Pasapues > Felix de Azara. > Viajes por la America Meridional.

Capitulo Decimo. De los indios salvajes. Viajes por la America Meridional de Don Flix de Azara. Tomo II. Felix de Azara. Viajes por la America Meridional.





CAPTULO X. DE LOS INDIOS SALVAJES.

Aunque el hombre sea un ser incomprensible, y sobre todo el hombre salvaje, que no escribe, que habla poco, que se expresa en una lengua desconocida, a la que faltan una multitud de palabras y expresiones, y que no hace mas que lo que le imponen las pocas necesidades que experimenta, no obstante, como sta es la parte principal y la ms interesante en la descripcin de un pas, dar aqu algunas observaciones que he hecho sobre un gran nmero de naciones indias, libres o salvajes, y que no estn ni han estado nunca sujetas al imperio espaol ni a ningn otro. No me he de extender mucho, para evitar el aburrimiento y para no parecerme a los que, por haber visto una media docena de indios en la costa, dan una descripcin acaso ms completa que la que podran hacer de s mismos. Aadamos a esto que no gusto de conjeturas, sino de hechos, y que no tengo tanta instruccin y talento como otros.

He vivido durante largo tiempo entre algunas de estas naciones salvajes, menos tiempo con otras. Dir tambin alguna cosa de las que no he visto, a fin de que se sepa con certeza las que han existido y las que existen an en el pas que describo, y para que los viajeros, los gegrafos y los historiadores no los multipliquen tan enormemente como han hecho hasta ahora. Los conquistadores y los misioneros nunca pensaron en hacer una verdadera descripcin de las diferentes naciones indias, sino slo en realizar sus proezas y exagerar sus trabajos. Desde este punto de vista han aumentado al infinito el nmero de indios y de naciones, y los han hecho antropfagos. Se equivocaban por completo, porque hoy ninguna de estas naciones come carne humana, y no recuerdan haberla comido, siendo, como son, tan libres ahora como a la primera llegada de los espaoles.

Se ha descrito tambin que se servan de flechas envenenadas, lo que es otra positiva falsedad. Los eclesisticos han aadido otra diciendo que estos pueblos tenan una religin. Persuadidos de que es imposible vivir sin tener una, buena o mala, y viendo algunas figuras dibujadas o grabadas en las pipas, los arcos, los bastones y los cacharros de los indios, se figuraron al instante que eran sus dolos, y los quemaron. Estos pueblos emplean an hoy las mismas figuras, pero no lo hacen ms que por diversin, porque no tiene religin alguna (1), (Es posible que no tengan dolos; pero es bien difcil creer que no estn sometidos al imperio de ciertas ideas supersticiosas, ms o menos razonables o fuera de razn. A menos de conocer perfectamente las costumbres y el lenguaje de un pueblo, es muy difcil determinar con exactitud cules son sus idead religiosas. Tenemos un ejemplo de ello en los absurdos consignados por Tcito y los otros autores romanos sobre la religin, los dogmas y las ceremonias de los judos, y no obstante, los judos tenan un culto pblico, hablaban la lengua de los romanos, vivan en medio de ellos y formaban un pueblo civilizado y culto. Los salvajes de Amrica no tienen nada de comn ni en el lenguaje ni en las costumbres con los europeos civilizados que comunican con ellos. Aunque se entendieran perfectamente sus numerosas lenguas, no es creble que les fuera posible definir con exactitud el pequeo nmero de ideas que diferentes causas les han hecho nacer, y que casi todas, o puede ser que todas, son necesariamente absurdas o incoherentes. Cuntas naciones instruidas y civilizadas se encontraran a estos respectos en situacin tan embarazosa como estos salvajes! -C.A.W-).

Antes de hacer la descripcin de cada nacin en particular debo advertir tambin que llamar nacin a toda reunin de indios que se consideren ellos mismos como formando una sola y misma nacin y que tienen el mismo espritu, las mismas formas, las mismas costumbres, y la misma lengua. Poco importar que se componga de pocos o muchos individuos, por que ste no es carcter nacional. Advierto an que cuando marque los lugares habitados por estas naciones no se deben creer que sean estables, sino slo que el paraje designado es como el centro del pas que habitan. Porque todas son errantes, unas ms y otras menos, en la extensin de cierto distrito; pero es muy raro que pasen al territorio frecuentado por otra nacin. Por el contrario, estn casi siempre separadas por un desierto, a veces considerable.

Prevengo, por fin, que cuando diga que la lengua de una nacin es diferente de la otra debe entenderse que esta diferencia es al menos tan grande como entre el ingls o el alemn y el espaol, de manera que no hay ni una sola palabra en que se parezca la una a la otra, en lo que yo he podido asegurarme. Los indios hablan ordinariamente mucho ms bajo que nosotros; no llaman la atencin con sus miradas; para pronunciar mueven un poco los labios y hablan mucho de garganta y de nariz. Es lo ms frecuente que sea imposible expresar con nuestras letras sus palabras y sus sonidos. Resulta, pues, muy difcil aprender semejantes lenguas y an saber una sola de modo que se pueda hablar. Al menos, yo no he encontrado ms que un solo espaol que hablase el idioma mbay, porque haba pasado veinte aos entre ellos, y D. Francisco Amancio Gonzlez, que habiendo tenido en su casa (como tiene an) algunos indios del Chaco, entenda un poco sus lenguas. Ambos convienen (y en ello no hay duda) en que estas lenguas son muy pobres y carecen de relacin las una con las otras. Sera, pues, muy embarazoso el pretender hacer sus investigaciones sobre su origen y sus relaciones (1), (Si, como dice el autor, no hay ninguna relacin entre estas lenguas, no pueden haber embarazo en las investigaciones que se hagan con este objeto, porque es intil hacerlas. -C.A.W.-).

CHARRAS.- Es una nacin de indios que tienen una lengua particular, diferente de todas la dems y tan gutural que nuestro alfabeto no podra dar el sonido de las slabas. En la poca de la conquista era errante y habitaba la costa septentrional del ro de la Plata desde Maldonado hasta el ro Uruguay, extendindose a lo ms a treinta leguas hacia el Norte, paralelamente a esta costa. Sus fronteras del lado del Oeste tocaban en parte a las de la nacin yaro, que habitaba hacia la desembocadura del ro de San Salvador, y hacia el Norte estaba separada por un gran desierto de algunos poblados de indios guaranes.

Los charras mataron a Juan Daz de Sols, que fue el primer descubridor del ro de la Plata. Su muerte inicia la poca de una sangrienta guerra, que dura an hoy, y que ha hecho derramar mucha sangre. Desde luego los espaoles trataron de fijarse en el pas de los charras y levantaron algunos edificios en la Colonia del Sacramento, un pequeo fuerte y luego una ciudad en la embocadura del ro de San Juan y otra en la confluencia del ro de San Salvador y del Uruguay. Pero los charras lo destruyeron todo y no dejaron a nadie establecerse en su territorio, hasta que los espaoles, que fundaron en 1724 la ciudad de Montevideo, fueron rechazando insensiblemente estos salvajes hacia el Norte, alejndolos de la costa, operacin que ha costado un gran nmero de combates sangrientos.

Por ese tiempo los charras haban atacado y exterminado las naciones indias llamadas yaros y bohanes; pero se aliaron y contrajeron una ntima amistad con los minuanes para sostenerse mutuamente contra los espaoles. Estos, cuyo nmero aument de modo considerable en Montevideo, ganaron continuamente terreno hacia el Norte a fuerza de batallas y empezaron a establecer puestos para sus ganados. En fin, los espaoles consiguieron su objeto de forzar a una parte de los charras y de los minuanes a incorporarse a las partes ms meridionales de las misiones de los jesuitas sobre el Uruguay; otros han sido forzados a venir a habitar a Buenos Aires, y se ha reducido a algunos a vivir tranquilos sometidos en Cayast, cerca de la ciudad de Santaf de la Vera Cruz. Pero queda aun una parte de esta nacin que, aunque errante, habita ordinariamente al este del ro Uruguay, hacia los 31 32 de latitud. Esta contina la guerra a sangre y fuego, con la mayor obstinacin, sin consentir que se hable de paz, y ataca tambin a los portugueses. Cuando yo viajaba por este pas, para reconocerlo, estos indios atacaron con frecuencia a mis exploradores, que eran en nmero de cincuenta o ciento, y mataron a varios.

Su talla media me parece pasar de una pulgada sobre la de los espaoles, pero es ms igual. Son giles, derechos y bien proporcionados, y no se encuentra uno solo que sea demasiado grueso, demasiado delgado o contrahecho. Tienen la cabeza levantada, la frente y la fisonoma abiertas, signos de su orgullo y aun de su ferocidad. Su color se aproxima ms al negro que al blanco, casi sin mezcla alguna de rojo. Los trazos de su cara son muy regulares, aunque su nariz me parece un poco ms estrecha y hundida entre los ojos. Estos ojos son un poco pequeos, brillantes, siempre negros, nunca azules, y jams enteramente abiertos; pero tienen sin duda la vista doble ms larga y mejor que los europeos. Tienen tambin el odo muy superior al nuestro. Sus dientes estn bien colocados, son muy blancos hasta la edad ms avanzada, y jams se les caen naturalmente. Sus cejas son escasas; no tienen barba y escaso pelo en las axilas y en el pubis. Tienen los cabellos espesos, muy largos, gruesos, brillantes, negros y nunca rubios. Nunca se les caen, ni se llegan a poner mas que medio grises hacia la edad de ochenta aos. Sus manos y sus pies son ms pequeos y mejor formados que en Europa, y la garganta de sus mujeres me parece ser menos que la de otras naciones indias.

Nunca se cortan los cabellos. Las mujeres los llevan colgando; pero los hombres se los amarran y los adultos se ponen sobre el nudo que los rene plumas blancas colocadas verticalmente. Si pueden procurarse algn peine, lo usan, pero ordinariamente se peinan con los dedos. Tienen muchos piojos, que las mujeres buscan con gusto para procurarse la satisfaccin de tenerlos durante algn tiempo en la punta de la lengua, que sacan al efecto, y para crujirlos con los dientes y comerlos en seguida. Esta costumbre asquerosa existe generalmente entre todas las indias y entre las mulatas y las pobres del Paraguay. Otro tanto hacen con las pulgas. Las mujeres no tienen alhajas ni otros adornos parecidos y los hombres no se pintan el cuerpo. Pero el da de la primera menstruacin de las muchachas se les pintan en la cara tres rayas azules que caen verticalmente sobre la frente, desde el nacimiento del pelo hasta el extremo de la nariz, siguiendo la lnea media, y se les trazan otras dos que cruzan las mejillas. Se sealan estas rayas picando la piel, y por consecuencia son indelebles; son signo caracterstico del sexo femenino. La menstruacin de estas mujeres, as como la de todas las indias, es menos considerable que la de las espaolas. El sexo masculino se distingue por el barbote. Voy a explicar lo que es. Pocos das despus del nacimiento de un muchacho su madre le perfora de parte a parte el labio inferior, en la raz de los dientes, e introduce en el agujero el barbote. En ste un pequeo pedazo de madera de cuatro o cinco pulgadas de largo y de dos lneas de dimetro. No se lo quitan en toda su vida, ni aun para dormir, a menos que se trate de reemplazarlo por otro, cuando se rompe. Para impedirle caerse, se hace de dos piezas, una ancha y plana en uno de sus extremos, a fin de que no pueda entrar en el agujero, donde se coloca de modo que la parte ancha se encuentra en la raz de los dientes; el otro extremo de la pieza sale apenas del labio, y est perforado para sujetar el otro pedazo de madera, que es ms largo y que se hace entrar a la fuerza.

Ignoro cules eran sus antiguas habitaciones cuando no tenan pieles de vacas ni de caballos (1). (No es intil recordar a algunos lectores que los toros y los caballos son animales que no existan en Amrica, y que han sido llevados por los europeos -espaoles-. En 1550 se labr por primera vez la tierra en el valle del Cuzco -C.A.W.-). Las que tiene hoy no les cuesta mucho trabajo construirlas. Cortan de cualquier rbol tres o cuatro ramas verdes y las encorvan hasta clavar los dos extremos en tierra. Sobre los tres o cuatro arcos formados por estas ramas, y un poco alejados los unos de los otros, extienden una piel de vaca, y he aqu una casa suficiente para el marido, la mujer y algunos nios. Si es muy pequea se construye otra al lado, y cada familia hace otro tanto. Se comprende bien que no puedan entrar mas que como los conejos en su agujero. Se acuestan sobre una piel y duermen siempre sobre la espalda, como todos los indios salvajes. Es intil advertir que no tienen sillas, bancos ni mesas y que sus muebles se reducen a casi nada.

No s nada de su antiguo traje. Hoy los hombres no llevan ni gorro ni sombrero y van enteramente desnudos; pero si pueden procurarse algn poncho sombrero, lo usan cuando hace fro. Por esta misma razn algunos de ellos se hacen con pieles suaves, y aun con la de jaguarete, una camiseta muy estrecha, sin cuello ni mangas, que les cubre apenas las partes, y esto no siempre. El poncho es un pedazo de tela de lana, muy basta, de siete palmos de ancho y doce de largo, con una hendedura en medio para pasar la cabeza. Las mujeres se cubren con un poncho o llevan una camisa de algodn, sin mangas, cuando sus padres o sus maridos han podido procurarse o robar una. Pero no lavan nunca sus vestidos, ni sus manos, ni su cara, ni su cuerpo, como no sea a veces en los grandes calores, cuando se baan; de manera que no se puede encontrar nada mas sucio ni, por consecuencia, oler nada ms apestoso. Tampoco barren jams sus habitaciones, y no cosen ni hilan, acaso porque su pas no hay algodn ni se cran carneros.

Yo creo que nunca han cultivado la tierra, al menos no lo hacen hoy, y se alimentan nicamente de la carne de vacas salvajes, que abundan en su distrito. Las mujeres guisan, pero todos sus guisos se reducen al asado sin sal. Atraviesan la carne con un palo aguzado, y clavan la punta en tierra; encienden fuego al lado y le dan vuelta a aquella una sola vez para hacerla asar por igual. Ponen a la vez varios palos con carne y cuando uno est despojado ya de ella se le sustituye por otro. A cualquier hora que sea, el que tiene hambre coge uno de estos palos, lo coloca ante s, y sentado sobre los talones come lo que le parece, sin prevenir a nadie ni decir una palabra, hasta cuando marido, mujer e hijos comen del mismo pedazo, y no beben mas que despus de haber concluido de comer.

No conocen ni juegos, ni bailes, ni canciones, ni instrumentos de msica, ni sociedades o conversaciones ociosas. Su aire es tan grave que no se pueden conocer en ellos las pasiones. Su risa se reduce a entreabrir ligeramente las comisuras de los labios, sin lanzar jams una carcajada. Nunca levantan la voz y hablan siempre muy bajo, sin gritar, ni aun para quejarse cuando se los mata. Esto llega hasta el punto de que si tienen que tratar algo con alguno que vaya diez pasos por delante no lo llaman, y prefieren andar hasta alcanzarlo. No adoran a ninguna divinidad ni tienen ninguna religin; se encuentran, por consecuencia, en un estado ms atrasado que el del primer hombre descrito por algunos sabios, pues que le dan una religin. No se observa entre ellos ni accin ni palabra que tenga la menor relacin con las atenciones de respeto y cortesa. No tienen, igualmente, ni leyes, ni costumbres obligatorias, ni recompensas, ni castigos, ni jefes para mandarlos. Tenan otras veces caciques, que en realidad no ejercan ninguna autoridad sobre ellos y que desempeaban all el mismo papel que en las otras naciones de que hablaremos. Todos son iguales; ninguno est al servicio de otro, a no ser alguna mujer vieja que, por carecer de recursos, se rene a una familia o que se encarga de amortajar y enterrar a los muertos.

Los jefes de familia de renen a la entrada de la noche para convenir entre ellos cules deben pasarla de centinela y los puestos que deben ocupar; son tan astutos y previsores, que no olvidan nunca esta precaucin. Si alguien ha formado algn proyecto de ataque o defensa, lo comunica a esta asamblea, que lo ejecuta si lo aprueba. Se colocan todos en crculo, sentados sobre los talones (1), (Hay, pues, una especia de Gobierno, mezcla de aristocracia y democracia; todo esto est enteramente conforme con lo que he dicho de la forma de gobierno de los pueblos, en el segundo perodo, en la pgina 63 de mis Essai sur LHistorie de lespce humaine. -C.A.W.-). Pero a pesar de esta aprobacin, ninguno est obligado a concurrir a la ejecucin, ni aun el mismo que ha propuesto el asunto, y no hay ninguna pena que imponer a los que faltan. Son las partes mismas las que arreglan sus diferencias particulares; si no estn de acuerdo se pelean a puetazos hasta que uno vuelve la espalda y abandona al otro, sin que se vuelva a hablar del asunto. En estos duelos jams hacen uso de armas, y nunca he odo decir que hubiera ningn muerto. No obstante, con frecuencia se derrama sangre porque se aplastan las narices, y aun a veces se parten algn diente (1) (<< Las necesidades de que depende una sociedad cualquiera son la adquisicin de la subsistencia necesaria para sostener la vida de cada uno de sus miembros, la seguridad exterior y la tranquilidad interior. Acabamos de ver cmo una autoridad legal se establece naturalmente en un pueblo, en este perodo, para atender a las dos primeras, y en cuanto a la ltima, es casi nula entre ellos. Poco celosos entre s de la autoridad, cuya adquisicin es ms penosa que deseable la posesin, reunidos por un mismo inters, ignoran el tumulto de las facciones y las tormentas de las disensiones polticas. Su pequeo nmero, resultado necesario de su manera de vivir, contribuye an a hacer reinar entre ellos la mayor unin y el ms perfecto acuerdo. En las injurias particulares se permite al ofendido tomarse la justicia por su mano. Hay pocos altercados que interesen a la sociedad entera; y si los hay que merezcan su atencin, se los juzga en la asamblea, ya consagrada por el uso como autoridad soberana. >> -Essai sur LHistoire de lespce humaine, par C. A. Walckenaer; in 8, 1798; pg. 69.-)

Tienen caballos y yeguadas. La mayora poseen bridas guarnecidas de hierro, que los portugueses, cuando estn en paz con ellos, les dan en cambio de los caballos que reciben. Los hombres montan generalmente en pelo, y las mujeres en una especie de gualdrapa muy sencilla. Si alguno de ellos pierde sus caballos en la guerra, no debe esperar que sus compaeros le presten otros. Si slo queda uno, monta el marido, mientras su mujer y su familia lo siguen a pie cargados con el resto del equipaje. La mayora no tienen por toda arma mas que una lanza de once pies, armada de hierro muy largo, que les facilitan los portugueses, y los que no las tienen se sirven de flechas muy cortas, que llevan en un carcaj suspendido del hombro.

