Ruta de los monasterios en Aragón. Información Turística sobre Aragón. 
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Ruta de los monasterios en Aragón. Información Turística sobre Aragón. Aragón

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Las fundaciones monásticas han constituido un elemento clave en la historia de Aragón como aglutinadoras de la espiritualidad y por su control de la actividad económica de su entorno. Los monarcas aragoneses, especialmente en época medieval, hicieron de los monasterios instrumentos políticos, como enclaves fronterizos contra el enemigo, como activadores de la repoblación o como soluciones personales a problemas de dote o sucesión dinástica.

 

Reunieron por lo general extensos patrimonios, en muchos casos donados a cambio de la garantía de salvación del alma.

 

Los orígenes monásticos en Aragón se remontan a la época visigoda y sobre todo carolingia. La invasión musulmana paralizó en parte su actividad, sobre todo con las incursiones de Almanzor en el siglo X, pero con los avances sucesivos de los cristianos, los monasterios vuelven a surgir otra vez. En el siglo XI, gracias a la influencia del monacato cluniacense y, posteriormente, a la reforma llevada a cabo por Ramiro I, se gestan la mayor parte de las fundaciones.

 

Monumentalmente pueden citarse entre los más antiguo el de San Pedro de Siresa, con un posible bloque occidental de tradición postcarolingia, y el de San Juan de la Peña, con restos arquitectónicos mozárabes, aunque en ambos casos los conjuntos se completen fundamentalmente en estilo románico.

 

En Aragón, la arquitectura monástica, con la completa estructura de sus dependencias organizadas en torno al claustro central, no alcanza su expresión completa hasta la introdución de los cistercienses, con los importantes monasterios masculinos de Veruela, Piedra y Rueda, o femeninos, como el de Sigena, fundado en 1188.
Las órdenes mendicantes acumulan los monasterios de franciscanos y predicadores en Aragón, repartiendo básicamente su arquitectura entre los estilos gótico y mudéjar.

 

Las cartujas, por último, no se introducen en Aragón hasta la Edad Moderna.

 

Aragón (información general)

 

Aragón está situado en el cuadrante nororiental de la Península Ibérica. Lo forman las provincias de Huesca, Teruel y Zaragoza. Ocupa unos 47.000 Km2. Por su centro discurre el río Ebro, dando forma a su extenso valle, que ocupa aproximadamente la mitad de su superficie, quedando al norte la cordillera Pirenaica, y al sur la Ibérica. Tiene un clima continental soleado, más húmedo en las zonas montañosas de norte y sur.

 

La gastronomía aragonesa es muy rica y variada: sopas, carnes, legumbres y soberbias frutas y verduras en las zonas de huerta. El baile típico es la “jota”, de fama mundial.

LOS MONASTERIOS DE HUESCA

- San Pedro el Viejo

 

En 1886, declarado Monumento Nacional. Visitable en horas de culto.

 

En el lugar que ocupa San Pedro el Viejo, hoy iglesia parroquial, debió existir durante la dominación romana un templo pagano. Es una de las iglesias más antiguas de España. Existía ya seguramente en la época visigótica, y después, bajo la dominación árabe, los cristianos mantenían su culto mozárabe en este recinto.

 

La fundación de este monasterio benedictino tuvo lugar a finales del siglo XI. El actual templo es románico de principios del siglo XII. En él habitó el rey aragonés Ramiro II el Monje durante su vida monacal.

 

La puerta principal es del más puro estilo románico del siglo XII. Su interior consta de tres naves y un crucero, con tres ábsides, conservándose restos de pinturas del siglo XIII. Es de destacar la rica sillería gótica del coro (1506). Su claustro es uno de los más hermosos ejemplares del románico español (siglo XII). Muy interesantes son las esculturas del tímpano de la Epifanía, y de gran valor artístico y curiosidad de sepulcros de los siglos XII al XIV. Aquí están enterrados los reyes aragoneses Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje. Además del monasterio de San Pedro el Viejo se pueden visitar en Huesca la catedral gótica (siglos XIII-XIV); el Museo Provincial; la iglesia de San Miguel -llamada popularmente “Las Miguelas”-, con torre románica; Santa María de Fuera, románica; Santo Domingo, barroca; San Lorenzo, barroca.

 

Huesca ofrece al visitante toda clase de servicios y diversiones y en sus alrededores hay numerosos lugares de interés para realizar excursiones.

 

Colegiata de Santa María de Alquézar.

 

Hay un guía permanente para la colegiata y el Museo, ambos visitables.

 

El casco urbano nos hace retroceder a la Edad Media, con sus calles estrechas y empedradas. Y la colegiata (Monumento Nacional), de origen islámico, se eleva sobre un rocoso cerro. Fue monasterio benedictino y sus orígenes se remontan al siglo XI. Son de este época la Torre del Vigía, algunos tramos de muralla, el torreón más elevado y algún fragmento de la iglesia románica integrado en el claustro del siglo XIV. Destacan los capiteles de la escuela de San Juan de la Peña (siglo XII).

 

En el siglo XVI, el arquitecto Juan de Seguro construyó la colosal colegiata de Santa María, compuesta de una nave y ábside poligonal, con bóvedas de crucería estrellada. Es importante el retablo mayor y un Cristo románico del siglo XIII, considerado pieza única. Desde el claustro se accede al Museo de Arte Sacro, con piezas que van del siglo XII al XV.

 

Desde allí se pueden realizar excursiones a pie hasta el fondo del río Vero. En esta zona se pueden encontrar numerosas cuevas con pinturas rupestres, la mayoría de la Edad de Bronce.

 

Alquézar es centro de la comarca de la Sierra de Guara, que ha sido declarada recientemente parque con la denominación de Parque de la Sierra y de los Cañones de Guara.

 

Sigena

 

El monasterio se encuentra en Villanueva de Sigena (Huesca), y es Monumento Nacional. Es visitable parcialmente con acompañante; consultar horario en el propio monasterio.

 

Solemne y descomunal monasterio femenino, el más importante de su época en Aragón, fue fundado por la reina Doña Sancha, esposa de Alfonso II.

 

Se inició su construcción a finales del siglo XII, acogiéndose a la orden de San Juan de Jerusalén.

 

Además de las religiosas, había un grupo de frailes encargados de realizar los cultos y tareas administrativas, aunque estaban supeditados a la autoridad de la priora.

 

El monasterio es una obra románica, con algunas partes transicionales al gótico. Consta de iglesia, claustro y dependencias, más el palacio prioral. La iglesia tiene planta de cruz latina con una nave, crucero con sorprendente cúpula y ábsides con bóvedas de horno. Destacan en su exterior algunas decoraciones en las ventanas y la impresionante portada, compuesta por catorce arquivoltas en degradación.

 

La sala capitular -arruinada en la Guerra Civil, como el resto del monasterio- estaba decorada con los más bellos frescos del románico avanzado español (hacia 1220) y cubierta por un magnífico artesonado mudéjar, destruido por el fuego. Los restos de estas pinturas se conservan en el Museo de Arte de Cataluña, en Barcelona.

 

Tras años de abandono, recientemente se ha reanudado la vida monástica.

 

Cerca de Sigena, se puede visitar Sena, con numerosos yacimientos arqueológicos, y Sariñena, con una laguna donde anidan aves migratorias.

 

A 9 kilómetros al sur, cerca de Lanaja, está la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, monumental edificio barroco de 1731, decorada con pinturas murales de Manuel Bayeu.

 

San Pedro de Siresa.

A unos 45 kilómetros de Jaca. Se va por la C-134 hasta Puente la Reina y desde allí se toma el desvío que lleva a la Selva de Oza. A escasos kilómetros después de pasar Hecho, encontramos Siresa, donde podemos admirar una encantadora arquitectura popular. A pesar de las obras es visitable.

 

El viejo monasterio de San Pedro es un edificio románico, construido en 1082 a raíz de una supuesta reforma agustiniana de la abadía carolingia fundada en el siglo IX. Sólo se conserva la iglesia. Esta presenta planta de cruz latina. Tiene un profundo ábside semicircular y abovedado, crucero de tres tramos. En su impresionante austeridad arquitectónica sólo se advierten dos elementos decorativos: el cordón achaflanado y los arcos ciegos. Y es Monumento Nacional.

 

Se llevó a cabo una restauración en el siglo XIII. La diferencia entre la fábrica primitiva y la obra de restauración está perfectamente señalada: en la primera, se empleó piedra caliza en hilada bien dispuestas, mientras que la segunda es de mampostería y tosca. Se conservan algunas tablas góticas.

 

A 15 kilómetros de Siresa se encuentra la Selva de Oza, lugar ideal para realizar excursiones en medio de un majestuoso paisaje de montaña. Es Oza hay un camping con habitaciones, refugio de montañeros y bar restaurante donde degustar platos del lugar. Desde allí se llega a lugares como la Boca del infierno, Guarrinza o Aguas Tuercas, de incomparable belleza.

San Juan de la Peña

A unos 25 kilómetros de Jaca. Por la C-134 que va a Puente la Reina se sigue el primer desvío a la izquierda. Pasamos por Santa Cruz de la Serós, que conserva los restos de un monasterio femenino de fines del siglo XI, y finalmente llegamos a San Juan de la Peña. Visitable todo el año. Tel. 974 34 80 99.

 

Encontramos dos monasterios (Monumento Nacional ambos): el alto, barroco, del siglo XVII, y el monasterio románico, excavado en roca viva y fundado en el siglo IX por los benedictinos.

