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Capitulo Undcimo. Algunas reflexiones generales sobre los Indios Salvajes. Viajes por la America Meridional de Don Flix de Azara. Tomo II. Felix de Azara. Viajes por la America Meridional.





CAPTULO XI. ALGUNAS REFLEXIONES GENERALES SOBRE LOS INDIOS SALVAJES..

Algunos sabios han imaginado que las primeras sociedades de hombres salvajes no coman mas que frutos espontneos de la tierra, y que pas un largusimo perodo de tiempo antes de que el hombre salvaje se acostumbrara a vivir de la caza, de la pesca y de la agricultura. Pero dnde est el pas que produce frutos espontneos en todas las estaciones del ao, y con tanta abundancia que hayan podido ser suficientes para alimentar a muchas sociedades de hombres salvajes? Yo puedo, al menos, asegurar que los pases que he descrito no estn en este caso. Parece, por otra parte, que habr sido tan nuevo y tan difcil a los primeros salvajes comer un fruto o una raz espontnea como la carne de un cuadrpedo (1), (Como este captulo es uno de los que han sido agregados y me ha enviado de Espaa el autor, es probable que le haya sido sugerido por la lectura de mi Essai sur lHistoire de lespce humaine, que le remit despus de escrita su obra. En la pgina 25 de este Ensayo se ver que yo distingo un primer perodo de sociedades humanas, comprendiendo los pueblos que se alimentan principalmente de productos espontneos de la tierra. De que han existido y existen todava tales pueblos, espero que se convencer todo lector imparcial que quiera tomarse el trabajo de consultar las descripciones dadas por los diversos autores que yo he citado en la obra que es objeto de la crtica de nuestro autor. Convengo con l en que es tan fcil al hombre comer un animal como un fruto, aunque esto mismo podr dar lugar a observaciones que el lector sabr hacer sin que yo las exponga. Pero lo que no es menos evidente es que es siempre ms fcil y menos peligroso proporcionarse un fruto o una raz que un animal, que tiene vida y movimiento y sabe huir o combatir -C.A.W.-). Sea como sea, todas las naciones indias salvajes que he descrito en el captulo precedente estaban a la llegada de los espaoles, como hoy, compuestas de individuos que vivan de la caza, de la pesca o de la agricultura, y ninguna llevaba la vida pastoril porque los cuadrpedos y aves domsticas les eran del todo desconocidos. Es verdad que la vida pastoril y los cuidados que exige no parecen agradar al hombre tanto como el ejercicio de la caza, acaso porque las sorpresas que sta ocasiona y las victorias que procura producen un vivo placer y desarrollan la vanidad. Lo que hay de seguro es que prefieren hoy la caza a la vida pastoril y a la agricultura. Aunque les fue fcil a todos procurarse nuestros animales domsticos, los que los han adquirido no tienen mas que poco o ningn cuidado con ellos, a excepcin del caballo, que les es necesario. (1). ( << Por penosa y dolorosa que parezca en el segundo perodo la existencia de un pueblo que no est situado en un suelo frtil, no debe pensarse, sin embargo, que desear cambiar, aunque tenga a su visita el ejemplo de un pueblo pastor o de una nacin agricultura y civilizada. Los de entre estos pueblos salvajes que saben ya suplir los recursos inciertos de la caza y de la pesca por un cultivo grosero encargan -as lo hemos observado- a las mujeres de este trabajo, y los hombres lo consideran indigno de ellos: tan poderoso es el influjo de un largo hbito y las impresiones de la primera infancia. Acostumbrados a guiarse por una sola voluntad, a no obrar sino cuando la necesidad lo exige, la subordinacin, que sostiene el orden y asegura la tranquilidad, sera para ellos una odiosa servidumbre; el trabajo regalado y casi continuo, que procura la consideracin y las riquezas, una fatiga montona e insoportable. A la seguridad, a la abundancia, a las satisfacciones y comodidades de la vida que se encuentran en los pueblos familiarizados con la agricultura, el comercio y las artes, prefieren su pobreza, sus ejercicios viriles y su altiva independencia.>> -Essai sur lHistoire de lespce humaine, pg. 105-). Parece, pues, la primera ocupacin del hombre libre fue la caza; la de la pesca depende menos de la eleccin que del azar, que motiva el estar colocado al borde del agua. Los que se encuentran en este caso, como los payagus y los guatos, prefieren la pesca a todo porque ella tiene tambin sus sorpresas y sus facilidades que igualan, y aun sobrepujan, a las victorias del cazador. La agricultura y la vida pastoril slo vienen despus. En el pas haba muchas naciones agrcolas, pero ninguna llevaba la vida pastoril: lo que prueba que esta vida es bastante posterior a la del hombre salvaje y que ste es el ltimo de los medios de subsistir que adopta.