Cuando han resuelto hacer una expedicin militar ocultan sus familias en un bosque y envan a la descubierta, cuando menos seis leguas por delante, exploradores bien montados. stos avanzan con las mayores precauciones, tendidos todo a lo largo sobre los caballos.

Van lentamente y se detienen de tiempo en tiempo para dejarlos pacer. A causa de esto no les ponen brida, y se contentan con amarrarles a la mandbula inferior una pequea correa, a la cual unen otras dos que les sirven de riendas. Aadid a estas precauciones la ventaja de ver antes de ser vistos en estas inmensas llanuras, porque su vista es muy superior a la nuestra. Cuando estn muy cerca, es decir, a distancia de una o dos leguas, se detienen. A la puesta del Sol traban sus caballos y se aproximan a pie, encorvndose y ocultndose en las hierbas, hasta haber reconocido bien la situacin del campo enemigo o de la casa que quieren atacar, as como de sus puestos avanzados, de sus centinelas y de su caballera. Aun cuando no tengan intencin de atacar, sus exploradores siguen siempre a las tropas espaolas que atraviesan el pas; de modo que aunque no se vea un solo indio, el comandante debe suponer que se siguen todos los pasos y que ser infaliblemente atacado si no toma todas las precauciones necesarias. Por tanto, debe constantemente estar acampado durante el da y no emprender las marchas mas que por la noche.

Los exploradores, despus de tomar los datos necesarios, parten a galope para avisar a los suyos; pero si han sido vistos, huyen en la direccin contraria a la de su tropa y no hay que pensar siquiera en alcanzarlos, porque sus caballos son mucho ms ligeros que los nuestros. Cuando, por el contrario, esperan tener ventaja, despus de recibir las noticias se distribuyen en los puntos escogidos para el ataque y marchan lentamente. Tan pronto como estn cerca profieren grandes gritos, se dan sobre la boca golpes redoblados, se precipitan contra el enemigo como el rayo y matan a todo el que encuentran, no conservando ms que las mujeres y los nios menores de doce aos. Estos prisioneros los llevan consigo y los dejan en libertad entre ellos. La mayora se casan y se acostumbran a su gnero de vida, siendo raro que quieran dejarlo para volver entre sus compatriotas. Estas expediciones las hacen siempre antes del amanecer, pero atacan tambin en pleno da si notan que el jefe enemigo tiene miedo o que hay desorden en su tropa. Adems saben amagar falsos ataques, hacer fugas simuladas y preparar emboscadas; siendo cosa segura que ninguno de los que salen huyendo se les escapa, a causa de la superioridad de sus caballos y de la destreza con que los manejan. Felizmente, se contentan con una sola victoria, como el jaguarete, y no se les ocurre aprovecharse de sus ventajas; sin esto acaso los espaoles no hubieran podido extender su poblacin por las llanuras de Montevideo. Cada uno se aprovecha del botn que hace personalmente, porque no efectan reparto.

Cuando se piensa que los charras han dado ms que trabajar a los espaoles y les han hecho derramar ms sangre que los ejrcitos de los Incas y de Moctezuma, se creer sin duda que estos salvajes formen una nacin muy numerosa. Debe saberse, sin embargo, que los que existen actualmente, y que nos hacen tan cruel guerra, no forman hoy, seguramente, ms que un cuerpo de unos cuatrocientos guerreros. Para someterlos se han enviado con frecuencia contra ellos ms de mil veteranos, ya en diferentes cuerpos, para envolverlos, y se les han dado golpes terribles; pero, en fin, el caso es que ellos subsisten y nos han matado mucha gente. Se ha observado que cuado atacan conviene echar pie a tierra y esperarlos formados en fila, contentndose con hacer algunos disparos unos despus que otros; sta es la nica manera de hacer que las armas de fuego les infundan respeto. Entonces se van, luego de haber caracoleado con sus caballos y sin acercarse mucho. Si se les hace una sola descarga general todo est perdido.

Jams permanecen en el celibato, y se casan en cuanto sienten necesidad de esta unin. Nunca he visto ni odo que se casen entre hermanos. Les he preguntado la razn, y no me la han sabido dar; pero como no tienen ninguna ley que lo prohba, se debe presumir que si tales alianzas no se verifican es porque cuando la hermana es mayor no espera que su hermano llegue a la edad necesaria, y se casa con el primero que se presenta, y en el caso contrario el hermano hace otro tanto. Como son naturalmente taciturnos y serios no conocen ni el lujo, no diferencias jerrquicas, ni adornos, ni juegos, etc., cosas que son el principal fundamento de la galantera, el casamiento, este asunto tan grave y que se impone de un modo tan intenso por la Naturaleza, se concierta entre estos salvajes con tanta sangre fra como nosotros cuando se trata de un espectculo cualquiera. Todo se reduce a pedir la hija a los padres y llevrsela, si stos lo permiten. La mujer no se niega nunca y se casa con el primero que llega, aunque sea viejo y feo.

Desde que el hombre se casa forma una familia aparte y trabaja para alimentarla, porque hasta entonces ha vivido a expensas de sus padres, sin hacer nada, sin ir a la guerra y sin asistir a las asambleas. La poligamia es permitida, pero una sola mujer nunca tiene dos maridos (1), (<< Puesto que en este perodo el hombre retiene a su mujer bajo su dependencia inmediata, sin que ella tenga la libertad de substraerse, el casamiento tendr ms estabilidad y ser por parte de este sexo un contrato obligatorio. Se ver con frecuencia a un hombre poseer muchas mujeres, pero nunca una mujer tener muchos maridos, a menos que las causas que he indicado lo dispongan de otra manera. >> - Essai sur lHistoire de lespce humaine, pg. 83- Se ver en la continuacin de este captulo una de las causas a que yo hago aqu alusin, comprobada con el ejemplo de los ganas, cuyas mujeres pueden poseer varios maridos, aunque estn en el mismo perodo de civilizacin que los otros indgenas de estas regiones. -C.A.W.-); y aun ms: cuando un hombre tiene muchas mujeres, stas lo abandonan en cuanto encuentran otro del que puedan ser nicas esposas. El divorcio es igualmente libre para los dos sexos; pero es raro que se separen cuando tienen hijos. El adulterio no tiene otra consecuencia que algunos puetazos que la parte ofendida administra a los dos cmplices, y esto solamente si los coge in fraganti. No ensean ni prohben nada a sus hijos, y stos no tienen respeto alguno a sus padres; siguiendo en esto su principio universal de hacer cada uno lo que le parece, sin estar limitado por ningn miramiento ni ninguna autoridad. Si los nios quedan hurfanos se encarga de ellos algn pariente.

Los jefes de familia, pero no sus mujeres ni sus hijos, se emborrachan lo ms frecuentemente que pueden con aguardiente, y a falta de este licor, con chicha, que preparan diluyendo en agua miel salvaje y dejndola que fermente (1), (<< El hombre es naturalmente inclinado a la ociosidad y a la pereza; tiene, si as puede decirse, una fuerza de inercia que le hace permanecer en reposo, a menos que una fuerza poderosa lo estimule a moverse. Estas causas deben ser en pequeo nmero y poco frecuentes en los pueblos del primer perodo, a los que la ambicin, el amor y la avaricia son absolutamente extraos. Tambin una de las notas ms salientes de su carcter nacional es la indolencia; pero sta lleva consigo la languidez y el aburrimiento. Para substraerse a estas plagas debieron ser adoptadas con entusiasmo en la infancia de las sociedades las bebidas que imprimen a todos nuestros rganos un movimiento rpido, que excitan una alegra ruidosa, que exaltan la imaginacin y que parecen sacarnos de nuestra propia existencia y hacer de nosotros otro ser nuevo. La fermentacin espirituosa es uno de los fenmenos ms frecuentes en la Naturaleza en la descomposicin de los vegetales y uno de los que la industria humana imita con ms facilidad. >> -Essai sur LHistorie de lespce humaine, pg. 50.-C.A.W.-). Yo no he advertido que estuvieran sujetos al mal venreo ni a ninguna otra enfermedad particular, y su vida me parece ms larga que la nuestra. Pero, no obstante, como a veces se ponen malos, tienen sus mdicos. Estos no conocen mas que un remedio universal para todos los males, que se reduce a chupar con mucha fuerza el estmago del paciente para extraer el mal; tal cosa han sabido hacer creer estos mdicos para procurarse gratificaciones.

Tan pronto como muere un indio transportan el cadver a un sitio determinado, que es hoy una pequea montaa, y lo entierran con sus armas, sus trajes y todas sus alhajas y objetos. Algunos disponen que se mate sobre su tumba el caballo que ms queran, cosa que se ejecuta por algn amigo o pariente. La familia y los parientes lloran mucho al muerto y su duelo es muy singular y muy cruel. Cuando el muerto es un padre, un marido o un hermano adulto, las hijas y las hermanas ya mujeres se cortan, as como la esposa, una de las articulaciones de los dedos por cada muerto, empezando esta operacin por el dedo meique. Adems se clavan varias veces el cuchillo o la lanza del difunto, de parte a parte, en los brazos, el seno y los costados, de la cintura para arriba. Yo lo he visto. Aadid a esto que pasan dos lunas metidas en sus chozas, donde no hacen ms que llorar y slo toman poqusimo alimento. Yo no he visto una sola mujer adulta que tuviese los dedos completos y que no llevara cicatrices de heridas de lanza. (1), (Segn RODOLFO R. SCHULLER, que ha prologado y anotado el libro de AZARA -F. DE- Geografa fsica y esfrica de las provincias del Paraguay y misiones guaranes, Montevideo, 1904, la voz charra quiere decir en legua guaran los que se mutilan a s mismos o los mutilados. -Nota D-).

El marido no hace duelo por la muerte de su mujer ni el padre por la de sus hijos; pero cuando stos son adultos, a la muerte de su padre se ocultan dos da, completamente desnudos, en su choza, sin tomar casi alimento, y ste solamente puede consistir en carne o huevos de perdiz. Despus, por la noche, se dirigen a otro indio para que les haga la siguiente operacin: coge al paciente un gran pellizco en la carne del brazo y la atraviesa por distintas partes con pedazos de caa de un palmo de largo, de manera que los extremos salen por los dos lados. El primer pedazo se clava en el puo, y los otros, sucesivamente, de pulgada en pulgada, sobre toda la parte exterior del brazo, hasta el hombro y aun sobre l. No se crea que estos pedazos de caa son del grueso de un alfiler, sino que son astillas cortantes de dos o cuatro lneas de ancho y cuyo grueso es igual por todas partes. Con este triste y espantoso aparato sale el salvaje que est de duelo, y se va solo y desnudo a un bosque o a cualquier altura, sin temer al jaguarete ni a los otros animales feroces porque estn persuadidos de que huirn vindolos ataviados de tal modo. Lleva en la mano un palo armado de una punta de hierro, y se sirve de l para cavar, con ayuda de sus manos, un hoyo donde se mete hasta el pecho y donde pasa la noche en pie. Por la maana sale para ir a una cabaa, semejante a las ya descritas y que est siempre preparada para los que estn de duelo. All se quita las caas, se acuesta para descansar y pasa dos das sin comer ni beber. Por la maana y los das siguientes los nios de la tribu le llevan agua y algunas perdices, o sus huevos, en muy pequea cantidad; los dejan a su alcance y se retiran corriendo, sin decir una palabra. Esto dura diez o doce das, al cabo de los cuales el doliente va a buscar a lo otros. Nadie est obligado a estas brbaras ceremonias; pero, no obstante, es muy raro que dejen de realizarse, porque el que no se conforma exactamente a ellas es considerado como dbil; este concepto es nico castigo; y aun no le daa en la sociedad a que pertenece.

Los que creen que el hombre no obra nunca sin motivo y que pretenden descubrir la causa de todo podrn ejercer su curiosidad en buscar el origen de un duelo tan extravagante entre esta nacin de indios.

YAROS. - Estos indios habitan en tiempos de la conquista la costa oriental del ro Uruguay, entre el ro Negro y el de San Salvador. Del lado del Este tenan por vecinos a los charras y por el Norte los bohanes y los chans. Las noticias que he podido recoger respecto a ellos se reducen a que su lengua era muy diferente de todas las otras; el nmero de sus guerreros no llegaba a ciento y sus armas eran arcos y flechas. Deban de ser valientes, puesto que atacaron y mataron a un nmero muy considerable de espaoles de los que acompaaban al capitn Juan lvarez, primer navegante del Uruguay. Por ltimo, fueron exterminados por los charras.

BOHANES. - Esta nacin, en la poca de la conquista, habitada el borde del Uruguay, al norte del ro Negro, y lindaba por el Sur con los territorios de los yaros y de los chans. Todo lo que yo he podido encontrar respecto a ellos en los antiguos manuscritos es que su lengua era diferente de todas las otras, que esta nacin era an menos numerosa que los yaros y que fue exterminada por los charras.

CHANS. - Cuando los primeros espaoles llegaron al pas, esta nacin viva en las islas del Uruguay al frente del ro Negro. De all pasaron a orilla oriental del Uruguay, un poco al sur del ro de San Salvador, cuando los espaoles abandonaron la ciudad de San Salvador; despus, acosados por los indios de la vecindad, volvieron a sus islas. Habitaban la que se llama hoy isla de los Vizcanos cuando, temiendo la vecindad de los charras, que haban ya exterminado a los rayos y a los bohanes, buscaron la proteccin de los espaoles de Buenos Aires, suplicndoles que los defendieran y que les formaran un poblado que estara bajo su dependencia. El gobernador accedi a su demanda, los sac de su isla y form con ellos el pueblo que se llama hoy Santo Domingo Soriano. Pero como se han mezclado con los espaoles, casi todos pasan hoy por tales. Existen, no obstante, an algunos, entre ellos uno que pasa de cien aos, y que dice que su padre y su abuelo vivieron todava, mucho ms tiempo. Se ve por las noticias de este viejo, confirmadas por algunos escritos antiguos, que el lenguaje de esta nacin era diferente del de las otras; que tena aproximadamente cien guerreros; que viva principalmente de la pesca; que usaba canoas y que no ceda a los charras por su talla y buenas proporciones. Como los que existen hoy han nacido en el pueblo, ignoran las costumbres de sus antecesores salvajes.

MINUANES. -Es una nacin que al tiempo de la conquista viva en las llanuras septentrionales del Paran. No se alejaba ms de una treintena de leguas, y se extenda de Este a Oeste, desde la reunin de este ro con el Uruguay hasta frente a la ciudad de Santa Fe. El Uruguay la separaba de las naciones de que hemos hablado. Por la parte norte estaba limitada por grandes desiertos, y tena por vecinas al sur diferentes hordas que vivan en las islas formadas por el Paran.

Los minuanes mataron a Juan de Garay, capitn renombrado entre los conquistadores de Amrica, as como a la numerosa tropa que mandaba. Cuando los charras empezaron a pasar al lado norte se aliaron del modo ms estrecho con los minuanes. Durante algn tiempo las dos naciones vivieron juntas y se reunan para atacar a los espaoles de Montevideo. Estas naciones pasaban y repasaban el Uruguay, y aunque se separasen frecuentemente, como reinaba entre ellas la mayor armona, los espaoles las confundan y las confunden an hoy, llamndolas indistintamente charras o minuanes. Hoy estn reunidas y no se las puede distinguir con relacin a su estado actual ni a la manera de hacer la guerra; por tanto, todo lo que he dicho de los charras debe entenderse de las dos naciones reunidas. El jesuita Francisco Garca comenz a formar un poblado de minuanes llamado Jess Maria, cerca del ro de Ibicu; pero la mayor parte de los indios volvi a su antiguo modo de vivir, y slo qued un pequeo nmero, que se reuni al poblado de guaranes llamado San Borja.

Los minuanes son hoy menos numerosos que los charras, tienen un lenguaje particular muy diferente, que no guarda relacin con el otro, y su talla es semejante a la de los espaoles; adems, me parece que sus mujeres tienen el seno ms grueso. Su cuerpo es menos carnoso, su cara ms triste, ms sombra y menos espiritual; su carcter, menos activo, menos orgulloso y menos entero; pero se asemejan completamente en el color, las facciones, los ojos, la vista, el odo, los dientes, los cabellos, el pelo, la falta de barba, la mano, el pie, la seriedad, la taciturnidad, el tono de la voz, la costumbre de no rer nunca, la suciedad y el barbote. Como ellos, no gritan ni se quejan nunca, y se les asemejan adems por la igualdad, que no admite ni clases de jerarqua; por los vestidos, los muebles, la falta de adornos, la poca menstruacin; por los caballos, las armas, la manera de hacer la guerra, los casamientos, la falta de agricultura, y por la manera de alimentarse y de emborracharse. As como los charras, no sirven a nadie, no se prestan nada unos a otros, no reparten el botn y tienen, igualmente, un cementerio comn.