 

El lugar en sí mismo es espectacular. La planta del monasterio, por su antigüedad y su extraordinario alojamiento al lado de la montaña, es única. Se compone de dos plantas. La planta baja, que es parcialmente subterránea, se cree que fu construida en tiempos del rey Sancho Garcés alrededor del 922. En ella encontramos una iglesia mozárabe que conserva frescos románicos y la sala denominada “de Concilios”. La planta superior contiene el panteón de los nobles (del siglo XI al XIV), la iglesia alta, de una nave terminada en tres ábsides. La roca sirve de tejado en parte de la nave. En la pared norte encontramos el panteón real en el que fueron enterrados los reyes de Aragón y Navarra durante quinientos años. La decoración actual data del siglo XVIII.

 

Tras franquear una puerta mozárabe se accede al claustro románico del siglo XII, arrinconado entre el precipicio y la roca, que le sirve de tejado. Consta de dos galerías con capiteles historiados y una tercera en peor estado de conservación.

 

Tras varios incendios, se decidió construir un nuevo monasterio en la planicie alta, obra de finales del XVII e inicios del XVIII en la que destacan sus recargas y barrocas portadas. Es un buen lugar para comer al aire libre o en el restaurante instalado en las antiguas dependencias. Es recomendable -tras un corto y agradable paseo- asomarse al llamado “Balcón de los Pirineos”, desde donde hay una vista de los picos más altos de los Pirineos Centrales.

 

Cerca están también Botaya, Alastuey y Binacua, con iglesias románicas del siglo XII.

LOS MONASTERIOS DE ZARAGOZA

h3>Cart. de Aula Dei A unos 10 km. de Zaragoza, por la carretera de Barcelona, entre Peñaflor y Montañana. Visitable con limitaciones en función de la vida monástica.

 

Fundada en 1564 por don Fernando, nieto del Rey Católico, y restaurada en 1800, es de estilo renacentista del tipo monástico amurallado con tapial de ladrillo. Destaca su iglesia de estilo gótico, fechable en el siglo XVI. Es de una sola nave, con planta de cruz latina, característica del gótico tardío, con bóveda tabicada de crucería estrellada. El crucero y el ábside están cubiertos por cerámicas. Es espléndida la sillería del coro, con 96 sillas de nogal (1902-1903). Impresionante portada barroca.

 

En la iglesia de Aula Dei se conservan siete pinturas murales de Goya realizadas en su juventud: El Pórtico de San Joaquín y Santa Ana, Nacimiento de la Virgen, Desposorios, Visitación, Circuncisión, Epifanía y Presentación en el Templo. Estas obras se completaron con otros siete lienzos del francés Jean Bardín a principios de este siglo.
La torre es una construcción de ladrillo del siglo XVII.

 

Es también interesante el claustro de los siglos XVI y XVII, con bóvedas de crucería estrellada, desde donde se pasa a las distintas celdas y restantes capillas, la biblioteca, que posee un rico fondo procedente de los monasterios franceses de Vallbonne y Vauclair, y el refectorio.

 

Tras visitar la cartuja, podemos regresar a Zaragoza, antigua residencia de los reyes aragoneses y ahora capital de la Comunidad Autónoma de Aragón y sede de un arzobispado. Posee, además, una gran universidad. Está situada a orillas del Ebro y es desde tiempo inmemorial el principal núcleo de comunicaciones del norte de España. Tiene monumentos romanos, musulmanes, medievales, renacentistas, barrocos, neoclásicos y contemporáneos de gran importancia. Es la única capital española con dos catedrales: La Seo y la basílica de Nuestra Señora del Pilar. Es recomendable un paseo por su casco viejo. En sus museos podemos admirar los objetos que se han ido acumulando a través de su historia. Destacan el Museo Provincial, Museo Camón Aznar, Museo Pablo Gargallo, Museo de Tapices y Museo Pilarista.

Monasterio de Piedra

Visitable: horario de 9.00 a 20.00 horas. Tel. 976 84 90 11

 

A 118 kilómetros de Zaragoza, dirección Madrid. En Calatayud se toma el desvío a Nuévalos por la C-202. Unos dos kilómetros separan Nuévalos del monasterio, y durante todo este trayecto encontramos gran cantidad de hostales y restaurantes. Declarado Monumento Nacional.

 

El monasterio de Piedra está situado en uno de los parajes más atrayentes de Aragón, en el Sistema Ibérico, por donde discurre el río Piedra, cuyos desniveles forman impresionantes cascadas. Contrasta la exuberante vegetación de la zona con el paisaje que la rodea, mucho más sobrio. Declarado como Paraje Pintoresco desde 1945.

 

El monasterio fue fundado por los monjes del Cister en 1195 y abandonado en 1835 tras la Desamortización de Mendizábal. Más tarde fue adquirido por la familia Muntadas, que transformaron parte de las instalaciones del monasterio en hotel y acondicionaron el entorno natural en el que se encuentra como parque apto para las visitas turísticas.

 

Los edificios monásticos se construyeron en tres etapas: la primitiva (siglo XIII), de estilo gótico primitivo; la gótica-renacentista (siglo XVI), y la clasicista barroca (siglos XVII-XVIII).

 

El conjunto del monasterio estaba amurallado y se accedía a él por la Torre del Homenaje, obra bajomedieval del planta cuadrada con matacanes y terminación almenada.

 

La iglesia, hoy en ruinas, comunicaba con el claustro abierto con grandes arcos apuntados al que daban las distintas dependencias monásticas: el refectorio (gótico), la sala capitular (cisterciense), la cocina.

 

Destaca la monumental escalera alojada en una inmensa nave cubierta por bóvedas estrelladas. El edificio del siglo XVII que alojaba las celdas, aloja hoy habitaciones del hotel. Hay que destacar también el palacio abacial nuevo del siglo XVIII, de estilo neoclásico, junto al antiguo con columnas románicas reutilizadas.

 

No dejar de ver el parque natural, que rodea al monasterio, formado por una sucesión de cascadas, cuevas y lagos entre grandes extensiones de bosques. Es un buen lugar para pasar el día al aire libre disfrutando de la naturaleza.

 

Una piscifactoría de truchas y la Fuente de la Salud, recomendable para afecciones digestivas, complementan el conjunto.

Nuestra Señora de Rueda.

Monumento visitable, es, además, un buen lugar para pasar un día en el campo en la tranquila y tupida ribera del río Ebro.

 

A 74 kilómetros de Zaragoza por la carretera de Castellón. Pasado Quinto de Ebro, 1 20 kilómetros, sale una carretera secundaria a la izquierda a Escatrón.

 

Al otro lado del río Ebro, accesible tradicionalmente por una barca y por un puente desde hace poco tiempo, en un bello paraje de huerta, se encuentra el deshabitada monasterio cisterciense de Rueda (Monumento Nacional). Es el principal monumento de toda la comarca bajoaragonesa y conserva extraordinariamente bien la primitiva organización y estructura del siglo XIII, siguiendo fielmente los patrones cistercienses.

 

Afectado por la Desamortización de 1835, cayó en el estado de total abandono en el que ha permanecido hasta la actualidad, salvo algunas restauraciones en su iglesia.

 

Fue fundado en 1184 por Alfonso II de Aragón y habitado por los monjes cistercienses hacia 1202. Se aprecian dos fases de edificación en este conjunto monástico: los edificios primitivos, protogóticos (siglo XIII), y el resto de las edificaciones, de 1600.

 

Atravesando un gran arco nos encontramos en una gran plaza, la plaza de San Pedro. A la derecha, el palacio abacial (1600), con largas galerías de arcos semicirculares. A la izquierda hay un edificio con sobrios balcones y el escudo de Aragón. La fachada del primitivo monasterio ocupa todo el fondo de la plaza. De piedra de sillar y con un campanario octogonal de ladrillo con tracería mudéjar. La iglesia, a la izquierda, restaurada hace muy pocos años, tiene tres naves con bóvedas de crucería y se comunica con un bellísimo claustro construido entre los siglos XIII y XIV. En una de las alas, un templete octogonal servía de lavabo, frente al refectorio, espléndida sala con bóveda de cañón apuntado con una majestuosa escalera de subida al púlpito. A ambos lados del refectorio se encuentran la cocina y la escalera del subida el piso superior, que es un añadido piso superior, el dormitorio, con vigas de madera.

 

En la huerta se conservan dos edificaciones primitivas: la bodega y los restos de la rueda o noria que probablemente dio su nombre al monasterio.

 

La Diputación General de Aragón está acometiendo la difícil y costosa tarea de la restauración integral de las dependencias y edificios del monasterio, así como de su entorno.

Veruela

A 79 kilómetros de Zaragoza, entre Borja y Tarazona, junto al pueblecito de Vera de Moncayo. Es Monumento Nacional. Visitable con horario variables invierno-verano. Tel. 976 64 90 25.

 

El monasterio de Veruela se encuentra situado en una de las zonas más bellas de la provincia: el Moncayo. Es uno de los monasterios cistercienses más importantes, abandonado con la Desamortización de Mendizábal (1835) y en la actualidad en fase de restauración por parte de la Diputación de Zaragoza, que lo está destinando a usos culturales: conciertos, exposiciones, etc.

 

Fue fundado en 1145, iniciándose su construcción pocos años después. En todos los monasterios cistercienses, los planteamientos generales de ordenación del recinto fueron prácticamente los mismos. Veruela no fue una excepción.

 

Franqueada su muralla por una imponente puerta bajomedieval, se llega a un paseo con árboles que nos conduce a la iglesia, de grandes dimensiones, en la que destaca la puerta con arquivoltas que descansan sobre capiteles decorados con motivos vegetales, y geométricos entrelazados (Típico de la regla cisterciense). En el interior encontramos tres naves con bóvedas de crucería. Una puerta comunica la iglesia con el claustro -gótico en su planta baja-, con grandes ventanales de arcos apuntados y decorados con tracerías. Unos de sus lados estaba destinado a la lectura, concretamente el paralelo a la iglesia, llamado también Claustro de la Colación o de las Completas. Era el lugar donde acudían al atardecer los religiosos a escuchar la lectura antes del oficio de completas.

