Vegetación y Flora Ibericas. Botánica IV, por Odón de Buen. Historia Natural. Montaner y Simón, editores. 1894 Odón de Buen Botánica IV.
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Vegetación y Flora Ibericas. Botánica IV, por Odón de Buen. Historia Natural. Montaner y Simón, editores. 1894

Odón de Buen Botánica IV.





PARTE ESPECIAL

VEGETACIÓN Y FLORA IBÉRICAS.

I EL MEDIO.

POSICIÓN Y OROGRAFÍA.- La Península Ibérica forma un promontorio en el Occidente de Europa. Sus cuatro puntos extremos son: al N la Estaca de Vares, que llega hasta los 43º 47´32” L.N.: al S la línea meridional de la isleta de Tarifa, a ls 35º 59´49” de la misma latitud; por Oriente llega el Cabo Creus hasta los 7º 0´36” al E del meridiano de Madrid; por Occidente, el Cabo de Toriñana ( una de las puntas mas occidentales) avanza hasta los 5º 37´13” al O del mismo meridiano.

El terreno es sumamente accidentado; la elevación media se calcula en 600 metros.

El eje de la Península se inclina en dirección occidental y el relive de su masa se acentúa desde el Mediterráneo hasta el Océano por una pendiente gradual, próxima a un ½ por 100 en Castilla la Nueva. Las costas orientales se presentan elevadas y en declive rápido.

Los macizos montañosos se agrupan en seis sistemas que indecaremos, anotando las principales altitudes.

Sistema septentrional.-

Comprende los Pirineos y los Montes Cantábricos.
La longitud total es de 1.220 kilómetros próximamente. En la parte oriental aparece formando verdadera cordillera, con la divisoria principal de aguas claramente definida, con alturas notables en la mayor parte de esta línea y con su dos vertientes bien desarrolladas. En la parte central las alturas son relativamente pequeñas y el sistema se presenta formando una confusa red de Montes, entre cuyas líneas no se destaca bien una divisoria principal. Hacia el Oeste la cadena esta formada en su mayor parte por un escalón gigantesco cuya contrahuella forma las elevadas vertientes septentrionales de los montes Galaico- Astúricos y cuya huella se une a la dilatada meseta central de las Castillas, sobresaliendo en ella los picos y rebordes que la limitan al Norte (I)

Los Pirineos ofrecen al Norte vertientes suaves, al S escapadas laderas; hay valles profundísimos rodeados de alturas coronadas por nieves perpétuas; las aguas del deshielo forman torrentes impetuosos, altísimas cascadas y sinuosos arroyos, pero no forman, por regla general, cursos de gran regularidad, como en la vertiente francesa.

He aquí algunas altitudes de la parte española y frontera francesa:

Metros						metros

Pico de Nethou.	.	.	3404		puerto del Formigal.	.	.1847
Pico de Posets.	.	.	3367		baños de panticosa.	.	.1779
Maladeta.	.	.	3354		pico del Home (Montseny)	.1779
Mont Perdu.	.	.	3351		oroel.	.	.	.	.1731
Maupas.	.	.	.	3111		puerto de Canfranc.	.	.1640
Puerto de Oo.	.	.	3001		orzauzurrieta.	.	.	.1570
Bizberri.	.	.	2952		fuentes del Llobregat.	.	.1295
Puerto de Benasque.	.	2629		montserrat.	.	.	.1236
Turbóm.	.	.	.	2492		san juan de la peña.	.	.1168
Paguera.	.	.	1990		asia.	.	.	.	.1011

Los montes Vasco- Cantábricos, que extienden desde el pico de Gorriti hasta los picos de Europa, forman casi la totalidad de las provincias vascongadas y de Santander, gran parte de la Navarra y penetra y un poco en Asturias. Su altura media es much menor que la de los Pirineos y los montes Galaicos- Astúricos, y no constituyen verdadera cordillera, que están formados por una dilatada zona montañosa en la cual la multitud de macizos que la componen se agrupan con no pequeña confusión, sin que se destaque entre ellos de notable modo una línea principal que sirva de eje a toda esta parte del sistema.

(I) En todos estos datos nos ajustamos a la Reseña geográfica y estadísticas de España, publica en 1888 por el Instituto geográfico y estadístico.



TIPO ANGIOSPERMAS CLASE DICOTILEDÓNEAS (CONTINUACIÓN)

FAMILIA CACTÁCEAS

FAMILIA SAXIFRAGÁCEAS

FAMILIA UMBELÍFERAS

FAMILIA ERICÁCEAS

FAMILIA SOLANÁCEAS

FAMILIA ESCROFULARIÁCEAS

FAMILIA RUBIÁCEAS

FAMILIA COMPUESTAS

GEOGRAFÍA BOTÁNICA

VEGETACIÓN Y FLORA IBERICAS

Índice MATERIAS

 

 

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Documentos | Fotografías | Odón de Buen | Felix de Azara



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Botánica, plantas, Odon de Buen, Historia natural, vegetales, alimentos, medicina