Si se reflexiona, se ver que todas las naciones que viven de la caza, como los charras, los minuanes, los pampas, los tehuelchus o patagones, los guaicurs, los mbays, los lenguas, los enimagas, los tobas, los pitilagas, los mocobys y los abipones, son las ms errantes, las ms holgazanas, las ms guerreras, las ms fuertes y las ms feroces; y las que viven de la pesca, como los payagas, los guasarapos y los guatos, son ms estables y ms activas, pero igualmente fuertes, guerreras y feroces; y si la ltima lo es menos, puede atribuirse al pequeo nmero a que est reducida. Pero las naciones agrcolas son todas dulces y pacficas y no hacen, a lo sumo, mas que defenderse, aunque su talla y sus fuerzas sean muy superiores a las de las otras, como sucede a los guans, los machicuys y los guentuss.

Las naciones agrcolas siembran algodn, man o mandubi (cacahuet), maz, batatas, pimientos, judas, manioc y camanioc, calabazas y muchas especies diferentes de cada una de estas plantas. No se concibe de dnde las han sacado, pues ninguno de estos vegetales crece espontneamente en el pas. Nuestros agricultores, a fuerza de meditaciones, de abonos, de combinaciones y de injertos consiguen perfeccionar las flores, los frutos y las semillas, pero no poseen an muchas especies de maz, de batatas, de judas, de calabazas, etc., que los indios han sabido procurarse, aunque estos pueblos sean salvajes y no empleen ni razonamientos, ni abonos, ni injertos, y se limiten a hacer un agujero en tierra con un palo, metiendo all la semilla y no volviendo al sitio generalmente hasta el momento de la recoleccin. Si la Naturaleza creando estas naciones les pone las semillas al alcance de la mano, por qu no hace el mismo presente a todas las naciones de aquellas regiones que viven de la caza y de la pesca y que estn privadas de plantas? Si ellas se las dio y ellas las han dejado perder, por qu se las han dado?

Yo no puedo comprender tampoco cmo la nacin guaran, siendo agrcola y por consecuencia poco viajera, se extendi de un modo tan enorme y en tan gran nmero como hemos visto en el captulo precedente, mientras todas las dems, ms vagabundas, se encuentran reducidas a un tan pequeo nmero de individuos como hemos dicho y estn en cierto modo confinadas en distritos infinitamente ms pequeos, y algunas, como la de los guatos, se hallaban ocultas en una pequea laguna, cosa que sucede poco ms o menos con la de los guasarapos. Pensar que los guaranes son ms fecundos sera un error, porque no tienen seguramente en esto ninguna ventaja sobre los otros; yo creera ms bien lo contrario, y los jesuitas tenan la misma idea porque en sus poblados de guaranes tocaban a media noche una gran campana para despertar a los indios y excitarlos a la procreacin; esto es, al menos, lo que asegura todo el mundo. Pero lo que est fuera de duda es que los guaranes forman la nacin menos robusta y menos vigorosa y que no vive ms, sino acaso menos, que nosotros.

