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Primitivos Aragoneses. Exposicion en Madrid de pintura medieval aragonesa. 1957. Aragón

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Hoy me he levantado con ganas de ser un Cabecita Loca


Primitivos aragoneses. 1. Portada
Portada de Primitivos aragoneses.

PROLOGO

Jos Camon Aznar

LA EXPOSICIN DE PRIMITIVOS ARAGONESES es una muestra- con grandes ausencias, naturales, teniendo en cuenta la dificultad y graves riesgos de la traslacin de paneles y retablos- de la pintura medieval en esa regin. Pintura de una enorme personalidad y de una reciedumbre representativa, a la cual se sacrifican, singularmente en la segunda mitad del siglo XV, otros valores esencialmente estticos. La preocupacin, por otra parte ya superada, de atomizar la pintura medieval en irreductibles focos regionales, ha impedido la valoracin exacta de los maestros cuatrocentistas. Unas pueriles pugnas comarcales han exaltado o desvalorizad a los artistas segn su descripcin a determinadas tierras.

Cada vez que nos parece que existe una mayor unidad entre los pintores del reino de Aragn. Y solo viendo a este reino como una unidad total ser posible explicar los procesos estilsticos. Y es en la plenitud artstica y aun poltica del reino de Aragn en donde podemos encontrar la explicacin de artistas como el Maestro de Solives, como el primer Huguet, como Pedro Garca de Benaberre, Como Martn de Soria y, en definitiva, como el mismo Bartolom Bermejo. La pintura aragonesa quiz represente un estado mas provincial que la catalana y la valenciana, pero en ella encuentran tambin su ms extremosa e ingenua aplicacin las premisas estticas de la pintura cuatrocetista del reino de Aragn.

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Primitivos aragoneses.

Como en las restantes escuelas espaolas se puede advertir en la aragonesa una gran diferencia estilstica entre el arte del gtico internacional y el que despus gira en la rbita flamenca. Quiz la misma ingenuidad, tan fresca, y alerta siempre, que constituye el fondo de esta escuela, contribuye a agudizar los caracteres de refinamiento, de delicias rtmicas y de delgadez emotiva de la pintura aragonesa de comienzos del siglo XV. Una de las constantes de estos primitivos consiste en llevar a sus ltimas consecuencias todos los planteamientos de la inspiracin. Y en ese estilo modulado por recuerdos de Siena y de la miniatura francesa, ha alcanzado la pintura aragonesa una de las expresiones ms apuradas. Aqu tenemos como muestra de ese tan potico momento una Adoracin de Los magos procedente de Daroca. En ella se transparenta ese lirismo que busca expresiones dulces y entregadas, flexiones de tallo unas lneas de curvada gracia en los pliegues de los mantos. A este ciclo pertenece la deliciosa santa catalina, en la cual esas seducciones dentro del ciclo de Levi se mezclan con influjos valencianos y producen obras tan intensas como esta tabla, que se puede fechar hacia 1430. y dentro de ese mismo espritu, aunque quiz con una mayor influencia valenciana, se encuentra la virgen de la misericordia, del mismo palacio episcopal de Teruel, obra en la cual una mayor dramatismo, un sentido mas original de los escorzos y una mayor preocupacin por el carcter y por la energa de la expresin, elimina todo resto de manierismo internacional. Se puede fechar hacia 1450 por Gudiol se ha consignado como obra de un pintor al que califica de << Maestro de Teruel >>. El influjo expresionista germnico de Marcel de Sax es indudable. Una coronacin de la Virgen de este maestro se encuentra en el Museo Lzaro.

Esta escuela del gtico internacional alcanza en Aragn sus expresiones ms refinadas y finales. Contina la tradicin de los Serra, con obras tan similares a las de Jaime y pedro, como el retablo de Longares. Adems el autor del retablo del Monasterio de Piedra hay tres maestros que condensan las mejores calidades de este estilo en nuestra regin. El mas personal y fragante de estos pintores del estilo internacional es Juan de Lev, cuyas obras conocidas, como los retablos de Tarazona, de Daroca, y otro no seguro, pero si dentro de su crculo, en Tudela, nos revelan a un pintor de delicadeza extremada, de floreal y deleitada caligrafa en pliegues y cabellos, con una fuerte coloracin. El otro es el Maestro de Retascn, extraa personalidad que deforma las figuras, las estiliza y alarga, para adaptarlas a la ms inefable elegancia.
Un cierto patetismo refuerza la agudeza expresiva. Y el tercer gran pintor de este estilo es el Maestro de Arguis, en cuyo retablo del Museo del Prado se unen estos refinamientos una opulencia en los trajes y una amanerada afectacin en las actitudes.

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Primitivos aragoneses.

Una de las obras culminantes de esta Exposicin, es el retablo de la Coronacin de la Virgen, de la catedral de Huesca, firmado por Pedro Zuera. Existen noticias de el desde 1430 a 1468, aunque dado lo avanzado de estas fechas supone Gudiol- y esta obra lo confirma- que se trata de algn descendiente de su mismo nombre.

Este retablo es de una gran belleza arcaizante. La tabla central, con la coronacin de la virgen, pudiera ser de hacia 1410. en ella se recoge el suave lirismo, la delicada feminidad del arte internacional. A los lados los paneles con santos se hallan dispuestos en rgido paralelismo en dos filas frontales, con una ordenacin de repetida simetra. Composicin que recuerda pinturas murales del siglo XIV. La coloracin es muy tierna. Y las expresiones sin rigor y de beata placidez en montona sucesin.

Ya fue calificado por Tormo, como Maestro del Prelado Mur, al autor de los dos hermosos paneles aqu expuestos y procedentes del palacio arzobispal de Zaragoza. Dos parejas. San Lorenzo y san Valero, santa Tecla y san Martn- se disponen en feliz juego de actitudes a la manera de sacras conversaciones. Su tica. En paralelismo reafirma el vigor y la solemnidad con que se exponen a la adoracin de los fieles. A la manera de grandes iconos, as aparecen con los ornamentos en fuerte realce de oro en las aureolas, en los smbolos de la jerarqua o del martirio. Esta presencia tan desvelada, esa fuerte concrecin de los rostros y de las fisonomas, se impregna de poesa, con el tema de los cipreses asomando tras la crestera gtica. En medio de esta prestancia un poco hiertica que caracteriza a este maestro, resalta tambin un gran humanismo en las figuras, una visin muy normal y cercana de los tipos iconsticos. Se ha englobado bajo el nombre primero del llamado del maestro del prelado Mur y despus maestro de Lanaja, el conjunto de obras que representan en unos casos la transicin al nuevo estilo flamenquizante y en otros la incorporacin ya, sin reservas, a la nueva estilstica. Nosotros creemos que hay que recordar esta etapa de la pintura aragonesa y buscar una solucin menos simple y compendiosa que la dada hasta ahora. Las fechas- entre 1431 y 1463- en que se mueve este arte de don Dalmau de Mur son las ms crticas De nuestro siglo xv y hay en ellas en todas las escuelas regionales actitudes encontradas entre los que siguen la tradicin y los que se adaptan al nuevo estilo. Y esto ocurre tambin en Aragn.

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Primitivos aragoneses.

Ser el llamado maestro de Lanaja un Blasco de Gran, segn hiptesis de Gudiol, documentado en Zaragoza de 1415 a 1439 y cuya fama debi ser tan grande que en un documento se le llama pintor del rey de Navarra? La fecha primera nos parece corresponde no al maestro tpico de la sobras de don Dalmau, sino a otros que estuviera dentro del estilo << internacional >>. En este grupo de obras hay que distinguir, al menos, dos maestros diferentes a uno de ellos corresponder el sarcfago de Isabel de Aragn, fechando en 1934, la coronacin de la virgen, del museo de artes decorativas de Pars, y el polptico de Belchite, fechado en 1439 y destruido por la revolucin. La gran semejanza de este grupo de obras con el retablo de Embid de la Ribera, fechado en 1437 y obre de pascual de Ortoneda hacen suponer que sea este maestro el autor de este conjunto y bajo de su nombre colocamos este ciclo artstico que representa una transicin del estilo << internacional >> al hispano-flamenco.

Hay, todava, en estas formas, unas dulces cadencias de la tradicin que proceden de la generacin anterior, un sentido musical de las actitudes flexionadas por amplios ritmos, y unos plegados que se desarrollan en onduladas curvaturas. Este pascual pudo ser hermano de Matero Ortoneda, maestro que en el primer cuarto de siglo xv en Tarragona.

Podr ser el pintor del otro grupo mas avanzado de obras un Jaime Romeu, como sugiere Post, que en est poca vino a Aragn desde Catalua, teniendo en cuenta las semejanzas entre esta fase de la pintura aragonesa y la catalana) creemos que el hombre al cual deben adscribirse una parte de las obras atribudas al Maestro de Don Dalmau de Mur es el famosos Toms Giner, que tantas hiptesis ha suscitado. Las obras que constituyen el grupo que se pueden colocar bajo su nombre son las siguientes: el retablo de la Epifana de la Colegiata de Calatayud, cuya tabla central, al menos debi servir de modelo para el clebre retablo de Huguet, llamado del condestable, de anloga iconografa. La virgen que, procedente de Albacete del Arzobispo, se encuentra en el Museo de Zaragoza: las tablas del palacio arzobispal aqu expuestas; la de San Vicente, del Museo del Prado; las de san Fabin y san Sebastin, del museo Lzaro, y en el San Lorenzo, de Magalln, obra documentada de Toms Giner, junto a la parte a el correspondiente en el retablo de Erla, nos dan la clave para la adscripcin de este conjunto a su hombre. Hay en estas obras una cierta solemnidad oriental, con figuras rgidas y frontales que impresionan por la violencia de los brocados suntuosos, recamados de oro y con esos fondos que estallan en flgidos destellos. Estas suntuosas vestiduras litrgicas Caen rectas, pero las albas se pliegas ya en ngulos de estirpe nrdica. Por otra parte, la documentacin que conocemos de Toms Giner nos lleva de 1466 a 1468- contratos para Erla en 1466, para Alfajarn en 1467, para san Juan y san Pedro en 1468- fechas que coinciden perfectamente con el estilo de esas obras.
Incorporaremos a este momento la tabla de San Huberto, que representa una corriente mas lrica, con predominio de lo lneal y cuyas consecuencias las encontramos en el Huguet de poca aragonesa y en Martn de Soria.

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Primitivos aragoneses.

El gran panel con el tema de la Adoracin de la santa cruz es una bella muestra de uno de los retablos ms hermosos de toda la Edad Media espaola; el de Blesa, actualmente en el Museo de Zaragoza, obra de los pintores Miguel Jimnez y Martn Bernat, encargado en 1468, muy documentado se halla este retablo por Serrano Sanz, el sabio maestro que tanto ha contribuido a detallar las biografas de los dos autores de este soberbio conjunto. La colaboracin entre Bernat y Jimnez comienza en 1482. Estos dos maestros aparecen centrando el inters de la pintura y aun de otras actividades artsticas en Aragn en los finales del siglo XV. Por los documentos relacionados con ellos, desfilan Bartolom Bermejo, el gran impresor Hurus- tambin llamado pablo de constancia- Hernando del Rincn, el pintor castellano, y el gran escultor Gil de Morlanes.

Estos artistas representan un sentido esttico, peculiar en la pintura Aragonesa de este momento. Es la visin plstica, la fuerza rotunda de los volmenes, la claridad absoluta y relevante de las formas aun a costa de efluvios que velen las crudezas del modelado.
El exponente de esta actitud esttica es Bartolom Bermejo, a quien tendremos que considerar ms que como promotor, como sumergido en ese gusto por las formas netas y corpreas tpico del arte aragons del ltimo tercio del siglo XV. Post analiza las personalidades, de Bernat y Jimnez, y no duda en considerar a este como el genio mas fuerte y autor de algunas obras encargadas a los dos, entre las que se encuentra el retablo de Blesa. En todo l hay, efectivamente, una gran unidad. Una gran semejanza con el mejor Bermejo se advierte aqu. Hay una obsesin por pintar las cabezas con una seca energa de modelado, que las resalta precisas y concretas. Todas ellas se imponen por la franca energa de sus rasgos. En los paos la influencia nrdica se advierte con mayor claridad. Los pliegues son rotos en multiplicadas angulosidades, en unas quebraduras tan abundosas que recuerdan el arte alemn. Sin embargo, los reflejos mayores son los de Roger van der Weyden. Los colores son suntuosos, de gran fuerza y valenta cromtica. La mayor remuneracin que por su trabajo recibe Jimnez es tambin dato esgrimido por Post para reafirmarse en la atribucin de este maestro.
Como el discpulo mas excntrico y temperamental de Huguet es definido por Post el maestro de Morata de Jiloca, autor del retablo.

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Primitivos aragoneses.

