Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios. Postal 22. 
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Zaragoza en 1908 centenario de los Sitios. Postal 22. Aragón

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Huesca
Recorrido por el Casco Viejo.

Saliendo enfrente, de los porches de Vega Armijo (centro actual del movimiento de la ciudad), se entra por la calle de la Duquesa de Villahermosa (antes de las mártires Nunila y Alodia), a la plaza del mercado Nuevo, (llamada antiguamente de las Aulas: porque en el edificio de ellas se daba gramática y latinidad, regentada por los jesuítas y controlada y sostenida por la Universidad Sertoriana); todo el centro de la hermosa plaza esta ocupada por el mercado de la ciudad desde 1871, pero tres de sus lados conservan altos y gruesos porches. Por su ángulo Norte, <<travesía de Cortes>> (ilustre capellán del rey católico y muy devoto de las iglesias oscenses) se entra en la plaza de san pedro el viejo, donde se levanta la iglesia de este nombre, uno de los primeros monumentos de la ciudad de Huesca y el de mas claro interés histórico y arqueológico por llevar en sus piedras la gloria histórica del recuerdo de sus mozárabes, bajo la vida islamizada de cuatro centurias, y por ser el lugar santo donde reposa Ramiro II, el <<rey cogulla>> y Alfonso, el rey <<Batallador>>, dos de los mas esforzados paladines, forjadores del reino aragonés. (véase: plano general.)

SAN PEDRO EL VIEJO.

En el lugar que ocupa este monumento venerable, debió existir durante la dominación romana un templo pagano, quizás de carácter gentilicio, junto a una necrópolis. Parece que al realizarse las obras, para la capilla de Santos, urnas, lucernas, etc., y que el gran patricio oscense Lastanosa poseía en su magna casa-museo del Coso un vaso de barro mezclado de oro de estilo romano, procedente del mismo lugar. Igualmente en obras de urbanización a principios del siglo en la plaza aparecieron mas restos con sepulcros y monolíticos tambores o fustes de columnas.

HISTORIA.- La iglesia es una de las mas antiguas de España, aunque el paso de lo siglos la ha ido paulatinamente renovando. Consta documentalmente que ya en el siglo IX los cristianos mozárabes mantenían bajo la dominación musulmana su culto cristiano en la iglesia de San Pedro, dentro del barrio mozárabe o franco. Ello lleva a considerar quizás su origen en la época visigoda. Enclavado en el barrio cristiano, fue el único templo que conservó su carácter cristiano sin ser convertido en mezquita, mereciendo por ello, tras la decisiva batalla en los llanos de Alcoraz y la entrada triunfal de Pedro I, el que juntase en ella a sus Guerreros y prelados para rendir gracias a Dios por la victoria alcanzada. Y fue en ella también en donde sentó su sede el obispo de Aragón, hasta que 20 días mas tarde la mezquita mayor fue purificada y consagrada como catedral. Ya entonces -1096- a San Pedro se le llamaba <<el viejo>>, que demostraba su origen antiguo. Para arreglar querellas a raíz de la conquista, se dio esta iglesia al abad y monasterio de san Ponce de Tomeras (Narbona, Francia, del Condado de Tolosa, entonces enfeudado con Aragón), donación que confirmó el papa Pascual II por Bula de 1107. El abad Frotardo puso en ella Abad y Comunidad, al frente del venerable templo, fue objeto de cuantiosas donaciones.

Durante el año de 1137, el rey de Aragón Ramiro II, tras su corto reinado de tres años, lo suficiente para sacar al reino de la ambición del rey castellano le ponía, cumplido su deber, volvió a retirase a la vida monástica, acogiéndose al monasterio de San Pedro el viejo de Huesca para continuar la de Tomeras, en donde el había profesado desde joven, y que solo había interrumpido para empuñar el cetro. A su nuevo reino religioso consagró la vida, donaciones y rentas: lo mas interesante de lo que hoy queda de su iglesia y claustro a él se le debe. Allí por lo menos vivió mas de 20 años y allí murió, llamándose rey, pero sin inmiscuirse en los asuntos del reino, dirigidos por su yerno Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Y en el claustro que él levantó encontró el rincón de reposos a su muerte.

Poseía San Pedro el Viejo un sin número de iglesias, con sus diezmos, primicias y pertenencias, que antes habían pertenecido a San Ponce de Tomares; gozaba el abad de jurisdicción casi episcopal y en algunos casos civil y criminal lo cual dio lugar a pleitos y querellas con el obispo de Huesca D. Vidal de Canellas. También se arregló en aquella ocasión la demarcación como parroquia, aunque el carácter parroquial no dejo de tenerlo nunca. La vida monástica del secular monasterio, termina a fines del siglo XV, siendo su último prior el monje Bernardo de Zapila, cuyo sepulcro con estatua yacente se conserva en la capilla de San Bartolomé, del claustro enfrente del sarcófago de Ramiro. Fue su segundo prior, no monacal, D. Juan Cortés (sobrino de su homónimo, capellán del rey católico, y por este nombrado prior) de la familia oscense de Torresecas. Que se distinguió por algunas obras y donaciones que a la iglesia hizo. El priorato fue definitivamente suprimido por el Papa Paulo III a instancias de Carlos V y de la ciudad de Huesca, y sus rentas y jurisdicciones pasaron al Colegio Imperial y Mayor de Santiago que acababa de fundarse.

Los derechos sobre racioneros y beneficiarios pasaron por Bula pontificada adjudicados a la ciudad. De esta manera el antiguo y rico esplendor del famoso monasterio de san Pedro el Viejo fue quedando reducido y pobre, hasta que Felipe II suplicó a S. Pío V que lo redotase de rentas desmembradas del monasterio-abadía de Montearagón, como así se hizo, aunque en compensación fueron impuesta la obligación del cante de las Horas en coro y otras devociones importantes en honor de los santos niños Justo y Pastor, que parte de sus reliquias conserva la iglesia. En 1684 el obispo D. Ramón de Azlor levantó el pórtico que hoy sirve de entrada a la iglesia; al mismo tiempo que se cerraba tapiando la puerta principal que tenía el frente occidental del templo. Últimamente, en 1845, fueron traídos del castillo ruinoso de Montearagón los restos de Alfonso el Batallador, que han venido a unirse a los de su hermano el rey monje, tras una separación de siete siglos. Declarado monumento Nacional en fecha de 1886, ha sido objeto de algunas restauraciones muy poco afortunadas, especialmente en el claustro.

EXTERIOR.- Los recios de su fachada sencilla, ya muestran un carácter medieval, que confirma su maciza torre exagonal, medio derruida hoy, y que es solo un aparte de la que fue esbelta y robusta torre, según nos la describe Aysa, en el siglo XVII. Actualmente en vías de reparación bajo el patronato del Estado. La fachada es sencilla, con solo pequeña cornisa y ventanas a manera de saeteras, dándole un aspecto de fortaleza, que se lo aumenta el ábside, el cual como denota su contemplación no le ha llegado la obra restauradora. El largo pórtico con su cúpula es añadido a fines del siglo XVII por el obispo Azlor. PORTADA: Puerta principal del templo formado por una serie de arcos y archivoltas semicirculares de estilo románico en que no falta el ajedrezado típico de este estilo en tierra altoaragonesa. En su centro se encuentra el Crismon con el PX del monógrama de Cristo y el <<alfa>> y el <<omega>> que simbolizan el principio y fin de todas las cosas, sostenido por dos ángeles y un medallón con pequeño corderillo ( principales del siglo XII).

INTERIOR.- Iglesia de tres naves y cruceros; muy variado debido a sucesivas restauraciones, no recordando, no ya la iglesia mozárabe única en la dominación musulmana, pero ni siquiera el famoso monasterio de la orden de San Benito, donde se acogió el segundo de los Ramiro de Aragón para finalizar su vida religiosa. La cal ha revestido sus muros y arcos, las recias columnas románicas que dividían sus naves fueron desmochadas para dar lugar a recios pilares que desfiguraron su planta primitiva; la misma cúpula cegadas sus claraboyas da nuevas tonalidades luminosas al templo.

Es recomendable que se comienze la vista a los pies de la Iglesia de izquierda a derecha.

Lado izquierda 2ª cap. Lad. Evang. Cap. De los Santos Niños Justo y Pastor (hoy de la comunión) añadida al conjunto de edificio en 1643, aunque duraron por falta de medios 37 años las obras, con algunos frescos claro-oscuros de Tom. Peliguet (por 1566) el arac (que luego fue dorada) que contiene los cuerpos de los infantes mártires, parece (según el P. Huesca) que procedía de la Sinagoga, lo cual no es inverosímil, ya que cuando se trajeron los santos cuerpos, hacia solo siete años de la expulsión de los judíos y en Huesca tenían su <<judería>> o barrio propio y es natural que poseyesen su sinagoga. En la parte baja del altar (de estilo de mal gusto) lienzo de la degollación de los Santos Niños.

LEYENDA.- Justo y Pastor en Cómpluto (Alcalá de Henares) siendo martirizados en tierna edad, bajo la persecución de Diocleciano (s. II) Se pierde el recuerdo de sus restos, durante algunos siglos. Cuenta la leyenda que San Urbez o Urbicio en el s. VIII, en los años de la invasión musulmana, gran devoto de los santos, realizó un viaje a Compluto y recogió los cuerpos llevándolos al valle de Nocito (sierra de Guara) donde él se había retirado a una vida de anacoreta. El santo ermitaño, quiso ser enterrado junto a ellos en la cueva que había sido el abrigo de su vida de penitencia. Efectivamente, los restos se conservaron en Nocito hasta que la Catedral de Narbona (Francia) alcanzó de Ramiro II, gran devoto de aquella iglesia, parte de sus reliquias, aunque las mayores continuaron en la ermita de San Urbez en Nocito. El que Huesca las posea hoy se debe a la casualidad y al deseo ardiente de Alcalá de Henares en conservar aquellos cuerpos venerados: ya D. Alfonso Carrillo, arzobispo de Toledo, interesó al rey Católico D. Fernando para que fuesen llevados a la patria del Henares y D. Alfonso, hijo natural del rey (y arzobispado de Zaragoza) interesó a los de Nocito para ello, sin que se lograse sus propósitos. Cuenta el P. Huesca y Morales que en vista del fracaso, encargaron a dos religiosos, que secretamente robaron los sagrados cuerpos hacia 1480, y enterados los de Nocito, les dieron alcance y fueron milagrosamente restituidos. Pero no terminaron aquí las vicisitudes de las reliquias. El cardenal Ximénez de Cisneros en 1499, renovó la intención de llevar a Alcalá los cuerpos, y el virrey de Aragón, que era el arzobispo, bastardo del rey Católico encomendó la empresa a unos bandoleros, que efectivamente lo realizaron, pero cargados de su precioso robo, anduvieron varios días perdidos en la sierra por las nieblas, y tras haberlos ocultados en un sepulcro vacío de San Miguel de Foces, arrepentidos de su hazaña, los llevaron a Huesca cuando se celebraba la feria de San Martín y los depositaron en una casa de la parroquia de San Pedro. Enterado de ello el prior D. Juan Cortez, los recogió y los llevó solemnemente al templo mientras las campanas milagrosamente tañían por sí solas. Fueron colocados en una capilla dedicada a San Urbez, hasta que en el s. XVII se hizo la actual. Por intercesión de Felipe II con el Papa S. Pío V consiguió que parte de los cuerpos pasasen a Alcalá de Henares y al Escorial, el grandioso monasterio que el estaba levantando.

2.ª Capilla de San Bernardo (sin interés).
En el lado del Evangelio. Crucero se penetra en la anti-sacristía.- forma la caja de la torre, es pieza exagonal, románica por Trompas, de tipo románico del S. XIII. En la sacristía, entre otros objetos diversos, un bello y pequeño relieve de San Jerónimo, de algún discípulo de Forment (s. XVI).

ALTAR MAYOR.- Retablo grande del titular San Pedro, por 1603, de muy escaso mérito artístico, de estilo plateresco con influencia escurialense. Este retablo reemplazó desgraciadamente (según Aynsa) al famoso que consagró en el año de 1241 el arzobispo de Tarragona D. Pedro en los años que reinaba Jaime el Conquistador. Subiendo por escalerilla, espaldas del altar mayor, se encuentra un pequeño oratorio, con pequeño retablo en relieve, de postrimerías del gótico. Epífania, s.XV.

Capilla Derecha del crucero. Retablo pequeño y moderno pero con graciosa imagen de la Virgen, aunque algo retocada, gótica, del s. XIV.

LADO EPÍSTOLA.- Cap. Del Cristo de la Sangre con lienzo curioso de principios del s. XVI del Crucificado con la Virgen y San Juan, y tres ángeles que recogen la sangre de las llagas en copas doradas.

Capilla de San Bartolomé, con imagen movible del santo por 1650.

CORO.- A los pies de la iglesia, con sillería en dos hiladas, protegida por doseletes de gran sencillez, y adornos que denotan las postrimerías del gótico, fue costeado por el prior D. Juan Cortés, capellán que fue el rey Católico y ejecutada por el tallista Juan Bierto por 1506. En el coro existen dos tintinábulos góticos, curioso y de armonioso sonido.

CLAUSTRO.- Uno de los ejemplares mas hermosos del románico español, aunque con claras influencias francesas de Tolosa, y el único verdadero resto del que fue glorioso monasterio. Todo él del s. XII, debido al rey Cogulla: al encanto histórico y artístico debe unírsele el silencio y la paz de que goza y el respeto que debe guardarse a los dos gloriosos monarcas aragoneses que allí reposan: Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje.

En la puerta de ingreso de la iglesia al claustro hay un interesante tímpano de la Epifanía, que es pieza capital para el estudio de los orígenes de la escultura románica española: bajo los arcos divididos en dos cuerpos, presenta en lo alto el Crismón del monograma de Cristo sostenido por dos ángeles y debajo un relieve de la Epifanía curiosísimo: a la derecha, la Virgen sentada presenta al Niño para ser adorado mientras detrás permanece San José, y en el lado izquierdo los tres reyes presentan sus dones separados del otro grupo por la estrella conductora. Se ha creído ver en este relieve como en todos los orígenes del románico la influencia tolosana, pero aquí como en el famosos sarcófago de Dª Sancha (museo de Jaca) ha quedado demostrado (Mr. Porter) como la escuela aragonesa recibiese o no influencia tenía un carácter propio y esencialmente local y autónomo, que es arranque de una escuela artística aragonesa del s. XII, como lo demuestra el tocado de la Virgen, del mas puro estilo español, el relieve en bulto redondo, y la movilidad y relieve en las figuras. Parece de la misma mano que los capiteles de la Seo de Jaca, de Santa Cruz de la Serós, y el famoso sarcófago de Dª Sancha (museo de Jaca). Fines del s. XI.

En todos los muros del claustro y bajo arcos románicos y ojivales, se encuentran sepulcros, sobre todo en el ala S., que presenta una serie de ellos, donde resalta, por ser el mas interesante, una urna sostenida por leones: en un relieve encima de la inscripción, dos ángeles sostienen un alma de formas infantiles que con las manos juntas parece volar al cielo; pertenece a Raimundo Pérez, muerto en 1251; existen otros varios del S. XII y principalmente del XIII, siendo digno de anotarse el relieve que sobre uno de ellos representa al Crucificado con la Virgen y San Juan y otras figuras, que serán los donadores arrodillados y detrás el sol, la luna y dos escudos, todo ello de época ya gótica, pero dignos por su traza artística de ser románicos (principios del S. XIII). Hay también un gran número de inscripciones funerarias del S. XII al XIV incrustadas en los muros laterales. Finalmente, la portada del lado S que da la calle de Cuatro Reyes, es románica de traza sencilla.

Capilla de SAN BARTOLOMÉ.- En el ángulo NE. Del claustro, junto a la iglesia, con capiteles toscos de principios del s. XII y bóveda románica, capilla según la opinión popular de conjuros y espíritus. Aynsa la cree debida a Ramiro II, así como el claustro, de cierta magnificencia y obra costosa para aquellos tiempos, es indudable la existencia de claustro anteriormente, aunque él lo transformaría por completo. Con razón dice Quadrado que los dos sepulcros en los lados de la capilla encierran el período de la vida monástica de San Pedro durante los cuatro siglos que van de conquista de Huesca a los reyes católicos (s. XII al XV). A un lado en alabastro, estatua yacente con cierta majestad, aunque de cincel mediano, gótico de 1590, que representa a Bernardo de Zapila, último prior benedictino del monasterio, antes de su secularización por los reyes católicos, llevando báculo y el libro de Horas en la mano, con dos ángeles arrodillados a los pies. Enfrente el sepulcro de Ramiro II el monje.

Ramiro II (1134-1137) Representa el deber en la historia de Aragón. Desde joven, en tiempos de su padre Sancho Ramírez, el gran paladín de la reconquista pirenaica, fue destinado el tercero de sus hijos Ramiro para la vida religiosa, pero alternó muchas veces los campos de batalla con la vida contemplativa del claustro. Benedictino en San Ponce de Tomeras y mas tarde habiendo ocupado diferentes sedes en Aragón y Castilla, vio morir ante los muros de la ciudad sitiada de Huesca a su padre, y sus hermanos Pedro I y Alfonso el Batallador, que como el se sucedieron en la corona aragonesa. El empuje de la invasión de los africanos almorávides quebró la vida gloriosa de Alfonso el Batallador, que murió de resultas del choque contra ellos antes los muros de Fraga. Ramiro II dejó entonces la vida monástica y religiosa, ante el conflicto de la sucesión del Batallador y las ambiciones del rey de Castilla Alfonso VII y no vaciló en empuñar el cetro en contra de sus aspiraciones, de su carácter y de su vocación. Su corto reinado de tres años fue lo suficiente para consolidar su linaje al conseguir de Dª Inés de Poitiers (sobrina del conde de Tolosa) con quien se había unido con licencia pontificia, una niña D.ª Petronila que recién nacida fue prometida al conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, y contenidas las ambiciones castellanas y navarras y dominada la nobleza anárquica quizás con mano dura (lo que daría lugar a la leyenda de su famosa <<campana de Huesca>>), cumpliendo perfectamente su misión, volvió a la vida monástica, retirándose a San Pedro el Viejo de Huesca para continuar en él la vida religiosa de Tomeras, interrumpida por aquellos tres años de reinado difícil y crítico.

Los contemporáneos del rey Monje no encontraron mejor lugar a su reposo que el sarcófago romano de un dumviro, probablemente encontrado en la necrópolis de Osca, que ocupó el lugar de la plaza y la iglesia de San Pedro el Viejo: es mediano su relieve, de la época de la escultura romana decadente. Representa en el centro un medallón con figura que lleva toga sostenida por dos genios alados, y debajo un cuerno de la abundancia y recostado un anciano y una ninfa, teniendo en sus extremos dos niños, uno de ellos tocando un instrumento musical. Sobre el sarcófago se ha colocado el escudo de Aragón.

Enfrente de él, modernamente (1845) fue traído del monasterio-castillo de Montearagón, los restos de Alfonso I el Batallador, el conquistador glorioso de Zaragoza y de las cuencas del Ebro y Jalón, las dos venas capitales de la tierra aragonesa. Fue el verdadero cruzado de la reconquista, que en un alarde de valor llegó a dirigir una expedición a través de Levante y Andalucía, que paso a su vida de guerrero incansable y que no tuvo la dicha de realizar su sueño de una prematura unión cristiana nacional por el triste resultado de su matrimonio con la reina de Castilla D.ª Urraca.

Su modesto sepulcro moderno, merecería la veneración de todo Aragón, pues fue el auténtico forjador del reino.

Capiteles del claustro.- el arte románico aragonés parece iniciarse con individualidad propia en la tierra jaquesa con el llamado <<maestro del sepulcro de D.ª Sancha>>, caracterizado por la movilidad de las figuras, por el excesivo bulto en el relieve, y, sobre todo por parecer el origen de una importante escuela de escultura aragonesa. De su mano, o al menos de su escuela, es el tímpano de San Pedro el Viejo, así como algunos capiteles de la Seo de Jaca y de Santa Cruz de la Serós al finalizar el s. XI. Enlazándolos con ellos encontramos ya avanzado el siglo posterior, por 1140, los primeros claustros de la escuela aragonesa, tales como el del monasterio de San Juan de la Peña y el de San Pedro el Viejo. Sin llegar a la originalidad y la perfección de la escuela castellana de aquel tiempo (Silos, Avila, Segovia, etc.), es el claustro oscense pieza muy importante escultóricamente en la evolución del románico, si bien el artista que lo realizó a instancias de Ramiro II, muestra las figuras poco esbeltas y estiliza demasiado monótonamente los ropajes, pero con cierta ventaja del arte de los capiteles de San Juan de la Peña. Estos dos y el ala única que resta de la colegiata de Alquézar, son los únicos muestrarios de los claustros románicos aragoneses.

Es recomendable que se recorra por la galería y por el interior del patio: orden de derecha a izquierda, empezando por el ángulo NW.
Los de los chaflanes se consideran dos:
1.º Entierro de Cristo. 2º El ángel y las Marías ante el sepulcro; un ángel que despierta a los magos. Guarda del sepulcro. 3º Aparición de Cristo tras su Resurrección. <<Tú eres Pedro>>; apóstoles y aparición a la Virgen. 4º Comiendo con los dos discípulos en Emaus; Tomás pone el dedo en la llaga y cree; Ascensión muy curiosa del tipo románico, que dos ángeles sostienen. 5.º Curiosísima Pentecostés, todos los Apósteles arrodillados y sobre ellos inmensa lluvia de fuego; ceremonia del entierro con gran cruz románica; 6.º Muerte de la Virgen con dos ángeles que bajan para subir la almita; un ángel remueve el sepulcro (son modernas algunas de las cabezas que están pagadas). 7.º Fantástico, de lazos, follaje y hombres con lanzas que las clavan en su cabeza. 8.º (ángulo SW) moderno. 9.º y 10.º Modernos. 11.º Hombres desguijando y otros clavando la espada en dos alados dragones, muy curioso. 12.º Moderno, parecen signos del zodiaco. 13.º Curiosísimo: David tocando el arpa y ante él una mujer muy alta y enormemente encorvada con la cabellera suelta; un sagitario y una sirena (picis) de pechos sensibles con dos peces colgando de ambas manos abiertas. 14.º Grupo de personas, una de ellas a caballo, (parte nueva añadida) pila con cinco cabezas que salen de la, 15º (Moderno). 16.º Animales fantásticos con colas (o serpientes) que buscan los pechos de mujeres desnudas. 17.º (Moderno). 18.º Pajarracos con cabeza humana, que entre cada pareja se comen un chivo. 19.º y 20.º (ÁNGULOS SE. Modernos) 21.º Otros animales apocalípticos que entre dos se comen un borrego. 22º. Brazo grande vestido, de Dios; hombre y mujer que se abraza; enorme carreta arrastrada por dos perros; obispo administrando el Bautismo por inmersión y varias figuras, entre ellas una que lleva a la espalda gran cesto. 24º, 25º, 26º y 27º (ángulo NE) Y 23º (Modernos con escenas de la vida de la Virgen: los originales desgastados en el museo). 29º Angel (con cabeza grande) despertando a José bajo una arcada; matan a un inocente; huída a Egipto ( con enorme cabeza de asno). 30º (Moderno). 31.º Tentaciones de Jesús con ángeles y demonios y a los lejos la ciudad. 32º (entrada al patio). 33.º, 34.º, 35º, 36º, 37º (Modernos, pasajes de la vida de Jesús: los originales muy desgatados en el museo) 38.º Crucifixión, muy gastada. Ángulo NW.

