Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios. Postal 3. 
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Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios. Postal 3. Aragón

Antiguas Zaragoza Expo de 1908



Hoy me he levantado con ganas de ser una Cabecita Loca


postal Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios
reverso postal Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios
Coleccion Patria y fe
María Agustín.
Joven de 22 años, natural de zaragoza. En ocasión de hallarse los patriotas combatiendo fuera de la ciudad, con la que ya estaban incomunicados, salió al campo metiendose por entre el fuego para llevar cartuchos a los españoles. Al segundo viaje fué herida, pero se hizo curar provisionalmente y continuo transportando viveres y municiones. Fue condecorada.

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VALDERROBRES Y EL MATARRAÑA

SITUACIÓN DE VALDERROBRES

Hallase situada esta villa a 213 kilómetros de Teruel, capital de su provincia, a 130 de Zaragoza y 165 de Huesca, distando 45 kilómetros en línea recta de San Carlos de la Rápita, ya en el Mediterráneo.
El remotísimo origen de Valderrobres aparece ya registrado en tiempo de los arévacos, a orillas de un río de caudal perenne; el Matarraña, que, después de nacer en los Puertos de Beceite, va a morir al Ebro en las cercanías de Fayón.
Situada nuestra villa sobre una colina, el Matarraña pasa lamiendo sus plantas bajo el puente de Piedra, hermosa obra gótica de tres arcos, cuyas limpias aguas cortadas por esquinados tajamares dejan la villa a su derecha, asentada sobre la colina que, de carácter al poblado, <<formando sus calles muchos graderíos, excepto la Mayor, que es llana, y viene a ser como la base del anfiteatro que forman los edificios, extendiéndose aquella de uno a otro extremo de la villa>> (1).

Calle es esa, quizá, la única nivelada de Valderrobres que, corriendo paralela al río, toma el nombre de Llana, en la cual aparecen las mas rancias viviendas de la población civil.

Otro puente mas moderno que el precitado de San Roque es el llamado de Hierro, que comunica la población con los arrabales de la misma.

Oteando desde los altos de Valderrobres por el Ebro hacia el Mediterráneo, entre Alfara y Más de Barberans aparecen terrenos poblados de almendros, y después, hasta cerrar la visual, no se ven sino bosques de pinos rodeando la espectacular y accidentada comarca. <<En el desigual aunque no montuoso terreno que al este de Alcañiz se extiende entre el Guadalope y la frontera catalana, a la sombra de espesos olivares y en medio de feraces huertas, viven crecidas poblaciones, gratas y risueñas al viajero, indiferente al artista; Monroy, cuyo castillo albergó prisionero en 1452 al Príncipe de Viana; Valderrobres, honrada en 1429 con la celebración de Cortes y con la permanencia de Alfonso V; Fresneda, Valjunquera y Valdealgorfa, decoradas con suntuosas parroquias de tres naves.>> Esta era la opinión que sobre la comarca tenía el curioso viajero y arqueólogo, señor Quadrado, a mediados del siglo XVIII (2)

No tengo duda de que el célebre arqueólogo e historiador paso de largo por la comarca, quedando sin contemplar nuestro singular castillo señorial del arzobispado, las atrevidas naves de nuestra arciprestal iglesia, del mas puro estilo gótico, y muchas cosas mas que, quizá por la pasión y el menguado gusto de algún ligero informador, hizo desistir al sabio menorquín de su visita a Valderrobres, en aquellos días de pésimas comunicaciones; pero el investigador y la historia lo perdieron.

Un curioso viajero y recopilador, contemporáneo de Quadrado, nos dice de Valderrobres que <<en la plaza se hallan las Casas Consistoriales con la cárcel del partido y sala de Audiencia del Juzgado>>. Y que sus principales riquezas económicas eran el aceite, vino y cereales; ganando lanar, conejos y perdices. Tenía 569 vecinos y 2.276 almas, siendo su presupuesto municipal de 30.000 reales (3)

CONQUISTA DE VALDERROBRES POR ALFONSO II

En la comarca de la <<Caja>> mandaron los visigodos y musulmanes, pero los afanes de reconquista en los cristianos no estaban dormidos. Muerto el << Batallador >>, tras el breve reinado de su hermano Ramiro II el << Monje>> sucedió a este Ramón Berenguer III, conde catalán, casado << nuptiarum futurarum >> con la hija de Ramiro el << Monje >>, Petronila de Aragón, de cuyo matrimonio nació Alfonso II el << Casto >>, que siguió la lucha contra los Musulmanes a partir de la marca del Ebro donde la había dejado el bravo << el Batallador >>. Muerto Ramón Berenguer III, príncipe de Aragón y conde de Barcelona, fue llevado a enterrar al monasterio de Ripoll. Entonces, doña Petronila reunió Cortes en la ciudad de Huesca, en las que, al ser reconocido de sus derechos su hijo Ramón, le hizo mudar su nombre de rey por el de Alfonso.

Después, Alfonso II reunió Cortes en Zaragoza, donde él y los ricos hombres juraron los fueron que convenían al buen gobierno de los estados de Aragón. Confirmó después don Alfonso todos los privilegios que anteriormente gozaban la iglesia y aquellos ricos hombres, dándose entonces por entero a la reconquista.

Era por el año 1170, cuando las fuerzas cristianas entraban por las tierras de los ríos Martín, Guadalope, Matarraña y Algás, viendo el rey grandes posibilidades en el avance. <<Por este tiempo se hazía muy gran guerra a los Moros que estauan en la región de los Edetanos, en los castillos y fuerzas que tenían en las riberas del río de Algás, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, La Frexneda, Valderorraña...>> (4), después de haber ganado las tierras de los confines de los edetanos e ilergaones, con la eficaz ayuda de los caballeros Hospitalarios y Calatravos, a los que se dio <<buena parte de lo que conquistaron>>, cosa muy corriente en las acciones de la reconquista. Valioso testimonio, este que nos da el maestro de los historiadores españoles. Segura refrendación de que en 1170 Valderrobres cayó en las manos cristianas de Alfonso II, cerrado así este periodo de contiendas, abierto en tierras del Islam.

Por <<Peña de Aznar la Gaña>> se conocían Valderrobres y tierras que la circundaban. Con ese nombre aparece citada en muchos documentos del nombre del rey. Se hallaba el del obispo de Zaragoza, don Pedro de Tarroja, a tiempo que el hermano de éste, don Guillén, era nombrado obispo de Barcelona, en la silla que había ocupado don Hugo de Cervellón.

Adelante siguió la reconquista y, después de haber ganado las orillas del Guadalope, se estableció frontera de Alcañiz a occidente, ganando después; Calanda, Aguaviva, Castellote y Las Cuevas, guardando seguros empresas el rey fue ayudado también por los Hospitalarios y Calatravos, a los que después se unieron los caballeros de Santiago, sobre todo en la conquista de la plaza de Montalbán.

EL CASTILLO- PALACIO DE VALDERROBRES, RECONSTRUIDO POR LOS ARZOBISPOS FERNANDEZ DE HEREDIA Y DON DALMAU DE MUR

En lo más alto de la colina sobre que se asienta la villa de Valderrobres, pegado a la iglesia de Santa María la Mayor, con la que comunica por estrecho pasadizo, aún se yergue orgulloso el castillo feudal y señorial de los prelados de Zaragoza, mansión de éstos durante su permanencia por estas tierras, el cual, al evolucionar de modo de vivir de la alta clerecía, fue perdiendo su oficio y misión para que fue levantado por sus poseedores habiendo caído por ello gran parte de si ornamentación primitiva, pero aun conserva partes muy interesantes. En 1989 decía de él un culto sacerdote: <<Es un edificio colosal, todo de piedra de sillería, del que aún se conservan los inmensos paredones, arcos ojivales, etc., dominado la población>>.

Se ve muy repetido un escudo de piedra con siete castillos, coronado por una cruz parecida a la de la Orden de Calatrava. En el curioso manuscrito, hecho por más curioso hombre, se lee después: <<Las armas son del arzobispo don García Fernández de Heredia, asesinado cerca de La Almunia>> (5); y estaba en lo cierto el curioso Mover.

Puestos a estudiar este castillo, que mas parece palacio por el carácter de las zonas reconstruidas en él, al objeto de servir a los fines de los prelados, afecta una irregular forma rectangular, con un exterior gran plaza de armas protegidas por gruesa muralla de vara y media de espesor, que aún conserva sus torreones, desde donde se domina todo el recinto que albergaba la población. Hermosa y amplia panorámica la que desde esta plaza puede gozarse; desde allí, la lejana <<Caixa>> y sus alrededores, la <<Picotsa>> y hasta los puertos de Beceite.

Yacente, a los pies de la iglesia, se abría la entrada a la plaza de armas del castillo, viéndose otro acceso, girando 180 grados hasta llegar al ábside de la misma iglesia, cerca ya del viejo camposanto, abriendo el paso, hermosa pero sencilla puerta apuntada, de piedra. Los dos accesos conducían a la plaza de armas que, por su parte posterior, cerraba la fachada principal del castillo, donde a su derecha se abre otra puerta gótica, ligeramente

*(5) MOVER, GREGORIO: Libro de Visita pastoral, hecho por D ........... durante el arzobispo de D. Vicente Alda. Fº 15. Arch, del Palacio Arzobispal de Zaragoza.


Apuntada, sobre la que aparecen las armas del arzobispo Heredia: siete castillos de plata en campo de gules, cuyo escudo veremos profusamente repetido por toda la planta baja de la fortaleza, dándonos a entender la hidalguía e importancia de aquel arzobispo, aragonés de Munébrega, hijo de un gran maestre de la Orden de Malta.

Probablemente esta fortaleza fue erguida por los árabes, antes de verse amenazados por el avance de los cristianos, ya peligroso en tiempo de Alfonso I el <<Batallados>>. Mas, después de estudiada la parte mas antigua del baluarte, poco o nada hemos hallado pertenecientes a los agarenos; sí de época inmediata a su marcha.

De la conquista de la comarca por el rey <<Casto>>, solo breve nota nos da nuestro gran cronista: <<Por este tiempo, MCLVII, se azía gran guerra a los moros que estauan en la región de los edetanos, en los Castillos y fuerças que tenían en las riberas del río de Algas, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, la Frexneda, Valderobres, Bezeit. Rafals, Monroy y Peñarroja, que están en las riberas de Matarraña>> (6) Luego por lo leído en nuestro grave historiador, aquellas plazas del Algás y Matarraña estaban defendidas por fortalezas levantadas por musulmanes.

Sin embargo, aquella de Valderrobres que perdieron los agarenos, debió mandarla reconstruir su conquistador Alfonso II, que, por ser sitio aquel fácilmente defendible, lo acomodaron para residencia real, y con este carácter llegó a ser posesión de los obispos; mas tarde, del arzobispo Fernández de Heredia, que, comenzada su prelacía en 1383, mandó trazar los planos del nuevo castillo para, sobre el mismo solar donde antes se levantará el regio alcanzar del rey de Aragón, en el que tantos acontecimientos históricos tuvieran lugar, ahora se levantara en la feudal mansión de los señores de aquellas tierras, mandando don García edificar los subterráneos y la primera planta para que, mas tarde, su sucesor, don Dalmau de Mur y Cervellón, catalán, de Cervera, hiciese construir la parte superior, terminada en un gran corredor en el que se abrían redondos óculos desde donde atisbarían los vigías la geografía de los alrededores.

En esos muros exteriores se levantaban tres torres: una al centro y dos en las cantoneras, las cuales terminaban en pequeñas terrazas almenadas desde las que los andadores ejercían su función.

La impotente <<Torre Maestra>> o del homenaje, como señora de la fortaleza, se levantaba en el interior, sobresaliendo entre todas. Hoy, perdidos algunos de los cuerpos superiores, rendida se siente por el tiempo.

DEPENDENCIAS DEL ANTIGUO CASTILLO- PALACIO

Por suerte, entre los documentos del Archivo histórico de Zaragoza, hallamos un relato de la visita que, en tiempo del arzobispo don Fadrique de Portugal y por su encargo, hicieron los arquitectos zaragozanos, Juan de la Mica y Juan de Galí, a distintas propiedades del arzobispado; una de ellas a Valderrobres (7).

