Geografía Botanica. Botánica IV, por Odón de Buen. Historia Natural. Montaner y Simón, editores. 1894 Odón de Buen Botánica IV.
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Geografía Botanica. Botánica IV, por Odón de Buen. Historia Natural. Montaner y Simón, editores. 1894

Odón de Buen Botánica IV.





GEOGRAFÍA BOTÁNICA

PARTE GENERAL I PRELIMINARES

GENERALIDADES.- Tiene por objetivo la Geografía Botánica estudiar la distribución de los vegetales por el Globo, anotando las causas que la han motivado y la medida en que cada una de ellas influye y ha influído. Enciérranse dentro de esta aspiración, que es al parecer modesta, problemas trascendentes bajo el punto de vista filosófico y de interés sumo bajo el aspecto unitario. Estudiar las causas de la distribución de las formas vegetales es casi lo miso que investigar la razón de estas formas; el problema capital del origen de las especies, de las variaciones que las plantas han sufrido en el tiempo, motivado en cada época, en cada clima, en cada terreno, formas apropiadas, adaptadas al medio especial de vida, halla en la Geografía Botánica datos positivos de excepcional valor. Conocer las relaciones de las plantas con el suelo, con el clima, con otros seres, es un dato precioso para la Agricultura. Por eso afirmamos que tiene esta parte de la Botánica tanto interés filosófico como práctico. Como trabajo que ofrece amplitud de miras y exige extensos conocimientos de detalle, ha tardado mucho tiempo en emprenderse, y es la Geografía Botánica de creación reciente; puede decirse que su constitución se esta completando. En la antigüedad los agricultores estudiaron la distribución de las plantas cultivadas y las ventajas que para su vida ofrecían determinados climas y ciertos terrenos. En la obra clásica de Columela, en las no menos clásicas de los árabes, se encuentran detalles de esta índole que tienen incalculable valor. Con un objetivo mas científico investigaron la distribución de los vegetales botánicos españoles que en el siglo pasado estudiaron con tanta inteligencia, tanta constancia y tanto provecho las plantas de América. Pruebas de esta afirmación son los mapas de Caldas, que el Sr. Colmeiro ha reproducido en un trabajo muy erudito (I) En el mismo sentido encauzó sus observaciones el eminente Humboldt, que junto con los naturalistas españoles y auxiliado por el gobierno español, estudió la vegetación de algunas regiones de los Andes. De ordinario atribúyese al sabio naturalista alemán citado la fundación de la Geografía Botánica; pero es justo reconocer la parte que en esta labor tomaron agricultores y botánicos de nuestro país. Desde el fin de siglo pasado algunos sabios continuaron las investigaciones geográfico-botánicas, pero hasta hace poco no puede decirse que esta importante rama botánica haya quedado constituida. Es natural que así sea: precisan no pocos conocimientos previos para formular sintesis de esta índole. Es conocer bien la organización y la fisiología de los vegetales; sin saber con exactitud las condiciones que exige la vida vegetal, es imposible medir las causas que pueden permitir o modificar tales condiciones. Sin los conocimientos de la Geología es muy difícil comprobar las propiedades que los terrenos tienen, su composición superficial, su permeabilidad, la naturaleza de las rocas subyacentes que tanto pueden contribuir a las condiciones del suelo; sobre toso, es difícil en estas cuestiones formular principios generales sin la ayuda del geólogo. Los estudios modernos de la Física nos explican las diferencias que existen entre los rayos luminosos; la Meteorología nos permite apreciar los climas, las relaciones climatológicas entre regiones distantes, la acción de las corrientes oceánicas y de las corrientes
(I) Anales de la Soc. española de Hist. Natural.
Aéreas, etc. Además, dada la continuidad de la vida, las formas de hoy están íntimamente ligadas a las formas de ayer, y es preciso y es preciso el conocimiento de las plantas que vivieron en las pasadas edades geológicas, para explicar la distribución de las que hoy hermosean la superficie de la Tierra. No pueden tampoco llevarse a cabo estudios completos geográfico-botánicos sin que sean conocidas las plantas de todas o de la mayor parte de las regiones del Globo, sobre todo las que habitan en las cordilleras que tienen mas altas cumbres. Tal cúmulo de estudios previos hacen difícil esta parte de la Botánica, explican el que haya tardado tanto tiempo en constituirse y dan la medida de su trascendencia bajo el punto de vista filosófico. Solo hoy, en que las demás ramas de la Historia Natural han alcanzado gran desenvolvimiento y en que la investigación del naturalista ha llegado a los mas retirados rincones y a las cimas mas elevadas del mundo, son posibles los estudios de conjunto. En el desenvolvimiento elemental de las materias que comprende la Geografía Botánica, que será el objeto de las páginas que siguen, tras de algunas definiciones preliminares, llevaremos el siguiente orden: examen de las condiciones de vida de plantas, cuyo conocimiento previo es indispensable, y de su comportamiento ante la variación de tales condiciones; estudio de la dispersión de las plantas, la mayor o menor extensión que tiene las áreas de las especies; caracteres de las diferentes fases que la vegetación presenta ( bosques, montes bajos, estepas, etc.); característica de las distintas floras naturales, según las zonas botánicas aceptadas; por último, anotaremos algunas particularidades acerca de la distribución de las plantas marinas. VEGETACIÓN Y FLORA.- Se acostumbra a usar con bastante frecuencia y con notoria inexactitud, como sinónimas, estas dos palabras; por eso conviene precisar su significado, el que los tratadistas todos les dan, el que realmente tienen en nuestro propio idioma. Flora es la suma de las especies que habitan en una región dada, suelen considerarse como constitutivas de una flora regional solo las plantas que son espontáneas. Vegetación es la suma de los individuos vegetales que cubren la superficie del suelo. Desde luego se ve claramente la diferencia entre ambos términos; puede haber una vegetación espléndida con una flora muy pobre: a veces cubren el suelo, formando frondosos bosques o tupidos matorrales, multitud de individuos que pertenecen a una misma especie (pinares, jarales). En cambio, una llanura árida, desierta, en que escasa matitas o plantas herbáceas cubren apenas el suelo, en que la vegetación es pobrísima, tiene flora muy variada, porque aquellas matitas o hierbas son de especies distintas. Esto sucede en nuestro país; la zona septentrional, de vegetación tupida, tiene pobre fora; las estepas meridionales, los pelados cerros andaluces, tienen vegetación raquítica y una flora riquísima. ÁREA DE DISPERSIÓN Y PUNTO DE ORIGEN.- Buscando condiciones favorables de existencia, las especies se han diseminado mas o menos; la extensión de territorio en que una especie vegeta es lo que se llama su área de dispersión, que es sumamente variable en las diferentes especies. En artículo aparte nos ocuparemos de las variaciones que experimenta el área de dispersión de los vegetales. Dentro de una área existe de ordinario un punto en que la especie vegeta con mas facilidad dominando sobre las que le acompaña, ofreciendo caracteres mejor definidos, mas típicos; este punto es lo que unos autores denomina centro de vegetación, otros centro de creación y otros punto de origen por suponer que la especie hizo allí su aparición, diseminándose después en las direcciones mas favorables; es tan problemática esta opinión, que quizá convendría sustituir los nombres indicados por el mas exacto de centro de dominio. HABITACIÓN O ESTACIÓN DE LAS PLANTAS.- No se encuentran las plantas indiferentemente en cualquier punto; cada una tiene su habitación preferente; viven unas en las rocas, otras en el agua, éstas en las praderas, aquellas en los desiertos, etc., etc.; el punto en que una planta habita se llama también su estación; empléase con preferencia, en las descripciones botánicas, la palabra habitat. En los libros descriptivos, el área de dispersión y la habitación de cada especie debe ser señalada con exactitud, sustituyendo este dato a la enojosa lista de localidades que generalmente señalaban los antiguos botánicos y señalan aún muchos contemporáneos. El dato de la localidad no tiene importancia científica o la tiene muy escasa; es nula cuando se trata de especies de amplia área, que por lo tanto se encuentran en una multitud de localidades, inmediatas las unas a las otras. Es defectuoso también el señalar como regiones botánicas las regiones geográfico- políticas; los límites políticos de las naciones, consecuencia de luchas seculares entre las razas o entre los pueblos, no pueden aceptarse como límites botánicos. De todos los datos, el de la estación o habitación debe ser el preferido, agregando el área dentro de la que la especie se ha encontrado a lo sumo, en caso de no ser esto posible, unas cuantas localidades distantes unas de otras que puedan limitar el área. Cítanse como estaciones o habitaciones de las plantas, preferentemente, las señaladas a continuación: El mar, en que viven las plantas dominadas marinas (Algas, Zoosteras). Marismas o costas salinas, habitación de las plantas de salina (Rhizophora, Quenopodiáceas). Aguas dulces, donde se encuentran las plantas llamadas acuáticas, que pueden ser: lacustres o de largo o laguna (Nimphea, Utricularias); fluviales, o de río, arroyo, etc. (Potamogeton); torrenciales y fontinales. Pantanos o turberas, que habitan las plantas palustres. Estas se dividen en tres secciones: turbosas, como los Sphagnum, que viven en gran número asociadas y dan lugar con sus restos a la formación de la turba; uliginosas, habitantes de los lugares que tienen subsuelo húmedo y esponjoso, como la Caltha palustris, las Pinguicula, etc.; pantanosas, como la Bidens cernua y las Scheuchzeria. Praderas, exclusivamente pobladas de plantas vivaces, sociales, como son las gramíneas, leguminosas, borragíneas, compuestas, etc.; cuya flora varía según el suelo y la altitud. Sembrados y huertas, que tiene una flora indígena sumamente constante y bastante numerosa; las plantas de esta habitación se suelen llamar arvenses y aun científicamente llevan este nombre específico. Es muy característica la flora de los viñedos. Arenales, habitados por plantas varias (Arundo, plantago, diversas gramíneas y ciperáceas). Bosques, habitación sumamente característica, en donde al abrigo de las copas de los grandes árboles viven arbustos y matas numerosos, y bajo estos numerosas especies herbáceas. Bajos montes, con sus grandes matas y sus plantas herbáceas características. Rocas y pedregales, habitación de las plantas llamadas rupestres o saxátiles. A este grupo suelen referir las murallas y paredones en que viven Sedum, algunas Linaria, Antirrhinum, Parietaria, etcétera. Escombros y proximidad de las viviendas; plantas que son ávidas de sales azoadas (Quenopodiáceas, beleño). Lugares secos; las planyas son escasas. Montañas; la vegetación varía con altitud y también con la latitud; las altas cumbres se encuentran habitadas por las plantas que se denominan alpinas. Lugares obscuros (grutas, subterráneos); están habitados por ciertos hongos. Seres vivos; plantas parásitas o comensales; las primeras viven a costa del animal o planta que las sostiene; las segundas viven de los residuos de la alimentación o de los jugos orgánicos, pero sin dañar al ser en cuya compañía están. Restos orgánicos en descomposición. Los excrementos sostienen a los hongos llamados coprofitos; sobre restos en descomposición viven los vegetales que reciben el nombre de saprofitos. Bajo la tierra. Aunque en escaso número, hay también plantas que viven bajo el suelo, que solo asoman a la superficie en un estado de su desarrollo; estás reciben el nombre de epifitas. PATRIA DE LAS PLANTAS.- Aceptamos respecto a este problema las consideraciones que hace Cauvet. Es verdaderamente difícil prejuzgar cual es el punto en que una especie apareció; de esta dificultad nos convencerems al indicar el origen de las floras actuales. Parece el problema mucho mas sencillo refiriéndolo a las especies que son exclusivas de un país, a las que se llaman endémicas. La Digitalis Mariana, por ejemplo, que solo se encuentra en un corto número de localidades españolas en Sierra Morena, ha podido muy bien tener por patria aquella cordillera, ser efecto de las condiciones locales que han transformado en esta a otra digital. Aun en este caso no es fácil probar la afirmación. Veamos lo que Cauvet dice en su Curso elemental de Botánica. Si se pensara, como Grisebach, que las plantas endémicas han sido creadas exclusivamente para la localidad que habitan, se explicaría con dificultad que una especie de orden tan elevado como la Campanula Vidalii haya podido nacer sobre el pequeño islote de las Azores en que se encuentra. Parece de otra parte, que un vegetal de esta naturaleza debía reunir tales condiciones de resistencia a la extensión de los otros, que ninguno pudiera establecerse en sus dominios. Pero la observación demuestra que, en la generalidad de los casos, las especies extranjeras rechazan a las endémicas y a veces acaban por destruirlas. Parece ser que las plantas endémicas proceden de otras llegadas por acaso a una localidad de donde no pueden salir, que se adaptan al nuevo medio y toman formas en armonía con las necesidades de su nueva existencia. Una Campanula, confinada por el mar sobre el peñasco de las Azores, ha resultado la C.Vidalii, y la Wellwitschia, no pudiendo franquear el Sudán para penetrar en el Sahara, se mantiene solamente sobre la árida faja litoral de Kalahari. Para las plantas de área tan limitada, la cuestión de patria es fácil de resolver; pero cuando una especie ha traspasado sus límites primitivos en una época muy lejana, diseminándose por localidades mas o menos distantes en donde se han producido variedades duraderas, no se podrá decir cual de estas variedades se aproxima mas al tipo primitivo y cual localidad es la patria originaria de la especie: tal sucede con el cedro. Del mismo modo, las especies numerosas del género Cinchona proceden seguramente de una misma especie primitiva, cuyo punto de origen se ignora. La presencia de una planta tan solo en una localidad como su patria; pero esto no quiere decir que el tipo de que la planta dada procede haya sido creado allí mismo. Como nada en el presente permite afirmar el por qué una especie vive en una zona limitadísima, en lugar de presentarse por todas partes donde hubiera podido prosperar, se cree que es representante de una vegetación extinguida, el último eslabón de una cadena cuyos anillos intermedios han desaparecido. Las relaciones lejanas entre estas especies endémicas y las antiguas floras son difíciles de precisar. Sin embargo, en ciertas islas favorablemente situadas es posible encontrar, hasta cierto punto, el origen de las especies endémicas e inmigradas, asistir a la lucha y ver que condiciones han presidido al establecimiento de la flora actual. Las islas Británicas se han separado del continente en un periodo no muy lejano y además se hallan casi rodeadas por las costas NO. De Europa; en estas condiciones se comprende que no haya especies endémicas. Por el contrario, el archipiélago de las Indias occidentales, que se extiende desde la costa NE. De Venezuela a la Florida, posee una flora rica en especies endémicas. La generalidad de estas islas son de antiguo origen y todo inclina a creer que han estado en relación con el continente, en el espacio hoy ocupado por el mar de las Antillas, puesto que los fósiles miocenos que se han formado allí, sino que derivan de la antigua flora miocena y se han conservado únicamente en las localidades en que han hallado un abrigo contra las inmigraciones de las plantas extranjeras; éstas se han introducido recientemente, pues en su mayor parte pertenecen a las floras de las Guayanas y de Venezuela y su número se halla algún tanto relacionado con la proximidad relativa de los lugares de emigración; además, el grado de penetración se liga inmediatamente a la naturaleza del suelo, a la altitud y a la variedad de exposición que tienen las montañas de estas islas. Así, la montuosa Jamaica, con una extensión diez veces menor, posee un número de especies endémicas (275) casi igual al tercio de las de Cuba (929), mientras apenas existen sobre los terrenos calizos de las islas Caribes que no son montañosos. La patria de una especie puede ser muy extensas, en cuyo caso se le llama esporádica; otras veces está limitada a un espacio muy restringido, como las Secuoias de California. Esta localización se observa también en muchos géneros, como las Devauxia de Australia, los Mesembriantemos del Cabo de Buena Esperanza, y puede Ser igualmente observada en las familias, tales como las Sinarubáceas de América del Sur, las Epacridáces de Australia, etc., y aun en grupos superiores. Estudiando el origen de los vegetales, hemos dicho que estos seres aparecen en épocas tanto mas antiguas cuanto tienen organización mas sencilla, bien que desde su aparición hayan tendido a producir formas cada vez mas perfectas. No se crea, sin embargo, que las formas inferiores tengan una difusión menor. La simplicidad de un organismo es, por el contrario, causa de una mayor facilidad de adaptación y de resistencia, por lo que los vegetales mas sencillos son los que tienen un área de dispersión mas extensa. En general, según las estadísticas hechas, los grupos botánicos guardan, por lo que a su dispersión se refiere, el orden siguiente de mas a menos: Talofitas, Criptógamas vasculares, Monocotiledóneas, Dicotiledóneas; el orden miso con que colocamos estos grupos en las clasificaciones naturales. Claro es que la patria de una especie es tanto mas extensa cuanto lo es mas el medio en que vive; guarda igualmente relación con la mayor o menor amplitud del período vegetativo y la guarda también con la facilidad o dificultad que tienen las semillas para diseminarse. La consideración de la patria de las plantas nos puede llevar a fijar el concepto de las flores naturales. En el dominio de estas floras, las formas vegetales, así como su disposición, permiten reconocer un cierto grado de concordancia, y cada uno presenta condiciones climatéricas particulares, a las que deben responder las plantas que en ella se encierran: Grisebach ha formulado el siguiente principio: << La ley suprema que sirve de base al establecimiento persistente de estas floras naturales se encuentra en las barreras que dificultan o impiden por completo la mezcla>>. Así, en su sentido mas general, las floras naturales son esencialmente caracterizadas por un cierto número de formas y por una manera de ser especial de la vegetación, manera de ser que es común a regiones mas o menos extensas, cuyas floras locales se relacionan entre sí en un conjunto a que el mismo autor ha dado el nombre de dominio de vegetación. Sobre estas cuestiones insistiremos en otro capítulo. II CONDICIONES DE VIDA DE LAS PLANTAS. Una síntesis de las condiciones que son indispensables a las plantas para su vida, es preliminar obligad si luego se quieren computar las cusas a que obedece la distribución de las mismas por el Globo. Para vivir, una planta bien desarrollada, que no lleve en su organismo gérmenes de muerte, necesita dos condiciones tan sólo: radiación que le proporciona energía en forma de vibraciones, y alimentos; entre estos merecen especial mención el oxígeno y el agua. De cada elemento indicado no toman todas las plantas la misma proporción; cada especie necesita una dosis determinada que oscila entre un máximum y un mínimum fuera de los cuales la vida le es imposible. Como tienen las diversas regiones del Globo condiciones especiales del suelo y de atmósfera, y varía en cada una de ellas la cantidad de energía que el sol proporciona, la cantidad de vapor de agua que el aire tiene y la cantidad de elementos nutritivos contenidos en el suelo, surgen forzosamente en relación con estas variaciones floras distintas en los distintos países. Si se diseminaran a la vez por el Globo, sin dejar rincón alguno, las semillas de todas las plantas que existen, no por eso había uniformidad en la flora; en cada punto germinarían, desenvolviéndose con vigor, las especies apropiadas; algunas lograrían sostener una vida raquítica y miserable; el mayor número i no germinaría o las plantitas morirían al poco tiempo de nacer. Las flores se pecificarían; la unidad es imposible. RADIACIÓN.- Puede influir por su intensidad y por su naturaleza: la generalidad de los vegetales reciben rayos de la misma naturaleza y por lo tanto es la intensidad lo que principalmente influye en la vida de las plantas. De esto ya no s hemos ocupado algún tanto en la Botánica general. La intensidad de las radiaciones se mide por la temperatura. A cada planta le es necesaria una suma de calor para su desenvolvimiento. Esta suma se representa en grados de temperatura mediante un cálculo aproximado. He aquí algunos datos: Cebada 1.700 Trigo 2,400 Maíz 2.500 La germinación, es decir, el comienzo de la vida activa tras del período de vida latente que el embrión tiene en la semilla, solo se realiza dentro de ciertas temperaturas. Para cada planta existe una temperatura máxima y otra mínima fuera de las cuales la germinación no tiene lugar, y una temperatura óptima con la que el fenómeno se manifiesta en las condiciones mejores posibles. He aquí algunos ejemplos de estas temperaturas de germinación ( representamos por t la mínima, por la o la óptima y por la T ka máxima) Mostaza blanca (sinapis alba) 0º 27º 4 37º 2 Trigo cultivado (Triticum sativum) 5º 28º 7 42´ 5 Judía (Phaseolus multiflorus) 9º 5 33º 7 46º 2 Calabaza común (Cucurbita pepo) 13º 7 33º 7 46º 2 Otras funciones de la vida requieren también temperaturas que varían en las diferentes especies. A continuación citamos la temperatura óptima para el crecimiento de la raíz en algunas plantas vulgares: Altramuz (Lupinus varius) 26º 6 Guisante (Pisum sativum) 26º 6 Mastuerzo (Lepidium sativum) 27º 4 Lino (Linum usitatisium) 27º 4 Maíz (Zea Nays) 33º 5 Melón (Cucumis melo) 37º 2 Resulta que para la vida total necesita cada planta una suma de calor considerable que le proporciona el medio exterior, los rayos solares. Y esta suma de calor puede tomarla en períodos diferentes: lo mismo en una región en que la temperatura apenas desciende en todo el año, que en otra en que hay alternativas, siempre que estas no traspasen de la máxima o la mínima de la especie. Habrá, pues, para cada planta una zona mas o menos Extensa del planeta en que la vida es posible por lo que a la radiación calorífica se refiere; por esto unas se acercan al polo o ascienden en las montañas y otras se aproximan al ecuador. Otras condiciones hay que influyen además de la temperatura en la repartición de los vegetales. OXÍGENO.- Es una de las substancias en absoluto indispensables para la vida de las plantas; es también de las que obtienen mas fácilmente por la uniformidad de su distribución. Le contiene el aire que rodea al aparato vegetativo, penetra con mas o menos dificultad en el suelo, y se disuelve o diluye en las aguas. En todas partes pueden tomar las plantas el oxígeno; la proporción en que le contienen el aire es en todas las regiones suficiente a la vida vegetal no obstante, hay diferencias que han de ser forzosamente sensibles en a presión a que el oxígeno se encuentra en altitudes distintas, pero no puede precisarse bien el grado de la influencia que sobre las plantas ejerce el enrarecimiento mayor o menor del aire atmosférico. Disponemos de datos exactos para precisar la influencia de la presión del oxígeno atmosférico en la intensidad de la respiración, por la que toman las plantas, como los animales, el gas vivificante; y siendo tal influencia exacta, claro es que debe serlo la que el mismo hecho ejerce el enrarecimiento mayor o menor del aire atmosférico. Disponemos de datos exactos para precisar la influencia de la presión del oxígeno atmosférico en la intensidad e la respiración, por la que toman las plantas, como los animales, el gas vivificante; y siendo tal influencia exacta,, claro es que debe serlo la que el mismo hecho ejerce en la vida total de la planta. Cuando el aire atmosférico se enrarece- dice Van Tieghem- La respiración es cada vez mas difícil y vegetal sufre cada vez mas. A veces la respiración cesa y la planta muere cuando el aire llega a cierto grado de enrarecimiento, a pesar de que encierra una notable proporción de oxígeno. Así, una sensitiva muere si el aire llega a 25cm de presión aun cuando hay en este aire mas de 7 por 100 de oxígeno. La cebada y el mastuerzo cesan de germinar cuando el aire llega a 7 cm de presión, existiendo todavía 2,5 por 100 de oxígeno. Hay para el oxígeno tres presiones críticas; un límite inferior y otro superior, fuera de los cuales la respiración no tiene lugar; entre amos un grado en que la respiración se opera del mejor modo posible, es decir, un óptimum. Estas tres presiones críticas no se han determinado exactamente para ninguna planta, pero es indudable que variarán de un vegetal a otro. AGUA.- Es para muchos vegetales el medio en que viven; las especies acuáticas son numerosas. Para todos es de absoluta necesidad; forma parte de los tejidos, es el vehículo de muchas substancias alimenticias; se absorbe y se exhala de continuo. Sin el agua no se concibe la vida. La cantidad de agua varía mucho en las diferentes estaciones en que pueden hallarse los vegetales; la cantidad que cada especie necesita, también varía entre ciertos límites fuera de los cuales la vida de la especie es imposible. Así la Alchemilla vulgaris tiene un límite meridional de extensión, determinado por el mínimum de lluvia anual que esta especie necesita y que se calcula en unos 40 centímetros. Por el contrario, la gran humedad del suelo parece ser la causa principal que excluye al Abies pectinata del NO de Alemania. Ejemplos de esta índole podrían citarse a centenares; se presentan a cada paso en nuestro país. Dada la importancia que para la vida de las plantas tiene el agua, son datos de interés geográfico-botánico los que se refieren a la humedad atmosférica, régimen de lluvias, distribución de las aguas continentales (ríos, lagos, etc.), distribución de las aguas subterráneas, etc. Todos estos datos varían extraordinariamente, y en su lugar depuraremos el influjo que ejercen así la flora como en la vegetación. ALIMENTOS.