Callejeo.- Volviendo a la plaza de San Pedro, se recomienda se pase a la de <<los Fueros de Aragón>>, para curiosear rincones viejos del casco antiguo, principalmente el aspecto de la calleja de Alfonso de Aragón, con sus escalinatas al fondo y la mole catedralicia. A mano derecha (calle de San Justo y Pastor) se llega a la plaza del Temple, donde en casa (modesta como el barrio) se encuentran aun vestigios del castillo y muralla, iglesia y algibe de la casa de los Templarios de Huesca. (fueron traídos por Ramón Berenguer, primero en Encomienda, y mas adelante en convento-fortaleza de caballeros-profesos de la Orden).

Retornando a la plaza de San Pedro, sígase por la calle de San Salvador y de los mártires, por creer que en lugar cercano estuvo el pozo donde estuvieron depositados los cuerpos martirizados de Nunila y Alodia, hoy pequeño oratorio), plaza de Arista y el rincón típico de las escalinatas, se tuerce en codo por la calle de las Cortes, típicamente oscense, dejando a la derecha la casa de los Ruiz de Castilla ( hoy antiguo colegio privado: con restados de lujosa ostentación: celosía mudéjar, patio y galería) y enfrente la de los Enas, también de carácter. Mas adelante se encuentra el convento de la Asunción. (ocupa el lugar donde se levantó hasta no hace muchos años la iglesia románica de San Vicente Alto, en sitio creído lugar de la infancia de San Vicente. Hoy, todo moderno, es convento de Carmelitas calzadas, cuyo origen fue una disidencia con las Miguelas en 1656. Aquí entonces una arca romana ( hoy en el Museo). Enfrente la plaza de Urríes: con la casa de los Urríes al fondo, muy desfigurada, una de las mas ilustres familias aragonesas, pero enemiga en Huesca de los Urreas, y luego con los Castro, hasta llegar a conflictos sangrientos como en 1470; frente a ella (hoy Academia Politécnica ( plano XVII la casa solariega de los Esmir, con escudo). Siguiendo adelante por la calle de las Cortes, se llega a la plaza de la Catedral, alargada, que forma el mejor conjunto típico de Huesca: la encuadran a la derecha (E) la Catedral y el Palacio Episcopal, al fondo (N) el convento (moderno) de las Siervas de María y en su lado izquierdo el majestuoso edificio renacentista, de castiza arquitectura aragonesa, que forman el Ayuntamiento y adosado a él en su extremo N) el antiguo Colegio Imperial de Santiago.

Catedral

HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN.- Es indudable que en el lugar que ocupa hoy la Catedral (lo más elevado del cerro que domina la vega del Isuela que fue acrópolis ibérica y luego centro de la Osca romana) debió existir un templo pagano, probablemente dedicado a Ceres, la diosa la fecundidad de la tierra: así lo demuestran los hallazgos (en 1884) de algunos tambores de columnas y el gigantesco brazo de bronce (tres veces el tamaño natural) de tan buena época del arte romano, hoy en el Museo, que a pesar de su rebusca no pudo encontrarse el resto de la estatua. Probablemente, siendo Osca de las ciudades y de la región de las mas romanizadas de la península, la semilla cristiana fructificaría pronto en ella, y quizás por ello su diócesis se remonte a los tiempos apostólicos, ya que a partir del S. VI conocemos algunos de sus prelados, y a finales de él (598) tenemos noticias de un concilio diocesano celebrado en Osca; es pues, muy probable que en lugar del antiguo templo fuese levantada una basílica visigoda, aunque no tengamos recuerdos materiales de ella. La invasión musulmana quebró los destinos de la península y el lugar que sería en Huesca centro de la vida cristiana quedó convertido en mezquita la famosa <<Misleida>>, que siglos mas tarde, con el orgullo de la conquista, la llamarían los cristianos <<una de las mejores de la España musulmana>> y de la que tampoco guardamos recuerdo, a pesar de que sirvió de catedral por espacio de varios siglos. Pedro I el triunfador monarca aragonés, tras la jornada gloriosa de Alcoraz, entró vencedor en la ciudad de Huesca el 27 de Noviembre de 1096, y cumpliendo lo ordenado con el Concilio de Jaca, 33 años antes en tiempos de su abuelo Ramiro I, trató de restaurar la sede oscense que ante la dominación islámica había tenido que refugiarse en la aspereza del Pirineo (Sásave, Santa Cruz de la Serós, Jaca, diócesis de <<los aragoneses>>) durante cerca de 400 años. Tras un pequeño litigio con el abad de Montearagón, fue purificada y consagrada la mezquita mayor para sede episcopal (catedral) el 17 de diciembre de 1097, dedicándose a Jesús Nazareno, a la Virgen y a los Santos Pedro, Juan Bautista y Juan Evangelista, delante de toda la corte guerrera de Pedro I (magnates, infantes, obispos y abades), conjunto de aquellos indómitos hombres del Pirineo. Pronto fue objeto de gran número de privilegios y donaciones que la dieron esplendor. Esta mezquita-mayor, convertida en catedral, costumbre de todas las ciudades muslímicas reconquistadas, sufrió algunas modificaciones en el s. XII (puerta románica del claustro, ala S de éste, alguna ventana ajimezada), pero en 1273, Jaime I ya interesaba la transformación <<a la usanza cristiana del antiguo edificio del tiempo de los moros>> y un gran amigo Jaime Sorroca, el obispo oscense, obtuvo de él un privilegio que fue el punto de partida o iniciación del actual edificio: consiguió el rey Conquistador, tanto del Consejo de la ciudad (multas) la ayuda económica, y que con la colaboración del Cabildo empezasen los primeros trabajos: delimitación del perímetro, arreglo de cimientos, y gran parte (la buena) de la portada principal, que se debió al celo del obispado Martín de Azlor (1300-1313). Sin embargo, pronto escasearon los recursos y con ellos la paralización de las obras. Al finalizar el s. XIV, gracias al interés de los obispados que se sucedieron (Gastón de Moncada, Oliver, Zapata, etc.) debieron quedar terminadas las naves laterales y la central (gótico puro) pero con techumbre provisional. Mas adelante, en los comienzos del S. XV, cuando el Cisma de Occidente estaba en su mayor tensión, Pedro de Luna ( Benedicto XIII) el Papa de Aviñón, reconocido al acatamiento del clero de Huesca (como el de todo los reinos peninsulares) impulsó por todos los medios la obra de la Seo oscense, activándose las obras (decoración, sillería la 1.ª, coro, órganos, etc.) trabajándose el ala gótica del claustro y otras dependencias siendo maestro de obras un tal Pedro Jalopa, y así fueron transcurriendo los años sin que el grandioso edificio se viese terminado. Quedaba reservada la gloria al finalizar el siglo, al obispo D. Juan de Aragón y de Navarra, el hijo del desdichado Príncipe de Viana. Dispuesto a terminar la obra que llevaba cerca de dos siglos dedicóla una fuerte suma de florines, encargando los presupuestos y proyecto al maestro vizcaíno Juan de Olózaga (nave central con sus muros, ventanales, bóvedas de arista de central y del crucero, segundo cuerpo de la fachada, arbotantes, pináculos, etc) en Febrero de 1497, colocándose después de algunos asesoramientos ( maestro Gamban, el de la Seo de Zaragoza) la primera piedra del crucero y de la nave izquierda (22 de abril). Las obras tomaron gran incremento y con la intervención de Gil Morlanes (padre) se remató las del crucero con florón y el escudo del obispo.

Las obras de Olózaga terminaron en 1515. No paró con ello la actividad del obispo Aragón y Navarra pues ya al año siguiente, encargaba las vidrieras a diferentes artistas, y fue Él finalmente, el que designó a Damián Forment, el gran artista valenciano, la obra capital del retablo mayor.

EXTERIOR.- Desgraciadamente la mala calidad de las canteras da un aspecto pobre y polvoriento por el desgaste de la erosión en los sillares. En su conjunto se observa en la fachada principal los dos estilos góticos, mas primitivo el inferior (s. XIII) y más decadente el superior, cuyas torrecillas y pináculos no fueron terminados; a la izquierda obsérvese además el carácter clasista del exterior de la sala capitular, que desentona del conjunto, realizada en 1688. sería entonces también cuando fue derruida parte de la torre (construida en el s. XIV) o toda ella y se hizo la actual tan desmochada y de aspecto ruinoso. El último cuerpo de ladrillo se reedificó en 1653, renovándose un siglo mas tarde. Es aconsejable la subida a la torre, para gozar la vista de la ciudad y la hermosa vega de la Hoya de Huesca y la Sierra de Guara al fondo.

PORTADA PRINCIPAL.- En un atrio (a superior nivel que el de la plaza) rodeada de moderna verja gótico (que impide la contemplación) se presenta la portada principal. Lastimosamente, la piedra caliza blanda, típica de las construcciones de Huesca, no ha permitido el paso del tempo y sobre darla un color terroso de polvo, la intemperie desgastada los contornos. Todo lo contrario de las magníficas canteras de Castilla (rocas primarias graníticas por lo general) en esta se ha perdido gran parte de su belleza por esa causa.

Es obra (anónima) de un gótico decadente de principios del s. XIV, formada por siete arcos ojivales en gradación, simbolizando los siete cielos de que nos habla S. Pablo: en sus archivoltas cuatro series de bienaventurados, sobre ménsulas y con doseletes góticos afiligranados; de dentro a fuera ocho profetas, 10 ángeles, 14 vírgenes y 16 santos (obispos, diáconos y regulares) separados todos con guirnaldas; en el arranque de los arcos catorce estatuas de casi tamaño natural, correspondientes a los once apóstoles, San Juan Bautista y los santos Lorenzo y Vicente (algunos de ellos se les revestía con dalmáticas en la fiesta del Corpus). En el tímpano la Virgen colocada en el centro, sobre ménsula de mujer y dos áspides con delicado doselete (sección horizontal del plano catedralicio); lleva al Niño en su regazo, para ser adorado por los Reyes que se encuentran a la izquierda, mientras a la derecha Jesús aparece a la Magdalena (<<Nollime tangere>>), y sobre ellos dos ángeles inciensan.

Esta portada, obra del s. XIV, es de un dualismo inesperado, pues las figuras grandes son de mano bárbara y tosca, pero son de trazo excelente las archivoltas y el tímpano. Las primeras, de cabeza muy desiguales, de absoluta carencia de expresión en los rostros, sin ningún efecto, tan solo en los peinados hay alguna gracia y soltura y un poco en la silueta general de los ropajes. En cambio son de un artista muy excelente las figurillas de las archivoltas y las escenas del tímpano, aunque en las primeras hay copiadas varias veces (probablemente por discípulos): las mejores son la serie de los profetas, la de santos, la Virgen y los Reyes, algunos de los cuales son de escuela muy buena, que recuerda la catedralicia de Pamplona.

Los escudos son de la ciudad (antiguo: dos torres y la muesca encima), el de Aragón (barras) y e del obispo López de Azlor, sin duda porque todos contribuyeron a la ejecución de la obra. A la derecha hay puerta ojival, tapada en 1490 para construir la capilla, hoy de san José. Por encima de la portada corre una galería, con una serie de 15 ventanas y sobre ella alero o <<rafe>> con ocho gárgolas graciosas que da cierto carácter local aragonés al conjunto. Y aun mas arriba un segundo cuerpo gótico con torrecillas incrustadas, con ventanales y vidrieras correspondientes al gótico florido de fines del s. XV, que es cuando se terminaron las obras de la Catedral.

Portada lateral.- (Puerta de las escaleretas) a la calle del Palacio: gótica con Calvario en el tímpano, Jesús en la Cruz, María y Juan y a la derecha tres mujeres de aspecto homogéneo; a la derecha el ángel sobre el sepulcro, teniendo como fondo pintura decorativa. Toda ella arte de fines de s. XV (1479) de escultura tosca, pero aun así, mas expresiva y de mejor mano que las grandes figuras de la portada principal.

Interior.- Catedral gótica de los siglos XIV y XV, de tres naves, una central y dos laterales mas bajas con crucero y cinco capillas absidiales; las bóvedas, generalmente de arista, forman en la nave central y del crucero por otras bóvedas que se enlazan un cruzamiento caprichoso estrellado, en cuyo centro hay florones. Se enlució todo el templo en 1796, por tres maestros italianos. Las vidrieras, sin interés, blancas, pero algunas (rosetón, y tres del crucero) de principios del s. XVI, son de inspiración naturalista, libre en la concepción de las escenas y su desarrollo: la mayoría de ellas son del maestro Francisco de Valdivieso y algunas del francés Enrique Dohegue (s. XVI). Mas adelante, el zaragozano Pablo Mota y Juan García (s. XVII) hicieron otras varias. Las mejores y mas vistosas son además del rosetón, con el Nacimiento y la Epifanía y otras en la cabecera de la iglesia (por 1516-1517).

VISTA AL INTERIOR.- se ordena la visita llevando (como la lectura) la izquierda siempre, dejando al final el centro (presbiterio, altar mayor, púlpitos, coro, trascoro).

Así van ordenadas las capillas sin distinguir las abiertas de las cerradas. Se aconseja la visita de las primeras y luego llámese al sacristán para que le enseñe las segundas (propina dos pesetas).

CAPILLAS

I. De la Epifania.- Pequeña capilla que forma conjunto acabado sobre pechinas, fundada por el canónigo Tomás Fort en 1566. la pintó Tomás Peliguet, que también trabajó la reja. El retablo es plateresco, muy bello (fines s. XVI): la Epifanía y a sus lados San Miguel y San Jerónimo, en lo alto el Padre eterno y abajo la Piedad con dos evangelistas a cada lado. Todo en alabastro, finamente ejecutado, con escudo del fundador, de autor desconocido, algún buen discípulo de la escuela de Formet. Enfrente lienzo sobre tabla de la Virgen y el Niño (procede capilla nuestra señora del Pópulo), con fondo rojo y aureola de metal; parece de artista florentino de principios del s. XV, con cierta tendencia orientalista (icono); a un lado bella ventana plateresca.

II. Antesala Capitular.- La puerta de la antesala Capitular (construida sobre antigua capilla de San Juan Evangelista) en 1668, es obra del maestro oscense J. Alandín, siendo la parte decorativa del escultor zaragozano Antonio Sanz (fines del s. XVIII) y de Joaquín Insauste los zócalos, pilastras y basas. La antesala ocupa el N del primer tramo de la nave de la Epístola, correspondiente a la caja de la torre.

Es pieza tan antigua como el edificio, aunque retocada, pero dentro del gótico de curiosa cubicación en su bóveda o cúpula de esquifado octógono entre nervios no robustos y con clave de arandela rica de tipo gótico y algo barroca en su renovación del s. XVII. Pero es curiosa la preparación del ochavado, que es por trompas que son cónicas, tres escalonadas en cada rincón. Se deduce que era destinada para otra cosa, como lo demuestra las columnas incrustadas que hoy tienen por extraño capitel unas veneras realistas grandes. Es pieza grande, hoy trastero, donde hay silla grande de brazos, acaso la palacial, de tipo frailero rico. Un lienzo de la Epifanía de buena factura, de escuela castellana vieja, del tiempo de Pereda o de Tistán, pero anónimo.

Sala Capitular.- Su techumbre fue decorada por el escultor Antonio Sanz, con gran escudo de la catedral. Los lienzos que adornan sus paredes, sin ser de gran importancia, ofrecen interés (izquierda a derecha)1.º retrato de Papa, parece Inocencio X sentado y asistido por cardenal y otro prelado, que parecen los tres parientes. Si es Inocencio X, años antes del de Velázquez, y el conjunto puede atribuirse a Jusepe Martínez, dado el tono de la púrpura. 2º Lienzo apaisado de David sobre el derribado Goliat, de traza dura pero algo a la escuela Güercino. 3º San Jerónimo ( de la seire de los Padres de la Iglesia); 4.º San Francisco, orando en el campo (s. XVII) 5.º San Jerónimo, de la serie igual a la del Prado, lienzo muy bello. 6.º Sagrada Familia al estilo de Vaccaro. 7.º San Jerónimo penitente y otro compañero (s. XVII). 8.º San Jerónimo, de mejor paleta. 9.º Bautista, duro, de mal estilo. 10.º San Agustín, de la serie. 11.º Inmaculada, de buen colorido, pero no graciosa. 12.º San Ambrosio. 13.º San Pedro Claver y otro santo, de artista malo (s. XVII) 14.º San Miguel, vencedor de varios demonios (siglo XVIII). 15.º (sobre la puerta) maritimo de San Andrés.

III. De Nuestra Señora del Pópulo.- Hoy de la Milagrosa. Toda ella (escepto la imagen titular moderna) con la verja inclusive de la misma época, que se cifra escuetamente en <<1632>> como reza al final del alto gran letrero, reducido a versículo jaculatorio conocido. Fue fundación del canónigo Juan del Molino. El retablo es del tiempo (primera mitad del s. XVIII) y de muy buena mano ( ¿J. Martínez?) realizado para acoplar en él una tabla de la Virgen ( hoy en la capilla de la Epifanía). En los intercolumbios los santos oscenses Lorenzo y Vicente con el Bautista y en el estilobato los cuatro Padres de la Iglesia Latina, teniendo en el centro, apaisado largo, solo campo y orante, siendo el remate del retablo, pareja de fundadores y santo obispo.- De un artista desconocido (s. XVII) pero de nervio, son los lienzos murales, uno de la Natividad (izquierda) otro de la Epifanía ( derecha) y dos retratos, el de la izquierda con golilla será del padre del fundador, y el de la derecha el fundador; todos ellos de cierto entusiasmo y grandeza. Los azulejos que forman zócalo son lujosos y de la época.

IV. De Santa Lucía.- Fue renovada totalmente a expensas de D. Martín Lorés en 1782. la santa titular, fría imagen marmórea, es obra de Carlos Salas, dentro del baldaquino de cuatro columnas. Completan la capilla tres lienzos muy apaisados de la vida de la santa; martirio del fuego, aparición de Cristo y arrastrada por los toros, obras las tres sobresalientes de M. Bayeu, cartujo de las Fuentes (Lanaja), pero todavía sin la influencia de Mengs.

V. De San Andrés.- Fundación del obispo Pascual López Estaún en 1788. El retablo de jaspe de J. Insausti, siendo el lienzo del apóstol, de M. Bayeu. Los lienzos laterales (Andrés y Pedro en la barca y martirio de San Andrés), así como las imágenes de Santo Tomás y San Pascual son obra de Luis Muñoz, pintor y escultor oscense (por 1872).

VI.- Crucero izquierdo.- Sencillo retablo de San Gil, siendo el lienzo del titular obra ligera de M. Bayeu por 1790.

VII.- D e la Dolorosa.- Antes de Todos los Santos. Fundación del matrimonio Olcina en 1621. El retablo ricamente decorado con notable cuadro ( por 1620) que la imagen no deja gozar: representa en una parte baja plantados y cual al estilo del N. de Italia en el s. XVI, los santos Orencio (arzobispo) y Lorenzo (Oscense) Paciencia y Orencio (el oscense) al medio, y Saturnino y Vicente. En la parte superior la Corte celestial. El autor, acaso de s. XVI, vale tanto como Ribalta (el Ribalta del XVI) excelente artista del tiempo de V. Carducho (en su primer bien estilo) como se ve en los intensos rojos, en las cabezas de los santos, muy bien personificados y apretadamente construida.

En los muros laterales dos lienzos: el de la izquierda San Francisco de Asís, abierto de brazos y arrodillado recibiendo los estigmas, y a la derecha, arrodillado, San Pedro de Arbués, de canónigo, que por su color fluido parecen obra del XVII avanzado.

VIII. Santo Cristo de los milagros.- (Ábside de extremo izquierda prolongado) fundación del obispo Juan Moriz de Salazar, que encargo la obra a Pedro de Ruesta, vecino de Barbastro (por 1622), toda ella de rica arquitectura. Fue colocado el Cristo, de gran devoción en la ciudad ( es fama sudó sangre durante procesión en ocasión de haber peste) con grandes festejos en 1625, en el retablo, exuberante de decoración con figuras o escenas pintadas de la Pasión (Oración, Azotes, Cruz a cuestas, en la izquierda; Prendimiento, Corona, Entierro, derecha; Ecce-Homo en lo alto), todo él de tendencia clasicista. La imagen del Cristo es obra mediana del S. X.

En los muros dos grandes lienzos apaisados; el de la izquierda << la cena de Jesús en la casa del Leví>> con la Magdalena que le unge sus pies, y tumbados los comensales en triclinios y otros de pie; el de la derecha, es << la entrada triunfal de los Ramos<<, con un gran número de personas: ambos son obras de Vicente Berdusan, que da con ellas una mayor complejidad a su personalidad artística, pues se observa entre sus obras de Veruela y estas un proceso depurador y constructivo de gran soltura, pero interesante en el proceso de la pintura aragonesa del S. XVII.- Sacristía, lienzos: <<Glorificación, del s. XVII e inmaculada.

IX.- D e la Purísima.- Restaurada en 1631, con retablo de la época e imagen titular, en el estilo de Verástegui.

X.- Prebisterio y Atar Mayor.

XI.- De Nuestra Señora del Rosario.- De fines del s. XVI, con bella imagen de la titular, pero repintada, así como el retablo con estatuas (San Pedro y San Pablo) y de las tres virtudes. Bella decoración pictórica en la semi-bóveda. En todas las capillas admírese la variada serie de azulejos del s. XVIII.

XII.- De Santa Catalina.- Restaurada por 1651, con retablo, en cuyo centro hay lienzo de la santa recibiendo la corona que la traen los ángeles, obra de Federico Zuccaro. Existen otros lienzos de santos de buena mano y dos laterales con los desposorios de la santa y su glorificación tras el martirio, de autor desconocido (s. XVII).

XIII.- Del Pilar.- Retablo por 1764, de talla, muy mediano, a los lados, dos lienzos del milagro de Pellicer de Calanda (curación de piernas) y aparición del Pilar (s. XVIII).

Puerta lateral o de << las escalinatas>>.

XIV. De la Santísima Trinidad.- Renovada en 1790. El lienzo es obra de M. Bayeu y de lo mas flojo de su mano. Los dos tapices del crucero <<La iglesia oscense>> es obra moderna del jesuíta Hermano Coronas.

XV. De San Martín.- Fundada en el s. XV por los Martín de Bolea, pasó luego su patronazgo a los condes de Atarés, enlazados con los Angullanas, que la renovaron totalmente en el s. XVII. El lienzo del retablo, de gran colorido, es de Vicente Berdusan o de discípulo muy allegado a él. Otro lienzo en lo alto de San Simón y Judas, con escudos de talla y armas de Aragón, parecen de la misma mano. Los lienzos colaterales (escena de la vida del santo, Magdalena, un santo diácono, etc.) son mediocres.