 

Al claustro se abren las distintas dependencias, como la sobria sala capitular, con una bella portada formada por arcos con finas columnas que soportan las bóvedas de crucería. Podemos ver algunas tumbas, algunas decoradas con pinturas murales francogóticas. El lavatorio, de estilo gótico. El refectorio, del siglo XVI, y el “Scriptorio”.

 

En el siglo XVI se construyó una galería plateresca sobre el primitivo claustro, decorada con motivos vegetales grotescos y medallones con figuras humanas. En la actualidad es sede del Museo de Arte Contemporáneo de Aragón.

 

La comunidad cisterciense habitó en Veruela hasta la Desamortización (1835). En 1864 residió aquí el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, escribiendo sus famosas Cartas desde mi celda. Hasta 1973 fue ocupado por los jesuitas, y en 1976 la Diputación de Zaragoza fue encargada del usufructo y conservación del edificio.

 

No pasar por alto la excelente repostería de Vera del Moncayo, con deliciosos mantecados y magdalenas. Al lado del monasterio hay también un bar-restaurante donde se pueden comer unas típicas migas o costillas asadas y degustar los vinos de la zona del Somontano. No lejos se encuentra Trasmoz con un castillo donde las brujas celebran sus aquelarres.

 

El Moncayo, Parque Natural, es también un lugar para disfrutar en plena naturaleza, donde los aficionados al montañismo pueden llegar hasta sus cumbres con nieves casi perpetuas.

LOS MONASTERIOS DE TERUEL

Santa María del Olivar

Consultar horario de visita en el tel. del monasterio: 978 75 11 44.

 

Ubicado en el valle del Olivar, a 4 km de Estercuel; a 60 Km de Alcañiz por la carretera de Tarragona a Alcolea del Pinar; a 140 Km. de Zaragoza, y a 120 Km. de Teruel. En un paraje rodeado de árboles y a orillas del río Escuriza.

 

En el actual edificio se distinguen dos elementos bien diferenciados: la iglesia y el convento, constituyendo ambos un conjunto rectangular de aspecto herreriano. Monumento Nacional.

 

En el siglo XIII, Don Gil de Atrosillo mandó edificar la primera ermita habitada por frailes redentores de la orden de la Merced. La primitiva ermita pronto se convirtió en iglesia gótica, que sobrevivió hasta el siglo XVI, en que se introdujeron modificaciones de estilo mudéjar, gótico aragonés y renacentista. La obra se concluyó en el siglo XVII.

 

La iglesia es de una sola nave con dos capillas a cada lado. La imagen de Santa María del Olivar preside el ábside. La imagen original fue destruida durante la Guerra Civil. Se hizo una reproducción de ésta y su rostro es obra de Pablo Serrano.

 

El convento primitivo data del siglo XIV, pero de esta época sólo ha llegado hasta nosotros el pozo cilíndrico del patio central. El convento actual se construyó en el siglo XVII. De planta cuadrada, fue adosado a la pared sur de la iglesia. Consta de dos claustros (el bajo y el alto) y de un pequeño patio interior descubierto. Al claustro bajo dan algunas dependencias monacales: la portería, la majestuosa escalera que sube al claustro alto, la biblioteca, la sala “de Profundos” y el refectorio. En el claustro alto se encuentran las celdas de los religiosos. En el patio interior se tabicaron las doce grandes ventanas ajimezanas, error que va a ser reparado sustituyendo los muros que las cubren por cristaleras.

 

Tirso de Molina pasó seis meses de retiro en el monasterio del Olivar y durante su estancia escribió seis comedias sobre temas exclusivamente aragoneses: Los Amantes de Teruel y El condenado por desconfiado.

 

Se está llevando a cabo en este monasterio una importante obra de restauración.

 

En sus alrededores se pueden visitar: - La Ermita del Pastor: Lugar que recuerda la aparición de la Virgen del Olivar a un pastor. - El Pilón del Pastor: A 50 metros hacia el suroeste. Este pilón conmemora el lugar desde el que el pastor distinguió a la Virgen. - La Nevera: Al otro lado del río. Sus orígenes se remontan al siglo XV. Se trata de una construcción con una cúpula donde los religiosos almacenaban durante el invierno capas de nieve apisonada con paja para disponer de hielo el resto del año. - Yacimientos de fósiles del “Barranco del Agua”: A unos 3 kilómetros del monasterio por el camino de Oliete. - Vestigios visigóticos: A unos 5 kilómetros del monasterio se conservan unos enterramientos visigóticos.

OTROS MONASTERIOS

Santa María y San Pedro de Obarra.

Perteneciente a la orden benedicta tiene sus orígenes como abadía, sita en Calvera, fundada en el siglo IX y anexionada en el siglo XI a San Victorián como priorato. Se mantuvo hasta las leyes desamortizadoras de 1835. Obarra se halla en un privilegiado lugar, a orillas del río Isábena y en las inmediaciones del puerto de Aras. El paisaje es espectacular, y el antiguo monasterio se conservan la iglesia de Santa María y la ermita de San Pedro. Monumento Nacional; solicitar visita en el pueblo de Calvera.

Casbas

Situado en la localidad de Casbas de Huesca, el monasterio de Nuestra Señora de la Gloria está formado por una iglesia de los siglos XII y XIII, de una sola nave, crucero y tras ábsides, y por el claustro (del siglo XIV) de arquería apuntada y lobulada. Todo ello está delimitado por un muro perimetral con, bella torre del homenaje. Son muy interesantes los retablos, artesonados, etc., del interior. El monasterio, que es Monumento Nacional, es visitable.

Olivan

No conocemos su advocación, pero sí su existencia gracias a varios documentos de 1208-1209. Emplazado junto al río Gállego en el área acondicionada del Soto de Oliván, es un lugar de esparcimiento y aula de la naturaleza, con especies vegetales señalizadas. Se conserva la iglesia parroquial del siglo XI. Es preciso solicitar visita.

San Adrián de Sasave

Monasterio localizado en las proximidades de Borau y perteneciente a la orden de canónigos reguladores de San Agustín, introducida en el siglo XI. Posteriormente fue priorato de la catedral de Jaca. En la actualidad, la iglesia ha pasado a ser ermita. Debe concertarse visita en Borau

San Victorian

Ubicado en las faldas de la Peña Montañesca, cerca de El Pueyo de Aragüés, en las inmediaciones de Aínsa. La práctica totalidad de las ruinas que quedan en la actualidad son de los siglos XVI al XVIII. Visitable.

San Urbez de Serrablo

Este monasterio, ubicado en el lugar de Nocito, tiene sus orígenes en época visigoda, pasando ya a finales del XI a ser priorato de San Pedro el Viejo de Huesca, adoptando la regla benedictina. En la actualidad es una ermita. Solicítese visita en Nocito.

Santa María y San Pedro de Alaon

Situado en la localidad de Sopeira. Data su fundación de época visigótica y su reforma se llevó a cabo en el siglo XI. Su comunidad, perteneciente a la orden de San Benito, llegó a poseer un extenso patrimonio. En la actualidad sólo se conserva el edificio parroquial del pueblo en Sopeira. Se puede visitar en horario de culto.

Santa María de Iguacel

En Larrosa. Edificado por el conde Sancho Galindo y su mujer Urraca en 1072, fue donado pocos años más tarde a San Juan de la Peña, en cuyo poder estuvo hasta 1203. Se instaló en él un monasterio femenino cisterciense que más adelante se trasladó a Cambrón, a Huesca y, desde 1588, a Zaragoza. Hoy en día es una ermita. Visitable.

San Pedro de Lasieso

Habitado por canónigos regulares de San Agustín. Está ubicado en la localidad que lleva su nombre. Tenemos noticias de su existencia por un documente de 1083. Hoy en día es una iglesia. Se puede visitar en horario de culto.

Nuestra Señora del Pueyo

Santuario-monasterio ubicado en las cercanías de Barbastro. Visita muy interesante y recomendable: conjunto singular y bellas vistas panorámicas, con posibilidades de comer y aun de pernoctar en el propio recinto. 

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Algunas excursiones desde la Ciudad de Huesca

1ª Excursión: A ALQUEZAR

Excursión obligada a todo turista amante de lo pintoresco del arte de la Historia: Alquezar ha sido llamado << el pequeño Toledo aragonés>>. Se sale por la carretera de Barbastro, pasando por Siétamo donde se conserva el caserón o palacio de los Condes de Aranda. La hermosa iglesia es obra de Martín de Zabala en 1572. el recorrido es muy pintoresco por las onduladas tierras del Somontano (encinares, olivares y tierras de sembradura). Después de cruzar las hoces del Río Alcanadre de aguas muy trasparentes, se desvía en el kilómetro 31 (a la izquierda) y por Abiego, Adahuesca y Radiquero con carretera vecinal peligrosa, se llega a Alquézar.

ALQUEZAR. - Parece de remota antigüedad y formidable fortaleza sobre el promontorio de roca caliza que se levanta entre hoces profundas por donde corre el Vero. El nombre romano fue de Castrum Vigetum pero bajo los musulmanes adquiere su importancia como punto estratégico (a la salida de la sierra) del reino de Sobrarbe unido al de Aragón fue poderoso alcázar, de la <<frontera Superior>> de los árabes contra los cristianos pirenaicos. En el s. XI ante el empuje aragonés, Alquezár, como las otras fortalezas de la sierra cayó en poder de Sancho Ramírez. Hacia 1070 la repobló y probablemente fue entonces cuando el <<burgo>> se extendió fuera del recinto amurallado.