Se podra imaginar que ha sido la paz la que ha favorecido la multiplicacin de los guaranes, mientras que la guerra destrua a los otros indios; pero esto no es creble, pues vemos a los guatos metidos en su laguna sin hacer la guerra, y sin embargo, su poblacin no ha aumentado en tres siglos. Adems hay otras naciones tan pacficas y tan agrcolas como los guaranes, como son los guayans, los nalicuegas, los guans, los machicuys, los guentuss y otros, cuya poblacin no est menos, sino acaso ms disminuida en comparacin con la de los guaranes. Aadamos a esto que antes de la llegada de los europeos estas naciones no conocan el uso de los caballos y que estando muy alejadas unas de otras no podan sino con mucha dificultad hacerse la guerra.

Una cosa igualmente incomprensible para mi es que el lenguaje guaran haya podido extenderse por el territorio inmenso posedo por los portugueses y los franceses y en una parte del pas que describo, como hemos visto en el captulo precedente, entre un nmero tan grande de hordas independientes, casi aisladas y casi sin conocer comercio ninguno, ni menos el uso de libros; mientras que vemos que los Gobiernos de Francia y Espaa, a pesar de sus esfuerzos, sus escuelas, sus libros y sus medios de comunicacin, nunca han podido introducir en todas sus provincias el uso general y exclusivo del espaol y el francs.

Una cosa digna de notarse es que los portugueses en un corto nmero de aos hayan reducido a la condicin de esclavos a todos los guaranes del Brasil (vase el captulo precedente); que en el mismo espacio tiempo los conquistadores espaoles reunieron ms de cuarenta poblados, y que poco despus los jesuitas formaron sus famosos establecimientos del Paran y del Uruguay, reduciendo tambin en forma de poblados a los guaranes que encontraron en la provincia de Chiquitos. En tanto, vemos, por otro lado, que nadie hasta el presente ha podido formar poblados ni reducir el estado de civilizacin a ninguna de las naciones que he descrito, aunque se haya empleado para llegar a ese fin el dinero, la persuasin y la violencia, durante el curso de tres siglos y constantemente. Estos hechos prueban que hay entre los guaranes y las otras naciones de que he hablado ms diferencia que entre las del antiguo continente y entre muchos cuadrpedos de especie diferente. Y no se crea que esto viene del clima, pues los guaranes, los payagas, las lenguas, etc., vivan en las mismas llanuras bajo la misma latitud y su pas comn posea los mismos vegetales, las mismas aves y los mismos cuadrpedos, sin ninguna diferencia en la forma ni en el tamao. Por otra parte, los patagones y otros indios de diferente talla se encuentran en el mismo caso. Sera equivocado creer que los guaranes eran dbiles y de pequea talla porque vivan en los bosques y sus alrededores, y que las otras naciones vivan en campo raso, pues todos los guaranes no se encontraban en el mismo caso, y los tupys y los guayans, que nunca han salido de sus bosques, no dejan de tener una gran talla y las ms bellas proporciones, y hasta el da nadie ha podido sojuzgarlos.

Otros puntos dignos de admiracin son an la gran variedad de sus lenguas, su fuerza, su talla y su vigor. No es menos sorprendente el ver pueblos que no conocen ni religin, ni jefes, ni leyes, ni sumisin, ni temores, ni esperanzas presentes o futuras, sea en el respecto que sea, someterse, sin embargo, a ciertas prcticas en sus enfermedades, sus casamientos, etc., prcticas tan extravagantes y tan crueles que los ms crueles tiranos no podran llegar a someternos, fuera el que fuera el precio o la recompensa que ofrecieran. Lo corriente es que estos indios no den razn de lo que hacen, y es bien difcil y aun imposible adivinarlo. En efecto, nosotros no podramos figurarnos cmo tales ideas pueden haber entrado en cabeza humana.

Admiro tambin la altura de su talla, la amplitud y elegancia de sus formas y proporciones, que no tienen igual en el mundo, y al mismo tiempo no dudo de su escasa fecundidad. Me he convencido examinando una gran cantidad de listas o catastros antiguos y modernos de los pueblos guaranes, y he notado que la suma total de cada sexo arrojaba ms mujeres que hombres, en la relacin de 14 a 13. Aunque yo no he podido obtener semejantes listas para otras naciones salvajes, he tomado, sin embargo, informaciones, y yo he observado que entre las que no destruyen a sus hijos ninguna mujer ha tenido diez, y en general no son tan fecundas como las espaolas; lo que prueba tambin la disminucin en todas las naciones indias, excepto los guaranes. Se ve an considerado que el nmero de guatos no ha aumentado en el curso de tres siglos, ni tampoco el de guasarapos, machicuys, guentuss, vilelas y chumipys, como lo hemos visto en el captulo precedente; aunque no conocen ni la brbara costumbre del aborto ni la guerra y son pescadores o agricultores.

