San Jorge, utilizado también en Aragón para dar nombre a una cerveza distribuida por una tienda de Zaragoza. 14 
Pasapues > Aragón > San Jorge.

San Jorge, utilizado también en Aragón para dar nombre a una cerveza distribuida por una tienda de Zaragoza. 14 Aragón

Aragón San Jorge.



Vinos Divertidos : Colección Vintage


Anterior | Índice ilustraciones | siguiente imagen

San Jorge, utilizado también en Aragón para dar nombre a una cerveza distribuida por una tienda de Zaragoza. 14

Esta fotografía reproduce a San Jorge como marca de una cerveza comercializada en Aragón.
Era distribuida por Galerias Primero una cadena de alimentación aragonesa.

Etiquetas:

Cerveza, San, Santo, Jorge, George, Chorche, Aragón, patrón, fiesta, celebración, a caballo, con lanza.



Índice sobre Aragón desarrollado en Pasapues ademas de

Una colección de fotografías antiguas que documentan los pueblos de Aragón; con las mejores ilustraciones de edificios y ciudades de siglos pasados en nuestra Comunidad.
Mira también las imágenes de naturaleza en Aragón.
puedes participar compartiendo información sobre Aragón.

Espectacular y único es el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Hay Otras páginas sobre Aragón en Internet para completar tu información de nuestro territorio.

Mira los dibujos a pluma de Miguel Brunet.



Aragón en datos | Aragoneria | Mapas | Documentos | Naturaleza

10


Alrededores de la Ciudad de Huesca

PASEOS DE HUESCA.- La frondosidad y belleza de la tierra oscense, con sus huertas feraces envolviendo la ciudad, la anchura y majestad de sus horizontes y el bello perfil de las sierras cercanas dan plácido encanto a los alrededores y paseos que Huesca posee. En primer lugar, todas sus carreteras son bellas pistas, bajo las frondas de corpulentos árboles frecuentadas con verdaderas alamedas urbanas; las márgenes del río Isuela, con sus sotos y remansos y las frondas de la vega, proporcionan rincones de belleza y de paz. Circundado la ciudad por su lado Norte desde el puente de <<las Miguelas>> a la carretera de Barbastro, se encuentra el Paseo de Lucas Mallada: en su iniciación en el arranque de la carretera de Arguis, en plácida plazoleta, se levanta el monumento titular, el sabio geólogo, hijo ilustre de la ciudad, monumento sencillo pero simbólico, obra del artista oscense Ramón Acín. El paseo bordea el Isuela, dejando el viejo casco de la ciudad en la otra orilla con los restos desgastados de la muralla. Entre <<torres>> y casas de hortelanos, la frondosa alameda deja a la izquierda el <<Pueyo de D. Sancho>>, lugar tenido falsamente por el sitio en que el rey sitiador de Huesca recibió el saetazo que le ocasionó la muerte; deja los altozanos de los Mártires, y el gran y moderno hospital provincial con varios pabellones, para enlazar con la carretera de Barbastro y penetrar en la ciudad por Santo Domingo.

Otra hermosa alameda es el Paseo de la Estación, perfectamente urbanizado y convertido en jardín.

Desde la estación ferroviaria hacia el S (carretera de Grañén) se ha transformado es hermosa alameda llena de flores paralela a la calzada para terminar frente al cuartel <<del Batallador>> en los viveros municipales. Pero la más acertada reforma moderna de la ciudad, la constituye su Parque moderno (de Miguel Servet), uno de los más bellos jardines urbanos de España, con notable variedad de arbolado y flores, avenidas de sauces, rosaledas, parterres, estanques, sotos y pinares y dando frente a la bella barriada de <<chalets>>, arranque acertadísimo del ensanche moderno de la ciudad. (Avenida del General Franco). No lejos de él (por la carretera de Zaragoza) se encuentra el llamado << Parque de Deportes>>, con piscinas, tennis, pista, frontón, etc., y cerca el campo de futbol de Villa Isabel. Pero dejando estos paseos, propiamente urbanos de la ciudad, los puntos más interesantes de los alrededores de Huesca por su interés histórico y artístico y por la belleza de los lugares, lo constituyen el cinturón de ermitas cercanas:

ERMITA DE SAN JORGE

. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, después de cruzar el paso a nivel de la vía de Ayerbe (y Canfranc), a la derecha, sobre un empinado cerro cubierto de frondosa pinarada.

HISTORIA. - Ermita dedicada al santo Patrón de Aragón, en gratitud a su milagrera intervención en la famosa batalla de Alcoraz, en la que las huestes de Pedro I, sitiadoras de la ciudad de Huesca durante mas de 20 meses, tuvieron que salir al encuentro de las fuerzas enviadas por el reyezuelo de la taifa de Zaragoza que venía en ayuda de los sitiados con huestes de algunos condes castellanos. La sangrienta batalla terminó con el triunfo del aragonés y la leyenda cuenta que se debió en gran parte a la intervención de un caballero de resplandeciente armadura que impuso el terror de su espada entre las filas islámicas y que tras el triunfo que llevaba consigo la rendición de la ciudad, desapareció, y un acompañante dio cuenta de ser San Jorge; desde entonces se le tuvo como Patrón del reino y el mismo escudo lo formó en adelante las cuatro cabezas de jefes moros que cortara su espada milagrosa (véase: Historia de Huesca, Alcoraz).

Dedicado a este recuerdo se levantó la ermita. Todo el campo que rodea el cerro se llama <<del Alcoraz>>, pero la ermita primitiva estuvo en distinto lugar, en el llano mas alejado de la ciudad que se llama Cuarte.