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He aquí altitudes de algunos puntos notables: Metros Metros Peña de cerredo. . . 2678 Valnera. . . 1720 Peña Vieja. . . . 2630 Aitzgorri. . . 1544 Peña prieta. . . . 2529 Aro. . . . 1187 Contés. . . . 2373 Monte Oiz. . . 1040 Peña- Labra. . . . 2002 Desde los Picos de Europa hacia el O. corren los montes Galaico- Astúricos ofreciendo en su principio carácter de verdadera cordillera, con sus dobles vertientes, las meridionales mucho mas suaves que las septentrionales. Aunque de la cresta principal se desprenden perpendicularmente importantes estribos, también entre ella y el mar se levantan macizos montañosos que corren de E a O forman como una serie de escalones, el último de los cuales contituye a grandes trechos la costa, aunque dislocado y roto por antiguos fenómenos geológicos que hicieron se abriese por muchos puntos, dando lugar a la formación de las numerosas rías que aparecen en esta región. Desde Miravalles la cordillera se deprime y pierde el carácter de tal, y a partir de Ubiña se bifurca el sistema dirigiéndose la parte mas importante hacia el cabo Finisterre, y hacia el SO., para entrar en Portugal y terminar en Oporto, la de menos importancia. Altitudes de algunos puntos: Metros Metros Espiguete. . . . 2453 puerto de Pajares. . 1363 Peña Ubiña. . . . 2300 Puerto de Piedrafita. . 1122 Miravalles. . . . 1970 Pradairo. . . 1035 Seixo. . . . . 1709 Casas viejas. . . 1001 Sistema ibérico.- Su longitud total es de 900 kilómetros próximamente. Empieza en Peña-Labra y esta constituido en un principio por elevadas mesetas o páramos que, a mas que para deslindar, parece que sirven para enlazar las cuencas del Duero y del Ebro; siguen después grupos irregulares de sierras y montes unidos por nuevos páramos, pero sin llegar nunca a formar una serie bien determinada, con dobles vertientes en toda su longitud. La direcciones de sus distintas partes varían considerablemente, sucediendo lo Mismo respecto a la edad y constitución geológica de los macizos que las componen. Se han reunido elementos tan heterogéneos en una sola unidad orográfica porque la serie de sierras, montes de páramos que les constituyen marcan la principal divisoria de las aguas de nuestra Península y forman con sus derivaciones otros grupos importantísimos en la geografía de aquella. Empieza este sistema en Peña Labra, en la unión de los montes Casco-Cantábricos con los Galaico-Astúricos, y sigue una dirección general hacia el S E., mientras forma la parte derecha de la cuenca del Ebro; después al S O hasta la sierra de Segura, y desde allí hasya el cabo de Gata, donde termina, va directamente al S Es realmente muy discutible que la parte meridional de este sistema se separe del penibético; desde Sierra Segura puede bien incluirse en este último; la Sagra de Huescar, con su elevación de 2.400 metros, es un punto avanzado de Sierra Nevada. Metros Metros Moncayo. . . .2315 Espuña. . 1584 Pico de San Lorenzo. . .2246 Pico de Almendra. .1429 Cebollera. . . .2139 Sierra de Solorio. .1300 Javalambre. . . .2020 Soria. . . .1055 Peñagolosa. . . .1813 La Brújula. . .980 Sistema central.- S le llama Cordillera Carpetana o Carpeto-Vetónica. Su longitud total es de 794 kilómetros y su dirección general E 31º 30´ N. sirve de divisoria entre las cuencas del Duero y el Tajo; es sumamente árdido y escabroso, y presenta sus vertientes meridionales muco mas escarpadas que las septentrionales, hasta el punto de que en muchos puntos solo forma como un escalón de descenso de la cuenca del Duero a la del Tajo. En su arranque del sistema ibérico se presenta bien poco perceptible, haciendo muy fácil la comunicación entre las dos cuencas que divide; después se marca cada vez mas, apareciendo unas veces con dobles vertientes bien determinadas y otras formando por extensas mesetas cortadas al S.; en algunas zonas los macizos montañosos se suceden sin desviarse de la línea principal, y en otras se subdividen en numerosas ramificaciones. Principales altitudes de este sistema: Metros Metros Plaza del moro Almanzor. . .2650 Puerto de Guadarrama. .1533 Peñalara. . . . .2400 Puerto de Somosierra. .1428 Hierro. . . . . .2383 San Ildefonso. . . .1191 Siete picos. . . . .2203 Avila. . . . .1126 Picos de Cebollera. . . .2126 Segovia. . . .1000 Escusa. . . . .1959 Madrid (en el observatorio). . 655 Puerto de Navacerrada. . .1778 Sistema de los montes de Toledo.- Llámase también cordillera Oretana Dirección de E a O. próximamente; longitud unos 800 kilómetros. Es el de menos importancia de todos los que componente la Orografía española; divide las aguas del Tajo y el Guadiana; atraviesa parte de la provincia de Cuenca, las de Ciudad Real, Toledo y Cáceres, penetrando en Portugal, que es donde adquiere mayor importancia. Hasta los montes de Toledo fórmanle lomas y cerros de escasa imprtancia; al llegar a estos montes constituye macizos separados por valles profundos y estrechísimos, formando un escabroso laberinto; hasta Portugal hay después varias sierras de las cuales es la mas importante la de Guadalupe. Alturas mas notables: Metros metros Meseta del Corocho de Rocigalgo. . .1448 Navarredonda. 1038 Peñafiel. . . . . .1420 Pedro Gómez. . .1004 Becerra. . . . . .1309 Montanchez. . .994 La Calderina. . . . . .1209 Tarancón. . .830 Sierra Palomera. . . . .1207 Ocaña. . . .730 Sierra Toledana. . . . .1198 Toledo. . .548 Sistema bético.- S e le llama cordillera Mariánica y ofrece notables particularidades. Su longitud se calcula en 565 kilómetros. Empieza en la Sierra de Alcaraz; corre al principio hacia el O y al terminar tuerce hacia el S O. recorre en su trayecto parte de las provincias de Albacete, Ciudad Real, Jaén, Córdoba, Sevilla, Badajoz y Huelva. Limita las cuencas del Guadiana y del Guadalquivir; sus macizos son de escasa elevación y los más notables forman casi siempre ásperos estribos de la evrtiente meridional. Alturas de algunos puntos notables: Metros Metros Estrella. . . .1299 Prieto. . . . 926 Cabeza de Buey. . .1156 Sierra Gorda. . . .849 Lomas del Horcajo. . .1100 Picacho de Almuradiel. .769 Lomas del Ballestero. . .1000 Sierra de Llerena. . .569 Sistema penibético.- Forma verdadera cordillera y en él se encuentra el pico mas elevado de la Península. Su longitud total es de 361 kilómetros. Comienza en Sierra Filabres, apareciendo desde luego el imponente macizo de la Sierra Nevada, y se extiende por la parte meridional de Andalucía hasta Tarifa. Como todos los sistemas anteriores que van de E a O., su vertiente meridional es muco mas irregular y escabrosa que la septentrional, llegando la primera a formar en la costa del Mediterráneo grandes extensiones abruptas que la cierran a los navegantes. Altitudes principales: Metros Metros Mulhacén. . . .3481 Sierra de Gádor. . .2089 Veleta. . . . .3470 Sierra de Tolox. . .1960 Cerro de la Alcazaba. . .3314 Pico de Zafarraya. . .1754 Cerro de la Caldera. . .3289 Mesa de Ronda. . .1550 Cerro del Caballo. . .3000 Torcal de Antequera. . .1286 Chullo. . . .2609 Mijas. . . . .1150 Cerro de Almirez. . .2400 Suspiro del Moro. . .1000 Sierra Tejeda. . . .2134 Tendencias generales de la orografía ibérica.- En el conjunto de la Península se observa el predominio de dos grandes direcciones contrarias: la del continente europeo y la del africano. Han obrado, por tanto, encontradas influencias en la formación de su relieve. No se olvide que España tiene la condición de su istmo, de una zona transición que une el continente septentrional del Oriente (Europa) con el meridional, que es el África (I). Obsérvase en las cordilleras de Europa, prescindiendo de direcciones parciales, una marcada tendencia a caer hacia el Norte. (I) consideramos a los continentes americanos como centrales. (Véase O de Buen: tratado elemental de Geología). Por el contrario, los estudios geológicos llevados a cabo en el Norte de África revelan una tendencia opuesta; las formaciones revelan una tendencia opuesta; todas las formaciones caen al S España eslabona a estas dos masas continentales, presentando una línea divisoria que puede trazarse entre los puntos señalados por el cabo de Funisterre y la extremidad Norte de las Baleares. Debe existir una zona neutral que no está bien definida por la dificultad que ofrece el estudio geológico de las depresiones castellanas y aragonesas. Segñun los notabilísimos estudios publicados por el Sr. Macpherson acerca de la morfología de la Península, en la orografía de ésta el elemento primordial es la gran meseta del centro. La meseta central forma aun macizo rígido, constituido por materiales de gran resistencia, oculto bajo depósitos de las épocas terciara y cuaternaria. Coupa el centro de la Península y se extiende desde la cuenca del Ebro a la cuenca del Guadalquivir, formando una parte central, la meseta castellana, y dos pendientes costeras. La parte central reproduce los accidentes del contorno peninsular. Si el mar se levara 600 metros sobre su actual nivel, invadiría la Península y su meseta central destaca persistiría como un gran promontorio de contorno muy escotado. La meseta castellana se divide en dos partes, situadas a distinta altura y unidas por un escalón: la parte Norte, que bañan las aguas del Duero; la parte Sur, bañada por el Tajo y el Guadiana. En ninguna se presentan accidentes montañosos propiamente tales; existen los producidos por el desgaste, pero dominan las llanuras, cuyo tipos con las clásicas de la Mancha. A pesar de la horizontalidad manifiesta, el agua, con el transcurso del tiempo, ha producido los cauces de cinco ríos principales. La meseta castellana no se encuentra dispuesta en declive hacia los dos mares. Quine, desde el centro, intentase salir, se vería precisado a atravesar relieves de consideración. Circundan al territorio que puede conceptuarse como el núcleo de nuestra Península montañas que alcanzan a veces alturas de 2.000 y aun de 2.600 metros. Representa especialmente la tendencia europea la cadena de los Pirineos, y la tendencia africana se halla bien definida en la cordillera Penibética, que esta íntimamente relacionada con el gran macizo norte-africano del Atlas. Es carácter importantísimo de la constitución del suelo ibero la gran depresión que le atraviesa desde el fondo del golfo de Gascuña hasta la desembocadura del Tajo. HIDROGRAFÍA.- La variedad de los accidentes del suelo en la Península Ibérica imponen carácter especial a la hidrografía. Hay ríos caudalosos con cuencas bien definidas; los afluentes que limitan las principales estribaciones de las cordilleras son numerosos; hay torrentes, puesto que abundan las pendientes bruscas y los valles estrechos y profundos. El caudal de agua que los ríos llevan es inmenso, pero sirve poro para fertilizar el suelo, ya por la pendiente que imprime demasiada velocidad al agua, ya porque, efecto de esta pendiente, han excavado las aguas cauces que están bastante mas bajos que las llanuras. Así puede darse el caso de existir junto a riíos de gran caudal estepas áridas, secas, como los desiertos. Cono el macizo ibérico forma la división de las aguas en nuestro territorio y se encuentra mas inmediato al mediterráneo, claro que los principales ríos han de desaguar en el Atlántico, salvo el Ebro que debe su dirección a la posición de los Pirineos y a la existencia de la gran depresión aragonesa. Las demás cuencas siguen, en general, la dirección de E a O limitadas por los montes Galaico-Astúricos y los sistemas Central, de los montes de Toledo y Bético. Se suele dividir la Península, por el régimen hidrográfico, en las siguientes secciones: 1.ª Vertiente de los Pirineos Orientales. 2.ª Cuenca del Ebro. 3.ª Región austro-oriental. 4.ª Vertiente meridional. 5.ª Cuenca del Guadalquivir. 6.ª Cuenca del Guadiana. 7.ª Cuenca del Tajo. 8.ª Cuenca del Duero. 9.ª Región occidental de Galicia. 10.ª Vertiente septentrional. Citaremos algunos datos al respecto a los ríos principales de estas secciones. A la 1.ª pertenece el Llobregat, cuyo cauce es de 190 kilómetros de longitud. La cuenca del Ebro tiene una extensión de 83.500 kilómetros cuadrados, casi la sexta parte del suelo de España. Suele dividirse el río en tres regiones: en la 1.ª (hasta Miranda de Ebro) tiene gran pendiente y corre entre angostos valles y profundas cortaduras; en Miranda el caudal se ha calculado (mes de Julio) en 20.260 metros cúbicos por segundo. En la segunda región (de Miranda a Zaragoza) pasa por extensas llanuras y la pendiente media del río es de 0.008 de metro; su caudal durante el estiaje se ha calculado en Tudela en 45.230 m. c por segundo. En la tercera región la pendiente media del río se calcula en 0,0005 de metro y el caudal, después de la confluencia del Segre, en 135.694 metros por segundo. De la sección 3.ª son el Júcar y el Segura. El primero es el de la mas importancia de la provincia de Cuenca y comprende además en su valle parte de las provincias de Teruel, Albacete, Alicante y Valencia; el caudal calculado por el señor Llauradó, aguas arriba de Antella, en mayo, es de 112.707 metros cúbicos por segundo. El Segura tiene extensa cuenca y su caudal es inseguro; abundante en otoño, primavera e invierno, y con frecuencia nulo completamente en verano. Sus inundaciones son frecuentes y desastrosas. Los ríos de la vertiente meridional tienen escasa importancia; son los principales el Almería, Adra, Guadalfeo, Guadalhorce, Guadiano y Guadalete. La cuenca del Guadalquivir es sin duda la mas interesante de España; constituye un valle de poca altitud; su área es de 56.522 kilómetros cuadrados. El curso del río se aproxima a 700 kilómetros, siendo de escaso caudal hasta la confluencia del Guadiana Menor, no muy abundante hasta la Genil y solo navegable desde Sevilla a Sanlúcar. Se halla esta cuenca cubierta en su arranque de extensos pinares, y desde la salida de éstos, de grandes olivares, excelentes viñedos y magníficas dehesas de pasto, alternando con tierras de apropiado suelo para la producción de cereales; esto agregado a las cualidades del clima, la alta temperatura de los llanos y terrenos bajos al cielo despejado y vivificante, hace que sea grande la importancia de esta cuenca. La cuenca del Guadiana comprende una extensión superficial de 72.100 kilómetros cuadrados próximamente. Discútense los orígenes de este río suponiendo unos que nace en las lagunas de Ruidera y juzgando otros que el verdadero nacimiento esta en los llamados Ojos del Guadiana. Desde los Ojos corre hacia Occidente por terrenos que se encharcan con facilidad, y después toma diferentes direcciones; en territorio español se calcula que tiene una longitud de 440 kilómetros, con una pendiente general suave. La cuenca del Tajo está formada por una faja de la zona central de la Península, orientada de E a O y cuya área se calcula en unos 54.860 kilómetros cuadrados. La primera comprende las vertientes de las sierras de Albarracín y de Molina y los escabrosos terrenos de la provincia de Guadalajara hasta Zorita, siendo en esta sección, que tiene una longitud de 200 kilómetros próximamente estrecho y tortuoso el cauce del río. La segunda abraza desde Zorita a Puente del Arzobispo hasta la frontera de Portugal, en que termina la tercera sección española, encuentra el Tajo grandes obstáculos encerrándose a veces en estrechos y tortuosos callejones entre abruptas y ásperas márgenes; la longitud del cauce en esta sección es de 247 kilómetros. La cuenca del Duero ocupa una área de 79.000 kilómetros cuadrados. En su mayor parte es una llanura terciaria de igual naturaleza que la de la cuenca del Ebro y la de la Meseta de Castilla la Nueva. Nace el Duero en Peña Urbión a mas de 2.220 metros sobre el mar. Su cauce es profundo, tortuoso y difícil en la parte alta de la cuenca y al entrar en Portugal; en la región central es dilatado y espacioso y de una pendiente en general suave, que no suele llegar a un 3 por 100. el caudal de aguas muy considerable y bastante uniforme a causa del ancho campo de la cuenca y de la gran distancia, por tanto, que tienen que recorrer sus mas importantes afluentes desde sus lejanos orígenes a la confluencia. Distínguense entre los ríos que le rinden sus aguas: por la margen derecha, el Pisuerga y el Elsa, por la entidad de su corriente rivalizan con el río principal; por la izquierda, el Eresma y el Tormes. A la que se llama región occidental de Galicia pertenece un río de verdadera importancia: el Miño. En esta región están comprendidas íntegras las provincias de Pontevedra y la Coruña, casi toda la de Orense, la inmensa mayoría de la de Lugo y la porción occidental de la de León. La longitud del cauce del Miño no baja de 340 kilómetros, siendo navegable en los 31 últimos. Tiene un afluente, el Sil, cuya importancia no es menor. El cauce del Sil, es en general tortuoso y profundo y tiene una extensión de 245 kilómetros; el caudal de aguas sobrepuja al del Miño en la confluencia de ambos. La que se ha llamado vertiente septentrional comprende la parte N de Lugo, Asturias en su totalidad, casi toda la provincia de Santander, íntegras Vizcaya y Guipúzcua y una pequeña porción del N de Burgos, Álava y Navarra; constituyendo todo este territorio una estrecha faja septentrional, separada del resto de España por los montes Vasco- Cantábricos y Galaico- Astúricos. Los ríos de esta sección son de corto curso y de carácter torrencial, por las alturas de que proceden y por el corto recorrido de su cauce y además por las condiciones hidrometeóricas de la localidad, las cuales mantienen el suelo en perpetuo estado de humedad, en razón a la escasa evaporación comprada con la cantidad de lluvia, que excede en esta zona de un metro anual. Los ríos mas notables son: el Eo, Navia, Nalón y Sella, en Asturias; el Deva, Nausa, Besaya, Pas y Miera, en la provncia de Santander; y el Nervión, Orio y Bidasoa, en las Vascongadas. El mejor estudiado es el Nervión: su cuenca comprende unos 1.930 kilómetros cuadrados (1.360 de Vizcaya, 392 de Álava, 146 de Burgos y 23 de Santander); la longitud del cauce es de 70 kilómetros y el caudal de aguas ( según Llauradó), tomada en agosto después de la confluencia del Durango, es de 7.330 metros cúbicos por segundo. CONSTITUCIÓN GEOLÓGICA DEL SUELO ESPAÑOL. (I).- Todas o casi todas las formaciones geológicas se halan representadas en el suelo de nuestra Península. Las rocas eruptivas, en manchones de mayor o menor importancia (I) estresacamos los párrafos de este artículo de la Reseña Geográfica de España ya citada y de nuestro Tratado elemental de Geología. Ocupan una extensión que se calcula en 50.000 kilómetros cuadrados. Domina entre ellas el granito, que forma importantes macizos en la zonas siguientes: al N E en Cataluña y los Pirineos; al NO en Galicia y parte de las provincias de León y Zamora en el centro en Extremadura, Castilla la Nueva y parte de Castilla la vieja; al S y SO, en Andalucía, Ciudad Real y parte de Extremadura. En los países montañosos donde el granito domina, el aspecto del paisaje ofrece los contrastes mas extraños. Inmensas moles de color gris y con la matiz verde obscuro que desde lejos les prestan las manchas de musgos, líquenes y pinos que en los huecos de su árida superficie arraigan, se amontonan irregularmente con sus perfiles fantásticos, en que aparecen recortadas, ya figuras toscas y extrañas, ya puentes y túneles naturales, ya en fin gigantescos monolitos en posiciones de equilibrio permanente inestables o absurdas. Al mismo tiempo, en los valles que entre sus escabrosidades se forman y cuyo suelo se cubre con los detritos feldespáticos, la vegetación se desarrolla fuerte y exuberante, siempre que los rigores del clima no la combaten, haciendo resaltar notablemente la aridez de las alturas mas próximas. En las llanuras de suelo granítico, si la descomposición de la roca es profunda, aparecen zonas muy feraces. La superficie de los gneis, micacitas y rocas análogas del Terreno arcaico se calcula en 1.700 kilómetros cuadrados. Estos depósitos aparecen en cinco zonas, según el estudio que de ellos ha hecho el señor Macpherson: la pirenaica, que abarca también Cataluña, en donde se hallan desquiciados y revueltos; la zona galaica, que ocupa todo el N O. del país; la zona central en que se incluyen las cordilleras Carpetana y Oretana; la zona extremeña con la cordillera Mariánica; la Sierra Nevada y la zona de la Serranía de Ronda. En Galicia el arcaico se descompone mucho en su superficie y se cubre de tupida vegetación gracias a la gran humedad atmosférica. En la cordillera Carpetana el gneis glandular tiene espesor inmenso; las rocas arcaicas se hallan atravesadas por una inmensa mole granítica En la zona mariánica se encuentran tres afloramientos arcaicos: uno que atraviesa de N O a S E el N de la provincia de Córdoba formando una faja estrecha; otro, paralelo al anterior, que va desde la provincia de Badajoz al Guadalquivir, atravesando la de Sevilla, y el tercero, el mas extenso, recorre el N de la provincia de Huelva y adquiere su máximo desarrollo en Portugal. En la Serranía de Ronda el arcaico alcanza mayor desarrollo que en la zona anterior; rodea la gran masa de serpentina que tanto interés de aquella región anadulza. En la Sierra nevada aparece principalmente en el trayecto de Huejar Sierra a la cumbre de la Nevada; se camina un gran trecho sirve filitas, pizarras micáceas y talcosas que tienen espesor considerable, hasta el barranco de San Juan y Dehesa de San Jerónimo, en donde afloran las micacitas granatíferas, asociadas a rocas anfibólicas, serpentinas, calizas cristalinas y algunos lechos de un gneis particular. Los terrenos silúrios son, después de los terciarios lacustres, los que mayor extensión de la Península ocupan; se calcula que pasa de 100.000 kilómetros cuadrados. Interrumpidos por varios macizos graníticos, ocupan tales terrenos casi toda la región occidental de nuestro territorio, invadiendo Portugal, de cuya superficie ocupan una tercera parte. El triángulo cuyos vértices fueran Alcaraz, Luarca y el Cabo de San Vicente, nos limitará una dilatada extensión, perteneciente en mucho mas de su mitad al sistema silúrico. Además de esta gran parte, contamos con otras pertenecientes a la misma época, de dimensiones mas reducidas, pero que en tre todas suman un total considerable. Tenemos un manchón silúrico de mas de 100 leguas cuadradas entre Torrelaguna (Madrid) y Atienza (Guadalajara); otro, próximamente de igual superficie, entre Burgos, Logroño y Soria, cogiendo una porción de las tres provincias; dos fajas extensas de las de Zaragoza y desde Moncayo a Montalván y otra que cruza por Calatayud y Daroca; un pequeño islote al N O de Segovia; otra al N de Molina de Aragón; otros dos mayores a N de la Sierra de Albarracín; varios hacia Calatayud, y una zona que desde Camprodón, cruzando el calle de Andorra, sigue por los Pirineos, terminando por la parte de España hacia Benasque. La extensión superficial del terreno devónico en España es de unos 5.800 kilómetros cuadrados. Acompañando al silúrico, se encuentra en casi todos los terrenos en que este ha sido citado, pero solo en pequeños manchones: el depósito de mayor extensión es el que se extiende a un lado y a otro de la cordillera Cantábrica ocupando parte de las provincias de León y Asturias. La formación carbonífera, lo mismo que la devónica, se extiende principalmente a un lado y otro de la cordillera Cantábrica, desde las sierras de Sobia y Aguería hasya la Liébana, ocupando parte de Asturias y León y aun de Santander y Palencia. En toda esta región se encuentra los dos horizontes; el de la calza de montaña, en que a veces se encuentran cuarcitas, areniscas y pizarras; y el hullero, que empieza por capas calizas alternando con los primero lechos de carbón. En Asturias la formación carbonífera ocupa 2.700 kilómetros cuadrados. De Santander a Gerona aparecen algunos afloramientos carboníferos; es muy importante la cuenca de San Juan de las Abadesas, que tiene uno 30 kilómetros cuadrados de extensión. En el S de España hay; el manchón de Puerto- Llano ( 20 kilómetros de longitud y 2 de anchura); la cuenca de Belmez y Espiel (120 kilómetros cuadrados de superficie); el manchón de Villanueva del Río (Sevilla) y algunos otros. Los depósitos de caliza carbonífera adquieren gran desarrollo en la provincia de Badajoz. La extensión superficial del terreno carbonífero en España se calcula en 11.000 kilómetros cuadrados. La existencia del terreno pérmico en nuestro país es dudosa. La formación triásica ocupa una superficie de 22.000 kilómetros cuadrados próximamente, casi igual a la del jurásico y mitad de la del cretáceo. Se encuentra nada menos ue en 37 provincias, ya en fajitas o manchones asociados a los otros terrenos mesozoicos, ya rodeado por el mioceno. Se ajusta paralelamente a la costa mediterránea desde la provincia de Cáliz a los de Gerona a partir del cual se extienden fajas irregulares a lo largo de los Pirineos hasta las de Oviedo, uniéndose estas con las anteriores por otras diagonales que desde la de Santander cruzan las de Burgos, Logroño, Soria, Zaragoza, Guadalajara, Cuenca y Teruel en dirección a Valencia. La superficie jurásica de nuestro país es de 22.500 kilómetros cuadrados. Se encuentra dividida en tres fajas interrumpidas por terreno mas antiguos que las rodean en algunos puntos, o por rocas cretáceas y terciarias que la cubre en otros. La faja mas septentrional va casi de O a E, por la región cántabro- pirenaica, apareciendo en manchones de diferente extensión, desde Avilés en Asturias hasta la sierra de Cadí en Cataluña. La segunda faja es la de mayor importancia; se extiende desde los confines de Santander y Palencia, de N N O a S E E., por las provincias de Burgos, Logroño, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel y Cuenca hasta terminar en las de Tarragona, Castellón y Valencia. Sigue la faja tercera una dirección casi perpendicular a la segunda, apareciendo la formación con interrupciones, desde la provincia de Cádiz a la de Alicante, al través de las de Sevilla, Granda, Córdoba, Jaén, Almería y Murcia; en Almería forma el jurásico las levadas sierras del Maimón Grande, María y Periate. La extensión de los terrenos cretáceos es próxima a 48.000 kilómetros cuadrados. Pueden agruparse también en tres series o fajas. En la región cántabro-pirenaica avanzan a Poniente varias manchas que cruzan de E a O el centro de la provincia de Oviedo; otra que desde cerca de la Pola de Gordón, en León, pasando por BOñar, se dirige a Cervera (Palencia), destacada de otra mucho mayor que se extiende por las provincias vascas, Santander, Burgos y Navarra, quedando interrumpida en los confines de esta última y del Alto Aragón. Desde los valles de Aragües y de Canfranc hasta cerca del golfo de Rosas se prolonga por las faldas de lo Pirineos aragoneses y catalanes otra faja cretácea de variable altura, diversamente ondulada, limitada al S por el numulítico. Paralelas a estas fajas hay otras varias inmediatas a las llanuras meridionales de los provincias de Huesca y Lérida; y mas al Sudeste hasta tocar al Mediterráneo asoman otras, asociadas al trías y al mioceno por el Panadés, en los confines de las provincias de Barcelona y Tarragona. La serie de manchones del centro y del E de la Península se desarrolla principalmente por la provincias de Burgos, Soria, Logroño, Zaragoza, Guadalajara, Cuenca, Teruel, Tarragona, Castellón, Valencia y Alicante. En varias de estas provincias y en las De Segovia, Madrid, Albacete, Murcia y Baleares, hay además un gran número de manchitas de mas reducidas dimensiones, que deben considerarse dependientes o anejas de las principales, separadas entre sí por el mioceno que las oculta largos trechos. En la región meridional consta la tercera serie de otras fajas y manchas esparcidas por las provincias de Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, Murcia y Alicante. El horizonte veáldico se halla ocupado bastante extensión en las provincias de Logroño, Soria y Santander. Con diverso desarrollo, todos los horizontes tienen presentación en nuestra patria. La extensión del terreno eoceno español se calcula en 23.500 kilómetros cuadrados. Se encuentran depósitos marinos y lacustres. Dominan los primeros, pertenecientes al llamado terreno numulítico. No se encuentra este ni en el centro ni en la parte occidental; adquiere principal importancia en las provincias del N y N E y en la región andaluza. Existen pequeñas manchas en Galicia, Asturias y Santander; en Álava adquiere gran desarrollo; en Zaragoza ocupa la parte septentrional de la provincia; en la de Huesca alcanza extensión e importancia; en Lérida se extiende de O a E y asoma en Tremp; en la provincia de Gerona aparece por los Pirineos y márgenes del Ter hasta las cercanías de Gerona y de Figueras, reapareciendo en algunos puntos de la costa; continúa al S O, entrando en la provincia de Barcelona por Vich, Manresa e Igualada, y estrechándose cada vez mas, sigue por uno y otro lado de la divisoria de Lérida y Tarragona hasta alcanzar las márgenes del Ebro. Una estrecha faja aparece entre Gandesa (Tarragona) y el S O de Valdetorres (Teruel). En Valencia hay un pequeño manchón en Luchente, pero en la parte meridional de la provincia de Alicante adquiere mayor importancia. En Almería reviste excepcional interés, sobre todo hacia Vélez Rubio y Vélez Blanco, donde forma elevados montes, penetrando en las provincias de Murcia, Granada y Jaén. En diversos puntos de Andalucía se ha encontrado también principalmente en Málaga. El eoceno lacustre acompaña al numulítico, formando zonas de diversa extensión, en Navarra, Zaragoza, Huesca, Lérida, Barcelona y Gerona El terreno mioceno es el que ocupa en España una extensión mayor; se calcula ésta en 137.500 kilómetros cuadrados. Las llanuras españolas cuyo suelo es en su mayor parte mioceno lacustre ocupan cuatro grandes zonas: cuenca del Duero; cuenca del Ebro; cuencas del Segura, Guadalquivir, Júcar y principio de las del Guadiana y Tajo; cuenca del Guadalquivir, en otros términos podemos dominas a estas llanuras: estepa castellana, estepa aragonesa, estepa de Levante y estepa del Guadalquivir. Las llanuras miocenas españolas, en su mayor parte, son el fondo de inmensos lagos terciarios en los cuales se precipitaron los sedimentos que lo forman. Como estas llanuras aparecen rodeadas de altas montañas, el agua que discurriera por las vertientes vendría alimentar los lagos, de la misma manera que hoy alimentan a los grandes lagos de Escandinavia y Rusia las aguas que corren por los montes en que la cuenca se halla comprendida. Disminuyendo la cantidad de lluvia, los lagos decrecerían al cabo de mucho tiempo, y limitandose la cuenca y adquiriendo a la vez cierto declive, ya hacia el Mediterráneo (estepas aragonesas y de Levante), ya hacia el Océano (estepas del Duero y del Guadalquivir), los lagos se convertirán en caudalosos ríos, y por último, el decrecimiento del caudal de ésos las traería a la situación presente. Tienen escasa importancia el horizonte plioceno, cuya superficie en España se calcula en unos 6.000 o 7.000 kilómetros cuadrados. Las formaciones cuaternarias que se dominan diluviales y los aluviones recientes no dejan de tener algún interés; se calcula que su extensión pasa de 50.000 kilómetros cuadrados. DISTRIBUCIÓN DE LA TEMPERATURA.