XVI. De San Joaquín. Una de las mas hermosas de la Catedral, totalmente renovada por el canónigo Santaolaria en 1655. Reja de alabastro pintada. La planta es cuadrada con cúpula sostenida con pechinas, con cornisa y balaustrada. Las paredes forman doce espacios con pinturas de ángles. En las paredes, pintados por V. Berdusan, escenas de la vida de San José y San Joaquín. En este orden: izquierda (E) Desposorios; Dudas; Niño perdido; Muerte de San José; derecha, (W) muerte de San Joaquín, asistiéndole María jovencita y Ana; presentación en el Templo con pocas gradas (curioso); Aviso del ángel en el monte a Joaquín y candidez de Ana ante el ángel que la observa. Sobre estos pequeños lienzos de los zócalos figuran a la izquierda Santa Tereza; Sagrada Familia (Jesús, José y María en la fila mirando hacia lo alto) y en este la cruz redentora con ángeles; San Felipe Neri en pie como la santa; A la derecha, San Ignacio de Loyola en pie; Santa Familia (Joaquín, María vestida como inmaculada y Ana en pie, y en lo alto la trinidad) y San Francisco Javier, coronándolo dos santos obispos. Son, pues, en total, 16 lienzos de V. Berdusan, menos suelto y menos líquido de color que su obra general, pero en efectos difuminados de contorno de clara influencia murillesca, al menos en la bella serie de los ocho pequeños, que es muy mantenida de mérito y de perfecto reconocimiento en el estilo del artista su formación pictórica en la rivalidad de Herrera el Mozo y Murillo, pero sin sugestionarse en el arte de Valdes Leal. Sin embargo, en los cuadros grandes hay escrúpulo de solidez, al contrario de sus obras del Monasterio de Veruela, pero no obsta a la soltura y suavidad de su colorido.

El retablo de la capilla muy rico, forma un conjunto con relieves de alabastro, que representa la Sagrada Familia y santos. La estatua del titular y la del Bautista, como todo el conjunto, sonde excelente mano (primera mitad del s. XVII).

XVII. Cap. De San Jerónimo.- Renovada por el obispo Antonio Sánchez en 1762, con retablo churrigueresco. El bajo relieve del titular y los lienzos laterales (san Jerónimo, azotado por los ángeles y la presentación de la <<Vulgata>> (biblia) al Papa) son obra de José Luzán Martínez (maestro que fue de Goya) Por 1750.

XVIII, Capilla de Lastanosa o de Santos Orencio y Paciencia.- Famosa capilla, la mas lujosa de la Catedral, dedicada a los santos padres de San Lorenzo y levantada gracias a la magnificiencia de los Lastanosa, especialmente de Vincencio Juan de Lastanosa (nacido en 1607) el famoso mecenas de las artes y las letras, que dieron fama mundial a su palacio del Coso alto, que fue un gran museo, cuyos objetos hoy están repartidos por todos los de Europa. El y su hija Ana, y su pariente Luis Clemente, se ejercitaron en diversas artes, mantuvieron a sueldo a los pintores Juan Jerónimo Jalón (1566), al napolitano Micaelo Angelín, y fueron protectores del pintor Jusepe Martínez, y del literato Baltasar Gracián. Felipe IV y su corte se hospedaron en su casa famosa.

Construyóse la capilla en 1646, toda ella lujosa, siendo la parte mural y la cúpula obra del oscense Jerónimo Salón. Pero la obra de arte mas fuerte es el cuadro del retablo, con acento de apurar exquisitamente el detalle, lo mejor de la obra de Jusepe Martínez: las cabezas de los santos Orencio y Paciencia son admirables en su verdad pictórica y de inspiración y sentimiento, siendo a la vez obra muy acabada, como se ve en la soltura y fluidez del pincel. En cambio los retratos laterales de los fundadores ( a la izquierda el canónigo y a la derecha el capitán) del miso artista Jusepe Martínez, dan la impresión de copias o repeticiones y estropeadas por el escaso cuerpo de la pincelada, todo lo contrario al lienzo del altar. Este es de columnas bellas taraceas brillantes de marmóreas policromas como cuadros: la entrada clasicista, la artística verja, los zócalos y suelo de alabastro con las inscripciones, completan la suntuosidad de la capilla.

La cúpula es de techo alto, y en ella se mantiene continua las pinturas murales, muy decorativas y finas, y en las flores admirables, pero no tanto en las escenitas de los medallones. En su sacristía hay una tabla típica de fines del s. XV, poco española, de la Virgen de la leche, con dos ángeles, y es curioso el lavamanos de alabastro con dos figurillas de geniecillo. Por ella se desciende en larga escalera a la criota o panteón de los Lastanosa.

Cripta.- Existen en ella cuatro lápidas grandes, dos a los lados del altar y del retablo, y dos en las paredes colaterales, con relieves grandes que representan figuras simbólicas: Pureza y Prudencia en la lápida de Lastanosa capitán; en la del canónigo, religión y nobleza, con el escudo de la familia. Al lado las estatuas de alabastro orantes de los dos fundadores, mas fina la del canónigo, obras de autor desconocido por 1668, y cobijadas en especie de hornacinas; aparte los sarcófagos.

Pero lo de gran interés de la cripta, es el lienzo bellísimo de la Inmaculada de tan buena factura como las famosas de Murillo, y murillesca en todos sus sentidos y detalles, aunque parece mas bien obra de Herrera el Mozo. Es quizá al mejor lienzo de la Catedral.

XIX. De San José. Moderna, sin interés (ha cegado una puerta de la fachada)

XX. De Santa Ana.- Mandada hacer por el canónigo Martín Santangel en 1522, a quien representa la estatua orante de alabastro policromada, y de cincel realista. El retablo plateresco es de muy buena factura: de madera, con figuras de alabastro; columnas abalaustradas dejan tres huecos: en la parte central Santa Ana, con el Niño y la Virgen arrodillada, conjunto bellísimo; en el lateral San Jerónimo y San Martín; debajo, Jesús muerto en brazos de su madre asistido de un ángel y rematando todo el retablito una Crucifixión con la virgen y San Juan. Lo mas sobresaliente es la figura de Santa Ana, que no parece de la escuela ni de la influencia de Forment, y quizás sea mas acertado colocarla como obra del taller de Alonso de Berruguete, el famoso artista vallisoletano, que algo trabajó en Aragón por 1522. la reja gótico- plateresca que cierra la capilla, es obra primorosa del artista oscense Arnau Guillén en 1525.

En la parte interior de la puerta principal, obsérvese en lo alto un hueco de delicada labor ojival, con imagen de la Virgen y el Niño, obra gótica del s. XIV.

Prebisterio.- Totalmente renovado el 1883, habiéndose perdido las lápidas sepulcrales de la mayoría de los obispos enterrados en él. La obra magnífica del prebisterio es el.

RETABLO MAYOR.- L o mas acabado y completo del escultor valenciano Damián Forment: fue esta, con la parte incompleta del retablo de la Seo de Barbastro (que murió mientras trabajaba en ella) sus últimas obras. Tardó en elaborarla 13 años, terminándola e 1533 a pesar de que fue ayudado por sus discípulos Juan de Landernain, Juan de Lorena, maestro Enrique, Esteban Solorzano, Juan salas, Juan de Liceyre ( el que terminó el retablo de Barbastro) y Pedro Muñoz (su discípulo predilecto). Es obra muy duperior a las anteriores del artista (en Denia, Valencia, Pilar, Poblet, etc.) y con él marca el apogeo y grandeza de los escultores del Renacimiento escultórico español, pero con influencia italiana y dejos goticistas, especialmente en los estados de la Corona de Aragón: él Berrugete en Castilla, es la pareja gloriosa de la escultura española del XVI, mas nervio quizás el castellano, quizás mas originalidad, movimiento y elegancia en Forment.

Forma el retablo, casi todo él en alabastro, en su parte baja una base divida en dos cuerpos. Se caracteriza todo él por el dramatismo de los grupos y la arrogancia de las figuras. Primeramente, en la parte a ras del suelo tiene como una especie de zócalo, con siete recuadros de elementos decorativos, en cuyos extremos, siguiendo las orientaciones renacentistas, puso el artista en medallones su retrato y el de su hija Úrsula, orlados de guirnaldas. La parte inferior del retablo está a su vez dividida en dos secciones: la inferior forma un delicadísimo conjunto de siete escenas en relieve (Cena, Oración del Huerto, beso de Judas, flagelación, coronación de espinas, Ecce-Homo y ante pilatos) todos ellos con doseletes de magníficos calados y torrecillas o pináculos en alabastro de finísima cincelación o transparencia. La zona superior de esta parte baja del retablo, entre columnitas en espiral forma un Apostolado, con el Salvador en el centro, apareciendo en los extremos los santos oscenses Lorenzo y Vicente, y sobre las dos puertas, adornados con grupos delicadísimos de niños y flores.

La parte principal o cuerpo central del retablo, está dividido en tres grandes escenas, separadas por agujas con figuras de los profetas que miran complacidos el cumplimiento de sus profecías: al lado del Evangelio, Jesús cargado con la Cruz, saliendo de la puerta Jurídica en Jerusalén entre una turba de gentes. En el centro de Crucifixión, entre los ladrones, y el Centurión, entre soldados, que, a caballo, atraviesa el costado santo con la lanza, mientras que en el primer plano, la Virgen y las santas mujeres expresan en sus gestos y ademanes el sentimiento del dolor. Sobre esta escena ( que se eleva sobre las laterales) hay un disco circular rodeado de ángeles, que siendo la tradición aragonesa en los retablos deja el paso de la reserva del Santísimo que detrás del retablo existe. Sobre él aparece la figura del Eterno Padre y la paloma simbólica del Espíritu Santo. Finalmente, la escena del lado de la Epístola representa el Descendimiento: José de Arimatea y Nicodemus sostienen el cuerpo desclavado de Jesús mientras la Virgen y las mujeres que la acompañan se desvanecen ante el inmenso dolor. Dominando estas tres escenas existe un conjunto de pináculos y torres de crestería de gusto gótico florido, cada una con cinco estatuitas de santos, en cuyas alturas se encuentran los Doctores de la Iglesia Griega y Latina formando como una magnífica corona de adornos, figuras y caladas de la parte principal del retablo. Por último todo él está guarnecido de una <<polsera>> formando un marco de ancha y fina orla de hojas trasparentes, en cuya cima y en los lados, ángeles sostienen el escudo de la Catedral (crucifixión, la Virgen y San Juan), habiendo en el arranque dos profetas en bajo relieve.

Las esculturas de las tres escenas principales, son casi del tamaño natural y de tipo de abultado relieve. En la parte decorativa sin las 7 escenas de la pasión) son mas de 80 las figuras, todas ellas de alabastro fino, transparente, de color plateado y mate.

Si bien el conjunto es portentoso, resulta algo abrumador a causa de la fecundidad creadora; los grupos de las mujeres en el Calvario, de intenso dramatismo, muestran una traza sublime en sentimiento y en elegancia clásica y en todas las figuras de expresión y fuerza de los rasgos, nota muy destacada de originalidad. Es también digno de anotarse el estudio profundo del desnudo, que Forment, primer artista de influjo italiano, no podía menos de acusar: es, pues, un obra completa, de precisión y originalidad, de elegante belleza en lo decorativo, verdadera cumbre de un gran genio artístico, maravilla y gloria de la escultura española.

CORO.

En el centro del templo, al estilo tradicional español, separado por gran reja broncínea dorada, la antigua sillería gótico-mudéjar, obra del morisco Mohamed de Borja y de sus hijos (uno de ellos llamado Albarguían) a principios del s. XV, fue reemplazada por la actual renacentista, obra de Nicolás de Berástegui (entallador de Sangüesa, Navarra) que la empezó en 1587 y fue mas tarde continuada por su hijo Juan de Berástegui o de Verrueta que la terminó en 1594. El mismo hizo la caída del órgano así como el remate de la sillería es obra de Antonio Sanz, dos siglos mas tarde (1794). El cimborrio sobre la silla prelacial con el calvario, es obra también de Verrutea. Es curioso el fascistol, con una estatuilla de David.

La sillería es obra muy acabada, que no desentona en la magna colección de sillerías corales de las catedrales y monasterios de Espala: es interesante el estudio detallado de las figuras, algunas francamente bellísimas, que colocan a los Berástegui, como excelentes artistas renacentístas de la segunda mitad del s. XVI.

LADO EPÍSTOLA LADO EVANGELIO
San Lorenzo. San Vicente
San Justo. San Damián
San Pastor. San Cosme
Santa Nunilo. Santa Inés
Santa Alodio. Santa Polonia
Santa Bárbara. Santa Eulalia
Santa..? (reina). Santa Elena
San..? ( presbítero). San Jorge
(Puertas): Crucifixión y Evangelistas repetidos en los dos frentes.
Santa Agueda.
Santa Engracia
Santa María Magdalena
San Nicolás (excelente)
San..? (Obispo Cir)
San Jerónimo
San Gregorio
San Sebastián
San Juan Bautista
San Mateo
Una Virtud
Chaflán San Bartolomé
Una Virtud
San Tadeo
San Simón
San Jaime
San Juan E
San Pedro
Santa Lucía
Santa Catalina
Santa Paciecia
San Orencio
San Roque
San Valero (ob)
San Agustín
San Sixto (pont)
San Esteban
San Miguel
Una virtud
San...?
Una virtud
Santo Tomé
Santiago el Menor
San Felipe
San Andrés
San Pablo
Resucitado

Las capillas laterales exteriores del Coro y trascoro no tiene interés artístico (Lado Ev: San Juan Nepomuceno y San Blas; lado Ep: san miguel y san Pedro Arbués; trascoro: san Lorenzo, san Vicente y crucifixión). Son obras amaneradas, de mal gusto y arte, probablemente de pascual Ipas, cuñado y discípulo de Salas( s. XVIII).

SACRISTÍA.- Entre el presbiterio y la cap. Del Rosario (lado Epistola) se penetra en la anti-sacristía, pieza alargada en la que nada resta de las pinturas de Cuevas y de su Maestro Tomás Peliguet que tanto alabara Aynsa. Hoy existen algunos lienzos de los que dos, al parecer sabios (el uno geómetra) tiran con arte fino al pincel de Rabiella.

Sacristía Principal.- Pieza grande, aunque no majestuosa, detrás del Presbiterio, con bóvedas de nervadura gótica decadente. Fue restaurada y decorada con mal gusto neoclásico del siglo, en 1788. Lo mas interesante es el magno armario, de soberbias puertas, a grandes batientes que encierra la exposición de tesoro catedralicio y la buena cajonería, obra en 1642 de José Garro. Al fondo la <<cajarera>> (mueble- vestuario), obra bella en madera taraceada.

O mas digno de aprecio del tesoro es la Custodia, de cuatro cuerpos, notándose en el esto la influencia de los Arfe, la gloriosa dinastía de orfebres; es de arquitectura lisa, pero las figurillas y el conjunto de excelente aire. En el primer cuerpo, el resucitado; en el 2, los Apóstoles, en el 3.º la Virgen, y en el 4º el Agnus Dei coronado por la figura simbólica de la Fe. Es obra del pamplonés José Velázquez de Medrano (por 1596- 1601), en cuya labor entraron mas de 15 arrobas de plata. Junto a ella, se admiran seis bustos-relicarios de plata de autores distintos: Santos Orencio y Paciencia, las mejore sobras de los Hermanos Carbonell (en 1638), que también fueron los autores de los candelabros grandes del altar mayor.
De los bustos de San Martín y San Orencio no se conocen autores, aunque si la fecha de ejecución de 1670, siendo de mano artísticamente mas débil los de San Lorenzo y San Vicente, obras de César Estrada en 1780. estos completan, en las grandes solemnidades, el conjunto del altar mayor con el magnifico frontal de madera, recubierto de plata labrada que tiene escenas de la Virgen y su Hijo muerto, ángeles y santos oscenses, generalmente fijo en su lugar, obra anónima, finamente ejecutada de fines del S. XVII. Finalmente existen otros objetos de plata (sacras, vinajeras, custodia pequeña, etc.). Es digno de mencionarse el <<Lignum Crucis>>, obra de varias labores artísticas, descollonando la parte de la cruz, bellamente flamígera y encima algo del llamado <<estilo Borja>>, (de Alejandro VI, princ. S. XVII) aunque el pie y arreglos, parecen del tiempo de Felipe III (S. XVII).

Por la sacristía se pasa al ORATORIO a la espalda de la capilla absidial del lado del Evang. Guarda dos retablos gemelos con lienzos de S. Lorenzo y S. Vicente, viéndose a lo lejos su martirio y un retablo al fondo de Santa Engracia (principios s. XVI) con reliquias, y bello crucifijo en bajo, de clásico estilo XVI).

Por la misma sacristía se sube en angosta escalera al Oratoria del Santísimo (pequeña pieza tras el retablo mayor, al uso aragonés), de gusto plateresco, con decoración exuberante, presentando en los ángulos los signos de los Evangelistas y formando un conjunto acabado, obra al parecer de Bernabé Polo (s. XVI). En el altar un tríptico con bellísimo relieve de la Epifanía en alabastro, de traza primorosa, obra de algún buen discípulo de la escuela de Forment. En un rincón del Oratorio una vidriera delicada de la Virgen y el Niño, del s. XVI, y una tabla del interesante <<monumento>> de Jueves Santo en la que figura el profeta Jeremías, lleno de energía y grandeza, a la manera de M. Angel, obra de Tomás Peliguet, por 1545, a su vuelta de Italia.

No debe abandonarse la Catedral oscense sin la visita al archivo catedrático, por las joyas inapreciables que encierra.

Archivo de la Catedral.- Es uno de los de mayor riqueza documental para la historia religiosa y política de Huesca y Aragón: posee mas de 5.000 pergaminos a partir dei s.XI ( a cuyo final tuvo lugar la reconquista de la ciudad) y con ellos muchos sellos curiosos. De todos, son dignos de admirarse especialmente para saborear el arte de las delicadas miniaturas, los siguientes manuscritos:

<<Actas del Concilio de Jaca>>, documento de letra mozárabe, encabezado por la representación del rey Ramiro y de su hijo Sancho y cinco obispos sentados con mantos, amarillos o rojos, sin duda procedente del monasterio de San Juan de la Peña (s. XII).

<<Misal>>, con magníficas iniciales de lacería flora y fauna, obra de un artista de gran fantasía, que también parece procedente del <<scriptorum>> de San Juan de la Peña (s. XI-XII) <<Hinnario, del mismo estilo, época y lugar que el anterior.

<<Misal>>, de estilo gótico, con influencia italiana del s. XIV, bellas iniciales historiadas, orlas, bustos, escudos y figuras grotescas de mano artística muy suelta.

<<Dominical- Oscense>>, que fue mandado escribir por el ob. D. Gastón de Moncada y cuyas letras iniciales de la parte dominical y santoral están ricamente iluminadas con figuras de Jesús y la Virgen con ángeles y santos, al parecer de la escuela miniaturista catalano-aragonesa del principio del s. XIV.

<<Parábolas de Salomón>>, con miniaturas de escuela francesa del XIII e iniciales historiadas.

<<Misal dominical y epistolario>>, magnifico por su lujo y ostentación con letras miniadas y preciosa ornamentaciónn de gusto persa. Al parecer procede de alguna abadía benedictina. La gama de sus colores (azul, verde, amarillo y blanco sin oro) de tonos brillantes le da gran aspecto. La letra es visigoda, algo afrancesada (s. XIII).

<<Pontifical>>, con bellas miniaturas: dos de ellas a plana entera, el pantocrátor o Cristo- majestad en el óvalo almendrado con los signos de los Evangelistas y la Crucifixión con los símbolos de la iglesia cristiana y los de la s nagoga, en figuras de doncellas Del S. XIII-XIV, procedente del famoso monasterio de San Victorian de Ainsa en la tirra de Sobrarbe.

<<Códice de Oro>> de lso siglos XV y XVI, procedente de la iglesia zaragozana de Santa Engrancia (diócesis de Huesca) con iniciales policromadas con armas reales.

Añádase a todo ello mas de 24 libros corales, 39 códices, martirologios. Etc. Para abarcar el conjunto de los magníficos fondos documentales del archivo catedralicio pero ademas de su riqueza propia, existen otros objetos de importancia arqueológica excepcional, como el Retablo de la Virgen de Salas, pieza interesantísima de la Catedral, desgraciadamente incompleta, ya que solo subsisten siete de los medallones (de madera, recubierta de plata repujada) del famoso retablo de Santuario de Salas. (véase: alrededores de Huesca), cuya imagen de la Virgen fue objeto de tantísima veneración popular en la Corona de Aragón y de los monarcas sucesores de Jaime I y Pedro IV, el rey Ceremonioso. El último en su guerra contra el Cruel de Castilla ( guerra de los dos Pedros), vióse obligado ante las necesidades de la contienda a requisar y vender muchas alhajas de las iglesias de su reino, entre ellas las de Salas. Llegada la paz, quiso resarcir de aquellas pérdidas y donó al famoso santuario oscense este precioso retablo por medio de su tesorero Pere Desvall, como reza su inscriociñon gótica borrosa (1366). Destruido en tiempos del Ob. Aragón y Navarra (s. XV) solo nos restan siete medallones o cuadros, llamados las <<alegrías de María>>: Anunciación, natividad, Epifanía, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Asunción. Parece obra fina de gusto delicado con restos de policromía, obra del cincel de Pedro Borners, platero de la real Casa de Aragón en el s. XIV.

Es pieza característica de la primera época de Transición de la orfebrería gótica, en el cual sobre una base utilitaria como en el románico, se pone ornamentación ya ojival; las figuras son mas naturalistas que en la época anterior y con tendencia al idealismo. Este retablo tiene el mismo punzón de platero que la también famosa silla de D. Martín el Humano, de Barcelona.

ARQUETAS.- Joyas capitales de esta Catedral son las tres famosísimas arquetas esmaltadas que conserva el archivo catedralicio y que como todas tenían un fin esencialmente de relicario, obras al parecer del S. XII en sus finales, tiempos en que la vuelta de los Cruzados de Oriente influyó en Francia, (en España nuestro contacto con el islam nos lo había mantenido) el gusto bizantino en el arte de la orfebrería esmaltada). Es lo mas probable que a Huesca llegasen por el camino de los peregrinos a Compostela, como una de tantas manifestaciones culturales que influyeron en nuestra baja Edad Media, y es menos de extrañar que uno de los pasos mas frecuentados era el aragonés del Somport.- La primera, de claro estilo de la escuela de Limoges, la mas grande, presenta finos esmaltes de tipo bizantino: figura de Jesús bendiciendo con apóstoles y dos signos de evangelistas y en el reverso de la tapa la Virgen con el Niñi, cuatro figuras y los otros dos signos evangelísticos; en los laterales, diversos dibujos lobulados y las figuras de San Pedro y San Pablo; parece obra de fines del S. XII.- La segunda, la Mediana, es la mas interesante por su rareza, digna compañera tan sola de otros estambres del Museo Británico de Londres, escuela no de Limoges, como se ha pretendido clasificarla, sino de estilo llamado <<del Mosela>> (Alsacia y Lorena), escuela contemporánea y anterior a aquella; interesantísima pos su dibujo de gran soltura individual y sus colores (verdes, amarillos y limonados): las escenas representan la Epifanía, el Crucificado con ángeles, la Virgen, San Juan, San Pedro y San Pablo.- La tercera es la mas chica, representa también la Epifanía, siendo el reverso lóbulos esmaltados, pareciendo claramente arte del s. XIII de la escuela de Limoges.

