Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios. Postal 14. 
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Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios. Postal 14. Aragón

Antiguas Zaragoza Expo de 1908



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Huesca
Otro recorrido -2-.

La entrada general de la ciudad suele ser por la carretera de Zaragoza: cruzando el paso a nivel (F.CA. Canfranc) toma el nombre de la calle del Alcoraz. Entre las edificaciones, huertas (torres) y empresas que la bordean se encuentra el campo de futbol (tambien llamado Alcoraz por su situación) para venir a desembocar en la plaza de Navarra donde va acusándose la centralización de la vida de la capital, en su continuo desplazamiento hacía el llano del mediodía.

SANTA TERESA (CONVENTO DE CARMELITAS DESCALZAS).- Fundación del señorío de Argavieso con religiosas procedentes de Tamarite en Julio de 1674.
Convento de austeridad y pobreza según la regla de la sublime Doctora de Ávila. Todo en el conforme al tipo teresiano. Presenta un patio de compás a la iglesia.- Típico carmelitano.- con fachada de ladrillo prototeresiano y hornacina con imagen de la titular, gracioso de conjunto.

Iglesia- De nave y crucero, aquella con lunetos; cúpula ciega y sin tambor y decoración lujosa (probablemente de J. Urliens) en relieves de escultura con santos carmelitanos en las pechinas, en pie no grandes. Los tres retablos (el mayor y los dos de los rincones del crucero) son de fines del s. XVII en los que el barroco triunfa con gran teatralidad.

En el mayor, sobre relieve de ángeles Santa Teresa, de graciosa e inspirada talla. En el tramo superior el Niño y otras imágenes mas toscas completan el aparatoso conjunto. Los dos retablos laterales presentan la particularidad, de no ser simétricos en cada conjunto propio, sino en el doble conjunto y con idea iconográficamente razonada (altos: san miguel y el Ángeles de Tobías; bajos: Virgen Carmen (mod) y san José, aunque de tallas deficientes. Existe también pequeño retablo moderno (san juan de la Cruz y Sta. Teresita, ambos carmelitas) y en las paredes del presbiterio y de la nave grandes cuadros amanerados del XVIII (la buena y la mala muerte en el presbiterio; las glorias de la Orden carmelitana y la Huida a Egipto en la nave.

La plaza de Navarra es la mas importante de la ciudad: forma su fondo al N la gran fachada moderna de la Delegación de Hacienda (arq. E. Vincenti) de inspirado y típico gusto barroco aragonés. El lado de Poniente, el Círculo oscense (muy decaído en su vida social) pero con grades salones y servicios (salón de baile con decoraciones pictóricas de tipo regional del artista local Lafuente por 1912). Finalmente el centro de la plaza lo cubre delicado jardín con fuente escultórica. A esta plaza viene también a desembocar la Avenida de la Estación y adosada a ella en su ángulo SE. La plaza de San Victorián donde se encuentra (en trámite de derribo) la cárcel provincial, en parte, viejo edificio conventual del Carmen Calzado (1).


(1) Huesca, como todas las viejas ciudades de España en la época de su apogeo religioso (sigs. XVI y XVII) tuvo conventos de casi todas las órdenes religiosas de ambos sexos, no faltando los de las cuatro órdenes que era típico en toda ciudad situarlos en sus cuatro puntos cardinales. Así: Dominicos al E (Véase parroquia de santo domingo); franciscanos al S (hoy Diputación); carmelitas descalzos al O. (hoy patios de juego de las Escuelas Salesianas); capuchinos al N. (Hoy torre de capuchinos>> en la carretera de Arguis); a los que se unían los Agustinos Calzados (véase misericordia); jesuitas (véase san Vicente, compañía); mercedarios (hoy cuartel de la merced en la calle Padre Huesca); carmelitas calzados (hoy cárcel), y el Colegio de San Bernardo (hoy escuelas) para novicios cistercienses. Para completar el cuadro religioso de la Huesca del setecientos había que añadir los Colegios con sus capillas de Santiago y San Vicente; los cercanos santuarios de Montearagón (canónigos regulares de San Agustín); de Loreto (Orden agustina recoleta) y las parroquias actuales (catedral, san Pedro y san Lorenzo), con las derribadas de la Magdalena, san Juan y san Martín.


Ninguno de los viejos conventos subsiste hoy con Comunidad de varones: tan solo los jesuitas (tras tantas vicisitudes al compás de las luchas políticas y ausencias) ocupan por excepción su antiguo lugar, y solo, modernamente, los Hermanos de San Viator (escuelas) y los Padres Salesianos, han venido a llenar los vacíos del exagerado número de conventos que la ciudad tenía.

Por contraste los siete conventos de mujeres subsisten con Comunidades, todos en sus viejos caserones: santa clara (franciscanas), asunción (carmelitas calzadas), santa teresa (carmelitas descalzas), san miguel (carmelitas calzadas) capuchinas, santa rosa (dominicas), Siervas a los que han venido a unirse las Hijas de Santa Ana en tres dependencias (colegio de Santa Ana, asilo de San José y hospital provincial), y las Hermanitas de los pobres (asilo) de la plaza de Navarra al cruce del coso, se encuentran los porches de Vega Armijo, lugar del obligado paseo provinciano y mentidero de la ciudad, con sus grandes y típicos arcos y los principales cafés y terrazas. En el centro del pórtico a la izquierda la Diputación Provincial (en los bajos las oficinas del <<turismo del alto Aragón>>, La Diputación Provincial ocupa el lugar del antiguo y famoso convento de San francisco, cuyos restos y muros aun se distinguen, y que fue uno de los mas antiguos de la Orden, fundado ya en el s. XIII. En su iglesia se celebraron diversos capítulos. Con la desamortización y por el estado ruinoso que se encontraba, paso al Estado y mas tarde a la provincia sufriendo continuas restauraciones modificativas. En sus dependencias se encuentran varias obras pictóricas de artista local modernos y el saltón de fiestas con su gran galería exterior, fue decorado con mal gusto, pero lujoso en 1874, restaurado en 1940.

Los porches terminan en el cruce de los Cosos <<alto>> el de la derecha <<bajo<< el de la izquierda) y la calle de Villahermosa (arranque del itinerario número 1) en frente.

Los cosos forman la arteria principal de la ciudad, en semicírculo meridional, antigua periferia de la ciudad, que por el N lo tomaba el río y constituía la vía antigua entre los dos recintos de murallas la de piedra con sus barbacanas y torreones (restos de cuyos cimientos se asoman en algunos edificios) y la de tierra: La muralla con sus 99 torres fue derribándose principalmente a principios del s. XIX y de las puertas de la ciudad tan solo han quedado los nombres (árabes) en el hablar popular (<<Alquiblia>>, <<Ramián>>, <<Alpargán>> o <<Mozárabes>>, etc).

Siguiendo el coso altos en la curva, fue lugar del palacio famosos de los Lastanosa, verdaderos mecenas de las artes y de las letras y que tanto contribuyeron al nombre de Huesca (<<quien va a Huesca y no ve nada de Lastanosa, no ha visto cosa>>: refrán popular) los literatos y los amantes del arte del siglo XVII pudieron contemplar la magnificencia de su Museo, armería y biblioteca, el maravilloso jardín de flores exóticas, con estatuas y surtidores a la manera italiana, con cenadores que no añoraban los de Roma. Todo desapareció, destruidos sus restos hace muchos años y ni el recuerdo queda, una calleja lleva el nombre de Lastanosa) de aquel palacio que visitara Felipe IV y su corte (en la cual y como aposentador y pintor de la cámara iba Velázquez) y el duque de Orleáns y donde lucieron su ingenio en fiestas y certámenes, Baltasar Gracián y otros literatos.

Es digno de notarse en el número 21 la típica fachada aragonesa de la casa de Claver con escudo.

A la derecha (pasados los nuevos edificios de Comunicaciones y del Banco de España) se llega a La iglesia de San Vicente Bajo, vulgarmente conocida con el nombre de "La compañía". Dedicada a San Vicente Mártir créese tradicionalmente ser el lugar de su nacimiento en la Osca romana. La fachada es pobre, de ladrillo con hornacina del Santo. Sobre la inmediata colleja, típico arco de paso (cegado hoy) con imagen.

San Vicente, uno de los mas venerados santos de la Antigüedad, fue martirizado -con rueda de molino- en Valencia. Cantado en maravillosos versos latinos por Prudencio (s. IV) juntamente con otros mártires españoles entre los que sobresale San Lorenzo, Huesca se enorgullece sin pruebas irrebatibles para ello, de ser cuna de estas dos grandes figuras del Martirologio Cristiano y en verdad tiene mas probabilidades que ninguna otra ciudad que se le patrono>> de Huesca que celebra su <<Fiesta menor>>, el 22 de Enero. La tradición de que el templo ocupa el lugar de su casa natal arranca de la exaltación religiosa del S. XVII.

HISTORIA.- El lugar que ocupa la iglesia se ha creído que en la Huesca romana fue ocupado por unos termas, ya que en el solar apareció una cabeza de fuente romana hoy en el Museo. El ob. Bardají entregó el lugar a la Compañía de Jesús, tan de lleno consagrada a la enseñanza de las artes menores (lo que hoy llamaríamos segunda enseñanza) para que levantase iglesia casa y colegio, adecuadamente, en ciudad de carácter tan universitario. La primera piedra se puso el 31 de Agosto de 1635. pero el edificio no se levanto hasta 1750-61, obra del arquitecto oscense José Sofí que tantos monumentos dejo en la ciudad. Durante la primera expulsión de los jesuitas y el edificio siguió la accidentada vida de la compañía en España al vaivén de las vicisitudes políticas, habiendo servido también de cuartel la residencia, hoy demolida (lugar del actual Banco de España), así como el <<estudio>> o colegio.

Iglesia.- La de mas culto y frecuentada de la ciudad: templo de estilo y tipo jesuítico con decoración y retablos del barroco amanerado- pero ostentoso- de mediado el s. XVIII. De una amplia nave, crucero, tambor y cúpula y presbiterio con lunetos, decorados los techos con discretas pinturas modernas de santos jesuitas y escenas religiosas de las devociones tan propagadas por la Compañía es en general moderna, sin embargo el retablo mayor y algunos laterales forman curioso conjunto arquitectónico para el amante del arte decadente barroco tan popular en las iglesias de España. Capillas laterales, lado Evangelio: San Antonio (imaginería moderna); San Ignacio de Loyola (id); calvario (moderno en todo su conjunto); crucero: gran retablo de la Inmaculada con titular moderna de talla fina. Retablo mayor: conjunto barroco de imágenes adosadas a relieves, tipicidad decadente dieciochesca, de San Vicente y en alto San Miguel y toscas imágenes de santos oscenses. Crucero, lado Epístola: corazón de Jesús, gran retablo con imagen gigantesca; San José (moderno); San Francisco Javier (Conjunto de principios XIX) San Rafael (íd).

Siguiendo el Coso Alto, se llega a la plaza de Camo, (político oscense) y haciendo esquina en ella, frente al moderno Teatro Olimpia (arquitecto Loscertales) se encuentra el Gobierno Civil (hoy dependencias) -Casa de aspecto severo pero de rancio gusto aragonés, llamada <<de los Oñas>>: de vastas proporciones, larga fila de balconajes y típica galería. El interior, aunque desprovista de decoración, presenta amplio zaguán, patio, jardín y escalera con antepecho de fina arcatura. En tiempos de Fr. Vicente Oña, sanjuanista, su rica colección de lienzos competía con los de Lastanosa.

Mas adelante, mas bella en su exterior, la <<Casa de Climent>> (colegio de Niñas de Santa Ana) de gusto plateresco del Renacimiento (s. XVI) tres balcones (uno cegado), escudo de la familia y medallones con bustos, corriendo en los alto una galería con rafe; en su interior la escalera es bellísima con cúpula y teniendo como elementos decorativos los escudos de familias emparentadas con la titular (Lastanosa, Climent, Cortés, Abarca, Araus, Ahones, Galván, Aguirre, Argilés, todas de rancio abolengo oscense), además de otras figuras y labores renacentistas. Es el mejor ejemplo de casa señorial de la ciudad de Huesca.