- Para que una planta viva es condición precisa que pueda absorber las substancias alimenticias que le son indispensables. Ya en la Botánica general expusimos lo que debía entenderse por alimento y la influencia de cada uno en la vida de los vegetales. Como varía la cantidad de cada substancia alimenticia en los diferentes terrenos y como ha de ser para cada especie distinta la alimentación, este es un dato de influencia en la distribución de las plantas, según comprobaremos en otro artículo, al ocuparnos del influjo que el suelo ejerce. Por diferentes métodos y ensayando con plantas variadas se ha llegado a fija la composición que ha de tener un alimento completo, los elementos, por tanto, que debe contener un suelo para ser capaz de vegetación, y aun cuando este dato no deja de ser muy difícil de precisar, a continuación copiamos la lista de los elementos que un alimento completo debe contener. Son los siguientes: Carbono. Oxígeno. Hidrógeno. Nitrógeno. Fósforo. Azufre. Potasio. Calcio. Magnesio. Silicio. Hierro. Cinc. Magnesio. En las criptógamas el calcio no parece ser necesario. De todos los elementos citados los hay que son preferidos por ciertas plantas; veremos como tienen algunas especies propias los suelos calizos, los silíceos, etc. DISPOSICIÓN DEL TERRENO.- Entre las condiciones indispensables para la vida entran algunas circunstancias de carácter mecánico y no químico. No basta que los suelos se hallen provistos de todas las substancias alimenticias, es preciso que éstas se encuentren convenientemente dispuestas. El mayor o menor estado de disgregación, la permeabilidad o impermeabilidad, etc., influyen en la riqueza de vegetación y hasta en los caracteres de la flora. SERES VIVOS.- Hay muchas especies que no pueden vivir solas; es condición de su vida la presencia de otros individuos de la misma especie, de especies distintas vegetales o animales. Hay especies que viven en comensalismo con otras; las hay también sociables. Con el trigo, que se exporta de una región del Globo a otra, van diversas plantas que siempre aparecen en los sembrados de aquel cereal. Conviene tener este dato presente al estudiar las causas de la distribución de los vegetales por el Globo. ADAPTACIÓN AL MEDIO.- Para establecerse las especies en una localidad determinada, es preciso que se acomoden a vivir dentro de las condiciones de aquella localidad, es decir, que se adapten al medio. Este es un término ya muy usado en Biología y conviene precisas su alcance. Medio se llama al conjunto de circunstancias que rodean a las plantas. Del medio toman los alimentos de que se nutren; reciben del medio la luz y el calor, las energías que transformadas han de contribuir al funcionalismo orgánico; forman el medio la tierra en que el vegetal extiende sus raíces y la atmósfera en que el tallo se ramifica y las hojas se expansionan; el oxígeno y el agua se hallan en el medio externo y en el también viven los seres cuya propagación es favorable o es nociva. La acción del medio es incesante, continua; comienza cuando el ser nace y termina mas allá de la muerte, cuando la materia se transforma. La vida de los vegetales implica, pues, una adaptación al medio sin la cual se hace imposible de todo punto. Con razón Herbert Spencer ha dicho, al definir la vida, que es una adaptación continua de las relaciones internas a las relaciones externas. Las plantas se adaptan en conjunto y en lo detalles de la organización; pudiéramos citar de esto ejemplos a centenares; para que la vida se realice con normalidad, sin accidente patológico, es necesario que la relación del organismo con el medio no se perturbe. Tanto mejor realizan los individuos su misión cuanto es mas firme la adaptación del medio; ésta implicada una gran superioridad en la lucha por la vida. Las condiciones de aquella relación se propagan de padres a hijos; hay, además de la adaptación directa a las influencias exteriores, una adaptación indirecta, según la llama Ernesto Haeckel, que depende de la reproducción. Cuando ha de ser adapta a las condiciones del clima se dice que se aclimata; por regla general suelen confundirse los términos adaptación y aclimatación, si bien en realidad ésta es solo una parte de aquella. Cuando una planta abandona un punto se fija en otro, al adaptarse a este sufre variaciones de mayor o menor importancia. En los vegetales, entre los casos mas curiosos de adaptación, se citan los de las flores a los insectos en las especies entomófilas. No todos los naturalistas conceden igual valor filosófico a la adaptación. Lamarck, uno de los fundadores de la doctrina transformista, hacía depender las variaciones de los seres de las del medio: los grandes cambios que en el mundo se han operado desde los primitivos tiempos eran para el la causa de la variedad de formas animales y vegetales que existen. Darwin no concedía tanto valor a la adaptación; no la juzgaba por si sola capaz de modificar profundamente la forma de los seres vivos. Era, si, una de las causas, uno de los apoyos de la selección natural, principio el de mayor importancia. Dando a la expresión medio ambiente el amplio sentido que nosotros le damos, no hay diferencia grande entre la opinión de los dos naturalistas mencionados; la selección natural es consecuencia, según Darwin, de la variación de los seres, pues da la victoria al mas apto, al que reúne un conjunto de caracteres favorables a la vida; la herencia se encarga de trasmitir estos caracteres que dan mayor aptitud, que facilitan la vida; es una fuerza conservadora; pero en todo esto la adaptación es obligada; ha de ser el mas selecto el que mejor se adapte al medio, circunstancia que da fuerza enorme, gran superioridad en la lucha por la vida. No hemos creído nunca distintas en esencia las doctrinas de Lamarck y de Darwin; las de este último difieren en que son mas completas, forman cuerpo de doctrina y cuerpo inexpungable; por eso aparecen diferentes de las del ilustre naturalista francés que fue un iniciador de la doctrina, pero no llegó a desenvolverla. Fenómenos muy notables de adaptación son los que se observan en las plantas parásitas, de las que ya nos hemos ocupado en la Botánica general. EMIGRACIONES DE LAS PLANTAS.- No caen bajo este epígrafe los vegetales inferiores que con tanta facilidad se trasladan de un punto a otro; nos referimos solo a las plantas fanerógamas, a las superiores, que viven en su mayor parte sujetas al suelo en que nacen. En estas plantas, si el individuo está imposibilitado para moverse, la especie tiene medios ventajosos para trasladarse de un punto a otro; la emigración por lo tanto se refiere a las especies solamente. En su diseminación, las semillas abarcan grandes extensiones; emplean para ello procedimientos muy diversos. El aire, el agua los seres orgánicos, favorecen la repartición de las semillas. Merced a esta emigración específica sufren modificaciones, y las han sufrido siempre, las flores. En tal labor nadie interviene con la eficacia del hombre. Con las plantas cultivadas se trasladan de un continente a otro muchas especies; ciertos cardos se han hecho Cosmopolitas; allí donde el trigo se cultiva aparecen e invaden los sembrados. Con el descubrimiento de América se estableció entre aquel continente y nuestro país una doble corriente de emigración vegetal. Ya hemos citado el caso de la Elodea canadensis que hoy infestas las aguas de parte de Europa. El Oxalis cernua en una plantita de grande y hermosa flor amarilla que hizo su aparición hace unos pocos años en España y hoy en primavera domina los campos de la región meridional y de gran parte del Levante. Cuando las semillas hallan condiciones favorables germinan, y si las plantas resultantes se adaptan fácilmente, la especie entra a formar parte de la flora. Estas invasiones de especies extranjeras motivan competencia y lucha con las especies indígenas que a veces detienen en su marcha a la invasora. Conste, de todas maneras, que las especies pueden extender su área de dispersión por medio de las semillas. III CAUSAS QUE INFLUYEN EN LA DISTRIBUCIÓN DE LAS PLANTAS INFLUENCIA DEL SUELO (1).- La semilla del suelo en la dispersión de las plantas la atribuyen unos a la acción de su naturaleza química, y otros al estado físico y mecánico de las rocas. Para poder decidir cuestión tan capital en sus aplicaciones a la Agricultura, es menester que fijemos antes el valor de las expresiones suelo, subsuelo y roca subyacente, de que nos hemos de valer a cada momento. Por suelo se entiende la mezcla de detritus orgánicos e inorgánicos, resultando de la descomposición mas o menos avanzada de las rocas, de los animales y de las plantas, que lleva además agua, aire y gases, formando una capa superficial de mayor o menor espesor, en la que prenden y se desarrollan las raíces de las plantas. (1) Pertenece este artículo, que sintetiza muy bien lo datos conocidos acerca de este punto, al Atlas Universal geográfico de Neussel, cuyo texto escribió el profesor Vilanova, distinguido geólogo recientemente fallecido Subsuelo, es la masa de detritus mineral, comprendida o colocada entre el suelo y la roca no alterada. Roca subyacente, es la base geológica sobre la cual descansa el subsuelo. Para apreciar debidamente la acción del suelo y subsuelo en la vegetación, es preciso descartar la influencia que ejerce la parte orgánica llamada mantillo. Las rocas cuyos detritus influyen mas o menos directamente el desarrollo de las plantas son las calizas, las silíceas y las aluminosas, de modo que, desde el punto de vista fitostático y agrícola, pueden dividirse en las cuatro clases siguientes; 1.ª Rocas calizas compactas, oolíticas, cretosas, las margas calizas, las dolomias de estructura compacta y granosa, etc. 2.ª Rocas siliceas, compuestas de sílice sin mezcla esencia de alúmina ni de caliza: comprende las cuarcitas, las arenas puras y areniscas y ciertas arkosas. 3.ª Silíceo- aluminosas: que son aquellas rocas en que se combinaban los dos elementos, aunque casi siempre con predominio del primero, como los granitos, el gneis, la sienita, la protogina, los pórfidos, muchas pizarras, las rocas volcánicas, particularmente los basaltos y traquitas, y todas las arcillas. 4.ª Rocas mezcladas.- Este grupo comprende los depósitos de grava, chinas, brechas, pudingas, conglomerados, el Lehm diluvial, las tobas volcánicas y los materiales de acarreo. Estas rocas tan pronto son silíceo. Calizas, como calizo-silíceas o silíceo-aluminosas. Esta clasificación, como se ve, solo se funda en el predominio que en cada roca o terreno adquiere su respectivo elemento; pues por lo demás puede asegurarse que hay pocas rocas silíceas que dejen de contener algún principio calizo, y así de las demás. Este hecho es de la mayor importancia, pues tiene a probar que las plantas pueden hallar casi todos los terrenos las materias que respectivamente necesitan para su existencia y desarrollo; de consiguiente que, en igualdad de circunstancias climatológicas, la diferencia de vegetación dependerá mas bien del estado físico que de la composición misma de las rocas. Cada especie de roca goza de cierta tenacidad y tiene una marcada tendencia a hendirse, dividirse, fraccionarse, pulverizarse, o a separase en hojas o láminas, etc.; de cuyas circunstancias depende el carácter que ofrecen los terrenos, siendo unos terrosos, otros arenosos, cubiertos de guijos o chinas, etc. Ciertas plantas, como dice Decandolle, padre, podrán preferir esta a la otra clase de tierra por su estado físico; pero la naturaleza íntima de la roca solo obra de un modo muy indirecto. Todas las rocas no se desagregan y descomponen de la misma manera; y como de esta circunstancia depende en parte la dispersión de las plantas por la influencia que ejercen en el suelo subsuelo, es menester clasificarlas. Para que el detritus de una roca pueda considerarse como elemento constitutivo o esencial de un suelo, es menester que se presente suelo y que sus fragmentos sean pequeños, en forma de grava, arena, polvo o tierra. Las rocas, en su descomposición elemental, suministran dos especies de productos, a saber; substancias térreas, resultado de la división, por decirlo así, indefinida; y arenas, producto de una trituración definida y limitada a cierto tamaño. A las de la primera categoría, que suministran, por la destrucción de sus elementos descompuestos, tierras, margas, arcillas, limos o légamos, etc., las llama Thurman pelógenas ( de pelos, que en griego significa substancia de aspecto arcillo o de marga, y genos, engendrar) y a sus detritus les da el nombre de pélicos. Las rocas que en su descomposición suministran arenas permanentes reciben el epíteto de samógenas ( de psamos, arena), y sus detritus son sámicos. En el estudio de la dispersión y su distribución de los vegetales, para poderse formar una idea cabal y exacta de la influencia del estado físico de los terrenos, es menester no olvidar que muchas veces estos desaparecen bajo del Lehm o laes diluvial y de materia les del período moderno: pues de lo contrario puede atribuirse a las capas o rocas subyacentes o al subsuelo, lo que realmente depende de la naturaleza de estos depósitos. De lo dicho se infiere que el estado de agregación de las rocas subyacentes suministra al suelo productos diferentes, así en cantidad como en composición o naturaleza. De aquella depende necesariamente el espesor de la tierra vegetal, mezclándose con el humus o mantillo; de modo que el suelo que descansa sobre un terreno granítico, poco resistente a los agentes exteriores, será mas profundo o de mas espesor que el que tiene su asiento sobre rocas calizas, compactas o cristalinas. Además, las propiedades de la tierra deberán varias también, siendo sueltas y ligeras cunado proceden de detritus sámicos, y por el contrario, tanto mas consistentes cuanto mas pélicos son. Este estado debe influir necesariamente en la germinación y en la existencia de las plantas, que prefieran naturalmente tal o cual terreno, según el estado físico de las tierras. El estado de las rocas subyacentes y del subsuelo determina los diferentes grados de permeabilidad y de higroscopicidad de las tierras, o sea la facultad de absorber y retener las aguas; circunstancia que influye poderosamente en la distribución de las plantas espontáneas y cultivadas. En virtud de estas consideraciones, las plantas se dividen en higrófilas (amantes de la humedad) y en jerófila ( o amantes de terreno seco). Las primeras se subdividen de las arcillas, margas, etc.). en la práctica se observa que ninguna planta jerófila se encuentra en estaciones húmedas, cualquiera que sea su composición, y viceversa. La higroscopicidad de las rocas puede apreciarse de una manera muy sencilla: tómense pedazos regulares de un mismo peso después de secas; sumérjanse en el agua durante un espacio de tiempo igual para todas, y volviéndolas a pesar se hallará una serie correspondiente de diferencias, que, refiriéndolas a un peso común, expresará la diferente higroscopicidad o aptitud de absorber y retener el agua. Del cúmulo de observaciones hechas por Thurmann resulta que las rocas son tanto mas absorbentes cuanto mas eugeógenas, y tanto menos cuanto mas disgeógenas; que las más pélicas, principalmente las aluminosas, son también las mas absorbentes; a estas siguen las pelosámicas y, por último, las cristalinas compactas y las volcánicas. La proporción de agua absorbida aumenta en razón directa de la tenacidad del detritus de las rocas. De la diferente higroscopicidad de las rocas asociadas en los terrenos depende la distribución de las aguas en la superficie y aun ene l interior de la costra sólida del Globo; circunstancia que contribuye eficazmente a imprimir carácter a la vegetación en las diversas regiones de la Tierra La permeabilidad o impermeabilidad comunica también a los terrenos condiciones muy diversas. En general los terrenos muy permeables son igualmente los mas secos al exterior; y de aquí otra consecuencia no menos importante, y es que la cantidad de detritus que se forma en la superficie es mayor en las impermeables que en las permeables. Los terrenos compuestos de calizas y areniscas compactas son los más detríticos, y de consiguiente los mas permeables; ciertos pórfidos y basaltos se encuentran en el mismo caso. Por el contrario, los terrenos en masa y los estratificados de consistencia pélica son en general los menos detríticos y los mas impermeables; ciertos pórdidos y basallos se encuentran en el mismo caso. Por lo contrario, los terrenos en masa y los estratificados de consistencia pélica son en general los menos detríticos y los mas impermeables, dando origen a regiones pantanosas y encharcadas. Unas de las aplicaciones mas curiosas e importantes de los que acabamos de exponer se desprende de la observación del Sr. Schottenstein, de que los bosques resisten mas las heladas en los terrenos calizos y basálticos que en los arenosos. Este hecho, que dicho señor ha tenido ocasión de notar cerca de Francfort, es debido, según él mismo, a que en los terrenos arenosos y ligeros los tránsitos son bruscos, por cuanto absorben mucho y prontamente; y como la evaporación es rápida, roba mas calor de una vez. en los otros, por el contrario, la absorción del calor y la humedad es menor, y de consiguiente retienen por mas tiempo entrambos elementos, y en consecuencia el tránsito es mas lento. Estos principios deben tenerse presentes en Silvicultura, a fin de proporcionar a cada clase de terreno su mejoramiento conveniente y las especies arbóreas que mejor se adapten al terreno. El Sr. Chevandier dice también que el crecimiento del monte bajo varía según la naturaleza geológica del suelo, estando en razón inversa de su permeabilidad. Esto se nota menos en los oquedales o en los bosques altos, por cuanto la sombra que dan evita la evaporación y conserva la mejor humedad, aun en los muy permeables. La composición íntima, es decir, la de los elementos que los constituyen, es constante en todos los terrenos arcillosos que en los arenosos. Las maderas de un terreno seco son mas elásticas que las de terrenos fangosos. La higroscopicidad de las rocas en pequeña escala, y su permeabilidad en grande, ejercen además una influencia marcada en la temperatura de las fuentes. Las observaciones hechas por Thurmann le inducen a creer que esta en los manantiales del Jura es mas elevada y constante en las masas disgeógeneas, pero higroscópicas y permeables en grande, que en los terrenos en condiciones diferentes. también esta circunstancia debe tomarse en cuenta para apreciar la dispersión y distribución del reino vegetal. Y para el cultivo. A propósito de lal influencia del estado molecular de las rocas en la vegetación, hay que observar que la posición respectiva de los materiales geológicos que suministran esta o la otra clase de detritus no es arbitraria. En general los terrenos terciarios, cuaternarios y modernos, ocupan las grandes depresiones, las partes bajas y las llanuras: por el contrario, los terrenos mas antiguos constituyen los altos relieves y el fondo de los valles. De donde resulta que las partes bajas están formadas por terrenos samógenos, pelógenos o pelosamógenos, absorbentes en pequeña escala, impermeables en grande. Esta circunstancia puede explicar, a veces, satisfactoriamente cierta dispersión atribuida a la altura. Hasta la orografía de un país puede depender de la naturaleza de los detritus: las rocas disgeógenas ( que suministran poca tierra) ofrecen en general superficies mas accidentadas que las eugeógenas, pues éstas se igualan y nivelan por la descomposición. Esta circunstancia es importante por la influencia que ejerce en la distribución de sus estratos, se observa igualmente en la distribución de sus plantas una regularidad alguna en la apariencia de los estratos y ninguna simetría en los relieves, se nota el mismo carácter en la dispersión de las plantas. Este principio lo ha confirmado Thurmann asignando a cada accidente orográfico del Jura una vegetación particular, que se repite siempre que los accidentes estragráficos son los mismos. Tampoco es indiferente el estado de las rocas para la conductibilidad y la reflexión fácil o difícil del calor, elementos importantes en el asunto de que se trata. El color contribuye a aumentar o disminuir la temperatura de las rocas; así es que, colocados dos termómetros en contacto de dos rocas, la una de color claro y la otra obscura, se nota que esta sube mas el mercurio que en aquella. En virtud de la porosidad e higroscopicidad del terreno, resulta que la cantidad de agua que se encuentra en el suelo varía. Cuando es en pequeña proporción y dependiente de los fenómenos atmosféricos, el suelo es apto para plantas terrestres; cuando la cantidad es mayor, llega a constituir por sí un suelo peculiar y a propósito para plantas acuáticas. Bajo este punto de vista, puede decirse que el agua llega a formar un suelo especial, que influye tan eficazmente en la vegetación, que esta llega a ser independiente de las rocas subyacentes. Este suelo forzosamente habrá de eliminarse cuando se trata de averiguar la importancia del detritus de las rocas en la distribución de las plantas. En cuanto a la influencia de Orografía en la vegetación, puede asegurarse que un país muy quebrado favorece singularmente la presencia de especies montañosas y alpinas, observándose que, a beneficio de estas circunstancias, descienden bastante de su propio nivel. Con el objeto de apreciar la verdadera influencia de las rocas en la vegetación, el Sr. Thurmann compara la de la cordillera del Jura con la de otras regiones mas o menos inmediatas y de esta comparación deduce que la de las colinas de la Lorena, del Alba, del Kaisserstuhl ( montaña volcánica) y de los Alpes no cristalinos es semejante; mientras que la de los Vosgos, de la Selva Negra y de los Alpes, de rcas cristalinas, es muy diferente. Estas semejanzas y diferencias se expresan del modo siguinete: el Jura, el Alba, el Kaisserstuhl y las colinas de la Lorena ofrecen una vegetación en que predominan las plantas jerófilas o de estación seca, y escasean o no se hallan las higrófilas; por el contrario, en los Vosgos, la Selva Negra y los Alpes cristalinos, así como en los valles bajos, predominan las higrófilas, y son raras o se encuentran muy diseminadas las jerófilas. De manera que los terrenos de caliza compacta y los volcánicos silíceo- aluminosos, forman un grupo en el que la vegetación ofrece el mismo carácter y las mismas diferencias, comparada con el otro. Este consta de terrenos silíceos, Silíceo-aluminosos y calizo-aluminosos de naturaleza samógena en las montañas, y pelágena en las llanuras, y ofrece una vegetación distinta. De donde se desprende que las diferencias de vegetación no corresponden siempre con la naturaleza química de las rocas subyacentes. A estos ejemplos, que demuestran la influencia del estado físico de las rocas y del carácter de sus detritus, añade Thurmann otros en virtud de los cuales no pueden dudarse que esta acción es en mucho superior a la de la composición. Entre otros hechos cita este autor el siguiente: si en un mismo terreno una montaña ofrece alternativamente rocas calizas y margosas, se ven sucesivamente también, y a veces en puntos muy inmediatos, las plantas jerófilas y las higródilas, pélicas o sámicas. Las colinas de Grenible ofrecen un ejemplo palpable de este hecho. El terreno liásico de sus colinas está compuesto de caliza en estado detrítico, con frecuencia pélico, a veces sámico y de grava, en algunos puntos compacto, y generalmente higroscópico. En consecuencia, se ven cubiertas de una vegetación mixta. Las rocas son bastantes compactas para servir de estación a las plantas jerófilas siguientes: Dianthus sylvestris, Kaeleria phleoides, Helianthemum fumana, Brunella alba, Aaponaria ocymoides, Hippericum montatanum, etc.; son suficientemente pélicas para las siguientes: Melilotus officinalis, Prenanthes viminea, Chlora perfoliata, Filago germanica, etc., y sámicas hasta el extremo de alimentar al Sarothamnus, Herniaria hirsuta, Plantago cynops, Centaurea paniculata, Ononis spinosa, Orobus tuberosus, etc. Estas plantas desaparecen en las colinas de caliza compacta del miso terreno, al Norte de dicha ciudad, sin cambiar su naturaleza química. De lo dicho puede deducirse que la existencia de las plantas contrastantes no esta en relación directa con la naturaleza química de las rocas, sino mas bien con el estado físico del suelo; de modo que las plantas jerófilas se encuentran en terrenos disgeógenos y las higrófilas en los eugeógenos. Por lo visto el estado de agregación de las partículas de las rocas, su higroscopicidad y su permeabilidad son los factores principales de la distribución de las plantas en igualdad de condiciones climatológicas. Los principios que acabamos de sentar los confirma todos los días la experiencia; así, por ejemplo, dos distritos inmediatos, el uno calizo- compacto y el otro margoso, pueden contener muchas especies comunes; pero las humedades de aquel son raras en este, y las secas del segundo poco comunes en el primero; las mas secas, como las mas húmedas de cada uno de estos terrenos, desaparecen en el otro. Respecto a la influencia recíproca del clima y el suelo, el señor Thurmann se expresa así: en una comarca dada, en condiciones climatológicas iguales, el suelo desempeña un papel principal en la dispersión de las especies posibles en aquel clima; y en igualdad de condiciones en el suelo, el clima es el que domina en la dispersión de las especies posibles en él. En la época en que se creyó en la influencia exclusiva de la acción química de las rocas para designar las especies contrastantes, se las llamaba preferentes y adherentes, dando a las últimas los epítetos de calizófilas, y así sucesivamente; pero, reocnocida la poca exactitud de esta teoría, se vio que estas denominaciones no eran propias; así, por ejemplo, el Heléboro fétido se dice ser preferente calizo o calizófolio, pero también es basaltófilo, euritófilo, y en general amante de todas las rocas disgeógenas compactas; el Asplenium septentrional es preferente de los terrenos graníticos, de los areniscas, de ciertas pizarras y de algunas rocas volcánicas, cuando estas rocas suministran un suelo samógeno. También ha probado el citado geólogo- botánico, de un modo plausible, otro hecho no menos importante, a saber: que la vegetación, en las regiones que él examina en su Fitostática, es mas meridional en suelos disgeógenos o pobres, y mas boreal, por el contrario, en los eugeógenos: en estos se observa también que el número de las familias inferiores en la escala es mayor que en aquellos. Como estos resultados hállanse necesariamente ligados con la estructura, grosor, longitud y demás condiciones de las raíces, y como entre la raíz el porte general de la planta el enlace es tan íntimo, la importancia de todos estos datos para el estudio de la Botánica comparada y de sus infinitas aplicaciones a la Agricultura es de toda evidencia. Lo que en tesis general puede establecerse es que, estrechamente relacionada la estación de los vegetales con el clima, el Agua, el mantillo y el detritus de las rocas, el predominio de uno de estos factores hace que la planta sea menos dependiente de los otros. Estos nos conduce a los resultados siguientes: 1.