- Conocida ya la topografía de la Península y reseñada la constitución geológica del suelo, falta examinar un dato de importancia sima para el estudio de la vegetación y de la flora; este dato es el clima. Interésanos sobre manera conocer la distribución de la temperatura y después la repartición de las lluvias. No tenemos sobre esto mas datos sintéticos que los que consigna la Reseña Geográfica publicada por el Instituto geográfico y estadístico, bajo la dirección del sabio general Ibáñez, y como estos datos son difíciles de sintetizar y ofrecen por otra parte gran interés, los transcribiremos íntegros. He aquí a continuación el capítulo Calor de la Reseña mencionada: CALOR.- El calor es el principal agente de la meteorología. Su distribución sobre la Tierra sigue una ley decreciente del ecuador a los polos. No en el ecuador terrestre, sino en el ecuador terrestre, sino en el ecuador térmico, que difiere sensiblemente de aquél, es donde la radiación solar es mas intensa; a partir de él, en dirección a uno y otro polo, disminuye gradual y paulatinamente hasta alcanzar su mínimum en las zonas polar ártica y polar antártica. Pero este decrecimiento no se verifica con exacta proporcionalidad al aumento de la altitud. Por cada grado que se gana en este sentido, no se pierde en calor la misma cantidad en determinadas comarcas; por ejemplo, hasta caminar hacia el polo la mitad que en otras para que la temperatura descienda en ambas igualmente, lo cual es debido a la desigualdad de la superficie terrestre y a la heterogeneidad de la materia que la forma. Si no hubiera mares y continentes tan esencialmente distintos entre sí, y la corteza de nuestro globo fuese homogénea y perfectamente plana y estuviese del miso modo distribuida en ella la vida vegetal, las isotermas coincidirían con los paralelos y el ecuador térmico con el ecuador terrestre. Mas como aquellos existen con caracteres tan diversos como los del Atlántico y el mar Rojo, entre los mares, y la Europa y el África, entre los continentes, el curso de las líneas termométricas tiene que atemperarse a estas circunstancias y diferir del que seguirían sin su intervención. Estas causas perturbadoras de la distribución del calor modifican, pues, la marcha de las isotermas, alternando su curso regular y ordenado, obligándolas a presentar inflexiones mas o menos grandes y en uno y otro sentido en los diversos países, según la parte que toman dichas causas perturbadoras. Conviene ver en España que marcha siguen las citadas líneas según el trazado de las curvas de igual temperatura de todo el globo terrestre, de Berghaus, la isoterma de 15º representa el límite septentrional térmico de la Península, cuya línea, viniendo del golfo de Gascuña, entra en la vertiente Norte de la cordillera de los Pirineos y, siguiendo paralelamente a estos, se arquea hacia el polo por la cuenca del Ródano y desciende después hacia Marsella entrando un poco en el Mediterráneo, para volver a subir y prolongarse por la parte meridional de la Lombardía y cruzar la Península Itálica. La línea isoterma de 20º es, por el contrario, el límite meridional térmico de nuestra península, la cual, entrando por la punta Sudoeste o Portugal, sube por Vilanova de Portimao y vuelve a salir rápidamente por el Sur, a corta distancia de su entrada, dirigiéndose al África por Tánger atravesando Marruecos y la Argelia y continuando después por el Mediterráneo. El trazado de dichas líneas lleva sin errores, en los que a la Península Ibérica se refiere, motivados sin duda por la falta de observaciones en España, en la época que Berghaus hizo la segunda edición de su Mapa termométrico (1849); pues no de otra manera se explica que dejara al Norte de la isoterma de 20º varias fajas de nuestra costa meridional que disfrutan de mas alto temple que Vilanova de Portimao, punto considerado por aquel como el de mayor temperatura media de la Península. Con arreglo, pues, a dichas temperaturas medias y a la división de los climas en abrasadores, los superiores a la isoterma de 25º; cálidos, los que corresponden a la zona comprendida entre las isotermas 20º y 25º; cálidos, templados o apacibles, los que se hallan entre 15º y 20º templados, los que están entre los 10º y º5º; fríos, lo que se hallan entre los 5º y º0º muy fríos, los entre 0º y 5º y glaciales, los que caen bajo 0º. España goza toda ella del clima cálido templado, lo cual es muy contrario a la realidad e incurriría en grave error el que tal concepto formara. La razón consiste en que el Mapa termométrico de Berghaus tiene por Único objeto dar a conocer la ley general de la repartición del calor en todo el globo, prescindiendo de los efectos de la altitud. Para este fin, las isotermas en él trazadas, dada su generalidad, son de una precisión satisfactoria, siendo deficiente si se particulariza su aplicación a pequeñas extensiones, en las que juegan importante papel el relieve del suelo y otra multitud de causas locales. Cuando se trata de conocer en reducidas comarcas, a la par que la distribución del calor, la vegetación en sus relaciones con dicho elemento, es mas útil y práctico el conocimiento de las temperaturas reales que el de las reducidas al nivel del mar, y, por tanto, de más interés poseer sobre un mapa el trazado de las primeras que el de las segundas. En la comisión del mapa forestal, de la que es jefe el Llmo. Sr. D Francisco García Martino, se ha formado un mapa de España con el trazado provisional de las isotermas reales de 4º en 4º, obtenidas con los datos de los observatorios oficinales, en el cual se revela que el suelo español participa de todos los climas, desde los cálidos hasta los muy fríos, ambos inclusive. En efecto: limitan la Península, en el sentido de su latitud, la isoterma real de 12º por el Norte y la de 20º por el Sur, dejando una y otra, hasta la costa, pequeñas fajas litorales que disfrutan de mayor temperatura media; mas en el sentido de la altitud, en los elevados picos de sierra Nevada y de los Pirineos, la media anual no excede de 0º. Combinando, pues, unas con otras temperaturas, se ve que las isotermas reales en España recorren la escala comprendida entre 0º y 20º, excediendo algo de esta. El trazado general de varias de estas líneas en nuestro territorio es el siguiente: La isoterma real de 20º, procediendo de Oriente a Poniente, viene del Mediterráneo y penetra en España por Almunécar, provincia de Granada; sigue costeando la curva de nivel de 100m, entre en la de Málaga por el Norte de Nerja y continúa a Occidente por los términos municipales de Torrox, Vélez- Málaga y Málaga, comprendiéndoles en todo o en parte. Al llegar al Guadalhorce, sube por la ladera izquierda del cauce del río hasta Alora y vuelve a bajar por la orilla derecha, dejando comprendido a Cártama, hasta buscar las últimas estribaciones meridionales de la sierra de Mijas, desde las cuales corre hacia el Poniente paralelamente a la costa por la curva de 100m, al Norte de Marbella, Estepona y Casares, cerca del Guadiario. Aquí presenta una inflexión la curva, análogamente a la que ofrece en el Guadalhorce, subiendo por la ladera izquierda de aquel río, constituida por pequeñas lomas dependientes de la Sierra Bermeja hasta Jimena de la Frontera; desde donde vuelve a bajar por la otra orilla del Guadiaro y sale de España por el término municipal de San Roque, para penetrar probablemente en África por el Estrecho la parte Norte del Imperio de Marruecos, del cual sale al Atlántico para volver a entrar en España por Sanlúcar de Barrameda. Dede este punto, desembocadura del Guadalquivir, sube por la orilla izquierda del río, cortando los arroyos de Jardines de la Sangradera y el Salado de Morón, afluentes directos del Guadalquivir, por la mitad próximamente de su curso, pasando por Trebujena y Lebrija y acercándose mucho a Utrera por su parte occidental, y alcanzando como límite mas inferior las cercanías de la ciudad de Sevilla, sin que llegue en este trazado ni en el que le sigue a rebasar ni con mucho la curva de 100m. desde el sur de Sevilla baja por la derecha del Guadalquivir a tocar en el límite norte de la isla Mayor, que forma el río, desde ella se dirige al Oeste por las cercanías de Almonte y Norte de Moguer, donde presenta una inflexión, para subir poco por los valles de los ríos Tinto y Odiel, que confluyen en su desembocadura en Huelva, y cuado ya ha cruzado el Odiel, baja un poco, sigue después hacia Occidente, paralelamente a la costa, por Cartaya, y penetra en Portugal por el Norte de Ayamonte. La isoterma real de 16º tiene un largo recorrido en España, atravesando en su trazado las provincias de las costas de Levante, las del Sur y varias del interior. Penetra en la Península por el golfo de Rosas, en la provincia de Gerona, y paralelamente a la costa, y a escasa distancia de ella, marcha hacia el sur por las de Barcelona, Tarragona, Castellón de la Plana y Valencia, el cabo de la Nao, en Alicante y Murcia, algo mas que en las anteriores provincias, comprendiendo parte de la estepa murciana y volviendo después de cruzarla a bordear el cabo de Palos dedde el cual sigue el resto de la provincia y penetra en la de Almería. Tanto en está como en las costeras colindantes que la siguen, Granda y Málaga, el trazado de la isoterma se amolda mas o menos a la curva de nivel de 500m. al llegar al valle del Guadalhorce, sigue río arriba a buscar el del Genil, al cual cruza por la región del Oeste de la provincia de Granda; entra un poco en la de Córdoba, y pasa a la de Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva, penetrando después en Portugal, en cuyo reino no esta marcado el trazado. Probablemente continuará por la vertiente meridional de la sierra de Monchique, en Portugal, y antes de llegar al cabo de San Vicente doblará su curso a buscar la ladera Norte de la indicada Sierra, para entrar de nuevo en España, como lo verifica por la ladera septentrional de Sierra Morena, que sigue en las provincias de Huelva, Sevilla y Córdoba, hasta pasar a la ciudad e Ciudad Real, a la altitud aproximada de 500 m. al penetrar en esta provincia marcha por su región del Oeste a buscar el valle del Guadiana, en las cercanías de Herrera del Duque, desde cuyo punto dirige un rumbo río arriba, por la vertiente izquierda, a pasar pos su orígenes y prolongarse hasta la provincia de Cuenca, de la que solo abraza una pequeña extensión de la parte meridional. Entre san Clemente y Quintanar de la Orden dobla la isoterma hacia el Poniente, corre por los límites de Ciudad Real y Toledo, baja por el Puerto Lápiche y toma la orilla derecha del Guadiana, continuando después por los confines de Ciudad Real y Badajoz, y de Cáceres y Toledo, a tocar en el valle del Tajo, el cual sigue río arriba por su ladera izquierda. Le cruza por cerca de Talavera de la Reina, asciende un poco al Norte y dobla en seguida al Oeste por la ladera derecha del citado valle, internándose mas o menos por los del Alberche, del Tiejar y del Alagón, y saliendo de España a Portugal por el Sudoeste de Hoyos. Aun cuando se ha dicho que el trazado de esta isoterma es, en general, paralelo a la costa en las provincias marítimas que recorre, no es esta propiedad rigurosamente exacta, porque ni en ellas ni en las del interior puede sustraerse al influjo de la orografía y de la hidrografía en la distribución del calor; y al llegar a las cuencas de los ríos, se dirige mas o menos hacia el interior, avanzando tanto mas cuanto mayor es la importancia de aquellas. Así sucede que en el Valle del Ebro intérnase la isoterma hasta alcanzar la confluencia de aquel con el Segre: en el Guadiana rebasa los orígenes de este río y entra en la provincia de Cuenca: en el del Guadalquivir, sube hasta muy cerca de su nacimiento, y en el del Tajo hasta Talavera de la Reina, siendo muy marcadas también las entradas en los valles del Turia, Júcar, Segura, Guadalhorce, Genil, Alberche, Tiéjar y Alagón en posición a estas inflexiones hasta las consiguientes a los contrafuertes de las sierras, que la hacen arquearse en sentido inverso al anterior, es decir, de dentro afuera. Has además otra isoterma de 16º, cerrada, que comprende parte de Sevilla, Cádiz y Málaga, cuyo curso se revela con bastante aproximación por el que sigue la curva de nivel de 500m que rodea el grupo de sierras conocido por Serranía de Ronda, sierras de Estepona, de Algeciras y Tarifa. La zona que en España determina las isotermas de 20º y 16º comprende: además de una estrecha faja del litoral de las provincias de Levante, hasta el cabo de la Nao, las costas y planicies de Alicante, Murcia, Almería, Granda y Málaga hasta la altitud de 500m aproximadamente, salvo la porción costera de Granada y Málaga, de mas cálido temple; toda la provincia de Cádiz, excepto su parte Norte, formada por las cierras del Castor, del Pinar y de Ubrique, que juntamente con el grupo de la Serranía de Ronda gozan de menor temperatura media; toda la provincia de Sevilla, menos la cuenca inferior del Guadalquivir, que sobrepuja a la isoterma de 201, y una pequeña extensión de sierra Morena perteneciente al partido de Cazalla de la Sierra, inferior a la de 16º; los grandes llanos de Córdoba y Jaén, a uno y otro lado del Guadalquivir; toda la provincia de Huelva, salvo su región meridional, de mas alta temperatura, y las sierras de Aracena y Picos de Aroche, que no llegan a la media anual de 16º, y toda Extremadura española, menos la mitad superior de la cuenca del Alagón y las altas regiones de las sierras de Altamira, de Villuercas, Logrosán y Puerto de Miravete. De la provincia de Toledo, abrazan dichas isotermas las suaves laderas y planicies de los valles del Tiétar, Alberche y Tajo hasta Talavera de la Reina; y de la provincia de Ciudad Real, solamente una estrecha faja a todo lo largo del Guadiana, que se interna hasta la estepa de Castilla. La referida zona comprendida entre las isotermas antedichas podría subdividirse en otras mas estrechas por líneas térmicas que se diferencian de grado en grade y representasen las medias anuales de 19º y 18º y 17º, aquilatando así mas y más la distribución del calor en el territorio español. Pero este trabajo, además de prolijo y enojoso en una descripción de esta índole, se saldría fuera del objeto de la misma. La isoterma real de 12º entra en España por el partido judicial de Olot, Pirineos Orientales, provincias de Gerona, baja directamente hacia el sur, y en la provincia de Barcelona cambia de dirección, tomando la del Oeste, para dirigirse por la falda meridional de la cordillera de los Pirineos, adaptando su forma a las leyes generales de la complicada orografía e hidrografía de esta región. Con el rumbo indicado, continúa hasta cortar el Ebro en el límite occidental de Álava, desde cuyo punto vuelve al Sudeste por el valle de este gran río y por las laderas septentrionales del sistema ibérico, rodeando las últimas estribaciones de parte de este sistema y pasando entre altitudes comprendidas desde 500 a 1.000m. Así baja el Oeste de Zaragoza en que, cambiando la dirección a Occidente, se dirige por la vertiente norte de la cuenca del Jalón a buscar el valle del Duero. Toma el curso de este valle por las orillas de su cauce, cortando diez veces el río antes de llegar a Valladolid, por cuya ciudad pasa la isoterma, y desde cuyo punto baja al Sur a la provincia de Segovia, en el cual se arquea para dirigirse primero a Poniente por los confines de Ávila y Valladolid, y de Salamanca y Zamora, abrazando parte del valle del Tormes, y después al Norte por la región meridional de Zamora y oriental de Valladolid. Al salir de esta provincia por cerca de su encuentro con las de Zamora y León, penetrando un poco en esta última, dobla hacia el Sudoeste para abrazar el valle de Elsa, comprendiendo gran parte de la región occidental de la provincia de Zamora, por la cual sale de España y entra en Portugal. Otra isoterma de 12º entra de Portugal en España por la vertiente Norte de la sierra de Gata, dirigiéndose por la de Gredos y la de Guadarrama a buscar el valle del Duero en el Sudeste de la provincia de Burgos, y desde aquí río arriba, por la ladera izquierda de dicho valle, se dirige al del Jalón,. Penetra en él, y adquiriéndose a las sierras dependientes del sistema ibérico, pasa de Soria a Zaragoza, de Zaragoza A Teruel y de Teruel a Castellón, por el punto de unión de estas últimas provincias con la de Tarragona. Aquí deja la dirección anterior y la toma la del Sudoeste, recorriendo toda la parte alta de la provincia de Castellón en el sentido de su mayor longitud, y al llegar a la de Valencia, sube por la vertiente izquierda del valle del Turia hasta alcanzar el Ademuz, en que corta al referido río. Baja un poco por su vertiente derecha y por el límite de Valencia y Cuenca, y entra en esta para pasar por debajo de la capital y buscar después las altas regiones de los valles del Tajo y del Tapiña, ya en la provincia de Guadalajara. Sube la zona septentrional de ésta, y por la vertiente meridional de la cordillera central se dirige hacia el oeste y continúa su curso por la de Gredos y de Gata, a salir de España y entrar en Portugal por muy cerca del punto en que se comenzó su descripción. En todo el curso de esta línea se observa la gran aproximación que existe entre su trazado y el de la curva del nivel de 1000m, la cual sigue con bastante precisión, salvo en algunos sitios de no mucha extensión, como parte de la estepa aragonesa y la región central de Cuenca, en que no llega a alcanzar la altitud referida. Otra isoterma de 12º entra en Francia en España y en los Pirineos de Navarra, y dirigiéndose por la vertiente septentional de la cordillera cantábrica, cruza todas las provincias del litoral cantábrico, acercándose mas o menos a la costa según la estructura orográfica de cada una de ellas, hasta llegar al meridiano del cabo de Ortegal, dede el cual baja rápidamente hacia el Sur, pasando por Santiago y al Oeste de Pontevedra, a tocar el valle del Miño, en las proximidades de su cauce, en el partido judicial de la Cañiza. Desde aquí toma hacia el Norte por la ladera derecha del valle del Miño hasta alcanzar sus orígenes, y en seguida baja por la ladera izquierda a buscar el del Sil, que igualmente le rodea, y pasando por Orense, entra en Portugal por muy cerca del confín de este reino con dicha provincia y la de Pontevedra. No puede menos de hacerse notar que la primera isoterma de 12º descrita tiene su trazado entre 500m y 1000m, sin alcanzar casi nunca esta altitud, como sea en las altas regiones de la cuenca del Duero. La segunda, que es la que rodea el grupo central de las montañas y gran parte del sistema ibérico, se liga a la curva de 1000m en todo su curso por las sierras de Gredos y Guadarrama, y se contiene entre 500m y 1000m, pero mas cerca de esta última altitud, en el resto de su recorrido. Y la tercera, que es la de la costa cantábrica, se amolda en todo su curso con mucha precisión a la altitud de 1000m, estos resultados demuestran que es mas fría la vertiente meridional de los Pirineos que la del grupo ibérico, y estas a su vez mas que las de las cadenas centrales; existiendo bastante semejanza en su temple, entre la vertiente septentrional cantábrica y la cadena central de España, puesto que una y otra revelan a igual altitud de la misma temperatura media anual. Has además de las isotermas descritas, cuyos extremos no se unen en territorio español, otras cerradas de 12º que rodea diversos grupos de sierras de la sección meridional de la Península. La más importante de estas es la que envuelve a las sierras de Alcaraz, de Segura, de Baza y Sierra Nevada, verificando su curso entre las altitudes de 1000 y 1500m. de mucho menos recorrido son las que rodean las cumbres de la sierra de Almijara, de la Serranía de Ronda, de Sierra Mágina, y de otras que, no formando macizos con las grandes cordilleras, alcanzan, sin embargo, la altitud de 1500m, bajo la cual pasa la isoterma de que se trata. Entre las líneas térmicas de 12º y 16º se hallan comprendidas: de la sección meridional de España, todas las mesetas de Málaga, Jaén, Granada, Almería, Murcia Y Alicante, y las faldas de los diversos grupos de sierras hasta la altitud de 1300m a 400m aproximadamente; de la sección oriental, desde el cabo de la Nao hasta el de Creus, la mayor parte de las provincias de Valencia, Castellón de la Plana, Tarragona, Barcelona y Gerona y una gran faja de la cuenca del Ebro, en las provincias de Logroño, Navarra, Zaragoza, Huesca y Lérida, salvo el litoral de las provincias marítimas y las altas regiones de unas y de otras, superiores a la altitud aproximada de 700m, y lo mismo de las provincias gallegas, incluyendo los valles del Miño y del Sil. De la sección occidental, la mayor parte de la provincia de Zamora en sus grandes cuencas del Duero y del Elsa; la de Salamanca en el valle de Tormes y en toda su región del poniente; la de Cáceres en toda su región septentrional, falda meridional de la sierra de Gata, partes altas de la cuenca del Alagón y corona de los cerros la Villuerca, en Logrosán; y en las de Badajoz y Huelva solamente las cumbres de Sierra Morena. De las provincias del interior de España, entre isotermas de 12º y 16º, se comprende toda la provincia de Ciudad Real, excepto el valle del Guadiana; toda la de Albacete, salvo las faldas de las sierras de Alcaraz de 100m en adelante; toda la de Cuenca, menos su porción del Norte, que comprende la Serranía del mismo nombre, de 800m pasa arriba; toda la de Toledo, descontando el valle del Tajo desde Talavera de la Reina hacia abajo, que goza de más alto temple; las de Madrid y Guadalajara, menos las vertientes de la cordillera central y del grupo ibérico, desde 100m en adelante; de la de Teruel, las caídas del Ebro, inferiores a 800m de altitud, y las llanuras de segovia, Ávila y región del Sudoeste de Valladolid. Lo demás de estas últimas provincias, que constituye su mayor extensión, y de las de Palencia, León, Burgos, Soria y Teruel, así como las regiones de todas las provincias del Cantábrico y de los Pirineos, superiores a 500m, están entre 12º y 8º. Y no solo se hallan en este caso las provincias y regiones dichas, sino también las vertientes de la cadena central del grupo ibérico, que exceden de 800m de altitud, y las de las sierras de Alcaraz, Segura, Baza y Sierra Nevada desde 1200m en adelante. Resumiendo, se ve que mas cálido temple que el que revela la isoterma de 20º solo tienen en España las costas de Málaga, Sevilla y Huelva, antes referidas; que entre 20º y 16º se hallan todo el litoral de Levante y Mediodía (cogiendo de aquel solo una estrecha faja y de este hasta una altitud de 500m), y los grandes cuencas del Guadalquivir, Guadiana y Tajo, aquellas en toda su longitud en comarcas inferiores a 500m de altitud, y estas solos desde Talavera de la Reina hacia abajo, sin alcanzar la altura indicada; que entre 116º y 12º están las altas mesetas de Andalucía y laderas de sus sierras, hasta 1200m o 1300m; las de los reinos de Murcia y de Valencia, de menos de 1000m; los llanos y las laderas de Castellón de la Plana y Cataluña, menores de 700m; la cuenca del Ebro desde Alava para abajo, inferior a 700m de altitud, y la gran masa de Castilla la Nueva y de la Mancha. Entre 12º y 8º están Castilla la vieja y las altas vertientes y elevadas mesetas de nuestras cordilleras; en el sistema septentrional, desde 500m de altitud en adelante; en el central y en el ibérico, de 800m a 900m, y en el grupo penibético desde 1200m. Y no se crea hasta que n límite indefinido, puesto que, debido a la gran altura que alcanzan algunos de nuestros sistemas de montañas, en sus altas regiones se experimentan todavía menos temperaturas medias anuales que la de 8º, y esto se observa en todos ellos, excepto en el bético. Así en el sistema septentrional, a la altitud de 1200m próximamente se halla la isoterma de 8º y a la de 2000m la de 4º gozando las vertientes comprendidas entre dichas curvas de las temperaturas anuales Intermedias. En las cordilleras central e ibérica solamente sus elevadas crestas, desde 1500m en adelante, disfrutan de estas temperaturas, y en el Mediodía de España no mas que en Sierra Nevada, desde 1700m. Pero en ésta desde los 2500m y en el sistema septentrional desde 2000m, la temperatura media anual es inferior a 4º y llega en los mas altos picos a ser quizás inferir a 0º. Se hace preciosos además, para delinear con alguna exactitud las comarcas que dentro de su territorio tienen diversas condiciones termométricas, el conocimiento de las isoteras o isoquímeas, es decir, de las medidas temperaturas de verano y de invierno; y a la par que estás, el trazado de las líneas de máxima y mínima temperatura en ambas estaciones, las cuales, mejor que ninguna de las otras, ponen de manifiesto los extremos de calor y frío que la vida animal y vegetal tienen que soportar. Pero si bien ha sido posible reseñar, aunque ligera y brevemente, la marcha de las primeras por el territorio español, con la reserva a que obliga el escaso número de observatorios establecidos y la poca confianza que merecen algunas de sus observaciones, no ocurre lo mismo con las demás líneas térmica, de las cuales no se puede bosquejar su trazado ni aún con la brevedad dicha, por no saber de ningún centro oficia que tenga hecho este trabajo. Desde luego se comprende que el curso de estas líneas ha de ser mas movido e irregular que el de las isotermas, a causa de hallarse mas influidas que ellas por las múltiples causas locales que perturbaban las leyes generales de la repartición del calor y porque en las primeras no se compensan las oscilaciones estacionales. Solo se ha podido consultar en la citada comisión del Mapa forestal un bosquejo del trazado de las líneas medias de las máximas del calor en verano, sobre un mapa de nuestro territorio, por el cual se revela que España, en el sentido de su latitud, esta comprendida entre las curvas de 44º y 24º, coincidiendo con bastante aproximación la primera con la media anual de 20º, y corriendo la segunda por la costa oriental del Cantábrico, provincias de Santander, Vizcaya y Guipúzcoa. Las intermedias entre ambas extremas, tomadas de 4º en 4º, discrepan notablemente en su trayectoria de las medias anuales, que varían en igual relación, salvo la de 40º, que desde Alicante, en que penetra en España, hasta que sale de ella por el Norte de la provincia de Cáceres, concuerda aproximadamente con el curso descrito para la isoterma de 16º. Claro es que, siendo las curvas de máximo calor indicadas las que corresponden a las latitudes entre que se halla comprendida España, omisión hecha del relieve del suelo, difieren bastante de las que resultarían si para su trazado, al par que la latitud, se tuviese en cuenta la altitud, pues en las elevadas crestas de los Pirineos, de los montes Cantábricos y de Sierra Nevada la medida de las máximas del verano no llega a los 24º, bajando algo de 20º en la cima de Sierra Nevada. Las líneas de medias temperaturas mínimas en invierno, entre que se halla comprendida España por su altitud, son la de + 1º, 4, correspondiente a San Fernando, y la de -3º,5, media de Bilbao y Oviedo. Pero aquí, como en las máximas, conviene recordar que no son éstas las mínimas absolutas, las cuales deben hallarse en la región de las nieves de nuestras cordilleras, región de la que en absoluto se carece de observaciones; mas a falta de ellas y basándose en el dato de que la temperatura disminuye un grado por cada elevación de 170m, según la tabla de Lindenau, se infiere, aunque solo sea con una aproximación racional, que en las cumbres de Sierra Nevada debe ser la mínima temperatura de invierno de -20º, deducida de la aplicación de dicha tabla a las observaciones del Observatorio meteorológico de Jaén. Las fajas de terreno comprendidas entre las isotermas reales descritas constituyen Pues, verdaderas zonas térmicas, y dan desde luego una idea aproximada de la repartición del calor en España; significado, aun con todos los defectos de que adolecen por la escasez de observaciones en que se fundan, un gran adelanto para la descripción de su clima; pero distan mucho de poder considerarse como zonas climatológicas, cuya determinación