí dedicó su vida al arte religioso buscando así expirar un pasado de crímenes.
En una de las capillas laterales, se guarda un precioso retablo gótico del siglo XV conocido por el Retablo de la Coronación, de autor anónimo y una de las joyas mas valiosas del templo catedralicio.
Muy bella es también la reja monumental que cierra el coro y cuyos cardos y alcachofas característicos del gótico flamígero parecen obligarnos a alzar los ojos hacia las alturas donde se comprendía la mas espléndida joya de esta Catedral turolense.
En lo que fuera importante barrio de la Judería, el mas alto de la ciudad y del que nos ocuparemos como merece, San Pedro alza su torre románica, la mas austera de las torres de Teruel, con sus carretes de cerámica verde y negra, escoltada por siete minaretes que rematan el ábside poligonal del templo gótico mudéjar.
En una de sus capillas fueron descubiertas en 1616 las momias que la poética tradición atribuye a Diego Marcilla e Isabel de Segura y que hoy se hallan en una capilla aneja, bajo los bellísimos y emotivos mausoleos que en alabastro labraba el escultor Juan de Avalos.
Las figuras yacentes de ambos amantes, sencilla y serenamente realizadas, reposan en mausoleos separados pero sus rostros dormidos parecen mirarse en la Eternidad ty sus manos enlazadas los unen en insoluble y espiritual lazo.
Se ha discutido si Boccacio se inspiró en esta historia para uno de sus cuentos de trama semejante pero mucho mas inverosímil como corresponde al gusto italiano de la época. Ello no resulta extraño si tenemos en cuenta el fluyente contacto que en aquellos siglos existió entre los pueblos de la Corona de Aragón y los de la otra ribera mediterránea, contacto del que también en otros órdenes ha quedado constancia. Uno, muy curioso, por cierto, es el típico y exquisito << regañao>>, hermano mellizo de la sabrosa <<pizza>>.
Lo cierto es que la historia de los Amantes de Teruel ha inspirado muchas obras en literatura, la música, el teatro y la pintura.
Con el ánimo entristecido y admirado ante un amor que hoy se hace difícil de comprender, continuemos la visita a Teruel que nos guarda aún las mas insospechadas emociones y las más espléndidas de sus torres.
Son estas las mellizas del Salvador y de San Martín, cuya erección va unida a una leyenda de amor y rivalidad entre dos arquitectos enamorados ambos de una hermosa y noble dama morisca. Que no parece, sino que el amor es el signo de esta poética y bellísima ciudad.
Las dos torres son muy semejantes y en ellas el mudéjar, en su momento cumbre alcanza las notas más altas, como altas son sus proporciones monumentales y la perfección de su decorado de cerámica verde y blanca sobre el rojo ladrillo.
Construidas ambas en el siglo XIII, la de San Martín se halla mejor emplazada, exenta en una plaza que se abre en lo alto de la ciudad recortándose sobre las serranías lejanas y dominando la carretera que se extiende abajo. En esta plaza está la moderna Biblioteca Municipal y Casa de la Cultura con el Museo de la Ciudad que posee, entre otros notables tesoros, una espléndida colección de cerámica en la que se puede estudiar la evolución sin solución de esta excepcional artesanía.
En la iglesia de San Martín celebró Alfonso V las Cortes del Reino de triste memoria para la historia de Teruel pues en ellas, este rey que para otros fue Magnánimo, inició la extinción de los Fueros y privilegios que su homónimo el II Alfonso les otorga, y Jaime el Conquistador confirmará y ampliará.
Triste signo el de esta torre de San Martín que, según la leyenda nació bajo el trágico signo de la muerte; muerte de amor o por amor como en Teruel no podría ser menos.
En el siglo XVI tuvo que se apuntalada y reforzados sus cimientos y hoy su obra cobija el monumento a los Caídos, bella cruz de forja a la que dan guardia esbeltos farolones, bajo las cuatro torres turolenses, que con la Merced, también mudéjar y extramuros son cinco, se abre amplio arco por el que discurre la calle, contribuyendo así al ambiente misterioso y oriental que es la característica de la ciudad.
Bajo ésta de San Martín sube la célebre Andaquilla, puerta de la muralla y camino que enlaza uno de los dos únicos accesos de Teruel que es casi un reducto inaccesible. También por este lado, uniendo la ciudad con el Arrabal exterior se tiende el atrevido y elegante Acueducto, llamado comúnmente Los Arcos, de doble arquería y portentosa altura magnífica obra del Renacimiento, única en su género en España, y cuyo autor fue, en 1537 el ingeniero francés Pierre Vedel.
Por la Andaquilla es fama que llegó a la ciudad el desdichado Diego Marcilla. De ahí recibió el nombre esta puerta de muralla, corrupción del grito con que el enamorado espoleaba a su cubalgadura: <<¡Anda jaquilla!>> tratando de llegar a tiempo de evitar la boda de Isabel de Segura con el poderoso señor de Azagra, que anunciaban a los cuatro vientos las campanas de las torres de la ciudad y que se estaba celebrando en Santa María de Mediavilla, hoy Catedral.
Bajo la torre del Salvador, ante la que tenemos que lamentar que las casas circundantes la aprisionen hasta restarle perspectivas en su cuerpo medio inferior, corre la calle principal de la ciudad vieja con sus casas de miradores y sus comercios pequeñitos, antiguos gremios y artesanías, calle sombría y medieval que la noche revaloriza a la luz y sombra de los bien entonados y forjados faroles y que comienza en la plaza del Torico y termina donde la ciudad termina asomada al río Turia al que se desciende por la famosa escalinata, de estilo mudéjar moderno a través del cuidado parque y el gran rellano de la cual está el relieve alusivo a la Historia de los Amantes, obra novecentista del escultor Aniceto Marinas.
Otro templo muy interesante es el del convento de San Francisco, de un gótico purísimo, ejemplar en su estilo en la ciudad típicamente mudéjar.
Nació este convento en torno al sepulcro de dos humildes frailes mínimos: Juan de Perugia y Pedreo de Sassoferrato, discípulos del Poverello de Asís, que llegaron a Teruel a predicar su encendida palabra en una modesta ermita dedicada a San Bartolomé que se alzaba en el lugar donde hoy admiramos la soberbia fábrica de este convento. Mártires en Valencia por la crueldad del Emir Abuizeit, Jaime I trajo luego sus cuerpos a Teruel donde a través de lo siglos se les rinde veneración. La Merced es una deliciosa y plástica estampa situada a extramuros que sirve para demostrarnos que aún en el siglo XVI, el de la construcción de unu torre pequeñita, hermana menor de las soberbias torres que acabamos de admirar, los artífices de la ciudad seguían fieles a su escuela característica. O tal vez la razón haya que buscarla en la supervivencia de moriscos y sefardíes aún después de su expulsión decretada por los Reyes Católicos. Porque los cierto es que en Teruel, como lo fuera en Tudela, la convivencia de cristianos y moriscos fue una suerte de avanzada de ecumenismo conciliar, de rara excepción en la época.
De la arquitectura civil quedan muestras en la Casa de la Comunidad, típica de construcción Aragonesa del Renacimiento, con galería alta sostenida por elegantes columnas, la fachada austeramente blasonada y una noble escalera claustral sorbidamente decorada.
Justo a la Catedral y su torre, la Casa del Deán contribuye al carácter de la sugerente plazuela y constituye un magnífico y recio ejemplo de como en el siglo XVI, emigrados ya los alarifes moriscos, se aúnan los elementos mudéjares con las líneas tradicionales de la arquitectura aragonesa.
La calle que discurre bajo el arco de la torre catedralicia nos lleva a otra plazuela de gran sabor arcaico y al Palacio Episcopal y su incipiente Museo Diocesano. Tiene elegante patio con columnas jónicas que sostienen la galería alta arcada bajo el alero saledizo.
De la antigua muralla quedan pocas torres de las cuarenta que según cronistas de la época poseía; solo la torre Lombardera y el torreón de Ambeles nos recuerdan su pasado esplendor y poderío. Y de sus siete puertas solo dan fe la citada Andaquilla y el portal de la Traición, con su correspondiente leyenda que en este caso es historia, de la traición de un juez que entregó la ciudad a los castellanos; que cada esquina y cada piedra de Teruel es un hito de leyenda.
Y a este efecto bien podemos recordar el puente de tablas conocido por el puente de Doña Elvira que esta dama mandó levantar para no pasar nunca por el puente de San Francisco, donde su marido recibiera alevosa muerte; amor, siempre amor trabado a la historia de la ciudad de los Amantes.

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Encantados por la ciudad antigua no podemos ignorar la ciudad moderna, centrada por una hermosa plaza de soportales y severos edificios de piedra que preside el Gobierno Civil y donde se encuentran ubicados la casi totalidad de los edificios oficiales, amén del Casino, noble construcción moderna dentro del estilo clásico aragonés.
Ni podemos ignorar el atrevido alarde del Viaducto que une el centro urbano el bien trazado ensanche cada día mas extenso.
Si en nuestra detenida visita a Teruel nos sorprende la noche no desperdiciemos el momento propicio para saturarnos del encanto misterioso de la Judería y sus callejas dormidas en el silencio solitario de sus encrucijadas donde el juego de las sombras y la luna nos finge figuras huidizas, recatadas en blancos alquiceles que han vuelto por unos instantes al conjuro de nuestra evocación, y desaparecen en los recovecos y las esquinas de la calle de la Comadre o de la de Bolamar, que antes sería de Abdul Amar, el caudillo de un partida de moriscos que defendió la ciudad en las luchas de banderías.
El Arrabal, en torno a la Merced, nos sugerirá, en cambio, el recuerdo de los alarifes y artesanos musulmanes que hicieron posible la belleza de la cerámica. Aún podemos visitar algunas ollerías y aún podemos hallar un horno antiguo que quien sabe si conoció la cocción de los cuencos brillantes que ornan las torres como esmeraldas y ópalos engastados.
Es con una suerte de deslumbramiento que descubrimos en Teruel a unos artesanos románticos e insobornables, apegados a las primitivas formas de una tradición que, nacida ene el siglo XII, mantiene los mismos procedimientos, las mismas mezclas, los mismos dibujos y el mismo colorido que tuviera en su nacimiento.
Las piezas que guarda el Museo de la ciudad y las que se alinean en los anaqueles de las alfarerías, no ofrecen apenas mas diferencia que la que da la pátina de los siglos.
La cerámica de Teruel, como todo Teruel, es casi desconocida en el resto de España. Las dificultades de exportación a otras provincias y la natural limitación obligada por el reducidísimo número de los alfares ceramistas, son los motivos de este desconocimiento de la mas pura y mas bella cerámica de España.
En estos talleres alfareros de Teruel nos sentimos retrocedidos en siete siglos cuando los alfares mudéjares movían el torno a pie y molían el barro con una noria impulsada por un borriquillo.
Los hornos de ladrillo son alimentados con leña y allí no existen moldes ni diseños. Aquellos son manos del alfar y la cañita; éstos. La herencia que a través de siete siglos ha ido trasmitiéndose de padres a hijos de vez en cuando, en las ricas canteras que son las excavaciones de la provincia, aparecen objetos de uso desconocido o apenas deducible que van a engrosar el acervo de los modelos de los alfareros y que luego tendrán aplicación muy distinta de aquellas para las que fueron concedidas demostrando que no es preciso apartarse de la tradición para adaptarlos a las necesidades modernas.
Los tonos de la cerámica turolense son exclusivamente el morado y el verde sobre fondo blanco. Y sus dibujos, los típicos de la heráldica: hidras y dragones, guerreros a caballo, los gules de la Corona de Aragón, figuras del artesonado de la Catedral y animales como el conejo, el pez, el perro, el búho y sobre todo el toro: <<el torico>> mirando la estrella, símbolo de la ciudad y lema de su escudo, precursor del torito de la canción, que se enamoró de la luna.
Estos temas van siempre encerrados entre las lacerías, arcos, estrellas islámicas y arabescos del alicatado mudéjar que cubren casi por entero la pieza como pequeñas réplicas de las fabulosas torres brillantes de cerámicas embutidas, como bellísimas joyas para regalo de una sultana.
Ánforas de raras formas con largo típico como un extraño animal, candiles, benditeras, botes de farmacia, platos y cuencos, almireces y vasijas para el vino; una teoría de objetos que nos descubren el secreto de las llares y alacenas de las gentes que en los siglos XII, XIII y XIV las crearon para su uso.
En los siglos siguientes aparece una nueva modalidad de cerámica con decoración en azules, tal vez influida por su vecina Manieses. Cerámica tosca con rudimentarios dibujos en los que el recuerdo mudéjar ha sido deserrado y que ha perdido toda su finura y elegancia y la personalidad que caracteriza la anterior, que de nuevo, en los siglos posteriores vuelve a imponerse aunque en el XIX y en los principios del XX se sostiene apenas lo suficiente para no desaparecer y florecer de nuevo en estos años de reivindicación de la Artesanía en la que esta impone su pura y no mixtificada tradición.
Junto a los catavinos, jarras, vasijas, etc., encontramos los pucheretes para las sopas de ajo, deliciosos aquellos y éstas, que son una de las especialidades gastronómicas de Teruel y esporádicamente hallamos una manifestación del barro vidriado muy curiosa e interesante pues se trata del Toro ibérico que se ha hecho famoso en Cuenca y que aquí presenta la característica de representarse sentado. Su forma mas tosca, mas primitiva que en el de Cuenca y su boca tan diminuta, situada entre las erectas y grandes astas, que es difícil suponer para que uso estarían destinados, pero que no deja apenas dudas de que fueron inspirados por las pinturas rupestres de las cuevas de la Sierra de Albarracín (Cocinilla del Obispo), lo que explica su rudeza.
Hemos terminado la visita a la ciudad y nos despedimos de ella dispuestos a volver siempre. Cuando nos alejamos, Teruel, ceñida por el Turia, sestea complacida en su belleza y en su aislamiento que, si la guarda ignorada por muchos, también la defiende de invasoras estridencias que serían como un grito sacrílego rasgando su serena e inmutable placidez; como un redoble de batería de jazz en la armonía de un zéjel.