Al castillo se entraba por las dos puertas laterales, abiertas, en la conjunción del castillo con la iglesia, las cuales conducían a la amplia plaza de armas. Allí se abría una puerta gótica de largas dovelas. Traspasada a mano izquierda se entraba en la << establía >> o caballerizas. Más adentro aún había otra gran estancia. En el mismo paso, también a la izquierda, se abría el alojamiento para los mozos de caballos. Al frente del corredor se llegaba a un gran recinto cuadrangular, de características semejantes a una sala capitular, ya que en ella aún se conserva el poyal donde se sentaban los concurrentes, el cual recorre todo el recinto a excepción de los vanos. Iluminaba la estancia la luz solar que entraba por dos ventanas, << con dos rexas de ferro>>


(6) ZURITA: Anales de Aragón. Lib. II, fº 75
(7) protocolo del notario Salvador de Avizanda. 1532. Arch. Histórico de Zaragoza.


Esta, que debió ser cómoda estancia, se cubrió con bóveda plana sostenida por arcos rebajados. Al fondo e izquierda se abría otra puerta, en cuya clave figuraban las armas de Fernández de Heredia, que daba paso a la bodega vinaria, << en la qual hay tres cubicas y no se siruen dellas; la una es de cabida de dotzne nietros, poco mas o menos, la otra es cabida de ocho nietros.., y otra es de cabida de deys nietros de vino >> (8)

LA CÁRCEL DE LA CLERECÍA Y EL GRAN SALÓN DE LAS <<CHIMENEAS>> DONDE SE CELEBRARON LAS CORTES DE VALDERROBRES.

En nuestra exploración por las dependencias del castillo hallamos una, llamada cárcel clerigal, en la que, bajo la solera del dicho calabozo observamos Sala de Deliberaciones, a la entrada del castillo de Valderrobres, en la clave de cuya puerta aparecen las armas del desgraciado arzobispo D. García Fernández de Heredia


(8) Visita hecha a las propiedades del arzobispado de Zaragoza. Prot de Salvador de Avizanda. Año 1532


Una brecha por donde se podía bajar al llamado <<Pozo de la mano peluda>>, ante el cual los padres solían amedrentar a sus hijos cuando, buscando el peligro, fueran por los recovecos del histórico castillo. Mas aquello no era, ni mas ni menos, que la bajada a un pasadizo de liberación que, a través de él, se llegaba hasta la orilla opuesta del Matarraña, cuando el fuerte estuviera sitiado por fuerzas del exterior. Esta, y no otra razon permitio a Zaragoza, que castigado allí estaba, cuando de la prisión huyó.

Puerta contigua y en ángulo con la que da entrada al descrito calabozo era el paso que utilizaban los prelados y señores, cuando iban desde sus habitaciones de palacio hasta su capilla de la iglesia de Santa María la Mayor.

Desde este punto, subiendo por una escalera, se llegaba al amplio recibidor, donde por dos puertas de medio punto, rematadas por el escudo de las armas de los Heredia, se entraba al gran salón de las Chimeneas, de gran extensión y altura, cubierto por bóveda apuntada, cuyos arcos sustentadores de la cubierta aparecen hoy desnudos, simulando las costillas de un gran esqueleto. En el testero se abren dos ventanales ajimezados, de los que han caído sus finas columnas o ajimeces. Entre ellos, a lo alto, aparecían de nuevo las armas heráldicas del arzobispo Fernández de Heredia, y, a la altura de la superficie de la solera, se abría una gran chimenea cuyo fuego daba calor a la presidencia.

En los paramentos de la derecha había otros tres grandes ventanales góticos rematados por finca crestería calada, que sostenían delgadas columnas cilíndricas a manera de ajimez. En el centro de este amplio paramento se abre otra chimenea, y una tercera en los pies del salón. Esta, mas grande que las demás. Encendidas todas ellas, constituían la calefacción de este vasto recinto, donde en el invierno de 1429 se reunieron las cortes convocadas por el rey Alfonso V de Aragón.

En este mismo recinto se celebraban los grandes agasajos culinarios. Por adaptación, a los pies de la estancia se abría estrecha puerta, por donde pasaban las viandas al gran salón donde se hallaban los comensales.

LA GRAN COCINA DEL CASTILLO- PALACIO

En aquel amplio recinto, ya descrito, se celebraban los dichos festejos culinarios de que los prelados eran anfitriones; por eso, la dependencia en que ahora estamos era vecina a la del arte cisoria, cosa que nos aclara el documento de 1532, cuando leemos: <<Item, entrando por la derecha sala, a mano derecha esta la cozina con un fornico para cocer pan o pasteles. Esta la chamynera algo dirruyda>> (9). Era ésta una cuadrangular y ancha estancia, hoy llena de escombro, bajo el cual yace el fogón.

En la parte baja, a un lado, se abría horadada la pared, formando una credencia o foramen a manera de torno, par el servicio que a estos se da en los conventos, comunicando la cocina con el comedor, para por dicha abertura pasar los alimentos.

Cocina era de gran altura. De la solución cuadrada se pasaba a la octogonal por cuatro trompas persas abiertas en los vértices, sobre las que aparece montada la solución ochavada, elevándose a la altura de los ocho paramentos para reunirse en un óculo central, desaparecido hoy, al caer el suelo la cubierta de la dependencia. Por dicho óculo salían los humos. Estupenda dependencia digna de estudio, aunque una muy semejante a ésta, hemos visto en el recinto, hoy destinado a museo, de la catedral de Pamplona.

Un poco mas adentro estaban la recocina y despensa, como expresa el citado protocolo de Zaragoza: << Item, entrando por la dicha sala, a mano izquierda, hay una cambra con su chaminera. Esta buena. Item, mas adentro de una cámara entablada y dentro de aquella hay setze jarras de tierra, y las tres dellas son quebradas. Item, mas adentro hay otra estancia y, dentro de aquella, otra. Están buenas >> (10)


(10) Ibidem.


Sin duda, en las dichas estancias guardaban los aprovisionamientos de cocina, salazones, conservas y los consiguientes adminículos.

LA <<SALA DE LOS LEONES>>

Aún quedaban en el palacio algunas estancias de primer orden, hoy desaparecidos. Observamos esto al leer en el protocolo: <<Mas adentro hay Otra estancia que se dice de los Leones>>. Sin duda era una sala, llamada, así, por esta delicada al rey de la selva, de cuya imagen aún queda representación. Recuerdo que una de las noches en que residía en Valderrobres, paseando iba después de cenar, bajo la fina lluvia, cuando al pasar el portal de San Roque advertí dos altos pedestales que en su cima mantenían un león cada uno, tallado en piedra, pareciéndome obra de mucha antigüedad. Estos eran los << leones >> que daban nombre a una de las salas principales de la mansión arzobispal. Decimos esto porque, en tiempo en que se escribió el protocolo notarial, este le daba su importancia.

LA <<CÁMARA DORADA>> Y LA <<NECESARIA>> DEL PRELADO

Bien conservada estaba aún la llamada Cámara Dorada, que se hallaba un poco mas allá de la sala de los leones y, a juzgar por lo que dice nuestro documento, estaba en buen estado cuando los arquitectos del arzobispo la visitaron, en el primer tercio del siglo XVI. El testimonio notarial, tantas veces nombrado, dice que, después de la de los Leones, hay << otra estancia mas adentro, que se dize la CAMBRA DORADA >>. Una vez hecha la inspección, sanciona diciendo: << está buena >>

Debió ser esta una de las mas ricas dependencias del castillo- palacio, hasta inclinarnos a creer que debió estar cubierta por un artesonado hecho por el gremio de los fusteros, que en aquellos tiempos tan queridos eran para ornamentar esta clase de construcciones. Por eso, con este nombre se conoció la sala, donde luciría el oro del arzobispo y hasta quizá sus armas heráldicas, mas en la actualidad nada queda ya de ello.

Marchando íbamos entre las ruinas de la arquiepiscopal mansión con nuestra descripción en las manos, siguiendo la ruta de los <<obreros de villa>>, leyendo a continuación: <<antes dentrar en una scalera que baxa a la capilla del arçpbispo hay una necesaria, y, baxando una scalera y enfrente de aquella, hay una capilla que se dize del arçobispo>>.

Aquella que lo arquitectos Mica y Galí llaman <<necesaria>> era una piedra horadada con dos orificios redondos, en uno de los cuales se sentaba a haces sus necesidades el prelado. No importa que fuera bipersonal. El retrete, con su piedra, era un saliente al abismo por el que caía despojado el <<detritus>>, consumiéndose en la base exterior de castillo.

El orificio del lado izquierdo del lado izquierdo aparece hoy descantillado, inclinándome a creer que no fue esto por el uso, sino por el abuso de los <<honderos>> errantes del castillo señorial, que quizá en ellos tomaron venganza del histórico señor personal.

De esta capilla de los señores arzobispos pasamos de largo por describirla al hacerlo de la iglesia arciprestal.

HABITACIONES ALTAS PARA LOS SERVIDORES DEL PRELADO

Ascendiendo por la escalera se llegaba a un << patín >>, por el que se entraba a una << olivera >>, donde, para el consumo de la casa, acostumbraban guardar la aceituna de la cosecha, y no era solo este lugar donde guardaban tan rico fruto: llenaban, también de él, otras dependencias.

Alrededor de aquel <<patín>>, que era un gran patio, se abrían otros dos, con sus arcos de cubrición, descubiertos, cuyos lugares habían sido en otro tiempo sendos alojamientos. En una de las pequeñas estancias se veía otra << necesariamente >> o servicio higiénico, que debió ser destinado a la servidumbre o al cortejo prelacial.

LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA LA MAYOR

Casi a la altura máxima que domina la villa, donde se alzan los muros del castillo, pegada a este y con él comunicada, se levanta la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, cuyo nombre, mas tarde del Pilar.

Fue la iglesia de Valderrobres construida en tiempo del rey Jaime II de Aragón, comenzando las obras a fines del siglo XIII.

Toda la iglesia está construida de piedra, en purísimo estilo gótico de la época, apreciándose esta particularidad en todo el conjunto.

Es de planta de una sola nave, ancha y de espléndida proporción, como para albergar un crecido número de feligreses en los oficios.

Sin crucero, con cabecera de línea heptagonal. La nave se alarga si correr de tres tramos; el último, a los pies, quedó derruido en 1865, porque <<se deslomó parte de la Iglesia, por detrás del Coro actual, y aún no se ha levantado lo caído. Sucedió hace unos 23 años>> (11)


(11) Libro de Visita Pastoral, hecho por don Gregorio Mover en 1898, najo en el arzobispado de don Vicente Alda. Manuscrito de la Secret, del Palacio de Zaragoza.


Muy curioso es el ábside del que, entre sus contrafuertes, salen proyectadas hacia el exterior tres capillas pentagonales de reducidas dimensiones. De la clave del interior de dicho ábside bajan ocho nervios hasta derramar en la solera, entre los que se abren siete esbeltos ventanales góticos; tres prácticos y cuatro ciegos o simulados con leve baquetonado.

CAPILLA-TRIBUNA DE LOS PRELADOS DE ZARAGOZA

A ambos lados del primer tramo se abren gemelas capillas laterales de igual altura, cuyas cubiertas son sostenidas por haces de cinco nervios radiales. En este tramo, a la izquierda, se aloja antigua y sumaria pila bautismal. Sobre la bóveda se abre ideal y discreta y discreta tribuna, desde la que los prelados de Zaragoza asistían a los oficios religiosos, cuando aquellos ejercían su dominicatura sobre las tierras de la comarca.

En la tribuna, cerrada a la nave por bella celosía de arcos ojivales, entrecruzados, de piedra finamente labrada, los prelados tenían en ella su Capilla particular para celebrar en privado. A ella se accedía, bien por escalera de caracol, desde la iglesia, bien por estrecho pasadizo desde una de las salas del castillo, en el que aparecen labradas en piedra las armas de los arzobispos López de Luna y Mur y Cervellón.

En el suelo de esta tribuna se hallaba entablado, así como las paredes de la misma, hasta la altura de dos varas, para combatir el duro clima de esta tierra.

En el tramo central de la iglesia se abre a derecha la puerta principal, sobre la que aparece enorme y bello rosetón, uno de los mas espléndidos de su estilo y tiempo. Frente a lo descrito, junto a pequeño recinto que fue Baptisterio, modesta puerta cierra el paso a la escalera espiral de piedra, donde entra luz natural por delicado ventanal trilobulado. Esta es la escalera de caracol ya nombrada que conduce a aquella hermosa capilla privada de los prelados.