No podr atribuir al clima la escasa fecundidad de las indias cuando veo que en el mismo pas las espaoles son ms fecundas que ellas y tanto, al menos, como en Europa. No se puede creer tampoco que un gran nmero de nios indios perezca por falta de alimento o a causa de la dureza de su gnero de vida, pues que tienen siempre que comer y su modo de vivir, lejos de debilitarlos y matarlos, los vuelve a todos ms fuertes que nosotros, les hace disfrutar mejor salud, prolongar la vida ms tiempo y conservar hasta la muerte no slo los cabellos, sino tambin todos sus dientes, mientras que entre los espaoles que habitan la misma regin hay muchas cabezas calvas y muchas personas sin dientes, que yo he visto por todas partes.

Se debe admirar igualmente la facilidad con que dan a luz todas las indias, sin ayuda de nadie, sin consecuencias enojosas, sin dejar de ocuparse el mismo da de sus quehaceres ordinarios y sin que jams les falte la leche.

Se lavan inmediatamente despus del parto con agua a temperatura ambiente. Cuando es una mujer payagu la que est en este caso algunas de sus compaeras forman dos filas desde su casa al ro, que est cerca, extendiendo al costado sus mantas, como para evitar que pase el viento; la parturiente pasa por en medio y se arroja al agua. En todo esto los indios se parecen seguramente a los cuadrpedos, y los hombres aun los sobrepujan, por la insensibilidad con que sufren la intemperie, el hambre y los tratamientos brbaros que tienen lugar en sus duelos y en sus fiestas; en que jams se quejan en sus enfermedades, ni aun cuando se los mata, y en la indiferencia que muestran en sus ltimos momentos, en que no dejan percibir inquietud alguna por el porvenir ni por la suerte de las mujeres ni de sus hijos.

En cuanto a la situacin local, no comprendo bien cmo ciertas naciones muy poco numerosas se encuentran enclavadas entre las otras. Por ejemplo, en el pas que describo la nacin guaran contiene en su seno otras naciones enteramente aisladas, como los tupys, los guayans, los uaras, los nalicuegas, los guasarapos y los guatos. En efecto, si estas naciones entraron en el interior del pas antes de ser rodeadas por los guaranes, por qu no se han multiplicado y extendido tanto como stos? Si, por el contrario, penetraron despus de haber expulsado de aquel lugar a los guaranes, por qu han dejado, por as decirlo, cerrada la puerta tras ellos?

Concibo an menos qu ruta han podido seguir todas las naciones que he descrito para venir a fijarse en los lugares que habitan. En efecto, si han venido del Norte, cmo no ha quedado en la Amrica septentrional un solo indio de las razas de que he hablado? Puede suponerse que los guatos, reducidos a doce o veinte, no encontraron en tan inmensos desiertos otra laguna que la que poseen, y que les haya ocurrido otro tanto a los guasarapos? Cmo!, los charras, los pampas, los patagones, los aucs, los guaicurs, los lenguas, los mocobys, los mbays, etc., que son las naciones de ms alta talla, las ms fuertes, las ms poderosas y ms indomables que hayan en el mundo, no pudieron encontrar establecimiento ni aun en los desiertos de la Amrica septentrional y se vieron forzados a refugiarse en el ltimo rincn de la parte meridional de este continente? No hubieran encontrado del lado del Norte tanto terreno y facilidades para la caza y para la pesca, etc., como las naciones dbiles que ocupan hoy estas regiones septentrionales? O el exceso mismo de su poblacin los forz a emigrar? Ninguna de estas conjeturas me parece verosmil. Lo sera menos creer que las naciones dbiles y pusilnimes del Norte hayan podido obligarlos a abandonar el pas, pues que vemos que todo el poder de los espaoles, a pesar de la ventaja incalculable que les da el uso de los caballos y de las armas de fuego, no ha podido conseguir hacerles perder terreno, no obstante tres siglos de combates continuos.