EXTERIOR: Debe ser visitada por el espléndido panorama que desde la ermita se contempla, con la ciudad de Huesca al frente, teniendo a sus pies el parque y el caserío moderno y escalonado en gradería casco antiguo hasta terminar en los viejos monumentos de la ciudad con la torrecilla del Instituto, las torres del Ayuntamiento y del Colegio de Santiago y la mole catedralicia, todo entre las feraces huertas del Isuela y teniendo por fondo, en primer término, las terrazas aluviales de la hoya, dominadas por las románticas ruinas de Montearagón, y en la lejanía los pichados de la sierra desde el pico de Guara, el famosos <<Salto de Roldán>> y el pico de Gratal, hasta perderse al occidente por las sierras de Loarre. Lugar muy ameno de paseo y frecuentadísimo en la romería del día de San Jorge (23 Abril)

IGLESIA. - De tres naves, en su parte exterior con arbotantes y pequeño campanario. Un pequeño atrio del S. XVIII, da paso al interior. Este es muy interesante por parecer pequeño ejemplo de la Catedral de Barbastro (gótico florido) con sus haces de columnas y sus cupulillas de crucería con florones y claves de buen gusto. Fue obra por 1555 de un maestro Domingo Almanzor, como reza la larga inscripción que corre por la cornisa del arquitrabe y que recuerda también la aparición milagrosa en lo más duro del combate. El retablo es obra mediana de la épica (estilo plateresco) de Juan Miguel de Urliens (por 1595) con policromía de Nicolás Jalón en 1603.

ERMITA DE Nº Sº DE SALAS. - Al sur de la ciudad: desde el Coso, descendiendo por la calle del Padre Huesca se llega a la plaza de D.ª Sancha, que recuerda a la hija de Alfonso VII el Emperador (de Castilla y León) que casó con el rey aragonés Alfonso II (hijo de D.ª Petronila y Ramón Berenguer IV) y por tanto el primer soberano común de Aragón y Cataluña. Dª Sancha que gran parte de su vida vivió en Huesca, reedificó el cercano Santuario de Salas, y en su vejez se retiró al Real Monasterio de Sigena, donde en olor de Santidad, murió en 1208, monasterio que había fundado y donde fue sepultada.

El fondo de la plaza lo ocupa el amplio caserón de Santa Clara, viejo convento de Clarisas o franciscanas.

Fue fundación, en 1262, de la reina D.ª Constanza, esposa del Rey Pedro III, y madre de tres reyes y dos reinas, entre ellas la gloriosa aragonesa santa Isabel de Portugal. Con las leyes desamortizadas de la época liberal, fue arruinado el edificio, y comprado al Estado por la Duquesa de Villahermosa, que volvió a cederlo a la comunidad de Clarisas.

Su templo no responde a la gloria de su pasado: es pobre, es de una sola nave y el interior con arcos fajones y cúpula en el presbiterio, plana con ornamentación geométrica; sin duda reformado todo en sucesivas restauraciones. Todos los retablos son del barroco amanerado: mayor, con lienzo de la muerte de María e imágenes de santos franciscanos. Los tres Laterales del mismo gusto (San Francisco, Ecce Homo y San Pascual Bailón).

En el interior del convento se guarda una interesante imagen gótica de la Virgen (s XVI), con curioso pedestal recubierto de cobre con dibujos.

Al salir de la ciudad por la carretera de Sariñena, se toma a la derecha un camino entre huertas regadas por las acequias del Isuela y a un kilómetro se encuentra el famoso santuario de la Virgen de Salas, uno de los más antiguos y de mayor veneración del antiguo reino de Aragón.

LEYENDA. - La tiene como todos los santuarios marinos de España; es fama que en este lugar de la vega de Huesca, hubo desde tiempos primitivos una ermita dedicada a Nª Sª de la Huerta. Según la leyenda en un incendio en la parroquia del pueblo de Salas Altas, la imagen milagrosa titular salió entre las llamas, viniéndose a postrar a este santuario oscense desde las márgenes del Vero en tierra de Barbastro, colocándose a la vera de la Virgen de la Huerta. Mediaron largos litigios entre el pueblo de procedencia y el ob. De Huesca, así como entre este y el prior de San Pedro el viejo, por creer estar comprendido el santuario dentro de heredades del famoso monasterio: al fin todo quedó dependiente de la mitra oscense.

HISTORIA. - Debió existir un antiguo santuario, pues en los últimos años del S. XII, la reina de Aragón Dª Sancha, mujer de Alfonso II, reedificaba la iglesia románica, ancha y majestuosa de tres naves, de la que solo resta la portada. Ya desde entonces aparece el nombre de Salas en las crónicas y en multitud de documentos demostrándose la veneración que se sentía en todo Aragón; las donaciones y privilegios de Pedro II, de Don Jaime y de la reina Doña Leonor, son testimonio de ello hasta llegar a Pedro IV que la declaró protectora y defensora de todos sus reinos peninsulares y mediterráneos, y quizá a esa predilección a la ciudad de Huesca la llevase a crear la Universidad Sertoriana. A pesar de lo cual en situación apurada tuvo que incautarse del tesoro del famoso santuario, pero una vez eliminado el peligro lo donó en compensación un retablo de plata (véase archivo de la Catedral. Así mismo algunos pontífices (Inocencio III, Inocencio IV, Nicolás III y clemente IX) concedieron gran número de indulgencias y los obispos oscenses también rivalizaron en la devoción a la virgen de Salas, tales como D. Juan de Aragón y de Navarra que reedificó la iglesia y levantó una hospedería para peregrinos (principio s. XVI) que terminó su sucesor Martín de Gurrea, algunos de cuyos mudéjares restan todavía. El Obispo Padilla (1730) levantó la iglesia actual. Finalmente muestra de la gran devoción de los reyes y de la popularidad en todo el ámbito peninsular del santuario de la Virgen de Salas, lo muestra las famosas Cantigas del Rey Sabio Alfonso X de Castilla y León. Que en 17 de ellas narra hechos portentosos de la Virgen milagrosa.

PORTADA. - Toda la fachada occidental es magnífico conjunto del románico Santuario, levantando por la reina Dª Sancha (por 1200). Formada la portada (interesante como tipo de románico-exuberante que anuncia la transición al gótico) por seis archivoltas semicirculares, cada una con adornos festeadas y dibujos geométricos y vegetales distintos, descansando sobre capiteles de flora tallada sin fustes de Columnas. Sobre ellas un mango rosetón con círculos adornados con puntas de diamante. El resto de la construcción es obra moderna (fines del s. XVIII) excepto la maciza torre románica, una curiosa ventana y una puerta cegada, que son restos de la edificación primitiva.

