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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoologa o Reino Animal. Antropologa. De las edades y su influencia. 44

mientos, enfermedades graves y en algunos casos hasta la muerte, particularmente en los viejos, que encuentran mayores inconvenientes en la aclimatacion. Los climas influyen tambin sobre las costumbres morales de los que los habitan, como ya lo dejaron consignado Hipcrates y algunos otros filsofos. Otros escritores modernos, que han querido seguir las doctrinas de Helvecio, han atacado en el fondo la de Hipcrates; pero nosotros, siguiendo paso paso las descripciones de los observadores viajeros y naturalistas, no podemos menos de adherirnos la opinin hipocrtica, reservando las razones que para ello tenemos para ocasin mas oportuna.

DE LAS EDADES Y DE SU INFLUENCIA.

Dos movimientos principales determinan las diferentes edades de los animales: el 1. es el del crecimiento, dilatacin y desarrollo, constituyendo la prepotencia de la vida; el 2. de decrecimiento, descomposicin y concentracin, sea el predominio de la muerte. Viene al mundo con nosotros el germen de destruccin, que fomentamos y esplayamos hasta que acaba por vencernos. En la juventud edad dorada prepondera el impulso de crecimiento y dilatacin ; en la edad viril se mantiene el equilibrio con la tendencia al menoscabo, hasta que por ltimo viene triunfar en la decrepitud. Entre estos dos impulsos hay siempre un verdadero antagonismo: cuando el uno disminuye, el otro aumenta y viceversa. Las edades estn constituidas por la prdida sucesiva de ciertos caracteres propiedades y por la aparicin lenta y graduada de las opuestas; por eso, el medro es tanto mas tardio cuanto mas nos alejamos del principio de la vida extrauterina. El cuerpo, hmedo y gelatinoso en su principio, se deseca y consolida por cambios sucesivos; los movimientos que eran de fcil ejecucin en nuestra mocedad se entorpecen, dificultan y aun imposibilitan por grados; el latido de las arterias, que en la poca del nacimiento llega hasta ciento treinta pulsaciones por minuto, se aminora gradualmente hasta cincuenta que se cuentan en la decrepitud. La necesidad del alimento, que es tan frecuente en la infancia es reemplazada en la vejez por una parquedad admirable; el sueo, tan profundo y frecuente en la juventud, se convierte en un desvelo triste y penoso cuando se aproxima el fin de la vida. Las facultades intelectuales menguan progresivamente desde la edad de la razn hasta la vejez; las pasiones se estinguen; la actividad se transforma en languidez; el amor en apata; la alegra y jovialidad en melancola; el atolondramiento en reflexin y cordura; la franqueza y sencillez en recelo y desconfianza; la liviandad del mozo en la gravedad del viejo ; la prodigalidad suele convertirse en avaricia; la sensibilidad del corazn en indiferencia. El joven se lanza empresas grandiosas y mira al porvenir; el anciano se encierra y concentra en lo presente : as es como todas las cualidades del cuerpo y del espritu pasan de la dilatacin ala concentracin desde la mocedad la vejez por pasos intermedios y marcados.
En la primavera de la vida nos complace la actualidad , porque todo lo que vemos en derredor nuestro es regocijo y deleite; la movilidad de nuestros rganos produce la de nuestros conceptos, de nuestro carcter y nuestros deseos; nos agrada el movimiento y los ejercicios del cuerpo; somos ardientes, impetuosos; nada nos importa gastar el dinero para aumentar nuestros placeres; prescindiendo de la utilidad; desomos los consejos de nuestros mayores, y nos vemos arrastrados hacia el vicio. En la edad viril contraemos amistades tiles; corremos tras empresas que puedan hacer nuestra fortuna y buscamos con anhelo honores y bienes, duraderos. En la senectud nada encontramos bien de lo presente, porque nuestros rganos funcionan con trabajo y dificultad; como no podemos gozar de los placeres actuales, alabamos los de los tiempos que fueron, y creemos que el mundo se deteriora siendo nosotros los deteriorados.
Los cuatro temperamentos principales coinciden tambin con las edades: el linftico corresponde la infancia, y es como ella hmedo, sooliento, torpe de espritu, incapaz de largas y profundas meditaciones; la mocedad es de un temperamento anlogo al sanguneo: este se muestra siempre vivo, gil, inconstante , desinteresado, inclinado los placeres sensuales, alegre, decidor, curioso y prdigo: al temperamento bilioso se refiere la edad varonil, en la cual el Hombre se muestra ardiente, robusto, colrico y emprendedor con arranques nobles y elevados. En la edad madura y la vejez adquirimos un temperamento melanclico, y aunque por causas distintas, nos asemejamos algo la niez; todos nuestros movimientos se dificultan; los msculos pierden su elasticidad; los deseos son lentos y reflexivos; el entendimiento se oscurece. De este modo es como los temperamentos nos ofrecen progresiones anlogas las edades: el linftico tiene el cuerpo voluminoso; el sistema celular blando, esponjoso y lleno de grasa y linfa: el sanguneo es bien conformado y gracioso; su cutis delicado; de carcter sensible pero inconstante; el bilioso es mas seco, de cutis fuerte y atezado; sus formas speras y sealadas; su estatura slida, y su aspecto, fuerte y vigoroso: la constitucin del melanclico es dbil; la tez crdena; de carcter tenaz y avariento, hasta el punto de subordinar las pasiones la razn cuando es en beneficio propio.
Se ve tambin que cada edad influye en alguna parte, del cuerpo vivo: en la infancia, las visceras entraas, el tejido celular y el cerebro preponderan sobre todos los dems rganos, y as es que los nios estn espuestos padecer enfermedades de cabeza, infarto de las glndulas, etc.; en la mocedad ,el aparato vascular, particularmente el arterial, es superior los otros; por eso las enfermedades mas propias son las hemorragias y las flegmasas inflamaciones; en la virilidad, los sistemas muscular y heptico y los rganos sexuales preponderan sobre las dems del cuerpo, y por eso est espuesto calenturas ardientes y todas las dems enfermedades que reconocen por causa un esceso de estmulo en los intestinos y partes sexuales. Encontramos en la vejez una menguado actividad en las visceras del bajo vientre y en el sistema venoso heptico, de donde nacen achaques crnicos, lceras, hipocondra, etc.
Obsrvase en la primavera de la vida un movimiento de dilatacin y un impulso hacia el exterior, al paso que en la vejez se manifiesta todo lo contrario: el cuerpo y el espritu del joven se estinden y ensan-

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Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Leer sin meditar es una ocupación inútil. Confucio



 

Felix Azara | Francisco Loscos | Ignacio Jordan de Asso | Odón de Buen



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