Frecuentemente en el archivo y en su ausencia, en la pequeña sacristía de la Capilla de los Dolores de la Catedral (cap. Nº VII), se encuentra ell interesante retablo primitivo, en tabla de Pere de Zuera (s. XV).

Es de pequeñas dimensiones, pero de un rico colorido, de tonalidades suaves y una exquisitez en el dibujo de las figuras que coloca a su autor en el primer plano de los primitivos aragoneses. Representa la Coronación de María por su Hijo en su parte central, rodeada de ángeles con instrumentos musicales, presidida por el Padre Eterno en lo alto. A los lados la corte celestial, en conjuntos maravillosos de figuras.

A la izquierda, los doce apóstoles y doce santos obispos, abades, cardenal y Papa. A la derecha, doce santos mártires y diáconos, entre ellos, San Lorenzo; mas abajo doce santas, con los símbolos de su martirio, abadesa, santa..? (clavo);santa lucía, (ojos); Santa Catalina (rueda); santa agueda (muuerla); snatas fundadoras (libros); santa bárbara, (torre); el fondo dorado, con dibujos calads que resaltán mas el primoroso conjunto. Encima del marco lobulaldo gótico que se encuadr el motivo principal, una escena de Calvario. La predela o banco forma otro precioso conjunto de cinco escenas: la del centro es una Piedad: un ángel coge amorosamente el cuerpo muerto de Jesús entre la virgen y san Juan; las otras escenas son: san miguel, pesando las almas; san lucas evangelista; san juan evangelista, y santa con caja en la mano, de bellísima figura. Es muy curiosa la firma del autor: AQUST RETAULO PINTO PERE ÇUERA PINTOR.- Consta documentalmente muchas de sus obras por los años 1450 a 1460 aunque hay la mayor parte perdidas.

CLAUSTRO

Se pasa al claustro por el crucero lado Ev. (N). portada interesante por sus elementos primitivos románicos de transición al gótico en capiteles y archivoltas; en el tímpano la Virgen y dos ángeles con copas en las manos, en relieve y en el fondo los cuatro Santos osceneses (lorenzo, vicente, orencio y paciencia), pinturas todas de gran carácter primitivo y de mérito elevado, si como al parecer fuesen del siglo XIII; pero la escultura es de traza basta a la manera de Olótzaga, como las partes mediocres de la portada principal catedralicia.

El claustro es desigual, sin el carácter bello y románico de la mayoría de los claustros españoles, por sus arquerias cegadas y su aire de abandono y de tantas renovaciones y postizos que le han hecho perder todo su encanto poético y arqueológico. Cesó en la catedral la vida regular de los canónigos, en tiempos del OB. Solá ( meds s XIII). El ala mas antigua era la correspondiente a la llamada << sala de la limosna>> (N) que conserva arquerías y capiteles romñanicos deteriorados y en los muros inscripciones funerarias principalmente del SXIII de noble sy prebendados; junto a ellos, donde antes estaba el antiguo capítulo, hay un bello relieve de la Virgen sentada con el Niño ( por 1257) junto a la puerta de la catedral el ala gótica, levantada por el famoso ob. Oscense Domingo de Ram ( uno de los tres compromisarios aragoneses en Caspe) que lo realizó con la ayuda de Benedicto XIII (Papa Luna) quien tanto se prestó a terminar esta parte de la catedral y el claustro: es de bóveda ojival de arista, alta y airosa con los escudos en las claves del famoso Pontífice y el gran Obispo. En esta parte dell claustro hay algunos sepulcros del XIV y un relieve del Calvario. Es curiosa en la parte antigua una inscripciñon, hoy borrosa de Forment, el genial escultor dedicado a su discípulo Pedro Muñoz.

Sala de la Limasma.- Antiguo refectorio en la vida regular de los canónigos, debe su nombre por los 25 menesterosos que comían allí diariamente. Era un hermoso salón (hoy trastero abandonado), dividido en dos partes por un arco apuntado. En el hay un púlpito mudéjar con labores de yesería del s. XVI (arte, el mudejár, que con tener uno de sus focos importantes en Aragón, principalmente en arquitectura, por la falta de buenas canterías son muy escasas sus obras en la región altoaragonesa). Una capilla bellisima, por su decoración y relieve plateresca en ella abierta en el s. XVI perdió su interesante retablo de San Martín, obra de Tomás Peliguet, desconociéndose su paradero.

Adosada al patio interior del claustro está la
PARROQUIETA.- (Así conocida por el pueblo, parroquía del Salvador en la Catedral) obra moderna, realizada por el ob. Honorio María Onaindía en 1884, que con su sacristía ocupa casi todo el patio del claustro catedralicio, salvo tres tristes cuadrilongos que sirven de trasteros,. Pero esta obra moderna e inadeciada al lugar conserva el famosísimo retablo de Monrearagón. El castillo abadía que domina altanero la vega de Huesca, la famosa fundación de Sancho Ramírez en 1094 hasta los incendios, las leyes desamortizadoras y el abandono del siglo pasado lo arruinaron, pasanto su retablo a la parroquia de la catedral, asi como los restos del rey batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo.

Retablo de Montearagón.- Es una de las mas exquisitas obras artísticas de la capital, primorosa labor del célebre escultor aragonés gil Morlanes, relizada por encargo de Alonso de Aragón, prior del Monasterio (hijo natural del Rey Católico), por 1507-1512. el retablo y la bella portada de la iglesia de Santa engracia, de Zaragoza, sn las últimas obras del artista. El conjunto es de estilo gótico florido, con magnifico guardapolvo, pináculo, doseletes, etc. La parte inferior forma entre elementos decorativas exuberantes, cinco escenas (epifanía, predicación de san Victorian, Piedad, degollación de inocentes y resurreción), separándolas junto a cada pináculo una pareja de apóstoles. Sobre esta parte se levanta la central con tres grandes espacios para las escenas de la Transfiguración, juicio y ascensión.
Todo de finísimo alabastro, gran soltura en las composiciones y bellas figuras. A los lados los escudos de la famosa abadía-castillo de Montearagón (una fortaleza y un cordero).

El sagrario ( que entorpece la vista del conjunto), procede de la capilla de Santos Orencio y Paciencia, fundación de Lastanosa: es obra rica de mediados del S. XVIII. Precioso armario de principios del siglo XVII, con relieves de las virtudes cardinales en las cuatro hojas.

PALACIO EPISCOPAL. Se penetra por el claustro continuado por largo corredor: Del antiguo palacio gótico episcopal de Huesca apenas quedan restos que nos hablan de rico pasado: salas espaciosas, ventanales góticos, todo fue destruido y transformado en los S. XVII y XVIII. Recientemente, el ob. Mateo Colon (1930) ha renovado parte del palacio, encontrando algunos ventanillos y arcos románicos, seguramente de su parte mas primitiva. Es digno de anotarse una puerta románica de tres archivoltas, curiosisima.

El gran vestíbulo, fue lujoso salón que enaltecieron los cronistas locales de la obra del ob. Antonio de Espés (1466-1484): solo hay el artesonado de estilo y gusto mudéjar, ostentado en sus vigas el <<Tanto Monta>>, famosa divisa de lso Reyes Católicos y las armas del obispo, con el lema << tu es mea spes>> (tu eres mi esperanza, es obra de finales del s. XV, y quizas la única obra mudéjar de Huesca y el Alto Aragón. En el interior había otro artesonado, del que se conserva gran parte, con el escudo de Urríes, ob oscense en 1424-1443. en los muros del salón, se encuentra un lienzo curioso de asunto raro (¿cira de endemoniados?) de mano original y tonalidades que recuerdan lejanamente al Greco, pero con gran dominio en la composición de muchas figuras (s. XVII).

En el oratorio familiar del obispo, eciste lienzo de Virgen de la escuela de Murillo, de sorprendente finura.

Volviendo a la plaza de la catedra y dando frente al palacio episcopal y cada de canónigos, se levanta la casa consistorial de la ciudad: ayuntamiento (plano general nº XXII).

HISTORIA.- Municipio romano Huesca (Urbs Victrix Oscae, dictado de ciudad vencedora, concedido por Julio César), gozó de grandes privilegios, que solo se concedían a muy contadas ciudades y colonias bajo la dominación de Roma. Tales como el regirse por sus usos y costumbres; es asi mismo indiscutible que sus pobladores gozaron de privilegio de ciudadanía romana, y así sus ciudadanos podían ingresar en las legiones romanas y hasta en la aplicación de las penas quedaban de procedimientos afrentados. Y es preciso señalar estas distinciones cuando tan escasas eran en los primeros siglos de la dominación los municipios españoles que alcanzaron tales privilegios del Senado y el Pueblo Romanos. Huesca llegó a la cumbre de su gloria, cuando alcanzó de Julio César el glorioso de Dictado de Ciudad Vencedora, que ella grabó en su escudo, como emblema de un pasado glorioso de vida romana. Escasas noticias tenemos del municipio visigodo y aun del mismo musulmán, tanto bajo el poder de los emires y califas cordobeses como siendo cabeza del walifato dependiente del rey taifa de Zaragoza (los Beni-Muza, Tochibies y Beni-Hud, sucesivamente), épocas en las que entre distintas vicisitudes la historia no dejó huellas de su vivir municipal. Pero ya cristiana (desde 1096), fue el municipio oscense de los mas libres, caracterizado por la dureza y ejemplaridad de su Justicia. Esta Justicia, era de nombramiento real hasta 1289, en que Alfonso III se reservó el derecho de elegirlo entre cuatro personas sacadas a suerte y además de normar su Lugarteniente y el famoso Zameldina (ejecutor de las sentencias). Se nombraba también cuando las circustancias lo exigían un <<Justicia albarráneo>> por encima de los fueros y con poderes extraordinarios. Igualemnete eran de nombramiento real los jurados, pero no los consejeros que se dividían en brazos. Dado el carácter eminentemente feudal del Alto- Aragón, la aristocracia (tan rebelde e insumisa al poder real a partir de Pedro III, fines del s. XIII), prevaleció sin embargo poco en el Municipio oscense y la actuación de la ciudad fue paralela a las Comunidades del Bajo Aragón mas democráticas y realistas (Calatayud, Daroca, Teruel, Albarracín); Huesca en la Edad Media se apartó frecuentemente de la convivencia de aquella nobleza aguerrida y levantisca, lo mismo en las Cortes del Reino como en las tumultuosas ligas sediciosas. Asi al llegar el famoso interregno por la muerte del rey don Martín, mientras las huestes del Conde de Urgel y de Antonio de Luna saqueaban la comarca, Huesca supo mantenerse neutral entre los pretendientes a la Corona. Imposible detallar el sin número de privilegios de que gozó la ciudad, concedidos por todos los monarcas de Aragón, ni tampoco señalar sus distintas ordenanzas y regímenes pero si marcar algunos cargos interesantes, que formaban parte de sus consejo conjuntamente con los 24 concejales (divididos en 14 preminentes, 8 segundo y terceros), tales como el <<almo aren>> (encargado de las pesas y medidas) el <<padre de los huérfanos>> (que limpiaba a la ciudad de vagos y mendigos y protegía a los humildes) los <<contadores>> (que fiscalizaban a los empleados y recibían las quejas públicas), el <<regidor>> (verdadero director del hospital), el <<mayordomo>> (encargado de la contabilidad), el <<bayle>> (cobrador de rentas y sobre todos el <<Prior de los jurados>> que era la cabeza de la ciudad y necesariamente tenía que ser mayor de 45 años y haber sido tres veces consejeros.

FACHADA.- El edificio Consistorial de cierta majestad, es de arquitectura castiza aragonesa, ejemplar del Renaciemiento plateresco del s. XVI, parece recordar en su aspecto la época de apogeo del Municipio español. La fachada de ladrillo ( como toda la arquitectura castiza popular aragonesa), es austera y noble aunque fue rehecha en 1610, según los planos de Domingo Zapata, arquitecto de Zaragoza, sobresaliendo en su conjunto la alta y hermosa galería con columnas que sostienene un típico y artístico alero rafe en el país), sobre netamente aragonesa construida en 1611; completa la fachada, dándole mayor carácter, dos macizas torres en los ángulos.

INTERIOR.- Ocupa el actual edificio y su huerto, el solar de <<las casas de la ciudad>>, llamada también >>casa de la corte>> que debieron ser habilitadas para tal fin en el s. XV, y ademñas mas tarde derribadas para levantar el actual ayuntamiento, probablemente para asiento de oficinas y reunión del consejo ordinario, ya que los generales (consejo abierto) de todos los vecinos, se sabe documentalmente que se reunían en un antiguo fosal o cementerio en las cercanías de la iglesia de las Miguelas.

El zaguán de la entrada es majestuoso, con columnas que sostienen arcos platerescos bellamente labrados con el tema latino de Ciudad Vencedora y sostienen un hermoso artesonado tallado y macizo. Al pies de los arcos arranca una escalera señorial, ornada de bustos en medallones y hermosa bóveda con los cuatro escudos de Aragón, obra del escultor Miguel de Urliens. En los huecos de la anchurosa escalera los sitiales, asiento del Justicia, del <<Sucesor>> y un jurado, curioso como mueble del Renacimiento (1578) y por los recuerdos que evoca de la historia aragonesa. En el fondo del vestíbulo está situado el Salón de Sesiones, en cuyas paredes están cuatro lienzos grandes que representan a los reyes Sancho Ramírez, Pedro I, Alfonso el Batallador y Ramiro el Monje, cuyos hechos están tan enlazados con la historia De la ciudad: son obras de Juan Galván, de Zaragoza, en 1826. finalmente, en las oficinas municapales puede verse las <<Juratorias>>, dípticos de la plata (crucifixión y Jesús bendiciendo), obra bella del oscense Fermín Garro en 1657; unas mazas, también de plata, del orfebre García (fines del s. XVI) y en la secretaría un magnífico armario de talla renaciente, obra en 1592 del escultor Juanes de Verrueta, el artista que finalizó la sillería del coro catedralicio.

En el jardín, un busto sobre pedestal pétreo, con los escudos de Aragón y de Huesca (s. XVIII) procedentes de la pl. de Lizana.

Adosado al Ayuntamiento, en su lado N., se encuentra el edificio de Santiago (hoy Museo Provincial de protocolos), fue el famoso y antiguo colegio Imperial de Santiago, adscrito a la gloriosa Universidad Sertoriana, y digno compañero de los Colegios universitarios de nuestra época clásica en Salamanca, en Alcalá o Valladolid.

HISTORIA.- Fue fundación el Colegio de Santiago D. Berenguer de San Vicente, maestro en artes en la misma universidad oscense y canónigo de la Catedral, en unión del maestro Diego Pujol, abad del monasterio de Santa María la Real de Mallorca, que con gran entusiasmo y amor buscaron toda clase colaboraciones, hasta conseguir la acogida y apoyo del emperador Carlos V, que se hallaba por entonces celebrando Cortes en Monzón quien propuso suprimir el prioraro de San Pedro el Viejo para dedicar sus rentes al nuevo colegio universitario.

El lugar fue el solar de las casas solariegas del fundador con sus bienes y la herencia que recibió de una hermana. Se le nombró patrono mientras viviese y se señaló como Consejo de Patronato al rey, al obispo de Huesca, cabildo catedralicio, inquisitor del reino, justicia de Aragón y al barón de Ayerbe.

La majestad de Carlos V concedió un sinnúmero de prerrogativas e inmunidades y dio al Colegio el honor de usar sus armas (gigantesco escudo imperial en la escalera) y tomar el título de <<imperial>>. También se obtuvo la aprobación pontificia por Bula de Paulo III (Farnesio) en septiembre 1533: llegó a ejercer jurisdicción en cinco lugares e incluso nombraba ayuntamientos. Los colegiales no podían pasar del número de 13, teniendo que ser hijos legítimos de familias hidalgas, mayores de 20 años y haber nacido en los estados de la Corona de Aragón (Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón) o de Navarra, además de ser bachilleres: usaban traje con mateo, de paño, beca de grana y bonete negro, luciendo en el pecho la cruz de Santiago. En el catálogo de alumnos del Colegio Imperial se encuentra un gran número de personajes eminentes: obispos, arzobispos (5), regantes de Aragón (8), magistrados, justicias, cancilleres, auditores, catedráticos, consejeros. A principios del s. XIX al desaparecer la Universidad serioriana arrastró en su caída a los colegios universitarios y mas adelante las leyes desamortizadoras del ministro Mendizábal acabaron con la secular fundación que había sido el orgullo de Huesca. El edificio paso al Instituto de Segunda Enseñanza heredero humilde de aquella universidad gloriosa. Hoy destartalado con restauraciones costosas y lentas, con el abandono de la ciudad, deja sentir la inquietud del porvenir.

FACHADA.- Forma como continuación y complemento del vecino Ayuntamiento separado de él por la torre pero en perfecta continuidad de sus líneas típicas aragonesas, con curioso balc´n de gondo aconchado para demostrar sin jacobinismo y en él el escudo titula, y enlo alto espléndido alero y alta galería formando ángulo en el colegio: es obra de gusta renacentista del arq. Antonio Mendizábal (por 1610) que también terminó las obras de las Casas Consistoriales.

El interior, muy abandonado, da triste sensación, pero la escalera con el gran escudo imperial, añora su pasada grandeza. Hoy el vestíbulo, escalera y planta principal, forman el Museo de Bellas Artes, mientras el fondo de la planta baja, esta destinado a Archivo histórico Provincial.

Museo Provincial de Bellas Artes.

HISTORIA.- Se fundó este Museo Porvincial, tan interesante para el estudio de la pintura aragonesa principalmente de primitivos, en 1893 debido a las gestiones de la Comisión local de Monumentos y a la ayuda prestada por el entonces Gobernador civil D. Manuel Salavera, empujados todos por el entusiasmo y autoridad de aquel gran oscense y excelente artista D. Valentín Carderera, pintor y académico de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia, que concibió la idea y puso afanes y entusiasmos y no pocas donaciones, (el lote mas importante de pinturas en número de 72), además de una buena colección de dibujos, estampas y libros. (véase Biblioteca Provincial), completándose el Museo con el envío de 13 lienzos por el Ministerio de Fomento, y 53 que guardaba la comisión Provincial de Monumentos, procedentes de los conventos oscenes, a raíz de la exclaustración.

VESTÍBULO

- Expuestos objetos en piedra de valor aqueológico: varios capiteles románicos prcedentes de las ruinas del castillo- abadía de Montearagón (s. XII) y otros de San Pedro el Viejo. Tres grandes escudos de antiguas casonas hidalgas de Huesca, varias basas románicas y una romana hallada en la inmediata calle de Dormer. Ventana ajimeceda árabe del s. XII, procedente del castillo de Loarre; gran monolito con inscripción romana.

Escalera- (1) En el rellano, imagen gótica de San Pedro, procedente de San Pedro el Viejo. Dos curiosos diversos de la ciudad de Huesca, objeto de tantas discusiones de eruditos; el jinete con la muesca y la fortaleza murada con la muesca. En los muros del lado derecho 24 (¿) inmaculada sobe paisaje (s. XVII); 87, Martirio de San Lorenzo (s. XVII); Virgen y San Antonio; 113, visión de Santa Teresa (escuela aragonesa, s. XVII); 94, Virgen con Niño. Todos de poco interés.


(1) los números se refieren a los que presentan las obras en su Catalogación.


Lado izquierdo: Pontífice; 86, Martirio de San Vicente; 144, Inmaculada; 97, Comunidad carmelita adornado a la Virgen titular. En el suelo del segundo rellano algunos escudos, fragmentos de mosaicos y basas romanas.

Frente a la escalera, Sala de entrada al Museo (llévese siempre la izquierda en cada sala); 79, <<La Virgen (niña) y sus padres>>, acertada composición grande, firmada por Francisco Camilo en 1672; 71, <<Alegoría del pecado>>: el árbol del bien y del mal y la serpiente seduciendo a Eva mientras Adán toma el fruto y la muerte se cierne sobre ellos y en lo alto el Padre Eterno contempla la desobediencia.- Al lado una litografía de Goya; 72, <<Alegoría de la Redención>> curioso como el anterior por su rareza y composición y en las figuras simbólicas de la Humanidad, el pecado, y el Bautista enseñando a los niños el árbol del Paraíso de donde pende Jesús. Esta pareja de lienzos curiosos, que nada tienen de escuela valenciana, parecen italianos del s. XVII; 81, San José, con niños y ángeles que le llevan flores, de autor desconocido pero no obra de Camilo; 16, (sobre el balcón), retrato del gran artista y académico, creador del Museo, Valentín Carderera; 77, la Transfiguración del Señor entre luces, Moisés y Elias que descienden y los tres apóstoles en el suelo fascinados. Es un buen cuadro de empeño, muy cercano a los mejores de Ribalta (s. XVII), de autor desconocido; 117 y 116, Verónica y Ecce-Homo, procedetes de un mediocre, <<Vía Crucis>> incompleto. Dos litografias de Goya; 85, San José, otro buen lienzo firmado por Camilo, compañero del núm. 79.

Salón grande (a la izquierda de la sala de entrada): Imagen gótica policromada de San Bartolomé, con doselete, procedente del retablo (véase sala de primitivos) de la capilla sepulcral del claustro de San Pedro el Viejo; 78, << Presentación de la Virgen>> con los padres y el Sumo Scerdote, que la coge de la mano, mientras en el suelo hay un maravilloso grupo de mendigos. Lienzo muy bueno, de completo aire murillesco mas bien apuntado a lo Marquez; 82, <<Presentación>> del Niño en el templo, Simeón recibe al Niño de manos de l Virgen, detrás San José, mancebos, ancianos y otras figuras; delante el cesto de la palomas simbólicas. Es obra muy acertada de Gilarte; 76, La Virgen orando, obra del mismo; 75, <<La Presentación en el templo>>, buen lienzo del autor citado; 25, Virgen, obra muy mediana; 26, Cleopatra, de la escuela de Guido- Renni; 102, San Pedro penitente, parece un original de Rabiella; 84, Apunte de Santiago, copia del Guido Renni; 31, <<Asunción>>, mediano lienzo del italiano Crespi; 36, <<Dama veneciana>>, copia del Veronés; 83, san Jerónimo al estilo de Mateo Cerezo (XVII); 51, San Pedro mártir y sus compañeros asaltados por herejes, copia de un cuadro de Ticiano que se quemó en Venecia; 42, Herodías con cabeza del Bautista, copia de un Ticiano del Museo del Prado; 66, << Aparición de Jesús a la Magdalena>>, cuadro acertado de un buen pincel de la escuela veneciana; 62, Martirio de Santa Justina, buena copia veneciana de Veronés, hoy perdida; 63, una << Sibila>> buena copia del Dominiquino; 34, San Juan Evangelista y un compañero (sin símbolo), bosquejo de Carlos Maratta; 44, (indescifrable); 45, Cleopatra con sus perlas, obra del francés Franger; 49, Santa Cecilia, tocando la viola ante un ángel que le sostiene la partitura, parece excelente copia del Dominiquin; 33, Santo Tomás; 67, <<La Epifanía>>, buena copia de un cuadreo del Veronés; 55, paisaje al estilo de Bossano. (En un rincón, un <<yar>> gótico de cocina popular, vulgarmente llamado <<calderizos>>); 115, <<flagelación>>, 95, <<El Salvador>>, lienzo de autor mediar o y desconocido; 50, paisaje de arboledas; 53, Retrato (el Marqués de la Ensenada); 27, Herodías con la cabeza del Bautista, lienzo; 32, Bárbara de Braganza, lienzo del s. XVIII; 68-69, Paisajes de la escuela francesa de Poussin; 24, Retrato de infanta, hija de Felipe IV; 252, Retrato de la Marquesa de Luzán, madre de Palafox, el héroe y defensor de Zaragoza de la independencia; es un excelente retrato de Bayeu, seguro de Goya; 70, Retrato de la princesa María Luisa de Parma, al estilo de Mengs (fines del s. XVIII); 39, Retrao; 35, Retrato de Gerard, estudio para el famoso cuadro de la entrada de Enrique IV en París (s. XVII). Sobre el balconcillo: 118, Coronación de María (!!).