La calle transversal que sigue, de San Jorge, lleva a la barriada llamada <<Barrio Nuevo>>, antigua judería hasta fines del s. XI. En el lado opuesto, la plaza de Lizana con el fondo y en alto la mole catedralicia. No lejos, en el Coso, el convento de Capuchinas. Fue fundación en 1647 por Ana María de Latras, condesa de Plasencia, hija de los condes de Atarés, en edificio de su propiedad. La iglesia se terminó en 1671, siendo la fundadora enterrada en el presbiterio. La vida de la comunidad fue continua, excepto en la guerra e la independencia que huyeron en 1809 al acercarse las tropas de Mortier, volviendo al año siguiente.

Interior: austero, de una nave y crucero; Retablo Mayor monumental y aparatoso del tipo de <<naturaleza>> (racimos, hojas, frutos) sin dorado alguno. Dos cuerpos con lienzos escuela decadente aragonesa de fines s. XVII) con la aparición de la Virgen del Pilar y Santiago y en alto Calvario. Los dos retablos laterales son compañeros del Mayor con lienzos (San Francisco y santa religiosa); los dos de los brazos del crucero de confuso barroquismo, con lienzos e imágenes, calvario y dolorosa el de la izquierda santa y San José y San Antonio, el de la derecha.

Siguiendo el Coso, se deja a la izquierda la carretera de Francia (Avenida de Monreal) en recuerdo del oscense que dejo su fortuna con 600 alumnos de escuelas gratuitas, su iglesia gótica recientemente terminada, dedicada a María Auxiliadora, arquitecto B. Farinas.

La calle de Joaquín Costa (1), sigue bordeando El antiguo perímetro amurallado (más visibles su vestigios) y circundando a la ciudad y dejando los restos del que fue convento del Carmen Calzado, (hoy patios de los salesianos) se llega en ameno paseo al convento de Carmelitas Calzadas de San Miguel.


(1) Hacia el interior, paralela a la calle de Costa en la de Pedro IV, medio desmoronada y abandonada, pueden verse las ruinas de la antigua iglesia de la Magdalena, que fue Colegiata y que consta existía ya poco después de la conquista de la Ciudad (1105). Con otras parroquias también desaparecidas (Santa Cruz de la Zuda, San Ciprián y San Miguel), fueron refundidas en la del Salvador de la Catedral. Las ruinas nos muestran hoy un estilo gótico del S. XIV, con techumbre que descansaban sobre arcos de medio punto. Del bien conjunto de obras de arte que encerraba en los últimos años, han desaparecido de modo lamentable: tal el retablo mayor buen conjunto del pintor Esteban Solorzano (s. XVI) y el excelente retablo primitivo de Santa Catalina con once tablas, documentado como obra de Juan de la Abadía en 1491. una talla de Virgen sedante de Montserrat del S. XIII, pasó a la parroquia de la Catedral.


Historia del convento San Miguel (Las Miguelas).-
Fue antiquísima dedicada a San Miguel, fundada por Alfonso I el Batallador, después de catorce años después de la conquista de Huesca en 1110, y consta documentalmente que en persona demarcó con sus pasos el lugar, delante de toda su corte guerrera; se levantó este templo entre el recinto amurallado de sillería con torreones y el muro exterior que era de tierra comprimida, junto a la puerta llamada <<Disircata>> (derribada en 1790 que daba al Alcázar real), y el antiguo dosal o cementerio de los cristianos bajo la dominación musulmana (mozárabes). Pero sin duda el edificio fue provisional ya que la actual fábrica (iglesia y torre) es del s. XIII (principios). La comunidad de carmelitas calzadas se hizo cargo de la antigua parroquia en junio de 1622, iniciándose las obras del convento en 1625. siempre se han frustrado los intentos de unir las dos Comunidades de Calzadas que hay en la actualidad (Asunción y San Miguel).
Allí en el patio de entrada celebraban consejo los jurados de la ciudad.

Iglesia.- Es del tipo de transición entre el románico florido y el gótico, aunque debió engrandecer se al finalizar el s. XIII como parece demostrar su arquitectura: presenta líneas esbeltas y los arcos apuntados se mezclan con los de medio punto. La recia Torre, de planta cuadrada- la mas bella torre de la ciudad- presenta en sus lados ventanas ajimezadas románicas. En el interior presenta tres retablos del gusto amanerado del barroco del s. XVII. El coro es de talla sencilla.

Rodea la iglesia por su parte N el cauce del río Isuela con pinaradas y árboles de follaje, un grato rincón. El puente moderno ha venido a sustituir el antiguo romano cuyos arranques de arco aun se distinguen. Dejando la salida de la ciudad por el puente hacia Arguis, se sigue por la llamada ronda de Montearagón entre la vieja muralla y las huertas que bordean el río. Se deja a la derecha el Asilo de San José y la Casa Amparo (el primero fundación del obispo Alda en 1891, para niños pobres).

La ronda de Montearagón es lugar ameno de paseo junto a los vestigios murales mas viejos de la ciudad entre campos amenos y las duras perspectivas de la sierra del paisaje altoaragonés, bordeando la muralla en este lado conservada. Pronto un torreón el único solitario, nos muestra lo que la ciudad sería con sus 99 torres defensivas, como nos la describen los cronistas: es torre clásica defensiva al estilo medioeval: planta cuadrada, macizo, poco gastado por la erosión, con un <<óculo>> en cada lado, sin troneras ni aspilleras; solitario, en la barriada mas abandonada de la ciudad; en la parte alta sin almenas, presenta una cornisa de mensulas y en su lado N a un altura incomprensible, una estrecha puerta románica al aire.

La ronda continua bordeando la muralla que sigue a su derecha presentando cimentación de canto rodado muralla primitiva y mas alto, grandes sillares de piedra arenisca (muralla del s. XII, tras la conquista) que la erosión de los siglos ha dado formas caprichosas. Los caseríos y huertas de la ciudad en alto y en declive se han servido de ella, como muro de contención. La ronda termina en la tranquila y provinciana Plaza de San Vicente, donde se encuentra.

San Vicente.- (Hoy escuelas; antiguo Colegio Universitario).

HISTORIA.- Fue famoso Colegio Universitario formando pareja y rival del imperial Santiago. Fundado en 1587 por don Jaime Callén, natural de Berbegal, municipio que nombró patrono de su fundación juntamente con el obispo De Huesca y el prior y los jurados de la ciudad. Se requería para el ingreso con la obligada justificación de limpieza de sangre el ser bachiller en facultad menor. El hábito era como el de los santiaguistas, pero con beca azul tan larga como el manto. Felipe II en 1597 le dio el título de real y el uso de sus armas y Felipe IV lo igualó en todo al de Santiago. Ilustres estudiantes salieron de sus estudios (arzobispos, obispos, oidores, fiscales, de las cámaras de Castilla y de Indias) entre ellos el Justicia de Aragón que tomó la jura a Felipe IV, el historiador aragonés Laripa, Lopez de Porras, ilustres jurisconsulto, etc.
El edificio, construido junto a la muralla derruida, es obra del arquitecto José Sofí, conservando una bella portada barroca labrada en piedra, de conjunto noble y algunas dependencias espaciosas como la anchurosa escalera. Actualmente, en trámite de restauración, después de haber servido en frecuentes ocasiones de cuartel y cárcel, construye un grupo escolar.

De la plaza de San Vicente se desciende hacia el Río, a la gran mole de Hospicio con patios, huertas y pabellones, conocido generalmente con el nombre de
LA MISERICORDIA Propiamente se trata de dos edificios de muy distinta contextura y estilo: el gran caserón de la Beneficiaria Provincia, obra moderna del siglo pasado y junto a el y unido por recientes reformas en su lado oriental, la iglesia románica de Santa María de Foris, de muy vivo interés artístico e histórico.

HISTORIA.- Fue la iglesia de <<Santa María de Foris>> (por estar fuera de los muros de la ciudad) junto a la llamada huerta de Montearagón, obra y fundación del s. XII como aún lo demuestran la torre y ábside, aunque muy trasformada por sucesivas reconstruciones. Iglesia parroquial hasta 1422, fue luego convento de monjas bernardas, procedentes del monasterio de Iguácel (en Acín, Jaca, de un extraordinario interés en el estudio del románico). Pasadas las monjas al Cambrón (Sábada) la propiedad se transmitió a la mitra que entregó el templo y el convento a los Agustinos calzados en 1510 permaneciendo hasta 1788, en que pasaron al Colegio e Iglesia de la Compañía (Coso) en ocasión de la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús. El convento, abandonado, fue cuartel en ocasión de la guerra contra la revolución Francesa (1793) y luego Hospital Militar, finalmente el edificio destinóse a Beneficiencia, haciendo de nuevo el edificio de grandes proporciones aunque aprovechando los materiales de la antigua edificación y conservando la iglesia y la torre en su conjunto. En este lugar escribió por 1580 el P. Malón de Chaide el <<libro de la conversión de la Magdalena>> el mas brillante y compuesto de nuestra literatura devota>> según M. Menéndez Pelayo y uno de los mas sublimes de la copiosa literatura mística española.

EXTERIOR DEL TEMPLO.- Es interesante la arquitectura gótica (XV- XVI) sobre un conjunto románico de final del S. XII. Digno de notarse principalmente en el ábside románico con el ajedrezado típico, mensuales geométricas y pudiendo distinguirse los arranques de otra nave o capilla (quizás del viejo convento desaparecido); la torre achatada, baja, es de un románico de transición con grandes arcos ya apuntados que proclamaban la venida del gótico.

INTERIOR.- Templo de estilo gótico decadente de una sola nave con cinco arcos fajones sin crucero y ábside con bóveda de arista: armonioso conjunto.
Retablo mayor: obra apreciable del S. XVII, bellamente armonizada la armazón arquitectónica con la parte decorativa y los lienzos. En el ático, con escudo pequeño, lienzo de Cristo en la Cruz y dos esculturas pequeñas de San Pedro y San Pablo. El centro del retablo lo constituye un buen lienzo de escuela aragonesa de <<apoteosis de San Agustín>>. El santo titular en hornacina y sentado en trono, presenta el libro de su <<Regla>> mientras en lo alto un ángel sostiene la mitra y otro el báculo, símbolos de su obispado de Hiponia. A los lados, grupos de Clérigos, regulares y caballeros simbolizan las distintas ordenes religiosas de seculares, regulares y militares que se han regido por la Regla Agustiana. La composición, el estudio de cabeza y el colorido son dignos de apreciarse en este lienzo de autor desconocido, pero que puede inclinarse al famoso pintor Bartolomé Vicente. Los laterales, San Vicente y San Lorenzo los famosos oscenses, son de la misma mano con menos empeño. La predela con escenas de las vidas de santos agustinos, es curiosa como conjunto.
Los retablos laterales del templo carecen de importancia: uno de recargado churriguerismo sin gusto y otro de Calvario, amanerado.

Existen la iglesia de tres lienzos notables: <<Fundación de la Compañía de Jesús>>, <<Muerte de San Ignacio de Loyola y <<San Francisco Javier>>; <<Curiosos, de regular factura, aunque deterioradas, pintura del siglo XVII.

Cabe preguntarse la procedencia de estos lienzos de tema jesuita en iglesia que nunca tuvo relación con la Compañía. Sin duda proceden del templo de la compañía (en el coso) en tiempos de la expulsión por Carlos III. Aquella iglesia paso con los años a los agustinos (sus <<rivales>>) con alegría de ellos y grandes festejos al finalizar el s. XVIII y sin duda apartaron de los retablos estos lienzos (acabada de ser disuelta la compañía por el Papa Clemente XIV bajo la presión de las cortes borbónicas) y los llevarían a la vieja iglesia de <<Foris>> para colocar sin duda titulares de la Orden agustina en San Vicente. Desde luego el traslado se hizo con gran regocijo de los agustinos que al fin abandonaban el apartado convento y ocupaban el mas céntrico y el de mayor culto de los templos de la ciudad. Las leyes desamortizadoras y las revoluciones liberales terminaron con los conventos oscenses y los nuevos ocupantes (el Estado y la Diputación) han encontrado un trasiego de obras pictóricas nacidas del rodar continuo de la Historia.