Otro tanto digo de su falta de religin, de educacin, de leyes, de recompensas, de castigos, de danzas, de instrumentos de msica, de juegos, de sociedades y de conversaciones ociosas; de la costumbre que tienen de reunirse a la puesta de sol, y de terminar a puetazos sus diferencias particulares. Pero difieren en otros aspectos de la vida, porque rara vez hacen uso del divorcio y de la poligamia. Los padres y las madres no se ocupan de sus hijos mas que mientras estn mamando; luego los entregan a cualquier pariente casado, sea to, primo o hermano, y no vuelven a vivir con ellos ni a tratarlos como a hijos; tampoco ellos los consideran como padres y no hacen duelo por su muerte, sino por la del pariente que los ha criado.

Sus mujeres, en la poca de su primera menstruacin, se aplican las mismas pinturas que las de los charras, de los que han tomado esta costumbre despus de su reunin; pero hay an muchas que, segn su antigua prctica, suprimen las rayas de las mejillas. Muchos hombres imitan hoy a los charras y no se pintan; pero otros conservan su antigua costumbre de trazarse tres rayas azules indelebles, que pasan de una mejilla a otra, atravesando la nariz a la mitad de su longitud, y otros se embadurnan slo de blanco las mandbulas. Curan a sus enfermos chupndoles el estmago, como los charras, pero no son slo los hombres los que ejercen la medicina, habiendo tambin algunas mujeres de edad que se dedican a esta profesin. Consiguen a veces persuadir a hombres que carecen de mujer de que ellas tienen en sus manos la vida y la muerte (1); (Cmo podr ser esto si no tienen ninguna religin ni ninguna idea supersticiosa? -C.A.W.-); inspirndoles as miedo consiguen casarse con alguno.

A la muerte del marido la mujer se corta una falange de un dedo; tambin se cortan el extremo de su cabellera y el resto sirve para cubrirse la cara. Se tapan el seno con cualquier trozo de tela o de piel, o aun con sus vestidos ordinarios, y permanecen durante varios das ocultan en su choza. Las doncellas adultas hacen otro tanto, no a la muerte de su padre natural, sino del que las ha criado. El duelo de los hombres adultos es tal como el que hemos descrito de los charras, pero dura la mitad del tiempo, y en vez de clavarse pedazos de caa en los brazos se perforan con una espina gruesa de pescado las piernas y los muslos por delante y por detrs, as como los brazos, hasta el codo, pero no el hombro. Clavan la espina por un lado y la sacan por el otro, como una aguja de coser, y esto, al menos, de pulgada en pulgada.

PAMPAS.- As es como llaman a los espaoles a una nacin de indios porque vive errante entre los 36 y 39 de latitud, en las llanuras inmensas a que llaman pampas. Los primeros conquistadores los conocieron bajo el nombre de querandes, y parece que se dan hoy a si mismo el nombre de puelches, y aun otros, porque cada divisin de la nacin tiene el suyo. A la primera llegada de los espaoles erraban estos indios por la orilla meridional del ro de la Plata, frente a los charras, sin comunicar los unos con los otros, porque no tenan ni barcos ni canoas. Por el lado oeste lindaban con los guaranes de Montegrande y del valle de Santiago, llamados hoy San Isidro y las Conchas, y por los otros lados no tenan ningn vecino prximo.

Esta nacin disput el terreno a los fundadores de Buenos Aires con un vigor, una constancia y un valor admirables. Los espaoles, despus de prdidas considerables, abandonaron la plaza; pero volvieron por segunda vez para repetir la fundacin de la ciudad; y como entonces estaban los espaoles fuertes en caballera, los pampas no pudieron resistirlos y se retiraron al lugar que hoy ocupan. Vivan, como antes, de la caza del tatuejo, de la liebre, del ciervo y de los avestruces, que se encontraban en grande abundancia; pero habindose multiplicado mucho los caballos cimarrones o salvajes, empezaron a cogerlos para comerlos, cosa que hacen todava hoy, pues se alimentan de la carne de estos animales y de los otros de que hemos hablado. Las vacas salvajes se multiplicaron en el pas despus de los caballos, y como los pampas no tenan necesidad de ella para vivir, nunca han pensado en comerlas, y no las comen aun hoy. As, este ganado no encontr obstculo alguno para su multiplicacin y se extendi hasta el ro Negro hacia el 41 de latitud, y a proporcin hacia el Oeste, hasta los lmites de Mendoza y hasta las cimas de la cordillera de Chile. Los indios salvajes de estos cantones, viendo llegar vacas a su pas, empezaron a comerlas, y como las haba en abundancia, vendan lo que les sobraba a los araucanos y otros indios, y aun a los presidentes de aquella Audiencia que hacan esta especie de comercio.

As es como el nmero de estos animales disminuy en las regiones occidentales, y lo que quedaba se corri hacia el Este, concentrndose en el pas de las pampas. De esto vino el que varias naciones de indios de la vertiente oriental de la Cordillera, y otros del lado de Patagonia, vinieron a establecerse en los cantones en que haba ganado y se unieron en amistad con los pampa. stos tenan ya un gran cantidad de caballos de silla, de que los recin venidos se apoderaron en un gran nmero, as como de vacas, que iban a vender a otras naciones de la Cordillera y a los espaoles de Chile. As acabaron de destruir el resto de las vacas salvajes. A la verdad, en estos los ayudaron los habitantes de Mendoza y de Buenos Aires, que por su parte hicieron un gran estrago para alimentarse y para procurarse cueros y sebo.

Los pampas y las otras naciones coligadas, al faltarles el ganado, que era una parte de su alimento y nico artculo de comercio, comenzaron, a la mitad del siglo anterior o un poco antes, a robar el ganado domesticado que los habitantes de Buenos Aires posean en sus pastos o parques. Tal fue el origen de una guerra sangrienta, porque los indios no se limitan a robar los ganados, sino que mataban a todos los hombres adultos, no conservando mas que las mujeres y los adolescentes, que se llevaban conseguido y que trataban como he dicho que lo hacan los charras; es verdad que les exigan algunos servicios y los tenan como esclavos o criados hasta que se casaban, pero entonces eran tan libres como los dems.

En el curso de esta guerra quemaron muchas casas de campo y mataron millares de espaoles. Con frecuencia han saqueado el pas e interrumpido durante mucho tiempo las comunicaciones de Buenos Aires con Chile y el Per, y forzado a los espaoles a cubrir la frontera de Buenos Aires por once fuertes, guardados por setecientos veteranos de caballera, sin contar las milicias. Lo mismo ha sucedido, proporcionalmente, en los distritos de Crdoba y Mendoza. Es seguro que en esta guerra haba varias naciones indias coligadas; pero los pampas han constituido siempre la parte principal, y es indudable que son muy valientes. El siguiente hecho puede dar una idea. En una batalla se haban hecho prisioneros cinco pampas; se los llev a un buque de guerra de setenta y cuatro caones y seiscientos cincuenta hombres de equipaje, para conducirlos a Espaa. A los cinco das de navegacin el capitn les permiti pasearse por el buque, y desde el mismo instante resolvieron apoderarse de l, matando a toda la tripulacin. Para este efecto uno de ellos se aproxim a un cabo de mar y, aprovechando que estaba descuidado, le quit el sable y en un instante mat a dos pilotos y catorce marineros o soldados. Los otros cuatro indios se lanzaron a apoderarse de las armas; pero como la guardia las defendi bien se arrojaron al mar se ahogaron, as como el primero, que los imit. Los jesuitas comenzaron a formar con estos indios dos poblados: uno cerca del ro Sal y el otro ms al Sur, cerca de una montaa que se llama impropiamente Volcn; pero ni uno no otro subsistieron.

Hace unos trece aos que los pampas concertaron la paz con los espaoles. No obstante, son tan desconfiados, que cuando recorr su territorio observaron escrupulosamente todas mis marchas, sin presentrseme nunca delante ni dejarse ver, porque yo llevaba una buena escolta. As es que lo que he dicho procede de informes que he tomado y observaciones que he podido hacer sobre los que he visto en Buenos Aires. Tienen una gran cantidad de excelentes caballos y los montan como los charras. Compran sus trajes de pieles y las plumas de avestruz a otros indios que viven al sur del pas, por el lado de los patagones; y en cuanto a sus mantas y sus ponchos, los adquieren de los indios de la Cordillera y de Chile. Agregan a todas estas mercancas otros pequeos objetos que son de su uso, como hebillas, lazos, riendas de caballo, sal, etc., y vienen a venderlos a Buenos Aires, de donde llevan en cambio aguardiente, hierba del Paraguay, azcar, dulces, higos y uvas pasas, espuelas, bocados, cuchillos, etc. Con frecuencia van acompaados por indios de Patagonia y de la Cordillera de Chile, y de tiempo en tiempo los caciques hacen una visita al virrey para obtener algn presente.

Yo creo que esta nacin puede tener a lo sumo cuatrocientos guerreros. Su lenguaje es diferente de todos los otros, pero no tienen ningn sonido nasal ni gutural; as es que podra escribirse con letras de nuestro alfabeto. Me parece que son menos silenciosos que las otras naciones y que su voz es ms sonora y ms llena. En efecto, aunque algunos hablan muy bajo en una conversacin ordinaria, cuando pronuncian una arenga ante el virrey el orador refuerza su voz, y despus de haber dicho tres o cuatro palabras hace una pequea pausa, apoyado con fuerza sobre la ltima silaba, como un ayudante que manda el ejercicio. Su talla no parece inferior a la de los espaoles, pero en general tienen los miembros ms fuertes, la cabeza ms redonda y ms gruesa, los brazos ms cortos, la cara ms ancha y ms severa que nosotros y que los otros indios y el color menos oscuro. Nadie entre ellos se pinta ni se corta los cabellos. Los hombres levantan todas las puntas de stos hacia arriba y los amarran con una correa o cuerda, con la que se cien la cabeza, sobre la frente. Las mujeres dividen sus cabellos en dos mitades iguales, de cada una de las cuales hacen una coleta, gruesa, larga y apretada, como la de los soldados. Esta doble coleta no les cae por detrs, sino sobre las orejas, y parecen dos largos cuernos colgando sobre las orejas y a lo largo de los brazos. De todas las mujeres indias, stas son las ms limpias y las que se lavan con ms frecuencia; pero las creo tambin las ms vanas, ms orgullosas y menos complacientes.

Los hombres no tienen el barbote, y no usan un traje alguno cuando van a la guerra o a la caza, ni cuando estn en su casa, a no ser que haga mucho fro; pero para entrar en Buenos Aires se ponen un poncho. Ya he dicho lo que es esta prenda. Los ms ricos llevan un sombrero, una chaqueta y alguna cubierta amarrada a los riones. Los capitanes o caciques tienen un vestido, que les regala el virrey, y un cinturn de bayeta. Ninguno posee camisas ni calzones, y advierten que no se los den porque les molestan mucho. Las mujeres no se pintan la cara, y usan zarcillos, collares y alhajas de poco valor. Se envuelven el cuerpo en un poncho, que les cubre completamente el seno y no deja ver mas que la cara y las manos. Quiz entre s estn menos cubiertas. Las casadas con indios acomodados, y sus hijas, se adornan mucho ms. Se cosen al poncho una docena de placas de cobre, delgadas y redondas, de tres a seis pulgadas de dimetro, ponindolas a igual distancia unas de otras. Adems llevan botas de piel o de cuero delgado, muy guarnecidas de clavos de cobre, de cabeza cnica y seis lneas de ancho en la base. Sus bridas, como las de sus maridos, estn tambin cargadas de placas de plata, y lo mismo sus espuelas.

Yo no he observado entre otras naciones indias esta desigualdad de riquezas en los vestidos y adornos. Hay tambin jefes o caciques, que, sin tener el derecho de mandar, de castigar ni de exigir nada, son muy considerados de los otros, que adoptan generalmente todo lo que proponen, porque creen que tienen ms talento, perspicacia y valor. Cada jefe habita un distrito separado, con los de su horda; pero se renen cuando se trata de hacer la guerra o cuando lo exige algn asunto de inters comn. Por lo dems, no trabajan ni cultivan la tierra; ignoran el arte de coser y de hacer telas; no conocen ni religin, ni culto, ni sumisin, ni leyes, ni recompensas, ni castigos, ni instrumentos de msica, ni bailes; pero se emborrachan con frecuencia. Hay entre ellos que tienen un poco de barba porque proceden de la mezcla de su raza con las de las mujeres y muchachos que nos robaban en la guerra. Me parece que el amor conyugal es ms fuerte entre ellos que entre todos los otros indios; que la poligamia y el divorcio son muy raros y que muestran mucha ternura por sus hijos, aunque no les ensean nada. Sus tiendas o habitaciones porttiles se levantan con gran rapidez. Clavan en tierra tres palos del grueso del puo, a cuatro pies de distancia prximamente uno de otro: el de en medio, de una vara de largo; los otros, menos, y todos terminados en su extremo por una pequea horquilla. A dos varas prximamente de estos palos clavan otro tres, en todo semejantes, y colocan horizontalmente sobre las horquillas en que todos terminan otros tres palos o caas, sobre los que extienden pieles de caballo, y he aqu una tienda levantada para una familia. sta se acuesta sobre pieles y siempre sobre la espalda. Si sienten fro cubren verticalmente con otras pieles los costados de la tienda. Se casan del mismo modo que los charras y hasta la poca del casamiento los hijos viven a costa de los padres.

No conocen ni arcos ni flechas, y creo que no los han usado nunca. En efecto, aunque las antiguas relaciones hablan de ellos, yo creo que los autores se han equivocado atribuyendo a los pampas las flechas de sus aliados los guaranes, que hacan entonces la guerra a los espaoles. Ninguna nacin salvaje ha abandonado sus antiguos usos, y en esto se asemejan a los cuadrpedos salvajes. Sobre todo, ninguna ha renunciado a sus flechas, aunque algunas, despus de la llegada de los espaoles, les hayan agregado el uso de otras armas. Se servan antiguamente de un dardo o bastn puntiagudo, con el que combatan de cerca, y tambin de lejos lanzndolos; pero lo han alargado y convertido en una lanza larga, que les es ms til a caballo, y conservan sus antiguas bolas. Las hay de dos clases: la primera, compuesta de tres piedras redondas, gruesas como el puo, recubiertas de piel de vaca o de caballo y amarradas a un centro comn con cuerdas de cuero del grueso del dedo y tres pies de largo. Cogen con la mano la ms pequea de las tres, y despus de haber hecho dar vueltas con violencia a las otras por encima de la cabeza, las lanzan hasta la distancia de cien pasos, y se enredan de tal modo alrededor de las piernas, el cuello o el cuerpo de un animal o de un hombre, que le es imposible escaparse.

La otra clase de bola se reduce a una sola piedra, y la llaman bola perdida. Es del mismo grueso que las otras, pero cuando la hacen de cobre o de plomo, como a veces sucede, es mucho ms chica. Est recubierta de cuero y unida a una correa o cordn que cogen por el extremo para hacer dar vueltas a la bola como una honda, y cuando la sueltan da un golpe terrible a ciento cincuenta pasos o ms lejos, porque la lazan cuando su caballo corre a rienda suelta. Si el objeto est cerca, dan el golpe sin soltar la bola. Los pampas manejan admirablemente estas dos clases de bolas para coger caballos salvajes y otros animales, y llevan gran nmero de ellas cuando van a la guerra. Con este arma fue con la que el tiempo de la conquista enlazaron y mataron, en una batalla, a D. Diego de Mendoza, hermano del fundador de Buenos Aires, otro nueve de los principales capitanes que estaban a caballo, y gran nmero de espaoles. Amarrando manojos de paja inflamada a la correa de las bolas perdidas llegaron a incendiar varias casas de Buenos Aires y algunos buques. Su manera de hacer la guerra es exactamente la misma que la de los charras, que he descrito; pero como su pas es ms llano y no hay ni ros ni bosques, no pueden tener tantas emboscadas, y las suplen con la sagacidad y el valor, llevados al ltimo extremo, con la superioridad de sus caballos y su destreza en el manejo de stos.

AUCS Y OTROS.-Al oeste de las pampas estn los aucs (que parecen formar parte de los famosos araucanos de Chile) y otras muchas naciones indias, a que se dan diferentes nombres, en las fronteras de la ciudad de Mendoza.

Yo creo que todas estas naciones habitaban antiguamente la cordillera misma de Chile y que descendieron para habitar el pas donde se halla hoy cuando los rebaos salvajes se extendieron hasta all, como hemos visto antes. Me fundo en el hecho siguiente. Estos indios no se encontraban en la ruta de los espaoles que iban en otro tiempo de Buenos Aires a Chile, pasando al lado del volcn de Villarrica, donde la Cordillera est abierta y presenta un paso plano y unido, de cerca de una milla de ancho. Hoy se ha olvidado este camino y se va a Chile por Mendoza, atravesando la Cordillera con grandes dificultades, pues las nieves cierran los pasos la mayor parte del ao. Sea lo sea, yo no he visto estas naciones, y todo lo que puedo decir con probabilidad de acierto es que ignoran o conocen poco la agricultura; que son ms o menos dbiles y errantes; que van a veces a las pampas, y reunidas en conjunto han destruido los ganados y hecho la guerra en Buenos Aires; que en el tiempo oportuno van a hacer la recoleccin de manzanas silvestres en los alrededores del ro Negro, a unas treinta o cuarenta leguas al oeste de su reunin con el ro Diamante; que sus lenguajes son por completo diferente de los otros; que tienen caballos y carneros, con cuya lana fabrican cobertores y ponchos, que venden a los pampas a cambio de aguardiente, hierba del Paraguay, de quincalla y de otros objetos que llevan de Buenos Aires, a donde van algunas veces ellos mismos, confundidos con los pampas hacindose pasar por tales. Tambin que en estatura son iguales a los pampas, pero otras naciones les son superiores en talla y valor; que sus armas y habitaciones son las mismas, y que se asemejan en lo que se refiere a los jefes, la falta de religin, de ley y de costumbre obligatoria, y, en fin, que andaban vestidos como los pampas, o acaso mejor, sobre todo los capitanes y los particulares acomodados.