exige, a la vez que la propiedad de gozar de la misma temperatura media anual, la de poseer igual amplitud en las oscilaciones extremas. Barcelona, Jaén y Badajoz se hallan en la misma zona térmica y disfrutan aproximadamente de la misma temperatura media anual, y , sin embargo, no sería acertado colocar estos tres puntos en la misma zona climatológica, por la distinta escala que en ellos recorren las temperaturas extremas. El examen de las observaciones termométricas suministra, en efecto de las isotermas e isoquímenas sobre un mapa de España, y de las de máximo y mínimo calor, una serie de consideraciones en extremo útiles, cuando se trata de inquirir los diversos climas de nuestro territorio. Sabido es que los mares ejercen grande influencia sobre el clima de las tierra próximas por la razón de su mayor capacidad calorífica y por el calor latente que dejan los vapores acuosos al pasar al estado líquido, causas que se reflejan en nuestros litorales, dotándose de mas elevado temple y de mayor regularidad en la distribución del calor que en las comarcas interiores. En igual sentido obran la brisca del mar durante el día y el viento de tierra durante la noche, contribuyendo a hacer menos sensibles las oscilaciones de termómetro. Por virtud de estas circunstancias, al propio tiempo que por el efecto de la altitud, nótase a primera vista del análisis de las observaciones termométricas la mayor temperatura media del año, acusada, por la regla general, en los observatorios del litoral con respecto a los del interior. Donde se disfruta de más alta temperatura media es en Gibraltar, que alcanza 20º, 7, según datos del decenio de 1860 al 70; siguen después, por orden decreciente, Alicante 17º, 9, Tarifa 17º6, San Fernando 17º, 3, Valencia 17º,3, Barcelona 16º,0, Coimbra 15º, 7, Lisboa 15º, 4, Bilbao 14º, 6, y La Coruña 12º,5. Varían por tanto las temperaturas medias del litoral peninsular, prescindiendo de las cifras decimales, entre 13º y 21º. Las más baja de los observatorios del interior es de 10º,3, y corresponde a Burgos, y a las mas elevada prescindiendo de los de Murcia y Sevilla, cercanas a la costa, la de 16º,6 perteneciente a Badajoz, siendo frecuentes en estos observatorios las de 11º y 12º , encontrados para Salamanca, Valladolid, Soria y otros. Se cumple, pues, en España la regla general de que la temperatura media de las costas es mayor que la del interior. Si se analizan y comparan las cifras que representan las extremas de calor y frío en unos y en otros observatorios, se ve que, en los del litoral, la máxima del verano es de 39º ,1, experimentada en Bilbao, y la mínima del invierno -3º,9, correspondiente al mismo punto; mientras que, en los del interior, Sevilla llega a 47º,4, siguiendo inmediatamente Zaragoza con 42º,1, correspondiendo el mayor descenso en el invierno a Valladolid, representado por – 10º,4. De esta comparación resulta que Bilbao es el punto de la costa donde mas sube el termómetro, lo cual no está en armonía con la creencia general de que el calor no es allí nunca sofocante, haciendo sospechar este contraste, entre la opinión y las cifras extremas halladas para el calor y el frío en dicho observatorio, la probable existencia de algún error en la experimentación, o , de no ser así, que o está aquel convenientemente situado. Pero aunque las temperaturas extremas asignadas a Bilbao sean las de que realmente disfruta, sin que estén influidas por causa alguna de error, no debe olvidarse Que faltan observatorios en Málaga y en Almería, donde, sin género de duda, la escala termométrica avaza mas en las extremas del estío. La mayor oscilación de las costas corresponden a Bilbao, en donde es de 43º, y la menor, de 31º, a Tarifa; entre estos dos números se hallan comprendidos los relativos a las fluctuaciones de las observatorios del litoral peninsular, en tanto que las del interior oscilan entre 50º,6, que sufre Zaragoza, y 37º, que experimenta Granada, siendo la inmensa mayoría superiores a 40º. Dos hechos salientes resultan del análisis precedente: la mas alta temperatura media de las costas sobre el interior y la menor oscilación en las extremas del frío y del calor. Precisamente estos caracteres son los que distinguen los climas marítimos de los continentales, y, dada la situación geográfica de España, es natural que aparezcan en ella perfectamente señalados. Establecida esta primera clasificación, aparece en segundo lugar la distinción térmica de las tierras de nuestras costas, comparadas entre sí. Por regla general las costas de Occidente son más cálidas que las de Oriente, como acontece en China y Japón. En nuestra península sucede lo contrario: en Oporto, Lisboa y Coimbra, las temperaturas medias anuales son de 14º,8, 15º,4 t 15º,7, en tanto que en las costas de Levante la menor temperatura, que es la que corresponde a Barcelona, excede a la de Coimbra. La causa de esta desviación de la ley general estriba en la distinta condición de los mares Atlántico y Mediterráneo, y en la influencia en las costas de levante de los cálidos vientos del Sudeste. La costa cantábrica es la mas fría de España, por estar cerrada a los vientos del Sur y abierta a los del primero y cuatro cuadrantes; así es que las temperaturas medias de Bilbao y la Coruña son menos que las de Oporto, Coimbra y Lisboa, donde pueden llegar los vientos cálidos del segundo cuadrante después de atravesar la meseta central y los llanos extremeños. Hay bastante diferencia entre la costa cantábrica y la de Levante desde Barcelona al cabo de Gata. En esta se siente el influjo del mediterráneo, el de los vientos de África y aun el de los del Poniente que, después de atravesar las montañas, llegan secos a la costa, aumentando la temperatura media a medida que se avanza por la costa hacia el Sur, pues de 16º, en Barcelona, pasa a 17º,3 en Valencia y sube a 17º,9 en Alicante, siendo probable que vaya ocurriendo lo mismo hasta el cabo de Gata. A partir de este punto se acentúan mas las condiciones térmicas; el pode reflector de las vertientes meridionales de Sierra Nevada y los vientos del África, que se experimentan en esta zona en toda su intensidad, combinados con el viento denominado terral en la localidad, elevan la temperatura media a mas de 20º. Por consiguiente, entre Málaga y Gibraltar está comprendida la porción más cálida de España, la cual, aunque poco, excede por su temperatura a la de Vilanova de Portimao. En el momento en que cesa el influjo inmediato del Mediterráneo, comienza a descender la temperatura media, lo que se observa desde Gibraltar a San Fernando, pues en este trayecto baja la temperatura media a 17º,3, por la acción reguladora de las fresas corrientes de los vientos del Estrecho. Pero avanzando desde San Fernando por la costa del Atlántico, la temperatura vuelve a subir por la configuración de aquella, de tal modo y en tal sentido arqueada que no recibe directamente los vientos frescos del Sudoeste que corren por el Atlántico al doblar el cabo de San Vicente. En la desembocadura del Guadalquivir vuelve a alcanzarse la media de 20º, y la isoterma de esta temperatura penetra otra vez en España por dicho sitio, se interna por la cuenta del indicado río y sigue el curso ya descrito anteriormente. Por lo que se ve, la costa mas fría de España es la del Norte, y la mas cálida La meridional, presentándose entre las dos, y como tránsito de la una y la otra, la de Levante. Las temperaturas medias del interior, ya se ha visto que son menores que las de las costas, siendo una de las principales causas a que se debe dicho decrecimiento la mayor altitud que tienen los puntos del interior. Si solo influyera esta causa a piori, podrían dominarse con aproximación las temperaturas medias de muy diversos puntos, teniendo en cuenta que, según los experimentos del sabio Saussure, en el Col du Géant, la temperatura baja un grado centígrado por cada 170m que se sube. Pero fácilmente se comprende que la multiplicidad de causas locales que influyen en la resultante del calor medio modifican la acción de la altitud, llegando en algunos casos a anularla por completo. La única zona de España en que el carácter de la altitud se revela con alguna regularidad es la del Norte, en la cual, desviándose de la costa hacia el interior, bajan las temperaturas de 14º media de la costa a 12º,8, en Santiago, a 12º,3 en Oviedo y 13º,5 en Vergara; descensos en armonía con la altitud de estos puntos, lo cual se explica por la analogía de as causas físicas que en ellos existen, comparadas con las del litoral. En la cuenca del Ebro se deja sentir también la influencia de la altitud en el decrecimiento de la temperatura, pero ya en toda su magnitud, sino muy modificada por el influjo del poder reflector del suelo, pr la falta de vegetación y por la sequedad del aire de la estepa aragonesa, causas todas que contribuyen a elevar el calor, por lo que decrecen mucho menos las temperaturas de lo que pudiera creerse. En Zaragoza, centro de esta comarca, la temperatura media anual sube a 14º, 8. Análogamente a lo que sucede en la cuenca del Ebro ocurre también en Cataluña, entrando como causa perturbadora de la ley general la constitución orográfica del suelo. Varía mucho al aspecto térmico en las comarcas inmediatas a las costas Sur y Sudeste de España, y en varios trozos de ellas no se experimenta el decrecimiento de la temperatura, por razón de la altitud y por su alejamiento de las costas. Así sucede que en Murcia la temperatura media anual es de 18º,1, en Sevilla sube a 19º,6, y alcanza los 20º en Écija, en la provincia de Murcia, a causa de que llegan a ella con toda libertad los vientos africanos, de la intensidad reflectora de las tierras y de la sequedad del aire; causas que ocurren también en la cuenca del Guadalquivir, por la cual además tiene también fácil acceso la influencia marítima y se halla expuesto al influjo de la estepa bética, las más desprovista des vegetación y cálida de España. Ya en Granada y en Jaén la acción marítima no se deja sentir por la interposición de la Sierra Nevada y de las de Segura y Baza; pero en cambio aquellas ciudades no reciben generalmente otros vientos que los del tercero y cuatro cuadrantes, calentados por las solanas de Sierra Morena o por la estepa bética; por lo cual conservan todavía una media anual bastante alta, pues en Jaén es de 15º,9 y en Granada de 14º,9. Diferencia entre ambas que encuentran su explicación en la diferencia de altitud de dichas poblaciones. Se ve, pues, que las variaciones entre las temperaturas medias de los puntos del interior próximos a las costas y de estas no guardan exacta relación con la altitud de los primeros y su alejamiento de las mismas, sino que están muy influidas por las causas locales. La acción marítima deja de notarse, en absoluto, en todo el interior de la Península, pero modifican esencialmente la temperatura los accidentes orográficos; y como en España la orografía es muy complicada, múltiples y diversas son también las alteraciones producidas por estas causa. La única zona de mas uniformidad en temperatura que presenta la meseta central es la que comprende las Provincias de Salamanca, Valladolid, Burgos y Soria, cuyas medias anuales son respectivamente de 12º.0, 11º,9, 10. 11º,5, siendo probable que correspondan a las mismas León Zamora, Palencia, Segovia y Ávila, en cuyo caso, reunidas todas, forman una ancha faja entre las cordilleras Vasco- Cantábrica y Galaico-Astúrica y las de Guadarrama y Gredos, que es desde luego la mas fría de España. Tienen más alta temperatura media Madrid, 13º,7, muy poco diferente de la de Albacete. Si no fuera pos los vientos fríos del Guadarrama y de la Serranía de Cuenca, dichas provistas serían mas cálidas y su temperatura se aproximaría a la que disfrutan Ciudad Real y Badajoz, que se eleva a 15º, 5 y 16º,6 respectivamente, debidas estas altas temperaturas a la situación de las dos provincias, colocadas en la cuenca del Guadiana, entre los sistemas bético y de los montes de Toledo, en llanuras áridas y calientes donde no pueden producirse vientos frescos. DISTRIBUCIÓN DE LAS LLUVIAS.- Trascribimos el capítulo que dedica a este asunto la Reseña Geográfica de España, única obra en que se sintetiza tan importante materia. Lluvias.- La distribución general de las lluvias en el Globo se debe principalmente a las grandes corrientes aéreas conocidas con el nombre de vientos alisios, producidas en el ecuador térmico por la poderosa acción de la radiación solar. Por esta causa se origina en la zona ecuatorial un caldeamiento del aire, superior al que tiene efecto en otros puntos de la Tierra, y por tanto, una dilatación constante y un verdadero tiro que, arrastrando hacia las capas atmosféricas contiguas mas frías, ocasiona dos corrientes de los polos al ecuador, denominadas alisio inferiores. La corrientes ascensional, que sin cesar se sucede en la zona del tiro, se eleva en la atmosfera hasta un punto cuya altura no puede fijarse, distinto en las diversas épocas del año; y tan pronto como a el llega, es atraída por la dispersión que en las altas latitudes originan los alisios inferiores, igual en los dos hemisferios, dividiéndose por tanto en otras dos corrientes aéreas que, por las capas superiores de la atmosfera, marcha del ecuador hacia los polos. Estos son los alisios superiores o contra-alisios. No es realmente la dirección de Sur a Norte la que siguen dichos vientos, porque sujetos, como todo cuanto forma parte de la tierra, al movimiento de rotación de esta de Occidente a Oriente, el concurso de una nueva fuerza, poderosa y continua, hace que la dirección de aquella este determinada por la resultante de las dos fuerzas a que se hallan sometidos, convirtiéndose en Sudoeste para el contra-alisio y en Nordeste para el alisio inferior, en nuestro hemisferio. Ahora bien: a la marcha regular de estos vientos se oponen sin número de circunstancias que provienen de la mayor o menor extensión de los mares, del importantísimo papel que en la física del Globo ejercen los continentes, del desigual relieve de la corteza terrestre, de la latitud, etc., cuyo resultado inmediato es el desconcierto en aquellas leyes, que solamente subsisten en tanto que la energía de la causa que las produce puede contrarrestar los efectos de la que tienden a su perturbación. Allí donde impera la armonía y regularidad de estos vientos, impera también la ordenada y regular distribución de las lluvias. Fuera de las regiones tropicales, en que los vientos regulares que en ellas reinan determinadas las participaciones acuosas periódica y ordenadamente, en las demás las lluvias se verifican con la irregularidad que no parece que obedezcan a ley De ninguna clase, ni puede ser previstas y señaladas de modo alguno. En el interior de los grandes continentes, las diversas formas del suelo, la orientación y altitud de las principales cordilleras, la disposición y extensión de sus llanuras y mesetas, y la mayor o menor cantidad de vegetación que pueble éstas y las sierras, son otras tantas causas de perturbación en la dirección y propiedades de aquellos vientos, y por tanto, en las épocas cantidades de lluvia que caen sobre comarcas determinadas. A España y casi toda Europa alcanza, sin embargo, el influjo del contra-alisio, el cual sopla el invierno de las Canarias a las Azores; avanza en primavera por España, Italia, Francia e Inglaterra; penetra en el Verano hasta Alemania y Rusia, y vuelve a retroceder hasta el trópico en otoño. Así, cuando dicho contra-alisio venga cargado de vapor acuoso, irá derramando lluvias en Canarias en invierno, en primavera y otoño en España, y en el verano en el centro y Norte del continente. Tratando de concretar a España nuestras consideraciones tanto respecto de este viento como de los demás en su relación con las lluvias, siendo marcadísimo el poder condensador de las montañas sobre el de las llanuras, así como la distinta influencia de aquellas según su orientación, bueno será que se recuerde, aunque no sea mas que a grandes rasgos, la estructura particular de la Península Ibérica. Elévase esta en altitud, aunque no gradualmente, de las costas al interior, asemejándose por su forma poliédrica a la de un tronco de pirámide cuya base mayor tuviera por contorno las costas y la menor los bordes de las altas mesetas de Castilla. Determinando el perímetro de la Península, o en las proximidades de las costas, se hallan: al Norte la gran cadena que forma el sistema septentrional; al Oeste las montañas gallegas y diversos grupos de sierras de Portugal; al Sur el complicado laberinto del sistema penibético, y al Este las últimas estribaciones del sistema ibérico y las montañas de Cataluña. Dentro del circuito así formado queda comprendida la mayor parte del territorio español, que cruzan tres grandes nervios o sistemas de montañas, dirigidos aproximadamente de Este a Oeste. El Bético, el de los montes de Toledo y el Central de España, prolongado por la sierra de Gredos, la de la Gata y la de la Estrella, en Portugal; quedando a su vez, a lo largo del mar, estrechas fajas de terreno separadas de las grandes cuencas hidrográficas que determinan estas montañas. Véase como, en relación con estas circunstancias orográficas, se produce el fenómeno de las lluvias. Al llegar a la Península los vientos del Sudoeste o contra-alisios, húmedos por venir del Atlántico, chocan, en primer término, con las montañas del Sur de Leiría y la Serra do Aire, con la de la Estrella al Nordeste, y las derivaciones de Monte Junto al Sur, y mas adentro en las estribaciones de la sierra de Gata, el monte Gaviara y la Sierra de Jerez, con sus múltiples ramificaciones, que se extienden por la provincia de Tras-os- Montes; y como la condensación de las lluvias por las montañas es mayor cuando estas se hallan orientadas transversalmente al viento húmedo, que cuando marchan en el mismo sentido que él, alcanzando su máximum en la cara vuelta al viento, la lluvia no se parte de igual manera por todos los flancos de las sierras, pues cae con mas abundancia en dicha cara y quedan así desprovistas de lluvia las comarcas bajas que extienden por el lado opuesto. De la estructura orográfica de Portugal resulta que en las faldas occidentales de las montañas citadas son muy citadas son muy abundantes las lluvias, llegando a uno y aun a dos metros de la cantidad de agua que cae en dichas zonas montuosas, y siendo bastante menor que la vierten las nubes en las costas, como se infiere de las observaciones hechas en Lisboa, Oporto y Coimbra. Tanta abundancia de lluvias origina, como Es consiguiente, muchas corrientes de agua de carácter torrencial, sin que puedan llegar a ser grandes ríos por lo reducido de sus cuencas, de lo cual presentan bueno ejemplos los ríos Limia, Vogua, Mondego y otros. Si del centro de Portugal se avanza hacia el Norte y se pasa después a Galicia y a los países de la costa septentrional de la Península, la cantidad de lluvia aumenta con relación a la que reciben las costas lusitanas, a causa de la beneficiosa influencia que en dichas comarcas ejerce el doble acción de los vientos del Sudoeste y de los del Norte y Nordeste. Los primeros, al contacto de las altas cumbres gallegas y de las cimas de los montes Vasco-Cantábricos y Galaico-Astúricos, acaban de verter en ellas las aguas que no hayan derramado en Portugal, y la corriente general del Norte y aun del Nordeste, cargadas de vapor acuoso recogido a su paso por los mares del Norte, al chocar contras los montes referidos y zona montuosa de Galicia, se enfrían y precipitan en forma de lluvia gran parte del vapor de agua que contenían. Las siguientes observaciones ponen de manifiesto la cantidad de agua que cae en esta zona: mm. Santiago. . . . . . . 1758,3 Oviedo. . . . . . . 834,8 Bilbao. . . . . . . . 1369,3 Vergara. . . . . . . 1437,1 No es extraño, pues, que, dadas estas condiciones orográficas y de situación, presenten la zona cantábrica y las provincias gallegas, análogamente a lo que ocurre en Portugal, tantos y tan pintorescos ríos, algunos importantes como el Miño y el Sil, que vierten sus aguas en la costa occidental, y otros, como el Bidasoa, Nervión, Miera, Pas, Besaya, Nansa, Deva, Sella, Canero, etc., etc., que desembocan en el mar Cantábrico. Sucede, como es natural, que, siendo muy estrecha la faja de terreno comprendido entre el eje orográfico de los montes Vasco- Cantábricos y Galaico-Astúricos y la costa, ninguna de estas corrientes llega a constituir un gran río, y aunque abundantes en relación con su breve proyecto, son de muy variable caudal y de rápido e impetuoso curso. Volviendo a buscar la costa del atlántico por la parte mas meridional de Portugal, se observa que los vientos húmedos que penetran en aquella por el Sudoeste y el Oeste, chocan, hacia la parte superior del Alentejo, con las sierras de Portalegre, que se unen con la de San Pedro y de Montánchez de España, después conel gran macizo de la Sierra D´Orsa, mas abajo con la sierra de Algarbes. Entre todas estas sierras forman un anfiteatro mas o menos perfecto, en el cual vierten sus aguas en abundancia los indicados vientos, siendo por este concepto y por la bondad de su temple las vertientes meridionales y occidentales de las sierras de Monchique y de Caldeirao de las mas favorecidas por la naturaleza, como lo hace patente su Vegetación subtropical. Cuando los vientos son marcadamente del Oeste o se inclinan un poco al Sur, la mayor parte de la humedad que llevan la depositan en la comarca portuguesa antes referida, y cuando traspasan las montañas que la limitan, entrando en la Extremadura española y después en la región andaluza, llegan ya desprovistos de vapor acuoso y estas provincias se quedan sin disfrutar de la benéfica influencia de aquel agente metereológico. Únicamente cuando la dirección del viento es franca Y abiertamente del Sudoeste, teniendo en cuenta la disposición de la costa española desde el Estrecho de Gibraltar hasta Ayamonte, desembocadura del Guadiana, es cuando esta porción de Andalucía recibe con libertad y sin obstáculo alguno referido viento, el cual vierte en una zona inmediata al mar parte de sus vapores acuosos y contribuye a que se goce en ella de temple apacible, sobre todo en la costa gaditana. Los experimentos de los observatorios de Tarifa y San Fernando acusan las siguientes cifras de agua llovida en un año, termino medio de un decenio: mm. Tarifa. . . . . . 668,5 San Fernando. . . . . 753,8 Pero así que se deja la costa del Atlántico y se entra por la región baja del Guadiana y por toda la cuenca del Guadalquivir, las lluvias por lo común cesan y el aire húmedo del Sudoeste deja de serlo, cambiándose el aspecto de la atmósfera, de anubarrado o lluvioso, en un cielo de hermoso y trasparente azul; y sucede esto, no por aquel viento que haya dejado en la costa la mayor parte del vapor de agua que contenía, sino porque, siendo mas alta la temperatura de las comarcas del interior que la de las costas, esa misma energía térmica del ambiente aumenta la capacidad del aire para contener el vapor acuoso, y las nubes se resuelven en la capacidad del aire para contener el vapor acuoso y las nubes se resuelven en la atmosfera, desvaneciendo las esperanzas de lluvia. Comparando la cantidad e agua que cae en Sevilla con la que cae en San Fernando y Tarifa, se ve cuanto mayores en las costas que en el interior: mm. Tarifa. . . . . . .668,5 San Fernando. . . . . 753,8 Sevilla. . . . . .417,4 Buena prueba de que la mayor energía térmica del aire es la causa que llueva menos en las comarcas del interior de la región que se considera que en las costas es que, avanzando el viento de que se trata por la cuenca del Guadalquivir, al llegar a la barrera que la limita y separa de las otras cuencas hidrográficas independientes de ella, aparecen de nuevo las lluvias, al chocar el Sudoeste con las montañas que circundan esta región andaluza. Por el Norte la separa de la Mancha la cordillera Mariánica; por el Este y por el Sur Sierra Nevada, de Almijara, de Alhama y el grupo conocido con el nombre genérico de Serranïa de Ronda: enlazändose estas diversas partes de la orografïa española; forman una muralla de cerramiento a los vientos del Sudoeste, que penetran por la costa desde Huelva a Tarifa, obligándoles a seguir, mas o menos exactamente, el curso del Guadalquivir y a extenderse por toda su región hidrológica. Conforme van avanzando hacia el Norte y el Este, dejando atrás las extensas llanuras y redondeadas lomas de las provincias de Sevilla y Córdoba, empieza a sentirse en las de Jaén, Granda y Málaga el influjo de su mayor altitud y de lo muy quebrado de su suelo; causas que; obrando como agentes condensadores de la humedad de los vientos del Sudoeste; determinan en un gran número de casos las precipitaciones atmosféricas: la cantidad de agua recogida en los pluviómetros de los Observatorios de Jaén y Granada, comparada con la de Sevilla, patentiza este hecho. mm. Jaén. . . . . . . 773,0 Granada. . . .. . . 491,7 Sevilla. . . .. . . 417,4 Si la mayor elevación de Jaén y Granda sobre Sevilla, a la par que el relieve de los terrenos circundantes, ejercen en las lluvias tan benéfico influjo, hay motivo para creer que será mayor el que tengan en la producción de aquel fenómeno las elevadas sierras de Segura y de Carloza, el macizo de Sierra Nevada con todas sus derivaciones, y aun los flancos de Sierra Morena, mas baja que las anteriores. Sensible es que falten de ellas observatorios metereológicos para comprobar este aserto, carencia que, por desgracia, se advierte en todos nuestros sistemas orográficos, imposibilitando el estudio y comparación del clima de montañas con el de las llanuras; pero, en su defecto, la inducción lleva lógicamente a pensar que, estando mas frío el ambiente de las divisiorias y crestas de nuestras sierras que el de las regiones comarcanas inferiores, la acción condensadora de las primeras sobre el vapor acuoso que acarrean los vientos húmedos será mas energica que la de las segundas, y si a la vez se tiene en cuenta que en el mismo sentido obran la vegetación que en mayor o menor escala las cubre y el choque que en ellas suele realizarse por distintas corrientes de vientos, fácilmente se comprenderá que, aunque falten observaciones del fenómeno acuoso en las montañas que en las llanuras. No de otro modo tendría explicación el sinnúmero de ríos que naciendo, ya en unas, ya en otras de las sierras enunciadas, van a verter sus aguas al Guadalquivir, haciendo de este río uno de los mas caudalosos de la Península. Sus afluentes principales son el Guadalimar, el Guadiana Menor y el Genil, recogiendo aquel sus aguas de la sección oriental de Sierra Morena y de las sierras de Alcaraz y parte de las de Segura; el Guadiana Menor, de parte de las de Carloza, de Sierra Sagra, Sierra Nevada, Sierra de Almijara y de Alhama, cuyos afluentes reciben a su vez un gran número de tributarios de muy variable caudal, que en ocasiones se hacen temibles por lo impetuoso de su corriente, dando lugar a desastrosas inundaciones que producen males sin cuento. Suele ser causa de tan temida calamidad el choque, en las crestas de las montañas indicadas, de los vientos del Sudoeste con los del Norte, Nordeste y Este, los cuales, mas fríos que aquellos por lo común, originan formidables tormentas acompañadas de lluvias torrenciales y hacen que en pocas horas discurra enorme cantidad de agua por los escarpados y pendientes cauces de los pequeños ríos, de ellos pese a los grandes y determine su desbordamiento, con todas sus dolorosas consecuencias. Salvando por Oriente la antedicha barrera de montañas que ciñe la región andaluza indicada, tropiézase con la provincia de Murcia, y franqueada aquella por el Mediodía, se entra en la faja costera de las de Almería, Granda y Málaga. Afortunadamente para estas últimas, las sierras de Algeciras y de Tarifa, las de Estepona, la de Mijas, la sierra de Tejeda, sierras de Lújar, de Contraviesa y de Gador, alteran de tal modo su suelo que, con sus múltiples estribaciones y contrafuertes, hacen de la región mediterránea de dichas provincias un país verdaderamente montañoso, con Notables quebradas, profundos barrancos y elevadas divisorias. Esta circunstancia, favorable, como ya se ha dicho, a las precipitaciones acuosas atmosféricas, unida a la que los vientos del Sudoeste, aunque de soslayo, bañan alguna que otra vez las referidas sierras, penetrando por entre Cádiz y Tarifa, hacen que las lluvias en esta zona no sean tan escasas como fuera de presumir, dada su situación con respecto al continente africano. El Sr. D. Vicente de Vera, en su excelente libro titulado Lluvias e inundaciones en España, que ha servido de base para redactar las anteriores consideraciones sobre la distribución de las lluvias en la Península, asigna para Málaga la cantidad media anual de 642 mm, promedio de cinco años de observaciones hechas por el Instituto de segunda enseñanza, y la de 520mm, según los datos recorridos por el Sr. Otto Walftenstein, director del observatorio metereológico de aquella capital. Como se verá después, dichas cifras son superiores a las encontradas para las regiones de las grandes cuencas del Duero, Tajo y Guadiana, de las comarcas bajas del Guadalquivir y de la zona de Levante de España, lo cual indica que la costa meridional mediterránea no es la menos favorecida por la naturaleza en cuanto al mas importante de los hidrometeoros. A esta causa, combinada con la energía energía térmica de los ardientes vientos del suelo africano, a que por su situación se halla expuesta la referida costa, se debe principalmente el apacible clima de que en ella se disfruta, a propósito para el cultivo de vegetales propios de los trópicos, como la palma, la caña de azúcar, el