º Las plantas acuáticas o sub-acuáticas son demasiado independientes del suelo y del clima para servir de características de uno y otro. 2.º Las plantas higrófilas, y en particular las mas sámicas o pélicas, caracterizan los suelos eugeógenos, si bien no estan ligadas con el clima que lo puedan caracterizar.- 3º Las jerófilas, y en especial las saxícolas, son características de las rocas diseógenas y delos climas; es decir, que están mas sujetas a los cambios de estos. 4.º Si en una comarca de alguna extensión, como por ejemplo la parte de Europa situada al Norte de los Alpes y Pirineos, se quiere comparar la dispersión de las especies con las variaciones climatológicas, es preciso servirse de las jerófilas en suelo disgeógeno y no de las higrófilas en el suelo eugeógen. Toda planta de los llanos se aclimata en regiones superiores si encuentra en ellas las condiciones biológicas necesarias a su existencia, si bien experimenta ciertas modificaciones en la talla que disminuye, en su ramificación que empobrece, y en las flores que se reducen en número lo que ganan en tamaño y en intensidad y belleza de colores. Lo que se acaba de exponer no tiende a excluir completamente la acción química de las rocas subyacentes en el desarrollo de los vegetales; pero, al parecer, los hechos mas notables de la dispersión de las plantas, sintetizados en las especies permanentes de determinados terrenos, se relacionan mejor con el estado mecánico de sus detritus que con la naturaleza intima de sus elementos geognósticos. Sin duda alguna, la acción de determinada sales en la existencia y consiguiente dispersión de ciertas especies es evidente, como se nota en la de la sal común, que puede considerarse como indispensable a muchas plantas características de los puntos en que aquella se encuentra, como la Poa distans, la Atriplez latifolia, salicornia herbácea, la Glaus maritima, triglodon maritimun, salsola kali, etc. Tampoco puede dudarse de la influencia que ejercen las sales amoniacales en el rápido crecimiento de ciertos vegetales o en la exclusión de otros, ni la acción de los terrenos ricos en nitrógeno En el desarrollo de las solanáceas, cucurbitáceas, borragíneas, poligonáceas, quenopodiáceas, etc. Téngase en cuenta, sin embargo, que se trata de sales esencial y constantemente solubles en el agua, y que las últimas dependen mas bien del detritus orgánico o mantillo que del de las rocas. Por otra parte, si existen especies calizas, yesosas y silíceas, como las hay que siguen a la sal común, se encontrarán de preferencia en rocas desnudas o sobre un suelo de escaso espesor, descansando sobre rocas subyacentes que participan de aquel carácter. Además, la presencia en el tejido de algunas plantas de determinados principios, según la naturaleza del terreno, prueba que aqueññas conservan en estado libre los indicados principios minerales, que ni pueden asimilarse a su organismo, ni arrojarlo por evaporación, después de apropiarse los líquidos en que anteriormente estaban disueltos. La mayor prueba de esto es que la misma especie en distintos terrenos ofrece substancias diversas en ese estado, que puede llamarse físico o mecánico, y de ningún modo químico, como se observa en el Hidrurus cristallophorus, cuyo tejido se encuentra lleno de cristales de carbonato de cal, aun cuando no viva en terrenos calizos. Pero aun en el caso de considerar como esencial a la vida de las plantas la presencia de determinados principios, cuando los presentan viviendo en terrenos de naturaleza diferente, debemos suponer que tal vez se los proporciona el agua, la atmósfera o el mantillo; y aun mejor que las indicadas substancias, se encuentran en las rocas en un estado difícil de apreciar por el aspecto exterior o por el análisis, si bien mas fácil de absorber por las raíces de las plantas. Esto lo confirman las plantas que creciendo en suelos silíceos presentan elementos calizos puros, y viceversa, como se nota en la Saxifraga aizoon, que, recogida en los granitos de San Gotardo, ofrece los bordes de sus hojas cubiertos de concreciones tan calizas como las que producen del Jura. Los Phragmites y Equisetum o colas de caballo de altas turberas de esta cordillera presentan hasta la mitad de su peso de sílice; es decir, tanto como las especies que viven en los sitios pantanosos y silíceos de llanuras del Rhin. El Lithospermum officinale, en que el Sr. Le- Hunte ha encontrado 16 por 100 de sílice y 43 de caliza, no deja de presentar cierta proporción de la última en tierras silíceas; y al contrario de la primera en suelos calizos. De lo cual se desprende que el predominio de un elemento en el suelo no está siempre en relación sensible y constante con las proporciones suministradas por el análisis del vegetal o vegetales que en el crecen. Esto mismo lo confirma, según el Sr. Thurmann, la identidad de composición que ofrecen los animales, cualquiera que sea la naturaleza química del terreno en que viven, a pesar de ser evidente la influencia de terrenos en la vida animal y en su distribución en el Globo, sin bien no tan directa como en las plantas, atendida la facultad que tienen de trasladarse voluntariamente de un punto a otro. Esta influencia la ha demostrado Heer por lo que respecta a los insecto de la Suiza, y lo prueba también la acción que ejercen determinadas rocas o terrenos en la producción, desarrollo y marcha de ciertas dolencias (1) De todo lo dicho puede decirse, resumiendo, que esta cuestión es de la naturaleza, que la Fisiología vegetal necesita apoyarse en la Geografía botánica tanto o mas que esta en aquella; y que la ciencia no ha llegado todavía al punto de poder establecer reglas y conceptos fijos, debiendo limitarse en materia tan delicada a la indignación general de hechos. Tratando de llevar al terreno de la práctica los hechos y observaciones expuestas en todo lo relativo a la geografía botánica, debemos decir: 1º Que las plantas que crecen espontáneamente en un terreno dado, y las que cultivadas en gran escala lo apetecen, deben tener relación mas bien con el estado físico que con la naturaleza de las rocas que en el dominan; y como que aquel varía en uno mismo cando ose le considera en dos puntos diversos, y siendo, por otra parte, resultado de causas tan diferentes la existencia, dispersión y cultivo de las plantas, se infiere que ni es fácil hacer esta indicación, ni mucha importancia en la mayoría de los casos. 2º Que por lo visto, los mejoramientos, o todo aquello que tiende a poner las condiciones físicas del suelo en relación con (I) Los Sres. Boubée y Pennikofer publicaron años atrás observaciones curiosas que tienden a probar la relación que existe entre la constitución geológica de un país y la marcha y desarrollo del cólera; otros han hecho lo mismo respecto del bocio y de otras dolencias
Las especies vegetales a que se le destina, tienen, si cabe más importancia que el uso de los abonos minerales. Respecto de la importancia que ejercen los terrenos en la vegetación y el carácter que le imprimen, he aquí lo que dice Heer en su <> (Suiza): 1.º En igualdad de circunstancias, el número de especies es menor en los terrenos calizos que en los pizarrosos; lo cual esta en razón del carácter disgeógeno de aquellos. 2.º Que la flora caliza de las regiones superiores contiene menos especies de la llanura que la de las pizarras; es decir, que aquella cuenta menos plantas higrófilas, pélicas o sámicas. 3.º Que las especies que se suponen características de los terrenos calizos crecen sobre las rocas mismas, o en el mantillo; atestiguando de este modo su mayor independencia del suelo detrítico. 4.º Que las especies calizas, exceptuando siete próximamente, todas crecen también en el suelo pizarroso; mientras que, a latitud igual, muchas de las especies que viven en las pizarras no se encuentran en el suelo calizo. Entre las especies propias de las pizarras en dichos puntos, las principales son: el Nardus stricta, Juncus trifidus, Luzula spadícea, Gnaphalium supinum, Hieracium albidum, Avena veriscolor, Poa supina, y otras muchas que demuestran, al menos por lo que a los Alpes se refere, una marcada referencia por el suelo arenoso o samógeno. ALTITUD.- Es lógico que cambien los caracteres de la flora en una región del Globo con la altura del terreno sobre el nivel del mar; cambian las condiciones atmosféricas, la presión del aire, la temperatura, la humedad, la proporción del oxígeno, y son factores estos que determinan la posibilidad de existencia de ciertas formas vegetales y la imposibilidad de existir otras. Los que viven al pie de montañas elevadas o han recorrido cualquiera de ellas desde su amplia base a la nevada cima, pueden dar fe de los contrastes que vegetación y flora ofrecen desde los sembrados del valle al desierto de nieve, desde el bosque de árboles corpulentos que cubren las laderas bajas, verdadera asociación de gigantes, muestra de la fortaleza que el mundo vegetal puede alcanzar, hasta los manchones sanguiolentos o verdosos de lal calva cima que el microscopio diferencia en miríadas de diminutas Algas, las mas delicada manifestación del mismo reino vegetal a que pertenecen el cedro y el roble, el castaño y el nogal. Si en vez de limitarse al estudio de una montaña, se hace la observación comparativa de varias situadas a diferentes distancias del ecuador, se observarán diferencias grandes en la flora de las regiones inferiores, gran uniformidad por lo que a la vegetación se refiere. Compárense por ejemplo las floras de los Sudetes, del Cáucaso, de los Alpes, de los Pirineos, de Sierra Nevada y del Altas. En todas partes hallaremos vegetación de monte bajo, de pradera y de bosque, región alpina y región de nieves perpetuas; no obstante, en los prados, en los bosques, en los montes bajos, se verá que dominan especies distintas según las localidades. Yo recuerdo el contraste que ofrecen dos tipos opuestos de bosques que he tenido ocasión de visitar; el bosque septentrional, de país húmedo, que presentan las montañas escandinavas, y el bosque del Mediodía, de país seco y gran altitud, que cubre la vertiente umbría de Monte. Tugurt en la parte sahárica del Atlas. Alguien ha dicho que una montaña de altura mayor de cuatro mil metros, situada en el ecuador, ofrecería desde la base a la cumbre todas las transiciones de flora que pueden hallarse caminando del ecuador al polo: el hecho es cierto en términos generales y lo es por lo que a la vegetación se refiere, pero no es exacto con los detalles, ni puede aceptarse refiriéndole a la flora de los prados y de los bosques. Los bosques de abetos y abedules de Noruega tienen aspecto bien diferente al de cedros de Monte Tugurt. Las especies herbáceas de los pequeños prados del Atlas son casi en su totalidad distintas de las que forman los extensos prados escandinavos. Hacia el Mediodía todas las formaciones botánicas montañosas tienen marcado el sello que les imprime la sequedad atmosférica. No se distribuyen solo por la temperatura de las plantas de regiones montañosas; otros factores contribuyen a su distribución y principalmente la humedad o sequedad y el enrarecimiento del aire atmosférico; por esta causa no es en rigor exacta la comparación a que nos referimos. Es un hecho cierto la semejanza de la flora que habita las altas regiones montañosas; en Sierra Nevada, en la cordillera Carpetana, en los Pirineos, en los Alpes, en las montañas del Centro y del Norte de Europa, en las septentrionales del Asia y de América, se encuentran especies comunes. Se ha explicado este fenómeno por la extensión de los hielo en el período glacial; la flora ártica se diseminó entonces por loso contiene septentrionales; cuando los hielos se retiraron, las plantas árticas, buscando condiciones favorables para su vida, fueron ascendiendo en las montañas, últimos refugios de la temperatura glacial. Los conceptos bosquejados permiten formular las conclusiones que anotaremos en lo siguientes párrafos: 1.º Con la altitud cambian la vegetación y la flora, pudiendo ser señaladas en las montañas zonas botánicas diversas. Según este principio, en detalle, cada especie de las regiones montañosas vivirá en una zona comprendida entre un límite inferior y otro superior; la línea media se trazará pasando por los puntos en que la especie vegete con mayor abundancia. Si la observación se concreta a plantas determinadas, el hecho se fija bien; refiriéndola al conjunto de la vegetación, pueden determinarse las distintas zonas botánicas. Anotemos algunos datos de límites en ciertas especies y en montañas diferentes: Comparando la vegetación de las diversas alturas se han trazado las zonas. Suelen tomarse como típicas la de los Alpes, que han sido las mejor estudiadas. En 1768 las fijó ya Haller con bastante precisión y exactitud; fueron limitadas en metros por Waklenberg en 1811 y modificadas después por diferentes autores. El Dr. Christ acepta para toda la Suiza las cuatro zonas siguientes: I.- Zona inferior, caracterizada por el cultivo de la viz y de los árboles frutales y además por la presencia de tipos mediterráneos. Alcanza esta zona hasta 550 metros al Norte de los Alpes y a 700 en la parte occidental y meridional de Suiza. II.- Zona de los árboles con hojas anchas; el haya en el N. de Suiza, en donde alcanza 1350 metros y el castaño en la parte meridional que se eleva a 900 metros. III.- Zona de bosques de coníferas. El Abies excelsa en el N. llega a 1800 metros; el Lariz europoea y el Pinus Cembra en los Alpes centrales, alcanzaron a 2100 metros en los Grisones y a 1800 metros solamente en los Alpes del Tesino. IV.- Zona alpina. Comienza en la anterior y llega hasta las cumbres mas elevadas. El límite de las nieves perpetuas puede fijarse en 2700 metros para la parte septentrional de los Alpes y para el Tesino y a 3.000 metros para la parte meridional de los Alpes centrales. No puede servir esta línea en todas las ocasiones para marcar el límite superior de la región alpina; en las cimas mas elevadas de los Alpes no hay límite absoluto en la distribución de las fanerógamas. No hay cifra mas relativa que la empleada para designar la altura en que comienzan las nieves perpetuas; este límite es de los mas variables, cambia considerablemente en una serie de años, hasta el extremo de cubrirse en un tiempo de flores y verduras espacios durante muchos cubiertos de nieve. Las dos zonas de bosque, ya formadas por árboles de hojas anchas, ya por coníferas, suelen reunirse por algunos botánicos en una solo a la que se da el nombre de zona forestal o de los bosques. 2.º Las zonas de vegetación montañosa tienen límites distintos en las diferentes cordilleras. Débese esto, en primer término a la mayor o menor distancia que les separe de las regiones polares: las nieves perpetuas se hallan al nivel del mar en las tierras árticas, se van elevando cada vez mas a medida que las localidades que aproximan al ecuador Influyen además en los límites de las zonas otros elementos: la dirección de las cordilleras, la inclinación de las vertientes, las corrientes atmosféricas, etc., cuando haga variar la temperatura o la humedad de la atmósfera. Estas causas de carácter local solo pueden en detalle depurarse estudiando parcialmente cada macizo montañoso. Señalan algunos botánicos como elemento que impone la variación de los límites de zonas la composición geológica del suelo. Sin que pueda en absoluto afirmarse que la geología no influye en las floras, creemos esta influencia de muy escaso valor por lo que se refiere a las zonas botánicas. Bosques de los mismos árboles viven en España sobre el granito, sobre pizarras silúricas y sobre rocas cretáceas o terciarias. Veamos ahora cuales son los límites de las dos zonas mas importantes ( lo forestal y la alpina) en diferentes países montañosos. LAPONIA (según Schübeler) (vertiente O. de las montañas) ZONA FORESTAL Abedul (Límite de los árboles) Hammeferest (70º 30´). . . . . 259 metros Sulitelma (67º). . . . . . 357 >> Pino silvestre (límite de las coníferas). Finmark (69º). . . . . . . 331 >> ZONA ALPINA (del límite de los árboles a las nieves perpetuas). Sulitelma (67º). . . . . . 357 a 1006 >> NORUEGA MERIDIONAL. (según Grisebach) ZONA FORESTAL. Abedul (límite de los árboles) Hardanger (60º). Vertiente O. . . . 909 metros Tellemarken (60º). Vertiente E. . . . 1039 >> Folgefonden (60º). Depresión local de los lími- Tes altitudinales; en la Vertiente O. . . 594 >> Con exposición al E. . . . . . 658 >> Pino silvestre (límite de as ciníferas) Gaustafjeld (60º). Vertente E. . . . 941 >> Fresno. Hardanger (60º). Vertiente o. . . . 389 >> ZONA ALPINA. Jisbraer (62º). Vertiente O. . . . . 1624 >> Hardangerfjeld (62º). Vertiente E. . . 1689 >> Folgefonden (60º). Vertiente O. . . 594 a 1266 metros ESCOCIA, A 57º L. N. (según Watson) ZONA FORESTAL. . . . . .o a 812 metros Abedul. . . . . . . . 812 >> Pino silvestre. . . . . . . 633 >> Quercus. . . . . . . . 325 >> ZONA ALPINA. . . . .812 A 1331 >> Calluna. . . . . . . o a 974 >> URALES (según Grisebach) ZONA FORESTAL (a 61º L.N). . . . 742 metros Larix. . . . . . . . 743 >> Abedul (54º L.N). . . . . . 1250 >> ZONA ALPINA (60º L.N). . . . .522 A 1461>> STANOVOI (según Ermann) ZONA FORESTAL (60º L.N). . . . 1136 metros Larix (56º L.N). . . . . . . 743 >> Pino silvestre (56º L.N). . . . . 1137 >> ZONA ALPINA (56º L.N). . . . . 1299 a 1949 Pinus Cembra (forma de arbusto). . . 1948 >> KAMTCHATKA, a 56º L.N (según Erman) ZONA FORESTAL. . . . . . o a 942 metros ZONA ALPINA. . . . . . 942 a 1299 >> Los datos transcritos se refieren a montañas septentrionales que pueden compararse con las de las Escandinavia. Veamos ahora los datos que proporcionan otras montañas situadas entre la Escandinavia y los Alpes, próximas a los 50º HARAZ, a 52º (según Grisebach) ZONA FORESTAL. . . . . . 1039 metros ZONA ALPINA. . . . . . 1039 a 1136 SUDETES (RIESENGEBIRGE), a 51º (según Wimmer) ZONA FORESTAL. . . . . . 1169 metros Adebul. . . . . . . . 1266 >> Haya. . . . . . . . 649 >> Quercus. . . . . . . . 487 >> ZONA ALPINA. . . . . .1169 a 1507 metros Pinus mughus. . . . . 1169 a 1364 >> TATRA ( CARPATOS CENTRALES), a 49º (según Wahlenberg) ZONA FORESTAL. . . . . . 1553 metros Pinus. . . . . . . . 1553 >> Larix (límite del bosque compacto). . . 1499 >> Haya. . . . . . . . 1006 >> ZONA ALPINA. . . . . .1553 a 2241>> Pinus Mughus. . . . . . .1491 a 1948>> ALTAI, a 50º (Según Ledebpur) ZONA FORESTAL 1949 metros (vertiente septentrional 1786m, meridional 2117m). Pinus Cembra y Larix. . . . . 1949 metros Adebul. . . . . . . . 1624 >> ZONA ALPINA. . . . . .1949 A 2598>> JABLONNOI, a 50º (según Radde) ZONA FORESTAL. . . . . . 1981 metros Pinus cembra. . . . . . . 1981 >> Adebul. . . . . . . . 1624 >> Sobre el Baikal. . . . . . . 1218 >> ZONA ALPINA. . . . . .1981 A 2289>> En la cordillera de los Alpes y en los montes de la misma latitud, los límites de las zonas dependen menos de las diferencias de clima que de la configuración de los macizos montañosos. Transcribamos los datos que inserta Grisebach. AUVERGNIA, a 45º L.N (según Lecoq) ZONA FORESTAL. . . . . . 1494 metros JURA, a 47º L.N (según Thurmann) ZONA FORESTAL. . . . . . 1494 metros Haya. . . . . . . . 909 >> Vid. . . . . . . . . 552 >> ZONA ALPINA. . . . . . 1494 a 1721>> VOSGOS, a 48º L.N. (según Kirschleger) ZONA FORESTAL. . . . . . 1229 metros ZONA ALPINA.. . . . . . 1299 a 1364>> ALPES SEPTENTRIONALES, 47º a 48º L.N. (según Heusingen) ZONA FORESTAL. . . . . . 1786 metros Límite de árboles. . . . . . 1780 >> Haya. . . . . . . . 1354 >> Cereales cultivados. . . . . . 876 >> Viticultura. . . . . . . 487 >> Datos de los Alpes bávaros, según Sender Pinus Cembra. . . . . . . 1867 >> Larix. . . . . . . . 1818 >> Haya. . . . . . . . 1364 >> ZONA ALPINA. . . . . 1786 a 2563 >> Arbustos alpinos. . . . . . 2273 >> Almus vidris y Pinus mughus. . . . 2046 >> Rhododendron ferrugineum. . . . . 2013 >> Rh. Hirsutum. . . . . . . 2436 >> Vaccirium. . . . . . . 2273 >> Hierbas alpinas. . . . . . . 2563 >> Sauces enanos. . . . . . . 2583 >> ALPES CENTRALES, 46º a 47º L.N. (según Heusingen) ZONA FORESTAL. . . . . . . . . 1949 metros Límite de los árnoles. . . . . . 1949 >> Haya. . . . . . . . 1267 >> Cereales cultivados. . . . . . 1299 >> Viticultura. . . . . . . 584 >> Datos de la Engandina. Pinus cembra y larix (límite de los árboles). . 2117 >> Haya. . . . . . . . 1553 >> Cereales vultivados. . . . . . 1981 >> Viticultura. . . . . . . 883 >> Datos obtenidos en los Tauren de Salzbourg, según Sauter. Pinus cembra y larix. . . . . . 1949 >> Beto cembra y larix. . . . . . 1299 >> ZONA ALPINA.. . . . . . a949 a 2628>> Para que el juicio sea lo mas completo posible por lo que se refiere al dominio forestal del continente antiguo, agregaremos los datos que proporcionan los Pirineos y Montes Cantábricos y que hallamos consignados en los trabajos de Desmonluns y de Mauricio Willkomm; así, sin necesidad de repetir idénticas comparaciones respecto a otras regiones botánicas del Globo, quedará bien sentada la segunda conclusión que hemos formulado PIRINEOS CENTRALES, 42º a 43º L.N. (según Desmoulins) ZONA FORESTAL. . . . . . 2338 metros Pino silvestre (límite de los árboles). . . 2339 >> Haya. . . . . . . . 1850 >> Pinus uncinata. . . . . . 1754 >> Cultivo de cereales. . . . . . 2338 a 2628 >> PIRINEOS OCCIDENTALES Y CANTÁBRICOS, a 43º L.N. (según Willkomm) Abeto plateado (Navarra). . . . . 1949 metros Haya. . . . . . . . 1462 >> Quercus tosa. . . . . . . 975 >> Castaño. . . . . . . . 812 >> 3.ª las altas cumbres tiene flora ártica. Ascender, en las montañas, equivale botánicamente a irse aproximando al polo. Comprando la vegetación y flora de la región ártica con la de la zona alpina, dice el ilustre doctor Christ: << En cuanto a la temperatura estival, los Alpes quedan un poco por bajo de los territorio árticos; pero el período de vegetación es mas largo se continúa por un otoño que falta en los países del Norte. Además, los Alpes están favorecidos por la insolación mas intensa de las grandes altitudes y por la temperatura mucho mas elevada del suelo.>> A pesar de estas diferencias, la analogía entre las dos zonas es tan grande que poseen muchas especies comunes. De 294 especies que se encuentran en la zona alpina de Suiza, 64 son circumpolares, se encuentran repartidas en derredor del polo en las principales regiones ártica, en América y en Asia; otras 36 especies habitan solo en ciertos territorios de esta zona. De las 64 especies a la vez alpinas y circumpolares, 14 son muy comunes en todos los Alpes; las que siguen: Silene aculis. Myosotis alpestris. Dryas octopetala. Polygonum viviparum. Saxifraga oppositifolia. Salix retusa. >> aizoides. >> herbacea. >> stellaris. Phleum alpinum. Erigieron alpinus. Poa alpina. Azalea procumbens. Juniperus nana. Las 28 especies siguientes e hallan bastante diseminadas por los Alpes sin ser muy comunes: Cardamine alpina. Luzula spadicea. Sagina saxalitis. >> spicata. Alsine verna. Juncus triglumis. Phaca frigida eriophorum Scheuchzeri Erigieron uniflorus androsace chamaejasme Campanula Scheuchzeri oxyria digyna. Arctostaphylos alpina. Empetrum nigrum. Veronica alpina. Salix reticulata. Pedicularis vertillata. >> myrsinites. Astragalus alpinus. Carez atrata. Oxytropis campestris. >> frigida. Sibbaldia procumbens. Trisetum subspicatum. Epilobium alpinum. Poa distichophylla. Lloydia serotina. Lycopodium alpinum. I I especies solo se han hallado en los Alpes centrales: Draba Wahenbergii gentiana tenella. Lychnis alpina. Salix glauca. Cerastium alpinum. Elyna spicata. Potentilla frigida. Carex incurva. Sedum rhodiola. >> lagopina. Saussurea alpina. Son raras en los Alpes otras 10 especies circumpolares: Pedicularis versicolor, potentilla nivea. Papaver alpinum. Tofieldia borealis. Dabra incana. Thalictrum alpinum. Saxifraga cernua. Juncus castaneus. Alsine biflora. Carex vahlii. 4.ª La flora de las altas cumbres ofrece en los distintos países del hemisferio septentrional gran uniformidad. En efecto; las 14 especies circumpolares que hemos citado como frecuentes en los Alpes lo son también en el Pirineo, lo son igualmente en las distintas cordilleras europeas; algunas alcanzan hasta la Sierra Nevada del Mediodía de España. En los elevados montes granadinos viven la Poa alpina L., el Juniperus nana W., el Erigeron alpinus L., el Myosotis alpestris Schmidt., la Saxifraga positifolia L, y la Saxifraga stellaris. Viven además la Gentiana Optenella Rottb., la Vernonica alpina L., Pedicullaris verticillata L., Luzuña spicata D. C., etc., etc. La misma uniformidad ha sido comprobada en las cordilleras asiáticas, americanas y del N. de África. El hecho tiene la explicación que anteriormente hemos indicado; es una consecuencia de la invasión primero y de la retirada después de los hielos en el período glacial. Aun las diferencias que en las floras de la zona alpina ofrecen las distintas cordilleras son específicas por regla general; las especies alpinas propias de cada montaña se refieren a un tipo general. Así sucede, por ejemplo, con la poa ligulata Boiss., Trisetum glaciale Boiss., Carex Nevadensis Boiss, et Reut., Saxifraga Nevadensis Boiss., etc., que son propias de las montañas de Granada. LATIRUD.