INTERIOR. - De una sola nave, espaciosa y crucero con bóveda esbelta con suntuoso gusto severo de su época (estilo neoclásico de fines del S. XVIII). Fue obra del arquitecto oscense José Sofí (véase: compañía. En el retablo mayor, la famosa imagen de la Virgen de Salas, grande escultura románica de primera mitad del Siglo XII, sentada llevando al Niño en la rodilla izquierda, bendiciendo y con el globo en la mano, toda ella dorada y policromada, con interesante pintura geométrica en el escabel. Es notable pieza y debió ser la imagen donada por la reina Dª Sancha. Junto a ella, la Virgen de la Huerta, de tamaño natural, de pie con el Niño; la cubre un manto de plata, de talla más rica (s. XIV).

ERMITA DE LOS MARTIRES.- Llamado así este lugar en recuerdo de las santas mártires mozárabes Nunila y Alodio, en lo alto de un cerro escarpado cubierto de esteparia vegetación; al otro lado del Río Isuela, cercano al llamado también <<Pueyo de D. Sancho>> por haber muerto allí el Rey Sancho Ramírez durante el sitio de la ciudad.

HISTORIA. - La Historia de estas dos santas nos las cuentan los éxitos de Eulogio y Alvaro, los santos mozárabes cordobeses de la España musulmana del s. IX: <<bellezas rosas que florecen entre espinas>> dice el primero respecto a ellas. Son figuras excelsas entre las que sufrieron el martirio bajo el gobierno de Abderramán II por 851. Hijas de matrimonio mixto, de musulmán y cristiana, tenían que seguir bajo pena de muerta la religión del padre. Nacidas en el cercano pueblo de Adahuesca, su madre las lleva en secreto al seno del cristianismo. Muerto el padre, disimularon cuanto pudieron su religión, pero llegó el momento en que tuvieron que comparecer ante el Cadí para aclarar sus creencias. Con firmeza confesaron su fe y a pesar de los suplicios no apostataron y al fin fueron decapitadas tras el cautiverio en las mazmorras de Alquézar. Sus cadáveres fueron expuestos en este alcor de Huesca para ser devorados por las aves de rapiña, pero ni los buitres se acercaron, mientras que, por el contrario, vagos resplandores iluminaban misteriosamente el lugar. El walí como mandó meterlas en un pozo cercano (véase calle del salvador página 75) donde los siglos más tarde fueron extraídas y llevados sus restos al monasterio de San Salvador de Leyre cuna y corte del primitivo reino pirenaico de Navarra y Aragón. Desde entonces entre los fieles de Huesca, fue venerado en este lugar, que algunos siglos después había de recoger el último suspiro de Sancho Ramírez al morir en su campamento mientras sitiaba la ciudad en 1095.
El Santuario. - Poco tiene de interés, salvo la evocación de estos dos hechos tan vinculados en la historia de Huesca. Sin embargo, en su retablo dedicado a las mártires, existe un bello Calvario con el crucificado, La Dolorosa, San Juan Evangelista, la Magdalena y Santa Catalina, de bella talla gótica por 1400. y algunos lienzos de escaso interés.
Cercano a la ermita un pequeño cementerio, recuerdo a los rebeldes republicanos fusilados en aquel lugar por su levantamiento de 1848.

En la hermosa vega del Isuela, aguas arriba de Huesca, yendo por la carretera de Arguis, en lugar amenísimo por sus hermosas huertas y alamedas y fuentes, y donde parece ser que en la alta Edad Media se extendía parte de la más vieja ciudad, se encuentran dos ermitas, la de Santa Lucía y la de Nuestra Señora de la Jara. Se llega a ella por la carretera dicha (en construcción los últimos tramos hasta la estación férrea de Sabiñánigo) y tras cruzar el puente de las Miguelas>> (moderno en situación del antiguo romano, cuyos arranques de arco aún se conservan) y dejando a la izquierda las huertas y <<torres>> que ocupan el lugar del antiguo convento de capuchinos (en una de las <<torres>> se conserva el aljibe Conventual); a 1 kilómetro, entre frondas, se halla Santa Lucía, pequeña ermita, objeto de veneración de una antigua cofradía, de estilo románico de una sola nave y con una imagen interesante de la Virgen con el Niño, talla del s. XII. La de la Virgen de la jara, está más lejana, sobre un pequeño otero a cuyos pies brotan fuentes de agua cristalina a la sombra de grandes álamos, objeto también de devoción de una cofradía, antiguamente llamada de los <<Ballesteros>> que dedicaban su culto a San Juan Bautista y a los mártires Juan, Paulo y Santa Eulalia de la Jara. No ofrece más interés artístico, excepto la imagen de la titular, la Virgen, talla de fines del s. XIV.

NUESTRA SEÑORA DE CILLAS. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Francia, al coronar la cuesta del borde de la Hoya, como a tres kilómetros de la ciudad, se encuentra el Santuario de la virgen de Cillas.
En lugar risueño de hermosas fuentes (de efectos milagrosos, según fama en la comarca), donde parece que hubo granja romana y que más tarde existió poblado que algunos cronistas llaman Ciellas y de entonces data el Santuario que tendría su origen en antigua iglesia parroquial como parece demostrarlo las primicias que gozaba, la pila bautismal y el Sagrario que se conservan. Cercana a ella, entre chopera agradable, se encuentra la <<fuentesanta>>, donde se bañan los fieles el día de la víspera de San Juan en busca de curación de enfermedades, hoy higiénicamente instalado por obras recientes de la Cofradía. Esta fue fundada en tiempos del rey Juan I, el desventurado monarca que en los pocos años de su reinado buscó afanosamente su curación en las aguas milagrosas de Cillas. La cofradía tenía por costumbre el ir en procesión al famosos Santuario, todos descalzos, los últimos domingos de abril y octubre, pasando por la Catedral y por el arco pegado entonces al antiguo torreón del Alcázar, ahora Instituto. Hoy, la cofradía de cillas, tiene a su cargo el Santuario y el culto que en ella se celebra.
En este sitio tuvo lugar el encuentro en diciembre de 1930, de las tropas sublevadas en Jaca por los capitanes Galán y García Hernández, contra las que se mantuvieron fieles al Gobierno (guarnición de Huesca y columna de Zaragoza), que terminó con la desbandada de los rebeldes.
El edificio de tres naves, con vestíbulo, es obra del arquitecto oscense José Sofi, en 1774, del estilo neoclásico. Los retablos de la época carecen de valor, no así el primitivo (gótico del s. XV), conservando hoy en la cercana iglesia del pueblo de Chimillas y procedente de la derruida de San Martín de la capital. La titular (oculta por los mantos y joyas dentro de su camarín), es talla gótica del s. XIII, de mano ruda, pero expresiva.