UNA ANTIGUA CAPILLA EN EL TIEMPO, CUBRICIÓN DE ESTE.

En el testero del último tramo, hoy en reconstrucción, se alzaba el coro y, sobre éste, el órgano.

En el lado de la Epístola se abría el altar de Santiago y, en el Evangelio, una de las capillas mas antiguas del templo, a juzgar por la historia esculpida en la clave de la techumbre, donde se veía la imagen de un rey, quizá Jaime II, mostrando un pergamino en sus manos, que era la escritura de fundación del templo y el dinero para costear la obra.

Bajo el coro se abría una puerta rematada por pomposo gablete gótico al exterior, comunicando la iglesia con la calle, junto a los muros del castillo y una de las dos puertas que lo franqueaban.

En general, es muy simple la cubrición de la amplia nave de esta iglesia, cuyos tramos son sustentados por cuatro nervios mixtilíneos del incipiente estilo gótico, de piedra, los cuales e unen oblicuamente en la clave después de recorrer la cubierta, para en su bajada descansar junto a los paramentos, sobre cinco baquetones en minoración, que adelgazan a medida que se aproximan a la pared.

Muy curiosas e historiadas son las claves que encierran las cubiertas. La de la cabecera tiene esculpida la figura de la Virgen con un ángel a cada lado; el Niño sobre el brazo izquierdo, y en su mano derecha porta un roble, símbolo heráldico de la histórica villa. La clave del segundo tramo muestra en relieve la figura del Cordero, emblema de la Iglesia Metropolitana de Zaragoza. En la tercera clave aparece el obispo de Zaragoza, revestido de capa mitra y báculo, bendiciendo el templo de Valderrobres, con un diácono a cada lado.

EL ALTAR MAYOR, DE JERÓNIMO VALLEJO, <<COSIDA>>

Fue deseo de don Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, construir en Santa María la Mayor un altar, digno de esta predilecta villa de su archidiócesis, había llegado don Hernando a Valderrobres, en marzo de 1545, habiendo entrado en las tierras de su dominicatura, <<porque había mucha necesidad de su presencia en aquel lugar y su tenencia >> (12).

Era sábado, víspera de Pascua de Resurrección, cuando el prelado se decidió a realizar algunos proyectos que, en favor de Valderrobres tenía. Uno de esos días administró la Confirmación a todos los críos de la villa y alrededores. A continuación, bendijo dos campanas, quizá para la torre de la iglesia.


(12) ESPÉS, DIEGO DE: Historia eclesiástica. Ms, de la Seo de Zaragoza. Fº 806, vº


Otro día llamó a Jerónimo Vallejo, << Cosida >>,su consejero artístico,<< el mejor de cuantos pinto res ha habido en Aragón en aquellos siglos >> (13) , para comunicarle su deseo de construir un altar mayor para la iglesia parroquial, quedando concertada la confección de dicho retablo , en esta misma villa, el día 6 de mayo, ante el << notario Hierónimo Paier, y Jerónimo Balexo, pintor, que era de los mas hábiles y aventajados del reino, en tiempo de tres años... por precio de la primicia que el pueblo tine por once años, que valdrá dos mil quinientos sueldos y. el arzobispo se obligó a dar luego para que el pintor empezase la obra, trescientos ducados, que de esto les quizo ayudar y hacer merced >> (14). También se ajusto que la obra << había de ser muy buena pieza, así el retablo como las puertas muy bien pintadas>> Finalmente, a 27 de agosto de aquel año, se ultimó el compromiso de Zaragoza, ante el notario Juan de Alfaxarín; mas, nada importante recoge este protocolo, por hacerse escriturado antes las características de la obra, en el precitado documento de mayo, en Valderrobres (15)

Se sabe que, en el tiempo convenido, << Cosida>> dejó terminado el retablo, tanto la labor de pintura como la de fustería, quedando dividido en cinco calles, con un bello basamento de mas bellas perspectivas que franqueaban dos puertas para dar paso al trasaltar, en las que pintó las imágenes de San Pedro y San Pablo, terminando este colosal retablo en un ático, donde aparecía el Calvario.

A la altura del segundo cuerpo, dentro de una hornacina, fue colocada la imagen de Santa María la Mayor, bella escultura tallada en madera por el cincel de Bernardo Pérez, célebre imaginero que había trabajado en el sepulcro del abad, Lupo Marco, que aún puede verse en la iglesia del Monasterio de Veruela y también, en el enterramiento del arzobispo don Hernando de Aragón, contratado con el prelado en 1550, y montado en la catedral de la Seo de Zaragoza.

Sobre la hornacina de la Virgen, en un vano aparecía un círculo sostenido por dos ángeles, dentro del que se albergaba la custodia con el santísimo, como era costumbre manifestar en los templos aragoneses.

El gran retablo de Valderrobres iba encerrado en anchas pulseras, apareciendo en ellas, a la altura del tercer cuerpo, en ambos lados, las armas parlantes de Valderrobres a gran tamaño y, también, duplicadas en lo alto de las pulseras, las armas genealógicas de la casa real de Aragón, a la que pertenecía el arzobispo don Hernando.

Durante nuestra guerra civil, parte del retablo fue destruido, salvándose importantes fragmentos de él, entre los que se cuentan; la predela, una de las puertas y gran parte de la fustumbre, lo que, con ayuda de algunos testimonios gráficos, se pudo después restaurar y completar, por los hermanos Albareda. Hoy, tan bello y monumental retablo se halla almacenado en uno de los desvanes del viejo Hospital de la Caridad, en la misma villa.


(13) ABIZANDA Y BROTO, M,: Historia y literaria de Aragón, tº II, pág. 48
(14) ESPÉS, DIEGO DE: Op. Cit.
(15) Archivo Histórico de Protocolos. Zaragoza. Escribanía de Juan de Alfaxarín 1945, fº 450


LA MONUMENTAL CRUZ PROCESIONAL VALDERROBRES

A todos interesa conocer el valor de esta poco conocida joya de nuestra villa turolense.

Tan hermosa pieza fue extraviada en los días de nuestra guerra civil. Durante la contienda, alguien la retiró conociendo su valor, además de otras joyas, guardándolas en lugar seguro. Al terminar la guerra fue traída a Zaragoza por la junta de Recuperación, depositándola en el Museo Provincial. Allí, dentro de una gran vitrina, se expusieron buen número de cruces profesionales, procedentes de otros tantos lugares. Serían de ocho a diez las que esperaban que alguien las reconociera y reclamará.

Poco a poco se fueron devolviendo a su lugar de origen, éstas y otros objetos litúrgicos, quedando al fin en dicho Museo solamente una de gran tamaño. Las restantes, si no se devolvieron a su procedencia, se entregaron en el Palacio Arzobispal de Zaragoza.

Allí durmió varios años la cruz de Valderrobres, como también había dormido en nuestra ciudad, cuando fue exhibida en la Exposición Hispano-Francesa de 1908-1909, entre las joyas mas selectas de conocidas en España.

Esta alhaja es de grandes proporciones, una de las mayores en su género; 1,30 de altura por 0,60 de extremo a extremo de los brazos. Toda ella es de plata contrastada, aunque alguna de las partes, fundidas (las figuras); otras, de gruesa chapa repujada, yendo toda clase de piezas cinceladas o repasadas a buril. Una vez estudiada, hemos comprobado ser obra del siglo XVI.

La cruz tiene dos caras, cuyas faces presiden las figuras de Jesús crucificado y la Virgen con el Niño. En la primera, el centro del travesaño. Aparecen los medallones cuadrifolios con los símbolos de los evangelistas; a izquierda, el león de San Marcos; a derecha, el toro de San Lucas.

La figura de Cristo centra la luz, apareciendo con las características goticistas que requiere el conjunto de la obra. Los terminales del brazo rematan en hermosas macollas repujadas, yendo todo aquel, rodeado de delicada crestería. En el brazo vertical de la joya se completan los símbolos de los evangelistas, viéndose arriba el águila de San Juan y, abajo, el ángel de San Mateo. Sobre y bajo ellos, se repiten las macollas terminales del brazo.

La base de la cruz está formada por un gran nudo en forma de templete, de traza gótica, el cual coronan ocho Apóstoles con sus correspondientes atributos, cerrando el remate en línea poligonal. En la parte baja y mas gruesa del nudo, aparece un momento del Tránsito de la Virgen, acostada en su lecho, rodeada de los Apóstoles. En el fondo, aparece el alma de la Madre de Dios subiendo al cielo, amparada por dos ángeles. Sobre el grupo, la figura del Padre Eterno con el Espíritu Sano en forma de paloma. Bellísimo grupo donde el artista ha agrupado figuras y símbolos, en el menor espacio.

En las hornacinas laterales del hexágono que forma el templete se albergan dos Apóstoles, los cuales, hasta el número de doce, aparecerán en la cara opuesta.

Toda esta complicada imaginería aparece alojada bajo doselete gótico, viéndose las escenas separadas por decorativos angulares, colocados a manera de los arbotantes de nuestras góticas catedrales, que dan cierta delicadeza al conjunto.

En el envés de la cruz aparece la imagen de la Virgen, centrando aquella.

En los laterales del travesaño, a la altura de Nuestra Señora, aparecen las imágenes de San Juan y María Magdalena, en bulto redondo, sobre cuadrifolios.

En lo alto del vertical de la cruz, sobre otra plancha cuadrifoliada, aparece un hermoso pelícano con sus tres crías, encima de un nido caprichosamente tejido con filamento de plata. Simbólico tema, que acrecienta nuestra admiración por la contagiosa simpatía que despierta esta graciosa figura.

Bajo la imagen de María, sobre otra plancha similar a las anteriores aparecen la figura del arcángel San Miguel como jefe de la milicia celestial, cuyo motivo, al igual que los oreos tres citados, remata en una gran macolla.

Igual que en la cara anterior, en el basamento vuelven a aparecer los apóstoles alojados en sus capillitas, coronado esta parte de la rica obra. Mas abajo. Cobijado en caprichoso dosel, centra el templete el grupo del Descendimiento de la Cruz, en el que Jesús aparece sostenido en pie por la Virgen y San Juan, viéndose en el fondo la cruz de su martirio.

El gran artista, creador de esta magnífica joya, nos ha recordado en la agrupación de sus masas aquellos grupos de imaginería tallados por los Morlanes, Joly, Forment y Pedro Moreto, alojados en los altares de los templos catedralicios de las tres provincias aragonesas, los cuales eran concebidos al mismo tiempo en que Orona construía la singular cruz procesional de Valderrobres.

EL PUNZÓN DE ZARAGOZA, CON EL LEÓN.
Y LA FIRMA DEL ORIFICE QUE CONSTRUYÓ LA JOCALIA.

Difícil es hallar en joyas de esta especie la filiación de ellas y nombre de su artífice, porque hasta finales del siglo XV rara vez firmaban su obra los plateros. Pero ya entonces se notaba la necesidad de una garantía o fidelidad, exigidas en el servicio público, lo que, atendido por los Reyes Católicos, fue cuando dieron órdenes para que en las ordenanzas de los gremios se incluyera una por la que se decretaba que cada platero tuviera su punzón propio, con el que marcaría las piezas procedentes de su taller.

ORONA

Nada que pudiera identificar la joya aparecía en la cruz de Valderrobres; sin embargo, desmontada, de cinco a seis veces apareció el punzón de Zaragoza que, con una sola vez, hubiera quedado cumplida la ordinación real.

También en nuestro reino los plateros de Teruel, bien marcaban las tres primeras letras, bien las seis del nombre completo; TER o TERUEL y, debajo, su inconfundible torico, con el truco pendiente de su cuello.

Los de Huesca firmaban OSCA, con la imagen del guerrero victorioso sobre su caballo. Los de Zaragoza insculpían; CES, del latino Cesaraugusta, y a continuación del anagrama iba el león de Zaragoza acompañado al CES, solo una vez aparece el nombre del orfebre en nuestra cruz. Para verlo hizo falta desmontar la joya, y en ella apareció trazada con recato la firma y, cubriéndola, aparecía la imagen de San Miguel, de tal manera que, sin desmontar la pieza para hacer su restauración, no hubiéramos podido observarla. Allí, con toda la claridad, aparece el apellido ORONA; solamente las cinco letras, y no más.