La Misericordia está rodeada de patios y huertos de la institución benéfica junto al río (pasarela en aquel lugar, <<puente del diablo>> en el habla popular) frente al cerro de las Mártires. Siguiendo la ronda de Montearagón y la Beneficencia sigue acusándose los restos de torreones y muralla en el sencillo caserío, se rodea la plaza de toros y su avenida (de la Unidad Nacional) para enlazar con el coso bajo en la llamada plaza de Santo Domingo, que ocupa el lugar del viejo y gran convento de la Orden de Predicadores, del que tan solo resta como parroquia la iglesia con el título de

SANTO DOMINGO Y SAN MARTÍN

HISTORIA.- Fue el convento de la españolísima Orden de Predicadores (Dominicos) fundación en el s. XIII del gran santo español Santo Domingo de Guzmán. La casa conventual de Huesca lo fue del primogénito del Rey Conquistador Jaime I, el infante don Alfonso, en febrero de 1254 a los pocos años de crearse la Orden. Poco después cuando pensaba marchar a la guerra con Francia que entonces mantenía Aragón, dejó establecido que en caso de muerte fuese enterrado en este lugar, queriendo de este modo mostrar su devoción a la ciudad. Sin embargo, no se cumplió su deseo y el cuerpo del prematuramente malogrado infante reposó en el monasterio cisterciense de Veruela, bajo las cimas del Moncayo, para pasar luego a Valencia. Su regio padre y los sucesivos monarcas de Aragón concedieron un gran número de privilegios a la casa, rivalizando con la devoción de los obispos oscenses. Pedro IV el Ceremonioso atemorizado por la invasión del rey castellano Pedro el Cruel y dada la proximidad del convento a la muralla de la ciudad lo mandó a derruir y la Orden trasladóse a la iglesia del Sancti Spiritus (desaparecida) hasta que pasado el peligro se volviera a reconstruir en el mismo lugar en 1382. pero este a su vez destruido en 1687 en que se levantó la actual iglesia, desapareciendo las obras artísticas del crucero encargo de Vic. Jn. Lastanosa. Así subsistió la Orden de Predicadores en Huesca manteniendo una de las principales casas del reino junto a la Famosa Universidad: 15 capítulos provinciales de Aragón se celebraron en esta casa. Con las revoluciones políticas del XIX, vino la exclaustración, derribándose en 1840, el edificio, excepto la iglesia, donde se asegura que hubo una escalera monumental y artística de las de mayor grandeza en España; modernamente quedó en Parroquia a la que vino a unirse la derribada de San Martín.

FACHADA.- Fachada exterior barroca, de ladrillo de escaso gusto y ornamentación, tipo general de las iglesias oscenses. El templo de amplia nave sin crucero, es obra del arquitecto valenciano Antonio Falcón, por 1687-1695.
INTERIOR.- De una sola nave sígase de izquierda a derecha su descripción, empezando a los pies de la iglesia:
Lado del Evangelio. Retablos laterales 1º, 2º y 3º (sin importancia) 4º también del churriguerismo amanerado y decadente, pero con imagen de santa teresa policromada de talla graciosa. 5º del sagrado corazón (pintura moderna). El retablo de principios del siglo XVIII con gran lienzo de Cristo muerto, virgen, evangelista y José de Arimatea, con ángeles en lo alto, 5º (Crucero) de san Martín (procedente del altar mayor de la parroquia desaparecida): gran lienzo del santo a caballo y escenas (santo Domingo, san José, Anunciación, Visitación, santo dominico y Santa Teresa); el lienzo está firmado por Basilio Cagier. 6º (rincón del crucero). Gran retablo con imagen de Santo Domingo, dominado con su ciencia al demonio. Obra de concepción basta y aparatosa del lego del convento Pedro Nolivos. 7º retablo mayor.- D e lo mejor de la iglesia es el retablo mayor (churrigeresco con gran lujo de ornamentación de bustos y de imágenes de santos dominicos) obra de Pedro Nolivos, hermano lego de la casa y al parecer buen artista de talla, y autor de los dos retablo cercanos en los ángulos del crucero, de fecha 1760 y dorados en 1780, sin duda costeados por el ob. De Albarracín D. Lorenzo Ley y Anzano, ya que llevan su nombre y escudos y fue hijo ilustre de Huesca, dominico de este convento, catedrático de la Universidad Sertoriana y que murió obispo de Segobre. El lienzo del altar mayor, es obra importante del arte aragonés, del gran artista Vicente Berdusán. Es un hermoso conjunto de suaves tonalidades de la Asunción de María: Jesús en lo alto abre los brazos para recibir a su Madre que sube entre ángeles; abajo los apóstoles la contemplan levantando los manos admirados. Se encuentra algo deteriorado. Es obra anterior a la actual iglesia y acoplada al retablo, realizado un siglo después de la obra pictórica.

Son dignas de notarse las pinturas de la cúpula y de las paredes del presbiterio con grupos de ángeles y santos de la orden dominica (representados de izquierda a derecha: San Luis Beltrán, San Vicente Ferrer, Santo Tomás de Aquino, santo estigmatizado, San Pedro de Verona y Santo Domingo de Guzmán, otro y Santa Catalina de Sena. El autor desconocido es de fuerte mano artística, pareciendo coetáneo del retablo mayor y presentando un problema de difícil solución (escuela de Berdusán trasladado al actual templo). Lso escudos son de castillos y leones y al centro, indescifrables.

En la sacristía, son interesantes unas grandes libros de coro miniados, procedentes de la derruida iglesia de san Martín.

Lado de la Epístola.- 9º Retablo de Santo Tomás. Obra en conjunto de Pedro Nolivos y compañero del de enfrente e interesante en su conjunto.

10. Pentecostés (procedente de la derruida iglesia de Sanctis Spiritus); barroco con algunos lienzos de escaso color y composición forzada de figuras,
11. Santos dominicos (sin interés)
Adosado a la pared gran crucifijo de talla, obra inesperada e incomprensible del lego Pedro Nolivos que aquí se nos muestra digno de los mejores artistas de la imaginería española. Es talla acertadísima de expresión y de belleza y ella tan solo coloca al desconocido lego del convento oscense en la ilustre galería de los grandes escultores imagineros de España.
12. (sin interés)
13. Gran capilla del Rosario y de la Comunión.
Conjunto acabado, arquitectónicamente adosada al templo, con cúpula y lujo de ornamentación en relieves de santos dominicos y escenas decorativas, Cúpula decorada y azulejería muy vistosa del XVIII. A la entrada, las grandes figuras de San Jorge, Santiago, San Lorenzo y San Vicente; en las pechinas de la bóveda, medallones y relieves con escenas del Abrazo en la Puerta Dorada, Resurrección, Asunción y Pentecostés. Toda obra, de 1744 al estilo de Urlines, tan generalizado su arte de la ciudad.

Los últimos retablos 14 y 15 (bautismal) carecen de interés. A los pies de la iglesia a ambos lados de la puerta, dos lienzos interesantes de escuela aragonesa: <<Santo Domingo>>, con capa, báculo y ángeles y San Bernardo escribiendo libro condenando a Mahoma y recibiendo un ángel que le lleva corona.

En local exterior, adosado a la iglesia a todo lo largo de su longitud, se pueden admirar los célebres pasos de Semana Santa, obras en su mayoría del buen ingeniero contemporáneo Felipe Cascolla, de Graus, acertados de composición y de talla, algunos de ellos sufrieron deterioro en reciente incendio intencionado (1935): Verónica, Prendimiento (muy vistoso), Crucifixión, Desprendimiento. Curioso el paso de la Muerte en el que aparece un ángel con esqueleto, cristo a la Columna, es obra al parecer, de Pedro Nolivos.

Saliendo de la iglesia se sigue el coso bajo, centro, en aquella parte, del artesanado de la ciudad, y que separa el barrio de San Pedro el Viejo ( el antiguo <<mozarabe>>), a la derecha, y el barrio de San Martín y Santo Domingo ( el antiguo <<morisco>>), a la izquierda. Su trazado sigue el viejo perímetro de la muralla, aquí completamente desaparecido, y se llega a la Plaza de San Lorenzo (a la izquierda), donde se levanta la gran mole de ladrillo de la

REAL Y PONTIFICIA BASÍLICA DE SAN LORENZO.

EL SAN PATRONO DE LA CIUDAD.- Huesca mantiene gallardamente y con las mayores probabilidades, el ser la patria del gran Santo, mártir Lorenzo, rivalizando incluso (modernamente) con la misma Roma, lugar de su martirio.

San Lorenzo, natural y Patrono de Huesca, la más legitima y mayor de sus glorias y el mas ilustre de sus hijos.

Vida y exégesis del santo.- mártir de la roma imperial del S. III; según tradición secular antiquísima , reconocida por S. Agustín (s. IV) y S. Pedro Crisólogo en Rávenna (s. V), era natural de España. Como en tantos casos de personajes célebres (emperadores, Papas, Santos) la tradición, y tradición romana guardó su <<natio>>- español- sin aclarar el lugar que vio la luz primera. Su determinación entro en el terreno de las clásicas polémicas hispanas, disputándoselo Huesca que lleva la ventaja) con Valencia, Tarragona y Zaragoza. Una tradición mas arraigada y su carácter intrepidez y tenacidad de un tipismo auténticamente aragonés, permite proclamar hoy, incluso frente a modernos historiadores de Roma, que el famoso diácono tuvo su cuna natal en la Osca romana.

Pocas de su vida, muchas de su martirio son las noticias llegadas hasta nosotros, contadas principalmente por Tertuliano y por Prudencio. Bajo el pontificado de Sixto II, un edicto imperial de Valeriano en el año 257 prescribía el destierro a los jefes de las iglesias cristianas. Al ser preso Sixto II por los pretorianos apareció a su lado el <<principal>> diácono (<<principal>> lo llama S. Agustín y por tanto presunto sucesor.) como tal llevaba la contabilidad de los bienes comunes de la cristiandad romana, tesoros ardientemente codiciados por el prefecto Cornelio Secularis.

<<El dinero que a vosotros os divide, dice Lorenzo- para los cristianos es lazo de unión>>. El prefecto le concedió tres días para que entregase en los pórticos del Foro los tesoros de la iglesia, vasos, talentos y joyas. La persecución, políticamente muy hábil, contra las cabezas directoras y los recursos de los cristianos, tesoros exclusivamente dedicados a los pobres, es decir a la inmensa multitud hambrienta de la Ciudad de los Césares.

Lorenzo dispuso hábil contra lo hábil- un escándalo burlesco, que pregonase en Roma el espíritu, la intrepidez y la tenacidad cristiana. En el día y en el lugar señalado, presentó en vez de los tesoros la multitud harapienta y miserable de los pobres socorridos por la caridad de Cristo.

A la burla sangrienta y al bochornoso engaño del Perfecto Imperial, vino toda la furia desatada del magistrado imperial. El suplicio de Lorenzo tuvo toda la saña y refinada crueldad bárbara: muerte a fuego lento de parrilla. Pero Lorenzo triunfaba con su martirio y muerte por la resonancia en toda la urbe de la entereza varonil y de la fina arrogancia de que dio muestras en el tormento. Con ello conseguía de la paganía la admiración a un hereo a lo pagano, pero a la vez mártir de Cristo. En su arrogancia llego a solicitar en medio del suplicio que le cambiasen de postura por estar quemado uno de sus costados, proclamando con ello su auténtica sangre ibera. Toda Roma se postergó ante el cuerpo achicharrado del mártir. Su sangre, la atroz agonía de su martirio fue riego fecundísimo para la semilla cristiana, fue, y ahí su novedad, un ejemplo de soberbia santificada, de una entereza indomita lleno de un claro y preconcebido sentido prosélito.. ¡cuanta admiración causaría en la afeminada sociedad romana del s. III tanta entereza y tan indomable espíritu! Así explica su historia la popularidad que en el culto de todos los tiempos el famosos santo oscense: hasta 27 iglesias dedicadas a San Lorenzo hubo en Roma. Hoy mismo la Ciudad eterna conserva 8 templos al famoso mártir, cuando San Pedro solo cuanta 3 al igual que San Pablo, también martirizados en Roma y cabezas apostólicas y San Andrés 5. tan solo los templos marianos le sobrepasan. La grandiosa basílica de <<San Lorenzo fueri le muri>> en Roma es el lugar del tremendo martirio, donde ya bajo Constantino se levantó edificio basilical al glorioso hijo de Huesca.