Números 57-56-58-59-60-61, hazañas de Hércules de una serie incompleta; 124 (y no lejos, los números 125-129 y 133, el resto hasta el 140 de la colección, en el pasillo central del Museo; véase mas adelante): Escenas de la vida de San Bruno y de la Orden de los cartujos. Quizás la obra mas completa de su autor francisco M. Bayeu, religioso de la cartuja de las Fuentes, en Lanaja (Huesca), inspirándose algunas escenas en la serie pictórica del mismo asunto de Carducci. En el número 129 esta el auto-retrato con paleta y pinceles. Es obra algo rara, pero interesante en que es de lamentar el mal estado de la conservación, pues forma un conjunto curuisísimo, que llegó a entusiasmar al insigne Zuloaga; 90, Degollación de Holofernes por Judit; 103, San Juan de Perusa y San Pedro de Joseferrato, mártites franciscanos, buen lienzo, al parecer de la escuela de Ribalta; Sobre el balcón: 109, Virgen con Niño, 125 y 129. de la mencionada colección de San Bruno, de M. Bayeu; 123, Milagro de un santo; 87, Daniel en el foso de los leones; 45, Cleopatra con sus perlas, obra del francés Franger; 133. de la colección de Bayeu; 92 un Papa (copia?); 105, Lienzo, la Virgen-Niña, curiosa del s. XVII; 88, Virgen con Niño. Todas obras medianas.

Parte arqueológica.- En el suelo del salón hay toscamente recompuestos fragmentos de pequeños mosaicos romno-cristianos, con dibujos geométricos y restos de inscripción, procedentes de la necrópolis del siglo IV, de Coscojuela de Fantova (Huesca), compañeros de las <<tegule>> en el vestíbulo del mismo lugar.

En las vitrinas centrales, se encuentra una gran cantidad de diversos objetos (óseos, hachas, percutores, restos de cerámica, objetos de tatuajes, etc.) de procedencia varia, principalmente de los poblados y estaciones neolíticas y de la edad del Hierro en Lugares de la provincia de Huesca, tales como Valletes (Sena), Villanueva de Sigena, Albero alto, Casbas, Caja de Villabueva. Procedentes de Valfarta (Huesca), pedazos de Cerámica de tipo saguntino, y una interesante espada celtíbera de Tejada (Cáceres). En otra vitrina, restos de cerámica ROMANA DE Calagución de ob. Juan Mortiz de Salaazar al colocar la primera piedra de la iglesia de la Compañía, dedicada al santo oscense San Vicente, en el año 1625. una interesante pesa medioeval (1239); distintos objetos de ajuar funerario (camafeos, sortijas, fíbulas), procedentes de la necrópolis de Fantova; vaso hispanomorisco de reflejos metálicos; varios arcos y otros objetos romanos. Colección de monedas ibéricas, romanas y medioevales de Huesca y Aragón; algunos tejidos y encuadrenaciones curiosas (S. XVIII). Colección de grabados donados por el fundador del Museo V. Carderera, entre ellos uno de la Universidad Setorina, grabado por Artigas, muy curioso, en la otra vertiente de esta vitrina mas restos de los mosaicos de Fantova; gran ánfora de la edad de bronce, procedente de Sena; distintos azulejoz aragoneses. Cristo de cobre esmaltado del s. XIII; una llave morisca y finalmente fíbulas, claves y otros objetos visigodos, procedentes de la necrópolis de Alavilla en Guadalajara. Son interesantes gradados de Teresa y Jerónimo Agüesa, y el realizado por Carderera del gran pintor aragonés Jusepe Martínez, sacado del cuadro que pintó su hijo P. Ramón de Huesca, ilustre fraile fundador de toda la historiografía religiosa aragonesa.

(A la derecha de la sala de entrada): Sala n.º 3 106, Nuestra Señora de Gracia, mala copia de la venerada en Roma, de la escuela de Carracci; 100, martirio de San Bartolomé, pro V. Berdusán, medriocre; 23, tabla delicada de la Asunción con escudo desconocido, estropeado pero muy bello (mediados del siglo XVII); 37, Retrato de María de Médicis, de Serós, de muy buen aspecto pictórico; 91, Boceto de la glorificación de San Pedro y San Pablo, parece de V. Berdusán, 36, Dama Veneciana, 38, Retrato de Ana de Austria, haciendo pareja con el anterior, nº 37; 30, Vrgen y Niño con santa, copio del Veronés; 29 pentecostés, de la escuela de Mateo Cerezo; Gran lienzo <<Bautismo de Cristo>> en el río Jordán con el Bautista y ángeles y a lo lejos tropel de gentes a pie y a caballo, contemplando en lo alto la escena el Padre Eterno y el Espíritu Santo, es una de las mejores obras del Museo, magnifica de color y composición obra de Juan Pareja en 1667; 114. La Vurgen lactando al niño, tabla; 16, Santa Lucía, con corona, palma y los ojos en el piato, muy buena obra de Vicente Carducci, pintor de cámara de los reyes Felipes en el siglo XVII; 74, Obispo, mártir, escritor y mercenario (San Pedro Pascual) firmado por Solís; 73, crucificada dentro de un templo, excelente lienzo en su factura pictórica a base de rojos, obra de Carreño, 65. concepción y San Miguel en lucha con el ángel malo, obra de la escuela de Jordán; 40, Retrato de mujer, copia antigua de un original de Berlín; 48, <<Asunción>>. Boceto de Castilla, el maestro de Murillo; 93, <<santa Teresa>>, buena obra pictórica. La santa recibe la inspiración divina para escribir lo maravilla de su prosa mística; obra muy lograda del pintor aragonés Vicente Berdusán; 64, <<La Virgen con el Niño>> y ángeles con instrumentos de música, parece copia de claudio Coello.

En los bordes de los muros de la sala sobre tarima se encuentran algunos objetos arqueológicos: bocal de fuente, parte del brazo de estatua romana gigantesca descubierta en las obras de la parroquieta, de bronce, Virgen gótica procedente de Agüero (Huesca); varios capiteles románicos de distinta procedencia; cinco malas imágenes (entre ellas Virgen gótica) procedente de la casa de Misericordia y resplaterescos de ornamentación de viejos y desaparecidos edificios de la ciudad.

Volviendo al alto de la escala por la izquierda. Se pasa a la galería de donde a la izquierda también, se encuentra la sala de Primitivos, la mas completa y valiosa sala del Museo y una de las mejores de España en este aspecto de la Historia pictórica nacional.

Sala de pintura primitiva aragonesa.- Sobre la puerta: núm. 52. tríptico con puertas: buenas tablas por 1500, que representan la Virgen de la Rosa con el Niño, ángeles con corona y otros con instrumentos musicales; a los lados Santa Catalina y Santa Bárbara: es un bello conjunto de pintura gótica, de sugestiva finura en la escuela aragonesa; nº 4, <<Visitación de María>>, magnífico conjunto en tabla en el que aparece la Virgen y Santa Isabel con ricas vestiduras (moda flamenca de la época) y una doncella ofreciendo claveles, mientras en segundo término aparece un caballero con casco y un hombre con lanza, siendo el fondo arquitectónico renacentista. Es obra anónima (<<el maestro de Sigena>> se le conoce a su autor en la historia del arte español), procedente del famoso monasterio sanjuanista de Sigena, núm. 18, <<la mujer adúltera>>, acusada por Jesús tabla de rico colorido y de gran acierto en las figuras, pintada al óleo pero aun con influencia gótica ( fondo) muy probable obra e Pedro de Apinte, el famoso pintor de Cámara del rey católico (principios del s. XVI); núm 5, <<La Virgen del Rosario>>, tabla de pintura graciosa y bbella de fines del s. XV, procedente de santo Domingo de Zaragoza; nº 22, <<Degollación del Bautista>>, tabla gótica de pintura al temple, del tiempo de los Reyes católicos, quizás como los números 13, 19 y 21 de Pedro de Aponte, núm. 20, Predela gótica, formada por cinco tablas (san Cosme, santa desconocida, resucitado, magdalena y san Damián), obra aragonesa de S. XV, con rica ornamentación y delicados paisajes en el fondo. En la figura del primero, san cosme, con su lujoso traje, se ha creído ver el retrato del desgraciado Príncipe de Viana; nº 17, Otra magna predela gótica, obra aragonesa también, al óleo, de fines del siglo XV, con talla ojival y cinco escenas: Santa Lucía, la Virgen, Jesucristo doliente, San Juan Evangelista y Santa Catalina; 21, Natividad del Bautista; 19, Bautismo de Jesús, 13, Predicación del Bautista ante Herodes, los tres on partes de un retablo descabalado de San Juan Bautista, curioso por las figuras, paisajes y composiciones, buena obra anónima, de pintura al temple del s. XV; núms. (provisionales 251, 255 y 254, sin catalogar): retablo, en depósito procedente de la capilla de San Bartolomé del claustro de San Pedro el Viejo: en lo alto, San Andrés, la Virgen y escena curiosa, quizás de la leyenda de as once mil vírgenes, buena obra por 1470; abajo la predela, desgraciadamente muy estropeado, de cinco tablas dos de ellas indescifrables por el mas estados, otra el resucitado y dos de escenas raras que parece el bautismo de tres personas mayores y una degollación, todas sacadas de la vida y leyenda de San Bartolomé. Son buenas pinturas góticas de mediados del s. XV.

N.º 8, <<San Pedro de Verona>>; n.º 9, <<San Orencio>> (padre de San Lorenzo), sentado con aire de prócer, sujetando a demonios; nº 7, <<San Esteban>>, senyado con fondo de oro; n.º 6, <<Santo Domingo>>.

Forman un magnífico conjunto de cuatro tablas procedentes de un retablo del desaparecido convento de Santo Domingo, de Zaragoza, de escuela arahonesa del S. XV que algunos críticos han querido atribuir a Pedro de Aponte.

N.º 108, <<El calvario>> con gran número de figuras muy expresivas, de gran riqueza de movilidad y Color, forma una buena obra gótica de fines del siglo XV de escuela aragonesa de autor original y desconocido; nº 15, <<visitación>>, buena tabla gótica con excelente paisaje al fondo, quizás de Aponte, como los antedichos números 18 y 21; nº 7 <<San Vicente>> mártir, hijo de Huesca, rodeado de cuatro ángeles con los atributos de sus martirios, tabla gótica del s. XV, de muy buen estilo.

N.º 1, <<San Joaquín y Santa Ana>>, abrazándose ante la puerta dorada, en la que aparece el sumo sacerdote, sobre un arco las iniciales I.E.N; Nº 2, <<Nacimiento de la Virgen>>, con gran acierto de figuras, sobre todo en la Santísima madre y en la doncella que sostiene a la Niña; n.º 3 Anunciación. Con fondo de arquitectura renacentista, de gusto italiano, la escena dividida en tres partes, el ángel figura impresionante con rica túnica, la Virgen humilde y el grupo de doncellas que la rodean que representan las virtudes, todas con graciosos adornos y brocados, las tres tablas con el antedicho número 4, son partes procedentes de un magnífico retablo del siglo XVI ( principios), del real Monasterio de Sigena, de autor desconocido (el maestro de Sigena), español, sin duda de personalidad artística muy recia, aunque inclinando algo a la manera italiana doblemente en el sentido florentino de Boticcelli y al influjo de Mantegna, sin pérdida de su auténtica personalidad hispánica en la fuerza y ostentación de las Figuras. Parte de este mismo retablo se conserva en la Colección Muntadas, de Barcelona.

De la sala de Primitivos se pasa al despacho del Director del Museo. En el se encuentran distintas obras: nº 682 (provisional): vista del Coso de Huesca, obra del pintor local Lafuente (1904). (Sin catalogar) <<Santa Inés>> mas que cuadro religioso es un verdadero retrato, con letra antigua y fecha 1661, de dama visiento a la moda franco-española de la época. Obra muy acertada de Vicente Berdusán; núm 47, San Francisco en éxtasis; 141, tipo aragonés; retrato de Alfonso XII, de muchacho (sin catalogar): un paisaje de época románica muy curioso, de revista por personajes en coches descubiertos, antes las tropas isabelinas al pie del castillo de Montearagón.

Pasillo central: de muy escasa y contraria luz para la observación de las obras expuestas. Casi todas ellas de escaso interés.

Trece cuadros de la curiosa colección pictórica de M. Bayeu, cartujo de las Fuentes, sobre la vida del fundador San Bruno y la Cartuja ya mencionada, el resto en las salas anteriores; 99, Santa Reina; 28, Dama con niño, parece retrato; 101, Inmaculada, buen lienzo que hace pensar en obra de V. Berdusán quizás con influencia de Maratta; 98, Jesús, 111, Jesús Niño; 145, Bautista.

Lado derecho: nº 112, Transverberación de Santa Teresa; 119, San José; 110-120-121-122. escenas de la vida de San Bruno, de la serie de Bayeu, muy curiosa en composiciones, ambientes y figuras. Verdaderas estampas de ambiente deciochesco.

En el resto de la galería planos, fotografías de monumentos artísticos de la capital y la provincia, curiosos por haber desaparecido algunos de ellos.

Saliendo del Museo, por la calle de Dormer (que recuerda al ilustre canónigo y cronista de Aragón, D. Diego José Dormer, gran amante de Huesca en donde murió en 1705), se llega en la plaza de Pedro I (el conquistador de la ciudad al
COLEGIO DE SAN BÉRNARDO.- Fué el Colegio que la orden cisterciense tenía establecido en Aragón desde 1613, que al igual que otras ordenes, poseía en Huesca casa para que los monasterios de la provincia eclesiástica. Enviasen sus novicios a recibir adecuada instrucción en las aulas de la famosa Universidad Sertoriana. La Orden de San Bernardo sostenía en ella la cátedra de Teología. Pero desde la <<francesada>> el edificio sufrió muchas modificaciones y deterioros y exceptuando su fachada barroca (s. XVII) nada recuerda la casa de los monjes bernardos, que luego durante muchos años, fue Escuela Normal del Magisterio, y hoy edificio escolar: tan solo conserva un grande y aceptable lienzo de San José, de escuela aragonesa del s. XVII, a lo Berdusán.

Volviendo a la plaza de la Catedral, por la calle de Quinto Sertorio, se llega a la plaza de la Universidad, donde se levanta ésta (hoy instituto de 2.ª Enseñanza el viejo Hospital Provincial y al fondo el Seminario ( en el solar de la vieja y morisca Zuda).

HISTORIA DEL EDIFICIO.- En lugar que hoy ocupa el instituto se levantaba el alcázar de lso walís musulmanes que a Huesca dominaron cerca de 400 años y que ellos llamaron <<Zuda>> cuyo perímetro debió comprender el Instituto, parte de la plaza y el vecino Seminario. Después de la conquista de Huesca por las huestes cristianas de Pedro I (1096) pasó a ser castillo real pero de esta primitiva construcción no resta nada.

A medados del s. XII, probablemente en tiempo de Alfonso II se renovaría gran parte de la fortaleza como lo demuestra algunas de las estancias que se conservan (<<la mazcorra de la campana>>, la << sala de doña Petronila>>) y los recios muros exteriores del lado N. debía ocupar aún gran extensión, ya que cuando en 1354 Pedro IV que tanto amor profesaba a Huesca fundaba la Universidad o Estudio general de Huesca (la segunda después de Lérida que tuvo la corona de Aragón) donó una gran parte de Lérida que tuvo la corona de Aragón) donó una gran parte del edificio, reservándose para sí otra no menor. En este alcázar se alojaron muy frecuentemente los monarcas aragoneses y algunos de ellos pasaron grandes temporadas y a menudo reunieron cortes.

El cornisa Ainsa nos describe el edificio como conjunto de ingente fortaleza con recios muros y torres, estancias, con arcos, columnas, capitees, almenas, etc., que hoy tan solo exteriormente por el ladp de poniente lo recuerda por su sólida fabrica, propia de fortaleza, pero siendo ejemplo curioso de palacio románico. La Universidad que fundara Pedro IV estaba bajp el recuerdo de la famosa escuela de Quanto Sertorio sabido es como este patricio queriendo hacer de España un baluarte contra el partido aristoccrático de Roma, fundó hacia el año 16 a de Cr. Una escuela en Osca para los hijos de nobles iberos, siendo la primera que en España hubo para educar a la juventud indígena en la cultura grecoromana y no solo en primeras letras sino también como dice Plutarco.- en gramática y retórica. No es pues desproporcionado el título que catorce siglos mas tarde dio Pedro IV a su fundación. Los muchachos iberos de aquel primitivo centro de estudios podían llevar la toga pretexía, distintivo de los hijos de los senadores romanos y recibir como premio la bula de oro. Para apreciar esta obra de Sertorio es preciso pensar en su política de captarse el corazón de los iberos tan orgullosos como agradecidos y forman los hombres que habían de serle necesarios para administrar su dominio español: la gratitud se manifestó pronto y millares de iberos se unieron a él y se hicieron su <<saldurri>> o devotos jurando servirle hasta la muerte y delegados de tribus y ciudades pidieron con vehemencia a su caudillo órdenes para por el luchar contra Roma.

Sobre este recuerdo, se fundño en el S. XIV la Universidad <<Serioriana>> accediendo a ello el rey Pedro a petición de la ciudad en las Cortes de Alcañiz y concediéndola el título de Literaria, académica y Estudio general que alcanzó pronto gran celebridad por sus estudios de Teología y Sagrada Escritura, de Derecho Civil y Canónico, de Filosofía y medicina ademñas de las artes menores. También los Pontífices la confirmaron con los privilegios que gozaban las de Tolosa, montpellier y lérida y hasta las extenciones que disfrutaba la famosa de Bolonia, siendo además, favorecida con el dictado de <<regia>> y <<pontificia>> y con grandes donaciones principalmente de los reyes Juan II el rey Católico y los monarcas de la dinastía austriaca. En 1611, Felipe III hizo donación del resto del antiguo alcázar que se había reservado la Corona a excepción de una pequeña parte que años mas tarde fue incorporado también a la Universidad. Al finalizar el siglo XVII, se derribó o gran parte de la antigua fabrica y se reformó completamente el recio muro del regio alcázar románico en la parte del salón de actos y comenzando a construirse la reforma ideada por el arquitecto y catedrático Francisco Artigas. Lamentablemente fue que la hermosa fachada proyectada no llegará a realizarse. La vida universitaria llenó la ciudad desde el sXV al XIX dándola carácter y gloria cual en las clásicas universidades de la época. La dirección y administración estaba a cargo de los jurados de la Ciudad y mas adelante también de la mitra oscese, con atribuciones de retribuir y normar al profesorado, dedicando rentas, prebencas, raciones y beneficios, de tal modo que según consta por informe del claustro al Consejo de Castilla en 1793 ascendía sus rentas a 132.281 reales, cantidad muy crecida para la época, con la que no solamente cubría los gastos de los 24 catedráticos y de la conservación del inmueble sino que quedaba un líquido superávit superior a los 50 mil reales; su fama fue general en toda la península y de sus aulas salieron carones ilustres que en cargos elevados del reino proclamaban los frutos de su educación literaria. Era digna de elogio por la disciplina de sus escolares, por el esmero educativo y ciencia de su profesorado, por sus ejercicios literarios, por la solemnidad de los actos especialmente la colección de grados, algunos de ellos celebrados en la catedral, fueron de gran resonancia. La fiesta de la Universidad era la de la Inmaculada cuyo dogma defendieron como toda la Nación española y aún hoy, esta famosa festividad es celebrada solemnemente en la catedral por el claustro de profesores del instituto de Segunda Enseñanza, modesto continuador de aquella Universidad famosa que cerró sus aulas en 1845.

Fachada.- Se compone de dos cuerpos, el inferior de cantera caliza y el superior de ladrillo con el escudo de la Universidad. Por un vestíbulo se pasa a un hermoso claustro con bello y románico jardín en el centro, de planta octogonal con robustas columnas de basas sencillas, teniendo por fondo la maciza torre cuadrada que domina el edificio y hoy es centro de observación metereológica.

Los lados del claustro lo ocupan las aulas y dependencias administrativas del actual centro doncente. Hacia el fondo la antigua Capilla de gusto barroco, con interesante y monumental retablo de la época (s. XVII) y bella imagen.- graciosa en su ropaje, expresión y talla de la Inmaculada, patrona de la vieja Universidad. Junto a ella, al fondo el claustro, se penetra en el Salón de Actos y antes, unas lápidas recuerdan el paso por aquellas aulas en sus estudios del bachillerato, del sabio histólogico, gloria nacional, D. Santiago Ramón y Cajal y el famoso escritor de dura y decadente prosa, D. Joaquín Costa. El salón de Actos, de grandes dimensiones aunque de escasa luz por su contextura medioeval, es cubierto de bóveda gótica elevada. En sus muros se exponen retraos de aragineses célebres, cuyos nombres van unidos a la historia de la Universidad: el cardenal Bardají, el Justicia Monter, D. Pedro Ric, Juez de cámara de Castilla, D. Antonio Veyán, Oidor del Supremo y D. Martín Dolz, Doctoral y Vicario. En el fondo del salón sobre la cabecera de la Presidencia, el famoso ministro de Carlos III, Conde de Aranda y a sus lados el poeta Bartolomé Leonardo de Argensola y D. Martín Funes, ob. De Albarracín; en lo alto, otro gran lienzo de Santo Tomás de Aquino, el patrono de las escuelas, y a la izquierda, el retrato de don Agustín Nardisa y Nasarre. Sobre los estrados un bello lienzo de la inmaculada recordando la defensa que de su dogma hicieron los Universidades españolas en los siglos XVII y XVIII y una alegoría de Sertorio recibiendo de Minerva los planos de la Universidad.