De los corporales, de Daroca, del cual se exponen aqu dos paneles. Este maestro, cuyo nombre deriva del retablo de la Ermita de la Vera Cruz, en Morata de Jiloca, agudiza el patetismo dando a los rostros unos rasos que les deforman y caricaturizan las expresiones. Se le ha considerado como una naturaleza neurtica cercana al Greco por la turbadora extremosidad de sus rictus. Sus facies parecen, a veces, paranoicas y estilsticamente esta cercano por la violencia de sus caracteres al arte germnico. De este maestro se exponen aqu dos paneles de un retablo, repintado y descompuesto y que ya fue estudiado por Gabr. El ms importante es el que representa a D. Fernando el catlico con su hijo. D. Juan, como donantes. Bajo unas conchas ya renacientes y sobre unos aos de oro, el Rey catlico aparece arrodillado, con una faz algo mas redondeada que en los retratos habituales de este monarca. Esta obra se puede fechar hacia 1494.
Una de las personalidad mas conocidas de la pintura aragonesa es Jaime Lana, del cual Serrano Sanz public bastantes noticias que se extienden desde 1490 a 1515. Quiz pertenezcan las dos tablas aqu expuestas a un retablo pintado en 1492 para el Santuario de Misericordia, junto a Borja. En estos paneles se pueden advertir la calidad spera, la predileccin por las cabezas de carcter, el predominio de los primeros planos, que imponen una tan cruda presencia de las formas. Sus figuras- que muestran ecos del pintor cataln solives, que tanto trabaj en aragn- son de intensa caracterizacin. Cabezas concentradas y varoniles, cuyo humanismo se exalta por los grandes oros en fastuoso realce que dan a estas tablas un deslumbrador aspecto decorativo.
El panel de san Fabin y san Sebastin se atribuye a Miguel del Rey. Este maestro, al que conocemos por un retablo firmado en la iglesia de las santas Justa y Rufina, de Maluenda, estuvo relacionado con valencia, y alguna influencia del arte de esa regin se advierte en esta obra. Se relaciona con el maestro de Lanaja, pero es mas dbil y de formas mas redondeadas.

Procedente de la iglesia de San Pablo, y ahora en el museo de Zaragoza, se expone aqu el trptico con santa Catalina, san Juan y san Martn en el centro. El manto rojo de los santos, la ruda energa con que estn modelados, la clara firmeza del dibujo, la impresin tan directa y cercana de los volmenes, hace de esta obra una de las mas tpicas del arte aragons. Su autor es Miguel Jimnez, y segn su documentacin, anterior a 1505, por ella podemos conocer el estilo tan seguro y cerrado, de varonil persecucin del carcter y de un goticismo cercano al renacimiento y que permite colocar a su autor, como el paralelo en Aragn de Pedro Berruguete.

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Primitivos aragoneses.

Al Ateneo de Madrid agradece a la institucin Fernando el catlico de Zaragoza su valiosa colaboracin, y muy especialmente a los seores. D. Fernando Solano, director; D. Federico Torralba, jefe de la seccin de arte; D. Antonio Beltrn, diputado- delegado y jefe de defensa del patrimonio artstico, y D. Antonio Montalvo, secretario.
El Ateneo de Madrid testimonia tambin su agradecimiento al Exemo y Rvdmo. Seor arzobispo, Sr. den del Exemo. Gabildo de la catedral del salvador. Sr. d. Joaqun Albareda, director del museo provincial. Y sr. d. Enrique Aub, de Zaragoza; al excmo, y Rvdm. Sr. obispo y cabildo de Huesca; al excmo y Rvdmo. Sr. obispo de Teruel; al Sr. prroco de la colegiata de Daroca, y al Sr. prroco de Santa Mara de Borja, que al permitir amablemente el traslado de las tablas, han hecho posible esta exposicin.

CATALOGO

LA PINTURA MEDIEVAL ARAGONESA era prcticamente desconocida hace cincuenta aos, y aun entonces solo tmidamente empez a desglosarse de la puramente mediterrnea; la cantidad de material llegado hasta nosotros, conocido primero por las obras pintadas sobre tabla, y luego, cada vez en mayor cuanta, por lo mural, ha planteado muchos problemas y reclamando atencin y estudio.
Pero tenemos que reconocer que si ese conjunto de obras nos ha proporcionado el conocimiento de autnticas personalidades, tambin hay que aceptar que la aragonesa es una escuela provincial; esto es, agregada o mejor, segregada, de otras escuelas y personalidades. Consiste, pues, mas en un matiz que en un color.

Carcter fundamental de la pintura aragonesa de la Edad Media es una fuerza, un vigor, una vitalidad tumultuosa, que casi llega, en ciertos momentos, a barranquismo, rellenando superficies, acumulando arabescos lineales, recubriendo de ornamentacin y estucos los espacios vacos. Un afn de vida y expresin acentan los rasgos de carcter, llegando a veces a lo nervioso y casi a la caricaturesco, o al endurecimiento y angulosidad de los rostros, un poco al modo germnico. Un afn de vigor y rotundidez lleva al dibujo duro, incisivo, sea ondulante, sea anguloso. Un afn de solidez, de consistencia de la materia nos da esa densidad, casi maciza pesadez, de las figuras de un Bernat, que tambin encontramos- es importante anotarlo- en las esculturas de un Forment.
Un afn de riqueza y suntuosidad lleva al uso y profusin, tan tpicamente aragoneses, de los estucos dorados aplicados enriquecimiento del icono, que transforma as, en su arranque, en pieza de orfebrera, en joya, subrayando tradicional de nuestro arte. Estos estucos llegan a ser copiosos y sustanciosos a la obra como puede verse en la tabla nmero 15, que nos recuerdan los iconos rusos, recubiertos por placas de metal repujado, dejando solo al descubierto los rostros de las imgenes. Pero, insisto, el camino se le fue marcando a la pintura de la regin aragonesa desde fuera; por lo dems era lgico que as fuese en una poca internacional.- por el fuerte lazo religioso precisamente- como es la Edad Media: primero, el estilo italo-gtico de los Serra y el internacional, mas tarde, Huguet y luego, Bermejo, son ejemplo de lo forastero que imprime huella.

Dejando aparte los frontales romnicos y los procedentes miniatursticos, no veo mas que como halagadora y optimista hiptesis de la Gudiol, de creer aragons al Maestro de Tahul; el propio Maestro de Sigena es, simplemente, un maestro internacional venido de fuera, pero tuvo seguidores en el siglo XIII, los cuales llevan a una transformacin de estilo que, iniciada en Bierge y Uncastillo, llega a Foces- terminado en el siglo XIV-, constituyendo el gtico lineal de Barluenga, Liesa, Sos, Huesca, Castillo de Alcaiz. Artesonado de la catedral de Teruel y sobre todo, los grandes << retablos murales>> de Daroca.

El estilo italo-gtico comienza con Destorrents, que pint el retablo de la Aljafera y los Serra, que producen varias obras para Aragn y de cuyo ncleo sale un artista interesantsimo que ejecuta una obra capital: el tpico del Monasterio de Piedra, hoy en la Academia de la Historia de Madrid; de la misma mano son, seguramente, las figuras del techo del castillo de Mesones de Isuela (Zaragoza) el estilo internacional tiene lgica unidad, pero puede matizarse hasta cuatro grupos, segn Gudiol. Uno, centrado por Juan de Lev y sus seguidores, Arnaldin, Nicols Solana y el Maestro de Torralba; el segundo grupo es mas valenciano y en el se integran el Maestro Jacobo y los Maestros de Retascn, Lanaga y Teruel; el tercero- grupo que yo no veo demasiado claro-, constituido por Bonanat Zaortija, Miguel del Rey y el llamado Maestro de Lanaja, y cuatro, el oscense con Pedro Zuera y el Maesto de Argis.

JUAN DE LEVI. Es pintor documentado en Zaragoza de 1402 y 1407; pero su obra artstica debi de comenzar en el siglo XIV; su obra maestra es el gran retablo triple de la capilla de los Calvillo, en la Catedral de Tarazona, que hubo de hacerse despus de 1392 y antes de 1404, su estilo es muy original y elegante, pintoresco y vivo, rico y refinado de color, con extraas inspiraciones, de un todo txico, casi oriental.

BENITO ARNALDIN. Ofrece parecido notable en su estilo con Levi. Es el autor de San Martn (en Torralba de Ribota) y del de Santa Quiteria, en la coleccin Mateu, de Barcelona. Con el ncleo pictrico de estos artistas puede ligarse seguramente la tabla siguiente:

1. Santa Catalina. Tabla, 1,35 x 1,35 metros. Palacio episcopal de Teruel. Esta la santa en pie, vestida con tnica de brocado de oro y manto rojo. La palma del martirio, en la mano izquierda, y la derecha, apoyada en la rueda de cuchillos ( vista en incorrecto escorzo), al lado suyo, y a sus pies hay, colocada curiosamente, una figura de rey en tamao menor que el de Santa Catalina. Bela de lnea y estilizacin de refinada elegancia, ofrece posibles contactos con el crculo de LEV y las obras que hay en Daroca de tal ciclo. Espantosos repintes y reinvindicaciones, incluso empleo de purpurina. Lo mismo ocurre con otra semejante representado a san Miguel, que debi de ser su compaera de retablo, conservada en el mismo lugar que esta tabla. Queda en parte la mazonera de encuadre antigua, pero embadurnada con pintura moderna oscura.
Quizs valiese la pena intentar el descubrimiento y reconstruccin de la pintura.

MAESTRO DE LANGA. Denominacin dada por Post. Colaboraba con el maestro de Retascn en el retablo de la iglesia de dicho pueblo. El nombre se le da por un retablo dedicado a San Pedro, de langa del castillo. De el parecer ser una virgen de la coleccin Bauz y varias tablas de la Colegiata de Daroca. Sus composiciones son, en general, simples y tiene elegancia caligrfica y pictrica.

2. adoracin de los santos reyes. Temple al huevo sobre tabla, o,93 x 0,76. iglesia colegial de Daroca. Seguramente parte del retablo- desmontado y perdidas algunas de sus tablas- llamado por unos de San Gil, por otros de san Martn de Tours, dentro del estilo internacional, Gudiol la da como obra del maestro de Langa. Conserva parte de la mazonera gtica, y ha sido recortada por el lado izquierdo. Iconografa tradicional: Mara sentada sobre estrado; fondo arquitectnico y curiosa embocadura, como de chamizo en forma de arco, para encuadrar la escena. Colorido grato, en que destacan los tonos rosados con singular gracia; finamente trabajados los rostros, en especial el de Mara, e intento expresivo e interesante el de Jos, que parece haber sido hecho con intencin psicolgica. Preocupacin por los ritmos compositivos que se acusan en la disposicin de bustos y cabezas.

MAESTRO DE TERUEL. Denominacin dada por Gudiol a un pintor cuya obra clave es la aqu expuesta; artista de fantasa y lirismo desbordante, en que hay indudable influencia germnica, seguramente llegada por la va valenciana de Marcel de Sax.

3. virgen de la misericordia. Temple al huevo sobre tabla, 1, 131 x 0,925, palacio episcopal de Teruel. Iconografa curiossima. La virgen mara, de pie, en el centro, vestida con tnica azul y manto del mismo color con vueltas rojas, y llevando una originalsima corona de orfebrera y perlas, cobija un nutrido conjunto de figuritas: un papa, un cardenal, rey, reina, religiosos y seglares. Don ngeles alzan el manto y mara acciona y mira hacia lo alto, como dialogando con cristo, que aparece en el ngulo superior izquierdo, acompaado por dos ngeles, los cuales le van dando dardos que el dispara contra las figuras que representan los pecados capitales, curiosamente colocados en los << aposentos>>, a modo de torres, que flanquean a ambos lados la composicin, encuadrndola. El fondo, dorado. Restauraciones y repintes toscos y lamentables; el oro, incluso, ha sido cubierto de color, y en compensacin se han dado toques de purpurina. Colorido vario, vivo y bello, en que diversos tonos de rojo hacen refinadas sinfonas en torno a la oscura indumentaria de Maria; dibujo muy movido, con pintoresquismos que contrastan con rasgos y ritmos elegantes; incluso, a veces, aun artificiosos. Seguramente, clara influencia francesa; hasta hay un posible tono miniaturstico en conjunto y detalle. Esta obra es el cierre solemne del estilo tpicamente internacional.

PEDRO ZUERA. Aragons, seguramente, y tal vez natural de Huesca, en opinin de Del Arco. Conocido por su firma en el retablo expuesto y por abundantes referencias documentales, que van de 1430 a 1468; quiz no todas se refieren a l, sino alguna a un hijo o pariente del mismo nombre. Es autor de categora secundara, con una cierta tendencia a la sequedad y esquematismo.