No he visto tampoco otras muchas naciones errantes de salvajes que habitan entre la costa de Patagonia y la cordillera de Chile desde el 41 de latitud al estrecho de Magallanes; s, no obstante, que algunas de ellas, entre las que los espaoles cuentan a los balchit, los uhiliches y los tehuelchus, se han reunido con frecuencia con los pampas para hacer la guerra y robar los ganados de Buenos Aires. Hoy mismo, que estamos en paz con los pampas, ocurre con mucha frecuencia que estas naciones pasan al norte del ro Negro, y aun del ro Colorado, y que se establece durante algn tiempo al sur de las pampas. Nunca he sabido que se hagan la guerra entre s, como las naciones que estn al norte del Ro de la Plata. No obstante, usan las mismas armas que los pampas y no les ceden en fuerza ni en valor; algunos, por el contrario, parecen sobrepujarlos, especialmente los patagones, que yo creo que son los tehuelchus. Dos de estos ltimos fueron a Buenos Aires mezclados con los pampas, y alguno que los vio midi y dice que uno tena seis pies y siete pulgadas y el otro dos pulgadas menos. Puede ser que hubiera con ellos otros de la misma nacin y que no llamaran la atencin por su estatura, porque yo no dudo de que la talla medio no sea inferior a la que acabo de sealar, y que ella no pase an de seis pies y tres pulgadas, segn puedo juzgar por comparaciones que me han hecho personas que los haban visto. Como quiera que esto sea, no se debe, a mi modo de ver, hacer ningn caso de la idea de quienes los presentan como gigantes, ni tampoco de los que les suponen una talla media un poco superior a la nuestra.
Los que han viajado por mar deben saber que en estos parajes hay muchas naciones indias de las que las ms pequeas son de nuestra talla y las otras mucho mayores. Por consecuencia, no debemos admirarnos de la diferencia de sus relaciones, sino slo de sus exageraciones.

Todas las naciones que habitan estos parajes tienen idiomas diferentes y no conocen ni religin, ni leyes, ni juegos, ni danzas; son hoy poco numerosas y gobernadas hoy por asambleas, en las que los caciques gozan la mayor influencia. Tienen casi todas caballos, que les sirven de montura y de alimento, y ninguna cultiva la tierra. Viven de la caza que les producen tatuejos, liebres, ciervos, guanacos, hurones, jaguares, jaguaretes, guazuaras, aguarachais, avestruces y perdices. Sus tiendas o habitaciones porttiles estn hechas como las de los pampas, y su vestido es el mismo cuando hace fro. Slo que en vez de poncho usan mantas casi cuadradas y que pueden tener cuatro pies. El centro es ordinariamente del piel de aguarachay, de guanaco o de liebre, y los bordes, de piel de jaguarete. Las cubren de pinturas por el lado opuesto al pelo y se envuelven en ellas enteramente. Venden muchas a los pampas, as como plumas de avestruz, y obtienen en cambio aguardiente, hierba del Paraguay, cuchillos y otros objetos procedentes de Buenos Aires.

GUARANES.- Esta nacin sola era la ms numerosa y ms extendida de todas las que he descrito y describir, pues en la poca del descubrimiento de Amrica ocupaba todo lo que los portugueses poseen en el Brasil y la Guyana misma, segn creo. Pero (para reducirme a los lmites de mi descripcin) dir que se extenda al norte de los charras, de los bohanes y minuanes, hasta el paralelo 16, sin pasar la parte occidental del ro Paraguay y luego del Paran, a excepcin de los dos extremos; es decir, que ocupaba tambin el territorio de San Isidro y de las Conchas, cerca de Buenos Aires, y la parte meridional, hasta el 30, y todas las islas de dicho ro, sin pasar a la orilla opuesta; y hacia el otro extremo, pasaba al oeste del ro Paraguay y penetraba en la provincia de Chiquitos hasta las cimas de la gran cordillera de los Andes, donde haba gran nmero de ellos con el nombre de chiriguanas.

Pero se debe observar que entre los chiriguanas y los guaranes de la misma nacin que he dicho se encuentran en la provincia de Chiquitos haba un gran espacio de terreno intermedio ocupado por muchas naciones muy diferentes. Se debe observar igualmente que en el espacio asignado a la nacin guaran haba otras naciones enclavadas en medio de ella y que est rodeaba por todas partes, tales como los tupy, los guayan, los uar, los nalicuega y los guasarapo, y esto solamente en el pas que describo. Todas diferan mucho unas de otras, as como de los guaranes, como veremos.

La nacin guaran ocupaba la enorme extensin de pas de que he hablado, sin formar cuerpo poltico y sin reconocer la autoridad de ningn jefe comn. Se encontraba precisamente en el mismo caso que la del Per cuando el primer inca lo someti tan fcilmente a su imperio. La nacin guaran estaba en todas partes agrupada en muy pequeas divisiones u hordas, independientes unas de otras, y cada una llevaba nombre diferente, tomando el de su capitn o cacique o del paraje que habitaba. A veces se comprendan bajo un mismo nombre diferentes hordas, que vivan a lo largo de un ro o en algn otro paraje o distrito. He aqu el origen de la multitud de los diferentes nombres que los conquistadores dieron a la sola nacin guaran. Por ejemplo, y sin separarnos del pas que describo, dieron a los guaranes los nombres de mbguas, caracaras, timbus, tucagues, calchaguis, quiloazas, carios, mangolas, itatines, tarcis, bombois, curupaitis, curumais, caaiguas, guaranes, tapes, chiriguanas, y aun otros.

La suerte o el destino de la nacin guaran no ha sido la misma en todas partes. Todas las hordas que habitaban al inmenso pas posedo por los portugueses fueron cogidas y vendidas como esclavos, y como se mezclaron con los negros importados de frica, resulta que la raza guaran casi se ha extinguido. Adems, los portugueses de Sao-Paulo, llamados comnmente mamelucos, no se detuvieron en lo que acabamos de decir, sino que hicieron largas incursiones en nuestro territorio, y se llevaron no slo los guaranes que encontraron en estado de libertad, sino tambin ms de diez y ocho pueblos que los espaoles haban ya reducido e instruido en el Paraguay.

La conducta de los espaoles ha sido bien diferente: no han vendido un solo guaran y conservan an millares no slo en los poblados, jesuticos y no jesuticos, sino en el estado de completa libertad, porque existen an en el pas que describo una multitud de hordas de guaranes tan libres como antes de la llegada de los europeos. Hablar a su debido tiempo de los guaranes sometidos a los espaoles y que forman aldeas cristianas; ahora slo hablo de la nacin en estado de libertad. Pero como los que existen en este estado habitan en los bosques ms grandes, donde yo no he tenido ocasin de entrar, tomar mi descripcin de los datos y noticias proporcionados por antiguos manuscritos o por personas que han visto a algunos de estos indios, y de lo que yo he podido observar a veces por mi mismo; o tambin, en fin, de las observaciones que he hecho sobre los convertidos al cristianismo.

En general, todos los guaranes libres vivan en los alrededores o en la linde de los bosques, o bien en los pequeos claros libres que a veces se encuentran en el interior de dichos bosques. Si en algunos parajes se han fijado en campos desnudos y de una gran extensin, ha sido cuando no haba prxima ninguna otra nacin. Se alimentaban de miel y de frutos silvestres; coman tambin monos, chibiguazs, mborebis, y capibaras, cuando podan matar alguno. Pero su principal recurso estaba en el cultivo del maz, de las judas, de las calabazas, de los mani o mandubi (cacahuet), de las patatas, de las mandiocas (manioc y camanioc). Si tenan un ro a su alcance pescaban a flechazos o con anzuelos de madera, y algunos de ellos tenan pequeas canoas. Cuando terminaban su recoleccin establecan almacenes para el resto del ao, porque en los bosques no encontraban tanta aves ni cuadrpedos para su subsistencia como en las llanuras. Tampoco iban de caza ni en busca de frutos mas que cuando no estaban ocupados en los trabajos agrcolas y no se alejaban nunca mucho, para estar a mano cuando la recoleccin; por esta razn eran estables y no errantes, como las otras naciones de que he hablado.

Su lenguaje es muy diferente de todos los otros, pero el mismo para todas las ramas de esta nacin; de manera que hablndolo se poda entonces viajar por todo el Brasil, entrar en el Paraguay, descender hasta Buenos Aires, y subir al Per hasta el cantn de los chiriguanes. Este lenguaje pasa por ser el idioma ms abundante de los salvajes de Amrica. Carece, sin embargo, de un gran nmero de trminos; en cuanto a los numerales, no pasa de cuatro, sin poder expresar los nmeros cinco y seis, y la pronunciacin es nasal y gutural. El padre Lus Bolaos, franciscano, tradujo a esta lengua nuestro catecismo; los jesuitas inventaron signos para recoger y expresar su pronunciacin nasal y gutural; han llegado a hacer e imprimir un diccionario y una gramtica de esta lengua. A pesar de todo esto, es muy difcil de aprender y hace falta ms de un ao para conseguirlo.

Su talla media parece ser dos pulgadas menos que la espaola; es, por tanto, bastante inferior a la de los pueblos que hemos descrito precedentemente. Tienen tambin el aire de ser, a proporcin, ms cuadrados, ms carnosos y ms feos; su color es menos oscuro y tira un poco a rojo. Las mujeres tienen mucho cuello, manos y senos pequeos y poca menstruacin. Los hombres tienen a veces un poco de barba y aun de pelo sobre el cuerpo, lo que los distingue de todos los otros indios, pero no los aproxima a los europeos con esto. Un hombre que vivi largo tiempo entre los guaranes cristianos me asegur que haba observado en los cementerios que los huesos de estos indios se convertan en tierra mucho antes que los de los espaoles. Se parecen a los otros indios por los ojos, por la vista, por el odo, por los dientes y por el cabello. Tienen adems una particularidad que les es comn con todas las otras naciones, y es que las partes sexuales de los hombres no son nunca mas que de un tamao mediocre, y las de las mujeres son, por el contrario, muy anchas y sus grandes labios excesivamente inflados (1) (Se recuerda que cuando los espaoles llegaron a estas regiones del pas se les entregaban las mujeres con verdadero furor y contribuyeron mucho a facilitar la conquista. -C.A.W.-); sus nalgas son igualmente muy gruesas. Su fecundidad es inferior a la nuestra; porque habiendo examinado una gran cantidad de lista o catastros de poblados antiguos y modernos no he encontrado mas que un solo indio padre de diez hijos, no dando el trmino medio mas que cuatro individuos por familia, una con otra. El nmero de las mujeres es siempre mayor que el de hombres, en relacin de 14 a 13.

Su cara es sombra, triste y abatida; hablan poco y siembre bajo, sin gritar no quejarse; su voz no es nunca ni gruesa ni sonora; jams ren a carcajadas, ni se ve nunca en su cara la expresin de una pasin. Son muy sucios; no reconocen ni divinidad, ni recompensas, ni leyes, ni castigos, ni obligaciones, y nunca miran a la cara de la persona con quien hablan. En sus amores y en sus casamientos hay an ms frialdad que en los que he descrito anteriormente. La unin de los sexos no es ni precedida ni seguida de ningn preparativo. Ignoran los celos; nada lo prueba mejor que la franqueza y el placer con que entregaron sus hijas y sus mujeres a los conquistadores, y aun hoy, aunque convertidos al cristianismo, hacen lo mismo (1). (<< A fin de que cada uno conozca al hijo de que es padre no resulte cargado con el sostn y la proteccin de una familia que no es la suya, el hombre exigir fidelidad a su compaera y la castigar si ella le falta. No obstante, en un pueblo donde no existe la propiedad y donde el botn es repartido en comn, los hijos pueden considerarse como alimentados tambin en comn; adems, durante los primeros aos el alimento es demasiado grosero para el estmago delicado de los nios. La madre los cra hasta una edad avanzada, en que ellos tienen ya fuerza para ocuparse en el trabajo. Todos los cuidados y deberes paternales se reducen a protegerlos contra una sorpresa o un ataque imprevisto y prepararlos para la caza y la pesca. As, no cayendo sobre el hombre, sino sobre su compaera, el trabajo principal que exige la educacin de los nios, el hombre ser poco celoso, dar poca importancia a la fidelidad que exige de ella, y l mismo ofrecer su mujer a sus amigos y sus huspedes>> - Essai sur lHistoire de l espce humaine, pg. 83 C. A. W.- ). Las mujeres se casan muy jvenes, ordinariamente a los diez o doce aos; los hombres, un poco ms tarde, y desde luego forman familia aparte.

Aunque yo no haya encontrado en los antiguos manuscritos ningn indicio de msica ni de danza en los guaranes, no obstante he observado lo contrario en uno de estos indios, que formaba parte de los que son libres an hoy. En efecto , le vi echar granos de maz en un porongo o calabaza vaca; los mova para hacerla sonar, y danzaba de una manera muy desgarbada, como no poda menos de resultar en un hombre que no haca sino golpear el suelo con el pie, sin levantar ste mas a dos dedos de altura, y se acompaaba cantando en voz baja y sin pronunciar distintamente una sola palabra.

Cada divisin o cada horda tena, como tiene an hoy, su capitn o cacique, cuya dignidad es por lo comn hereditaria y por el cual tienen generalmente cierta consideracin, sin que puedan dar la razn de ella. Pero ni en la habitacin, ni en el traje, ni por decorados o distintivos tienen estos caciques diferencia de los restantes indios, y estn obligados a trabajar como los dems, sin recibir de ellos ni tributos, ni servicios, ni obediencia.

En algunas tribus, como son hoy salvajes y que llaman generalmente caaygus, los hombres llevan un barbote tal como yo lo he descrito antes. Pero es de goma transparente, de cinco pulgadas de largo y cuatro lneas de grueso, y para evitar que se caiga le ajustan por el interior de la boca una pieza que lo atraviesa y que se da la forma el puo de una muleta. En la cabeza llevan una gran tonsura semejante a la de los frailes, pero no se pintan el cuerpo ni tienen otro traje que una pequea bolsa para esconder sus partes.

Las mujeres hacen otro tanto con un pequeo trozo de tela o con una piel; no se cortan los cabellos ni hacen uso de ningn adorno, pero en la poca de su primera menstruacin se trazan en la piel varias lneas azules indelebles que parten del nacimiento de los cabellos hasta una lnea horizontal en que termina la parte inferior de la nariz. Como sus habitantes estn alejadas unas a otras, y lo estaban ms an antes de la llegada de los europeos, y no tenan relacin de comercio unos con otros, ha resultado, naturalmente, alguna diferencia en sus costumbres. En efecto, he sabido que varias de estas tribus no saban el arte de hilar ni el de hacer telas; que los conocimientos de otras se limitan a fabricar mantas de algodn, en que se envuelven, como dir de los payaguas y mbayas; que algunas no tenan cementerios determinados y enterraban sus muertos en vasos de tierra cocida, lo que puede ser acaso uso general de esta nacin; que ciertas hordas no hacan uso del barbote, porque las relaciones antiguas no hablan de l; que la tribu llamada timbu se incrustaba a los lados de la nariz pequeas estrellas de piedras blancas y azules; y que aquellas que se llamaban coronda y culchaqui llevan estas incrustaciones de piedras no en la nariz misma, sino junto a ella.

Todas las otras naciones les inspiraban un terror pnico; nunca les hacan la guerra, ni trataban con ellas, ni aun para pedir la paz. Evitan siempre su presencia, y dudo de que diez o doce guaranes reunidos osasen hacer frente a un solo indio de las otras naciones que he descrito o de aquellas que me falta describir. Cualquier elogio que los jesuitas hayan hecho de sus cualidades guerreras no tiene a su favor ms pruebas que dos o tres combates, poco vivos, con los espaoles, y nosotros hemos visto a stos sojuzgarlos y someterlos en todas partes con la mayor facilidad, lo que no han podido al presente conseguir de ninguna otra nacin. En efecto, todas nuestras aldeas indias por otra parte estn formadas de guaranes, con exclusin de cualquiera otra nacin. Aquellas hordas que existen an en estado salvaje, a excepcin de la que se encuentra al norte de la aldea de El Corpus, no quieren tener ni comunicacin ni paz con los espaoles. Si entramos en el interior de su pas, procuran matar a alguno a flechazos, y para disparar se ocultan detrs de los rboles, sin mostrar el cuerpo y sin esperar a pie firme que se los ataque. Sus armas son un arco de seis pies, flechas de cuatro y medio, con punta de madera dura, y una macana o bastn de tres pies de largo y ms grueso en un extremo que en otro. Van siempre a pie, porque no tienen caballo ni ningn otro animal domstico. Las antiguas relaciones dicen que tenan y que criaban pollos y patos; pero no lo creo, porque ni los guaranes salvajes ni ninguna otra nacin los tienen hoy, y los que poseen algunos animales domsticos ni tienen sino perros y caballos y alguna vez, muy rara, ovejas.