Pasando por el estrado se desciende por estrecha escalera a la terrible mazmorra conocida con el nombre de legendario de <<La Campana de Huesca>>

LEYENDA.- Los magnares del reino en el s. XI se mofaban del <<rey cogulla>> que la muerte del rey Batallador había sacado del claustro para ponerle en el trono. La situación del reino era difícil, por todos los vecinos atacado: Navarra separándose de nuevo, Castilla creyendo propia la ocasión para sus viejos sueños del dominio del Ebro, la morería (último esfuerzo almorávide) resaciéndose de los descalabros infringidos por Alfonso y al triste cuadro vino a reunirse el estado anárquico de una nobleza envalentonada y rebelde ante la creencia de un rey de espíritu débil. A las medidas regias de someter la nobleza concediendo mercedes se sucedían nuevas rebeldías sin medida y sin escrúpulos. Ramiro II suspenso ante las dificultades recordó a su viejo amigo el Abad de San Ponce de Tomeras en donde había inciado su vida moncal y antes este varón virtuoso y de suma discreción, envió un mensajero que excusiera sus tribulaciones. Por toda respuesta el anciano abad, llevó el mensajero al huerto del monasterio y empuñando un aguadaña sin decir palabra, fue segando suavemente los pimpollos mas altos del verg. 1. el extraño mensaje fue comprendido y el aragonés se propuso siguiendo el consejo, imponer inexorablemente su castigo a aquella nobleza contumaz de tal manera que fuese <<campana>> que se oyese en todo el reinado. En un día señalado hizo convocar a la corte y haciendo uno a uno llamar a los mas císcolos en un aparte los conducía a una mazmorra del alcázar oscense donde eran degollados por los verdugos. De este modo terrible fueron decapitados 15 magnates cuyas cabezas fueronc olocadas en círculo. La del obispo Ordás (según otros la de Pedro Tizón, conde Monteagudo tenido por principal cabecilla fue colgada en el centro a modo de badajo rodeada por las de montes aragoneses como Ferrench de Luna, Bergua, Azlor, Corne, Vidaure, Foces, etc. Cumplida la terrible ejecución el rey, acompañado de su yerno el conde de Barcelona, hizo descende a toda la Corte a la trágica estancia. Todos quedaron atónicos. Pero la debida obediencia y el respetuoso acatamiento al monarca volvió a imperar en la nobleza. Según la fama, los cuepos de los desgraciados magnates fueron llevados a la cercana iglesia de San Juan de Jerusalén ( tan solo hace años derribada) donde quedaron sepultados. Tranquilizado el reino, salvado el peligro exterior, asegurada la sucesión, el rey congulla dejó a su futuro yerno Ramón Berenguer el cetro y volvió a su vida monacal en San Pedro el Viejo.

¿Que veracidad tiene la leyenda?; sin duda la Genesis y los pormenores de ella es el ropaje literario de influencia clásica, conociéndose en las leyendas orientales antiguas narraciones iguales, cual el mensajero, la respuesta y el castigo. Pero, que hubo revueltas y matanzas, y que Ramiro impuso su autoridad inexorable, esto está aceptado por la sana crítica histórica. Los <<anales compostelanos>> (crónica muy cercana a aquella fecha) habla de la matanza de <<las potestaddes de Huesca<<; pero el carácter navelesco y poético de este castigo del rey, eso fue la obra del monje anónimo, autor de la <<Crónica de San Juan de la Peña>> que tantos errores y deformaciones contiene. El tema de la <<campana>> lo tomó la literatura nacional en todas las épocas, empezando en el romancero para luego pasar al teatro desde.- Lope de Vega, Martín de Meneses, Vera y Villarroel.- hasta llegar a la novela con Cánovas del Castillo y al verso catalán con Martí y Folguera, y culminar en el arte pictórico con el famose cuado << la campana de Huesca>> (del tipo romántico de la 2º mital del s. XIX) obra de Casado de Alisal, que figura hoy en el museo moderno de Madrid.

Mazmorra de la Campana.- Su aspecto se presenta a las imágenes macabras en la que la Historia y la leyenda han envuelto aquel lugar: es un recinto reducido y alargado cuyas paredes lo forman recios muros propios de una fortaleza medioeval, formados por grandes sillares, dos arcos apuntados cruzándose, forman la bóveda donde según la fama debería colgar el badajo de la fatidica y terrible campana que tenía que oir todo Aragón. Una pálida luz penetra por las altas aspilleras abiertas en el muro. Completando la estancia debería colocarse el cuadro o copia del de Casado de Alisal que tanto popularizó la trágica leyenda. El estilo arquitectónico ( iniciación del gótico) parece contradecir la época del suceso, si bien pudo hacer alli anteriormente una mazmorra que fuese luego reformada.

Cercana a la entrada de la <<Campana>> se sube por estrecha escalera a la llamada sala de Doña petronila. Es de los mas interesante de arquitectura civil románica que se encuentra en Huesca y en España. Probablemente es lo que resta del oratorio del alcázar real que mandara reconstruir Alfonso II; aún se observa en la puerta principal (hoy tapiada), y a pesar de la lastimosa restauración que ha desvirtuado en gran parte su carácter, resalta sin embargo su destino religioso, mas que salón del trono y otras dependencias que han querido ver algunos autores.

Parece demostrarlo el ábsde del lado S y los interesantes capiteles de la arquería que circunda la sola, con escenas de monjes, santos, motivos de absoluto carácter religioso, que conservan parte de su policromía antigua. Separan los arcos columnas salientes, adornados en sus mitas con circulos de follaje que sostienen la bóveda, torpemente rebajada en la restauración. Tres balcones se abren al N y S desde los que se contempla espléndidos panoramas de la hoya de Huesca y del famoso salto del Roldán. Hoy esta estancia histórica, sirve de depósito de libros repetidos de la Biblioteca provincial, procedentes de los viejos conventos de la ciudad.

Volviendo al claustro en su lado N, se encuentra la Biblioteca Provincial y del Instituto, fromada principalmente de los fondos bibliográficos de la antigua Universidad Sertoriana y con las bibliotecas de los colegios de San Vicente y Santiago, además de otros fondo procedentes de los Monasterios de San Victorían, San Juan de la Peña, la EX- Catedral de Roda, juntamente a las valiosas donaciones del gran artista oscense D. Valentín Carderera. Hoy guarda mas de 38.000 volúmenes. Se encuentran entre los mas interesantes la Biblia Poliglota Complutense del Cardenal Cisneros, mas de 107 incunables, entre ellos algunos interesantísimos y 102 manuscritos.

Haciendo fondo de la Plaza de la Universidad se encuentra el Seminario Conciliar de Santa Cruz, (plano XXVI) gran caserón modernizado en el pasado siglo, fundaciónn del Obispo D. Pedro de Frago en 1571, siendo el primero que se instalara en España, siguiendo las disposiciones del concilio de Trento, para lo cual huno necesidad de segregar de la jurisdición de Montearagón la antigua iglesia de la Zuda o palacio moro de los antiguos walís de Huesca. De la Primitiva iglesia de Santa Cruz solo resta un ábside semicircular románico de principios del S. XIII.

A la salida- frente al instituto- el viejo Hospital Provincial, en cuyo extremo N. se encuentra la portada de la pequeña capilla, con un interesante relieve en el dintel, bajo airoso alero, que representa la Epifanía, obra gótica curiosa (s. XIV) por su composición y figuras, llevada a este lugar recientemente.

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Hoy toca Teruel y sus maravillas

UN ARTE MILENARIO

La pintura rupestre se encuentra extendida por toda la provincia. En los abrigos de las imponentes montañas de la sierra de Albarracín, hay notables pinturas de la época epipaleolítica que el doctor Martín Almagro atribuye a pueblos de origen africano, llegados a España después del Paleolítico Superior. Son interesantes estas muestras por haber resuelto el discutido problema entre las escuelas franco- cantábrica y levantina; se puede presumir que los abrigos de levante son posteriores a las cuevas hispano-francesas. Las superposiciones de las Olivanas y del abrigo de Doña Clotilde, acusan la larga duración del rupestre en esta zona. En estos impenetrables lugares debieron de subsistir las tribus de cazadores, cuando el neolítico se desarrollaba en otras partes; por este aislamiento, observamos una continuación de ideas técnicas, artísticas y espirituales, semejantes a las de los hombres paleolíticos, hasta épocas muy avanzadas. Las pinturas se hallan en rocas de arena triásica, de nominada “Rodeno”, de color rojo, entre el exuberante pinar, que anima la belleza de estos parajes, los ingredientes cromáticos debieron de ser grasa de animales con polvo finísimo de roca blanquecina, que resalta sobre el fondo rojo.

De los conjuntos albarracinenses, destaca una escena de Las Olivanas por su realismo, con la figura de un gamo muerto y de un cazador que se acerca a tomarlo. La etapa culminante del arte pictórico de Levante se halla en el abrigo de Doña Clotilde, que muestra figuras muy esquematizadas; en este arte paleolítico, ya en decadencia, el paisaje, en su primaria significación, hace presencia con una lora concebida infantilmente.

De las pinturas rupestres de la Tierra Baja, lo más interesante se halla en la cueva de Val del Charco del Agua Amarga; destaca la figura de un cazador portando flechas; pero la escena cumbre por su realismo y movimiento, es la del jabalí perseguido por un cazador, que nos evoca otras pinturas levantinas. Esta cuerva es documento estimable para el estudio de la escuela levantina, por sus diversos estilos, tan peculiarmente superpuestos. Algunas figuras están trazadas torpemente, pero otras nos asoman por su palpitante realismo.

Un ejemplo: El arquero de Las Olivanas, cerca de Tormón, o la aparición del paisaje en el Covacha de los Trepadores, cerca de Alacón.

EL MITO DEL TORO EN LA COREOGRAFÍA TUROLENSE.

El toro es el signo mas antiguo del Zodiaco, por lo que entra dentro del mito universal de la luz y de las tinieblas; fue símbolo de la procreación y de Dionisos; el cristianismo le puso al lado de San Lucas, en el tetramorfos. Los toros turolenses pertenecen al ciclo mediterráneo, del buey Apis y del minotauro de Creta. El toro fue animal sagrado en España, según nos cuenta Diodoro de Sicilia.

Quizás por su carácter divino, fue representado repetidas veces en los lienzos rocosos de la abrupta geografía turolense ya en 1911, el abate Breuil, y Cabré Aguiló, estudiaron algunos de los existentes en la Sierra de Albarracín, en el barranco de Las Olivanas, hacia Tormón; ellos vieron las semejanza de estos toros; con los de Minateda y Cogul, a juzgar por los cuernos en forma de lira, mientras que el convencionalismo de tres o cuatro patas delanteras para indicar el movimiento, quiere recordar al paleolítico hispano- francés. Los sabios citados encontraron hasta nueve series en este conjunto de toros, équidos, cervidos y figuras humanas. Posteriores exploraciones aumentaron el repertorio pictórico de toros rupestres, destacando los de la Cocinilla del Obispo, por sus figuras rojizas, llenas de vitalidad. En los roquedales del Prado del Navazo, también en los Montes Universales, vemos a dos cazadores disparando sus flechas contra un toro. Las investigaciones del eminente prehistoriador turolense, don Martín Almargo, han dado a conocer las diferentes yuxtaposiciones pictóricas que realizaron los artistas del Paleolítico en esta zona.

La mas bella estampa de toro de todo el rupestre levantino, se encuentra en el pueblo turolense de Ladruñán, en la cueva del Pudiol. Aparece en movimiento, representado con minuciosidad anatómica verdaderamente sorprendente, dentro de los convencionalismos propios de este arte.

Este animal mítico, fue decisivo en la fundación de la ciudad de Teruel; así nos lo refiere el Libro Verde: <<Es los Adalides es los mas servidores de tal fecho, subieron a la muela et allí do es ahora la Plaza, de mañana en el alba trobaron su bel toro, et andaba una bella estrella sobre él; et luego que los vido el toro comenz a bramar, et dijeron los adalides que aquí había buenas señales por fer Población i allí tomaron señal>>.

HUELLAS DE LA ANTIGÜEDAD.

La importancia de las tierras turolenses en tiempos pretéricos, se explica por los restos que de día a día aparecen. Apenas hemos dicho algo del legado pictórico que dejo el hombre prehistórico. Los poblados ibéricos son incontables y solo unos pocos han sido excavados; pero ninguno supera en interés a las ruinas del Cabezo de Alcalá, en Azaila, que merecieron las calificaciones de Monumento Nacional. En ellas se reconoce un primer asentamiento céltico, al que sucedido la ciudad de fines del siglo III; a principios del siglo I antes de Cristo, fue construida sobre las ruinas incendiadas de la pierna, pero ésta fue a su vez incendiada y sustituida por la nueva ciudad ibérica, ya romanizada, que sería destruida en las guerras sertorianas. Las excavaciones han puesto de relieve la red de calzadas, sistema de pavimentación y desagüe, así como los principales edificios. Además de esculturas, el gran legado de Azaila ha sido la cerámica, ya que sus alfares fueron de los mas importantes, desde el Nordeste de España, hasta el Ródano. No deja de acusar cierta relación con la del Sur de Italia, cosa explicable por los numerosos militares que se establecieron con España durante el siglo I antes de Cristo.

En esa zona de la provincia, se encuentra otro yacimiento, las Ruinas de San Antonio, en Calaceite. Su cerámica aparece relacionada con la de Azaila, Valencia y Cataluña. Curiosas son las estelas con representaciones ecuestres y la serie de lanzas que recuerdan la costumbre ibérica de colocar en la tumba del guerrero muerto; tantas lanzas como enemigos hubiese vencido.

Las huellas de Roma surgen acá y allá, por toda el área de la provincia. Algunos de los restos hallados pasaron al Museo Arqueológico de Teruel, y otros hace tiempo que fueron emporrados en iglesias, como en la catedral de Albarracín y en la parroquial de Calomarde. En el valle del Jiloca hay todavía dos puentes, en Calamocha y Luco, ubicados ambos en la calzada romana que iba de Zaragoza a Córdoba. El de Luco ha perdido mucho de su elegancia primitiva al desaparecer el pretil y cubrir el río los pilares con sus continuados arrastres.

Monumento funerario y calle de una ciudad ibérica, fundada a fines del siglo III a. C. cerca de Azaila.

PUENTES Y ACUEDUCTOS.

Dada la ubicación medieval de Teruel, en una colina que la defendía con sus terraplenes naturales, se ubicaron los edificios, para construir luego una serie de obras que facilitaran el acceso a la ciudad.

El mas bello de todos es el Acueducto, vulgarmente conocida por los Arcos, obra de grandiosidad romana que levantó a mediados del siglo XVI el arquitecto Quinto Pierres Permitió el desarrollo moderno de la ciudad con una urbanización en abanico, partiendo del mismo puente. Aún hay otros puentes: el de la Reina, el de San Francisco, etc., pero no olvidaremos el mas insignificante, el de Doña Elvira, de tablas, pero aureolado por la leyenda de aquella dolorida mujer, cuyo marido murió alevosamente en el Puente de San Francisco, y que ordenó construir este para no hollar el otro, de tan triste recuerdo.

La obra singular de Los Arcos merece una descripción, aunque breve. No solo es el mayor acueducto renacentista, sino el mas bellos de los pocos que nos ha llegado de la España del siglo XVI. Su mayor originalidad reside en su doble función: puente y acueducto, ello debió de ser una exigencia del régimen foral turolense, entonces vigente, pues en el Forum Turolii se estipula: “Y cualquiera que hiciera un acueducto debe asimismo hacer en él un puente…”. La obra resultó tan bella que en todo momento ha levantado unánimes aplausos. Ya en el siglo XVI. El libro Verde de la ciudad la calificó como ¨obra de las mas admirables de España¨. Un siglo después, el portugués Juan Francisco Labaña escribió en su Itinerario de Aragón que Los Arcos están ¨muy bem feytos, e altos, que be obra asimilada¨. Pero nadie como el infatigable Ponz supo captar el espíritu de la obra: ¨El acueducto – escribió -, presenta cierta idea magnífica, que recuerda los suntuosos edificios que los romanos hacían de esta clase¨. Así quedaba bien expresado el carácter de la mejor interpretación del Renacimiento que hizo Vedel.

LA MURALLA DE CUARENTA TORRES.

Un manuscrito de 1695 sobre la Real Militar Compañía de Caballeros de San Jorge en la ciudad de Teruel, nos refiere: “Los muros de la ciudad están adornados con cuarenta torres las mas de ellas, de hermosa arquitectura”. Los hombres y el tiempo han destruido estas sólidas construcciones, y de ellas no quedan mas que unos muros desdentados y unas referencias literarias.

Subsiste todavía la torre Bombardera, con sus ángulos achaflanados, propios para la defensa, con cañoneras que favorecen el tiro rasante. En su coronación debió de tener almenas y matacanes volados; las cañoneras nos ayudan a fijarla cronológicamente, dentro del siglo XV.

Mejor conservado se encuentra el torreón de Ambeles, que recuerda la ubicación del antiguo Alcázar; por haber pasado a principios del siglo XVIII a la familia Ambel, se le conoce con el nombre de Castillo de Ambeles. El la mas interesante de las construcciones militares de Teruel, por la originalidad de su planta con ángulos de resalte mayores y menores en alternancia; a dos tercios de su altura presenta una cornisa que da movimiento a la inusitada composición.

Se puede hacer el periplo del casco urbano medieval, en un paso extramuros, poco mayor de un kilómetro. En el extremo Nordeste, al fin de la calle del Tozal, estuvo la Puerta de Zaragoza, reconstruida en 1379, en forma similar a la de Cuarte de Valencia. Tras el Mesón de la Comunidad, estuvo el Portal de las Carnicerías Altas. En el punto de unión de Los Arcos con la muralla, se encuentra el Portal de la Traición, que nos recuerda la entrada de las fuerzas castellanas en 1363 por ¨Tracto malo e falso¨, según las crónicas.

El costado septentrional es el mas pintoresco de la ciudad; serpenteante camino, asciende hasta el Portal de Daroca, conocido ya en 1566 por la Andaquilla; su arco evoca a los turolenses el regreso angustioso del infortunado amante, Juan Diego Martínez y Garcés de Marcilla, el mismo día de la boda de su enamorada (según la leyenda). Ningún vestigio queda de la Puerta de Guadalquivir, del Postigo y del Portal de Valencia, situados en las partes meridional y oriental del circuito murado de la ciudad.

La Bombardera, es una de las cuarenta torres que tuvo la ciudad de Teruel (s. XV).

PLAZAS Y CALLES.

El centro vital de Teruel es la Plaza de Carlos Castel, o del Torico, llamada así porque un minúsculo toro se levanta sobre un alto pedestal columnario, presidiendo con hieratismo totémico el murmullo de la ciudad que le está dedicada. Cortés y López, un etimologista turolense, tuvo la obsesión de ver raíces hebreas en la toponimia española; según él, el primitivo nombre de Teruel fue Turba, que derivó de las voces hebreas tbou y bat e interpretó como domus tauri, por tanto, Teruel venía a ser como casa o templo del toro. El actual monumento data de 1858 y vino a sustituir a otro, mas bello, realizado en el siglo XVI.

Por la plaza del Torico, pasa la única arteria axial que divide en dos partes el antiguo casco urbano. La topografía del lado oriental conserva mejor sus rasgos medievales; aquí se cobijó la judería turolense, a espaldas de los castillos de Ambeles y de San Esteban, formando parte de ella las calles que, mas o menos radialmente, inciden en la actual Plaza de la Judería; en la calle adjunta de la Comadre, estuvo la sinagoga. No todos los judíos vivieron en este recinto, pues los mas ricos habitaron en la antigua Albardería (hoy Salvador), en Ricoshombres, calle que parecía confinada a la aristocracia, y en la Alcaicería (San Juan), a cuya entrada los Nairíes tuvieron su casa de cambio.

No pocos hechos históricos nos evocan las tortuosas callejuelas de este sector, el mas vetusto del urbanismo turolense. El camino de ronda lo señalan las calles de San Esteban y la Plaza de Bolamar (recuerdo del capitán bul Amar, jefe de una compañía de moriscos que defendió la ciudad contra los ataques de las aldeas). A espaldas del torreón de Ambeles estuvo la llamada Casa del Judío, famosa por su rico artesonado mudéjar del siglo XV.

El Arrabal, no ha perdido su carácter arábigo, con los característicos callejones sin salida. Aquí vivieron apartados los moriscos hasta su expulsión, aquí habitaron aquellos alarifes que doraron a la ciudad de las soberbias torres. Todavía en este barrio subsisten las ollerías, en las que se elabora una interesante cerámica.

En la plaza del Torico, se encuentra el monumento al animal que propició la fundación de la ciudad.

TERUEL: IGNORADA MARAVILLA.

Nuestra ciudad ha permanecido casi olvidada hasta tiempos recientes: ni el P. Flórez, ni Villanueva, ni los autores del Teatro histórico de las Iglesias de Aragón, dicen nada de ella, solamente en obras de carácter general, como las de Zurita, Ponz, Madoz, etc, se encuentran referencias. Traggia y algunos eruditos locales, exploraron sus archivos. Hasta mediado el siglo XIX, Teruel continuó desconocido, y solamente Cuadrado le dedicó unas breves páginas de su obra, pero ni Roscoe, ni Borrow, ni Quinet, ni Teófilo Gautier, ni otros viajeros de la pasada centuria, han dejado referencia de su paso. Pero lo cierto es que ya desde el Paleolítico el río Turia atrajo a los cazadores prehistóricos, que acechaban a los animales de los bosques próximos, dejándonos como testimonio, en el paisaje terciario miocénico que rodea a la ciudad, sus raederas, hachas y cuchillos.

Este silencio que han guardado viajeros e historiadores, podría hacer pensar que la tierra turolense es espiritualmente árida, mas no es así; sus monumentos y hombres demuestran lo contrario. Díganlo los brillantes volúmenes de sus torres, realizadas en ladrillo, que son el documento artístico mas valioso que Teruel exhibe de su vinculación al genio artístico nacional. Desgraciadamente la mentalidad barroca no comprendió la belleza de éstos volúmenes, tan gallardos y limpiamente aristados, y hasta permitió la destrucción de la torre de San Juan, conocida por la “fermosa”. Actualmente la mas admirada es la de San Martín, que se ofrece ante propios y extraños con una belleza renovada cada día, en el escenario de una histórica plaza. Asimismo, es un timbre de gloria histórica y artística el artesonado catedralicio, en el que se presenta la ¨comedia humana¨ de la sociedad medieval de Teruel en el momento mas glorioso de su historia.

En cuanto a sus personajes, don sintieron el amor como únicamente la imaginación de los poetas lo ha recreado. El morir de pena y amor es una realidad que solo ha sido concedida a dos enamorados turolenses, pero ¿es posible morir de amor? Todo es posible a los humanos capaces de tener grandes pasiones, que mueren para vivir una vida mejor en la región de la Eterna Belleza.

El cuerpo de la Catedral ofrece un aspecto pintoresco.

TERUEL: CIUDAD DEL AMOR

No se puede escribir de Teruel sin hacer referencia a sus mas ilustres personajes: Isabel de Segura y Diego Garcés de Marcilla, cuya vida nos ha llegado envuelta entre las brumas de la leyenda y las sombras de una época histórica llena de silencio. La hermosa leyenda de amor debió de ocurrir el año de 1217, siendo juez de Teruel, Domingo Celada.

¿Existieron los Amantes de Teruel? Ningún turolense duda de ello, pero los historiadores y comentaristas literarios no están acordes. El infatigable cronista de la ciudad, don Jaime Caruana, ha conseguido unas apoyaturas documentales para la judicatura del citado Domingo Celada, que corroboran la fecha de la anónima tradición, pero queda todavía una noche oscura de mas de tres siglos, desde el supuesto hecho hasta el año 1555, sin una sola referencia histórica.

Y, ¿qué nos queda del Teruel de los Amantes? Casi nada. Las famosas torres mudéjares, las iglesias y la Andaquilla, según hoy se encuentran, son posteriores al suceso. Embrolla mas el asunto la semejanza de la leyenda con el cuento de Boccaccio Girolamo y Salvestra, escrito a mediados del siglo XIV en Florencia. Sería razonable pensar en la existencia de una fuente literaria de la Antigüedad clásica, que está por identificar de la cual deriven tanto la versión turolense del siglo XIII como la italiana del XIV. La leyenda turolense ha motivado varias obras de nuestra literatura, siendo las más feliz y famosa el drama romántico de Hartzenbusch.