algodonero, el ricino y otros. Los ríos más notables, aunque todos de corto curso, que fertilizan la región litoral, son: el Guadiario, que, naciendo en las sierras entre Loja y Archidona, recoge las aguas de la sierra de Antequera y las vierte en el mar por el Sur de Málaga; y el Guadalfeo y Arda, que provienen de las vertientes meridionales de Sierra Nevada y desembocan respectivamente por Salobreña y Arda. Desde Almería, siguiendo la faja de la costa, hasta el campo de Cartagena, y desde éste, subiendo al Norte por toda la provincia de Murcia hasta la de Albacete, el paisaje cambia de aspecto y los fenómenos acuosos se realizan de distinta manera. A la complicada orografía de las proximidades del litoral, desde el Estrecho al cabo de Gata, sucede la sencillez topográfica en las formas del relieve general del suelo; a la verdura de aquellas sierras y poder refrigerante de la vegetación que en parte las cubre, la aridez de los terrenos esteparios y la ardentía del suelo blanquecino y salitroso que las forma; y por último, a la bonancible acción de los vientos del Sudoeste, que de vez en cuando se siente en las susodichas crestas que rarísima vez alcanza a estas comarcas, el asolador viento del África, originado en el desierto de Sahara. Toda esta zona, y aun parte de la provincia de Alicante, se halla expuesta francamente a los vientos del sur, del Este y del Nordeste, y solo a veces, y por causas locales, soplan los del Nordeste, que van de las montañas a refrescar algo estas tierras. Con tan favorables circunstancias para las precipitaciones acuosas, fácil es inferior que esta región española se halle perpetuamente condenada a sequías en las estaciones en que mas se necesita el agua para el buen cultivo de los campos. En el mes de octubre es cuando las lluvias empiezan, y mas o menos abundantes se precipiten con alguna frecuencia en el invierno; pero así que asoma la primavera, por lo general, cesan, y no son raros los años en que no cae una gota de agua ni en dicha estación ni en el verano. No cabe duda de que es la porción de la Península que mas parecido tiene con algunas comarcas africanas por su clima y vegetación, pudiéndose comparar con las zonas intertropicales en cuanto a las lluvias, por poseer bastante bien definidas la estación de secas y de la La cantidad media anual de lluvia es de unos 200mm en el litoral mediterráneo, desde Almería al campo de Cartagena, y de 306mm en Murcia; bien pequeña por cierto, habida consideración de los rigores de un clima ardiente, cuya fuerza de evaporación es un extremo considerable. Por esta razón sería imposible la existencia en la provincia de Murcia de medianos ríos, si la dotación de su caudal dependiese exclusivamente de las aguas propias de aquella; y si posee uno notable por mas de un concepto, es debido a su favorable situación hidrológica, con respecto de las sierras de Andalucía. Gracias a la circunstancia de hallarse en las regiones bajas de las vertientes orientales de las sierras de Segura y Cazorla, recibe en sus tierras del Río Segura, que naciendo en la vertiente Norte de Sierra Seca, ve considerablemente engrosado su caudal por el Mundo y Sangonera, que respectivamente tienen origen, el primero en las sierras de Alcaraz, y el segundo en la sierra de María. Reunidas las dos primeras corrientes en el pueblo de las Minas, empiezan a construir sus aguas fecundo manantial de riqueza para los murcianos, que con acierto e inteligencia lo reparte en fertilizantes riesgos a una y otra banda del río. Donde mayor importancia alcanzan aquellos es en la extensa vega de Murcia (al Este de la cual se une con los dos citados el Sangonera) y en la de Orihuela, provincia de Alicante, una y otras celebradas de todos los que las han visitado por la magnificencia de su vegetación y riqueza de productos. Pero para que todo no sea dicha, allí donde por casualidad o sabia previsión de la naturaleza corre a la luz de un sol de los trópicos un venero de incalculables bienes para la clase productora, la irregularidad de las lluvias y su carácter torrencial se encarga de cuando en cuando, y por desgracia en lapsos no muy apartados, de mermar considerablemente la bienhechora acción del Segura, debidas principalmente a las tormentas que se originan en las sierras de su nacimiento, en los mese primaverales y otoñales, al chocar los vientos del Sudoeste con lo del Norte, Noroeste y Este. De análogas condiciones metereológicas son las regiones bajas de la provincia de Alicante, comarcas con la de Murcia, formadas como esta de un suelo estepario de gran poder reflector y abiertas a los cálidos vientos africanos. En este caso se hallan los pueblos de Almoradí, Rojales, San Miguel y otros de los partidos judiciales de Dolores y Elche, con la desventaja de carecer de abundantes corrientes de agua con las cuales pudieran regarse sus tierras. Solamente los cruza el río Vinalopó, primero que se encuentra después del Segura, subiendo hacia el Norte a lo largo de la costa oriental, proviniendo las escasas aguas que recoge de las faldas meridionales de Sierra Mariola y de las que caen en los términos de Bocairente, Bañeres, Biarr y Benejama. De dicho río se surte el pantano de Elche, que sirve después para regar aquella huerta. Gran parecido tiene también con estas comarcas el resto de la provincia de Alicante y la porción mas meridional de Valencia, si bien no son tan extremadamente secas; pues a pesar de ser algo mas movido y quebrado su suelo, las pequeñas sierras que la cruzan, como son las de Monforte, del Cid, de Onil, Carrasqueta y Peñáguila, hasta el cabo de San Antonio y sus derivaciones, no tienen la suficiente altura ni refrescan al aire lo bastante para contrarrestar la excesiva sequedad de los vientos africanos, que sin obstáculo alguno la bañan. En esta región hay algunas pequeñas cuencas., como son las del Monegre, río Estrecho, que desembocan junto a Villajoyosa, y río Gorges, junto al cabo de San Antonio. El monegre es el mas importante, y antes de verterse en el mar cruza la Huerta de Alicante y sirve el pantano de Tibi. Al lado opuesto de dichas sierra está el río Serpis, que, tomando origen en una fuente cerca de Alcoy, corre por un cauce de excesiva pendiente, dando lugar a varios saltos de agua donde se han establecido muchos artefactos. Salvada la parte sur de Valencia, y subiendo al Norte por toda la costa orienta hasta el cabo de Creus, la orografía se presenta mucho mas complicada y el paisaje varía notablemente, reemplazando al triste aspecto de los terrenos esteparios del litoral del Mediterráneo, desde el cabo de Gata hasta el de la Nao, el que da al país la lozana y potente vegetación de todo el reino de Valencia, particularmente en sus costas, y la que viste el litoral de Cataluña y sus montañas. El sistema ibérico, desde el mundo orográfico conocido con el nombre de Montes Universales, reparte con profusión a uno y otro lado gran número de sierras, muchas de las cuales se extienden por toda la provincia de Castellón de la Plana y parte de Valencia, formando el Maestrazgo, y se enlazan mas o menos perfectamente con las montañas costeras del Principado de Cataluña, dependientes en su mayoría, si no en totalidad, de la gran cadena de los Pirineos. Por razón de este enlace de los diversos de grupos sierras, interrumpido solamente para dar paso a los ríos que desembocan en esta parte del mediterráneo, se forma una barrera de montañas a todo lo largo de la costa, que influye poderosa y favorablemente en la producción de las lluvias, de las cuales se aprovechan las comarcas vecinas. A su existencia se debe la facilidad con que vierten sus aguas los vientos del Sudoeste, Este y Nordeste en esta zona, cargados, en general, de vapor acuoso, por haber tenido que atravesar el Mediterráneo antes de su llegada en el sentido de su mayor longitud, originando, como es consiguiente, multitud de ríos y riachuelos que directamente desembocan en el mar. Los que se forman en la cara opuesta de esta banda de montañas llevan sus aguas al caudaloso Ebro. Los vientos cálidos del África no reinan tanto en esta parte de la costa como en la comprendida entre el cabo de Gata y San Antonio, ni llegan a ella en la plenitud de sus propiedades desecantes y con tan elevada temperatura como en aquellas comarcas mas cercanas al continente. Si se recuerda que los vientos húmedos vierten mayor o menor número cantidad de agua en las montañas según la dirección que estas guarden con respecto al viento, repartiéndose con mas uniformidad y es mas ancha zona en las que se hallan orientadas de igual manera que aquel, fácil será prever, dado el curso general del sistema ibérico, que los vientos del Este, con la humedad adquirida a su paso por el Mediterráneo, se correrán a lo largo de diversos grupos de montañas de dicho sistema hasta alcanzar los citados Montes Universales, la Serranía de Cuenca y las sierras de Molina de Aragón , y por la orilla derecha del Jiloca, por las sierras de Cucalón, a buscar el célebre Moncayo. Así sucede, en efecto, no siendo tan escasas las lluvias en estas comarcas como en sus regiones limítrofes a cuyo resultado contribuye también la frecuencia con que en elevadas cuerdas de las montañas enumeradas como ocurren recias tormentas, al choque de los vientos mediterráneos con los del Oeste, Noroeste y Norte. Las aguas que por estos motivos caen en las indicadas sierras y Montes Universales son origen de fecundos manantiales, donde tienen principio muchos de nuestros importantes ríos, entre los cuales se cuentan el Tajo, el Jiloca, el Guadalaviar, el Turia, el Cabriel y el Júcar, Este y el Turia cruzan la sección meridional y central de la provincia de Valencia, dando vida a los cultivos de esta región, que, a carecer de los riegos que aquellos proporcionan, tendría mas parecido con la aridez y seco Clima de Alicante que con nuestra costa malagueña y granadina, a las cual se asemeja bastante. Las altas vertientes y elevadas crestas de los Pirineos son otros de formación de grandes tormentas, con sus consiguientes aguaceros, producidos por iguales causas que las indicadas para las que se originan en los Montes Universales, y dan lygar, juntamente con el derretimiento de las nieves que una gran parte del año coronan el eje orográfico y las faldas de la referida cadena pirenaica, a los numerosos cursos de agua que discurren por su vertiente meridional, entre los que sobresalen por su importancia el Ega, Arga, Aragón, Gállego, Cinca, Esera, Noguera, Ribagorzana, Noguera, Pallaresa y Segre, tributarios del Ebro, y los que de los Pirineos Orientales directamente vierten al mar. Tal es el modo de obrar de la naturaleza, respecto a las lluvias, en las montañas que forman la periferia de la cuenca del Ebro. De manera diferente se realiza este fenómeno en su interior. El desierto de Calanda, la llanura de Santa Lucía, el Plano de Violada, los bancos yesosos de Zaragoza, las pendientes del Valle del Gállego, las colinas de Caparroso y Valtierra; en una palabra, toda la estepa aragonesa constituye en verdadero desierto en la llanura del Ebro, desprovisto de árboles y sin que vegeten en el otras plantas que las halófilas, salvo en las vegas regadas por las acequias de aquel río y del Aragón. Las terrazas pirenaicas que rodean la estepa por el Norte, y las laderas septentrionales del sistema ibérico que la ciñen por el Sur, forman con ella una especie de inmenso espejo cóncavo de color blanquecino, debido a la composición geognóstica del suelo, cuya inmediata acción sobre la atmósfera es elevar notablemente su temperatura , aumentando la capacidad del aire para contener el vapor acuoso Si a esto se agrega que las montañas que circundan la llanura del Ebro dificultan en ella la entrada de los vientos húmedos, y que, si lo logran, es a expensas de haber perdido en sus cúspides y cimas su mayor grado de humedad, fácilmente se explica la sequía de la cuenca del Ebro, en sus regiones baja y mediana, y el estado general de la atmósfera, por lo común despejado de nubes. Las tormentas, aunque frecuentes en el citado valle, solo aluna que otra vez suelen ir acompañadas de importantes lluvias. Llueve poco también en el invierno, y la nieve en raros casos se presenta, siendo por todas estas circunstancias y por las relativas a las temperaturas extremas, de carácter marcadamente continental la llanura del Ebro. La observaciones pluviométricas de Zaragoza, Barcelona y Huesca, en extremo deficientes para el conocimiento metereológico de tan ancha zona, convienen, sin embargo, en particular las de Zaragoza, centro de la estepa, con las consideraciones expuestas: mm. Huesca. . . . . 578,0 Zaragoza. . . . . 318,7 Barcelona. . . . . 574,4 Examinada ligeramente la distribución de las lluvias en todo el contorno peninsular y en las grandes cuencas del Ebro y del Guadalquivir, resta ver como se realiza este fenómeno en el interior de España. Rodeadas las extensas mesetas de ambas Castillas y de los reinos de Extremadura y León por las zonas cuyo estudio acaba de hacerse, muchas de las consideraciones expuestas para explicar la marca de las lluvias en cada una de ellas sirven para prever y justificar la que Seguirán en la explanada central de nuestro territorio. Así, recordando que los vientos mas húmedos que bañan el suelo español son los del Atlántico, y que, por la altitud y orientación de las montañas lusitanas y de la cordillera Cantábrica, antes de soplar en los reinos de León y Extremadura, han depositado en aquellos vientos, no condensada sobre las crestas y flancos de dichas montañas por la falta de reposo de las nubes, constantemente impulsadas por el movimiento del aire. Otro tanto puede decirse de las provincias colindantes, tierra adentro, disfrutarán solo de la humedad de aquellos vientos, no condensada sobre las crestas y flancos de dichas montañas por la falta de reposo de las nubes, constantemente impulsadas por el movimiento del aire. Otro tanto puede decirse de las provincias situadas al Norte de Sierra Morena y de las encalvadas al Occidente del grupo ibérico, porque uno y otro sistema orográfico hacen respectivamente que los vientos del Sudoeste y los que vienen del Mediterráneo pierdan su vapor acuoso al salvar las cumbres de las zonas montuosas para dirigirse del mar hacia el interior. En efecto, llueve menos en la gran meseta castellana que en las costas del Atlántico y Mediterráneo y que en las altas regiones de nuestras cordilleras, exceptuando la sección comprendida entre el cabo de Gata y el de San Antonio, donde, como queda dicho, llueve muy poco. Basta consignar los resultados obtenidos en los observatorios existentes, dentro del territorio que se considera, y compararlos con los del litoral peninsular, para convencerse de la exactitud de esta afirmación. mm. Madrid. . . . . . 379,1 Valladolid. . . . . . 296,4 Salamanca. . . . . . 281,2 Burgos. . . . . . 543,0 Soria. . . . . . 630,8 La simple inspección de estas cifras sugiere una observación, y es la de que las lluvias no se reparten en las mesetas centrales de una manera arbitraria y caprichosa, sino que, por el contrario, se advierte en su marcha una ley progresiva y gradual, en correspondencia con la distinta elevación de las varias partes en que aquellas puedan descomponerse. Menor cantidad de agua cae en la cuenca del Guadiana que en la del Tajo, mas levada que aquella, y menos llueve en esta que en la del Duero, a su vez la mas alta que las dos anteriores; lo cual viene a comprobar la regla metereológica de que a igual estado higrométrico del aire llueve mas en los puntos de mayor altitud. No hay que olvidar, sin embargo, la multitud de excepciones que tiene esta regla, causadas por la variabilidad de las condiciones térmicas del aire en las distintas comarcas, por la naturaleza del suelo y por la densidad de la vegetación; de lo cual ofrece buen ejemplo la comparación de la cantidad de lluvia media anual de Madrid con las correspondientes a Valladolid y Salamanca, no obstante la mayor altitud de estas ciudades. El efecto de la desigual repartición de las lluvias en las tres grandes cuencas del Guadiana, Tajo y Duero en que se hallan las mesas castellanas, depende, a la vez que de su diversa altitud y situación geográfica, de la posición de cada una de ellas con respecto a las montañas próximas. El valle del Guadiana está cerrado a los vientos del Oeste por las montañas de Portugal y a los del Note y Sur por los sistemas de lo motes de Toledo y bético respectivamente; por entre cuyos dos grupos de montañas corre el río que da nombre al valle, dejando a uno y otro lado de su cauce áridas y extensas llanuras, baja relativamente, que contribuyen a elevar La temperatura del ambiente. Agregándose a esta circunstancias las condiciones naturales de Sierra Morena y de los montes de Toledo, de pequeña elevación, en donde no solo son escasas las lluvias, sino también las nieves y demás hidrometeoros, dan por resultado inmediato que en toda la cuenca del Guadiana la altura de la capa media anual de lluvia no pasa de nos 350 milímetros No mejora mucho, con relación a la cuenca del Guadiana, la posición de la cuenca del Tajo, como aquella cerrada a los citados vientos por las montañas que la rodean; pero la favorecen, en el concepto de que se trata, su mayor elevación en general y muy especialmente la notable altura de las sierras del Norte y del Este. Las de Albarracín, a cuyo pie nace del Tajo; las sierras de Molina y después las de Guadarrama, de Gredos y de Gata miden ya considerables altitudes en sus crestas, cubiertas gran parte del año por la nieve, las cuales provocan algunas lluvias y alimentan intimidad de manantiales, causa y origen de los numerosos ríos y riachuelos que corren por sus vertientes y van a enriquecer el caudal del Tajo, haciendo además sensible el aumento de la lluvia media anual que cae en este valle, la cual forma una capa de 400mm de altura próximamente. Las mas alta cifra, de 500mm, que recibe la cuenca del Duero no se debe tampoco a otra causa que a la mayor altitud de su suelo y de las montañas que la rodean, disfrutando por igual de este beneficio en toda su periferia, a diferencia de la del Tajo, que solo puede aprovechar esta circunstancia en sus regiones del Norte y del Este. Tales son los hechos y las causas a que parece obedecer la repartición de las lluvias en nuestra Península, variables, por lo demás, en cada provincia y localidad por las múltiples y complejas acciones de tantos y tan diversos factores como concurren a su producción. En su vista, y sin otro carácter que el de un avance ligero, dados los escasos datos que se poseen, dividirse España en zonas de desiguales lluvias estableciendo las siguientes: Zona seca: desde o hasta 250mm de lluvia media anual, comprende de la campiña de Almería y de Berja; las vertientes oriental y occidental de la sierra del cabo de la Gata; la zona de la costa hasta el cabo de la Nao, con la citada sierra, la de Almagrera y la de Almenara, llamadas Montañas de Sol y Aire; los valles de los riachuelos de Alcas, de Aguas y de Almendra, hasta sus orígenes, y las vastas llanuras de la cuenca del Guadiana, en la provincia de Ciudad Real. Zona de escasas lluvias: de 250 a 500mm. Comprende la mitad septentrional de la provincia de Almería y la occidental de Murcia y Alicante; toda la de Granada, salvo las sierras de Castril y otras colindantes con la de Cazorla; la Extremadura alta y baja; la Andalucía baja, excepto las regiones litorales del Atlántico; la mesa de Castilla la Nueva hasta la altitud de 900m en la ladera meridional de la cordillera de Guadarrama; el reino de Valencia, la cuenca inferior del Ebro y la casi totalidad de las provincias de Zamora, Valladolid y Salamanca. Zona de regulares lluvias: de 500 a 750mm,. Comprende el litoral atlántico desde Tarifa a Ayamonte, desembocadura del Guadiana; las regiones montañosas de las cordilleras del interior de España, desde 900m de altitud en adelante; el litoral mediterráneo desde Barcelona al cabo de Creus; el alto Aragón, Navarra y la Rioja; la Cataluña pirenaica; gran parte de la cuenca del Duero, formada por las provincias de Soria, Burgos, León y región elevada de Palencia; y, por último, la zona montuosa de Jaén, en particular las sierras de Segura y de Cazorla. Zona lluviosa: de 750 a 1000mm. De extiende solo por la parte Norte de España, Comprendiendo todo Asturias, la provincia de Santander y parte de las Provincias Vascongadas. Zona muy lluviosa: de 1000mm en adelante. Comprende todo el reino de Galicia y una gran parte de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa. El trazado de las líneas isoyetalas sobre un Mapa de España marcaría, con mucha mas precisión que aquí se ha hecho, la debida separación de las zonas enumeradas; pero este trabajo, como todos los de igual índole de la metereología, no se ha llevado a cabo hasta el presente, y su realización se presenta llena de dificultades, por la escasez de observatorios e imperfecciones de los datos recogidos. Mucho influye en la prosperidad de un país la cantidad media anual de lluvia que cae sobre su superficie; pero cuando aquella esta comprendida entre los límites necesarios y suficientes para que sea posible la vida vegetal y animal, entra, como primer elemento del mejor o peor desarrollo de esta, su repartición en las distintas estaciones del año. Afortunadamente para España, en donde, como se acaba de ver, escasean las lluvias en todos los distintos del interior a propósito por su suelo para la producción de cereales, ocurre que caen aquellas principalmente en otoño y primavera, que son las estaciones en que las plantas germinan y se desarrollan. De no suceder así, habría que abandonar por completo aquel cultivo. II LA VEGETACIÓN. CARACTERES GENERALES.- Admitiendo las zonas botánicas de Grisebach, España se halla incluida en la de los bosques boreales y en la mediterránea; la zona de los bosques tiene su línea meridional trazada por el S, se los Pirineos y de los Montes Cantábricos hasta el cabo Corrubedo, en la costa occidental de Galicia; a la zona mediterránea corresponde el resto del país. Aunque en general sea esto cierto, en los detalles hallanse caracteres que dan sello particularisimo a nuestra península desde el punto de vista botánico. El influjo del Océano en Galicia, Portugal y parte de Andalucía; el de los vientos del desierto en la costa mediterránea de Levante; la elevada temperatura de la costa mas meridional; la especial y accidentada orografía: el alto nivel medio del suelo; la sequía y carácter estepario de las grandes llanuras miocenas; la fácil emigración de especies africanas t la adaptación de muchas plantas de América, dan a la vegetación española, así la espontánea como a la de los cultivos, un marcado particularismo. Si por la extensión que alcanza cada una de las formaciones botánicas nos guiáramos, incluiríamos la Península Ibérica en la Zona de las estepas boreales. Hay bosques como los que cubren la parte septentrional del Viejo Mundo, en una porción no muy extensa; hay llanuras y montes con bosquecillos o matorrales de tipo genuinamente mediterráneo en buena parte de la Península, pero dominan superficialmente las estepas de un tipo semejante al de las boreales, en grado tal que forman el carácter dominante; se las puede observar en el centro, en el Mediodía y hasta en las mismas costas del Mediterráneo. La misma originalidad de la vegetación ibérica le da importancia suma; es esta cuestión, como en otras muchas, demuestra ser nuestro país una zona transitoria y como tal accidentada, de naturaleza variadísima. Por desgracia no existen estudios especiales numerosos de que podamos echar mano al escribir estos artículos sintetizando lo que a la vegetación ibérica se refiere; no tendremos que limitar a los datos hasta hoy recogidos, abrigando la esperanza de que otros han de ser lo sucesivo mas afortunados si pretenden trazar un bosquejo geográfico-botánico de la Península Ibérica. (I) (I) BIBLIOGRAFÍA Willkomm: Die Halbinsel des Pyrenaen... >> Die Strand und Steppengeniete der ibersichen Halbinsel und deren vegetatio. Boissier: Voyafe botanique dans le Midi de L´Espane, t, i. LINK: Bemerkungen auf ciner Reise durch Frankreich Spanien und vorsüglich Portugal. Reuter: Essai sur la vegetation de la Nouvelle Castille. Tubilla y Lázaro: Distribución geográfica de las columníferas en la Peninsula Ibérica (Soc. lineana Matritense. Resumen del año 1881) Odón de Buen: apuntes geográfico-botánicos sobre la zona central de la península ibérica (An. Soc, esp, de Hist. Nat, 1883) Laguna: caracteres de la flora española (conferencia en el Ateneo de Madrid, 1884) Laguna y Ávila: flora forestal española. En el clásico libro de Grisebach la Vegetation du Globe y en la Reseña geográfica de España, que antes hemos citado, hay resúmenes, de los escrito acerca de la vegetación y la flora española En general se caracterizan la vegetación ibérica por la gran variedad de los arbustos y matas. Si los bosques no tiene un tipo muy especial, en cambio lo tienen especialísimo los matorrales. Es muy grande el número de especies leñosas en la Península; se calcula, sin contar las de Portugal, que llegan a 600; entre estas especies se encuentran mejor representadas las cuatro familias siguientes: leguminosas (mas de 100 especies), labiadas (mas de 50 especies), cistáceas (unas 40 especies), compuestas (unas 25 especies); con 20 especies próximamente figuran las ericáceas, oimáceas, rosáceas, dafnóideas y salicíneas. De estas 600 especies leñosas no pasan las arbóreas de 50. BOSQUES.- Cubren todavía considerable extensión en la península; su desaparición sin embargo, bastante rápida, sobre todo en los montes próximos a las grandes estepas. En el límite de la estepa aragonesa, por la parte de Zuera (Zaragoza), recordamos haber visto pinares extensísimos que han desaparecido casi por completo; cerca de Cartagena, hacia Aguilas, los cerros se hallaban no hace muchos años completamente vestidos de bosque; hoy apenas se encuentran algunos rodales que atestiguan el bárbaro despojo. En las inmediaciones de los grandes centros de población y en la proximidad de las llanuras áridas, dentro de poco los bosques habrán desaparecido si la tala continúa. En los pueblos septentrionales y en las zonas montañosas, la vegetación arbórea se conserva aún con bastante esplendor. No existen, sin embargo, en España bosques y selvas comparables a las dilatadísimas del centro de Europa. La flora de los bosques participa del carácter de la forestal del N en parte de la Península de la Península; tiene marcada la influencia del clima marítimo en muchos puntos: demuestra en otros la proximidad del Mediterráneo. Como especiales a nuestro país pueden considerarse los bosques de pinsapos de la Serranía de Ronda. Dan todo a la vegetación arbórea el laurel y el acebuche principalmente, aun cuando no formen hoy bosques. Podrá hacerse un estudio completo de los bosques españoles cuando la Comisión del Mapa Forestal haya terminado su trabajo; ahora tendremos que limitarnos a copiar los datos que poseemos acerca de la importancia relativa que tienen los árboles mas característicos En la vegetación de España, valiéndonos de las descripciones de la Flora forestal española. Robles.- Viven en nuestro suelo las especies siguientes: Quercus pedunculata Erh. (roble albar). Q. sessiliflora Salisb (roble albar) Q. toza (roble negro), Q lusitanica Webb (ropble quejigo o roble carrasqueños), Q. Lusitanica Webb (roble-quejigo o roble carrasqueño). El roble común (Q. robur L o Q pedunculata Ehrh), como árbol silvestre, solo se encuentra en la parte N y N E de la península: En Navarra, Provincias Vascongadas, Santander, Asturias y Galicia. Forma rodales (Galicia y Santander) o se halla mezclado con el QW tozxa y el Q sessiliflora. El W. sessiliflora abunda en gran parte de Cataluña, en los Pirineos aragonés y navarro y en las montañas de Santander; no es tan abundante en las Vascongadas y parte de Asturias. Se han hallado ejemplares en el Moncayo, en las provincias de Logroño, Burgos, Salamanca y en el Guadarrama. En la parte septentrional de España se observa que el Q. pedunculata va aumentando y el Q. sessiliflora disminuyendo hacia el O y que sucede lo contrario al E., hasta el punto que el primero abunda en Galicia, donde aquel no se encuentra o es escasísimo; en puntos intermedios, como por ejemplo Santander, viven las dos especies mezcladas. Este roble vive con mas frecuencia en las montañas y altas mesetas que en los llanos, sitio preferido por la otra especie. En Guadarrama vive el Q. sessiliflora a 1.500 metros el pino silvestre. Prefiere las colinas de suelo suelto aunque sea calizo y bastante seco; también estas preferencias contrastan con las exigencias de la otra especie. El roble negro (Q. toza) es el mas extendido por España; se halla en todas o casi todas las provincias formando bosques o rodales; los montes mayores de esta especie se encuentran en las cordilleras Carpetana, Oretana y Mariánica. En España es mas frecuente en faldas y pendientes de las altas montañas; en Gredos y el Guadarrama asciende mas de 1.500 metros, y en Sierra Nevada hasta 2.000 Vegeta en exposiciones y terrenos diversos: Sobre granito y gneis en el Guadarrama; sobre areniscas, cuarcitas y pizarras en Sierra Morena; sobre la caliza en Sierra Nevada. El roble-quejigo se halla en toda España, en la mayor parte de los casos formando bosque con el alcornoque o en la encina. Abunda principalmente en Andalucía (forma boetica), en Extremadura y Montes de Toledo (variedad de formas) y en la parte de Sierra Morena que une las provincias de Jaén y de Córdoba con la de Ciudad Real. Vegeta en los suelos diversos (calizas, areniscas, cuarcitas, pizarras arcillosas, granito) y en exposiciones variadas. La forma boetica presenta su mayor desarrollo en las sierras de Algeciras y Tarifa; la variedad faginea sube en la Serranía de Ronda a mas de 1.500 metros (Q. alpestris de Boissier). La flora de los robledales en España varía bastante, como es natural, alcanzando la extensión que alcanzan. En un bosque de robles, en la provincia de Barcelona (La Garriga), hemos visto abundantes Ruscus, Prunus spinosa, Smilax, Aparagus acutifolius, Rubus y Clematis; menos abundantes Cratoegus, Hedera, una leguminosa espinosa y un Cistus que parecía el salvioefolius. Dominaban entre las especies herbáceas un trébol, dos gramíneas y una Euphorbia. Las plantas que acompañaban mas frecuentemente al roble en la merindad de Montija (Burgos) eran: Cornus sanguinea, Ligustrum vulgare, Prunus spinosa, Enebro, una Rosa, un Rubus, Plipodium vulgare, Helleborus y ortigas de gran tamaño. Alcornocales.