El pueblo. - Montañero y de trazado y caserío medioeval. Cruz de término e iglesia de San Miguel en las afueras; calles tortuosas, pasadizos estrechos, casas típicas con sus aleros, portadas y escudos, culminando su tipicidad y carácter en la graciosa plaza son soportables ojivales.

Colegiata- Castillo. - Sobre cerro rocoso, como <<península>> entre hondos abismos. Gran recinto de muralla con torreones y la gran torre vigía. De caracteres arquitectónicos árabes, con puertas de arco de herradura y ventanas ajimezadas. El cuerpo principal de la fortaleza fue transformado en Monasterio por el Rey conquistador. La iglesia se consagró en 1099. presenta pórtico y claustro: este pequeño y de planta irregular, es un acabado y encantador conjunto de claustros románicos españoles, con capiteles de la escuela de los de San Pedro el viejo y San Juan de la Peña (s. XII). en los muros, pinturas del s. XV. Algunas capillas, como la de San Antonio con portadita gótica, la de San Fabián del renacimiento.

Iglesia. - Puertas de gusto gótico- Florida. Iglesia de una sola nave, de transición del gótico al renacimiento, obra del arquitecto Juan Segura en 1525-1532. el retablo mayor, posterior, buen conjunto de influencia Escuarilense. Lo más interesante es la Capilla del Cristo, con magnífica imagen gótica del Crucificado (principios del s. XIII) y bueno lienzos laterales (del siglo XVII). Son también dignos de mención, en un retablo cercano, dos buenas y vecinas pinturas de S. Pedro y S. Pablo. En la Sacristía (admírese el panorama) una Sagrada Familia de la escuela de Murillo. Un Resucitado de la escuela de A. Cano y dos interesantísimos retablos góticos del s. XIV y del XY y finalmente una Magdalena de escuela veneciana y un retrato de San Felipe Neri. Abundan también las buenas obras de orfebrería y de bordados y un muy interesante Archivo. No se descienda sin subir a lo más alto del cerro y de la Colegiata y contemplar los grandiosos panoramas con las anchas perspectivas de las pintorescas tierras altoargonesas, con las hondas gargantas del Río Vero al salir de los montes.

2.ª Excursión: A BARLUENGA, LIESA Y S. MIGUEL DE FOCES

Salida de Huesca por la carretera de Barbastro. Al coronar las alturas del estrecho de Quinto (Montearagón), merece la pena la desviación a la izquierda para admirar las pinturas románicas de Barluenga. La carretera pasa por Loporzano y en dirección a la sierra cruza los pequeños pueblos del <<Abadiado>> (de Montearagón). A 10 kilómetros del empalme el pequeño pueblo de Barluenga. Visítese la ermita del inmediato cementerio.

Ermita de Barluenga. - Dedicada a San Miguel, de estilo románico. El conjunto del presbiterio es uno de los mejores exponentes de pinturas románicas de principios del s XIII; en el arco: los apóstoles ángeles y el Redentor. Frente a la puerta ángeles llevando dos almas; en el intradós, mano del Eterno bendiciendo y ángeles; debajo reyes diáconos y otros personajes en compartimientos; en los muros laterales del lado de la Epñistola, escenas de la leyenda dorado de San Miguel. Enfrente el monograma de Cristo <<pantocrator>> y otras escenas y figuras complementarias. Es el más rico conjunto de pinturas románicas, bien conservando de Aragón.

Volviendo al empalme de carreteras, en el kilómetro 16 de la general, se desvía a la que conduce a Liesa. Cercana al pueblo la ermita de Nuestra Señora del Monte. Fue pequeña hospedería de los Caballeros Sanjuanistas de Foces. Toda la pequeña nave de la ermita está cubierta de pinturas románicas de principios del s XIII, dignas compañeras de Baluenga: Lado de la Epístola, vida de Santa Catalina; lado del evangelio, vida de San Vicente. El retablo (Tablas del pintor Esteban Solórzano 1537) los Santos Lorenzo, Vicente, Quiteria, Catalina, Lucía y Águeda. Talla gótica de la Virgen (s. XIII). Siguiendo la carrtera se llega al pueblo de Ibieca (pídanse las llaves) y a un kilómetro, el famoso templo de

SAN MIGUEL DE FOCES. - En lugar pintoresco de encinares y labrantíos. Fundación del obispo de Huesca, Domingo Sola en 1259. tan solo queda el templo (muy bello por el color de la piedra) del famoso Castillo- Monasterio de los caballeros Sanjuanistas. Planta de cruz latina de transición del románico al gótico. Bella portada de cuatro arcos y dibujos geométricos en los capiteles, pero desprovistos de columnas. El ábside es octogonal y las ventanas ojivales. El interior, aunque deterioradas por las capas de cal que ha sufrido, las restauraciones modernas permiten gozar un hermoso conjunto de pinturas góticas murales. La bóveda y el crucero es elevada y elegante descansando sobre arcos. El retablo mayor- posterior- es de mal gusto (s. XVIII). Lo importante del monumento son las pinturas murales y los sepulcros empotrados en los muros del crucero sobre zócalos con columnas: el uno de D. Eximio de Foces, uno de los fundadores y su hijo, los otros corresponderán a los priores de la Orden de San Juan. El conjunto de las pinturas pueda resumirse en la fecha 1302 y como importante muestra de pintura pregótica de influencia francesa.

3ª EXCURISIÓN: AL CASTILLO DE LOARRE (BOLEA Y AYERBE)

Se sale de la capital por la carretera de Jaca (y Francia) y en el kilómetro 82 se toma a la derecha la que va a Bolea y Loarre. El primer pueblo es digno de visita. Posee en lo alto, dominando la tierra, una hermosa iglesia antes Colegiata) de tres naves con crucero, obra del arquitecto Baltasar Barazabal en 1535. la obra del capital es el gran retablo del altar Mayor, el mejor exponente del gran pintor de Cámara del Rey Católico, Pedro de Apinte, forma un magno conjunto arquitectónico de 18 tablas.

El retablo de San Sebastian, con 5 escenas y 7 tablas parece tambiñen de su mano o al menos de su taller. La capilla de Santiago guarda na buena reja yy un retablo de interés.

Siguiendo la carretera, pintoresca y ondulada, se llega al pueblo de Loarre y despues al famoso Castillo.

CASTILLO-ABADÍA DE LOARRE. - Fue la Calugarris de los romanos, y sin duda ciudad de importancia en aquella época. Acompañó a Huesca en la ayuda a Julio César las vísperas de la batalla de Ilerda. En la épica musulmana sin duda fue uno de los más fuertes castillos contra los núcleos cristianos del Pirineo, juntamente con los de Alquezár y Marcuello. Conquistado por Sancho Ramírez, alejado el peligro musulmán, paso a ser una Abadía de clérigos regulares de San Agustín, aunque no perdió nunca su carácter de fortaleza y de palacio, desempeñando también un papel importante en las luchas políticas de la Corona y la nobleza de Aragón, principalmente antes y después del Compromiso de Caspe, ya que Loarre fue uno de los más fuertes baluartes del Pretendiente y despechado fracasado conde de Urgel.

El Castillo- Es, sin género de dudas, lo más imponente fortaleza de castillo-roquero en el suelo español- su estado de conservación es bueno y presenta un sumo interés para el estudio de la arquitectura militar, civil y religiosa en el arte románico de los siglos XI, XII y XIII. Su situación, su aspecto, las anchas perspectivas de sus panoramas, sus diversos recintos amurallados y con la mayoría de sus torres, todo hace de Loarre lugar único para el enamorado de la Historia, del paisaje y del arte. Arqueológicamente son dignas de señalarse la portada principal del gusto del S. XII, la escalera del castillo, de aire tan medieval, la cripta, la iglesia primitiva con su magnífica colección de capitales románicos y la serie de estancias, llenos de romántico encanto, como la llamada sala de la reina.

Loarre, compensa la excursión por admirar y sentir uno de los más bellos y bravíos castillos medievales de España. Puedes sentirte como si estubieras en una famosa película.

4.ª Excursión: RIEGOS DEL ALTO ARAGÓN (CONDEFERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL EBRO)

Para visitar estas interesantes obras de ingeniería se sale de Huesca por la carretera de Jaca (y en el kilómetro 85, numeración de Zaragoza a Francia), se toma a la izquierda la carretera que por Lupiñén y Ortilla lleva al poblado de Tormos, centro principal de las gigantescas obras.

La presa de la Sotonera (junto al Tormos) forma una de las presas mayores del mundo; estaba clasificada al iniciarse los trabajos como la mayor de Europa y la segunda de la Tierra. En virtud de las obras del pantano de Mediano (Huesca) y el de Reinosa, ambos también de la Confederación del Ebro, ocupara el tercer lugar. La presa tiene cerca de medio kilómetro y su fin es embalsar las aguas del Río Gállego (y del Sotón) para dar riego a una enorme extensión de las estepas aragonesas hasta las márgenes del Ebro (tierras de la Violada, de Monegros). Hoy, fertiliza ya grandes comarcas por el gran canal de Monegros (gran acueducto en Tardienta), el proyecto de la obra hiráulica es desviar (por la presa de Ardisa) las aguas del Gállego, realizando un papel paralelo con las aguas del Cinca en su presa de Mediano y concentrando ambas por un canal que cruzaría la provincia al borde meridional de los últimos pliegues montañosos, en esta gran presa de la Sotonera que se convertía en uno de los lagos más grandes de España. Debe visitarse (desde Tormos) la presa de Ardisa, sobre el Gállego, marchando por la carretera que junto al canal une las dos presas, por campos amenos de pinares y a las márgenes de este importante río. El turista debe regresar a la capital por Ayerbe.