Hemos dicho en el capitulo IX que algunas personas se imaginaban que los cuadrpedos haban sido creados en este pas unos despus de otros y que cada especie no proceda de una pareja primitiva sola, sino de varias de la misma naturaleza. Estas personas pretenden, sin duda, explicar del mismo modo mis observaciones sobre los indios. Se figuran que ninguna de estas naciones ha existido en el antiguo continente, que no han viajado tanto como se imagina y que han sido creadas en la regin misma que ocupan, con independencia del continente antiguo, las unas ms pronto y las otras ms tarde. Suponiendo que su raza (1). (Aqu la palabra raza est con el valor de especie, y, como vemos, va seguida de una exposicin de hiptesis poligenista, de que Azara no participa, segn dice) es diferente de la nuestra, no tendrn ninguna dificultad en explicar esta diferencia recproca. No se vern ms embarazadas al convenir que cada una de las naciones menos numerosas puede deber su origen a un solo hombre y una sola mujer, y puede ser que se imaginen que los guaranes proceden de una multitud de parejas de la misma naturaleza y que estas primeras parejas existan con anterioridad a las que han producido las otras naciones. Los que se ocupen en hacer investigaciones sobre la historia del hombre podrn examinar esta opinin, de que yo no participo. Entre tanto se resuelve el asunto, yo no debo omitir aqu la exposicin de una duda acerca de los americanos tan antigua como el descubrimiento de Amrica.

Los primeros espaoles que frecuentaron a los indios o americanos no los consideraron como hombres que tuvieran el mismo origen que nosotros, sino ms bien como una especie intermedia entre el hombre y los animales, que aunque con formas semejantes, difera de nosotros en otros aspectos, y que no era susceptible de la inteligencia, de la capacidad ni del talento para entender y practicar nuestra religin. Tal fue la idea de la mayor parte de los laicos y aun de varios religiosos respetables que formaban parte del pequeo nmero de eclesisticos que en aquella poca pasaron en Amrica. No obstante, no podan dejar de comprender que siguiendo esta opinin no podan desempear ningn papel religioso en un tan grande y rico descubrimiento. Uno de los principales partidarios de esta idea fue Francisco Toms Ortiz, obispo de Santa Marta. Escribi una larga Memoria al Consejo Supremo de Madrid, sacando en conclusin que la experiencia que l haba adquirido por un largo trato con los indios le haca considerarlos como seres estpidos y tan incapaces como los animales de comprender nuestra religin y de observar sus preceptos. Otros eclesisticos, a cuya cabeza estaba el famoso Francisco Bartolom de las Casas, decan, por el contrario, que los indios eran hombres de nuestra especie y tan apropiados al cristianismo como nosotros. Se disput con calor de una y otra parte, y hubo tambin eclesisticos que, para conciliar las dos opiniones, dijeron que, en verdad, los indios eran los hombre de nuestra misma especie, pero tan cerrados que deban contentarse con bautizarlos, pero no administrarles los otros sacramentos. Tal era el estado del asunto cuando Las Casas se declar el apologista y ardiente protector de los indios. Aleg en su favor todas las razones que pudo encontrar, y para debilitar los argumentos de sus adversarios no olvid el mtodo ordinario de los abogados y de los declamadores; es decir, que difam a los espaoles diciendo que si queran a toda la costa que los indios fueran puros animales era para tratarlos como tales y excusar las atrocidades que cometan con ellos. (1). (Nadie ha dicho tanta verdad ni ha sido tan sincero y justo como Las Casas. -F. B. A.-)

Logr con esto obtener una bula del Papa Paulo III, fechada en 2 de junio de 1537, que declaraba a los indios verdaderos hombres capaces de todos los sacramentos de nuestra religin. Esta victoria vali a Las Casas un obispado y una gran reputacin; pero esto no fue bastante para decidir a los curas del Per a administrar la eucarista a los indios. Durante ms de un siglo persistieron en negrsela, bajo pretexto de la incapacidad de estos pueblos. Fue necesario para vencer su repugnancia la autoridad de muchos concilios, tres de ellos celebrados en Lima, y los otros en Arequipa, La Plata o Chuquisaca, La Paz y la Asuncin.