4.- Pedro Zuera. Retablo de la coronacin de la virgen mara. Temple al huevo sobre tabla, 1,720 x 1,520. predella: 1,615 x 0,440. Catedral de Huesca. Esta constituido por seis tablas, mas la predella, con otras cinco; conserva la mazonera gtica y la parte alta del guardapolvo. La tabla central de la predella lleva un seor de piedad, sostenido por un ngel y flanqueado por mara y san Juan; las otras cuatro tablas representan a san miguel, san Lucas, san marcos y san Juan; las cuatro de los lados forman una gloria de santos, mrtires y apstoles; la calle central sobresale en altura, segn es habitual en los retablos de la poca, ostentando en lo alto una crucifixin, y en la tabla principal, la mayor del conjunto, la escena ritual, representada segn la tradicional iconografa: Jsus y mara estn sentados en un escao y aquel corona a su madre, detrs a cada lado, dos ngeles msicos, y en el centro, arriba, otro que lleva una filacteria donde se inscribe: << Asumpta est maria in celum>>.
A lo largo de la parte baja de la tabla va la firma: << aquest retaulo pint pere uera, pintor>> . Obra fina y un poco ingenua, pintoresquista, no exenta de tosquedades. El colorido es vario y abundante en contrastes, dentro de una clida entonacin general. Las teoras de santos de las tablas laterales tienen mucho carcter e ingenua severidad; la magdalena de la predella es una bellsima ilustracin, de aire muy personal- Post ve en este retablo un reflejo del estilo del maestro de Guimer, y del Arco lo supone de comienzos del siglo XV, pero no lo creo tan primitivo; mas justa es la amplia clasificacin de Gudiol: << primera mitad del siglo xv>> que lo da como << arcaizante>>. Hay algunos repintes.

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Primitivos aragoneses.

MAESTRO JACOBO. As llamado por su firma en una tabla representando a Santa Ursula (museo de Barcelona), que algunos creyeron Navarra, pero en general se acepta como aragonesa. Los ritmos y estilizacin, su composicin de conjunto, sensitivo y elegante. No esta documentado. Por algunos- solo algunos- rasgos podra acercarse a su estilo la tabla mas bella de la exposicin y puede presentarse como la culminacin de lo italianizante.

5. Santa Mrtir. Temple al huevo sobre tabla, 1,77x 1,04. Iglesia colegial de Daroca. Sobre un gran trono de mrmol, de estructura arquitectnica muy clsica y abundantemente ornamentado con elementos decorativos de tipo vegetal, esta sentada la santa, de cabellos rubios, coronada, llevando en su mano derecha la palma y con la izquierda un grueso volumen encuadernado en rojo; su elegantsima vestidura es de brocado de oro, con talle muy alto y el manto en que se envuelve, azul, con bandas ornamentales pintados, que son tres pequeas figuras de santos a cada lado y encima de cada una un rosetn cuatrifolio. La figura, su gesto, su indumentaria, son de una elegancia suprema. Hay gusto por los ritmos lineales curvos, suntuosidad y gran fantasa en todos los detalles. El colorido, rico y acordado, a excepcin del alterado azul del manto. La tabla esta muy destrozada, aunque no perdida.

BONANAT ZAORTIJA. Documentado en Zaragoza por lo menos desde 1403, parece ser el autor del san Agustn de la Seo de Zaragoza y del retablo de Egea. Gudiol le atribuye el del desposorio de la capilla Villaespesa, de la catedral de Tudela ( pintado antes de 1423). Su realismo tiene prolongacin en miguel del Rey y su decorativismo en el Maestro de Lanaja.

MIGUEL DEL REY. Firm el retablo de San Nicols en la iglesia de las Santa Justas y Rufina de Maluenda (Zaragoza).

Trabajo en torno a 1440, se creen obras suyas una virgen con el nio y angeles, del museo Lzaro Galdiano, el retablo de Sdaba y otro dedicado a la Magdalena, tambin en Maluenda. Es mejor ejecutante que inventor y le preocupa la composicin y la estructura de las cosas.

6. Miguel del rey. Santos Faban y Sebastian. Temple al huevo sobre tabla, 1,75 x 1,29, propiedad de D. Enrique Aub, Zaragoza. Los dos santos, en pie, San Fabin, a la izquierda, revestido, bendiciendo y llevando en la otra mano un libro y el instrumento de martirio. San Sebastin, lujosamente vestido, lleva en la mano izquierda arco y una espada y, en la derecha, con el gesto con que llevara la palma del martirio, la simblica flecha; calza espuelas. Pavimiento de azulejera, zcalo gris acerado, de muro y parte alta en oro con grabaduras. Hay estucos, en la forma habitual, en los nibos, joyas, bordados, etc. El dibujo y las formas son slidos y contundentes; el color, muy alterado y seguramente empobrecido, se valora con rojos pocos o nada matizados. La tabla est muy deteriorada y perdida, con profundas alteraciones de color seguramente y algunos repintes no muy sustantivos. La atribucin puede hacerse, con bastante seguridad, comparando con la tabla principal del retablo de San Nicols de Maluenda.

MAESTRO DE LANAJA. As llamado por Post. Representa la transicin del estilo internacional a las novedades que vinieron despus, bajo el influjo muy directo de lo cataln. Su preponderancia va, aproximadamente, desde 1425 hasta unos quince aos mas tarde. El nombre lo recibi por un retablo, dedicado a la vida de la virgen, en la parroquial de Lanaja (Huesca), casi completamente destruido en 1936 y cuyos restos estn en el museo de Zaragoza, junto a obras suyas, como la virgen de D. Dalmacio de Mur y el sarcfago de doa Isabel de Aragn. Hay la posibilidad de identificarlo con un blasco gran, documentado como residente en zaragoza de 1415 a 1439. su estilo es lrico, pero no exento de fuerza y emplea abundantemente el complemento suntuario de los estucos dorados.

6. BIS. Maestro de Lanaja. La virgen mara con ngeles y donante, llamada habitualmente virgen de mosn Espernandeu. Fachada en 1439, museo Lzaro Galdiano, Madrid. La virgen mara, coronada por cinco ngeles que cantan y taen instrumentos msicos; al pie, a la izquierda, el donante, lujosamente ataviado, descubierto y en el habitual gesto de oracin; al otro lado, un ngel tenante con las armas de Esperandeu; en el centro, un pergamino con la inscripcin, dedicatoria y fecha. Fondo dorado, grabado. Abundancia de estucos dorados en la forma habitual. Ejecucin delicada y elegante, bellos ritmos lineales. Buena conversacin. Procede de Tarazona, y el tipo se repite en varias tablas, de las cuales la mas monumental se conserva en el museo provincial de Zaragoza, la llamada << de D. Dalmacio de Mur>>; otra desapareci en la guerra. Segn Bertauz es la primera tabla con estucos dorados de que se tiene cronologa cierta.

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Primitivos aragoneses.

El segundo gran ncleo loo dio la influencia Huguet, que trabaj mucho en Aragn. De su circulo salen: Bernado de Ars, abundantemente documentado a mediados del siglo xv, autor del retablo de san Vicente de museo de Huesca; Martn de Soria, Pedro Garca de Benabarre y los que cito a continuacin:

TOMAS GINER. Asociado por escritura notarial, por tres aos a partir de 1466 a Arnaut de Castellnou, aunque la asociacin de hecho deba ser ya anterior de este Giner hay abudantes referencias documentales; Gudiol lo identifica con el que torno llam maestro del arzobispo Mur. Sin embargo, aunque se acepte provisionalmente la identificacin, no puedo ver como de un mismo autor de las tablas del palacio arzobispal de Zaragoza y la epifana de santa Mara de Calatayud que Gudiol da como obra tambin de Giner.

7. Toms Giner [] san martn, obispo de tours y santa tecla. Tabla, 1,640 x 1,105, palacio arzobispal de Zaragoza.
San martn, de pie, a la izquierda, revestido; en la mano izquierda lleva un libro abierto; en la derecha, los guantes, y con el antebrazo sostiene el bculo. En el pectoral, las armas de D. Dalmacio de Mur. Santa tecla, tambin de pie, a la derecha, coronada; tnica rosada con ruedo y bocamangas de armio, manto que lleva franja bordada con pedreras, verde, que recoge sobre el vientre con el antebrazo izquierdo, y con la misma mano sostiene la palma del martirio; con la otra muestra la T con el mismo gesto con que ofrecera una flor. Pavimento de azulejera. Muro de fondo forrado por tela roja, rematado con crestera gtica y, detrs, fondo de oro con grabado ornamentales, que ahora se ofrece recubierto de una capa, moderna, de color grisseo. Abunda la aplicacin de estuco dorado en la forma habitual en esta clase de pinturas. Ejecucin fina, incisiva, un poco seca, monumentalidad. Contraste el rostro arquetpico de la santa y el realismo un poco tpico del de san martn (retrato del propio D. Dalmacio?). rehechos los ropajes, la tela del fondo, y, como ya se ha dicho, el <<cielo>> de oro. Hace pareja con el nmero 8; se ha formulado la hiptesis de que estas dos tablas formaban parte de un retablo con predella de alabastro, conservada hoy en el metropolitan museum de new york. Pero tambin podra pensarse en dos retablos pequeos, de oratorio.

8. Toms Giner [] San Valero, obispo de Zaragoza y San Lorenzo. Tabla 1,690 x 1,105, palacio arzobispal de Zaragoza. Los dos santos, en pie. San Valero, revestido, bendice con la mano derecha y lleva el bculo con la izquierda; en las franjas de la capa se imita un bordado historiado, con representaciones de San Pedro, San Roque, San Antonio Abad, San Pablo - dos veces- y en el broche, seor de piedad. San Lorenzo, de dicono, con un misal cerrado y la parrilla. Pavimento de azulejera; muro bajo rematado en crestera y por encima del cual sobresalen las copas cimbreantes, como movidas por el viento- nota naturalista bien zaragozana- de cuatro cipreses destacando sobre el fondo; ahora bien, este fondo era dorado y grabado, pero ahora va recubriendo por una capa de pintura azul, que quiere hacer funcin de cielo, pues incluso se insinan unas nubes. Los cipreses fueron pintados tambin en el momento de ese embadurnamiento, pues se presupone a trechos a la ornamentacin grabada. Abundantes aplicaciones de estuco dorado, sobre todo en la dalmtica de San Lorenzo y en su parrilla. Ejecucin firme, menos incisiva quizs que en la otra menos empaque y posiblemente mas lirismo. Muy repintados los ropajes.

ARNAUT DE CASTELLNOU. Colaborador de Toms Giner en el retablo de Erla, probablemente, y mas espontneo que l: muy similar en estilo y tcnica al Huguet juvenil.

9. Arnaut de Castellnou [] San Huberto. Temple sobre tabla. 1,67 x 0,64 metros. Iglesia colegial de Daroca. Tabla divida en dos zonas superpuestas: la inferior- principal- con la efigie titular, que est en pie, con la pierna izquierda ligeramente flexionada y llevando en la mano del mismo lado, enguantada, el halcn, al que seala con la otra: viste elegante traje de la poca en tojo y verde, con birrete y collar; a sus pies, sobre el pavimento de azulejera, dos perros; el fondo es un muro bajo, gris, ornamentado con paisaje de montes muy abstracto, pero todo en el centro esta ocupado- segn es frecuente por un pao de brocado negro y preparado que destaque la figura. En la zona alta, ante un amplio fondo de paisaje, aun con resabios italianos, un santo- San Juan?- ricamente vestido, con una capa de oro en la mano. El dibujo es intenso y fuerte, incorrecto a trechos, pero expositivo y de espontnea elegancia, ostensible en la figura de San Huberto, que recuerda, entre otras cosas, el tono de los santos Abdn y Senn de Huguet; su rostro- lo mejor- muy cuidado, expresivo y bien caracterizado. El color tiene nobleza y empaque, armonizando con gracia las varias tonalidades rojas, a las que se debe fundamentalmente toda la vida de esta pintura, pues los otros colores actan en sordina, para destacar el fundamental. Ritmos y contraposiciones compositivas muy acertados. El estuco dorado, empleado con mucha parsimonia. Bien conservada, pero algo sucia. Repintes.

JUAN DE LA ABADIA. Aparece domiciliado en Huesca entre 1437 y 1508. es artista influido por Huguet de estilo rotundo y fuerte, con un cierto carcter escultrico, y, en general, monumental, de evidente intensidad espiritual. Hay gran nmero de obras agrupadas bajo su nombre, conservadas en parte de Huesca y en Madrid.

Primitivos aragoneses. 12. imagen
Primitivos aragoneses.

9. BIS. San Lorenzo, mrtir. Museo Lzaro Galdiano, Madrid.
Bermejo es el centro del tercer grupo; trabaj mucho en Aragn y dej all escuela, abundante en pintores y en obras.

MARTIN BERNAT (1469-1497). Colaborador de Bartolom Bermejo y seguidor clarsimo del arte del maestro. Fue artista muy solicitado e importante y tenemos buen nmero de obras suyas, documentadas, realizadas individualmente, o en colaboracin. Una de sus obras ms importantes es el retablo de San Martn, en el museo de la colegiata de Daroca. Su estilo, fuerte, se resiente de dureza, y a veces, de tosquedad y formas un tanto pasadas y angulosas, a los cuales confiere, con caracterizaciones muy acentuadas, un tono de empaque y buscada majestad. Fuerza dramtica e, incluso, expresin psicolgica. Gudiol y Post difieren en la atribucin de obras a este maestro, pues el crudito cataln le atribuye las que el americano reuni con el nombre de Maestro de Alfajarn.