AYERBE. - Fue cabeza de uno de los más importantes señoríos aristocráticos de Aragón. En las riberas del Gállego, tras salir de los famosos <<Mallos>>, uno de los fenómenos más curiosos e imponentes de la geología peninsular. La iglesia de San Pedro, conserva su torre románica y en la Sacristía una cruz procesional de 1522. En la doble y grandiosa plaza, la torre del reloj, último vestigio de la antigua iglesia de la Virgen de la Cueva. El palacio de los marqueses de Ayerbe es una de las más representativas y hermosas manifestaciones de arquitectura nobiliaria aragonesa. Su portada es muy bella (desdichadamente sin torres almenadas): es de estilo gótico del siglo XV con galería añadida en el XVI y en el centro el blasón de los Urríes. En este edificio se fortificaron los franceses (1809) con piedra secada de la destrucción de San Pedro, contra las fuerzas del general Mina. Cerca, dominando el pueblo, sobre empinado cerro, la ermita románica se San Miguel. No lejos, el monton de ruinas del que fue famoso castillo de Marcuello.

5.ª Excursión: A LA SIERRA DE GUARA (SAN COSME, VALDONSERA Y ARGUIS)

La sierra de Guara es para el entusiasta montañero y en general para el amante de las bellezas de la naturaleza, centro de excursionismo de sugestivos encantos, las diversas excursiones, que desde Huesca pueden planearse, son a la cual mas bellas dado el carácter de bravura y altivez de la sierra oscense, sus gargantas y congostos, sus soleadas, sus bosques, su agreste naturaleza, etc. Las principales son:
1ª De Huesca a Arguis (la prolongación de la autovía a Sabiñánigo une directamente el Pirineo con la capital): carretera atrevida, de pendientes y túneles. Se pasa por pintorescos pueblos (Nueno, Arguis, etc.) El emplazamiento del pantano de Arguis es muy pintoresco la subida al pico del Águila de sugestivo encanto.

2ª al <<Salto de Roldán>> uno de los mas imponentes tajos de montaña, labrados por las aguas del Flumen y mas adentro, en la encrespada serranía, el pantano de Vadiello, salida de Huesca por la carretera de Apiés.
3.ª A San Julián de Banzo (carretera de Barluenga) o bien por la moderna que arranca al pie de las ruinas de Montearagón. En la parroquia de San Julián, retablo gótico de San Martín, donado por Pedro IV. Desde San Julián al santuario de San Martín de la Valdonsera, es excursión obligada o en caballería. Este famoso santuario guarda poco de sus pasadas riquezas donadas principalmente por Pedro IV el Ceremonioso que tan devoto fue de él. Lo más famosos es el célebre frontal, con escenas de la vida de San Martín de Tours. Sin embargo, su romería tan típica de los pueblos del Abadiado y el lugar montaraz, le hacen atractivo y pintoresco.
4.ª Finalmente, el santuario de San Cosme, al pie del pico de Guara (arranque de los excursionistas que quieran escalarlo) bajo una ingente peña y en lo más áspero y abrupto de la serranía. Se va por la carretera de Barbastro, luego la de Colungo, la de Aguas y a la especial construida para los servicios del pantano de Calcón). Es una de las más pintorescas y bellas excursiones de la provincia de Huesca.

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ALBARRACÍN Y SU COMUNIDAD

Geografía y paisaje de Albarracín

Un milagro urbano e histórico es Albarracín. Ofrece al visitante el encanto de la vetusta arquitectura de una ciudad inverosímil que sorprende y nos atrae.

Tras la admiración lírica de cuanto ven allí nuestros ojos, nace el deseo de hallar una explicación a esta ciudad creada por la geografía y por el hombre que los tiempos nos han guardado intacta. El viajero se encuentra ante Albarracín de repente. Después de un recodo de la carretera que parte de Teruel, atraviesa los llanos de Cella y tras pasar el pueblo de Gea de Albarracín, se mete apretadamente entre montañas para seguir serpenteando al lado mismo del río Guadalaviar. Luego una modesta vega, encajada entre cerros, procede al encuentro con la ciudad. esta se anuncia primero con un lienzo de murallas y torres coronando un alto monte. Cuando al final de la Vega, vuelve rápida la carretera, tras una cerrada curva que se ciñe al pie de aquella alta loma fortificada, el viajero se topa con sorpresa con la agrupación urbana de Albarracín, apretada detrás de aquel cerro severo y agreste. Solo ahora ante el abigarrado caserío se comprenden las fuertes murallas y altas torres que coronan el cierro. Primero se llega al <<Barrio>> se ve de frente, colgadas sus casas a las peñas. Mas adelante la carretera ha de perforar la mole rocosa para continuar su ruta; el casco urbano ha quedado arriba sobre la roca que el río circunda tras haber formado el mas trabajoso de los meandros. Es esta península rocosa que el río labró cavando una continuada y profunda hoz, se construyó Albarracín. Primero se llamó Santa María de Oriente por los historiadores y geógrafos árabes y luego Santa María de Ben Razín, nombre de una tribu de origen bereber que gobernó tres siglos largos la ciudad.

Aquel seguro reducto fue cabeza de toda una comarca que allí encuentra su centro natural. Historia y geografía explican al que el recorre Albarracín la razón de aquellas fuertes murallas que tan bien plantadas quedan en un paisaje agreste de cerros rocosos y rocas peladas. Protegen un casco urbano impresionante por su vetusta autenticidad y por el milagro de su mantenimiento a lo largo de los siglos. Las calles estrechas y sinuosas son como una cambiante escenografía. Plazas, esquinas, pequeños escampados, nos permiten gozar de perspectivas insospechadas, originales y atractivas. Y tofo ello en medio de un paisaje austero e impresionante de montañas rocosas rajadas por el río Guadalquivir que bordea toda aquella maravilla, metido en un profundo tajo. Este foso al crear tan fuerte posición natural nos explica como el hombre aprovechó aquel apartado lugar para organizar su vida urbana en los inseguros tiempos medievales.

Hoy Albarracín es un placer para quien solo desee contemplar una estampa de los tiempos pasados. Allí se sintetiza una región bravía de muy acusada personalidad. Todos llamamos <<la Sierra>> a esta singular comarca natural. Esta formada por dos grandes alineaciones de cordilleras con picos entre los 1.500 y los 2.000 metros de altura. Entre ellas se formaron estrechos y cortos valles, surcados por las aguas del río Guadalaviar y sus principales afluentes, del Tajo, del Júcar y del Cabriel. Estos valles y las hoces por las que los ríos se abrieron paso fueron siempre los caminos naturales por los que llegaron a Albarracín los hombres de la sierra haciéndola el centro político, religiosos y económico de toda aquella comarca aislada. Su difícil geografía solo se goza y comprende recorriendo la región.

Si desde Albarracín el viajero avanza solo seis kilómetros por la carretera que sigue estas hoces, estrechas y profundísimas, hasta el punto de que a veces no sabe por donde seguirá la carretera, llegará al cruce de Tramasaguas. Allí se abrirán dos rutas. Luego éstas se bifurcan unos kilómetros mas arriba, formando como las ramas de un árbol cuyo tronco es el río Guadalquivir y la carretera que lo bordea. Esta, primero, atraviesa el encantador Valle de Tramacastilla donde los frutales de su vega son los últimos que admiten el clima serrano. Las huertas feraces lindan con los pinares que cubren las laderas de las montañas. Luego, mas allá de Tramacastilla, la carretera remonta hacia Cillas del Cobo, Guadalquivir y Griegos por entre montes y pinares por una parte; por otra llega a Noguera para penetrar en los cerrados bosques de pinos y las verdes praderas de El Puerto. Los picos mas altos de la Sierra están por estos parajes. El Caimodorro llega casi a los 2.000 metros y la Muela de San Juan a los 1.900 metros de altitud. En esta parte de la Sierra se forma la más extensa red hidrográfica de España, Hacia el Norte nace y corre el Gallo que irá a Molina y al Tajo. También van algunas aguas de tierras de Albarracín por el Norte al río Jiloca tras atravesar las parameras de Monterde, de Pozodón y Ródenas. Es toda una comarca lateral de la Sierra que nos enlaza con tierras castellanas de Molina y con la cercana región aragonesa del Valle de Jiloca, la región de << el Río >> para los Serranos, distinta de << la Sierra >> por su economía, por sus costumbres y por el carácter de sus hombres. La otra parte de la Sierra de Albarracín se alcanza siguiendo desde Tramasaguas el río Royuela, afluente del Guadalquivir. Se llegará como al abierto y pintoresco << Val de Royuela >>, como se llamaba siempre en los documentos en el Monasterio de Carmelitas de Nuestra Señora del Val de Royuela, hoy en ruinas. En este lugar la carretera también se bifurca y llega a Colomarde y Frías, rico por sus pinadas y prados que se extienden hacía la Vega del Tajo, que es un valle alto, donde se origina este río. Queda limitado por las estribaciones de la Muela de San Juan y el Cerro de San Felipe, esté último metido ya en el linde con la Serranía de Cuenca, prolongación de nuestra Sierra de Albarracín. Cerca de la Vega del Tajo en otro alto valle, el de Valtablado, aún ahora tierra de la Comunidad de Albarracín, nace el Júcar y no lejos el Cabriel, su principal afluente. Este río se forma a lo largo de otro pintoresco valle, el llamado Val de Cabriel, tierra de pastos y de pinos, pero que la acción del hombre también ha hecho tierra de labor en grandes trechos. Además de esta parte de la Serranía, desde Royuela, otra carretera lleva hacia Terriente, siguiendo al principio el río de el Garbe que riega el valle sereno y tranquilo de Royuela. Pasado Terriente se alcanza el Vallecillo al final de Val de Cabriel y mas al este se extiende una región abrupta, imponente por sus enormes barraqueras en torno al Javalón, el cerro de las Brujas. Al norte de esta montaña está el pueblo de Javaloyas, y entre el Javalón y tierras ya de Valencia, hacia el este, se extiende desafiante una paramera áspera y fría en la cual protegidas en los recodos de los cerros se hallan varias aldeas de nuestra comunidad. Al norte del Javalón hacía Gea y Bezas de Albarracín crece el mas pintoresco de los pinares, el famoso Rodeno, donde los pinos nacen entre los pistachos de las areniscas rojas del Triásico. Ofrécese allí un paisaje inolvidable que ya fue santuario prehistórico, como nos lo recuerdan sus diversos grupos de pinturas rupestres.