Pero ¿Quién era Orona? Puestos a averiguarlo, poca cosa se halla sobre este artista que, avecindado en Zaragoza, trabajaba en el siglo XVI. Su nombre era Juan.

La primera noticia sobre el apellido la hallamos sobre un platero de Barcelona, llamado Marcos, que en junio de 1560 el orífice de la cruz de Valderrobres es un Juan de Orona, del que nos da noticia el conde de la Vizaña, nuestro paisano, en sus << Adiciones al Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes >>, de Ceán Bermúdez. El dice que fue el platero Juan de Orona, y no el pintor Jerónimo Cosida, quien dio los dibujos para hacer la cabeza del busto de San Hermenegildo, mandado hacer por el arzobispo don Hernando para la catedral de la Seo, que el mismo Orona repujó y talló en plata, el año 1562.

Parecidas cosas sobre el San Hermenegildo vienen a decir los hermanos Anselmo y Pedro Gascón de Gotor, pero dando como proyectista de la obra a Cosida y la realización de la obra de Orona: << Jerónimo Cosida, el mismo quizá que dio el apunte para el busto de San Hermenegildo, que también se conserva en este templo, obra ejecutada en 1562 por Juan de Orona, a expensas del magnánimo arzobispo don Fernando de Aragón >> (16)

El mismo conde de la Viñaza nos habla de Juan de Orona, platero de Zaragoza que en 1578 recompuso y perfeccionó la cruz procesional gótica de la parroquia de Santa Magdalena de Zaragoza, lo cual, en 1480, había compuesto platero Pedro Durans, pero que a fines del mismo siglo XV había quedado deshecha esta preciosa obra.

De nuevo hallamos el nombre del <<platero Juan de Orona, avecindado en Zaragoza>> en un contrato profesional, por el que se obligaba a confeccionar una custodia de plata para la iglesia parroquial de Cenarbe, villa de las montañas de Jaca, en el Reino de Aragón.

En el protocolo se acordaba que Juan de Orona <<ha de hacer una custodia de plata para la iglesia de San Pedro de Cenarbe, hecha y acabada y Puesta en perfictión, de peso de cuarenta y cinco escudos de oro, poco mas o menos>>, firmándose el acuerdo en 29 de diciembre de 1583, en Zaragoza.


(16) Zaragoza Monumental, Artística e Histórica, Zaragoza, 1890, t. II. Pág 212
(17). Es éste el último documento que sobre Juan de Orona hemos encontrado.


DESPUÉS DE LA GUERRA, APARECE LA CRUZ EN ZARAGOZA.
RESTAURACIÓN Y TRASLADO DE LA JOYA A VALDERROBRES

Nadie supo como había desaparecido nuestra cruz de Valderrobres, pero después de terminada la guerra, un día apareció en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza, acompañada de buen número de joyas litúrgicas procedentes de muy distintos pueblos de la región aragonesa.

Un día, no recuerdo que orador -pudo ser don José Galiay-, nos habló de aquel tesoro allí depositado por los señores de la Junta de Recuperación, cuyas piezas aparecían depositadas y expuestas al público en grandes vitrinas de cristal, para que todo el mundo pudiera contemplarlas y denunciar su origen; después devolverlas a su procedencia. Así se hizo con algunas de aquellas joyas, enviándose las restantes al palacio arzobispal, quedando en el Museo solamente una cruz de plata de gran tamaño, la cual, dentro de un arca de madera aún permanece, esperando que alguien (será ya raro) la reconozca.

La cruz de Valderrobres en el palacio de la plaza de la Seo se guardaba, hasta que un día el canónigo señor Gil Ulecia la identificó, valiéndose de una fototipia de Hauser y Menet, del libro << Exposición retrospectiva de Arte >>, de la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1908, escrito por el malogrado profesor francés Emile Bertaux. Compradas fototipia y joya, identificada quedó ésta.

Un día fuimos a Valderrobres entrevistándonos con el párroco don Leandro Lop, quien nos encomendó hacer algunas gestiones en Zaragoza, que cumplidas quedaron. Después, personado dicho señor en nuestra ciudad, en compañía del alcalde de aquella villa, don Enrique Micolau, los tres nos dirigimos a palacio, donde después de firmar una época por la comisión, el señor del Valle nos hizo entrega de la cruz, en nombre del señor Arzobispo.

A continuación, fue llevada dicha pieza al taller del restaurador joyero Waldesco Balaguer, artista de tradición aragonesa, quien ante la pieza hizo las advertencias necesarias sobre su posible restauración y modo de completar sus pérdidas que no eran pocas.

La cruz fue desmontada y, visto el número de defectos que habían aparecido, el orífice se dedicó a fundir y repujar toda pieza necesaria, para ensartarla como se debía en el conjunto.

Fue entonces cuando, aprovechando que el despiece estaba sin ensamblar nos valimos para estudiar la cruz en su detalle.

Completada y repasada toda la obra, el artífice se dedicó a montar el conjunto de la rica presea, tal como hoy puede apreciarse, llegando de nuevo a tener un peso neto de plata trabajada igual a 7.850 kilogramos.

Como debió tener cuando salió de las manos del platero Juan de Orona, en el siglo XVI.

Preparada la obra, día grande ha sido para Valderrobres el de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto, en que ha vuelto a su tradicional alojamiento de la Iglesia de Santa María la Mayor.

ARQUITECTURA CIVIL DE VALDERROBRES:
LA PLAZA MAYOR Y LA CASA DE LA VILLA.

Muchos de los grandes casones levantados en este pueblo han desaparecido. Sin movernos de su Plaza Mayor, apreciamos la transformación que ha sufrido una gran casa que antes se abría frente a la salida de la puerta de San Roque y de la fonda donde me hospedo. En la pared de dicho casón ha quedado prendido un pequeño escudo francés, de piedra, en cuyo campo aparecen dos osos en actitud de luchar uno contra otro, yendo el escudo surmontado por yelmo y lambrequines. ¿Son armas de los Bielsa?

Otra casa noble de esta plaza es la que aún llaman de los Pereret, cuyos amplios balcones son sostenidos por salientes zapatas de piedra, de línea escalonada. En este clásico edificio aparecen ocultas dos de dichas zapatas, de donde salen hacia el exterior dos miradores de cristales que descomponen la armonía de la fachada. En un sobrebalcón de la planta noble aparece un escudo de armas, flanqueando por dos lobos tenantes, cuyo acentuado sexuado pronto distingue el macho de la hembra. En el campo del escudo aparece una mano extendida, que puede ser armas de los Guilleuma o Manero.

Otra magnífica casa señorial parece frontera a la del Consejo, separada de esta por estrecha calle que viene del puente de San Roque, casa donde he recibido posada, las veces que en Valderrobres moré. Ella tuvo quizá su piedra armera, hoy desaparecida, si no es que se encuentra tras el rótulo de la industria que en ella se alberga. Esta casa ha sido muy desvirtuada por los hombres y el tiempo. Tenía tres plantas, terminando en amplia terraza. Cerrada por un poyal de góticos remates. En el cantón aún se yergue cuadrilátero torreón que acaba en cuatro remates angulares.

En esta plaza Mayor se levanta la casa del Concejo de la Villa, comenzada a construir en el último cuarto del siglo XVI, y terminada en 1599, fecha que aparece en los dos escudos heráldicos: sobre la puerta de entrada, bajo los porches, y en el que aparece tallado sobre la piedra angular, a la altura de la primera planta, donde se ven dos míticos grifos tenantes, macho y hembra, de perfil, sosteniendo el escudo de la villa: un corpulento roble.

Todo el edificio es de piedra de sillería, constando de tres plantas: la primera destinada a calabozos y viviendas de alguaciles; la segunda a oficinas municipales, y la tercera a solanar, en el que termina la construcción, amparada por magnífico alero de manera tallada.

Los balcones de la planta principal aparecen enmarcado r por sencillas pilastras que sostienen frontones triangulares; hermosos salientes de hierro forjado, protegidos por repisas, en voluta del mismo metal, tan características de los talleres de forja aragonesa.

El cuerpo mas alto del edificio forma una << loggia >> o solanar, que protege el atrevido alero. Magnífico conjunto arquitectónico del renacimiento aragonés, que en 1929 mereció ser reproducido en el Pueblo Español de la Exposición Internacional de Barcelona.

CASA SOLARIEGA DE LOS MOLES

Familia de reconocida limpieza de sangre, desde antiguo, y de raigambre en Aragón, como ya dijimos. Por eso, alguna vez se oyó decir: << Si no fueran los Moleses, no habría aragoneses >>, de cuya estirpe hablamos, al hacerlo de la cruz de Valderrobres.

La casa solariega de aquellos aún se mantiene en pie, situada en la antigua << carré Pla >> o calle Llana, que hoy se conoce por Mayor, llevando el número 5, en la misma acera y muy próxima a la Casa Consistorial.

Tiene ancha fachada, con dos puertas de medio puntos; una de ellas, principal, aunque en la casa se hicieron importantes reformas, de su primitiva distribución quedan muchos restos, que denuncian una construcción de finales del estilo gótico. Sus ventanas son rectangulares.
Tiene planta subterránea comunicada con el río Matarraña; planta entresuelo para caballerizas, cocheras y almacenes; planta noble con atrevidos balcones y ventanas y, por último, el ático a manera de solanar aragonés, todo el recorrido por arquería de medio punto, protegida por saliente alero de maderamen.

Sobre la puerta principal, aún campea el escudo heráldico de los Moles, ya de época de Felipe III; escudo partido. En el campo superior, tres muelas rematadas por cruces latinas; en el inferior, cinco rombos, yendo sobre el escudo un yelmo alado, apareciendo todo rodeado por los lambrequines. En el pie aparecen las letras MO-LES, quedando el apellido por mitad, a izquierda y derecha del escudo.

Aquella debió ser una espléndida mansión que, amueblada, como sus moradores requerían, debió ser la envidia de la comarca.

LA MEDIEVAL PUERTA DE SAN ROQUE

Cruzando el hermoso puente de piedra, cuyo tajamar cae a nuestra derecha, se llega frente a la Puerta de San Roque, también llamada de los Leones, por la que se entra a la villa.

La puerta, toda ella construida con sillarejo de piedra tallada, está flanqueada por la casa del Consistorio, y al otro lado por una antigua casa medieval con ínfulas de recinto fortificado, que en la parte del río ha perdido casi todo su carácter, aunque su fachada que da a la plaza Mayor conservé muco de su primitivo carácter, sobre todo en su cuerpo terminal.

La Puerta de San Roque, en sí, presenta la forma de una torre del homenaje con sus defensas, terminando en una terraza almenada, de la que en su parte anterior falta una torrecilla. En lo alto aparece una barbacana, sosteniendo su antepecho tres sólidos modillones.

El arco de entrada lo componen una serie de albanegas en despiezo radial, descansando en los almohadones que forman el pie. Sobre la clave del arco se abrió en otro tiempo una hornacina, que cobija la imagen de piedra del santo titular.

Sobre pétreos pedestales de 1.70 metros de altura, pegados a las jambas de la puerta, parecen dos hermosos leones coronados mostrando las armas de Valderrobres encerradas en un escudo. Son estos, los leones que bajaron hace muchos años de una de las salas del castillo, a la que daban nombre, como ya se ha dicho.

Las dos figuras del rey de la selva debieron ser hermosas esculturas, pero hoy se ven maltratadas por el tiempo y los elementos, viéndose una de ellas decapitada, y su hermana con alguna mutilación, pero, a juzgar por los restos de su talla, hermosos debieron ser estos hermanos leones.

EL <<PARRIZAL>> DE BECEITE Y LA <<CAPRA HISPANICA>>
DE LOS <<PUERTOS>> Y EL MATARRAÑA.

El llamado <<Parrizal>> es una región natural, abierta en ambas orillas del Matarraña, que debe su nombre a que antiguamente se criaban en ella buen número de <<parrizas>> o parras silvestres, que en latín llamaban <<labruscas>>, las cuales han desaparecido, ocupando aquellas zonas de vegetación los macizos de boj, encinas y acebos, pino silvestre, carrasco y laricio, apareciendo la solera cubierta de gayuba y plantas rastreras, con abundancia de hiedras y gramíneas.

