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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoologa o Reino Animal. Antropologa. De la infancia. 45

chan en todas dimensiones; en el anciano, el cuerpo se estrecha, el entendimiento disminuye y todo va parar al interior. Las edades intermedias participan mas menos de estos dos impulsos contrarios, y cuando estn colocadas en un justo medio, se miran los objetos bajo su verdadero punto de vista: en la primera edad se ven las cosas mas all de la verdad, y mas ac en la postrera, siendo esta sin duda una de las causas de nuestros falsos juicios y preocupaciones.
Si pasamos hacer el estudio comparativo de las edades con los climas y los caracteres fsicos y morales de sus habitantes, veremos que los del Septentrin tienen grandes analogas con el temperamento y costumbres de la mocedad; veremos que es voraz, fogoso , impaciente, de buena complexin, alegre, generoso , aficionado los placeres sensuales, emprendedor y amante de la novedad y de la independencia. El habitante de los trpicos es, como el anciano, flaco, tmido, sobrio y lnguido, de complexin rida y fibrosa; su carcter tenaz, triste, avariento y circunspecto ; su espritu aprehensivo, engaoso, propenso dominar dispuesto servir, pues estas dos cualidades tienen mas analoga de lo que parece primera vista. Los habitantes de las regiones intermedias participan mas menos de estos dos estremos, y son activos, hbiles, industriosos y moderados; hacen todas las cosas guiados por la razn; apetecen la gloria, cultivan su talento y se parecen por lo mismo un hombre ya formado. Los habitantes de los paises frios representan al gnero humano en su mocedad; los de los climas templados en la edad varonil; y los de las regiones clidas en su decrepitud.
A tres pocas principales pueden reducrselas edades del Hombre y de todos los seres organizados: la primera es la del medro; la segunda la de la reproduccin; y la tercera la del menoscabo destruccin. Es cierto que, si establecemos cuatro edades, nos vemos obligados dividir por el medio una poca nica, cual es la de perfeccin y reproduccin, lo que de ningn modo concuerda con lo que se ve en el Hombre, los animales y las plantas, en los que se observan clara y distintamente tres pocas bien marcadas.
De todos modos parece mas natural y sencillo dividir las edades en tres pocas, saber: 1la juventud el tiempo del medro, desde el nacimiento hasta la edad adulta, hacia los treinta aos; 2.a, la. de la edad varonil, desde los treinta los sesenta; y la 3.a, la vejez, desde los sesenta hasta la muerte. Un hombre bien constituido puede emplear treinta aos para crecer y llegar toda su perfeccin; otros tantos en ese estado completo; y otros treinta, por ltimo, en una vejez lozana y vigorosa. La dcima tercia semana de aos termina la nonagsima prima, y sino abussemos de nuestras fuerzas con nuestros escesos y un gnero de vida las mas veces mal sano; si siguisemos como los animales la ley natural, no cabe duda que alcanzaramos una vejez muy avanzada y sin ningn accidente, segn lo prueban los muchos ejemplos que se notan entre los nombres sobrios, los habitantes del Norte, varios pueblos bravios de los bragmanes de la India que viven solo de vejetales, son castos, parcos y moderados.
Divdese en tres periodos la poca del medro: el de la infancia, el de la pubertad y el de la edad varonil.

DE LA INFANCIA.

Si hay algo capaz de darnos idea de nuestra debilidad , es el estado en que nos hallamos inmediatamente despus de nacer. El nio recien nacido, incapaz de usar todava de sus rganos y de servirse de sus sentidos, necesita toda especie, de socorros. Es una viva imagen de la miseria y del dolor: en aquellos primeros tiempos es mas dbil que ninguno dlos animales; su vida incierta y vacilante parece que debe acabar por momentos; ni puede sostenerse ni moverse; y apenas tiene la fuerza necesaria para existir y para anunciar con llanto los dolores que esperimenta, como si quisiese la naturaleza advertirle que ha nacido para padecer, y que si viene contarse entre los individuos de la especie humana, es para participar de sus penalidades y miserias. El Hombre nace entre la orina inmunda, vive en un estado continuo de dolor y zozobra, y se empoza luego en la tumba: cierto que si no fuese otra cosa la vida, mejor le fuera no haber nacido!
No nos desdeemos de volver los ojos un estado por el cual hemos empezado todos : considermonos en la cuna; suframos hasta el disgusto que puede causar la esplicacion individual de los desvelos que exige aquel estado; y examinemos por qu grados esta mquina delicada, este cuerpo que acaba de nacer , y que apenas alienta, adquiere movimiento, consistencia y fuerzas.
El nio que nace pasa de un elemento otro, pues al salir del agua que por todas partes le cercaba en el seno de su madre, se halla espuesto al aire y esperimenta al instante las impresiones de aquel fluido activo : el nacimiento imprime una mudanza en la circulacin; los estornudos, producidos por la influencia del aire sobre los rganos del olfato, levantan el pecho, despiden la mucosidad de las narices, y dejan entrar al aire en los pulmones; la sangre que penetra en ellos se modifica por el aire, vuelve al corazn por la vena arteriosa, y se distribuye en seguida todo el cuerpo por la arteria aorta y sus ramas. Antes de esta poca la sangre pasaba inmediatamente del ventrculo derecho del corazn al izquierdo. Con todo este cambio de circulacin no se verifica repentinamente, sino que ya se prepara en el feto por graduaciones sucesivas.
Ordinariamente cuando el aire entra por la primera vez en los pulmones del recien nacido, encuentra algn obstculo causado por el lquido que se ha juntado en la traquearteria, y este obstculo es mayor menor proporcin de la viscosidad de dicho licor; pero la criatura, al nacer, levanta la cabeza, que tenia inclinada sobre su pecho, y mediante este movimiento alarga el canal de la traquearteria; el aire halla lugar en este canal por medio de la referida prolongacin, impele el lquido lo interior del pulmn; y dilatando los bronquios de esta entraa, distribuye en sus paredes la mucosidad que se opona su trnsito: lo suprfluo de esta humedad se seca en breve con la renovacin del aire, si este incomoda la criatura, tose, y finalmente se desembaraza de ella por la espectoracion, y as se la ve salir de su boca porque no tiene todava fuerza para escupirla.
Como no nos acordamos de nadado lo que entonces nos acaece, no podemos casi formar juicio de la sensacin que la impresin del aire produce en la criatura recin nacida; y lo que nicamente aparece es que los gemidos y gritos que se le oyen en el instante que respira son signos poco equvocos del dolor que le ocasiona la accin del aire. En efecto, la criatura, hasta el instante de su nacimiento, est habituada al suave calor de un lquido tranquilo, y puede creerse que la accin de un filudo, cuyo temple es desigual, conmueve estremece con demasiada violencia las fibras delicadas de su cuerpo: igualmente da indicios de sentir el fro y el calor, pues en cualquier situacin que se halle, gime; y su primera y nica sensacin parece que es el dolor.
La mayor parte de los animales tienen cerrados los ojos algunos chas despus de haber nacido: el nio los abre al instante que nace; pero los tiene fijos, empaados y cubiertos de una telilla (tnica de Haller) que neutraliza la impresin viva do la luz sobre rganos tan delicados, no vindose en ellos aquella brillan

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Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Estando entre lobos tienes que aullar como ellos. Gurdjieff



 

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