MIGUEL XIMENEZ (1466- 1505) Su actividad est documentada en Zaragoza desde 1466 a 1505, fue autor solicitado, fecundo seguramente y desigual. Es mucho mas renacentista que Bernat y mas italianizante, colaborando con el repetidas veces; resulta tambin mas decorativo. Una de sus obras mas importantes es la Piedad, de la coleccin de Lanckoronski, fechada en 1470; de las de mayor efecto, el gran retablo del Museo de Huesca y mas fino retablo de la pea de Agreda. Su estilo es my grfico y narrativo, mas vivaz y nervioso y mas avanzado de lo qu es comn en la pintura de su poca, acusando un cierto linealismo.

10. Martn Bernat y MiGUEL Ximenz. Adoracin de la santa cruz. leo sobre tabla, 1,91x 1,38, parte del retablo de la Santa Cruz, procedente de la villa de Blesa (Teruel). Museo provincial de Zaragoza. Este retablo es lo mas importante de las obras realizadas en colaboracin con Bernat y Ximenz y esta pintado entre 1487 (hay documento de 1486), debiendo intervenir, adems, otro pintor. Fue repintado de modo lamentable y ha sufrido restauraciones y limpiezas. La tabla expuesta es una de las ms suntuosas y monumentales, si no de las mejores. Sobre pavimento de azulejos y baldosa y ante fondo de oro, la composicin se distribuye muy simtricamente, centrada por la Cruz sostenida, sobre simblico globo, por un ngel; a la izquierda. Constantino, y a la derecha, Santa Elena, rodeados por personajes de ambos sexos, todos de rodillas y en gesto de oracin; por encima de las cabezas de ellos y encajando bajo los brazos de la cruz, dos ngeles volando, uno de verde y otro de rojo, tambin simtricamente. Las indumentarias son de gran magnificiencia y no exentas de elegancia y fantasa. La ejecucin poderosa y fuerte, rica de color, muy slida, con mucho carcter y algunas cabezas excepcionales, que llegan a recordar, de lejos, las de Nuo Gonzlvez. Es curioso el hecho de que por efecto la limpieza, que barri algo las capas superiores del color, puede observarse un repinte en la nariz del ngel que sostiene la cruz, dibujada primero y luego realizada de modo distinto, indicando un pintor cuidadoso.

11. Miguel Ximenz [] San Martn partiendo su capa con un pobre. leo sobre tabla 1,470 x 0,795. Museo provincial de Zaragoza. La escena est representada al modo tradicional. El santo viste elegante y gracioso atavo de la poca. Al fondo. Arquitecturas y calle donde hay algo renaciente. Ejecucin pintoresquista, muy apretada y desigual, en que se mezcla la influencia de lo italiano y lo flamenco, con detalles realistas; muy rica de color y suntuosamente dorada. Lo mejor, sin duda, es la figura del titular. Procede de la coleccin de don Valentn Carderera y fue entregado al Museo, con sus compaeras, por D. Bernandino Montas. Fondo retablo- plateresco- con otras tablas posteriores, siendo luego reunidas solo con sus homogneas, los nmeros 12 y 13, pero mas recientemente, al verificarse su ltima limpieza, se separaron de nuestro las tres. Todas han sufrido repintes y restauraciones, pues adems parece ser que cuando el retablo entero entr en el Museo estaba muy deteriorado. Relacionando la forma de pintar ojos y labios, as como las extremidades de esta tabla con las otras dos, se puede llegar a la conclusin de atribuir las tres a un mismo artista, aun cuando parezcan diferir a primer golpe de vista.

12. Miguel Ximenz. San Juan evangelista. leo sobre tabla, 1,18x 0,44. Museo provincial de Zaragoza. Compaera de los nmeros 11 y 13. San Juan, de pie, vestido de verde con un manto rojo, bordeando de oro, bendiciendo, y con el cliz y sierpe en la mano izquierda. Pavimento de azulejera y fondo imitando brocado de oro. Ejecucin mas dura, fuerte y pesada que el San Martn, ms tpico. Relacionable iconogrficamente y por el fondo y presentacin con el San Juan de la sacrista del Salvador (nmero 18).

13. Miguel Ximenz. Santa Catalina, virgen y mrtir. leo sobre tabla. 1,18 x 0,44. Museo provincial de Zaragoza. Compaera de las tablas nmeros 11 y 12. La figura, en pie, vestida suntuosamente de brocado de oro y con manto rojo, coronada, lleva en sus manos un libro de oraciones, sujeta bajo el antebrazo la espada, y a su lado aparece la rueda de cuchillos. Fondo imitado brocado. Bello y hbil la idea de la composicin, desarrollada jugando con el eje vertical de la espada y la curva envolvente formada por la cabellera, borde del manto y rueda del martirio. Mucho mas bella, moderna y personal, que el San Juan.

14. san miguel arcngel. leo sobre tabla, 1,33 x 0,58. Museo provincial de Zaragoza. Representacin de la tradicional escena con el arcngel armado, luchando contra el demonio, monstruo personaje de estructura superealista. Ejecucin movida, llena de invencin, no exenta de elegancia y muy rica de color. Abundante aplicacin de estucos dorados, que contribuyen a dar suntuosidad a la indumentaria guerrera del santo arcngel. Relacionable con Bernat en el rostro, acentandose la nota catalana. Restauraciones bastante a fondo en algunos puntos.

FRANCISCO SOLIVES. De finales del siglo XV. De origen cataln; acenta la nota decorativa y casi barroca.

14. BIS. Francisco Solives. San miguel arcngel. Museo Lzaro, Madrid.

JAIME LANA. Uno de los ltimos pintores gticos aragoneses, est abundante documentado entre 1491 y 1515. Consta que hizo un retablo para la iglesia del pilar, y se sale bastante de su vida; caso dos veces e hizo testamento en 1515. Pint el retablo de la virgen de misericordia, documentado en 1492. Su estilo es secundario y modesto.

15. Jaime Lana. La virgen mara rodeada de santas. Tabla, 2,15 x 1,31. Iglesia parroquial de santa mara de Borja. Parte de un retablo contratado en 1492. Gran tabla central. La virgen mara, coronada, llevando en brazos a su hijo, al cual ofrece una fruta. Esta sentada en un fastuoso trono, todo el trabajado en estucos dorados, en relieve; a los lados, ngeles msicos y a sus pies doce santas, unas en oracin, otras ocupadas en labores de hilado y cosido; todas van vestidas con lujo y llevan sus nombres en los nimbos de las santas y ngeles de los lados. El colorido es pobre y limitado, pero en compensacin los estucos son muy abundantes y ricos. Las cabezas, un tanto en serie, demuestran un arte que, continuado el de Bermejo, remotamente toca ya los caracteres y estilo del Renacimiento. Con toda seguridad el retablo fue dedicado por alguna cofrada del gremio o profesin textil, como parece desprenderse del tema de las santas.

16. Jaime Lana o su taller. Adoracin de Jess por los ngeles y los pastores. Tabla, 1,27 x0,95. iglesia parroquial de santa mara de Borja. Procedente, al parecer, del mismo retablo que la tabla nm. 15; pero si bien seguramente del mismo taller, no es de la misma mano en su totalidad; la cabeza de mara entra en el estilo de las cabezas de las santas, de la otra obra, e incluso las manos y el aire de los ngeles, pero todo es mas torpe, menos cuidado y mas arcaizante. El colorido, en cambio, es mucho ms variado y vivaz. Iconografa, la habitual. Bajo un cobertizo. Jess, en el suelo, rodeado por un nimbo de luz, en oro, y a ambos lados arrodillados Mara y Jos, e igualmente seis ngeles en el centro, y una curiosa gloria de otros tres en un resplandor triangular en el aire. (Sugestin de la trinidad?); por la derecha avanzan pastores, y a la izquierda, el pesebre con la mula y el buey. Hay fondo de paisaje muy pintoresco, con una fantstica ciudad, cuajada de chapiteles; el cielo es dorado y un ngel vuela con la filactera del <<gloria in excelsis Deo et in terra pax>>.

17. San Antonio abad. leo sobre tabla, 1,68 x 0,53. Palacio episcopal de Teruel. Tabla que form la calle lateral de un retablo (del cual quedan mas partes). Se ha perdido la talla ornamental que separaba las dos escenas que lleva, una sobre otra: abajo de la figura, frontal y sedente, de San Antonio, con hbito y bculo, sobre un escao, ante fondo de tela a modo de espaldar y laterales en oro; la escena superior es la consabida de los demonios- fantsticos monstruos negros y rojos- atormentando al santo, imperturbable en su oracin, ante el crematorio en medio de un convencional paisaje. Estilo muy flamenquizante; el rostro y vestiduras de la efigie principal, estn cuidadosamente ejecutados, con modulaciones de tono y preocupaciones de modelado, volumen, disposicin de las masas e incluso calidades. La gama de color, aunque limitada, se compensa por lo justo de su empleo y entonacin. El conjunto aparenta mas ingenuidad de la que efectivamente hay en el estilo de la obra, y a pesar de repintes y restauraciones estas no alteran de un modo sustantivo el carcter de la pintura, que es, en definitiva una obra tarda.

Lo renacentista se transparenta ya en algo en algunas obras de gtico tardo, como son las siguientes:

18. San Juan Evangelista. leo sobre tabla, 1,595 x 0,62. Sacrista de la catedral del Salvador, de Zaragoza. El santo en pie, vestido de brocado de oro, y con manto rojo, destacando sobre otro brocado, colgado del muro, rematado por una concha, que indica ya una influencia renaciente. Pavimento de azulejera.

Primitivos aragoneses. 14. imagen
Primitivos aragoneses.

Aplicacin de los estucos, el cliz totalmente; ejecucin de tono muy elegante. Estuvo repintada y oscurecida y hace poco fue limpiada, quizs perdiendo veladuras. Hace pareja con el nmero 19; las dos seran laterales de un retablo cuyo centro est sin localizar, pero del que quizs fuese remate una pequea coronacin de mara conservada tambin en la sacrista de la catedral del salvador.

19. Santa Mrtir. leo sobre tabla, 1,60x 0,62. Sacrista de la Catedral del Salvador, de Zaragoza. Presentada en forma semejante al San Juan de la tabla anterior, en pie, y ante un brocado de fondo, que aqu- detalle realstico interesante- pende de unas anillas encajadas en clavos. La santa viste tnica rojo y oro de brocado, manto verde y fino velo transparente sobre la cabeza; en la mano izquierda, libro de oraciones y palma, y con la derecha alza un manojo de clavos, por cuyo emblema parlante pienso en la posible identificacin iconogrfica de esta santa con la zaragozana santa Engracia. Estucos dorados. Tono general elegantsimo. Superior al San Juan; de aire mas realista, con precaucin por el volumen, e incluso, intervenciones de claroscuro. Tambin repintada y luego limpiada.

20. Don Fernando el catlico, orante, con su hijo. Tabla 1,23x0,52. Iglesia colegial de Daroca de una serie de ocho tablas que, seguramente, fueron partes del retablo relicario de las corporales; durante muchos aos han sido utilizadas, embadurnadas de pintura, como partes de armarios. Cuatro de las tablas narran la historia de los corporales (una de ellas es el nm. 21), dos llevan ngeles con los corporales y las dos restantes, retratos de los reyes catlicos: la reina acompaada por la princesa doa Juana, y el rey por su hijo Don Juan. Ambos estn arrodillados vestidos con ricas telas de brocado, coronados, y tiene por fondo un pao colgado y una concha o venera similar a la que hay en las tablas nms. 18 y 19, pero ms parece tono de la poca que coincidencia de una misma mano. El rojo del manto es intenso y de gran belleza. El rostro parece querer dar sensacin de retrato y quizs el pensar en un pintor de cmara, es lo que ha hecho a Snchez Cantn atribuirlos a Pedro de Aponte, pintor real y aragons. Pero si dicho Aponte fuese- como ha llegado a sospechas- el que yo llamo Maestro de Ambel, no hay posibilidad de atribucin a un mismo autor de estas tablas de Daroca y las pinturas de Ambel y Tarazona. Por otra parte, dicho maestro, sea o no sea aponte, es ms renacentista y mas tardo en general, que la fecha posible de estas pinturas. La tabla esta muy destrozada y perdida, pero con escasos o nulos repintes.

