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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoologa o Reino Animal. Antropologa. Duracin de la vida. 59

dos, a veces imperceptibles, es la incertidumbre de las seales de muerte. Regstrense las series de observaciones, y particularmente las que nos han dado sobre este asunto los seores Winslow y Bruhier, y se ver claramente que entre la muerte y la vida suele no haber mas que una gradacin tan leve, que ni aun las luces del arte de la medicina y de la mas atenta observacin pueden percibirla. Segun estos autores, el colorido del rostro, el calor el cuerpo y la blandura de las partes flexibles son signos inciertos de que todava subsiste la vida, asi como la palidez del rostro, la frialdad del cuerpo, la rigidez de las estremidades, la cesacin de los movimientos y la supresin de los sentidos externos son seales muy equvocas de verdadera muerte. Lo mismo debe decirse de la cesacin aparente de la respiracin y del pulso, cuyos movimientos estn veces tan torpes y aletargados que no es posible percibirlos. Acerqese una luz un espejo la boca del enfermo: si aquella vacila se empaa este, se da por seguro que el enfermo respira aun; pero ambos efectos suelen verificarse en virtud de otras causas, estando efectivamente muerto el enfermo, y a veces tampoco acaecen, sin embargo de estar vivo, siendo por consiguiente muy equvocos estos medios. Tambin, para cerciorarse de que un enfermo ha fallecido, se acostumbra irritarle la nariz con estornutatorios y lquidos penetrantes; se procura despertar los rganos del tacto por medio de picaduras, quemaduras etc.; dnsele lavativas de humo; agtame sus miembros con movimientos violentos; fatigan su odo con gritos y sonidos agudos; sjanle los omplatos, las palmas de las manos, y las plantas de los pies, aplicando en estas partes cauterios, lacre derretido, etc.; pero hay casos en que todas estas pruebas son intiles, y tenemos ejemplos, sealadamente en personas catalepticas, de que, habindolas sufrido sin dar ninguna seal de vida, han vuelto despus en s con asombro de los circunstantes.
Nada prueba mejor que lo dicho cuan parecido es cierto estado de vida al es Lado de muerte, y nada sera tambin mas justo y conforme, piedad que el no apresurarse tanto como se hace abandonar, amortajar y sepultar los cadveres. Qu razn hay para no esperar sino diez, veinte, veinte y cuatro horas, cuando este tiempo no es suficiente para distinguir la muerte aparente de la verdadera, y hay ejemplos de personas que salieron de sus sepulcros al cabo de dos tres dias? Por qu hemos de mirar con indiferencia que se precipite el funeral de aquellas mismas personas, cuya vida quisiramos poder prolongar cualquier precio? Y por qu subsiste una costumbre, en cuya abolicin tienen igual inters todos los hombres? Yo creo que debiera bastar el que hubiese habido algunos abusos en los entierros precipitados, para obligarnos diferirlos y seguir los consejos de los mdicos sabios y prudentes que nos dicen que es indudable que el cuerpo est veces de tal manera privado de toda funcin vital, y tan oculto el aliento de vida, que al parecer en nada difiere del de un difunto; que la caridad y la religin exigen que se determine un espacio suficiente de tiempo para esperar que la vida, si todava subsiste, se manifieste por signos, pues de otro modo hay peligro de cometer homicidios enterrando personas vivas. Y el espacio, dicen, en que esto se puede conocer, estando lo que nos ha dejado escrito la mayor parte dlos autores, es de tres dias naturales setenta y dos horas; el cual cumplido, sin observar seal de vida, si por el contrario los cuerpos exhalaren un olor cadavrico, es prueba indefectible de muerte, y se les puede enterrar sin ningn escrpulo.
Habiendo dado la historia de la vida y la muerte, por lo que respecta al individuo, consideremos ahora, una y otra en toda la especie. El Hombre, como nadie, ignora, mucre en toda edad, y aunque en general puede asegurarse que la duracin de su vida es mayor que la de casi todos los animales, no puede negarse que es al mismo tiempo mas varia incierta. En estos tiempos se ha procurado conocer los grados de estas variaciones,y establecer, por medio de observaciones, alguna regla fija sobre la mortandad de los hombres en diferentes edades; y no hay duda que si estas observaciones fuesen hechas con la correspondiente exactitud, y al mismo tiempo copiosas, serian muy tiles para venir en conocimiento del vecindario, de su multiplicacin, del consumo de las producciones, reparticin de impuestos, etc.

DURACIN DE LA VIDA.

Si comparamos la mortandad en todos los paises de Europa, veremos que ni los gobiernos ni las religiones influyen de un modo especial sobre el Hombre bajo este punto de vista; que las costumbres y sobre todo el clima tienen mayor fuerza para prolongar y abreviar la vida: no obstante por un clculo general, la especie humana tiene un periodo fijo, igual con corta diferencia, cualquiera que sea su posicin, con tal que su organismo no est enfermo empobrecido. En Suecia como en Francia, en Prusia como en Espaa, en Europa y en el Asia como en La Amrica y el frica, la vicia del Hombre recorre una poca regular entre 60 y 80 aos. Segn los clculos de Moreau de Jonncs, la cifra que espresa la mortandad, (la que se refiere lo mismo, aunque en sentido inverso), la duracin inedia de la vida puede variar mucho segn los paises. Damos continuacin un pequeo estracto de un cuadro presentado al Instituto por este clebre estadstico. En el trabajo original hay, con relacin muchos paises, los resultados de investigaciones hechas en pocas diferentes, los cuales tienen por objeto hacer ver la influencia que pueden ejercer sobre la duracin media de la vida los cambios polticos y las mejoras sociales; pero como esta cuestin nada tiene que ver con nuestro propsito, hemos separado del cuadro todo lo que ella se refiere, conservando nicamente las cifras que pueden atestiguar la influencia de los climas.

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Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Leer sin meditar es una ocupación inútil. Confucio



 

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