ALCAÑIZ CENTRO DEL BAJO ARAGÓN

Alcañiz en la Geografía
Una de las comarcas mejor definidas de nuestras tierras es la del Bajo Aragón; Alcañiz es su capital. Enseñorea una hoya bordeada por altozanos y colinas de color ocre terroso, partidas por bancos areniscos amarillentos Y perfilada por machas de verde matizadas por los olivos verdiplata y por los cultivos del oasis creado por las aguas del Guadalope que se despereza en curso sinuoso, ciñendo a la ciudad y a su castillo que se yerguen en lo alto de un empinado cerro, Alcañiz es irremediable consecuencia de los designios de la geopolítica. Desde el espinazo montañoso que cierra los caminos del mar, con las cumbres de los puertos de Beceite, tres ríos, en todos los tiempos, han mantenido la vigencia del andar de los hombres entre el Ebro y las tierras levantinas: el Matarraña, el Guadalope y el Martín. Por esta razón Alcañiz es centro irrenunciable de una extensa zona geográfica y de una dilatada parte de nuestra Historia.
En el paisaje alcañizano no puede olvidarse la Estanca, cuya lámina de agua, tendida a los pies de las moles del Castillo y de la Colegiata, a cuya sombra se apiñan las casas de la ciudad, apretadas en calles de pendiente trazado, sirve de primer término cromático a una de las más típicas vistas de Alcañiz. Y justo es decir que la situación del caserío, en el centro de una hoya le proporciona tantos puntos de vista diferentes y bellísimos, cuantos son los caminos que lo cruzan, lo mismo si se llega desde Zaragoza, como desde Teruel y Calanda, o desde Caspe o, finalmente, desde Tortosa o de Morella.
En los urbano, Alcañiz es un cerro, montado sobre una colina: arriba del todo Pui-Pinós con el castillo calatravo; en la meseta inferior, la Colegiata dominando el Ayuntamiento y la Lonja; desde aquí calles que descienden como por la superficie de un tronco de cono hasta el cinturón del Guadalope y otras que forman anillos paralelos al río.