21. Escena de la tradicin del sacro ministro de Daroca. El capelln escondiendo los corporales bajo una piedra. Tabla. 1,41 x 0,52. Iglesia colegial de Daroca. Tabla dividida en dos zonas. La inferior lleva dos ngeles tenantes, arrodillados, con el escudo de los reyes catlicos, sin la granada, o sea, anterior al ao de la conquista de la ciudad. La superior presenta en el primer trmino un altar de campaa- con un cristo bajo dosel-, y junto a el un sacerdote esconde los corporales bajo una piedra; en segundo plano, los caballeros, revestidos ya de las armaduras, se agrupan junto al campamento, prestos para entrar en combate; en el ltimo trmino, paisaje con bosques y una ciudad torreada. Escena muy pintoresca y vivaz, dinmica, con cierto tono popular ilustrativo, de ejecucin expresiva, pero un poco tosca, carcter que se acenta por los repintes y deterioros. Tabla muy maltrecha.

BIBLIOGRAFA

E. TORMO Y MONZ: la pintura aragonesa cuatrocentista. Boletn de la sociedad espaola de excursiones, t. XVII, 1909.
E. BERTAUX: vase el tomo III de la historie de lart de A.Michel.
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Catlogo de la seccin arqueolgica. Museo de bellas artes de Zaragoza 1929.
J. CAMN AZAR: Gua abreviada del museo Lzaro Galdiano. Madrid 1951. la coleccin Lzaro de Madrid. 1926-27. dos volmenes.
R. DEL ARCO Y GARAY: Catlogo monumental de Espaa. Huesca. Dos volmenes. Madrid, 1942.
C.R. POST: A history of spanish, vol. III. Cambridge, Mass., 1930.
F. TORRALBA: iglesia colegial de Daroca. Col. Monumentos de Aragn. Zaragoza, 1954.
MARQUS DE LOZOYA: Historia del arte hispnico, tomos II y III. Barcelona, 1934 y 40.
J. GUDIOL: La pintura medieval en Aragn ( en prensa).
J. GUDIOL RICART: Pintura gtica. vol. IX de ars hispaniae. Madrid 1955.
Jos Manuel Escarraga: el retablo de la Santa Cruz de la villa de Blesa. Cuadernos de arte aragons (en prensa).
Manuel Serrano y Sanz: documentos relativos a la pintura en Aragn durante los siglos XIV y XV. Revista de archivos, bibliotecas y museos.
A.L.MAYER: historia de la pintura espaola. Espasa Calpe, 1947, 3. Ed.
E. LAFUENTE FERRARI: breve historia de la pintura espaola. Madrid 1946.
ABIZANDA: documentos para el estudio de la historia del arte en Aragn, Zaragoza 1915-1917.

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Algunas excursiones desde la Ciudad de Huesca

1ª Excursión: A ALQUEZAR

Excursión obligada a todo turista amante de lo pintoresco del arte de la Historia: Alquezar ha sido llamado << el pequeño Toledo aragonés>>. Se sale por la carretera de Barbastro, pasando por Siétamo donde se conserva el caserón o palacio de los Condes de Aranda. La hermosa iglesia es obra de Martín de Zabala en 1572. el recorrido es muy pintoresco por las onduladas tierras del Somontano (encinares, olivares y tierras de sembradura). Después de cruzar las hoces del Río Alcanadre de aguas muy trasparentes, se desvía en el kilómetro 31 (a la izquierda) y por Abiego, Adahuesca y Radiquero con carretera vecinal peligrosa, se llega a Alquézar.

ALQUEZAR. - Parece de remota antigüedad y formidable fortaleza sobre el promontorio de roca caliza que se levanta entre hoces profundas por donde corre el Vero. El nombre romano fue de Castrum Vigetum pero bajo los musulmanes adquiere su importancia como punto estratégico (a la salida de la sierra) del reino de Sobrarbe unido al de Aragón fue poderoso alcázar, de la <<frontera Superior>> de los árabes contra los cristianos pirenaicos. En el s. XI ante el empuje aragonés, Alquezár, como las otras fortalezas de la sierra cayó en poder de Sancho Ramírez. Hacia 1070 la repobló y probablemente fue entonces cuando el <<burgo>> se extendió fuera del recinto amurallado.

El pueblo. - Montañero y de trazado y caserío medioeval. Cruz de término e iglesia de San Miguel en las afueras; calles tortuosas, pasadizos estrechos, casas típicas con sus aleros, portadas y escudos, culminando su tipicidad y carácter en la graciosa plaza son soportables ojivales.

Colegiata- Castillo. - Sobre cerro rocoso, como <<península>> entre hondos abismos. Gran recinto de muralla con torreones y la gran torre vigía. De caracteres arquitectónicos árabes, con puertas de arco de herradura y ventanas ajimezadas. El cuerpo principal de la fortaleza fue transformado en Monasterio por el Rey conquistador. La iglesia se consagró en 1099. presenta pórtico y claustro: este pequeño y de planta irregular, es un acabado y encantador conjunto de claustros románicos españoles, con capiteles de la escuela de los de San Pedro el viejo y San Juan de la Peña (s. XII). en los muros, pinturas del s. XV. Algunas capillas, como la de San Antonio con portadita gótica, la de San Fabián del renacimiento.

Iglesia. - Puertas de gusto gótico- Florida. Iglesia de una sola nave, de transición del gótico al renacimiento, obra del arquitecto Juan Segura en 1525-1532. el retablo mayor, posterior, buen conjunto de influencia Escuarilense. Lo más interesante es la Capilla del Cristo, con magnífica imagen gótica del Crucificado (principios del s. XIII) y bueno lienzos laterales (del siglo XVII). Son también dignos de mención, en un retablo cercano, dos buenas y vecinas pinturas de S. Pedro y S. Pablo. En la Sacristía (admírese el panorama) una Sagrada Familia de la escuela de Murillo. Un Resucitado de la escuela de A. Cano y dos interesantísimos retablos góticos del s. XIV y del XY y finalmente una Magdalena de escuela veneciana y un retrato de San Felipe Neri. Abundan también las buenas obras de orfebrería y de bordados y un muy interesante Archivo. No se descienda sin subir a lo más alto del cerro y de la Colegiata y contemplar los grandiosos panoramas con las anchas perspectivas de las pintorescas tierras altoargonesas, con las hondas gargantas del Río Vero al salir de los montes.

2.ª Excursión: A BARLUENGA, LIESA Y S. MIGUEL DE FOCES

Salida de Huesca por la carretera de Barbastro. Al coronar las alturas del estrecho de Quinto (Montearagón), merece la pena la desviación a la izquierda para admirar las pinturas románicas de Barluenga. La carretera pasa por Loporzano y en dirección a la sierra cruza los pequeños pueblos del <<Abadiado>> (de Montearagón). A 10 kilómetros del empalme el pequeño pueblo de Barluenga. Visítese la ermita del inmediato cementerio.

Ermita de Barluenga. - Dedicada a San Miguel, de estilo románico. El conjunto del presbiterio es uno de los mejores exponentes de pinturas románicas de principios del s XIII; en el arco: los apóstoles ángeles y el Redentor. Frente a la puerta ángeles llevando dos almas; en el intradós, mano del Eterno bendiciendo y ángeles; debajo reyes diáconos y otros personajes en compartimientos; en los muros laterales del lado de la Epñistola, escenas de la leyenda dorado de San Miguel. Enfrente el monograma de Cristo <<pantocrator>> y otras escenas y figuras complementarias. Es el más rico conjunto de pinturas románicas, bien conservando de Aragón.

Volviendo al empalme de carreteras, en el kilómetro 16 de la general, se desvía a la que conduce a Liesa. Cercana al pueblo la ermita de Nuestra Señora del Monte. Fue pequeña hospedería de los Caballeros Sanjuanistas de Foces. Toda la pequeña nave de la ermita está cubierta de pinturas románicas de principios del s XIII, dignas compañeras de Baluenga: Lado de la Epístola, vida de Santa Catalina; lado del evangelio, vida de San Vicente. El retablo (Tablas del pintor Esteban Solórzano 1537) los Santos Lorenzo, Vicente, Quiteria, Catalina, Lucía y Águeda. Talla gótica de la Virgen (s. XIII). Siguiendo la carrtera se llega al pueblo de Ibieca (pídanse las llaves) y a un kilómetro, el famoso templo de

SAN MIGUEL DE FOCES. - En lugar pintoresco de encinares y labrantíos. Fundación del obispo de Huesca, Domingo Sola en 1259. tan solo queda el templo (muy bello por el color de la piedra) del famoso Castillo- Monasterio de los caballeros Sanjuanistas. Planta de cruz latina de transición del románico al gótico. Bella portada de cuatro arcos y dibujos geométricos en los capiteles, pero desprovistos de columnas. El ábside es octogonal y las ventanas ojivales. El interior, aunque deterioradas por las capas de cal que ha sufrido, las restauraciones modernas permiten gozar un hermoso conjunto de pinturas góticas murales. La bóveda y el crucero es elevada y elegante descansando sobre arcos. El retablo mayor- posterior- es de mal gusto (s. XVIII). Lo importante del monumento son las pinturas murales y los sepulcros empotrados en los muros del crucero sobre zócalos con columnas: el uno de D. Eximio de Foces, uno de los fundadores y su hijo, los otros corresponderán a los priores de la Orden de San Juan. El conjunto de las pinturas pueda resumirse en la fecha 1302 y como importante muestra de pintura pregótica de influencia francesa.

3ª EXCURISIÓN: AL CASTILLO DE LOARRE (BOLEA Y AYERBE)

Se sale de la capital por la carretera de Jaca (y Francia) y en el kilómetro 82 se toma a la derecha la que va a Bolea y Loarre. El primer pueblo es digno de visita. Posee en lo alto, dominando la tierra, una hermosa iglesia antes Colegiata) de tres naves con crucero, obra del arquitecto Baltasar Barazabal en 1535. la obra del capital es el gran retablo del altar Mayor, el mejor exponente del gran pintor de Cámara del Rey Católico, Pedro de Apinte, forma un magno conjunto arquitectónico de 18 tablas.

El retablo de San Sebastian, con 5 escenas y 7 tablas parece tambiñen de su mano o al menos de su taller. La capilla de Santiago guarda na buena reja yy un retablo de interés.

Siguiendo la carretera, pintoresca y ondulada, se llega al pueblo de Loarre y despues al famoso Castillo.

CASTILLO-ABADÍA DE LOARRE. - Fue la Calugarris de los romanos, y sin duda ciudad de importancia en aquella época. Acompañó a Huesca en la ayuda a Julio César las vísperas de la batalla de Ilerda. En la épica musulmana sin duda fue uno de los más fuertes castillos contra los núcleos cristianos del Pirineo, juntamente con los de Alquezár y Marcuello. Conquistado por Sancho Ramírez, alejado el peligro musulmán, paso a ser una Abadía de clérigos regulares de San Agustín, aunque no perdió nunca su carácter de fortaleza y de palacio, desempeñando también un papel importante en las luchas políticas de la Corona y la nobleza de Aragón, principalmente antes y después del Compromiso de Caspe, ya que Loarre fue uno de los más fuertes baluartes del Pretendiente y despechado fracasado conde de Urgel.

El Castillo- Es, sin género de dudas, lo más imponente fortaleza de castillo-roquero en el suelo español- su estado de conservación es bueno y presenta un sumo interés para el estudio de la arquitectura militar, civil y religiosa en el arte románico de los siglos XI, XII y XIII. Su situación, su aspecto, las anchas perspectivas de sus panoramas, sus diversos recintos amurallados y con la mayoría de sus torres, todo hace de Loarre lugar único para el enamorado de la Historia, del paisaje y del arte. Arqueológicamente son dignas de señalarse la portada principal del gusto del S. XII, la escalera del castillo, de aire tan medieval, la cripta, la iglesia primitiva con su magnífica colección de capitales románicos y la serie de estancias, llenos de romántico encanto, como la llamada sala de la reina.

Loarre, compensa la excursión por admirar y sentir uno de los más bellos y bravíos castillos medievales de España. Puedes sentirte como si estubieras en una famosa película.

4.ª Excursión: RIEGOS DEL ALTO ARAGÓN (CONDEFERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL EBRO)

Para visitar estas interesantes obras de ingeniería se sale de Huesca por la carretera de Jaca (y en el kilómetro 85, numeración de Zaragoza a Francia), se toma a la izquierda la carretera que por Lupiñén y Ortilla lleva al poblado de Tormos, centro principal de las gigantescas obras.

La presa de la Sotonera (junto al Tormos) forma una de las presas mayores del mundo; estaba clasificada al iniciarse los trabajos como la mayor de Europa y la segunda de la Tierra. En virtud de las obras del pantano de Mediano (Huesca) y el de Reinosa, ambos también de la Confederación del Ebro, ocupara el tercer lugar. La presa tiene cerca de medio kilómetro y su fin es embalsar las aguas del Río Gállego (y del Sotón) para dar riego a una enorme extensión de las estepas aragonesas hasta las márgenes del Ebro (tierras de la Violada, de Monegros). Hoy, fertiliza ya grandes comarcas por el gran canal de Monegros (gran acueducto en Tardienta), el proyecto de la obra hiráulica es desviar (por la presa de Ardisa) las aguas del Gállego, realizando un papel paralelo con las aguas del Cinca en su presa de Mediano y concentrando ambas por un canal que cruzaría la provincia al borde meridional de los últimos pliegues montañosos, en esta gran presa de la Sotonera que se convertía en uno de los lagos más grandes de España. Debe visitarse (desde Tormos) la presa de Ardisa, sobre el Gállego, marchando por la carretera que junto al canal une las dos presas, por campos amenos de pinares y a las márgenes de este importante río. El turista debe regresar a la capital por Ayerbe.