En toda esta agreste comarca de asientan los pueblos serranos. En total veintidós municipios. Son de muy escasos habitantes, algunos formados por simples caseríos de veinte a cuarenta hogares. Todos forman parte de la Comunidad de Albarracín, entidad político- administrativa que aún está en pie. Tan curiosa institución solo se comprende por la Historia y por la forzada defensa de los montes y pasos que se han aprovechado en común durante siglos por los habitantes de esta tierra. Hoy como siempre los << serranos>> viven igual que ya los describió nuestro Ignacio de Asso, hace 300 años. Los bosques de pinos y la ganadería, mas que la agricultura, les sustentan. Casi todos los pastos del país se explotaban en común y una rica ganadería dio siempre a esta tierra la base de su riqueza. Las aldeas de la Comunidad y se convirtieron tras el azaroso siglo XIX en municipios independientes y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y absurda administración municipal que deberá simplificarse para bien del país. Albarracín fue siempre la cabeza de toda esta tierra serrana, llena de bellezas naturales, de bosques extensos de pinos, de espesos y olorosos sabinares; de praderas verdes; de valles sonrientes, de fuentes frescas y arroyos cristalinos. En tierras de Albarracín se inician esos surcos de agua que llevan en su nacer nombres que sonarán por toda la geografía de España: Tajo, Júcar, Cabriel, Guadalquivir o Turia, Jiloca, Gallo.
Los picos altivos y dominadores de sus tierras le dan su fuerte personalidad frente a Castilla, a Aragón y a Valencia. No lejos del Javalón está la loma de los tres reinos, donde los reinos de Castilla, Aragón y Valencia tienen límite. Enclave geográfico altivo, la geografía de Albarracín, << la Sierra >> a secas para sus pobladores, nos explicará la historia de << La Ciudad>> por antonomasia, pues así era llamada entre los serranos de Albarracín, hasta no hace muchos años. Poco a poco va dejando de ser la cabeza de la comarca, pues por un lado las comunicaciones, por otro las reformas políticas y administrativas le ha hecho decaer y perder el rango y sentido que la tradición le mantuvo hasta hace unos años. Hoy queda sin explicación para el atónito visitante sus poderosas fortificaciones, su catedral, el prestigio de su Juez que heredó la tradición mantenida hasta el Decreto de Nueva Planta en pleno siglo XVIII, de que en él se acabarán las apelaciones. Hoy Albarracín no tiene ya obispo. Ni el título de Administrador Apostólico que heredó con sus funciones el Obispo de Teruel, suena en los documentos de su curia. El Juez de primera Instancia se suprimió hace unos años. Ya no es el mercado al cual bajaban los serranos a comprar y vender. Albarracín dejó de ser <<la ciudad>>como hasta los años anteriores a la última guerra. Solo le queda su historia y la belleza de su casco urbano, la fuerte impresión de sus monumentos; lo que ha conservado de su patrimonio artístico, no mucho, por la incultura y decadencia en que vive. Y su paisaje. Todo esto unido, cuidándolo con amor, será un tesoro que se podrá añadir a sus fuentes naturales de riqueza y permitirá mejorar el vivir de los habitantes de la comarca.

También siempre le quedará Albarracín su historia peculiar romántica y personalísima dentro de la gran Historia de España.

La historia de Albarracín

La personalidad geográfica de la Sierra, diferente a la Meseta castellana y a las montañas y a las llanuras de Levante, configura su original historia.

Los primeros vestigios del pasado del hombre en tierras de Albarracín nos lo ofrecen las pinturas rupestres del pinar del Rodeno, conservadas en doce covachas y abrigos rocosos de las areniscas triásicas. Algunas de estas pinturas son de una sugestiva belleza y representan una de las mas antiguas muestras del arte humano.

Hacia el 2.000 a de J. C comenzó a llegar el conocimiento de la agricultura a los valles serranos junto con la domesticación de los animales. En Frías de Albarracín se nos ofrece la mas antigua aldea de agricultores que conocemos en la Sierra. Se asentó fortificada sobre el cerro que se levanta junto al pueblo actual.

Luego, con la invasión de los celtas que indoeuropeizaron la Península a partir del siglo IX a J. C se formó sobre nuestro país el pueblo de los lobetanos. Debieron ocupar lo que hoy es la Comunidad y sobre su economía agrícola y ganadera con el aprovechamiento colectivo de la mayor parte de la tierra y de los bosques y prados se forjó la base étnica y económico administrativa sobre la que aún viven en gran parte los habitantes de la tierra.

La época romana no ha dejado vestigios de mayor interés. La sierra fue cantada en sus bosques y frescas fuentes por Marcial, el gran poeta nacido en Bilbilis, hoy despoblado cerca de Calatayud. Fueron explotados sus bosques y minas de hierro y hasta un curioso alfar de cerámica decorada existió cerca de Bronchales. Las leñas de los montes eran la base de estas explotaciones industriales del capitalismo romano, al margen de las cuales el pueblo indígena de los lobetanos vivió su vida de agricultores y ganaderos semejante a la actual y en poblados no muy diferentes.

La inseguridad de los tiempos finales del Imperio Romano, la dureza de vida a que todo queda reducido en España, tras la invasión de los germanos y las luchas de los grupos de estos entre sí y contra los bizantinos, comenzó a valorar estas tierras aisladas y de fácil defensa. En donde hoy esta Albarracín se debió fortificar un grupo de gente en torno a una iglesia consagrada a Santa María. Cuando la invasión árabe, la peña que forma la hoz del río, fue un refugio único para lo que quedaba de cultura. En busca de la seguridad, allí se organiza la capital económica y política de toda la comarca y de las regiones circundantes.

Cuando los primeros textos árabes nos describen, la España musulmana, aquel núcleo urbano agreste y bien fortificado se llama Santa María De Oriente, para diferenciarlo de otra Santa María de Poniente o de Osanova hacia el Algarbe.

Santa Mará siguió siendo el nombre de la capital y del centro político en el cual, los Ben Razín, una tribu bereber llegada con la invasión islámica, asentaron su poderío prueba de su tolerancia con la población cristiana mozárabe agrupada en torno a una iglesia y a su obispo que aún estaba rigiendo su grey en tiempos del Cid Campeador según nos refiere la Crónica General. Es significativo que la única lápida de Albarracín llegada a nuestros días es de un mozárabe.

Luego la Santa María de Oriente de los siglos VIII al X, se llamará ya Santa María de los Ben Razín en el siglo XI y en el XII cuando la dinastía de este nombre lleve a su mayor esplendor aquel lugar. A partir de 1160 será ya Santa María de Albarracín al pasar hacia aquel año a manos de un soberano cristiano, don Pedro Ruiz de Azagra el cual mantendrá la independencia de aquel pequeño estado que hasta 1379 el rey de Aragón no logrará incorporarlo definitivamente a su reino. Don Pedro Ruiz de Azagra era un caballero navarro que se mantuvo un señorío serrano proclamándose <<Vasallo de Santa María y Señor de Albarracín>>, para recalcar su independencia de los reyes de Aragón y de Castilla con el avance de la reconquista acabaron envolviendo a este minúsculo estado independiente sin conquistarlo. Para mejor sostener su independencia pobló principalmente con navarros la tierra, cuyos apellidos aún se mantienen en la Sierra. Los vasallos del Señorío de Albarracín apoyaron esta actitud con brío y habilidad. En mas de una ocasión con feroz heroísmo. A. D. Pedro Ruiz de Azagra, III señor independiente, que hizo frente victoriosamente al Rey de Aragón Jaime I, obligándole a retirarse del sitio que puso a Albarracín. Le sucedió su hijo Álvaro Pérez de Azagra, IV soberano de Albarracín, casado con la infanta Doña Inés de Navarra, reino con el cual siempre mantuvo relaciones estrechas Albarracín. A la muerte de don Álvaro Pérez de Azagra, el señorío de Albarracín lo hereda con plena independencia su hija mayor Teresa Álvarez de Azagra, casa con don D. Juan Núñez de Lara <<el Mayor>>. Este saco al país de su discreta neutralidad entre Castilla y Aragón para lanzarlo al torbellino de una de las vidas mas aventureras y mas borrascosas de toda nuestra Edad Media. Perdió temporalmente su estado ocupado por Pedro III de Aragón, tras un feroz sitio de la ciudad audazmente sorprendida por el rey de Aragón. Pero pocos años después, Jaime II lo entrega también temporalmente a Juan Núñez de la Lara <<el Joven>>, aun en vida de su madre Doña Teresa Álvarez de Azagra. Vuelve a manos de Aragón, pero no por mucho tiempo, pues ante de ser proclamado soberano, con los mimos títulos que siempre tuvieron sus señores, el infante Don Fernando, hijo de Alfonso IV de Aragón y de Doña Leonor de Castilla, hermana de Alfonso XI. Asesinado este en Burriana en la misma cámara del rey en 1359 por su hermano Pedro IV de Aragón, los de Albarracín se mantuvieron fieles, a su mujer, una dulce infanta de Portugal llamada doña Inés. Primero se alegó que esperaba el nacimiento de un hijo que no llegó, pues tal vez solo eran añagazas de los serranos para no entregarse al rey de Aragón, heredero del estado tras el fratricidio terrible de Burriana. Luego hicieron frente abiertamente al Rey no reconociéndole como heredero. Doña Inés, atraída por el rey de Francia y de Navarra, Felipe IV el Hermoso, contra la opinión de sus vasallos que tan románticamente la defendían, salió de incógnito hacia Navarra, con un enviado secreto del rey de Francia con nombre de trovador mas que de espía, llamado en las crónicas <<Arnaldo, hijo de Arnaldo de Francia>>. En Borja los enviados de Pedro IV los lograron identificar y de tener. Conservamos la orden por la que el rey, que estaba en Cullera, manda enviarlos al castillo de Luna y allí luego decapita a Arnaldo de Francia y lleva a Huesca buen guardada a la soberana de Albarracín.