HISTORIA DEL TEMPLO.- Es el más popular y venerado de los templo oscenses. Levantado donde según tradición tardía, estaba la casa de ls padres de San Lorenzo como patricios de la Osca romana, aunque generalmente viviesen en la quinta cercana a la ciudad. Alrededores: santuario de Loreto.
Parece, sin embargo, de una continuidad tradicional el culto en este lugar, desde los tiempos primitivos cristianos a la conquista de Huesca en el s. XI. Se restauró la iglesia románica de la que no resta nada y siempre objeto de veneración de reyes y del Pueblo. La Cofradía del Santo, fue fundada por el obispo Jaime Carroz en 1283, en la que ingresó el gran rey aragonés Jaime II (que había nacido el día del Santo); se hizo el templo gótico en 1339. en el siglo XV. Fernando el Católico dio en testimonio de devoción, un gran retablo para su altar mayor, obra de su pintor de cámara Pedro de Aponte (hoy día parte de sus tablas en la Col. Iturbe de Madrid). Conocido es el entusiasmo de Felipe II por San Lorenzo, en cuyo día obtuvo su ejército, mandado por Filiberto de Saboya y el aragonés Martín de Gurrea, Conde de la Ribagorza, la resonante victoria de San Quintín contra los franceses. Parece además, por haberse destruido una pequeña iglesia dedicada al santo durante la batalla, que Felipe II pensó en un principio levantar uno grandioso en la tierra aragonesa, quizás en la falda de Guara y hasta ofreció su Baronía de Grañén: el carácter excéntrico dado la magnitud de su proyecto y la carencia de buenas canteras le hicieron prontamente variar de opinión y buscar el lugar en las faldas del Guadarrama (a simple vista desde su <<torre dorada>> del viejo Alcázar madrileño), naciendo el Monasterio del Escorial, la <<octava maravilla del Mundo>> y dedicado al famoso santo oscense. Pero no por ello él y sus sucesores dejaron de ayudar, con gran libertad, el levantamiento de la nueva Basílica oscense que reemplazó al templo gótico. Púsose la primera piedra en Marzo de 1608 encontró el apoyo del Virrey de Aragón (Duque de Alburquerque) y de todo el pueblo, sobresaliendo la familia Cortés, Condes de Torresecas.

Fachada. Es gran edificación- inmensa mole de ladrillo. Desgastada y pobre, tipo general en las fachadas de las iglesias oscenses; la gran torre (desmochada) se levanta sobre la portada de gusto barroco, donde en hornacinas del mismo estilo, se encuentran las imágenes en piedra arenisca del titular y sus padres Orencio y Paciencia. El atrio como único resto del templo gótico del s. XV- tiene cúpula con arcadas apuntadas y una serie de ménsulas con figuras de piedra representativas del zodiaco que servían de pedestal a imágenes desaparecidas.

Interior.- De tres amplias naves y crucero con cúpula, hermosas y elevadas, separadas por recias pilastras, excesivo el retoque decorativo reciente (1930): pero es discreto el conjunto de los ocho grandes frescos en lo alto de las naves laterales, obra del decorador zaragozano Echevarría. Son escenas de la vida del santo, desde su niñez en Loreto, hasta su martirio en Roma.

Capillas laterales.- (De izquierda a derecha) 1ª Bautismal. Gran reja barroca. Retablo de columnas salomónicas e imagen del Resucitado de talla fría y algunos relieves de la Pasión. 2ª de Santa Teresa. Bello retablo con dos lienzos de escuela aragonesa del s. XVI. 3ª del Sagrado Corazón (hoy capilla de la Comunión) con imágenes modernas. El retablo es de buen gusto con dos lienzos al parecer de la Escuela de Berdusán (Santiago y venida de la virgen del Pilar), que las imágenes modernas no permiten contemplar. Completan el conjunto dos relieves de San Andrés y San Vicente, 4ª Cristo en la Cruz, con bello conjunto barroco, lienzos y escudos, 5ª (crucero) de la Virgen del Carmen con ángeles con lienzo recortado sobre hornacina. El conjunto es armónico con pinturas (anunciación, sagrada familia, visitación) de la escuela o taller de J. Martínez (s. XVII) que se completan con la buena azulejería.

Se pasa la Oratoria (especial) de San Lorenzo: capilla muy barroca (fines del XVII) con elementos decorativos en las pechinas, medallones, gárgolas, ángeles y pinturas murales en la cúpula y linterna al estilo de M de Urliens. En el altar, el santo, imagen revestida, Patrono de la Ciudad y objeto de gran veneración. En los muros laterales dos curiosos cuadritos apaisados de paisajes y escenas de caballeros y labradores, que pueden pasar como típicos de épocas, s. XVII. Llevan fecha 1661 y las iniciales D. L. A.

Lado Epistola.- 6ª altar de San Blas y en alto la Crucifixión: 7ª altar de la Purísima cuya imagen moderna cubre el lienzo de San Martín (s. XVII) del altar barroco. 9ª altar del Pilar: muy bello de conjunto y color. En alto la coronación, a los lados la Anunciación y la Visitación y en la parte baja escenas de San Martín- Adoración- San Pedro- (indescifrable)- Epifanía; es obra muy acabada y hermoso conjunto, de V. Berdusán. 10ª En talla, de San Francisco, muy barroca. 11ª, Santo mártir de mal gusto y arte. A los pies de la iglesia y en alto se ha levantado recientemente una capilla a la Virgen de Lourdes de modo deplorable, por romper el conjunto <<Sietecentista>> del templo basilical.

RETABLO MAYOR.- Forma un grandioso conjunto monumental, aunque de talla, en sus elementos decorativas naturalistas excesivos, obra del buen escultor Sebastián de Ruesta, de Barbastro, por 1689: de imponentes columnas salomónicas y perfecta soltura en su realización; las imágenes representan a los santos padres de San Lorenzo (Orencio y Paciencia) y Santos Orencio (obispo) y Vicente, las pequeñas que rematan la obra. Los dos grandes lienzos son obra del excelente pincel Bartolomé Vicente por 1678 que gozó de gran fama en todo Aragón en su siglo; fueron costeadas las obras por el señor de Ponzano, D. Artal de Azlor: representa el lienzo grande <<el martirio de San Lorenzo a la parrilla>>, apoyando el brazo y los pies en el terrible suplicio, mientras su rostro sonríe con la serenidad de los bienaventurados, viendo llegar en torrente de luz los ángeles con las coronas simbólicas del martirio. Conjunto en general muy acabado y de excelente dibujo, sorprendente sobre todo la parte alta que demuestra un pincel suelto a pesar de lo opaco del color. Aún se supera en el lienzo superior de dimensiones mas pequeñas: <<la virgen en su ascensión>> a los cielos, en actitud humilde rodeada de ángeles: aquí la gama de colores es mas viva, pero con tonalidades suaves y forman los dos un buen muestrario de uno de los mas interesantes artistas pictóricos de Aragón.

En el presbiterio de coro de gusto barroco.

Por el lado derecho del presbiterio se penetra en la antisacristía donde se encuentran los retratos de D. Faustino Cortés, primer vizconde de Torrescas y de su tío el obispo de Jaca y Teruel, D. Tomás Cortés, obras de Jusepe Martínez (por 1650). Fueron grandes devotos y entusiastas de esta Basílica de San Lorenzo, y ellos costearon, entre otras, las obras de la sacristía.

Sacristía.- Acabado conjunto que forma una excelente salita de Museo, debida a la devoción de los Torresecas: con 14 lienzos magníficos de Jusepe Martínez que entonan con una arquitectura adecuada y con la decoración propia sin que nada desentone el conjunto, resultando esta sacristía de San Lorenzo, uno de los mas gratos e interesantes rincones artísticos de Aragón y de los menos apreciados. Solo es de lamentar la escasa luz para el debido goce de las pinturas. Jusepe Martínez es el gran artista aragonés protegido de Lastanosa y la figura mas interesante de la pintura aragonesa en el s. XVII, como lo proclamó Velázquez a su paso por Zaragoza acompañado a la corte de Felipe IV. Esta serie pictórica representa escenas de la vida de San Lorenzo, con mezcla de asuntos paganos y retratos de la familia de los fundadores, y motivos sacados de la leyenda dorada del glorioso mártir. Entrando, a la izquierda: 1.º Escena de personajes ante unos huesos humanos. 2.º El Papa Sixto, camino del martirio. 3.º San Lorenzo expone ante el tirano los tesoros de los cristianos. 4.º El Papa Sixto, consagra como diácono a San Lorenzo. 5º Lorenzo, bautiza a San Hipólito- (frente al muro de entrada): 1.º San Lorenzo lava los pies a los pobres. 2º (sobre la puerta), conversión de San Román, 3.º Vocación de San Lorenzo.- Muro de la derecha: San Orencio, padre del Santo. Puertas del Calvario con Dolorosa y Evangelista. Santa Paciencia, madre del santo.- (sobre el muro de entrada: 1.º Curación del ciego; y 2.º (sobre la entrada), martirio de S. Lorenzo a la parrilla.

En las dependencias de la Basílica, conservanse algunas tablas del gran retablo primitivo, donación de Fernando el Católico, obra del pintor Pedro de Aponte, artista de tan honda fibra pictórica en los comienzos del s. XV y tan poco estudiado (véase retablo de Bolea del soberano y sus hijos) se encuentra en la Col. Iturbe, de Madrid. Lo que en la iglesia de San Lorenzo queda por desidia y abandono, es muy escaso, se reduce a dos trozos de una tabla en que San Lorenzo da limosna a los pobres y otros dos trozos de una escena de Papa, cardenal y obispo ante el cadáver abrasado; finalmente una tabla de San Lorenzo encadenado y otra en que lava las manos a su padre. Magníficas todas ellas y que pueden completar el estudio del gran artista Pedro Aponte.

En la sacristía pueden también admirarse los bustos espléndidos de San Lorenzo y San Orencio, este último con cinco pequeños relieves de plata en el friso, obra de un cincel fino, representando escenas del santo. Es digno de mención el pie del gran ostensorio de un Fontana (s. XVIII), copones del XVI, cruz con macolla del s. XVI, cálices por 1600; cruz de altar y sacras, obras de V. Portella (1667-1670). Finalmente, una custodia de plata, de delicada traza florentina, del s. XVII, enviada de Nápoles (en 1733) por el racionero vidania. El cuadro de San Orencio, en los alto, es obra de Pedro Núñez (1632). El famosos terno procedente de Montearagón, ha sido vendido en los últimos años.

Volviendo al Coso en esta parte, la mas frecuentemente de la ciudad y la de sus mejores comercios, se lega de nuevo a los Porches de Vega Armijo.

Fin del Itinerario núm. 2.