NUESTRA SEÑORA DE LORETO (a 5 kilómetros). Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, tras pasar ante el cementerio, a la izquierda, camino Vecinal de Cuarte, en cuyas proximidades se encuentra Loreto (hoy casa de labranza), junto a una gran laguna.

Historia. - Fue tradicionalmente considerado como el lugar donde los santos padres Orencio y Paciencia (padres de San Lorenzo mártir, y de San Orencio, ob. De Aux, poseían una quinta o casa de campo, donde nacieron y pasaron su infancia los famosos santos oscenses. Parece que desde la reconquista fue lugar ya venerado. Felipe II gran devoto del santo, pensó engrandecer aquel lugar y fundar un convento de agustinos calzados para lo que dedicó rentas donaciones en 1575. estando en las Cortes de Monzón mandó hacer un gran proyecto del futuro convento obra del arquitecto Jerónimo Segura Bocanegra, según diseño de J. Herrera, el famoso arquitecto de El Escorial, pero este proyecto no llegó a realizarse del todo y pasó más tarde al P. Malón de Chaide (el ilustre escritor místico). Más adelante el rey Prudente entregó a la casa los bienes confiscados a D. Martín de Lanuza, el último Justicia de Aragón, procesado por su defensa de las llamadas libertades aragonesas y por haber facilitado la fuga del exsecretario real Antonio Pérez. La Comunidad se trasladó a Loreto en 1583 y abandonó aquel lugar cuando al ser expulsados los Jesuitas ocuparon la <<compañía>>.

Interior. - Toda la parte del convento esta hoy transformada en casa de labor. Conservase bien la iglesia (1594-1777) cuya fachada es de estilo neoclásico con frontón y pequeño campanario. El interior es de tres naves con gran cúpula en el crucero separadas por pilastras. Los retablos y pinturas murales, como propias de una época de mal gusto, son muy medianos. El gran altar mayor es barroco con imágenes de los santos y hornacinas con reliquias. Lo más interesante es el coro, en lo alto, con sillería de talla con medallones de ángeles de buen cincel (fines del s. XVIII).

CASTILLO- ABADIA DE MONTEARAGON. - En la carretera de Huesca a Monzón (y Lérida y Barcelona) a 6 kilómetros de la ciudad, al remontar los bordes de la hoya oscense (<<estrecho de Quinto>>), tras cruzar el río Flumen, se toma a la izquierda el camino que conduce a las románticas ruinas del famoso Castillo- Monasterio de Montearagón.

Historia. - Enorme fortaleza levantada después de algaradas constantes por las huestes cristianas de Sancho Ramírez en las comarcas del Somontano como preludio a la toma de Huesca, la ciudad famosa que tanto añoraba y que representaba la llave de su reino y de las llanuras hacia el Ebro, que para Aragón era salir de la cuna pirenaica. Pensado en un apoyo necesario para el sitio y saqueo de la comarca (conforme el uso táctico de la época) el monarca aragonés en 1085 levantó este castillo- abadía de Montearagón, que había de ser un nuevo pilar en la cadena de grandes fortalezas que circundaban a Huesca (Alquézar, Loarre, Marcuello), siendo desde el principio centro de abastecimiento de sus huestes y a la par lugar de oración al Dios de los ejércitos. Dedicado a Jesús Nazareno y dado el carácter de fortaleza guerrera forma el mejor monumento a la constancia, valor y piedad del rey, verdadero paladín de la reconquista Aragonesa. Luego fundó un monasterio de canónigos- regulares de San Agustín, quizá trayendo algunos miembros del castillo- abadía de Loarre. Pronto el número de donaciones y privilegios fueron extraordinarios contándose hasta 96 las iglesias que sus derechos y rentas dependían el abad de Montearagón, que desde el fundador fueron aumentando hasta tiempos de Felipe III, con otros muchos privilegios concedidos por Bulas pontificias. Recuerdo de esta grandeza fue, como en siglos más tarde con parte de estas rentas desglosadas pudieron resucitarse los obispados de Barbastro y Jaca.

Y si en riqueza y esplendor fue ilustre la Real Casa de Montearagón, no lo fue menos en la serie de sus abades que ocupaban lugar preminente en las Cortes del Reino, poseían huestes propias y eran personas de las más allegadas al monarca. Abades de Montearagón fueron Berengario (hijo del I conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV). El infante D. Fernando (hijo de los reyes Alfonso II y Dª Sancha), el tercer hijo del rey Jaime, llamado por el gran número de dignidades que ostentaba <<el patriarca D. Juan de Aragón>>: también hijo bastardo del rey católico y otro infante. D. Alfonso, nieto de los Reyes Católicos. A estas glorias se unieron haber sido Montearagón lugar de reposo de los últimos reyes aragoneses de la dinastía navarra cuando fueron insensiblemente dejando la cuna y panteón del primitivo reino en San Juan de la Peña para venir a enterrarse en este famoso monasterio oscense. Así Sancho Ramírez, aunque más adelante fue llevado al monasterio pinatense. Así Alfonso el Batallador, donde durante siglos estuvo enterrado en este cenobio en sepulcro sostenido por seis columnas. Hoy desgraciadamente de todas estas grandezas históricas y artísticas no resta más que un montón de ruinas: las leyes desamortizadoras dejaron abandonados sus claustros, convirtiendo aquellos lugares santos en guaridas de maleantes. Pocos años después un voraz incendio acabó de consumir el abandono de los hombres. Al fin, tras casi un siglo de olvidos los restos gloriosos del rey Batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo, algunos restos arqueológicos al museo provincial y el magnífico retablo de su iglesia (la dedicada obra de Gil Morlanes), se salvó pasando a la parroquia de la catedral.
Las ruinas. - Dignas aún de visitarse por el turista amante de la evocación histórica. Hoy forman una ingente mole de torreones medio desmoronados, murallas carcomidas, claustros derruidos y restos de una iglesia churrigueresca, en la que aún se conservan algunas lápidas abaciales. Lo más interesante sobre los fuertes muros es una curiosa puerta de tipo románico de principios del s. XII. La muralla es de sillería guarnecida con torres y dentro del recinto la gran torre del homenaje de planta cuadrada, con saeteras a sus lados, sirvió de campanario, aunque desmochada. La defensa de la fortaleza era con doble muralla una exterior, a modo de barbacana, y otra, la subsistente, entre las que se encontraba el paso de ronda. De la iglesia primitiva tan solo se conserva la cripta y parte de los muros que en el siglo XV fueron rehechos y adornados.- dice Quadrado- las generaciones venideras no se podrán imaginar que aquella fue una de las gloriosas casas de oración de España, levantada como de paso, durante los meses heroicos del sitio de una ciudad.