- El alcornoque (Q. suber) se halla extendido por gran parte de la península, desde las orillas del estrecho de Gibraltar (sierra de Tarifa) hasta las del Mar Cantábrico (Zarauz), y desde Portugal y Galicia hasta las provincias catalanas. Abunda principalmente en Extremadura, Andalucía baja (Cádiz, Málaga, Sevilla, Huelva) y Cataluña (provincia de Gerona). Suele hallarse aislado formando rodales, pero es mas frecuente el hallarle mezclado con la encima y el quejigo. Prefiere esta especie las colinas y laderas de poca elevación (hasta 500 o 600 metros) abrigadas del Norte, y se desarrolla mejor el corcho en los climas marítimos que en los continentales. Aunque se encuentra en terrenos muy diversos, le convienen los silíceos y le son poco favorables los calizos. Encinares.-. La encina (Q. ilex) abunda formando bosques y rodales extensos en la mitad meridional de la Península: salpicada entre otros árboles se encuentran en toda España, si se exceptúa el extremo N O. los encinares mas extensos se hallan en Andalucía, Extremadura y parte occidental de ambas Castillas. Vegeta la encina con gran lozanía en los llanos y en las colinas de poca elevación, particularmente en suelos arenosos y sueltos; se halla también sobre las calizas (Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía) y es poco exigente cuanto a la naturaleza mineralógica del suelo. Los mejores bosques se hallan entre 200 y 800 metros de altitud, pero se le encuentra desde la orilla del mar (Santander, Andalucía) hasta mas arriba de 1.500 metros (Serranía de Ronda), Sierra Nevada). Castellarnau halló una encina achaparrada en San Idelfonso, a 1.800 metros, y Clemente las cita arbóreas en Sierra Nevada, hasta 1.700 metros, y en chaparro hasta 1.900. En Aragón acompaña la encina al Pinus halepensis; se la encuentra en las laderas de los barrancos, en los montes de Zuera. Es frecuente en la parte meridional de España la asociación de la encina con el quejigo y el alcornoque y aun con el pino halepense. Al S de Andalucía, en los bosques de alcornoques, al lado de este árbol y de los otros dos Quercus citados se encuentra el palmito (Chamoerops), el Teucrium fruicans, lavandula stoechas, Cistus salvioefolius, Ulex scaber, laurel, acebuche, etc. En Extremadura (casas de Millán, Cáceres) se ve la encina con el Q. suber, asociados a las jaras (Cistus ladaniferus), al madroño (Arbustus unedo) Phillyrea, Rosa, Rubus, Erica lusitanica, Ulex, Helichryson, Lavandula penduculata, Sarothamnus scoparius, Pirus communis, etc. En los alrededores de Almadenejos (Ciudad Real), con los tres Quercus formando vegetación tan tupida como variada, recogí en el mes de junio las especies siguientes: madroño, Erica umbellata, romero, Cistus ladaniferus, Sarothamnus scoparius, Cistus populifolicus, Cistus Monspeliensis, Teucrium fruticans, Phillyrera angustifolia, acebuche, mirto, lavandula stoechas, Ulex, Viburmun Tinus, Pistacia Terebinthus, Helichryson stoechas, Asphodelus cerasiferas Rumex acetosa, Astragalus lusitanicus, Orchis morio, Dianthus hispanicus, Viola tricolor, Smilaz, Asparagus acutifolius, Salvia verticillata, Paronichia argentea, Lythospermun apulum, Linaria amethistea, etc. En un bosque de la Sierra de Córdoba he visto asociados el Q. ilex y el pino piñonero, al pie de cuyos árboles formaban matorrales las plantas siguientes: Cistus ladaniferus, C. albidus, C. salvioefolius, lavandula pedunculata, L. stoechas, madroño, lentisco. Daphne gneorum, romero, Phillyreas, Pistacia Terebinthus, almendro, aulaga, acebuche y mirto. Bosques de hayas.- Son extensos en Navarra, Asturias, Logroño, León y Santander; los hay de alguna consideración en Burgos, Palencia, Huesca, Soria, Zaragoza, Lérida, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. En rodales de poca importancia existe el haya en las provincias de Barcelona, Gerona, Segovia, Guadalajara, Madrid y Tarragona. Por el Norte sube a los altos Pirineos centrales (Huesca); por el E hasta el partido de Olot (Gerona); por el S hasta Sierra Miranda (40º 41´L. B) enla provincia de Tarragona; por el O hasta la Sierra Degaña (Asturias). Con mucha frecuencia el haya acompañada al abeto (Abies pectinata). Prefiere los suelos calizos y frescos no muy húmedos, pero se la encuentra sobre el basalto (Olot), granito (Montseny), margas y pizarras micáceas (Zaragoza), etc. Bosques de abetos.- Solo dos abetos existen en España, el A. pectinata y el A. pinsapo; de este último trataremos aparte. El A. excelsa no se encuentra en nuestro país, y si acaso existe es en ejemplares aislados, en muy raras localidades. El abeto es espontáneo en Navarra, Aragón y Cataluña, no solo en el Pirineo, sino en las sierras que de la cadena principal derivan. En Navarra crece principalmente en la parte N E de la provincia. En Aragón forma bosques extensos en los partidos de Jaca y Boltaña, bajando hasta la Sierra de Guara y el Valle de Esera. En Cataluña se extiende por la mitad septentrional de la Provincia de Lérida, hallándose aunque mas escaso en las de Barcelona y Gerona. Ocupa, pues, el abeto en el Pirineo y sus estribaciones una faja que va de O N O a E S E, desde el Irati al Montseny, presentando sus mayores bosques entre 1.000 m y 1.600, aislado baja en Navarra hasta 700 m y sube en el Pirineo de Huesca hasta 2.000m acompañando al pino negro. Prefiere el abeto las vertientes y valles sombríos de las regiones montañosa y subalpina, y en ellas un suelo profundo y fresco. En España se le encuentra sobre granito, pizarras arcillosas, calizas, margas y conglomerados. Según consigna el Sr. Laguna, prefiere aquel árbol las exposiciones frescas al N., al E, y al N E. Pinsapo.- Es un abeto cuyo tronco alcanza un altura de 20 a 25 metros y cuya forma general, si bien es cónica como en las otras especies del mismo género, es algo achatada o redondeada. En estado silvestre solo se ha encontrado hasta hoy en algún punto de Argelia en España. En nuestro país existe en la Sierra de Tolox o de las Nieves y en Sierra Bermeja (sierra de Estepona) en la provincia de Málaga, y en la Sierra del Pinar (sierra de Grazalema) en la provincia de Cádiz. Todas estas localidades forman parte de la que se llama Serranía de Ronda. No se encuentran en Sierra Nevada, donde por equivocación le han citado algunos autores. Viven en rodales, aislado o asociado al pino negral, en una zona comprendida entre 1.000 y 1.800 metros de altitud. Los principales bosques de pinsapo se encuentran en la Sierra de la Nieve o de las Nieves, entre 1.000 y 1.500 metros de altura. Prefiere este árbol las cumbres y vertientes al N o N O, de la región subalpina y el suelo calizo; a veces se halla sobre dolomías y sobre serpentina; se desarrolla bien en cumbres que están cubiertas de nieve cuatro o cinco meses al año. El pinsapo necesita una suma de calor bastante elevada y de aquí el que solo se presente en determinada latitud meridional. Pinares.- He aquí las especies de pinos que viven en España: Pinus pine L. (pino piñonero o pino doncel). >> sylvestris L (pino silvestre o pino albar). >> montana Dur (pino negro). >> laricio Poir (pino salgareño o pino negral). >> halepensis Mill (pino carrasco). >> pinaster Sol (pino ródeno). El pino piñonero forma bosques extensos o grandes rodales en Andalucía y Castillas; en menor escala se encuentra en Extremadura, Galicia, Valencia, Cataluña y bajo Aragón: vive también en las Baleares, mas en Ibiza que en Mallorca y Menorca. En la provincia de Huelva ocupa muchos miles de hectáreas hacia Cartaya, Gibraleón y Aljaraque; en Castilla la Vieja son conocidos los pinares de Olmedo, Peñafiel y Valladolid, los de Cuellar y Coca en la provincia de Segovia y los de San Martín de Valdeiglesia. Prefiere este pino los suelos arenosos y sueltos, profundos y algo frescos, de las llanuras o colinas, y las laderas de montañas poco elevadas, ya sean las arenas aluviales, ya procedan de descomposición de rocas graníticas, pizarrosas o calizas, aun cuando parece vegetar mejor sobre las primeras. Se desarrolla bien en las arenas marítimas (Huelva), no mal en los granitos mas o menos descompuestos (San Martñín de Valdeiglesias) y perfectamente en los arenales silíceos diluviales (Cuellar, Coca) y en los algo calizos del terciario lacustre (Peñafiel) Vive asociado a la encima (según antes hemos dicho), el quejigo y al alcornoque. La flora de los bosques del pino piñonero es variada, de marcado carácter mediterráneo o meridional. El pino silvestre está bastante extendido por la Península y forma bosques en la zona oriental y septentrional. Los mayores se encuentran: En los Pirineos: partidos de Aoiz en Navarra, de Sos en Zaragoza , de Jaca y Boltaña en Huesca, y de Sort en Lérida;: en menor escala se encuentra también en los de Berga y Vich (Barcelona) y en los de Ribas y Olot (Gerona); en Cataluña baja a su parte meridional, formando rodales en la Espulga y Poblet (Tarragona), siendo la especie dominante en los puertos de Horta, en la misma provincia. En Castilla: partidos de Salas de los Infantes y de Villarcayo en Burgos; en Soria (parte alta de la cuenca del Duero); en el trozo de la Sierra de Guadarrama entre Navafría y Peguerinos, principalmente en su vertiente septentrional; en Guadalajara y Cuenca, sobre todo en la parte alta de la cuenca del Tajo correspondiente a ambas provincias. En bosques y rodales de menor importancia se halla también en Andalucía alta; en las provincias de Lugo, León, Palencia, Álava Logroño, Ávila, Teruel, Castellón y Valencia. Son notables, por formar el límite S.O de la extensísima área de esta especie, los grupos de pinos silvestres que existen en Sierra Nevada, cerca del cortijo de la Cartejuela, y en otros puntos del elevado cerro de Trevenque. En las montañas españolas asciende hasta 2.000 metros (Sierra nevada, Guadarrama, etc). Prefiere las laderas frescas al N N E y N.O., y los terrenos arenosos o de detritus; no falta en suelos calizos. El pino negro vive aislado en rodales en gran parte de los Pirineos aragoneses y catalanes. Vive de ordinario asociado al pino silvestre y al abeto, pero asciende a veces a puntos donde los otros dos no llegan. Es árbol de montaña (llega hasta 2.400 metros), amigo de gran humedad y baja temperatura; se le encuentra en toda clase de formaciones geológicas. Ha sido indicado por Willkomm en la Serranía de Cuenca, pero es dudoso que exista tan al Mediodía. El pino salgareño se encuentra desde los Pirineos a la parte N.E de la provincia de Granada, en las de Huesca, Lérida, Barcelona, Gerona, Zaragoza, Tarragona, Burgos, Soria, Ávila, Segovia, Madrid, Guadalajara, Cuenca, Teruel, Castellón, Valencia, Albacete, Murcia, Jaén y Granada, extendiéndose principalmente por la mitad oriental de España. Penetrando hacia el O y en el centro de la Península hasta las montañas que separan los valles del Tietar y del Alberche y formando sus mayores bosques en la serranía de Cuenca y en las sierras de Cazorla y de Segura. Los mejores rodales se hallan sobre el suelo calizo (Guadalajara, Cuenca, Jaén, Granda, etc); no obstante vive sobre granito, basalto, arenisca y pizarras arcillosas. Enyre 900 y 1.500 metros vive con preferencia; se eleva no obstante a mas de 1.800 en las sierras de Segura y Cazorla. Se suele asociar al pino ródeno. El pino carrasco o de Alepo es el mas típicamente mediterráneo, el que resiste mejor el calor y la sequía. Forma bosques o rodales en Andalucía alta (Málaga, Granda, Jaén, Almería) en Murcia, Valencia, Cataluña y Aragón. Se interna en la Península, por el centro hasta las provincias de Cuenca y Guadalajara y por el N E hasta las de Zaragoza y Huesca. Es La única especie espontánea en Almería y en Baleares. En estas islas vive bien hasta los 1.000 metros de altitud; Willkomm cita ejemplares raquíticos en Puig Mayor (1.212 metros). Las arenas marítimas y las colinas calizas son su estación predilecta. Asociado a la encina forma bosques este pino en diversos puntos de la parte meridional y en alguno del interior de la Península. En la sierra María (Almería), en la vertiente N, hemos visto ejemplares de este pino con la encina y con una variada vegetación de la que formaban parte: el Arctostaphylos uva-ursi, Cistus laurifolius, Erinacea pungens, Berberis hispanica, Rosa, Crataegus brevispina, Juniperus, Sarothamnus, Asphodelus, Thymus, etc. En la misma sierra hay ejemplares del Pinus Laricio, que allí, como en la Sagra de Huéscar, llaman pino blanco. En los extensos pinares de Zuera (Zaragoza) que se continúan hacia las estribaciones del Pirineo aragonés, se encuentra el P. halepensis asociado al Laricio y al Sylvestris, tan abundante este último en la parte de Sos; se halla también mezclada la encina especialmente en las laderas, y el matorral, que hace casi impenetrable el bosque, le forman: Cistus albidus, C. laurifolius, Arbutus unedo, Arcctostaphylos uva-ursi, Buxus sempervirens, Coronilla glauca, , C. minima, Ephedra vulgaris, Phyllirea angustigolia, Pistacia Lentiscus, Ligustrum vulgare, juniperus phaenicea, Rhamnus lycioides, Rosa rubiginosa, Lonicera implexa, Quercus coccidera; entre cuyas plantas viven también: Phlomis herba-venti, Mlava trifida, Althoea hirsuta, Helianthemum pilosum, H. monyanum forma viride austrate Wk., H. canum, Melica ciliata, Delphinium peregrinum, angustifolium, Thalictrum tuberosum, lavandula spica, Leucea conifera, Stoehelina dubia, Inula montana, Centaurea linifolia, Bupleurum rigidum, Veronica Assoana, Scorzonera humilis angustifolia, Sideritis spinosa, genuina, Dianthus hispanicus, Aristolochia pistolochia. En estos bosques, que he tenido ocasión de estudiar detenidamente, influye de un lado la flora pirenaica y de otro la de la zona central. El suelo esta formado por caliza tosca o arenisca miocena. El calor en el estío es muy considerable y la temperatura mínima Del invierno muy baja; nieva pocas veces. Los pinares a que me refiero limitan la gran estepa aragonesa, que se extiende el pie de los cerros que cubren. El pino ródeno es sin duda el mas extendido en la Península; hállase en Portugal, Extremadura, Andalucía, Valencia, Murcia, Cataluña, Aragón, ambas Castillas, Galicia y provincias Vascas. En varias de estas regiones es, sin embargo, muy escaso; por ejemplo en Cataluña, Vascongadas, Logroño y Ciudad Real. Falta por completo en Huesca, Navarra, Santander, Oviedo, Palencia, Zamora, Badajoz, Huelva, Sevilla, Córdoba, Almería y Alicante. Forma grandes bosques o rodales de consideración en las sierras de Guadarrama y de Gredos, en la Andalucía alta (Jaén, Granada, Málaga) y en la Serranía de Cuenca. Es poco exigente en cuanto al terreno, se le cita sobre calizas, areniscas, cuarcitas, granito, gneis y serpentinas. Desde la orilla del mar, donde se asocia a los pinos carrasco y piñonero, se eleva mas que estos a la región del pino laricio, hasta introducirse en la del pino silvestre; asociado a este, sube en el Guadarrama hasta 1.500 metros y en sierra Bermeja (Estepona) se mezcla con el pinsapo a 1.400 metros de altitud; requiere, a pesar de esto, clima mas cálido que el pino silvestre y sufre bien las altas temperaturas de la costa mediterránea. En muchos puntos hay rodales de este pino, pero proceden del cultivo, como sucede en gran parte de Galicia. Bosques de castaños.- Es muy difícil en la actualidad diferenciar los castañares espontáneos de los cultivados, porque el cultivo ha extendido mucho este útil árbol. En España apenas hay provincia en que no exista en rodales o en pies aislados. Escasea en Valencia y Murcia y abunda en Galicia, Asturias, Santander, Vascongadas y Cataluña, en el N O N y N E.; en las provincias centrales de Cáceres, Ávila y Salamanca, y al A y S E en las de Huelva y Granada. Con aspecto salvaje se halla en el Valle del Jerte, Sierra del Piornal, Sierra de Gata, etc., en la cordillera que separa extremadura alta de Salamanca y de Ávila Le convienen los terrenos arenosos y sueltos, pero vive bien en los calizos; vegeta con mayor lozanía en las exposiciones frescas del N y N E que en las del S. en las provincias del N, asciende Hasta mezclarse con el haya, pero de ordinario se halla mas abajo y aun desciende al nivel del mar; en Sierra Nevada, por el contrario, sube a mas de 1.500 metros de altitud, aun a puntos donde la nieve llega hasta mayo; en los castañares del centro, los mejores rodales de encuentran a 1.000 metros próximamente. Abedul, aliso, tejo y otros árboles septentrionales.- Tienen todas estas especies una importancia secundaria; no llegan a formar bosques o, si lo forman, son de poca extensión; sin embargo, se encuentran con frecuencia en los bosques españoles y merecen siquiera algunas indicaciones. El abedul (Betula alba) vive en toda la faja montuosa septentrional formando a veces rodales; hállase, aunque muy escaso, en el Guadarrama, en la Serranía de Cuenca y en los montes de Toledo. En España es árbol de montaña, sube en los Pirineos tanto como el abeto y como los pinos silvestres y negro; en los montes de Toledo soporta temperaturas muy elevadas. El aliso (Alnus glutinosa) vive espontáneo en casi toda la Península, de los Pirineos a Tarifa y de Portugal a Cataluña. Forma a veces rodales de alguna extensión (Sierra Morena, Cataluña) y es árbol de ribera o de soto. Se eleva bastante, buscando siempre las corrientes de agua. El tejo (Taxus baccata) en ejemplares aislados se halla en todas nuestras cordilleras y en las Baleares. Forma algún rodal en Sierra Mariona, en las llamadas Teixeras de Agres, donde existen unos 100 tejos seculares además de otros muchos mas jóvenes. Los arces son bastante frecuentes. El Acer pseudo-platanus se halla en los bosques de la región montana pirenaica y cántabro-astúrica. El A. populifolium, en Cataluña, Aragón, Navarra y Rioja; la variedad granatense vive en las montañas de Andalucía alta y en Sierra Mariola (Alicante). El A. platanoides es escaso; solo se encuentra en los Pirineos, a unos 1.000 metros de altitud. El A, Monspessulanum no alcanza la categoría de árbol, pero es muy frecuente en la mitad septentrional de la Península; aunque escaso, se halla también en Andalucía y Extremadura. El A. campestre es árbol de soto. El mostajo (Sorbsus Aria) vive en los pedegrales y bosques de las regiones montana subalpina y alpina de todas nuestras cordilleras. Menos frecuente el anterior es el S. torminalis. El S. ocuparía se halla en casi todas las sierras de la mitad septentironal, y el S. latifolia solo se ha encontrado silvestre en la Sierra de Gata (Cáceres) y cerca de Agallas (Salamanca). El serbal (S. domestica) silvestre vive en los bosques de las regiones baja y montana de Cataluña, Aragón, Asturias, Galicia y ambas Castillas; se cita en algunos puntos de Valencia, Andalucía y Baleares. Son plantas espontáneas de los bosques españoles, aunque carecen de importancia forestal y no adquieren en la generalidad de los casos categoría de árboles, el manzano, el peral, el almendro y el cerezo. Algunos fresnos pueden conceptuarse como árboles de bosque; el Fraxinus orus se cita en la región montana de Valencia; el F. excelsior es muy frecuente entre otras especies en los valles y prados del Pirineo y montes Cantábricos; el F. angustifolia es árbol de soto. Laurel, acebuche, algarrobo y otros árboles mediterráneos.- los citados tiene una importancia grande como notas características de nuestra vegetación; son los que le dan tono mediterráneo y meridional. El laurel (Laurus nobilis) espontáneo forma vistosos grupos de vegetación en las gargantas y orillas de los arroyos en las sierras de Algeciras y de Tarifa, junto con los quejigos, alcornoques y hojaranzos (Rhododendron). El acebuche (Olea europea) forma pequeños rodales en Andalucía y Extremadura; se le encuentra achaparrado en otros muchos puntos de la Península, en Murcia, Valencia, Castilla la Nueva, Bajo Aragón, etc. Se han hecho desaparecer extensos acebuchales injertándolos para utilizar el fruto. El algarrobo (Ceratonia siliuca), como árbol silvestre, se halla en los pedregales y grietas de los grandes peñascos en Sierra Blanca, cerca de Ojén (Málaga), y entre Gaucín y Algeciras. Cultivado es frecuentísimo en todas las provincias del W y del S E., en el Mediodía de Portugal y en Baleares. Forman parte de nuestra flora forestal, aun cuando son poco frecuentes como espontáneos, el almez, la higuera, el Cercis siliquastrum y el Eloeagnus angustifolia. Sotos.- Usando una palabra bastante frecuente en nuestro país, designaremos con el nombre de sotos de los bosques que en encuentran en las márgenes de los ríos o de las lagunas. Forman estos bosques una fase de vegetación típica notable, bien caracterizada, ofreciendo un conjunto bastante semejante en todas las zonas de la península, aunque distinto en cada según aparecen o no determinadas especies. Son plantas de soto los sauces, los alisos, los Tamarix, los tamujos, la adelfa, los chopos, álamos, olmos, etc. En las orillas del Gállego, en Zuera, forman el soto las siguientes especies: Árboles: populus alba, P. nigra, P. fastigiata, Salix alba. Arbustos y matas: Tamariz gallica, Cornus sanguinea, Salix cinerea, Oxyris alba, Rubus coesius, Rosa hispanica, Cratoegus oxyacantha, Phragmitis communis, Phr. Gigantea, Arnudo donax. Plantas trepadoras: leñosas: Vitis vnifera, lonicera caprifolium, clematis vitalba, rubus discolor. Herbáceas: calystegia sepium, convolvulus arvensis, cynanchum acutum. Plantas herbáceas: Foeniculum vulgare, Melilotus alba, Erythroea centaurium, Plantago major, P. minor, P. lanceolata, Polypogon monspeliensis, Poa annua, Agropyrum pungens, Medicago lupulina, Trifolium pratense, T. flagiferum, Lotus corniculatus, L. hirsutus, Psoralea bituminosa, Poterium dictyocarpum, glaucum, Brunella vulgaris, Linum maritimum, L. usitatissimum, Nigella arvensis, Equisetum arvense, E. palustre, E. hiemale, E. ramosum, etc., etc. Un soto meridional rico en vegetación es el de las márgenes del río de la Miel en Algeciras. A pesar de que le visité en época poco oportuna, vi en él bastantes especies; casi todas son de los mismos géneros que en el soto antes indicado; le dan carácter, no obstante, la presencia del baladre o adelfa (Nerium oleander), tipo de la vegetación meridional, y la abundancia del Pteris aquilina, que indica una clima marítimo. A estas plantas acompañan: el Tamariz africana, Salix alba, Cratoegus brevispina, Rosa sp? Sotos extensos adornan las riberas del Ebro, del Duero, Tajo, Guadalquivir, etc., y también los valles profundos por donde corren arroyos o las laderas húmedas de nuestras montañas. MATORRALES.- Los que forman arbustos y matas en España son variadísimos. Puede decirse que es uno de los caracteres salientes de la vegetación ibérica la variedad considerable de arbustos y matas que se encuentran en los bosques y en los matorrales del monte bajo. Todas o casi todas las especies del N y centro de Europa, todas las de la zona mediterránea, no pocas africanas, alguna endémica, viven en nuestro país. En detalle ir exponiendo las plantas que forman los matorrales sería un estudio extenso, muy interesante, sin duda, pero superior a los que los límites de esta obra nos permiten. Hállanse muchas de las especies arbóreas reducidas al tamaño de arbustos, como hay algunos de estos que alcanzan aspecto arbóreo; por ejemplo, he visto algunas adelfas en las ramblas de las provincias de Murcia y Almería con tronco que no sería menor de 5 metros; en la provincia de Cáceres, en un barranco cerca de las Casas de Millán, recuerdo haber visto madroños convertidos en árboles bastante corpulentos; del monte de Zuera (Zaragoza) se arrancó en cierta ocasión una sabina que parecía un ciprés por el desarrollo; Tamariz arbóreas se encuentran en las costas de Levante, etc., etc. Hay en España extensiones de muchas leguas cuadradas cubiertas de matorrales en los que domina una forma determinada; ocurre esto con mas frecuencia en la mesetas y planicies; en cambio de matorrales de las laderas y del fondo de los barrancos tiene una flora rica en especies distintas. Cubren grandes extensiones de terreno en la Península cuatro géneros de plantas leñosas: brezos, romeros, jaras y retamas. Reducen estos géneros muchos autores a tres tipos porque refieren el romero al tipo del brezo; alguna semejanza hay, en efecto, por lo que a la forma de la hoja se refiere, pero son plantas bien distintas, y puesto que ambas tienen importancia propia por lo que se refiere a la vegetación ibérica, bien podemos separarlas. Para aclarar mas el estudio de los matorrales españoles, podemos dividirlos en dos clases: monotípicos, en los cuales hay una especie dominante que imprime aspecto a la vegetación en grandes extensiones: politípicos, aquellos que tienen un aspecto indefinido porque no se encuentra una especie que domine, o si domina Alguna lo es en extensiones de muy poca consideración. Al grupo de los monotípicos pueden referirse los que siguen: brezales, romerales, jarales, retamares y aliagares y los formados por el palmito. En los brezales y romerales, jarales, retamas (Sarothamus, Retama, Genistas inermes, Cytisus, Anthyllis); los aliagares se forman también con especies de géneros distintos (Ulex, Genisyas espinosas, Calycotome); el palmito suele dominar a veces tan en absoluto que no tolera la compañía de otros arbustos; los aliagares, por diferentes conceptos, pueden incluirse entre la vegetación esteparia, sobre todo cuando las matas son raquíticas, como sucede en muchas llanuras y cerros pedregosos. Son también muy característicos los matorrales politípicos; en estos, sobre todo en los del Mediodía de España y en los de las costas mediterráneas, es grande la riqueza de especies. Para que se forme idea de esta riqueza transcribiremos después algunas notas de propias observaciones en puntos distintos de la Península. Siempre resalta el hecho de que en España dominan como plantas de monte bajo los brezos, el romero, las jaras y las retamas, y todas ellas merecen que les dediquemos párrafos aparte. Cada una tiene su área de dominio bastante bien definida. Los romerales mas extensos se encuentran hacia el E de la zona central de la península y en el litoral del Mediterráneo. Los brezos son mas propios de la zona cantábrica y de la parte superior de la subzona del Duero; aunque algunas especies dominan en los montes del Centro y del S., siempre buscan las vertientes N y el fondo de los valles. Las jaras, especialmente el C. ladaniferus, forman extensísimos matorrales en los montes de Toledo y en la Sierra Morena. El dominio de los brezos es efecto indudable de la influencia oceánica. El romero y las jaras son marcadamente mediterráneas; el primero domina en las llanuras mas septentrionales, las jaras en las planicies del Mediodía; en los romerales no se encuentra el Cistus ladaniferus; en cambio el romero, que es menos exigente que la jara, vive en todas partes. He aquí algunos ejemplares de matorrales politípicos. En los montes de Zuera (Zaragoza) viven asociadas en los barrancos las plantas que al describir los bosques de pinos hemos citado; cuando el bosque desaparece, forman matorral los arbustos que allí se citan. En las llanuras dominadas los romerales, pero en muchos puntos el matorral aparece formado por: Cistus Clusii, Quercus coccifera, Buxus sempervirens, Ephedra vulgaris, Phyllirea angustifolia, Pistacia Lentiscus, Retama sphoerocarpa, Juniperus communis, J. phoenicea, J. oxycedrys y Rhamnus Lycioides. En los montes de Toledo la jara cubre extenso territorio, pero en no pocos puntos se halla el matorral constituido por las especies siguientes: Cistus ladaniferus, C. albidus, C. salvieafolius, C. monspelienss, C. laurifolius, C. crispus, C. populifolius, Quercus coccifera, Sarothamnus scoparius, Phyllirea angustifolia, Pistacia Lentiscus, Oxyris alba, Lavandula pedunculata, y menos frecuentes Cytisus albus, Rosmarinus y Retama sphoerocarpa. Al pie de estas plantas crecen matitas formadas por Helianthemum glaucum., H. oegyptiacum, H. intermedium, Halimium umbellatum y Polygala microphylla. Cerca de las Casas de Millán, en Extremadura, se asocian a los Cistus, además de la Phyllirea y el Quercus antes citados, Erica australis, E. umbellata, Cytisus argentens, lentisco, Oxyrus alba, Arbutus unedo. Se ve en esta vegetación a la vez que el influjo oceánico el mediterráneo, como si aquella zona Extremadura fuese transitoria entre la parte occidental, la central y la meridional de la Península. Mas carácter politípico tiene el siguiente matorral que anote en una dehesa cerca de Almadenejos, y que ya he citado al aludir a los bosques: Cistus ladaniferus, salviaefolius, populifolius y Monspeliensis, madroño, quejigo, Erica umbellata, E. australis, E, arborea, peral silvestre, romero, Sarothamnus vulgaris, Theucrium fructicans, acebuche, mirto, Phyllirea, una genista espinosa. Viburnum Tinus, Pistacia Terebinthus, lentisco, una Rosa, Lavandula stoechas. De la Sierra Palacio, en Bélmez, tengo anotados los siguientes datos; su constitución geológica es de caliza carbonífera, con algunos filones de fosforita; la vegetación es exuberante, en especial En la umbría. Se observan los arbustos y matas que siguen: acebuche, jazminum fruticans, Colutea arborescens, Pistacia Terebinthus, lentisco, almendro silvestre, chaparros, Lonicera, Cistus albidus, Althoea cannabina, Retama sphoerocarpa, Coronilla juncifolia, Crataegus, una Rosa, una genista espinosa, un tomillo, etc. En la vertiente S O. de la Sierra de Córdoba viven asociados: acebuche, Cistus ladaniferus, albidus, crispus y salvioefolius, el mirto, Retama sphoerocarpa, Sarothamnus boeticus, Pistacia Terebinthus, lentisco, Daphne, lavandula pedunculata, etc. En los montes bajos de las provincias de Levante, en especial hacia Lorca y Aguilas (Murcia), los matorrales son muy espesos; la vegetación tiende a la esteparia. Se ven juntos: la albaida (Anthyllis cytisoides), el Lentisco, el Cistus salvioefolius, un Celastrus, Artemisia, romero, Daphne, acebuche, Ephedra fragilis, Lavandula stoechas y L. multifida, juniperus y Chamoerops. Los matorrales de palmitos son frecuentes en la parte mas meridional de la Península; en los cerros áridos de Murcia y Almería y en los del Estrecho de Gibraltar hay grandes extensiones en que domina esta especie, la única palma espontánea en la Península. Son algunos mas de los citados arbustos que se encuentran en los montes bajos de España; antes de terminar esta breve relación citaremos algunos muy notables que no deben pasarse por alto. El Solanum Sodomoeum forma setos tupidos en los alrededores de Cádiz y en algunos otros puntos del Estrecho de Gibraltar. La Withamia frutescens (Orobal) abunda en toda la costa del Levante; la hemos visto dominante, formando pequeños matorrales, en la isla mayor de las de Mar Menor. La Periploca loevigata, asclepiadácea muy notable, es rara en la costa de Murcia y Almería; la hemos encontrado en la isla del Fraile (Aguilas) formando la base de la vegetación leñosa, asociada a la Withamia frutescens, lentisco y algunas salsoláceas. No tenemos necesidad de agregar aquí datos nuevos acerca de los matorrales que pueblan las márgenes de los ríos, las ramblas y los lugares húmedos: los forman los arbustos y matas que hemos citado como característicos de los sotos. Las plantas trepadoras que hacen mas tupidos los bosques, mas intricados los matorrales, pertenecen en España a los géneros Lonicera, Rubus, Rosa, Clematis, Hedera, Aristolochia (la boetica), Vinca y Vitis. Brezales.