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Calaceite Refugio De Los Artistas

SU NOMBRE

Coromines, en la << Revue de Linquistique romane >> de Montpellier publicada en 1947, << Els noms dels municipis de la Catalunya aragonesa >>. En ese artículo aparece la etimología de Calaceit- sin la << e>> final, tal como lo escribe el afamado filólogo catalán-, Joan Coromines ve en el actual pueblo bajoaragonés, el << Qàla´Zeyd el paso a Calaceit es fácil y demuestra, además, que ha sido el nombre de extracción árabe que menos ha sufrido con el pasar del tiempo.
Madoz, viceversa, se inclina por una etimología mas vinculada con la tierra y sus frutos. Desde luego, él también considera a los árabes como los fundadores del pueblo turolense, pero entronca su linaje con el árbol del olivo – muy abundante en toda la comarca- en lugar de un cualquier jeque árabe. En efecto, Madoz traduce <<Qala-zeit>> por << castillo del olivo>>. Queda ahora por ver cuál de los dos ha acertado. Si el publicista navarrado del siglo pasado, que dio a luz el <<Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España>>, obra muy consultada y estimada, o el filólogo catalán que dirigió y fundó la Sección de Toponimia y Onomástica del <<Institut d´Estudis Catalans >> entre los años 1933 y 1939. Desde luego a nosotros se nos antoja mas certera la tesis de Coromines, ya que son muchos los pueblos con origen árabe que deben su topónimo a algún señor o caudillos del lugar. Como muestra y sin alejarnos de la provincia, valga el ejemplo de Albarracín: fue en tiempos, el castillo o la ciudadela de los Ben Razín, poderosa familia árabe, que llegó a construir un verdadero reino de taifa.
Como tercero en discordia, el ilustre caleceitano Santiago Vidiella y Jasá en su <<Historia de Calaceite>> hace referencia al P. Fidel Fita que, en el Boletín de la Real Academia de la Historia, publicando en octubre de 1894, da cuenta del hallazgo de una lápida ibérica en el Mas de las Madalenes, cerca a la aledaña Cretas. En ella, según el erudito historiador, el nombre de Calusceldr bien podría corresponder al Calcet o Calacent de los primeros papiros, ya que son muchos los nombres iberos de localidades que empiezan con el prefijo cal. Si a esto añadimos que la lápida fue hallada en las proximidades de la línea divisoria del término municipal, puede parecer natural suponer que se tratara de un mojón indicativo de límite de jurisdicción

SU HISTORIA

Pero pocos adeptos ha encontrado esta hipótesis. Lo cierto es que Calaceite está vinculado, en sus albores, con la historia de los árabes en España. Con anterioridad a ese importante período de la historia de la patria, bien poco se sabe o se ha descubierto sobre la existencia de nuestro pueblo. Y ello, a pesar de la fíbula visigoda hallada en el poblado ibérico de Calaceite y conservada en el Museo Arqueológico de Barcelona, que bien poco significa de por si sola por eso de que <<una golondrina no hace primavera>>

Si la historia no comienza de forma fidedigna hasta la invasión árabe, la prehistoria de Calaceite es más rica en datos o, cuando menos en importantes hallazgos. Fuente inapreciable para establecer algunos hitos en la prehistoria calaceitana ha sido el poblado ibérico de San Antonio, situado a unos dos kilómetros del pueblo, camino de Cretas y sobre el cerro homónimo que hacia sureste se enfrenta el alcor que da asiento a Calaceite.

Las primeras excavaciones corrieron a cargo del célebre arqueólogo Juan Cabré, en 1902. a él se unieron luego Santiago Vidiella y Julián Ejerique, todos hijos de Calaceite, estos primero contactos con el mundo de los primitivos calaceitanos empujó al <<Institut d´Estudis Catalans>> a moverse, y así en 1915 el muy afanado arqueólogo barcelonés – fallecido el año pasado en México D. F-, don Pedro Bosch Gumpera, encabezó las excavaciones y les dio una estructura mas orgánica.

Según el ilustre arqueólogo los varios poblados ibéricos de la zona bajoaragonesa debieron existir entre los siglos IV y I antes de Cristo, y concretamente el de San Antonio lo fecha entre los siglos IV y III antes de Cristo, imputando su desaparición a un incendio tal como parecen atestiguarlo las huellas visibles en las paredes del recinto. Los trozos de cerámica hallados en el poblado de San Antonio, así como en los de Mazaleón y Cretas, demuestran que los primitivos iberos mantenían contactos comerciales con las colonias griegas de la costa, entre Tortosa y Sagunto. Entre todas las estaciones prehistóricas del término municipal de Calaceite- Tossal Redó Alto y Bajo, Les Ombries, El Villalonc, Les Ferreres-, la de San Antonio es la más importante de todo el Bajo Aragón.

MOMENTO NACIONAL

El poblado actualmente es meta de excursión obligada para el turista que recalca en el pueblo, ya que ha sido declarado Monumento Nacional. En las proximidades, además, está emplazada la ermita dedicada a San Cristóbal, desde donde se disfruta de una panorámica envidiable sobre toda la comarca circundante. Puede que, de no ser por los montes del vecino Parrizal de Beceite- parque natural y reserva ecológica muy importante-, en los días claros se podría ver el azul del Mediterráneo que, en línea recta, no está mas lejos de setenta kilómetros. Alrededor de la ermita tiene muy buenas posibilidades de crecer una urbanización a base de chalets. Por lo menos, alguien ha pensado ya en ello.

A la Edad de Piedra pertenecen las pinturas rupestres del abrigo de Val del Charco del Agua Amarga, cerca de Mazaleón, las del barranco de Cañapatá, en la línea divisoria entre Cretas y Calaceite, y las del Gascón y Vall Robira, dentro del término municipal de Calaceite. También han sido llamadas hachas pulimentadas, puntas de flecha, restos de rudimentarias cerámicas y otros utensilios que denotan una vida sedentaria en esas tierras. Efectivamente, fue precisamente en el Neolítico o Edad de piedra pulimentada, cuando el hombre primitivo aprendió a asentar sus reales, empujado por la necesidad de una vida que giraba ya alrededor de la agricultura. Con este tipo de vida surgen también nuevas exigencias en cuanto a disponer de otros elementos para hacer la vida mas cómoda: cerámica, enseres de uso doméstico.

Con la Edad de los Metales es cuando empieza a sonar el poblado ibérico de Calaceite. Los restos mas importantes hallados en él, como el thymaterion o caballo de bronce- un labrador que encontró la preciada estatuilla la vendió a un chamarilero por noventa insignificantes pesetas, y éste la vendió al Louvre, donde estuvo hasta que en 1941 regresó a España junto a la Dama de Elche, que también había conocido el camino del exilio- y la falcata o espada de Calaceite como también la denominan los entendidos, se fechan en la Edad del Hierro, que llega hasta las mismas puertas de la Historia, o sea, hasta 200 años antes del nacimiento de Cristo.

¿Pero quiénes fueron los primeros habitantes del poblado de San Antonio?, ¿Eran Edetanos o Ilercavones?

Don Santiago Viliella y Jasá en sus <<Recitaciones de la Historia Política y Eclesiástica de Calaceite>> - publicada en Alcañiz el año 1896 – afirma que Calaceite, y por ende el poblado ibérico, estaba situado en el límite más oriental de la Edetania, <<en el recodo que desde Castellote a Escatrón formaban sus fronteras, comprensivo en toda o gran parte de los modernos partidos judiciales de Valderrobres, Alcañiz y Caspe>>, allá donde el río Algás marcó la línea divisoria entre la Ilercavonia y la Edetania. <<Si Alcañiz y Mazaleón- observa agudamente el ilustrado abogado calaceitano – formaban entre las ciudades edetanas y Batea era ilercavónica, hay que buscar la divisoria muy cerca de nuestro pueblo>>.

Y es muy importante esta división territorial, ya que, milla mas o menos, se mantuvieron las fronteras íberas a lo largo de las distintas dominaciones siguientes y aún, cuando pudieron cambiar por exigencias políticas o militares, las razas ya se habían asentado y los núcleos habitados ya estaban formados. Así, el río Algás, desde aquel entonces, siempre ha marcado el límite entre Aragón y Cataluña. Y Tortosa, que detentó una especie de capitalidad sobre la comarca, la sigue manteniendo <<de facto>>.

El paso de griegos, fenicios y cartaginenses por las tierras del Bajo Aragón no encuentra eco en las crónicas pasadas. Fueron pueblos que se asentaron a orillas del mar que, muy de vez en cuando, se metieron tierra adentro y solo por motivos comerciales. Puede que los únicos que llegaron a pasar por San Antonio fueran los cartagineses, que no tuvieron nunca reparos en meterse por terrenos desconocidos y pocos amigos y que anduvieron arriba y abajo por la provincia, acaudillados por el terrible Aníbal, en su intento de aniquilar a la inmortal Sagunto, en el año 219 antes de Cristo.

Los romanos, en esta franja de España, anduvieron muy ocupados tratando de dominar a los rebeldes cartaginenses. De todas formas, nuestro pueblo formó parte de la España Citerior – posteriormente la Tarraconense – y dio, como toda la provincia, valientes caudillos íberos, que dieron mas de una preocupación a cónsules y pretores romanos. Como muestra Edescón, príncipe de los edetanos y contemporáneo de esos terribles Indíbil y Mandonio.

Durante la dominación romana se produce un hecho que ha de revolucionar el mundo. Nace en Belén el hijo de Dios. La religión cristiana, con sus mártires y sus apóstoles, se expande rápidamente por todo el mundo conocido con aquel entonces y conquista adeptos sin cesar. El apóstol Santiago estuvo predicando en Montalbán, a un centenar de kilómetros, y esa proximidad hizo que también llegará a nuestro pueblo la fe en Cristo.

Restos romanos en nuestras tierras bien pocos podemos reseñar, como no sean las murallas o restos de lienzos hallados en Azaila y en Calaceite. Pero indudablemente el mejor legado de Roma fue su dominación cultural, que dejó a la provincia una división administrativa y su derecho.

Volviendo a nuestra fuente, transcribimos lo que don Santiago Vidiella opina sobre la dominación visigoda en Calaceite <<Desde que en el siglo V el septentrión envía al mediodía el nublado de sus temibles hijos encargados de purificar el caduco mundo romano, hasta el siglo VIII en que el mediodía lanza sobre España los fanatizados hijos del desierto para reanimar la decadente civilización hispano- goda presa de imponderables enervamientos, pasa el período gótico completamente estéril para nosotros>>. Y hay más. Don Jaime Caruana de Barreda, cronista de Teruel escribe; <<La historia de la dominación visigoda en la Tierra Baja puede resumirse brevemente: no existe>>.

Es por ello, que al comienzo afirmábamos que la fíbula o imperdible visigodo hallado en Calaceite no podía ser prueba del asentamiento de un pueblo entero en esas tierras.

Pero volvamos a nuestros fundadores, los árabes.

Si en el año 711 lo sarracenos desembarcan en Gibraltar derrotando a Rodrigo, el último rey godo, todo parece indicar que en poco tiempo los musulmanes alcanzarían nuestro pueblo, ya que el Levante y las tierras del bajo Ebro habían alcanzado un nivel agrícola que las hacía particularmente apetecibles, especialmente para esos hombres sedientos de tierras fértiles. En efecto, Tarik desde Gibraltar llega a Zaragoza en el año 712 – un año escaso desde el desembarque-, y siguiendo la orilla del Ebro se encamina hacia la opulenta Tortosa para luego ir a la conquista de Valencia y su feraz huerta.

Si la conquista fue rápida, mucho mas lenta y llena de dificultades fue la reconquista que, además, tuvo que realizarse en tres etapas sucesivas.
Pero, antes de seguir adentrándonos en los meandros de la historia, trataremos de ver donde está y como es nuestro pueblo.

CALACEITE HOY

Situado en el punto kilométrico 420 de la Carretera Nacional núm. 420 de Tarragona a Córdoba, Calaceite es el primer pueblo de la provincia de Teruel que encuentra el viajero procedente de tierras catalanas. Efectivamente, el mojón que indica el cambio de provincia está a unos seis kilómetros de la población que aparece súbitamente tras la última curva de una carretera que sube lentamente desde las orillas del Ebro en Mora.
La vista es agradable. Sobre la ladera de un cerro, casas ocres y pétreas se arraciman bajo los restos del otrora enhiesto castillo. Desde los 511 metros de altura de ese cono trunco, que es la colina donde se asienta el pueblo, se dominan perfectamente los 81,1 kilómetros cuadrados de extensión del término municipal.

Pero si el castillo ya no es mas que un recuerdo en la mente de los calaceitanos orgullosos de su pasado, el pueblo alberga un conjunto arquitectónico muy armonioso. Sobriedad de líneas, amplias fachadas de sillería, viejos blasones, ventanas ajimezadas, arcos góticos y porches, nobles mansiones.