AYERBE. - Fue cabeza de uno de los más importantes señoríos aristocráticos de Aragón. En las riberas del Gállego, tras salir de los famosos <<Mallos>>, uno de los fenómenos más curiosos e imponentes de la geología peninsular. La iglesia de San Pedro, conserva su torre románica y en la Sacristía una cruz procesional de 1522. En la doble y grandiosa plaza, la torre del reloj, último vestigio de la antigua iglesia de la Virgen de la Cueva. El palacio de los marqueses de Ayerbe es una de las más representativas y hermosas manifestaciones de arquitectura nobiliaria aragonesa. Su portada es muy bella (desdichadamente sin torres almenadas): es de estilo gótico del siglo XV con galería añadida en el XVI y en el centro el blasón de los Urríes. En este edificio se fortificaron los franceses (1809) con piedra secada de la destrucción de San Pedro, contra las fuerzas del general Mina. Cerca, dominando el pueblo, sobre empinado cerro, la ermita románica se San Miguel. No lejos, el monton de ruinas del que fue famoso castillo de Marcuello.

5.ª Excursión: A LA SIERRA DE GUARA (SAN COSME, VALDONSERA Y ARGUIS)

La sierra de Guara es para el entusiasta montañero y en general para el amante de las bellezas de la naturaleza, centro de excursionismo de sugestivos encantos, las diversas excursiones, que desde Huesca pueden planearse, son a la cual mas bellas dado el carácter de bravura y altivez de la sierra oscense, sus gargantas y congostos, sus soleadas, sus bosques, su agreste naturaleza, etc. Las principales son:
1ª De Huesca a Arguis (la prolongación de la autovía a Sabiñánigo une directamente el Pirineo con la capital): carretera atrevida, de pendientes y túneles. Se pasa por pintorescos pueblos (Nueno, Arguis, etc.) El emplazamiento del pantano de Arguis es muy pintoresco la subida al pico del Águila de sugestivo encanto.

2ª al <<Salto de Roldán>> uno de los mas imponentes tajos de montaña, labrados por las aguas del Flumen y mas adentro, en la encrespada serranía, el pantano de Vadiello, salida de Huesca por la carretera de Apiés.
3.ª A San Julián de Banzo (carretera de Barluenga) o bien por la moderna que arranca al pie de las ruinas de Montearagón. En la parroquia de San Julián, retablo gótico de San Martín, donado por Pedro IV. Desde San Julián al santuario de San Martín de la Valdonsera, es excursión obligada o en caballería. Este famoso santuario guarda poco de sus pasadas riquezas donadas principalmente por Pedro IV el Ceremonioso que tan devoto fue de él. Lo más famosos es el célebre frontal, con escenas de la vida de San Martín de Tours. Sin embargo, su romería tan típica de los pueblos del Abadiado y el lugar montaraz, le hacen atractivo y pintoresco.
4.ª Finalmente, el santuario de San Cosme, al pie del pico de Guara (arranque de los excursionistas que quieran escalarlo) bajo una ingente peña y en lo más áspero y abrupto de la serranía. Se va por la carretera de Barbastro, luego la de Colungo, la de Aguas y a la especial construida para los servicios del pantano de Calcón). Es una de las más pintorescas y bellas excursiones de la provincia de Huesca.

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ALBARRACÍN Y SU COMUNIDAD

Geografía y paisaje de Albarracín

Un milagro urbano e histórico es Albarracín. Ofrece al visitante el encanto de la vetusta arquitectura de una ciudad inverosímil que sorprende y nos atrae.

Tras la admiración lírica de cuanto ven allí nuestros ojos, nace el deseo de hallar una explicación a esta ciudad creada por la geografía y por el hombre que los tiempos nos han guardado intacta. El viajero se encuentra ante Albarracín de repente. Después de un recodo de la carretera que parte de Teruel, atraviesa los llanos de Cella y tras pasar el pueblo de Gea de Albarracín, se mete apretadamente entre montañas para seguir serpenteando al lado mismo del río Guadalaviar. Luego una modesta vega, encajada entre cerros, procede al encuentro con la ciudad. esta se anuncia primero con un lienzo de murallas y torres coronando un alto monte. Cuando al final de la Vega, vuelve rápida la carretera, tras una cerrada curva que se ciñe al pie de aquella alta loma fortificada, el viajero se topa con sorpresa con la agrupación urbana de Albarracín, apretada detrás de aquel cerro severo y agreste. Solo ahora ante el abigarrado caserío se comprenden las fuertes murallas y altas torres que coronan el cierro. Primero se llega al <<Barrio>> se ve de frente, colgadas sus casas a las peñas. Mas adelante la carretera ha de perforar la mole rocosa para continuar su ruta; el casco urbano ha quedado arriba sobre la roca que el río circunda tras haber formado el mas trabajoso de los meandros. Es esta península rocosa que el río labró cavando una continuada y profunda hoz, se construyó Albarracín. Primero se llamó Santa María de Oriente por los historiadores y geógrafos árabes y luego Santa María de Ben Razín, nombre de una tribu de origen bereber que gobernó tres siglos largos la ciudad.

Aquel seguro reducto fue cabeza de toda una comarca que allí encuentra su centro natural. Historia y geografía explican al que el recorre Albarracín la razón de aquellas fuertes murallas que tan bien plantadas quedan en un paisaje agreste de cerros rocosos y rocas peladas. Protegen un casco urbano impresionante por su vetusta autenticidad y por el milagro de su mantenimiento a lo largo de los siglos. Las calles estrechas y sinuosas son como una cambiante escenografía. Plazas, esquinas, pequeños escampados, nos permiten gozar de perspectivas insospechadas, originales y atractivas. Y tofo ello en medio de un paisaje austero e impresionante de montañas rocosas rajadas por el río Guadalquivir que bordea toda aquella maravilla, metido en un profundo tajo. Este foso al crear tan fuerte posición natural nos explica como el hombre aprovechó aquel apartado lugar para organizar su vida urbana en los inseguros tiempos medievales.

Hoy Albarracín es un placer para quien solo desee contemplar una estampa de los tiempos pasados. Allí se sintetiza una región bravía de muy acusada personalidad. Todos llamamos <<la Sierra>> a esta singular comarca natural. Esta formada por dos grandes alineaciones de cordilleras con picos entre los 1.500 y los 2.000 metros de altura. Entre ellas se formaron estrechos y cortos valles, surcados por las aguas del río Guadalaviar y sus principales afluentes, del Tajo, del Júcar y del Cabriel. Estos valles y las hoces por las que los ríos se abrieron paso fueron siempre los caminos naturales por los que llegaron a Albarracín los hombres de la sierra haciéndola el centro político, religiosos y económico de toda aquella comarca aislada. Su difícil geografía solo se goza y comprende recorriendo la región.

Si desde Albarracín el viajero avanza solo seis kilómetros por la carretera que sigue estas hoces, estrechas y profundísimas, hasta el punto de que a veces no sabe por donde seguirá la carretera, llegará al cruce de Tramasaguas. Allí se abrirán dos rutas. Luego éstas se bifurcan unos kilómetros mas arriba, formando como las ramas de un árbol cuyo tronco es el río Guadalquivir y la carretera que lo bordea. Esta, primero, atraviesa el encantador Valle de Tramacastilla donde los frutales de su vega son los últimos que admiten el clima serrano. Las huertas feraces lindan con los pinares que cubren las laderas de las montañas. Luego, mas allá de Tramacastilla, la carretera remonta hacia Cillas del Cobo, Guadalquivir y Griegos por entre montes y pinares por una parte; por otra llega a Noguera para penetrar en los cerrados bosques de pinos y las verdes praderas de El Puerto. Los picos mas altos de la Sierra están por estos parajes. El Caimodorro llega casi a los 2.000 metros y la Muela de San Juan a los 1.900 metros de altitud. En esta parte de la Sierra se forma la más extensa red hidrográfica de España, Hacia el Norte nace y corre el Gallo que irá a Molina y al Tajo. También van algunas aguas de tierras de Albarracín por el Norte al río Jiloca tras atravesar las parameras de Monterde, de Pozodón y Ródenas. Es toda una comarca lateral de la Sierra que nos enlaza con tierras castellanas de Molina y con la cercana región aragonesa del Valle de Jiloca, la región de << el Río >> para los Serranos, distinta de << la Sierra >> por su economía, por sus costumbres y por el carácter de sus hombres. La otra parte de la Sierra de Albarracín se alcanza siguiendo desde Tramasaguas el río Royuela, afluente del Guadalquivir. Se llegará como al abierto y pintoresco << Val de Royuela >>, como se llamaba siempre en los documentos en el Monasterio de Carmelitas de Nuestra Señora del Val de Royuela, hoy en ruinas. En este lugar la carretera también se bifurca y llega a Colomarde y Frías, rico por sus pinadas y prados que se extienden hacía la Vega del Tajo, que es un valle alto, donde se origina este río. Queda limitado por las estribaciones de la Muela de San Juan y el Cerro de San Felipe, esté último metido ya en el linde con la Serranía de Cuenca, prolongación de nuestra Sierra de Albarracín. Cerca de la Vega del Tajo en otro alto valle, el de Valtablado, aún ahora tierra de la Comunidad de Albarracín, nace el Júcar y no lejos el Cabriel, su principal afluente. Este río se forma a lo largo de otro pintoresco valle, el llamado Val de Cabriel, tierra de pastos y de pinos, pero que la acción del hombre también ha hecho tierra de labor en grandes trechos. Además de esta parte de la Serranía, desde Royuela, otra carretera lleva hacia Terriente, siguiendo al principio el río de el Garbe que riega el valle sereno y tranquilo de Royuela. Pasado Terriente se alcanza el Vallecillo al final de Val de Cabriel y mas al este se extiende una región abrupta, imponente por sus enormes barraqueras en torno al Javalón, el cerro de las Brujas. Al norte de esta montaña está el pueblo de Javaloyas, y entre el Javalón y tierras ya de Valencia, hacia el este, se extiende desafiante una paramera áspera y fría en la cual protegidas en los recodos de los cerros se hallan varias aldeas de nuestra comunidad. Al norte del Javalón hacía Gea y Bezas de Albarracín crece el mas pintoresco de los pinares, el famoso Rodeno, donde los pinos nacen entre los pistachos de las areniscas rojas del Triásico. Ofrécese allí un paisaje inolvidable que ya fue santuario prehistórico, como nos lo recuerdan sus diversos grupos de pinturas rupestres.

En toda esta agreste comarca de asientan los pueblos serranos. En total veintidós municipios. Son de muy escasos habitantes, algunos formados por simples caseríos de veinte a cuarenta hogares. Todos forman parte de la Comunidad de Albarracín, entidad político- administrativa que aún está en pie. Tan curiosa institución solo se comprende por la Historia y por la forzada defensa de los montes y pasos que se han aprovechado en común durante siglos por los habitantes de esta tierra. Hoy como siempre los << serranos>> viven igual que ya los describió nuestro Ignacio de Asso, hace 300 años. Los bosques de pinos y la ganadería, mas que la agricultura, les sustentan. Casi todos los pastos del país se explotaban en común y una rica ganadería dio siempre a esta tierra la base de su riqueza. Las aldeas de la Comunidad y se convirtieron tras el azaroso siglo XIX en municipios independientes y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y absurda administración municipal que deberá simplificarse para bien del país. Albarracín fue siempre la cabeza de toda esta tierra serrana, llena de bellezas naturales, de bosques extensos de pinos, de espesos y olorosos sabinares; de praderas verdes; de valles sonrientes, de fuentes frescas y arroyos cristalinos. En tierras de Albarracín se inician esos surcos de agua que llevan en su nacer nombres que sonarán por toda la geografía de España: Tajo, Júcar, Cabriel, Guadalquivir o Turia, Jiloca, Gallo.
Los picos altivos y dominadores de sus tierras le dan su fuerte personalidad frente a Castilla, a Aragón y a Valencia. No lejos del Javalón está la loma de los tres reinos, donde los reinos de Castilla, Aragón y Valencia tienen límite. Enclave geográfico altivo, la geografía de Albarracín, << la Sierra >> a secas para sus pobladores, nos explicará la historia de << La Ciudad>> por antonomasia, pues así era llamada entre los serranos de Albarracín, hasta no hace muchos años. Poco a poco va dejando de ser la cabeza de la comarca, pues por un lado las comunicaciones, por otro las reformas políticas y administrativas le ha hecho decaer y perder el rango y sentido que la tradición le mantuvo hasta hace unos años. Hoy queda sin explicación para el atónito visitante sus poderosas fortificaciones, su catedral, el prestigio de su Juez que heredó la tradición mantenida hasta el Decreto de Nueva Planta en pleno siglo XVIII, de que en él se acabarán las apelaciones. Hoy Albarracín no tiene ya obispo. Ni el título de Administrador Apostólico que heredó con sus funciones el Obispo de Teruel, suena en los documentos de su curia. El Juez de primera Instancia se suprimió hace unos años. Ya no es el mercado al cual bajaban los serranos a comprar y vender. Albarracín dejó de ser <<la ciudad>>como hasta los años anteriores a la última guerra. Solo le queda su historia y la belleza de su casco urbano, la fuerte impresión de sus monumentos; lo que ha conservado de su patrimonio artístico, no mucho, por la incultura y decadencia en que vive. Y su paisaje. Todo esto unido, cuidándolo con amor, será un tesoro que se podrá añadir a sus fuentes naturales de riqueza y permitirá mejorar el vivir de los habitantes de la comarca.