4


MORA DE RUBIELOS
LA RUTA DE LA NIEVE

La zona del Maestrazgo es pródiga en parajes pintorescos y pueblos de rancia historia, diseminados entre densos pinares y abruptas barrancadas. Los hay situados en suaves laderas y en altivas cimas. En cada recodo del camino esperamos hallar un nuevo programa, una grata sorpresa para deleite del espíritu, ávido de emociones plácidos.

Entre estos pueblos de acusada fisonomía, destaca Mora de Rubielos, por su alcurnia y abolengo.

Se halla situado a 42 kilómetros de la capital (Teruel) y a 1.035 metros de altitud. El número actual de habitantes de esta villa es de 2.400 aproximadamente. A finales del siglo XVI tenía unos 150 vecinos, que fueron aumentando hasta 700 a finales del XVIII.

Hoy, esta importante villa va adquiriendo un sereno afianzamiento bajo la importancia del turismo de verano y de invierno. Recientemente se inauguró el amplio hotel <<Mora de Aragón>>, en las inmediaciones de la villa, en el declive de un montículo poblado de pinos. Dentro del pueblo hay también otras fondas y restaurantes para atender, cumplidamente, las crecientes necesidades turísticas.

Además de esto, la industria se ve afianzando con sus dos industrias de la madera y la nueva fábrica <<Mora Industrial>> de confecciones.

Esta es, actualmente, la villa de Mora, que tiene las siguientes vías de acceso; por la Tierra Baja y en las inmediaciones del pueblo de Gargallo, un desvío de la carretera general nos lleva a Aliaga, y desde allí, por Camarillas y Alcalá de Mora. Desde Castellón, siguiendo la carretera que pasa por Cortes de Arenoso y Rubielos, se llega a nuestra villa. Otra ruta mas corriente es la carretera de Valencia a Teruel, por un desvío que hay cerca de la estación de Mora. Y, finalmente, por la misma carretera en el recorrido de Teruel a Valencia, pasada la Puebla de Valverde, se toma otro desvío que nos llevará a

LA VILLA DE MORA.

Dejamos atrás una serie pintoresca de modernos chalets, entre pinos y accidentes del terreno.

La pequeña ermita de la Virgen de la Soledad, con atrio porticado, nos da la bienvenida. Desde el contemplamos el caserío que se extiende adaptándose al accidentado terreno y dominado todo él por la robusta silueta pétrea del castillo.

Al fondo, cerros y montes. Y allá lejos, como colgada del cielo, la crestería de los altos de San Rafael, sierra de Gudar altiva y bravía, con bellos matices de azul y violeta, que provocan la lejanía inalcanzable.

Es como un fondo velazqueño de retratos reales ecuestres.

Entrando en la villa atravesaremos un puente. Bajo é discurren breves, silenciosas, las aguas de un pequeño río, del río Mora, afluente del Mijares, que contornea el poblado regando sus pequeños hurtos, que tienden su alfombra esmeralda a los pies del caserío.

La rígida y voluminosa silueta del castillo nos atrae. La calle principal, calle de José Antonio y antigua de las Parras, conduce a la plaza de la iglesia. Antes encontramos, a la derecha, unos viejos soportales, vestigios de lo que debió ser toda la calle. Hoy, a su izquierda, se alzan los viejos caserones de Pilón y Marín.
La plaza de la iglesia es sencillamente encantadora. Toda ella en cuesta hacia el castillo, nos muestra, el fondo, la bella casa del cuarto, de piedra de sillería, con sus arcadas rebajadas bajo el saliente alero y su acrisolado sello renacentista. Junto a ella otra casona de viejos tiempos, hoy disfrazada estúpidamente su fachada y en la que queda, como un agudo grito de protesta, el antiguo portalón apuntado, vestigio del esplendor gótico de la villa.

En esta plaza, frente a la iglesia, otra fachada de sillería, sobria y sin personalidad, recuerda a los del lugar que fue una fachada gótica con ventanas de este estilo y con parteluz, igual que las de la iglesia. Eran como un espejo de aquellas. Desde sus ventanas predicó San Vicente Ferrer. Y en medio de la plaza una cantarina fuente, de cuatro caños, alegre y bulliciosa, ofrece reposo y espera. Su graciosa silueta produce un alocado contraste con la austeridad mística de

LA IGLESIA COLEGIAL.

Desde 1944 es Monumento Nacional.
¿Cómo fue esta iglesia? Habiendo reconquistada la villa en el año 1171, su primitiva iglesia sería de una sencilla estructura románica, como sucedió con las primitivas iglesias de Teruel. Habría al frente de ella un rector o plebano, según nombre que se daba en la época al sacerdote que se hallaba al frente de la parroquia. Y, como todos los demás, se sostendría con los diezmos de tierras y ganados de su término.

Pero surgieron los señores de Mora, pujantes y opulentos. El pueblo se había enriquecido y aumentado su población. Quizá esto y la misma Ambición familiar, hicieron pensar a don Juan Fernández de Heredia el aumentar el número de sacerdotes para su servicio religioso. Así se consiguió, por algunos años, que se estableciera una vicaria y seis raciones.