El pueblo vive mas volcado hacia Cataluña. No en balde dista 197 kilómetros de Teruel y un centenar escaso de Tarragona. Efectivamente Al idioma que allí se habla es el catalán y las gentes, si no es por problemas administrativos o burocráticos, se sienten mas inclinados a resolver sus asuntos particulares en Tarragona o Tortosa, que esta a tan solo 65 kilómetros, y es una ciudad en todo el alcance de la palabra. Calaceite cuenta actualmente con 1625 habitantes de derecho y 1621 de hecho, según datos recopilados en el censo de 1970. Esta población en verano aumenta algo por la siempre mayor afluencia de turistas nacionales, que huyen del calor agobiante de las ciudades y buscan refugio entre las gruesas paredes de esas casonas antiguas y sólidas. Puede que cuando la urbanización en el monte de San Antonio, cerca de la ermita de San Cristóbal, sea una realidad, la población flotante en verano llegue a duplicar el actual censo del pueblo.

CLIMA Y PRODUCCIONES

El clima de Calaceite es el clásico de las tierras de secano. Un frío seco en invierno y asuramiento en verano, siempre y cuando prudentemente no se vaya en pos de la sombra abundante de esas callejas estrechas y evocadoras. Con respecto a las vecinas poblaciones de Gandesa, Mora o Alcañiz, tiene Calaceite la ventaja de sus 511 metros de altura que mitigan, en parte, los ardores del verano del interior de la península ibérica. Las noches frescas y perfumadas del verano calaceitano son un verdadero alivio tanto para el cuerpo como para el espíritu.

No hay que olvidar que el pueblo está y forma parte del Bajo Aragón.

Su vida, por lo tanto, es eminentemente agrícola. Los olivos cubren con su verde grisáceo la mayor parte de los campos de la comarca y se van alternando con los bancales de trigo y alfalfa. A lo largo de la carretera algunos avellanos delatan otra faceta de la producción agrícola de la región. Pero indiscutiblemente el dueño y señor de las cosechas, el tema de discusión por antonomasia en la Hermandad de Labradores, es el aceite. Es un líquido bueno y perfumado, puede que, sin tantos refinamientos sinónimos muchas veces de adulteraciones, que los de Calaceite venden a todo el país, junto a sus aceitunas negras, sabrosas y apetitosas.

También el vino no engaña en tierras calaceitanas. Puede que los 100 kilómetros que separan el pueblo de Falset, capital de la zona vinícola del Priorato, influyan en esa técnica tan antigua y delicada.

El río Matarraña y el Algás, con su red de acequias, riegan apenas 65 las 4.924 hectáreas, consideradas como la superficie laborable de secano del término.

A estos alicientes naturales Calaceite une el atractivo de ser un pueblo con empaque. Puede que, por ello, la Mancomunidad turística del Maestrazgo de Castellón- Teruel haya querido incluirlo en esa ruta turística, como digna y elegante puerta a esa comarca geográfica, turística, como digna y elegante puerta a esa comarca geográfica, turística e histórica que el viajero encuentra viniendo de Cataluña.

El Maestrazgo es una zona geográfica e histórica que comprende pueblos serranos de las provincias de Castellón y Teruel. Pueblos que no ofrecen mas que su propio encanto, su tradicional hospitalidad, sus aires sanos. Pueblos donde lo natural es ley y la espontaneidad una costumbre. Pueblos en los cuales el viajero siempre descubre algo nuevo y nunca se aburre. Pues bien, que puede por reunir todas estas ventajas, Calaceite haya entrado por méritos propios en ese Maestrazgo turístico, algo mas extenso y amplio que el meramente histórico.

PASEO, SIN PAUSA Y SIN PRISA

Al que llega al pueblo por primera vez, los de Calaceite le enseñan con legítimo orgullo la iglesia parroquial. Templo barroco importante cuya primera piedra puso don Severo Tomás Auther, obispo de Tortosa, el 2 de octubre de 1695, y cuya solemne inauguración tuvo lugar el 3 de agosto de 1710. Tiene ciertas características de catedral y sus tres grandes puertas sobre la fachada principal, están claveteadas con sorprendentes clavos afiligranados. La puerta principal, además, está flanqueada por imponentes columnas salomónicas que apoyan sobre zócalos que llevan grabado el escudo concejil; un perro rampante.

La historia del escudo también tiene, como toda historia o tradición en los pueblos algo de pintoresco. Hay quien fecha su origen allá por los Siglos XII y XIII, cuando los símbolos heráldicos estaban muy de moda. El perro en su primera acepción no significaba otra cosa que la expresión de fidelidad de los vasallos a sus señores. Luego, hacia el siglo XV y como reverente tributo a la unción entre la villa y el obispado de Tortosa, el perrito se representaba en actitud de sumisión a la Virgen. Pero poco le duró la devoción mariana al animalito, que las disensiones entre el cabildo y los munícipes hicieron que el perro anduviera otra vez solo por escudos y blasones.

Desde el templo la calle de la iglesia desciende hacia la plaza Mayor. Es la plaza que ha conocido mas nombres, puede que por ser la mas transitada del pueblo. Primero se llamó del Sitjá, luego de la Constitución y, por último, de España. Pero los del pueblo la conocen simple y llanamente como la plaza <<de baix>>,para diferenciarla de la opuesta<<del dal>> aunque mucho mas pequeña y sin el empaque que caracteriza a la Mayor.

Allí se alza la Casa Consistorial sobre los hermosos porches de la Lonja. Noble edificio cuya construcción fue proyectada allá por el año 1606 y que culminó en 1613. por aquellas fechas, Calaceite contaba con unos 300 vecinos y las funciones del Ayuntamiento ya empezaban a ser necesarias. En el patio de la Casa de la villa se conserva una bonita clave gótica, correspondiente a uno de los arcos de la primitiva parroquia de Nuestra Señora de la Virgen del Pla, cuya construcción parece remontase a la mitad del siglo XIII y de la cual no restan mas que algunas piedras utilizadas en la construcción de la actual iglesia. De la misma manera que del castillo quedan únicamente algunos sillares que soportan el peso de la mole parroquial. La clave gótica, posiblemente del siglo XV, representa la imagen de la Virgen sentada con el niño en su brazo izquierdo mientras que al otro lado de la figura aparece el perro, símbolo de Calaceite, en postura reverente. Ello demuestra que la clave debió ser construida en la época en que la villa dependía en todo del obispado de Tortosa.

El Ayuntamiento en su salón de actos luce un hermoso oratorio en el que destaca una talla del siglo XVII, que representa al Crucificado. Cuando Calaceite fue saqueada, como mas adelante veremos, los miqueletes quisieron arrancar la imagen, que se resistió de forma sobrenatural a la profanación. La tradición, benévola con las santas imágenes, atribuye a esa ocasión la pérdida de un dedo, mientras que la falta de los brazos fue el resultado del afán sacrílego de la pasada contienda civil.

Otra curiosidad, aunque del género profano, merece ser destacada en la casa consistorial. Se trata de la antigua cárcel del pueblo que, hoy, los ediles han preferido adecentar para convertirla en una bodega original donde, propios y extraños celebran, con buen vino y mejor jamón, las fiestas populares del mes de agosto.

Reliquia muy querida y venerada en Calaceite, ahora que hablamos de objetos que merecen la devoción popular, es la Santa Espina. Siempre ateniéndonos a la tradición, esta refiere que un misterioso peregrino, en época muy poco anterior a la conquista definitiva de la plaza por las tropas cristianas, entró en la iglesia de San Pablo y depositó sobre el altar, mientras estaban oficiando, una de las espinas de la corona de Cristo. Los calaceianos la tuvieron siempre en gran estimación, y a ella recurrían para conjurar el peligro del pedrisco, de las heladas o de las largas sequías. En este caso la leyenda se divide. Mientras unos creen que la Santa Espina llegó al pueblo de la mano del misterioso caballero, otros opinan que los bueno monjes de Calatrava, dueños y señores del pueblo durante muchos años, fueron los que donaron la santa reliquia a sus súbditos. Lo cierto es que a punto estuvieron los calaceitanos de perder tan preciado tahalí, cuando la invasión de las tropas franco- catalanas en 1643. La patriótica y piadosa intervención del ecónomo de la parroquia, Miguel Amiguet, que escondió el relicario en la grieta de un ribazo, conocido por Camparrás, evitó una pérdida que hubiese afectado mucho a todos los hijos del pueblo. Cuando tras las lógicas dificultades para volver a hallar la reliquia, el buen sacerdote pudo hacerse con la santa prenda, los calaceitanos decidieron dedicar a la Santa Espina el segundo día de Pentecostés, como día grande de fiesta en su honor.

La plaza mayor, que duda cabe, es el ágora donde acuden todos los del pueblo, al menos una vez al día. En invierno y cuando el sol todavía calienta en su zénit, los ancianos se sientan en los bancos de piedra adosados a las casas de la plaza, cuchicheando o simplemente observando como su viejo pueblo amanece cada día con espíritu renovador.

Incrustada en uno de los pilares que soportan esbeltos arcos góticos, puede verse todavía la vara que servía de modelo oficial a todas las varas de medir para que fuesen legales. También está l´argolla, especie de corbatín de hierro en el que en otros tiempos se sujetaba a los ladrones expuestos a la vergüenza pública junto a lo que habían robado.
Siempre en los pilares de los porches, se advierten los abundantes huecos que hasta hace pocos años sirvieron para colocar las vigas con que armar en el encierro de los toros. Las capeas tuvieron aquí una gran tradición, y las vaquillas siguen alentando en los días de fiesta mayor los ánimos de los mozos.

La vieja cruz gótica, actualmente desterrada en la plaza Nueva, ya en las afueras del pueblo, se alzó en otros tiempos en el centro de esta plaza tan perfecta, tan dimensional pero la cruz estorbaba al jolgorio de los toros y hace poco mas de un siglo se trasladó a su nuevo emplazamiento, la plaza de Santa María antes, de Dal luego y Nueva ahora.

La leyenda de la Cruz de término no debe ser, por tanto, muy antigua. Cuando se cale la noche, la vieja cruz se duele a solaz de su destierro. Hay quien la ha oído y la oye gemir todavía. Algunos llegan incluso a asegurar que quiso vengarse de los calaceitanos provocando una prolongada sequía...

La sequía, efectivamente, es uno de los peores enemigos con los que tienen que enfrentarse los campesinos de por aquí. Calaceite. Antes de contar con agua corriente, disponía de la Bassa. Un enorme embalse que aseguraba el agua a todo el pueblo y hoy sirve como campo de fútbol. El calaceitano que había tenido ocasión de contemplar el mar, se resistía a admitir que su Bassa fuese mas pequeña. <<Lo qu´es com ample si que hu es més – reconocía-, pero de fondo no hu sé>>

La importancia que llegó a tener la Bassa y por ende el agua, en estos pueblos de secano, queda de manifiesto en los artículos 349 y 352 del Fuero de Teruel concedido por Alfonso II en octubre de 1176, que castigan por las rupturas de acequias o presas, o los 359 y 360 que penan el hurto del agua.

Por la calle de la iglesia volvemos a lo mas típico y señorial del pueblo. La calle de la iglesia tuvo antes un curioso nombre. Era conocida por el Carré dels Hostals, ya que hostals eran los edificios nobles e importantes de la villa, y la urbanización del pueblo se complació en agrupar alrededor del sagrado recinto a las mejores y mas solemnes construcciones de Calaceite. Efectivamente, asombran las magníficas fachadas en piedra de sillería y los majestuosos balcones de piedra labrada a lo largo de casi toda la calle, amén de las puertas doveladas, hasta acabar con la – a nuestro juicio – mejor casa de Calaceite, que se levanta justo enfrente de la iglesia y sobre unos arcos góticos que nada tienen que envidiar a los de la plaza Mayor. allí también hemos visto renacer, con enorme alegría, unos Porches del siglo XIII, que han vivido tapiados durante muchos años y que ahora vuelven a resplandecer con toda su fuerza y belleza arquitectónica, gracias a la perspicaz acción restauradora de los maestros albañiles de Calaceite que, poco a poco, van adquiriendo fama de óptimos y prudentes restauradores.