En las artes plásticas, inspiró al pintor Muñoz Degrain y al escultor Aniceto Marinas. El moderno sarcófago ha sido realizado por Juan de Ávalos; su feliz composición nos presenta a la enamorada, bella de cuerpo y de alma, y al bizarro doncel, unidos por sus manos en lazo eterno de amor. Cada uno de los cuerpos descansa sobre el carnero correspondiente, abierto lateralmente por unas celosías de tradición mudéjar, para que el visitante curioso pueda contemplar las momias si lo desea. El lugar adecuado de su presentación, será el claustro gótico de la iglesia de San Pedro, previamente restaurado.

UNA DETERMINANTE TUROLENSE: EL MUDEJARISMO.

Mudayyan o mudéjares, tributos o sometidos, debió de haber muchos en el Teruel preforal, formando barriada en los extramuros. El fuero de Teruel (1176) consideró libres a estos moros de paz, pudiendo convivir con los cristianos en paridad de derechos sociales. No sucedía lo mismo con los moros esclavos, cuya valoración social no fue superior a la de las bestias. La clase mudéjar fue muy dinámica, absorbiendo gran parte de la vida económica de la ciudad; además de labradores, debieron ser herreros, zapateros, peleteros, tejedores, tintoreros y alfareros de tejas, ladrillos, cántaros y ollas. Las disposiciones del Forum Turolii, el gran monumento literario sobre la vida del Medievo turolense, nos ayuda a evocar las animadas escenas de las angostas calles de la ciudad.

A los mudéjares debe Teruel su época áurea. La ciudad destaca en el ámbito peninsular por dos especialidades mudéjares: las torres y la cerámica, por ello, no sin razón, Teruel ha sido bautizada como la ciudad de mudéjar por antonomasia, así que gran parte de los edificios turolenses, están tocados de este estilo. De la catedral dijo Lampérez que, si se conservase completa y sin alteraciones, sería caso único, sin duda, de un templo episcopal de estilo mudéjar.

Teruel continúa siendo mudéjar por herencia y apego natural al estilo, llegando a ser hoy determinante estético de su paisaje. Ya el fuero reglamentó la industria alfarera lo mismo que los precios de “ollas, cántaros y además vasos”. La ciudad fue durante los siglos XIII y XIV, un centro especializado en la elaboración de azulejos, placas columnitas y escudillas, destinadas a la decoración de las torres. El material empleado es una pasta ferruginosa, muy rojiza, barnizada de blanco, sobre la que destacan los morados puros y los verdes brillantes, aún mas que en Paterna. Con evidente acierto, se ha destacado la prioridad cronológica de la cerámica turolense sobre la valenciana. Maríneo Sículo, en su obra Opus de rebus Hispaniae memorabilius, celebra así la importancia de la cerámica turolense: “Turolii fiunt praecipus sunt et caeteris pulchriora”.

TORRES MUDÉJARES.

Amador de los Ríos llamó mudéjares a las manifestaciones artísticas de los musulmanes que vivieron bajo los cristianos vencedores; de nuevo se repitió el Graecia capta de Horacio, y los vencedores fueron vencidos culturalmente. Lo mudéjar, en su fuente original, es oriental, islámico. Sus volúmenes, tan regularmente aristados, no pesan, es decir, no son masa. Sus decoraciones carecen de relieve y dan la impresión de ser brillantes y fastuosos tapices. España ha sido campo de interacción de Oriente y Occidente, que ora aparecieron en lucha, ora en ambiente de fecunda paz. La convivencia de moros y cristianos, motivó el ensamble de sus formas artísticas y culturales. Recientemente, algunos ensayistas han extendido el concepto mudéjar a toda obra artística, literaria, jurídica, económica, filosófica, etc., en la que se combinen armónicamente lo cristiano con lo musulmán; no solo la literatura aljamiada, si no buen parte de la obra del Rey Sabio, el Libro del Buen Amor, los romances, e incluso El Quijote, han sido calificados como mudéjares.

Examinando lo mudéjar en su esencia, vemos que se trata de un estilo autóctono, muy original, que responde a las exigencias de la tierra y del pueblo; exhibición de volúmenes rotundos y de decoloraciones planistas, dispuestas bajo rígida disciplina geométrica. La más feliz intuición de Menéndez Pelayo en el terreno artístico, fue considerar lo mudéjar como o el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos. Se ha considerado el arte hispano-morisco, como el arte nacional de la España medieval. Y solamente entendido así, se comprende su proyección histórica; tan hondas raíces echó en nuestro suelo, que rara será la forma artística que no surja tocada de mudejarismo.

Este estilo arraigó profundamente en Teruel, donde dejó los mas vellos ejemplares de torres: San Martín (1315) y El Salvador, de composición similar, que rivalizan en belleza y en las que debieron intervenir los mismos artistas, a los que la musa popular ha presentado en una leyenda trágica rivalidad. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el mudéjar se expandió por los valles de la provincia, donde el ladrillo abundaba, dejando una serie de campanarios que atestiguan la facilidad con que este estilo se amalgamaba con otros, como el Renacimiento y el Barroco.

Y además se deben de citar la Torre de San Pedro (s. XIII), y la Torre de la Merced, la última de las torres turolenses (siglos XVI- XVII).

UNA EXHIBICIÓN DE LA SOCIEDAD MEDIEVAL.

Una opus magnum de la catedral de Teruel es el artesonado. Este lote de pintura gótico- lineal decora una armadura de par y nudillo, que es la primera de España por el desarrollo de los temas decorativos y subhistóricos. Un vivo documental de la Edad Media palpita en esta atmósfera mágica, que el visitante puede gozar gracias a unos balconcillos corridos situados a gran altura.

En torno a esta obra cardinal del tesorero artístico turolense, no se conoce documentación; por ello, su cronología ha sido muy discutida. Dada la carencia de pruebas documentales, el problema queda en mano de las sugerencias estilísticas. En otra ocasión he puesto de relieve la presencia de cuatro pintores de Teruel durante el primer cuarto del siglo XIV, Bernabé Alluvena, Fortún Ximénez, Pedro Guarín y Juan El Pintor; asombra que el gremio fuese tan numeroso en este lapso de tiempo, pues nunca en la historia turolense se conocieron tantos pintores juntos. Posiblemente se trata del equipo que realizó la enorme obra del artesonado. Los arcaísmos de la obra son explicables, por tratarse de pintores artesanos que vivían con cierto retraso las modas estilísticas, y ser Teruel un medio sin tradición pictórica considerable.

El punto mas controvertido es el referente a la interpretación del contenido del artesonado. Es preciso ser muy liberal para alcanzar una interpretación del material temático en orden a una concepción sistemática, que no parece que estuviera en las mentes de los que hicieron el artesonado. Indudablemente hay vagas referencias a la historia turolense, pero no un paralelismo tan sistemático como se pretende. Además, no hay que olvidar que los artesones pintados fueron trastocados y no nos han llegado en el orden primitivo.

Lo mas interesante de esta obra, es que en ella desfila la sociedad medieval española en un momento determinado: el primer cuarto del siglo XIV. Tiene mas interés la indumentaria femenina que la masculina, y hay una clara persistencia de las formas del siglo XIII en ciertas prendas femeninas, aunque otras denuncian ya los gustos del siglo XIV.

EL MUSEO EPISCOPAL DE TERUEL

El Palacio Episcopal, aunque muy restaurado, conserva su traza antigua. Su construcción fue lenta, desde fines del siglo XVI hasta el término de la centuria siguiente. Tiene patio arquitrabado con columnas jónicas, y galería de arcadas en el piso superior, el aragonesismo de la construcción lo patentiza la arquería bajo el alero.

El incipiente Museo Diocesano se expone en la galería superior del patio, mientras se prepara el edificio adecuado, feliz acontecimiento que no sabemos cuando ocurrirá.

Las obras expuestas son de un valor desigual. Dignas de recuerdo son las tablas de Santa Catalina y de San Miguel, que se creen obra de Lorenzo de Zaragoza. Quizá sean resto de un retablo que en 1366 la reina doña Leonor, ordenó le fuera pagado y que había hecho para el convento de Las Claras de Teruel. Recientemente, Gudiol ha visto bajo los repintes, la personalidad del autor del retablo de Jérica, enriquecida con nuevas originalidades y ostentando la típica grandiosidad, que constituye la gran revelación de Lorenzo de Zaragoza.

Pieza altamente interesante es el cuadro del Patrocinio de la Virgen, que Gudiol ha atribuido a un anónimo Maestro de Teruel. A juzgar por la fecha en que debió ser realizado, segundo cuarto del siglo XV, Juan de Boniella pudiera ser un probable pretendiente. En esta obra, se llega a la apoteosis de los imaginativo; hay en ella ua mezcla de fantasía y lirismo, que no es sino una resonancia inequívoca del influjo germánico de tipo valenciano que parte de Marçal de Sac. Esta obra de primer orden destaca además por su curiosa iconografía, ya que presenta los pecados capitales en los nichos de la cátedra de la Virgen; las víctimas de cada pecado indican con una flecha aquella parte del cuerpo con la que se cometió el pecado correspondiente. Esta valiosa tabla debe ser clasificada en la última fase del gótico internacional, poco antes de la invasión flamenca.

LO MEJOR DEL IMAGINERO FRANCES YOLI.

La actividad escultórica en Teruel, puede considerarse casi como inexistente hasta la venida del Renacimiento. En Teruel, el estilo renacentista adquirió esplendor gracias al concurso de los artistas galos, el escultor Gabriel Yoli y el arquitecto Quinto Pierres Vedel, ambos activos en tierras aragonesas, pero que dejaron, precisamente en Teruel, sus obras mas significativas.

La presencia de Yoli en Teruel data de 1532, cuando hizo el contrato del retablo mayor de la catedral, cuyo, coste, sin dorar ni policromar, alcanzó la cifra de 20.000 sueldos. Fue una fortuna que el retablo nos haya llegado sin dorar, así podemos admirar el toque directo de la gubia y los trazos vivos y nerviosos del escultor sobre la madera. Las figuras se caracterizan por las proporciones esbeltas, tendencia que inició el escultor en el retablo de Aniñón. La interpretación de las cabezas está muy influida por el arte de Miguel Ángel; no está lejano el expresionismo de los maestros castellanos, Berruguete y coetáneos, como se advierte en algunas escenas y en las magníficas figuras del Apostolado. Es elevado el interés de esta obra porque nos muestra el fin de la tarea del gran imaginero francés, ya españolizado, con esas formas que tratan de definir a sus atormentados personajes.

El escultor francés, al que Aragón debe la mejor talla del Renacimiento, murió terminando esta obra en 1538; su cuerpo mereció el honor de ser enterrado en medio de la nave mayor; se cubre el sepulcro con lauda, que muestra en bajorrelieve al artista envuelto en capa, espada al cinto en señal de nobleza, y cabeza sobre almohadones e inscripción en torno.

El más hermoso retablo turolense del Renacimiento, el de San Cosme y San Damián, en la iglesia de San Pedro de Teruel, tiene el sello inconfundible del maestro francés, lo que corrobora un documento de 1537. La composición es similar a otra anterior de Yoli, el retablo de Bolea. Los titulares aparecen en tamaño natural y elegantes posiciones, con atuendo que nos evoca a dos sabios renacentistas. Según Weise, las escenas laterales del banco, acusan otra mano.

RESURGIMIENTO DE TERUEL.

La época dorada del arte y de la vida turolense fue el Medievo, iniciándose ya en el siglo XVI la decadencia, que reflejan fielmente los monumentos. Las invasiones Seudo- renacentista y barroquizante inundaron todo, hasta el remate de algunas torres medievales. De este incluso barroquismo se libraba la iglesia de la Compañía, construcción feliz del siglo XVIII, obra del arquitecto turolense, José Martín de la Aldehuela, pero desapareció en los azares bélicos de la Cruzada. Algún viejo templo como el de San Pedro, tras de sufrir los estucos barrocos, a fines del siglo XIX, fue decorado a lo Viollet-le-Duc, sustituyendo la severidad del gótico-mudéjar por una policromía chillona; estos deseos restauradores hubieran sido felices si en lugar de buscar el pastiche galo, se hubieran tomado como modelos las iglesias del arcedianato de Calatayud.

El siglo XX, pese a las dolorosas amputaciones, ha dado a Teruel una nueva cara, tanto en las nuevas edificaciones como en las restauraciones. Está todavía por estudiar la significación del modernismo en Teruel, que aparece vinculado por medio del arquitecto Monguió, a la escuela barcelonesa; los dos edificios mas significativos, son los almacenes comerciales de Ferrán y del Torico, ambos en el centro de la villa turolense.

Poco después se realizaron el Viaducto y la Escalinata, que tanto embellecieron los accesos a la ciudad. El Viaducto fue proyectado por el ingeniero Fernando Hué, contándose entre las obras mas atrevidas de aquel momento. A uno de sus extremos se colocó un monumento escultórico de Victorio Macho. La monumental Escalinata, que salva el desnivel existente entre la ciudad y la Estación de la Renfe, fue realizada en 1321 por el meritísimo turolense, José Torán de la Rad, quien la decoró con guarniciones neo-mudéjares. Esta bella escalera, a mitad de s altura, se bifurca en dos tramos curvados para abrazar la composición del retablo de los Amantes, altorrelieve del escultor Aniceto Marinas.

ALBARRACÍN: CIUDAD ÚNICA.

En la época visigoda parece ser que esta ciudad se llamó Santa María de Oriente, pues así lo recogen las crónicas árabes. Los dominadores musulmanes de esta zona fueron berberiscos, pero la ciudad reunió una población heterogénea, lo que evidencia una lápida árabe, perteneciente sin duda a un mozárabe. Bajo la dominación islámica, hubo un obispo cristiano, según la Crónica General, el cual recibió al Cid en 1089. Hasta los judíos tuvieron aquí cobijo, ante la actual iglesia de Santa María, lugar conocido tradicionalmente como Campo del Judío.

En cuanto a los restos de construcciones, es difícil pensar si estás corresponden a Santa María, como ciudad árabe antes del siglo XI, o si solo hubo hasta la venida de Hudail (1013-1014), un pequeño castillo que dominaba las ruinas de las primitivas construcciones romanas o hispanogodas. De la época de Hudail, son el llamado “alcázar” y la torre del Andador, que juntamente con la desaparecida “torre del agua” formaban un triángulo estratégico. Al parecer, Albarracín fue ciudad abierta, de modo que la población en un momento de peligro podía cobijarse en las fortalezas. Durante la época cristiana, su importancia aumentó según el interés que pusieron Jaime II y Pedro IV, en la conservación y restauración del sistema ofensivo. La ciudad, probablemente, se cerró a fines del siglo XIV levantando la muralla conocida por el “Muro”. Este es de mampostería concertada, en muros de metro y medio de anchura y doce metros de altura; los torreones cuadrados tienen una altura de 16 metros, su número es de 9, mas la torre del Andador. Ninguno tan evocador como éste, ante el que acampó en 1220 Jaime I para poner sitio a la ciudad, no logrando reducirla.

Hay en Albarracín algo que está sobre los monumentos y que nos hechiza: sus callejuelas de abolengo moruno, serpenteando por el reducido casco urbano; sus pintorescas casucas, llenas de inagotables puntos de vista; sus viejos portales y sus murallas desdentadas. Por todo esto, es una lección permanente de Historia. Aislada la ciudad por su difícil emplazamiento, ha resistido el avance de los tiempos, que todo lo uniforman, lo que, unido a su natural tipismo, ha hecho de la villa un solo y auténtico monumento.

LA HISTORIA DE GEDEON.

La Sala Capitular de la Catedral de Albarracín, atesora un interesante conjunto de tapices flamencos, que representan la historia de Gedeón, al que eligió el Señor para que libertara al pueblo hebreo del yugo madianita. Se encuentran allí por donación del Obispo don Vicente Roca de la Serna (1606-1608), de quien dice el episcologio: ¨dejó a su iglesia una preciosa colección de tapicería, un terno muy costoso y un exquisito portapaz con embutidos de esmeraldas y otras piedras finas, que había sido alhaja de un Pontífice Romano¨.

Los tapices tienen la signa de un escudo entre dos B, lo cual nos declara que fueron hechos por tapiceros de Bruselas- Brabante, pues desde 1528 usaron este definitivo; otra marca que llevan se ha querido identificar como la firma de Francisco Geubels, que tuvo fábrica en Bruselas desde 1534 a 1571.

De los ochos que formaron la donación se conservan siete y un fragmento del octavo. La altura de tres metros y setenta cms, es uniforme, aunque varía la anchura. La historia de Gedeón se ha tomado del Libro de los Jueces (caps. VI, VII y VIII). De las materias empleadas en su confección, se aprecian claramente lana, algodón, estambre y seda; esta última es abundante y está bien conservada. El tinte de las lanas parece ser aceptable, destacando los colores verde y azul, y algo menos el carmín, rosa, sepia y medias tintas.

Dentro de la historia del tapiz flamenco, los de Albarracín, representan la decadencia de éste en Bruselas. Las composiciones son cuidadas, lo que resulta difícil por las numerosas figuras. Quizá sea una obra de mediados del siglo XVI, y si su autor fue Geubels, éste se caracteriza por la tosquedad y pesantez de las figuras, pese al dominio del movimiento y aún de las formas anatómicas, muy de acuerdo con el manierismo de pintores flamencos coetáneos como un Heemskerck o un Frans Floris. Mas interesantes que las grandotas y teatrales figuras, son los bordes de cada composición que, aparentemente iguales, varían en detalles. Hay una mezcla de elementos animados con otros vegetales y geométricos, éstos quizá derivados de Vredeman de Vries.

EXTRAÑA INTERPRETACIÓN DEL ÁRBOL DE LA VIDA.

El objeto mas extraordinario de todo el tesoro artístico de Albarracín, es un Cristo de marfil, que se guarda en el convento de las Madres Dominicas. Pese al interés de esta pieza excepcional, casi nada se sabe acerca de su origen; acabado el convento en 1621, con posterioridad parece ser que llegó la pieza por donación.

Gracias a la investigación Margarita Estella, sabemos de su carácter estilístico y de su notabilísimo valor iconógráfico. El Cristo responde al tipo denominado de los ¨expirantes¨ y es de origen filipino. La composición de la escena es de aire renacentista, pero los detalles decorativos – indumentaria y muebles- así como la organización en diagonal de los bajorrelieves de los medallones, pertenecen al siglo XVII. Los artesanos de las Islas Filipinas que lo realizaron, han debido de tener presentes grabados se inspirarían a su vez en otros del siglo XVI, con lo cual quedaría aclarado cierto sentido arcaizante, ya que la obra puede fecharse a mediados del siglo XVII.

En líneas generales, la composición de la pieza responde a la idea del Árbol de la Vida; caído Adán, es redimido en el Árbol de la Cruz; en diversas escenas de los relieves se subraya la Redención, ya que ellos representan los misterios del Santo Rosario. No se conoce una representación plástica que se pueda considerar como fuente directa de la rara pieza. Se trata quizás de una adaptación especial del tema del árbol DE Jessé, ya que numerosos grabados fueron imitados en marfil en Goa; ellos presentan gran similitud con la escultura hispano-filipina de la época colonial, que, naturalmente, manejó con frecuencia estas recreaciones orientales. Durante los siglos XVI y XVII fue muy frecuente la representación de series bíblicas con fines didácticos y apostólicos.

LA CRÓNICA ILUSTRADA DE LOS CALATRAVOS.

El más noble de los monumentos de Alcañiz es el Castillo, con aportes estilísticos que van del románico al barroco. Lo que mas interesa son las pinturas murales de la Torre del Homenaje, que guardan una disposición semejante a la de la sala capitular del monasterio de Sigena. De las diversas hipótesis lanzadas, parece lo mas probable que esta crónica pictórica se refiera a la vida de los Calatravos alcañizanos en sus empresas levantinas, pinturas por su linealismo y nueva estética de los repertorios caballerescos, historiados y trovadorescos, entran de lleno dentro del arte gótico lineal de inspiración francesa.

La serie caballeresca es muy extensa. Hay que considerar la representación de dos castillos, bañados por el mar, cuyas ondas están claramente figuradas; uno de ellos ostenta los blasones de Castilla y de León. Confusamente se aprecia un campamento y un ejército, cuyos soldados muestran a la cruz de Calatrava. En el muro lateral izquierdo se ve a tres damas despidiendo a un jinete que parte veloz; en una enjuta está en el ejército catalana- aragonés con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, mientras en la otra enjura, aparece un ejército musulmán. Y mas escenas militares: un ejército desembarcado que marcha hacia un castillo, guiado por un peón abanderado, y un monumental castillo, en cuyas torres se enarbolan los blasones de los Alagón, Cornell, Luna y Aragón. El paisaje de palmeras nos lleva a relacionar estas escenas caballerescas con la vertiente levantina de la Reconquista.

Merecen recordarse otros temas de estas pinturas alcañizanas. Hay una rueda con un personaje regio en tres posiciones, que aclaran las inscripciones latinas: REGNABO, REGNO, REGNA- VIT. No es propiamente una Rueda de la Fortuna, y existe una escena análoga en el libro Hortus Deliciarum, que mandó componer en el siglo XII la abadesa Herrad de Lamberg. Otras escenas parecen insinuar cierta influencia provenzal. Una serie de figuras de gremios, vienen a recordarnos similares personajes del artesonado de la catedral de Teruel.

LOS ESPACIOS DEL GÓTICO.

Los monumentos importantes del gótico en tierras turolenses, son derivación de la escuela catalana y pertenecen, en su mayor parte, al lapso temporal del siglo XIV. El gótico procede del Sur de Francia; pero tienen tan marcada personalidad, que supera en originalidad a las otras escuelas del gótico peninsular; ninguna escuela como la catalana, puso tanto interés en el desarrollo de lo espacial, tendiendo a hacer templos de nave única que permitían gran anchura y altura. Dentro de la evolución espacial del gótico, estos templos son la transición entre el gótico clásico y el gótico tardío. Como los templos góticos catalanes, los aragoneses presentan capillas entre los contrafuertes, pero se distinguen por hallarse éstos últimos, en general, mudejarizados.

Quizá el mas antiguo sea San Pedro de Teruel, del que tenemos referencias de que se construía hacia 1319. A raíz del incendio de 1873, muros y bóvedas fueron restaurados, sustituyendo la noble severidad de la cantería gótica por unos diseños a lo Viollet-le-Duc y unos colorines que desfiguran su interior. De ábside mudéjar, como San Pedro, es la parroquial de Montalbán, cuya nave tiene una anchura de 21 metros; su relación con los modelos catalanes, en este caso está acentuada por el campanario octogonal, aunque terminado en forma piramidal, como el de Aljafarín y el zaragozano de San Gil.