Leyenda e Historia

Un cronista de Alcañiz, de principios del siglo XVIII, quiso situar en su emplazamiento la ciudad de Ercavica; otro la Anitogis citada por Livio; y alguno a Oscicerda en Valdevallerías. Dejando aparte estos extravíos de Juan Zapater y de Sancho y los de quienes hacían el Bajo Aragón escenario de las correrías del casi legendario moro español Omar ben Hafsun, por convertir Barbastro en Bobastro, lo cierto es que la historia de Alcañiz comienza muy pronto, aunque se nos haya negado el nombre que ostentaron las ciudades que se erigieron en su término. Su carácter de encrucijada de los senderos de la Historia explica la asombrosa densidad de yacimientos arqueológicos: desde las estaciones- talleres de silex investigadas por el benemérito mosén Bardaviu en la masada de Ram, a las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga que nos presentan el mas animado cuadro de la vida de los cazadores mesolíticos del Bajo Aragón con cacerías, carreras y una mujer de gran tamaño dominando el friso; desde el cabezo del Cascarujo y del Cuervo que ya conocieron la metalurgia del bronce a los establecimientos de las gentes indoeuropeas en Siriguarach o Pui Moreno y a la presencia de los iberos levantinos, conocedores del torno de alfarero, del molino giratorio y de la metalurgia del hierro en el Palao Val de Vallerías, el Tarratrato, Tiro de Cañón y otros poblados que se agrupan muy próximos entre sí, hasta las trazas romanas de Alcañiz el Viejo y las noticias de hallazgos que pueden corresponder a otras ciudades o bien a establecimientos rústicos tan numerosos que podrían postular para Alcañiz la capital de Aragón prehistórico. Podemos dar por instalado el museíto que en el castillo albergará los ejemplares mas importantes de las colecciones recogidas por los PP. Escolapios en una larga y paciente rebusca.
La historia escrita comienza con los árabes. El nombre de Alcañiz, lo es, y puede interpretarse << las iglesias>>, lo cual podría aludir a la presencia de comunidades mozárabes. En el siglo XII entró en el dispositivo militar de Alfonso I, quien si bien rebasó esta zona del Guadalope y fundó un castillo en Pui- Pinós en 1117, lo dominó efímeramente, pues la rota de Fraga puso castillo y ciudad en manos de sus anteriores señores, quienes lo perdieron, definitivamente, en 1157 por obra de las campañas de Ramón Berenguer IV. Es interesante anotar que el rey se reservó el castillo y dio el poblado y el término a sus moradores mediante, una carta puebla que sería el origen del antagonismo largamente mantenido a que luego aludiremos. Quede dicho no obstante, que quien quiera encontrarlo en piedra basta con que oponga el empaque severo de la casa consistorial a la fortaleza que domina a Alcañiz desde lo alto. Tras la reconquista quedó la población dividida en cuatro parroquias: Santa María estuvo primero en el castillo y luego en la parte baja, donde hoy la colegiata, y consta que en ella dio gracias Jaime I por la conquista de Ibiza y que Benedicto XIII le concedió el honor que hoy tiene a petición de San Vicente Ferrer.
Pero sigamos con la historia. El castillo pasó en 1179 en la Orden de Calatrava por merced de Alfonso II, convirtiéndose en sede y casa principal de la encomienda aragonesa de la Orden, residencia de los maestres y por ende teatro de importantes acontecimientos relacionados con el cisma, con fundaciones y conquistas, amén de ser la cabeza de una intensa vida monástico-guerrera. Jaime I hizo de Alcañiz lugar predilecto de residencia, preparando en su castillo los planes de la conquista de Valencia, celebrando en 1250 cortes generales y sometiendo a árbitros sus disensiones con su hijo primogénito, Don Alfonso; tan importantes reuniones se repitieron en 1371, en 1436 (en cuyas cortes los aragoneses otorgaron a Alfonso V la ayuda excepcional de 220.00 florines de oro) y las de 1441, terminadas en Zaragoza.
En Alcañiz se reunió en 1411 el <<parlamento>> que preparó las vistas y discusiones de Caspe para resolver el pleito de la sucesión al trono de Martín el Humano, por lo que mereció el título de << ciudad de la Concordia>>; y luego mas tarde participaría en los principales acontecimientos de la historia aragonesa; en 1347 apoyó a los nobles de la Unión contra Pedro IV; en 1462 sufrió las acometidas de los castellanos y catalanes sublevados contra Juan II; participó activamente en el sometimiento de la secesión catalana de 1640, por lo que Felipe IV le concedió el título de Ciudad en 1652; tampoco le ahorraron destrucciones y motivos para mostrar su temple las guerras de Sucesión, de la Independencia y las carlistas, en las que mantuvo casi siempre la causa liberal.
Es interesante subrayar la lucha permanente entre la villa y el castillo; los ciudadanos buscaban apoyo en el rey contra los señores, hasta el punto de que sus diputados se sentaban en cortes en los bancos de las universidades. Constantemente se emiten por los reyes sentencias para limitar o fijar los tributos que los alcañizanos habían de pagar a los señores del castillo. Su población en el siglo XVI era de 1.136 fuegos, incluyendo a los moros y judíos, lo que no es mucho; los judíos fueron bien considerados, aunque se los excluía del recinto murado y tenían la sinagoga donde hoy está la ermita de la Anunciación; San Vicente Ferrer consiguió la conversión del famoso Astrtuch Leví y con ella la de los principales miembros de la aljama de Alcañiz, que cerró sus puertas de real orden en 1415.
En la pugna de la villa con el castillo, Alfonso III terció autorizado a los ciudadanos a rechazar por la fuerza a los enemigos que la Orden intentase introducir en la fortaleza y con frecuencia pagaron a los señores la cólera de los alcañizanos, bien en si mismo- Don Martín de Molina, comendador de Burriana, muerto en 1525 a son de campana tañida-, en sus familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de sus servidores- dos porteros reales en 1328-; los citados a juicio son los jurados, que tomaban el papel de cabecillas en estas luchas.
El municipio, fuerte y bien organizado, era regido por cuatro jurados y había una justicia para dirimir las cuestiones entre la villa y la orden, con apelación al maestre y al rey. Finalmente, Alfonso V, en 1438, incorporó perpetuamente la villa a la corona otorgándole derecho a resistir <<hasta la Muerte>> contra cualquiera que quisiera su señorío, aunque lo hiciese con poderes reales.
Arte y monumentos
Tantos acontecimientos históricos y el vigor de sus instituciones políticas y económicas habían de dejar en Alcañiz la huella en piedra que significan los monumentos. Por desgracia muchos sucumbieron en el continuo tejer y destejer de los humanos sobre sus propias ciudades. Aún pueden hallarse rincones que guardan todo el perfume de la historia y casas aisladas de época gótica con sus sillares patinados en oro por el beso multisecular del sol.
La visita debe comenzar por el Castillo, donde el Ministerio de Información y Turismo acaba de instalar una hostería, al tiempo que el de Educación restauraba los restos de la antigua fortificación gótica. Se llega hasta la cumbre del cerro por un antiguo camino de ronda que va perfilando los muros y defensas; se entra en el recinto por un portalón flanqueado por matacanes. La fachada principal es lo más moderno del castillo, obra dieciochesca del infante Don Felipe, concebida al modo de un palacio aragonés De ladrillo, con lienzo central de tres cuerpos (puerta, balconada y teoría de arquillos de medio punto) y dos torreones de ángulo con la misma decoración superior; en la fachada una borrosa inscripción conmemora la obra de 1728. en esta zona se han acomodado los servicios hoteleros y desde el frente se goza de un bellísimo panorama sobre el valle del Guadalope, las crestas de Beceite y a los pies el << arrabal>> de Alcañiz y en segundo término los montes del secano, recortándose la silueta aguda del cabezo del Cuervo, testigo de tres milenarios de la historia de la Ciudad.
Tras la puerta de Zaguán, un patio lleva al conjunto del siglo XIII, en el que sobresalen el claustro, gótico, pero con puertas de acceso románicas, con galerías formadas por arcos apuntados que arrancan desde el suelo. Hay en él algunos enterramientos, como el de don Juan García López, muerto en 1306, según reza una inscripción, y otra sin fecha que nos habla del constructor, Johannes lapicida, hoc claustrum fecit. Avemaría, gratia plena, dominus tecum>>. Con atisbar algunos restos de pintura mural de la época del claustro se puede pasar a la torre del homenaje, en cuya escalera hallaremos una ventana con las cruces de Calatrava como adornos; luego el primer piso, con techo plano sostenido por arcos apuntados muy abiertos y sobre las paredes un excepcional conjunto de pinturas que son de lo poco que conservamos en lo civil y con escenas en tanto confusas pero que aluden al rey, a los nobles, a ejércitos y empresas guerreras, con castillos y ciudades, algunas depositadas hoy en el Ayuntamiento.
Deben señalarse un porcentaje real inserto en una rueda en la que se lee <<regnabo, regno, regnavi>>, es decir, el futuro, presente y pasado, con figuras simbólicas del día y de la noche; un trovador, lucha un zorro con un gallo, artesanos en el trabajo de las alusiones a gremios y una serie caballerescas con jinetes e infantes con la cruz de Calatrava, con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, etc. Estas pinturas, necesitadas de un estudio completo y a fondo, han sido fechadas en el siglo XIV y supuestas de influencia francesa dentro de un gótico final. El piso superior comunica con este mediante una escalera de caracol y tiene un gran arco apuntado como elemento sustentante y un ventanal ajimezado.
La capilla es una importante muestra de la arquitectura del siglo XII, con trio sencillo y puerta de medio punto con tres gruesos baquetones concéntricos rematada por tres ventanitas decorativas, Románica, la nave única se cubre con bóveda de cañón reforzado por arcos fajones. En la Cabecera, y al lado del Evangelio, se halla el mutilado sepulcro de Don Juan de Lanuza, virrey de Aragón y comendador mayor de Alcañiz, muerto en 1533; aunque esta obra de alabastro y muy fina se ha atribuido alguna vez a Gabriel Joli, se conoce el contrato con Damián Forment, quien se muestra aquí con la mayor limpieza renacentista. Una parte de las esculturas se guarda en el Ayuntamiento y lo que queda en la iglesia esta brutalmente destrozado por muchos años de incuria y descuido.
Aún se conservan en la parte antigua del castillo la sacristía, la torre de Lanuza con su escudo, puesto al reconstruirla; la torre de Juan Fernández de Heredia, con sus armas y otros elementos de menos interés. El conjunto del castillo es monumento nacional (núm. 1.060).
Descendiendo del castillo, el curioso debe detenerse en la plaza de España, bellísima por sus monumentos y desniveles, a pesar de que una buena parte de sus edificios han sido bastardeados a lo moderno, habiendo de adjudicar mucho de la pérdida a la explosión de un almacén de pólvora en 1840, incendiada por una centella. En la conocida lámina de Parcerisa el conjunto del Ayuntamiento y la Lonja se ven desde un arco apuntado de traza casi tan alta como los de enfrente que hoy se conservan; la galería De arquillos que corre sobre las ojivas de la Lonja no tiene antepechos y están abiertas las dos puertas del pórtico en tanto que no existen las otras aberturas modernas.
Lo dos edificios, aun siendo muy diferentes, casan y se complementan a la maravilla no estorbando a la severidad de la casa consistorial, que muestra la potencia de la vida municipal de Alcañiz, la gracia de la Lonja que podría adornar como logia una plaza del quattrocento italiano. La parte primitiva se compone de tres agudos arcos muy ordenados y un remate de fecha muy posterior en forma de galería de arquillos de medio punto y remate de lunetos, sin duda imitación del contiguo del Ayuntamiento. La parte de la esquina no se terminó, pero en la parte alta se puso en el siglo XVIII, con un reloj de sol, un relieve de la Santísima Trinidad. Quadrado piensa que la Lonja fue <<corte>> para administración de justicia, y otros que es la parte delantera de una casa hundida en una explosión, donde se había reunido los parlamentarios de Caspe para llegar a la Concordia. Realmente estamos en presencia de un pórtico o logia destinado a la vida pública intensa del municipio de Alcañiz. Su construcción es de fines del siglo XV.
El ayuntamiento, del siglo XVI, es uno de los edificios mas bellos de la arquitectura civil aragonesa; de traza severa y armónica, es muy distinto en la fachada de la plaza, que cierra en ángulo recto con la Lonja, y en la de la calle contigua. La primera es de un renacimiento severo y ostentoso.
De piedra y de color oscuro, de tres cuerpos muy armónicamente dispuestos, con el escudo de la ciudad en el centro y remate superior con un soberbio alero con artesonado, cubriendo una galería de arquillos. La fachada lateral, del mismo tiempo, es rigurosamente mudéjar, como un símbolo de los dos elementos, erudito y popular, que intervinieron en su construcción.
Tanto el Ayuntamiento como la Lonja son monumentos nacionales (números 1.061 y 1.062)
La Colegiata ocupa el lugar donde se alzó la antigua parroquia de Santa María, de cuyas galas y bellezas se hizo lenguas Zapater y de la que hoy quedan muy pocos restos, fuera de la torre antigua. En la actualidad es un monumento impresionante, de dimensiones gigantescas, propias de una catedral, con perfil muy característico que domina todas las perspectivas de Alcañiz. La Iglesia vieja, tuvo tres naves y girola y tres puertas, una románica, otra gótica y la última mudéjar.
La actual, obra del arquitecto zaragozano Domingo de Yarza, se inició en 1736, con una gran torre central sobre el cimborrio, cuatro en los ángulos de la planta rectangular y dos de ladrillo a los lados del imafronte de grandes proporciones, con decoración barroca de estatuas y relieves, San Pedro Y San Pablo y la Virgen con el Niño; en el centro un recargado grupo con Santa María la Mayor, rodeada de Santiago, San Francisco, San Miguel y San Gabriel; en el último cuerpo San Ramón Nonnato y San Pedro Mártir. En el interior, en curso de restauración, de gusto neoclásico, destaca el gran cimborrio y se conservan algunas muestras de excelentes retablos que Carlos Cid atribuye al que llama << Maestro de Alcañiz>>, como San Jerónimo, San Pablo, Santos Cosme y Damián y otras tablas.
El resto de los edificios de Alcañiz, con aire monumental, es menos importante, pero muchos tienen empaque y carácter, que alcanza a las graciosas hornacinas con santos en diversas calles. Pueden citarse el convento de los Dominicos, fundación de Juan de Aragón, hijo de Pedro IV en 1382, de fines del XIV, reformado en los siglos posteriores y pasando a usos civiles tras la exclaustración; poco que anotar tiene el convento de las Dominicas, del XVII, muy graciosa torre mudéjar del XVIII guarda la iglesia de los Escolapios; y poco que añadir los conventos de Carmelitas calzados y Franciscanos.
El conjunto monumental, pues, que en Alcañiz puede admirarse merecería por sí solo una visita a esta ciudad que ha ido asentando sobre su solar muchos acontecimientos históricos y una vigencia extendida a una amplia comarca. Su escudo es un castillo sobre campo de plata flanqueado por dos Cañas de sinople (alusión demasiado fácil al nombre) y en el jefe las barras de gules en campo de oro, de Aragón.
Costumbres y tradiciones
Se han perdido en los últimos años la mayor parte de los usos de la población de agricultores y comerciantes que formaban el núcleo de Alcañiz y de su comarca. Quedan algunas peculiaridades como la frente de los 72 caños, mucos de ellos con su nombre y su leyenda, el de los viudos, el de los novios, aquel en que cualquiera que beba se verá obligado a volver a Alcañiz. El traje se conservó hasta hace poco; era el mismo aragonés con algunas variantes, como la blusa en vez de la chaqueta y el pañuelo de pico erguido en los hombres y la falda corta y airosa de las mujeres. Algo queda en la cocina tradicional; las << tortas de alma >> con relleno, el cordero a la pastora, las << parretas >> en aceite y el mondongo, el pastel de Pascua de Resurrección a la <<rosqueta>> del jueves lardero.
Respecto de la música popular, aparte del << bolero de El Tieso >> y la << danza >> Alcañiz posee una joda de personalidad muy definida, lenta con braceo Acompasado y ligeras variantes respecto a los estilos hermanos de Albalate, Calanda y Andorra.
Como siempre sucede, son las costumbres religiosas las que se han guardado con mayor fidelidad. En primer lugar, la fiesta mayor dedicada los días 8 a 13 de septiembre a la Virgen de los Pueyos y al Santo Ángel Custodio, con capilla en la colegiata y ermita en los alrededores. Cuenta la tradición que la Virgen se mostró al pastor Lucio, allá por el siglo XII, en un lugar a un par de kilómetros de Alcañiz, pidiéndole que se erigiese una ermita junto al río y que se le rindiese culto << mientras lleva el Guadalope y la campiña sostenga frutos ZZ, llevada a Alcañiz, desapareció por la noche volvió al lugar donde se había aparecido al pastor; allí se elevó una ermita y se le rinde culto y una animada romería el día 9 de septiembre, además de la procesión del Voto, en el tercer domingo de Pascua, en recuerdo de la feliz solución del pleito que Alcañiz mantuvo con el cabildo de La Seo de Zaragoza, resuelto favorablemente por Benedicto XIII. Otras fiestas se dedican a San Roque, San Antón y Santa Agueda, con hogueras, gozos y alabanzas.
Sin duda es la Semana Santa la más importante celebración religioso- popular que Alcañiz conserva. Su peculiaridad es común a otros pueblos comarcanos, como Hijar y Calanda, y se cifra en los interminables y diestros redobles de tambor que acompañan a parte de los cortejos procesionales; algo se ha perdido y bastante ha cambiado en estas costumbres, pero otras tradiciones se afirman y aumentan, y así, junto a la estanca, un bello emplazamiento, se ha erigido sobre un basamento formado por un inmenso tambor, un monumento en hierro forjado al tamborero de Alcañiz, formando un conjunto de gran belleza que traduce el entusiasmo de los alcañizanos por sus tambores de Semana Santa. Llevan los penitentes túnica azul celeste y caperuza rizada. Parece que el origen de estas celebraciones se remonta a 1687, fecha en que Fray Mateo Pestel, cuaresmero de la colegial, organizó por primera vez la procesión del Santo Entierro.
A principios del XVIII se introdujo la novedad de ir seis nazarenos con <<dobleras>>, es decir, con tablas elípticas con anillas que golpeaban sobre clavos remachados al agitarlas con violencia, detrás de sacerdotes y mayordomos, estos ruidos representaban los trastornos de la naturaleza por la muerte del Señor y pronto pasaron a ser reproducidos por tambores de parche destemplado que, desde 1730, inaugurarían la costumbre del redoble de tambores. En el pregón se invitaba a todos los vecinos a concurrir al Santo Entierro y es lástima que ya no se pronuncie, porque su gracia, ingenuidad, y respeto, merecerían que se conservase. Decía así: <<Hermanos fieles y devotos cristianos: sabed como los pérfidos judíos, habiendo puesto pendiente de una cruz al hijo de María Santísima esta desconsolada, esperando os apiadéis de su soledad y pobreza y la asistáis en el descendimiento que será entre tres y cuatro horas de esta tarde y al entierro de su Hijo Nuestro Señor murió por redimirnos y salvarnos, obligación es de todos los cristianos asistir devotos y compasivos acompañando en el llanto a María Santísima Madre de Jesús y Señora nuestra; y por lo tanto en nombre de la Iglesia Santa os amonesto para que concurráis a tan sagrado, piadoso y tierno funeral>>. Convocado así el pueblo al entierro de Cristo, resonaban y siguen redoblando los tambores de Alcañiz.
La llamada procesión del <<bis- bis>> el lunes, cuyo nombre debe derivarse del bisbiseo de la oración; la del Pregón, el martes; la de Jesús Nazareno el miércoles; la del Silencio, el jueves; el viernes la del Encuentro, el Santo Entierro y la Soledad después, cerrándose con la procesión de << las Palometas >> el domingo de Pascua. Todos los días y las noches, los tambores, manejados con rara habilidad resuenan con escasos descansos. Cada grupo tiene su toque y los hay numerosos y diferentes; el mérito está en arrastrar a quienes están cerca para que dejen su toque y sigan al ajeno; los dedos llegan a sangrar del esfuerzo tenaz y repetido. En la Semana Santa de Alcañiz se guardan tradiciones de cerca de tres siglos y se están creando otras para el futuro, de extraordinario atractivo.