A la izquierda de la iglesia, una calle tan típica y tan pródiga en bellas fachadas nos lleva a la capilla de Nuestra Señora del Pilar.

Apoya la capilla sobre monumentales arcos románicos, para formar lo que llegó a ser uno de los rasgos esenciales de la arquitectura turolense: y torre- puerta. Su doble finalidad religiosa y militar – campanario y defensa – las ha hecho proliferar tanto en la capital como en muchos pueblos de la provincia. Parece ser que su origen hay que buscarlo en el precedente del campanile del sur de Italia, sobre todo por su similitud en los arcos entrecruzados propios del arte sículo- normando. Y no es de extrañar esta conclusión a la que llega el profesor Gonzalo Borrás, ya que Italia tuvo mucha relación con la Corona de Aragón a lo largo de los siglos, tanto cultural como comercialmente.

Otra torre puerta es la de San Antonio. Está ubicada al otro lado del pueblo, a espaldas de la iglesia, casi enfrente de la plaza Mayor. es tanto o mas bonita que la primera y su fachada posterior campea el escudo heráldico del pueblo, esculpido en la piedra de las recias columnas que soportan el peso de los imponentes arcos románicos.

Cuatro puertas tuvo el pueblo. Hoy tan solo se conservan dos. En la plaza Nueva donde gime la vieja cruz gótica, había el Portal de la Font y la Taula de la Carrasca que era la mas importante. Estaba allí la <<Mesa del Genaral>> o Aduanas que el reino de Aragón acostumbraba situar en los pueblos de frontera como Calaceite que lindaba y linda con Cataluña.
La mesa esta echa de madera de encina o carrasca y de ahí el nombre que se conocía tal servicio de aduana.

Callejas en sombra, edificios remozados, piedra de sillería que vuelve a ver el sol tras el largo cautiverio bajo la blanca capa de cal, puertas de recia y noble madrea, plazas recónditas y calles con historia, esto es Calaceite.

OTRA VEZ LA HISTORIA: LA RECONQUISTA

El primer conquistador de Calaceite fue Alfonso I el Batallador. Era el año 1119. a fuer de sincero los historiadores mencionan, entre las conquistas de ese segundo César- como se le quiso llamar por sus victorias -, únicamente Alcañiz, Castelserás, Calanda, Castellote, Alcorisa, Caspe y Maella, e incluso Mequinenza y Nonaspe. Pero todo hace suponer que el monarca aragonés ocuparía también el castillo de nuestro pueblo, ya que se encontraba precisamente en el centro de sus recién conquistados territorios.

Confió el monarca la custodia del pueblo a don Pedro Sancho Vidal de Abarca, que se convertía así en el primer señor de Calaceite. Pero poco duró la dicha de los calaceitanos. Alfonso I no supo valorar a sus enemigos o confió demasiado en la fama de invencible que había adquirido su ejército. Lo cierto es que el valiente caudillo árabe Yahya Abengania, en julio de 1133, derrotó al ejército cristiano justo bajo los muros de Fraga. El Rey Batallador murió mientras se retiraba hacia Zaragoza. Calaceite lógicamente no tardó en volver a sufrir el peso de la cimitarra musulmana.

La muerte del rey cristiano sin descendientes creó un grave problema dinástico. Hubo quien propuso entregar las posesiones del monarca a las órdenes militares nacidas en función de la cruzada da los Santos Lugares, pero los aragoneses preferían un monarca y un buen monarca.

Fue que por eso eligieran al hermano del fallecido rey, a Ramiro, el abad del monasterio de San Ponce de Tomieras. El buen monje tuvo que cambiar la mitra por la diadema real, y el cayado pastoral por la tizona debeladora de sarracenos. Y no solo eso, sino que tuvo que contraer nupcias para resolver el siempre mayor problema dinástico. De ese matrimonio nació Petronila que aún joven fue entregada en matrimonio al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Fue así como Aragón y Cataluña se vieron unidos por primera vez. puede que es aquí donde habría que empezar a hurgar para hallar una explicación a ese idioma catalán que hablan los de Calaceite.

En 1151 los caballeros de Cambrils, fuertes y atrevidos guerreros y validos del conde barcelonés, conquistaron tres torres a los moros en estos términos. En pago de ello el soberano les concedió el señorío hereditario sobre Calaceite, Arens y Lledó, ya que las tres torres pertenecían a los castillos de sendas poblaciones. Según un documento hallado por el padre Moix- carmelita descalzo que en el año 1774 reunió en un tomo las <<Noticias de Calaceite>>- las tres torres son la del propio castillo de Calaceite, el << Puch >> que se elevaba sobre el actual poblado ibérico de San Antonio, y la tercera, que se levantaba en el Castellar, donde está el barranco de Calapatá, en la línea divisoria entre Calaceite y Cretas.

Pero los moros que seguían ocupando los montes de Beceite no dormían, y tan pronto como pudieron, en 1153, recobraron lo que los guerreros de Cambrils les habían quitado dos años antes, y que, debido a la vastedad de sus conquistas, no pudieron defender, como era menester, con guarniciones apropiadas a la fiereza de tamaño enemigo.

Hay que esperar hasta Alfonso II y al año 1167 o 1168 para que Cataluña vuelva otra vez la fe cristiana. El rey Casto, que sucedió al conde catalán y príncipe aragonés en el trono de Aragón de 1163, había confirmado un año antes la carta- puebla de Alcañiz. Luego prudentemente, y para evitar el peligroso poder que iban adquiriendo los Templarios en todo el reino, cedió Alcañiz y sus tierras y poblaciones colindantes a la castellana orden de Calatrava que, instalándose en el castillo sobre el Puy Pinós que domina la ciudad, llegó verdaderamente a señorear en esas tierras. Era el año 1179. maestre de la Orden de Calatrava era Martín Martínez cuando el 1º de agosto de 1205 subinfeudó Calaceite a los caballeros Rotlando de Cambrils y Dalmacio de Canelles. Vuelven los Cambrils a ser señores de Calaceite, aunque por poco tiempo ya que ese caballero fallece sin herederos, y su feudo, por línea colateral femenina, va a parar a manos de Sancho de Sariñena y Rodrigo de Bolea. Dalmacio de Canelles se quedó con las villas de Arens y Lledó.

Los dos nuevos señores del pueblo fueron los que 1207 otorgaron a Calaceite la primera carta- puebla.

Tras este paréntesis de señorío casi independiente, en 1237 Oliva de Sariñena vende su parte el señorío a la orden de Calatrava; mientras que alguno años mas tarde doña Onceda hija de Rodrigo de Bolea y doña Arsén, hacia piadosa donación a la mentada Orden de la otra mitad del feudo de Calaceite. Vuelven pues los buenos monjes de Calatrava a ser dueños y señores de Calaceite, como la prueba de un documento fechado en 1271 y como siempre, los de Calatrava no hicieron pasar su autoridad; viceversa intentaron favorecer, en la medida de sus posibilidades, a sus antiguos súbditos así <<Un sábado, a cinco días del mes de junio de 1277- según nos relata el meticuloso y exacto don Santiago Vidiella-, otorgaba en Calatrava el maestre don Juan Gonzálvez un poder para el comentador Pérez Ponce: por aquellas sus letras autorizaba y confirmaba de antemano cuántas posturas y convenios firmaría el comendador alcañizano con el consejo de Calaceit sobre la forma y pormenores del dominio>>

<<No se hizo esperar la que podríamos llamar carta magna de la libertad calaceitana>>, y sigue Vidiella y Jasá en sus Recitaciones: <<dictó en el siguiente año 1278 el monumento mas precioso, la verdadera constitución escrita de Calaceite>>.

Desde entonces y hasta el 23 de septiembre de 1428, Calaceite fue una encomienda de la Orden de Calatrava, y larga es la lista de sus comendadores para trascribirla en este estudio que poco tiene de erudito, ya que sus pretensiones son meramente informativas.

EL CABILDO DE TORTOSA

Antes de la fecha arriba mencionada hay que reseñar otra que, aún no afectando de lleno a nuestro pueblo, es de gran resonancia en toda la provincia y en el país entero. Nos referimos al <<Compromiso de Caspe>> que el 24 de abril de 1412 hizo la corona de Aragón se depositara sobre la cabeza del príncipe don Fernando de Antequera. El hecho fue vivido intensamente en Calaceite, ya que fue en Alcañiz donde se fraguó el célebre compromiso y donde se decidieron los nueve compromisarios de entre los cuales había de salir elegido el rey que dirimiese la cuestión sucesoria planteada a la muerte de Martín el Humano.

A partir del 23 de septiembre de 1428 la Orden de Calatrava permuta la villa de Calaceite por la de Colmenar al rey don Juan de Navarra, que lo era también de Aragón. Al año siguiente, el 3 de marzo de 1429 y en Tudela, el rey otorgó la escritura de propiedad del señorío de Calaceite a la casa de Ariño, que también poseía las Villas de Maella y Fabara, a cambio del Marquesat en la provincia de Lérida y la diócesis de Urgel.
Los Ariño mantienen el nuevo señorío hasta el 4 de diciembre de 1452, fecha en que por 11.500 libras jaquesas lo venden al Cabildo de Tortosa. La compra, en honor a la verdad, fue promovida por los mismo calaceitanos, quienes se comprometieron a reintegrar a la comunidad de canónigos la cifra pagada en cómodos plazos, ya que estaban convencidos que bajo la dominación clemente del cabildo tortosino, habían de conservar sus derechos y ver aumentadas sus libertades y beneficios.

En el año 1462 y a causa de la premeditada muerte que el rey don Juan II infligió a su desgraciado hijo, el príncipe de Viana, la sierra del Maestrazgo se levantó en contra de su rey. Para reprimir esa especie de guerra civil el rey ordenó al comendador de La Fresneda el volver a poner paz en las tierras sublevadas. El comendador calatravo se apoderó fácilmente de Calaceite, tanto es así que el Cabildo tortosino supuso que lo calaceitanos veían de buen ojo la vuelta al dominio de los calatravos. El rescate que puso el de Calatrava para devolver Calaceite que ya veían avecinarse un nuevo señor con mas prebendas y otros vasallajes. Recurrieron entonces al Justicia de Aragón- no en balde llamado el juez de los oprimidos-, y éste sentenció a favor de los calaceitanos en el año 1514.

Otra fecha importante en la historia de la villa es la del 21 de julio de 1571 cuando el Justicia de Aragón, en nombre del rey Felipe II, confirmaba a Calaceite todos y cada uno de los privilegios que otros reyes aragoneses le habían otorgado en distintas épocas pasadas.

Entre los años 1640 y 1651 Calaceite asiste y sufre a la rebelión de Cataluña contra el rey Felipe IV, o mas bien contra su valido el conde- duque de Olivares, quien no cesaba de instigar al monarca en contra del principado catalán, llegando incluso a hacer decretar la abolición de los fueros.

La situación de Calaceite, por ser un pueblo de frontera, fue de lo más comprometida, ya que tenía muchos vínculos- comerciales y familiares- con los rebeldes catalanes, que se habían aliado con los franceses para combatir las tropas reales. Hacía los primeros meses de 1643 el ejército del francés La Motte infligió una dura derrota a las tropas reales. La situación de Calaceite se hizo harto peligrosa, sobre todo a la vista de los saqueos y desmanes que los miquelets realizaban por donde pasaban.

Apenas tuvieron tiempo los calaceitanos de abandonar la villa, y el 25 de mayo de aquel aciago año de 1643 entraron las hordas vencedoras en Calaceite, destruyendo, quemando y profanando todo lo que encontraban y llevándose lo que consideraban de algún valor. Mal recuerdo guarda el pueblo de esa Pascua, cuando fue quemado el mejor molido de aceite del reino y desaparecieron de la iglesia sus siete campanas, el órgano y el reloj de la torre, amén de los cuadros, ornamentos y reliquias, como la Santa Espina de la cual ya hemos hablado. Las preocupaciones finalizaron con la capitulación de Barcelona, el 13 de octubre de 1651.