El campanario octogonal aparece también en otra iglesia similar, Santa María la Mayor, de Valderrobles. Destaca este templo por una enorme portada, profundamente abocinada, coronada en la parte superior con el más bello rosetón del gótico turolense. En la ciudad de Teruel, en los últimos años del siglo XIV, se construyó el templo de San Francisco, que se caracteriza por la falta de mudejarismos tan corrientes en los templos de esta ciudad. La familia de los Heredia, mecenas del templo citado de San Francisco, aún construyeron otro mayor en Mora de Rubielos, pero a mediados del siglo XV. Tormo lanzó la hipótesis de que pudiera ser obra de Guillén Sagrera, el genial arquitecto que trabajó en Palma de Mallorca y en Nápoles.

Este tipo de templo, aunque con crucería estrellada, vendría a ser el modelo preferido del Renacimiento en la provincia de Teruel.

LOS CASTILLOS EN LA GEOGRAFÍA TUROLENSE.

Los mejores testigos del pasado esplendor político, son los conjuntos ofensivos, que se alzan todavía orgullosos dominando a los caseríos cobijados en torno. La acción de los hombres mas que el “tempus, edazrerum”, ha sido el peor ariete que ha maltratado a estas piedras indefensas. Solo tardíamente, la Torre del Andador, el Alcázar y la muralla de Albarracín, el Castillo de Calatravo de Alcañiz, el de Mora de Rubielos y el de Valderrobles, alcanzaron la calificación de Monumento nacional y con ello una protección oficial, que solo en algunos casos ha tenido vigencia. Ninguno supera en interés al de Alcañiz, cuya torre del homenaje está decorada con un interesante repertorio de pintura gótico-lineal, que ya hemos comentado anteriormente. De todos los castillos turolenses, el de Valderrobles es el que mas nos impresiona por sus ademanes gesticulantes, que cargan el paisaje de dramatismo espiritual; el pueblo se extiende en las faldas de una colina, en cuya cima se levanta la mole inmersa del castillo, con sus parámetros abiertos por ventanas o series de vanos, y rematado por torres angulares y el perfil desdentado de sus almenas.

Entre los castillos menores se cuentan el de Albalate del Arzobispo, con una torrecilla octogonal que todavía se yergue altanera, desafiando el paso del tiempo, y el de Peracense, que por su estratégica posición mas parece un nido de águilas, confundido entre las crestas de la Sierra Menera; dada la escabrosidad del terreno, el acceso es muy difícil, siendo la entrada mas adecuada por un camino que parte desde el vecino pueblo de Rodenas. Tanto este castillo de Peracense como el de Alba, y los restos de que hubo en Blancas, son los hitos mas importantes de una serie de fortaleza que contuvieron los continuados ataques de los castellanos durante el siglo XIV.

Todavía está por hacer el inventario de torreones y castillos turolenses, cuyas piedras doradas por los siglos y por la Historia, son uno de los atractivos turísticos que mas impresionan al viajero que se adentra por las rutas turolenses.

ÁBSIDES Y CIMBORRIOS.

La arquitectura aragonesa tiene un acentuado carácter popular y tradicional, lo que se explicaría porque sus ejecutores fueron los moriscos o mudéjares, cuya grey resultó tan numerosa en Aragón. Esta clase social vino a ser fundamental para la economía aragonesa, de aquí el dicho: “Quien tiene moro, tiene oro”. En el reino aragonés permanecieron los moriscos mas tiempo ejerciendo su oficio de tal manera se encariñó el pueblo con su arte de construir, que todavía dentro del siglo XVIII, perviven las técnicas mudéjares, cuando los moriscos hacia largo tiempo que habían sido expulsados. Los maestros aragoneses no aportaron ninguna solución técnica, destacando por su carácter los cimborrios. Tan fuerte era la vigencia del mudéjar en Aragón, que hasta un arquitecto francés del Renacimiento lo asimiló rápidamente, utilizándolo no solo en su primera obra conocida, la parroquial de Fuentes de Ebro, sino hasta en la última, la iglesia de Santa María de Albarracín.

De los ábsides turolenses netamente mudéjares, vale recordar el catedralicio y el de San Pedro, en Teruel, y el de la parroquial de Montalbán, los tres del siglo XIV. La intervención morisca está perfectamente documentada en el caso de la catedral turolense, pues en 1335 vinieron de Zaragoza el maestro moro Juzaff y su equipo, formando por hombres de la misma sangre: Zalema, Aly, Abraim, Mahomat y numerosos oficiales. Ellos transformaron la cabecera románica en este bello ejemplar gótico-mudéjar, con ciertos rasgos que lo relacionan con iglesias gótico- mudéjares de Calatayud, en opinión de Torres Balbás. Exteriormente, como en otras iglesias de Aragón, el ábside fue lugar privilegiado para el artista volcara su fantasía decorativa, tal sucede en San Pedro de Teruel, y en menor grado en la parroquial de Montalbán.

En la serie aragonesa de cimborrios mudéjares, hay que incluir el de la catedral turolense realizado por Martín de Montalbán en 1538; su antecedente inmediato es el de La Seo de Zaragoza, pero el más antiguo se encuentra en la Mezquita de Córdoba, en la ampliación de al-Hakam II. Al exterior, tiene el modelo turolense mas gracia que el ejemplar isabelino de Zaragoza, pues los contrafuertes se adornan con pináculos decorados con diseños mudéjares de rombos y esquinillas.

LOS GRANDES PINTORES ANÓNIMOS DEL SIGLO XV.

Los azares históricos y el vandalismo de la última contienda civil, han sido funestos para el patrimonio pictórico turolense. Singularmente rica era la fase gótica internacional, bajo la influencia de la escuela valenciana. De Pedro Nicolau desaparecieron los retablos que hizo para la parroquia de Sarrión y para la iglesia turolense de San Juan, y también fue destruido el de la iglesia de Albentosa, que Tormo le atribuyó.

Dentro del círculo de Marzal de Sax y Nicolau, hay que citar a un maestro anónimo que llevó la influencia valenciana a un lugar tan apartado como Rodenas, en las estribaciones de la Sierra de Albarracín. Post lo dató hacia 1425 por la modernidad de los tipos y la seguridad del dibujo. El tema de este retablo es la vida de San Juan Bautista con las escenas de la predicación, bautismo de Cristo, festín de Herodes y la degollación. Las delicadezas líricas del paisaje y el linealismo, como que estiliza los bucles, nos hacen pensar en el fervor de este pintor por Simeone Martini, de la escuela sienesa. La combinación de Marzal- Nicolau se aprecia en otro retablo, el de la parroquial de Rubielos de Mora, indudablemente vinculado a la escuela valenciana.

De la fase hispano-flamenca de la pintura gótica, solo ha quedad in situ el retablo de la coronación, que los Pérez Arnal ordenaron hacer en el tercer cuarto del siglo VX, en la catedral de Teruel. Post lo atribuyó a un anónimo al que bautizó Maestro de la Florida. Parece ser un pintor eléctrico que aglutina influencias de los valencianos Rexach y Jacomart. Este retablo es la pieza mas flamenca en Aragón, dentro de la producción pictórica que deriva del estilo personal de Bermejo. El carácter local aragonés queda subrayado por la pesadez decorativa y la opulencia de los dorados que tienen algunas figuras. Quizá pudiera identificarse al Maestro de la Florida con Juan de Boniella, que residió en Teruel a mediados del siglo XV, y que en 1474 aparece junto a Bermejo, en Daroca.

ESPLENDOR DE LA VIDA COMUNAL.

Debido el florecimiento que tuvo en Aragón la vida civil, merced a unas instituciones sólidas y poderosas, los edificios públicos adquirieron verdadera magnificencia y monumentalidad. La estampa mas hermosa de este conjunto la representa la Plaza de España, en Alcañiz, con la Lonja y el Ayuntamiento, formando escuadra, que dan aire de Quattrocento italiano a este espacio alcañizano.

La fachada de la Lonja tiene dos cuerpos; el inferior, con tres grandes arcadas apuntadas, decoradas en su intradós con un festón de arquillos tribulados, que delatan al siglo XV, cuando debió de ser construida. Sobre las arcadas está la típica galería corrida aragonesa, en juego con la del Ayuntamiento, aunque es posterior y menos bella. La Casa Consistorial presenta fachada de tres cuerpos, con el blasón municipal en el piso noble. Se remata con un alero muy saliente, a estilo de la tierra, con doble fila de canecillos de madera tallada.

El Consistorio de Valderrobles es, sin duda, el de más sabor de toda la serie renacentista de Aragón, por su ritmo y horizontal. Como pieza selecta fue reproducido en la Exposición internacional de Barcelona de 1929. Se levantas sobre recios soportales con arcos de medio punto; el piso noble se resalta con balconaje corrido, de hierro, exornado de jabalcones. La sensación de horizontalidad la reitera la cornisa superior, con la arquería corrida, tan rica en contrastes y movimientos. Como el Ayuntamiento de Alcañiz, pudiera fecharse en el tercer cuarto del siglo XVI.

El mesón de la Comunidad de Teruel, está directamente emparentado con el grupo de construcciones civiles bajoaragonesas, participando de una tendencia fuertemente clásica que se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XVI. Esta serie de edificios constituyen el capítulo mas brillante del Renacimiento en tierras turolenses. El palacio turolense debió de ser construido a fines del siglo XVI, poco antes de que Felipe II derogara los privilegios de la vetusta institución.

HOMBRES Y OBRAS DEL SIGLO XVIII.

El siglo XVIII es una época de esplendor para las tierras turolenses, tanto en recursos humanos como en medios económicos. Los hechos artísticos no se producen aislados, sino que van ligados a circunstancias de orden económico, religioso, etc., así como el mecenazgo de algún personaje influyente. Entre los arquitectos nacidos en tierras turolenses, hay que destaca a Melchor Luzán, Martín de Aldehuela, Marcos Ibáñez y Miguel Aguas. Ninguno tan importante como Martín de Aldehuela, que contó con el mecenazgo del obispo Pérez Prado, en Teruel, y el de su paisano, el obispo Molina Lario, en Málaga. Algunos de estos arquitectos destacaron fuera de España, como Marcos Ibáñez, el reconstructor de la ciudad de Guatemala, al mismo tiempo que otro turolense, José Estachería, era presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

En tierras turolenses se levantaron fábricas tan colosales como la colegiata de Alcañiz o la iglesia arciprestal de Cantavieja, ambas con énfasis catedralicio. Puede afirmarse que casi el ochenta por ciento de las construcciones eclesiásticas de la provincia, fueron construidas o renovadas en esta centuria. Hoy nos asombran fábricas tan impresionantes en lugarejos despoblados; solo una fe grande, una saneada economía y una población mas numerosa, pueden explicar estos contrastes.

En 1937 se destruyó la obra mas interesante de Aldehuela, la iglesia del Seminario, con su retablo mayor diseñado según los modelos del P. Pozzo. En recientes investigaciones, he podido documentar como suya la mejor iglesia de la sierra de Albarracín, la parroquial de Orihuela del Tremedal.

La Colegiata de Alcañiz, mas que obra del siglo XVIII, parece de le Edad Media, dado el ímpetu religioso con que se realizó. La colosal fachada está de acuerdo con las dimensiones del templo; este tipo se extendió por toda la Península; de las fachadas barrocas españolas de este tipo, es la composición con ritmo lineal mas acentuado, siendo superada únicamente por la catedral de Murcia. Acerca de la iglesia arciprestal del Cantavieja dijo el arquitecto Garza en un informe: “De su traza no he visto ninguna, ni aún en Roma”.

LOS PUEBLOS DORMIDOS.

La diversidad geográfica de las tierras turolenses, representan para el viajero una notable variedad de paisajes, de tipos, de costumbres y de productos naturales. Uno de los determinados geográficos del paisaje turolense, son las series de sierras que cruzan su superficie en todas las direcciones, dejando poco espacio para el desarrollo de amplios valles o de inmensas llanuras. A lo largo de la Historia, los pueblos turolenses fueron surgiendo en lugares insospechados, en posiciones estratégicas para la defensa de una región natural con hondas raíces históricas: así, hoy, es preciso buscar estas agrupaciones rurales por carreteras serpenteantes, a través de barrancos y de encrespadas montañas.

Si bien estos pueblos tuvieron una explicación en tiempos pretéritos, su exigencia se torna cada día mas problemática por la creciente emigración a tierras de un nivel de vida mas acorde con las necesidades actuales. Muchos de estos pueblos se encuentran ubicados a mas de mil metros de altura, en zonas donde la agricultura es muy difícil por la dureza del clima.

El viajero que busca lo arcaico, encontrará en las rutas turolenses pueblos muy tristes, casi desiertos, con castillos en ruinas, casonas abandonadas, iglesias y conventos que declaran el auge de tiempos pasado. Pueblos del Maestrazgo y de la Sierra de Albarracín, con sus callejuelas de abolengo moruno, con sus pintorescas casucas y los viejos portales blasonados. En las casas señoriales destaca una escalera monumental, cuyo cuerpo sobresale en su perfil exterior. Pasadizos, aleros, ventanas y otros curiosos detalles, muestran raigambre de la casa hispanomusulmana, que vino a ser la solución ideal por muchas generaciones en estos parajes.

En estos pueblos tranquilos se encuentra ese silencio tan extraño a los habitantes de las urbes modernas. Una tenue melancolía invade al viajero, que guardará una impresión imborrable de estos pueblos al ver como sus habitantes han resistido, para defender su personalidad, ante el avance de los tiempos modernos, que todo lo uniforman.

EL JILOCA Y EL TURIA.

La zona situada a lo largo de la Autovia de Zaragoza- Teruel, comprende una faja agrícola, mas o menos ancha según la amplitud del valle. Las partes altas que limitan a esta franja – Campo de Romanos, Campo de Bello, Campo de Visiedo, etc.-, son grandes productoras de cereales. Los regadíos tienen dos focos importantes: la fuente de Cella, considerada como el mayor pozo artesiano de Europa y que es el origen del río Jiloca; el otro foco es de tipo artificial, el reciente alumbramiento de aguas subterráneas descubierto de Singra, con un volumen casi igual a la famosa fuente cellense. La principal producción, a parte de los cereales, es la remolacha con fines industriales.

Si bien la vida moderna ha ido uniformando el variado folklore antiguo de la zona, todavía se conservan manifestaciones de carácter religioso dignas de acordarse, como la procesión de San Roque, en Calamocha, con motivo de sus fiestas mayores. Danzantes ataviados con traje blanco y faja roja, bailan ante la imagen del Santo Patrón una danza antigua, que refleja el temperamento rudo de los turolenses. En Monreal del Campo pervive una vieja muestra de teatro religioso popular, el “Abajamiento”, que se celebra cada cinco años. La escenificación del Descendimiento de Nuestro Señor, tiene lugar ante la puerta de la iglesia, en el lenguaje arcaico, que conmueve al moderno espectador lo mismo que el continuado de los fuertes trabucazos.

Lo más característico del folklore de la ciudad de Teruel, radica en la Vaquilla del Ángel, que consiste en correr por la Plaza del Torico y por las calles, toros ensogados. La céntrica plaza se convierte en un verdadero escenario goyesco, en torno al minúsculo “Torico”, que sobre su pedestal columnario parece presidir esta fiesta popular con un ritual totémico.

La artesanía de la ciudad DE Teruel, se ha prestigiado en nuestros días recuperando las técnicas y el espíritu que motivaron la creación de su cerámica en los siglos XII y XIV. Esta empresa de reivindicación de un valor tan netamente turolense, se debe en buena parte al inquieto profesor Angel Novella, por medio de su labor en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

LAS MONTAÑAS DEL MAESTRAZGO.

La abrupta sierra del Maestrazgo separa y une a las provincias de Teruel y Castellón; un viaje por esta ruta nos proporciona lo mas imponentes paisajes de montaña. Esta geografía encrespada fue el escenario adecuado para las hazañas románticas del general Cabrera, que estableció su cuartel general en un pueblo medieval, Cantavieja, que aún conserva buen parte de su recinto defensivo.

Las principales riquezas de esta sierra y sus aledaños, son la madera y la ganadería. De la antigua artesanía textil, solo queda en Rubielos una fábrica de alfombras y todavía se elaboran en Iglesuela del Cid, finas medias de señora.

Lo que mas cuenta de esta ruta para el viajero actual es su cocina, teniendo bien ganado renombre la de Mosqueruela y Cantavieja. Aquí se elabora la nutritiva cecina, preparada con carne de vaca o toro, que luego de tratarla con ajos, sal, vinagre y pimienta, queda expuesta al frío para que la “cure”. De forma similar se consigue con carde de oveja el ¨somarro¨. Famoso es el queso de Tronchón, que tiene el honor de haber sido citado varias veces por Cervantes en El Quijote; su misterio radica en viejas fórmulas caseras y en la fina calidad de los pastos de la Sierra Palomita, que sustentan a los rebaños de ovejas.

El folklore taurino tiene en Mora y otros pueblos, una variante interesante, el toro embolado de fuego, que parece recordar costumbre de guerra de raigambre ibérica. Sobre la testuz del toro se coloca un aparato de hierro con bolas de estopa, resina y pez, que arden con facilidad. El espectáculo del toro suelto corriendo por las calles del pueblo, se realiza por la noche, sin alumbrado público, así que su efecto es de gran valor plástico.

De la antigua artesanía resta la forja de hierro de Rubielos de Mora, donde todavía se hacen esmerados trabajos con antiguas técnicas. Esta industria en tiempos pasados fue singular, tanto en la zona como en la Sierra de Albarracín, llegando a crear conjuntos monumentales en las rejas que tanta prestancia dan a las fachadas de las casas solariegas.

PAISAJES CON OLIVOS.

Frente a las tierras ásperas, montañosas y pobres de la mayor parte de la provincia de Teruel, destacan las de la Tierra Baja, por su feracidad, con grandes olivares que producen el mejor aceite del mundo. Alcañiz, centro de esta comarca natural, cada día adquiere un mayor relieve, tanto por sus posibilidades industriales como por las turísticas; precisamente estas últimas han cristalizado con la restauración del llamado Palacio del Príncipe Felipe, obra del siglo XVIII, enclavado dentro del famoso Castillo Calatravo; allí está a punto de inaugurarse un hermoso parador de turismo.

La Tierra Baja destaca por la calidad de sus productos naturales. Las ricas vegas del Guadalope crían frutas excelentes, pero solo en Calanda alcanzan los melocotones un sabor especial, que les ha dado prestigioso renombre en el mercado internacional. De los viñedos próximos de Valderrobles y Cretas, se consiguen los vinos mejores de la provincia, similares a los del Priorato.

La personalidad de la comarca tierrabajina, frente al resto de la provincia, se manifiesta en un rico folklore, bien expresado en el habla, el traje regional y en las costumbres religiosas. Especial relieve tienen las procesiones de Semana Santa en Alcañiz, Hijar y Calanda; niños y ancianos, acompañan con un tambor colgado a la cintura, sacando con sus palillos redobles muy peculiares. Impresionante es, tanto en Híjar como en Alcañiz, la noche del Viernes Santo, cuando a las doce, la corneta del Ayuntamiento, da la orden de iniciar los redobles. Cientos de tambores resuenan en la Plaza Mayor, distribuyéndose en grupos por las calles; en Híjar cada cuadrilla lleva además un bombo.

La Tierra Baja, mas que por su cocina, destaca por la repostería, con unas magdalenas y tortas finas deliciosas, además de rica variedad de pastas preparadas con almendra, nuez o coco.

MONTAÑAS Y PINARES.

Quizá ninguna comarca turolense se presta para el turismo natural como la Sierra de Albarracín; prueba de ello es que hace tiempo nacieron las colonias veraniegas de Orihuela y Bronchales. Un turismo interior, que no necesitaba de los reclamos modernos, hace tiempo que descubrió estos parajes tanto por el tipismo de los pueblos como por la bondad del clima en verano. Ya hemos destacado algunos de los valores históricos y estéticos de Albarracín, la ciudad turística por excelencia de toda la provincia, hace tiempo declarada monumento Nacional. Con certero gusto “La casa de la Brigadiera”, fue acondicionada interiormente para instalar el confortable Hotel Azagra.

Los pueblos vecinos de Bronchales y de Orihuela del Tremendal, absorben buena parte de la población veraniega, que en este último cuenta con una hermosa residencia de Educación y descanso, situada a mas de 1.600 metros de altura, entre frondosos pinares. La belleza forestal de estas montañas de ve matizada por la presencia de ciervos en la fase de aclimatación.

La industria maderera y la ganadería, son las principales riquezas de la zona tanto el ganado ovino como el vacuno de carne y de lidia, han de abandonar en invierno estos lugares, siguiendo las viejas costumbres de la trashumancia.

Las condiciones climáticas de esta comarca, dan una cocina regional en la que predominan las carnes y las grasas. Los fríos y los hielos del duro invierno “curan” los jamones de modo natural, dándoles un gusto especial, que les ha dado justa fama. Con la carne de cordero, de excelente calidad, se preparan platos deliciosos como el cordero “a la cazoleta” o a “la pastora”¨ entre estos platos típicos hay que incluir el “gazpacho” que no es originario de aquí, sino una vieja adaptación de la cocina manchega, realizada por los pastores que iban allá en trashumancia. Plato de sabor especial son las sopas de ajo, que, según los ancianos, tienen determinadas virtudes, así se explica que una leyenda las haya relacionado con Don Jaime el Conquistador, a quien curaron de una extraña dolencia cuando cabalgaba por tierras turolenses.

EL ALMA TUROLENSE.

Inquieto y curioso lector; tuve el honor de presentarte la tierra turolense por medio de unos breves textos, y de unas bellas fotografías, mas expresivas éstas que aquellos. No fue mi único propósito dar una serie de datos y de juicios sobre los aspectos mas interesantes del arte y de la vida, sino también fue mi deseo darte a conocer el alma turolense. Para superar esta difícil empresa, acudí al arte, pues – como ha dicho René Huyghe-, el arte y el hombre son indisociables, ya que no hay arte sin nombre, y a la inversa; por medio del arte el hombre se expresa y se conoce mejor.

Si importante es el lenguaje de las formas artísticas con que se ha ido expresando el alma turolense a lo largo de los siglos, ello no basta; el viajero interesado en conocer a fondo el alma de mi tierra, ha de recorrer sus caminos llegando hasta los pueblecitos mas apartados, los que, gracias a su aislamiento, conservan mas puros los rasgos del espíritu turolense. El profundo mudejarismo, que reflejan los monumentos cardinales de la capital, se ve expandido por toda la provincia, no solo en las airosas torres de ladrillo que saludan al viajero desde los breves valles, sino en mil detalles de la arquitectura doméstica y del urbanismo, característicos de los pueblos serranos. En el mensaje humano que comportan estos monumentos, el viajero podrá apreciar de manera clara y distinta, el alma histórica y colectiva de los hombres que vivieron y viven en esta tierra.

Pese al silencio que han guardado escritores y viajeros sobre el alma turolense, ésta no es tierra árida para el espíritu. Solamente en Teruel, la realidad se antepuso a la fantasía literaria, y dos enamorados murieron de pena y amor, haciendo figurar a esta ciudad en la “Geografía Poética del Universo”.

Viajero que has venido atraído por el misterio de esta tierra incógnita, no bastan las impresiones de una primera visita, pues el alma turolense es difícil de aprender. Si quieres captarla, habrás de estudiar su historia, sus creaciones folklóricas, literarias y artísticas, pero no te ofusques en consideraciones circunstanciales, procura llegar hasta la “intrahistoria”, allí encontrarás la médula del alma turolense.


Tal día como hoy 31 de octubre



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