Alcañiz hoy

Mas de diez ml alcañizanos están empeñados en la lucha por el presente y por el futuro, que intenta ganar un activo turismo alrededor de su Historia y de sus monumentos, de los establecimientos deportivos automovilistas del <<Circuito del Guadalope>> y náuticas y pesqueras de la estanca, de las posibilidades de caza de sus montes, de los establecimientos industriales y de la racional explotación de la agricultura en la que las aceitunas y el aceite de olivos de troncos retorcidos y añosos son un símbolo. Su esfuerzo tendrá éxito, porque lo alcanzan siempre la tenacidad y el paciente brío. Y Alcañiz conjugará al pasado y el presente para ganar un porvenir que ha estado elaborando desde los principios de su historia.

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Huesca
LA CIUDAD ALTO- ARAGONESA

Ciudad y capital de la provincia aragonesa de su nombre (limitada por las de Navarra, Zaragoza y Lérida. Además de la parte fronteriza con Francia) con la residencia de los centros provinciales administrativos (Gobierno civil, Comandancia militar, Audiencia provincial, Diputación, Delegación de Hacienda, Instituto nacional de 2ª Enseñanza, Escuela normal, Jefatura de obras públicas, Sección Forestal y Agronómica, etc.), tiene de guarnición el regimiento de infantería, de Valladolid, número 20, caja de reclutamiento y los servicios auxiliares correspondientes. Es ciudad de 16.500 habitantes asentada en la comarca natural llamada la <<hoya de Huesca>> en una altitud de 477 metros sobre el nivel del Mediterráneo y son coordenadas 42º 8` 25`` de latitud N. y 3º 16`44`` de longitud E (meridiano de Madrid) Viaje a Huesca.

Huesca ha quedado ferroviariamente semi apartada de líneas de alguna importancia. La vía del <<Norte>>, de Zaragoza a Barcelona (por Lérida) la dejó aislada, pasando por Tardienta (a 30 kilómetros al S. de la ciudad) y la línea a Canfranc (y Francia) desde Zaragoza que cruzaba junto a la capital altoaragonesa, quedó también asfixiada al realizarse modernamente el trozo directo entre Zuera y Turuñana. Hoy, pues, se encuentra en el centro de la modestísima vía de Ayerbe a Tardienta y a ello ha venido a unirse la ausencia total de celo e interés que la compañía ferroviaria ha puesto en servir a la ciudad de Huesca. La mayoría de los viajeros procedentes de Zaragoza (y de Madrid y de Barcelona) tienen que buscar alternativa al tren ir a Huesca, ya que solo uno o dos trenes, llevan servicio directo a Zaragoza y viceversa.

Es mas cómodo y barato el viaje por carretera desde Zaragoza, con magníficos y rápidos autobuses de línea, que hacen en una hora los 80 kilómetros que separan ambas capitales, y que como mínimo, la empresa <<La Oscense>>, explota tres servicios diarios de ida y vuelta, pudiéndose hacer el viaje de día desde Zaragoza por la mañana y tras la visita detenida de la ciudad, volver en la caída de la tarde, como en Madrid ocurre con las ciudades de turismo que la circundan (Ávila, Toledo, Escorial, Alcalá, etc.)

Huesca y su tierra ( estudio geográfico)

La depresión del Ebro o valle Ibérico está compuesto principalmente de suelos de naturaleza arcillosa, que se extienden por la provincia de Zaragoza y terminan en su parte N, en las faldas de la sierra de Guara. Al pie de ella (entre el pico de Guara y Gratal) se encuentra la llamada Hoya de Huesca, regadas por dos ríos pequeños que marchan de Norte a Sur, el Isuela y el Flumen, a buscar por el Alcanadre y el Cinca al Ebro. Esta comarca, como casi todas las de la parte N del valle Ibérico, se compone de suelos de margas terrosas, con alternancias de materiales de esta clase y areniscas de cimiento calizo, desde las últimas estribaciones subpirenáicas hasta la sierra de Alcubierre en el país de los Monegros miocénico continental, si bien la tierra de Monegros, como la de Barbastro y Monzón, forman dos manchones de terrenos yesíferos, de edad miocénica.
Estas llanuras altas de Huesca, dan lugar a páramos en donde la irrigación artificial no llega, presentando n aspecto característico, por algunos mantos de aluviones gruesos, que en el país toman el nombre de <<sasos>> y que considéranse como plataformas aluviales de época pliocénica. Tales como se pueden contemplar al S. de Huesca en las carreteras de Grañén y la de Sariñena, y las mimas características presentan, las terrazas, verdaderos bordes altos de la Hoya, cuales son las llamadas <<canteras de Almudévar>> (llegando a Huesca por la carretera de Zaragoza) y el <<estrecho de Quinto>> en la de Barbastro, en las que se levanta las ruinas del castillo de Monte Aragón, como antiguo vigía, de las vegas del flumen. Dominando su parte N. se alza la larga silueta de la sierra de Guara ( pico de Guara 2.070 metros.- Gratal 1.578 m) que como todas las montañas subpirenáicas presenta la característica de dar hacia el S. un relieve con cortaduras escarpadas, correspondiente a frentes de facturas, generalmente en falla, cuyos labios hundidos en la depresión , se hallan cubiertos por los sedimentos neógenos, en general toda esta sierra, desde el Cinca hasta más allá del Gállego, es una de las fallas más formidables y extensas de la Península, dentro de la cual es corriente grandes conglomerados paleógenos, con los que termina la sierra en su borde meridional, tales como el << Salto Roldán>> el <<Huevo de San Cosme>> y los << Mallos>> de Riglos y gargantas de Alquézar y Loarre, etcétera, en donde los ríos entran, en las llanuras del Alto Aragón que presagian las estepas cercanas al Ebro.

La llanura del Ebro va lentamente alzándose en dirección N de manera insensible, pero a pesar de ello, Huesca solo se encuentran a 477 metros sobre el nivel de las aguas del Mediterráneo. Las características de su clima, lo impone mas que nada, la sequedad de todo el valle ibérico, aislado por las tres grandes cordilleras (ibéricas, catalanas y pirenaicas) que le circundan de las influencias húmedas del mar. Debido a ellos las temperaturas son relativamente extremadas (temperatura media anual de Huesca 13,3 ºC; temperatura media máxima, 37,3ºC; temperatura media mínima, 6,7ºC). En general puede decirse que Huesca goza de otoños agradables y templados, inviernos con retraso (comienzan los fríos en Diciembre) pero largos, soleados, y con absoluta carencia de nieves, debido al resguardo de la sierra cercana (la norma general de Huesca, al contrario de lo que el forastero cree, es la falta de nevadas) los veranos son secos y calurosos (pero muy corta la duración de calor durante el día). Tampoco las nieblas se pegan a Huesca como en las ciudades de las riberas del Ebro, y a pesar de que todo Aragón en país de grandes ventoleras y Huesca las tiene principalmente en Noviembre y Abril, no alcanzan las violencias de las partes bajas del valle ibérico.

La pluviosidad es mayor que en Zaragoza (media anual en Huesca, 493,1 milímetros; Zaragoza 237,0) lo que no evita que el carácter de la vegetación, en las comarcas oscenses, sea esteparia con pequeñas matas leñosas y terragales al descubierto.

Pero la proximidad de la sierra y su orientación hace aumentar su vegetación arbórea (encinares) y permite incluso en las tierras soleadas del Somontano y de la Hoya oscense el culto de la viña (muy disminuido desde la filoxera) y de los olivares. Algunos de sus puntos principalmente en la sierra están en vías de repoblación forestal (Arguis, Rodellar, Vadiello). El cultivo principal es el cerealista en los secanos, sujetos a las condiciones del azar por las sequías de primavera y las heladas tardías de Mayo. Pero allí donde el regadío llega como en la fértil Hoya de Huesca por las aguas del flumen y del Isuela (este último regulado por el pantano de Arguis) se convierte en cultivos intensivos y remuneradores de trigo, maíz, plantas forrajeras, remolacha y frutales. El gran porvenir que el tiempo reserva a Huesca será la ejecución magna de la sobras de <<Riegos del Alto Aragón>> (pantanos de Belsué. Acequia de la Violada) que harán de la ciudad, el centro de una de las comarcas mas ricas de España.

Historia de la ciudad de Huesca.

EL POBLADO PRIMITIVO.- A pesar de sus asiento privilegiado, sobre un cerro dominando la fértil vega del Isuela, no tenemos sin embargo noticias concretas en las épocas prehistóricas sobre la ciudad primitiva. Pero suposiciones con visos de veracidad nos hace pensar en un primitivo poblado prehistórico, dadas las condiciones geográficas y conocedores como somos de que las gentes de las culturas neolíticas y de las distintas edades del Hierro y del Bronce, tuvieron su asiento en estas llanuras altoaragonesas extendidas al pie de la sierra de Guara (hallazgos de hachas y otros instrumentos en Albero, Sena, etc., poblados de Ontiñena y Sena, sepulcros de Sariñena), allá por los remotos tiempos de los siglos X, IX y VIII antes de J.C.

Apenas los escritores clásicos griegos y romanos nos hablan de los pobladores de la península, ya comienza a sonar Huesca entre sus poblados importantes. Los iberos son los primeros pueblos históricos de España que procedentes del continente africano la poblarían por los años del siglo VI antes de J.C. y sabemos positivamente que se extendieron hasta los límites pirenaicos. De sus distintos grupos tenemos ya noticias incluso escritas: tales los jacetanos (de la región de Jaca), los ilérgetes (de las comarcas de Lérida) y posiblemente los dos, en Huesca, con Mezclas y luchas de grupos de vascones, como parece demostrar la toponimia vasca de algunos lugares de las comarcas pirenaicas aragonesas. La Huesca ibérica, sin restos arqueológicos que nos lo demuestre, participaría posiblemente de los caracteres de los tres grupos. Esto explica el que Plinio la suponga vascona, y Ptolomeo, ilérgeta; suposiciones que si bien parecen contradictorias, no es de extrañar dado la vaguedad de las noticias y la distancia desde donde escribían los geógrafos clásicos e incluso la posible amalgama de sus pobladores, hasta el punto que el moderno arqueólogo Sr. Bosch Gimpera se inclina, dado el tiempo de moneda y el nombre, por una ascendencia de tipo vascón. Pero lo indudable es que la Osca ibérica (bien ilérgeta, vascona o jacetana) formaba ya un poblado de las tribus mas cultas de la iberia hacia el 250 antes de Cr. Las noticias que de ella nos llega son sin duda atrasadas, como procedentes del elemento civilizador romano, pero el hecho de que Huesca acuñase mas tarde moneda del tipo << ibero-romano >> parece demostrarnos aunque tardía, la importancia de la ciudad primitiva.