Así y siguiendo bajo el domino del Cabildo de Tortosa, a pesar de las muchas y frecuentes desavenencias entre calaceitanos y clérigos, a veces por nimiedades, se llega a la Guerra de Sucesión que domina el panorama del siglo XVII. Calaceite fue carlista, ya que con Alcañiz, Calanda y otras poblaciones se alineó de la parte archiduque Carlos cuando éste desembarcó en Barcelona para hacerse con la ambicionada corona de España que Carlos II dejó sin heredero. Calaceite y parte de Aragón pagaron cara su fidelidad a la causa carlista. Felipe V, el primer Borbón de la dinastía española, tan pronto ciñe la corona de España promulga un decreto por el cual quedan derogados todos los Fueros de Aragón. Era el 29 de junio de 1707.

Un siglo mas tarde, y tras la Guerra de Independencia se libera del yugo feudal. El Cabildo de Tortosa pierde toda prerrogativa sobre el pueblo.

No se puede decir que nuestro pueblo tomó parte activa en la feroz y patriótica contienda de los españoles contra el invasor francés. Pero si se puede afirmar que no dejó de prestar ayuda, tanto en hombres como en alimentos, cuando así se lo solicitaron. No hay que olvidar que la amenaza extranjera llegó hasta la mismísima Alcañiz, ocupada por los franceses. Como tampoco hay que silenciar que el Ayuntamiento calaceitano, muy a pesar suyo, tuvo que ir a la vecina Alcañiz a rendir acto de pleitesía al general extranjero.

El día 20 de agosto de 1812 el pueblo entero, primero en la plaza Mayor- que luego se llamaría la Constitución-, y luego en la iglesia, juró respeto y acatamiento a la constitución promulgada por las Cortes celebradas en Cádiz en un acto multitudinario lleno de emoción. Fue éste otro gran día para Calaceite.

LOS NUEVOS CALACEITANOS

El individuo quiere y debe vivir en sociedad, pero necesita de la Naturaleza. Por eso, huye del asfalto y recorre caminos desconocidos persiguiendo una íntima confesión capaz de devolverle la paz a su yo inquieto a intrigarte.

Por suerte, España es pródiga en esos pueblecitos de pocas almas y gran corazón. Aldeas de montaña, pueblos perdidos en la infinidad de la meseta, villas con mucha historia en sus piedras centenarias y burgos arropados por un castillo señero.

Calaceite es uno de ellos, Ilustre villa, según decreto de 30 de septiembre de 1915, firmado por el rey don Alfonso XIII. Es un pueblo tranquilo que vive al pairo de los montes de Falset, como para eludir el ruido de la civilización que llega desde las grandes capitales. Un pueblo donde falta muy poco o casi nada para vivir bien. Piscina, pista polideportiva, promoción profesional obrera, quipo de fútbol de 3.ª regional, fiestas mayores de altos vuelos, televisión en color en el bar de la carretera, donde se juega al guiñote y al tute y se discute sobre la cosecha de la aceituna y del trigo. Médico, maestro, farmacéutico, párroco y guardia civil aseguran la vida civil del pueblo. La caza menor abunda y cada vez mas, gracias al acierto de establecer un coto municipal. Las excursiones están aseguradas por la proximidad del Parrizal de Beceite, por la Semana Santa del Tambor en Alcañiz, Calanda e Hijar, por las pinturas rupestres de las próximas estaciones arqueológicas, por la belleza intrínseca de los pueblos vecinos como Cretas, Lledó, Arens de Lledó, Horta de San Juan, Mazaleón, Valdeltorno, Torre del Compte, para citar tan solo a los que están a una veintena de kilómetros en los alrededores.

Calaceite tiene fe en el campo y es consiente de la importancia que tiene en la infraestructura de la España moderna. Una España que, si bien mira hacia el Mercado Común y corre hacia una industrialización siempre mas pujante, no por ello ha olvidado ni debe olvidar el primer eslabón de su renacer: la agricultura, de la cual Calaceite es la más pura expresión.

Calaceite, decíamos, por estar a caballo entre Aragón y Cataluña, reúne las virtudes y las peculiaridades de las dos regiones. Es el crisol de las virtudes de los hombres de España. Tiene la valentía del aragonés recto, la austeridad del hombre de los anchos páramos castellanos, la nobleza del catalán universal. En esos hombres se hallan reunidas las cuatro virtudes cardinales: la prudencia de los hombres del campo que saben esperar; la justicia de los hombres sinceros y nobles; la fortaleza de la gente sabia y prudente, y la templanza de un pueblo sobrio y continente.

Bien se merece, pues, este pueblo que el director general de Bellas Artes, el 25 de marzo de 1973, le otorga el título de Conjunto Histórico y Artístico. Porque su historia, desde los primitivos íberos que poblaron las vetustas e importantes ruinas de San Antonio, hasta nuestros días es un conjunto desfilar de acontecimientos maravillosos y de hombre preclaros que honran a la historia de la Patria.

La tierra que pisan, los olivos que cultivan, la uva que vendimian, las almendras que recogen, les han enseñado a ser así, sin ambages ni sofismas, hombres recios, calaceitanos valientes, acostumbrados a caminar siempre adelante por muy tórrido que sea el sol o por muy fuerte que arrecie la lluvia: orgullosos de su trabajo, por mas insignificantes que este pueda ser.

El campesino o el alcalde, el sacerdote o el pregonero, el ama de casa o el guardia civil, todos son responsables de su puesto en esta pequeña Comunidad. Todos, sin distinción de clases o de oficios, saben que con su esfuerzo cotidiano contribuyen a hacer siempre mas grande el pueblo que los ha visto nacer.

Les hemos visto trabajar y sudar de sol a sol, les hemos visto en los nevados días de invierno con las manos crispadas por el frío, siempre con igual entusiasmo, satisfechos de poderle arrancar a la tierra el fruto de una buena cosecha. Les hemos visto sufrir frente a una nevada imprevista, ante una helada fuera de temporada, por una sequía demasiado larga. Pero también les hemos visto disfrutar en los días de asueto, con la escopeta al hombro o con las cartas en la mano, frente a la pequeña pantalla o en el campo de fútbol de la Bassa. La hemos visto entusiasmarse con los proyectos de embellecimiento del pueblo programados por su Ayuntamiento. Siete millones para pavimentación y accesos al pueblo, cinco mas para la zona del poblado ibérico. Ampliación de la zona deportiva, jardines, alumbrado, losetas de cerámica para rotular las calles. Cualquier innovación, cualquier elemento que embellezca su pueblo es bien acogido. No importa si hay que sacrificarse. Lo importante es merecer el aplauso de los visitantes.

En este pueblo envidiable han adquirido carta de naturaleza nuevos vecinos. Hombres de la ciudad que han preferido esa tranquilidad al bullicio de las playas de los lugares de moda.

Un ilustre escritor chileno deja oír el tecleo de su máquina de escribir en las frescas y abiertas noches de verano. Un editor catalán encuentra alivio al ajetreo de la vida mercantil ciudadana entre frescas paredes, con mas de dos siglos de vida. Un pintor ha instalado su caballete en la luminosa solana de una antigua mansión. Un decorador, un poeta belga, un médico, un industrial extranjero, un periodista. Gente normal, ciudadanos cansados, que en ese pueblo han encontrado la hospitalidad del aragonés sincero y noble.

También Buñuel, hijo universal de la vecina Calanda, ha enfocado su objetivo sobre Calaceite. Desde luego, los ojos brillantes y profundos de ese aragonés universal habrán podido ver mucho en un pueblo de tanto empaque y sabor.

Calaceite respeta sus antiguas calles con bellos edificios de piedra de sillería. Y no solo respeta, sino que sabe conservar y remozar. De ahí le viene el premio de la Diputación a la labor de embellecimiento y, por ese afán, cuenta con dos brigadas de albañiles que, a la hora de enfrentarse con la piedra, son verdaderos artistas, mas escultores que simples albañiles. El pueblo sabe que allí, en esas piedras finamente labradas, está uno de los atractivos para el turista. El valor y el empujo de unos cuantos concejales jóvenes, secundados por un secretario municipal prudente y con agallas, han evitado la especulación y muchas otras tonterías, muy propias de la actual fiebre del turismo. Solo así ha sido posible también otro proyecto que, a buen seguro, hallará la favorable acogida entre los viajeros que allí recalan. El adecentar y acomodar antiguas casas de campo o de labranza, para que los sufridos habitantes de la ciudad vayan a disfrutar unas cuantas semanas en las vacaciones veraniegas, puede abrir las puertas a un nuevo tipo de turismo. Que duda cabe, que a los que vivimos inmersos en la polución durante once meses al año, no puede sentar muy bien un mes de desintoxicación al contacto con la Naturaleza, probando sus ventajas y, también, sus incomodidades.

Otro atractivo para el turista es el taller de cerámica de Teresa Jassá la artista aragonesa vive y trabaja en Calaceite, a pesar de haber conseguido varios premios en exposiciones en Huesca, Zaragoza, Barcelona y Madrid. De su horno calaceitano salen jarros, cuencos, figuras caprichosas, losetas con interpretaciones originales y personalísimas de cuadros famosos o pinturas rupestres. Sus esmaltes están hechos a base de óxidos y sales vitrificables a 980º. Las cerámicas con tierras refractarias, como lo hicieran cientos de años los iberos de San Antonio. Todo este material se coloca en la mufla, el horno que funciona con leña de olivo y cuyo fuego es capaz de conferir unas cualidades estupendas a los colores, logrando sorprendentes efectos de oxidación y reducción sobre los esmaltes. En su taller siempre hay una pequeña exposición de sus obras. Parte está a la venta y parte está a punto de partir para llevar el mensaje de Calaceite a toda España. En su taller aprenden el difícil arte, jovencitas del pueblo y de fuera. Su puerta no está cerrada para nadie.

Pero puede que uno de los mayores incentivos, especialmente para ese viajero que pasa y no se detiene en el pueblo, lo constituya la cocina del matrimonio Alcalá. Su fonda siempre llena. Se ha hecho famosa y la gente se sienta frente a sus manteles para probar las delicias de una perdiz en escabeche, de un arroz con tordos, de un estofado guisado con sabiduría o de la butifarra con judías: unas judías blancas y tiernas, apenas refritas con la grasa de una longaniza suprema. Resulta imposible comprender tanta calidad de ingredientes tan simples. Y el vino, por supuesto de la tierra. Todo sencillo y fácil. Quedan muy lejos los abigarrados artificios gastronómicos de los encopetados cocineros. Pocas veces, sin embargo, hemos podido penetrar tan profundamente en el supremo misterio de las exactas proporciones culinarias.

A MODO DE EPILOGO

Calaceite es un pueblo antiguo que respeta su pasado y mira hacia futuro con ojos nuevos. Solo así se puede comprender a las viejas enlutadas y a las mozas con minifalda. Por eso, los turistas que allí se han establecido, han instalado detrás los viejos y espesos muros de piedra de sillería el agua corriente y la luz eléctrica. Y mientras en el rescoldo de la chimenea va tostándose la rebanada de pan que el aceite ennoblecerá- como siempre, como antaño- con su sabor gerundio, el equipo de alta fidelidad lanza al aire las notas de la sonata a Rodolfo Kreutzer de Beethoven, mientras la tenue luz de un quinqué lanza sombras chinescas sobre el atrevido dibujo- todo colorido y atrevimiento- del pintor catalán afincado en Calaceite.

Pero vivo en España desde hace mas de un cuarto de siglo. Por ello, ciertas alabanzas a Calaceite me son permitidas. No soy parte interesada, pero conozco a fondo ese pueblo en el cual he pasado días inolvidables. Por eso, no me ruborizo al confesar que amo a Calaceite como se quiere a una cosa propia. Con sus virtudes y sus defectos, con sus piedras centenarias y sus calles estrechas, con sus atardeceres pintorescos y sus frías mañanas de invierno. Lo admiro a través de las cerámicas de Teresa Jassá y de los manteles de la fonda Alcalá. Lo quiero también por sus aceites puros, por sus vinos auténticos, por sus sabrosos polvorones. Porque no hay nada mas importante en la vida que las cosas sencillas y verdaderas.


Tal día como hoy 28 de octubre



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