- Si la superficie del Globo fuera plana, accidentes, sin valles ni montañas; si no existiera la desigual distribución de tierras y mares, podrían trazarse zonas de gran regularidad que marcan la distribución del calor; del ecuador a los polos la temperatura iría gradualmente disminuyendo. Con arreglo a la temperatura, las plantas se distribuirían en zonas fáciles de delinear. Pero no sucede esto: la superficie terrestre es accidentada; las tierras y las aguas se distribuyen con gran irregularidad y desigual proporción; las cordilleras tienen direcciones variadas y elevaciones distintas; las corrientes marinas se dirigen en diversos sentidos, y todo ello hace que el calor, según la latitud, se atribuya de un modo irregular. No obstante, por si, la latitud influye en la repartición del calor y por tanto en la distribución de los vegetales. Trázanse zonas botánicas diversas según las latitudes, y cada zona se caracteriza por su especial flora; pero como en la composición de ésta influyen tantas y tan diferentes causas, no es oportuno que en este lugar demos a conocer las zonas botánicas; lo haremos en os últimos artículos. Anotaremos aquí algunos hechos que con la latitud se relacionan. Si un viajero camina desde el ecuador a los polos, observará que los vegetales de hojas persistentes desaparecen poco a poco, los árboles disminuyen de altura y el número de plantas vasculares se va reduciendo cada vez mas. Según Fries, en Spitzberg hay 113 especies vasculares y en Nueva Zembla halló Trautvetter solamente 105. No solo es la temperatura la que disminuye el ecuador a los polos; ocurre lo mismo con la electricidad. Ha observado Muhry que la intensidad eléctrica se relaciona íntimamente con la repartición de la temperatura o mejor aún de la insolación. Modifica la temperatura de las costas la acción de las corrientes. En el hemisferio boreal, las costas occidentales de los continentes menos frías que las orientales. Es esto debido a que la rotación terrestre desvía las corrientes marinas dirigiendo hacia el Oeste a las que van del polo al ecuador, y hacia el Este las que van del ecuador al polo. Así, la corriente del golfo (GulfStream) parte del de Mékico, por el canal de Florida se dirige hacia las Bermudas, dividiéndose en dos corrientes de desigual importancia: la una penetra en el estrecho de Davis y se eleva hasta el mar de Baffin, debiéndose sin duda a esta circunstancia el que se pueda llegar por el estrechho de Smith hasta el mar de Lincoln. La otra corriente llega al Sud de Islandia, a las costas británicas, rodea a Noruega, alcanza a Laponia y se pierde entre Nueva Zembla y Spitzberg; merced a ella los balleneros llegan por estos parajes hasta la latitud de 81º; por ella también resultan las costas de Noruega mas templadas que las de Suecia por la parte del Báltico, y en la flora se observa perfectamente la diferencia. La corriente polar, detenida hacia el Este por las islas situadas al Norte de América y por el estrecho de Behring, que difícilmente deja paso a los hielos, encuentra en cambio amplio y fácil camino hacia el Oeste, por donde penetra en el Atlántico entre Nueva Zelanda y Spitzberg y entre esta isla y Groelandia. Esta corriente, que hace la isla de Juan Mayen apenas accesible, enfría el Norte de Islandia y forma una muralla de hielo en la costa oriental de Groelandia. Sin duda se debe a la poca profundidad del estrecho de Behring y a la acumulación de islas en el Norte de América el que en aquellos parajes sean los helos permanentes; de aquí el que sea tan riguroso el clima del mar de Hudson, que recibe las corrientes frías del polo y no deja pasar los hielos hacia el Sur. Por esto límite inferior de la flora ártica desciende por debajo Los 60º de latitud en el Labrador, mientras que se eleva hasta los 70º en el paralelo de Spitzberg. Para representar en el mapa las inflexiones de la temperatura en las diferentes latitudes, se emplean, como es sabido, líneas diferentes. las líneas latitudes, se emplean, como es sabido, líneas diferentes. las líneas isotermas unen en cada hemisferio los puntos del Globo que tienen la misma temperatura media anual. No bastante al botánico las isotermas; dentro de una misma temperatura media anual caben variaciones considerables en las temperaturas del verano y del invierno, que tanto influyen en la vida de las plantas. Dos climas, el uno continental y variable, el otro marítimo y uniforme, pueden tener la misma anual, y sin embargo no proponerlas mimas plantas en el uno que en el otro. Por esto Humbold estableció dos nuevos sistemas de líneas que unen los puntos de igual temperatura media en invierno ( isoquimenas) o en verano (isoteras) Todavía para un buen estudio geográfico-botánico interesa conocer, además de tales temperaturas medias, las máximas y mínimas. En el mapa de Grusebach que acompaña a esta parte del libro, pueden observarse las inflexiones d e las líneas isotermas y la relación que guardan con la vegetación de ciertas especies, las palmeras por ejemplo, cuyos límites aparecen bien señalados. No creemos necesario insistir mas sobre la influencia de la latitud que resaltará en la limitación de las flores naturales y que, de ser ahora depurada, nos obligaría a entrar en multitud de detalles propios de una obra de climatología. HUMEDAD O SEQUEDAD.- Nos referiremos especialmente a la atmosférica, que de la humedad o sequedad del suelo ya hemos tratado en un art´culo anterior. La humedad atmosférica es un dato de gran importancia geográfico- botánica; influye especialmente en la vegetación; sin humedad no se conciben los bosques; la sequía engendra las estepas y los desiertos. La sequedad pueden ser efecto de diferentes causas. En las llanuras rodeadas de altas cumbres, los vientos son secos; dejan la humedad que arrastran al atravesar las cimas montañosas. En las estepas asiáticas, las corrientes secas que viven del polo y van Hacia las regiones mas calurosas aumentan la sequedad del suelo y se calientan al tocar la superficie, mientras los vientos del Sud se mantienen en las altas regiones donde pierden su humedad. Una región puede volverse seca, habiendo sido bastante humedad, por la desaparición de los bosques o por la falta continuada de las lluvias efecto de especiales circunstancias. Territorios que hoy son desiertos, estuvieron en otro tiempo cubiertos de vegetación arbórea; regiones desiertas vuelven a la vida vegetal si se logra que no falte el agua: tal sucede en determinadas localidades del Sahara argelino, en el Ued- Rir por ejemplo, donde la influencia de las aguas artesianas ha transformado en bosques de palmeras los arenales mas áridos. La humedad atmosférica débese a diferentes influencias según la latitud: señalaremos tres principales, los bosques, las montañas y la traslación del sol. Donde los bosques dominan, las precipitaciones acuosas se producen por la lucha entre las corriente atmosféricas, sucediéndose un cuelo sereno y un cielo nuboso. La presencia del bosque es a la vez causa y efecto de las lluvias. Grisebach dice que los bosques obran sobre las corrientes cálidas y las enfrían, produciéndose la condensación de los vapores; este efecto refrigerante se produce por el frío que motiva la transpiración de las hojas, así como por la sombra que éstas dan y que impide al sol calentar el suelo. Donde la vegetación falta, el suelo se calienta y surge una corriente de aire que disipa los vapores, de manera que las nubes formadas en el verano, en tiempo de calma, corresponden a los bosques, y el cielo azul a los lugares desnudos de vegetación. Es indudable la acción de los bosques sobre las lluvias; territorios como California, como en nuestro propio país ocurre, que cubiertos de bosques fueron húmedos, hoy son secos, y las lluvias lejos de ser ventajosas perjudican en muchos casos, convirtiéndose en torrenciales y arrastrando cuanto encuentran. En las zonas tropicales pueden observarse el mismo hecho; en el Brasil y en la India la tala de los bosques ha motivado una diminución del período de lluvias. Es manifiesta la acción que las montañas ejercen sobre las lluvias; además de permitirles su altitud penetrar en la región de los vientos calientes y húmedos, son las partes mas frías de los continentes Y determinan por tanto la condensación de los vapores. La proximidad de las montañas es causa de fertilidad para las regiones inferiores, si los bosques cubren las vertientes asegurando la penetración del agua en el suelo. En las regiones tropicales se hallan las lluvias relacionadas con la traslación del sol de un trópico a otro. Veamos como explica Cauvet este hecho, a quien seguimos en estas breves generalidades. Cuando el sol traspasa el zenit se produce una corriente ascendente; ésta determinada atmosféricos que ponen en relación las altas y bajas altitudes. Las zonas más calidad, en que la presión del aire llega al mínimum, reciben los alisios Sud y Norte, que se precipitan lateralmente, mientras que en las capas superiores este movimiento se halla equilibrado por la vuelta del contra-alisio. En el Atlántico y el Pacífico, la corriente ascendente se traduce en la superficie del mar por una zona de calmas. En los continentes, los alisios se encuentran y retroceden, y la corriente ascendente se contrae en una línea en que están el máximum de calefacción y el mínumum de presión. Estos movimientos y su periodicidad determinan de las lluvias tropicales. Bajo los trópicos, las épocas de lluvias se extienden hasta la línea en que la zona de aspiración se separa del ecuador, siguiendo el movimiento solsticial: sobre el mar acompañan a la zona de las calmas; en los continentes se manifiestan en el tiempo en que las corrientes atmosféricas siguen siendo opuesto al alisio que sopla del ecuador. Los alisios que hasta el ecuador tienen una dirección Este, gracias a la velocidad de la rotación del Globo, pasan al Oeste atravesando aquella línea, de suerte que el alisio NE. Se convierte en NO. Al Sud del ecuador, y recíprocamente el alisio SE. Se convierte en SO. Al Norte del ecuador. Las precipitaciones acuosas siguen el movimiento del sol, porque los alisios llegan siempre el punto en que se produce la corriente atmosférica ascendente, y después de haber pasado el hemisferio de donde dimana, el alisio descarga su vapor en cuanto se ha elevado hasta la capa de las nubes. De aquí resulta que las lluvias del trópico de Capricornio por vientos NO. Se comprende, Pues, que la época de las lluvias se halle en relación con la latitud; que su duración sea tanto mas corta cuanto la región esta mas próxima al límite tropical; tanto mas larga, al contrario, cuanto la región se aproxima mas al ecuador, pasando el sol sobre el mismo punto en intervalos mas grandes: 1.º, cuando se aleja del ecuador; 2.º, cuando vuelve. Lo dicho de los efectos refrigerantes producidos por las montañas permite afirmar que cuanto mas montuosa es una región intertropical, mas elevada, mas próxima al ecuador, especialmente si está cubierta de bosques, mas se prolonga el período de lluvias. En las comarcas regadas por ríos que pueden expansionarse por la llanura, la sequedad del clima se combate victoriosamente por la inundaciones periódicas por los riegos que devuelven a la tierra el agua sustraída por la evaporación, así como los principios amoniacales y salinos que el cultivo separa. Esto se observa en Egipto y en la China, donde los ríos se desbordan todos los años; se observa también en Bokhara, dond el río Sarafchán, que riega la planicie, pierde tanto caudal por la sumersión de los campos, que no puede llegar al Oxus. La humedad permanente, unida a una temperatura elevada, favorece la vegetación de un modo extraordinario y motiva el esplendor de los bosques tropicales. Es conveniente advertir que en casos de gran humedad es necesario que el agua sobrante pueda correr por las regiones mas bajas, porque de lo contrario una planicie admirablemente dispuesta para sostener vegetación exuberante se convierte en lugar pantanoso e infecto. Una alternancia regular y apropiada de sequedad y humedad es muy favorable para el cultivo; a esta causa se debe fertilidad relativa de los países templados. IV DIFERENTE EXTENSIÓN DEL ÁREA DE LAS ESPECIES. Hemos ya definido en otro lugar lo que se entiende por área de dispersión de las especies y anotado que esta área difiere mucho en especies distintas. Concretaremos aquí estas diferencias dividiendo las plantas, según la extensión en que vegetan, en especies de área extensa, especies de área media y especies de pequeña área. Depende la mayor o menor extensión en que una planta vive de causas varias, las unas depurables en las circunstancias actuales de la Naturaleza, las otras que se refieren a circunstancias pasadas mas o menos remotas. Las barreras naturales que impiden la diseminación de las semillas limitan el área de la especie;: las condiciones y las exigencias de vida, la mayor o menor adaptación a los cambios de clima o de suelo, son causas que deben tenerse en cuenta. Pero no basta todo esto, precisa no olvidar que la vida vegetal no se ha interrumpido en el tiempo, que las formas de hoy derivan de formas que vivieron en otras edades y por tanto la extensión que hoy ocupa una especie puede ser debida a influjo que tuvo tiempo atrás la froma genérica a que pertenece. El dato la Paleontología es indispensable para formar juicio en esta materia. ESPECIES DE ÁREA EXTENSA.- Hay algunas especies que se consideran como cosmopolitas porque se encuentran en todos los países en que el hombre ha puesto su planta. No esta bien estudiada la distribución geográfica de las Talofitas, pero puede, sin embargo, afirmarse que son numerosas las especies que se hallan en todos los puntos del Globo en que la vida es posible. De fanerógamas una sola especie puede con razón considerarse como cosmopolita, las cerrajas (Sonchus oleraceus); es por lo menos la única que anotan los autores. Hay plantas fanerógamas que tienen el área tan extensa que se encuentran por todas partes menos en las cimas de las montañas y en la regiones polares. Se ciyan entre plantas las siguientes: Portulaca oleracea L. (verdolaga). Laminum amplexicaule L. Quenopodium album L. (ceñiglo). Utrica urens L. (ortiga común). Urtica dioica L. (ortiga mayor). Cynodon dactylon Pers (grama común). Poa anua L. Las especies de fanerógamas que ocupan mas de la mitad de la superficie terrestre son las que siguen: Capsella bursa-pastoris Moench. (bolsa de pastor) Cardamine hirsuta L. Stellaria media Will. (hierba pajarera) Portulaca oleracea L ( verdolaga). Erigieron canadensis L Sonchus oleraceus L. (cerrajas). Samolus valerandi L. (pamplina de agua) Solanum nigrum L (hierba mora). Lamium amplexicaule L. Brunella vulgaris Moench. (consuelda menor) Quenopodium murale L. Quenopodium album L (ceñiglo). Urtica urens L. (ortiga común) Urtica dioica L (ortiga mayor). Potamogeton natans L. Juncus communis Mey (junco). Cynodon dactylon Pers. (grama común). Poa anua L. El número de especies fanerógamas cuya área es por lo menos igual al tercio de la superficie terrestre no pasa de 120. Convenientemente anotar algunas particularidades de las especies que tienen áreas muy extensas. En primer término se observa que no hay ninguna planta leñosa; árboles y arbustos tiene área de dispersión muy poco extensa. El 40 por 100 de las especies indicadas son acuáticas o buscan los parajes próximos al agua; sin duda está es un excelente medio de transporte. El 30 por 100 de las especies de extensa área viven en los campos cultivados, entre los escombros o en la proximidad de las viviendas; son, en una palabra, compañeras del hombre al que deben sin duda su gran diseminación. Las criptógamas de área extensa son en mucho mayor número que las fanerógamas. ESPECIES DE ÁREA MEDIA.- Se comprende en este grupo las fanerógamas cuya área de dispersión ocupa menos de un tercio de la superficie continental, pero es todavía bastante extensa. El número de especies de este grupo es considerable y entre ellas se cuentan las que dominando en un país caracterizan su flora. Los abetos, los robles, los pinos, etc., muchos otros árboles y arbustos tiene una área media de extensión. Las plantas costeras no se comprenden entre las de área muy extensa, porque en realidad la superficie terrestre que ocupan es pequeña; las hay, sin embargo, entre ellas que viven en la latitudes muy diversas. No es posible trasladar aquí la lista de las especies que tienen un área media de dispersión; la lista sería interminable; citaremos los grupos botánicos en que tales especies abundan, por el orden de mas o menos: 1. Líquenes. 2. Algas. 3. Hongos. 4. Musgos. 5. Nayadáceas. 6. Juncáceas. 7. Fitolacáceas. 8. Papaveráceas. 9. Amarantáceas. 10. Convolvuláceas. 11. Salsoláceas. 12. Gramináceas. 13. Escrofulariáceas. 14. Labiadas. 15. Crucíferas. 16. Umbelíferas. 17. Dispsáceas. 18. Borragináceas. 19. Saxifragáceas. 20. Hepáticas. 21. Coníferas. 22. Panadanáceas. 23. Palmas. 24. Compuestas. 25. Malváceas. 26. Leguminosas. 27. Cariofiláceas. 28. Orquidáceas. 29. Rubiáceas. 30. Valerianáceas. 31. Asclepiadáceas. 32. Melastomáceas. 33. Cirtandráceas. 34. Butneriáceas. 35. Gesneráceas. 36. Cucurbitáceas. 37. Mirtáceas. 38. Epacridáceas ESPECIES DE PEQUEÑA ÁREA.- La generalidad de ellas ocupan territorios rodeados de barreras naturales; son propias la mayor parte de las islas que se hallan muy separadas de los continentes. Las islas de Santa Elena, Kerguelen, Tristán de Acuña, Juan Fernández, etc., tiene en su flora bien número de especies propias. Ya hemos citado antes el caso de la Cmapanula Vidalii. Hay también especies que viven tan solo en un punto continental determinado: tal sucede con la Digitalis Mariana en otro lugar indicada; la causa de este aislamiento no puede con facilidad decirse. Al contrario de lo que ocurre con las especies de área extensa, hay entre las de pequeña área muchas leñosas. Puede como por ejemplo citarse el que las plantas que pertenecen a géneros propios de la isla de Santa Elena son en número de once, y entre ellas hay nueve especies arbóraceas, un arbusto y otra especie leñosa y vivaz. Las especies de pequeña área cuta extensión es inferior a I/ 100.000 de la superficie terrestre, son en mucho mayor número que las de área tan extensa que pase de la mitad de la superficie continental. V FORMACIONES BOTÁNICAS Y FASES DE VEGETACIÓN. Extensiones hay en la tierra que ofrecen una fisonomía vegetal uniforme, ya por el predominio de la vegetación arbórea, ya por el dominio de arbustos y matas leñosas, ya por hallarse cubiertas de hierbas o por estar la vida vegetal pobremente representada. Estos aspectos distintos de la vegetación reciben el nombre de Formaciones botánicas. Dentro de cada formación hay facies distintas según la especie predominante; en los bosques que puede ser el pino, el abeto, el castaño, el roble, el haya, etc., la planta que domina; estos aspectos distintos de la formación botánica es lo que llamamos fases de vegetación. En la fisonomía que una formación botánica o una fase cualquiera presente influye de un modo especial la forma de la planta o plantas dominantes, la figura, magnitud y coloración de las hojas. Por esto es conveniente que antes de estudiar la vegetación clasifiquemos las especies por su fisonomía. CLASIFICACIÓN FISONÓMICA DE LAS PLANTAS.- La siguiente se debe a Humboldt, pero ha sido muy corregida y aumentada por Grisebach, quien acepta tres veces mas formas que el fundador de la clasificación. Realmente podrían adaptarse aun muchas más, sobre todo en los arbustos o matas. I. Plantas leñosas. A. Tronco sencillo, sin corona ramificada, con una roseta foliar en el ápice. 1. Palmeras. Árboles con hojas divididas una sola vez. 2. Helechos arborescentes. Árboles con hojas multidivididas. 3. Forma de bananero. Árboles con hojas indivisas, anchas, y con nerviaciones paralelas. 4. Forma de Clavija. Árboles con hojas indivisas, anchas. Nerviaciones reticuladas. 5. Forma de Pandanus. Árboles con hojas indivisas, estrechas, de forma de caña (Liliáceas arborescentes). 6. Frma de Xanthorrhoea. Árboles con hojas indivisas, estrechas, poco jugosas, graminifromes. B. Tronco sencillo, sin coronas distintas, con penachos laterales de hojas. 7. forma de bambú. Árboles con hojas graminiformes en ramos cortos que nacen sobre los nudos del tronco C. corona foliar ramificada. 8. árboles con hojas aciculares. Árboles de follaje rígido, siempre verde indiviso; hojas aciculares. 9. forma del laurel. Árboles de follaje rígido, siempre verde, indiviso; hojas anchas de un verde lustroso. 10. forma de olivo. Árboles de follaje rígido, siempre verde, indiviso; hojas estrechas. 11. forma de Eucalyptus. Árboles de follaje rígido, siempre verde, indiviso; hojas anchas, de un verde azulado. 12. Forma de sicomoro. Árboles de follaje rígido, caduco, indiviso. 13. forma de haya. Árboles de follaje flexible, caduco, indiviso, hojas anchas. 14. forma de sauce. Árboles y arbustos de follaje flexible, caduco, indiviso. Hojas estrechas. 15. Formas de tilo y de las bombáceas. Árboles de hojas redondeadas o peninervias. 16. Forma del fresno y del tamarindo. Árboles con hojas pennadas una sola vez 17.forma de las mimosas. Árboles y arbustos de hojas pennadas una sola vez. Tronco con coronas reunidas la una a la otra. 18. forma de Banyano. Árboles sostenidos por raíces aéreas que parten de las coronas. 19. forma de Mangifera. Árboles que se apoyan sobre individuos nuevos que nacen en las coronas. E. arbustos (vegetales leñosos que se ramifican desde la superficie del suelo.) 20. forma de brezo. Follaje rígido, siempre verde; hojas aciculares. ( se puede distinguir una forma de tronco torcido) 21. forma de mirlo. Follaje rígido, siempre verde; hojas menores de 2 centímetros, verdes, lustrosas. 22. forma de adelfa, follaje rígido, siempre verde; hojas mayores de 2 centímetros, verdes, lustrosas. 23. forma de proteáceas. Follaje rígido, siempre verde; hojas mates, de color verde azulado. 24. forma de sodada. Follaje rígido, caduco. 25. forma de Rhamus. Follaje flexible, caduco. 26. arbustos espinosos. Follaje cuyo desenvolvimiento se ha interrumpido por la formación de espinas. F. sin follaje o muy pocos manifiesto. 27. forma de Casuarina. Árboles sin follaje; corona compuesta de ramas desnudas. 28. formas de ciprés y Tamarix. Árboles o arbustos con hojas de muy pequeñas dimensiones. 29. forma de Spartium. Arbustos afilos. G. vegetales leñosos sin tronco ni ramificaciones. 30. forma de palmito. Roseta foliar compuesta de hojas divididas insertas sobre troncos imperceptibles (forma de cicadáceas). II. plantas crasas. 31. forma de quenopodiáceas. Arbustos y hierbas de hojas crcasas. 32. forma de agave. Roseta foliar crasa; sin tronco. 33. forma de Captus. Plantas afilas. III. plantas tepradoras. 34. forma de liana. Vegetales leñosos, trepadores, de hojas retinervias. 35. forma de plmera-liana. Vegetales leñosos, trepadores con hojas de palmera. 36. forma de convolvuláceas y de cucurbitáceas. Vegetales trepadores sin tronco leñoso. IV. epifitas. 37. forma de Loranthus. Arbustos parásitos. 38. forma de orquídeas aéreas. Sin órganos ocultos en el suelo o en la planta madre. V. hierbas. A. tallo con hojas 39. hierbas vivaces y casi leñosas. Hierbas que se convierten en vivaces gracias a la raiz, a cuyo tallo se significa en su extremidad inferior. 40. forma de Gnaphalum. Hierbas revestidas de un tomento algodonoso. 41. forma de siempreviva. Hierbas cuyas flores se desecan muy lentamente. B. tallo desnudo ( o con hojas en dos series): roseta foliar radial. 42. vegetales bulbosas. Perennes gracias a bultos subterráneos o a tuberculos. 43. forma de escitamináceas. Follaje en roseta o formando dos series; hojas indivisas, anchas, con nerviaciones paralelas. 44. forma de aroidáceas. Roseta foliar compuesta de hojas agitadas, cordiformes o divididas, pecioladas. 45. forma de Bromelia. Roseta foliar compuesta de hojas de forma de caña. C. roseta foliar acaule. 46. helechos. Hojas con nervios que terminan libremente en el tejido. VI. glumáceas. 47. gramíneas de prados. Césped de hojas flexibles. 48. gramíneas de estepas. Césped de hojas rígidas. 49. gramíneas de pampas. Césped de gran altura. 50. gramíneas anuales. Sin ramificación capaz de formar un césped 51. forma de ciperáceas. Tallos sin nudos. 52. forma de caña. Tallo con nudos, elevado, con hojas separadas. VII. plantas celulares. 53. forma de musgo frondoso. Con hojas verdes. 54. forma de liquen terrestre. Plantas celulares no verdes y afilas. DIVERSAS FORMACIONES BOTÁNICAS.- Pueden reducirse a las siguientes: Bosques, monts bajos o matorrales, prados, estepas, pampas, desiertos y llanuras pantanosas. Como no se ha llegado realmente a clasificar las formaciones vegetales, se describen con nombres diversos de carácter local aspectos de la vegetación que son idénticos y que se deben a las mismas causas climatólogicas. Intentaremos nosotros hacer una clasificación lo mas completa y lo mas exacta posible, definiendo, en términos concretos, cada una de las formaciones admitidas. Predominio de árboles. . . Bosques. Predominios de arbustos o grandes matas leñosas. . . Matorrales. . estepas.- Sequedad atmosférica; platas leñosas raquíticas o Predominio de plantas herbáceas de hojas rígidas. herbáceas o leñosas de poca talla pampas.- Llanuras con alternativas de sequedad y humedad; plantas herbáceas de gran altura. desiertos.- Extraordinaria sequedad. Vegetación casi nula. Prados.- Planicies húmedas; plantas herbáceas de hojas flexibles y pequeña altura. Llanuras pantanosas.- llanuras escarchadas; vegetación abundante de ciperáceas, ranúnculos, alismas, etc. En todos los continentes pueden hallarse formaciones vegetales de los grupos señalados, pero, como en cada región la flora varía, las formaciones ofrecen aspecto diferente, facies distinta, y por esto han recibido nombres especiales. Ningún idioma mas rico que el nuestro par representar las fases distintas de la vegetación lo mismo leñosa que herbáceas; tendremos ocasión de usar nombres varios cuyo significado es vulgar. BOSQUES.