LA OSCA ROMANA.- (siglo II antes de Cristo al V despues de Cr.). La conquista romana se inició al finalizar el Siglo III antes de C. La lucha contra su rival Cartago y la sed imperialista de expansión que fue el lema de Roma, trajeron sus legiones que pisan la península en el año 218 antes de C. Comienza la dominación por la costa catalana (Ampurias, Rosas, Tarraco que es su sede principal), después emprenden la conquista del valle del Ebro aguas arriba y los traspasan por la costa hasta la ciudad de Sagunto y por el interior llegan hasta mas allá de Osca (río Gállego) que fue dominada, sin que sepamos las condiciones en que se sometió la ciudad ibérica. No debió ser muy cimentada la nueva dominación, cuanto pocos años después encontramos los tribus ibéricas o vasconas de la región, levantadas contra el poder romano, ya que los desastres de Cneo Scipion principalmente en Cástulo (214) en la que encontró la muerte en una retirada desastrosa, hizo perder a Roma los avances que había conseguido en los seis años de luchas constantes contra los iberos y el poderío cartaginés que constituían su enemigo mortal en la dominación de Iberia. La contraofensiva romana, maravillosamente llevada por Publio Cornelio Escipión (que mas adelante, destruyendo Cartago, conseguiría el glorioso sobrenombre de <<Africano>>) fue completada sobre todo a partir de sus victorias en Bécula (Bailén) y en llipa (Alcalá del Río) pudiendo decirse que desde entonces la cuenca del Ebro hasta el río Gállego (y en ella Osca como Ciudad preponderante) y la del Guadalquivir (Hispania Citerior y Ulterior) unidas por la franja costera mediterránea permanecieran perfectamente dominadas por el esfuerzo y espíritu superior de las legiones romanas.

Desde la sublevación de los ilérgetes y jacetanos dominada fulminantemente po Escipión en el año 206 a de Cr, los territorios comprendidos entre el Ebro y los Pirineos, no vuelven a sonar en las largas luchas que a Roma costó la sumisión de las otras extensas regiones de España.

De esta manera, hasta la destrucción de Numancia (verdadero baluarte de la independencia Ibérica) año 133 antes de C., la península no comenzó a gozar de un verdadero período de paz que luego se prolongará hasta el año 80 antes de C. y es indudable que en el, la ciudad del Isuela, debió de romanizarse rápidamente, dado el papel que mas tarde jugó en las luchas civiles de Roma, que tuvieron gran parte de su escenario en la península ibérica.

Comenzaron por la rivalidad entre Sila (partido aristocrático) y Mario (partido popular) terminando con la dictadura del primero, que rápidamente quiso vengarse de sus enemigos, con sus famosos edictos de proscripción, obligando a muchos de los partidarios de Mario, a huir de Roma, como Sertorio.
Quinto Sertorio busco su refugio en España, donde había ejercido antes el cargo de tribuno militar y donde contaba con gran número de partidarios, viniendo a ella con el propósito de hacer un centro de resistencia contra el dictador Sila y un fuerte punto de apoyo para rescatar el poder al partido popular.

Efectivamente lo consiguió y Ébora en la Lusitania y OSCA en la Tarraconese fueron los centros de su dominación. Con razón pues, se puede llamar a Huesca <<La ciudad de Sertorio>> y con razón la historia y la gloria de la ciudad va unida a su nombre esclarecido, al que se comienza a hacer justicia, creyéndola de los mas noble y capaz de los conductores de la democracia romana, que con tanta habilidad y condición supo atraerse a su causa a los españoles, aún superficialmente romanizados, con este fin, en Ébora instituyó un Senado a la manera romana y en Huesca fundó la famosa escuela en la que los hijos de las familias mas distinguidas ibéricas, aprendieron las letras griegas y latinas, atrayendo a muchos a su causa: tal fue la famosa <<escuela Sertoriana>> de donde tomo el nombre de la Universidad fundada por Pedro IV y como heredera de ella Plutarco, que nos las describe sucintamente. Por el sabemos, como gracias a estas cualidades de verdadero caudillo, pudo reunir Sertorio el fervor entusiasta de lusitanos, Celtíberos, ilérgetes de los que fue su general y estratega y habilísimo en el arte de la guerra ibérica (guerrillas). Su poder de sugestión, fue también muy hábil (se hacía siempre acompañar de una blanca cervatilla de quien fingía recibir consejos). De esta manera, contando con la adhesión de los iberos, en la que tanto se distinguió Osca, Quinto Sertorio en España (que él llamó su segunda patria), pudo sostenerse 10 años (años 82 a 72 antes de C.) con fortuna contra hábiles y poderosos generales romanos, Metelo y Pompeyo, y únicamente una conjuración tramada por otro proscrito romano, Perpena, consiguió dar fin con el ilustre caudillo, que murió asesinado en un banquete. Muchos de los españoles iberos tan incondicionales fueron de Sertorio (la <<devotio>> ibérica) que prefirieron la muerte para no sobrevivir a su general. Se ha discutido mucho en que lugar pudo cometerse la gran iniquidad y crimen que terminó con aquel hombre que pudo crear una España romanizada, independiente de Roma. Desde luego, dada la adhesión inquebrantable que siempre le demostró Osca, es imposible que los conjurados buscasen la consumación de su crimen en ciudad tan adicta. Pero Osca, centro de aquella provincia de la España Citerior, guardó religiosamente el recuerdo del gran caudillo, bienhechor que tanto la había enaltecido y pronto tuvo ocasión de demostrar su odio contra los asesinos. Pocos años gozó de paz España. Continuaban en Roma las rivalidades entre generales y políticos ambiciosos, que aspiraban al poder en aquellos tiempos de decadencia de la República. Tras los años del primer triunvirato (Julio César, Pompeyo y Craso) muerto el último, estalló la rivalidad entre los dos primeros, y Pompeyo (uno de los grandes rivales de Sertorio) vino a España (hacia el año 76 antes de C.) de la que fácilmente se posesionó; pero Osca y otras ciudades fieles a la memoria de Sertorio, no quisieron someterse y ofrecieron durante varios años tenaz resistencia que únicamente pudo ser vencida. Pero mas tarde, cuando estalló a su vez la rivalidad entre Pompeyo y Julio César (que vino en persona a combatir a los pompeyanos que en España tenían su fuerza principal) Osca tuvo ocasión de cumplir su venganza por el asesinato de Sertorio. César llegó a España al frente de sus legiones, dispuesto a exterminar de una vez al partido pompeyano. Sienta sus tropas en las llanuras de llerda (Lérida), entre los ríos Cinca y Segre, y encuéntrase en situación apurada por las crecidas extraordinarias de sus cauces y por los intentos de las fueras pompeyanas mandadas por Petreyo, Afaranio y Varron. Pero estando en esta situación comprometida, delegados de Osca y Calagurris (Loarre) llegaron al campamento ofreciendo incondicionalmente su ayuda a César. El gran dictador romano no olvidó nunca ese rasgo de la ciudad y lo mostró dándola el preciado título, que únicamente Roma ostentaba, de ciudad vencedora <<Urbs victrix Osca>>, que ya desde entonces, como el mayor emblema de su historia, Osca conservó siempre el cuño de sus monedas y en las armas de su escudo (año 49 antes de C.). Los triunfos de Lérida y años adelante los de Munda, terminaron para siempre con Pompeyo, sus hijos y partidarios como ellos habían terminado con el genio de Quinto Sertorio el romano que en Osca encontró su ciudad mas fiel.

A partir de estos hechos y en los siglos siguientes hasta las invasiones bárbaras, Osca gozó de la <<Pax Romana>> como una de las mas esclarecidas ciudades de las provincias de Hispania; así la vemos a menudo mencionada en los escritores clásicos, como Lucio Floro, que la alaba por ser una de las últimas que se rindieron a Metelo tras el asesinato de Sertorio, así la mencionan también con palabras de alabanza Estrabón y Patérculo, y Plutarco llega a llamarla << ciudad grande y poderosa>>. Pero de lo que fue esta ciudad en los 600 años de vivir bajo la égida imperial de Roma, muy pocas noticias arqueológicas nos han llegado y desgraciadamente, sus grandes monumentos tampoco ha querido el tiempo legarlos a la posterioridad. Apenas algunas piedras sueltas nos hablan quedamente de la <<Termas>> en el lugar de que ocupa la <<Compañía>>.
Sabemos también que el lugar de la Catedral, fue asiento de algún templo importante, que en la plaza e iglesia de San Pedro, en épocas distintas, se han encontrado cimiento de edificaciones importantes de estilo romano, así como el brazo de alguna estatua gigantesca y los mosaicos medio destruidos de alguna mansión... ¡pero que restos mas pobres para los elogios de los escritores latinos destinados a la ciudad sertoriana!.

Los estudios modernos tampoco han dado gran luz recomponer aunque sea con la imaginación el plano de la <<ciudad vencedora>>. En ella estuvo la ceca monetaria mas importante de España y de sus tipos de monedas imperiales acuñadas en Huesca ha llegado hasta nosotros, pero con caracteres ibéricos, siete tipos distintos en 25 monedas, siendo, según referencia de Tito Livio, muy estimadas y solicitadas en la misma Roma <<argentum oscense>>. Dos de las principales <<vías>> o calzadas romanas pasaban por la ciudad (algunos de cuyos recuerdos y vestigios aun se conservan en el viejo camino de San Jorge); Huesca era la 9ª. Mansión en la vía militar que de los Pirineos marchaban a León. Y a su vez, la 18ª de la gran vía que unía Astorga o Tarraco.

HUESCA, CRISTIANA Y VISIGODA.

Al calor de la sociedad y de la vida cultural y pacífica de la dominación romana la semilla cristiana se propagó rápidamente por toda la región del Ebro y dejando o los tiempos apostólicos (venida de Santiago y sus discípulos) en los que esta mezclada la Historia con la leyenda, es sin embargo indiscutible que ya en el siglo III una gran parte de la provincia tarraconense a la que pertenecía Osca estaba evangelizada y antes la semilla cristiana, había fructificado en varones oscenses que dieron su sangre por la nueva fé (véase iglesia de San Lorenzo y San Vicente (compañía). En los primeros concilios nacionales, tales como el de Elvira (Granada) en (314) a los que les suceden los de Zaragoza (380) y Toledo (400), asiste un obispo <<de Fibularia>> que según el gran historiador moderno de la Iglesia Española (el jesuíta P. Villada) lo cree de una ciudad hoy desaparecida cercana a Huesca, junto a Loarre y que probablemente se extendería en el Término del actual pueblecito de <<Concilio>> junto a Riglos, cuyo nombre parece confirmarlo. El hecho de que la cristianización fuese realizándose siguiendo los comarcas atravesadas por las grandes calzadas romanas demuestra la pronta cristianización de Huesca y su comarca; que ha venido a confirmarlo además los nuevos descubrimientos de algunas primitivas necrópolis de tipo paleocristiano (monte Cillas en Fantova). Las persecuciones en España como en todo el mundo cristiano no fueron mas que la semilla de una captación total de la sociedad, y Huesca pudo siempre ufanarse de haber dado dos de los más gloriosos nombres al Martirologio cristiano: según testimonios contemporáneos, San Lorenzo y San Vicente fueron hijos de Osca, martirizado en la Roma del emperador Valeriano, el uno en el terrible suplicio de la parrilla y el otro en Valencia bajo la persecución de Diocleciano. Osca que les dio la vida, nunca pudo conservar las reliquias sagradas de sus cuerpos, venerados en la ciudad Eterna (Basílica de San Lorenzo), y en la risueña ciudad del Turia..