El segundo señor de Mora, de igual nombre que el primero, forjó la ilusión de convertir la iglesia en colegiata. Se tramitó la consiguiente solicitud al arzobispo de Zaragoza, entonces don Dalmau de Mur y éste, en 1454, concedió la erección de la colegiata bajo el título de Santa María, estableciendo que sus servicios religiosos serían atendidos por ocho canónigos. El Papa español Calixto III, amigo de los Heredia, confirmó la erección de la colegiata en 1458. Categoría que perdió en el concordato en 1851.

Con motivo de ser colegiata y siguiendo ese impulso de ostentación, de inmortalizar el apellido, se acometió la obra de la nueva iglesia. Este espléndido mecenazgo dio como resultado la maravillosa y monumental obra que hoy contemplados.

Se trata de una iglesia gótica del grupo aragonés, de una nave y capillas hornacinas entre los contrafuertes. Este grupo gótico aragonés se suele unir al mudéjar, con sucede en San Pedro de Teruel y en Santiago de Montalbán. Los Heredia, opulentos y señores, o influenciados por aires de fuera, optan por la costosa piedra que les permite realizar una obra audaz y grandiosa. Esta extraordinaria nave mide treinta y seis metros de longitud, veintiuno de altura y diecinueve de ancho, y he aquí la audacia de la obra, su anchura.

Es tres metros menor que la catedral de Gerona, siguiéndole en anchura. Esta catedral de Gerona está conceptuada como la mas ancha de España. Para sostener el brioso empuje de la bóveda de esta amplia nave de la colegias de Mora, recios contrafuertes la atenazan por sus costados, como pétreos dedos, entre los cuales se escapa el débil parpadeo de los óculos flamígeros.

La portada abocinada está compuesta de múltiples jambas escalonadas que rematan en arcos apuntados. Los capiteles tienen interesantes cabezas talladas. Las capillas están iluminadas por ventanas góticas con parteluz.

El fundador, don Juan Fernández de Heredia, está enterrado en la cripta, bajo el coro, en sepulcro con escultura yacente; allí reposa para la eternidad el gran mecenas que dio vida a esta ingente obra.

La reja del coro imita la rejería catalana en la catedral de Barcelona. ¿Por qué este Heredia no pensó en los famosos rejeros turolenses, los Cañamache, que por aquel entonces forjaron la mas bella reja gótica de España... para entonces colegiata de Teruel?

Esta maravillosa obra ha sido recientemente restaurada por la Dirección General de Bellas Artes, a falta de claustro, limpiándola de todos los revestimientos, pero las obras de arte desaparecieron en la pasada contienda.

Como obra de generaciones hay una pequeña variedad de estilo, la cual se acusa mas en el claustro y la torre, que son obras del siglo XVII.

Y ahí está la hermosa y espléndida colegiata, cerrando la bella y evocadora plaza, desde donde iniciamos el recorrido por las
CALLES DE LA TRADICIÓN

Descendiendo hacia la torre llegamos a una recoleta y sosegada plaza, como no, la plaza de las monjas.

Al fondo de ella una de las puertas de la villa marca la antigua ruta ¿de Teruel? A la izquierda un viejo caserón- convento, con una equilibrada y serena fachada, serenidad de almas en oración. A la derecha, la verticalidad aplastante de la torre de la iglesia, fría, seca, con afiladas aristas donde se cortan, con aullidos, los vientos gélidos.

Paseando lentamente con sosiego, con unción, recorremos la calle de las cuatro esquinas, con vetustas casas, destacando por su gracia y sabor la de Cortel de la Fuente del Olmo.

Si seguimos los porches de la calle de Primo de Rivera pasando por un viejo portalón, quizá parte de la primitiva muralla (antes del crecimiento de la villa), llegamos a la Plaza Mayor. el Ayuntamiento se alza sobre un porche con arcada, típica tradición turolense, pero obra de poca importancia. Y ¿Cómo nos acercarnos a contemplar el Portal de Alcalá o Portal del Olmo?

Este portal alza su estructura en la parte baja, casi en el barranco, y extiende sus brazos de muralla agarrándose al castillo y a los fuertes del Calvario, ansioso de su protección.

Esta es Mora. Y no de desnudeces y tules incitantes, de lejano recuerdo. Es Mora de Zarza, dulce y punzante, con fruto sabroso y espinas agazapadas.

Mora pintoresca bulliciosa, que guarda con orgullo en sus fiestas la típica tradición del toro de Fuego, atrayendo multitud de forasteros curiosos de ver y gozar el bello y audaz espectáculo nocturno, cuando la fiera embravecida recorre veloz las vetustas calles huyendo de su propio mal, figurando una estrella fugaz y ardiente en la inquieta oscuridad. Bella y legendaria estampa, reminiscencia del medioevo, cuando el toro de fuego fue utilizado como arma de guerra, incendiando y destruyendo cuanto hallaba a su paso.

Esta es Mora, la altiva y señorial, que vivía laboriosa y tranquila en su recinto amurallado bajo la protección vigilante de
EL CASTILLO

Hagamos un poco de historia sobre esta voluminosa obra, Monumento Nacional desde 1931, y de la villa aneja, que protege.

Los castillos fueron base y defensa de los poblados en aquellos tiempos heroicos. La misma suerte que corría el castillo la corría el pueblo, generalmente. Este es el caso de Mora, que con su castillo pasó de mano en mano, de señor en señor, por conquista, donación o venta. Como un objeto cualquiera. Era el signo de la época. Hasta que cayó, por fortuna, en manos de los Heredia, que le darían lustre y fama.

El hecho empezó así; las huestes cristianas al mando de Alfonso II, van conquistando tierras aragonesas, arrancándolas del poder de los moros, con tesón y bravura. En 1171 es conquista Teruel y el avance sigue en el mismo año hasta Mora, para hacerla frontera con los infieles.

En 1189, Pedro II donó el casillo de Mora a don Pedro Ladrón. Necesitaba asegurar su defensa y repoblación, bajo un patronazgo leal. La pequeña aldea va adquiriendo confianza y desarrollo, a la sombra protectora del castillo, posible reconstrucción de una fortaleza sarracena.