Las pinturas y las estatuas dan una idea bastante exacta de las flechas de estas naciones y de la manera de tirarlas, pero no de sus arcos. Se reducen a un palo muy duro, poco flexible, liso y del grueso del puo en el medio, que va luego disminuyendo hasta los dos extremos, que son muy agudos, de manera que pueden servir de lanza. La curvatura de este palo es tan poco sensible que una regla aplicada a los dos extremos deja a lo ms dos dedos de de intervalo entre ella y el medio del arco. Este arco est reforzado en toda su longitud por bandas de corteza de guembe (vase el cap. V) arrolladas como la cinta de la coleta de un soldado. Nunca se arma el arco mas que en el momento de usarlo, porque se limitan a amarrar slidamente la cuerda a uno de sus extremos y arrollarla all. Para tirar se amarra esta cuerda al otro extremo, medianamente tensa, se clava ligeramente en tierra la punta del arco, con ayuda del pie, y entonces se tiende cuanto es posible, y sabido es cmo estos salvajes apuntan y tiran. Como las flechas son muy largas, ninguna nacin hace uso de carcaj, excepto los charras y los minuanes, cuyas flechas son cortas, as como sus arcos, para poder servirse de ellas a caballo.

Los nios que se divierten en la caza de las aves y animales pequeos emplean otro arco, de forma bien diferente, ms dbil, de una madera ms flexible y ms elstica, ms encorvado y de tres pies aproximadamente de longitud. Le ponen dos cuerdas, que sostienen separadas paralelamente, al menos a una pulgada de distancia, por medio de dos palitos terminados en horquilla, por los cuales hacen pasar los extremos de cada cuerda. Hacia el medio de las dos cuerdas hay una pequea red de guita o bramante que est amarrada a ellas, y que sirve para colocar el bodoque, que es una bola de arcilla, cocida al fuego y del grueso de una nuez. Llevan consigo una bolsa llena de bodoques; cogen cuatro o cinco con la mano izquierda mientras tienen en arco en la derecha, los colocan uno tras otro en la red y en seguida tienden el arco y lanzan todas esas bolas de una vez contra los pjaros que vuelan, hasta a la distancia de cuarenta pasos, y matan muchos; pero no hacen uso de este arco para tirar flechas ni para combatir, aunque una de estas balas pueda partir una pierna a treinta pasos. Es necesario prctica para inclinar un poco el arco, a fin de que el bodoque no coja a la mano derecha; por esto se coloca la red ms all del medio de las cuerdas. Si los nios de Europa aprendieran este ejercicio no habra tantos gorriones.

No debo omitir lo que me dijo un cura con quien viajaba: <> Al instante vi la prueba, y pens que los guaranes, y acaso todos los indios, tengan el cuerpo especficamente menos pesado que nosotros (1) (Esto no sera suficiente para que pudieran nadar naturalmente sin haber aprendido; para ello hara falta que fueran especficamente menos pesados que el agua. En efecto, los perros otros cuadrpedos que son especficamente ms pesados que el agua nadan naturalmente porque la posicin de su cuerpo debe continuar siendo la misma en el agua que en tierra y porque para ellos el movimiento ms favorable para nadar es precisamente el mismo que ejecutan andando o corriendo. No sucede lo mismo con el hombre, que es bpedo y se ahoga si no hace otros movimientos para sostenerse en el agua distintos de los que ejecuta marchando o corriendo. Resulta que es indispensable que todo hombre se ejercite y aprenda, sea por tanteos o ensayos frecuentes y repetidos, sea por una instruccin positiva, hasta llegar a hacer los movimientos necesarios para llegar a adquirir la facultad de dirigirse y sostenerse en el agua, facultad que no tiene naturalmente. Pienso, por tanto, que el guaran del cura haba ms de una vez, sin que ste lo supiera, abandonado la parroquia. El levantarse y sostenerse, ya un miembro, ya el cuerpo entero, cuando se agita, se mueve o balancea en el agua, juntamente con el ejemplo de ciertos cuadrpedos, hace creer a muchas personas que el temor solo de un elemento a que no se est acostumbrado es la nica causa que impide al hombre nadar naturalmente. ste es un prejuicio que ha costado la vida a muchas personas. No recuerdo, sin embargo, que se haya intentado combatirlo: dichoso sera yo si estas pocas lneas pudieran disuadir a algunos de los que las lean! Tambin, para aadir la autoridad de la experiencia a las demostraciones de la teora, yo no creo intil decir que el autor de esta nota es l mismo un experto nadador. C. A. W. -)

No he visto mas que dos indios de la raza de los que vivan bajo el imperio del inca del Per; pero si tuviera que compararlos con los guaranes dira que estos me parecen ser de una talla igual o aun superior, que su color es ms fuerte y ms romero que el de los peruanos, cuya cara encuentro menos cuadrada, menos carnosa, ms estrecha en su parte inferior y ms espiritual. Comparar los peruanos con las naciones salvajes del Paraguay y del Ro de la Plata sera establecer un paralelo entre el abatimiento del cuerpo y del espritu con la elegancia, la grandeza, la fuerza, la bravura, la arrogancia y el orgullo.

TUPYS. - Esta nacin de indios salvajes estaba y est aun rodeada por todas partes por los indios guaranes y no puedo concebir como ha podido quedar as enclavada. Vive en los bosques, entre los poblados jesuitas de San Javier y Santo ngel. Aunque ignoro hasta dnde se extiende del lado del este y del norte, yo s que habita la orilla oriental del Uruguay desde San Javier hasta el 27 23 de latitud y que no se extiende al poniente de este ro.

Se han mostrado con frecuencia estos indios, dando grandes gritos, desde la orilla que est frente a San Javier; y en otras ocasiones han atacado las habitaciones de los guaranes de estos dos poblados y sus pastos, as como tambin a los comisionados para la demarcacin de lmites, matando a algunos de dichos comisionados. Estos ataques han inspirado a los guaranes un terror pnico, y cuando yo estuve en aquel pas las noticias que me dieron estaban dictadas por el miedo. Me dijeron que llevaban una vida errante y que no dorman dos das seguidos en el mismo sitio; que no hablaban y que ladraban lo mismo que los perros; que tenan el labio inferior enteramente cortado de alto abajo; que eran antropfagos, y que dos de estos salvajes, que haban cogido en dos diferentes ocasiones, se haban dejado morir sin querer ni comer ni hablar.

Los diferentes manuscritos de los jesuitas que yo he ledo los llaman caribes y dicen otro tanto ms. Uno de estos manuscritos expone que viven en lo alto de los rboles, en nidos o especie de jaulas, como las aves; pero no creo nada de todo esto y tengo ms confianza en las noticias siguientes, que me ha comunicado D. Francisco Gonzles, administrador del poblado de la Concepcin.

En enero de 1800 un destacamento de cerca de doscientos tupys, perseguido por otra nacin que me es por completo desconocida, sali de los bosques donde he dicho que habita, y pas el Uruguay, que estaba entonces muy bajo, aprovechando un arrecife donde haba muy poco agua, entre la Concepcin y Santa Mara la Mayor. Los tupys continuaron su ruta por las alturas de los Mrtires, hacia el Norte, hasta el poblado de los guaranes, que se haba comenzado a doce leguas por encima del poblado de Corpus, y llamado San Francisco de Paula; lo destruyeron, lo quemaron, mataron mucha gente y huyeron a los bosques.

Los guaranes de los poblados vecinos se alarmaron y marcharon en persecucin de los tupys, dirigidos por los espaoles. En su marcha observaron que habiendo muerto un tupy adulto se le haba cavado una fosa poco profunda, cuyo fondo estaba cubierto de hojas de palmera. El cadver se hallaba cubierto igualmente y no haban echado tierra encima. Fuera de la tumba haban colocado el arco, las flechas y la maza del muerto, y haban puesto, en los cuatro ngulos, cuatro perros amarrados por las cuatro patas y sujeto a gruesas estacas. Estos perros haban muerto cuando se descubri la tumba. Los guaranes no osaban nunca atacar a los tupys; pero como stos se dispersaban para buscar su alimento, cogieron algunos muchachos y varias mujeres. No se tuvo gran cuidado en la guarda de los prisioneros, y todos se escaparon a excepcin de una muchacha de doce aos y otra de diez y ocho, que el mismo Gonzles se llev consigo y que se le escaparon despus para volver a los bosques.

Al principio estaban muy amables y abrazaban a todas las mujeres. Cuando entraron en la casa cogan todos los vestidos que encontraban a mano y se los ponan, sin saber casi nunca la manera de hacerlo. Se baaban dos y aun tres veces al da, y en ocasiones bailaban solas. Se poda hablar y escribir su lenguaje sin dificultad, porque no tena ni sonidos nasales ni guturales. He aqu lo que se ha podido comprender de lo que decan: Su nacin conoca la agricultura, y sembraban maz, calabazas, batatas, yuca o cazabe, judas, etc. Viven sedentarios, menos cuando van a la busca de miel silvestre y de frutos, esperando el tiempo de la recoleccin y de las siembras; hacen pan de maz y de manioc, que llaman eme. Sus chozas estn cubiertas de hojas de palmera; hacen con el caraguata (vase el captulo V) telas que las mujeres se sirven para cubrirse la cintura; los hombres van enteramente desnudos, a excepcin de algunos que llevan un tipoy, o camiseta corta, estrecha, sin cuello ni mangas y de la misma tela.

No se trazan ninguna pintura sobre el cuerpo; los hombres llevan una especie de tonsura semejante a la de los monjes, y las mujeres se cortan el cabello por detrs a la altura del hombro y por delante a la mitad de la frente; sobre los lados los cortan en escalones. Llevan al cuello muchos collares de pequeos trozos de conchas, redondos y planos; algunos de estos collares les bajan hasta el seno. Se arrancan, as como los hombres, las pestaas, las cejas y todo el pelo del cuerpo. Estos indios no estn en paz con nadie; hacen constantemente la guerra y no perdonan ni sexo ni edad. Tienen arcos de seis pies y flechas de cuatro y medio, armadas de un hueso o de un guijarro, y un bastn corto ms grueso en un extremo que en otro. Tambin tienen hachas de piedra, y yo he visto una con la cual me parece imposible cortar nada. Llevan sobre el hombro un canasto de caa perfectamente fabricado, que se sujeta a la frente por medio de una cuerda; yo lo he visto, y se sirven de l para meter los frutos y todo lo que encuentran. Su color es un poco ms claro que el de los guaranes; su talla no es mucho mayor; sus rasgos son bastante ms bellos; su fisonoma, manifiestamente ms alegre, ms abierta y ms espiritual. Las dos muchachas prisioneras de que he hablado no quisieron nunca dormir solas; queran tener consigo a un guaran; lo buscaban con gran empeo, y se mostraban furiosas contra el que pretenda ponerles algn obstculo.

NUARA. - sta era una nacin como las dos precedentes; estaba rodeada por los guaranes, y los portugueses se la llevaron toda entera, para vender a sus individuos, como esclavos, en el Brasil. En tiempos de la conquista viva en el pas llamado las llanuras de Xerez y era bastante numerosa. La talla de los individuos era superior a la de los guaranes; viva de la agricultura; su lenguaje difera de todos los otros, y era de un carcter tranquilo, pacfico y amable. He aqu lo que encuentro en los antiguos manuscritos originales, en los que tengo ms confianza que en el poema de Barco Centenera, que los llama impropiamente guaranes y los supone una nacin guerrera.

NALICUEGAS. - Debo todas las noticias que puedo dar sobre esta nacin a los indios salvajes llamados mbays, que son los nicos que la han visto. Dicen que reside hacia los 21 de latitud, a dos jornadas al este de las llanuras de Xerez; que tiene un lenguaje particular diferente de los que ellos conocen ; que se reduce a un corto nmero de familias; que vive bajo tierra, en cavernas; que los dos sexos andan enteramente desnudos y que no adoran ningn dios; que son excesivamente cobardes y pusilnimes; que tienen arcos y flechas, de que sirven para defenderse, sin salir de sus cavernas; que cultivan la tierra y viven de maz, judas, batatas, calabazas y cazabe.

GUASARAPO. - Conservo a esta nacin el nombre con que fue conocida por los primeros conquistadores, y lo prefiero al de guachi que le han dado los habitantes del Paraguay, a imitacin de los mbays, que los llaman as jams ha cambiado de domicilio y habita terrenos inundados o lagunas que estn en el interior de las tierras, y de donde sale el ro Guasarapo o Guachi, que se rene por el lado del este al ro Paraguay a los 19 4630 de latitud. Tienen algunas canoas semejantes a las de los payaguas. Se sirven de ellas para pasar de su ro al del Paraguay cuando quieren comunicar con los mbays, sus ntimos y antiguos aliados. Navegando de este modo fue como encontraron y mataron en otro tiempo a varios espaoles que navegaban por el Paraguay.

Como su domicilio es inaccesible por tierra y por agua no es posible aproximarse mas que a la tierra de gastos, trabajos y peligros, no se conoce esta nacin mas que por las noticias de los mbays, con los cuales se ve alguno de tiempo en tiempo. Dicen que su lenguaje es diferente de todos los otros. Su talla media me parece ser de cinco pies y seis pulgadas; son muy bien proporcionados y su color es semejante al de los guaranes. Llevan la cabeza descubierta y los hombres no llevan vestido alguno, como no sea comprado a los mbays o ganado en la guerra. Se asegura que las mujeres estn en el mismo caso. Todos se cortan el cabello tan de raz que se dira que se lo afeitan. Adems carecen de barba y se arrancan las pestaas de ambos prpados, las cejas y el poco pelo que tienen, sin dejarlo renacer. Los hombres lleva barbote (vase CHARRAS). No tienen religin, ni leyes, ni costumbres obligatorias, ni caciques, ni jefes.

La nacin entera no rene apenas sesenta guerreros. No conocen ni animales domsticos, ni agricultura, ni caza. Viven del arroz silvestre que producen sus lagunas y del pescado, que matan a flechazos y que pescan con anzuelos de madera, y aun de hierro, cuando pueden proporcionrselo de los mbays, que los obtienen de nosotros y de los portugueses, porque estos indios guasarapos no tienen ninguna comunicacin directa con nosotros. Sus armas son flechas y bastones o macanas, especie de maza. Nunca hacen solos la guerra, a causa de su poca poblacin; pero como son vigorosos y llenos de orgullo y valor, los mbays los encuentran siempre dispuestos a seguirlos al menor aviso para atacar a la nacin ninaquiguila y nuestros poblados de la provincia de Chiquitos.

GUATOS. - Esta nacin viva en el tiempo de la conquista, como hoy, en una laguna llamada, segn creo, por los jesuitas Laguna de la Cruz. Comunicaba sta hacia poniente con el ro Paraguay bajo el paralelo 19 12. Nadie ha visto de cerca de estos indios y ellos jams han comunicado con nadie. Se cree que la nacin, tomada en conjunto, no pasa de treinta hombres adultos, y acaso ni doce; que tiene un lenguaje particular, y que no conocen ni divinidad, ni leyes, ni jefes. Lo que hay de indudable es que no salen jams de su laguna y que navegan por ellas en canoas muy pequeas, dos a dos, probablemente marido y mujer; que tan ponto como perciben a lo lejos a cualquiera huyen y se ocultan entre los juncos, de suerte que estn tan unidos a su laguna como una ostra a su roca. Qu ideas tendrn? Sobre eso no se pueden hacer mas que hiptesis ms o menos verosmiles. Parece evidente que son poco fecundos, pues en trescientos aos no han aumentado ni disminuido.

AGUITEQUEDICHAGAS. - Tal es el nombre que dan a esta nacin los indios mbays, que son los nicos que la han visto. En efecto, por mucho deseo que yo tuviera de observar por m mismo esta tribu, y aunque habita nuestro territorio, los portugueses me lo han impedido, porque a pesar de las estipulaciones expresas de los tratados se han establecido ltimamente al poniente del ro Paraguay y no nos dejan navegar por su parte superior. No podr, pues, decir de esta nacin mas que lo que me han contado los mbays. Creo que es la nica que resta de los antiguos cacocys, que los primeros conquistadores llamaron tambin orejones. Habita la mayor de las pequeas montaas del pas, llamada por los antiguos Santa Luca y por los modernos San Fernando, entre los 18 y 19 de latitud Oeste y cerca del ro Paraguay. Su nmero es tan pequeo que no llega acaso a cincuenta guerreros. Las chozas son en todo semejantes a las de los pampas, excepto en que no las cubren de pieles, sino de paja. Como estn estacionarios en un pas donde no puede haber mucha caza y se hallan alejados de los ros, subsisten del cultivo del maz, cazabe, batatas, calabazas y mani o mandubi (cacahuet). Su lenguaje es muy diferente del de los mbays; y aunque su color se asemeja bastante al de los guaranes, su talla es mayor. No hacen la guerra a nadie, pero tienen para su defensa arcos, flechas y palos. Van enteramente desnudos. Se distinguen los hombres por las piedrecitas de diferentes colores que llevan en las orejas y lados de la nariz. Las mujeres se reconocen por las orejas, que les cuelgan hasta los hombros. Para este efecto se las perforan y ensanchan sucesivamente el agujero durante toda la vida metindose trozos de madera redondeados y cuyo grueso aumenta gradualmente, como lo dir de los lenguas. A veces van al ro Paraguay para baarse y quiz pescar.

NINAQUIGUILAS. - Los portugueses no me han permitido tampoco ir a reconocer esta nacin, as llamada por los mbays. Nuestros indios de la provincia de Chiquitos creo que les dan el nombre de potoreras. Segn los mbays, habita el interior de un gran bosque que, comenzando hacia el 19 de latitud, a algunas leguas de distancia del ro Paraguay, penetra mucho al oessudueste en el Chaco y separa por la parte sur la provincia de los Chiquitos del pas ocupado por los guans y los mbays; est dividida en varias hordas, que nunca salen del bosque. Los mbays tienen algunas relaciones de amistad con los ms meridionales, en tanto que estn en guerra con las del Norte. Se me asegura que estos indios se parecen a los otros en que no reconocen ni divinidad, ni leyes, ni jefes, y tienen un idioma diferente de todos los dems. Por la talla y el color me dicen que se asemejan a los guaranes; que son muy numerosos; que no hacen nunca la guerra y saben defenderse mas que dbilmente; que usan arcos, flechas y palos; que no se arrancan ni las cejas, ni las pestaas, ni el pelo, y no se cortan los cabellos; que las mujeres hacen con el caraguat mantas para envolverse, y que llevan al cuello collares de judas de hermoso color; por ltimo, que aunque los hombres vayan de ordinario desnudos por completo, algunos, no obstante, llevan una manta para envolverse, y se adornan la cabeza con coronas de plumas.