- Para que los bosques cubran la superficie del suelo es precioso que haya en este y en el clima condiciones favorables a la vida de un árbol. Donde estas condiciones faltan, se halla el límite de la vegetación arbórea. Grisebach, al describir la vegetación del dominio forestal del continente antiguo, fija las condiciones climatéricas de la vida de un árbol. La primera es una duración determinada del período vegetativo que, según cálculo de Middendorff en sus estudios sobre la vegetación de Siberia, no puede ser inferior a tres meses para los vegetales de tronco elevado. La condición segunda es una temperatura estivaal determinada que no se halla ni en la zona ártica ni en la región alpina; por eso no existen árboles elevados en tales puntos. Es necesario combinar estas dos condiciones, porque la suma de calor que un árbol necesita no depende solos de la temperatura media estival, sino del tiempo que dura la buena estación. Además de la temperatura, es condición indispensable para la vida arbórea el que no falte humedad en el suelo durante todo el período vegetativo; la cantidad de agua que los árboles necesitan es muy grande, y las lluvias han de ser muy frecuentes y abundantes para que la vegetación arbórea se de; es preciso que en los intervalos entre los períodos de lluvia haya en el suelo mucha humedad. Respecto a la naturaleza geológica del terreno, ya hemos dicho lugar oportuno que influye poca cosa en los bosques, puesto que estos se encuentran en toda clase de formaciones. La fisionomía de un bosque es distinta en los climas continentales que en lso climas marítimos. Según consigna Grisebach, entre todos los árboles forestales de que depende la fisonomía del país, el haya ( Fagus) es la expresión mas perfecta de la influencia del clima marítimo en Europa. Los grandes bosques, asociación de vegetales varios, que cubren dilatadas extensiones continentales y son poco menos que impenetrables para el hombre, reciben el nombre de selvas. ¿ Quién no ha leído descripciones pintorescas de las selvas vírgenes de América, de la India o de la región tropical del África? Son bosques de rica flora que brotaron en tiempos muy lejanos a favor de excepcionales condiciones de calor y humedad. Los pequeños bosques que parecen islotes en una llanura cubierta de vegetación raquítica o de matorral, restos generalmente de antiguas selvas que la mano del hombre ha destruido, reciben en nuestro país el nombre de rodales. La obra de destrucción de los bosques se ejecuta en todas las Regiones del Globo, a pesar de las leyes forestales y de los cuidados que en las naciones cultas se tienen. Hace un siglo los bosques del Canadá eran selvas impracticables; hoy se han aclarado extraordinariamente. Según consigna Tchihatchef, desde tiempos históricos se opera en Asia menor la tala de la vegetación forestal. De las islas Oceánicas se pueden consignar iguales datos, lo mismo que de las selvas americanas y de los puntos todos en que ha penetrado el influjo de los pueblos europeos. No hay autor que no sea lamente de esto, que no llame la atención pública respecto a tan importante cuestión. ¿Qué serían nuestras montañas sin bosques? Exclama el doctor Christ en sus Orígenes de la flora suiza, después de consignar que van desapareciendo las formaciones de hayas y castaños y que solo conservan en los Alpes su primitivo territorio los bosques de abetos. << Son ellos, dice, los que dan al paisaje de nuestros Alpes su aspecto particular, ellos son todavía nuestra principal riqueza bajo el punto de vista económico. Aparte las masas de nueves eternas y los glaciares, de donde parten innumerables hilos de agua, son los bosques quienes conservan la humedad en las montañas y con ella la vida. A la extremidad Sudoeste de la cordillera alpina, en el departamento francés de los Altos Alpes, se puede ver cuán lúgubre y aun horrible es el espectáculo de las altas cimas desprovistas de su manto de bosques.>> Para describir las diferentes fases que los bosques ofrecen en los distintos países, habría que ir analizando las formas que presentan los árboles que por su dominio imprimen aspecto especial a la vegetación. Facies distintas son: los bosques de palmeras, los de helechos arborescentes, los de cedros, abetos y coníferas análogas; los de pinos y coníferas de hojas aciculares; los de secuoias, los de boabales, los de liliáceas arborescentes, los de eucalyptus, hayas, plátanos, etc., etc. En la imposibilidad de describir todas las fases que la vegetación forestal ofrece, haremos algunas indicaciones acerca de las que se pueden estudiar en el dominio forestal del viejo continente. Tomaremos los datos especialmente de los que dice Grisebach en su clásico libro ( la vegetación du Globe). BOSQUES DE HAYA (fagus).- Característicos, según hemos dicho, del clima marítimo. El haya es un árbol que describe el Sr. Laguna (Flora forestal española) próximamente en los siguientes términos: El tronco, algo tortuoso en los primeros años, adquiere después notable esbeltez, presentándose derecho, lleno, limpio, ramificado a grande altura y formando sus ramas una capa aovada o arredondeada con abundante follaje; aun en los árboles aislados se ven los trocos de esta especie bastante limpios de ramas. La corteza, verdosa y lustrosa al principio, se vuelve después agrisada o blanquecina, pero es siempre bastante lisa, permaneciendo, aun en los árboles viejos, sin resquebrajarse apenas, y notablemente delgada en proporción al grueso del tronco. Madera blanca cuando recién cortada, después con tinte rojizo, principalmente en el leño, pesada, bastante resistente, no muy elástica de fácil raja. Hojas alternas, caedizas, con pecilo corto y pubescente, extendidas u horizontales y bastante aproximadas unas a otras, y hasta sobreponiéndose a veces, al extremo de las ramillas, lo cual contribuye en gran manera a la mucha sombra que este árbol da; son ovales o elípticas, con la margen ondeada y vestida de pestañas largas, blancas y sedosas, que suelen desaparecer en las hojas adultas; tienen color verde claro al desarrollarse, después bastante intenso y algo obscuro y lustroso en el haz y mas pálido en el envés; pubescentes en los nervios laterales, que son prominentes y bien marcados en la cara inferior y casi paralelos entre sí, pero lampiñas en los demás. El área del haya es bastante extensa: abarca desde la parte central y oriental de España y desde Sicilia hasta Suecia y Noruega; falta en la parte NE. (Rusia septentrional); desde Escocia cruza Europa de NO a SE (Besarabia, Crimea, Cáucaso), entrando en el Asia Menor y llegando hasta Persia y aun hasta el Japón según Wilford. La línea de vegetación NO. Del haya comienza en la parte mas meridional de Noruega (59º L. N), toca en la costa O. Sueca de Gotemburgo, se extiende sobre la costa tan solo hasta Kalmar (51º) y corta el continente casi en línea recta desde Frischen Haff, cerca de Konigsberg, hasta la Podolia, pasando por Polonia, y de allí hasta el otro lado de las estepas, reapareciendo en Crimea Y en el Cáucaso. En la Rusia europea, los bosques de hayas solo se encuentran en algunas de las provincias occidentales fronterizas. En la dirección N E, el frío del invierno aumenta y el período de la vegetación está muy reducido. Según Sendtner, tiene el haya necesidad de un período vegetativo de siete a ocho meneses, con una temperatura superior a cero grados R.: y según Grisebach, necesita a lo menos cinco meses de una temperatura media superior a 8 centígrados. Todos los naturalistas se hallan conformes en que exige gran humedad. Wahlenberg resume en estas palabras la posición que ocupa el haya por la climatología: <> Entre las plantas que acompañan al haya en los bosques suizos cita Christ las siguientes: el carpe ( Carpinus betulus), árbl de prequeña talla que se extiende por la parte central y oriental de Europa y alguna parte del Asia; el acirón (Acer plantanoides), que solo se encuentra en las zonas infeirores, nunca a mas de mil metros; en un árbol elegante, cuyas hojas toman en otoño hermoso color amarillento; se extiende dede las regiones mediterráneas hasta el Mediodía de Suecía. El acebo (Ilex aquifolium), arbusto de hermoso aspecto por el color verde magnífico de sus hojas realazado en el período de floración por sus ramas de flores blancas y después por sus frutos de color rojo coraluno; pertenece esta especie a un género que tiene especies tropicales, y su presencia en Europa es un fenómeno singular; está relacionada su distribución con la del haya y la del abeto falso (Abies pectinata). La Staphylea pinnata, arbusto que llega a la altura de un hombre, y que se encuentra en Suiza, Rusia del Sur, Alemania hasta la parte S. del gran ducado de Baden, Alsacia y Cuenca del Danubio hasta la Alta Baviera. De especies herbáceas compañeras del haya cita el mismo autor: Tamus communis, Asperula taurina, Sedum hispanicum, Carex pilosa, C. polyrhiza, Melica uniflora, Campanula cervicaria, C. persicifolia, Orobus niger, Scilla bifolia y Crepis praemorsa. BOSQUE DE ROBLE (quercus pedunculata).- Es este el árbol característico de los bosques de follaje en la Europa central. Bien conocidos son el aspecto y la fortaleza del roble. Tiene tronco derecho y limpio que alcanza hasta 15 o 20 metros. La corteza es lisa y lustrosa, verde o parda-rojiza en las ramas tiernas, agrisada o blanquecina en los troncos jóvenes; empieza a resquebrajarse a los s20 o 25 años y se presenta por fin profundamente asurcada a lo largo, y de un color pardo sucio en los árboles viejos. Las hojas son trasovadas, con peciolo muy corto, de color verde intenso, lobuladas, de 8 a 12 centímetros de largo por 3 a 5 de ancho. Se extiende el roble por casi toda Europa y gran parte del Asia Menor, formando a veces extensos bosques. En Europa se extiende: el Sur a Norte, desde Sicilia y Grecia hasta Suecia y Noruega (63º L. N) y de Oeste a Este, desde el Norte de Portugal y desde Escocia hasta los Urales. Grandes robledales se encuentran en la cuenca del Danubio (Hungría, Principados danubianos, etc), en Alemania (Silesia, Baviera, Hanóver) y en Francia (Normandía y Bretaña). En Suiza no existen grandes bosques de roble, pero no deja de ser abundante este árbol en rodales de mayor o menor importancia. Según Laguna, prefiere este árbol para su desarrollo, ateniendo a toda su extensa área, la parte baja y llana, o casi llana, de las cuencas de los grandes ríos, las colinas, los valles anchos y frescos, huyendo lo mismo de la parte elevada y escabrosa de las montañas y de sus valles angostos y fríos, que de los grandes llanos esteparios y secos; vegeta bien en la orilla del mar, y sube hasta 800 a 1000 metros de altura, rara vez mas: en este caso pierde bastante en sus dimensiones y en la calidad de sus productos. Los suelos arenosos- arcillosos medianamente compactos, formados principalmente por la descomposición de rocas graníticas, areniscas, pórfidos y pizarras, son los que presentan mayores y mejores robles, siendo estos de menos valía en calizas. Sufre bastante esta especie la humedad del suelo, pero no tanta que lo convierta en encharcado o pantanoso; prefiere el terreno suelto y profundo, por el gran desarrollo que requiere su sistema radical; en las montañas resiste mejor que el haya la exposición al Sur. Según Grisebach El roble exige una temperatura mas elevada que el haya. Cita Christ entre las plantas que acompañan al roble las siguientes: Rosa arvensis, Centaurea nigra, Carex brizoides, C, remota, C. ericetorum, Hieracium boreale, Luzula albida, Melampyrum cristatum, Hypericum pulchrum, Genista tinctoria, G. germanica, Orobus tuberosus, Senetio sylvaticus y Aria coespitosa. BOSQUES DE ÁRBOLES CON HOJAS ACICULARES.- A los bosques de robles sucede, en el Norte y en el Este, la falta de árboles con hojas aciculares, que lleba en la Rusia europea todo el resto del espacio hasta el límite forestal y se extiende al otro lado de los Urales atravesando toda la Siberia hasta el Amur y el litoral del ar de Ochotsk. Los árboles que predominan en este género de formaciones son principalmente los abetos y los pinos, ocupando segundo lugar los alerces y los abedules. Estudiando estas dos especies últimas se pueden fijar las condiciones climatológicas que los bosques de árboles con hojas aciculares exigen, ya que no sean fácilmente determinables por lo que se refiere a los abetos y pinos. En general pueden fijarse con solo observar en los Alpes que la región forestal superior está formada por las coníferas y la inferior por los árboles de follaje abundante. El abeto que forma los grandes bosques del centro y del Norte de Europa es el Abies excelsa. Cubre inmensas superficies en el centro y parte septentrional de Rusia a partir de la vertiente europea de los Urales y avanza en Noruega hasta el cabo Kunnen (67º L. N). Los últimos grandes bosques que forma en llanuras son los de Estonia y Curlandia; mas al Sur, ya no es árbol de llanura, lo es de montaña; su límite meridional le forman las vertientes S. de los Alpes; en las penínsulas meridionales de Europa no se encuentra. El abeto es un hermoso árbol que nos ha servido de tipo de estudio en la parte general de esta Botánica. Forma bosques agrestes de tonos vigorosos que contrastan con el verdor de los prados y la coloración de las rocas- En el Mediodía sustituye a este abeto la especie que en nuestro país recibe especialmente aquel nombre, que es el Abies pectinata. No se encuentra este más al Norte de los Pirineos, Auvernia y las Montañas meridionales de Alemania; es revancha se extiende no solo pro las cordilleras de los Alpes y de los Carpatos, sino a lo largo de los Apeninos, por las montañas de Sicilia, islas Jónicas y Peloponeso. En España, las localidades mas meridionales se encuentran en el Montseny, en Cataluña. Los pinos son frecuentes en la parte meridional de la región forestal del viejo continente. Se cuentan en todo el mundo 66 especies del género Pinus: de éstas se encuentran ocho en Europa (sylvestris, montana, halepensis, laricio, pyrenaica, pinaster, pinea y cembra), pero hay una sola exclusiva europea (P. Montana). En África solo se encuentran tres especies (pinea, halepensis y pinaster). Asia reúne 20 especies, 14 suyas exclusivamente que visten y adornan las montañas del Himalaya, China y Japón. América del N. es la tierra de los pinares; llegan a 42 especies y algunas cubren vastísimos territorios. En Europa, el pinus sylvestris es el que merece el primer puesto por su extensa área; vive por todas partes, si bien forma sus mayores bosques en la mitad septentrional; no escasea en la mitad meridional, pero compiten con el en importancia los P. laricio y P. Pinaster. Siguen a estos en importancia los P. halepensis y P. monyana y P. cembra en las altas montañas y en el Nordeste de Europa. El abedul (Betula alba) suele formar bosque acompañado a otras especies, salvo en algunos puntos, principalmente en Rusia, donde solo cubre extensas superficies. Es un árbol que acompaña en especial a las coníferas y cuyas condiciones de vida han sido bien estudiadas; sus límites septentrionales son los mismos próximamente que los de los árboles con hojas aciculares. Difiere de los que tienen amplio follaje como él en ue exige una cantidad menor de calor solar para comenzar su desenvolvimiento; es capaz de penetrar hasta el límite de las regiones polares. El alerce es un árbol que llega a tener gran importancia forestal; es característico de ciertas zonas de la cordillera de los Alpes. Al Dr. Christ pertenece la siguiente hermosa descripción, que creemos útil traducir: <> Cuando joven, el alerce de nuestras montañas tiene el tronco recto; llegando a una edad muy avanzada, algunas de sus ramas se desplegan o distienden y se encorvan, engrosando de un modo parecido a las ramas de la encina. El alerce llega a tener con frecuencia dimensiones colosales, de suerte que no es raro hallar alguno que mide mas de ochenta pies de elevación por seis de diámetro. En la Memoria sobre los bosques, dirigida al Consejo federal, se hace mención de un Larip, hallado en los Alpes del Vaudois, que, a la altura de nueve pies, medía ocho de diámetro sin que contara mas de doscientos setenta años de existennica. >> La corteza muestra por dentro un rojo carmín vivísimo; la madera de los pies suele ser de un rojo obscuro. Esta madera es de las mejores que conocemos, porque resiste lo mismo la influencia del agua que a la del aire. Sendtner ha hecho notar que si ofrece una textura tan consistente , no es porque está impregnada de resina como la madera de las raíces del pino, sino más bien por la distensión de las membranas celulares que al fin ocupan todos los espacios intermedios. En el Valais hemos tenido ocasión de ver chalets construidos con madera de alerce allá por el siglo XV; el sol ha ennegrecido la casa, pero el material es tan bueno y resistente como si fuera nuevo. >> El ruido que produce el viento al agitar las ramas del alerce es una especie de blando susurro agradable al oído; las verdes hojas del árbol le dan gracia, belleza, elegancia y lozanía. Así, en los parajes donde, como en Kipferwald (Alto Valais), aparece unido al abedul, comunica al conjunto tonos de luz tales, que cualquiera puede creerse transportado por milagro a los bosques de Siberia. >> Un paisaje alpino vestido de alerces ofrece, según fuere la estación del año, el contraste mas admirable que cabe imagina. Po estío, el árbol enguarnecido de follaje verde se parece en su aspecto general a los abetos de la montaña; pero en invierno y aun durante la primavera, cuando desaparece la nieve que cubría la tierra y el alerce sacude sus hojas, este árbol comunica al paisaje algo triste y monótono que el espectador no acierta a comprender. Entonces el valle, que poco antes parecía una inmensa esmeralda, se muestra desnudo y como desprovisto de vegetación, porque las ramas del alerce están de tal modo entrelazadas y su color es tan pálido y amarillento, que apenas si los árboles se distinguen sobre el suelo obscuro de los bosques. >> En el momento mismo que la vida renace en estos árboles, el bosque cambia de aspecto y decoración recobrando su misteriosa belleza. Los ramos, desecados en apariencia, se adornan con mil pequeños conos del color del rubí, que alternan con botones amarillos; cuando los conos son blancos como la nieve, puede decirse en verdad que el alerce es, por lo menos durante su floración, el árbol mas bello entre los de Suiza. >> En el momento mismo que la vida renace en estos árboles, el bosque cambia de aspecto y decoración recobrando su misteriosa belleza. Los ramos, desecados en apariencia, se adornan con mil pequeños conos del color del rubí, que alternan con botones amarillos; cuando los conos son blancos como la nieve, puede decirse en verdad que el alerce es, por lo menos durante su floración, el árbol mas bello entre los de Suiza. >> En el Bajo Valais, a corta distancia de Epenassey, el alerce vive junto al castaño común. ¡Qué contraste mas singular el que ofrece esta mezcla del árbol propio de las costas del mediterráneo con el árbol de las regiones siberianas! >>El alerce vive exclusivamente en las montañas del centro de Suiza; es un árbol que huye, por decirlo así, del Jura y de los bajos Alpes, por mas que se le halla en el Este, es decir, al lado del continente. Al salir de los Alpes occidentales, avanza en dirección al Valais, al Tesino y país de los Grisones, donde es muy común, aunque no se le encuentra solo sino en el Alto Valais; fuera de esta región forma bosques mezclado con el P. picea f. medixima y a menudo con el Pinus cembra. >> En el valle de Saas, a la salida de Hutegg, y en el de San Nicolás, desde Banda hasta el Zermatt, los bosques de alerce cubren las rápidas pendientes y descienden hasta el fondo del valle, donde aparece luego el abeto falso. La parte superior, cuyas pendientes reciben los rayos del sol, se halla exclusivamente reserva al alerce. >> Desde este punto, que puede ser considerado como su país propio, se dirige hacia los Alpes del VaUDOIS Y hacia la vertiente Norte de los Alpes berneses, pero recorriendo tan solo el fondo de los valles de la cadena principal, esto es, el Oherhasli por debajo de la Handeck, los altos valles de Gadmen, de Urbach y de Sefinen, el Gasternthal, la Gemmi, las líenas elevadas de los valles de Kander, de Simmen, Lauenene y la vertiente Norte de Sanetsch y de Oldenap. No existe en los valles inferiores ni en los bajos Alpes; tampoco se le halla en los cantones primitivos, salvo en el de Uri, donde podemos verle ocupando la parte superior del valle de Reuss (Wassen) o los vales de Maien y de Goeschenen. En cambio atraviesa el territorio de los Grisones n casi toda su extensión, llegando hasta el valle de Seetz y de allí al extremo mas septentrional de los Alpes, el Alpstein de Appenzell; en este punto alcanza su límite Norte sobre la vertiente oriental del Gaebris, a mil doscientos cincuenta metros de altura. >> Después gana el Este en el Vorarlberg, avanzando hacia el Norte hasta Gebhardtsberg, para trasladarse a los Alpes bárvaros y por el Tirol a los Alpes de Austria, donde ocupa una grande extensión de terreno, señaladamente en los Alpes del centro y sobre las vertientes meridionales. De allí pasa a los montes Carpatos, aunque sin alcanzar la Boukovine. Viene luego una gran laguna, ya que no aparece en la Baja Rusia, sino en el Nordeste bajo una forma nueva: la del P. larix f sibirica Ledebour. >> El límite occidental de esta forma recorre el mar Blanco desde Arkhangel y el Volga hasta el Mediodía del Ural; desde allí se distribuye este alerce hasta el mar de Ochotsk. Con el abedul y el pinno común constituye los bosques de Siberia, incluso los llanos y las cuncas de los ríos que bañan aquella región. >> Esta forma siberiana se distingue de la variedad alpina por su tronco mas recto y esbelto y pos sus escamas redondas mas convexas. >> Al igual que el alerce de los Alpes, la especie de Siberia degenera a veces en un arbusto raquítico; en su límite septentrional extremo a los 71º, en Boganida, ya no es sino una débil mata. Este es el árbol que mas se acerca a los mares del Polo ( 72º ½). >> Muchos creen que el alerce de Suiza evita los terrenos calcáreos Y busca el suelo primitivo. Nada de esto; en el Tirol y en Baviera crece lo mismo que sobre el calcáreo y aun se le halla en Kitzbuhl, por ejemplo, casi exclusivamente sobre esta formación. El alerce es el árbol por excelencia de nuestro clima son precisamente aquellas donde predomina la formación primitiva, esto no se debe sino a la casualidad. Gracias a la preferencia que siente por el clima continental, al alerce no avanza en los bajos Alpes sino hacia el Este; al Oeste se detiene en el Delfinado y no llega por tanto a los Pirineos. Es desconocido en Italia y España, lo mismo que en Suecia y Noruega, de donde se aleja para evitar las lluvias frecuentes en aquellos climas. >> Bien es verdad que en el Tesino menudean las fuertes lluvias, pero los ardientes rayos de sol contrarrestran en cierto modo aquella infuencia. Sea como sea, el árbol alcanza su mayor desarrollo en aquellas comarcas en que la cantidad anual de lluvia no excede de sesenta centímetros. >> El alerce tiene que luchar con el abeto falso (Abeis excelsa) y en esta lucha suele decidirse la victoria a favor de este último. Ya Kasthofer hizo notar que las heladas de mayo perjudican mas al alerce que el abeto y que este reproduce por vía natural con mayor facilidad. El abeto falso propende siempre a dominar en absoluto por si solo, y así vemos que atraviesa y divide los bosques de alerce. Kasthofer observó en varias localidades como los mas bellos alerces aparecían rodeados de una infinidad de abetos; en derredor de estos no se veía siquiera la menor huella de alerce, a pesar de que este árbol crece con mayor rapidez y soportar mejor que su rival los rigores del invierno. El alerce, cuyas ramas no proyectan sombra alguna, no puede tolerar por su parte la sombra de los árboles, de suerte que con la obscuridad de los bosques formados por el abeto desaparece en breve sin dejar rastro de su existencia. El citado naturalista ha notado también que los conos pendientes de las ramas del abeto falso contribuyen mejor a la dispersión de las semillas que los pequeños conos de alerce,; aquellos se desprenden del árbol y se desparraman a merced del viento, en tanto que estos se abren poco a la madurez y aun así permanecen adheridos. >> Aquí surge otra vez el admirable espectáculo de la evolución secular; la encina cede el paso al roble, el alerce al falso abeto. >> con todo, en la región alpina superior el alerce consigue algunas ventajas sobre el abeto. El período de la vegetación es allí tan breve, que no permite al mismo abeto su completo desarrollo, mientras que el alerce de hojas caducas vive perfectamente en aquel medio; estas hojas no aparecen sino después de derretida la nieve, y por el hecho de que en las regiones inferiores paga este árbol su tributo a las heladas tardías, queda probado que la nieve le protege contra estas cuando persiste por algún tiempo. >> En efecto, el alerce vive a menudo a mayor elevación sobre el nivel del mar (100 a 200 metros) que los abetos. El límite medio de los bosques alcanza a 1900 metros en el Valais y a 2100 en el Engadine. >> En el valle superior del Aar, donde los límites son por lo general muy bajos, se le halla en el glaciar de igual nombre a 1850 metros; a 2.170 metros, en el Grimsel, se ven sus raíces y conos; mas arriba del Zermatt he podido observarle a 2.300 metros; en los Grisones a 2.136; sobre los alpes de Remus a 2.323, y pr encima de Trafoi, sobre la veritnete oriental del Stelvio, a unos 2.400 metros. >> Solamente en el Delfinado alcanza el alerce una elevación parecida; a veces suele ascender mas, y los hermanos Schlagintweit han dicho que le hay a 2.502 metros. Preciso es convenir en que el límite de los árboles no alcanza a tamaña elevación en parte alguna de Europa. >> En Baviera, país mas frío que el nustro, el alerce asciende por término medio a 1.834 metros, y sobre el Tauren, cerca de Salzbourg, a 1.950. >> A los 61º, en el Ural, señala a 763 metros el límite de los árboles; en las cadenas del Altai, dond eel clima es mas templado, trepa hasta 1950. lo cual indica la naturaleza singular de este árol, que, como ya hemos dicho, busca un clima seco y un cielo sin nubes. >> En los Cárpatos no traspasa el límite de 1.495 metros. >> Por lo que toca al límite inferior del alerce, estre nosotros no le alcanza sino en la región de las montañas. >> Desde San Mauricio a Martigny (Valais) desciende al par del castaño y del nogal hasta el fondo de los valles, gracias a lo áspero y quebrado del terreno; de igual manera desciende en el valle de Seetz hasta 450 metros en la cuenca del Valais.>> BOSQUES DE CASTAÑOS ( castanea vulgaris Lám).