En 1204, los ejércitos de la cruz y la espada, levantan sus fronteras y las adelantan hasta Rubielos. Las lanzas cristianas van apuntando al corazón de Valencia.

Mora ya queda atrás, tranquila y sosegada, siguiendo los avatares de la comunidad de aldeas de Teruel. Sus gentes presienten ya la conquista de Valencia, que a su tiempo celebrarían con grandes fiestas, pues los << serranos >> tomaron parte activa y lúcida en la operación.

Pero a Mora aún le quedaban por pasar muchas inquietudes. Jaime I, en su testamento de 1272, hace donación de Jérica y su baronía, que incluía el castillo y la villa de Mora, a su hijo bastardo, habido con doña Teresa Gil de Vidaurre, y de igual nombre que él. El señor de Jérica casó con doña Alfa, hija de don Álvaro Pérez de Azagra, cuarto señor de Albarracín, el señorío independiente ubicado en los montes Universales.

Cuando la guerra de los reyes de Castilla y Aragón, Pedro I y Pedro IV, la baronía de Jérica y con ella Mora, la había heredado don Pedro, hermano de Jaime (II) de Jérica.

Y fue entonces cuando surgió la traición aragonesa en la persona de un descendiente de rey. En defecto, el señor de Mora se puso de parte del rey de Castilla y las tropas de éste ocuparon la villa y el castillo de Mora para mejor defenderlas. Habiéndola situado el conde de Prades, los sufridos habitantes de Mora organización su << quinta columna >> y abrieron las puertas al sitiador, con lo que pasó de nuevo a la corona de Aragón en 1364.

Parece ser que el señor de Jérica no hizo caso de ellos y vendió la villa de Moro y su castillo a don Hugo, vizconde de Cardona, en 1367 y éste, finalmente, volvió a venderla en el mismo año por 260.000 libras barcelonesas, a don Blasco Fernández de Heredia, señor de Foyos, quien se presionó de ellos en 1369. ¿Habían terminado con esto las transacciones de la paciente villa ¿ Si y no. Si en cuanto quedaba en manos de los definitivos dueños, que volcarían en ella todos sus afanes. No por cuanto que en 1370 hizo donación del castillo de Mora y villa de Valbona a su sobrino don Juan Fernández Heredia, llamado el Noble y el Póstumo, quien definitivamente daría comienzo al gran señorío de los Heredia.

Muchas aldeas de la provincia de Teruel fueron a engrosar, por herencia, el patrimonio de los Heredia.

En 1376 adquirieron, por 11.000 florines de oro de Aragón, Alcalá de la Selva, que durante dos siglos había pertenecido a los religiosos de la Gran Selva.

Afianzados los Heredia en el señorío de Mora, daría comienzo a su gran obra sobre la villa, en primer lugar, debió rehacerse el castillo, que sufriría en la guerra de los Pedros. Y dada la opulencia de los Heredia comenzaron una nueva obra de extraordinaria solidez, que garantizase plenamente

Su defensa. Asimismo, las dos torres que flanquean la puerta principal, tienen una base, según tragaluces que dan al sótano, de seis metros de espesor; toda una montaña de piedra.

La obra debió comenzarla, naturalmente, don Juan Fernández de Heredia llamado el Noble, hacia finales del siglo XIV.

Como ya hemos visto, allí estaría el castillo moro, que después restaurarían los cristianos. Castillos que usaron los señores de Jérica hasta defenderse en él los castellanos, cuando la guerra de Castilla y Aragón.

El castillo, a cuyos pies se extiende el pueblo, es de planta cuadrangular y todo él de piedra de sillería. Las paredes, los muros, tienen un impresionante espesor.

Como centro de esta planta cuadrilátera, hay un amplio patio de la misma forma, con arcadas apuntadas formando claustro. En dos de sus caras, contiguas éstas, hay un segundo cuerpo de galerías con arcadas de medio punto y fustes octogonales. Esta reforma debe corresponder a cuando don Jorge Fernández de Heredia fundó en él, convento de San Francisco, en el año 1614.

Las otras dos caras tienen, en el segundo cuerpo, ventanas góticas con parteluz, si bien algunas muy deformadas, y a las que la restauración va devolviendo su primitiva forma.

En torno a este hermoso pueblo, que tiene, naturalmente, su aljibe, giran las dependencias del castillo.

Bajo los grandes salones que se desarrollan en esta planta, hay dos pisos de sótanos con bóvedas de cañón corrido y en alguno de ellos el piso es de la misma roca. A estos sótanos se desciende por una amplia escalera de caracol, clásica escalera formada por largos peldaños de piedra, de una sola pieza, como es corriente.

Los grandes salones de la planta baja tienen techumbre de madera y en ellos ponen su gracia los amplios ventanales góticos con parteluz y los dos clásicos bancos de piedra a derecha e izquierda y, en este caso amplísimos, por el grosor del muro. Bellos rincones desde los que se contempla un bello panorama y que fueron deleite y ensueño de lindas damas angustiadas por la vuelta del ser querido, o alerta el oído, al meloso canto del juglar.

Pero todo esto ¡ay! Está cambiando, tan deteriorado por el tiempo y mas por los hombres, que ha sido precisamente la intervención de la Dirección General de Bellas Artes para volverlo a su primitivo estado.

Y no es extraña esta situación. La instalación del convento de franciscanos exigió muchas reformas. Una de ellas fue abandonar la iglesia primitiva e instalar otra en otro lugar, descarnado los muros. Luego se hundió la techumbre de la iglesia primera, quizá en el incendio que en 1700 destruyó gran parte del castillo y el importante y rico archivo.

Mas adelante fue cuartel de la Guardia civil. Nuevas e importantes reformas. Total, completamente desconocido.

Pero era demasiada mole de piedra para que se fuera abajo y la restauración llegó a tiempo.

En cada uno de sus cuatro ángulos, un torreón octogonal hace guardia permanente.

Tiene una salida normal, amable, hacia el pueblo, con el que tiene su contacto diario. Y en la parte opuesta, en oriente, la puerta principal.

Esta se abre en un amplio torreón cuadrado y flanqueada por dos de los cuatro torreones octogonales. Y a los pies de la puerta, el foso natural.