GUANS.- As llaman los habitantes del Paraguay a una nacin de indios; pero los lenguas, los machicuys y los enimagas les dan los nombres de apiane, de sologua y de chan. Adems reconocen en esta nacin ocho hordas diferentes, llamadas layana, etheleno o quiniquinao, chabaran o choroan, o tchoaladi, caynacono, nigotisibu, yunaeno, tay y yamoco. Tales son los nombres que les dan los indios salvajes que viven en los alrededores, cuando se les hacen preguntas referentes a los guans; y si se les pegunta si por que no saben lo que es una nacin y creen que cada horda forma una nacin distinta. En consecuencia, os indican la habitacin de cada horda, y de ah procede que da la sola nacin de los guans se haga una multitud que figura en las cartas; esto es lo que sucede con todas las naciones y esto es lo que hace que se las multiplique tanto en las relaciones, las historias y las cartas. Estas naciones y sus divisiones cambian de nombre con el tiempo, y cuando se quieren hacer informaciones con respecto a ellas se encuentran siempre nuevas, sin saberse que las antiguas hayan desaparecido; de manera que en las cartas del Chaco levantadas por los jesuitas apenas hay espacio para escribir el nombre de un nmero tan considerable de naciones. Estos son otros tantos errores que corregir, porque yo no tengo duda de que del ro de la Plata hacia el Norte no hay otras naciones que las que voy a describir, y por tanto solo quedarn por determinar aquellas que existan al sur y al oeste de los indios pampas.

Guan significa en su lengua hombre o macho; as, parece muy mal aplicado a una nacin; pero con este nombre es conocida en el Paraguay. Al tiempo de la llegada de los primeros espaoles habitaba el Chaco, entre los 20 y 22 de latitud. All permaneci hasta 1673, en que una gran parte de la nacin fue a establecer al este del ro del Paraguay, al norte del trpico, en el pas que se llamaba entonces la provincia de Itati; luego se ha extendido hacia el Sur. En este tiempo los espaoles la dividan en seis hordas principales. La Layana o Eguaacchigo habita hoy hacia el 24 de latitud, al norte del ro Jesuy, en paraje llamado Lima, y est compuesto de cerca de mil ochocientos salvajes. La Chabaran o Tchoaladi acaba de colocarse a los 2611 de latitud, en el territorio de la aldea de Caazap, y puede tener dos millas indias. La Quiniquinao, que tiene cerca tiene cerca de 600, est dividida: una parte ocupa el Chaco hacia el 21 56 de latitud, a ocho leguas del ro Paraguay, y el resto se ha incorporado con los mbays. La Etheleno puede tener tres mil individuos; una parte vive en el Chaco, cerca de los quiniquinao, y la otra al este del ro Paraguay, bajo el paralelo 21, sobre una cadena de pequeas montaas que llaman Echatiy, al este de otra que se llama Nogon. La horda llamada Niguecactemic est compuesta apenas de trescientos salvajes, con tres caciques, y habita un da de marcha a poniente del ro Paraguay, hacia el 21 32 de latitud; est dividida en cuatro pueblos. La ltima es la Choroan, que puede estar compuesta de seiscientas personas; est incorporada a los mbays y vive con ellos, al este del ro Paraguay, sobre alturas situadas hacia el 21.

Algunas personas hacen ascender a veinte mil almas el nmero de los guans; en cuanto a m, considero como ms exacto el clculo que he hecho, y cuyo resultado no da ms que ocho mil trescientos. Segn este clculo, es an la nacin ms poderosa de esta regin, a excepcin de los guaranes, y es tambin la menos salvaje. Cada horda forma con sus casas una plaza cuadrada ms o menos grande, segn el nmero de indios. El plano topogrfico de cada casa se reduce a dos lneas paralelas, ramas de rboles, que encorvan, y aadindoles otras, que amarran fuertemente por sus extremos, constituye el conjunto una serie de arcos, a un pie de distancia unos de otros; amarran en seguida otras ramas horizontalmente, cruzando estos arcos a la misma distancia, es decir, a un pie, y recubren el total con paja larga que renen en los campos y que amarran fuertemente a las ramas; todo lo cual forma una bveda cilndrica que se extiende de una de las lneas paralelas a la otra. Cierran los extremos con ramas de manera que formen una bveda cnica en cada uno, y que ellos renen a la otra, la cual, como acabamos de decir, es cilndrica.

No tiene otro muro que esta bveda ni ms abertura que la puerta, y sin embargo estas casas sirven a doce familias, las cuales se acomodan dentro sin tabiques ni separacin. Barren sus casas diariamente, y en esto difieren de los otros indios, as como por su costumbre de acostarse en camas y no en pieles tendidas en el suelo. Construyen estas camas plantando en tierra cuatro palos terminados en horquilla, sobre los cuales ponen otros cuatro, que amarran para servir de armazn de la cama; encima ponen ramas atravesadas y pieles, que cubren de paja.

Su lenguaje es diferente del de todos los dems y muy difcil, a causa de su pronunciacin nasal y gutural. Su talla me parece variar ms de la de las otras naciones y su media me parece ser de cinco pies y cuatro pulgadas; pero son derechos y bien proporcionados, como todos los indios, entre los cuales no he visto nunca ni un hombre contrahecho ni un jorobado. Se parecen tambin a los otros por su fisonoma grave, en que no se descubre la expresin de pasin ninguna, por lo flemtico de su manera de obrar, por su color, la fuerza de su vista y de su odo y la blancura y duracin de sus dientes; por sus cabellos negros, gruesos y largos; por la rareza del pelo y la falta de barba; por la pequeez del pie y de la mano y lo gruesos que son el seno y las nalgas; por las pequeas proporciones de las partes sexuales de los hombres, bien diferentes de las mujeres en este respecto, y por la escasa menstruacin de estas ltimas; por su tono de voz, que es siempre bajo y nunca fuerte ni sonoro, por lo cual jams se les oyen gritos, ni llantos, ni risa a carcajadas, y no conocen juegos, danzas, ni canciones ni instrumentos de msica.

Tampoco conocen recompensas, ni castigos, ni religin, ni leyes obligatorias. Pero como tratan mucho a los espaoles y stos les hablan de cristianismo, de recompensas y penas futuras, su respuesta ordinaria cuando se los interroga en este sentido es decir que hay un principio o cosa material y corporal y que est no se sabe donde, y que recompensa a los buenos y castiga a los malos, pero que recompensa siempre a los guans porque es imposible que sean malos ni hagan el mal. Yo creo que el pequeo nmero de estos salvajes que se expresan as ha obtenido el fondo de estas ideas de los espaoles, porque no hay un solo guan que adore a la divinidad y que la reconozca, exterior ni interiormente. Tambin son las partes interesadas las que resuelven entre s sus diferencias, y las deciden a puetazos en ltimo extremo. Parecen tambin entretenerse charlando unos con otros un poco, y aunque rara vez se renen para hablar.

Reciben con mucha hostilidad a los viajeros, sean quienes sean, los alojan, les dan de comer y los acompaan hasta el poblado a donde desean ir. Tienen un pequeo nmero de caballos, de vacas y de ovejas y viven de la agricultura. Cultivan las mismas plantas que los espaoles en Paraguay. Se arrancan, durante toda su vida, las cejas, la pestaas y el pelo y llevan el barbote como los charras. Se cortan el cabello a la mitad de la frente y se afeitan en forma en forma de media luna por encima de las orejas, dejando colgar en libertad el resto de sus cabellos. Algunos se afeitan la mitad anterior de la cabeza otros la afeitan toda entera, a excepcin de un penacho que conservan en la parte superior, como los mahometanos. Sus pinturas, sus adornos y sus trajes se asemejan a los de los payagus, de que hablar luego. Los hombres, que pasan mucho tiempo entre los espaoles, se visten ordinariamente como stos, es decir, que llevan el sombrero, un poncho y hasta calzones blancos.

Todas las ceremonias del casamiento se reducen a un pequeo presente que el novio hace a su pretendida; pero debe previamente pedirla al padre, que lo concede sin dificultad porque no conocen la desigualdad de clases. Aparte de esto, ninguna mujer consiente en casarse sin haber hecho previamente estipulaciones muy detalladas con su pretendiente y con su padre y familia a los respectos del gnero de vida recproco, que no es igual en los matrimonios. Se trata ordinariamente de saber si la mujer fabricar mantas para el marido; si le ayudar, y de qu manera, a construir la casa y cuidar la tierra; si ir a buscar lea; si preparar todos los alimentos o solo las legumbres; si el marido no tendr mas que una mujer o si la mujer tendr varios maridos, y cuntos; y en este ltimo caso, cuntas noches pasarn juntos; en fin, ellas piden explicaciones aun de los menores detalles. Pero a pesar de todo esto el divorcio es libre a los dos sexos, como todos los dems, y las mujeres son muy inteligentes y consideradas.

Esto dimana de que su nmero es mucho menor que el de los hombres. Esta desigualdad no procede de la Naturaleza; es obra de las mismas mujeres, acostumbradas a la accin ms brbara que pueda hacerse ni aun imaginarse. Matan a la mayor parte de las nias que dan a luz. Para este efecto, apenas sienten los dolores del parto, se van solas al campo, y realizando el alumbramiento hacen un agujero en el suelo y entierran vivo al recin nacido, volvindose tranquilamente a su casa. Ha ocurrido con frecuencia que los espaoles ofrecieran a las mujeres encinta dinero, alhajas, etc., para que les entregaran los nios, o al menos que no los mataran; pero nunca han consentido y, por el contrario, siempre han tomado el mayor nmero posible de precauciones necesarias para realizar su propsito lo ms secretamente posible y sin obstculo. No todas las mujeres son culpables de tan brbara accin; pero es ms frecuente en la mayora de ellas. Aun las mismas que siguen la costumbre no matan a todos sus hijos, sino que cran a la mitad o ms, pero teniendo siempre cuidado de conservar ms varones que hembras. Esto dicen ellas que es para que se busque con empeo a las mujeres y hacerlas as ms dichosas.

Esto es lo que sucede, porque la que tarda ms en casarse lo efecta a los nueve aos, mientras que los hombres permanecen solteros hasta los veinte o ms, porque hasta entonces es raro que tengan bastante habilidad para disputar la victoria a sus concurrentes. Las mujeres, por su lado, no dejan de encender las rivalidades entre los hombres con una redoblada limpieza, amabilidad y coquetera desconocida en las otras naciones. As resulta que los hombres son menos sucios, tienen ms cuidado en su adorno y a veces se raptan mutuamente las mujeres y se escapan con ellas. Sucede tambin, naturalmente, que las mujeres son ms orgullosas, que son inclinadas al divorcio y al adulterio y que los hombres son celosos. Aunque la mujer adltera no incurre en ninguna pena, es muy comn ver al marido engaado reunir algunos amigos y parientes para que le ayuden a dar al galn una gran paliza, que muchas veces le cuesta la vida. Por lo dems, la poligamia es bastante rara en esta nacin, as como en las otras.

Cada horda o divisin de guans tiene varios caciques o capitanes hereditarios, y cada uno posee un cierto nmero de indios que dependen de l, siendo la costumbre considerar como sbditos de los hijos del cacique, y no de su padre, a todos los que nacen algunas lunas antes o despus de este hijo. Entre estos caciques hay uno al que se considera ms distinguido, pero ni l ni los otros difieren del ltimo de los indios ni por sus adornos, ni por sus trajes, ni por su casa, y est obligado a trabajar para vivir porque nadie le sirve. l no da ninguna orden, pero parece que en las asambleas nocturnas, en que se renen para tratar de los asuntos comunes, ejerce ms influencia que los dems, y en general se le tiene alguna consideracin. La plaza de cacique es hereditaria en el hijo mayor, y las mujeres suceden a falta de varones. Pero tambin a veces un indio cualquiera resulta cacique cuando por sus mritos lo reconocen as los dems, que entonces abandonan al antiguo, porque su libertad se extiende hasta ello y es uso corriente en todas las naciones.

En la poca de la primera llegada de los espaoles los guans acudan, como hoy, a reunirse en tropas con los mbays para obedecerlos y servirlos y cultivar sus tierras sin ningn salario. De aqu procede que los mbays los llamen siempre sus esclavos. Es verdad que se trata de una esclavitud muy dulce, porque el guan se somete voluntariamente y la deja cuando le apetece. Adems, sus dueos les dan bien pocas rdenes, no emplean jams tono imperioso ni obligatorio y reparten todo con los guans, hasta los placeres carnales, porque los mbays no son celosos. Yo he visto a un mbay que tena fro buscar una manta para envolverse; pero como viera que un guan su esclavo la haba cogido antes que l con el mismo objeto, no se la quit ni le manifest siquiera que la deseaba.

Se ve diariamente descender al Paraguay tropas de cincuenta y cien guans para alquilarse a los espaoles en calidad de agricultores, y aun de marineros, pues llegan hasta Buenos Aires. Trabajan con mucha flema, y para que no los obliguen prefieren trabajar por tareas. Cuando entran en territorio espaol dejan sus armas en el primer juzgado que encuentran, para recogerlas al regreso. Algunos de ellos se casan con indias o negras de las habitaciones espaolas, donde se fijan para siempre y se hacen cristianos. Otros se construyen una cabaa en territorio espaol; all viven de la agricultura, como todos los dems, hasta que se aburren y o se van a otra parte o se vuelven a su pas. Este ltimo partido es el que toman ordinariamente las tropas de guans, al cabo de uno o dos aos, llevando lo que ha ganado, es decir, ropas y utensilios de hierro. Un cacique viene a veces para comprometerlos a regresar o les enva alguno para hacerles la proposicin en su nombre. En estos viajes no llevan casi nunca a las mujeres, porque son raras entre ellos y no quieren viajar si no es a caballo y con otras comodidades que pocos indios pueden procurarles. Tampoco llevan a los nios consigo, porque no habra casi ninguno que pudiera seguirlos en tan largo viaje, donde casi siempre van a pie, sin otra provisin que las piezas que les proporciona la caza.

Aunque no ejercen autoridad alguna sobre sus hijos, que no hacen ninguna especie de trabajo hasta la poca de su casamiento, se observa, no obstante, que suelen echarles grandes reprimendas, acompaadas de bofetadas, para poner freno a sus impertinencias o a sus excesos. Cuando estos nios llegan a la edad de ocho aos prximamente celebran una fiesta muy singular: se van por la maana muy temprano al campo y regresan de noche a su habitacin, en ayunas, en procesin y en el mayor silencio; se tiene preparado con que calentarles bien las espaldas; en seguida algunas viejas les pinchan y atraviesan los brazos con un hueso puntiagudo. Estos nios sufren tamaa crueldad sin llorar ni dar la menor muestra de sensibilidad. Esto hecho, sus madres terminan la escena dndoles maz y judas cocidos en agua.

Los hombres hechos tienen tambin sus fiestas con ocasin del nacimiento de un hijo, de la primera menstruacin de una hija, de cualquier cosa o por capricho. Estas fiestas no merecen tal nombre porque se reducen a emborracharse, privilegio reservado a los hombres hechos y de que no participan los adolescentes, ni los hombres no casados, ni las mujeres. Pero adems cada habitacin entera celebra una vez al ao una fiesta solemne que describir al tratar de los indios payagus.

Los guans tienen tambin sus mdicos, que los curan como los de los charras; pero no son hombres los que ejercen esta profesin. Est reservada a las viejas, que chupan el estmago de los enfermos. Parece que estos indios no tienen tanto horror a los muertos como las otras naciones, pues los entierran a las puertas de sus casas para recordar, dicen ellos, la memoria, y cada familia no deja de llorar a los suyos, sobre todo si era un cacique o un hombre de reputacin.

Sus armas son arcos, flechas y bastones o macanas; pero los que tienen caballo hacen tambin uso de una lanza muy larga. Su sistema poltico es estar en paz con todas las naciones y no hacer nunca guerra ofensiva; pero si se los insulta combaten y se defienden con mucho valor. Matan a todos los hombres de ms de doce aos, pero conservan y adoptan los nios y las mujeres, como he dicho hablando de los charras.

MBAYS.- Los indios machicuys y los enimagas llaman a esta nacin tajuanich y guaiquilet. A la llegada de los espaoles los mbays habitaban el Chaco entre los 20 y 22 de latitud, divididos en un gran nmero de hordas o habitaciones. Haba desde luego entre ellos muchos guans, que les servan voluntariamente, como he dicho antes, y lo mismo sucede an hoy. En 1661 los mbays pasaron al este del ro Paraguay y atacaron al pueblo de guaranes llamado Santa Mara de la Fe, situado a los 22 5 de latitud, cerca de este ro, y que estaba bajo la direccin de los jesuitas. Mataron a multitud de indios y obligaron a emigrar a los otros. Continuaron en seguida sus expediciones hacia el Este y destruyeron la ciudad espaola de Xerez. Muchos de ellos no volvieron al Chaco, establecindose al oriente del ro Paraguay. En 1672 descubrieron la aldea de Pitun o Ipan; se aproximaron de noche y algunos lograron atravesar el foso estrecho que la rodea haciendo un puente con sus lanzas; pero viendo que los habitantes los haban odo, se retiraron llevndose algunos caballos viejos que encontraron pastando en la llanura. Estos fueron los primeros que tuvieron, y como les agradaban mucho, volvieron al cabo de pocos meses y lograron llevarse muchos ms, con varias yeguas. Estos xitos les hicieron resolver la entera destruccin de la misma aldea de Ipan, as como la de Guarambar, que estaba prxima. Marcharon contra ellas en diciembre de 1673; pero no falt quien previniera a los habitantes del peligro que los amenazaba, y se escaparon hacia la capital del Paraguay, y con ellos los habitantes de Atir.