- Árbol característico, según Grisebach, de la zona occidental del viejo mundo, mas exactamente, creemos nosotros, puede decirse que es propio de la zona mediterránea. Es hoy poco menos que imposible señalar los límites del área en que este árbol vive espontáneamente, pues en muchos puntos se ha introducido su cultivo; parece lo mas probable que su verdadera patria sea la parte de Europa y de Asia que rodea al Mediterráneo; sin embargo, algunos autores le indican como espontáneo en el Jaoón, en China y aun en América del Norte; es escaso en el Norte de África. Actualmente, espontáne o no, se halla el castaño formando extensos bosques en Portugal, España, Francia, Italia, Tirol, Estiria, Hungría, Croacia y Dalmacia. Se cree por algunos que el castaño huye de los terrenos calizos; no es así, en España vegeta bien en montañas calizas; parece sin embargo que prefiere los terrenos arenosos y sueltos formados por la descomposición de las rocas graníticas o por las areniscas de antiguas formaciones. He aquí los términos en que Christ describe este árbol tan notable como útil: << Es el castaño el mas bello de nuestros árboles frondosos y es suficiente su presencia para que nos creamos transportados a la región privilegiada de las montañas insubrianas. Quien no haya visto el castaño en la región de los valles alpinos meridionales. No tiene ni idea de la exuberancia y de la majestad que este árbol puede tener. No tiene el poderoso tronco y las pintorescas ramas del roble de Alemania, tan justamente célebre, pero supera en mucho a este en cuanto a la magnificencia y la riqueza del follaje. >> El castaño es fácil de dibujar y pintar; su tronco tiene algo de fiero y de vigoroso, sus ramas son mas ascendentes que horizontales como las del roble. La corteza, de un color pardo obscuro, está Recorrida por pequeñas señales longitudinales regulares, semejantes a los surcos que trazan en la madera ciertos insectos nocivos. >> Mientras el nogal revela en todas sus partes, en las formas del tronco, en su ramaje, en los tonos de su corteza y de su follaje, algo débil y delicado, una sávia mas dulce, el castaño no pierde jamás su carácter de árbol forestal, salvaje y primitivo. Su hoja, la mayor de las de nuestros árboles, está fuertemente dentada y tiene algo de coriácea que recuerda los árboles siempre verdes de la zona mediterránea, y sin embargo, no hay verdura que sea mas sabrosa y rica. Cuando el sol le hiere, produce matices de oro y de esmeralda. A la belleza de su follaje viene a agregarse la de sus ramos de flores. Tan delicados como los de la Spiroea Aruncus, comunican al bosque algo de etéreo y de mágico: la sombra del castaño es profunda y misteriosa. Las hojas secas de este árbol tienen por lo menos la consistencia de las del haya; a pesar de la capa que forman en el suelo al caer, el bosque conserva el verdor que la proporcionan las gramíneas y otras plantas herbáceas. Las tintas azuladas y obscuras contrastan de un modo notable con los reflejos dorados de las grandes masas verdes.>> Acompañan al castaño bien número de especies herbáceas; la flora de los castañares es rica. Cita Christ las siguientes plantas que acompañan en los valles suizos del árbol mencionado: Dianthus Seguierii. D. monspessulanus, D. deltoides, Veronica Spicata, Jasione montana, Galium rubrum, G. pedemontanum, G. loevigatum, Asperula taurina, Laserpitium latifolium, Lycopodium Chamoecyparissus, Danthonia provinvialis, Centaurea rhetica, Sempervivum arachnoideum, Saxifraga Cotyledon, Bupleurum stellatum, Erysimum helveticum, Dianthus Vaginatus, Phyteuma Scheuchzero, Silene rupestris, etc., etc. MATORRALES.- Son las formaciones botánicas de plantas leñosas bastante levadas, pero no alcanzan la categoría de árboles (arbustos y grandes matas). Los matorrales o montes bajos proceden de la desaparición del arbolado, en la generalidad de los casos; son una consecuencia de la tala de los bosques. Cuando la humedad atmosférica disminuye y la vegetación arbórea se hace imposible, quedan cubriendo el suelo los arbustos y las matas, que a veces aseguran su dominio, Sobre todo en los terrenos sueltos, extendiendo sus raíces o formando gruesas cepas subterráneas. Es mucho mas considerable el número de plantas de este porte que el de árboles, y por lo tanto caben en el matorral fases de vegetación mucho mas variadas. Además muchos géneros que tienen especies arbóreas comprenden también otras cuyos individuos no llegan a la categoría de árboles, y aun hay bastantes de estos que quedan convertidos en arbustos: el laurel en la región mediterránea no pasa de arbusto en muchos casos; lo mismo sucede con el acebuche (olivo silvestre), con algunos Quercus, etc. Para el lector forme idea de la variedad de los matorrales pueden ofrecer, citaremos a continuación los principales arbustos y matas que cubren en la región mediterránea extensiones considerables de territorio. Como casi todas las fases se encuentran en la Península Ibérica y de ella hemos de ocuparnos en la parte especial de la Geografía botánica, excusamos entrar ahora en descripciones extensas. Coscojo y chaparro. Son dos especies del género Quercus: el Q. Coccifera y el Q. ilex poco desarrollado. Pertenecen a una forma que difiere mucho de la del roble, puesto que las hojas son de color verde lustroso y forma aovada u oblonga, estando onduladas en los bordes que se hallan armados de puntas. El coscojo ocupa toda la región mediterránea, siendo mas abundante en la mitad occidental (Portugal, España, Marruecos, etc.) que en la oriental (Grecia, Turquía, Asia Menor). Hacia el N. no pasa de Istria y por el S. se extiende hasta Siria. El chaparro pertenece a una especie de ordinario arbórea (la encina) que en algunos puntos ( en especial en Istria y Dalmacia, límite septentrional de la especie) no crece apenas. Avellano. Forma rodales muy frondosos por las hojas anchas que el arbusto tiene; en algunos parajes es verdadero árbol. Se halla en toda Europa, exceptuando el extremo septentrional, desde Andalucía y Sicilia hasta Suecia y Noruega, y desde el Cáucaso a Escocia. Se indica también en Asia Menor y en el Norte de África. Acebuche. Es el olivo silvestre; en España forma matorrales en algunos puntos; se encuentra en todos los países en que el olivo se cultiva, pero en muchos puntos es asilvestrado, no silvestre. Es en la zona mediterránea el único representante de la que se llama forma del olivo en la clasificación fisionómica. Por el largo período de su vegetación se considera como planta del Mediodía, pues exige inviernos cortos y dulces. Madroñera. El Arbutus unedo, planta que pertenece a la forma de adelfa y que también es frecuente en la zona mediterránea. Constituye matorrales en los países costeros de esta zona mediterránea. Constituye matorrales en los países costeros de esta zona, en África, en Asia y en Europa. Se encuentra también en Canarias, en Portugal y en Irlanda. Es uno de los arbustos de follaje mas vistoso. En España, en algunas localidades, es un árbol de bastante elevación. Jaras. Especies del género Cistus que cubren en diversas regiones de la cuenca del Mediterráneo grandes extensiones del suelo. Los matorrales de jaras mas notables de Europa son los de la llanura comprendida entre los montes inmediatos a Tetuán y el mar, dominan las jaras, ofrecienco el paisaje un hermoso aspecto cuando se cubren de sus grandes flores blancas. La especie dominante suele ser el Cistus ladaniferus, al que acompañan o sustituyen el C. monspeliensis, el C. salviaefolius, el C. populifolius y el C. laurifolius. Adelfa (Nerium oleander). Forma pequeños matorrales, mezcladas a los sauces, Tamarix y otros arbustos análogos, en las márgenes de los arroyos, en las ramblas, etc. Es un hermoso arbusto que adquiere a veces la categoría de árbol, que da tono al paisaje y le hermosea en el perídoo de la floración con las grandes flores rojas o balncas de que se llenan sus ramas. Ens planta muy meridional. Mirto o Arrayán; arbusto de 1 a 3 metros de altura, aromático, cuyo follaje rígido, siempre verde, con hojas estrechas, lustrosas, sirve de tipo fisionómico. Vive en toda la Europa mediterránea, en el Norte de África y en la isla de Madera. Forma pequeños matorrales solo, pero mas frecuentemente vive en los bosques y acompañando a otros arbustos en monte bajo. Plantas trepadoras. En los países mediterráneos, mas aún en los matorrales que en los bosques, abundan plantas trepadoras que aumentan el espesor y la hermosura de la formación. Citaremos Entre ellas: las madreselvas (Lonicera), tan frecuentes en Andalucía y Norte de África; los Clematis, cuyos grupos de frutos semejan pelucas; las Vinca, que a veces se rastrean por el suelo entre las matas; las zarzas (Rubus9, que con sus aguijones detienen el paso de los animales, y son mas abundantes en los lugares húmedos; la hiedra (hedera), que en los matorrales de lugares abruptos abunda; los Smilax de elegantes hojas coriáceas; el Jazmín amarillo (Jasminum fruticans), que algunas veces es trepador; la dulcamara, que busca los lugares húmedos y frescos; y algunas otras especoes, como la vid que crece espontáneamente en muchos puntos, ciertos rosales, etc. Lentisco. Terebitácea, llamada científicamente Pistacia Lentiscus; mata arbusto de hojas lustrosas, compuestas, con foliolos coriáceos; que alcanza de 1 a 3 metros y forma matorral tupido en muchas localidades de Europa, Asia y África mediterráneas. Phyllyrea. Son tres las espcies de este género que se encuentran en la región a que nos referimos: P. latifolia, P. angustifolia, P. media; hay además formas numerosas intermedias. Son arbustps o arbolillos que tienen las hojas del tipo de las del olivo, pero variables en longitud y en anchura; son persistentes, opuestas y generalmente enteras. Con el lentisco forman las Phillyrea con mucha frecuencia matorral y a veces solas rodales de pequeña extensión. Boj. El Buxus sempervirens es notable por la dureza de su madera y por el lustre de sus hojas enteras, aovado- elípticas. Imprime fisonomía muy propia a los matorrales en que abunda y se encuentra en la Europa central y austral, en el N. de África y en Asia hasta el Himalaya. En el Mediodía de España y en Marruecos y Argelia le hemos visto en el fondo de los barrancos o en las regiones montana y subalpina. Brezos. Después de las jaras, son las Erica las mayas que cubren mayores extensiónes en determinados puntos del Mediterráneo (España, Portugal, Marruecos). Son plantas de hoja acicular muy caediza y de flores que persisten mucho tiempo. Es curiosa la distribución de estas plantas: hay 400 especies, la mayor de las cuales vive en la región del Cabo de Buena Esperanza; unas pocas llegan hasta el norte de Europa (Noruega) y un Mayor número habitan en la región mediterránea, la mayor parte en la península ibérica. La especie que mas al Norte llega es la E. cinerea; débese esto, según Grisebach, a la influencia del GulfStream. Las especies de mayor talla son la E, arborea y la E. lusitanica. La primera llega hasta Canarias y Madera. Forma matorrales muy espesos, verdaderos bosquecillos, dilatados de una fase especial, sobre todo cuando están vestidos de flores, el Dr. Christ ciya un brezo arbóreo de Canarias que medía 20 metros de altura y el tronco en su base un metro de circunferencia. Nosotros los hemos visto extraordinariamente desenvueltos en Marruecos, en la vertiente mediterránea del pequeño Atlas, tan altos que nos ocultaban yendo por entre ellos a caballo. En esta parte se hallaban asociados con el alcornoque o formando extenso y tupido matorral con el lentisco y las Phillyreas. Las especies del Norte de Europa son raquíticas; son matitas de escasa altura. La hemos recogido en diferentes puntos de Noruega, de Finlandia y de Rusia: en estos países nunca las Erica forman matorral; son plantas secundarias de los bosques o de los cerros pelados en el bosque ha desaparecido. Algo mas diremos acerca de los brezos al ocuparnos especialmente de la vegetación de nuestro país. Romero. Es el tipo del brezo, aunque las hojas son menos aciculares, en la región mediterránea comparte el dominio de los montes baos con las Erica, las jaras, el lentisco y los enebros (Juniperus de hojas aciculares). Del tipo del romero es también un Cistus, el C. Clusii, que en algunas localidades de España recibe por tal semejanza el nombre vulgar de Romerina, y acompaña al romero en los matorrales. Es el Romarinus officinalis planta muy conocida por la región a que nos referimos. Alcanza a veces considerable altura 84 o 5 metros), pero de ordinario no pasa de 1 a 2 . los montes bajos, cuando desaparecen los pinos principalmente, se cubren de tupido matorral de romeros, agradable a la vista por el verdor de las hojas y su persistencia todo el año, y agradable también al olfato por el suave aroma que desprende. Es planta que en la región meridional florece casi todo el año. Otros arbustos. Realmente basta con lo descrito para formar idea de la riqueza de formas que pueden tener los arbustos y matas; además hemos indicado los que son mas frecuentes en la región mediterránea que nos interesa especialmente conocer. El letor puede formarse clara idea de las fases distintas que la formación de matorral alcanza. Para completar el juicio agréguense en la región mediterránea: la fase del monte bajo en que dominan los arbustos afilos como las retamas, las Ephedra, el Spartium junceum, la Coronilla juncea; la fase de leguminosas del tipo Sarothamnus; la fase que imprime al matorral los enebros, las sabinas (Juniperus con hojas en forma de escamas); en el Norte de África los Callitris quadrivalvis, que hemos visto fomando bosquecillos en las vertientes litorales del Atlas, en Marruecos y Argelia; los matorrales de plantas espinosas (Genistas, Ulex, etc.); las curiosas formaciones del palmito (Chamaerops humilis), que cubre extensos campos en Andalucía, en Italia y N. de África, excluyendo a los demás arbustos para dominar como señor absoluto en la sladeras, colinas y llanuras secas y áridas, etc., etc. Agréguese a todo esto la riqueza de arbustos y matas que forman matorrales en América, en el África tropical y en el S de este continente, en la India, en Australia, en Filipinas, etc., y se podrá tener idea de las numerosas fases que de esta formación habían de describirse si se quisiera hacer un estudio completo. ESTEPAS.- En Europa y Asia existen llanuras de inmensas extensión, de terreno ondulado, con suave pendiente general hacia los mares del N y del SE., que aparecen desnudas e incultas, privadas de la vegetación arbórea y desprovistas de matorrales. Estas llanuras de abrumadora monotonía son las que reciben el nombre que sirve de epígrafe a este párrafo. Comienzan las estepas en la Valaquia y se extienden a través de las provincias rusas de Besarabia y Kerson; mas allá abarcan la región del Caspio y del lago Aral, hasta las fuentes del río Amur y el desierto de Gobi, al que los mogoles llaman la tierra de las hierbas. Entre el Danubio y el Don cubren el suelo altas plantas herbáceas, malváceas elevadas y centaureas que constituyen excelentes pastos para los grandes rebaños de carneros y de caballos que apacentan cosacos y tártaros; no se ve un solo árbol. La estepa es mas arenosa y completamente árida mas allá de mar de Azof, hacia las riberas de los grandes lagos salados. A los dos lados del mar Caspio el suelo es arenoso, arcilloso y salino: la evaporación de las aguas saladas deja el suelo cubierto de abundantes eflorescencias de sal. La monotonía de este desierto queda interrumpida por la majestuosa cadena del Cáucaso a cuyo pie viene a morir la estepa. << Las estepas de Khirgiz, dice el barón de Mayendorff, ofrecen un aspecto triste. Si nos figuramos muchos lagos salados y algunas planicies unidas, cuyo suelo formado de una arcilla blanda y azulada cede bajo el pie de los viajeros, todos los indicios de la diminución primero y desaparición de las aguas del mar, se tendrá una idea muy exacta de la naturaleza del terreno en esta región.>> Para juzgar de la extensión de estas llanuras esteparias apuntaremos el dato siguiente: solo la región plana del Caspio, que no pasa del nivel de este mar, es mas extensa que la superficie de Francia. La estepa ofrece fases diferentes: fórmasele en algunos puntos sobre el suelo arenoso y movedizo; tal sucede en las llanuras que recibe el nombre de landas. Otras veces es la llanura esteparia el resultado de acarreos fluviales o de índole análoga; este es el caso de los deltas del Nilo, del Ródano, del Po, del Ebro, etc., y al mismo tiempo pertenecen las llanuras de Holanda y las que el Volga atraviesa hacia el mar Caspio. Se cubre el suelo en determinadas regiones por altas hierbas que dan aspecto mas alegre al paisaje; tal acontece en las pusztas de Hungría. En vez de vegetales herbáceos abundantes y verdes, puede cubrirse el terreno de gramíneas rígidas del tipo del esparto, o de pequeñas plantas leñosas, raquíticas de aspecto, pobres en expansiones foliares (Artemisisas, Thymus, etc.): este es el tipo de la estepa propiamente dicha. Si el suelo esta cubierto de eflorescencias salinas o contiene sal común en buena proporción, aparecen las plantas halofitas y la formación recibe el nombre de salina. Si domina en el suelo el yeso, la estepa tiene aspecto diferente. Aun hay quien incluye entre las estepas las Tundras de Siberia septentrional, que durante el invierno se cubren de nieve y en el verano son secas y áridas permitiendo Muy escasa vegetación, y las llanuras de Siberia meridional, que al fundirse las nieves en junio y julio se cubren rápidamente, como por encanto, de vegetación herbácea. Por el suelo puede deducirse el origen de las llanuras esteparias; son en unos casos fondo de lagos salados; en otros antiguos fondos del mar; pueden ser depósitos lacustres de agua dulce, o puede proceder el raquitísmo en la vegetación de que desaparecieron grandes bosques que antes cubrían el suelo, a la humedad fue sucediendo la sequía, y al dominar esta, la vegetación se fue reduciendo hasta adquirir el aspecto estepario. Las estepas que proceden de lagos desecados o mares desaparecidos suelen formar llanuras suavemente onduladas; cuando tienen su origen en la desaparición de bosques o matorrales, son mas montuosas. El suelo de la estepa es arenoso, arcilloso o formado por marga, por conglomerados desechos, por areniscas, calizas toscas, yeso o tierras salinas. Las estepas de la región caspeana son el fondo del mar que en tiempos pasados curbía toda aquella cuenca y de que es resto el mismo Caspio. Las landas son territorios emergidos del mar o invadidos por las dunas. En Argelia y en España hay llanuras esteparias que se formaron por la desaparición de los lagos terciarios. En los mismos países existen zonas de vegetación raquítica que antes estuvieron cubiertas de bosques y matorrales. Las salinas se formaron por la evaporación de aguas que contenían abundante sal. Las estepas que hemos visto en Argelia se hallan situadas en la zona comprendida entre el gran macizo del Atlas ( la cadena sahárica) y la cordillera litoral ( el pequeño Atlas) lamida por las aguas del Mediterráneo. Son en un todo análogas a las llanuras esteparias españolas y en la descripción que de estas haremos pueden considerarse comprendidas. La estepa se forma por el influjo de estos elementos: clima seco, temperaturas extremas muy rigurosas, suelo estéril. En ninguna formación ejerce influencia el suelo de manera tan clara y tan absoluta como en las estepas. En los bosques y matorrales apenas si los cambios del terreno determinaban modificaciones Sensibles en la vegetación; en cambio en las estepas un suelo dado motiva una vegetación especial. La estepa arcillosa se cubre frecuentemente de grandes gramíneas, o de especies que tienen el tipo del esparto (Slipa, Lygeum, Machrocloa) y esta con frecuencia también cubierta de Artemisias del tipo de nuestra A. herba-alba de Asso; cuando el suelo es yesoso aparecen los Helianthenum squamatum, Linum suffruticossum, ciertas Gypsophila, etc.; basta la presencia de la sal para que se llene el terreno de plantas halofilas. El suelo ejerce tan señalado influjo, que el solo puede imponer la vegetación esteparia, según reconoce Grisebach al describir las pusztas húngaras, cuando afirma que, según parece, en estas el suelo es menos favorable a la vegetación de árboles que a la de las plantas esteparias, a pesar de la opinión contraria expuesta por Kerner. Es también dato esencia, esencialísimo, el de la sequedad atmosférica. A veces el suelo es rico y basta que el agua exista para que en medio de la estepa brote vegetación frondosa que forma como oasis en medio del desierto. Sin embargo, es oportuno consignar que precisa abunde el agua siempre para que los cultivos sean posibles en las estepas; siempre la sequía es una amenaza; díganlo sino las estepas españolas en que a favor de los riesgos se mantienen huertas riquísimas y en que la diminución del agua causa trastornos inmediatos en las plantas cultivadas. La sequedad puede ser debida al influjo de los vientos reinantes, o a estar rodeada la llanura de altas cumbres que detienen el vapor de agua. La cantidad de lluvia que cae al año es insignificante: los veranos son extraordinariamente ecos y las lluvias suelen ser torrenciales. Efecto de la sequedad y de la latitud a que las estepas se encuentran, las temperaturas mínima de invierno y máxima de verano son muy rigurosas; esta gran diferencia entre las temperaturas extremas del año, y aun entre la máxima y mínima de cada día, es nota bien característica de las llanuras esteparias. Al estudiar especialmente las estepas españolas tendremos ocasión de comprobar todos estos hechos, de reforzarlos con datos concretos y de agregar algo mas a lo que comprenden estos párrafos. Para dar fin a esta breve reseña, trazaremos a continuación el cuadro sintético de la formación esteparia. FORMACIÓN FASES Landa.- suelo arenoso movedizo. Plantas herbáceas verdes. Delta.- suelo de aluvión moderno. Vegetación variada. Puszta húngara.- terreno lacustre. Vegetación herbácea, elevada. ESTEPA estepa propiamente dicha.- terreno lacustre o marino. Vegetación de gramíneas rígidas como el esparto y pequeñas matas leñosas. Salina.- suelo cubierto de eflorescencia de sal. Vegetación de plantas halofitas. Yesar.- Suelo yesoso. Vegetación de plantas gipsofitas. Tundra.- Cubierta de nieve en invierno. Vegetación muy pobre. Otras estepas que reciben nombres especiales pueden incluirse en cualquiera de las fases indicadas; muchas veces los nombre son puramente locales. La flora de las estepas es a veces bastante rica, sobre todo cuando se encuentran en países meridionales y se formaron por la desaparición de bosques o matorrales. PAMPAS.-. Hay en África planicies de vegetación esteparia que ofrecen aspecto semejante a las europeas, pero las hay también que tienen fisonomía especial característica y merecen ser clasificadas como formaciones botánicas distintas. Las planicies del Illinois y de las tierras situadas al Oeste de los Estados Unidos tienen aspecto parecido al de la puszta húngara; se hallan formadas por el antiguo fondo del lago Michigan y con el incremento de la población norteamericana se transforman rápidamente en ricos centros de gran cultivo. Son formaciones características de la América del Sur las que reciben el nombre de pampas en la Plata y los llanos de Colombia, que son cosa análoga. Las pampas son planicies cerradas al Oeste y abiertas hacia el Este y el Sudeste. Se las suele considerar como antiguos golfos que el mar llenaría otra vez si tuviera poder para levantar sus olas unos centenares de metros. Las pampas argentinas ocupan una superficie de 1.300.00 kilómetros cuadrados, desde las cálidas regiones brasileñas hasta los glaciares de Patagonia. En unos puntos tiene el aspecto de los desiertos africanos; alternan las aguas saladas con una vegetación raquítica de plantas espinosas; el agua es muy escasa; la temperatura sufre variaciones extremas y los vientos huracanados desgastan el terreno. En otros puntos, el suelo se halla formado por una caliza rojiza; las lluvias son en ocasiones bastante abundantes y merced a ellas la llanura se transforma en un océano de verdura gracias a las gramíneas de alto tallo que vegetan. Al Oeste de Buenos Aires, las pampas se cubren durante la estación de las lluvias por cardos de hojas raídas y color verde obscuro, que tiene gran altura y froman una tupida vegetación que es serio obstáculo para el que pretende caminar entre ella; los calores del verano todo lo secan, y desaparecen bien pronto los bosquecillos de cardos. Los llanos de Colombia, como las mismas pampas argentinas, cambian de aspecto según sea el tiempo seco o húmedo. En períodos de humedad se recubren de gramíneas, ciperáceas, mimosas, etc.; se encharcan en algunos puntos; los animales herbívoros pastan tranquilamente formando grandes rebaños. Comienza el período de sequía; las hierbas desaparecen; los animales se van aglomerando en derredor de los lugares encharcados, y cuando estos desecan, mueren de hambre y sed, dejando inmensa cantidad de esqueletos blanqueando el suelo, aumentando la triteza del paisaje. Durante grandes sequías de 1827 a 1830, Buenos Aires perdió un millón de bestias; un solo propietario perdió un rebaño de 20.000 bueyes. Las pampas se inundan en algunos puntos; en cambio en otros las plantas se incendia, cuando la sequía es grande, por cualquier accidente, abarcando el fuego a veces muchas leguas. Las punas del Perú son llanuras de naturaleza análoga a las descritas. Las pampas impresiona extraordinariamente al viajero. Merecen ser copadas por su elocuente sencillez las palabras que les dedica Garibaldi en sus Memorias autobiográficas (I)