De las caras laterales del castillo partía la muralla como un fuerte cinturón apretando amorosamente al pueblo.

Y como punto de apoyo par ala defensa del castillo, al otro lado del barranco, en la cumbre del cerro del Calvario, aún quedan en pie esbeltos torreones, centinelas alertas sobre la amplia panorámica.

Esta hermosa obra, como ya hemos dicho, debió comenzarse a finales del siglo XIV y se debió terminar en el siglo XV.

Cuando esta obra se halle totalmente restaurada, será un bello ejemplar de castillo gótico, muy evocador y digno de ser visitado.

Será una verdadera joya para Mora, la de la excolegiata, que se halla tan cerca del castillo, que entre ambos casi no hay espacio para que pueda huir la carretera, que va hacia.

LA RUTA DE LA NIEVE

La carretera se empina hacia las altas cumbres. El paisaje se va haciendo tupido, hasta que el elemento primordial, el alma del paisaje, es el pino. El pino permanente, audaz. El pino con ramas como brazos de asunción. Entre sus troncos pardos se vislumbran profundidades estremecedoras y cumbres altivas; la esmeralda nos envuelve lujosamente. Llegamos al puerto de Alcalá (1.600 metros). Al fondo la vega, tras un descenso impresionante.

La ermita de la Virgen es de grandes proporciones y mal calculados sus contrarrestos. Hoy los pilares, a los que se pone ya tirantes de hierro, cabecean hacia el exterior bajo el peso de la bóveda. La obra fue levantada en 1715 por el maestro Juan Escuder, según diseño de un padre carmelita. En su interior se venera la Virgen del Espino (hoy la Virgen de la Vega), que fue una bella imagen románica, antes de ser restaurada.
Hay pinturas en el camarín, algo interesantes. Menos lo son las del crucero, realizadas a principios del siglo XIX.

En torno a esta ermita, levantada en una amplia vega rodeada de arriesgados montes cubiertos frondosos pinares, se ha desarrollado un amplio complejo turístico, con pintorescos chalets de variadas estructuras y cómodas fondas para refugio de los practicantes del deporte blanco. O de los no practicantes, que también son muchos los que van a ver y pasar los fines de semana entre esta alegre y bulliciosa multitud. Costosos complejos que tiene dos vertientes fructíferas; el invierno y el verano.

Caminamos hacia Alcalá, distante un kilómetro, por la vega pintoresca. Antes de llegar a él dejamos a la derecha el desvío que conduce allá lejos, a la Gascuña.

Pero sigamos hacia el poblado:
A poco se encuentra el humilladero, que se alza sobrio, acogedor, persuasivo. Es una obra renacentista de piedra de sillería, levantado en 1627 por Juan Palomar y de Torres, hijo del lugar, según señala una lápida en las pistas de nieve, que distan ocho kilómetros.

Alfonso II, preocupado por asegurar las conquistas, donó en 1174 el Castillo, décimas y patronato del pueblo, al monasterio de Selva Mayor.

Es de base cuadrada con cuatro arcos y cúpula, y cuatro hornacinas en el interior de cada ángulo. Lástima que permanezca vacío y que la cruz, ala que servía de dosel, haya desaparecido y no se haya puesto una imitación, al menos, que justifique el por que de esta obra.

Alcalá está ante nosotros. Sobre el poblado la silueta del castillo y como manto condal, colgado en el fondo, el monte sombrío.

Que poco podían hacer por el pueblo, solamente darle el apellido. Y así fue: Alcalá de la Selva.

Pero esto era insostenible, y como hemos vito, dos siglos después, en 1376, fue vendida al Señor de Mora, por once mil florines.

El castillo, de origen árabe, está totalmente ruinosos, situado en la cumbre del cerro, su silueta mutilada nos habla de olvidadas epopeyas.

En la parte alta del pueblo se halla la iglesia.

Es de estilo renacentista y fue inaugurada en 1614.

Su portada es fría, como los vientos de estas alturas y desarticulada con la superposición de varios órdenes. En ella está esculpido el escudo del señor de la Villa, el conde de Fuentes y marqués de Mora. Su interior está muy mixtificado con revocos.

Esta es Alcalá, con sus calles morunas, retorcidas y empinadas. Con sus entes sencillas, de alma serrana.

Alcalá con su Virgen de la Vega y sus complejos turísticos diseminados por sus contornos, es el último punto de apoyo para

EL DEPORTE BLANCO

Un grupo de pueblos tiene su esperanza puesta en el deporte blanco. Las esperanzas puestas en esa nieve, que años atrás, ponía espanto en el alma y los tenía aislados días y días, como en absurdos lazaretos, sin saber de nada ni de nadie, hasta que el tiempo mejoraba, la nieve iba desapareciendo y de nuevo se podía transitar por ellos.

Hoy todo ha cambiado. Las máquinas avientan la nieve de los caminos, cientos de coches se concentran en la inmensa sabana suavemente ondulada, como sostenida por los cuatro puntos cardinales.

Se ha levantado el ánimo de estos pueblos dormidos en el regazo de las altivas montañas.

La alegría juvenil de los deportistas, siembra de rosas la nieve. Y aquellos pueblos olvidados van recobrando su esperanza y su ilusión, al ritmo actual de la vida inquieta del deporte blanco.


Tal día como hoy 26 de octubre



El proyecto pasapues es una ampliacion del proyecto Aragón es así y trata de recopilar y relacionar todo tipo posible de información documental sobre Aragón: textos, libros, artículos, mapas, ilustraciones, fotografías, narraciones, etc., y proceder a su publicación y difusión.

Aragón es asín. Fotografías, Mapas, Documentos, Historia, Paisajes, Cultura, Mudéjar, Románico, Gótico, Goya, Ebro, Pirineos, Huesca, Teruel Zaragoza. Naturaleza mapas España.

Copyright 1996-2020 © All Rights Reserved Francisco Javier Mendívil Navarro, Aragón (España)

Si crees que falta algo, o está confundido cuentanoslo

Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia

Esta web no usa directamente cookies para seguimiento de usuarios,
pero productos de terceros como publicidad, mapas o blog si pueden hacerlo.
Si continuas aceptas el uso de cookies en esta web.