Zona muy accidentada del río Matarraña, viene desde la parte alta de la cuenca, ornada de riscos y grandes peñascos que otrora se vieron envueltos en el paso de las aguas, cuando el río era mas caudaloso. Después de pasar aquella región de la cuenca, se llega a una parte del cauce que recibe el nombre de << Las Gumias>> por los accidentes que en ella parecen afectando formas de pilas, seguramente mas afiladas en épocas anteriores a la nuestra. Las cuales el tiempo y los fenómenos atmosféricos han logrado redondear y matar sus artistas, como puede verse en el paraje de la <<badina Negra>> del Parrizal, en su parte alta.

El cauce del río llega a ser estrecho; otras veces, mas ancho, se abre en amplitud desmesurada, para cerrarse a continuación en encañonamientos que estrechan gruesos murallones naturales, como en el famoso <<Estrecho del Parrizal>> hasta pasar por el <<Mas de Lluvia>>, siguiendo el cauce su destino hasta cerca de la villa de Beceite y, en su salida, rodear el pueblo lamiendo en la llanura sus pies, paseándose a continuación hasta más alta de Valderrobres al recibir el Tastavins.

Entre aquella accidentación temibles son las tormentas que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen continuo deslave de tierras, a lo que ayuda también el fuerte viento <<mestral>>, corrupción del francés <<mistral>>, tan parecidos al <<cierzo aragonés>>.

De la antiquísima presencia de la <<capra pirenaica hispana>> entre algunos cérvidos de esta región, aún se hallan huellas vivas con la presencia de alguno de aquellos animales, sobre todo la cabra salvaje, aunque los ciervos desaparecieron de estas tierras no hace muchos años.

En cuanto a las huellas antiguas, se hallan algunas prehistóricas en las que se pueden contemplar curiosas composiciones de carácter rupestre, que pueden admirarse en las estaciones paleolíticas que aparecen cerca de Cretas, en la provincia de Teruel, a diez kilómetros de Valderrobres, como es en la <<Roca dels Moros>>, del barranco de Calapta, y en el barranco de <<Els Gascons>>, también cerca de Cretas.

Desde el Matarraña al este, prolongándose hasta bien entrada la provincia de Tarragona, se extienden los puertos de Beceite, en los que a menudo sopla el <<mestral>>, fresco y seco, extendiéndose las accidentadas tierras de norte a sur, desde Lledó y Arens de Lledó hasta el puerto de Benifazá, a través de los ríos de Algás y Matarraña, pero a derecha de éstos.

No es mucha la proliferación de la <<capra hispánica>> en los puertos de Beceite, máxima atendiendo a los fenómenos patológicos que sobre aquellos se ceban, siendo otro de ellos la aparición del águila cabritera o blanca, cuya envergadura pasa de los 2.50 metros, con un peso considerable que aumenta la potencia de este robador de cabritos, tanto de los domésticos como de los monteses, robos para los que siempre expectantes están, pero que a veces impiden las bravas cabras madres.

MAS ENEMIGOS DE LA <<CAPRA HISPANICA>>
SU CRIA Y REPRODUCCIÓN

Entre los predatores de cabritos salvajes hemos de citar también el búho <<Gran Duque>>, el cual conoce muy bien estas tierras que continuamente reconoce para sus rapacidades. Otro enemigo de las crías es el gato montés, Que quizá no sea tan perjudicial por hacer vida nocturna, pues cuando el merodea por el campo las crías están en el reposo. Gran enemigo de los cabritos es el zorro, que espera al acecho durante la ausencia o lejanía de la madre, la que, de percibirse, ataca con denuedo al ladrón, hasta hacerle soltar su presa, alguna vez. Mas, pese a todo esto, el peor enemigo de la cabra salvaje de los puertos de Beceite es el hombre, bajo la circunstancia, en ocasiones permanente, de bandolero cazador furtivo. Este es quien persigue igual a machos que a hembras, sin respetar su edad. Ocasión hubo de estar el cazador furtivo esperando el parto de la madre, pero el proyecto de captura en eso se quedó, al frustrarse por la veloz ligereza de la cría recién parida, que no dio resquicio a respirar a su posible predator. Por el contrario, conocí a una guarda que, en los alrededores del pantano de Pena, tuvo que lanzar proyectiles de tierra aglomerada contra el ganado salvaje, para espantarle; tan cerca de él habían llegado los cabritos, quizá confiados de que hace mucho tiempo (salvo algunos casos) que sobre ellos no se hacía fuego.

A pesar de todo, cada vez son mas solicitados los taxidermistas para hacer disecaciones de trofeos, siempre de tan decorativa cornamenta, que los ufanos corsarios suelen colocar en las habitaciones mas concurridas de su casa, como hemos podido ver en algunas de esta cinegética comarca.

De las observaciones de guardas y pacíficos masoveros un escritor dijo que: <<Las horas mejores para la observación son las del amanecer y las del anochecer>> (18), añadiendo que la época mejor es la del cebo, cuando se hallan agrupados en grandes rebaños que a veces rebasan la docena de cabezas. Entonces, al separarse después del cruce, son fáciles de conocer por los guardas, hasta en sexo y número.

En el <<Parrizal de Beceite>> se han visto grupos hasta de mas de veinte ejemplares, que bajaban hasta el poblado en busca de alimentos por los viñedos, llegando a veces hasta mezclarse con cabras domésticas y cruzarse con ellas, naciendo después crías de acentuado carácter montés, sobre todo entre los ganados que no encierran en apriscaderos.

EL PANTANO DE PENA Y LA FAUNA QUE LO PUEBLA.

Saliendo de Valderrobres camino del embalse, apenas queda atrás la villa, es necesario tomar un desvío que, a seis kilómetros, nos dejará frente al pantano. Es éste muy hermoso y regular en su contorno, capaz de almacenar cerca de veinte millones de metros cúbicos que le aportan los riachuelos: Pena, Formenta y Manzanera, además de otras aportaciones que le tributan algunos barrancos. Con sus aguas se riegan tierras hasta llegar a las inmediaciones de Fayón.

Día de lluvia fue el que elegimos para visitar el embalse. Llegados a casa del guarda Ramón, para disfrutar de hermosa vista nos situamos frente a la umbría de Mas de Ferrás. Era el mes de marzo y aún las alturas de la <<Picotsa>>, atrevida colina que cierra por una parte el pantano, aparecían Nevadas. Eso que habíamos ya entrado en la primavera; pero ya en Valderrobres, la noche anterior, nos había dejado blancos. Sin embargo, a Pena nos dirigimos.


(18) GALINDO CABEZO, F,: Reve. << Teruel>>, nº 33 Año 1965


En las aguas del hermoso y tranquilo pantano campaban el barbo, madrilla, tenca, carpa, etc., animales que van desapareciendo de nuestras aguas dulces, consumidos por las especies americanas de perca y lucio, como está ocurriendo en la famosa <<Estanca>> de Alcañiz, donde es ya imposible ver su sabrosa anguila, tan cantada en los viejos tratados de pesca, por aquello y por haber quedado cortado el zafariche por donde las anguilas entraban a la <<Estanca>>.

A la tarde, después de cesar la lluvia, bajo las alturas de la <<Picotsa>> apareció la <<boira>>

Atraídos por el agua limpia y clara del pantano, además de la extensa capa de vegetación de los alrededores del embalse, viven la marta, de piel tan delicada y valiosa; el gato montés, la agilísima gineta, el tejón, la libre, conejo y perdiz.

Por la << Mola de la Tosca>> se vienen a refugiar los jabalíes; Ramón lo save y los ve, así como por todos aquellos parajes ve caminar saltando y juntarse las cabras salvajes, en alegres ayuntamientos de sus días de celo. Ramón, el guarda, conoce las partidas y el número de cabezas en cada una de ellas.

Muy variadas aves suelen verse volando sobre y alrededor de las aguas del embalse; entre ellas la garza marina, que aquí llaman <<garrapescaire>> una esbelta zancuda. También se ven patos de los llamados <<cuello verde>>, así como gaviotas y otras aves acuáticas del orden de las zancudas y aves e ribera.

Magnífico porvenir espera a este bello lugar. El año pasado quedó aprobado por la Dirección General de Obras públicas el proyecto de aprovechamiento de las aguas de la cabecera del río Matarraña y del Pena. Las obras correrán a cargo del Estado. En ellas se construirá un azud, que derivará las aguas del Matarraña hasta el embalse de Pena, a través de un canal en gorma de túnel todo él, de cinco kilómetros y medio de longitud.

Su finalidad es mejorar el riego de 1.700 hectáreas de tierra de labor, distribuida entre Valderrobres, La Fresneda, Torre del Compte, Valdetormo, Calaceite y Mazaleón, en la provincia del Teruel, Maella, Fabra, Nonaspe y Fayón, en la de Zaragoza. Aquel día será éste uno de los mas bellos lugares de turismo y distracción de la tierra bajo- aragonesa.

EL CANTO REGIONAL EN LA COMARCA:
EL BOLERO DE VALDERROBRES.

Noche fría de marzo era, después de haber caído intensa nevada sobre la villa. Por la calle Llana iba después de cenar cuando oí sonar de <<pulgaretas>>. Donde creí oír el ruido subí escaleras arriba, entrando en una gran sala cuadrilátera donde se hallaban algunos jóvenes, chicos y chicas, tañendo las castañuelas o palillos. Sus movimientos eran muy lentos, pues estaban ensayando unos aires de jota que me cautivaban.

Hablé con ellos, y ante mi requerimiento comenzaron a moverse en busca de los intérpretes que allí faltaban. Gran contrariedad fue no poder dar con el cantador Rafael Millán, de fina voz de tenor, pero al poco rato acudieron guitarristas y bandurristas con parejas de jóvenes intérpretes, que pronto comenzaron a moverse al sonar de las <<Pulgaretas>> acompañando los compases del bolero de Valderrobres que, en otro tiempo, en esta tierra era costumbre bailar.

Las parejas comenzaron la danza con un suave punteado, cambiando su posición de línea recta para pasar al tresbolillo, saliendo formando líneas paralelas. Con las manos atrás hacían un vistoso trenzado de pies, volviendo a separarse de nuevo a juntarse con la mano derecha unida en lo alto, para terminar la hermosa danza, juntos, en un final de jota bailada al estilo del Bajo Aragón, en que dando cuartos de vuelta se cogen las manos, y juntan y separan.

Durante la interpretación del bolero el contador iba marcando el ritmo, desgranando estrofas con aire de una jota recortada, a manera de la <<zaragozana>>

Seis veros de arte menor el bolero, para seguir con cuatro pentasílabos a manera de seguidilla, mas cuatro veros de pie quebrado, para terminar en un aire de jota cantado en octosílabos.

La letra y la coreografía del bolero de Valderrobres se perdieron al abandonar la costumbre de interpretarlo, pero hace muchos años, cuando aún vivía la <<tía Cotorra>>, con su aportación aún llegó a reverdecer aquel conjunto de danzas y tonadas, enseñando a trenzarlo a los jóvenes de su época y, siendo ya vieja, no puedo recordar con perfección la letra de la composición. Esta me fue dada, pero hallando algún defecto arreglé dos o tres palabras disonantes, que aquí doy tal como ha quedado el grupo de tres estrofas:

Si bailas el bolero,
Ve con cuidado,
Que al dar la vuelta
Puedes caer
Y oírse el ruido
Desde Teruel
¡viva la jota!
¡viva Aragón!
¡viva mi pueblo
¡Que es lo mejor!
Mañica es bajoaragonés
Tierra de amantes dignos de Teruel.
Que viva siempre
Mi gran bolero bajoaragonés.
Bolero de Valderrobres
Honras Aragón y España
Con tu aire tierrabajino
Y garbo del Matarraña-

Este final se canta a manera de estribillo.

Después cantaron y bailaron la jota de Teruel, lanzando al aire hermosas tonadas. Jota trenzada de punteras y tacones, para después cantar una bella copla que los naturales suelen interpretar en agosto, cuando están en las faenas de trilla:

Las barandillas del puente
Se menean cuando paso.
A ti solica te quiero:
De las demás no hago caso.

Recua canta en que se afirma la fidelidad el amor campesino, que mereció ser recogida por nuestro músico don Miguel Arnaudas, en su <<Cancionero de la provincia de Teruel>>

Después de lo expresado, poco o nada me queda ya que decir, si no es un deseo de cantar los ricos vinos de la comarca, que en nuestros días, por fortuna, ya se envasan con pulcritud y hasta elegancia, sirviéndose en las mesas de nuestros hoteles y paradores de Turismo, como he podido prácticamente observar y consumir que <<donde haya vino de Valderrobres...>> y Dios me perdoné por lo devoto que de aquel caldo soy.