De este modo los mbay quedaron dueos absolutos de la provincia de Itati, que comenzaba hacia el 27 7 de latitud, en el ro Jesuy, y se prolongaba en toda su anchura hacia el Norte hasta el lago de los Xarayes, sin pasar al oeste del ro Paraguay. Result que los mbays dieron diferentes nombres al pas; por ejemplo, llaman hoy Appa y Aquidaban a los ros conocidos antiguamente con los nombres de Corrientes y de Piray; Agaguigo, al distrito nombrado en otro tiempo Pitun, Piray e Itati; Ytapuc-Guaz, a lo que se llamaba antes Monte de San Fernando; Guach, al ro Guasarapo, etc. De este modo han cambiado todos los nombres, cosa que embrolla mucho la geografa y la demarcacin de lmites.

No contentos los mbays con estas conquistas, avanzaron mucho al Sur e hicieron grandes daos en la aldea de Tobaty, situada a 25 1 35 de latitud, y obligaron a los hombres a emigrar. Atacaron en seguida a los espaoles, matando a varios centenares, y destruyeron hasta las granjas inmediatas a la misma Asuncin, que era la capital. Atacaron tambin la ciudad de Curuguaty, y falt bien poco para que no exterminaran a todos los espaoles del Paraguay. Esta guerra se termin en 1746 por una paz no interrumpida hasta el 15 de mayo de 1796, en que un capitn espaol mat algunos mbays. stos, despus de la paz, se fijaron en las inmediaciones del trpico de Capricornio, no lejos del ro Paraguay, y volvieron sus armas contra los caayguas, los aguitequedichagas y los ninaquiguilas, descritos anteriormente, y llevaron el saqueo por todas partes. Esto es lo que han hecho tambin en nuestra provincia de Chiquitos, de donde han obligado a emigrar a los habitantes de Sagrado Corazn. Tambin atacaron a los portugueses de Cayaba, pero actualmente estn en paz.

Se divide ordinariamente esta nacin en una porcin de hordas, pero se reducen a cuatro principales. La Catiguebo se subdivide: una parte, en nmero prximamente de mil almas, habita a 21 5 de latitud al Oeste y cerca del ro Paraguay, en la laguna llamada en otro tiempo de Ayolas. Su cacique, Nabidrigui o Camba, tiene seis pies y dos pulgadas de alto. En 1794 respondi a uno que le preguntaba por su edad: <>. Como esta catedral se levant en 1689, suponiendo que este cacique tuviera entonces quince aos, resulta que tena ciento veinte. Tena cuando yo le vi el cuerpo encorvado, los cabellos medio grises y la vista un poco ms dbil que los dems indios; pero no le faltaba ni un diente ni un cabello. Montaba a caballo, manejaba la lanza e iba a la guerra como los dems. La otra parte de los catiguebos est dividida en dos hordas, que viven al oriente del ro Paraguay. Una, que puede tener quinientas almas, habita entre los ros Ipan y Corrientes o Appa, cerca del Paraguay, y la otra, que tiene cerca de trescientos individuos, vive en las laderas de las pequeas montaas que llaman Nogon y Nebaten, sobre el 21 de latitud. Las otras tres hordas, llamadas Tchigueb, Gueteadeb y Bentueb, que forman en conjunto cerca de dos mil almas, habitan los ribazos de Noatequidi y Noateliy, entre los 21 y 20 40 de latitud, al este del Paraguay.

Evalo su talla media en cinco pies y ocho pulgadas; sus formas y proporciones me parecen las mejores del mundo y muy superiores a las de los europeos. Se asemejan a los guans y a otros indios en todas las cosas de que he hablado antes. No conocen ni obediencia, ni recompensas, ni castigos, ni leyes obligatorias, y sus diferencias particulares se deciden a puetazos. Hablan tambin mucho entre ellos, y su mirada es abierta; los hombres usan el mismo barbote y todos se arrancan constantemente las cejas, las pestaas y el pelo, y dicen que no son caballos para tener pelo. Sus trajes, sus fiestas, sus borracheras, sus adornos, sus pinturas, sus caciques, su manera de curar los enfermos, se asemejan enteramente a los payagus y de los guans, siendo la nica diferencia que los mdicos son hombres y no mujeres. Pero se afeitan por completo la cabeza. Las mujeres solamente conservan, desde la frente hasta la parte superior de la cabeza, una banda de cabellos, de una pulgada de ancho y un poco menos de alto. Sus casas o chozas son semejantes a las de los pampas, que he descrito anteriormente. Son tan solo ms altas y anchas y las cubren con mantas, como los payagus.

Su lenguaje es muy diferente a todos los otros y fcil de pronunciar. No tiene ningn sonido nasal ni gutural y carece de letra f. Adems, parece ser pomposo, y los nombres propios son significativos, como en el vizcano. Este lenguaje da lugar a la siguiente singularidad extravagante: los jvenes de ambos sexos, antes de su casamiento dan a las palabras otra terminacin que los hombres hechos, y a veces emplean trminos diferentes, de manera que al orlos se dira que son dos idiomas. Se observa algo semejante a esta extravagancia en la ciudad de Curuguaty, y en el Paraguay. Las mujeres no hablan nunca mas que el guaran, y los hombres de toda edad no usan sino este lenguaje con ellas, mientras que entre s se expresan siempre en espaol. Esto parece an ms extraordinario cuando se sabe que todos los espaoles del Paraguay hablan siempre el guaran y solo los muy educados hablan el espaol.

Los espaoles, fundadores de la ciudad de que acabo de hablar, tomaron mujeres indias. Sus hijos aprendieron el lenguaje de las madres, como era natural, y probablemente conservaron el espaol; mas como cuestin de honor, para probar que su raza era ms notable. Pero los espaoles del resto de la provincia no pensaron as, sino que olvidaron su lengua, sustituyndola por la de los guaranes. Exactamente lo mismo ocurri en la inmensa provincia de San Pablo, donde los portugueses, habiendo olvidado por completo su lengua, no hablan mas que el guaran. Deduzco de todos estos hechos que son las madres y no los padres quienes ensean y perpetan las lenguas, y que mientras los Gobiernos no establezca la uniformidad de lenguaje entre las mujeres es en vano que se cansen en reglamentar la instruccin a este aspecto.

Los mbays se creen la nacin ms noble del mundo, la ms generosa, la ms formal en el cumplimiento de su palabra con toda lealtad y la ms valiente. Como su talla, la belleza , la elegancia de sus formas, as como sus fuerzas, son bastantes superiores a las de los espaoles, ellos consideran a la raza europea muy inferior a la suya. En cuanto a religin, carecen de ella y no se observa entre ellos nada que se refiera a este fin, ni a la vida futura. Se encuentran algunos que para explicar su primer origen se expresan as: <>

Nunca preceptos divinos se han ejecutado can ms fidelidad, porque la nica ocupacin de los mbays es errar de un lado a otro cazando o pescando, para alimentarse, y hacer la guerra a todo el gnero humano, matando o conservando a sus enemigos, conforme a la orden del caracara. Hacen, no obstante, una excepcin con respecto a la nacin guan, con lo cual estn estrechamente unidos en una gran amistad. En efecto, como ya los hemos dicho, los mbays tienen siempre una multitud de guans que le sirven como esclavos voluntaria y gratuitamente, que cultivan la tierra para ellos y les prestan otros servicios. Adems de estos esclavos o domsticos los mbays encuentran otros muchos en los nios y mujeres que cogen en la guerra, y que no son solo indios, sino tambin espaoles, de manera que el mbay ms pobre tiene tres o cuatro esclavos. stos van por lea, guisan, levantan las tiendas o chozas, cuidan de dar pienso a los caballos y de tenerlos prontos para ser montados, y tambin cultivan las tierras, lo que es bien poca cosa. Los mbays no se reservan mas que la caza, la pesca y la guerra; de manera que me ha sucedido hacer a un mbay regalos que no ha querido tomar, y ha ordenado a sus esclavos recibirlos: tan vanos y perezosos son.

Es cierto que los mbays quieren mucho a todos sus esclavos; jams les mandan de un modo imperioso, nunca les rien, ni los castigan, ni los venden, aun tratndose de prisioneros de guerra. Se confan a la buena fe del esclavo y se contentan con lo que quiere hacer por s mismo, y reparten con l lo que tienen, de manera que ningn prisionero de guerra, aunque esclavo, quiere dejarlos, ni tampoco las mujeres espaolas que tienen consigo, aunque en algunas de ellas fueran ya adultas y hubieran tenido hijos cuando las cogieron. Qu contraste con el trato que los europeos dan a los africanos!

Los mbays subsisten de la agricultura ejercida por sus esclavos, de la pesca y de la caza. Desde algn tiempo a esta parte varios de ellos se han dedicado a pescar con anzuelo o a flechazos, y se han provisto tambin de algunas canoas semejantes a las de los payagus. Otros se han dedicado a criar y sostener pequeas piaras de vacas y ovejas, pero sin hacer uso de la leche, que aborrecen, como todos los indios salvajes. posen muchos caballos, pero es raro que vendan ninguno; tanto inters ponen en ellos. Sobre todo tienen tanto cuidado con el que destinan para el combate, y no se desharan de l por nada del mundo. Montan en pelo y se colocan casi sobre la grupa. Algunos hacen uso de un bocado de hierro; otros lo suplen con dos pequeos palos, que hacen su oficio, o se limitan a amarrar la mandbula inferior con una correa a la cual corresponden otras dos, que sirven de riendas. Pero no saben hacer uso de las bolas, de que he hablado, ni con el lazo, que es tan comn entre los espaoles.

Sus solas armas en la guerra son una lanza muy larga y una macana o bastn de tres pies de largo y ms de una pulgada de dimetro, en todo su grueso, hecha de una manera muy pesada y muy dura, y aunque ellos tengan tambin arcos y flechas, no hacen uso de ellos mas que para la caza y la pesca. Cuando han resuelto atacar a un enemigo montan sobre el caballo ms malo que tienen, y cada uno lleva en reserva el que destina al combate. Cuando estn a tiro cambian de caballo y abandonan el malo. No omiten precaucin para sorprender al enemigo; pero si no pueden conseguirlo, lo atacan de frente, ordenados en forma de media luna, para tratar de envolverlo. Si ven que el enemigo se conserva en orden sin mostrar temor, se detienen a ms de un tiro de fusil; tres o cuatro se bajan del caballo y se acercan mucho al enemigo haciendo muecas, dando saltos y brincos y arrastrando por el suelo o sacudiendo pieles de jaguarete para espantar a los caballos del enemigo y desordenar sus filas, o bien incitarlo a hacer descarga general; si consiguen esto ltimo se lanzan con rapidez del rayo y no se les escapa nadie.

Los espaoles aguerridos conservan bien sus filas, y cuando ven venir a los que traen las pieles mandan echar pie a tierra a los mejores tiradores del centro y de las alas y les ordenan hacer fuego graneado, y desde muy cerca, sobre los que avanzan. Si se consigue matar a alguno, vienen los otros a recoger el cadver, y cuando se los deja, todos se van; pero es necesario estar prevenido, porque si se los persigue sin conservar la formacin, o se corre tras de alguno en particular, o se quieren reunir los malos caballos que ellos han abandonado, repiten la carga con la velocidad del rayo. Tambin saben preparar peligrosas emboscadas y falsos ataques; en fin, en nmero igual no se lleva ventaja con ellos, a pesar de las armas de fuego. Como puede presumirse, no tienen jefe ninguno en la guerra ni en la paz, porque su Gobierno se reduce a asambleas, donde los caciques, los viejos y los indios ms prestigiosos arrastran los votos de los otros. En cada expedicin se contentan con obtener una sola ventaja. Sin esto no quedara ya un solo espaol en el Paraguay ni un portugus en Cuyab.

Entre los mbays los hombres comen de todo, pero las mujeres casadas no emplean nunca en su alimentacin ni vaca, ni capibara, ni mono, y cuando tienen su evacuacin peridica no comen mas que legumbres y frutas, y jams prueban con pretexto alguno nada que tenga o pueda tener grasa. Como razn de esto dicen que le salieron cuernos a una mujer que estando en su perodo crtico comi pescado con grasa. Sera, sin duda, una cosa extraordinaria una mujer con cuernos, pero no es menos singular ver caballos cornudos y toros mochos, como hemos referido en el captulo IX. El alimento de las mujeres mbays ofrece una particularidad, y es que las doncellas no comen nunca carne de ninguna clase, ni aun de peces grandes, es decir, de aquellos que tienen un pie o ms de largo. Viven, pues, de vegetales y pequeos peces, sin poder decir la razn. Los mismos cartujos no han llegado a tal grado de austeridad. Las mujeres mbays son, en general, las ms incitantes y ms complacientes de todas las indias, y sus maridos son poco celosos. El divorcio y la poligamia son libres entre ellos, como en todas las otras naciones indias, pero uno y otro son raros.

Las mujeres mbays celebran de tiempo en tiempo una fiesta que se reduce a hacer una procesin alrededor de sus chozas. Llevan en la punta de las lanzas de sus maridos las cabelleras, huesos y armas de los enemigos que han matado en la guerra, y celebran las proezas de los hombres. Para inflamar su valor y darles a entender que ellas tampoco carecen de l y que son dignas de su confianza y su ternura terminan la fiesta pelendose unas con otras a puetazos hasta ensangrentarse la boca y la nariz y aun partirse algunos dientes. Los maridos las felicitan y ponen fin a la fiesta emborrachndose todos ellos, pero no las mujeres, que no beben ningn licor.

Ya he dicho que se prostituyen fcilmente; pero lo que hay de ms singular es que hayan adoptado la costumbre, brbara y casi increble, de no criar ninguna mas que un hijo o hija y matar a todos los dems. Conservan ordinariamente el ltimo de que quedan embarazadas, cuando esperan no tener ms, en vista de su edad y el estado de sus fuerzas. Si se equivocan en el clculo y tienen otro hijo despus del que han conservado, matan al ltimo. Algunas se quedan sin hijos porque han calculado mal que tendran an otro. Yo me encontraba en medio de muchas de estas mujeres con sus maridos y les haca severos reproches porque permitan sacrificar a sus propios hijos y exterminar as su nacin, puesto que no podan ignorar que un matrimonio formado por marido y mujer no produca as mas que un hijo. Me respondieron, sonriendo, que los hombres no deban mezclar en los asuntos de las mujeres.

Me dirig entonces a las mujeres, hablndoles lo ms enrgicamente que me fue posible, y despus de mi arenga, que oyeron con escasa atencin, una me dijo: <> Yo le pregunt que como se valan para abortar, y ella me contest: <> En seguida se tendi de espaldas en el suelo, completamente desnuda, y dos viejas empezaron a darles sobre el vientre golpes muy violentos hasta que empez a salir sangre; tal fue el preludio del aborto, que se verific el mismo da. Tambin supe que algunas quedaban lastimadas para el resto de su vida y que otras se moran. Como estos salvajes no llevan cuenta de nada, no pueden fijar la antigedad de esta horrible prctica, pero dicen que en otro tiempo no la conocan, y esto debe creerse porque ningn manuscrito antiguo hace referencia a ella. En cuanto al presente, est universalmente extendida entre todas las mujeres de esta nacin y de algunas otras, como veremos.

Se cura a los enfermos chupndoles el estmago, como he dicho anteriormente; pero si tienen que ir a establecerse a otro lado y hay un enfermo que no est en estado de seguir a la horda o cuya enfermedad tiene trazas de durar mucho, lo abandonan. La familia o parentela llora los muertos, sobre todo si es un cacique o un sujeto de reputacin y se le entierra en el cementerio o lugar destinado para ese objeto, con sus alhajas o sus atavos y sus armas. Adems se degellan sobre la tumba cuatro o seis de sus mejores caballos. Yo creo que esto procede del mismo principio que hace enterrar las alhajas con el muerto, y esta costumbre no puede remontarse a ms que la poca en que empezaron a tener caballos. Se entierran con el cadver las alhajas y los caballos del difunto es porque los indios salvajes tienen un gran horror a los muertos y no quieren conservar nada que les recuerde su memoria (1) (Esta costumbre es universal en casi todos los pueblos brbaros y responde ciertamente en todos al mismo principio, es decir, a la idea de una vida futura y al deseo de procurar a los muertos, en el otro mundo, las armas, los animales y con frecuencia los servidores que tenan en ste. Por tal razn, en muchos pueblos salvajes han degollado sobre las tumbas de los muertos sus mujeres y sus esclavos. Esta brbara costumbre se perpetu hasta un perodo muy avanzado de la civilizacin. Tal sucede con las mujeres de los brahmanes indios, que se queman sobre la pira de sus maridos Lase BERNIER F- Viaje al Gran Mogol, Indostn y Cachemira, en la coleccin de Viajes clsicos, editada por CALPE - . Homero y los otros poetas griegos nos ofrecen frecuentes ejemplos de este gnero de supersticin. - C. A. W. -). Si el enfermo ha muerto muy lejos del cementerio, y esto hace que sea de temer la descomposicin, lo envuelven en una manta y lo suspenden en un rbol durante tres luna, para dejar disolver las entraas y secar el cuerpo como cartn, y entonces lo llevan al cementerio. El duelo dura tres o cuatro lunas, pero solo entre los parientes, y se reduce a que las mujeres y los esclavos no coman mas que vegetales y nada de carne y guarden un silencio tan profundo que no responden una sola palabra a los que les hablen.