- Son frecuentes, como hemos dicho, en la zona cantábrica; las Erica del Centro y del Mediodía viven en las umbrías cuando forman rodales y estos son escasos. Parecen dominar en nuestra península con el influjo del Atlántico que las extiende con sus corrientes hasta la parte mas septentrional de Europa desde la punta mas meridional del África. Las ericeas españolas son: Erica ciliaris L. >> tetralis L >> mackayi Hook. >> scoparia L. >> arborea L. >> lusitanica Rudolph. >> cinerea L. >> australis L. >> aragonensis Willk. >> stricta Don. >> mediterranea L. >> vagans L. >> multiflora L. >> umbellata L. Columna vulgaris Salish. La generalidad de las ericeas de Europa se encuentra en la Península. Grisebach cree que nuestro país es la patria de casi todas las especies europeas del género Erica y dice que la prueba está << no solo en que muchas especies endémicas habitan la Península Ibérica, sino en que la hoja acicular de la forma de brezo es en general aquí mas frecuente.>> << Yo cuento, dice, en el dominio mediterráneo treinta y cinco arbustos en los que tiene este caso lugar, y de ellos veintitrés especies habitan exclusivamente el Occidente, algunos tan solo en España, mientras que solo diez especies se encuentran en la totalidad del dominio y solo cuatro en los meridianos orientales. El Sr. Laguna a propósito de la importancia forestal de los brezos, afirma que, aun cuando son verdaderas plantas de monte, Su importancia forestal en España no es mucha; su presencia en los montes y el desarrollo que en extensión adquieren, mas que signo de fertilidad suele serlo de empobrecimiento del suelo, ofreciendo a veces, sobre todo la Erica vulgaris, como planta social e invasora, notables dificultades a los trabajos de repoblación. Los brezos en general prefieren los terrenos silíceos o arcillosos a los calizos. Observase que las especies en España disminuyen de tamaño hacia el N.; las mas elevadas se encuentran al S o en el litoral mediterráneo. Como matorral de brezos notable en el dominio mediterráneo recuerdo el que cubre las laderas umbrías del Fondak, en el N de Marruecos, hacia el valle de Ued-Ras. La Erica arbórea alcanza tal talla que nos cubría en algunos puntos yendo a caballo; falta en las laderas meridionales, y en la septentrional se halla asociada, aunque predominante, al Quercus coccifera, Teucrium fruticans, lentisco, Phyllirea, adelfa, Cistus salviaefolius, C. albidus, Crataegus brevispina, Callistris quadrivalvis, y entre las especies mas modestas se cuentan Thymus Mumbianus, Viola arborescens, Polygala Webbiana, y otras igualmente notables. Ya hemos visto anteriormente con que arbustos se asocian los brezos de las zonas de nuestra Península en que son frecuentes. Romerales.- El romero es una mata que aislada se encuentra en todas partes, pero dominante en grandes extensiones solo hacia el Centro y el E de la Península. Los romerales mas extensos que hemos visto ha sido en los montes bajos de Aragón. En estos falta el Cistus ladaniferus por completo y las Ericas quedan reducidas al Moncayo, a algunos puntos del Pirineo y a las montañas fronterizas de Cataluña. En los montes bajos de Zuera, los romerales constituyen una gran riqueza; cubre el suelo en planicies y laderas que estuvieron antes cubiertas por pinares. Hemos observado allí que el romero forma matorral muy fuerte, adquiriendo gran altura, en el suelo de los pinares destruidos por los incendios; tres o cuatro años después de incendiado el monte alto y destruida toda vegetación, aparece el terreno cubierto de denso romeral; sin duda esta planta necesita terreno rico. En los romerales hemos encontrado las plantas siguientes, aparte Del coscojo, lentisco, boj, enebros, sabina y romeria, que suelen contribuir a formar el matorral: Centaurea linifolia, Convonvulus lineatus, Coronilla minima B. australis. Delphinium junceum, Dianthus hispanicus, Helianthemum marifolium, H. pilosum, H. labanduloefolium, H. Monyanum, Hypericum perforatum, Inula montana, Leucea conifera, Lavandula spica, Linum strictum B cymosum, Melica ciliata, Malva trifida, Melissa officinalis, Phlomis herbaventi, Phl. Lychnitis, Plantago psyllium, Poeonia peregrina, Ruta montana, Rubia peregrina, Stoehelina dubia, Salvia hispanorum, Sedum altissimum, Teucrium aragonense. Según Asso consigna, es mas frecuente el romero en la parte mas cálida de Aragón. Jarales.- No hay en España ninguna planta que domine en mayores extensiones que las jaras. En los montes de Toledo y en la Sierra Nevada muchas lenguas cuadradas se hallan cubiertas por el Cistus ladaniferus solo o acompañado de otras especies del mismo género. No hay matorral comparable a los jarales, sobre todo en primavera, cuando se cubren las matas de grandes flores blancas o rojas y las hojas y tallos aromatizan el aire. Este dominio de los jarales ha llamado siempre la atención. Ya en 1576 el botánico Clusius describe las muchas lenguas que atravesó, siempre entre jarales, por los montes de Toledo y Sierra Morena. A Grisebach pertenecen los párrafos siguientes: << En España la vegetación de Cistus se halla particularmente favorecida. El dominio de habitación de cada una de las especies de este género no está bien determinado por la estructura de las hojas; todas las conformaciones posibles se encuentran en España. << En España, las especies indígenas son tres veces mas numerosas que el total de las especies que habitan las otras partes del dominio mediterráneo. No solo por esto constituyen los Cistus un carácter sobresaliente de la flora española, sino que se encuentran reunidos en grandes masas sociales muy compactas, de modo que en muchos puntos determinan la fisionomía local de la planicie.>> Convienen especialmente a los Cistus los sitios descubiertos y soleados; vegetan siempre en los suelos áridos y pobres, sobre las pizarras, areniscas y cuarcitas silúricas. La destrucción de los jarales lleva un buen paso; desde que se abrió al público la línea férrea de Madrid a Ciudad Real, que atraviesa los montes de Toledo, es incalculable la inmensa cantidad de jaras que se habrán quemado en los hornos de la capital de España. A las cistáceas pertenecen también los géneros Fumana, Helianthemum, Tuberaria y Halianthemum, Tuberaria y Halimium, ue pertenecen a la flora española; sobre todo el segundo es abundante en especies, pero estas no tienen importancia forestal porque son matitas pequeñas y algunas veces herbáceas. Retamares.- Con el nombre genérico de retamas de distinguen especies de varios géneros de leguminosas que tienen ramas delgadas, largas y verdes, con hojas pequeñas y escasas, y de adornan en primavera por abundantes flores amarillas de ordinario, blancas en algún caso. El tipo de las retamas es el Spartium juncum, que en Andalucía llaman gayumba y en el resto de España retama de flor o ginestra. El Spartium junceum abunda en Andalucía; es la especie característica de la zona meridional, y a favor de la suave temperatura mediterránea se prolonga por todo el litoral de esta hasta casi la frontera francesa. En el centro de España domina la Retama sphaerocarpa, que forma a veces matorrales extensos; ejemplo de ellos tenemos en Aragón y en Castilla la Nueva, en cuyas regiones se emplea como combustible para los hornos en cantidades enormes. Esta especie se halla también en Andalucía, abundante en muchos puntos. En la zona española de Levante abunda una especie, el Anthyllis cytussoides (albaida), muy característica, que llega a formar matorrales como los que hemos visto en las laderas de algunos cerros cerca de Aguilas y Lorca. Aún cuando se separa algo de la forma de la retama por sus ramas tomentosas y sus hojas mas abundantes, realmente es la especie de este tipo que caracteriza mejor la vegetación semi- esteparia de los montes bajos de Levante. La zona mas cálida de la Península, que comprende la costa gaditana y malagueña y algunos puntos de Portugal, tiene también su renta propia, la Retama monosperma, de la que hemos visto ejemplares muy abundantes en los arenales inmediatos a Cádiz. Todas las plantas indicadas y muchas de forma análoga prefieren Los terrenos arenosos, y en efecto, se les va en las llanuras de esa índole, en el fondo de los valles, en las márgenes de los ríos, etc. Esta forma de arbustos puede subdividirse en dos tipos distintos: forman el uno los vegetales afilos, cuyas ramas largas y verdes hacen el papel de hojas, siendo estas pequeñas y de escasa duración: el otro tipo le formarían las matas de leguminosas genisteas cuyas ramas se asemejan a las de retama por ser yunciformes, pero que tienen hojas de mayor tamaño y duración. A este tipo pertenecen los Sarothamnus y las Genista inermes. Es hermoso y muy característico de nuestro país el espectáculo de las laderas de un fondo verde obscuro, casi por completo oculto bajo un manto amarillo, cuando los colores primaverales hacen brotar las flores al extremo de las ramas de retama. Sarothamnus y Genista las hay características de todas las zonas españolas, pero, en realidad, los retamares osn propios de las zonas meridionales y oriental y de aquellos ùntos de las otras zonas en que no es muy baja la temperatura media del año. Al tipo de arbustos y matas afilado e inermes pertenecen, con las retamas propiamente dichas (Spartium y Retama), otras especies de leguminosas (Coronilla juncea, Genista equisetiformis, etc) y además las gnetáceas (Ephedra). Estas últimas, aunque afilas, tiene condiciones diametralmente opuestas a las de la retama; sus ramitas articuladas son rígidas, frágiles a veces; asemejan en esto a las equisetáceas y resisten perfectamente los fríos mas rigurosos. Las Ephedra las hemos visto a considerable altura en la Sierra María en el fondo de los barrancos, a mediana altitud en las estribaciones del Pirineo aragonés, entre la vegetación costera de la provincia de Murcia, pero no acompañado a las retamas. En resumen, los retamares son una de las notas características de la vegetación ibérica, y componen este tipo vegetal especies españolas muy numerosas. Estepas.- Ocupan en España una extensión enorme, mas de la cuarta parte de la superficie del suelo; pueden por esto considerarse como uno de los caracteres salientes de la vegetación peninsular. Ya hemos fijado con bastantes detalles en la parte general de estos apuntes de GEOGRAFÍA Botánica las causas a que se debe la formación Esteparia, causas que se acentúan en algunos puntos ocasionando extensos desiertos. En nuestro país el suelo de las estepas es terciario, en las mas típicas mioceno lacustre; se halla por tanto formado de arcillas o margas, calizas toscas, conglomerados, areniscas o yeso; en muchos puntos aparece la sal en abundancia. El clima seco; gran diferencia entre las temperaturas extremas del año y aun entre las de un día; los cambios de temperatura bruscos; lluvias aqui frecuentes y de tempestad. Hay estepas que se hallan situadas en grandes mesetas, como la castellana; otras en cuencas no muy elevadas sobre el nivel del mar; las hay también costeras, como la de Levante. Las estepas mas características son las de suelo salino o yesosos; las mas tristes por ser extensas y casi desprovistas de vegetación, son las del suelo arcilloso; estas últimas merecen la categoría de desiertos, y así se califican, por ejemplo, en Aragón el desierto de Violada y el de Calanda. Otras estepas tocan ya los linderos de la vegetación matorral. Son las que están cubiertas de pequeñas matitas (Tomillos, cantuesos, etc.), que reciben el nombre genérico de tomillares, o las que se cubren de matitas espinosas (Genistas, Ulex, Erinacea, etc). Los tomillares mas ricos en especies son las de las provincias de Murcia y Almería; creo firmemente que allí no impone tanto el suelo la vegetación pobre como la falta de humedad, y que la sequedad se produjo con la desaparición de los montes (bosques y matorrales). En efecto, cerca de Cartagena, en la cordillera litoral desde este punto a Mazarrón, hay laderas con vegetación tomillar que en tiempos no muy remotos estuvieron cubiertas de bosque; en Aragón ocurre lo mismo en bastantes localidades de la estepa. Los tomillares cubren las laderas de las lomas calizas o pedregosas, pocas veces el terreno llano. Es el tomillar formación muy típica y notable de nuestro país. En la flora forestal española dedicada el Sr. Laguna el párrafo siguiente a los tomillos: << Su importancia forestal es, sin duda, mayor que la de algunas matas grandes y aun que la de algunos arbustos y arbolillos, por contribuir, ya solos, ya mezclados con otras labiadas (Sideritis, Lavandula, Teucrium, etc) O con plantas de otras familias (Artemisia, Santolina, Helianthemun, Frankenia, etc), a la formación de los llamados tomillares, esto es, matorrales de poca altura y de poca espesura compuestos de matillas achaparradas por lo común y de tintas casi siempre grises o parduscas; suelen caracterizar algunos trozos de las estepas, especialmente en la estepa castellana y en la aragonesa, y proporcionan el único combustible aprovechable en algunas comarcas; los tomillares constituyen una formación vegetal tan bien caracterizada, que ya el nombre ha pasado a ser usual hasta en la lengua alemana; Kerner lo usa en su << Pflanzenleben der Donaulaender>> y Grisebach en su clásica << Geografía Botánica>> cerca de Madrid se encuentran tomillares típicos en los cerros de la parte que media entre Valdemoro y Aranjuez y en los próximos al Jarama, yendo de Madrid a Arganda.>> Algunas superficies esteparias se hallan cubiertas por matitas espinosas de las que vulgarmente se llaman aliagas o aulagas, en especial por la Genista scorpius; son generalmente los cerros o lomas calizas y pedregosas que en Aragón reciben el nombre de aliagares. Respecto a las leguminosas afilas o poco menos, que están cubiertas de espinas y caracterizan los suelos pobres, conviene hacer una aclaración- en realidad las aulagas forman, cuando dominan, vegetación esteparia, y en las estepas imprimen carácter a no poco cerros, pero también se encuentran dominando en zonas que no son esteparias, siempre en suelos pobres y de ordinario pedregosos. Así, por ejemplo, el Ulex europoeus forma extensos matorrales en las provincias del N O (Galicia, Asturias, Satander y León). Los Ulex se hallan perfectamente en las costas oceánicas de la Península; mientras que de Gerona a Málaga apenas se hallan 4 o 5 especies, de Cádiz a la Coruña pasan de 20. En las regiones montana, subalpina y aun alpina de Andalucía, Murcia, Valencia y parte meridional de Cataluña, cuando el suelo es pedegroso y calizo, la vegetación aparece como esteparia y domina en ella el piorno (Erinacea pungens), matita leguminosa a la que cuadra muy bien el nombre genérico. La Genista scorpius, que domina en las estepas pedregosas occidentales y aun del Mediodía, es muy escasa en las provincias Del N O y aun dudosa su existencia en algunas. Las genistas espinosas son mas propias del litoral mediterráneo y de la parte meridional de la Península. Estos arbustos espinosos se hallan con alguna frecuencia formando parte de los matorrales politípicos de las regiones indicadas. Los espartales forman otra parte de la estepa; en Levante son frecuentes en las llanuras y aun en las colinas esteparias; en el Centro y en el N cubre el esparto de tupida vegetación graminácea extensas porciones de los llanos arcillosos. Hacia la parte meridional de España y aun en el centro, el esparto dominante es la Macrochloa tenacísima: en la estepa aragonesa domina el Lygeum spartum. A la primera de las dos especies mencionadas se le llama atocha; los atochares difieren algo de los espartales, son mas frondosos, hasta tal extremo que Willkomm no los incluye entre las formaciones esteparias, criterio que no aceptamos nosotros. Grandes atochares han desaparecido en nuestro país por los cultivos donde ha sido posible obtener agua y por la explotación del esparto. Nada mas típico ni mas triste que los suelos en que domina el yeso; en gran cantidad, este mineral esteriliza como ningún otro. En las estepas españolas no escasean los yesares y todos ellos tienen la misma vegetación y casi la misma flora; en todos, la planta dominante, la característica, es el Helianthemum squamatum; la hemos recogido en los yesares de Aragón, en los de Cataluña, en los de Castilla y en los del Mediodía. Acompañan al Helianthemum squamatm lo mismo en Cardona (Cataluña) que en Zuera (Aragón), que en Aranjuez (Castilla la Nueva), que en Lorca (Murcia), el Ononix tridentada, el Peganum harmala, el Plantago albicans, etc. Con bastante frecuencia el suelo de las estepas aparece cubierto de eflorescencias salinas, y son con las lluvias que se forman lagunas, estas son saladas y ofrecen los mismos caracteres que los xotts del desierto africano. Es muy característica la vegetación de las salinas para que tengamos necesidad de hacerla resaltar; las salsoláceas de tallos crasos y articulados imprimen un aspecto tan curioso como típico. Es en verdad rica la flora esteparia española en plantas halófitas, Y entre estas no pocas especies son propias de nuestro suelo. Willkomm calcula en 165 las especies halófilas de nuestro país; son cotiledoneas 140 de ellas, 19 monocotiledóneas y 6 acotiledóneas; figuran en esta estadística 9 arbustos y 42 matas; pertenecen a 40 familias y tienen representación mayor las salsoláceas (27 especies), las compuestas (21), las gramináceas (14), las crucíferas (13), las plumbagíneas (12) y las leguminosas (8). El número de especies endémicas se aproxima a la mitad del total. Las principales estepas de España son cuatro: la aragonesa, que comprende de la Rioja y de Cataluña; la castellana, que puede conceptuarse dividida en dos partes, una mas septentrional y otra meridional; la andaluza, también dividida en dos partes, la meseta granadina y la cuenca del Guadalquivir, y la de Levante, que comprende una estrecha faja litoral y luego la llanura murciana. Hay además zonas mas pequeñas en que reaparece la formación esteparia y porciones de territorios diversos en que la pobreza del suelo imprime raquitismo a la vegetación haciéndola semejante a las estepas. Para terminar el estudio de estas, a continuación trascribo la descripción que de la estepa aragonesa hice en un trabajo hace años publicado. Estepa aragonesa.- Tiene una elevación de 200 metros sobre el nivel del mar y se encuentra surcada por numerosos ríos, afluyentes en su mayoría del Ebro, el cual la divide en dos partes. Rodeada por completo de elevadas cumbres, la sequedad del aire es manifiesta en todas las épocas del año, porque las corrientes aéreas del N pierden al atravesar los Pirineos su vapor de agua, y aunque las del S proporcionen algunas lluvias, la naturaleza del suelo impide que las plantas se aprovechen de ellas en la mayoría de los casos. Los inviernos, por regla general, son fríos, y en las noches de calma, cuando la luna alumbra con claridad pasmosa la llanura, tórnase el suelo blanco los árboles se desgarran con el peso de la escarcha; la excesiva evaporación de agua que los ríos y numerosos canales de riego originan produce densas nieblas que ocultan a veces por muchos días el sol. El estío es, por el contrario, excesivamente caluroso; el viento del S., que los naturales llaman bochorno, eleva considerablemente la temperatura y acarrea Tempestades numerosas, aunque desprovistas de lluvia en la mayoría de los casos. Si el clima, como acabo de indicar, es apropiado para la vegetación esteparia, no lo es menos el suelo; arcilloso en muchos puntos, cubierto de eflorescencias salinas en otros, presentando en unas ocasiones pelados cerrados yesosos y en otras estériles colinas pedregosas, ofrece a la vista triste espectáculo. Domina en todas direcciones el mioceno lacustre, presentando englomerados de cantos silíceo- calizos unidos por cemento arcilloso-calizo en pequeñas colinas, conocidas en el país con el nombre genérico de sardas; margas descompuestas sobre la base de yeso, calizas arcillosas de color ceniciento en grandes moles a veces, aluviones modernos formados por los ríos, con arenales poco extensos, arcillas, areniscas, y por el último, cerros yesosos. Constitución geológica análoga tienen las mesetas de ambas Castillas, extendiéndose por toda la cuenca del Ebro, adquiriendo gran desarrollo en las provincias Vascongadas, Navarra y Logroño, invadiendo en Aragón parte de las tres provincias y pasando a Cataluña. De aquí la estepa sea formación frecuente en la zona central de la provincia, porque también son frecuentes en la zona central de la provincia, porque también son frecuentes en esta zona las condiciones climatológicas que mas adelante he anotado. Influyen la vegetación esteparia considerablemente la naturaleza del suelo, la constitución del subsuelo y las pequeñas colinas del terreno. La estepa arcillosa tiene distinto aspecto que la salina y esta muy diferente que la pedregosa; en esta última un subsuelo árido hace predominar las especies espinosas; un subsuelo fértil hace predominar los Thymus y Artemisia; basta una pequeña elevación del terreno para que aparezcan algunas especies de Helianthemum. En función de estos elementos puede hacerse racional división de las estepas, y en función de los mismos podría fácilmente representarse cada división por una fórmula matemática; pero se hacen necesarios para esto datos estadísticos sobre variaciones climatológicas, que desgraciadamente faltan en nuestra patria. Los cerros yesosos, tan extensos en Aragón, Castilla la Nueva y Cataluña, presentan triste aspecto con su esquelética figura; blancos completamente en muchos puntos, cubierto de raquítica. Vegetación donde aparecen las margas descompuestas que alternan con los bancos de yeso, estám caracterizados por la Gypsophila struthium, sustituida en Aragón por la G. hispanica, Lepidium subulatum, Heliantheum squamatum, Frankenia Reuteri y Thymifolia, Ononis tridentata, Peganum harmala, y una forma especial de Linum suffrutucosum. Alternando con las especies características, se encuentran algunas otras que han emigrado de diferentes fortmaciones, pero siempre con un sello particular que adquieren al acomodarse a las nuevas condiciones externas, el tener recubierta la epidermis de diferentes substancias que disminuyen la cuotidiana exhalación acuosa, resistiendo así la natural sequedad que caracteriza a las estepas. Sobre el suelo yesosos son muy frecuentes eflorescencias salinas o manchas arcillosas que hacen aaprecer las plantas propias de estos suelos, y en algunos valles, entre los cerrros, que conservan mas tiempo la humedad, se desarrollan Trifolium, Sonchus, Plantago, etc. Son notables en la zona central los cerros yesosos de Aranjuez en Castilla la Nueva, los de Zuera en Aragón, y los de Cardona en Cataluña. Los de Aranjuez, comprendidos a los lados de la carretera de Ocaña, tienen grande extensión, prolongándose en pequeños montículos aislados hasta los alrededores de Madrid; las especies dominantes osn: Thymus, Ononis tridentata, Helianthemum squamatum, frankenia thymifolia, quedando en segundo término la Gypsophila struthium y apareciendo formas tan curiosas como la Reseda fructicosa y la Lavatera rotundata. Menos conocidos los de Zuera (Zaragoza), son, no obstante, de mayor elevación y mas extensos; están constituidos por sulfato cálcico compacto o cristalizado en grandes masas, presentando abundantes eflorescencias de epsomita, aunque no tan considerables como en Calatayud. Domina la Gypsophila hispanica, hermosa mata de un metro de elevación, tan abundante que la emplean los naturales como combustible; frecuentes son también el Linum suffruticosum, Thymus vulgaris, Ononix tridentata, Helianthemum lavanduloefolium y H. squamatum. En agosto recogí las especies siguientes, además de las mencionadas: Lepidium subulatum, Frankenia Ruteri, Peganum Harmala, plantago albicans, Coris monsprlirnid, Artemisia herba-alba, Eryngium campestre, Genista scorpius, Helichryson stoechas, Salsola vermiculata, Thymus hirtus, Orobanche ruenta, Cuscuta epithymum, Microlonchus Clusii, Andryala ragusina. Los cerros y llanuras pedegrosas que presentan vegetación de estepa reciben en Aragón el nombre de sardas t están completamente constituidas por conglomerados del mioceno lacustre; el cemento de estos, descompuesto, forma excelente tierra para el cultivo de la vid, el cual ha tomado considerable incremento. Están perfectamente caracterizadas las sardas por la completa desaparición de Salsolas, y en ellas ha recogido durante el verano Genista scorpius, Dianthus hispanicus, Artemisia herba-alba, Thymus vulgaris, Plantago albicans, longifolia y angustifolia, Eryngium campestre, Bupleurum fruticescens, Helianthemm pilosum y marifolium, Fumana Spachii y Fumana hispidula Losc. Pard., Reseda lutea, Asparagus acutifolius, Asphodelus cerasiferus (seco), Narcissus dubius? (seco), Ononis columnoe, Trifolium resupinatum, Leucea conifera, Andryala ragusina, Herniaria fructicosa, Alyssum calycinum (seco), Satureja montana, Diplotaxis crucastrum, Echium italicum, Melica Magnolii, Senecio artemisioefolius, Salvia officinalis, Santolina chamoecyparius, virens, Teucrium capitatum y Sideritis hirsula. Aparecen también, aunque de reducido tamaño, Rosmarinus, Retama sphoerocarpa, Janiperus phoenicea y algunas otras especies propias de los poblados montes bajos de donde indudablemente proceden. Las estepas de suelo arcilloso o formado de margas arcillosas son, sin duda ninguna, las de mas triste aspecto; están caracterizadas por la presencia de Salsola, y es propia de ellas la Artemisia herba-alba. En el verano, cuando han desaparecido algunas especies herbáceas que en ellas viven, únicamente se perciben sobre el fondo blanco o amarillento del suelo algunas muchas constituidas por la Artemisia, Thymus vlgaris, Salsola vermiculata, Eryngium, Stipa, Heliotropium europoeum y alguna Statice. Las estepas arcillosas varían en algunos puntos, y esto es debido indudablemente a la naturaleza del subsuelo. A las manchas De Artemisia suceden frecuentemente espartales de Lygeum en Aragón, y en los alrededores de Madrid, a pesar de la influencia ejercida por la población, la estepa arcillosa ha debido estar recubierta de esparto (Machrocloa), presentando correlación de formas con la de Aragón. Entre los naturales de este país es creencia general, comprobada por los hechos, que los terrenos en que abunda la Artemisia son ricos para el cultivo, y en cambio son estériles los invadidos por el esparto (Lygeum). La estepa arcilosa es muy extensa en Castilla la Nueva, aunque cultivada en su mayor parte; en Aragón el desierto de Violada, comprendido entre el Ebro y los Pirineos, participa de los caracteres de las estepas pedregosas y arcillosas. Cultivado a favor de numerosas acequias de riego en los términos de Zaragoza, Villanueva y Zuera, en este último punto comienza su verdadero dominio; caminando hacia el N domina en un principio la arcilla en el llamado Llano del Tejar, apareciendo después manchas de la misma substancia en determinados puntos; limitando la cuenca del Río Gallego cerros de yeso por un lado, pequeñas elevaciones pedegrosas por el otro, y constituyendo esta cuenca llanuras estériles en su mayor parte, pronto comienzan a predominar las sardas hasta el termino municipal de Almudévar. Esta villa, construida en la base de una pequeña colina sobre la que se implanta feudal fortaleza, es uno de los mejores puntos de vista del extenso desierto que en todas direcciones rodea, perdiéndose en las primeras estribaciones del Pirineo, y que es el designado en el país con el nombre de Llano de Violada. De suelo arcilloso o margosos, en la mayor parte falto de agua para el riego, presenta desconsolador panorama; los campos sembrados llevan el sello del terreno, apareciendo en sus márgenes Xanthium spinosum, Heliotropium europoeum, Asteriscus spinosus, Artemisia herba-alba, Marrubium alysson y en algunos puntos Statice dichotoma. Sobre la arcilla o sobre el yeso aparecen con frecuencia eflorescencias salinas, y el terreno adquiere vegetación característica con las salicornias y salsolas. En Aranjuez, en las márgenes de Ontigola, crecen la Arenaria marina, Statice echioides, Salicornia herbacea, Suaeda maritima, Hordeum maritimum, etc. Las salinas aragonesas tienen dos especies endémicas: la Rppia aragonensis Lost et Pard, y el Microcnemum coralloides de los mismos autores. En la salina de Zuera, las eflorescencias son abundantísimas hasta ser beneficiadas; aparecen durante el verano sobre los arenales de las márgenes del Río Gallego; algunos Juncus, Tamarix y frecuentes grupos de cañas quitanla monotonía natural de la salina; la Inula crithmifolia, las Salicornias y Microenemum, las Suaedas y Salsolas, algunos individuos de Peganum harmala y abundantes Statices aparecen por doquier. De las consideraciones enunciadas en todo lo que llevo expuesto, dedúcese una división natural de la estepa aragonesa, división que puede ser aplicada a todas las estepas de la zona central de la Península, y que se resume en el siguiente cuadro: *AQUI VA UN CUADRO TERRENOS CULTIVADOS.