Casi otro tanto podría decir de sus aceitunas negras, tan ricas, que son el complemento de una mediana comida y el suplemento de un buen yantar.
No tienen rival las de esta tierra.
Muy ricas son también las golosinas que con distintos nombres conocen por esta tierra, en las que, a veces, al componer, usan las sabrosas almendras que aquí producen, resultando de aquellas mezclas los <<almendrados>>, <<casquetas>> y <<mostachones>>, tan gratos de digerir, sobre todo al postre de las comidas, cuando se consumen con aquel vino de la tierra que, siendo viejo, comienza a ser famoso.

Recuerdos, quedan muchos en la mente de este humilde cronista, que tan felices días pasó entre las sencillas y nobles gentes de esta tierra; días que siempre con gusto recordará.

DE ZARAGOZA A PLAYAS DEL MEDITERRANEO, POR VALDERROBRES ZARAGOZA

RUTA

De Zaragoza a las playas de Vinaroz, Benicarló, Peñiscola, etc., se vienen realizando por dos rutas distintas. Pasados 14 kms de Alcañiz, o por Gandesa o por Morella. Pues bien, la que hemos señalizado en este mapa es por VALDERROBRES.

De Zaragoza a Valderrobres (por Alcañiz) ... ... ... 137 kms

De Valderrobres a Peñiscola (por Tortosa) ... ... ... 105 kms

Totalizan 242 kms.

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ALBARRACÍN Y SU COMUNIDAD

Geografía y paisaje de Albarracín

Un milagro urbano e histórico es Albarracín. Ofrece al visitante el encanto de la vetusta arquitectura de una ciudad inverosímil que sorprende y nos atrae.

Tras la admiración lírica de cuanto ven allí nuestros ojos, nace el deseo de hallar una explicación a esta ciudad creada por la geografía y por el hombre que los tiempos nos han guardado intacta. El viajero se encuentra ante Albarracín de repente. Después de un recodo de la carretera que parte de Teruel, atraviesa los llanos de Cella y tras pasar el pueblo de Gea de Albarracín, se mete apretadamente entre montañas para seguir serpenteando al lado mismo del río Guadalaviar. Luego una modesta vega, encajada entre cerros, procede al encuentro con la ciudad. esta se anuncia primero con un lienzo de murallas y torres coronando un alto monte. Cuando al final de la Vega, vuelve rápida la carretera, tras una cerrada curva que se ciñe al pie de aquella alta loma fortificada, el viajero se topa con sorpresa con la agrupación urbana de Albarracín, apretada detrás de aquel cerro severo y agreste. Solo ahora ante el abigarrado caserío se comprenden las fuertes murallas y altas torres que coronan el cierro. Primero se llega al <<Barrio>> se ve de frente, colgadas sus casas a las peñas. Mas adelante la carretera ha de perforar la mole rocosa para continuar su ruta; el casco urbano ha quedado arriba sobre la roca que el río circunda tras haber formado el mas trabajoso de los meandros. Es esta península rocosa que el río labró cavando una continuada y profunda hoz, se construyó Albarracín. Primero se llamó Santa María de Oriente por los historiadores y geógrafos árabes y luego Santa María de Ben Razín, nombre de una tribu de origen bereber que gobernó tres siglos largos la ciudad.

Aquel seguro reducto fue cabeza de toda una comarca que allí encuentra su centro natural. Historia y geografía explican al que el recorre Albarracín la razón de aquellas fuertes murallas que tan bien plantadas quedan en un paisaje agreste de cerros rocosos y rocas peladas. Protegen un casco urbano impresionante por su vetusta autenticidad y por el milagro de su mantenimiento a lo largo de los siglos. Las calles estrechas y sinuosas son como una cambiante escenografía. Plazas, esquinas, pequeños escampados, nos permiten gozar de perspectivas insospechadas, originales y atractivas. Y tofo ello en medio de un paisaje austero e impresionante de montañas rocosas rajadas por el río Guadalquivir que bordea toda aquella maravilla, metido en un profundo tajo. Este foso al crear tan fuerte posición natural nos explica como el hombre aprovechó aquel apartado lugar para organizar su vida urbana en los inseguros tiempos medievales.

Hoy Albarracín es un placer para quien solo desee contemplar una estampa de los tiempos pasados. Allí se sintetiza una región bravía de muy acusada personalidad. Todos llamamos <<la Sierra>> a esta singular comarca natural. Esta formada por dos grandes alineaciones de cordilleras con picos entre los 1.500 y los 2.000 metros de altura. Entre ellas se formaron estrechos y cortos valles, surcados por las aguas del río Guadalaviar y sus principales afluentes, del Tajo, del Júcar y del Cabriel. Estos valles y las hoces por las que los ríos se abrieron paso fueron siempre los caminos naturales por los que llegaron a Albarracín los hombres de la sierra haciéndola el centro político, religiosos y económico de toda aquella comarca aislada. Su difícil geografía solo se goza y comprende recorriendo la región.

Si desde Albarracín el viajero avanza solo seis kilómetros por la carretera que sigue estas hoces, estrechas y profundísimas, hasta el punto de que a veces no sabe por donde seguirá la carretera, llegará al cruce de Tramasaguas. Allí se abrirán dos rutas. Luego éstas se bifurcan unos kilómetros mas arriba, formando como las ramas de un árbol cuyo tronco es el río Guadalquivir y la carretera que lo bordea. Esta, primero, atraviesa el encantador Valle de Tramacastilla donde los frutales de su vega son los últimos que admiten el clima serrano. Las huertas feraces lindan con los pinares que cubren las laderas de las montañas. Luego, mas allá de Tramacastilla, la carretera remonta hacia Cillas del Cobo, Guadalquivir y Griegos por entre montes y pinares por una parte; por otra llega a Noguera para penetrar en los cerrados bosques de pinos y las verdes praderas de El Puerto. Los picos mas altos de la Sierra están por estos parajes. El Caimodorro llega casi a los 2.000 metros y la Muela de San Juan a los 1.900 metros de altitud. En esta parte de la Sierra se forma la más extensa red hidrográfica de España, Hacia el Norte nace y corre el Gallo que irá a Molina y al Tajo. También van algunas aguas de tierras de Albarracín por el Norte al río Jiloca tras atravesar las parameras de Monterde, de Pozodón y Ródenas. Es toda una comarca lateral de la Sierra que nos enlaza con tierras castellanas de Molina y con la cercana región aragonesa del Valle de Jiloca, la región de << el Río >> para los Serranos, distinta de << la Sierra >> por su economía, por sus costumbres y por el carácter de sus hombres. La otra parte de la Sierra de Albarracín se alcanza siguiendo desde Tramasaguas el río Royuela, afluente del Guadalquivir. Se llegará como al abierto y pintoresco << Val de Royuela >>, como se llamaba siempre en los documentos en el Monasterio de Carmelitas de Nuestra Señora del Val de Royuela, hoy en ruinas. En este lugar la carretera también se bifurca y llega a Colomarde y Frías, rico por sus pinadas y prados que se extienden hacía la Vega del Tajo, que es un valle alto, donde se origina este río. Queda limitado por las estribaciones de la Muela de San Juan y el Cerro de San Felipe, esté último metido ya en el linde con la Serranía de Cuenca, prolongación de nuestra Sierra de Albarracín. Cerca de la Vega del Tajo en otro alto valle, el de Valtablado, aún ahora tierra de la Comunidad de Albarracín, nace el Júcar y no lejos el Cabriel, su principal afluente. Este río se forma a lo largo de otro pintoresco valle, el llamado Val de Cabriel, tierra de pastos y de pinos, pero que la acción del hombre también ha hecho tierra de labor en grandes trechos. Además de esta parte de la Serranía, desde Royuela, otra carretera lleva hacia Terriente, siguiendo al principio el río de el Garbe que riega el valle sereno y tranquilo de Royuela. Pasado Terriente se alcanza el Vallecillo al final de Val de Cabriel y mas al este se extiende una región abrupta, imponente por sus enormes barraqueras en torno al Javalón, el cerro de las Brujas. Al norte de esta montaña está el pueblo de Javaloyas, y entre el Javalón y tierras ya de Valencia, hacia el este, se extiende desafiante una paramera áspera y fría en la cual protegidas en los recodos de los cerros se hallan varias aldeas de nuestra comunidad. Al norte del Javalón hacía Gea y Bezas de Albarracín crece el mas pintoresco de los pinares, el famoso Rodeno, donde los pinos nacen entre los pistachos de las areniscas rojas del Triásico. Ofrécese allí un paisaje inolvidable que ya fue santuario prehistórico, como nos lo recuerdan sus diversos grupos de pinturas rupestres.

En toda esta agreste comarca de asientan los pueblos serranos. En total veintidós municipios. Son de muy escasos habitantes, algunos formados por simples caseríos de veinte a cuarenta hogares. Todos forman parte de la Comunidad de Albarracín, entidad político- administrativa que aún está en pie. Tan curiosa institución solo se comprende por la Historia y por la forzada defensa de los montes y pasos que se han aprovechado en común durante siglos por los habitantes de esta tierra. Hoy como siempre los << serranos>> viven igual que ya los describió nuestro Ignacio de Asso, hace 300 años. Los bosques de pinos y la ganadería, mas que la agricultura, les sustentan. Casi todos los pastos del país se explotaban en común y una rica ganadería dio siempre a esta tierra la base de su riqueza. Las aldeas de la Comunidad y se convirtieron tras el azaroso siglo XIX en municipios independientes y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y absurda administración municipal que deberá simplificarse para bien del país. Albarracín fue siempre la cabeza de toda esta tierra serrana, llena de bellezas naturales, de bosques extensos de pinos, de espesos y olorosos sabinares; de praderas verdes; de valles sonrientes, de fuentes frescas y arroyos cristalinos. En tierras de Albarracín se inician esos surcos de agua que llevan en su nacer nombres que sonarán por toda la geografía de España: Tajo, Júcar, Cabriel, Guadalquivir o Turia, Jiloca, Gallo.
Los picos altivos y dominadores de sus tierras le dan su fuerte personalidad frente a Castilla, a Aragón y a Valencia. No lejos del Javalón está la loma de los tres reinos, donde los reinos de Castilla, Aragón y Valencia tienen límite. Enclave geográfico altivo, la geografía de Albarracín, << la Sierra >> a secas para sus pobladores, nos explicará la historia de << La Ciudad>> por antonomasia, pues así era llamada entre los serranos de Albarracín, hasta no hace muchos años. Poco a poco va dejando de ser la cabeza de la comarca, pues por un lado las comunicaciones, por otro las reformas políticas y administrativas le ha hecho decaer y perder el rango y sentido que la tradición le mantuvo hasta hace unos años. Hoy queda sin explicación para el atónito visitante sus poderosas fortificaciones, su catedral, el prestigio de su Juez que heredó la tradición mantenida hasta el Decreto de Nueva Planta en pleno siglo XVIII, de que en él se acabarán las apelaciones. Hoy Albarracín no tiene ya obispo. Ni el título de Administrador Apostólico que heredó con sus funciones el Obispo de Teruel, suena en los documentos de su curia. El Juez de primera Instancia se suprimió hace unos años. Ya no es el mercado al cual bajaban los serranos a comprar y vender. Albarracín dejó de ser <<la ciudad>>como hasta los años anteriores a la última guerra. Solo le queda su historia y la belleza de su casco urbano, la fuerte impresión de sus monumentos; lo que ha conservado de su patrimonio artístico, no mucho, por la incultura y decadencia en que vive. Y su paisaje. Todo esto unido, cuidándolo con amor, será un tesoro que se podrá añadir a sus fuentes naturales de riqueza y permitirá mejorar el vivir de los habitantes de la comarca.

También siempre le quedará Albarracín su historia peculiar romántica y personalísima dentro de la gran Historia de España.

La historia de Albarracín

La personalidad geográfica de la Sierra, diferente a la Meseta castellana y a las montañas y a las llanuras de Levante, configura su original historia.