Cuando en los comienzos del siglo V los guerreros visigodos entran en la península atravesando los Pirineos, comienza para la historia de la ciudad de Huesca un largo período de oscuridad, que apenas deja algo entrever hasta las invasiones árabes tres siglos mas tarde, en 712.

De la ciudad en su pasado visigodo solo algunos destellos se han llegado. En su aspecto espiritual, el gran historiador P. Fita nos ha dado los nombres de algunos de los obispos oscenses, que demuestran primeramente la antigüedad de la sede oscense (tales Elpidio, Pompeyano, Vicente y Gabino) pero nada sabemos de sus hechos ni de la ciudad cuya vida espiritual rigieron. Y si del aspecto personal, pasamos al material, tan solo algún capitel, quizás solo la suposición de algunas basílicas visigodas en lo que mas tarde fue orgullosa mezquita <<La Misleida>> de los musulmanes (catedral) y el hecho de la conservación de la iglesia de San Pedro <<el viejo>> bajo la dominación agarena, que nos hace pensar en su existencia anterior, bajo el poder de los soberanos visigodos de Toledo. Es de suponer, dada la poca influencia del elemento germano en la península, que si exceptuamos la clase noble en donde encarnaba el poder, la población oscense con sus caracteres de hispanidad, romanizada y cristiana, continuó con los mismos aspectos con que había vivido en el bajo imperio romano y en los siglos visigodos.

HUESCA MUSULMANA.

En los comienzos del siglo VIII el poderío de los visigodos se derrumba por dos causas: normalmente deshecho por sus odios y luchas intestinas que habían debilitado extraordinariamente su poder interno y por la fuerza de las armas del nuevo elemento musulmán (mezcla confusa de razas muy distintas: árabes, berberiscos, eslavos, sirios, etc.) La península cayó rápidamente en poder de ellos. No conocemos en que condiciones Huesca se rendiría, la historia no nos da pormenores de ella
Solo nos dicen los historiadores árabes que Muza y Tarik conquistaron toda la región meridional del Pirineo, sin que sepamos la resistencia que en ella se encontraron. Lo indiscutible es que a partir de entonces Huesca es ciudad mencionada dentro del islam, punto muy importante de la llamada <<Frontera Superior>> por los árabes, ya que mas allá de la sierra de Guara no se puede afirmar que hubiese dominación musulmana en estado permanente: los habitantes del Pirineo que no fueron muy sumisos a los visigodos, continuaron con su mismo espíritu indomable frente al islam. Huesca, pues, se encontró en el punto de intercesión donde terminaba el mundo mahometano, frente a regiones de montañeses indómitos (elemento primario de los que luego fue estados cristianos pirenaicos de la reconquista) y al lado de los estados francos que bajo Carlomagno y sus descendientes soñaron siempre en el dominio del Valle del Ebro, poco islamizado y con una población solo en la apariencia sumisa al poder de los emires y de los califas: vería por ello desfilar antes sus muros ya ruinosos de la Osca romana, las huestes aguerridas de los francos, de los emires, y de los hombres del Pirineo.

Lo que si es indiscutible, que dado lo heterogéneo del elemento invasor, Huesca como Zaragoza se vio dominada por elementos árabes puros, libre de las rebeliones, devastaciones y crueldades de los bereberes, como en otras regiones españolas, dando a su población dentro de la sociedad musulmana, dos notas esenciales: un carácter de selección y de aristocracia que siempre distinguió a los musulmanes de la cuenca del Ebro, y la independencia mas o menos encubierta con que vivió toda la región, respecto a los soberanos de Córdoba, en los casi cuatro siglos (720-1096) de vida mahometana.

Dos hechos dolorosos y mencionan a Huesca en el siglo IX, y los dos en relación con la población cristiana-mozárabe que vivía bajo el dominio de los emires: el primero, es en Toledo: los mozárabes toledanos negaban obediencia al emir y este se vengó enviando como gobernador a un oscense cruel <<el renegado Anrús>> que atrajo a su palacio a los principales toledanos, invitándoles a un festín y conforme llegaban eran decapitados en el foso de la fortaleza. Tal fue la matanza conocida en la Historia con el nombre de <<Jornada del Foso en Toledo>>, inspirada por un hombre de Huesca, y que siglos mas tarde, en ambiente cristiano, tendría su repetición dentro de la ciudad, con la sangrienta <<campana de Huesca>> en circunstancias muy parecidas. El segundo hecho es el martirio, por el valí de Huesca Zumahil, de aquellas dos doncellas Nunila y Alodia, que prefirieron el martirio a la abjuración de su fe cristiana, viniendo a aumentar la gran fila gloriosa de mártires mozárabes. Aun hoy el lugar de su martirio se llama en Huesca el << Tozal de las mártires>>.

La historia de la ciudad siguió siempre unida a las vicisitudes de Zaragoza, y así cuando en el derrumbamiento del Califato, créase en toda la región el reino moro de Zaragoza dominado sucesivamente por los Tochibies y los Beni-Hud (con sus famosos reyezuelos-taifas, Culeiman, Moctádir, Mutamin y Mostaín); que desde la muerte de Almanzor (1002) vieron con temor los deseos de los caudillos pirenaicos de apoderarse de la ciudad del Isuela, que si hemos de creer a los cronistas árabes, gozaba de un gran prestigio e importancia. Y sin embargo carecemos de noticias concretas del aspecto de la <<Huesca mora>>. Sabemos que estaba rodeado de ancho foso, que quizás la vieja ciudad romana que se extendía en ambas márgenes del río, se debió ir concretando poco a poco alrededor de la colina de la antigua acrópolis (casco viejo de la ciudad), ante el temor de las <<razzias>> y algaradas constantes de un perenne estado de guerra; el recinto amurallado nos lo describen con amplios fosos, 99 torreones y una impotente alcázar (hoy instituto) y seminario <<Zuda>> residencia del walí o gobernador. Sabemos también (porque hasta hace relativamente pocos años subsistió la mayor parte de su recinto amurallado) que tenían varias puertas la ciudad flanqueados de torreones para su defensa, nombres algunos conservados en el lenguaje popular al lugar que ocupaban: tales la de <<Ramian>> (hoy plaza de Lizana) la de la << Alquibla>> (o mediodía, comienzo de la actual calle de Ramiro el Monje) que tenía dos torres y fue derribada a mediados el siglo pasado, la del <<Alpargán>> (calle de mozárabes), etc. Tenemos también noticias por los cristianos que lograron volverla cristiana, que nos hablan con orgullo (propio de conquistadores) de la famosa <<Misleida>> la mezquita mayor que ocupaba el lugar de la actual catedral y que ellos la creían de los mejores de España. Fueron también muchas otras mezquitas las que se encontraban dentro de la ciudad musulmana, tal la de la Zuda (seminario), la que luego fue iglesia de San Martín (derruida) etc. Es también indudable que como era costumbre en las ciudades musulmanas la mayoría de las gentes de religión distinta ocuparían barrios aparte, así el de San Pedro el viejo dentro del <<mozárabe>> y el hoy llamado <<barrio nuevo>> que fue la antigua <<judería>>.

LA CONQUISTA (1096).

Al finalizar el siglo XI la decadencia militar y guerrera de los reinos de Taifas y el empuje de las armas cristianas, presagiaban el fin de la dominación agarena en el valle del Ebro: Huesca agonizaba en su vida musulmana. El gran Caudillo pirenaico Sancho Ramírez (el segundo soberano del diminuto reino montañoso de Aragón) incansable en su deseo de dominar la tierra llana, llevaba varios años devastando las comarcas y obligando a los <<walís>> de Huesca a pagarle la tributación anual en moneda oro (parias). Pero el sueño del gran rey era el dominio del Somontano, el poder trasladar el centro político de su reino de Jaca, metida entre montañas, a la ciudad de Osca, que presagiaría el próximo dominio de la gran Zaragoza, la suspirada <<ciudad blanca>> de los cronistas árabes. Para ello necesitaba tomar los fuertes castillos de la sierra de Guara, que eran las avanzadas del reino moro y la mejor defensa de la ciudad. Sancho Ramírez, siempre dispuesto a la lucha, fue dominado con sus huestes aguerridas las famosas fortalezas de Loarre, de Alquézar y de Marcuello, y desde ellas concentró los puestos de resistencia necesarios para preparar la rendición de la ciudad. Cuando tuvo castigada la tierra y dominada gran parte de los Somontanos de Huesca y Barbastro puso sitio a la ciudad, no sin levantar antes un gran castillo (1085) sobre los altos que dominan la <<Hoya de Huesca>>, tal fue la famosa fortaleza de Monte Aragón, que una vez cumplida su misión guerrera, fue convertido en abadía, al igual que sus hermanos de Alquezár y Loarre (bonitas excursiones a los alrededores de Huesca). No era empresa fácil el dominio de Huesca, no solamente por el gran poder del taifa o reino moro de Zaragoza (uno de los mas fuertes de la España musulmana), sino también porque Castilla (siguiendo su tradición) soñaba con la unidad peninsular y no había renunciado a ser ella la conquistadora del valle del Ebro: el sitio de Huesca se presentaba difícil, había que luchar contra una ciudad de grandes defensas y bien abastecida y era de esperar que los musulmanes oscenses contrarían con la ayuda de los zaragozanos y de los ejércitos cristianos de Castilla por ser tributaria de este reino. El sitio duró mas de treinta meses, y Sancho Ramírez no pudo ver coronada en vida, su gran empresa a pesar de su arrojo y de su voluntad de no vacilar hasta su conquista. Se ha creído durante mucho tiempo que encontró la muerte, en un reconocimiento de la muralla, de un saetazo disparado desde la barbacana, y aún en Huesca una de las colinas de su lado N. se llama en recuerdo de ello <<el pueyo de D. Sancho>>, porque en el murió dentro del campamento del ejército sitiador (que ocupaba una alquería) el gran rey, verdadero forjador del reino aragonés. Sin embargo, modernas investigaciones han demostrado que no fue de saeta la muerte de D. Sancho, sino de enfermedad natural, lo que no quita que encontrase la muerte en el medio que vivió, rodeado de sus guerreros y en la tienda real de su campamento. Tras su traslado a Monte de Aragón (y mas tarde a San Juan de la Peña) su hijo Pedro se propuso cumplir los deseos de su padre, que según la tradición en su mismo lecho mortuorio le hizo juramento de no levantar el sitio hasta la rendición de la ciudad. Y Pedro I lo cumplió.

ALCORAZ.

El sitio llevaba ya mas de dos años, y a pesar de las privaciones y del terrible cerco, la ciudad no se rendía, confiando en recibir refuerzos de Zaragoza. Al fin estos llegaron. Los cronistas nos cuentan que cuando la vanguardia que iba a socorrer a Huesca llegaba a Zuera, aún la retaguardia no había salido del barrio de Altabás, en Zaragoza, sin duda con exageración. Pero lo que es indiscutible es que era un gran ejército, en el cual Mostaín de Zaragoza no solo enviaba todas sus fuerzas en auxilio de su ciudad querida, sino que con ellas iban muchas huestes castellanas (los condes de Nájera, García Ordóñez y el de Lara y Osma, Gonzalo Núñez) en ayuda de sus tributarios moros de Zaragoza enviados por Alfonso VI de Castilla, que precisamente iban a guerrear contra fuerzas cristianas como ellos, lo que demuestra las circunstancias especiales de la política guerrera de aquellos tiempos en los reinos cristianos. Pedro I, el joven monarca, prepara sus huestes para impedir la entrada del ejército auxiliar en la ciudad sitiada. Le acompañaba y era de los que mas sobresalían por sus dotes guerreras, su hermano Alfonso que habría de ser mas adelante el conquistador de Zaragoza y que por su carácter guerrero llevara el sobrenombre del <<batallador>>. El encuentro tuvo lugar en los llanos de Alcoraz (al sur de la ciudad, junto al llamado ahora cerro de San Jorge) y es una de las batallas mas gloriosas de la historia de Aragón: (martes 18 de noviembre de 1096). El encuentro debió ser terrible, pues testigos presenciales dan a los ejércitos un contingente superior a los 20.000 combatientes cada uno. El conde castellano García Ordóñez conminó al rey aragonés a que dejase libre a Huesca o no saldría con vida del encuentro- pero este había recibido refuerzos inesperados, pues muchos aragoneses de los pirineos se presentaron en el campamento cristiano con importantes contingentes de combatientes dispuestos a luchar; así el famoso Fortuño, vasallo que había sido desterrado años antes, que presentó con mas de 300 peones y diez cargas de mazas de Gascuña que el rey aceptó con el consiguiente perdón. Se distinguieron por su valor Gastón de Biel, Barbatuerta, Féniz de Lizana, Pedro de Bergua, en la vanguardia, junto al Batallador; Ximénez Aznárez de Oteiza y Sancho Vita, en la retaguardia.