Debemos hacer notar que en esta disputa cada partido tena a su cabeza un obispo; que el Papa, a pesar del poder que entonces tena, no pudo vencer la repugnancia de los curas experimentados en la materia, que durante mucho tiempo rehusaron administrar otro sacramento que el bautismo a los indios ms civilizados, es decir, a los sbditos del Inca, y que la Santa Sede misma pareca dudar de la capacidad de los indios para la religin, pues los exceptu del Tribunal de la Inquisicin y de casi todos los preceptos eclesisticos.

Todo esto parece indicar que de una parte y de otra no haba razones plausibles y que la cuestin era muy importante. En efecto, ninguna poda serlo mayor para los catlicos, pues adoptando la opinin de Ortiz y sus partidarios se exponan, en caso de que fuese falsa, a privar a los indios de los sacramentos necesarios a su salud espiritual, y por tanto del paraso. Por otro lado, si se aceptaba el criterio de Las Casas y estaba equivocado, resultara una profanacin horrible de los sacramentos. Yo no pretendo decidir, sino slo indicar algunas razones en pro y en contra. Empezar por la opinin del obispo de Santa Marta.

He aqu cules creo que fueron sus primeras reflexiones: Para que los indios tuvieran el mismo origen que nosotros habra sido necesario que hubieran pasado de nuestro continente al suyo y recorrido ste de un extremo a otro; ellos no hubieran podido ser determinados a esta marcha ms que por una necesidad extrema, pues el hombre se une al pas donde ha nacido y no lo abandona nunca voluntariamente; ejemplo de esto son las naciones indias, que no han hechos emigracin alguna en el espacio de tres siglos, as como las naciones civilizadas, que nunca cambian de lugar. Las solas causas naturales de la emigracin de un pueblo parecen ser el exceso de poblacin, que hace al territorio demasiado pequeo para el nmero de habitantes, y la mala calidad del suelo y del clima. Pero las naciones indias que he descrito son tan poco numerosas que ningn clima ni suelo parecen ser malos para ellas: no se ve, pues, la razn que hubiera podido hacerlas emigrar, y si no lo han hecho es que su origen es distinto del nuestro.

La situacin local de las naciones de que he hablado, naciones que se encuentran todas en la parte meridional ms remota de Amrica y ninguna en el norte de este continente, y mucho menos en el antiguo; esta situacin, digo yo, indica que no se encuentran all llegadas por emigracin, pues hubiera quedado una parte en sus antiguas residencias. Los que sostuvieran la opinin contraria no dejaran de decir que los indios pasaron de un continente a otro, y que supuesto an que no fueran sino animales, se sabe que el individuo lo hizo parecer a todos, excepto un pequeo nmero de individuos, conservados en el mundo antiguo. Pero los laicos se imaginan que este diluvio no fue general mas que en antiguo continente, pues que las aguas no se elevaron ms que a quince codos por encima de las montaas de Armenia: es decir, que falt mucho para que pudieran cubrir las alturas de Amrica, que son tan elevadas que en ellas nunca llueve. Sus cimas son superiores a la regin de las nubes, que nunca llegan a ellas, ni menos las lluvias. As, los indios y los animales de Amrica pudieron naturalmente preservarse de la inundacin retirndose a las partes ms elevadas; y pues toda la raza humana pereci en el diluvio del antiguo continente, las especies existentes en Amrica no deben ser consideradas como formando parte de ella.