- Al estudiar la vegetación de un país, no debe prescindirse de la especial asociación que forman en los campos cultivados las plantas espontáneas que en ellos se desarrollan. Es verdad que esta asociación herbácea es bastante uniforme en todas las zonas, debido a la facilidad con que las semillas de las especies arvenses se trasladan de una región a otra acompañando a las que se cultivan; pero, a pasar de ellos, con los ejemplos que señalaremos, podrá verse como hay en la vegetación de los terrenos cultivados notas regionales representadas por especies propias de cada país. Hay que separar los sembrados en dos fases: una fase presentan los de cereales o legumbres, etc., que se riegan, donde el suelo esta transformado en tierra de cultivo; otra fase distinta ofrecen los sembrados de monte que no se riegan y los de viñas y olivares En que viven plantas que no pueden considerarse como arvenses. De la vegetación esta forman parte los setos que rodean a los campos cultivados, y estos si que en cada zona varían e imprimen carácter al paisaje. Bien distintos son los setos del centro de la Península, formados por espinos, arctos y zarzas, de los del Mediodía y Levante, constituidos por higueras chumbas y pitas. He aquí algunos ejemplos tomados de zonas distintas y que ilustran la cuestión. En fuente el Fresno (Ciudad Real), al pie de los montes de Toledo, he recogido en primavera, en viñas y olivares, las especies siguientes: Narcisus Graellsii, N. palidulus, Orchis papilionacea, Ophyrs apifera, Cytissus albus y Saxigçfraga granulata. En una localidad inmediata, en Malagón, entre los sembrados de cereales puede recoger: Linaria hirta, L.spartea, Vernonica hederoefolia, V. triphyllos, Fumaria officinalis, F. parviflora, Adonis oestivalis, Biscutella auriculata, Neslia paniculata, Lychnis githago, Hypecoum grandiflorum, Scandix pecten-veneris, Ranunculus arvensis, Roemeria hybrida, Glaucium corniculatum, Asperula arvensis, Muscari racemosum. Las mismas especies forman la vegetación arvense en los alrededores de Madrid. En los campos de secano, en la estepa aragonesa, se cubren las márgenes de Xanthium spinosum, Asteriscus spinosus, Heliotropium europoeum, Verbascum sinuatum, Salsola vermiculata, Statice dichotoma, etc. Los sembrados de regadío en Zuera (estepa aragonesa) tienen setos formados de cañares (Arnudo donaz) o por Rubus discolor, Rosa hispanica, Cratoegus oxiacantha, Salix viminalis, Prunus spinosa, Clematis vitalba y Lycium europoeum. En el mes de junio recogí en los sembrados y huertas de la misma localidad 181 especies que distribuyen como sigue: Compuestas. . . 30 Labiadas. . . 8 Leguminosas. . . 20 Ranunculáceas. . 8 Gramíneas. . . 16 Umbeladas. . . 6 Crucíferas. . . 10 Cariofiláceas. . . 6 Ciperáceas. . . 6 convolvuláceas. . 2 Plantagíneas. . . 4 Amaeantáceas. . 2 Papaveráceas. . . 4 Dipsáceas. . . 2 Rosáceas. . . 4 Esmiláceas. . . 2 Rubiáceas. . . 4 Liliáceas. . . 2 Solanáceas. . . 4 Cucurbitáceas.. . 1 Poligonáceas. . . 4 Gencianáceas. . . 1 Euforbiáceas. . . 3 Zigofiláceas. . . 1 Borragíneas. . . 3 Jazmíneas. . . 1 Lináceas. . . 3 Asclepiadáceas. . 1 Geraniáceas. . . 3 Verbenáceas. . . 1 Malváceas. . . 3 Litrariáceas. . . 1 Junicáceas. . . 3 Portulacáceas. . . 1 Fumariáceas. . . 3 Alismáceas. . . 1 Primuláceas. . . 3 Hipericáceas. . . 1 Salsoláceas. . . 3 Conviene advertir, para forma juicio de esta estadística, que se hallan en ella incluidas las especies que forman los setos las que viven en los regueros que conducen el agua por entre los campos y huertas. En los alrededores de Cádiz, recuerdo que lo setos se hallan formados por el Solanum sodomoeum, entre cuyas ramas viven los curiosos camaleones, por Captus y Opuncia. En primavera, al despertar la vegetación, los campos aparecen cubiertos por casi por las grandes flores amarillas del Oxalis cernua. Recógense muchas geraniáceas, y este es un carácter digno de anotarse; recuerdo los Erodium malacoides, moschatum y cicutarium, Geranium molle, etc.; en algunas márgenes, seudoespontáneos, se encuentran Pelargonim zonale tan altos y ramosos que forman matas de hermoso aspecto. Vense además: Musscari racemosum, Lamim amplexicaule, Calendula arvensis, Papaver dubium, Lythospermum arvense, Taraxacum officinale, Capsella bursa-pastoris, etc. Hay además de estas plantas, que se encuentran en todas las zonas, algunas especies y variedades propias de aquel país, tales como: Silene colorata. Lasicalyx, Diplotaxis siifolia, Capsella procumbens, etc. Son semejantes a los gaditanos los sembrados de Algeciras; de ellos tengo anotadas las especies que siguen: Oxalis cernua, dominante, con la particularidad de tener sus flores de doble o triple número de pétalos que los normales; Borrago officinalis, Cerinthe major, Vicia vestita, Tetragonolobus purpurens, Lupinus Angustifolium, Biscutella microcarpa, además de Muscari racemosum, Lamium amplexicaule, Calendula arvensis, Geranium molle, Senecio, Taraxacum, Erodium, Capsella, etc. Los setos en aquella localidad se hallan formados Captus y Opuncia, entre los que se desarrolla la Vinca major, el Galium sacaratum y otras especies herbáceas. Los sembrados de Lorca (Murcia) proporcionan: Draba verna, Fumaria parviflora, F. officinalis, Lamium amplexicaule, Oxalis cernua, Silene bipartita, Moricandia arvensis, varios Erodium, Fumaria capreolata, Glaucium corniculatum, Reseda, Antirrhinum orontium, Vella cretica, Linaria arvensis, Biscutella auriculata, Papaver roeas, P. hybridum, P. argemone, Cynoglosum Discorides, Aizoon hispanicum, Anagallis coerulea, diversas gramíneas y crucíferas. Los setos se hallan formados también por Opuncias, Captus y algún Lycium. En los sembrados esteparios se ven en las márgenes Fagonia cretica, Artemisias, Plantago albicans y otras plantas características de la estepa. III LA FLORA CARACTERES GENERALES.- Su riqueza en formas específicas, la abundancia en especies endémicas, la variedad grande, son los caracteres salientes. Las fanerógamas europeas se calculan, en números redondos, en unas 10.000; de estas cerca de 6.000 se encuentran en nuestra Península. En la Flora de Willkomm no se citan mas que 5.000 próximamente, pero no es completa, en primer término, y en segundo prescinde de las plantas portuguesas y baleares. Entre las 6.000 especies de la flora ibérica muy cerca de 1.000 son endémicas, exclusivamente suyas. Para que esta riqueza contraste mas, diremos que en Italia, uno de los países de flora mas rica, el número total de especies es solo 5.000 y entre estas no llegan a 300 las endémicas. La variedad de la flora no solo resalta por su riqueza, sino por los contrastes netre lass formas vegetales. En la faja cantábrica y el promotorio de Galicia, la flora tiene especies que pertenecen ala de Francia del N., ala de Inglaterra y aun a la de Noruega. Yo recuerdo el hecho de haber herborizado en los alrededores del Ferrol y recogido un buen número de especies que en abundancia, en su mayor parte, había también encontrado herborizando en Brest, en Plymouth y en Kirstiania. En la zona que abarca el Pirineo hay muchas especies del centro de Europa de las regiones de los Alpes. La flora de las estepas de la parte oriental tiene especies comunes a las estepas caspeanas. En las costas esteparias de Levante y en las llanuras andaluzas viven plantas de la región desierta del África. La Fagonia cubre el suelo en la provincia de Murcia como en el desierto argelino; muchas matas de salsoláceas son comunes a este y a aquella estepa. Las costras oceánicas de Portugal son muy ricas en especies y muy características; tienen lazos de unión hasta con la flora del S del África. La parte mas cálida de la costa meridional portuguesa y andaluza parece subtropical, El carácter africano de nuestra flora resalta en primer término. Y este carácter africano es mas evidentte en la zona comprendida entre el Cabo de Gata y el Cabo de la Nao. Herborizar en los alrededores de Orán o en las inmediaciones de Cartagena es próximamente igual. En el Estrecho de Gibraltar no tiene anda de particular que ocurra lo mismo, dada la insignificante distancia que media entre tierra africana y tierra española. En las altas mesetas esteparias de la provincia de Constantina (Argelia) hay iguales vegetales que en las mesetas esteparias (mas bajas) de la Península obérica. Este carácter africano trasciende aun mas que a eso; hay especies de muy al interior de África que viven en nuestro país: la Boerhaavia plumbaginea, que hemos recogido en la vega murciana, es la planta del África intertropical; el que Boissier llamó Celastrus europoeus y que forma macizos en las ramblas litorales de las provincias de Murcia, Granada y Almería, resulta ser el Celastrus senegalensis, según ha demostrado el botánico inglés Daniel Oliver. Ya hemos dicho en otra ocasión que encuentre la flora oceánica nuestra y la del Cabo de Buena Esperanza existen bastantes puntos de contacto Para aumentarlos, ha invadido a España el Oxalis cernua, procedente de aquel remoto país, y viven espontáneos en Cádiz los grandes Pelargonios del Cabo. Ofrece nuestra flora otra particularidad: los grandes contrastes que se presentan en pequeñas extensiones. Véase como expresa ese carácter el ilustre botánico D. Máximo Laguna (I), aludiendo lo miso a la flora que a la vegetación: <>es muy celebrado entre los viajeron el contraste que presenta el trozo de costa qe une Génova con Niza, la Riviera, como suele llamársele, con los inmediatos Alpes marítimos que la abrigan y defienden contra los vientos del Norte; y sin embargo, es muy superior, a mi juicio, al que existe en nuestra costa granadina y la inmediata Sierra Nevada; en las cumbres alpinas de ambas comarcas dominan, como es sabido, los líquenes, y la diferencia no pudes er grande; en cambio lo es mucho en la región baja, en la región marítima: en varios puntos de la Riviera se ven, es verdad, naranjos, limoneros y aun palmeras, pero todo es debido al cultivo, a los cuidados del hombre, y no se ven en grande escala; hay pues, bastante distancia de esos grupos, de esos bosquetes de plantas meridionales, a aquellos extensos cañamelares que cubren la costa entre Mortril y nerja, por ejemplo, viéndose entre ellos a la vez el (I) conferencia del Ateneo de Madrid, ya citada. Algodonero, la batata, hasta eñl cafeto, lleno de frutos en enero, y todo ello a la vista de las nieves del Mulhacén. Palmeras hay en la Riviera, pero sus dátiles no maduran; y ¿cómo han de compararse con las que por miles forman el celebrado palmeral de Elche? << No hay mas que un Elche en España>> según el dicho vullgar; pero sería mas propio decir <>. En la costa granadina existe un punto que bien puede recomendarse alos aficionados a los contrastes, a las bellezas del paisaje; me refiero a Salobreña, o como por allí se dice, el Peñón de Salobrela: desde ese punto, tropical por su vegetación, se ven perfectamente, por las gargantas que entre las sierras de Almijara y de Lújar ha abierto el impetuoso Guadalfeo, y a una distancia que en proyección horixontal quizá no llegue a 30 kilómetros, los picos mas altos, las cumbres mas blancas de Sierra Nevada Sierra que cubre sempiterno hielo, Donde Darro y Genil beben su vida, Como ha dicho Zorrilla en un poema Granada.>> Aludiendo al carácter africano de la flora española, anota el mismo autor el dato siguiente: De las 1.660 especies de plantas enumeradas hasta ahora en Marruecos por Ball y Hooker, que son los que últimamente y en mayor extensión han recorrido y estudiado botánicamente ese Imperio, mas de un 75 por 100 se hallan en la Penñinsula; en nuestra flora existen cerca de 300 especies que solo en ella y en la del Norte de África figuran como espontáneas. DIVISIÓN DE LA PENÍNSULA EN ZONAS BOTÁNICAS.- Hasta hoy las zonas botánicas en que se ha dividido la península solo pueden considerarse como provisionales. Sin atrevernos por ahora a tratarr nosotros una división que tenemos en estudio, aceptamos provisionalmente la que estableció el malogrado botánico D. Tomás Andrés y Tubilla (I) en siete zonas, que osn las siguientes: 1.ª Zona cantábrica.- Comprende todo el país situado entre la costa cantábrica y el eje de la cordillera cántabro- astúrica. Es, sin duda alguna, la en que la divisoria tiene mayor valor real, y proponemos para su límite una línea que partiendo del puerto (I) Disteibuciñon geográfica de las Columníferas españolas; en colaboraciñon con Lázaro (Soc. Linn. Matrit) De Betale, en la frontera francesa, siga por el de Aspiroz, sierra de Aralar, pico de Idiazabal, monte Araz, pico Albarán, Peña Gorboea, sierra Salvada, punta de la Sía, monte Valnera, puerto del Escudi, sierra de Isar, Peña Labra, Esjuguete, PRIEL, PICO DE San Glorio, puertos de Pontón, de Ventaniellas, de San Isidro, de Vergarada, de Pajares, de la MESA DE Somedo, Peña Rubia, puertos de Leitariegos, de Travets, de Cienfuegos, de Miravalles, sierra de Picos, puerto de Piedrafita, sierras del Caurel y la Mua, Cabezón de Manzaneda, sierras de Queija y Mamed, monte Penama, monte Penagache y río Miño hasta su desembocadura. Desde luego se comprende que esta división separa en casi toda su longitud dos flroas bien distintas; mas no así en las parrtes en que esta línea de montañas es poco elevada, y sobre todo en la frontera francesa, donde el límite político cruza arbitrariamente una zona natural. La última parte indicada de esta divisoria no es tampoco muy marcada en la flora, pues el cambio es muy gradual y en cualquier limite que se fije presentará en sta frontera los mismos inconvenientes. 2.ª Zona pirenaica.- e l mejor límite de esta zona sería una curva de nivel que recorriese las vertientes francesa y española, circunscribiendo todo el país cuya flora presenta carácter pirenaico. Lo difícil sería graduar la altura a que debe correr esa curva, altura indudablemente mayor en la vertinte meridonal. Proponemos para límites de esta zona los de la anterior hasta la sierra de Aralar, y luego una línea que deje dentro el valle de Araquil y el de Erro hasta la uniñon con el río Aragón, y de allí, por la sierra de la PEÑA Y Norte de Cinco Villas, sierra de Guara, Ribagorza, Montsech, Norte de la Plana de Vich, a Roca Corba, y por las montañas el Occidente del Ampurdán termine en los montes Alberes en la base del Cabo de Creus. Se puede dividir en tres subzonas: 1.ª, oriental; 2.ª, central, y 3.ª, occidental. La primera confina con la segunda por el límite occidental del valle del Segre hasta la sierra Boumort, y esta con la tercera por el límite occidental del valle del Hecho. 3.ª Zona oriental.- Comprende Cataluña, algo de las provincias de Teruel y Cuenca, y gran parte del antiguo reino de Valencia. Confina al Norte con la pirenaica, y su frontera la trazamos Por la divisioria entre el Segre y el Llobregat, límites políticos de la provincia de Tarragona con las de Lérida, Zaragiza y Teruel hasta Parras de Castellote; continúa luego por la sierra de San Just, Montes Universales, Sierra de Valdemeca, y atravesando la cuenca de Júcarr, sigue por la sierra de Martes, sierra de Engueza, sierra Grossa y Moncabrer, al Cabo de la Nao. Una frontera interior, que proponemos sea la de los límites políticos de Castellón y Tarragona, la divide en dos subzonas que llamamos Catalana y Valenciana respectivamente. 4.ª Zona suboriental.-Los límites de esta son las de la anterior desde el cabno de la Nao hasta sierra Grossa, y desde esta por las de Cabras, del Mundo y de Alcaraz, siguiendo luego la frontera política de la provincia de Albacete con las de Jaén y Granada, y la de esta última con las de Murcia y Almería hasta el Mediterráneo. 5.ª Zona meridional.- Tiene por fronteras la de la anterior desde l mar hasta la Sierra de Alcaráz; luego los límites políticos entre Jaén y Ciudad Real hasta la sierra Madrona, y desde ésta, penetrando por la provincia de Córdoba, cruza a nivel las ceuncas del Matapuerca, Guzna y Guadalbarbo, recorre la sierra de Santos y los límites políticos de Bdajoz con Sevilla, cruza Huelva por la sierra de Aracena y entra en Portugal cruzando el Guadiana por Pomarao, continuando por los lñimites seotenrtrionales de la cuenca del Foupana, y por las sierras de Malhao, de Mezquita, Monchique y Espín, muere en la costa en la base del Cabo de San Vicente. Esta zona qieda dividida en dos subzonas, llamadas alta y baja, por una línea de nivel casi constante, que partiendo de Pomarao separe los puntos cuyo nivel general es mas alto que el de este puerto, y uede concluir en la sierra de Lúcarr o en la de las Estancias. Esta línea divisoria, mas que repartir en dos subzonas la zona meridional, separa de esta muchas fromaciones cuya altura les aisla de los terrenos próximos. 6.ª Zona occidental.- Como la frontera hispano-portuguesa es un límite político de los menos naturales, no podemos formar esta zona con solo Portugal y adoptamos por sus límites al Norte los de la septentional, dede el mar hasta la sierra del Caurel; baja Luego a la del Eje, y recorriendo las cuencas del Duero, Tajo y Guadiana por líneas casi de nivel, viene a tocar en la sierra de Aracena llos límites de la meridional, confinando con esta hasta el Cabo de San Vicente. Esta zona es harto difícil de limitarse biem, pues la vegetación de la zona central va modificándose gradualemnte y no es posible fijar límites sino arbitrariamente. Por esto tenemos que acudir a la altitud, una de las condiciones que mas influyen en este cambio para poder hacer este ensayo. Se puede dividir en dos subzonas, cuyos límites serán la divisoria entre el Duero y el Tajo, y debemos denominar la primera del Duero y la segunda del Tajo y Guadiana. 7.ª Zona central.- Rodeada por las anteriores, no es necesario fijar sus límites, y se divide en tre subzonas cuyos límites se indican por sus nombres. Estos son: 1º subzona del Ebro; 2.º del Duero; 3.º del Tajo y Guadiana. Las zonas que difieren mas entre sí son la cantábrica y la meridional baja, siendo la central el lazo de unión de todas ellas y tomando en sus fronteras muchos caracteres de las zonas colindantes respectivas. La pirenaica es especialísima por sus condiciones, y las regiones muy elevadas de todas las zonas tienen también floras características en consonancia siempre con las zonas en que están enclavadas y en correlación mutua entre sí. Colocando estas zonas por orden de su área de menor a mayor veríamos ocupar el primer puesto a la pirenaica, seguir la sudoriental, oriental, cantábrica, meridional y occidental, y por último la central. ESTADÍSTICA.- Los datos estadísticos tienen gran importancia para apreciar la riqueza de la flora desde luego, y en detalle para juzgar las condiciones de esta flora por las familias botánicas que la constituyen y la representación mayor o menor de cada familia. Ya hemos dicho algo anteriormente acerca de este asunto; conviene sin embargo anotar datos detallados. Aunque no sea del todo completa, la única estadística de la flora espalola que tenemos es la del Prodromus de Willkoom y Lange; a esta se refiere los datos que siguen. Están incluidas en dicha obra las especies cultivadas que pueden considerarse como Seudo- espontáneas. Insertamos la relación por familias, y antes el resumen total, que es el siguiente: Familias. . . Espontáneas. . . . 150 165 Cultivadas. . . . 15 Géneros. . . Espontáneos. . . . 972 Cultivados. . . .. 79 1051 Especies. . . espontáneas. . . . 4893 5105 Cultivadas. . . . 212 Se distribuyen las especies españolas en las 165 familias del modo siguiente; Himenofiláceas. . . Géneros I Especies I Polipodiáceas. . . . >> 17 >> 42 Osmundáceas. . . . >> 1 >> 1 Ofioglosáceas. . . >> 2 >> 3 Equisetáceas. . . . >> 1 >> 9 Marsiliáceas. . . . >> 1 >> 1 Isoetáceas. . . . >> 1 >> 3 Selagineláceas. . . >> 2 >> 6 Abietáceas. . . . >> 3 >> 11 Cupresáceas. . . . >> 3 >> 14 Taxináceas. . . . >> 1 >> 1 Gnetáceas. . . . >> 1 >> 4 Lorantáceas. . . . >> 2 >> 4 Lemnáceas. . . . >> 2 >> 3 Nayadáceas. . . . >> 2 >> 4 Zoosterácfeas. . . . >> 4 >> 5 Potamogetáceas. . . >> 1 >> 13 Aráceas. . . . >> 5 >> 8 Tifáceas. . . . >> 2 >> 5 Gramináceas. . . . >> 98 >> 379 Ciperáceas. . . . >> 10 >> 109 Iridácdeas. . . . >> 6 >> 30 Amarilidáceas. . . >> 7 >> 44 Agaveáceas. . . . >> 1 >> 1 ROMO XI 20 Alismáceas . . . Géneros 4 Especies 11 Butomáceas. . . . >> 1 >> 1 Hidrocaridáceas. . . >> 3 >> 3 Orquidáceas. . . . >> 12 >> 60 Musáceas. . . . >> 1 >> 1 Juncáceas. . . . >> 2 >> 39 Afilantáceas. . . . >> 1 >> 1 Colchicáceas. . . . >> 7 >> 11 Dioscoráceas. . . . >> 1 >> 1 Esmiláceas. . . . >> 8 >> 19 Liliáceas. . . . >> 20 >> 95 Palmas. . . . >> 2 >> 2 Balanoforáceas. . . >> 1 >> 1 Citináceas. . . . >> 1 >> 1 Ceratofiláceas. . . >> 1 >> 2 Calitricáceas. . . . >> 1 >> 2 Salicáceas. . . . >> 2 >> 33 Miricáceas. . . . >> 1 >> 1 Betuláceas. . . . >> 2 >> 3 Cupulíferas. . . . >> 6 >> 23 Platanáceas. . . . >> 1 >> 2 Ulmáceas. . . . >> 1 >> 2 Celtáceas. . . . >> 1 >> 1 Moráceas. . . . >> 3 >> 4 Urticáceas. . . . >> 3 >> 8 Cincrambáceas. . . >> 1 >> 1 Cannabináceas. . >> 2 >> 2 Quenopodiáceas. . . >> 21 >> 61 Amaramtáceas. . . >> 5 >> 15 Fitolacáceas. . . . >> 1 >> 2 Poligonáceas. . . . >> 5 >> 48 Nictagináceas. .. . . >> 1 >> 1 Lauráceas. . . . >> 2 >> 2 Santaláceas. . . . >> 2 >> 8 Dafnáceas. . . . >> 2 >> 22 Eleagnáceas. . . . >> 2 >> 2 Aristoloquiáceas. . . >> 2 >> 6 Valerianáceas. . . . Géneros 4 Especies 31 Dipsáceas. . . . >> 8 >> 38 Compuestas. . . . >> 138 >> 665 Ambrosiáceas. . . >> 2 >> 4 Cucurbitáceas. . . >> 5 >> 12 Lobeliáceas. . . . >> 2 >> 2 Campanuláceas. . . >> 6 >> 51 Rubiáceas. . . . >> 8 >> 78 Loniceráceas. . . >> 3 >> 19 Vacciniáceas. . . . >> 1 >> 3 Hipopitiáceas. . . . >> 4 >> 6 Ericáceas. . . . >> 7 >> 22 Plantagináceas. . . >> 2 >> 31 Plumbagináceas. . . >> 4 >> 54 Globulariáceas. . . >> 1 >> 6 Verbenáceas. . . . >> 3 >> 5 Labiadas. . . . >> 35 >> 240 Borragináceas. . . >> 20 >> 86 Convolvuláceas. . . >> 5 >> 18 Cuscutáceas. . . . >> 1 >> 4 Solanáceas. . . . >> 14 >> 40 Cirtandráceas. . . . >> 1 >> 1 Acantáceas. . . . >> 1 >> 1 Bignoniáceasa. . . >> 3 >> 3 Verbascáceas. . . . >> 2 >> 20 Escrofulariáceas. . . >> 22 >> 180 Orobancáceas. . . . >> 5 >> 33 Lestibulariáceas. . . >> 2 >> 8 Primuláceas. . . . >> 12 >> 36 Gencianáceas. . . . >> 7 >> 33 Apocináceas.. . . . >> 2 >> 4 Asclepináceas. . . >> 5 >> 7 Oleáceas. . . . >> 4 >> 7 Jazmináceas. . . . >> 1 >> 2 Ebenáceas. . . . >> 1 >> 1 Umbelíferas. . . . >> 75 >> 223 Araliáceas. . . . >> 2 >> 2 Cornáceas. . . . Géneros 1 Especies 2 Saxifragáceas. . . . >> 2 >> 57 Riberiáceas. . . . >> 1 >> 3 Cactáceas. . . . >> 1 >> 6 Ficoidáceas. . . . >> 2 >> 3 Crasuláceas. . . . >> 6 >> 43 Paroniquiáceas. . . >> 11 >> 49 Molugináceas. . . . >> 3 >> 3 Portulacáceas. . . . >> 2 >> 3 Litrariáceas. . . . >> 2 >> 8 Halorageáceas. . . >> 2 >> 4 Onagrariáceas. . . >> 6 >> 27 Mirtáceas. . . . >> 1 >> 1 Granatáceas. . . . >> 1 >> 1 Pomáceas. . . . >> 7 >> 23 Sanguisorbáceas. . . >> 4 >> 20 Rosáceas. . . . >> 9 >> 76 Amigdaláceas. . . >> 3 >> 13 Amariposadas. . . >> 54 >> 494 Cesalpináceas. . . >> 4 >> 4 Mimosáceas. . . . >> 1 >> 1 Terenintáceas. . . . >> 3 >> 4 Juglandáceas. . . . >> 1 >> 1 Simarubáceas. . . . >> 1 >> 1 Aquifoliáceas. . . . >> 1 >> 1 Celastrináceas. . . >> 2 >> 2 Ramnáceas. . . . >> 3 >> 13 Euforbiáceas. . . . >> 6 >> 59 Buxáceas. . . . >> 1 >> 2 Empetráceas. . .. . >> 2 >> 2 Coriariáceas. . . . >> 1 >> 1 Rutáceas. . . . >> 3 >> 5 Zigofiláceas. . . . >> 4 >> 5 Oxalidáceas. . . . >> 1 >> 4 Balsamináceas. . . >> 1 >> 2 Tropeoláceas. . . . >> 1 >> 1 Geraniáceas. . . . >> 3 >> 47 Lináceas. . . . Géneros 2 Especies 18 Poligaláceas. . . . >> 3 >> 15 Aceráceas. . . . >> 2 >> 7 Fraxináceas. . . . >> 2 >> 3 Sapindáceas. . . . >> 1 >> 1 Esculáceas. . . . >> 1 >> 1 Ampelidáceas.. . . >> 1 >> 1 Meliáceas. . . . >> 1 >> 1 Auranciáceas. . . . >> 1 >> 6 Tiliáceas. . . . >> 1 >> 3 Malváceas. . . . >> 8 >> 38 Hipericáceas. . . . >> 2 >> 22 Tamarixáceas. . . . >> 2 >> 4 Elatináceas. . . .. >> 1 >> 3 Alisnáceas. . . . >> 12 >> 87 Silenáceas. . . . >> 15 >> 112 Frankeniáceas. . . >> 1 >> 5 Violariáceas. . . . >> 1 >> 19 Droseráceas. . . . >> 3 >> 5 Cistáceas. . . . >> 5 >> 70 Caparidáceas. . . . >> 2 >> 2 Crucíferas. . . . >> 65 >> 300 Papaveráceas. . . . >> 5 >> 13 Hipecáceas. . . . >> 1 >> 3 Fumariáceas. . . . >> 4 >> 25 Resedáceas. . . . >> 2 >> 23 Berberidáceas. . . >> 1 >> 3 Ninfáceas. . . . >> 2 >> 2 Ramunculáceas. . . >> 20 >> 145 Magnoloáceas. . . >> 2 >> 2 Anonáceas. . . . >> 1 >> 1 Otra estadística de interés es la de las especies que comprende la flora forestal española, dato que no s permite conocer con exactitud la notable obra del Sr. Laguna, tantas veces citada. Estos datos solo comprenden las especies leñosas espontáneas o asilvestradas que viven en España. He aquí dicha estadística, por familias: Abietineas. Géneros 2 Especies 10 Coníferas Cupresineas >> 1 >> 5 Taxineas. . >> 1 >> 5 Gnetáceas. . . . >> 1 >> 4 Salicáceas. . . . >> 2 >> 28 Miricáceas. . . . >> 1 >> 1 Betuláceas. . . . >> 2 >> 2 Cupulíferas. . . . >> 5 >> 18 Ulmáceas. . . . >> 1 >> 2 Celtidáceas. . . . >> 1 >> 1 Artocarpáceas. . . >> 1 >> 1 Urticáceas. . . . >> 1 >> 1 Salsoláceas. . . . >> 11 >> 19 Lauráceas. . . . >> 1 >> 1 Santaláceas. . . . >> 1 >> 2 Timeláceas. . . . >> 2 >> 22 Eleagnáceas. . . . >> 2 >> 2 Aristoloquiáceas. . . >> 1 >> 1 Lorantáceas. . . . >> 2 >> 4 Compuestas. . . . >> 11 >> 42 Rubiáceas. . . . >> 1 >> 1 Caprifoliáceas. . . >> 3 >> 18 Vacciniáceas. . . . >> 1 >> 3 Ericáceas. . . . >> 7 >> 22 Plumbagináceas. . . >> 1 >> 1 Globulariáceas. . . >> 1 >> 1 Verbenáceas. . . . >> 1 >> 1 Labiadas. . . . >> 11 >> 46 Borragináceas. . . >> 1 >> 3 Solanáceas. . . . >> 3 >> 8 Escrofulariáceas. . . >> 2 >> 3 Apocináceas. . . . >> 2 >> 4 Asclepiadáceas. . . >> 2 >> 2 Oleáceas. . . . >> 3 >> 5 Jazmináceas. . . . >> 1 >> 1 Umbeladas. . . . Géneros 1 Especies 4 Araliáceas. . . . >> 1 >> 1 Cornáceas. . . . >> 1 >> 2 Ribesiáceas. . . . >> 1 >> 3 Mirtáceas. . . . >> 1 >> 1 Granatáceas. . . . >> 1 >> 1 Pomáceas. . . . >> 7 >> 21 Amigdaláceas. . . . >> 2 >> 9 Rosáceas. . . . >> 3 >> 36 Leguminosas. . . . >> 18 >> 120 Terebintáceas. . . . >> 2 >> 3 Simarubáceas. . . . >> 1 >> 1 Aquifoliáceas. . . . >> 1 >> 1 Celastrináceas. . . . >> 2 >> 2 Rammáceas. . . . >> 3 >> 12 Euforbiáceas. . . . >> 2 >> 3 Empetráceas. . . . >> 2 >> 2 Coriariáceas. . . . >> 1 >> 1 Lináceas. . . . >> 1 >> 1 Aceráceas. . . . >> 1 >> 1 Aceráceas. . . . >> 1 >> 5 Fraxináceas. . . . >> 1 >> 3 Ampelidáceas. . . . >> 1 >> 1 Tiliáceas. . . . >> 1 >> 3 Malváceas. . . . >> 1 >> 5 Hipericáceas. . . . >> 1 >> 3 Tamarixáceas. . . . >> 2 >> 3 Cistáceas. . . . >> 1 >> 12 Berberidáceas. . . >> 1 >> 3 Ranunculáceas. . . >> 1 >> 5 Palmas. . . . >> 1 >> 1 El número total de las especies forestales, según la Flora del Sr. Laguna, es de 553, correspondientes a 152 géneros y a 63 familias. No están incluidas las plantas propias de las Baleares ni las de Portugal. Para completar los datos estadísticos, sacando de ellos todo el partido que es posible, debiéramos aquí anotar la relación numérica Entre la flora española y aquellas otras que con ella se relacionan, lo que en parte hemos hecho ya refiriéndose al carácter africano de nuestra flora. La extensión obligada de estos apuntes, que no pueden pasar de elementales, nos veda entrar en mayor número de detalles. Es además suficiente lo anotado para formar un concepto general. Puede también proporcionar datos de interés el estudio de las plantas cultivadas de su origen. Una obra de Geografía botánica ibérica que contuviera todos los estudios parciales indicados, sería un verdadero monumento científico. ¡Ojalá no tardemos mucho tiempo en saludar su aparición! 

TIPO ANGIOSPERMAS CLASE DICOTILEDÓNEAS (CONTINUACIÓN)

FAMILIA CACTÁCEAS

FAMILIA SAXIFRAGÁCEAS

FAMILIA UMBELÍFERAS

FAMILIA ERICÁCEAS

FAMILIA SOLANÁCEAS

FAMILIA ESCROFULARIÁCEAS

FAMILIA RUBIÁCEAS

FAMILIA COMPUESTAS

GEOGRAFÍA BOTÁNICA

VEGETACIÓN Y FLORA IBERICAS

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