Los cristianos atribuyeron la gran victoria a la intervención de un fuerte adalid desconocido de todos que se habían presentado inopinadamente en el campo aragonés y sembró la muerte y el exterminio con los mandobles de su espada. Tal es la leyenda de San Jorge en Alcoraz, en cuyo honor se levanta la ermita cercana a la ciudad y también a su fama debido al cambio de escudo de Aragón, que desde entonces sustituyó a la cruz, las cuatro cabezas moras de Walís moros, que según la tradición, contra su espada terrible. Perdidas las esperanzas, la población de Huesca se rindió con discreción ocho días después al rey Pedro (26 de noviembre de 1096). El cerco había durado dos años, siete meses y 21 días. Para Aragón abandonaba su cuna pirenaica y el dominio de Huesca le anunciaba para muy pronto la conquista de todo el valle, que realizaría Alfonso, uno de los principales héroes del triunfo de Alcoraz.

Tomada la ciudad con la alegría triunfal de los vencedores y de los mozárabes, pronto se convirtió en el centro político y guerrero del reino aragonés. El palacio de la Zuda fue el asiento del Alcázar de los reyes, la capilla de el paso a la jurisdicción de abad de Montearagón, la mezquita mayor fue convertida en catedral (después de las grandes ceremonias de su purificación) donde al fin tuvieron su sede los obispos que durante siglos habían tenido que emigrar constantemente en Sásave, Siresa, Jaca, etc. Las condiciones de los vencidos fueron desde luego duras como duras habían sido las jornadas necesarias para su dominación.

Pero Pedro I, vivió ya pocos años y amargado por las desgracias de sus dos hijos que murieron conjuntamente, el también encontró la muerte prematura, siendo llevados sus restos a San Juan de la Peña, último monarca que allí en la cueva santa encontró su descanso. Su hermano el Batallador, fue el hábil continuador de sus gestas de Alcoraz. Puso todo su empeño en la conquista de Zaragoza, y contra ella también levanto un castellar al modo que Montearagón sobre Huesca, que aun hoy, completamente derruido, da sin embargo denominación a una comarca cercana a Zaragoza. Su obra fue la propia de un cruzado, incansable en la lucha, dominador de toda la tierra llana (Ebro, Jalón y Jiloca) que en verdadero alarde de facultades y valor, llevó sus huestes a la gloriosa mas que efectiva, expedición hasta el mar de Granada por centenares de Kilómetros de tierra musulmana. Su desgraciado matrimonio con Urraca de Castilla, le impidió adelantar la unidad nacional y buscar la cooperación de las armas castellanas. Encontró la muerte en los muros de Fraga en lucha contra los nuevos invasores almorávides, ola africana en socorro de los derrotados musulmanes españoles. Huesca tiene la gloria de poseer su cuerpo, que durante muchos siglos descansó en el vecino monasterio de Montearagón, en donde el había empezado su vida de guerrero glorioso. El tercer hermano, monje en Tomeras, contra su vocación y voluntad, tuvo que renunciar a la cogulla por el cetro, pero cumplido este deber, salvaba al reino de Aragón.

HUESCA Y RAMIRO II.

Huesca alcanzó su máxima popularidad en aquellos años que fue corte y retiro de Ramiro II, que sin duda tuvo por ello afecto entrañable. Sabido es los trastornos y rebeliones que la nobleza feudal ocasionó, aprovechándose de lo que creyó debilidad del <<rey cogulla>> y de su carácter pusilánime.

No tenemos noticias muy concretas de aquellos momentos críticos que siguieron para Aragón cuando el rey Batallador moría de los resultas de sus heridas de Fraga (probablemente en Almuniente), pero la situación no podía ser mas apurada. Los navarros proclamaron soberano, separándose nuevamente. Castilla amenazó las fronteras del Ebro y el reino se debatía en la anarquía de una nobleza que creía llegado el momento oportuno al logro de sus privilegios y poderío. Ramiro, saliendo del claustro, logró conjurar todos los peligros, excepto la separación Navarra, que era muy superior a él. A Castilla pudo contenerla por medios conciliadores y en la nobleza, impuso un castigo ejemplar, que terminó con el estado latente de rebelión. Todas las noticias que tenemos sobre la famosa <<campana de Huesca>> son las cortas líneas de la crónica llamada << los Anales toledanos>>, que escuetamente dice <<que en aquel tiempo, mataron a las potestades de Huesca>>. Pero en que circunstancias, que con motivo, de que manera fue inspirado el castigo, quienes eran esas potestades todo ello ya ha sido el ropaje puramente literario y popular que los siglos posteriores crearon en relación con el hecho. (véase en el instituto de 2ª enseñanza la <<mazmorra de la campana>>).

Ramiro comprendió también que el problema de Aragón, era asegurar la sucesión con un heredero, y para ello no dudó con la licencia pontificada necesaria, el casarse con Inés de Poitiers (sobrina del conde de Tolosa, con quien estaba relacionado por haber vivido en Tomeras) y de este matrimonio nacía poco después una niña, Dª Petronila, que fue prometida al Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Cumplido todo ello en los tres cortos años de su reinado (1134-1137) entregando el poder a su yerno, volvióse a la vida monacal, aunque no por eso se dejó de titularse rey. Allí en el claustro de San Pedro el viejo, que el transformó dándole el carácter que ahora contemplamos a su claustro y parte de su iglesia, vivió aun cerca de veinte años, en los que pudo gozar en el retiro de su celda al ver el acierto de su labor que unía el Aragón austero y guerrero con el espíritu comercial y expansivo de Cataluña.

HUESCA MEDIEVAL.

A pesar del cambio de dinastía con el advenimiento de la Catalana, Huesca siguió teniendo a lo largo de los siglos medievales, y especialmente en aquel siglo XII, una gran importancia entre las ciudades de la corona de Aragón, y todos su soberanos vivieron en su alcázar muchas temporadas, lo que trajo que no pocos acontecimientos tuviesen su escenario en Huesca. Así, en ella nació el primer soberano de la dinastía catalana, Alfonso II. Precisamente este monarca, casado con la santa reina D.ª Sancha de Castilla, fundaron en 1188 el famoso monasterio de monjas sanjuanistas de Sigena (apuntense a Excursiones) del que fue priora la reina y donde murió en olor de santidad.

También fundaron estos monarcas la iglesia de Nuestra Señora de Salas, en las cercanías de la ciudad, en los primeros años del siglo XIII, que mas tarde cantaría en la sencillez de sus <<Cántigas>> las trovas del rey Sabio, Alfonso de Castilla.

Huesca vio nacer en su reinado unió la empresa guerrera de la reconquista (dominio de la meseta turolense y aprestamiento para defenderse de la nueva invasión almohade) juntamente a la hegemonía de Aragón en los estados feudales del mediodía de Francia, en donde precisamente encontró en la batalla de Muret en defensa de sus vasallos la muerte luchando contra los crueles cruzados de Simón de Monfort. Su cuerpo llevado por sus guerreros, fue traído a Huesca, para sepultarle mas tarde en Sigena.

Los años turbulentos de la menor edad de Jaime, el futuro rey Conquistador, turbaron también la vida de la ciudad: recogido para su educación y custodia en el cercano castillo de los Templarios de Monzón, vio turbada su infancia por la anarquía de los nobles, principalmente del infante D. Fernando, abad de Montearagón, deseoso de la corona. A favor del abad se había puesto las ciudades de Zaragoza, Jaca y Huesca y en ocasión que D. Jaime, aun muchacho, se acercó a la ciudad para venerar a la Virgen de Salas de quien fue muy devoto, los oscenses le rogaron que entrase en la ciudad para prestarle obediencia. A los festejos y aclamaciones de su entrada, sucedió por la noche el motín de los sublevados. A pesar de sus deseos de calmar al populacho y de arengarle pronto comprendió Jaime I que era prisionero de sus vasallos instigados por su tío D. Fernando. Pero en un noche de Marzo, cuando en el alcázar (hoy instituto) se aparentaba preparativos, como para festejos, el joven rey, cubierto de sus armas y acompañado de tres leales bajando por la vecina puerta de San Miguel y amenazando a la guardia del rastrillo, se hizo abrir paso y se alejó al golpe de su caballo. Un año después, en Pertusa, firmaba la concordia con su tío. Y sin embargo Jaime I, el gran conquistador de Baleares y de Valencia, tuvo siempre un gran afecto a Huesca, como lo prueba las diferentes veces que en ella convocó Cortes.

Nada menos que once veces en la Edad Media se reunieron en Huesca las Cortes del reino y siempre en ocasiones que las circunstancias las hacían solemnes. En 1134 para legitimar Ramiro II su coronación, y en 1136 para deponerla en las sienes de su tierna hija. Esta, años mas tarde, Dª. Petronila, ya viuda, las reunió en 1162 a los aragoneses y catalanes para leer y cumplir el testamento de su marido; en 1179 las convocó en Huesca, Alfonso II, para dilucidar cuestiones fronterizas en Castilla, así como en 1188 por asuntos y agravios referentes a Navarra. Tres veces las presidió Jaime I, La primera al principio de su reinado debido a las cuestiones turbulentas de la nobleza y al buen gobierno del reino, pero de mayor importancia fueron aún las generales de 1147, en donde se hizo la famosa complicación de los fueros de reino <<Compilación de Huesca>> en ocho libros y que se debió a la sabida intervención del gran obispo oscense D. Vidal de Canellas, y en las cuales se levantaron las primeras censuras y voces contra los <<juicios de Dios>> y las terribles pruebas del agua y del fuego y de otras supersticiones medioevales. La últimas que se celebraron en 1285 dieron lugar a escenas tumultuosas entre la nobleza, principalmente zaragozana, y Pedro III, y mas tarde las de 1286 que ya fueron el anuncio de la ruptura entre Alfonso II con las exageradas pretensiones de la <<unión>> (aristocracia feudal). Después de estas no volvieron a reunirse en la ciudad de Huesca.

Tenía Huesca en todas las Cortes del reino, un sin número de prerrogativas. En el brazo eclesiástico que se sentaba en los bancos a la derecha del rey, en el centro lo ocupaba el arzobispado de Zaragoza, pero su derecha era el asiento del obispo de Huesca; y así mismo los procuradores del cabildo oscense, solo cedían precedencia al cesaraugustano; en el brazo de los concejos el segundo era Huesca (después de Zaragoza, pero antes de Jaca, Calatayud, Daroca, Teruel, etc.) sentados en frente del monarca.