Entre las naciones que he descrito se encuentran treinta y cinco lenguajes diferentes. No creo que haya exageracin en presumir que existan an seis lenguas ms entre las naciones que estn al oeste de las pampas, como tambin entre las del sur otras tantas, y ocho entre los antiguos indios de la provincia de Chiquitos. Como he indicado en el captulo precedente, esto da un total de cincuenta y cinco idiomas muy diferentes; y en este respecto no es hacer una suposicin aventurada el creer que en toda la extensin de Amrica habr mil lenguas diferentes; es decir, acaso ms que en toda Europa y en toda Asia.

Partiendo de esta sola consideracin, cmo puede explicarse razonablemente el paso de estas naciones de un continente a otro por el Norte o por cualquier otro paraje que sea? No se trata aqu del paso de un hombre o de una mujer en una canoa o balsa, ni aun del de una parte de una nacin vecina: es necesario concebir un brazo de mar atravesado por una multitud de naciones enteras, de las que no ha quedado un solo individuo en su antigua patria; naciones muy diferentes en talla, en vigor, en proporciones, y que hablaban mil lenguas que no tenan absolutamente ninguna relacin, lenguas que parecen dictadas por la Naturaleza misma cuando ense a los perros a emitir sonidos; es decir, muy pobres en expresiones, casi todas nasales y guturales, empleando poco la lengua y semejantes en esto al lenguaje de los animales. La unidad de lenguaje entre los guaranes, que ocupan una tan vasta extensin de pas, ventaja que ninguna de las naciones civilizadas del mundo ha podido obtener, indica an que estos salvajes han tenido el mismo maestro de lenguaje que ense a los perros a ladrar del mismo modo en todos los pases.

Es natural creer que los que tomaron a los indios por simples animales los compararon recprocamente y que encontraron an entre ellos otras semejanzas, sea en lo fsico, sea en lo moral. En efecto, los indios se asemejan a los animales por la delicadeza del odo, por la blancura, limpieza y disposicin regular de sus dientes; en que no hacen uso de la palabra sino rara vez; en que nunca ren a carcajada; en que los dos sexos se unen sin prembulos ni ceremonias; en que las mujeres dan a luz fcilmente y sin ninguna consecuencia enojosa; en que gozan en todo de entera libertad; en que no reconocen ni superioridad ni autoridad; en que siguen en su conducta ciertas prcticas a las que no estn obligados ni sujetos y de las que ignoran el origen y la razn; en que no conocen ni juegos, ni danzas, ni cantos, ni instrumentos de msica; en que soportan pacientemente la intemperie del cielo y el hambre; en que no beben mas que antes o despus de la comida, pero nunca mientras comen; en que no se sirven ms que de la lengua para quitar las espinas del pescado que comen y las conservan en los ngulos de la boca; en que no saben lavarse, ni limpiarse, ni coser; en que no dan instruccin ninguna a sus hijos y algunas naciones matan a los suyos; en que no se ocupan del pasado ni del porvenir; en que mueren sin inquietud por la suerte de sus hijos y mujeres y de cuanto dejan en el mundo; y finalmente, en que no conocen ni religin ni divinidad de ninguna especie. Todas estas cualidades parecen aproximarlos a los cuadrpedos, y parecen tener an alguna relacin con las aves por la fuerza y finura de su vista.

Estos observadores deban encontrar tambin otras diferencias entre los salvajes de Amrica y los europeos; porque independientemente de las relaciones que podan encontrar entre esos salvajes y los cuadrpedos debieron notar que el color de los indios era diferente; que carecan de barba; que los hombres tenan menos pelo y la mujeres una evacuacin peridica menos abundante; que sus cabellos eran ms gruesos, ms laxos y siempre negros; que sus partes sexuales no tenan las mismas proporciones, como hemos dicho en el captulo precedente; que eran mucho ms flemticos y menos irascibles; que su voz no era ni fuerte ni sonora y casi no se los oa; que apenas rean, y no se poda distinguir en ellos ningn signo exterior de pasin; que parecan igualmente insensibles en sus enfermedades, en sus dolores, en sus duelos y en sus alegras; que su vida era ms larga; que la fecundidad de sus mujeres era inferior a la de las europeas establecidas en el mismo pas; que los indios conservan todos sus dientes intactos y sanos, mientras que los europeos los pierden fcilmente; que el mal venreo pareci nacer de la unin de estos ltimos con los americanos; que este mal era antes tan desconocido en Europa como en Amrica; que es debido a una mezcla que no era conforme a la Naturaleza, y que algunas naciones no quieren a sus hijos, pues que los matan o los echan de la casa paterna tan pronto como estn destetados. Tal vez observaran tambin que la gravedad especfica de sus cuerpos no es tan considerable como parecen indicar las observaciones consignadas en el captulo precedente; en fin, puede ser que observaran que muchas de estas naciones nos sobrepujaban por la altura de su talla y la belleza de sus proporciones, al mismo tiempo que otras no eran muy inferiores en estos dos aspectos, y que la diferencia recproca era acaso mayor que la observada entre las naciones europeas.