También siempre le quedará Albarracín su historia peculiar romántica y personalísima dentro de la gran Historia de España.

La historia de Albarracín

La personalidad geográfica de la Sierra, diferente a la Meseta castellana y a las montañas y a las llanuras de Levante, configura su original historia.

Los primeros vestigios del pasado del hombre en tierras de Albarracín nos lo ofrecen las pinturas rupestres del pinar del Rodeno, conservadas en doce covachas y abrigos rocosos de las areniscas triásicas. Algunas de estas pinturas son de una sugestiva belleza y representan una de las mas antiguas muestras del arte humano.

Hacia el 2.000 a de J. C comenzó a llegar el conocimiento de la agricultura a los valles serranos junto con la domesticación de los animales. En Frías de Albarracín se nos ofrece la mas antigua aldea de agricultores que conocemos en la Sierra. Se asentó fortificada sobre el cerro que se levanta junto al pueblo actual.

Luego, con la invasión de los celtas que indoeuropeizaron la Península a partir del siglo IX a J. C se formó sobre nuestro país el pueblo de los lobetanos. Debieron ocupar lo que hoy es la Comunidad y sobre su economía agrícola y ganadera con el aprovechamiento colectivo de la mayor parte de la tierra y de los bosques y prados se forjó la base étnica y económico administrativa sobre la que aún viven en gran parte los habitantes de la tierra.

La época romana no ha dejado vestigios de mayor interés. La sierra fue cantada en sus bosques y frescas fuentes por Marcial, el gran poeta nacido en Bilbilis, hoy despoblado cerca de Calatayud. Fueron explotados sus bosques y minas de hierro y hasta un curioso alfar de cerámica decorada existió cerca de Bronchales. Las leñas de los montes eran la base de estas explotaciones industriales del capitalismo romano, al margen de las cuales el pueblo indígena de los lobetanos vivió su vida de agricultores y ganaderos semejante a la actual y en poblados no muy diferentes.

La inseguridad de los tiempos finales del Imperio Romano, la dureza de vida a que todo queda reducido en España, tras la invasión de los germanos y las luchas de los grupos de estos entre sí y contra los bizantinos, comenzó a valorar estas tierras aisladas y de fácil defensa. En donde hoy esta Albarracín se debió fortificar un grupo de gente en torno a una iglesia consagrada a Santa María. Cuando la invasión árabe, la peña que forma la hoz del río, fue un refugio único para lo que quedaba de cultura. En busca de la seguridad, allí se organiza la capital económica y política de toda la comarca y de las regiones circundantes.

Cuando los primeros textos árabes nos describen, la España musulmana, aquel núcleo urbano agreste y bien fortificado se llama Santa María De Oriente, para diferenciarlo de otra Santa María de Poniente o de Osanova hacia el Algarbe.

Santa Mará siguió siendo el nombre de la capital y del centro político en el cual, los Ben Razín, una tribu bereber llegada con la invasión islámica, asentaron su poderío prueba de su tolerancia con la población cristiana mozárabe agrupada en torno a una iglesia y a su obispo que aún estaba rigiendo su grey en tiempos del Cid Campeador según nos refiere la Crónica General. Es significativo que la única lápida de Albarracín llegada a nuestros días es de un mozárabe.

Luego la Santa María de Oriente de los siglos VIII al X, se llamará ya Santa María de los Ben Razín en el siglo XI y en el XII cuando la dinastía de este nombre lleve a su mayor esplendor aquel lugar. A partir de 1160 será ya Santa María de Albarracín al pasar hacia aquel año a manos de un soberano cristiano, don Pedro Ruiz de Azagra el cual mantendrá la independencia de aquel pequeño estado que hasta 1379 el rey de Aragón no logrará incorporarlo definitivamente a su reino. Don Pedro Ruiz de Azagra era un caballero navarro que se mantuvo un señorío serrano proclamándose <<Vasallo de Santa María y Señor de Albarracín>>, para recalcar su independencia de los reyes de Aragón y de Castilla con el avance de la reconquista acabaron envolviendo a este minúsculo estado independiente sin conquistarlo. Para mejor sostener su independencia pobló principalmente con navarros la tierra, cuyos apellidos aún se mantienen en la Sierra. Los vasallos del Señorío de Albarracín apoyaron esta actitud con brío y habilidad. En mas de una ocasión con feroz heroísmo. A. D. Pedro Ruiz de Azagra, III señor independiente, que hizo frente victoriosamente al Rey de Aragón Jaime I, obligándole a retirarse del sitio que puso a Albarracín. Le sucedió su hijo Álvaro Pérez de Azagra, IV soberano de Albarracín, casado con la infanta Doña Inés de Navarra, reino con el cual siempre mantuvo relaciones estrechas Albarracín. A la muerte de don Álvaro Pérez de Azagra, el señorío de Albarracín lo hereda con plena independencia su hija mayor Teresa Álvarez de Azagra, casa con don D. Juan Núñez de Lara <<el Mayor>>. Este saco al país de su discreta neutralidad entre Castilla y Aragón para lanzarlo al torbellino de una de las vidas mas aventureras y mas borrascosas de toda nuestra Edad Media. Perdió temporalmente su estado ocupado por Pedro III de Aragón, tras un feroz sitio de la ciudad audazmente sorprendida por el rey de Aragón. Pero pocos años después, Jaime II lo entrega también temporalmente a Juan Núñez de la Lara <<el Joven>>, aun en vida de su madre Doña Teresa Álvarez de Azagra. Vuelve a manos de Aragón, pero no por mucho tiempo, pues ante de ser proclamado soberano, con los mimos títulos que siempre tuvieron sus señores, el infante Don Fernando, hijo de Alfonso IV de Aragón y de Doña Leonor de Castilla, hermana de Alfonso XI. Asesinado este en Burriana en la misma cámara del rey en 1359 por su hermano Pedro IV de Aragón, los de Albarracín se mantuvieron fieles, a su mujer, una dulce infanta de Portugal llamada doña Inés. Primero se alegó que esperaba el nacimiento de un hijo que no llegó, pues tal vez solo eran añagazas de los serranos para no entregarse al rey de Aragón, heredero del estado tras el fratricidio terrible de Burriana. Luego hicieron frente abiertamente al Rey no reconociéndole como heredero. Doña Inés, atraída por el rey de Francia y de Navarra, Felipe IV el Hermoso, contra la opinión de sus vasallos que tan románticamente la defendían, salió de incógnito hacia Navarra, con un enviado secreto del rey de Francia con nombre de trovador mas que de espía, llamado en las crónicas <<Arnaldo, hijo de Arnaldo de Francia>>. En Borja los enviados de Pedro IV los lograron identificar y de tener. Conservamos la orden por la que el rey, que estaba en Cullera, manda enviarlos al castillo de Luna y allí luego decapita a Arnaldo de Francia y lleva a Huesca buen guardada a la soberana de Albarracín.

Ni aún presa del rey la princesa de Portugal y soberana de Albarracín, aunque el rey de Aragón era ya por derecho el heredero del señorío, se sometieron los hombres fieles de aquel estado a Pedro IV. Le exigieron la libertad de su soberana y se negaron a reconocerle como señor mientras ella no los liberase de su juramento de fidelidad. Hasta 1379, en Fraga, no se llegó a un acuerdo. Doña Inés recibió Tamarite de Litera y otros estados y liberó a sus vasallos fieles de Albarracín y su tierra del juramento de fidelidad. Luego al rey de Aragón juró los fueros de la Ciudad y Comunidad y reconoció la independencia total administrativa de la tierra que siguió eligiendo por insaculación un juez que gobernó el país hasta 1713, en que el Decreto de Nueva planta de Felipe V al terminarse la Guerra de Sucesión estableció en Albarracín un corregidor. Después toda ha sido rutina decadencia, acentuada mas y mas en el siglo XIX y lo que va del XX. En pie quedan solo las murallas, la catedral y otros vestigios monumentales dispersos por el país. Como un recuerdo de aquella independencia los terrenos comunales que se extienden por gran parte de la Sierra forman con su rico patrimonio la llamada Comunidad de Albarracín, que pertenece a la ciudad y a las veintidós aldeas que se agrupaban con este nombre. Son los restos de una historia gloriosa. Hoy el gobierno de este patrimonio comunal enorme pasa de unas manos a otras, cada vez menos libres y, creemos, con menor provecho para los habitantes de la Sierra, sus legítimos herederos.

EL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y MONUMENTAL DE ALBARRACÍN Y SU SIERRA.

Eco de esta Historia original y bravía, Albarracín poseyó un rico patrimonio monumental artístico que aún es digno de ser visitado. Además de la Ciudad, todas las aldeas con sus iglesias y casonas, tenían algo que enseñar y digno de ser admirado. En los últimos años se ha perdido tanto que muchos pueblos no tienen ya nada digno de admiración. Albarracín ofrece aún sus grandes murallas que apoyan y refuerzan la fuerte posición natural en la que se asienta la ciudad. el recinto mas antiguo se agrupó dentro del meandro rocoso coronado por el Castillo señorial. En este espacio se cobijó la ciudad cristiana y luego árabe, alrededor de la grande y alta roca que se yergue en el centro. Pegado a esta roca y sobre ella, se asentaba la residencia militar, mas que palacio, de los señores de Albarracín, primero moros y luego cristianos. A sus pies estaban la Catedral y el Palacio episcopal. La iglesia de Santa María se sitúa hacia el extremo mas cerrado de la hoz que servía de fondo natural. Toda esta parte de la Ciudad se atraviesa por una calle que comenzaba en la Puerta de Hierro situada en donde hoy arranca la calle de la Catedral en la plaza del Ayuntamiento. Un fuerte recinto murado defendía esta parte de la Ciudad, llamada la Engarrada. De ella aún se conserva una alineación de la muralla y una turre de Ángulo redonda. Se ve bien cuando se visita el cercano y pintoresco Portal del Agua. A extramuros de la Engarrada y de la Puerta de Hierro se formó un arrabal. Abierto al principio, era mercado en torno al espacio para su libre seguridad que exigía la puerta fortificada de salida de la ciudad. Este espacio libre con el tiempo fue la actual Plaza de Ayuntamiento, centro hoy de todo el casco urbano. Tres lados de la citada plaza los ocupa hoy el Ayuntamiento, construido en el siglo XVI, seguramente por Pierres Vedel, a juzgar por su traza. Aún en 1627 están trabajando en esta enorme casa Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet que construyen las cárceles de la ciudad en sus bajos. Algunas casas graciosas cierran esta encantadora plaza de variadas y movidas líneas, en la cual, las galerías de madera y los atrevidos balcones, abierto alguno en la misma esquina, se adaptan al arranque irregular de las estrechas calles que de ella parten.

Toda la ciudad de Albarracín nos ofrece un atractivo singular con sus callejas graciosas y sus altas y diversas casas cada una con traza y personalidad diferente. No hay entre ellas ninguna monumental, pero ofrecen un conjunto de arquitectura urbana único de Aragón y de los más sugestivos que puedan admirarse en España.

En este abigarrado conjunto de edificaciones sobresalen además del Ayuntamiento ya citado, el Palacio Episcopal y la Catedral. La obra actual del Palacio Episcopal, siempre sobre su antiguo emplazamiento, único Palacio que reconocía el fuero de Albarracín, es del siglo XVII y los edificó el obispo Miguel Jerónimo Fombuena. En 1705 a 1728, el Obispo Juan Navarro Gilaberte continuó las obras poniendo su escudo en la portada barroca no exenta de gracia, que cierra un pequeño patio. Su sobrino y sucesor en la mitra Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte las debió acabar, pues su escudo aparece en la fachada del palacio, hoy muy averiado.