Durante los disturbios promovidos por <<la unión>> con las exageradas pretensiones de la nobleza que fue verdadera rebelión armada y organizada por los magnates del reino, queriendo aprovecharse de las circunstancias especiales en que se encontraba el monarca, empeñado en la guerra de la conquista de Sicilia, en la excomunión pontificada y en la invasión francesa, se vio precisado a concederles el privilegio de la Unión, que fue germen de su sin número de abusos y de un estado latente de anarquía. En estas circunstancias, el Alto Aragón que tenía un carácter eminentemente aristocrático, estuvo en frente de la corona mientras las tierras turolenses asientos de las mas famosas comunidades de concejos (Calatayud, Daroca, Teruel), se mantuvieron al lado del soberano. Huesca sin embargo hizo honor a su nombre y a pasar de los deseos de los señores feudales y de sus halagos, demostró una entereza y una rectitud, ayudando al monarca, digno de todo elogio. Estando por ello en Alcañiz el rey Pedro IV, en 1354, amante de Huesca y hondamente agradecido a la ayuda prestada contra los unionistas, fundó en la ciudad (y para ello dio gran parte de su alcázar) el famoso estudio General o Universidad que llevo el nombre de <<Sertoriana>>, en recuerdo de la que aquí había fundado el gran patricio romano. Fue la segunda, después de la Lérida en los estados de la Corona de Aragón, y a ella se la dieron un gran número de privilegios, creándola por el mismo consejo de la ciudad.

Después de la muerte del rey D. Martín (de quien fue siempre leal consejero y hasta su embajador en Aviñón el obispo de Huesca Juan de Tauste), vino el famoso interregno que terminó en el llamado compromiso de <<Caspe>>. Se promovieron grandes disturbios entre los pretendientes de la corona, pero Huesca supo conservarse neutral a pesar de las devastaciones de su comarca por los huestes de D. Antonio de Luna, que tenía sus centros en Montearagón y en Loarre. Al fin se buscó la solución encargándose a tres parlamentarios de Aragón, de Cataluña y de Valencia. De los tres aragoneses, uno precisamente fue el obispo oscense D. Domingo Ram, que con San Vicente Ferrer, fueron los defensores del infante castellano D. Fernando de Antequera, cuya candidatura al fin, prevaleció por seis votos, dos en contra una abstención. Huesca fue de las primeras ciudades que levantaron su pendón gozosamente.

Su historia, a partir del siglo XV, ya es mucho mas conocida, por los que haremos una somera relación.

La expulsión de los judíos la perjudicó grandemente como a todas las viejas ciudades de España. Pero los Reyes Católicos y en especial Fernando, sintió gran veneración por la ciudad patria de San Lorenzo, a quien regaló un magnífico retablo para su basílica, obra de su gran pintor de cámara Pedro de Aponte.

HUESCA Y SU APOGEO CULTURAL.

Sostuvo siempre Huesca hondas rivalidades con Zaragoza, principalmente por el deseo de esta de instaurar una Universidad, que vulnerase los privilegios que gozaba la <<Universidad sertoriana>> que era el mayor orgullo de la ciudad, ya que tenía la exclusividad en los derechos para enseñar Artes y Filosofía conjuntamente con otras materias como Teología y Medicina. Precisamente por entonces aumenta su fama con la fundación del Colegio Mayor de Santiago, que alcanzó de Carlos V el título de imperial y que luego (aunque menores, lo que fue causa de grandes rivalidades) se fundaron otros como San Vicente, San Bernardo, etc; así mismo se fundó siguiendo las instrucciones del concilio de Trento (y algunos aseguraron que fue el primero de España) el seminario, para el cual se dio los locales de la vieja Zuda. En este siglo (1580) escribió en la ciudad una de las obras mas sublimes de la mística española, <<libro de la conversión de la Magdalena>>, Fr. Pedro Malón de Chaide, siendo prior del convento de agustinos de Huesca; y otra priora, también poetisa, Ana Francisca Abarca de Bolea (de la familia de los condes de Aranda), concurría a los certámenes literarios de Huesca y Zaragoza y a todos maravillaba por su sabiduría y por la delicadeza de su estilo literario. Pero nunca fue superada la fama literaria y artística de Huesca sino en tiempos de Lastanosa (siglo XVII), gran mecenas de las artes y las letras, y en cuyo palacio del Coso, verdadero museo, celebrado y conocido en toda Europa, se hospedó Felipe II y su Corte.

Felipe II que levantó el monumento simbólico del espíritu imperial de la Hispanidad dedicado a San Lorenzo en el Escorial, no pudo olvidar la patria del gran mártir y mucho contribuyó a su renovación basilical y al levantamiento del santuario de Loreto en las cercanías de Huesca, obra que encargó los planos a su gran arquitecto escurialense Herrera.

La expulsión de los moriscos en los comienzos del siglo XVII debió dejarse de sentirse en la población oscense, ya que el mismo obispo de aquel tiempo, Monreal, concedía indulgencia para que el pueblo dejase de mencionar a la <<morería>> y lo denominarse <<barrio de San Martín>>, como igualmente ocurrió con otras denominaciones arabizadas o judaizantes.

Los grandes acontecimientos nacionales llevaron siempre su repercusión a la ciudad: así recibida la noticia en 1592 de la entrada de los franceses por los Pirineos, Huesca se armó rápidamente con clérigos y frailes y marchando al frente el mismo obispo de la ciudad, se dispusieron a la defensa.

HUESCA EN LOS TIEMPOS MODERNOS.

Durante la guerrera de sucesión española, Huesca, como casi todo Aragón, bajo la influencia histórica de Cataluña se pusieron en principio al lado del bando del Archiduque en 1706. Pero bien pagaron sus vacilaciones con la perdida absoluta de sus libertades, después de haber estado fluctuado en el bando borbónico y en el austriaco, tras la victoria definitiva de Felipe V en Almenar.

Durante la guerra de la independencia el fervor patriótico del pueblo le llevó a cometer excesos sangrientos: tal fue el linchamiento del gobernador don Antonio Clavería por suponérsele afrancesado. El mariscal francés Suchet tomo entonces a Huesca y devastó todas las comarcas altoaragonesas, no sin tener que luchar con gran número de guerrillas levantadas por toda la región, principalmente la del guerrillero Felipe Perena, hijo de Huesca quien al frente de un tercio de la ciudad acudió a cubrirse de gloria en los sitios heroicos de Zaragoza, quedó completamente abatido Aragón, pero D. Felipe Perena siguió hostilizando incansable a los ejércitos imperiales, hasta el punto que solo para destruirle el mariscal Lannes envió una columna al mando del general Mortier, y el guerrillero oscense los hizo retroceder y encerrarlos en Huesca después de su triunfo en Santa Eulalia la Mayor.

En las guerras carlistas fue Huesca centro de distintos acontecimientos: por Agosto de 1835 pasó por Huesca la columna carlista de Gorgue, pero el triunfo alcanzando en Angües por las tropas liberales mandadas por el brigadier Conrad, libró a Huesca de caer en poder del pretendiente. En 1836 se proclamó con gran entusiasmo la constitución de 1812, cuando de nuevo se vio amenazada por los cuerpos carlistas de Torres y Montbiola, Huesca, levantada militarmente en un entusiasmo liberal, colaboró a la derrota de los carlistas en Casbas, que libertó nuevamente a la ciudad; mas adelante, el ejército del pretendiente, mandado por el infante D. Sebastián, se apoderó de la ciudad en la primavera de 1837. pero Irribarrem, al frente de las tropas isabelinas, le salió al encuentro, siendo derrotado y muerto en esta acción, llamada <<la batalla de Huesca>> que fue muy sangrienta: D. Carlos, el pretendiente, que había ocupado al fin de la ciudad el 24 de Mayo de 1837, forzó a los generales Irribarren, Diego de León y Navarrete aceptar el encuentro en malas condiciones y con número inferior de tropas, pero los dos encontraron la muerte, el uno en el mismo campo de batalla, y el otro, de las heridas, días después, en Almudévar, mas de mil muertos costó a la acción entre los dos ejércitos, pero los carlistas tuvieron que evacuar la ciudad, no sin dejar en ella mas de 150 heridos, que fueron muy humanamente tratados por la población y los isabelinos. Al año siguiente volvió a alarmar a Huesca la entrada de la columna Carlista de Tarragual, pero no llegó a ocupar la capital, pasando de largo, tras abastecerse.

A su vez las convulsiones y pronunciamientos políticos tuvieron tristes repercusiones en la ciudad. El pronunciamiento de 17 de Septiembre de 1843, en Zaragoza, llegó hasta Huesca, pero el partido progresista fue batido muy duramente. En el movimiento liberal de 1848 entró por Francia el general Ruiz y en Huesca D. Manuel Abad, que se tituló <<capitán general de los ejércitos del Alto Aragón>> y había organizado una facción republicana, pero perseguido por una división del ejército de la reina, fue fusilado con algunos compañeros en Huesca. En 1856, con la caída de Espartero, hubo sublevación en Zaragoza y otras capitales, entre ellas Hueca, que fue rápidamente dominada por el general Dulce. Ya a partir de entonces, Huesca ha gozado de una vida tranquila y laboriosa, en la que con gran perseverancia ha procurado levantarse de su postración y decadencia, época de tranquilidad, sin dejar por ello de acusar las vicisitudes de la vida nacional. Únicamente perturbó su calma en Diciembre de 1930 la cercanía de la columna rebelde de Galán y García Hernández, que fue dispersada en el conato de encuentro de Cillas, a dos kilómetros de la ciudad. Los capitanes fusilados descansan en el cementerio de Huesca, como también el general Las Heras, que encontró la muerte haciendo frente a los rebeldes como gobernador militar de la plaza.

LOS RECUERDOS.

De la Huesca que hemos visto rápidamente desfilar en el bosquejo histórico, de muchas de sus grandezas históricas y artísticas, han desaparecido, debido mas a la desidia y abandono de los hombres que a la obra inexorable del tiempo. Aún en el siglo pasado, los escritores que de ella hablaron, nos recuerdan con cierto orgullo su recinto amurallado, sus 99 torres inhiestas, las puertas de la ciudad vieja. La sed demoledora de un modernismo mal entendido, consumieron, nos habla con nostalgia, de la que fue ciudad poderosamente defendida.

Las leyes desamortizadoras de Mendizábal (1835) acabaron de arruinar muchos de sus monumentos y de los 16 conventos de religiosos, los 10 de monjas y las diversas parroquias, la mayoría vendidos sus bienes, desaparecieron pronto, para no quedar mas que los vestigios y quizás solo el nombre como recuerdo. Así el convento del Carmen (fundado en 1187) destruido por los franceses en la guerra de la Independencia y luego vendido por el Estado; el de la Merced (fundado por Jaime I en 1218) luego colegio Incorporado a la Universidad; el de San Francisco (cuyos restos aún se distinguen en el hoy palacio de la Diputación provincial), el de Santo Domingo, hoy parroquia su iglesia, los Agustinos de la Misericordia; los de Loreto; los Mercedarios, etc. Algunas de las obras de arte que encerraban, fueron a parar al Museo de Bellas Artes.

Pero lo que jamás debió consentirse fue el derribo (¡y menos para levantar una plaza de toros!) de la que fue iglesia de San Juan de Jerusalén, de los Caballeros Hospitalarios, que aun hay oscenses que la recuerdan. Ejemplar interesante del arte románico, digno compañero de San Pedro el Viejo, donde según la tradición, descansaban los restos infantiles del hijo de Ramón Berenguer y Dª Petronila y los cadáveres de los nobles, tan cruelmente castigados en su rebeldía en la famosa campana del rey-monje.

De esta manera, siguiendo la estela de los recuerdos, habría de protestarse en estos últimos años del abandono de dejar arruinarse la iglesia de la Magdalena, ante la indiferencia de todos y hasta con la misteriosa desaparición de su preciosos retablo de Juan de la Abadía (siglo XV), entre el silencio, especialmente de los que estaban mas obligados a su defensa, perdida sensible de Huesca, sin duda para ir a adornar las salas de algún museo extranjero o de algún anticuario sin escrúpulo. Y lo mismo pudiera decirse de las tablas de Aponte de la basílica de San Lorenzo y de tantos objetos impregnados de valor artístico e histórico que Huesca no ha sabido conservar.


Tal día como hoy 27 de octubre



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