Ni aún presa del rey la princesa de Portugal y soberana de Albarracín, aunque el rey de Aragón era ya por derecho el heredero del señorío, se sometieron los hombres fieles de aquel estado a Pedro IV. Le exigieron la libertad de su soberana y se negaron a reconocerle como señor mientras ella no los liberase de su juramento de fidelidad. Hasta 1379, en Fraga, no se llegó a un acuerdo. Doña Inés recibió Tamarite de Litera y otros estados y liberó a sus vasallos fieles de Albarracín y su tierra del juramento de fidelidad. Luego al rey de Aragón juró los fueros de la Ciudad y Comunidad y reconoció la independencia total administrativa de la tierra que siguió eligiendo por insaculación un juez que gobernó el país hasta 1713, en que el Decreto de Nueva planta de Felipe V al terminarse la Guerra de Sucesión estableció en Albarracín un corregidor. Después toda ha sido rutina decadencia, acentuada mas y mas en el siglo XIX y lo que va del XX. En pie quedan solo las murallas, la catedral y otros vestigios monumentales dispersos por el país. Como un recuerdo de aquella independencia los terrenos comunales que se extienden por gran parte de la Sierra forman con su rico patrimonio la llamada Comunidad de Albarracín, que pertenece a la ciudad y a las veintidós aldeas que se agrupaban con este nombre. Son los restos de una historia gloriosa. Hoy el gobierno de este patrimonio comunal enorme pasa de unas manos a otras, cada vez menos libres y, creemos, con menor provecho para los habitantes de la Sierra, sus legítimos herederos.

EL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y MONUMENTAL DE ALBARRACÍN Y SU SIERRA.

Eco de esta Historia original y bravía, Albarracín poseyó un rico patrimonio monumental artístico que aún es digno de ser visitado. Además de la Ciudad, todas las aldeas con sus iglesias y casonas, tenían algo que enseñar y digno de ser admirado. En los últimos años se ha perdido tanto que muchos pueblos no tienen ya nada digno de admiración. Albarracín ofrece aún sus grandes murallas que apoyan y refuerzan la fuerte posición natural en la que se asienta la ciudad. el recinto mas antiguo se agrupó dentro del meandro rocoso coronado por el Castillo señorial. En este espacio se cobijó la ciudad cristiana y luego árabe, alrededor de la grande y alta roca que se yergue en el centro. Pegado a esta roca y sobre ella, se asentaba la residencia militar, mas que palacio, de los señores de Albarracín, primero moros y luego cristianos. A sus pies estaban la Catedral y el Palacio episcopal. La iglesia de Santa María se sitúa hacia el extremo mas cerrado de la hoz que servía de fondo natural. Toda esta parte de la Ciudad se atraviesa por una calle que comenzaba en la Puerta de Hierro situada en donde hoy arranca la calle de la Catedral en la plaza del Ayuntamiento. Un fuerte recinto murado defendía esta parte de la Ciudad, llamada la Engarrada. De ella aún se conserva una alineación de la muralla y una turre de Ángulo redonda. Se ve bien cuando se visita el cercano y pintoresco Portal del Agua. A extramuros de la Engarrada y de la Puerta de Hierro se formó un arrabal. Abierto al principio, era mercado en torno al espacio para su libre seguridad que exigía la puerta fortificada de salida de la ciudad. Este espacio libre con el tiempo fue la actual Plaza de Ayuntamiento, centro hoy de todo el casco urbano. Tres lados de la citada plaza los ocupa hoy el Ayuntamiento, construido en el siglo XVI, seguramente por Pierres Vedel, a juzgar por su traza. Aún en 1627 están trabajando en esta enorme casa Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet que construyen las cárceles de la ciudad en sus bajos. Algunas casas graciosas cierran esta encantadora plaza de variadas y movidas líneas, en la cual, las galerías de madera y los atrevidos balcones, abierto alguno en la misma esquina, se adaptan al arranque irregular de las estrechas calles que de ella parten.

Toda la ciudad de Albarracín nos ofrece un atractivo singular con sus callejas graciosas y sus altas y diversas casas cada una con traza y personalidad diferente. No hay entre ellas ninguna monumental, pero ofrecen un conjunto de arquitectura urbana único de Aragón y de los más sugestivos que puedan admirarse en España.

En este abigarrado conjunto de edificaciones sobresalen además del Ayuntamiento ya citado, el Palacio Episcopal y la Catedral. La obra actual del Palacio Episcopal, siempre sobre su antiguo emplazamiento, único Palacio que reconocía el fuero de Albarracín, es del siglo XVII y los edificó el obispo Miguel Jerónimo Fombuena. En 1705 a 1728, el Obispo Juan Navarro Gilaberte continuó las obras poniendo su escudo en la portada barroca no exenta de gracia, que cierra un pequeño patio. Su sobrino y sucesor en la mitra Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte las debió acabar, pues su escudo aparece en la fachada del palacio, hoy muy averiado.

Al lado mismo del Palacio Episcopal y con comunicación interior con él, está la Catedral consagrada el Salvador; su fábrica se levantó en los primeros años del siglo XVI sobre otra iglesia anterior que debió ser romántica y Gótica en parte. En 1532 pide y concede gracias para la obra el obispo Jofre de Borja. Luego la construcción se continúa a lo largo del siglo XVI y debió acabarlas Pierres Vedel, el gran arquitecto picardo que vivió y murió en Albarracín. Sus hijos proclaman que << entre las obras heroicas que realizó su padre se encuentra el Aseo de la Ciudad de Albarracín>>. La airosa torre catedralicia es obra de Alonso de Barrio Dajo y se contrata en 1549. En su interior lo mejor que ofrece la catedral es el retablo tallado en madera del altar mayor, obra del gran maestre mazonero Cosme Damián Bas. Era un escultor seguidor de los mejores imagineros aragoneses de la época, sobre todo de Gabriel Joli; sabemos que lo contrató en 1565.

En la Catedral, en una capilla lateral de la nave mayor, entrando a la izquierda, hay un retablo de madera dedicado a San Pedro atribuido a Gabriel Joli, que estuvo antes en Santa María. Obra de gran nervio y excelente factura, corre su traza muy cercana a la del retablo de Bas que ocupa el altar mayor y hace tiempo que pensamos sea también otra suya y no de Joli como se dice. También es muy bella la capilla del Pilar, seguramente es obra del escultor Juan Mora, al que sabemos encarga colocar su escudo el obispo Navarro Salvador y Gilabarete en 1748.

También en la Catedral es notable el tesoro que se guarda en la Sala Capitular. Ofrece obras importantes como una naveta de cristal de roca, trabajo veneciano o milanés de finales del siglo XV. Fue donada por el deán Agustín de Roca. Citemos también un portapaz de oro con incrustaciones de piedras atribuido a Benvenuto Cellini, regalo de un pontífice al obispo Roca de la Serna. Hay una cruz parroquial de finales del siglo XVI, regalada por el obispo Martín de Funes (1645-59) y otras varias joyas. Sobresale entre las obras de arte que nos ofrece el tesoro catedralicio, una buena colección de tapices de Bruselas de mediados del siglo XVI firmados por Geubeis, obra de las mejores realizadas por este artista. Es digno de mención también un cristo de marfil con <<el árbol de la vida>>, curiosa obra de arte llegada desde talleres hispano filipinos. En obras del siglo XVII, aunque bastante arcaizante y de una iconografía plena de simbolismo cristiano.

Muy bella en el conjunto urbano de Albarracín resulta la silueta de iglesia de Santa María, construida por Pierres Vedel en la segunda mitad del siglo XVI. Es original en ella la capilla de la Comunidad abierta con una cupulita esculpida, y del mismo estilo es el púlpito. Fue donada a la comunidad por el obispo Francisco Soto de Salazar en 1572 y en ella están enterrados el arquitecto Pierres Vedel y su mujer, que bien merecían una lápida por los muchos monumentos que dejaron por las tierras turolenses, aún sobre la plaza del Ayuntamiento se levanta, en el barrio alto hacia la muralla, la iglesia de Santiago. Ya en documentos de 1247 aparece como una de las cuatro parroquias de la ciudad. la iglesia si la proyectó el arquitecto Alonso de Barrio Dajo y comenzó su fábrica en 1600. la torre se levantó en 1726. El retablo mas interesante conservado en esta iglesia sabemos fue obra de Jerónimo Martínez, que también trabajó en Teruel. Fue realizando en 1524 y se conserva en la primera capilla al lado de la Epístola.

El altar mayor es obra de mérito y seguramente se debe a Castillejo. Imaginero del siglo XVIII que trabajó en el altar mayor de la iglesia de Orihuela.