Los que tenan esta idea siendo espaoles deban imaginar, por otra parte, que si los indios descendan de Adn no habra ninguna justicia en condenarlos eternamente por no haber sido bautizados, es decir, por no haber hecho una cosa que les era imposible, pues nadie los haba instruido. Es verdad que para obviar esta dificultad se dijo que Santo Toms haba ido a predicar a Amrica, y aun se ha pretendido encontrar ciertos vestigios de su misin; pero yo creo que estos pretendidos vestigios son una pura imaginacin y que esta misin no est probada de un modo autntico. Al menos no se encontr en estas regiones ningn obispo ni ninguna iglesia, aunque se han encontrado en todos los sitios en que los apstoles han predicado; adems, no parece posible que un solo hombre haya podido recorrer e instruir todo el continente americano. Otros suponen que el Creador hizo conocer por revelacin su voluntad a los indios y que de ellos depende seguirla o no.

Veamos ahora en qu se han fundado para decidir que los americanos descendan de Adn y para creer, en consecuencia, que haban venido del antiguo continente y que se deba trabajar en conversin. Se ve que su cuerpo era casi enteramente semejante al nuestro y estaba compuesto de las mismas partes; que aprendan todas las artes que se les enseaba; que aprendan igualmente nuestra lengua e imitaban todas nuestras acciones; que discurran y razonaban como nosotros, y que en Mxico y en el Per tenan dolos y adoraban al Sol. De all se concluy que teniendo un cuerpo como el nuestro, obrando y razonando lo mismo, y adorando a un ser, material o no, eran hijos de Adn, capaces de adornar un espritu creador.

Se confirm, sin duda, esta idea viendo que de la unin de los europeos con las americanas resultaron hijos que tenan la facultad de propagarse, pues el famoso conde de Buffon y la mayora de los naturalistas crean que para probar la identidad de especie basta que de la unin de un macho y una hembra nazcan individuos fecundos (1), (Los naturalistas consideran como de una misma especie a todos los animales que tienen una conformacin interna y externa enteramente semejante, o cuyas diferencias no son debidas a ninguna causa nativa y procreatriz, sino al resultado del clima o de la manera de vivir. La mezcla o cruzamiento de las especies y la reproduccin de las especies mestizas o que son el producto de dos especies distintas es posible sin duda, y aun se ha probado; pero esta mezcla es infinitivamente rara y esta reproduccin infinitamente dificultosa. No se ven ejemplos mas que en el estado de domesticidad y solo entre especies poco diferentes. Si esta reproduccin se verifica en el estado salvaje, lo que es dudoso, no puede tener continuacin porque la especie mestiza es destruida prontamente. Resulta que la facilidad de la reproduccin al infinito entre razas que ofrecen alguna diferencia es siempre una gran prueba en favor de la identidad de la especie. Adems, entre los caracteres, tanto fsicos como morales, por los cuales se ha querido distinguir a los indios de los europeos no hay uno solo que pueda considerarse como especfico, aunque muchos sean exagerados y otros absolutamente falsos, pues que son contrarios a los relatos mismos de Azara. -C.A.W.-)

Es verdad que yo no he adoptado esta opinin en mis noticias para servir a la Historia Natural de los mamferos del Paraguay.

 

Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Leer sin meditar es una ocupación inútil. Confucio



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