PAYAGUS.- Esta nacin, fuerte y ponderosa, da su nombre al ro Paraguay, que se llamaba antes Payaguay o ro de los Payagus, nombre que hemos nosotros alterado un poco hacindolo extensivo a todo el pas, como se ha visto en el captulo IV. A la primera llegada de los espaoles esta nacin estaba dividida en dos hordas, que se haban repartido el imperio del ro Paraguay sin permitir que nadie lo navegara. Una habitaba a los 21 5 de latitud, lugar ocupado al presente por una partida de mbays, como antes he dicho, y la otra hacia los 25 17 de latitud. La nacin entera llevaba el nombre de payagu, y para distinguirse las hordas se llamaban a si mismas cadigu y magach ; pero los espaoles aplicaron el nombre genrico, el de payagu, exclusivamente a la divisin ms septentrional y corrompieron el otro llamndole agace. Despus de la muerte del cacique Magach, cuya horda llevaba entonces el nombre, los espaoles, habiendo reconocido que los indios eran verdaderamente payagus, suprimieron y olvidaron el nombre de agaces y llamaron a todos payagus. Los historiadores, que no estaban instruidos en estos hechos, han credo que la nacin agace haba sido totalmente exterminada; se fundaban en que no encontraban este nombre en la lista de las naciones indias, y adems ignoraban que no era una nacin, y en cuanto a la parte que habita ms al norte, se la llama sarigu, y la otra tacumb, aunque se distinguen ellas mismas en cadigus y siacus .

Los siacus o tacumbs, antiguamente agaces, mataron quince espaoles del ejrcito de Sebastin Gaboto, que fue el primer europeo que entr por el ro Paraguay. Algn tiempo despus los mismo siacus, con sus canoas, entablaron un combate desesperado con los espaoles que suban por el mismo ro, mandados por Juan de Ayolas, y les mataron quince soldados. El mismo Ayolas subi luego ms arriba, con doscientos espaoles, siendo atacados y muertos todos por los payagus sarigu. Tambin destruyeron una aldea espaola cerca del ro Jesuy y el pueblo de indios ohomas, y falt poco para que hicieran lo mismo en Ipan, Guarambar, Itati y Santa Luca, etc. En fin, desde la conquista estos indios han sido los enemigos ms constantes, astutos y crueles de los espaoles, de los portugueses de Cuyab y de todos los otros indios, sin excepcin. De manera que si alguna vez han hecho la paz con algunos ha sido para ligarse contra otros y para realizar alguna traicin, porque jams conocieron la lealtad ni la buena fe. Sus proezas estn consignadas en un gran nmero de piezas que se hallan depositadas en los archivos de la Asuncin. Como no es el caso de dar aqu el extracto, baste saber que han matado a muchos millares de espaoles y que con frecuencia ha faltado poco para que exterminaran a todos los del Paraguay.

Esta nacin astuta observ que la poblacin de los espaoles aumentaba en el Paraguay y que los de Buenos Aires podan auxiliarlos; vio tambin el aumento de los portugueses en Cuyab, y reflexionando que no haba para ella ningn medio de escaparse y que no tenan fuerzas suficientes para exterminar a todos sus enemigos, resolvi hacer la paz de buena fe con los espaoles, alindose a ellos del modo ms estrecho. Ofrecieron, en consecuencia, estos indios hacer una alianza ofensiva y defensiva contra todo el mundo, sin excepcin. Otro artculo de sus ofertas fue que la horda tacumb se fijara en Asuncin, capital del Paraguay, donde se la dejara seguir tranquilamente sus costumbres y gnero de vida, y que se le permitira algunas veces hacer la guerra en particular a los indios que no tuvieran ni comunicacin ni tratado con los espaoles.

Efectivamente, en 1740 la horda tacumb se fij en Asuncin, y no solo son aliados fieles en tiempos de guerra, sino tambin habitantes muy tiles porque proveen a los espaoles de pescados, de sauces, de caas, de forraje para caballos, de canoas, de remos de algunas mantas y otros objetos menudos, y adems les prestan otros servicios particulares. Todo el producto de este comercio lo emplean en aguardiente, carne, dulces, judas, etc., sin hacer ningn ahorro, y conservan sus costumbres, sin cambiar nada absolutamente y sin hacer caso alguno de las de los espaoles.

En 1790 la horda sarigu se incorpor a la de los tacumbs, y estn las dos reunidas en la capital del Paraguay y forman en totalidad cerca de mil almas. Un gobernador que deseaba hacer valer sus servicios a la Corte hizo bautizar a ciento cincuenta y tres nios menores de doce aos, el 28 de octubre y 3 de noviembre de 1792. ya se ha comprobado que ellos no quieren, en absoluto, ser cristianos, y si se los obligara empezaran otra vez la guerra.

Su lenguaje es muy diferente de todos los otros; es tan gutural que no se pueden expresar los sonidos con nuestras letras, y tan difcil que nadie ha podido aprenderlo; pero un gran nmero de payagus entiende y habla el guaran, pues habitan una ciudad en que no se usa otra lengua. Yo estimo que su talla media puede ser de ms de cinco pies y cuatro pulgadas; sus proporciones son bellas, y me parecen ms giles y ms ligeros que ningunos otros indios y que los espaoles. Es intil observar que ninguno de ellos es contrahecho y que carecen del menor defecto corporal. Esta ventaja es comn a todos los indios, que tampoco llegan nunca a ser demasiado gordos; pero su color es algo ms claro y su fisonoma menos sombra y ms abierta. Por lo dems, se parecen a los guans en los siguientes aspectos: se arrancan constantemente las cejas, las pestaas y el pelo, y no conocen ni obediencia, ni recompensas, ni castigos, ni leyes obligatorias. Las mujeres tienen un uso particular, y es que desde que el seno de las doncellas llega a su punto mximo natural de crecimiento empiezan a comprimirlo y dirigirlo hacia la cintura, apretndolo, ya sea con la manta misma, o con una correa, de modo que a los veinticuatro aos o antes est colgante como una bolsa. Independientemente de esto, el seno de todas las indias parece tener menos elasticidad que el de las europeas y cae mucho ms pronto. No es, por tanto, extrao verlas muchas veces dar de mamar a sus hijos por debajo del brazo o por encima del hombro, porque sus mamas son muy colgantes y tienen siempre el mameln muy grueso.

Cuando las mujeres quieren hilar preparan el algodn disponindolo en forma de larga morcilla del grueso de un dedo, sin torcerlo; despus, sentndose en el suelo con las piernas extendidas, toman su huso, que tiene cerca de dos pies de largo, y empiezan a hilar, haciendo dar vueltas al dicho huso sobre la pierna desnuda, pero torciendo poco el hilo, que van arrollando sobre el huso mismo. Cuando han hilado todo el algodn que tenan en el brazo ponen alrededor de este mismo brazo el hilo que haba en el huso, para torcerlo por segunda vez, y lo van reuniendo en la parte inferior del repetido huso. En este estado, y sin ponerlo doble, lo emplean ellas para fabricar sus cobertores y nunca para coser, pues no fabrican jams esta operacin.

Estos cobertores o mantas se reducen a una pieza de tela d algodn, ms o menos grande, segn su destino. Aquellas que usan las mujeres de edad no tienen a lo sumo mas que la longitud necesaria para cubrirlas desde los hombros a la pantorrilla, y ancho suficiente para dar vuelta y media alrededor del cuerpo. Las fabrican sin telar, disponiendo los hilos entre dos palos separados a proporcin de la longitud que ha de tener la manta. Pasan en seguida el hilo a travs sin lanzadera, con la sola ayuda de los dedos, e inmediatamente lo aprietan con fuerza con una especie de regla o cuchillo de madera. Tal es la manera de hilar y hacer las telas que emplean todas aquellas naciones de que he dicho hacen uso de vestidos tejidos, a excepcin de las de la cordillera de Chile que se fabrican ponchos, porque al menos algunas hacen uso de telares.

Las mujeres emplean para vestirse una de estas mantas, en que se envuelven del estmago al tobillo y a veces desde los hombros; pero llevan adems un trapo de un pie cuadrado, atado con una cuerda y fijo a la cintura, de manera que cuelga delante de las partes sexuales. Los hombres van enteramente desnudos; pero cuando hace fro, y para entrar en las casas de la ciudad, se ponen por los hombros una de estas mantas, para cubrirse, en tanto en cuanto en cuanto es necesario, las partes anteriores. Otros se ponen una camiseta que no tiene cuello ni mangas y cubre apenas el signo distintivo del sexo. Los hay que se pintan el cuerpo de diferentes colores, a manera de chaqueta, de chaleco y de pantaln, y aunque desnudos del todo, van as por todas partes.

El barbote es la marca distintiva de los hombres, que llevan adems brazaletes, tan diferentes por sus formas como por las materias de que estn construidos, no solo en los brazos, sino en los tobillos.

A veces se suspenden de las muecas pezuas de ciervo, que producen un cierto sonido chocando unas con otras, y llevan tahales de hilo de plata o de fragmentos de conchas, donde suspenden una bolsa tan pequea que apenas cabe en ella una moneda como una peseta. Es verdad que casi no hacen uso de esta bolsa, porque se meten siempre en la boca el dinero que ganan. Llevan sobre la cabeza penachos de plumas, y los que han matado algn enemigo los colocan verticalmente sobre el cerviguillo. Se hacen rocallas de formas y materiales muy variadas. Se trazan en la cara y el cuerpo dibujos imposibles de describir y de color diferente, segn el capricho de cada uno. No llevan estos ornamentos todos los das, sino cuando les parece, a capricho. Se cortan los cabellos al rape por delante y a la altura de la oreja por los costados, dejando caer en libertad el resto de dichos cabellos y amarrndoselos por detrs con una pequea correa de piel de mono, pero que conserva su propio pelo.

Cuando las jvenes llegan a la poca de su primera menstruacin dan parte de este acontecimiento a todo el mundo y se aplican la pintura caracterstica de la adolescencia de su sexo. Estas pinturas se reducen a una banda o raya que parte del nacimiento del pelo y se prolonga en lnea recta sobre la nariz hasta el extremo de la barbilla, pero exceptuando el labio superior. Adems, se ven salir de la raz de sus cabellos siete o nueve lneas verticales que cortan la frente y el prpado superior. En cada comisura de la boca se pintan dos cadenas paralelas a la mandbula inferior, terminadas a los dos tercios de la distancia de la oreja. Aun se pintan dos eslabones, que salen de cada ngulo exterior del ojo y terminan en la parte superior de la mejilla

Todas estas pinturas que emplean las mujeres no son superficiales, como las de los hombres, sino permanentes y de color violeta, porque se pican la piel para que el color penetre interiormente. Algunas de estas mujeres, ms coquetas que las otras, se pintan de rojo la cara, el seno y los muslos, se trazan una cadena parda de grandes anillos en los brazos, desde el puo hasta el hombro; pero estas pinturas no estn impresas en la piel y las que son rojas no presentan ningn dibujo.

Las mujeres, como los hombres, se cortan los cabellos al rape por delante, pero no sobre las orejas, y dejan caer el resto naturalmente, sin sujetrselo nunca. Llevan sortijas, sean de la clase que sean, en todos los dedos; pero no llevan ni collares ni alhajas de ninguna otra especie.

Sus chozas o sus casas son semejantes a las que ya he descrito. La sola diferencia es que las cubren de juncos que no estn tejidos, sino colocados en toda su longitud y cosidos o reunidos con hilos. El deber de las mujeres es hacer esteras, levantar y desmontar las chozas, fabricar mantas y tambin los pucheros y paltos de barro. Estos pucheros estn cubiertos de pintura y dibujos, pero muy mal cocidos. Deben tambin hacer cocer las legumbres y el pescado algunas veces, pero esto es raro, porque son los maridos los que preparan la carne y el pescado, yendo tambin a buscar la lea. Comen de todo, pero las mujeres jams se alimentan de carne, porque dicen que les hace dao.

Estos indios se parecen a las otras naciones en que comen cuando tienen gana, escogiendo lo que les agrada entre los alimentos cocidos, sin esperar ni advertir a nadie; en que no hablan ni beben hasta el final de la comida; en que no hacen uso de tenedor ni cuchara y se mantienen mientras comen a cierta distancia unos de otros, aun entre padres e hijos y marido y mujer; en que para tomar el caldo o la salsa no se sirven mas que del ndice y del dedo inmediato, y que no obstante lo hacen tan de prisa como si tuvieran una cuchara; en que comiendo el pescado ms abundante en espinas no las separan de la carne sino por un movimiento de la lengua y las guardan a los lados de la mandbula, como los monos, para arrojarlas todas de una vez despus de haber acabado de comer, y en que tienen horror a la leche, en que no se lavan jams las manos, la cara ni el cuerpo, y no barren nunca sus habitaciones. Saben tambin encender fuego sin piedra de chispa, como todos los otros indios. Para este efecto hacen dar vueltas a un pedazo de palo, del grueso de un dedo, que hacen entrar por un extremo en otro pedazo agujereado al efecto, y le dan un movimiento como el de un molinillo de chocolate, hasta que este movimiento, reiterado, produce un polvo semejante a la yesca inflamada. Como a todos los indios salvajes, nuestra forma de casas les da miedo, ya sea a causa de su oscuridad, ya porque teman que se les caiga encima, y nada del mundo puede reducirlos a pasa en ella una sola noche.

El famoso Magache, que en la poca de la llegada de los espaoles era el cacique de estos indios, no existe ya. El de los sarigus es el hijo mayor de Cuaty, que yo he conocido personalmente, y que era con seguridad tan viejo como Nabidrigu o Camb, de que he hablado, es decir, que tena ciento veinte aos. En efecto, deca que era ya cacique y estaba casado cuando se empez la catedral de Asuncin. Tena como el otro, todos sus dientes, tan blancos y bien ordenados como un europeo de veintisis aos; igualmente conservados estaban todos sus cabellos, de que solo la tercera parte era blanca. nicamente su vista se haba debilitado. Pero a pesar de esto remaba, pescaba, se emborrachaba y obraba como todos los otros. La primer vez que yo lo vi estaba sentado en el suelo, completamente desnudo, y sin molestarse solt sus aguas en plena conversacin. El cacique de los payagus, no ms que los otros, no tiene ninguna autoridad ni ninguna marca distintiva, y no recibe ni tributos ni servicios. La nacin est gobernada por la asamblea, que se rene al ponerse el Sol, pero sin poder imponer obligacin a nadie, porque el payagu es absolutamente libre y no reconoce ninguna desigualdad de clases, como no sea la del cacique, que se reduce a nada.

Siendo todo libre en esta nacin, el divorcio lo es tambin, aunque sea bastante raro. Entonces la mujer va a buscar a su familia, llevndose a todos sus hijos. Se lleva tambin los materiales de la choza, la canoa y cuanto es de la casa. El marido solo conserva sus armas y sus vestidos. Si no hay hijos cada uno guarda lo que le pertenece. Las indias no buscan ayuda de nadie para dar a luz. Sin embargo, cuando una mujer payagu est en el trance y se le oye suspirar, o sus dolores duran demasiado tiempo, sus vecinas acuden llevando en la mano cascabeles enhebrados y se los sacuden violentamente sobre la cabeza durante un instante; despus la dejan, pero recomienzan si lo creen necesario.

Apenas la mujer ha dado a luz, sus amigas se colocan en dos filas desde la casa hasta el ro, que est siempre muy cerca. Extienden sus ropas a los dos lados, como para interceptar el paso del viento, y la que ha dado a luz pasa por el medio y se arroja al agua para baarse.

Los payagus se parecen a todas las dems naciones indias en que no conocen otra fiesta ni ms diversin que la borrachera. El da que destinan a emborracharse no comen nada y beben una enorme cantidad de aguardiente; y se mofan de los borrachos espaoles que comen al mismo tiempo, porque dicen que no les queda lugar para la bebida. Los que aun estn solteros y que viven sin trabajar, a expensas de sus padres, no beben jams aguardiente. Las mujeres no lo beben mas que rara vez, y eso si ellas poseen con que comprarlo, porque los maridos no se lo dan jams; y sin embargo, cuando ellas lo tienen son ellos los que se beben la mayor parte. El hombre borracho va siempre acompaado de su mujer o de un amigo; cuando stos ven que no puede casi tenerse en pie lo llevan a su choza y lo hacen sentarse. Entonces el borracho empieza a cantar en voz baja, diciendo: <> Repite lo mismo muchas veces, y da luego puetazos al aire como si se peleara, acabando por caer profundamente dormido. Pero no hay ejemplo de que un borracho coja armas ni haga el menor mal a nadie, ni que insulte a las mujeres, mientras que stas provocan a sus maridos cuanto les es posible. El motivo para estas fiestas de borrachera se reduce a cualquier pretexto, sea el que sea, o nada, como antes he dicho.

 

Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Cuanto mayor es la prosperidad, tanto menos se debe confiar en ella. Séneca



índice sobre Aragón

Una colección de ilustraciones antiguas con muestras de ilustraciones y recuerdos de la Virgen del Pilar.
Las fotografías mas actuales te mostraran un Aragón activo.
de mucho interés es también la heráldica municipal e institucional.

Disfruta sus variadas Comarcas.

La realidad tecnológica y social en Aragón también es de interés.

Conoce un mundo en las fotografías de Serafín Urzay.



Aragón en datos | Mapas | Documentos



El proyecto pasapues es una ampliacion del proyecto Aragón es así, y trata de recopilar y relacionar todo tipo posible de información documental sobre Aragón: textos, libros, artículos, mapas, ilustraciones, fotografías, narraciones, etc., y proceder a su publicación y difusión.

Copyright 1996-2019 © All Rights Reserved Javier Mendívil Navarro, Aragón (España)

Para consultar, aclaraciones o corregir errores por favor cuentanoslo

Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia

Esta web no usa directamente cookies para seguimiento de usuarios,
pero productos de terceros como publicidad, mapas o blog si pueden hacerlo.
Si continuas aceptas el uso de cookies en esta web.