Aún deben visitarse en Albarracín el colegio de Escolapios, el recoleto monasterio de dominicas de clausura de San Bruno y San Esteban, fundado en 1607 y la capilla del Cristo de la Vega, obra del mismo arquitecto entre 1632 y 1640. Fue antes llamada ermita de la Virgen de la Vega, tal vez recuerdo del monasterio cisterciense consagrado a Santa María que desde el siglo XIII hizo en aquella zona. De esta antigua advocación es una imagen románica muy bella que aquí se conserva, obra del siglo XIII. El cristo que hoy se venera es obra del escultor valenciano Modesto Pastor, pues el antiguo se perdió en un incendio en 1872.

Para terminar esta breve reseña histórico artística debemos señalar que con Albarracín forma estrecha comunidad sus aldeas. Algunas de ellas conservan un notable patrimonio monumental y artístico, digno de ser visitado y admirado: sobresalen Ródenas con algunas casas de noble traza de una buena labor de cantería. Su interesante iglesia es obra del arquitecto Alonso del Barrio Dajo, que la debió acabar hacia 1599. En esta iglesia se conserva un bellísimo retablo hacia 1425, obra del llamado <<Maestro de Ródenas>> seguidor del taller valenciano de Nicolau- Marzal y otras obras de interés.

Otro pueblo de valor monumental y artístico es Orihuela del Tremedal. En él se venera la Patrona de la Sierra, la Virgen del Tremedal, aparecida a un pastorcito en el cerro del Tremedal al pie del Caimodoro. Es una talla notable del siglo XII que debió llegar con la reconquista navarra del país serrano, según ya hemos indicado. Se guarda la imagen en la Iglesia parroquial que es el mas grande edificio de toda la Comunidad de Albarracín. Fue planeada en 1770 por el gran arquitecto turolense José Martín de Aldehuela y construida por su ayudante Manuel Gilaberte, quien la terminaba en 1776. Ofrece Orihuela del Tremedal varias y notables casas solariegas con sus escudos y obras de rejería de mérito.

Otro pueblo que poseía un rico patrimonio artístico, hoy casi perdido, es Villar del Cobo. Conserva entre otras dos casas de noble fábrica, la de los Fernández del Villar, hoy Ayuntamiento y la de los Muñoz, la <<Casa Grande>> y una rica iglesia que ha perdido casi todo lo que guardaba. Lo mas notable es la torre, obra del arquitecto serrano Alonso del Barrio Dajo que la terminó en 1604.

También Terriente, en la otra parte de la serranía, ofrece al visitante unas cuantas casas y su iglesia con pórtico renacentista, notable obra de cuatro artistas, los hermanos Rodrigo y Pedro de Avajas y Pedro y Toribio de Utienes.

Tal vez el pueblo que tiene mas que ver es Gea de Albarracín. Fue aldea de la Comunidad, pero luego pasó al Señorío de los Fernández de Heredia, casa principal de Albarracín, señores del castillo de Santa Croche, cuyas ruinas se ven entre este pueblo y Albarracín. Su actual iglesia aún se construía en 1660. En ella se han recogido retablos, imágenes y otras obras de arte de los conventos que hubo en este pueblo. Tuvo un convento de carmelitas y tiene aún otro de capuchinas de clausura. Su iglesia es un buen ejemplo del estilo Rococó, con buenos retablos, sobre todo el altar mayor. También ofrece Gea de Albarracín algunas casas interesantes y un par de calles que aún guardan el sabor arquitectónico de la comarca y son dignas de visitarse.

TRADICIÓN, DECADENCIA Y FUTURO

Albarracín con su comarca forma una unidad geográfica e histórica muy íntimamente ligada. A su vez las aldeas de su Comunidad con sus caseríos e iglesias son solo una parte del paisaje serrano, variante y lleno de originales panoramas. A veces grandiosos en sus hoces profundas o en sus pinares extensos; a veces llenos de atractivo encanto en sus fuentes, en sus risueños valles o en sus verdes dehesas. La población se agrupa a lo largo del curso de los ríos, cuando fecundan fértiles y breves vegas convertidas en huertas llenas de frutales; otras veces los caseríos se nos ofrecen protegidos del cierzo tras los cerros, siempre cerca de manantiales de aguas cristalinas y frescas.

Pero toda esta historia y este paisaje natural y humano, lleva desde hace años, el signo de una acentuada decadencia. El turismo y las posibilidades de emigrar y el deseo de volver a su país que el hombre de la Sierra siente. Tal vez les den en los tiempos futuros nuevo brío a los pueblecitos serranos. Hoy la prueba de su falta de vitalidad es que han perdido la fe en su personalidad. Han abandonado sus maneras ancestrales de vivir. Su tipismo ha desaparecido casi totalmente. Apenas las fiestas patronales se guardan. No se mantienen activas las rondallas de jóvenes con sus instrumentos de cuerda. Poco se cantan ya las canciones de la tierra y se van olvidando todos los bailes populares, litúrgicos y paganos. Solo se mantienen los originales mayos que se cantan a las jóvenes, pero cada vez peor instrumentados y menos sentidos. Su letra candorosa y su música simple son honra de los mejor del folklore de nuestro Aragón. Aún se oye en toda la Sierra el lírico recuerdo de cortesía y amor cantado con melodía serena y sentida en la noche del treinta de abril al uno de mayo:

Estamos a treinta
Del Abril florido
Y a cantarle el Mayo
Señora venimos.

Novenarios, gozos, danzas, se han ido perdiendo. Nadie calza ya los zuecos de madera ni las abarcas de pellejos para la nieve a los días de lluvias y barros; las zahones de piel de oveja ya no se usan por el pastor; ni las monteras de piel, ni los piuques y cordellates. Todo lo típico se va yendo sin dejar huella, ni siquiera en un Museo que lo perpetúe y lo guarde como eco de las formas de vivir de otros tiempos. La cocina característica del país casi se ha perdido y casi nadie recuerda ya los refrescos rituales de los señores canónigos y curas; ni los dulces de nueces y piñones a base de buena miel que la tierra produce, ni se comen migas, ni se organizan los grandes asados. Solo los matapuercos continúan produciendo morcillas, longanizas, gueñas, chorizos y lomos embuchados pero cada vez son menos rumbosos y menos curados y sabrosos los jamones y cecinas. En Albarracín y alguna otra aldea como Orihuela y Bronchales con el turismo se apunta ya una reacción. El pastelero Recadero en la plaza de Albarracín, ofrece almohabanas y busca con su arte apartarse de la vulgaridad y volver a la tradición. Algún otro ejemplo se podría citar de esta alborada como la fonda de Espinosa de Orihuela del Tremedal.

Pero cuan lejos está la tierra de recuperar su personalidad perdida.

Apenas quedan aquellos artesanos de la madera y el hierro que tanto y tan bueno produjeron. Han dejado el oficio sus músicos dulzaineros que corrían Aragón y Castilla llevando el nombre de las aldeas de donde eran.

Los últimos fueron los de Tramacastilla, los de Javaloyas y los de Villar del Cobo. Eran famosos por los pueblos de media España. Aquellos pastores que en el morral llevaban su flauta de caña y llenaban de alegres sones las pinadas y los barrancos, hoy ya sin personalidad alguna llevan un transistor de pilas en la mano. Los tejedores de cordellates fuertes y vistosos, de alforjas y mantas, han dejado sus telares uno tras otro; con ellos desaparecieron los calientes piuques de lana, las sayas de cordellates de colores vivos, y tantas telas que vestían los hombres y mujeres de la Sierra con acusada personalidad. No quedan ni uno solo de los zapateros y sastres que de aldea en aldea viajaban vistiendo y calzando a las gentes a la vez que entretenían las veladas creando y contando chascarrillos didácticos o inocentemente picaros. Nada queda ya nuestro, en nuestros pueblos. El signo de los tiempos trajo las ganas de emigrar a lis mas jóvenes y avispados de sus habitantes.

No por todos estos síntomas de decadencia, la Sierra es tierra ya sin futuro. Prueba de ello es que no dejan de ser dignos y acogedores los hombres que la habitan. Viven mejor materialmente hablando, los que quedan en el país. Y el visitar la ciudad y sus aldeas es tropezar continuamente con hombres independientes y señores en su porte, aunque sea grande su pobreza económicamente. Saben vivir y aun comportarse con hidalguía siempre. En ellos hallaremos la estampa viva de toda aquella comarca llena de personalidad y cuya historia nos ayudará siempre a gozar de sus caseríos y de sus iglesias, de sus ermitas y santuarios. Un hombre culto, en el tiempo actual, en estas tierras de Albarracín, percibirá siempre como una palpitación de lo que fue este país en otros días y a la vez el paisaje y la serenidad y hombría de sus habitantes; le harán sentir la aventura de lo que aún podrán ofrecer estos hombres y estas tierras, en el concierto de los pueblos de España. A veces pienso que ofrecen otra vez como en los inseguros tiempos medievales, el lugar de refugio y el ambiente humano de sosegado reposo que necesitamos todos en estos tiempos agitados y de vida angustiada que lleva el hombre de nuestros días. Vivir en Albarracín o en sus aldeas será pronto, al paso que vamos, otra vez vivir. Así el turismo apunta en algunos pueblos serranos como su posible futuro y mayor fuente de riqueza. Si la artesanía renaciera, se procurará mejorar las explotaciones ganaderas y se ensanchara como en parte se ha emprendido en algunos pueblos, la explotación industrial de nuestras maderas, la tierra ofrecería una reacción contra su decadencia. Ojalá sea pronto descrito un renacer vital y fecundo y que esta lírica y pesimista descripción actual de la sierra sea olvidada y superada.


Tal día como hoy 25 de octubre



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