Los primeros vestigios del pasado del hombre en tierras de Albarracín nos lo ofrecen las pinturas rupestres del pinar del Rodeno, conservadas en doce covachas y abrigos rocosos de las areniscas triásicas. Algunas de estas pinturas son de una sugestiva belleza y representan una de las mas antiguas muestras del arte humano.

Hacia el 2.000 a de J. C comenzó a llegar el conocimiento de la agricultura a los valles serranos junto con la domesticación de los animales. En Frías de Albarracín se nos ofrece la mas antigua aldea de agricultores que conocemos en la Sierra. Se asentó fortificada sobre el cerro que se levanta junto al pueblo actual.

Luego, con la invasión de los celtas que indoeuropeizaron la Península a partir del siglo IX a J. C se formó sobre nuestro país el pueblo de los lobetanos. Debieron ocupar lo que hoy es la Comunidad y sobre su economía agrícola y ganadera con el aprovechamiento colectivo de la mayor parte de la tierra y de los bosques y prados se forjó la base étnica y económico administrativa sobre la que aún viven en gran parte los habitantes de la tierra.

La época romana no ha dejado vestigios de mayor interés. La sierra fue cantada en sus bosques y frescas fuentes por Marcial, el gran poeta nacido en Bilbilis, hoy despoblado cerca de Calatayud. Fueron explotados sus bosques y minas de hierro y hasta un curioso alfar de cerámica decorada existió cerca de Bronchales. Las leñas de los montes eran la base de estas explotaciones industriales del capitalismo romano, al margen de las cuales el pueblo indígena de los lobetanos vivió su vida de agricultores y ganaderos semejante a la actual y en poblados no muy diferentes.

La inseguridad de los tiempos finales del Imperio Romano, la dureza de vida a que todo queda reducido en España, tras la invasión de los germanos y las luchas de los grupos de estos entre sí y contra los bizantinos, comenzó a valorar estas tierras aisladas y de fácil defensa. En donde hoy esta Albarracín se debió fortificar un grupo de gente en torno a una iglesia consagrada a Santa María. Cuando la invasión árabe, la peña que forma la hoz del río, fue un refugio único para lo que quedaba de cultura. En busca de la seguridad, allí se organiza la capital económica y política de toda la comarca y de las regiones circundantes.

Cuando los primeros textos árabes nos describen, la España musulmana, aquel núcleo urbano agreste y bien fortificado se llama Santa María De Oriente, para diferenciarlo de otra Santa María de Poniente o de Osanova hacia el Algarbe.

Santa Mará siguió siendo el nombre de la capital y del centro político en el cual, los Ben Razín, una tribu bereber llegada con la invasión islámica, asentaron su poderío prueba de su tolerancia con la población cristiana mozárabe agrupada en torno a una iglesia y a su obispo que aún estaba rigiendo su grey en tiempos del Cid Campeador según nos refiere la Crónica General. Es significativo que la única lápida de Albarracín llegada a nuestros días es de un mozárabe.

Luego la Santa María de Oriente de los siglos VIII al X, se llamará ya Santa María de los Ben Razín en el siglo XI y en el XII cuando la dinastía de este nombre lleve a su mayor esplendor aquel lugar. A partir de 1160 será ya Santa María de Albarracín al pasar hacia aquel año a manos de un soberano cristiano, don Pedro Ruiz de Azagra el cual mantendrá la independencia de aquel pequeño estado que hasta 1379 el rey de Aragón no logrará incorporarlo definitivamente a su reino. Don Pedro Ruiz de Azagra era un caballero navarro que se mantuvo un señorío serrano proclamándose <<Vasallo de Santa María y Señor de Albarracín>>, para recalcar su independencia de los reyes de Aragón y de Castilla con el avance de la reconquista acabaron envolviendo a este minúsculo estado independiente sin conquistarlo. Para mejor sostener su independencia pobló principalmente con navarros la tierra, cuyos apellidos aún se mantienen en la Sierra. Los vasallos del Señorío de Albarracín apoyaron esta actitud con brío y habilidad. En mas de una ocasión con feroz heroísmo. A. D. Pedro Ruiz de Azagra, III señor independiente, que hizo frente victoriosamente al Rey de Aragón Jaime I, obligándole a retirarse del sitio que puso a Albarracín. Le sucedió su hijo Álvaro Pérez de Azagra, IV soberano de Albarracín, casado con la infanta Doña Inés de Navarra, reino con el cual siempre mantuvo relaciones estrechas Albarracín. A la muerte de don Álvaro Pérez de Azagra, el señorío de Albarracín lo hereda con plena independencia su hija mayor Teresa Álvarez de Azagra, casa con don D. Juan Núñez de Lara <<el Mayor>>. Este saco al país de su discreta neutralidad entre Castilla y Aragón para lanzarlo al torbellino de una de las vidas mas aventureras y mas borrascosas de toda nuestra Edad Media. Perdió temporalmente su estado ocupado por Pedro III de Aragón, tras un feroz sitio de la ciudad audazmente sorprendida por el rey de Aragón. Pero pocos años después, Jaime II lo entrega también temporalmente a Juan Núñez de la Lara <<el Joven>>, aun en vida de su madre Doña Teresa Álvarez de Azagra. Vuelve a manos de Aragón, pero no por mucho tiempo, pues ante de ser proclamado soberano, con los mimos títulos que siempre tuvieron sus señores, el infante Don Fernando, hijo de Alfonso IV de Aragón y de Doña Leonor de Castilla, hermana de Alfonso XI. Asesinado este en Burriana en la misma cámara del rey en 1359 por su hermano Pedro IV de Aragón, los de Albarracín se mantuvieron fieles, a su mujer, una dulce infanta de Portugal llamada doña Inés. Primero se alegó que esperaba el nacimiento de un hijo que no llegó, pues tal vez solo eran añagazas de los serranos para no entregarse al rey de Aragón, heredero del estado tras el fratricidio terrible de Burriana. Luego hicieron frente abiertamente al Rey no reconociéndole como heredero. Doña Inés, atraída por el rey de Francia y de Navarra, Felipe IV el Hermoso, contra la opinión de sus vasallos que tan románticamente la defendían, salió de incógnito hacia Navarra, con un enviado secreto del rey de Francia con nombre de trovador mas que de espía, llamado en las crónicas <<Arnaldo, hijo de Arnaldo de Francia>>. En Borja los enviados de Pedro IV los lograron identificar y de tener. Conservamos la orden por la que el rey, que estaba en Cullera, manda enviarlos al castillo de Luna y allí luego decapita a Arnaldo de Francia y lleva a Huesca buen guardada a la soberana de Albarracín.

Ni aún presa del rey la princesa de Portugal y soberana de Albarracín, aunque el rey de Aragón era ya por derecho el heredero del señorío, se sometieron los hombres fieles de aquel estado a Pedro IV. Le exigieron la libertad de su soberana y se negaron a reconocerle como señor mientras ella no los liberase de su juramento de fidelidad. Hasta 1379, en Fraga, no se llegó a un acuerdo. Doña Inés recibió Tamarite de Litera y otros estados y liberó a sus vasallos fieles de Albarracín y su tierra del juramento de fidelidad. Luego al rey de Aragón juró los fueros de la Ciudad y Comunidad y reconoció la independencia total administrativa de la tierra que siguió eligiendo por insaculación un juez que gobernó el país hasta 1713, en que el Decreto de Nueva planta de Felipe V al terminarse la Guerra de Sucesión estableció en Albarracín un corregidor. Después toda ha sido rutina decadencia, acentuada mas y mas en el siglo XIX y lo que va del XX. En pie quedan solo las murallas, la catedral y otros vestigios monumentales dispersos por el país. Como un recuerdo de aquella independencia los terrenos comunales que se extienden por gran parte de la Sierra forman con su rico patrimonio la llamada Comunidad de Albarracín, que pertenece a la ciudad y a las veintidós aldeas que se agrupaban con este nombre. Son los restos de una historia gloriosa. Hoy el gobierno de este patrimonio comunal enorme pasa de unas manos a otras, cada vez menos libres y, creemos, con menor provecho para los habitantes de la Sierra, sus legítimos herederos.

EL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y MONUMENTAL DE ALBARRACÍN Y SU SIERRA.

Eco de esta Historia original y bravía, Albarracín poseyó un rico patrimonio monumental artístico que aún es digno de ser visitado. Además de la Ciudad, todas las aldeas con sus iglesias y casonas, tenían algo que enseñar y digno de ser admirado. En los últimos años se ha perdido tanto que muchos pueblos no tienen ya nada digno de admiración. Albarracín ofrece aún sus grandes murallas que apoyan y refuerzan la fuerte posición natural en la que se asienta la ciudad. el recinto mas antiguo se agrupó dentro del meandro rocoso coronado por el Castillo señorial. En este espacio se cobijó la ciudad cristiana y luego árabe, alrededor de la grande y alta roca que se yergue en el centro. Pegado a esta roca y sobre ella, se asentaba la residencia militar, mas que palacio, de los señores de Albarracín, primero moros y luego cristianos. A sus pies estaban la Catedral y el Palacio episcopal. La iglesia de Santa María se sitúa hacia el extremo mas cerrado de la hoz que servía de fondo natural. Toda esta parte de la Ciudad se atraviesa por una calle que comenzaba en la Puerta de Hierro situada en donde hoy arranca la calle de la Catedral en la plaza del Ayuntamiento. Un fuerte recinto murado defendía esta parte de la Ciudad, llamada la Engarrada. De ella aún se conserva una alineación de la muralla y una turre de Ángulo redonda. Se ve bien cuando se visita el cercano y pintoresco Portal del Agua. A extramuros de la Engarrada y de la Puerta de Hierro se formó un arrabal. Abierto al principio, era mercado en torno al espacio para su libre seguridad que exigía la puerta fortificada de salida de la ciudad. Este espacio libre con el tiempo fue la actual Plaza de Ayuntamiento, centro hoy de todo el casco urbano. Tres lados de la citada plaza los ocupa hoy el Ayuntamiento, construido en el siglo XVI, seguramente por Pierres Vedel, a juzgar por su traza. Aún en 1627 están trabajando en esta enorme casa Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet que construyen las cárceles de la ciudad en sus bajos. Algunas casas graciosas cierran esta encantadora plaza de variadas y movidas líneas, en la cual, las galerías de madera y los atrevidos balcones, abierto alguno en la misma esquina, se adaptan al arranque irregular de las estrechas calles que de ella parten.

Toda la ciudad de Albarracín nos ofrece un atractivo singular con sus callejas graciosas y sus altas y diversas casas cada una con traza y personalidad diferente. No hay entre ellas ninguna monumental, pero ofrecen un conjunto de arquitectura urbana único de Aragón y de los más sugestivos que puedan admirarse en España.

En este abigarrado conjunto de edificaciones sobresalen además del Ayuntamiento ya citado, el Palacio Episcopal y la Catedral. La obra actual del Palacio Episcopal, siempre sobre su antiguo emplazamiento, único Palacio que reconocía el fuero de Albarracín, es del siglo XVII y los edificó el obispo Miguel Jerónimo Fombuena. En 1705 a 1728, el Obispo Juan Navarro Gilaberte continuó las obras poniendo su escudo en la portada barroca no exenta de gracia, que cierra un pequeño patio. Su sobrino y sucesor en la mitra Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte las debió acabar, pues su escudo aparece en la fachada del palacio, hoy muy averiado.

Al lado mismo del Palacio Episcopal y con comunicación interior con él, está la Catedral consagrada el Salvador; su fábrica se levantó en los primeros años del siglo XVI sobre otra iglesia anterior que debió ser romántica y Gótica en parte. En 1532 pide y concede gracias para la obra el obispo Jofre de Borja. Luego la construcción se continúa a lo largo del siglo XVI y debió acabarlas Pierres Vedel, el gran arquitecto picardo que vivió y murió en Albarracín. Sus hijos proclaman que << entre las obras heroicas que realizó su padre se encuentra el Aseo de la Ciudad de Albarracín>>. La airosa torre catedralicia es obra de Alonso de Barrio Dajo y se contrata en 1549. En su interior lo mejor que ofrece la catedral es el retablo tallado en madera del altar mayor, obra del gran maestre mazonero Cosme Damián Bas. Era un escultor seguidor de los mejores imagineros aragoneses de la época, sobre todo de Gabriel Joli; sabemos que lo contrató en 1565.