(I) traducción española de O de Buen, tomo I, pág 41. << El espectáculo que se ofreció a mi vista – dice- por primera vez cuando llegué sobre la cumbre de las barrancas es, en verdad, digno de mención. >> los inmensos y ondulados campos orientales presentan una naturaleza nueva para los europeos y muco mas para un italiano, acostumbrado a la vista de un país en que no se divisa una extensión de tierra sin casas o jardines, levantados por doquiera por la mano del hombre. >> Aquí no hay nada de esto: el criollo conserva la superficie del suelo como se la dejaron los indígenas destruidos por los españoles. los campos están cubiertos de hierba, y no varían mas que en las márgenes de los arroyos o de las cañadas vestidas de altas maciegas (I). los ríos y los arroyos tienen con frecuencia sus márgenes adornadas por bosques bellísimos y espesos formados por árboles de gran altura. >> ¡ Qué bellos son los caballos padres que viven en las pampas! En su boca no han sentido jamás el frío del freno, y el luciente lomo, nunca hollado por el fétido asiento del hombre, brilla, herido por el sol, como un diamante, su espléndida crin, nunca peinada, se agita a los lados violentamente, cuando soberbio recoge la esparcida yeguada o huye de la persecución del hombre avanzando con la velocidad del viento. Su natural calzado, que no manchó la vivienda del hombre, luce como marfil; y la poblada cola, volteada por el soplo del pampero, defiende al generoso animal de los molestos insectos. Verdadero sultán de aquellos desiertos, guarda a sus odaliscas sin la servil y asquerosa ayuda de la mas desgraciada de las criaturas: el eunuco. >> ¡Quién podrá formarse idea de la emoción sentida por el corsario de veinticinco años, al encontrarse por vez primera en medio de aquella salvaje naturaleza.>> DESIERTOS.- Desde el límite occidental del África a la costa oriental de Asia se extienden una inmensa faja de terreno extraordinariamente árido en que la vegetación es rara y pobre. A los grandes desiertos del África siguen los de la Arabia Petrea, separados del gran desierto africano por el mar Rojo y el fértil valle del (I) matas grandes y muy duras.
Nilo. Vienen en seguida los desiertos de Persia, de Kandahar y de la Bukaria, y después el de la Mongolia, es decir, el vasto desierto de Gobi. Se calcula en unos 15.000 kilómetros la longitud total de esta zona; es decir, el tercio próximamente de la circunferencia del Globo. En América hay también verdaderos desiertos; entre ellos se citan: el de Utach, comprendido entre la cadena principal de las Montañas Rocosas y la Sierra Nevada; es una inmensa extensión arcillosa llena de eflorescencias salinas. El desuerto del Colorado, junto a la desembocadura de este río en el golfo californiano. El de Atacama, el más dilatado de la América meridional, situado entre las costas del Pacífico y los Andes que separan Bolivia de la República Argentina; el suelo esta formado de rocas, arenas, constituyendo altas dunas y arcillas. Como tipo de desiertos podemos elegir el del Sahara, que describiremos brevemente. Se extiende desde la costa atlántica hasta el valle del Nilo, formando una inmensa sábana de 5.000 kilómetros de Oeste a Este y uno 1.000 de anchura media. El suelo del desierto es variadísimo;fórmale a veces rocas primitivas ( granito, gneis) o rocas eruptivas ( traquitas, pórfidos, etc.); en muchos puntos esta cubierto de arenas; es calizo en unas partes, yesoso o arcilloso en otras; está con frecuencia recubierto de cantos, presentando siempre señales evidentes de la enérgica acción del sol y de la no menos enérgica de los vientos, que, arrastrando arenas de finísimo grano, liman y pulen las rocas. No es el Sahara de igual altitud en toda su dilatada superficie; hay regiones, como el de Djebel—Hoggar, que llegan a 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar y se cubren de nieve en determinadas épocas del año (diciembre a marzo); hay otros puntos, como el Ued- Rir, en que el suelo se encuentra hasta 85 metros mas bajo que el mediterráneo, y que están cubiertos extensos lagos salados, la mayor de los cuales es el xott Melrir. La altura media está evaluada en unos 500 metros. Respecto a la naturaleza del suelo del desierto transcribiremos aquí las observaciones hechas por el profesor Quiroga en su viaje al sahara occidental (de Rio de Oro al Adrar-et-Tmarr y a los Oasis del Suttuf) y las que nosotros tuvimos ocasión de hacer nuestro viaje por el Sahara argelino. Aludiendo al territorio recorrido por él, dice el Dr. Quiroga (I): << Constituye esta parte del Sahara una meseta central arcaica de altura superior a 300 metros, atravesada en dirección NE, - SO, próximamente por una serie de fallas, según las cuales se ha roto en diversos fragmentos que, descendiendo mas o menos en la vertical, originaron los escalones que hay entre el mar y la meseta, sobre los mas bajo de los cuales se han depositado las formaciones terciaria y cuaternaria, experimentando a la par un cierto movimiento oscilatorio que ha favorecido la aparición del granito. Es probable que esta estructura se repita hacia el interior, y el macizo central de África del hemisferio N, esté fundamentalmente constituido por la alternancia del granito y gneis con sus respectivos contactos normal y anormal. En unos puntos formaciones mas recientes y en otros las arenas cubrirán en gran parte los materiales arcaicos, hacinado que el fenómeno pierda mucho de su claridad. >> La superficie de estos terrenos, cualquiera que sea su naturaleza geológica, esta unas veces completamente barrida y limpia, pulida y estriada por las arenas, cuando por su perfecta horizontalidad y falta absoluta de obstáculo de ningún género, grande ni pequeño, no hay núcleo para la formación de montoncitos o médanos chicos; otras, y lo mas general, cubierta por estos últimos, formados alrededor de cada planta, canto o punta de roca; y por último, y también con frecuencia, oculta bajo un manto de arenas nunca del todo continuo, de mayor o menor espesor, en la superficie del cual produce el viento bellas ripple-marks, enteramente análogas a las que originan las pequeñas olas en la superficie de las arenas de las playas. Estas arenas son blancas o amarillentas, exclusivamente cuarzosas, formadas de granos redondeados por el rozamiento, y totalmente desprovistas de resto orgánico alguno; proceden en parte de las arenas cuaternarios y en parte también de la destrucción de los granitos, gneis, cuarzos y calizas terciarias y cuaternarias, estas dos últimas siempre ricas en elementos cuarzosos de todos tamaños.>> (I) Apuntes de n viaje por el Sahara occidental, An, Soc. Esp. Hist. Nat., tomo XV, 1886. Por lo que respecta a la parte oriental del Sahara, he aquí nuestras propias observaciones (I): <> De Biskra a Saada: una llanura fromada por el Ued- Biskra y el Ued-Djedi, que limitan por el N, los cerros del Ziban y los próximos al oasis de Biskra, y por el otro la región inmediata. >>De Saada a Kudiat-et-Dur: desierto pedregoso algo mas elevado sobre el nivel del mar. Tene un desnivel originado por el Ued-el- Bahadj. >>De Kudiat-ed-Dur a Sidi-Khelil: depresión mas baja que el mar y llena por las aguas saladas que forman los xotts, o por eflorescencias salinas. >> De Sidi- Khelil a Nza-ben-Rzig: una meseta de yeso. >> De Nza-ben- Rzig a Tuggurt: fértil llanura, abundante en aguas subterráneas y muy poblada de oasis; pertenece a la cuenca del Ued- Rir. >> De Tuggurt al Suf; zona de las grandes dunas. >> E l suelo de todas las regiones presenta formas distintas según los elementos minerales que predominan y según la disposición de estos elementos. >>Yo me permito clasificar a priori las formas superficiales del Sahara, atendiendo a las causas que han influido para que hoy se presenten como son, en diferentes grupos. Si efecto de erosiones enérgicas ha quedado la roca subyacente al descubierto y esta es dura, el desierto recibe el nombre de rocoso; tal forma tiene el Sahara en la parte occidental visitada por el Dr. Quiroga. Si la erocisión ha dejado al descubierto una superficie de yeso, el desierto se llama propiamente tesosos: tal es el espacio comprendido entre Sidi-Khelil y Nza- Rzig. >>En algunos puntos, las calizas del cretáceo que constituían la superficie del suelo se hallaban, como sucede con frecuencia, llenas de cantos silíceos angulosos o redondeados, y al desaparecer la roca caliza por erosiones continuada y activas, quedaron los cantos in situ, formando el llamado desierto pedregoso. (I) Odón de Buen; Discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid en 18 de mayo de 1877.
>> Cuando por sedimentación se han depositado los materiales que hoy aparecen constituyendo el suelo, unas veces el sedimento se recibe de eflorescencias salinas después de evaporadas las aguas, y entonces el desierto es salino; otras veces queda un depósito mas o menos arcilloso y el desierto recibe este nombre. Por último, los vientos arrastrando finas arenas, cubren el suelo con estas formando con frecuencia altas dunas; el desierto es entonces arenoso. >>Hay un agente poderoso, cuya importancia solo puede apreciarse en el desierto: es la arena arrastrada por el viento. Ejemplos de la denudación producida por la arena ofrecen las colecciones que hemos recogido. Hay en ellas cantos rodados con tal pulimento, que bien merecen el nombre gráfico de cantos lamidos con que les ha bautizado nuestro ilustre amigo el señor Macphersón, y en las rocas traídas por el señor Quiroga las hay pulidas como los cantos glaciales. Y el ímpetu de la arena es tan considerable, que pueden verse en nuestras colecciones ejemplares de yeso tan penetrados de arena que mejor parecen areniscas. >> También la acción del sol merece citarse; de su importancia pueden responder los ejemplares de yeso deshidratado que he recogido, y el que se llama con gran propiedad yeso pavimentoso. Caminando por el desierto, nótase en ocasiones que las caballerías producen un ruido semejante al de los pasos sobre un entarimado; el suelo que motiva este ruido es obscuro y esta dormido por yeso parecido al que constituye los pavimentos de las casas en algunas regiones de España. Y si es dable buscar en los mismos efectos causas idénticas, yo me permitiré explicar la formación del yeso pavimentoso por sucesivas hidrataciones y deshidrataciones que han de producir en dicha substancia los extremados colores del verano y las lluvias torrenciales del invierno.>> La causa principal de la aridez extremada del desierto es la extraordinaria sequedad del clima opinan algunos que la motiva el estar expuesto durante una gran parte del años al soplo de los vientos alisios del NE. En efecto, las corrientes aéreas que soplan en dirección del NE a SO y que vuelven del ecuador al polo bajo la forma de corrientes superiores no encuentran en su camino otra masa líquida que el mediterráneo, cuya superficie es muy pequeña para humedecer tan grandes masas de aire. Siendo el aire extremadamente seco, en el desierto ha de haber bruscos cambios de temperatura durante el año y durante el día. así es en efecto. Consignaré aquí las temperaturas anotadas durante mi viaje, tomadas con un excelente termómetro DÍA 16 de marzo de 1887 (en Bordj. Saada) (I) 5h mañana.........12º centígrados 6h >>.................13º >> 7h 30´ >>.................17º >> 9h >>.................20º >> 11h m sombra 20º >> Sol 22º >> 12h 30 t. sombra 21º,5 >> Sol 24º >> 2h tarde 20º >> 4h >> 21º >> 5h >> 19º, 8 º >> 6h >> 18º >> 7h >> 15º >> DÍA 17 de marzo ( en los xotts) 6h mañana 9º,5 centígrados 7h 30´ >> 13º,5 >> 9h >> 16º >> 11h 15´.... sombra 16º >> Sol 18º >> 12h 30 tarde 19º >> 2h >> 22º >> 4h >> 20º >> 5h 30´ >> 18º5 >> 8h 30´ >> 14º >> Día 18 de marzo ( en Ur lana) 5h mañana 4º centígrados 5h 30´ >> 6º >> 7h >> 10º >> 8h 30´ >> 16º >> 9h 30´ >> 19º >> Tuggurt es uno de los puntos mas calurosos del desierto y por lo tanto del Globo; en verano, a la sombra, la temperatura llega a 56º. En cambio, el invierno es riguroso; desciende el termómetro a 7º bajo cero. ¿ Cabe mas diferencia entre las temperaturas extremas del año? Este es el carácter dominante en la climatología del Sahara, como lo es en todos los desiertos y en menor grado en las estepas. Pobre es la vegetación del Sahara; no cubre el suelo en toda la superficie ni siquiera en la mayor parte; destácanse en primer término arbustos de aspecto esquelético, de ramas secas con escamas hojas y aún estas cubiertas de un polvillo blanquecino, desprovistas de verdor. Donde la arena forma espesa capa y dunas elevadas, no se ve apenas una mata; donde el suelo es poderoso, arcilloso, calizo o salino, la vegetación semeja a la de las estepas respectivas. En las cuencas o valles por donde corre el agua algunos días al año, aparecen hierbas; en derredor de los oasis hay campos de verdura en donde pueden verse plantas de las que ordinariamente acompañan a los sembrados. En la parte de desierto que yo he recorrido solo he visto macizos de plantas en puntos muy limitados; algún matorral de Tamariz, algún otro de Atriplex halimus, la salsolácea mas común, el guetaf de los árabes o de baguel (Anabasis articulata). Los manchones de salsoláceas abundan; también se encuentran Artemisas frecuentemente, Retama alguna vez, Caroxylon articulatum, Ephedra alata, Zygophyllum Geslini, etc. El suelo en ciertos lugares se cubre de una gramínea muy frecuente en el desierto, la drina (Arthratherum pungens); en otros abundan las Fagonia, el Heliotropium undulatum, la rosa de Jericó (Anastatica), etc. En todo el trayecto de Biskra a Tuggurt, especialmente cuando el suelo es pedregoso o arenoso, abunda la Scrophularia deserti, matita viscosa, dell tipo de los Onoix y de olor semejante al de la ruda En otras regiones del Sahara se forman pequeños macizos de Acacias, de Lycium, etc., en los cuales se refugia la vegetación herbácea. Todo cambia cuando a favor de algún pozo la tierra se riega y se forma un oasis. No hay nada tan característico como estos bosques de palmeras. Escribir acerca del Sahara y no rendir homenaje a la reina del desierto fuera imperdonable. He aquí homenaje a la reina del desierto fuera imperdonable. He aquí l párrafo que yo le dediqué en mi libro De Kristianta a Tuggurt: <>La palmera es árbol elegante y altanero como pocos; como si desdeñara rozarse con el suelo que protege, levanta sus tallos a veces hasta 20 metros de altura y extiende allí las verdes hojas como brazos protectores suspendidos sobre la cabeza de los débiles. ¡ Cuánto la adornan los árabes y cuánto la cuidan! Con una fase gráfica pintan las necesidades de la reina del desierto: la palmera, dice, quiere tener los pies en el agua y la cabeza en el fuego; por eso no dejan de bañarle constantemente los pies.>> Los oasis tienen extensiones muy grandes. Tuggurt reúne medio millón de palmeras. Mas al interior los hay que ocupan 200 a 300 kilómetros cuadrados y aun mayor superficie; en algunos existen muchos pueblos, formando verdaderas confederaciones o reinos independientes. En un oasis de estos caben diferentes formaciones Botánicas; hay bosques de palmeras, matorrales de diversos arbustos y hasta prados; viven también muchos animales de gran talla; son posibles los cultivos de frutas, cereales y legumbres. No todos los desiertos tienen exactamente el aspecto y las condiciones del Sahara. El gran desierto africano de Gobi se extiende de O a E con una longitud de mas de 2.000 kilómetros en él el verano es corto y el invierno largo y muy frío; hay zona arenosa con grandes dunas y hay lugares pantanosos; en las márgenes de los arroyos la vegetación es espléndida; abundan las eflorescencias salinas; en ciertos puntos se halla cubierto de hierbas y de matorrales; en el verano es seco, triste y carece casi por completo de vegetales; la parte meridional es fértil y abundan las praderas. PRADOS Y LLANURAS PANTANOSAS.- Entre los bosques de las zonas húmedas y en las regiones montañosas, se forman campos extensos en que dominan las gramíneas de las hojas flexibles, que forman el césped; estos campos reciben el nombre de prados. La altura y la densidad del césped depende dos causas: de las especies dominantes y de las substancias nutritivas que el suelo contiene, por esta última causa en los prados del Asia oriental el césped se halla formado por gramíneas bastante elevadas semejantes a las que tapizan el suelo en las llanuras tropicales. Las hierbas de prado tienen un área de dispersión muy extensa y en cada país el riego decide el predominio en cada campo de una especie determinada. Como en todos los párrafos anteriores, referimos estas observaciones especialmente al dominio forestal del antiguo continente. En este se observa que al S y al O., donde el período de desenvolvimiento es muy largo y cabe el que se siguen muchas veces las hierbas de prado, el césped es mas corto y mas compacto; aquñi ddominan los mejores pastos de la zona templada ( géneros Poa, Lolium, Anthoxanthum, Agrostis). Donde el período de vegetación se acorta, como sucede en la región del Amur o en la parte mas septentrional del continente, el césped es mas elevado, pero dominan en él géneros como el Calamagrostis, que tienen larga caña y escasas hojas radicales. A Grisebach pertenecen las siguientes consideraciones acerca de las gramíneas de prado: <>Así, pues, cuando en un prado, a cielo abierto, la evaporación se encuentra estimulada por el calor, y con la acción prolongada de la luz las substancias orgánicas se multiplican, y el agua circula sin interrupción a través de los tejidos fomentando la alimentación mineral, entonces el crecimiento de las gramíneas llega al apogeo de su plenitud vital. >> En la economía natural de la vida orgánica, el papel de las gramíneas de prado, según la diferencia de las respectivas necesidades parten con las hierbas viváces que les acompañan, consiste desde luego elaborar en su tejidos las disoluciones de los cuerpos minerales operadas y transportadas a la superficie del suelo por el agua de las fuentes que arranca estos cuerpos a las substancias nutritivas almacenadas en las rocas subterráneas; después las gramíneas sirven de pasto a los animales.>> Los prados se forman en relación siempre con las aguas corrientes, pues las de lluvia no les fertilizan tanto; les convienen las márgenes de los arroyos sobre todo cuando se inundan periódicamente dejando en el suelo una capa tenue de arcilla. En los suelos en que abunda la caliza pueden formarse praderas, especialmente de leguminosas, que tienen también importancia Grande y que proporcionan un heno riquísimo. Se forman artificialmente en las márgenes de los grandes ríos, en las laderas húmedas y fértiles de las regiones bajas. Es muy grande la importancia económica de los prados; su destrucción resulta fatal aun cuando se los destine al cultivo de plantas útiles. Por el prado, de un modo casi espontáneo que no exige grandes esfuerzos del hombre, conviértese en césped la materia mineral de las montañas y el césped alimenta el ganado produciendo exquisitas carnes. la rotación de la materia no termina ahí; el ganado es fuente directa de vida para los pueblos y o es además indirectamente, pues sirve de poderosos, de indispensable auxiliar a la Agricultura. Los prados lejos de ser destruidos deben fomentase, fomentando alimento sano, abundante y barato, y en interés de la Agrucultura que no perecerá por falta de abonos. Cuando las aguas se estancan la llanura se hace pantanosa, la vegetación cambia por completo y una nueva formación botánica se origina. Deben como formación vegetal bien caracterizada estudiarse las llanuras pantanosas o estancadas. Las plantas características de estos lugares son los ciperáceas, que en mucos puntos del globo alcanzan mas que regulares proporciones. En nuestros climas se forman matorrales en las llanuras pantanosas gracias a las tifáceas, a los carrizos (Phragmites) y a las cañas (Arundo). En las regiones tropicales la vegetación pantanosa es exhuberante y muy rica en formas específicas. Entre las formaciones pantanosas mas características pueden citarse las tuberas. Se producen estas en los pantanos del N., cuando la temperatura media no es mayor de 8 grados, el suelo impermeable y el clima húmedo. La extensión actual de las tuberas en Europa es muy grande; las hay al N que ocupan muchos kilómetros; se encuentran solo en una zona de 27 grados; fuera de esta zona hay pocas; las mas meridionales son las que existen en el Guadarrama, en la provincia de Madrid; el máximum de extensión le alcanzan en Irlanda y en los Países Bajos. Cubre la superficie de las tuberas europeas casi siempre un musgo, el Sphagnum, que se reproduce y crece de un modo asombroso Dando lugar a que se forme gran cantidad de turba. Hay tuberas de ericáceas (brezos), de glumáceas (ciperáceas, Carex, Eriophorum) y las hay en que crecen plantas leñosas de alguna talla. Tienen aspecto típico los bosquecillos de Alnus y de abedull (Betula) que cubren algunas llanuras oantanosas de Rusia alcanzando extensión muy considerable. Dominan el Alnus uncana y las Betula fruticosa y nana; en el suelo abundan las ciperáceas y acompañan también pequeños sauces (Salix rosmarinifolia), eircáceas especiales (Ledum, Vaccinum), etc. Se pueden considerar como formas especiales las márgenes de los ríos y los campos cultivados; las primeras se hallan cubiertas de vegetación variada que puede comprenderse entre las formaciones ya descritas; los sembrados solo tienen de naturales la flora que suele acompañar siempre a las plantas que se cultivan, y esto tienen escaso interés geográfico-botánico. VI FLORAS NATURALES. Con arreglo a la climatología, a la constitución geológica del suelo y también a la disposición que tuvieron los continentes y los mares en las épocas pasadas y a las plantas que sobre ellos se desarrollaron, se encuentran hoy distribuidas las especies vegetales por el Globo. Limítase mas o menos naturalmente las regiones que tienen idéntica vegetación y semejante flora, y así se constituyen las floras naturales. Aceptaremos nosotros las que propuso Grisebach y señalaremos, valiéndonos del extracto que hace Van Tieghem, los caracteres de cada una. Es imposible en una obra de la extensión de esta entrar en el estudio de los orígenes de cada flora. Diremos solo, en general, que se componen las que hoy aparecen limitadas: de las plantas que allí vivieron en épocas remotas y que han sufrido o no cambios que las adaptaron a las condiciones actuales; y de las plantas emigradas en tiempos recientes y que han hallado allí condiciones favorables de existencia. Se compondrá, pues, una flora: de especies exclusivas de aquel país y de otras que serán mas o menos comunes En los demás países. Aun podrá tener caracteres propios una flora sin que abunden las especies endémicas, ofreciendo reunidas especies de otros países que no acostumbran a estarlo; así sucede en las zonas transitorias. El número de géneros propios tienen mas importancia que el de especies, pues éstas pueden provenir de la adaptación de plantas emigradas y diferir poro de las del mismo género que se encuentran en otras regiones. FLORA ÁRTICA.- Así se llama la de la zona situada al Norte del límite septentrional de los bosques. Comprende esta zona: todo el N. de Siberia, Nueva Siberia, tierra de Francisco José,, Nueva Zembla, Spitzberg, Islandia, Groelandia y la parte septentrional de América del Norte límitada al S por el cabo Mugford, al NE, del Labrador, las islas Dormis en la bahía de Hudson, el lago Gran Oso en la cuenca del Mackenzie y la tierra Kiumi al estrecho de Behring. En esta zona abundan especialmente los criptógamas. Solo se conocen 750 especies de plantas vasculares, y de entre ellas únicamente las que siguen son propias de aquellas regiones: Draba Corymbosa R. br Parrya arenicola Hook (América) Cochlearia fenestrata R. Br. Braya glabella Rich >> pillosa Hook (américa) Astragalus polaris Benth (América) Potentilla pulchella R. Br. >> tridentata L (Groelandia y LABRADOR) Saxifraga sileniflora Sternb (América) Saxifraga Richardsonii Hook (América) Nardosmia glacialis Ledeb (Asia) Chysanthenum integrifolium Rich (América) Artemisia androsacea Seem (América) >> steveniana Bees (Asia) Arnica alpina Laest. Pedicularis groelandica Retz. Monolepsis asiatica F. M (Asia) Salix glacialis Ander (América) Dupontia Fischeri R. Br Dechampsia brevifolia R. Br. Pleuropogon sabini R. br (Isla de Melville). Atropis angustata Gr. Festuca Richardsonii Hook (América). Entre todas estas plantas solo hay dos géneros especiales en absoluta a la flora árctica: Pleuropogon y Dupontia, ambos de la familia gramináceas. Las cimas de las altas mintañas situadas mas al Sur tienen flora semejante a la árctica, en la que son frecuentes especies de esta zona. Es carácter general de las plantas árcticas el raquitismo. Hay arbustos que exienden sus ramas por el suelo hasta el extremo de que casi se conffunden con los líquenes. Solo algunas gramíneas levantas sus cañas. En general, ningún vegetal pasa de 40 centímetros de altura y la talla media es de 6 centímetros. En los puntos mas fríos, el suelo esta cubierto exclusivamente de musgos o de líquenes; estos tienen coloraciones siguientes: Cladonia rangiferia; gris. Evernia ochroleuca; gris amarillo. Cetraria aculeata; castaño. >> tristis; negra. Caldonia uncialis; gris blanquecino. Cetraria islandia; pardo. >> nivalis; blanco amarillento. Hay praderas compuestas de gran número de gramíneas y de ciperáceas, estas representadas por un buen número de formas. Las praderas que se encuentran al borde de los continentes, hasta las mas elevadas latitudes, están adornadas de flores varias; casi todas pertenecen a especies vivaces de rizoma muy desenvuelto y parte aérea muy corta con las ojas en roseta (Silene acaulis, Dyras, Saxifraga oppositifolia, Diapensia lapponica, Draba alpina, Myosotis villosa); otras especies pueden elevar sus flores a mayor altura (Ranunculus glacialis, Papaver nudicaule, Polemonium caeruleum). Los arbustos son pequenísimos y pertenecen en especial a los géneros Salix y Vaccinium; algunos no pasan de dos a tres centímetros de altura. Citaremos entre estos pigmeos los que siguen: Salix polaris, que tienen una altura de 0m, 013 y no desenvuelve mas que dos hojas y un solo amento; Vaccinium vitis-ideoa, que alcanza 0m, 02; Vaccinium uliginosum, de la misma altura que su congénere; Andromeda tetragona; Rhododendron lapponicum. En la parte mas meridional de esta zona existen arbustos que tienen mayor talla; en el S de Islandia o en el estrecho de Behring los que hay llegan a un metro de altura y forman la transición a los bosques de la zona forestal; entre estos citaremos: Saliz lanata. Betula alba, B. nana. Almus incana, A. fructicosa. En las montañas de esta zona se observan como es natural, muy escasas variaciones de vegetación. FLORA DE LOS BOSQUES BOREALES.