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Mamiferos. Carniceros. Consideraciones Generales. 223





ellos el mismo estrago que hace ahora el consumo; el nmero de estos animales no se aumentara, y se disminuira el de los que se alimentan con ellos; y pudiendo decirse lo mismo de todas las dems especies, resulta ser necesario que las unas vivan espensas de las otras; y por consiguiente, que la muerte violenta de los animales es un uso legtimo inocente, pues se funda en la misma naturaleza, y ellos no nacen sino con esta condicin.

Esto, por lo que hace en general los animales carniceros. Por lo que respecta al Hombre, en lo que tiene de tal, no son menos fuertes y justos los motivos que le impulsan alimentarse de carnes; y que se oponen considerar la dieta pitagrica como la mas natural su estado y condicin. Oigamos Buffon:

La dieta pitagrica, tan decantada por los filsofos antiguos y modernos, y aun recomendada por algunos mdicos, nunca ha sido indicada por la naturaleza. En la primera edad, en el siglo de oro, el Hombre, inocente como la paloma, no comia mas que bellotas, ni conocia mas bebida que el agua: encontrando en todas partes su subsistencia, vivia sin inquietud, independiente y siempre en paz consigo mismo y con los animales. Pero luego que olvidando su nobleza, sacrific su libertad por unirse con otros hombres, la guerra, la edad de hierro sucedieron la dorada paz: la crueldad, la aficin la carne y la sangre fueron los primeros frutos de una naturaleza depravada, que las costumbres y las artes acabaron de corromper.

He aqu lo que en todos tiempos han improperado al Hombre en sociedad ciertos filsofos austeros, salvajes por temperamento, los cuales, realzando su orgullo particular con la humillacin de toda la especie, hicieron aquella pintura en que no hay mas mrito que el contraste, y quiz el de que veces conviene presentar al Hombre felicidades quimricas.

Por ventura ha existido nunca este estado ideal de inocencia, de suma templanza, de abstinencia total de carnes, de tranquilidad perfecta, de paz profunda? Y no es mas bien todo esto un aplogo, una fbula en que se introduce al Hombre en lugar de otro animal para darnos lecciones ejemplos? Se puede, ni aun suponer, que hubiese virtudes antes de la sociedad, ni persuadirse de que la prdida de aquel estado salvaje merece ser llorada, y que el Hombre, animal feroz, fuese mas digno de aprecio que el Hombre ciudadano civilizado? S, me dirn, porque todas nuestras miserias provienen de la sociedad, y nada importa que en el estado de naturaleza no hubiese virtudes si habia felicidades, y si el Hombre en aquel estado era menos infeliz de lo que es ahora. La libertad, la salud, la fuerza no son preferibles al regalo, la sensualidad y aun al deleite, acompaados d la esclavitud? En la privacin de las penas queda compensado el uso de los placeres, y para ser feliz basta no desear nada.

Si esto es as, digamos tambin que es cosa mas dulce vejetar que vivir: no apetecer nada que satisfacer el apetito: dormir con un sueo aptico, que abrir los ojos para ver y sentir: consintamos en tener nuestra alma en profundo letargo, y nuestro entendimiento en tinieblas, y convengamos en no servirnos nunca de este ni de aquella; en hacernos inferiores los brutos, y en no ser finalmente mas que unas masas de materia tosca asidas la tierra.
Pero en vez de disputar, examinemos y despus de haber alegado razones, propongamos hechos. Tenemos la vista, no el estado ideal, sino el estado real de la naturaleza El salvaje que habita en los desiertos vive tranquilo? Es hombre feliz? Pues no debemos suponer con cierto filsofo, uno de los mas implacables censores de nuestra humanidad que hay mayor distancia del Hombre en el estado de pura naturaleza al salvaje, que del salvaje nosotros, y que pasaron mas siglos para llegar la invencin del arte de hablar, que han pasado para perfeccionar los signos y las lenguas, porque entiendo que cuando se quiere discurrir sobre hechos, se deben desechar las suposiciones, imponerse la ley de no acudir ellas hasta haber apurado todo lo que la naturaleza nos presenta. Vemos, pues, que se va descendiendo por grados imperceptibles desde las naciones mas instruidas y cultas los pueblos menos industriosos: de estos otros mas rudos, pero todava sujetos reyes y leyes; y de estos hombres rudos los salvajes, los cuales no todos son parecidos, encontrndose entre ellos tantas diferencias como entre los pueblos civilizados: que unos forman naciones bastante numerosas, sujetas jefes: que otros, cuya sociedad es menos numerosa, solo se gobiernan por ciertos usos; y que en fin, los mas solitarios independientes no dejan de formar familias y de estar sujetos sus padres. Un monarca, un jefe, una familia, un padre, he aqu los dos extremos de la sociedad; estos extremos son tambin los lmites de la naturaleza; si estos tuviesen mas extensin, sin duda, recorriendo todas las soledades del globo, se hubieran encontrado animales humanos privados del habla, sordos la voz y los signos, dispersos los varones y las hembras, abandonados los hijos, etc. Me atrevo decir que, menos de pretender que la constitucin del cuerpo humano fuese enteramente distinta de lo que es ahora, y que su incremento fuese mucho mas pronto, no es posible sostener que el Hombre haya existido jams sin formar familias, pues los hijos pereceran si no fuesen socorridos y cuidados por espacio de algunos aos, en vez de que los animales recien nacidos no tienen necesidad de su madre sino por algunos meses. As, pues, sola esta necesidad fsica basta para demostrar que la especie humana no ha podido durar y multiplicarse sino con el auxilio de la sociedad, y que la unin de los padres y madres con los hijos es natural, puesto, que es necesaria. En efecto, esta unin no puede menos de producir un apoyo mutuo y durable entre, los padres y el hijo; y esto solo basta tambin para que se acostumbren entre s ciertos gestos, signos y sonidos, en una palabra, todas las espresiones del sentimiento y de la necesidad; lo cual tambin consta por los hechos, pues los salvajes mas solitarios tienen, como los dems hombres, el uso de los signos y de la palabra.

n efecto, el estado de pura naturaleza es un estado conocido, es el del salvaje que vive en los desiertos, pero que vive en familia, que conoce sus hijos, que es conocido de ellos, que usa d la palabra y se da entender. La muchacha y el hombre salvajes, encontrada aquella en los bosques de Champaa, y este en las selvas de Hannover, no prueban lo contrario: ambos habian vivido en una soledad absoluta; y por consiguiente no podan tener idea alguna de sociedad, ni uso ninguno de los signos de la palabra; pero solo con que se hubiesen encontrado, la inclinacin natural los hubiera arrastrado; el placer los habra reunido; aficionados uno otro, en breve se hubieran dado entender; desde luego hubieran hablado entre s el idioma del amor, y despus el de la ternura entre s mismos y con sus hijos. Adems, estos dos salvajes nacieron de hombres en sociedad, y sin duda habian sido abandonados en los bosques, no en su primera edad, porque hubieran perecido, sino de cinco seis aos; en una palabra, de una edad en que tenian ya bastante fuerza corporal para procurrse la subsistencia; pero todava una razn demasiado dbil para conservar las ideas que se les hubiesen comunicado. Examinemos pues, este Hombre en el estado de

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Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
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