En la Catedral, en una capilla lateral de la nave mayor, entrando a la izquierda, hay un retablo de madera dedicado a San Pedro atribuido a Gabriel Joli, que estuvo antes en Santa María. Obra de gran nervio y excelente factura, corre su traza muy cercana a la del retablo de Bas que ocupa el altar mayor y hace tiempo que pensamos sea también otra suya y no de Joli como se dice. También es muy bella la capilla del Pilar, seguramente es obra del escultor Juan Mora, al que sabemos encarga colocar su escudo el obispo Navarro Salvador y Gilabarete en 1748.

También en la Catedral es notable el tesoro que se guarda en la Sala Capitular. Ofrece obras importantes como una naveta de cristal de roca, trabajo veneciano o milanés de finales del siglo XV. Fue donada por el deán Agustín de Roca. Citemos también un portapaz de oro con incrustaciones de piedras atribuido a Benvenuto Cellini, regalo de un pontífice al obispo Roca de la Serna. Hay una cruz parroquial de finales del siglo XVI, regalada por el obispo Martín de Funes (1645-59) y otras varias joyas. Sobresale entre las obras de arte que nos ofrece el tesoro catedralicio, una buena colección de tapices de Bruselas de mediados del siglo XVI firmados por Geubeis, obra de las mejores realizadas por este artista. Es digno de mención también un cristo de marfil con <<el árbol de la vida>>, curiosa obra de arte llegada desde talleres hispano filipinos. En obras del siglo XVII, aunque bastante arcaizante y de una iconografía plena de simbolismo cristiano.

Muy bella en el conjunto urbano de Albarracín resulta la silueta de iglesia de Santa María, construida por Pierres Vedel en la segunda mitad del siglo XVI. Es original en ella la capilla de la Comunidad abierta con una cupulita esculpida, y del mismo estilo es el púlpito. Fue donada a la comunidad por el obispo Francisco Soto de Salazar en 1572 y en ella están enterrados el arquitecto Pierres Vedel y su mujer, que bien merecían una lápida por los muchos monumentos que dejaron por las tierras turolenses, aún sobre la plaza del Ayuntamiento se levanta, en el barrio alto hacia la muralla, la iglesia de Santiago. Ya en documentos de 1247 aparece como una de las cuatro parroquias de la ciudad. la iglesia si la proyectó el arquitecto Alonso de Barrio Dajo y comenzó su fábrica en 1600. la torre se levantó en 1726. El retablo mas interesante conservado en esta iglesia sabemos fue obra de Jerónimo Martínez, que también trabajó en Teruel. Fue realizando en 1524 y se conserva en la primera capilla al lado de la Epístola.

El altar mayor es obra de mérito y seguramente se debe a Castillejo. Imaginero del siglo XVIII que trabajó en el altar mayor de la iglesia de Orihuela.

Aún deben visitarse en Albarracín el colegio de Escolapios, el recoleto monasterio de dominicas de clausura de San Bruno y San Esteban, fundado en 1607 y la capilla del Cristo de la Vega, obra del mismo arquitecto entre 1632 y 1640. Fue antes llamada ermita de la Virgen de la Vega, tal vez recuerdo del monasterio cisterciense consagrado a Santa María que desde el siglo XIII hizo en aquella zona. De esta antigua advocación es una imagen románica muy bella que aquí se conserva, obra del siglo XIII. El cristo que hoy se venera es obra del escultor valenciano Modesto Pastor, pues el antiguo se perdió en un incendio en 1872.

Para terminar esta breve reseña histórico artística debemos señalar que con Albarracín forma estrecha comunidad sus aldeas. Algunas de ellas conservan un notable patrimonio monumental y artístico, digno de ser visitado y admirado: sobresalen Ródenas con algunas casas de noble traza de una buena labor de cantería. Su interesante iglesia es obra del arquitecto Alonso del Barrio Dajo, que la debió acabar hacia 1599. En esta iglesia se conserva un bellísimo retablo hacia 1425, obra del llamado <<Maestro de Ródenas>> seguidor del taller valenciano de Nicolau- Marzal y otras obras de interés.

Otro pueblo de valor monumental y artístico es Orihuela del Tremedal. En él se venera la Patrona de la Sierra, la Virgen del Tremedal, aparecida a un pastorcito en el cerro del Tremedal al pie del Caimodoro. Es una talla notable del siglo XII que debió llegar con la reconquista navarra del país serrano, según ya hemos indicado. Se guarda la imagen en la Iglesia parroquial que es el mas grande edificio de toda la Comunidad de Albarracín. Fue planeada en 1770 por el gran arquitecto turolense José Martín de Aldehuela y construida por su ayudante Manuel Gilaberte, quien la terminaba en 1776. Ofrece Orihuela del Tremedal varias y notables casas solariegas con sus escudos y obras de rejería de mérito.

Otro pueblo que poseía un rico patrimonio artístico, hoy casi perdido, es Villar del Cobo. Conserva entre otras dos casas de noble fábrica, la de los Fernández del Villar, hoy Ayuntamiento y la de los Muñoz, la <<Casa Grande>> y una rica iglesia que ha perdido casi todo lo que guardaba. Lo mas notable es la torre, obra del arquitecto serrano Alonso del Barrio Dajo que la terminó en 1604.

También Terriente, en la otra parte de la serranía, ofrece al visitante unas cuantas casas y su iglesia con pórtico renacentista, notable obra de cuatro artistas, los hermanos Rodrigo y Pedro de Avajas y Pedro y Toribio de Utienes.

Tal vez el pueblo que tiene mas que ver es Gea de Albarracín. Fue aldea de la Comunidad, pero luego pasó al Señorío de los Fernández de Heredia, casa principal de Albarracín, señores del castillo de Santa Croche, cuyas ruinas se ven entre este pueblo y Albarracín. Su actual iglesia aún se construía en 1660. En ella se han recogido retablos, imágenes y otras obras de arte de los conventos que hubo en este pueblo. Tuvo un convento de carmelitas y tiene aún otro de capuchinas de clausura. Su iglesia es un buen ejemplo del estilo Rococó, con buenos retablos, sobre todo el altar mayor. También ofrece Gea de Albarracín algunas casas interesantes y un par de calles que aún guardan el sabor arquitectónico de la comarca y son dignas de visitarse.

TRADICIÓN, DECADENCIA Y FUTURO

Albarracín con su comarca forma una unidad geográfica e histórica muy íntimamente ligada. A su vez las aldeas de su Comunidad con sus caseríos e iglesias son solo una parte del paisaje serrano, variante y lleno de originales panoramas. A veces grandiosos en sus hoces profundas o en sus pinares extensos; a veces llenos de atractivo encanto en sus fuentes, en sus risueños valles o en sus verdes dehesas. La población se agrupa a lo largo del curso de los ríos, cuando fecundan fértiles y breves vegas convertidas en huertas llenas de frutales; otras veces los caseríos se nos ofrecen protegidos del cierzo tras los cerros, siempre cerca de manantiales de aguas cristalinas y frescas.

Pero toda esta historia y este paisaje natural y humano, lleva desde hace años, el signo de una acentuada decadencia. El turismo y las posibilidades de emigrar y el deseo de volver a su país que el hombre de la Sierra siente. Tal vez les den en los tiempos futuros nuevo brío a los pueblecitos serranos. Hoy la prueba de su falta de vitalidad es que han perdido la fe en su personalidad. Han abandonado sus maneras ancestrales de vivir. Su tipismo ha desaparecido casi totalmente. Apenas las fiestas patronales se guardan. No se mantienen activas las rondallas de jóvenes con sus instrumentos de cuerda. Poco se cantan ya las canciones de la tierra y se van olvidando todos los bailes populares, litúrgicos y paganos. Solo se mantienen los originales mayos que se cantan a las jóvenes, pero cada vez peor instrumentados y menos sentidos. Su letra candorosa y su música simple son honra de los mejor del folklore de nuestro Aragón. Aún se oye en toda la Sierra el lírico recuerdo de cortesía y amor cantado con melodía serena y sentida en la noche del treinta de abril al uno de mayo:

Estamos a treinta
Del Abril florido
Y a cantarle el Mayo
Señora venimos.

Novenarios, gozos, danzas, se han ido perdiendo. Nadie calza ya los zuecos de madera ni las abarcas de pellejos para la nieve a los días de lluvias y barros; las zahones de piel de oveja ya no se usan por el pastor; ni las monteras de piel, ni los piuques y cordellates. Todo lo típico se va yendo sin dejar huella, ni siquiera en un Museo que lo perpetúe y lo guarde como eco de las formas de vivir de otros tiempos. La cocina característica del país casi se ha perdido y casi nadie recuerda ya los refrescos rituales de los señores canónigos y curas; ni los dulces de nueces y piñones a base de buena miel que la tierra produce, ni se comen migas, ni se organizan los grandes asados. Solo los matapuercos continúan produciendo morcillas, longanizas, gueñas, chorizos y lomos embuchados pero cada vez son menos rumbosos y menos curados y sabrosos los jamones y cecinas. En Albarracín y alguna otra aldea como Orihuela y Bronchales con el turismo se apunta ya una reacción. El pastelero Recadero en la plaza de Albarracín, ofrece almohabanas y busca con su arte apartarse de la vulgaridad y volver a la tradición. Algún otro ejemplo se podría citar de esta alborada como la fonda de Espinosa de Orihuela del Tremedal.

Pero cuan lejos está la tierra de recuperar su personalidad perdida.

Apenas quedan aquellos artesanos de la madera y el hierro que tanto y tan bueno produjeron. Han dejado el oficio sus músicos dulzaineros que corrían Aragón y Castilla llevando el nombre de las aldeas de donde eran.

Los últimos fueron los de Tramacastilla, los de Javaloyas y los de Villar del Cobo. Eran famosos por los pueblos de media España. Aquellos pastores que en el morral llevaban su flauta de caña y llenaban de alegres sones las pinadas y los barrancos, hoy ya sin personalidad alguna llevan un transistor de pilas en la mano. Los tejedores de cordellates fuertes y vistosos, de alforjas y mantas, han dejado sus telares uno tras otro; con ellos desaparecieron los calientes piuques de lana, las sayas de cordellates de colores vivos, y tantas telas que vestían los hombres y mujeres de la Sierra con acusada personalidad. No quedan ni uno solo de los zapateros y sastres que de aldea en aldea viajaban vistiendo y calzando a las gentes a la vez que entretenían las veladas creando y contando chascarrillos didácticos o inocentemente picaros. Nada queda ya nuestro, en nuestros pueblos. El signo de los tiempos trajo las ganas de emigrar a lis mas jóvenes y avispados de sus habitantes.

No por todos estos síntomas de decadencia, la Sierra es tierra ya sin futuro. Prueba de ello es que no dejan de ser dignos y acogedores los hombres que la habitan. Viven mejor materialmente hablando, los que quedan en el país. Y el visitar la ciudad y sus aldeas es tropezar continuamente con hombres independientes y señores en su porte, aunque sea grande su pobreza económicamente. Saben vivir y aun comportarse con hidalguía siempre. En ellos hallaremos la estampa viva de toda aquella comarca llena de personalidad y cuya historia nos ayudará siempre a gozar de sus caseríos y de sus iglesias, de sus ermitas y santuarios. Un hombre culto, en el tiempo actual, en estas tierras de Albarracín, percibirá siempre como una palpitación de lo que fue este país en otros días y a la vez el paisaje y la serenidad y hombría de sus habitantes; le harán sentir la aventura de lo que aún podrán ofrecer estos hombres y estas tierras, en el concierto de los pueblos de España. A veces pienso que ofrecen otra vez como en los inseguros tiempos medievales, el lugar de refugio y el ambiente humano de sosegado reposo que necesitamos todos en estos tiempos agitados y de vida angustiada que lleva el hombre de nuestros días. Vivir en Albarracín o en sus aldeas será pronto, al paso que vamos, otra vez vivir. Así el turismo apunta en algunos pueblos serranos como su posible futuro y mayor fuente de riqueza. Si la artesanía renaciera, se procurará mejorar las explotaciones ganaderas y se ensanchara como en parte se ha emprendido en algunos pueblos, la explotación industrial de nuestras maderas, la tierra ofrecería una reacción contra su decadencia. Ojalá sea pronto descrito un renacer vital y fecundo y que esta lírica y pesimista descripción actual de la sierra sea olvidada y superada.


Tal día como hoy 31 de octubre



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