Al lado mismo del Palacio Episcopal y con comunicación interior con él, está la Catedral consagrada el Salvador; su fábrica se levantó en los primeros años del siglo XVI sobre otra iglesia anterior que debió ser romántica y Gótica en parte. En 1532 pide y concede gracias para la obra el obispo Jofre de Borja. Luego la construcción se continúa a lo largo del siglo XVI y debió acabarlas Pierres Vedel, el gran arquitecto picardo que vivió y murió en Albarracín. Sus hijos proclaman que << entre las obras heroicas que realizó su padre se encuentra el Aseo de la Ciudad de Albarracín>>. La airosa torre catedralicia es obra de Alonso de Barrio Dajo y se contrata en 1549. En su interior lo mejor que ofrece la catedral es el retablo tallado en madera del altar mayor, obra del gran maestre mazonero Cosme Damián Bas. Era un escultor seguidor de los mejores imagineros aragoneses de la época, sobre todo de Gabriel Joli; sabemos que lo contrató en 1565.

En la Catedral, en una capilla lateral de la nave mayor, entrando a la izquierda, hay un retablo de madera dedicado a San Pedro atribuido a Gabriel Joli, que estuvo antes en Santa María. Obra de gran nervio y excelente factura, corre su traza muy cercana a la del retablo de Bas que ocupa el altar mayor y hace tiempo que pensamos sea también otra suya y no de Joli como se dice. También es muy bella la capilla del Pilar, seguramente es obra del escultor Juan Mora, al que sabemos encarga colocar su escudo el obispo Navarro Salvador y Gilabarete en 1748.

También en la Catedral es notable el tesoro que se guarda en la Sala Capitular. Ofrece obras importantes como una naveta de cristal de roca, trabajo veneciano o milanés de finales del siglo XV. Fue donada por el deán Agustín de Roca. Citemos también un portapaz de oro con incrustaciones de piedras atribuido a Benvenuto Cellini, regalo de un pontífice al obispo Roca de la Serna. Hay una cruz parroquial de finales del siglo XVI, regalada por el obispo Martín de Funes (1645-59) y otras varias joyas. Sobresale entre las obras de arte que nos ofrece el tesoro catedralicio, una buena colección de tapices de Bruselas de mediados del siglo XVI firmados por Geubeis, obra de las mejores realizadas por este artista. Es digno de mención también un cristo de marfil con <<el árbol de la vida>>, curiosa obra de arte llegada desde talleres hispano filipinos. En obras del siglo XVII, aunque bastante arcaizante y de una iconografía plena de simbolismo cristiano.

Muy bella en el conjunto urbano de Albarracín resulta la silueta de iglesia de Santa María, construida por Pierres Vedel en la segunda mitad del siglo XVI. Es original en ella la capilla de la Comunidad abierta con una cupulita esculpida, y del mismo estilo es el púlpito. Fue donada a la comunidad por el obispo Francisco Soto de Salazar en 1572 y en ella están enterrados el arquitecto Pierres Vedel y su mujer, que bien merecían una lápida por los muchos monumentos que dejaron por las tierras turolenses, aún sobre la plaza del Ayuntamiento se levanta, en el barrio alto hacia la muralla, la iglesia de Santiago. Ya en documentos de 1247 aparece como una de las cuatro parroquias de la ciudad. la iglesia si la proyectó el arquitecto Alonso de Barrio Dajo y comenzó su fábrica en 1600. la torre se levantó en 1726. El retablo mas interesante conservado en esta iglesia sabemos fue obra de Jerónimo Martínez, que también trabajó en Teruel. Fue realizando en 1524 y se conserva en la primera capilla al lado de la Epístola.

El altar mayor es obra de mérito y seguramente se debe a Castillejo. Imaginero del siglo XVIII que trabajó en el altar mayor de la iglesia de Orihuela.

Aún deben visitarse en Albarracín el colegio de Escolapios, el recoleto monasterio de dominicas de clausura de San Bruno y San Esteban, fundado en 1607 y la capilla del Cristo de la Vega, obra del mismo arquitecto entre 1632 y 1640. Fue antes llamada ermita de la Virgen de la Vega, tal vez recuerdo del monasterio cisterciense consagrado a Santa María que desde el siglo XIII hizo en aquella zona. De esta antigua advocación es una imagen románica muy bella que aquí se conserva, obra del siglo XIII. El cristo que hoy se venera es obra del escultor valenciano Modesto Pastor, pues el antiguo se perdió en un incendio en 1872.

Para terminar esta breve reseña histórico artística debemos señalar que con Albarracín forma estrecha comunidad sus aldeas. Algunas de ellas conservan un notable patrimonio monumental y artístico, digno de ser visitado y admirado: sobresalen Ródenas con algunas casas de noble traza de una buena labor de cantería. Su interesante iglesia es obra del arquitecto Alonso del Barrio Dajo, que la debió acabar hacia 1599. En esta iglesia se conserva un bellísimo retablo hacia 1425, obra del llamado <<Maestro de Ródenas>> seguidor del taller valenciano de Nicolau- Marzal y otras obras de interés.

Otro pueblo de valor monumental y artístico es Orihuela del Tremedal. En él se venera la Patrona de la Sierra, la Virgen del Tremedal, aparecida a un pastorcito en el cerro del Tremedal al pie del Caimodoro. Es una talla notable del siglo XII que debió llegar con la reconquista navarra del país serrano, según ya hemos indicado. Se guarda la imagen en la Iglesia parroquial que es el mas grande edificio de toda la Comunidad de Albarracín. Fue planeada en 1770 por el gran arquitecto turolense José Martín de Aldehuela y construida por su ayudante Manuel Gilaberte, quien la terminaba en 1776. Ofrece Orihuela del Tremedal varias y notables casas solariegas con sus escudos y obras de rejería de mérito.

Otro pueblo que poseía un rico patrimonio artístico, hoy casi perdido, es Villar del Cobo. Conserva entre otras dos casas de noble fábrica, la de los Fernández del Villar, hoy Ayuntamiento y la de los Muñoz, la <<Casa Grande>> y una rica iglesia que ha perdido casi todo lo que guardaba. Lo mas notable es la torre, obra del arquitecto serrano Alonso del Barrio Dajo que la terminó en 1604.

También Terriente, en la otra parte de la serranía, ofrece al visitante unas cuantas casas y su iglesia con pórtico renacentista, notable obra de cuatro artistas, los hermanos Rodrigo y Pedro de Avajas y Pedro y Toribio de Utienes.

Tal vez el pueblo que tiene mas que ver es Gea de Albarracín. Fue aldea de la Comunidad, pero luego pasó al Señorío de los Fernández de Heredia, casa principal de Albarracín, señores del castillo de Santa Croche, cuyas ruinas se ven entre este pueblo y Albarracín. Su actual iglesia aún se construía en 1660. En ella se han recogido retablos, imágenes y otras obras de arte de los conventos que hubo en este pueblo. Tuvo un convento de carmelitas y tiene aún otro de capuchinas de clausura. Su iglesia es un buen ejemplo del estilo Rococó, con buenos retablos, sobre todo el altar mayor. También ofrece Gea de Albarracín algunas casas interesantes y un par de calles que aún guardan el sabor arquitectónico de la comarca y son dignas de visitarse.

TRADICIÓN, DECADENCIA Y FUTURO

Albarracín con su comarca forma una unidad geográfica e histórica muy íntimamente ligada. A su vez las aldeas de su Comunidad con sus caseríos e iglesias son solo una parte del paisaje serrano, variante y lleno de originales panoramas. A veces grandiosos en sus hoces profundas o en sus pinares extensos; a veces llenos de atractivo encanto en sus fuentes, en sus risueños valles o en sus verdes dehesas. La población se agrupa a lo largo del curso de los ríos, cuando fecundan fértiles y breves vegas convertidas en huertas llenas de frutales; otras veces los caseríos se nos ofrecen protegidos del cierzo tras los cerros, siempre cerca de manantiales de aguas cristalinas y frescas.

Pero toda esta historia y este paisaje natural y humano, lleva desde hace años, el signo de una acentuada decadencia. El turismo y las posibilidades de emigrar y el deseo de volver a su país que el hombre de la Sierra siente. Tal vez les den en los tiempos futuros nuevo brío a los pueblecitos serranos. Hoy la prueba de su falta de vitalidad es que han perdido la fe en su personalidad. Han abandonado sus maneras ancestrales de vivir. Su tipismo ha desaparecido casi totalmente. Apenas las fiestas patronales se guardan. No se mantienen activas las rondallas de jóvenes con sus instrumentos de cuerda. Poco se cantan ya las canciones de la tierra y se van olvidando todos los bailes populares, litúrgicos y paganos. Solo se mantienen los originales mayos que se cantan a las jóvenes, pero cada vez peor instrumentados y menos sentidos. Su letra candorosa y su música simple son honra de los mejor del folklore de nuestro Aragón. Aún se oye en toda la Sierra el lírico recuerdo de cortesía y amor cantado con melodía serena y sentida en la noche del treinta de abril al uno de mayo:

Estamos a treinta
Del Abril florido
Y a cantarle el Mayo
Señora venimos.

Novenarios, gozos, danzas, se han ido perdiendo. Nadie calza ya los zuecos de madera ni las abarcas de pellejos para la nieve a los días de lluvias y barros; las zahones de piel de oveja ya no se usan por el pastor; ni las monteras de piel, ni los piuques y cordellates. Todo lo típico se va yendo sin dejar huella, ni siquiera en un Museo que lo perpetúe y lo guarde como eco de las formas de vivir de otros tiempos. La cocina característica del país casi se ha perdido y casi nadie recuerda ya los refrescos rituales de los señores canónigos y curas; ni los dulces de nueces y piñones a base de buena miel que la tierra produce, ni se comen migas, ni se organizan los grandes asados. Solo los matapuercos continúan produciendo morcillas, longanizas, gueñas, chorizos y lomos embuchados pero cada vez son menos rumbosos y menos curados y sabrosos los jamones y cecinas. En Albarracín y alguna otra aldea como Orihuela y Bronchales con el turismo se apunta ya una reacción. El pastelero Recadero en la plaza de Albarracín, ofrece almohabanas y busca con su arte apartarse de la vulgaridad y volver a la tradición. Algún otro ejemplo se podría citar de esta alborada como la fonda de Espinosa de Orihuela del Tremedal.

Pero cuan lejos está la tierra de recuperar su personalidad perdida.

Apenas quedan aquellos artesanos de la madera y el hierro que tanto y tan bueno produjeron. Han dejado el oficio sus músicos dulzaineros que corrían Aragón y Castilla llevando el nombre de las aldeas de donde eran.

Los últimos fueron los de Tramacastilla, los de Javaloyas y los de Villar del Cobo. Eran famosos por los pueblos de media España. Aquellos pastores que en el morral llevaban su flauta de caña y llenaban de alegres sones las pinadas y los barrancos, hoy ya sin personalidad alguna llevan un transistor de pilas en la mano. Los tejedores de cordellates fuertes y vistosos, de alforjas y mantas, han dejado sus telares uno tras otro; con ellos desaparecieron los calientes piuques de lana, las sayas de cordellates de colores vivos, y tantas telas que vestían los hombres y mujeres de la Sierra con acusada personalidad. No quedan ni uno solo de los zapateros y sastres que de aldea en aldea viajaban vistiendo y calzando a las gentes a la vez que entretenían las veladas creando y contando chascarrillos didácticos o inocentemente picaros. Nada queda ya nuestro, en nuestros pueblos. El signo de los tiempos trajo las ganas de emigrar a lis mas jóvenes y avispados de sus habitantes.

No por todos estos síntomas de decadencia, la Sierra es tierra ya sin futuro. Prueba de ello es que no dejan de ser dignos y acogedores los hombres que la habitan. Viven mejor materialmente hablando, los que quedan en el país. Y el visitar la ciudad y sus aldeas es tropezar continuamente con hombres independientes y señores en su porte, aunque sea grande su pobreza económicamente. Saben vivir y aun comportarse con hidalguía siempre. En ellos hallaremos la estampa viva de toda aquella comarca llena de personalidad y cuya historia nos ayudará siempre a gozar de sus caseríos y de sus iglesias, de sus ermitas y santuarios. Un hombre culto, en el tiempo actual, en estas tierras de Albarracín, percibirá siempre como una palpitación de lo que fue este país en otros días y a la vez el paisaje y la serenidad y hombría de sus habitantes; le harán sentir la aventura de lo que aún podrán ofrecer estos hombres y estas tierras, en el concierto de los pueblos de España. A veces pienso que ofrecen otra vez como en los inseguros tiempos medievales, el lugar de refugio y el ambiente humano de sosegado reposo que necesitamos todos en estos tiempos agitados y de vida angustiada que lleva el hombre de nuestros días. Vivir en Albarracín o en sus aldeas será pronto, al paso que vamos, otra vez vivir. Así el turismo apunta en algunos pueblos serranos como su posible futuro y mayor fuente de riqueza. Si la artesanía renaciera, se procurará mejorar las explotaciones ganaderas y se ensanchara como en parte se ha emprendido en algunos pueblos, la explotación industrial de nuestras maderas, la tierra ofrecería una reacción contra su decadencia. Ojalá sea pronto descrito un renacer vital y fecundo y que esta lírica y pesimista descripción actual de la sierra sea olvidada y superada.


Tal día como hoy 24 de octubre



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