- Si partiendo de la zona ártica nos dirigimos hacia el S., hallaremos una línea de bosques como límite; esta línea es el comienzo de la amplia faja forestal que se extiende por todo el septentrión dell Viejo y del Nuevo Mundo. Aunque en muchos puntos los árboles han sido destribuidos para utilizar las maderas y cultivar la tierra, resta la mayor parte del suelo descubierto por frondosos bosques de hayas, robles, pinos, abetos, abedules, etc. Esta zona forestal tiene marcado el límite meridional por un cambio brusco de la flora en el Mediodía de Europa, en el Asia central y en California, y de un modo menos brusco en el centro de América del N y en la cuenca del Amur. Mientras que por las islas Aleutienas y el S. del Estrecho de Behring la continuidad de la flora forestal se establece, hay una diferencia muy grande entre la costa americana y la europea del Atlántico. Los límites de esta flora distan mucho de ser regulares: el límite septentrional que llega al cabo Norte de Europa pasa del grado 72 en Siberia y desciende al 58 en el Labrador. Débese esto en parte a la dirección de las corrientes marinas. Podría intentarse separar de esta zona la flora alpina de sus montañas; pero si esto no sería difícil en los Pirineos, en los Alpes y en alguna parte de las montañas Rocosas, sería en cambio imposible en los montes mas septentrionales, porque las plantas alpinas van descendiendo de altitud cada vez mas y acaban por hallarse entre los bosques, como sucede en Siberia, en Escandinavia y en la cuenca americana del Jukón. También separan algunos autores la flora forestal americana de la europea pero no es esto lógico porque si las especies varían algo, las formas vegetales dominantes son próximamente las mismas. Aceptada esta extensión de la zona forestal, podemos señalar Su límite S del siguiente modo: en el antiguo continente, partiendo de la mitad de la isla Sagalián, pasa al S del Amur hacia la cadena del Altai y al N de Caspio, toca al mar Negro en la desembocadura del Dnieper, sigue depués próximamente el límite de las aguas al S de la cuenca del Danubio, pasa por el Mediodía de los Alpes, atraviesa el Ródano no lejos de la confluencia del Isére,pasa por el S de los Pirineos y termina en Galicia hacia el cubo Corrubedo. En el nuevo continente, el límite S de esta zona va casi de S a N. desde la desmbocadura del Mississippí hasta la cuenca del Albania y después casi de O a E hasta la desembocadura del Oregón. La flora es en esta zona muy variada; abundan las especies propias y pueden trazarse buen número de sub-zonas. La mayor riqueza, como es natural, pertenece al Mediodía; en las planicies húngaras se cuentan trece especies propias, y muchas mas en los Alpes y en los Pirineos. Son los árboles quienes caracterizan principalmente esta zona- el Abies excelsa, Pinus larix, Abies pectinatta, Abies pichta de Siberia, el pino marítimo, etc.; en América se encuentran especies muy próximas, abetos, alerces, pinos, etc. Entre los árboles angiospermos deben citarse los siguientes: haya, roble, fresno, castaño, carpe, olmo, sauce, abedul, alnus, plátano, tilo, etc. En América se encuentran especies que corresponden a estas y algunas otras que no existen en Europa, como el Liriodendron, el Sassafras, la magnolia, etc. Los arbustos principales son: Empetrum nigrum, y adebules enanos al Norte; Juniperus, Ilex aquifolium, Berberis, Rhammus, etc.; rosáceas como los Crataegus, Prunus, Rubus y Rosa; los Hippohoe, Myricaria y aralieas, en Siberia oriental, así como en América, en la proximidad del Oregón (Fatxia). Del Nuevo Mundo pieden citarse algunas formas especiales: Calycanthus, Asimina, Comptonia, ciertos Ilez, Mahonia, etc. Los brezos, tan abundantes en Europa, están reducidos en América del N a los Empetrum, Menziesia y Calluna; esta última probablemente emigrada de Europa. Viven en los bosques boreales plantas tepradoras (lúpulo y hiedra en Europa; Schizandra en la cuenca del Amur; Menispermum en América). Las praderas de gramíneas y ciperáceas son frecuentes; en las llanuras encharcadas dominan ciperáceas y júnceas, a veces grandes Phragmites y Scirpus. En los prados americanos la flora es muy semejante a la de los europeos; en el Oeste (Oregón) dominan entre las gramíneas los géneros Triticum y Festuca. Las criptógamas ofrecen importancia mucho menor que en la zona ártica por lo que respecta al número de individuos: en cambio son mas variadas sus formas. Los helechos representados por corto numeor de especies que viven en los bosques, especialmente bajo la influencia del clima marítimo (Aspidum, Polypodium, Pteris aquilina, etc); hay también licopodiáceas y quisetáceas. Con la altitud de la flora varía en esta zona muchísimo. Véase respecto a esto lo que hemos dicho en el párrafo Altitud. FLORA DE LAS ESTEPAS BOREALES.- Bajo este epígrafe se comprenden las floras de dos zonas bastante distintas entre sí y bien caracterizadas cada una aisladamente: de un lado las estepas de Asia Central, Perisa y Europa; del otro la parte central y meridional de América del Norte donde se extienden grandes praderas. En conjunto de esta flora se caracteriza por la ausencia de bosques y se limita l N por la zona de estos, a la que sigue, calvo en puntos como la región mediterránea, Japón y California, que tiene floras especiales muy ricas en formas propias. La flora de las estepas asiáticas se limita a E por la montañas de Ku-Khunoor y de Khang-Kai, al S por el Himalaya y el Indo; la línea de límite pasa luego al S del Eufrates llegando hasta el litoral del Asia Menor. En la región americana esta zona se halla limitada al S por el trópico, al E, po California y al N y algo al E por la zona forestal, salvo en ciertas mesetas de Méjico donde reaparece la flora forestal y abundan las especies europeas. Las plantas leñosas que enente, dominan quenopodiáceas. En el antiguo continente, los Anabasis, Brachylepidium y sobre todo el Haloxylon, que se extiende por Persia, Turkestán y región del Aral. En el nuevo continente, Atriplex plateado y el Srcobates vermicularis. En las dos regiones se encuentran las Artemisia de tipo de quenopodiáceas. Hay gramíneas mezcladas a plantas herbáceas vivaces. En la América abundan los agaves y sobre todo las capteas que presentan su máximo desenvolvimiento en las llanuras mejicanas; al O cree el Cercus giganteus, que llega a tener 20 metros de altura, y al E se halla representado por la Opuncia arborescente. Es mas rica la flora de las estepas que la forestal en la parte meridional, y se acentúa la diferenciación vegetal yendo hacia el S. en las estepas americanas hay mas de 3.000 especies propias y pasan el doble en las estepas del Viejo Mundo. Las regiones montañosas se hallan bien diferenciadas. En el Cáucaso hay región de pino silvestre, adebul, etc., de 2.000 a 2.500 metros de altitud; en las Montañas Rocosas el pino flexible se leva al S hasta 3.700 metros. Sobre esta región existe la alpina; en el Cáucaso hay especies propias mezcladas a otras de las estepas o de la flora forestal y aun de los Alpes; llega hasta 4.500 metros de altitud la región alpona. En las Montañas Rocosas esta región es mucho menos extensa y esta peor caracterizada. FLORAS MEDITERRÁNEA Y CALIFÓRNICA.- Son diferentes, pero su vegetación, estas dos zonas ofrecen grandes semejanzas; en ambas dulzura del clima marítimo y las lluvias de invierno permiten una vegetación rica y de formas análogas; por algo se ha llamado a California la Italia del Pacífico. En la zona mediterránea se cuentan unas 7.000 especies; de ellas son propias el 60 por 100 (unas 4.200). En California, la zona tiene la cuarta parte de la extensión mediterránea y hay más de 1.000 especies vasculares propias. Son característicos de estas floras los arbustos de hojas persistentes, que ofrecen siempre alegre coloración verde. Ya hemos citado en la zona mediterránea el mirto, el madroño, el laurel, el brezo arbóceo, las jaras, el romero, el lentisco, etc. En California existen Arbustos y Arctostaphylos y otrros arbustos de familias diferentes, pero que tienen las formas del mirto, laurel, brezo, etc. ( Simmondsia, Photinia, Adenostoma, etc.). Entre las angiospermas arbóreas de la región mediterránea deben citarse el olivo, granado, higuera, naranjo, alcornoque y moral. A estas formas corresponden en California el Tetrantherum californianum, Castanopsis chysophylla, etc. Son gimnospermas mediterráneas Características, el pino piñonero, el ciprés y el pino marítimo; en Californiam los Chamoecyparis y Torreya pueden considerarse como análogos; pero se enccuentra en las altitudes mayores de 1.500 metros un género característico, el Sequoia, cuya especie S. gigantea pasa de 150 metros de altura. En primavera florecen por otras partes las monocotiledóneas bulbosas o tuberculosas (azafrán, narcisos, tulipanes, Scilla, Asphodelus, jacints, orquídeas, etc.). las gramíneas vivaces forman césped y son menos numerosas que en la zona forestal; en cambio hay abundantes especies de gramíneas anuales. El mismo carácter se observa en la flora de California, en que abunda especialmente género Avena. En el antiguo, como en el nuevo continente, en toda esta zona, las familias dominantes son: compuestas, laguminosas, umbelíferas y labiadas. Las criptógamas son poco numerosas en individuos. De helechos, solo domina el Pteris aquilina que tanto abunda en la región forestal. FLORA CHINO-JAPONESA.- Algo se aproxima la flora de esta zona a las de California y Mediterráneo, pero participa también algo de la flora forestal hacia el N y de la tropical hacia el S. Limítase al N la zona chino-japonesa por la cuenca del Amur, al O por las estepas, al S por la cuenca del Kuang-Si, un poco l N de los límites de la China. Ocupa un espacio comprendido entre el trópico boreal y el paralelo de 50º L.N. El carácter dominante de esta flora es la abundancia de vegetales leñosos; así, mienytas que en las floras califórnica y mediterránea solo hay quinta parte de especies leñosas, en la chino-japonesa lo son casi la mitad. Entre las especies arbóreas de gimnospermas se pueden citar las siguientes: el pino chino, el pino de Bunge, el Sciadopytiis verticilado, el ciprés fúnebre, y como árboles de anchas hojas, el Podocarpus chinensis y Ginkgo biloba. Son árboles angiospermos de aquellas zona, semejantes a los de la forestal inmediata, los que siguen: Fagus SIeboldii, castaño japonés, Palnera Kiaki, Acer, fresnos, tilos, Ailantus y un gran número de leguminosas y rosáceas arborescentes. Conviene la flora que nos ocupa con la mediterránea en la Presencia de vegetales de forma de laurel y otros arbustos, tales ocmo el Cinnamomum camphora, el Ilex latifolius, Aucuba japonica, Hibiscus rosa-chinensis, Nefelium Li- Tschi, Aleurites laccifera, Aralia papyrifera, Broussonetia papyrifera, etc. En la parte meridional se encuentran palmeras y bambús que unen la flora chino-japonesa a la tropical. Con la califórnica tiene puntos mayores de contacto; hay mas de veinte especies comunes a las dos floras. FLORA DEL SAHARA.- De la zona y de esta flora hemos dicho bastante al estudiar las formaciones botánicas. Anotaremos aquí solamente algunos caracteres generales. La flora del Sahara se limita al N por la zona mediterránea y la cuenca del Eufrates donde confina con la flora de las estepas, al E por el golfo Pérsico y el litoral de la Arabia, al O por la costa de África entre los 20 y 32 grados de latitud. Al S por una línea que pasa al N del Senegal y del Sudán y corta al Nilo hacia Dongolah. Esta zona de desiertos se halla atravesada un poco mas allá del tercio de su extensión a partir del S por el trópico boreal. En esta flora se cuentan unas mil especies de plantas vasculares, comprendiendo las de la Arabia y de las bocas del Indo; entre ellas solo hay un 25 por 100 especies propias. Las plantas desérticas, para resistir la sequedad, pueden pasar al estado de vida latente; las leñosas suelen estar cubiertas de espinas y las herbáceas están protegidas por pelos. FLORAS TROPICALES.- Son las de los países situados entre los dos trópicos; ofrecen entre sí caracteres generales de fácil comprensión; exceptúanse tan solo la región S del Sahara y el N de Australia que estando entre trópicos no pertenecen a esta flora; los demás países tienen bastante uniformidad botánica. La flora tropical de Asia y de Oceanía se extiende por la región de los monzones al S y al S E, de la flora chino-japonesa. Comprende, por tanto: el Indostán, la Indo China, la Malasia, Nueva Guinea, Filipinas y se extiende hasta las islas Marquesas. En África, la flora tropical abarca desde el Sahara hasta el grado 20 de latitud S., y al otro lado sobre la costa S E. de África hasta el límite meridional de Cafrería. En Ámerica se limita casi exactamente al N por el trópico boreal; al S se extiende un poco mas allá del trópico austral, hasta Chile de una parte y hasta las fuentes del Uruguay al E. La variedad de la flora puede decirse que llega a su límite en la zona tropical. Casi todas las familias conocidas tiene en esta representación y en cualquier pequeño territorio se pueden observar numerosas especies. No hay bosques de un solo árbol que cubran extensiones considerables; las selvas ofrecen variedad suma de especies vegetales; sin embargo, todas presentan cierto tipo común aún cuando pertenezcan a familias distintas, y a esto da a los bosques tropicales bastante homogeneidad; abundan en éstos plantas trepadoras y epidendras. La repartición d elos bosques no es uniforme; débese a causas locales el hecho; así en las Indias no se encuentran con tantas frecuencia los bosques vírgenes como en América o en Java. Además de los bosques hay extensiones inmensas ocupadas por sábanas de vegetación. Casi todas las especies de fanerógamas y gran parte de las criptógamas son propieas de la zona. Entre los árboles dominan ls palmeras por el número de individuos y por el de formas específicas. Los géneros de hojas en forma de abanico (Thinax, borassus, etc.) y lo de hojas pennadas (Phoenix, Euterpe, Eloeis, etc) se encuentran lo mismo en Asia que en África y Ámerica. De Asia son: Areca catechu, Coccus nucifera, Metroxylon Rumphii, etc. De África: Borassus oetiopicus, Eloeis guineensis, Raphia vinifera, Eloeis guineensis, Phytelephas macrocarpa, etc. Las panadáneas estás también representadas en todas las floras tropicales: en Asia por el Pandanus de Java y la Freycinetia; en África por el Pandanus de candelabro, en América por la Carludovica palmata. Después de las palmeras, las formas mas características son las de las Mimosas y otras de la misma familia (Indigofera, Cassia, etc) los Ficurs de gran talla se hallan también representados en los puntos mas distantes de la zona. Plantas características de la flora tropical son las Cicadáceas: los Cycas del Asia, las Zamia de África, los Dioon y Ceratozamia de Méjico y la Zamia de las Antillas. Son también tropicales las liliáceas arborescentes de a forma del draco: el género Vellosia es común al África y al S. de América; las Dracoena son africanas; los Dasylirion y Fourcroya, de Méjico; las Barbacenua y Fourcroya, del Brasil. En las regiones un poco más levadas sobre el nivel del mar aparecen los helechos arborescentes tan característicos de la zona tórrida. En Asia pertenecen al género Alsophila, que también se encuentra en Java y cuya especie mayor llega a tener 16 metros de altura; en América, los helechos arborescentes de las Antillas comienzan a 100 metros de altitud y se levan hasta 1.800; en África son menos frecuentes, se les observa en las planicies de Guinea, de Angola y de Camerón; en Angola hay Cyathea que alcanza 10 metros de altura. Las lianas de los bosques tropicales pertenecen en especial, en el antiguo y en el nuevo continente, a las siguientes familias; ampelidáceas, convolvuláceas, curcurbitáceas, leguminosas, piperáceas, sapindáceas, melastomáceas; ciertas palmeras y algunos helechos pueden también incluirse. En América hay qye agregar entre los gupos dominantes de que proceden las lianas, a las apocináceas, pasifloráceas, malpigiáceas, esmiláceas y orquidáceas (Vanilla). En África, las lianas de los bosques son relativamente menos numerosas en especies que en América; en las Antillas son trepadoras mas del 8 por 100 de las plantas vasculares. Las plantas epidéndreas son también características de las floras tropicales; dominan las lorantáceas, viven después las orquidáceas y las aráceas. En Asia muchas epideéndreas son urticáceas, melastomáceas o escitamináceas; se debe también citar el curioso Rhdondedron de Java, que es epidéndreo. En América se cuentan entre estas plantas numerosas bromeliáceas de Méjico y de las Antillas, cácteas, especies de Cassytha, helechos y piperáceas. Entre las gramíneas de las sabanas las hay de gran talla; las cañas de azucar (Saccharum) se hallan en toda la zona espontáneas o cultivadas. En Java y en África se halla en la caña de azúcar espontánea; en el Indostán y en la Indo China está reemplazada por otra especie. En Méjico alcanzan las gramíneas de las sabanas la mayor Diversidad de formas; dominan paniceas y estipeas; en África hay regiones en que los Andrpogon alcanzan 7 metros de altura. Hay llanuras en que las ciperáceas sustituyen a las gramíneas; tal sucede en Venezuela. Los bambús y géneros análogos son también característicos de la zona tropical. Abundan en esta los bananeros y las escitamíneas. Los arbustos que viven en las llanuras con gramíneas y plantas herbáceas vivaces, o que forman matorrales, pertenecen a las familias siguientes: rubiáceas, ericáceas, urticáceas, mirtáceas y melastomáceas. Las hierbas vivaces son principalmente compuestas, rubiáceas, labiadas, escrofulariáceas, eufrobiáceas, locopodiáceas, etc.; se han observado también numerosas plantas bulbosas, en África sobre todo. Hay además plantas que sin tener gran extensión deben citarse al reseñar la flora tropical; tales con las quinquinas de América del S., el boabab de África, ciertas araliáceas asiáticas, ettc. Abundan las criptógamas talofitas y muscíneas en la zona tropical; los musgos, hepáticas y lçiquenes no difieren por sus formas gran cosa de los que se encuentran en las otras zonas. Como es natural, todo lo dicho se aplica a las plancies y a las mesetas poco elevadas; las montañas ofrecen regiones de altitud bien distintas. En el Himalaya, sobre la vertiente meridional, se ve que las palmeras mas elevadas, los bananeros y los helechos arborescentes desaparecen sucesivamente entre 1.909 y 2.100 metros de altitud; después desaparecen las lauráceas (2.600m) y las magnoliáceas (3.000) , que son poco a poco reemplazadas por formas arborescentes de la región forestal templada (Quercus, Pinus, Abies, Betula, etc.). ciertas formas tropicales ascienden mucho entre las de regiones templadas; así los bambus se encuentran hasta 3.700m . mas arriba (3.700m a 4.900m ) se extiende la región alpina en la que aparecen formas análogas a las de los Alpes, desde luego pertenecientes a los mismo géneros (Anemone, Ranunculus, Viola, Gentiana, etc.); a mayor altura dominan ya los musgos y los líquenes. En los Andes tropicales la sucesión de las formas vegetales es análoga, pero hay mas especies propias que en el Himalaya. Por encima de la región de las palmas y los helechos arborescentes se Encuentra la de los altos bosques (Quercus, Quinquinas, etc.). de 2.700 a 3.300 metros está situada en la zona de los arbustos subalpinos (compuestas, vaccíneas, etc.). y por encima (3.300m a 4.800m) se halla la región alpina propiamente dicha, en que son frecuentes numerosas gramíneas, gencianas, Hypericum, Senecio, Draba, Ephedra, Valerianam Baccharis, Acoena, etc. FLORAS DE LAS ESTEPAS AUSTRRALES.- Incluimos entre las pampas, ya descritas y las regiones africanas de Damara. Namagua y del Kalahar. La flora de las estepas australes del África es poco conocida; las gramíneas son abundantes; los arbustos (Vangueria, Lebeckia, Euclea) tienen el mismo porte que los de las estepas boreales; entre las plantas espinosas se deben citar las acacias (acacia de las girafas, acacia ruda); en este país vive la Wlwitschia mirabilis. De las pampas ya nos hemos ocupado en otro lugar. Las gramíneas de esta zona son muy numerosas (Gynerium, poas, aveneas, Andropogon9; en cambio las hierbas vivaces son menos variadas que en las estepas boreales. Haye spacios cubiertos de cardos espontáneos o aclimatados (Cynara, Silybum, Lappa) o de umbelíferas (Foeniculum). Entre las dicotiledóneas, muchas pertenecen a los géneros Trifolium, Lupinus, Statice, Senebieram etc. Aproxima las pampas a las estepas boreales la abundancia de quenopodiáceas en las llanuras saladas. FLORAS DEL CABO Y DEL CHILE.- En la parte meridional de la región del Cabo de Buena Esperanza, y sobre todo en el litoral de Chile, se encuentran puntos en que la flora es análoga a la de als regiones mediterránea y califórnica. La flora del Cabo pasa, por una serie de transiciones al N y al E., a la de las estepas africanas y a la flora tropical, consta de unas 8.000 especies vasculares, la mayor parte propias, se le puede comparar a la flora mediterránea por el predominio de brezos arborescentes y de forma análogas a las mirtáceas y laureles. Hay géneros comunes a la flora mediterránea y a la del Cabo (Othonna, Apteranthes, Pelargonium, Helichrysum, etc.) Los géneros endémicos pertenecen especialmente a las familias siguientes: crucíferas, poligaláceas, rutáceas, ramneáceas, leguminosas Rosáceas, asclepiadáceas y proteáceas; entodas ellas hay abundantes especies mediterráneas. De otra parte la flora del Cabo tiene mucha semejanza con la de Australia meridional. El clima de Chila en sus rasgos principales es análogo al de España meridional, al de Sicilia y al del litoral de California. El olivo, la higuera, el granado, el naranjo, etc., prosperan en Chile, y entre los arbustos espontáneos dominan las formas del mirto y del laurel. Al N de aquel país americano una sola palmera vive, como en el Mediodía de Europa solo vive espontáneo el palmito. Dan carácter propio a la flora chilena ciertas compuestas arborescentes, bromeliáceas, cácteas, etc. Tiene también especies idénticas a las de la flora calif´ronica y algunas comunes a las dos zonas. (Acoena pinnatifida, Lepuropetala spathulata, Pectocarya chilensis, etc.). FLORA FORESTAL AUSTRAL.- Así como hay un dominio forestal en el hemisferio N., lo hay en el hemisferio S. esta zona se extiende desde la parte meridional de Chile hasta la Tierra del Fuego, al O de la cordillera de los Andes. Esta casi toda ella recubierta de hayas (Fagus). El número de especies propias de esta zona es muy inferior en igualdad de superficie al de las floras del Cabo y de Chile. Una misma especie cubre grandes extensiones de terreno, lo cual da cierta monotonía de aspecto al paisaje, asemejándole al de los bosques boreales. Los matorrales de Berberis o de Empetrum; los arroyos cubiertos de Caltha o de Chrysosplenium; las praderas húmedas de Cardamine, Melandrium, Epilobium, Geum y otros géneros boreales (Ranunculus, Draba, Genciana, Veronicam Saxifraga, et.) son prueba de la analogía botánica que hay entre las dos zonas. Al lado de estos caracteres hay otros que unen las formas vegetales de la flora de los bosques australes cn la de la Nueva Zelanda. Además del haya antártica, que domina, pueden citarse el haya oblicua y la betuliode. De árboles dicotiledóneos citaremos: la Aristotelia o tilo antártico, una rosácea (Eucryphia) y la Flrtowia, una compuesta que llega a tener 35 metros de altura. Hay también en estos bosques árboles gimnospernos: coníferas (Libocedrus tetragonus, Dacrydium, Saxegothoea). Carácter que diferenciia esta zona es La presencia de lianas, de ciertos bambús y de plantas epidébdreas que recuerdan el influjo de la flora tropical. Los helechos son herbáceos. En la zona magallánica los grupos que dominan son: compuestas, gramináceas, leguminosas, cariofiláceas, escrofulariáceas, crucíferas y juncáceas. FLORA DE AUSTRALIA, MADAGASCAR E ISLAS OCEÁNICAS. Las floras de Australia, de Madagascar y de las islas oceánicas que no caen bajo el influjo de los monzones tropicales contienen gran número de las especies tropicales. Australia tiene al N clima tropical, al S clima casi mediterráneo; los alisios motivan en el interior un desierto comparabe al Sahara. Se caracteriza la vegetación de Australia principalmente por las numerosas especies del género Eucalyptus y las variadas formas de proteáceas cuyas hojas, casi siempre emteras, tienen colores verde blanquecino, gris o azulado. Entre los árboles australianos merecen citarse las Casuarina y otras plantas afilas (Exocarpus, Leptomeria, Sphaerobolus); las gimnospernas de los géneros Araucaria, Dacrydium y Callitris, y los árboles graminiformes (Xanthorrhoea, Kingia). La gramínea herbácea mas común es el Anthistirium. En la parte tropical varía la flora de Australia, pero siempre conserva un tipo común al de las demás regiones. Casi todas las especies que vieven en esta zona son propias de ella. La flora de Madagascar, aunque tropical y aun estando la isla tan poco separada del contienente, conserva un tipo propio. Son plantas que la caracterizan; el género Ravenalam cuyas vainas foliares retiene el agua que utilizan los viajeros; los géneros Raphia, Areca, Philippia, etc. Las especies propias pertenecen sobre todo a las compuestas, apocináceas, euforbiáceas y asclepiádaceas. La flora de Nueva Zelanda es pobre, pero muy típica. Hay muchas criptógamas vasculares, entre ellas helechos arborescentes (Dicksonia, etc.) y un Pteris comestible. Son poco abundantes gramíneas y leguminosas. Se asemeja esta flora a la de los bosques antárcticos por los Fagus y Libocedrus. La generalidad de las familias dominantes son las que dominan en la región antárctica y hay buen número de especies semejantes. En las Azores la flora y la vegetación se asemejan a las de la zona mediterránea. En Madera el clima es mas cálido y menos húmedo, así como en las Canarias, donde la mayoría de las formas vegetales han sido importadas de Europa. En las islas de Cabo Verde la proporción de especies propias no es mas que de 16 por 100. En las islas Seiqueles hay un género propio, próximo al Cocos: el Lodoicea. En Nueva Caledonia la flora es mas rica que en los archipiélagos de la Oceanía meridional: uno de los caracteres es el predominio de las rubiáceas y el desenvolvimiento, relativamente inferior, de las compuestas. El archipiélago de Kerguelen, siendo hacua el grado 50 de L.S. posee flora muy pobre de líquenes y musgos. Se pueden citar como especies que recuerdan las formas vegetales septentrionales el Aira antarctica y el Aspidium anatarcticum 

TIPO ANGIOSPERMAS CLASE DICOTILEDÓNEAS (CONTINUACIÓN)

FAMILIA CACTÁCEAS

FAMILIA SAXIFRAGÁCEAS

FAMILIA UMBELÍFERAS

FAMILIA ERICÁCEAS

FAMILIA SOLANÁCEAS

FAMILIA ESCROFULARIÁCEAS

FAMILIA RUBIÁCEAS

FAMILIA COMPUESTAS

GEOGRAFÍA BOTÁNICA

VEGETACIÓN Y FLORA IBERICAS

Índice MATERIAS

 

 

Historia Natural | Fauna | Flora | Geología | Hongos | Naturaleza en Aragón
Documentos | Fotografías | Odón de Buen | Felix de Azara



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