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Buffon: Mamiferos Generalidades. Ojeada general sobre los mamiferos. Clasificacin Adoptada. Genero, especie, variedad. 141

freno natural que la Providencia ha puesto sabiamente en el corazn humano para que no hagamos mal voluntariamente los animales. Los bracmas ejercitan esta piedad con tal extensin, que ni aun los insectos matan; y entre los devotos musulmanes se encuentran hospitales destinados los perros enfermos.

Anteriormente hemos dicho que esa comn necesidad de morir, la que todo ser viviente est sujeto desde que nace, y la poca inteligencia y sensibilidad de las criaturas de un orden inferior, hacan menos criminal el acto de matar los animales; y que un hombre que esperimenta remordimientos degollando una Oveja, ninguno siente comiendo Ostras vivas, porque este ultimo animal casi no tiene sentimiento, no grita dolorido en ese fatal momento de la destruccin, momento tremendo para los seres muy sensibles. En verdad las bestias feroces ejercen su odiosa costumbre sin remordimiento; pero el mayor nmero de ellas sufren su vez suerte igual la que hicieron esperimentar otras especies; de modo que existe en el reino animal cierta compensacin recproca y general, tanto de bienes como de males.

Cuanto mas inteligentes y sensibles son los animales, mas injusticia y crueldad parecen emplear las otras especies en s destruccin. Pero, puede decirse que el Len el Buitre sean culpables? No los ha justificado la naturaleza por su organizacin, y la necesidad de alimentarse de carne y sangre? Se deben los animales miramientos mutuos? No vemos por todas partes reinar sobre el globo mas bien la fuerza que la equidad, aun entre las naciones mas civilizadas, por ese horrible abuso del poder, sucesivamente ejercido desd los mas remotos siglos? Si el furor y la guerra son las nicas leyes que reconocen, ya los animales entre s, ya los hombres que se parecen ellos; qu abominable mundo hemos sido arrojados? Es que tal vez el contrapeso y equilibrio entre todos los seres de la creacin no podrn establecerse de otro modo; porque vemos que, prevalindose cada individuo de su inters propio, nada reconoce superior su propia naturaleza. As solamente el poder la autoridad pueden establecer la concordia y la unidad: por eso la fuerza ocupa el lugar de la justicia entre los anmales, y esta debiera sustituir la fuerza entre los hombres, si ella sola pudiera siempre bastar entre nosotros.

La mayor sensibilidad que los seres manifiestan entre s, s con relacin su propia especie; despus la de la madre con los hijos; luego la de los sexos uno con otro; y finalmente las simples relaciones de lenguaje, voz signo. Cada uno busca su semejante en la naturaleza, si se esceptuan esos seres montarazes y desnaturalizados para los cuales la ferocidad y la sangre son una necesidad. As nunca la Araa se acerca otra Araa sin que se hagan guerra muerte, y aun la unin del amor es peligrosa y temible entre ellas. Desgraciada la que se entrega sin reserva ese sentimiento natural! Si ella se encuentra con un ser menos apasionado, infaliblemente le servir de pasto en seguida. De igual modo los otros anmales feroces, los Leones, los Tigres, no se acercan jams sin recelo si no estn muy dominados por el amor se ponen furiosos, porque la concurrencia de la caza enemista la especie entre s; y ni aun sus hijos y hembras sufren sino en tanto que no pueden ser sus rivales. Esta singular combinacin del odio con las mas dulces pasiones es tambin una maravillosa armona de la naturaleza para impedir la escesiva multiplicacin de unos seres crueles y malficos; y hasta en eso la Providencia se muestra benfica, pues con tan industriosa malignidad, los monstruos procuran destruirse mutuamente.

No son intiles estas consideraciones, como vamos ver parando algo la consideracin en la historia de los animales carnvoros, sea los que la naturaleza ha querido armar con dientes y garras, colmndolos de instinto sanguinario, para que sean, por decirlo as, ejecutores forzosos de los actos que les impele su organizacin.

En efecto no estn hechos los dientes agudos de las Panteras y los Leopardos para masticar yerbas, ni estas pudieran digerirse en un estmago estrecho, simple y membranoso baado de lquidos irritantes; y la prueba es que estos animales arrojan sin digerir el pan y otras materias puramente vejetales que les hacen tragar. Por el contrario, la carne repugnara al estmago del Cordero y de la delicada Gacela; sus dientes no son propsito para despedazarla; rechaza su paladar con hasto cualquier presa despojo sangriento: todas las partes de su constitucin son adecuadas al rgimen vejetal. As en la conformacin d cada animal se pueden observar las causas de sus acciones.

Todo es armnico, en efecto, en los seres organizados, principalmente en los animales; de manera que una sola parte indica comunmente el todo. Mostradme el diente de un animal, deca un naturalista, y os referir toda su historia, aunque no lo haya visto en mi vida; y esto no es una vana jactancia, seores, ni una extravagante presuncin: por el tamao de un cliente se puede juzgar la estatura del animal, quien pertenecia; por la configuracin propsito para masticar yerbas carnes, se conocera si pertenecia un herbvoro carnvoro; y de estas consecuencias cuntas otras no pueden sacarse? Todo el resto de la estructura del cuerpo; no solamente el estmago y las visceras, sino la forma de las patas, terminadas en garras en pezuas, la viveza de los sentidos y los hbitos, que necesariamente se derivan del gnero de vida y de una constitucin determinada, hacen percibir con claridad la coordinacin y enlace ntimo que existe en la naturaleza organizada.

Los carnvoros necesitan adems de sus armas ofensivas, que son las garras y dientes, de mucho vigor y agilidad, de un instinto cruel y sanguinario: la carne y la sangre de que se alimentan deben el origen de estas cualidades. Los herbvoros, adems de carecer de armas ofensivas, son pacficos y tmidos; propenden la vida social; pacen juntos la rica alfombra de los valles y colinas, almacenan en comn los frutos de su economa y de su prudente actividad como lo ejecutan y debiera imitarles el Hombre, las especies frugvoras de las Ratas, los Murcilagos volantes, Turones, Lirones y Marmotas, cuya alimentacin poco sustanciosa los hace menos ardientes y animosos. Por el contrario, los carnvoros, dominantes y feroces, semejantes los tiranos, son insociables; aborrecen toda concurrencia; y apenas logra el amor reunir los sexos por algunos instantes. Como no encuentran una presa fcil cada da, y necesitan atacarla con violencia, alcanzarla en la carrera sorprenderla con artificio, soportan el hambre mejor que los herbvoros, cuyo alimento siempre est preparado Pueden pasar sin comer muchas semanas; pero cuando el hambre les aqueja se aumenta mucho su audacia. Y en tales casos el Lobo intrpido, desesperado y rabioso, fuerza en medio del dia el recinto de los establos hasta al Hombre acomete, y destrozndole, venga en su sangre las injurias que su especie hace la nuestra. Mas cuando halla abundante alimento se sacia para muchos dias, y aun oculta bajo de tierra algn resto, previendo el hambre que podr acosarle despus.

El hbito de alimentarse con carne, la sed de sangre y matanzas comunican las pasiones de los carnvoros una sensibilidad y ferocidad de alma, que tambin se nota en los hombres que habitualmente se ocupan en degollar animales: al contrario, la vida

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Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Estando entre lobos tienes que aullar como ellos. Gurdjieff



 

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